{"id":17015,"date":"2016-02-05T11:05:16","date_gmt":"2016-02-05T16:05:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iniciacion-cristiana-la\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:16","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:16","slug":"iniciacion-cristiana-la","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iniciacion-cristiana-la\/","title":{"rendered":"INICIACION CRISTIANA, LA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Nuevas sensibilidades. II. La iniciaci\u00f3n cristiana en la historia; 1. En la Iglesia apost\u00f3lica; 2. En los primeros siglos de la Iglesia; 3. En los siglos posteriores; 4. El Vaticano II y la iniciaci\u00f3n cristiana. III. Naturaleza de la iniciaci\u00f3n cristiana: 1. Obra del amor de Dios; 2. Por la Iglesia y en la Iglesia; 3. Con una decisi\u00f3n libre; 4. En resumen. IV. Itinerario de conversi\u00f3n y de crecimiento en la fe: 1. Como ejercicio de vida cristiana; 2. Como formaci\u00f3n de la fe cristiana; 3. Como un camino a recorrer en distintas etapas; 4. Formas de iniciaci\u00f3n cristiana. V. Prioridades y consecuencias pastorales: 1. Primac\u00ed\u00ada de la acci\u00f3n misionera; 2. Atenci\u00f3n prioritaria a la transmisi\u00f3n de la fe; 3. La solicitud de la identidad comunitaria y maternal de la Iglesia.<\/p>\n<p>I. Nuevas sensibilidades<br \/>\nLa pastoral de la iniciaci\u00f3n cristiana despierta hoy en la Iglesia gran inter\u00e9s y preocupaci\u00f3n. Tanto en los \u00e1mbitos de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica como en los de la pr\u00e1ctica pastoral, se advierte la necesidad de recuperar hoy el sentido de la iniciaci\u00f3n cristiana y conceder a la misma el lugar que le corresponde en la vida de la Iglesia. La propia Conferencia episcopal espa\u00f1ola ha recogido esta urgencia, como respuesta de \u00abobediencia al mandato misionero del Resucitado y la fidelidad a la condici\u00f3n maternal de la Iglesia\u00bb con un documento, La iniciaci\u00f3n cristiana (IC), dedicado por completo al tema. Las razones de esta nueva sensibilidad son varias.<\/p>\n<p>Durante mucho tiempo hemos atribuido a la familia la funci\u00f3n de iniciar a sus hijos en la fe. La Iglesia confi\u00f3 a padres y padrinos la formaci\u00f3n de la fe y el aprendizaje de la vida cristiana, conforme a los compromisos bautismales adquiridos. Los padres explicaban y ayudaban a comprender a sus hijos la fe recibida en el bautismo y, puesto que la familia constitu\u00ed\u00ada un verdadero \u00e1mbito de fe, ense\u00f1aban, practic\u00e1ndola, la fe cristiana. A su vez, la propia sociedad civil, sociol\u00f3gicamente unida a la Iglesia, desempe\u00f1aba de modo espont\u00e1neo la funci\u00f3n de un catecumenado social que integraba a todos en un mismo horizonte de comprensi\u00f3n y de sentido.<\/p>\n<p>Sin embargo, hoy no es posible pensar en una iniciaci\u00f3n cristiana, realizada de modo casi espont\u00e1neo, por influjo del ambiente. La nueva situaci\u00f3n cultural y social presenta los perfiles de una fuerte secularizaci\u00f3n que determina, en muchos casos, el debilitamiento y hasta el abandono de la fe. Una situaci\u00f3n que lleva a muchos miembros de la Iglesia a tener conciencia de di\u00e1spora respecto del mundo, y a los pastores a la necesidad de impulsar una acci\u00f3n pastoral estrictamente misionera, que mueva a los bautizados a la conversi\u00f3n y a la adhesi\u00f3n consciente y responsable a Dios (cf IC 3-4).<\/p>\n<p>La familia, por su parte, aunque \u00abno puede renunciar a su misi\u00f3n de educar en la fe a sus miembros y ser lugar, en cierto modo insustituible, de catequizaci\u00f3n\u00bb (IC 34), recibe tambi\u00e9n este impacto y, de hecho, raramente constituye hoy un \u00e1mbito cristiano capaz de formar a sus hijos en la fe recibida. Su funci\u00f3n educativa, en general, ha sido ocupada por otras instancias, y en relaci\u00f3n con la educaci\u00f3n cristiana, la quiebra de responsabilidades es evidente.<\/p>\n<p>En esta situaci\u00f3n tiene lugar la recepci\u00f3n del bautismo y la pr\u00e1ctica posterior de la catequesis de la iniciaci\u00f3n cristiana (cf IC 63-64; 71-72).<\/p>\n<p>Por otra parte, hoy vemos c\u00f3mo un buen n\u00famero de nuestros bautizados o no est\u00e1n iniciados en la fe y en la vida cristiana, porque nunca tuvieron la oportunidad de una aut\u00e9ntica catequesis y acompa\u00f1amiento espiritual por parte de la comunidad eclesial, o lo est\u00e1n de modo deficiente e incompleto, de manera que ser\u00e1 leg\u00ed\u00adtimo suponer que, de modo ordinario, no podr\u00e1n permanecer fieles a la gracia del bautismo.<\/p>\n<p>Los problemas, pues, provienen tambi\u00e9n de la propia pr\u00e1ctica de la catequesis, en la medida en que esta no ha encontrado la respuesta oportuna ni ha llevado a cabo los cambios, tanto en su orientaci\u00f3n como en su ordenamiento, que la nueva situaci\u00f3n de la sociedad y de la Iglesia ven\u00ed\u00ada exigiendo. A pesar de los muchos esfuerzos realizados y de los avances indudables en su renovaci\u00f3n, las dificultades de la transmisi\u00f3n de la fe permanecen; a pesar de los muchos y generosos proyectos emprendidos, la anhelada iniciaci\u00f3n cristiana de muchos de nuestros bautizados no acaba de afianzarse.<\/p>\n<p>Todas estas realidades van suscitando en la Iglesia la necesidad de revisar en profundidad la pastoral de la iniciaci\u00f3n y restablecer, en toda su originalidad, la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Pero no todo obedece a problemas y dificultades. El nuevo y vigoroso inter\u00e9s por la iniciaci\u00f3n cristiana procede tambi\u00e9n de otros factores, como el acercamiento a la obra de los Padres de la Iglesia, la renovaci\u00f3n catequ\u00e9tica y lit\u00fargica posconciliar, los recientes trabajos de investigaci\u00f3n hist\u00f3rica y teol\u00f3gica sobre la iniciaci\u00f3n cristiana, la creciente conciencia misionera y maternal d\u00e9 la Iglesia en relaci\u00f3n con la educaci\u00f3n en la fe de los nuevos creyentes, y, en fin, el impulso dado por el Vaticano II y por las orientaciones posteriores.<\/p>\n<p>Todo concurre para poner en evidencia el sentido profundo que tiene la iniciaci\u00f3n cristiana y la necesidad para la Iglesia de otorgar a su ejercicio la prioridad que corresponde. En efecto, la iniciaci\u00f3n cristiana remite al coraz\u00f3n mismo de la Iglesia, porque pone en juego las realidades m\u00e1s profundas de la fe como son la transmisi\u00f3n del mensaje revelado, la manifestaci\u00f3n en la vida de la Iglesia de la presencia salvadora de Cristo, la llamada al hombre a la conversi\u00f3n, al abandono del pecado y a la adhesi\u00f3n a Dios, y, finalmente, la incorporaci\u00f3n a la vida divina por el sacramento del bautismo. Todo confluye, para el bautizado, en una nueva realidad: la vida en Cristo, verdadero y nuevo nacimiento que exige una gestaci\u00f3n real, es decir, un proceso de iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Por eso, en relaci\u00f3n con la iniciaci\u00f3n cristiana no es suficiente preguntarse sobre c\u00f3mo administrar y celebrar los sacramentos de iniciaci\u00f3n cristiana, o c\u00f3mo prepararse catequ\u00e9ticamente a ellos. Hemos de preguntarnos, ante todo, c\u00f3mo impulsar y llevar a buen fin hoy el proceso de incorporaci\u00f3n a Cristo y a la Iglesia; qu\u00e9 debe hacer hoy la comunidad eclesial para constituir al cristiano, para configurar y establecer su personalidad como tal. La Iglesia actual no puede renunciar o minimizar el ejercicio de su responsabilidad propia: la maternidad espiritual, por la que engendra nuevos hijos, por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en el misterio de Cristo. El nuevo Directorio general para la catequesis (DGC) nos insta y ayuda en este empe\u00f1o.<\/p>\n<p>II. La iniciaci\u00f3n cristiana en la historia<br \/>\n1. EN LA IGLESIA APOST\u00ed\u201cLICA. Ante el discurso de Pedro el d\u00ed\u00ada de pentecost\u00e9s, primer anuncio kerigm\u00e1tico o kerigma sobre Jesucristo (He 2,14-26), los oyentes se muestran conmovidos y preguntan: \u00ab\u00bfQu\u00e9 hemos de hacer, hermano?\u00bb. Pedro responde enumerando las condiciones necesarias para entrar a formar parte de la comunidad mesi\u00e1nica de la salvaci\u00f3n: \u00abConvert\u00ed\u00ados y que cada uno de vosotros se haga bautizar en nombre de Jesucristo; y recibir\u00e9is el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (He 2,37-41).<\/p>\n<p>Los libros neotestamentarios no hablan expresamente de iniciaci\u00f3n cristiana, pero s\u00ed\u00ad ofrecen, sobre todo en el libro de los Hechos de los ap\u00f3stoles y en los escritos de san Pablo, datos significativos sobre la entrada en la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos de Jesucristo. Y as\u00ed\u00ad encontramos un determinado itinerario a seguir que integra los siguientes elementos esenciales: la predicaci\u00f3n del evangelio, la acogida de la fe y la conversi\u00f3n, la catequesis, la verificaci\u00f3n de las disposiciones del candidato, el bautismo, el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, la incorporaci\u00f3n al pueblo de Dios, la participaci\u00f3n en el cuerpo de Cristo (cf Mc 16,15; He 2,37-41; Ef 1,13-14; Heb 6,1).<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n que estos elementos mantienen entre s\u00ed\u00ad y su indudable concatenaci\u00f3n viene a expresar una realidad superior como es la participaci\u00f3n e incorporaci\u00f3n en el misterio de Cristo y en la Iglesia.<\/p>\n<p>Y junto a estos elementos esenciales, encontramos tambi\u00e9n en el libro de los Hechos de los ap\u00f3stoles una ampliaci\u00f3n complementaria, en forma de sistema educativo, para aquellos primeros bautizados que entraron a formar parte de la primera comunidad cristiana (cf He 2,42-47).