{"id":17017,"date":"2016-02-05T11:05:20","date_gmt":"2016-02-05T16:05:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/justicia-y-derechos-humanos\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:20","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:20","slug":"justicia-y-derechos-humanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/justicia-y-derechos-humanos\/","title":{"rendered":"JUSTICIA Y DERECHOS HUMANOS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La justicia en la filosof\u00ed\u00ada y el derecho. II. La justicia en la Sagrada Escritura y en la tradici\u00f3n: 1. Palabra de Dios y teolog\u00ed\u00ada; 2. La comunidad cristiana; 3. El magisterio pontificio; 4. El magisterio episcopal; 5. El s\u00ed\u00adnodo de los obispos sobre la justicia en el mundo. III. Los derechos humanos. IV. La lucha por la justicia y los derechos humanos, en la Iglesia. V. Tareas de la catequesis: 1. Orientaciones y contenidos; 2. L\u00ed\u00adneas metodol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>La justicia es una de las realidades m\u00e1s deseadas por la persona humana y, por eso mismo, el centro de la experiencia cristiana. La opci\u00f3n por la justicia y los derechos humanos es algo constitutivo del cristianismo. Pero esta lucha por la justicia no pocas veces est\u00e1 ba\u00f1ada por la sangre de muchos cristianos.<\/p>\n<p>Se habla de la justicia en varios sentidos: jur\u00ed\u00addico, teol\u00f3gico, moral, legal, social, individual, etc. Est\u00e1 tambi\u00e9n relacionada con otras virtudes morales, en especial con la caridad. Por ser una de las m\u00e1s fuertes experiencias humanas y estar fundamentada en la palabra de Dios, el sentido de la justicia interesa mucho a la misi\u00f3n de la comunidad cristiana y, consecuentemente, a la educaci\u00f3n en la fe.<\/p>\n<p>I. La justicia en la filosof\u00ed\u00ada y el derecho<br \/>\nArist\u00f3teles clasific\u00f3 la justicia como un h\u00e1bito moral. Pero fueron los romanos los que le dieron una configuraci\u00f3n jur\u00ed\u00addica. Ulpiano la defini\u00f3 como \u00abdar a cada uno lo suyo\u00bb. Santo Tom\u00e1s de Aquino recoge esta definici\u00f3n, que hace de la justicia fuente de derechos y obligaciones (Sum. Theol. II-II, 58, 1), y dice que la religi\u00f3n forma parte de la justicia, por cuanto nos hace dar a Dios la honra que se le debe (Ib, II-I, 57, a. 122).<\/p>\n<p>En la relaci\u00f3n justicia-derecho se distingue: 1) la justicia distributiva que regula la participaci\u00f3n de los diferentes individuos en los bienes de que dispone el conjunto de la sociedad; 2) la justicia conmutativa, que regula las relaciones entre los mismos individuos o las instituciones particulares, y 3) la justicia legal, que regula las relaciones de los individuos con la sociedad, de manera que el individuo queda subordinado al bien com\u00fan.<\/p>\n<p>En la evoluci\u00f3n del concepto, la voluntad de dar a cada uno lo suyo ya no es una voluntad individual, sino social (comunidad, estado); no se habla m\u00e1s de h\u00e1bito individual, sino de estructura social. Por otro lado, cambia tambi\u00e9n el propio concepto, que ya no se limita s\u00f3lo a aquello por lo que la persona tiene derecho, sino que tambi\u00e9n abarca aquello a lo que cada uno deber\u00ed\u00ada tender o que deber\u00ed\u00ada ser como persona, para constituir as\u00ed\u00ad un orden social justo.<\/p>\n<p>Kant afirm\u00f3 que en la cuesti\u00f3n de la justicia, todo ser humano debe ser considerado como un fin y no como un medio. En un \u00faltimo an\u00e1lisis, la justicia est\u00e1 en relaci\u00f3n con los valores; por lo cual, dar a cada uno lo suyo significa trabajar para que tanto el individuo como la comunidad tengan una consciencia cada vez m\u00e1s clara de los valores de la convivencia civil. As\u00ed\u00ad, la justicia es definida como \u00abla realizaci\u00f3n concreta, en una determinada situaci\u00f3n, de la exigencia fundamental de afirmar la dignidad de la persona y contribuir, al mismo tiempo, a la satisfacci\u00f3n de las necesidades de la humanidad\u00bb. Ella regula las relaciones intersubjetivas e intersociales, de modo que permita y garantice a cada uno ser aquello que deba ser en el grupo social. La contribuci\u00f3n m\u00e1s reciente a la reflexi\u00f3n sobre la justicia es hoy, justamente, este paso de un concepto individual a una dimensi\u00f3n social y, por tanto, estructural.<\/p>\n<p>II. La justicia en la Sagrada Escritura y en la tradici\u00f3n<br \/>\n1. PALABRA DE DIos Y TEOLOG\u00ed\u008dA. Frecuentemente, el concepto de justicia en la Biblia es entendido en el \u00e1mbito de las relaciones del hombre y Dios. Justicia es la gracia de Dios, en estrecha uni\u00f3n con la justificaci\u00f3n, por la cual Dios hace justo al hombre pecador que, viviendo en gracia, le rinde culto. Al hombre le compete convertirse y creer.<\/p>\n<p>Radicalizando esta perspectiva, la teolog\u00ed\u00ada protestante afirma que solamente existe la justicia de Dios y no la del hombre. La teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica entiende que la gracia de Dios s\u00ed\u00ad vuelve justo al hombre, pero \u00e9l puede y debe, acogi\u00e9ndose a la gracia, estar tambi\u00e9n dispuesto a practicar obras de justicia. Se pasa de la esfera de la consciencia al \u00e1mbito propio de la historia. Esta pr\u00e1ctica de la justicia es revelada en el Nuevo Testamento, cuando se pone en estrecha relaci\u00f3n el amor de Dios y el amor fraterno, que se traduce en obras (cf lJn 3,17-18; 4,12). El texto escatol\u00f3gico de Mateo es a\u00fan m\u00e1s enf\u00e1tico: el amor de Dios se hace historia en la pr\u00e1ctica de la justicia en favor del hermano necesitado (cf Mt 25).<\/p>\n<p>Todo el Nuevo Testamento est\u00e1 impregnado por este binomio: salvaci\u00f3n personal y pr\u00e1ctica del amor fraterno. Porque el cristiano es salvado por Dios, se empe\u00f1a en practicar la justicia. La salvaci\u00f3n en la Biblia posee no s\u00f3lo una dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica (no se limita al horizonte de la historia como el proyecto marxista y otros), sino tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n hist\u00f3rica: se est\u00e1 realizando aqu\u00ed\u00ad y ahora, en el hoy de la vida de cada cristiano. El cristiano tiene consciencia de pertenecer a este mundo que debe ser transformado por \u00e9l y, al mismo tiempo, est\u00e1 dirigido al \u00abcielo nuevo y la tierra nueva, donde la justicia tendr\u00e1 una morada estable\u00bb (2Pe 3,13). En la visi\u00f3n b\u00ed\u00adblica el amor es visto como fundamento y sustancia de la propia justicia.