{"id":17018,"date":"2016-02-05T11:05:22","date_gmt":"2016-02-05T16:05:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jovenes-catequesis-de\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:22","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:22","slug":"jovenes-catequesis-de","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jovenes-catequesis-de\/","title":{"rendered":"JOVENES, CATEQUESIS DE"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. \u00bfQui\u00e9nes son los j\u00f3venes?: 1. La cultura juvenil; 2. Los j\u00f3venes y la fe. II. La catequesis de j\u00f3venes: 1. Marcos y referencias de la catequesis de j\u00f3venes; 2. La catequesis de iniciaci\u00f3n cristiana; 3. L\u00ed\u00adneas fuerza de la catequesis de j\u00f3venes; 4. Agentes de la catequesis de j\u00f3venes.<\/p>\n<p>La Iglesia \u00abexiste para evangelizar\u00bb (EN 13). Ella, a partir del mandato de su Se\u00f1or, se realiza llevando la buena noticia a todos los pueblos y grupos humanos, provocando la fe y conversi\u00f3n de las gentes al evangelio y reuniendo a los que creen en torno a la mesa del Reino (cf Mc 16,15). Por el don de Pentecost\u00e9s la vida de Cristo ha sido derramada en la comunidad de sus disc\u00ed\u00adpulos, y es la propia vida de Jes\u00fas la que la Iglesia transmite a todos aquellos que, convocados por la Palabra y asociados por la fe y los sacramentos, se acercan a ella. La Iglesia cumple esta misi\u00f3n a trav\u00e9s de su acci\u00f3n evangelizadora. Atenta a las circunstancias, interrogantes y esperanzas de cada grupo humano, por dicha acci\u00f3n y de m\u00faltiples maneras, intenta ofrecer el evangelio.<\/p>\n<p>Entre los sectores de la sociedad a los que la Iglesia debe prestar una especial atenci\u00f3n se encuentran los j\u00f3venes; m\u00e1s a\u00fan cuando, como reconoce el Directorio general para la catequesis, \u00aben t\u00e9rminos generales, se ha de observar que la crisis espiritual y cultural que est\u00e1 afectando al mundo tiene en las generaciones j\u00f3venes sus primeras v\u00ed\u00adctimas\u00bb (DGC 181). Su importancia num\u00e9rica, su presencia creciente en la sociedad, la falta de trabajo, las presiones que sufren por parte de la sociedad de consumo, la larga espera antes de incorporarse responsablemente al mundo adulto&#8230;, deben despertar en la Iglesia el deseo de ofrecerles, con celo e inteligencia, el ideal que deben conocer y vivir (cf EN 72; DGC 182; MPD 3). \u00ab1,a Iglesia, que ve a los j\u00f3venes como la esperanza, los contempla hoy como un gran desaf\u00ed\u00ado para el futuro de la Iglesia\u00bb (DGC 182). La comunidad cristiana, a trav\u00e9s de su acci\u00f3n evangelizadora, debe mostrar a los j\u00f3venes, \u00abcon decisi\u00f3n y creatividad\u00bb, el amor que Jes\u00fas manifest\u00f3 al joven del evangelio (cf Mc 10,21; DGC 181). Entre las labores pastorales de la Iglesia, la catequesis destaca como la acci\u00f3n por la cual el joven descubre que Cristo resucitado acompasa su paso al suyo, como compa\u00f1ero de vida y azares; se deja conocer amorosamente y le ayuda a transformarse seg\u00fan su imagen.<\/p>\n<p>I. \u00bfQui\u00e9nes son los j\u00f3venes?<br \/>\nLos j\u00f3venes son el conjunto de personas que se mueven en un arco de edad comprendido entre la madurez biol\u00f3gica, es decir, desde la pubertad y el momento de la emancipaci\u00f3n personal con la asunci\u00f3n de diversas responsabilidades (empleo remunerado, domicilio propio y creaci\u00f3n de una familia). Si el inicio est\u00e1 marcado por cualidades de tipo biol\u00f3gico y psicol\u00f3gico, su t\u00e9rmino est\u00e1 condicionado por la situaci\u00f3n socio-econ\u00f3mica en la que viven los individuos. Se ha impuesto el criterio de que la juventud se extiende de los quince a los veinticuatro a\u00f1os, y comprende dos grupos: los adolescentes (15-17) y los j\u00f3venes adultos (18-24). Respecto a la catequesis, la experiencia muestra que es \u00fatil \u00abdistinguir en esas edades entre preadolescencia, adolescencia y juventud, sirvi\u00e9ndose oportunamente de los resultados de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica y de las condiciones de vida en los distintos pa\u00ed\u00adses; aun sabiendo la dificultad de definir de modo claro su significado\u00bb (DGC 181). M\u00e1s a\u00fan, cuando por la crisis econ\u00f3mica y el consiguiente retraso de la asunci\u00f3n de responsabilidades, el final de la edad joven se ha visto prolongada hasta los 29 a\u00f1os1.<\/p>\n<p>Siguiendo la recomendaci\u00f3n del nuevo Directorio, y a pesar de esta dilataci\u00f3n de la etapa juvenil, nuestra reflexi\u00f3n va a referirse fundamentalmente a los j\u00f3venes comprendidos entre los 18 y los 24 a\u00f1os (cf OPJ 8). Mientras en la adolescencia el propio Individuo es el centro de su preocupaci\u00f3n, alrededor de estas edades es cuando el sujeto se descentra de s\u00ed\u00ad mismo y trabaja por integrarse en la sociedad adulta como medio de realizaci\u00f3n2. La catequesis para estas edades tendr\u00e1 como objetivos que el individuo madure desde la fe, adquiera su identidad desde ella, y se incorpore a la construcci\u00f3n del mundo sirviendo al reino de Dios.<\/p>\n<p>Es cierto que a todos los j\u00f3venes de nuestro tiempo les une el hecho de ser j\u00f3venes y la clara evidencia de ser distintos de los adultos; pero lo primero que salta a la vista es que no hay una condici\u00f3n juvenil \u00fanica, ni una realidad com\u00fan para todos los j\u00f3venes, sino que constituyen una realidad diversa y plural. Los grupos-tribus que expresan dicha variedad se constituyen en referencia primera de los j\u00f3venes que los integran y son fuente inicial de su identidad, al menos en su forma m\u00e1s externa. As\u00ed\u00ad pues, en vez de hablar de juventud, deber\u00ed\u00adamos hablar de j\u00f3venes3 y tener siempre en cuenta esa variedad a la hora de acercarnos pastoralmente.<\/p>\n<p>En concreto, si la catequesis quiere que el evangelio alcance significativamente el mundo juvenil, tiene obligaci\u00f3n de estar atenta a la pluralidad de los j\u00f3venes. Debe acercarse al joven en situaci\u00f3n, ha de hacer un esfuerzo por comprender sus maneras de instalarse en el mundo, su lenguaje, deseos e interrogantes4. Aunque esos modos sean s\u00f3lo expresi\u00f3n polif\u00f3nica de los anhelos fundamentales a toda condici\u00f3n humana, son en primera instancia la manera en que el joven se reconoce y despliega como persona.