<\/p>\n<p>Seg\u00fan el libro de los Hechos este aprendizaje de la vida cristiana, realizado en el seno mismo de la comunidad, comprende cuatro dimensiones b\u00e1sicas: 1) la ense\u00f1anza de los Ap\u00f3stoles, que supone tanto el conocimiento como la adhesi\u00f3n al mensaje del evangelio, atestiguado por los ap\u00f3stoles; 2) la vida en comuni\u00f3n, que comprende la fraternidad, como nuevo estilo de vida, conforme al evangelio; 3) la asiduidad en la fracci\u00f3n del pan y en la celebraci\u00f3n del don de la salvaci\u00f3n de Dios; 4) la perseverancia en la oraci\u00f3n y en la alabanza a Dios.<\/p>\n<p>2. EN LOS PRIMEROS SIGLOS DE LA IGLESIA. La primitiva Iglesia concedi\u00f3 una importancia excepcional a la formaci\u00f3n de los nuevos cristianos, como lo atestigua la presencia directa de los obispos en ella o el influjo que tuvo dicha preparaci\u00f3n en la estructuraci\u00f3n del a\u00f1o lit\u00fargico.<\/p>\n<p>En efecto, la iniciaci\u00f3n en la fe y en la vida cristiana constituy\u00f3 en estos inicios el centro de inter\u00e9s de la Iglesia, que lleg\u00f3 a institucionalizar el catecumenado primitivo y a hacer de \u00e9l camino ordinario para llegar a ser cristiano. Este camino constaba de las siguientes etapas:<br \/>\na) La etapa misionera, destinada a los paganos. Se centraba en los pre\u00e1mbulos de la fe y el primer anuncio de Jesucristo, y se dirig\u00ed\u00ada a suscitar la fe y la conversi\u00f3n1. Cuando, tras una primera prueba o examen2 se valoraban positivamente las motivaciones y disposiciones del candidato, este era admitido al catecumenado. Esta incorporaci\u00f3n iba acompa\u00f1ada en algunas Iglesias de la signaci\u00f3n en la frente y la imposici\u00f3n de las manos. Para los hijos de familias cristianas esta primera etapa se realizaba en la familia y corr\u00ed\u00ada a cargo ordinariamente de los padres.<\/p>\n<p>b) La segunda etapa era el tiempo del catecumenado propiamente dicho. Esta etapa ten\u00ed\u00ada una duraci\u00f3n aproximada de tres a\u00f1os y supon\u00ed\u00ada un tiempo de formaci\u00f3n y de prueba bajo la gu\u00ed\u00ada de un catequista. Los catec\u00famenos pod\u00ed\u00adan participar en la liturgia de la Palabra de la misa, junto a la comunidad de los fieles. Al concluir este per\u00ed\u00adodo estaba previsto un nuevo examen para comprobar la autenticidad de las actitudes del catec\u00fameno, su progreso en el conocimiento del evangelio y en la vida conforme a \u00e9l, y, de este modo, decidir su admisi\u00f3n a la etapa siguiente.<br \/>\nc) La tercera etapa, que comprend\u00ed\u00ada el tiempo de la cuaresma, era de preparaci\u00f3n inmediata a los sacramentos de la iniciaci\u00f3n. Al comienzo de la cuaresma, en una ceremonia lit\u00fargica especial, el obispo inscrib\u00ed\u00ada a los elegidos3 y pronunciaba la homil\u00ed\u00ada, llamada tambi\u00e9n protocatequesis. Esta preparaci\u00f3n inmediata comprend\u00ed\u00ada tres aspectos: 1) La ense\u00f1anza o instrucci\u00f3n: durante las primeras semanas, en reuni\u00f3n diaria, el obispo explicaba la Sagrada Escritura4; a partir de la cuarta semana de cuaresma (la sexta en oriente) se desarrollaba la catequesis propiamente doctrinal, que se iniciaba con la traditio Symboli, como acto de tradici\u00f3n, de transmisi\u00f3n oficial de la fe de la Iglesia, y que era explicado en sus distintos art\u00ed\u00adculos por el obispo durante las dos semanas siguientes5; se finalizaba con la redditio Symboli. 2) La formaci\u00f3n espiritual. Implica la superaci\u00f3n del pecado, el ejercicio de la vida en el Esp\u00ed\u00adritu y la  iniciaci\u00f3n en las costumbres cristianas; por eso, la cuaresma es entendida como tiempo de lucha, de penitencia, de retiro espiritual y de oraci\u00f3n6. 3) La formaci\u00f3n lit\u00fargica y ritual: la preparaci\u00f3n inmediata es, pues, tiempo de prueba y de combate contra el pr\u00ed\u00adncipe de este mundo; el catec\u00fameno ha de ejercitarse en el combate espiritual, en la renuncia a Satan\u00e1s y la adhesi\u00f3n a Cristo; para ello encontrar\u00e1 ayuda en la vida lit\u00fargica: los ritos, exorcismos y escrutinios ser\u00e1n frecuentes7. Esta tercera etapa culminar\u00e1 en la vigilia pascual con la celebraci\u00f3n de los sacramentos del bautismo, de la confirmaci\u00f3n y de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>d) La \u00faltima etapa del catecumenado corresponde al tiempo pascual. Durante la semana de pascua tendr\u00e1 lugar la catequesis mistag\u00f3gica para los ne\u00f3fitos, y en ella se explicar\u00e1 el simbolismo de los ritos, las figuras b\u00ed\u00adblicas de los sacramentos y se exhortar\u00e1 a vivir en Cristo8.<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis, podemos decir que la iniciaci\u00f3n cristiana en el catecumenado primitivo supone un camino o proceso de formaci\u00f3n por etapas en el que se integran la instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica, la conversi\u00f3n y el cambio radical de la vida, la experiencia lit\u00fargica y de oraci\u00f3n, la formaci\u00f3n espiritual, la celebraci\u00f3n de los sacramentos del bautismo, confirmaci\u00f3n y eucarist\u00ed\u00ada, por los que los candidatos son incorporados al misterio de Cristo y a su Iglesia.<\/p>\n<p>El catecumenado se concibe como aprendizaje o noviciado de la vida cristiana, que se nutre de la catequesis y de la escucha de la Palabra; viene apoyado por celebraciones lit\u00fargicas y fortalecido por ejercicios asc\u00e9ticos y penitenciales, bajo la ayuda de la comunidad eclesial que acoge al catec\u00fameno, le acompa\u00f1a y forma y, finalmente, le incorpora en su seno.<\/p>\n<p>3. EN LOS SIGLOS POSTERIORES. Las grandes transformaciones operadas en la sociedad y en la Iglesia a partir de los siglos V y VI, van a influir decisivamente en la orientaci\u00f3n y pr\u00e1ctica de la iniciaci\u00f3n cristiana. La conversi\u00f3n generalizada de los pueblos a la fe cristiana, la consideraci\u00f3n positiva del cristianismo por parte del pueblo y de sus gobernantes y la fuerte organizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica ser\u00e1n, entre otros, factores decisivos que llevar\u00e1n a la Iglesia a centrarse en otras urgencias pastorales, a orillar la evangelizaci\u00f3n s\u00f3lida de los adultos y a desdibujar en parte el significado y alcance de la iniciaci\u00f3n cristiana. Sin embargo, si bien con caracteres distintos a los de los primeros siglos, y a veces entre imprecisiones y sombras, se mantuvo en la Iglesia la pr\u00e1ctica de la iniciaci\u00f3n cristiana9. La cuaresma ser\u00e1 considerada como el tiempo y el espacio propio de la iniciaci\u00f3n cristiana, en cuanto preparaci\u00f3n para la pascua: el nuevo nacimiento de los hijos de Dios.<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de la iniciaci\u00f3n cristiana pasar\u00e1 por largos per\u00ed\u00adodos de oscuridad, debido especialmente a la escisi\u00f3n de la catequesis y de la liturgia, as\u00ed\u00ad como a su desorientaci\u00f3n. Cuando la liturgia se ritualiza y la catequesis se desvanece en virtud de una situaci\u00f3n de cristiandad, la iniciaci\u00f3n cristiana acabar\u00e1 perdiendo su valor y sentido originario.<\/p>\n<p>A partir del Renacimiento se ir\u00e1 avanzando en la recuperaci\u00f3n del sentido de la iniciaci\u00f3n cristiana, bajo formas distintas, al crecer el inter\u00e9s tanto teol\u00f3gica como pastoralmente10.<\/p>\n<p>4. EL VATICANO II Y LA INICIACI\u00ed\u201cN CRISTIANA. En los \u00faltimos tiempos, la atenci\u00f3n a la iniciaci\u00f3n cristiana ha cobrado actualidad, debido, como m\u00e1s arriba se ha dicho, a factores diversos, como las grandes transformaciones socio-culturales acaecidas, la renovaci\u00f3n catequ\u00e9tica y lit\u00fargica, el estudio de los escritos de los Padres, la profundizaci\u00f3n teol\u00f3gica, la experiencia de las pr\u00e1cticas catecumenales de los pa\u00ed\u00adses de misi\u00f3n, y, sobre todo, el impulso del Vaticano II.<\/p>\n<p>Entre los acontecimientos recientes que merecen especial menci\u00f3n hemos de destacar: la constituci\u00f3n sobre la sagrada liturgia Sacrosanctum concilium, que establece la restauraci\u00f3n del catecumenado de adultos (cf SC 64 y 71); el decreto Ad Gentes sobre la actividad misionera de la Iglesia, que indica y propone el marco general de la iniciaci\u00f3n cristiana y del catecumenado (cf AG 13-14); el C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico, que pide sean iniciados adecuadamente los catec\u00famenos y se\u00f1ala las condiciones para admitir al adulto al sacramento del bautismo (CIC 788, 2 y 815, 1); asimismo, el Ritual para la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, publicado en el a\u00f1o 1972, que propone un itinerario progresivo de evangelizaci\u00f3n, catequesis y mistagogia, y ofrece principios y orientaciones de gran importancia para la iniciaci\u00f3n cristiana. Por el inter\u00e9s del tema y por su valor normativo desarrollaremos m\u00e1s adelante el sentido y alcance de este documento. Finalmente, merece ser destacado el nuevo Directorio general para la catequesis, publicado por la Congregaci\u00f3n para el clero, en 1997. A diferencia de otros documentos anteriores el nuevo Directorio se decanta claramente por una catequesis al servicio de la iniciaci\u00f3n cristiana, hasta el punto de hacer de esta dimensi\u00f3n catecumenal e inici\u00e1tica el centro y v\u00e9rtice de la propia catequesis11. En ambiente espa\u00f1ol, no hay que olvidar el mencionado documento La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, publicado por la LXX Asamblea plenaria de la Conferencia episcopal espa\u00f1ola el 27 de noviembre de 1998.<\/p>\n<p>III. Naturaleza de la iniciaci\u00f3n cristiana<br \/>\nEl t\u00e9rmino iniciaci\u00f3n designa, etimol\u00f3gicamente, la introducci\u00f3n de una persona en un determinado grupo humano, asociaci\u00f3n o religi\u00f3n e indica el conjunto de ense\u00f1anzas y de ritos encaminados a producir un cambio radical en la persona iniciada. Representa, pues, un proceso de aprendizaje, de asimilaci\u00f3n y adquisici\u00f3n progresiva de una doctrina o de una pr\u00e1ctica determinada, de unas creencias y valores o de unas costumbres y comportamientos nuevos (cf IC 17). Es un aprendizaje, en definitiva, que afecta a toda la persona y supone una renovaci\u00f3n profunda de su ser12.