<\/p>\n<p>2. LA COMUNIDAD CRISTIANA. Lo que predomina en la comunidad cristiana primitiva es la dimensi\u00f3n escatol\u00f3gica de la justicia. La experiencia de la novedad cristiana hace que la propia esclavitud, evidente forma de injusticia, sea relativizada (cf G\u00e1l 3,27-28). La pr\u00e1ctica de la justicia era vivida, sobre todo en el plano \u00e9tico, relacion\u00e1ndola con la caridad, casi sin ninguna repercusi\u00f3n sobre la vida social. La comunidad idealizada en los Hechos de los ap\u00f3stoles viv\u00ed\u00ada una justicia vertical hacia Dios (culto, oraci\u00f3n, escucha de la Palabra) y horizontal hacia los hermanos, poniendo en pr\u00e1ctica la forma m\u00e1s elevada de la justicia distributiva: la comuni\u00f3n de bienes (He 4,32). Respecto a las relaciones sociales, la justicia se reduc\u00ed\u00ada a la sumisi\u00f3n a las autoridades constituidas (Rom 13,1-7). La distribuci\u00f3n de los bienes se ve\u00ed\u00ada, desde una perspectiva \u00e9tica, a trav\u00e9s de la beneficencia. No exist\u00ed\u00ada intervenci\u00f3n de la comunidad en el \u00e1mbito socio-pol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>Las razones por las que actuaban as\u00ed\u00ad eran: 1) la espera del inminente retorno del Se\u00f1or, que relegaba a un segundo plano el empe\u00f1o por la transformaci\u00f3n del mundo; 2) la distancia de la sociedad circundante, principalmente de la sociedad jud\u00ed\u00ada, todav\u00ed\u00ada encerrada en una concepci\u00f3n del reino mesi\u00e1nico como un reino terrenal; 3) el car\u00e1cter minoritario de los cristianos, que hac\u00ed\u00ada que su peso pol\u00ed\u00adtico y social fuera reducido: una comunidad perseguida y marginada no pod\u00ed\u00ada hacer m\u00e1s que dar testimonio. Hay quien piensa que la Iglesia pre-constantiniana es la verdadera Iglesia, por no estar empe\u00f1ada en las luchas mundanas, manteni\u00e9ndose lejos de las alianzas con el Estado y acentuando su propia caracter\u00ed\u00adstica, reducida a lo espiritual y a la resistencia pasiva.<\/p>\n<p>Pero estas razones tienen poco fundamento hist\u00f3rico. Verdaderamente el relativo quehacer de los cristianos en el \u00e1mbito social debe ser atribuido a causas contingentes, y no al fondo teol\u00f3gico. Superadas estas causas, los cristianos buscan y encuentran formas de actuaci\u00f3n hist\u00f3rica, de transformaci\u00f3n social.<\/p>\n<p>La Iglesia se transforma en maestra de humanidad, defensora y promotora de la justicia (Edad media) y formadora de&#8217;elites intelectuales y de liderazgos pol\u00ed\u00adticos, impregnados por los valores cristianos (en el inicio de la Edad moderna). Con la llegada de la revoluci\u00f3n industrial y los modernos reg\u00ed\u00admenes democr\u00e1ticos, el problema de la justicia es propuesto en nuevos t\u00e9rminos: los cristianos se empe\u00f1an en la transformaci\u00f3n de las estructuras sociales, no s\u00f3lo a trav\u00e9s de la denuncia de las injusticias, sino tambi\u00e9n influyendo en la creaci\u00f3n de estructuras alternativas.<\/p>\n<p>Pero hay que hacer una constataci\u00f3n: si en la antig\u00fcedad la realizaci\u00f3n de la justicia se ve\u00ed\u00ada reducida a la formaci\u00f3n de la conciencia, la tentaci\u00f3n del hombre moderno es la de confiar solamente en las estructuras. La Iglesia, metida de lleno en el cambio hist\u00f3rico, descubre cada vez m\u00e1s la interacci\u00f3n profunda que hay entre conciencia y estructuras sociales; y as\u00ed\u00ad, la visi\u00f3n cristiana de la justicia adquiere un sentido profundamente nuevo, como podemos ver en la evoluci\u00f3n de la ense\u00f1anza de la Iglesia sobre la justicia.<\/p>\n<p>3. EL MAGISTERIO PONTIFICIO. Le\u00f3n XIII inaugura con la Rerum novarum (1891) este magisterio, que ser\u00e1 uno de los avances en la Iglesia del siglo XX. La justicia debe regular las relaciones de producci\u00f3n y, sobre todo, las relaciones de trabajo. P\u00ed\u00ado XI en la Quadragesimo anno afirma la subordinaci\u00f3n de la norma positiva a la \u00e9tica, a trav\u00e9s del derecho natural. Juan XXIII en Mater et magistra y en Pacem in terris toca los problemas estructurales de la sociedad.<\/p>\n<p>Todas estas ense\u00f1anzas las recoge el Vaticano II en la constituci\u00f3n Gaudium et spes. En ella se habla de la dimensi\u00f3n p\u00fablica de la justicia, en \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n con la dimensi\u00f3n privada y, despu\u00e9s de afirmar la funda-mental igualdad de todos los hombres y la necesidad de llegar a una condici\u00f3n de vida m\u00e1s humana y m\u00e1s justa, expresa: \u00abLas instituciones humanas, privadas o p\u00fablicas, esfu\u00e9rcense por ponerse al servicio de la dignidad y del fin del hombre. Luchen con energ\u00ed\u00ada contra cualquier esclavitud social o pol\u00ed\u00adtica y respeten, bajo cualquier r\u00e9gimen pol\u00ed\u00adtico, los derechos fundamentales del hombre. M\u00e1s a\u00fan, estas instituciones deben ir respondiendo cada vez m\u00e1s a las realidades espirituales, que son las m\u00e1s profundas de todas, aunque es necesario todav\u00ed\u00ada largo plazo de tiempo para llegar al final deseado\u00bb (GS 29). Es un texto b\u00e1sico para renovar la pr\u00e1ctica de la justicia dentro de toda la Iglesia, particularmente en los llamados pa\u00ed\u00adses en v\u00ed\u00adas de desarrollo.<\/p>\n<p>Con Pablo VI, la ense\u00f1anza del magisterio da un paso m\u00e1s, acentuando las relaciones internacionales en la pr\u00e1ctica de la justicia; as\u00ed\u00ad, Populorum progressio y Octogesima adveniens consideran que los problemas del subdesarrollo no se resuelven s\u00f3lo por la conversi\u00f3n personal a los valores de la justicia, sino que hacen falta nuevas y adecuadas estructuras jur\u00ed\u00addicas y econ\u00f3micas internacionales.<\/p>\n<p>La primac\u00ed\u00ada del trabajo sobre el capital es el tema de la primera en-c\u00ed\u00adclica social de Juan Pablo II, Laborem exercens. Y en la Sollicitudo rei socialis denuncia los mecanismos perversos, verdaderas estructuras de pecado, que generan las condiciones de terrible miseria de los pa\u00ed\u00adses pobres (cf SRS 39). En la Centesimus annus, Juan Pablo II, ante el fen\u00f3meno de la globalizaci\u00f3n, apunta al bien com\u00fan como la gran meta a alcanzar. Ante los sistemas hegem\u00f3nicos (liberalismo, capitalismo y socialismo marxista) la alternativa es una econom\u00ed\u00ada social a escala mundial, que atienda a las exigencias radicales de la justicia, precisamente a trav\u00e9s del uso responsable de la libertad; es la alternativa de la solidaridad internacional, en una nueva civilizaci\u00f3n: la civilizaci\u00f3n del amor (cf CA 10).<\/p>\n<p>En su c\u00e9lebre discurso en la ONU en 1979, Juan Pablo II se refiri\u00f3 a la dignidad humana como fundamento de la justicia y de la paz. En su discurso inaugural en Puebla, afirm\u00f3 que \u00absobre toda prioridad pesa una hipoteca social\u00bb. Y en su mensaje para el d\u00ed\u00ada mundial de la paz, el 1 de enero de 1998, habl\u00f3 de la estrecha relaci\u00f3n entre la justicia de cada uno y la paz de todos. La ingenier\u00ed\u00ada de la paz internacional pasa por los caminos de la justicia.