<\/p>\n<p>Entre ser joven y la forma plural de manifestarse brotan ciertas tendencias que nos permiten hablar de cultura juvenil. Tendencias que no son universalizables al conjunto de los j\u00f3venes, pero en ellas podemos reconocer sus sensibilidades, disposiciones y posibilidades m\u00e1s comunes. Este breve an\u00e1lisis de la situaci\u00f3n, siempre necesario, nos ayudar\u00e1 a ofrecer una catequesis encarnada, capaz de responder a los retos que los j\u00f3venes proponen a la Iglesia (cf DGC 211-212; 279-280).<\/p>\n<p>1. LA CULTURA JUVENIL5. Ante un mundo carente de utop\u00ed\u00adas y sin maestros que tengan autoridad reconocida; ante una sociedad que exalta a la juventud y le hace multitud de promesas, pero luego la manipula y excluye de lo prometido, los j\u00f3venes van generando su propia respuesta:<br \/>\na) Los j\u00f3venes actuales, movidos por la complejidad de la sociedad adulta, y gracias a su capacidad de adaptaci\u00f3n, se caracterizan mayoritariamente por tener una identidad d\u00e9bil y fragmentada. Se muestran incapaces de elaborar un proyecto vital coherente. La cara luminosa de su actitud tolerante y su apertura a las novedades que la sociedad le ofrece se torna oscura cuando se transforma en falta de pasi\u00f3n, inseguridad e incapacidad para afrontar la propia vida.<\/p>\n<p>b) Los j\u00f3venes actuales valoran el presente, pero han cortado amarras con el pasado, y el futuro se ha convertido en una especie de amenaza que les produce incertidumbre, preocupaci\u00f3n y miedo. Las utop\u00ed\u00adas les dejan fr\u00ed\u00ados, el pragmatismo gana vigencia en ellos, y sus decisiones se toman en funci\u00f3n del aqu\u00ed\u00ad y el ahora. Permanecen siempre abiertos y no terminan de definir su proyecto de vida.<\/p>\n<p>c) Por otro lado, los j\u00f3venes han pasado de la \u00e9tica de la perfecci\u00f3n a la \u00e9tica de la satisfacci\u00f3n: \u00abvale lo que me agrada, no vale lo que no me agrada\u00bb. Su manifestaci\u00f3n m\u00e1s extremosa es el consumo. Todo es objeto de consumo: la ropa y el calzado, la diversi\u00f3n, el sexo&#8230;, siempre que cause sensaci\u00f3n de satisfacci\u00f3n y seguridad. El precio que pagan es la p\u00e9rdida de ellos mismos en un bosque de evasi\u00f3n. El joven vive dicha \u00e9tica como signo de autenticidad; y es el resultado de combinar dos referencias que se convierten en criterios de comportamiento: sus apetencias y \u00ablo que se lleva\u00bb, es decir, pensar, decir y hacer lo que su entorno cercano le provoca.<\/p>\n<p>d) Por \u00faltimo, los j\u00f3venes actuales valoran, sobre todo, la experiencia personal y subjetiva, que cristaliza en un mundo privado e \u00ed\u00adntimo. Ante ellos aparecen devaluadas las verdades, las ideolog\u00ed\u00adas y los valores objetivos capaces de estructurar la sociedad y servir de motor para cambiar el mundo. De hecho, existe una predilecci\u00f3n.por los grupos primarios, cuyo fin es estar bien juntos, sobre los grupos secundarios, los que pretenden hacer algo por la sociedad. El joven no busca cambiar el mundo sino crear el propio, reflejo de s\u00ed\u00ad y lugar de refugio y protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. Los J\u00ed\u201cVENES Y LA FE6. En Espa\u00f1a, la mayor\u00ed\u00ada de los j\u00f3venes (tres de cada cuatro) se considera cat\u00f3lico. Esa autodenominaci\u00f3n no significa la celebraci\u00f3n habitual de la eucarist\u00ed\u00ada dominical, ni su identificaci\u00f3n con la Iglesia, ni la influencia de la religi\u00f3n en su vida cotidiana. Podemos decir que los j\u00f3venes actuales no se caracterizan por la indiferencia ante la religi\u00f3n, m\u00e1s bien se encuentran inmersos en un nuevo itinerario religioso, por el cual ellos mismos construyen su propio universo religioso al margen de la referencia eclesial. Es la llamada religi\u00f3n a la carta.<\/p>\n<p>Disminuye la fe en un Dios personal, pero aumenta la creencia en alguna clase de esp\u00ed\u00adritu o fuerza c\u00f3smica. No encuentran sentido en las pr\u00e1cticas religiosas institucionales, pero buscan realizar una serie de ritos y celebraciones que tienen que ver con los ajustes existenciales. Ponen en duda los dogmas centrales del cristianismo, pero valoran todo lo que alcanzan por su propia vivencia.<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes de hoy viven con urgencia la b\u00fasqueda de sentido que d\u00e9 respuesta a las cuestiones fundamentales del ser humano; m\u00e1xime en un tiempo en el que toda una cosmovisi\u00f3n basada en la racionalidad cient\u00ed\u00adfico-t\u00e9cnica parece agotarse. Esta b\u00fasqueda, y su apertura experiencial a lo religioso, son dos nuevas perspectivas que deber\u00e1n ser tenidas en cuenta en la catequesis, ya que potencian el car\u00e1cter personal y personalizador que debe tener el acto de fe, sin menoscabo de los componentes racionales e institucionales de la misma fe.<\/p>\n<p>En cambio, el regreso a la vivencia privada de la fe, el subrayado de los aspectos m\u00e1s irracionales de lo religioso y el debilitamiento del compromiso \u00e9tico y social que de la experiencia creyente se derivan, son algunas sombras a las que la acci\u00f3n evangelizadora debe estar atenta y a las que la catequesis debe saber responder.<\/p>\n<p>II. La catequesis de j\u00f3venes<br \/>\nComo es obvio, la catequesis de j\u00f3venes es catequesis en cuanto tal, y en sus lineas maestras no puede dejar de ser semejante a cualquier otra catequesis. Pero al dirigirse a los j\u00f3venes adquiere nuevos rasgos y subrayados.<\/p>\n<p>1. MARCOS Y REFERENCIAS DE LA CATEQUESIS DE J\u00ed\u201cVENES. La catequesis de j\u00f3venes est\u00e1 marcada por la evoluci\u00f3n psicol\u00f3gica de los destinatarios a los que est\u00e1 referida, a la vez que est\u00e1 condicionada y enriquecida por unas acciones pastorales que le sirven de marco y referencia.<\/p>\n<p>a) El proceso evangelizador. La catequesis es una etapa del proceso evangelizador, es \u00abel eslab\u00f3n necesario entre la acci\u00f3n misionera, que llama a la fe, y la acci\u00f3n pastoral, que alimenta constantemente a la comunidad cristiana\u00bb (DGC 64). Aunque fundamentalmente la acci\u00f3n misionera se dirige a los no creyentes y a los alejados de la fe, la catequesis a los que han dado su primera adhesi\u00f3n al evangelio, y la etapa pastoral a los ya iniciados en la fe, podemos decir que, en realidad, referidas a los j\u00f3venes, \u00abestas etapas no quieren significar un proceso cronol\u00f3gico, sino metodol\u00f3gico, pues pueden coincidir. Ayudan a entender que en el proceso educativo de la fe siempre hay que tener en cuenta la situaci\u00f3n concreta en que el joven se encuentra en las diferentes dimensiones de su vida\u00bb (OPJ 34).