<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n cristiana, teniendo puntos de contacto con las formas inici\u00e1ticas comunes, es, sin embargo, un fen\u00f3meno singular de naturaleza diferente (cf IC 18). Su originalidad esencial \u00abconsiste en que Dios tiene la iniciativa y la primac\u00ed\u00ada en la transformaci\u00f3n interior de la persona y en su integraci\u00f3n en la Iglesia, haci\u00e9ndole part\u00ed\u00adcipe de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo\u00bb (IC 9).<\/p>\n<p>Por iniciaci\u00f3n cristiana, pues, ha de entenderse la incorporaci\u00f3n del candidato, mediante los tres sacramentos de iniciaci\u00f3n, en el misterio de Cristo, muerto y resucitado, y en la comunidad de la Iglesia, sacramento de salvaci\u00f3n; de tal modo que el iniciado, profundamente transformado e introducido en la nueva condici\u00f3n de vida, muere al pecado y comienza una nueva existencia hacia su plena realizaci\u00f3n. Esta inserci\u00f3n y transformaci\u00f3n radical, llevada a cabo dentro del \u00e1mbito de fe de la comunidad eclesial, donde ha de integrarse la respuesta de fe del candidato, exige, por lo mismo, un proceso gradual o itinerario catequ\u00e9tico que ayude a madurar en la fe (cf IC 43). Palabra y sacramento en \u00ed\u00adntima unidad; confesi\u00f3n de fe; catequesis y bautismo; la integraci\u00f3n mutua&#8230; Por eso el Directorio general para la catequesis afirma que \u00abla catequesis es elemento fundamental de la iniciaci\u00f3n cristiana y est\u00e1 estrechamente vinculada a los sacramentos de iniciaci\u00f3n\u00bb13. En consecuencia, podemos concretar ya lo que es la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>1. OBRA DEL AMOR DE DIos. La iniciaci\u00f3n cristiana es, ante todo, obra del amor de Dios, que en su bondad y sabidur\u00ed\u00ada ha querido \u00abrevelarse a s\u00ed\u00ad mismo y manifestar el misterio de su voluntad: por Cristo, la Palabra hecha carne, y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina\u00bb (DV 2).<\/p>\n<p>Es Dios quien sale a nuestro encuentro amorosamente, nos manifiesta su proyecto de salvaci\u00f3n para la humanidad, y nos da con abundancia los tesoros de la vida divina. Es Dios solo quien puede cambiar en el hombre su coraz\u00f3n de piedra por un coraz\u00f3n de carne (Ez 36,26); dar vida a los huesos secos y quebrantados (Ez 37,5); hacer que el ser humano vuelva a nacer por el agua y el Esp\u00ed\u00adritu (Jn 3,5); injertarle en la vid verdadera que asegura la permanencia en la vida (Jn 15,5); nutrirle con el pan bajado del cielo que da la vida eterna (Jn 6,51).<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n cristiana es gracia benevolente y transformadora, que nos precede eligi\u00e9ndonos para ser sus hijos adoptivos, y nos da la vida verdadera, bendici\u00e9ndonos en Cristo, de modo que, en verdad, podemos decir: \u00abBendito sea Dios, Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos, en Cristo; por cuanto nos ha elegido en \u00e9l antes de la creaci\u00f3n del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, en el amor; eligi\u00e9ndonos de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo, seg\u00fan el benepl\u00e1cito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la que nos agraci\u00f3 en el Amado\u00bb (Ef 1,3-6).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la iniciaci\u00f3n cristiana es una obra de Dios, que se desarrolla dentro del dinamismo trinitario (cf IC 9-11). Es, en primer lugar, don del Padre que, por el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, hace a los hombres hijos de Dios y coherederos de Cristo (cf Rom 8,15). Es, pues, obra de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad14. La propia uni\u00f3n org\u00e1nica de los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n (bautismo, confirmaci\u00f3n y eucarist\u00ed\u00ada) est\u00e1 expresando la unidad de la obra trinitaria de la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>2. POR LA IGLESIA Y EN LA IGLESIA. Esta obra del amor de Dios que es la iniciaci\u00f3n cristiana se realiza en la Iglesia y por la mediaci\u00f3n de la Iglesia. A ella le ha encomendado Cristo la misi\u00f3n que, a su vez, \u00e9l hab\u00ed\u00ada recibido del Padre, de anunciar y llevar a plenitud la salvaci\u00f3n (cf IC 13; EV 5, 59; LG 5; AG 1).<\/p>\n<p>Y as\u00ed\u00ad la Iglesia, asociada a la obra de la redenci\u00f3n, sale al encuentro de los hombres, a quienes anuncia la buena noticia, les acoge y acompa\u00f1a en el camino de la fe, pone los fundamentos de la vida cristiana, les incorpora al misterio de Cristo por los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, les hace part\u00ed\u00adcipes de la vida y misi\u00f3n de la Iglesia, y gu\u00ed\u00ada a estos hijos suyos, que acaba de engendrar, y les sostiene a lo largo de su camino, desde el nacimiento hasta la madurez de la vida nueva en Cristo. Como dice el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: \u00abLa participaci\u00f3n en la naturaleza divina que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene cierta analog\u00ed\u00ada con el origen, el crecimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos en el bautismo se fortalecen con el sacramento de la confirmaci\u00f3n y, finalmente, son alimentados en la eucarist\u00ed\u00ada con el manjar de la vida eterna, y as\u00ed\u00ad, por medio de estos sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, reciben cada vez con m\u00e1s abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfecci\u00f3n de la caridad\u00bb15. La Iglesia, mediante la iniciaci\u00f3n cristiana, manifiesta su identidad de madre y, a la vez que incorpora al hombre a Cristo, lo incorpora al Cuerpo de Cristo; a la vez que engendra al cristiano, edifica la Iglesia, de modo que podemos afirmar que por la iniciaci\u00f3n cristiana la Iglesia engendra a la Iglesia.<\/p>\n<p>Ahora bien, esta funci\u00f3n maternal de la Iglesia se lleva a cabo en cada Iglesia particular (cf IC 14), en la que est\u00e1 verdaderamente presente y activa la \u00fanica Iglesia de Cristo, es presencia particular de la Iglesia universal y esta se realiza en ella16. En la Iglesia particular corresponde al obispo, responsable de la acci\u00f3n evangelizadora y santificadora de la Iglesia particular a \u00e9l encomendada, establecer y orientar la pastoral de la iniciaci\u00f3n cristiana (cf IC 15).<\/p>\n<p>3. CON UNA DECISI\u00ed\u201cN LIBRE. Este don de Dios realizado por la Iglesia requiere la decisi\u00f3n libre del hombre. Como afirma la constituci\u00f3n Dei Verbum, \u00aba Dios revelador debe prest\u00e1rsele la obediencia de la fe (Rom 16,26), por la que el hombre se entrega entera y libremente a Dios y le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad\u00bb (DV 5).<\/p>\n<p>A la iniciativa gratuita de Dios ha de responder el hombre libremente, auxiliado por la gracia divina y de la mano de la comunidad eclesial. En el seno de la comunidad ha de recorrer un camino de conversi\u00f3n, de liberaci\u00f3n del pecado y de crecimiento en la fe, hasta el encuentro con Jesucristo. Es el itinerario catequ\u00e9tico de la iniciaci\u00f3n cristiana. Un camino progresivo que ha de conducirle a la adhesi\u00f3n incondicional a Dios, a la confesi\u00f3n de la fe y al reconocimiento cabal y consecuente de la nueva realidad sobrevenida (cf IC.20).<\/p>\n<p>En este itinerario de fe, queda implicada toda la persona, todas las esferas y dimensiones de su ser; pues toda ella debe abandonar su anterior modo de vida, para entregarse a Dios y entrar gozosamente en la comuni\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>Asimismo, este proceso o camino de crecimiento exige guardar la necesaria vinculaci\u00f3n entre la acci\u00f3n de la gracia divina y la respuesta personal de la fe. En definitiva, es necesario que el hombre: 1) alcance a descubrir las maravillas del amor de Dios y de su iniciativa salvadora; 2) logre comprender el sentido de la mediaci\u00f3n eclesial; y, finalmente, 3) asuma con responsabilidad las implicaciones concretas de su respuesta libre para su vida personal, eclesial y social. Todo esto requiere un itinerario catequ\u00e9tico que ayude a garantizar el enraizamiento, aprendizaje y maduraci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n cristiana es, tambi\u00e9n, expresi\u00f3n y cumplimiento de la alianza de Dios con el hombre. Mediante la iniciaci\u00f3n cristiana, Dios se acerca al hombre y le ofrece entrar en comuni\u00f3n de vida y amor con \u00e9l; el hombre, a su vez, con su respuesta libre, acepta el don de Dios y se entrega confiadamente a \u00e9l. La llamada y la respuesta se unen en un acontecimiento definitivo: Dios establece con el hombre un pacto de vida y de esperanza en la alianza, que queda ratificada por el bautismo. Por la eucarist\u00ed\u00ada la alianza alcanza su plenitud.<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n cristiana representa as\u00ed\u00ad la participaci\u00f3n humana en el di\u00e1logo de la salvaci\u00f3n. Dios llama al hombre y le lleva a participar de la relaci\u00f3n filial con \u00e9l. El hombre inicia un camino hacia Dios que ha irrumpido en su vida y habita su existencia. En adelante el hombre se dirigir\u00e1 hacia Dios, constituido en el centro y fundamento de su ser.