<\/p>\n<p>Junto al magisterio de los papas se dan otras iniciativas de \u00e1mbito universal, que indican una voluntad de acci\u00f3n concreta en favor de la justicia, como la creaci\u00f3n de algunas entidades y organismos eclesiales, entre las que destaca el Pontificio consejo de Justicia y paz, creado en 1967 por Pablo VI, cuya finalidad es promover en el mundo la justicia y la paz, actuando principalmente en orden al trabajo, por el progreso de los pueblos y por la defensa de los derechos humanos. Muchas conferencias episcopales, y tambi\u00e9n las di\u00f3cesis, poseen su propia comisi\u00f3n de Justicia y paz.<\/p>\n<p>En 1971 se constituy\u00f3 el consejo pontificio Cor unum, como dicasterio, a nivel de Iglesia universal, para la promoci\u00f3n humana y cristiana. A \u00e9l est\u00e1n confiadas la Fundaci\u00f3n populorum progressio y la Fundaci\u00f3n Juan Pablo II. En esta l\u00ed\u00adnea de las iniciativas en favor de la justicia, consignamos tambi\u00e9n la propuesta de Juan Pablo II por la \u00abefectiva reducci\u00f3n, y si es posible el perd\u00f3n total de la deuda internacional que pesa sobre el destino de muchas naciones\u00bb (TMA 51)<br \/>\n4. EL MAGISTERIO EPISCOPAL. Las conferencias episcopales, despu\u00e9s del Vaticano II, dan pasos m\u00e1s significativos en su empe\u00f1o por la justicia, porque est\u00e1n directamente unidas a una parcela menor y m\u00e1s concreta del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>a) Conferencia del episcopado latinoamericano en Medell\u00ed\u00adn. En este sentido, consideradas tambi\u00e9n las circunstancias hist\u00f3ricas en que fue vivido, el m\u00e1s importante acontecimiento en Am\u00e9rica latina, a nivel continental, es ciertamente la II Conferencia general del episcopado latinoamericano en Medell\u00ed\u00adn (1968). El documento que de ah\u00ed\u00ad naci\u00f3 posee una densa carga prof\u00e9tica y tiene una importancia fundamental para la vida de la Iglesia en este continente. Y esto, precisamente porque la pr\u00e1ctica de la justicia, a trav\u00e9s del desarrollo y de la libertad cristiana, fue el motor que inspir\u00f3 el pensamiento y las resoluciones de esta Conferencia.<\/p>\n<p>Medell\u00ed\u00adn denuncia la miseria generalizada en el continente, calific\u00e1ndola de injusticia que clama al cielo, desorden establecido y frustraci\u00f3n de las m\u00e1s leg\u00ed\u00adtimas aspiraciones humanas. Tal situaci\u00f3n tiene su ra\u00ed\u00adz en el pecado, Cuya cristalizaci\u00f3n parece evidente en las estructuras injustas. Repudia el esquema simplista de la reducci\u00f3n al sistema liberal capitalista o a la tentaci\u00f3n del sistema marxista. La liberaci\u00f3n debe provenir de una profunda conversi\u00f3n a la justicia, al amor y a la paz.<\/p>\n<p>La salvaci\u00f3n cristiana est\u00e1 unida al empe\u00f1o por la justicia: \u00abLa originalidad del mensaje cristiano no consiste directamente en la afirmaci\u00f3n de la necesidad de cambios estructurales y, sobre todo, no habr\u00e1 continente nuevo sin hombres nuevos que, a la luz del evangelio, sepan ser verdaderamente libres y responsables. En la historia de la salvaci\u00f3n, la obra divina es una acci\u00f3n de liberalizaci\u00f3n integral y de promoci\u00f3n del hombre, en todas sus dimensiones, que tiene como \u00fanico m\u00f3vil el amor, \u00abla ley fundamental de la perfecci\u00f3n humana y, por eso mismo, de la transformaci\u00f3n del mundo\u00bb (GS 38). El amor no es s\u00f3lo el mandamiento supremo del Se\u00f1or, sino tambi\u00e9n el dinamismo que debe mover a los cristianos a realizar la justicia en el mundo, teniendo como fundamento la verdad y como se\u00f1al la libertad\u00bb (Medell\u00ed\u00adn, 1, 3-4).<\/p>\n<p>Se consolida y crece una original reflexi\u00f3n, cuya mayor sensibilidad es la sed de justicia y la incidencia del mensaje evang\u00e9lico en la transformaci\u00f3n de la realidad social, la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n, que busca hacer una lectura de la realidad a la luz de la palabra de Dios, y sacar del anuncio de la salvaci\u00f3n en Jesucristo las conclusiones pr\u00e1cticas para las relaciones sociales. De Medell\u00ed\u00adn surge una pr\u00e1ctica pastoral llamada liberadora, que se orienta hacia el subsuelo de la conciencia colectiva y que lleva al pueblo a asumir sus responsabilidades y exigir su propia participaci\u00f3n en la pol\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>b) Conferencia de Puebla. Este tema de la liberaci\u00f3n integral para la participaci\u00f3n y la comuni\u00f3n es el objeto de la Conferencia de Puebla, en 1979. El concepto de evangelizaci\u00f3n, inspir\u00e1ndose en EN, empieza a ser considerado en profunda sinton\u00ed\u00ada con la promoci\u00f3n humana y la liberaci\u00f3n. No s\u00f3lo est\u00e1 consolidada la opci\u00f3n preferencial por los pobres, sino que tambi\u00e9n se confirma la voluntad de la Iglesia de hacer todo con los pobres, a partir de ellos y junto a ellos.<br \/>\nEl sentido de justicia y el empe\u00f1o por la libertad se hace mucho m\u00e1s intenso con esta metodolog\u00ed\u00ada revolucionaria, que hace del pobre y marginado, a la luz de la palabra de Dios, el protagonista de su propia libertad.<\/p>\n<p>c) Conferencia latinoamericana en Santo Domingo. El documento emanado de dicha Conferencia no dud\u00f3 en definir, por lo menos para Am\u00e9ricalatina, la promoci\u00f3n humana como \u00abdimensi\u00f3n privilegiada de la nueva evangelizaci\u00f3n\u00bb (cf 159-163), como de alguna manera ya lo hab\u00ed\u00ada hecho Juan Pablo II en la Redemptoris mi,ssio, con relaci\u00f3n a los pa\u00ed\u00adses pobres del sur (cf RMi 58).<\/p>\n<p>5. EL S\u00ed\u008dNODO DE LOS OBISPOS SOBRE IA JUSTICIA EN EL MUNDO. La doctrina sobre la justicia, en su dimensi\u00f3n mundial, fue enriquecida por el II S\u00ed\u00adnodo de los obispos (1971). El texto final, muy influenciado por la Populorum progressio, asume la voz de los sin voz, se refiere a la crisis de la solidaridad universal y hace hincapi\u00e9 en el di\u00e1logo sincero y leal. Presenta las grandes l\u00ed\u00adneas del mensaje evang\u00e9lico y de la misi\u00f3n de la Iglesia en relaci\u00f3n a la justicia. Establece una profunda relaci\u00f3n entre el amor cristiano y la justicia: \u00abel amor cristiano al pr\u00f3jimo y la justicia no se pueden separar. El amor implica, de hecho, una absoluta exigencia de justicia que consiste en el reconocimiento de la dignidad y de los derechos del pr\u00f3jimo. La justicia, a su vez, alcanza su plenitud solamente en el amor. Por ser cada hombre la imagen visible de Dios invisible y hermano de Cristo, el cristiano encuentra al mismo Dios y su absoluta exigencia de justicia y de amor en cada uno de los hombres\u00bb (Justicia en el mundo, 34). Apunta las l\u00ed\u00adneas de acci\u00f3n para la realizaci\u00f3n de la justicia: el testimonio de la propia Iglesia; la colaboraci\u00f3n de las Iglesias locales; la colaboraci\u00f3n ecum\u00e9nica y la acci\u00f3n internacional (cf 39-74).