<\/p>\n<p>b) La catequesis de j\u00f3venes es un momento de la iniciaci\u00f3n cristiana de ni\u00f1os-adolescentes-j\u00f3venes. La catequesis de j\u00f3venes est\u00e1 inserta en el proceso unitario de iniciaci\u00f3n de ni\u00f1os, adolescentes y j\u00f3venes (cf DGC 51b, 184b; IC 69ss). Es tributaria del trabajo educativo que la comunidad cristiana, a trav\u00e9s de diversas instancias, ha realizado en las anteriores edades del joven; y todas las acciones educativas de la fe encuentran su \u00faltima expresi\u00f3n en la catequesis de j\u00f3venes, pues por ella alcanzan el fruto deseado: el joven se reconoce hijo de Dios, se vincula a Jesucristo en la Iglesia y, bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, se incorpora a su misi\u00f3n evangelizadora. Sin embargo, en un contexto de nueva evangelizaci\u00f3n, en muchas ocasiones se ha de presumir que el joven no ha seguido este proceso; por ello se \u00abpostula que las dos acciones, el anuncio misionero y la catequesis de iniciaci\u00f3n, se conciban coordinadamente y se ofrezcan, en la Iglesia particular, mediante un proyecto evangelizador misionero y catecumenal unitario\u00bb (DGC 277).<br \/>\nc) La catequesis de j\u00f3venes y su relaci\u00f3n con otras acciones educativas. Los j\u00f3venes todav\u00ed\u00ada est\u00e1n en un tiempo formativo y en ellos convergen los esfuerzos educativos de diferentes instancias, eclesiales o no: la familia, la parroquia, la universidad, el movimiento apost\u00f3lico&#8230; La integraci\u00f3n de estos esfuerzos educativos parece dif\u00ed\u00adcil; por lo general falta un proyecto unitario capaz de estructurar, coordinar y priorizar opciones, l\u00ed\u00adneas y acciones, en aras de una mejor madurez humana y cristiana de los j\u00f3venes. Por ello, es urgente la coordinaci\u00f3n y articulaci\u00f3n de todas las labores educativas que se realizan con los adolescentes y j\u00f3venes (cf ChL 30; DGC 278; OPJ 27). En dicho marco, la catequesis ha de ser considerada como la acci\u00f3n esencial imprescindible y prioritaria (cf CT 15; DGC 63-64; CC 35-36) para que el joven adquiera una buena identidad cristiana y sea servidor del Reino, en su incorporaci\u00f3n a la sociedad adulta. El obispo y las diversas delegaciones diocesanas deber\u00ed\u00adan prestar este servicio configurando un Proyecto diocesano de catequesis (cf DGC 272-274; CAd 50-61; IC 13-16).<\/p>\n<p>d) La catequesis de j\u00f3venes y la confirmaci\u00f3n. El sacramento de la confirmaci\u00f3n ha sido, en parte, la causa de la recuperaci\u00f3n de la catequesis de j\u00f3venes. Incluso, en los \u00faltimos a\u00f1os, ha entrado a formar parte de su denominaci\u00f3n: catequesis de confirmaci\u00f3n, catecumenado preconfirma torio o posconfirmatorio. La acci\u00f3n catequ\u00e9tica no puede polarizarse en un sacramento, ni ignorar su recepci\u00f3n (cf EN 47). La catequesis est\u00e1 al servicio de la iniciaci\u00f3n cristiana en su conjunto, catecumenal y sacramental, y \u00ablos sacramentos se sit\u00faan en el interior del proceso catequ\u00e9tico -como hitos importantes del mismo-, pero no necesariamente como meta final\u00bb (CC 104). La confirmaci\u00f3n, junto al bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada, es un sacramento de la iniciaci\u00f3n cristiana. La catequesis de j\u00f3venes, sin olvidar su meta \u00faltima, no debe ignorar la importancia de su recepci\u00f3n y la riqueza que estos tres sacramentos pueden aportar al conjunto de su itinerario catequ\u00e9tico (cf IC 39-60). El don de la filiaci\u00f3n por el bautismo, la gracia del Esp\u00ed\u00adritu y la incorporaci\u00f3n al cuerpo de Cristo con la participaci\u00f3n plena en la eucarist\u00ed\u00ada, sin duda redimensionar\u00e1n la catequesis desde un punto de vista m\u00e1s teol\u00f3gico, y la proteger\u00e1n de posibles reducciones de orden antropoc\u00e9ntrico, moralista y metodol\u00f3gico.<\/p>\n<p>2. LA CATEQUESIS DE INICIACI\u00ed\u201cN CRISTIANA. Como venimos diciendo, la catequesis de j\u00f3venes es una acci\u00f3n compleja, y que adquiere matices propios. No s\u00f3lo debe estar al servicio de la iniciaci\u00f3n cristiana, sino que, adem\u00e1s, en la mayor\u00ed\u00ada de los casos, por ser fiel al momento socio-cultural y al joven al que se dirige, debe asumir tambi\u00e9n funciones propias tanto de la etapa misionera como de la pastoral. Aun as\u00ed\u00ad, ganar\u00e1 en riqueza, profundidad y eficacia si atiende al magisterio pastoral, que le recomienda que, como catequesis fundante, adquiera una neta inspiraci\u00f3n catecumenal: \u00ablas condiciones actuales hacen cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s urgente la ense\u00f1anza catequ\u00e9tica bajo la modalidad de un catecumenado para gran n\u00famero de j\u00f3venes y adultos\u00bb (EN 44; DGC 90-91).<\/p>\n<p>Cuando se pide la inspiraci\u00f3n catecumenal, se est\u00e1 solicitando que la catequesis sea un proceso de iniciaci\u00f3n cristiana integral, seg\u00fan manifest\u00f3 Ad gentes, 14: \u00abel catecumenado no es una mera exposici\u00f3n de dogmas y preceptos, sino la formaci\u00f3n y el noviciado debidamente prolongado de toda la vida cristiana, en que los disc\u00ed\u00adpulos se unen a Cristo, su Maestro. Por lo tanto, hay que iniciar adecuadamente a los catec\u00famenos en el misterio de la salvaci\u00f3n, en la pr\u00e1ctica de las costumbres evang\u00e9licas y en los ritos sagrados que deben celebrarse en tiempos sucesivos, e introducirlos en la vida de la fe, la liturgia y la caridad del pueblo de Dios\u00bb. Entendida como formaci\u00f3n y noviciado, \u00abes m\u00e1s que una ense\u00f1anza: es un aprendizaje de toda la vida cristiana, una iniciaci\u00f3n cristiana integral, que propicia un aut\u00e9ntico seguimiento de Jesucristo, centrado en su Persona\u00bb (DGC 67b; cf CT 21.33; CC 80-81). Guiada por esta inspiraci\u00f3n, la catequesis transmite al joven la vida de la comunidad eclesial, que es la propia vida de Dios derram\u00e1ndose sobre ella. Para iniciar a los j\u00f3venes a la vida de fe, \u00abla catequesis se vale de dos grandes medios: la transmisi\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico y la experiencia de vida cristiana\u00bb (DGC 87). El entrenamiento en las diversas dimensiones de la vida cristiana ser\u00e1 el dinamismo que integre ambos medios, hasta que la fe en su conjunto alcance y se enra\u00ed\u00adce en el coraz\u00f3n de los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>Al encontrarse el joven en el per\u00ed\u00adodo previo a su incorporaci\u00f3n al mundo y a la comunidad adulta, el Ritual de la iniciaci\u00f3n cristiana de adultos (RICA) es una buena fuente para concretar la inspiraci\u00f3n catecumenal de