<\/p>\n<p>4. EN RESUMEN. El cristiano recibe de Dios el don de la fe en la Iglesia. Es en la Iglesia donde llegar\u00e1 a captar la verdad, la realidad y la significaci\u00f3n de la fe, fuente de vida para su existencia como creyente. Y es en el seno de la comunidad eclesial donde podr\u00e1 responder de modo libre e incondicionado a Dios. La profesi\u00f3n de fe del bautizado y la ratificaci\u00f3n de la alianza de Dios con el hombre alcanzar\u00e1n su expresi\u00f3n m\u00e1s alta en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, que es el centro de la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p>Conforme a todo lo expuesto, concluimos afirmando que la iniciaci\u00f3n cristiana comprende los siguientes elementos esenciales: 1) el misterio pascual de Cristo; 2) la Iglesia, comunidad de salvaci\u00f3n; 3) la unidad indisoluble de los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n; 4) el anuncio de Jesucristo y su mensaje de salvaci\u00f3n; 5) la fe y la adhesi\u00f3n personal a la intervenci\u00f3n salvadora de Dios en Cristo por el Esp\u00ed\u00adritu Santo; 6) la maduraci\u00f3n de esa fe, el progresivo y radical cambio de mentalidad y de estilo de vida, en la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>De este modo lo expresa el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: \u00abDesde los tiempos apost\u00f3licos, para llegar a ser cristiano se sigue un camino y una iniciaci\u00f3n que consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido r\u00e1pida o lentamente. Y comprende siempre algunos elementos esenciales: el anuncio de la Palabra, la acogida del evangelio que lleva a la conversi\u00f3n, la profesi\u00f3n de fe, el bautismo, la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, el acceso a la comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica\u00bb (CCE 1229).<\/p>\n<p>Y as\u00ed\u00ad resume los elementos propios de la iniciaci\u00f3n el documento episcopal La iniciaci\u00f3n cristiana: 1) la iniciativa eficaz y gratuita de Dios; 2) la respuesta de la fe que se realiza en la escucha y en la acogida interior del evangelio; 3) la acogida de la Iglesia, que recibe en su seno maternal e inserta en el misterio de Cristo y en la propia vida eclesial; 4) esta acci\u00f3n de la Iglesia integra b\u00e1sicamente la predicaci\u00f3n de la Palabra y su explicaci\u00f3n, la catequesis que introduce en los misterios y en la vida de la Iglesia, la celebraci\u00f3n de los sacramentos, y el acompa\u00f1amiento posterior (cf IC 31).<\/p>\n<p>Y junto a estos elementos o aspectos esenciales, podemos se\u00f1alar tambi\u00e9n, como dimensiones o coordenadas b\u00e1sicas de la iniciaci\u00f3n cristiana, las siguientes: 1) la dimensi\u00f3n teol\u00f3gico-sacramental: la iniciativa de Dios que hace a los hombres part\u00ed\u00adcipes del acontecimiento pascual mediante los sacramentos del bautismo, la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00ed\u00ada; 2) la dimensi\u00f3n eclesial: la comunidad de la Iglesia que anuncia al Se\u00f1or, da testimonio y celebra la alianza; que acoge al hombre, le acompa\u00f1a en el camino de la conversi\u00f3n y le hace entrega de la fe y miembro de la Iglesia, asoci\u00e1ndole a su vida y misi\u00f3n; 3) la dimensi\u00f3n catequ\u00e9tica: para enraizar la adhesi\u00f3n firme por la fe a la Palabra y garantizar su aprendizaje y maduraci\u00f3n; 4) la dimensi\u00f3n existencial y escatol\u00f3gica: que nos habla de la vida nueva en el Esp\u00ed\u00adritu que nos ha transformado radicalmente y nos ha configurado en Cristo. Una vida nueva que tiene un origen, se vive ya aqu\u00ed\u00ad, y tiene, asimismo, una meta y plenitud que ansiamos y esperamos en la parus\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>IV. Itinerario de conversi\u00f3n y de crecimiento en la fe<br \/>\nPor la Palabra y los sacramentos, en virtud de la acci\u00f3n de Dios, que previene y acompa\u00f1a, la Iglesia acoge y engendra al nuevo creyente y le educa en la totalidad de la vida cristiana. Esta acci\u00f3n de la madre Iglesia se lleva a cabo conjuntamente, pudi\u00e9ramos decir, mediante un proceso catequ\u00e9tico de educaci\u00f3n de la fe y por los sacramentos del bautismo, la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Mediante los sacramentos de iniciaci\u00f3n, el hombre es vinculado a Cristo y asimilado a \u00e9l en el ser y en el obrar, introduci\u00e9ndole en la comuni\u00f3n trinitaria y en la Iglesia.<\/p>\n<p>Mediante el itinerario catequ\u00e9tico, que precede, acompa\u00f1a o sigue a la celebraci\u00f3n de los sacramentos, el catequizando alcanza el conocimiento del misterio de la salvaci\u00f3n, afianza su compromiso personal de respuesta a Dios y de cambio progresivo de mentalidad y de costumbres, fundamenta su fe y avanza en el aprendizaje de la vida cristiana, acompa\u00f1ado por la comunidad eclesial (cf RICA, Observaciones previas). \u00abLa catequesis es elemento fundamental de la iniciaci\u00f3n cristiana, y est\u00e1 estrechamente vinculada a los sacramentos de la iniciaci\u00f3n\u00bb (IC 41). O, como dice el Directorio general para la catequesis: \u00abLa catequesis es elemento fundamental de la iniciaci\u00f3n cristiana, y est\u00e1 estrechamente vinculada a los sacramentos de iniciaci\u00f3n, especialmente al bautismo, sacramento de la fe. El eslab\u00f3n que une la catequesis con el bautismo es la profesi\u00f3n de fe que es, a un tiempo, elemento interior de este sacramento y meta de la catequesis\u00bb (DGC 66).<\/p>\n<p>Veamos a continuaci\u00f3n el sentido y alcance de este proceso o itinerario de fe que es la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>1. COMO EJERCICIO DE VIDA CRISTIANA. El proceso de iniciaci\u00f3n cristiana es, en primer lugar, un camino o itinerario catequ\u00e9tico que ha de ser entendido como ejercicio gradual y completo de vida cristiana y, en cuanto tal, ha de comprender la escucha de la Palabra y la profundizaci\u00f3n org\u00e1nica de la misma, la introducci\u00f3n en la experiencia de la liturgia y de la oraci\u00f3n de la Iglesia, el testimonio de vida y las obras de caridad, el desarrollo de los compromisos propios de la conversi\u00f3n y del seguimiento de Jesucristo, el aprendizaje progresivo de la vida en Cristo bajo la gu\u00ed\u00ada de la comunidad eclesial17.<\/p>\n<p>Ahora bien, este ejercicio de vida cristiana, que es el nervio del itinerario catequ\u00e9tico propio de la iniciaci\u00f3n cristiana, se lograr\u00e1 gracias a la presencia de un \u00e1mbito de fe viva y a la pr\u00e1ctica efectiva de la misma por parte del catequizando.<\/p>\n<p>En primer lugar, es necesario contar con un \u00e1mbito real de fe que acoja y envuelva al catequizando y, progresivamente, le vaya integrando en \u00e9l, para aprender viviendo, con la ayuda de los fieles y la sabia gu\u00ed\u00ada del catequista, las claves y pautas de la vida cristiana. (La iniciaci\u00f3n cristiana indica diferentes lugares o \u00e1mbitos: cf IC 32-38). Este ejercicio de vida cristiana alcanzar\u00e1 para el catequizando su desarrollo m\u00e1s pleno cuando pueda participar de manera activa y consciente en la vida de la comunidad eclesial que profesa, celebra y vive la fe cristiana. Es decir, se trata de ofrecer al catequizando la posibilidad de sumergirse en la experiencia viva que la Iglesia tiene del evangelio, y de ense\u00f1arle a ver y comprender desde dentro las realidades misteriosas que ella posee: la Palabra, la comuni\u00f3n fraterna, el servicio de la caridad, los sacramentos, el testimonio de santidad, y de este modo impregnarse de esa vida y aprender, por esa profunda \u00f3smosis, los misterios de la fe y de la vida cristiana.<\/p>\n<p>Pero se trata tambi\u00e9n de que el catequizando practique la vida cristiana. No s\u00f3lo que la vea o sea informado sobre ella, sino que la ejercite. Es decir, ha de aprender a vivir en la escucha del Se\u00f1or y en el amor fraterno, practicar obras de caridad, adquirir el h\u00e1bito de la oraci\u00f3n, dar testimonio de la fe, expresar en su vida diaria el cambio de mentalidad y de costumbres, luchar para morir al pecado y as\u00ed\u00ad poder vivir en Cristo. El combate contra el mal y la liberaci\u00f3n del pecado son ejercicios propios de quien, por la iniciaci\u00f3n cristiana, desea alcanzar la vida en Cristo: \u00abLos que hemos muerto al pecado, \u00bfc\u00f3mo seguir viviendo en \u00e9l? \u00bfO es que ignor\u00e1is que cuando fuimos bautizados en Cristo Jes\u00fas, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con \u00e9l sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n nosotros vivamos una vida nueva\u00bb (Rom 6,2-4).<\/p>\n<p>Luego la catequesis de iniciaci\u00f3n cristiana no es una mera exposici\u00f3n de dogmas y preceptos, es algo m\u00e1s que una simple instrucci\u00f3n o un desarrollo discursivo o pr\u00e1ctico de las capacidades del catequizando; es algo m\u00e1s que un adiestramiento en las cosas de la fe o un programa rigurosamente dise\u00f1ado al modo acad\u00e9mico; es, ante todo, una escuela de fe, es \u00abformaci\u00f3n y noviciado debidamente prolongado de toda la vida cristiana, en que los disc\u00ed\u00adpulos se unen a Cristo, su Maestro\u00bb (AG 14; DGC 63; cf IC 42).<\/p>\n<p>2. COMO FORMACI\u00ed\u201cN DE LA FE CRISTIANA. Un itinerario que supone, en segundo lugar, una formaci\u00f3n org\u00e1nica, sistem\u00e1tica y b\u00e1sica de la fe cristiana. Como dice Juan Pablo II: \u00abLa aut\u00e9ntica catequesis es siempre una iniciaci\u00f3n ordenada y sistem\u00e1tica a la revelaci\u00f3n que Dios mismo ha hecho al hombre, revelaci\u00f3n conservada en la memoria profunda de la Iglesia y en las Sagradas Escrituras y comunicada constantemente, mediante una traditio viva y activa, de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n\u00bb (CT 22).<\/p>\n<p>Toda catequesis es, en efecto, y la catequesis propia de la iniciaci\u00f3n cristiana con m\u00e1s motivo, un acto de tradici\u00f3n viva al servicio de la transmisi\u00f3n de la fe. Su contenido es, pues, la revelaci\u00f3n de Dios; es decir, el acontecimiento de la manifestaci\u00f3n de su misterio y designio amoroso de salvaci\u00f3n, y el acontecimiento de su donaci\u00f3n y entrega en favor del hombre.