<\/p>\n<p>III. Los derechos humanos<br \/>\nEn el futuro, nuestra \u00e9poca ser\u00e1 conocida no tanto por los avances tecnol\u00f3gicos o conquistas espaciales, cuanto por la conquista de los derechos humanos.<\/p>\n<p>Desde el c\u00f3digo de Hammurabi (Babilonia), pasando por la filosof\u00ed\u00ada de Mencio (en China) y por la Rep\u00fablica de Plat\u00f3n o el Derecho romano, la humanidad viene buscando la confirmaci\u00f3n de estos derechos. Estos esfuerzos se plasmaron en la Carta magna de Inglaterra (1689), en la Declaraci\u00f3n de la Independencia de los EE.UU. (1776), en la Declaraci\u00f3n francesa de los derechos del hombre y del ciudadano (1789), en el Tratado de Berl\u00ed\u00adn (1878) y la Declaraci\u00f3n de las Naciones Unidas (1942), culminando en la Declaraci\u00f3n universal de los derechos humanos de la ONU (1948). El Consejo de Europa cre\u00f3 la comisi\u00f3n europea de los derechos humanos para su protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>A pesar de estos esfuerzos, el problema de los derechos humanos todav\u00ed\u00ada no es satisfactoriamente atendido, en especial en regiones subdesarrolladas.<\/p>\n<p>En cierto modo, estos derechos se encuentran en el evangelio y son b\u00e1sicos, obligatorios y fundamentales. Por eso, la Iglesia siempre tuvo presente estos derechos en su doctrina social. Para ella, la dignidad del hombre proviene del hecho de ser creado a imagen y semejanza de Dios, hijo suyo y redimido por Cristo salvador de todo el hombre y de todos los hombres. P\u00ed\u00ado XII, en plena guerra mundial, subray\u00f3 que estos derechos humanos se fundan en el derecho divino y formul\u00f3 los principios fundamentales, en una primera s\u00ed\u00adntesis de la Declaraci\u00f3n de los derechos humanos, presentada seis a\u00f1os antes de la Declaraci\u00f3n de la ONU. Esta s\u00ed\u00adntesis fue completada por Juan XXIII en la Pacem in terris, considerada la declaraci\u00f3n cristiana de los derechos humanos (8-27), d\u00e1ndoles un nuevo fundamento: la propia dignidad del hombre como hijo de Dios. Pablo VI, en su discurso en la ONU, explicita con m\u00e1s vigor su sacralidad, porque \u00abla vida del hombre, que es sagrada, nadie puede osar ofenderla\u00bb (4.10. 1965, n. 10).<\/p>\n<p>Los padres conciliares, en la constituci\u00f3n Gaudium et spes, vuelven a posicionarse solemnemente en la defensa de estos derechos, siendo el documento que, de una forma m\u00e1s completa, pone las bases antropol\u00f3gicas y los par\u00e1metros \u00e9ticos de las declaraciones de los derechos humanos (cf GS 26, 29, 41, 42, 73). El documento Dignitatis humanae, del mismo Concilio, defiende particularmente el derecho a la libertad religiosa (cf 6-8).<\/p>\n<p>Finalmente, Juan Pablo II, en la carta a los Jefes de Estado sobre el documento de Helsinki (1.9.1980), deja claro que los derechos humanos universales (derecho a la vida, a una existencia digna, a la educaci\u00f3n&#8230;) se sintetizan en el binomio justicia y libertad: atender a las exigencias de la justicia en el respeto a la libertad, incluso religiosa, y garantizar el uso responsable de la libertad como el medio m\u00e1s eficaz para promover la justicia.<\/p>\n<p>IV. La lucha por la justicia y los derechos humanos, en la Iglesia<br \/>\nJes\u00fas vivi\u00f3 entre los pobres para anunciarles el reino de Dios y su justicia (cf Mt 6,33), a partir de una particular\u00ed\u00adsima experiencia de Dios como Padre. Por otro lado, el Cristo anunciado por la fe es el Cristo que \u00abse hizo pobre\u00bb (2Cor 8,9), tom\u00f3 \u00abla naturaleza de siervo&#8230; y se humill\u00f3\u00bb (Flp 2,7), sacrificado por nuestros pecados para que, \u00abnosotros seamos en \u00e9l justicia de Dios\u00bb (2Cor 5,21). El test definitivo de la conversi\u00f3n a Dios es la opci\u00f3n por los excluidos (cf Mt 25,31-46).<\/p>\n<p>Por eso uno de los aspectos significativos de la vida de la Iglesia hoy es su actuaci\u00f3n concreta por la causa de la justicia, que recibe varios nombres: promoci\u00f3n humana, opci\u00f3n por los pobres, compromiso social, compromiso por la justicia, dimensi\u00f3n social de la fe, fe y pol\u00ed\u00adtica, acci\u00f3n (praxis) liberadora, pastoral transformadora, opci\u00f3n por el servicio (diacon\u00ed\u00ada), etc. Esta tendencia a la ortopraxis no se opone a la tradicional manera de posicionarse en t\u00e9rminos de ortodoxia, sino que es un intento de integraci\u00f3n entre ambos aspectos, como ense\u00f1a Juan Pablo II (cf CT 22). En el pasado era frecuente atribuir una fuerza liberadora a los enunciados doctrinales por s\u00ed\u00ad mismos: los cristianos ya realizaban su misi\u00f3n en el mundo proclamando las sentencias de la justicia. Hoy, el destino de la justicia se decide principalmente a nivel de la praxis cristiana. Los cristianos son llamados a proclamar el origen divino de la justicia y la imposibilidad hist\u00f3rica de una justicia que se base solamente en el hombre. El cristianismo posee algo m\u00e1s que el neoliberalismo y el marxismo, que completa y al mismo tiempo juzga todo proyecto humano: el amor seg\u00fan Cristo. Ya santo Tom\u00e1s ense\u00f1aba: \u00ablos preceptos de la justicia no son suficientes para mantener la paz y la concordia entre los hombres si no se sustentan radicalmente en el amor\u00bb (Summa contra gentiles III, 130). Despu\u00e9s de la EN y tantos otros pronunciamientos de la Iglesia, no se concibe una aut\u00e9ntica evangelizaci\u00f3n y una catequesis que no pasen, de alguna manera, por la justicia y se manifiesten y concreten en ella.<\/p>\n<p>Esa es la misi\u00f3n de la Iglesia si realmente quiere ser sacramento, signo de la salvaci\u00f3n de Dios en el mundo, como proclam\u00f3 el Vaticano II: ser servidora de justicia y de fraternidad, principalmente en estos tiempos, en que vivimos las mayores posibilidades hist\u00f3ricas para realizar la justicia. As\u00ed\u00ad se expres\u00f3 la Conferencia de Puebla: \u00abEl avance econ\u00f3mico significativo que experiment\u00f3 el continente demuestra que ser\u00ed\u00ada posible desarraigar la extrema pobreza y mejorar la calidad dee vida de nuestro pueblo. Y si es posible, entonces es una obligaci\u00f3n\u00bb (Puebla, 21). Esto impone a la acci\u00f3n pastoral de hoy perspectivas mucho m\u00e1s exigentes que en el pasado, con vistas a la estructuraci\u00f3n de la convivencia humana en t\u00e9rminos de fraternidad, de reconciliaci\u00f3n eficaz, de supresi\u00f3n de las diferencias, respeto a los derechos humanos y rechazo de \u00abmodelos de desarrollo que producen, a nivel internacional, ricos cada vez m\u00e1s ricos a costa de pobres cada vez m\u00e1s pobres\u00bb (Ib, 30).<\/p>\n<p>La Iglesia, en la defensa de la justicia, ya no puede limitarse a peque\u00f1os espacios privados; su presencia en el mundo debe traducirse en una acci\u00f3n eficaz que mire realmente a la transformaci\u00f3n de las estructuras sociales.