su catequesis (cf IC 24-31). El RICA es una buena ayuda a la hora de se\u00f1alar el punto de partida, la meta, el itinerario, las etapas y la misma din\u00e1mica de la catequesis. Y es, adem\u00e1s, un medio para aunar criterios y referencias, tanto en la catequesis como en la pastoral de j\u00f3venes (cf ChL 61). Las indicaciones recogidas en el cap\u00ed\u00adtulo IV de dicho Ritual, destinadas a aquellos adultos ya bautizados pero que no han recibido catequesis ni, por tanto, han sido admitidos a la confirmaci\u00f3n y a la eucarist\u00ed\u00ada, \u00abpueden equipararse a casos similares\u00bb (RICA 295), en concreto a los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>a) Punto de partida de la catequesis de j\u00f3venes. Venimos insistiendo en que siempre hay que considerar al joven en situaci\u00f3n y, desde ah\u00ed\u00ad, adaptar la oferta pastoral de la comunidad. Pero la catequesis es un per\u00ed\u00adodo bien definido, que empieza y termina, que debe tener un punto de partida y una meta final. A veces no encaja la demanda del joven y la oferta de la comunidad; en esos casos habr\u00e1 que hacer un ajuste en la oferta. \u00abEn realidad, la situaci\u00f3n exige a menudo que la acci\u00f3n apost\u00f3lica con los j\u00f3venes sea de \u00ed\u00adndole humanizadora y misionera, como primer paso necesario para que maduren unas disposiciones m\u00e1s favorables a la acci\u00f3n estrictamente catequ\u00e9tica\u00bb (DGC 185). Por tanto, ser\u00e1 necesario tomarse en serio la precatequesis y conducir a los j\u00f3venes a la primera adhesi\u00f3n a Jesucristo, requisito imprescindible para iniciar la catequesis.<\/p>\n<p>Para iniciar el proceso catequ\u00e9tico es conveniente que los j\u00f3venes hayan \u00abdado su primera adhesi\u00f3n a la persona y al evangelio de Jesucristo y deseen incorporarse a la plena comuni\u00f3n eclesial\u00bb (CAd 36). Esta fe y conversi\u00f3n inicial y global a Jesucristo, obra de la gracia, que germina en el coraz\u00f3n del joven afect\u00e1ndole por entero, implica varios aspectos, profundamente unidos entre s\u00ed\u00ad. Dichos elementos ayudar\u00e1n a discernir la entrada del joven en la catequesis (cf AG 13; RICA 15; CC 41): 1) la aceptaci\u00f3n de Dios vivo, con lo que supone de ruptura con la superficialidad, de apertura a la dimensi\u00f3n trascendente de la vida y el trato sencillo, a trav\u00e9s de la oraci\u00f3n, con el Dios que sale a su encuentro; 2) la voluntad de fortalecer su adhesi\u00f3n primera a Jesucristo, manifestada en el deseo de tenerlo como el \u00fanico Se\u00f1or y, por ello, en el inter\u00e9s por conocerle a trav\u00e9s de la lectura del evangelio y el anhelo de seguirle gozosamente en su vida; 3) el sentirse arrancado del pecado para poder llegar a ser un hombre nuevo, que lleva consigo, ante el amor de Dios manifestado en Jes\u00fas, \u00ablos primeros sentimientos de penitencia\u00bb y \u00abla voluntad de cambiar la vida\u00bb, con las rupturas que lleva consigo; 4) el deseo de incorporarse a una comunidad cristiana donde vivir con otros la fe. Las primeras experiencias en el trato y espiritualidad de los cristianos y la valoraci\u00f3n de la tarea evangelizadora de la Iglesia, ser\u00e1n los signos que lo manifiesten.<\/p>\n<p>En muchos casos, la manifestaci\u00f3n externa de dichos elementos ser\u00e1 patente en la opci\u00f3n libre y madura por la catequesis, en la actitud de b\u00fasqueda, asumida con responsabilidad, y la participaci\u00f3n ilusionada en el itinerario. Estos elementos, necesarios, habr\u00e1 que fraguarlos y garantizarlos en lo que en la pastoral catequ\u00e9tica se llama precatequesis y en la pastoral juvenil propuesta cristiana (cf DGC 62).<\/p>\n<p>b) Meta de la catequesis. \u00abEl fin definitivo de la catequesis es poner a uno, no s\u00f3lo en contacto, sino en comuni\u00f3n, en intimidad con Jesucristo\u00bb (DGC 80). Dicha comuni\u00f3n lleva al joven a confesar a Cristo como su Se\u00f1or, a reconocerse en \u00e9l como hijo de Dios y, en el Esp\u00ed\u00adritu, como miembro de la Iglesia e incorporado a su misi\u00f3n de servir al mundo en nombre de Jes\u00fas. La meta, por tanto, es la confesi\u00f3n bautismal de la fe que la catequesis ha de propiciar que en el joven sea \u00abviva, expl\u00ed\u00adcita y operante\u00bb (cf DGC 66; CC 96). Confesi\u00f3n de fe hecha con el coraz\u00f3n, capaz de estructurar la persona, de conferirle identidad y de capacitarle como testigo del evangelio en las situaciones y \u00e1mbitos que le tocan vivir.<\/p>\n<p>La madurez de fe del joven se manifiesta en la adquisici\u00f3n de unas aptitudes que explicitan su confesi\u00f3n de fe: 1) ser capaz de leer la propia vida y acontecimientos cotidianos a la luz del evangelio, proclamado por la Iglesia; y estar capacitado para ayudar a otros a reconocer, en su vida, el paso del Dios encarnado; 2) tener interiorizada la espiritualidad cristiana, sin hacer en la pr\u00e1ctica dicotom\u00ed\u00ada entre acci\u00f3n y contemplaci\u00f3n, compromiso y celebraci\u00f3n, vida cristiana y oraci\u00f3n. Buscar, a trav\u00e9s del di\u00e1logo con el Padre, su voluntad y vivir bajo el impulso del Esp\u00ed\u00adritu el seguimiento de Jes\u00fas; 3) ser agente de fraternidad en la comunidad cristiana, sabiendo compartir la propia experiencia de fe y enriqueci\u00e9ndose con la de los hermanos; sosteniendo y dej\u00e1ndose sostener en el trabajo por el Reino y refiriendo su pertenencia eclesial a toda la Iglesia; 4) ser capaz de incorporarse a la sociedad como servidor del Reino. Deber\u00e1 dejar que los calores evang\u00e9licos impregnen sus opciones de vida y su inserci\u00f3n en la sociedad, de modo que, en su vida ordinaria, sea servidor de los pobres y constructor del Reino. Deber\u00e1 plantearse la vocaci\u00f3n concreta a la que Dios le llama.<\/p>\n<p>Al final del per\u00ed\u00adodo catequ\u00e9tico, estas o semejantes aptitudes deber\u00e1n estar expl\u00ed\u00adcitamente apuntadas. El joven, bajo el impulso de la gracia de Dios y con la ayuda del grupo de referencia y de la comunidad cristiana, tendr\u00e1 la responsabilidad de desarrollarlas para que den fruto en su vida.