<\/p>\n<p>A estas realidades inicia la catequesis, y ellas son el contenido de la misma. No son, pues, los contenidos catequ\u00e9ticos afirmaciones vanas o ideas para el pensamiento o normas para la conducta. Son realidades: son los acontecimientos del amor de Dios a lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n, acontecimientos de la salvaci\u00f3n de Dios Padre en Jesucristo por el Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia, que se expresan en el s\u00ed\u00admbolo de la fe, los ritos sacramentales de la Iglesia, los testimonios de vida de los santos y santas de la Iglesia, la herencia espiritual de los Padres, las obras de caridad&#8230;<\/p>\n<p>Estas realidades de la fe, que vienen expresadas en distintos lenguajes (b\u00ed\u00adblico, lit\u00fargico, doctrinal, testimonial&#8230;) y que constituyen un cuerpo org\u00e1nico y coherente de certezas y verdades, deben ser presentadas org\u00e1nicamente, mostrando su coherencia interna a los catequizandos. Y, asimismo, deben ser de tal modo comunicadas que puedan ser comprendidas y asumidas como realidades que son de fe para nuestra salvaci\u00f3n. El catequista habla desde la fe y trata de suscitar la fe ante los profundos misterios que contiene la acci\u00f3n de Dios en favor del hombre; se propone no s\u00f3lo formar la mente, sino educar en la fe a los catequizandos e introducirles en la vida cristiana, para que, por la fe, puedan conocer la riqueza del amor de Dios en Jesucristo y la esperanza de la gloria: \u00abEl misterio escondido desde siglos y generaciones, y manifestado ahora a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer cu\u00e1l es la riqueza de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo entre vosotros, la esperanza de la gloria\u00bb (Col 1,26-27). De este modo, la ense\u00f1anza de la fe suscitar\u00e1 la esperanza y la esperanza abrir\u00e1 el coraz\u00f3n a la caridad. Como recuerda san Agust\u00ed\u00adn al di\u00e1cono y catequista Deogracias: \u00abExplica cuanto expliques de modo que la persona a la que te diriges, al escucharte, crea, creyendo espere y esperando ame\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abEn s\u00ed\u00adntesis, como dice el Directorio general para la catequesis, la catequesis de iniciaci\u00f3n, por ser org\u00e1nica y sistem\u00e1tica, no se reduce a lo meramente circunstancial u ocasional; por ser formaci\u00f3n para la vida cristiana desborda -incluy\u00e9ndola- a la mera ense\u00f1anza; por ser esencial, se centra en lo com\u00fan para el cristiano&#8230; En fin, por ser iniciaci\u00f3n, incorpora a la comunidad que vive, celebra y testimonia la fe. Ejerce, por tanto, al mismo tiempo, tareas de iniciaci\u00f3n, educaci\u00f3n y de instrucci\u00f3n\u00bb (DGC 68).<\/p>\n<p>3. COMO UN CAMINO A RECORRER EN DISTINTAS ETAPAS. En tercer lugar, es un itinerario de fe desarrollado con gradualidad y progresi\u00f3n, articulado en un proceso que hay que recorrer por etapas (cf IC 24-30). Este proceder gradual de la catequesis de iniciaci\u00f3n, que tiene su origen en el modo como Dios ha actuado a lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n (cf Heb 1,1-2; DV 3-4) y en la condici\u00f3n del propio hombre, se ver\u00e1 reflejado en la sabidur\u00ed\u00ada de la tradici\u00f3n catequ\u00e9tica de la Iglesia, como expresa el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: \u00abDesde los tiempos apost\u00f3licos para ser cristianos se sigue un camino y una iniciaci\u00f3n que consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido r\u00e1pida o lentamente\u00bb (CCE 1229).<\/p>\n<p>En efecto, en virtud de las variadas situaciones y experiencias humanas, y en atenci\u00f3n al ritmo de crecimiento en la fe de cada persona y, sobre todo, en conformidad con el iter salv\u00ed\u00adfico querido por Dios, como muestran las Sagradas Escrituras, la iniciaci\u00f3n cristiana debe cuidar oportunamente el avance progresivo de cada catequizando y respetar los tiempos de maduraci\u00f3n. Eso es lo que significa un itinerario: un camino a recorrer en distintas etapas, que tiene un principio y un final. \u00abHoy, en todos los ritos latinos y orientales, la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos comienza con su entrada en el catecumenado, para alcanzar su punto culminante en una sola celebraci\u00f3n de los tres sacramentos: del bautismo, de la confirmaci\u00f3n y de la eucarist\u00ed\u00ada\u00bb (CCE 1233). Por su parte, el Ritual para la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, con su articulaci\u00f3n por etapas, ser\u00e1 un ejemplo t\u00ed\u00adpico de un itinerario gradual y progresivo de iniciaci\u00f3n cristiana18.<\/p>\n<p>Por el valor normativo e inspirador que tiene para la catequesis19, desarrollamos a continuaci\u00f3n este itinerario con sus correspondientes tiempos o etapas (cf IC 24-30).<\/p>\n<p>a) El tiempo del anuncio misionero. Este primer per\u00ed\u00adodo, que el RICA denomina tiempo de b\u00fasqueda o precatecumenado, est\u00e1 destinado a los inicios de la fe y a la primera presentaci\u00f3n del mensaje cristiano (cf RICA, Obs. previas; IC 24). El centro, pues, es el anuncio de la buena noticia, que es la proclamaci\u00f3n del Dios vivo, de su misterio de salvaci\u00f3n para todos los hombres y de su cumplimiento en Cristo, muerto y resucitado. Este anuncio debe, en definitiva, dar a conocer el kerigma cristiano y sus consecuencias para el hombre. Pero adem\u00e1s, es conveniente que integre una exposici\u00f3n inicial sobre la moral cristiana, la Iglesia y los nov\u00ed\u00adsimos, con objeto de conducir al candidato, con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, a la conversi\u00f3n inicial y a la adhesi\u00f3n primera a Dios y, de este modo, \u00abir madurando la verdadera voluntad de seguir a Cristo y de pedir el bautismo\u00bb (RICA 10).<\/p>\n<p>Hoy la Iglesia, consciente de la exigencia de la nueva evangelizaci\u00f3n, sabe que este primer empe\u00f1o misionero es de extraordinaria importancia y que su ejercicio, acompa\u00f1ado de testimonios expl\u00ed\u00adcitos de vida cristiana, es una prueba de calidad para la comunidad cristiana.<\/p>\n<p>Durante este tiempo, la comunidad debe crear en torno a quien se siente atra\u00ed\u00addo por la fe cristiana un ambiente de acogida fraterna y de vida cristiana; debe esforzarse por ofrecer una atenci\u00f3n esmerada a cada persona, en su singular condici\u00f3n, y asimismo un clima de reflexi\u00f3n y de b\u00fasqueda sincera, junto al testimonio de fe y de oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) La entrada en el catecumenado. La entrada en el catecumenado de aquellos que han manifestado este deseo, y en cuanto tales son presentados a la Iglesia por los padrinos o por los catequistas, supone, en primer lugar, un examen sobre las motivaciones y la idoneidad de cada candidato20 a quien se le pedir\u00e1 para su admisi\u00f3n: una vida espiritual preliminar y los conocimientos fundamentales de la doctrina cristiana, la conversi\u00f3n inicial y la voluntad de cambiar de vida y de empezar el trato con Dios en Cristo, un incipiente sentido de la penitencia y pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n, una primera experiencia de trato con la comunidad cristiana (cf RICA, Obs. previas 15; IC 25).<\/p>\n<p>La entrada en el catecumenado va precedida de la celebraci\u00f3n de un rito llamado de entrada en el catecumenado, mediante el cual la Iglesia expresa la acogida de aquellos que han aceptado el evangelio de Jesucristo y desean ser miembros de ella, y consagra su conversi\u00f3n inicial. A partir de este momento los candidatos son ya de la casa de Cristo: son alimentados por la Iglesia con la palabra de Dios y favorecidos con las ayudas lit\u00fargicas (RICA 8). Y as\u00ed\u00ad, recibidos entre el n\u00famero de los catec\u00famenos, son ya cristianos, aunque de un modo imperfecto: \u00abNo hab\u00e9is renacido todav\u00ed\u00ada por el bautismo sagrado, pero ya por la se\u00f1al de la cruz hab\u00e9is sido recibidos en el seno de la madre Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>c) El tiempo del catecumenado. Es el tiempo de la formaci\u00f3n cristiana integral, del aprendizaje de la fe y de la vida cristiana, de la maduraci\u00f3n de la conversi\u00f3n y adhesi\u00f3n a Dios. La Iglesia lleva a cabo esta educaci\u00f3n de los catec\u00famenos mediante una catequesis progresiva, sistem\u00e1tica y org\u00e1nica, que se acomoda al a\u00f1o lit\u00fargico y se acompa\u00f1a de celebraciones y ritos lit\u00fargicos, de tal manera que la fe de la Iglesia sea transmitida \u00ed\u00adntegra, para el conocimiento vivo del misterio de la salvaci\u00f3n y la educaci\u00f3n en la totalidad de la vida cristiana. Los catec\u00famenos deben ser \u00abadecuadamente iniciados en el misterio de la salvaci\u00f3n, en el ejercicio de las costumbres evang\u00e9licas y en la celebraci\u00f3n de los ritos sagrados, e introducidos en la vida de la fe, la liturgia y la caridad del pueblo de Dios\u00bb (AG 14).<\/p>\n<p>Este camino de formaci\u00f3n integral21, de aprendizaje y maduraci\u00f3n de la fe, de progresiva conversi\u00f3n y de cambio de vida, incluye, y es tambi\u00e9n para el catec\u00fameno, un tiempo de lucha espiritual contra las fuerzas del mal que ha de vencer. Ha de aprender que la vida cristiana es tambi\u00e9n un combate espiritual contra el mal y el pecado. De ah\u00ed\u00ad la presencia de la ascesis, los ejercicios penitenciales y la invocaci\u00f3n de la ayuda divina, tan presentes en el catecumenado.<\/p>\n<p>Y as\u00ed\u00ad, los catec\u00famenos, que se esfuerzan por avanzar en este camino inicial, fortalecidos por la bendici\u00f3n divina, purificados por el Esp\u00ed\u00adritu y ayudados por el ejemplo y el auxilio de la comunidad eclesial22, y de modo especial por los padrinos y por los catequistas, se instruyen en la fe, se ejercitan en la oraci\u00f3n, aprenden las costumbres evang\u00e9licas de la vida en Cristo y son introducidos paulatinamente en las responsabilidades apost\u00f3licas y misioneras propias del cristiano (cf IC 26).<\/p>\n<p>d) La elecci\u00f3n e inscripci\u00f3n del nombre. La elecci\u00f3n viene precedida por un examen de idoneidad del catec\u00fameno. Adem\u00e1s de la fe y la firme voluntad de recibir los sacramentos de la Iglesia, se requiere de \u00e9l \u00abla conversi\u00f3n de la mente y de las costumbres, un suficiente conocimiento de la doctrina cristiana y sentimientos de fe y de caridad\u00bb (RICA, Obs. previas, 23).