<\/p>\n<p>Si para la revelaci\u00f3n cristiana el amor es la mediaci\u00f3n suprema de Dios, amar en un mundo injusto s\u00f3lo es posible construyendo la justicia. En un mundo marcado por el pecado de la explotaci\u00f3n del hombre, anunciar la salvaci\u00f3n implica optar por la justicia y solidarizarse con los sufridores de las injusticias. En un mundo sin misericordia, la misericordia se hace presente a trav\u00e9s de la justicia. Si Jes\u00fas se manifest\u00f3 como justicia de Dios, la pr\u00e1ctica de la justicia en la Iglesia se convierte en teofan\u00ed\u00ada para el mundo.<\/p>\n<p>Aunque trabajar por la justicia no es tarea s\u00f3lo de los cristianos, se puede afirmar que la lucha por la justicia es una actividad de profunda calidad humana y, por tanto, profundamente cristiana. La pr\u00e1ctica cristiana de la justicia se asienta sobre cuatro pilares:<br \/>\na) Lugar teol\u00f3gico. Practicar la justicia no es una simple obligaci\u00f3n moral, sino que debe ser considerada y vivida por el cristiano como lugar teol\u00f3gico de la experiencia de Dios, es decir, como una experiencia de la gracia. El cristiano encuentra fuerzas para luchar por la justicia, en la fe en Dios, revelado por Jesucristo, que nos da el don de su Esp\u00ed\u00adritu. Como recuerda Pablo, \u00abaguardamos la justicia esperada por la fe mediante la fe del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (G\u00e1l 5,5), pero una fe -a\u00f1ade \u00e9l- que \u00abse exprese en obras de amor\u00bb (G\u00e1l 5,6). Por tanto, esta incapacidad humana ante los grandes desaf\u00ed\u00ados de la justicia es principio de una experiencia de la gracia y del amor de Dios que se nos ha dado (cf Rom 5,5).<\/p>\n<p>b) El reino de Dios en la historia. En la lucha por la justicia, la Iglesia no puede caer en la tentaci\u00f3n de querer el para\u00ed\u00adso en la tierra. La plenitud del reino de Dios no se alcanza en esta tierra. Pero el Esp\u00ed\u00adritu hace posible la vivencia de este reino ya en la historia, aunque el reino definitivo es del tiempo escatol\u00f3gico. El cristiano, por tanto, debe cultivar la paciencia y la perseverancia hist\u00f3rica y creer siempre en la acci\u00f3n de Dios, como el sembrador que esparce la semilla y espera la respuesta de la tierra (cf Mc 4,26-29).<br \/>\nc) La fuente de la opci\u00f3n por la justicia es el amor. Si la opci\u00f3n cristiana por la justicia tiene como fuente el amor, no puede reducirse a una abstracci\u00f3n, necesita ser expresada en actos concretos de promoci\u00f3n humana para que llegue realmente a las personas. Si de un lado la acci\u00f3n de la Iglesia debe llegar a las estructuras sociales en el sentido de la macro-caridad y transformaci\u00f3n estructural, por otro, no puede dejar de hacer efectiva tambi\u00e9n la micro-caridad, a trav\u00e9s de los peque\u00f1os gestos liberadores. La acci\u00f3n por la justicia no se puede reducir tampoco a un asistencialismo que ignora las causas profundas de la injusticia, de la pobreza, de la marginaci\u00f3n; pero la Iglesia, en su lucha por la justicia, no se puede contentar solamente con trazar las grandes l\u00ed\u00adneas o principios, a trav\u00e9s de discursos y documentos inoperantes; es necesaria -y hay m\u00faltiples ejemplos de ello- una praxis eclesial que atienda a las dos dimensiones y que coloque el servicio (la diacon\u00ed\u00ada) como exigencia fundamental de la evangelizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>d) La paz y el perd\u00f3n en la pr\u00e1ctica de la justicia. La sed evang\u00e9lica de justicia no puede dejarse envolver por las tentaciones humanas de la violencia y la venganza. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la grandeza y lo espec\u00ed\u00adficamente cristiano: as\u00ed\u00ad como Dios justifica al pecador no destruy\u00e9ndolo, sino transform\u00e1ndolo por la gracia, del mismo modo la acci\u00f3n cristiana contra las injusticias deber\u00e1 ser m\u00e1s propensa al perd\u00f3n que a la venganza, al amor que al odio, m\u00e1s a la paciencia que transforma que a la ira que destruye. M\u00e1s que en ninguna otra acci\u00f3n eclesial, aqu\u00ed\u00ad ha de encontrar eco el precepto evang\u00e9lico de amar a los enemigos. Las tentaciones del odio y de la venganza s\u00f3lo se vencen con el cambio de los corazones, es decir, con la verdadera metanoia. Si es necesaria la lucha por cambiar las estructuras sociales injustas, es imprescindible trabajar por cambiar a las personas; y es esta una tarea insustituible de la catequesis.<\/p>\n<p>V. Tareas de la catequesis<br \/>\nLa catequesis tiene como tarea, en la comunidad cristiana, iniciar a los cristianos en todas las dimensiones de la fe. Y es esencial para el seguimiento de Jes\u00fas, para la vivencia aut\u00e9ntica de la fe, empe\u00f1arse en la opci\u00f3n por la justicia.<\/p>\n<p>Siempre fue caracter\u00ed\u00adstica de la catequesis educar a los cristianos en el sentido de la justicia, aunque durante muchos a\u00f1os se centr\u00f3 en la dimensi\u00f3n individual y en el \u00e1mbito del quinto, s\u00e9ptimo y d\u00e9cimo mandamientos. Pocos catecismos tratan la justicia como virtud cardinal. Con toda la evoluci\u00f3n habida en la pr\u00e1ctica y en la conceptualizaci\u00f3n de la justicia, tambi\u00e9n la catequesis ha integrado en su ;misi\u00f3n la educaci\u00f3n para la justicia social y la dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica o, como ,com\u00fanmente se dice ya en muchos lugares, la catequesis ha adquirido una dimensi\u00f3n liberadora.<\/p>\n<p>4. ORIENTACIONES Y CONTENIDOS. A partir de la ense\u00f1anza social de la Iglesia y de la contribuci\u00f3n de las modernas teolog\u00ed\u00adas de la praxis, ha habido tambi\u00e9n un cambio en los contenidos de la catequesis:<br \/>\na) Los documentos de Medell\u00ed\u00adn. El primer texto que ha contemplado la dimensi\u00f3n de la justicia social en la educaci\u00f3n de la fe ha sido el Nuevo catecismo para adultos (catecismo Holand\u00e9s 1966) al abordar el mundo del trabajo.<\/p>\n<p>Pero es en los documentos de Medell\u00ed\u00adn (1968) donde se encuentran las orientaciones m\u00e1s claras a este respecto. Usando el concepto de concientizaci\u00f3n, divulgado por el pedagogo brasile\u00f1o Paulo Freire (t 1997), Medell\u00ed\u00adn afirma: \u00abEs indispensable la formaci\u00f3n de la conciencia social y la percepci\u00f3n realista de los problemas de la comunidad y de las estructuras sociales&#8230; La tarea de la concientizaci\u00f3n y educaci\u00f3n social deber\u00e1 integrarse en los planes de pastoral de conjunto en sus diversos niveles\u00bb (Medell\u00ed\u00adn 1, 17). Merece la pena destacar tambi\u00e9n la educaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica, porque \u00abla falta de una consciencia pol\u00ed\u00adtica en nuestros pa\u00ed\u00adses hace imprescindible la acci\u00f3n educadora de la Iglesia\u00bb (Ib 1, 16). La participaci\u00f3n en la vida pol\u00ed\u00adtica es considerada un deber de conciencia y ejercicio de caridad. Es deber de los pastores denunciar todas las formas de injusticia y de falta de respeto a los derechos humanos, y hacer que la catequesis y la liturgia tengan en cuenta la dimensi\u00f3n social y comunitaria del cristianismo y formen hombres y mujeres comprometidos en la construcci\u00f3n de un mundo justo (cf Ib 2, 20-24). En otros pasajes de Medell\u00ed\u00adn se encuentran las mismas orientaciones a favor de la lucha por la justicia, particularmente en el documento sobre la pobreza en la Iglesia, en el que esta aparece como \u00abhumilde servidora de todos los hombres de nuestros pa\u00ed\u00adses\u00bb (Ib 14, 8).