<\/p>\n<p>c) Iniciaci\u00f3n cristiana y las tareas de la catequesis. La catequesis debe iniciar al joven en toda la vida cristiana. El joven tiene acceso a ella a trav\u00e9s del aprendizaje y entrenamiento en las diversas dimensiones que la integran. Estas dimensiones o tareas, aunque son complementarias y se desarrollan conjuntamente, requieren entrenamientos distintos y pedagog\u00ed\u00adas diferenciadas a la hora de lograr la identificaci\u00f3n del joven con Cristo. Su ejercicio no se reduce a su tematizaci\u00f3n. M\u00e1s bien, pasa por diversas etapas, en las que los entrenamientos, seg\u00fan la propia din\u00e1mica y la capacidad del joven, recibir\u00e1n acentuaciones diversas hasta enraizar la fe en la experiencia humana del joven. Su objetivo ser\u00e1 favorecer la personalizaci\u00f3n de la fe por parte del joven, fruto siempre del don de Dios y de su compromiso. Estas tareas (cf RICA 19; DGC 94-87; CC 84-94; IC 17-23; CAd c. VII)7 son:<br \/>\n&#8211; Conocimiento de los contenidos de fe. La fe en Cristo lleva a desear conocer m\u00e1s su misterio salvador. Esta dimensi\u00f3n supone la asimilaci\u00f3n de nociones, valores, experiencias y acontecimientos. A partir de las realidades objetivas, basadas en la revelaci\u00f3n y que van m\u00e1s all\u00e1 de acomodaciones y subjetivismos, el joven deber\u00e1 encontrarse personalmente con Cristo. El conocimiento comprensivo y vivencial de la fe expresada en el credo, iluminar\u00e1 cristianamente la existencia del joven, alimentar\u00e1 su vida de fe y le capacitar\u00e1 para dar raz\u00f3n de ella en el mundo (cf DGC 85a). El entrenamiento en la revisi\u00f3n de vida y en la lectio divina propiciar\u00e1n la posterior formaci\u00f3n permanente de los j\u00f3venes.<\/p>\n<p>&#8211; Entrenamiento en la vida evang\u00e9lica. La adhesi\u00f3n personal a Jes\u00fas implica caminar en su seguimiento. Las bienaventuranzas como despliegue del mandamiento del amor son, a la vez, obra del esp\u00ed\u00adritu de Dios y ejercicio del joven por identificarse con el crucificado. La catequesis, al educar la conciencia moral del joven, debe ayudarle a percibir c\u00f3mo toda la vida queda transformada por la fuerza de la fe, cuando esta es acogida generosamente. La catequesis deber\u00e1 mostrar, tambi\u00e9n, las consecuencias sociales de las exigencias evang\u00e9licas (cf DGC 85c; CT 29). Junto a la din\u00e1mica grupal, las convivencias y otras actividades (en el verano u otras \u00e9pocas), ayudar\u00e1n a esta iniciaci\u00f3n el contacto frecuente con cristianos maduros de la comunidad inmediata, ejemplo de una vida configurada con Cristo.<\/p>\n<p>&#8211; Iniciaci\u00f3n en la oraci\u00f3n y celebraci\u00f3n lit\u00fargica. La acogida y acci\u00f3n de gracias por el amor del Padre, manifestado en Jes\u00fas, es una dimensi\u00f3n fundamental de la vida cristiana. La comuni\u00f3n con Jesucristo conduce a celebrar su presencia salv\u00ed\u00adfica en los sacramentos. M\u00e1s a\u00fan, la introducci\u00f3n en la vida sacramental, as\u00ed\u00ad como el aprendizaje de la oraci\u00f3n de Jes\u00fas, con las mismas actitudes y sentimientos con los que \u00e9l se dirig\u00ed\u00ada al Padre, facilitar\u00e1 y orientar\u00e1 el conjunto de la iniciaci\u00f3n en la vida cristiana. Las celebraciones de la palabra, la participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada dominical, las celebraciones de los ritos de paso, junto al ejercicio oracional, tanto grupal como personalmente, potenciar\u00e1n la experiencia religiosa del joven. La entrega del padrenuestro, resumen de todo el evangelio, y una catequesis mistag\u00f3gica ser\u00e1n verdadera expresi\u00f3n de la realizaci\u00f3n de esta tarea (cf DGC 85b.d).<\/p>\n<p>&#8211; Educaci\u00f3n en la vida comunitaria. Quien se une a Jes\u00fas se une al grupo de sus disc\u00ed\u00adpulos; no se puede tener a Cristo como cabeza si no se forma parte de su cuerpo. La catequesis debe fomentar en el joven las actitudes que fraguar\u00e1n en \u00e9l un esp\u00ed\u00adritu comunitario y verificar\u00e1n realmente su pertenencia eclesial: el esp\u00ed\u00adritu de sencillez y humildad, la solicitud preferente por los m\u00e1s peque\u00f1os y alejados, la correcci\u00f3n fraterna, la oraci\u00f3n en com\u00fan, el perd\u00f3n mutuo, junto con el amor fraterno que las corona, son elementos que fraguar\u00e1n el sentido comunitario (cf DGC 86a). Una vivencia del grupo de j\u00f3venes, que trascienda una mera consideraci\u00f3n de psico-grupo y que se vea impregnada por estas actitudes, as\u00ed\u00ad como la participaci\u00f3n activa en actos comunitarios de la comunidad inmediata y en celebraciones de tipo diocesano, ser\u00e1 el modo de alentar la pertenencia eclesial del joven.<\/p>\n<p>&#8211; Ejercitaci\u00f3n en el compromiso apost\u00f3lico y misionero. Quien ha sido engendrado a una nueva vida por el evangelio de Jes\u00fas se transforma en evangelizador. El joven, en camino de insertarse adultamente en la sociedad y la Iglesia, ha de verse capacitado para ser testigo del evangelio. La posible cooperaci\u00f3n en alguno de los servicios eclesiales para la evangelizaci\u00f3n, no servir\u00e1 de justificaci\u00f3n para no vivir de manera apost\u00f3lica all\u00ed\u00ad en donde se encuentre. Su presencia en el ambiente universitario o profesional, en su mundo familiar o de amistad, en el medio cultural o de ocio&#8230; debe estar siempre inspirada en el evangelio (cf DGC 86b; CC 92). A partir de catequesis espec\u00ed\u00adficas sobre el compromiso cristiano y la responsabilidad misionera en el mundo, se ha de ayudar al joven a comprender que su apostolado no brota de una mera estrategia, sino que radica en su propia identidad cristiana. Una identidad progresivamente interiorizada, testimoniante, capaz de mantener la confrontaci\u00f3n en ambientes hostiles y consumada en la capacidad de anunciar y proponer el evangelio como raz\u00f3n de la existencia. Esta iniciaci\u00f3n ser\u00e1 tanto m\u00e1s rica cuanto m\u00e1s solidario se vaya haciendo el joven con la realidad que le rodea, y participe activamente en grupos que trabajan en favor del Reino. Todo ello ha de ser alentado y revisado en el transcurso de la catequesis.<\/p>\n<p>&#8211; Discernimiento de la vocaci\u00f3n. Jes\u00fas mira con cari\u00f1o y pronuncia el nombre del que quiere que sea su disc\u00ed\u00adpulo; quien lo escucha, se reconoce convocado a estar con Jes\u00fas, capacitado y enviado para la tarea del Reino. La catequesis debe ayudar al joven, en su trato confiado y reconfortante con Jes\u00fas, a discernir cu\u00e1l es la vocaci\u00f3n a la que el Se\u00f1or le llama. Esta tarea, necesaria en toda catequesis, es especialmente importante en la de j\u00f3venes que buscan su lugar en la sociedad y en la Iglesia. En la medida en que la propuesta y discernimiento vocacional sea tomado en cuenta en la catequesis, as\u00ed\u00ad se favorecer\u00e1 y garantizar\u00e1 la incidencia de la fe en la totalidad de la vida del joven. Pueden ayudar a este discernimiento una intensa vida de oraci\u00f3n, las actitudes de agradecimiento y generosidad por reconocerse amado por Dios y la pasi\u00f3n por la construcci\u00f3n del Reino.