<br \/>\nLa celebraci\u00f3n del rito de la elecci\u00f3n e inscripci\u00f3n del nombre tiene lugar habitualmente el primer domingo de cuaresma y es presidido por el obispo. A \u00e9l le son presentados los candidatos y \u00e9l elige a aquellos que son admitidos para el bautismo, inscribi\u00e9ndoles como elegidos.<\/p>\n<p>Con esta celebraci\u00f3n de la llamada decisiva por parte de la Iglesia, signo de la llamada de Dios, y de la inscripci\u00f3n del nombre en el libro de los elegidos, signo de la respuesta del hombre, concluye el tiempo del catecumenado.<\/p>\n<p>e) El tiempo de la purificaci\u00f3n y de la iluminaci\u00f3n. En esta etapa, que coincide con la cuaresma y concluye con la vigilia pascual, los catec\u00famenos se preparan de modo intensivo para las celebraciones pascuales y para recibir los sacramentos de la iniciaci\u00f3n (RICA 21-22; IC 27). La Iglesia abre para ellos, sosteni\u00e9ndoles con su participaci\u00f3n y ayuda, un camino de preparaci\u00f3n inmediata, mediante la catequesis y la liturgia, la reflexi\u00f3n y la oraci\u00f3n, la penitencia y el ayuno, la lucha ante las pruebas y la purificaci\u00f3n del coraz\u00f3n. La Iglesia, que es madre, se dispone de este modo a engendrar en Cristo, por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, a quienes recorren este camino de purificaci\u00f3n y de iluminaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La profundizaci\u00f3n en la Sagrada Escritura y en el s\u00ed\u00admbolo de la fe, la intensificaci\u00f3n espiritual, la celebraci\u00f3n de exorcismos y escrutinios23, y la entrega de los s\u00ed\u00admbolos de la identidad cristiana (el credo y el padrenuestro)24 constituyen los hitos m\u00e1s importantes de esta preparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por su importancia y significaci\u00f3n catequ\u00e9tica merece ser destacada la explicaci\u00f3n y entrega de la fe en el s\u00ed\u00admbolo, a lo que el catequizando responder\u00e1 con la manifestaci\u00f3n de la profesi\u00f3n de la fe de la Iglesia25.<\/p>\n<p>f) Celebraci\u00f3n de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana. La celebraci\u00f3n unitaria de los sacramentos del bautismo, de la confirmaci\u00f3n y de la eucarist\u00ed\u00ada coronan la vigilia pascual. Con ello se quiere expresar la unidad del misterio pascual y la plena participaci\u00f3n en el cuerpo de Cristo que es la Iglesia.<br \/>\nPor el bautismo, los catec\u00famenos, que han renunciado a Satan\u00e1s y pronunciado la profesi\u00f3n de fe, reciben el Esp\u00ed\u00adritu de adopci\u00f3n, renacen como hijos de Dios y son incorporados a la Iglesia (cf CCE 1213). Por la confirmaci\u00f3n, los ne\u00f3fitos son sellados por el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo y configurados sacramentalmente a la imagen de Cristo, el Ungido. Al participar con todo el pueblo de Dios en la eucarist\u00ed\u00ada, celebran el memorial de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo y reciben la comuni\u00f3n del cuerpo y sangre del Se\u00f1or que consuma la uni\u00f3n con \u00e9l (cf RICA Obs. previas 27ss.; IC 28).<\/p>\n<p>g) El tiempo de la mistagogia. Recibidos los tres sacramentos, comienza una nueva y definitiva etapa de la iniciaci\u00f3n cristiana: el tiempo de la mistagogia. Durante este tiempo los ne\u00f3fitos, ayudados por la comunidad de los fieles, y a trav\u00e9s de la meditaci\u00f3n del evangelio, la catequesis, la experiencia sacramental frecuente y el ejercicio de la caridad26, profundizan en los misterios celebrados, consolidan la pr\u00e1ctica de la vida cristiana y se ejercitan en las responsabilidades de su incorporaci\u00f3n a la comunidad (cf RICA, Obs. previas, 37-40; IC 29-30).<\/p>\n<p>4. FORMAS DE INICIACI\u00ed\u201cN CRISTIANA. A lo largo de la historia de la Iglesia, la iniciaci\u00f3n cristiana ha variado en sus formas27, como hemos visto m\u00e1s arriba. En nuestros d\u00ed\u00adas existen dos formas de realizar la iniciaci\u00f3n cristiana, que el documento episcopal La iniciaci\u00f3n cristiana reconoce como necesarias hoy (cf IC 22-23):<br \/>\na) El catecumenado posbautismal, que afecta a los p\u00e1rvulos que son incorporados en los primeros meses de su vida en el misterio de Cristo y en la Iglesia por el bautismo. Supone un itinerario catequ\u00e9tico y sacramental que se desarrolla a lo largo de la infancia y adolescencia. De esta forma de iniciaci\u00f3n, que es la m\u00e1s generalizada, dice el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: \u00abDesde que el bautismo de ni\u00f1os vino a ser la forma habitual de celebraci\u00f3n de este sacramento, este se ha convertido en un acto \u00fanico que integra de manera abreviada las etapas previas a la iniciaci\u00f3n cristiana. Por su misma naturaleza el bautismo de ni\u00f1os exige un catecumenado pos-bautismal. No se trata s\u00f3lo de una necesidad posterior al bautismo, sino del desarrollo necesario de la gracia bautismal en el crecimiento de la persona. Es el momento propio de la catequesis\u00bb (CCE 1231).<\/p>\n<p>b) La iniciaci\u00f3n cristiana de personas no bautizadas, sean ni\u00f1os, j\u00f3venes o adultos (o bautizadas pero no catequizadas o alejadas de la fe), que se lleva a cabo a trav\u00e9s de un catecumenado y culmina con la celebraci\u00f3n de los tres sacramentos de iniciaci\u00f3n (CCE 1232).<\/p>\n<p>El mismo documento episcopal La iniciaci\u00f3n cristiana reconoce que, \u00abante las exigencias actuales de la evangelizaci\u00f3n con muchos adultos ya bautizados pero en realidad no catequizados, o alejados de la fe, o incluso sin haber completado la iniciaci\u00f3n sacramental, ambas formas de iniciaci\u00f3n cristiana propiamente dicha son hoy necesarias\u00bb. Y afirma la unidad del anuncio misionero y la catequesis de iniciaci\u00f3n recogiendo este p\u00e1rrafo del DGC: \u00abLa situaci\u00f3n actual de la evangelizaci\u00f3n postula que las dos acciones, el anuncio misionero y la catequesis de iniciaci\u00f3n, se conciban coordinadamente y se ofrezcan, en la Iglesia particular, mediante un proyecto evangelizador misionero y catecumenal unitario\u00bb (DGC 277), y desarrollando a continuaci\u00f3n varios itinerarios completos de iniciaci\u00f3n: de ni\u00f1os, adolescentes y j\u00f3venes (IC 69-110); de adultos no bautizados (IC 112-123); de adultos ya bautizados (IC 124-133), y de ni\u00f1os y adolescentes no bautizados (IC 134-138).<\/p>\n<p>V. Prioridades y consecuencias pastorales<br \/>\nLa iniciaci\u00f3n cristiana, expresi\u00f3n primera y m\u00e1s significativa de la misi\u00f3n de la Iglesia, y que constituye la realizaci\u00f3n de su funci\u00f3n maternal, ha de contar, en todo momento y circunstancia, con una adecuada y exigente acci\u00f3n pastoral. Ahora bien, esta pastoral de la iniciaci\u00f3n cristiana no puede reducirse a la mera acentuaci\u00f3n de una tarea espec\u00ed\u00adfica y determinada, entre otras muchas que la comunidad eclesial lleva a cabo, o a una actualizaci\u00f3n coyuntural de programas y acentos pastorales sobre la misma.<\/p>\n<p>La opci\u00f3n por la pastoral de la iniciaci\u00f3n cristiana es algo m\u00e1s: supone una profunda renovaci\u00f3n y revitalizaci\u00f3n interna de la propia Iglesia, pues significa dar de hecho la primac\u00ed\u00ada a la acci\u00f3n misionera y evangelizadora, atender de modo prioritario la transmisi\u00f3n de la fe y la maduraci\u00f3n de la misma en los creyentes, y profundizar en la identidad comunitaria y maternal de la Iglesia hasta convertirla en comunidad viva y fraterna.<\/p>\n<p>Veremos a continuaci\u00f3n las consecuencias m\u00e1s significativas que el ejercicio de la iniciaci\u00f3n cristiana, adecuadamente desarrollado, tiene para la Iglesia.<\/p>\n<p>1. PRIMAC\u00ed\u008dA DE LA ACCI\u00ed\u201cN MISIONERA. Ante los desaf\u00ed\u00ados planteados por la realidad socio-cultural y la situaci\u00f3n de fe de nuestros bautizados, la pastoral de la iniciaci\u00f3n cristiana est\u00e1 pidiendo, en primer lugar, una acci\u00f3n decidida y vigorosa de tipo misionero. Una acci\u00f3n misionera articulada en torno a los proleg\u00f3menos de la fe y al primer anuncio del evangelio, y que supone, en consecuencia, el acercamiento y la atenci\u00f3n al hombre en sus necesidades e interrogantes, el acompa\u00f1amiento a lo largo del camino de b\u00fasqueda que ha emprendido o que es necesario suscitar en \u00e9l, la acogida de sus demandas de verdad, libertad, felicidad y justicia, y la profundizaci\u00f3n del sentido cabal de las mismas, el apoyo en el discernimiento necesario y, finalmente, el testimonio y el anuncio expl\u00ed\u00adcito del evangelio de Jesucristo en nombre de la Iglesia.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed\u00ad el empe\u00f1o primero de la comunidad eclesial que, en consecuencia, ha de superar la tendencia, tan frecuente, a centrarse sobre s\u00ed\u00ad misma en una pastoral de mantenimiento y atenci\u00f3n a los ya presentes o en cuestiones de organizaci\u00f3n y de m\u00e9todos, para abrirse creativamente a los increyentes y agn\u00f3sticos, a los alejados e indiferentes, a los inseguros y vacilantes. La comunidad eclesial debe hoy, como hizo en otros tiempos, superar las rutinas e inercias que envuelven con frecuencia su vida y acci\u00f3n pastoral, profundizar su vocaci\u00f3n y responsabilidad misionera y constituirse en centro impulsor del anuncio, la conversi\u00f3n y el testimonio de la fe y de la vida cristiana.<\/p>\n<p>En concreto, la comunidad eclesial, y cada cristiano en particular, ha de alcanzar a comprender que se trata, ante todo, de ser y mostrarse hoy abiertamente testigos de la gloria de Dios, realizada por Jesucristo, nuestro Salvador, presente y vivo entre nosotros. Testigos que invitan a ver y vivir \u00ablo que nosotros hemos visto y o\u00ed\u00addo, hemos contemplado y han tocado nuestras manos\u00bb (1Jn 1,1-3). Testigos, adem\u00e1s, conscientes de que la primera y verdadera misi\u00f3n encomendada consiste en anunciar con fuerza y claridad a Jesucristo, la Palabra de vida, y llamar a la fe a los que no creen, o a reavivarla y fortalecerla en los que creen d\u00e9bilmente, exhort\u00e1ndoles a convertirse de coraz\u00f3n al Dios vivo.