<\/p>\n<p>Pero es en el documento 8 (catequesis) donde toda la educaci\u00f3n de la fe es vista en clave de promoci\u00f3n humana y lucha por la justicia. El empe\u00f1o por la justicia no es considerado un tema m\u00e1s entre tantos, sino que se considera un contenido transversal de toda la educaci\u00f3n de la fe. Entre otras cosas, se afirma que la catequesis no puede desconocer el proceso de transformaci\u00f3n social exigido por la actual situaci\u00f3n de injusticia en que se encuentran grandes sectores de la sociedad. Por tanto, es tarea de la catequesis ayudar a la promoci\u00f3n integral del hombre, d\u00e1ndole un aut\u00e9ntico sentido cristiano (cf 7). Pero la afirmaci\u00f3n m\u00e1s clara sobre la relaci\u00f3n catequesis-empe\u00f1o por la justicia, ya cl\u00e1sica en la catequ\u00e9tica moderna, es la siguiente: \u00abDe acuerdo con la teolog\u00ed\u00ada de la revelaci\u00f3n, la catequesis actual debe asumir las angustias y esperanzas del hombre de hoy, a fin de ofrecerle las posibilidades de una liberaci\u00f3n plena, las riquezas de una salvaci\u00f3n integral en Cristo, el Se\u00f1or. Por eso, se debe ser fiel a la transmisi\u00f3n del mensaje b\u00ed\u00adblico, no s\u00f3lo en su contenido intelectual, sino tambi\u00e9n en su realidad vital, encarnada en los hechos de la vida del hombre de hoy. Las situaciones hist\u00f3ricas y las aspiraciones aut\u00e9nticamente humanas constituyen parte indispensable del contenido de la catequesis, y deben ser interpretadas seriamente, dentro de su contexto actual, a la luz de las experiencias del pueblo de Israel, de Cristo y de la comunidad eclesial, en la cual el esp\u00ed\u00adritu de Cristo resucitado vive y opera\u00bb (n. 6). Es un cambio en lo que tradicionalmente se considera como contenido de la catequesis.<\/p>\n<p>b) Otros documentos eclesiales. Los documentos posteriores confirman, a veces con moderaci\u00f3n, esta visi\u00f3n de la catequesis en clave de promoci\u00f3n humana y lucha por la justicia. Tanto el DCG de 1971 (21) como EN (30-38), los documentos de Puebla (1000, 1145) y CT (29) ponen un \u00e9nfasis particular en el tema del compromiso cristiano, sobre todo en su dimensi\u00f3n social. Las orientaciones de muchos episcopados van tambi\u00e9n en esta l\u00ed\u00adnea.<br \/>\nc) Los catecismos actuales. Muchos catecismos posteriores al Vaticano II dan relevancia a la educaci\u00f3n para la justicia: Con vosotros est\u00e1, catecismo de preadolescentes de la Conferencia episcopal espa\u00f1ola (1976), posee un estilo fuertemente antropol\u00f3gico; su temario quiere hacerse eco de los problemas del mundo contempor\u00e1neo y, junto a la fidelidad a Dios, se considera la fidelidad al hombre (cf Manual del educador I, 35). Adem\u00e1s de tenerla los cuatro vol\u00famenes como contenido transversal, la justicia ocupa dos cap\u00ed\u00adtulos espec\u00ed\u00adficos: Aprendemos a respetar los derechos de todos (32) y Nuestro tiempo es tiempo de lucha y esperanza (69).<\/p>\n<p>Catequesis renovada (Brasil 1983) expresa que: \u00abla finalidad de la catequesis es la maduraci\u00f3n en la fe, en un compromiso personal y comunitario por la liberaci\u00f3n integral, que comienza aqu\u00ed\u00ad y culminar\u00e1 en la vida eterna\u00bb (CR 318). El compromiso con la justicia y los derechos humanos, que est\u00e1 impl\u00ed\u00adcito en toda la obra, aparece tambi\u00e9n en temas espec\u00ed\u00adficos: construcci\u00f3n de la historia, familia, trabajo, pol\u00ed\u00adtica, pobreza, promoci\u00f3n de la justicia y de la dignidad humana, desarrollo integral y la paz (CR 246-278). Los sacramentos, \u00abse\u00f1ales sensibles y eficaces de la gracia, miran a nuestra santificaci\u00f3n, a la construcci\u00f3n de la Iglesia, al culto a Dios, pero van m\u00e1s lejos, debiendo repercutir de forma din\u00e1mica y liberadora en las relaciones interpersonales, en la estructuraci\u00f3n m\u00e1s justa de la sociedad y en la acci\u00f3n del hombre sobre la historia y el mundo\u00bb (CR 222).<\/p>\n<p>En el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (CCE), la doctrina sobre la justicia est\u00e1 expuesta en la tercera parte, La vida en Cristo. Al describir la vocaci\u00f3n de la persona humana para la vida en el esp\u00ed\u00adritu, la justicia es considerada como virtud humana, virtud moral o, como tradicionalmente es conocida, virtud cardinal (1805-1807), y recibe la cl\u00e1sica definici\u00f3n: \u00abvoluntad constante de dar a Dios y al pr\u00f3jimo lo que les pertenece\u00bb. En el cap\u00ed\u00adtulo sobre la comunidad humana, hay un art\u00ed\u00adculo dedicado a la justicia social, unida al bien com\u00fan y al ejercicio de la autoridad, al respeto de la persona humana, a la igualdad entre los hombres y a la solidaridad; pero es en el \u00e1mbito de los diez mandamientos (secci\u00f3n II, art. 7) donde se tratan los temas mayores: destino universal y propiedad privada de los bienes, respeto a las personas y a sus bienes, doctrina social de la Iglesia (incluyendo los derechos humanos), actividad econ\u00f3mica y justicia social, solidaridad entre las naciones y amor a los pobres. En la oraci\u00f3n del padrenuestro, al comentar \u00abDanos hoy nuestro pan de cada d\u00ed\u00ada\u00bb, dice: \u00abComo la levadura en la masa, la novedad del Reino debe fermentar la tierra con el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo. Debe manifestarse por la instauraci\u00f3n de la justicia en las relaciones personales y sociales, econ\u00f3micas e internacionales, sin olvidar jam\u00e1s que no hay estructura justa sin seres humanos que quieran ser justos\u00bb (CCE 2832).<\/p>\n<p>El Directorio general para la catequesis (DGC 1997) hace referencia en much\u00ed\u00adsimos lugares a la dimensi\u00f3n social de la catequesis y su opcion por la justicia. En la exposici\u00f3n introductoria nos presenta el campo del mundo, donde es esparcida la semilla, la palabra de Dios, y se refiere a una multitud de personas que sufren el peso intolerable de la miseria y de la injusticia. Ante esta realidad, la Iglesia \u00abpor medio de una catequesis en la que la ense\u00f1anza social de la Iglesia ocupe su puesto, desea suscitar en el coraz\u00f3n de los cristianos el compromiso por la justicia y la opci\u00f3n o amor preferencial por los pobres, de forma que su presencia sea realmente luz que ilumine y sal que transforme\u00bb (DGC 17). Despu\u00e9s se dedican dos largos n\u00fameros a los derechos humanos, afirmando que \u00aben este vasto campo la Iglesia tiene una tarea irrenunciable: manifestar la dignidad inviolable de toda persona humana\u00bb (DGC 19) y debe preparar a los laicos para esta tarea.