<\/p>\n<p>3. LINEAS FUERZA DE LA CATEQUESIS DE J\u00ed\u201cVENES. La catequesis de j\u00f3venes deben asentarse en unas l\u00ed\u00adneas fuerza que le sirvan de fuente de inspiraci\u00f3n y de horizonte en los momentos de confusi\u00f3n y dificultad (cf IC 43):<br \/>\na) La experiencia de Dios8. Dios sale al encuentro del joven, se hace presente en su vida, le llama y le invita a penetrar en su misterio de amor. La iniciativa de Dios es gracia, no es derecho del joven ni favor que hace a Dios. A \u00e9l le toca responder en libertad, y el catequista es garante y testigo de ello. La experiencia de encuentro con Dios es el elemento catalizador que articula y da sentido a los dem\u00e1s elementos integrantes del proceso de iniciaci\u00f3n cristiana. En el ambiente secularista que impera, esta perspectiva es crucial a la hora de presentar, sin reduccionismos, el misterio de Cristo. Nadie va al Padre sino por el Hijo (cf Mt 11,27). Nadie tiene acceso al misterio de Dios sino penetrando en el misterio de Cristo, el cual es revelado por su Esp\u00ed\u00adritu (cf Jn 14,7.26). Por eso, la catequesis debe ayudar al joven a reconocer a Dios como el Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo (Ef 1,3). Ha de ayudar a descubrir un Dios trascendente, totalmente Otro, a la vez que cercano y providente, en su vida y en la historia que le toca vivir. Padre bueno que, tratado filialmente por el joven, en un acto de salida de s\u00ed\u00ad y de entrega confiada, es fuente de salvaci\u00f3n y vida; roca firme en donde asentar la existencia. Relaci\u00f3n filial puesta de manifiesto en la colaboraci\u00f3n obediente en la construcci\u00f3n de su Reino. La elaboraci\u00f3n de la historia personal, vista desde la fe, ayudar\u00e1 al joven a descubrir a Dios actuando en su vida: am\u00e1ndole, salv\u00e1ndole y recre\u00e1ndole, y a \u00abdescubrir cada vez m\u00e1s el proyecto de Dios en su propia vida\u00bb (DGC 152c).<\/p>\n<p>b) El seguimiento e identificaci\u00f3n con Cristo. Nadie va a Jes\u00fas, el Hijo, si el Padre no se lo revela y le atrae (cf Jn 6,44-45). En la etapa catequ\u00e9tica cambia la din\u00e1mica de la precatequesis; el joven debe descentrarse y dejarse instruir por el propio Dios, a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de la Iglesia. El no es la medida del mensaje cristiano; es el propio Cristo, testimoniado y actualizado por el Esp\u00ed\u00adritu a trav\u00e9s de la ense\u00f1anza del catequista. El fomento de actitudes como la gratuidad, la escucha, la acogida, la contemplaci\u00f3n y la generosidad, ayudar\u00e1n al joven a abrirse a la objetividad del misterio de Cristo, de modo que, sin caer en subjetivismo, lo haga experiencia propia.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, despu\u00e9s de la pascua, es Se\u00f1or del Reino y sale al encuentro de todo hombre. La catequesis debe hacer del encuentro con Cristo su categor\u00ed\u00ada central. Su persona, su vida, sus obras, sus palabras, llegan actuales al joven y le permiten establecer una aut\u00e9ntica relaci\u00f3n de amistad con aquel que se presenta como su Salvador y Se\u00f1or. Esta relaci\u00f3n suscitar\u00e1 y alentar\u00e1 el deseo del joven de seguir a Jes\u00fas y se consumar\u00e1 en la identificaci\u00f3n con Cristo hasta dejar que viva en \u00e9l; pues, por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, \u00abtodo lo que Cristo vivi\u00f3 hace que podamos vivirlo en \u00e9l, y que \u00e9l lo viva en nosotros\u00bb (CCE 521). El contacto de los j\u00f3venes con los signos del Resucitado: la Iglesia, la Palabra, los sacramentos, la comunidad, los pobres, los seguidores de Jes\u00fas, los signos de los tiempos&#8230; favorecer\u00e1n el encuentro con Cristo. Los momentos de dificultad que brotan del seguimiento de Cristo y de la incorporaci\u00f3n a la tarea apost\u00f3lica, si son acompa\u00f1ados por el catequista y convenientemente iluminados, facilitar\u00e1n la participaci\u00f3n del joven en la pascua de Cristo (cf Ef 3,7-11).<\/p>\n<p>c) La acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. S\u00f3lo en la medida en que el joven se deje coger por la mano del Esp\u00ed\u00adritu podr\u00e1 llamar a Dios \u00abAbba, Padre\u00bb (cf Rom 8,15; G\u00e1l 4,6) y proclamar con sus palabras y obras que \u00abJes\u00fas es el Se\u00f1or\u00bb (cf ICor 12,3). La fe del joven, su vida de caridad y su esperanza confiada, son fruto del don que viene de lo alto, del Esp\u00ed\u00adritu Par\u00e1clito. Es \u00e9l el que hace contemplar y gustar \u00ablo que el ojo no vio, lo que el o\u00ed\u00addo no oy\u00f3, lo que ning\u00fan hombre imagin\u00f3, eso que prepar\u00f3 Dios para los que le aman\u00bb (cf 1Cor 2,7-16). Los elementos de la catequesis son s\u00f3lo instrumentos que mueven esta mano divina para manifestar e interiorizar la revelaci\u00f3n amorosa de Dios. Es necesario que el catequista tenga esta convicci\u00f3n y se la transmita al joven.<\/p>\n<p>En la medida en que el joven experimente que su vida cristiana se cimenta en el don de Dios, se suscitar\u00e1 en ,\u00e9l una entrega generosa por el evangelio, que trascender\u00e1 sus c\u00e1lculos e ir\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de sus fuerzas. S\u00f3lo el consentimiento de la acci\u00f3n misteriosa del Esp\u00ed\u00adritu le permitir\u00e1 alcanzar la talla de Cristo Jes\u00fas. La catequesis debe esforzarse en ser escuela donde el joven se disponga a la escucha, saliendo de la superficialidad, y donde aprenda el lenguaje callado del Esp\u00ed\u00adritu, que habla en su interior y en el mundo. El fomento de una intensa vida espiritual, junto con la aceptaci\u00f3n serena y confiada de los propios l\u00ed\u00admites, ayudar\u00e1 a esta dimensi\u00f3n.<\/p>\n<p>d) La integraci\u00f3n fe-vida. El proceso catequ\u00e9tico tiene como objetivo final \u00abque el joven descubra en Cristo la plenitud de sentido y el sentido de la totalidad de su vida, y busque la m\u00e1s plena identificaci\u00f3n con \u00e9l\u00bb (CAd 30). En otras palabras, que integre vida y fe; esto es posible cuando tiene capacidad de estructurar su personalidad, configurar su proyecto de vida y atravesar todas las \u00e1reas cotidianas de su existencia. En el itinerario catequ\u00e9tico, se procurar\u00e1 que los sentimientos, los deseos y las apetencias del joven, sean motivados por la fe, a trav\u00e9s de un proceso progresivo de personalizaci\u00f3n. Si no se llega al centro de la persona, todo esfuerzo por educar cristianamente queda reducido a un barniz superficial. Para ello, la catequesis ayudar\u00e1 a los j\u00f3venes a que est\u00e9n atentos a sus experiencias m\u00e1s importantes, a juzgar a la luz del evangelio las preguntas y necesidades que brotan de esas experiencias, y a vivir la vida de un modo nuevo (cf DGC 152). Es de gran trascendencia en estas edades, por la importancia que tiene en el conjunto de la formaci\u00f3n cristiana, la educaci\u00f3n para el amor; por ello, se ha de ayudar a madurar humana y cristianamente la dimensi\u00f3n afectiva del joven.