<\/p>\n<p>Ahora bien, todo esto s\u00f3lo es posible cuando se vive con entusiasmo la verdad y necesidad absoluta del evangelio de Jesucristo, cuando se tiene la experiencia de la salvaci\u00f3n de Dios. Entonces se reflejar\u00e1 en el rostro de la comunidad de los fieles y brillar\u00e1 en sus palabras la gloria de Dios (cf 2Cor 3,18).<\/p>\n<p>Por eso, la determinaci\u00f3n, por parte de la comunidad eclesial, de otorgar la primac\u00ed\u00ada a la acci\u00f3n misionera, obligar\u00e1 a profundos cambios en las personas, en primer lugar, pero tambi\u00e9n en la organizaci\u00f3n y en las estructuras, y, con seguridad, abrir\u00e1 el horizonte a la renovaci\u00f3n interna de la vida eclesial.<\/p>\n<p>2. ATENCI\u00ed\u201cN PRIORITARIA A LA TRANSMISI\u00ed\u201cN DE LA FE. \u00abQuiso Dios que lo que hab\u00ed\u00ada revelado para salvaci\u00f3n de todos los pueblos se conservara por siempre \u00ed\u00adntegro y fuera transmitido a todas las edades. Por eso Cristo, nuestro Se\u00f1or, plenitud de la revelaci\u00f3n, mand\u00f3 a los ap\u00f3stoles predicar a todos los hombres el evangelio como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta\u00bb (DV 7). Pues \u00abDios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad\u00bb (1Tim 2,4).<\/p>\n<p>A la Iglesia se le ha encomendado la misi\u00f3n de transmitir la revelaci\u00f3n divina. Asentada sobre los fundamentos apost\u00f3licos, la Iglesia ha sido constituida para esa transmisi\u00f3n de la fe, ha sido organizada para la recepci\u00f3n y apropiaci\u00f3n de la confesi\u00f3n apost\u00f3lica28. Su esencia y misi\u00f3n consiste en confesar la fe, en dar testimonio del acontecimiento de la manifestaci\u00f3n y donaci\u00f3n de Dios al hombre. Para esto ha sido establecida la Iglesia: para transmitir la fe. Por eso, no otorgar una atenci\u00f3n prioritaria a esta exigencia o posponerla a causa de otras urgencias administrativas, o sencillamente ejercerla con desgana, significar\u00e1 su debilidad y aun la quiebra de la misi\u00f3n encomendada.<\/p>\n<p>En definitiva, la Iglesia debe perseverar a lo largo de los tiempos en la transmisi\u00f3n de lo que ha recibido: el acontecimiento del designio amoroso de Dios revelado en Cristo, que realiza el proyecto divino de introducir al hombre en el misterio trinitario para vivir de \u00e9l, e incorporarle a la comunidad de los hijos adoptivos que, por Cristo en el Esp\u00ed\u00adritu, acceden al Padre. Por todo esto, en la pastoral general de la Iglesia y, espec\u00ed\u00adficamente, en la iniciaci\u00f3n cristiana, la transmisi\u00f3n de la fe ha de obtener el lugar preeminente que le corresponde.<br \/>\nLa Iglesia realiza esta transmisi\u00f3n de la fe a trav\u00e9s de toda la vida: \u00abLo que los ap\u00f3stoles transmitieron comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del pueblo de Dios; as\u00ed\u00ad la Iglesia, con su ense\u00f1anza, su vida y su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree\u00bb (DV 8). Pero de un modo particular, y a la vez eminente, la Iglesia entrega la vida que tiene, transmite la vida que vive y engendra en ella, por la iniciaci\u00f3n cristiana. Por su parte la catequesis, en cuanto acto de tradici\u00f3n viva, es uno de los modos principales de esta transmisi\u00f3n, que comunica y hace entrega de la fe a trav\u00e9s de cuatro caminos, como expresa el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: el s\u00ed\u00admbolo de la fe, la vida en Cristo, la celebraci\u00f3n del misterio cristiano y la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>En consecuencia, la transmisi\u00f3n de la fe en la iniciaci\u00f3n cristiana integra un conjunto de realidades \u00ed\u00adntimamente unidas: 1) la presentaci\u00f3n org\u00e1nica y sistem\u00e1tica del mensaje cristiano, y la profesi\u00f3n de fe; 2) el conocimiento de la verdad de la fe y el afianzamiento en el seguimiento de Jesucristo; 3) la formaci\u00f3n y el ejercicio de la vida cristiana; 4) la escucha de la Palabra y la maduraci\u00f3n progresiva de la vida de fe; 5) la instrucci\u00f3n y la formaci\u00f3n espiritual a trav\u00e9s de la penitencia, la lucha espiritual y la oraci\u00f3n; 6) el cambio de mentalidad y el cambio de costumbres; 7) la experiencia de la vida lit\u00fargica y el aprendizaje del testimonio apost\u00f3lico y misionero.<\/p>\n<p>Ahora bien, todas estas realidades que comprende la iniciaci\u00f3n cristiana, forman entre s\u00ed\u00ad una unidad, en virtud de su vinculaci\u00f3n a su \u00fanico origen. Pues bien, para que puedan permanecer efectivamente unidas, y as\u00ed\u00ad impulsar y garantizar la transmisi\u00f3n de la fe por parte de la Iglesia, es necesario que las distintas acciones pastorales as\u00ed\u00ad lo procuren. En concreto, la pastoral de la iniciaci\u00f3n cristiana ha de cuidar la promoci\u00f3n y coordinaci\u00f3n de las distintas actividades educativas y celebrativas que se llevan a cabo, tanto en la parroquia, como en la familia, en las asociaciones y movimientos laicales y en la escuela (cf IC 32-38). Todos y cada uno de estos \u00e1mbitos de transmisi\u00f3n y educaci\u00f3n de la fe deben converger entre s\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>En resumen, la transmisi\u00f3n de la fe y la iniciaci\u00f3n cristiana son realidades \u00ed\u00adntimamente vinculadas y correlativas: la misi\u00f3n de la Iglesia de transmitir la fe se realiza de modo eminente en la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Por la transmisi\u00f3n de la fe, nuevos hijos conocen y son incorporados al evangelio de Jesucristo. Por la iniciaci\u00f3n cristiana, el bautizado es introducido en la corriente viva de la tradici\u00f3n de la Iglesia. En la iniciaci\u00f3n cristiana se manifiesta palmariamente la fecundidad de la Iglesia, al engendrar en una misma fe, la fe apost\u00f3lica, a nuevos hijos, antes dispersos por el pecado. En la transmisi\u00f3n de la fe la Iglesia hace entrega al creyente de todo lo que ella cree y es, inici\u00e1ndole en \u00absu doctrina, vida y culto\u00bb. \u00abLa traditio Evangelii in symbolo y la traditio orationis dominicae son -en el catecumenado bautismal y en nuestra catequesis- la expresi\u00f3n de lo que es, en esencia, un proceso catecumenal: la transmisi\u00f3n de la fe eclesial\u00bb (CC 135).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, transmisi\u00f3n de la fe e iniciaci\u00f3n cristiana se reclaman mutuamente y mutuamente se perfeccionan. Por eso, cuando percibimos que una determinada comunidad eclesial no acierta a iniciar en la fe a nuevos creyentes, o, como se acostumbra a decir coloquialmente, no sabe c\u00f3mo hacer nuevos cristianos, estamos constatando en el fondo la incapacidad de esa comunidad para transmitir la fe, para vincular a nuevos creyentes al curso vivo de la Tradici\u00f3n.<\/p>\n<p>3. LA SOLICITUD DE LA IDENTIDAD COMUNITARIA Y MATERNAL DE LA IGLESIA. El proceso formativo de la iniciaci\u00f3n cristiana se realiza por medio de la Iglesia, que engendra a los nuevos hijos y, bajo su cuidado, los alimenta con la Palabra, los acompa\u00f1a con su presencia, los alienta con su testimonio y los sostiene con la oraci\u00f3n y la participaci\u00f3n en las celebraciones lit\u00fargicas. La educaci\u00f3n en la fe y el acompa\u00f1amiento espiritual es, como venimos diciendo, tarea propia de la comunidad eclesial, que debe ser asumida con gran responsabilidad por todos, especialmente por aquellos que son llamados a desempe\u00f1ar servicios particulares en el proceso de la iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Cuando esto es as\u00ed\u00ad, y en cuanto tal es impulsado por una acci\u00f3n pastoral coherente, el ejercicio de la iniciaci\u00f3n cristiana ser\u00e1 para las comunidades eclesiales causa de profundizaci\u00f3n en su identidad comunitaria y maternal, y, a la postre, de renovaci\u00f3n y revitalizaci\u00f3n interna.<\/p>\n<p>Una Iglesia que otorga atenci\u00f3n prioritaria a la iniciaci\u00f3n cristiana es expresi\u00f3n de vida que se transmite, es s\u00ed\u00admbolo de una comunidad que se hace a s\u00ed\u00ad misma camino para el hombre, porque sabe que \u00e9l es \u00abel primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misi\u00f3n, \u00e9l es el camino primero y fundamental de la Iglesia, camino trazado por Cristo mismo, v\u00ed\u00ada que inmutablemente conduce a trav\u00e9s del misterio de la encarnaci\u00f3n y de la redenci\u00f3n\u00bb (RH 14). Una Iglesia que se hace camino para acompa\u00f1ar al hombre y ense\u00f1arle que la vida cristiana es \u00abcomo una gran peregrinaci\u00f3n hacia la casa del Padre, del cual se descubre cada d\u00ed\u00ada su amor incondicional por toda criatura humana, y en particular por el hijo pr\u00f3digo\u00bb (TMA 49). En definitiva, es una Iglesia, pudi\u00e9ramos decir, catecumenal, es decir, que se configura catecumenalmente, y en cuanto tal vive la vida cristiana como iter salv\u00ed\u00adfico, como camino pedag\u00f3gico de crecimiento que Dios abre para el hombre y ella contin\u00faa. La Iglesia secundar\u00e1 esta iniciativa de Dios estando atenta a suscitar el deseo impl\u00ed\u00adcito y la b\u00fasqueda expl\u00ed\u00adcita de Dios que todo ser humano tiene; acompa\u00f1ando en este recorrido al hombre hasta alcanzar la buena noticia, la conversi\u00f3n y el deseo de vivirla; ayud\u00e1ndole a avanzar en la uni\u00f3n con Dios; haciendo al hombre, mediante los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, poseedor de los m\u00e1s grandes bienes que puede desear, como son: el perd\u00f3n de los pecados, la fe, la santificaci\u00f3n, el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, la adopci\u00f3n de hijos de Dios y la vida eterna.