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s sorprendente es que el Directorio, al enumerar las normas y criterios para la presentaci\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico en la catequesis (II parte, c. 1), unido al supremo criterio cristoc\u00e9ntrico y al mensaje de salvaci\u00f3n de Jesucristo, y aun antes del criterio eclesiol\u00f3gico, coloca como uno de los grandes criterios de la catequesis el mensaje de la liberaci\u00f3n en su doble sentido, terrenal y escatol\u00f3gico, \u00ed\u00adntimamente unidos (cf 103). Partiendo de las bienaventuranzas, particularmente de la referida a los pobres, subraya la afirmaci\u00f3n de EN: \u00abla Iglesia tiene el deber de anunciar la liberaci\u00f3n de millones de seres humanos, entre los cuales hay muchos hijos suyos; el deber de ayudar a que nazca esta liberaci\u00f3n, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea total\u00bb (EN 30; DGC 103). Es misi\u00f3n de la catequesis preparar a los cristianos para esta tarea; para ello \u00abpresentar\u00e1 la moral social cristiana como una exigencia y una consecuencia de la \u00abliberaci\u00f3n radical obrada por Cristo\u00bb (LC 71)\u00bb (DGC 104); y contin\u00faa: \u00absuscitar\u00e1 en los catec\u00famenos y en los catequizandos la opci\u00f3n preferencial por los pobres que, lejos de ser un signo de particularismo o sectarismo, manifiesta la universalidad del ser y de la misi\u00f3n de la Iglesia. Dicha opci\u00f3n no es exclusiva, sino que lleva consigo el compromiso por la justicia seg\u00fan la funci\u00f3n, vocaci\u00f3n y circunstancias de cada uno\u00bb (DGC 104).<\/p>\n<p>2. L\u00ed\u008dNEAS METODOL\u00ed\u201cGICAS. Ya el DCG de 1971 indicaba que la educaci\u00f3n para la justicia exige tambi\u00e9n revisi\u00f3n del m\u00e9todo. Recogemos a continuaci\u00f3n algunas l\u00ed\u00adneas metodol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>a) Prioridad del m\u00e9todo inductivo. En la tarea catequ\u00e9tica de educaci\u00f3n para la justicia, se da prioridad al m\u00e9todo inductivo. Las peque\u00f1as comunidades eclesiales de base han conseguido una metodolog\u00ed\u00ada mucho m\u00e1s eficaz en la pedagog\u00ed\u00ada de la fe, partiendo del principio metodol\u00f3gico de la interacci\u00f3n (o de la interpelaci\u00f3n) pues \u00aben la catequesis se realiza una interacci\u00f3n entre la experiencia de vida y la formulaci\u00f3n de la fe, entre la vivencia actual y la vivencia dada por la tradici\u00f3n\u00bb (CR 112-114).<\/p>\n<p>Con el principio de la interacci\u00f3n, la pedagog\u00ed\u00ada de la catequesis se inspira en la pedagog\u00ed\u00ada de Dios, expresada en el proceso de la revelaci\u00f3n. As\u00ed\u00ad como \u00e9l se manifest\u00f3 en la vida de su pueblo, tambi\u00e9n la respuesta de la fe se da en la vivencia concreta del d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada. Experiencia humana y formulaci\u00f3n de la fe son, por tanto, dos elementos que se relacionan entre s\u00ed\u00ad y expresan la forma de manifestarse Dios en el pasado y en el presente. Este principio de interacci\u00f3n quiere significar dos cosas: 1) Dios se manifiesta, como en la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, desde dentro de la realidad de nuestra vida, y 2) la fe como respuesta a la palabra de Dios, debe iluminar la vida e incidir en sus problemas; debe ser una fe transformadora. Los dos aspectos son necesarios, y ninguno de ellos basta por s\u00ed\u00ad solo para que la catequesis realice su objetivo. Por un lado no bastar\u00ed\u00ada con comunicar f\u00f3rmulas y elementos de tradici\u00f3n cristiana sin que sean vividos, asimilados y expresados por las personas, pues esta es la din\u00e1mica de la experiencia religiosa del hombre, dentro de la cual se sit\u00faa el anuncio y la profundizaci\u00f3n de la palabra de Dios. Por otro lado, ser\u00ed\u00ada un error grave quedarse solamente en el nivel de la experiencia de la persona o de la comunidad, sin interpretarla adecuadamente a la luz del mensaje cristiano. Es necesario alejar de la catequesis la tentaci\u00f3n de un falso antropocentrismo.<\/p>\n<p>El principio de interacci\u00f3n exige de la pr\u00e1ctica catequ\u00e9tica: 1) profundizar todo aquello que corresponde al campo de la fe: Biblia, tradici\u00f3n, magisterio, ense\u00f1anza social de la Iglesia, liturgia, piedad popular, historia de la Iglesia, vida de los santos, etc.; 2) profundizar en todo aquello que es vida. Y es aqu\u00ed\u00ad justamente donde aparecen los elementos de injusticia que deben ser transformados a la luz de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>El elemento vivencial no aparece en los libros, lo forman las aspiraciones aut\u00e9nticas de todo lo que es humano, las luchas por la justicia, las situaciones concretas de la vida, los derechos humanos, los acontecimientos y los hechos alegres y tristes, etc. Es imposible definirla a priori, ella forma parte del d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada. El arte del catequista consiste en descubrirla para confrontarla con el evangelio.<\/p>\n<p>b) M\u00e9todo: ver, juzgar y actuar. Una de las traducciones de este principio metodol\u00f3gico de la interacci\u00f3n fe-vida es el m\u00e9todo \u00abver, juzgar y actuar\u00bb legado de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica a la catequesis y muy utilizado en la educaci\u00f3n para la justicia.<\/p>\n<p>1) Ver consiste en el an\u00e1lisis de la realidad, con la ayuda de las ciencias humanas, para poder ver tambi\u00e9n las causas que engendran las injusticias. 2) Juzgar es buscar los elementos iluminadores que nos vienen tanto de la palabra de Dios como de la doctrina social de la Iglesia. 3) Actuar es llevar al cristiano, y m\u00e1s a\u00fan a la comunidad, a tomar iniciativas concretas en orden a una acci\u00f3n transformadora. 4) Seg\u00fan la tradici\u00f3n latinoamericana, el m\u00e9todo se completa con un cuarto paso: celebrar, donde el esfuerzo de b\u00fasqueda y de lucha por la justicia, en nombre del evangelio, se transforma en oraci\u00f3n. Entonces se comprueba la veracidad de la afirmaci\u00f3n: lex credendi, lex orandi. La liturgia de los cristianos que se empe\u00f1an realmente en la lucha por la justicia es enriquecida con nuevos contenidos y expresiones y con el sabor de la vida que explota en sus ricas celebraciones. 