<\/p>\n<p>En una sociedad pluralista, donde la fe no atraviesa la cultura imperante, es necesario que la catequesis favorezca la identidad cristiana de los j\u00f3venes, aun pujando con su tendencia hacia una identidad fragmentada. El joven cristiano deber\u00e1 ser capaz de hacer s\u00ed\u00adntesis personal entre fe y cultura, y de actualizar y rehacer creativamente el evangelio en su vida. S\u00f3lo entonces podr\u00e1 ser evangelizador de la sociedad y procurar\u00e1 que la cultura sea expresi\u00f3n y cauce de los valore de Jes\u00fas y de la fe de los cristianos, que \u00e9l ha interiorizado. Es necesario que la catequesis ejercite a los j\u00f3venes para tomar una postura confesional, desde actitudes de di\u00e1logo y tolerancia, que les lleve a anunciar el evangelio en sus ambientes, en el lenguaje del mundo joven al que pertenecen (cf DGC 207-208).<br \/>\ne) La incorporaci\u00f3n a la Iglesia y a su misi\u00f3n evangelizadora. La catequesis es el despliegue de toda la riqueza de la vida eclesial y la introducci\u00f3n del grupo de j\u00f3venes en la misma. Sin su incorporaci\u00f3n a la comunidad cristiana, y por ella a la Iglesia, la vida cristiana no durar\u00ed\u00ada ni dar\u00ed\u00ada frutos en el tiempo. Es necesario que el joven comprenda que s\u00f3lo se puede encontrar y seguir a Jes\u00fas en esta Iglesia, santa y pecadora, divina y humana. As\u00ed\u00ad como la catequesis ayuda a descubrir, tras la humanidad de Jes\u00fas, su condici\u00f3n de Hijo de Dios, de la misma manera debe ayudar a descubrir, tras la Iglesia y su historia, su misteno como sacramento de salvaci\u00f3n. En definitiva, debe ayudar al joven \u00aba hacer el paso del signo al misterio\u00bb (cf DGC 108d), y a comprender que la fe en Dios le lleva a tener a la Iglesia como objeto de fe, pues en la medida en que acoja su misterio tendr\u00e1 acceso al misterio salvador de Dios, que en ella habita y se revela.<\/p>\n<p>Por tanto, la catequesis, expl\u00ed\u00adcita e impl\u00ed\u00adcitamente, debe facilitar al joven el conocimiento de la Iglesia, su estima y la incorporaci\u00f3n a su tarea evangelizadora, especialmente entre los j\u00f3venes. El contacto frecuente con la comunidad cristiana, el propio grupo de j\u00f3venes, la participaci\u00f3n en los sacramentos de la Iglesia, la cercan\u00ed\u00ada de los testigos cristianos, el testimonio de los diferentes carismas, son elementos que no pueden faltar en la catequesis, para que se favorezca realmente esta pertenencia comprometida.<\/p>\n<p>4. AGENTES DE LA CATEQUESIS DE J\u00ed\u201cVENES. Por muy aquilatado que sea el itinerario de catequesis en el conjunto de la acci\u00f3n evangelizadora de j\u00f3venes, y aunque se disponga de buenos materiales, el \u00e9xito de su iniciaci\u00f3n cristiana depende en gran medida de la calidad de los agentes.<\/p>\n<p>a) La comunidad cristiana. \u00abLa comunidad cristiana es el origen, lugar y meta de la catequesis\u00bb (DGC 254; cf IC 14). En efecto, la iniciaci\u00f3n cristiana de los j\u00f3venes \u00abno deben procurarla solamente los catequistas o los sacerdotes, sino toda la comunidad de fieles\u00bb (AG 14). Ella, como responsable de la catequesis y a trav\u00e9s del modo particular de cada uno de sus miembros, debe acompa\u00f1ar a los j\u00f3venes catequizandos en su itinerario catequ\u00e9tico, hasta hacerles part\u00ed\u00adcipes de su propia experiencia de fe e incorporarlos en su seno (cf DGC 220).<\/p>\n<p>Para que estas afirmaciones y deseos del nuevo Directorio se puedan cumplir, y la catequesis de j\u00f3venes alcance la meta deseada, es necesario que se den una serie de condiciones: la existencia de un n\u00facleo comunitario compuesto de cristianos ya iniciados en la fe; la participaci\u00f3n de los j\u00f3venes en la eucarist\u00ed\u00ada dominical y en los acontecimientos y actividades de la comunidad, hasta convertirse en su ambiente vital de vida cristiana; la cercan\u00ed\u00ada afectuosa de los cristianos m\u00e1s maduros y que pueden ser referencia atractiva para los j\u00f3venes, en especial la del sacerdote; la elaboraci\u00f3n de un proyecto de catequesis de j\u00f3venes en sinton\u00ed\u00ada con el diocesano, pero que, a la vez, responda al proyecto pastoral que sustenta la comunidad, para no crear discordias a la hora de integrarlos al final del proceso; la coordinaci\u00f3n cordial de todas las instancias educativas: colegios, asociaciones, movimientos&#8230;; el respeto y acompa\u00f1amiento de los catequistas; la integraci\u00f3n de los j\u00f3venes en alguna acci\u00f3n apost\u00f3lica de la comunidad.<\/p>\n<p>b) Los catequistas. El catequista, llamado por el Se\u00f1or, a trav\u00e9s de la comunidad, a participar de su misi\u00f3n de maestro tiene, en el carisma recibido del Esp\u00ed\u00adritu, la luz y la fortaleza suficiente para realizar la misi\u00f3n que se le ha encomendado. Es, sobre todo, en la catequesis de j\u00f3venes donde la persona del catequista se convierte en mediaci\u00f3n privilegiada que facilita el di\u00e1logo entre Dios y el joven (cf DGC 139; cf IC 44). Es, a la vez que maestro de fe, testigo del Se\u00f1or. Sus cualidades humanas, estilo de vida, capacidades educativas, experiencia de fe, vinculaci\u00f3n a la comunidad, su relaci\u00f3n personal con el catequizando&#8230;, vividos como talentos recibidos de Dios y puestos a fr\u00factificar en la formaci\u00f3n de los j\u00f3venes, ser\u00e1n expresi\u00f3n de la condescendencia divina, por la cual Dios se acerca al joven y le trata como amigo (cf DGC 156). El catequista de j\u00f3venes ha de tener, en la autoridad personal y en la cercan\u00ed\u00ada amistosa, dos polos que, en un equilibrio inestable, nunca deben faltar. Su autoridad, lograda por la confianza que le confiere el joven, respaldar\u00e1 la propuesta cristiana que ha de hacer en nombre de la Iglesia. La cercan\u00ed\u00ada, motivada en la encomienda que la comunidad le ha hecho del grupo de j\u00f3venes, se convertir\u00e1 en referencia segura para estos.