<\/p>\n<p>La comunidad eclesial, al igual que hiciera Jes\u00fas con los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas (Lc 24,13), debe ponerse hoy tambi\u00e9n en camino y acompa\u00f1ar a los fieles, a los desanimados y a los alejados hacia el conocimiento del evangelio, la profundizaci\u00f3n de la fe, la pr\u00e1ctica de la caridad, el ejercicio de la oraci\u00f3n y el testimonio de la gloria de Dios, para poder decir como san Pablo: \u00abDoy gracias a aquel que me revisti\u00f3 de fortaleza, a Cristo Jes\u00fas, Se\u00f1or nuestro, que me consider\u00f3 digno de confianza. La gracia de nuestro Se\u00f1or sobreabund\u00f3 en m\u00ed\u00ad, juntamente con la fe y la caridad en Cristo Jes\u00fas\u00bb (1Tim 1,14).<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Tenemos un ejemplo en la obra de SAN AGUST\u00ed\u008dN, De catechizandis rudibus. 2 Cf HIP\u00ed\u201cLITO DE ROMA, La tradici\u00f3n apost\u00f3lica, 15-16. &#8211; 3. En el Diario de ETERIA, c. 45, encontramos una descripci\u00f3n pormenorizada tal como se realizaba en el catecumenado de Jerusal\u00e9n. &#8211; 4 Tenemos ejemplos caracter\u00ed\u00adsticos como el Hexameron de SAN AMBROSIO. -5. Puede verse, entre otros, CIRILO DE JERUSALEN, Catequesis; TEODORO DE MOPSUESTIA, Homil\u00ed\u00adas catequ\u00e9ticas; NICETAS DE REMESIANA, De Symbolo. &#8211; 6. Cf SAN AMBROSIO, Homil\u00ed\u00adas cuaresmales. &#8211; 7. En Roma, por ejemplo, los exorcismos y escrutinios tienen lugar los domingos tercero, cuarto y quinto de cuaresma: cf A. CHAVASSE, RSR 35 (1948) 325-381. &#8211; 8. Como ejemplo de esta catequesis sacramental puede verse: CIRILO DE JERUSALEN, Catequesis mistag\u00f3gicas; SAN AMBROSIO, De sacramentis; De mysteriis; SAN JUAN CRIS\u00ed\u201cGONO, Homil\u00ed\u00adas bautismales. &#8211; 9. Contamos con fuentes de gran valor para confirmarlo, como la Carta del di\u00e1cono Juan a Senario, el Sacramentario gelasiano, el Ordo XI y el Sacramentario gregoriano; cf A. NOCENT, Iniciaci\u00f3n cristiana, en D. SARTOREA. M. TRIACCA (dirs.), Nuevo diccionario de liturgia, San Pablo, Madrid 1996&#8242;, 1051-1070; cf CASTELLANO CERVERA J., Iniciaci\u00f3n cristiana, en DE FLORES S.-GOEFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 19914, 965-985. -10 El valor y el sentido que cobra la catequesis e instrucci\u00f3n del pueblo, tanto en el campo protestante como en la Iglesia cat\u00f3lica, son buena prueba de esto. Tambi\u00e9n merece ser destacada, al respecto, la publicaci\u00f3n del Rituale Sacramentorum Romanorum, del cardenal Antonio Santorio. En \u00e9pocas posteriores, en relaci\u00f3n con la recuperaci\u00f3n de la pr\u00e1ctica del catecumenado, merece ser recordado el cardenal C. M. Lavigerie, que elabor\u00f3 en la segunda mitad del siglo XIX un Itinerario formativo, desde el modelo del catecumenado antiguo. Enseguida el catecumenado se convierte en pr\u00e1ctica habitual de las Iglesias de misi\u00f3n. Tambi\u00e9n en Europa se proclamar\u00e1, m\u00e1s adelante, la necesidad de instaurar de nuevo el catecumenado de la Iglesia primitiva; cf J. COLOMB, Pour un cat\u00e9chisme efficace, Lyon 1948. &#8211; 11. En muchos lugares del Directorio est\u00e1 presente la iniciaci\u00f3n cristiana y el sentido catecumenal de la catequesis. Pero puede verse especialmente en CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA EL CLERO, Directorio general para la catequesis, 65-68 (DGC); ver tambi\u00e9n CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, Edice, Madrid 1998. &#8211; 12. Sobre esta perspectivas antropol\u00f3gica y sociol\u00f3gica de la iniciaci\u00f3n, y tambi\u00e9n sobre su significado en las religiones primitivas, v\u00e9ase M. ELIADE, Iniciaciones m\u00ed\u00adsticas, Taurus, Madrid 1975; J. RIES, Los ritos de iniciaci\u00f3n, EGA, Bilbao 1994; J. CAZENEUVE, Les cites et la condition humaine, Par\u00ed\u00ads 1958; J. CLAES, L&#8217;initiation, Lumen Vitae 1 (1994) 11-21. &#8211; 13. DGC 66. Ratzinger considera que el catecumenado es parte constitutiva del sacramento: \u00abEl catecumenado es parte de un sacramento; no instrucci\u00f3n preliminar, sino parte constitutiva del sacramento mismo. Adem\u00e1s, el sacramento no es la simple realizaci\u00f3n del acto lit\u00fargico, sino un proceso, un largo camino, que exige la contribuci\u00f3n y el esfuerzo de todas las facultades del hombre, entendimiento, voluntad, coraz\u00f3n. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad ha tenido la disyunci\u00f3n funestas consecuencias; ha desembocado en la ritualizaci\u00f3n del sacramento y en el adoctrinamiento de la palabra y, por tanto, ha encubierto aquella unidad que constituye uno de los datos esenciales de lo cristiano\u00bb (Teor\u00ed\u00ada de los principios teol\u00f3gicos, Herder, Barcelona 1986, 40). -14 Para el desarrollo de este aspecto fundamental de la iniciaci\u00f3n cristiana, v\u00e9ase el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (CCE) 1077-1109. -15 CCE 1212; cf CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA EL CULTO DIVINO, Ritual para la iniciaci\u00f3n de adultos (RICA), Observaciones generales, 1-2. -16. Cf CD 11; CIC 368; EN 62; CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta Communionis notio, 13. -17 El Directorio general para la catequesis denomina tareas de la catequesis a estas dimensiones, 85-86; cf CC 85-94. &#8211; 18. Su elaboraci\u00f3n est\u00e1 inspirada en la Traditio Apostolica de SAN HIP\u00ed\u201cLITO DE ROMA y en el Sacramentario gelasiano, como se puede constatar, sobre todo, en la articulaci\u00f3n de las diversas etapas, en la vinculaci\u00f3n de los tres sacramentos entre s\u00ed\u00ad, y en los distintos ritos y oraciones. &#8211; 19. As\u00ed\u00ad, en el Mensaje al pueblo de Dios, de la IV Asamblea general del s\u00ed\u00adnodo de los obispos sobre la catequesis se afirma: \u00abEl modelo de toda catequesis es el catecumenado bautismal\u00bb (MPD 8). &#8211; 20 Como dice el RICA, Obs. previas, 16: \u00abDeben juzgar los pastores, con la ayuda de los padrinos, catequistas y di\u00e1conos, seg\u00fan los indicios externos\u00bb. &#8211; 21, Para poder llevar a cabo esta acci\u00f3n educativa, sin caer en improvisaciones o subjetivismos, es necesario que las distintas di\u00f3cesis cuenten con un programa catequ\u00e9tico org\u00e1nico y unitario, cuyas l\u00ed\u00adneas b\u00e1sicas y contenidos habr\u00e1n de tener al Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica como punto de referencia, y al Directorio general para la catequesis como orientaci\u00f3n. &#8211; 22 Como recomienda el decreto Ad gentes: \u00abEsta iniciaci\u00f3n cristiana no deben procurarla solamente los catequistas y los sacerdotes, sino toda la comunidad de los fieles, de modo que los catec\u00famenos sientan ya desde el principio que pertenecen al pueblo de Dios\u00bb (AG 14). &#8211; 23. Los exorcismos y escrutinios son celebraciones llenas de sentido y de valor inici\u00e1tico. Dios, por medio de la Iglesia, escruta el coraz\u00f3n del elegido, para purificarlo y disponerlo a la nueva realidad que se inicia en el bautismo. El escrutinio es, en primer lugar, exorcismo, acci\u00f3n de Dios para arrancar del coraz\u00f3n del hombre el mal que le viene del maligno. El catec\u00fameno es fortalecido en Cristo (cf RICA, Obs. previas, 25, 1). &#8211; 24. Las entregas del s\u00ed\u00admbolo y de la oraci\u00f3n dominical tienden a la iluminaci\u00f3n de los elegidos. El s\u00ed\u00admbolo de la fe recuerda las grandezas y maravillas de Dios en los acontecimientos de la salvaci\u00f3n. La oraci\u00f3n dominical muestra la nueva realidad de los hijos de Dios (cf RICA, Obs. previas, 25, 2). &#8211; 25 Los Padres muestran frecuentemente, en sus catequesis cuaresmales, el sentido del s\u00ed\u00admbolo de la fe en cuanto transmite de modo condensado e \u00ed\u00adntegro el misterio de la salvaci\u00f3n. \u00abRetened en la memoria la fe que ahora escuch\u00e1is de viva voz, pues a su tiempo recibir\u00e9is la explicaci\u00f3n de cada una de sus afirmaciones basadas en las divinas escrituras&#8230; Del mismo modo que la semilla de mostaza contiene en un grano peque\u00f1o muchas ramas, as\u00ed\u00ad esta fe abarca en propias palabras todo el conocimiento de la piedad, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento&#8230; Ahora se os ha entregado el tesoro de la vida, y el Due\u00f1o, el d\u00ed\u00ada de su manifestaci\u00f3n te reclamar\u00e1 su dep\u00f3sito\u00bb (CIRILO DE JERUSALEN, Catequesis V, 12-13; PG 33, 520ss). \u00abMantened siempre el pacto que hicisteis con Dios, es decir, este s\u00ed\u00admbolo que profes\u00e1is. Sus palabras ciertamente son breves, pero contienen todos los misterios. En efecto, en forma abreviada, se han recogido de todas las Escrituras como piedras preciosas engarzadas en una corona\u00bb (NICETAS DE REMESIANA, De Symbolo, 13; PL 52, 847ss). &#8211; 26. Tenemos sobre esto una referencia llena de significado en el libro de los Hechos de los ap\u00f3stoles 2,42. Asimismo la primera Carta de san Pedro constituye un modelo de catequesis mistag\u00f3gica. &#8211; 27. En los primeros siglos, la Iglesia quiso que la iniciaci\u00f3n cristiana se realizara a trav\u00e9s de la instituci\u00f3n del catecumenado. Cf CCE 1230. &#8211; 28 Para un amplio desarrollo, v\u00e9ase M. J. LE GuILOU, El misterio del Padre, Madrid 1998, 63-73.<\/p>\n<p>Manuel del Campo Guilarte<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Nuevas sensibilidades. II. La iniciaci\u00f3n cristiana en la historia; 1. En la Iglesia apost\u00f3lica; 2. En los primeros siglos de la Iglesia; 3. En los siglos posteriores; 4. El Vaticano II y la iniciaci\u00f3n cristiana. III. Naturaleza de la iniciaci\u00f3n cristiana: 1. Obra del amor de Dios; 2. Por la Iglesia y en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/iniciacion-cristiana-la\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abINICIACION CRISTIANA, LA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17015","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17015","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17015"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17015\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17015"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17015"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17015"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}