5) Un quinto y \u00faltimo paso de esta metodolog\u00ed\u00ada es evaluar-revisar, aunque esto ya pertenecer\u00ed\u00ada propiamente a la vuelta del proceso.<\/p>\n<p>c) Actividades evang\u00e9lico-transformadoras. Educar para la justicia es un esfuerzo que exige mucho m\u00e1s que los tradicionales cauces de aulas, coloquios y encuentros: apunta un nuevo modelo de actividad pedag\u00f3gica. No se trata de realizar actividades meramente did\u00e1cticas, sino de organizar acciones cuyo objetivo es, sobre todo, la transformaci\u00f3n personal, comunitaria y social, a partir de la confrontaci\u00f3n de la fe con la vida. Son las actividades evang\u00e9lico-transformadoras que conducen al cambio de mentalidad y de actitud con relaci\u00f3n a la repercusi\u00f3n de la fe profesada en los problemas de la vida, tanto personales como sociales. Estas actividades son de gran alcance, y deben partir de la realidad local, vista y juzgada con criterios cristianos, que lleva a un cuestionamiento cr\u00ed\u00adtico y a una mayor voluntad de actuar en orden a la transformaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Estas actividades son solamente posibles en un ambiente fuertemente comunitario, como son las comunidades eclesiales de base o los c\u00ed\u00adrculos b\u00ed\u00adblicos. Suponen la opci\u00f3n preferencial por los pobres y educan para ella; por eso crean una fuerte exigencia de convivencia con los pobres, como lugar educativo de la fe y de la justicia.<\/p>\n<p>Las acciones evang\u00e9lico-transformadoras no pueden ser preestablecidas, pues deben ser planteadas a partir de aquello que est\u00e1 viviendo la comunidad. Exigen trabajo de conjunto, investigaci\u00f3n, creatividad, oraci\u00f3n y evaluaci\u00f3n continua. Se programan a largo plazo y educan a la paciencia propia de la pedagog\u00ed\u00ada de Dios, manifestada en la revelaci\u00f3n que sabe esperar y respetar el ritmo de las personas; por eso, en la realizaci\u00f3n de estas actividades no se puede hablar de misi\u00f3n cumplida, como al final de un ejercicio o actividad pedag\u00f3gica tradicional.<\/p>\n<p>Este nuevo tratamiento pedag\u00f3gico de la catequesis, en la educaci\u00f3n para la justicia, exige tambi\u00e9n un nuevo lenguaje: deber\u00e1 cultivarse el lenguaje no verbal y simb\u00f3lico apropiado para expresar y profundizar una fe vivida en el d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Estas acciones evang\u00e9lico-transformadoras son adecuadas para los adultos y los j\u00f3venes. Sin embargo, tanto los adolescentes como los ni\u00f1os, a su nivel, pueden realizar algunas acciones de este tipo, que educan para la justicia, con proyectos sencillos y tareas claras y bien distribuidas, y contando con la presencia de los adultos que orientan y animan a los grupos. Existen tambi\u00e9n otras actividades de menor alcance, que les van formando en el sentido de la justicia.<\/p>\n<p>d) Lectura popular de la Biblia. Est\u00e1 teniendo un gran \u00e9xito en la educaci\u00f3n para la justicia la lectura popular de la Biblia, por la cual se intenta llevar la Biblia a la vida del pueblo y tambi\u00e9n llevar la vida a la Biblia. El sujeto de la interpretaci\u00f3n no es s\u00f3lo el exegeta o el catequista, sino todo el grupo o comunidad; se evita as\u00ed\u00ad el peligro del libre examen de tipo individualista, intimista o fundamentalista. Los problemas sociales aparecen, entonces, con toda su fuerza, como tambi\u00e9n la voluntad de superarlos a la luz de la Palabra. El lugar social a partir del cual se hace esta lectura orante, son los pobres. De hecho, sin una conciencia cr\u00ed\u00adtica y una clara opci\u00f3n preferencial por los pobres, se pueden usar inconscientemente los textos b\u00ed\u00adblicos para justificar sistemas deshumanizantes de opresi\u00f3n y falta de respeto a los derechos humanos.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del lenguaje no verbal (principalmente la dramatizaci\u00f3n), la Biblia y la vida tienden a relacionarse con notable eficacia: es un lenguaje cuya finalidad no es conseguir saber, sino lograr descubrir y experimentar la fe.<\/p>\n<p>e) Los pasos del itinerario catequ\u00e9tico. Por fin, la pr\u00e1ctica de las peque\u00f1as comunidades indica un itinerario catequ\u00e9tico en el empe\u00f1o por la justicia con cuatro pasos: 1) reuni\u00f3n de las personas alrededor de la palabra de Dios; 2) formaci\u00f3n de una incipiente comunidad; 3) compromiso por la transformaci\u00f3n social (organizaci\u00f3n de movimientos populares y mayor participaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica), y 4) lucha por la libertad en proyectos concretos. Cuanto m\u00e1s se alimenta la comunidad de la palabra de Dios, m\u00e1s comprometida est\u00e1 con la pr\u00e1ctica de la justicia; y cuanto m\u00e1s se empe\u00f1a en los problemas sociales, m\u00e1s necesidad siente de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>Pero es un proceso no exento de tentaciones, principalmente la de dejar la comunidad de fe y poner la confianza solamente en el partido, el sindicato, en los grupos o ideolog\u00ed\u00adas pol\u00ed\u00adticas. En este sentido, es necesario que los Pastores apoyen y ayuden a los laicos a clarificar lo que es espec\u00ed\u00adfico para el cristiano en la l\u00ed\u00adnea de la libertad integral. Es en el momento de la maduraci\u00f3n de la fe cuando Cristo es visto y aceptado, no s\u00f3lo como modelo humano a imitar y como profeta, sino como Hijo de Dios, Se\u00f1or que quita el pecado del mundo.<\/p>\n<p>Tomar conciencia del pecado es, sobre todo, reconocerlo como ra\u00ed\u00adz de los males de la sociedad, algo que est\u00e1 profundamente enraizado en el coraz\u00f3n del hombre, contra el cual el hombre poco puede hacer si Cristo no lo transforma, creando en \u00e9l un coraz\u00f3n nuevo (CR 288-309).<\/p>\n<p>BIBL.: ALVES DE LIMA L., A catequese na Am\u00e9rica latina a partir do Vaticano II, Medell\u00ed\u00adn 23 (1987) 89, 5-66; Dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica de la catequesis: consideraciones pastorales, Medell\u00ed\u00adn 16 (1990) 64, 492-515; AVILA F. 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La comunidad cristiana; 3. El magisterio pontificio; 4. El magisterio episcopal; 5. El s\u00ed\u00adnodo de los obispos sobre la justicia en el mundo. III. Los derechos humanos. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/justicia-y-derechos-humanos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJUSTICIA Y DERECHOS HUMANOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17017","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17017","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17017"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17017\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17017"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17017"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17017"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}