<\/p>\n<p>Su funci\u00f3n de catequista referida a los j\u00f3venes, la ha de realizar subrayando tanto el acompa\u00f1amiento grupa] como el personal. \u00abEl catequista que participa en la vida del grupo y advierte y valora su din\u00e1mica, reconoce y ejerce como cometido primario y espec\u00ed\u00adfico el de ser, en nombre de la Iglesia, testigo del evangelio, capaz de comunicar a los dem\u00e1s los frutos de su fe madura y de alentar con inteligencia la b\u00fasqueda com\u00fan\u00bb (DGC 159). En cuanto educador de la persona del joven, ha de subrayar su cercan\u00ed\u00ada personal, el trato de persona a persona, basado en una relaci\u00f3n emp\u00e1tica, por la que el joven se sienta acogido, valorado, corregido y potenciado desde el cari\u00f1o y la referencia permanente al evangelio. Sin olvidar que, \u00abgracias a una labor de sabio acompa\u00f1amiento, el catequista realiza un servicio de los m\u00e1s valiosos a la catequesis: ayudar a los catequizandos a discernir la vocaci\u00f3n a la que Dios los llama\u00bb (DGC 156).<\/p>\n<p>c) El grupo de j\u00f3venes. El grupo de catequesis de j\u00f3venes est\u00e1 llamado a ser un grupo de referencia primario para cada miembro que lo compone. Los grupos primarios son fundamentales a la hora de procurar la personalizaci\u00f3n y socializaci\u00f3n de sus miembros. Estos grupos que satisfacen, al menos idealmente, la necesidad de relaciones aut\u00e9nticamente humanas, espont\u00e1neas, directas y profundas de los individuos, y son capaces de transmitir significados, son necesarios para que el sujeto se desarrolle, afirme y fortalezca su identidad personal. Si este tipo de grupos es necesario para todo individuo, m\u00e1s lo es para el joven que est\u00e1 en el per\u00ed\u00adodo do la vida en el cual se juega la consolidaci\u00f3n de su identidad e incorporaci\u00f3n a la sociedad adulta. El grupo peque\u00f1o se convierte para el joven en una necesidad vital para la formaci\u00f3n de su personalidad. Si el grupo de catequesis no se lo ofrece, ya buscar\u00e1 el joven otro grupo de referencia, que en verdad ser\u00e1 el que configure su persona y su sentido de la vida.<\/p>\n<p>\u00abAdem\u00e1s de ser un elemento de aprendizaje, el grupo cristiano est\u00e1 llamado a ser una experiencia de comunidad y una forma de participaci\u00f3n en la vida eclesial, encontrando en la m\u00e1s amplia comunidad eucar\u00ed\u00adstica su plena manifestaci\u00f3n y su meta\u00bb (DGC 159). Para lograr este objetivo, y sin negar el clima humano y cercano, los j\u00f3venes deben considerar el grupo como convocatoria de Dios. Es el deseo de seguir al mismo Se\u00f1or lo que les une. Es el esp\u00ed\u00adritu de Dios, el que, obrando en ellos, va creando lazos de fraternidad. Y es la aceptaci\u00f3n del amor misericordioso del Padre com\u00fan, la que facilita la acogida y comprensi\u00f3n mutua, por encima de las diferencias. Esta peque\u00f1a escuela de comuni\u00f3n que debe ser el grupo de catequesis es la que abrir\u00e1 al joven las puertas de la pertenencia eclesial y le insertar\u00e1 en su misterio de comuni\u00f3n y misi\u00f3n.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Cf L. GONZ\u00ed\u0081LEZ-CARVAJAL, Luces y sombras de los j\u00f3venes espa\u00f1oles, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 54 (1995) 11-12. &#8211; 2. Cf J. CoLOMB, Manual de catequ\u00e9tica II, Herder, Barcelona 1971, 445-455. &#8211; 3. Cf J. GARC\u00ed\u008dA ROCA, Constelaciones de los j\u00f3venes, Cristianisme i justicia, Barcelona 1994, 5. &#8211; 4. cf J. ELZO, Ensayo tipol\u00f3gico de la juventud espa\u00f1ola, en J\u00f3venes espa\u00f1oles 94, SM-Fundaci\u00f3n Santa Mar\u00ed\u00ada, Madrid 1994, 219-228. &#8211; 5 Cf L. GONZ\u00ed\u0081LEZ-CARVAJAL, a.c. &#8211; 6. Cf J. GARC\u00ed\u008dA ROCA, a.c. -7. Tambi\u00e9n seguimos el documento de la Comisi\u00f3n episcopal de apostolado seglar, J\u00f3venes en la Iglesia, cristianos en el mundo. Proyecto marco de pastoral de juventud, 76-77. &#8211; 8. Cf A. PEREZ DE AZPILLAGA, Bases para una presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica de Dios a los j\u00f3venes, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 23-24 (1987) 461-482.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Del catecumenado a la comunidad, San P\u00ed\u00ado X, Madrid 1983; AA.VV., Educar a los j\u00f3venes en la fe. Itinerario de evangelizaci\u00f3n para la comunidad cristiana, CCS, Madrid 1991; AA.VV., Pastoral de hoy para ma\u00f1ana. Nuevas perspectivas de la pastoral con j\u00f3venes, CCS, Madrid 1993; BOTANA A., Iniciaci\u00f3n a la comunidad, CVS, Valladolid; ESPINA G., Y despu\u00e9s de la confirmaci\u00f3n, \u00bfqu\u00e9?, San P\u00ed\u00ado X, Madrid 1987; MoviLLA S., Ofertas pastorales para los j\u00f3venes de los 80, San Pablo, Madrid 1984; RIQUELME A. M., Pastoral juvenil diocesana, CCS, Madrid 1993; SASTRE J., El acompa\u00f1amiento espiritual, San Pablo, Madrid 1994&#8242;; SASTRE J.-CUADRADO R., Los j\u00f3venes evangelizadores de j\u00f3venes, San Pablo, Madrid 1993; SECRETARIADO DIOCESANO DE CATEQUESIS DE HUELVA, Confirmados en la fe por el Esp\u00ed\u00adritu, San Pablo, Madrid (Cuaderno del alumno, 1997&#8243;; Gu\u00ed\u00ada del catequista, 1995&#8243;); Guiados por el Esp\u00ed\u00adritu, San Pablo, Madrid (Cuaderno del alumno, 1995&#8243;; Gu\u00ed\u00ada del catequista, 19807); TONELLI R., Pastoral juvenil. Anunciar a Jesucristo en la vida diaria, CCS, Madrid 1985. N\u00fameros monogr\u00e1ficos de la revista Teolog\u00ed\u00ada y catequesis: \u00bfEs posible hoy una pastoral de juventud?, 15-16 (1985); La confirmaci\u00f3n en la vida de la Iglesia, 21 (1987); Catequesis de j\u00f3venes, 54 (1995).<\/p>\n<p>Juan Carlos Carvajal Blanco<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. \u00bfQui\u00e9nes son los j\u00f3venes?: 1. La cultura juvenil; 2. Los j\u00f3venes y la fe. II. La catequesis de j\u00f3venes: 1. Marcos y referencias de la catequesis de j\u00f3venes; 2. La catequesis de iniciaci\u00f3n cristiana; 3. L\u00ed\u00adneas fuerza de la catequesis de j\u00f3venes; 4. Agentes de la catequesis de j\u00f3venes. La Iglesia \u00abexiste para &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/jovenes-catequesis-de\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abJOVENES, CATEQUESIS DE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17018","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17018","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17018"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17018\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17018"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17018"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17018"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}