{"id":17019,"date":"2016-02-05T11:05:24","date_gmt":"2016-02-05T16:05:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/laicos-seglares\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:24","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:24","slug":"laicos-seglares","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/laicos-seglares\/","title":{"rendered":"LAICOS-SEGLARES"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La condici\u00f3n del laico en la Iglesia: 1. Consideraciones generales; 2. El laico a la luz de los documentos conciliares. II. Misi\u00f3n del laico en la Iglesia y en el mundo: 1. Principios generales; 2. Protagonismo del seglar en la comunidad eclesial; 3. Los laicos y la presencia de la Iglesia en el mundo. III. La espiritualidad laical: 1. El punto de partida; 2. Principales rasgos. IV. Aportaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del laico a la acci\u00f3n catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>1. La condici\u00f3n del laico en la Iglesia<br \/>\n1. CONSIDERACIONES GENERALES. El estatuto del laico en la Iglesia actual descansa sobre la doctrina del Vaticano II. La doctrina conciliar en torno a los laicos retorna la gran tradici\u00f3n de la Iglesia, hecho decisivo a la hora de inspirar la renovaci\u00f3n de la visi\u00f3n teol\u00f3gica de los laicos.<\/p>\n<p>Aun admitiendo que la doctrina conciliar sobre los laicos adolece de cierta ambig\u00fcedad1, la gran aportaci\u00f3n conciliar consiste en reconocer que los laicos son el elemento central de la acci\u00f3n de la Iglesia en el mundo y sujetos activos y responsables de la comunidad eclesial. Esta condici\u00f3n laical arranca de los sacramentos, que son los que hacen a los seglares ontol\u00f3gicamente iguales a todos los cristianos, sin diluir la diversidad de carismas y de ministerios que se dan en la Iglesia.<\/p>\n<p>Antes del Vaticano II, el laico era considerado corno una persona pasiva, sometida siempre a la jerarqu\u00ed\u00ada. El Concilio define ahora al laicado de forma positiva. En su reflexi\u00f3n sobre la Iglesia (LG), el Vaticano II ha puesto las bases para una visi\u00f3n eclesiol\u00f3gica renovada, al optar por poner delante del cap\u00ed\u00adtulo sobre la jerarqu\u00ed\u00ada un cap\u00ed\u00adtulo sobre el pueblo de Dios.<\/p>\n<p>La Iglesia es un misterio, y la categor\u00ed\u00ada fundamental que lo define no es la de jerarqu\u00ed\u00ada, sino la de pueblo de Dios. De este modo, se han puesto las bases de una eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n en la que todos los miembros de la Iglesia son participantes y responsables: \u00abLa realidad de la Iglesia-comuni\u00f3n es entonces parte integrante, m\u00e1s a\u00fan, representa el contenido central del misterio, o sea, del designio divino de salvaci\u00f3n de la humanidad\u00bb2.<\/p>\n<p>Dentro de la Iglesia-comuni\u00f3n emerge con fuerza la vocaci\u00f3n de los laicos, \u00abllamados por Dios para contribuir desde dentro, a modo de fermento, a la santificaci\u00f3n del mundo\u00bb (LG 31). De ella se hace eco Christifideles laici (ChL). En una doble dimensi\u00f3n: 1) ante todo, vocaci\u00f3n de los laicos a la santidad, que \u00abest\u00e1 en la base de todas las vocaciones y del dinamismo de la vida cristiana de los fieles laicos\u00bb (ChL 9); 2) y desde esta premisa fundamental, vocaci\u00f3n de los laicos a realizar la misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la Iglesia: \u00abellos son llamados a trabajar en la vi\u00f1a del Se\u00f1or, de quien reciben una misi\u00f3n en favor de la Iglesia y del mundo\u00bb (ChL 3; cf LG 33; AA 33).<\/p>\n<p>2. EL LAICO A LA LUZ DE LOS DOCUMENTOS CONCILIARES. 1) El laico es un miembro pleno del pueblo de Dios. La Iglesia es una comunidad homog\u00e9nea a la que todos sus miembros pertenecen por el bautismo (LG 2). Por el bautismo, el bautizado participa del profetismo, del sacerdocio y de la realeza de Cristo (LG 31). Esta condici\u00f3n com\u00fan cristiana precede teol\u00f3gica y cronol\u00f3gicamente a la diversidad de carismas y de ministerios. 2) Esta dignidad igual de todos los miembros de la Iglesia surge de la participaci\u00f3n en el bautismo (LG 32; CD 1 I ). Una dignidad igual, a la que corresponde una responsabilidad comunitaria, compartida por todos en la Iglesia y en la misi\u00f3n pastoral de esta en el mundo. 3) El laico tiene su participaci\u00f3n propia a la totalidad de lo que es el pueblo de Dios (LG 30, 31, 33; AA 2, 10, 33; AG 21; CD 11; PO 9). Porque en la Iglesia hay ministerios diversos (LG 32), el laico participa de la vida de la Iglesia de forma corresponsable y complementaria con la jerarqu\u00ed\u00ada y con los religiosos (LG 30, 37; AA 25; PO 9; GS 92), para la edificaci\u00f3n de la Iglesia en el mundo y la inspiraci\u00f3n cristiana del orden temporal (LG 43; AA 5). 4) La LG indica como espec\u00ed\u00adfico y caracte-r\u00ed\u00adstico de la identidad laical la secularidad: esta manera de ser fiel que es el laicado, realiza su participaci\u00f3n plena en la vida del pueblo de Dios y en su ministerio, permaneciendo en su situaci\u00f3n secular (LG 31, 43; AA 2, 7; AG 21; GS 43). Al seglar le pertenece, por derecho propio, la \u00abciudadan\u00ed\u00ada del mundo\u00bb (LG 31), de manera espec\u00ed\u00adfica pero no exclusiva (LG 34; AA 6; GS 43)3. Todo el pueblo de Dios es responsable de la totalidad de su vida y de su apostolado. Los laicos son protagonistas de pleno derecho en la evangelizaci\u00f3n (AA 18; AG 11); la participaci\u00f3n en el apostolado y en la vida interna de la Iglesia es un derecho de todo cristiano y no una concesi\u00f3n jer\u00e1rquica (AA 3). 5) El fundamento teol\u00f3gico de la identidad laical es el bautismo. El concilio recupera el sentido teol\u00f3gico del concepto laico: miembro del pueblo de Dios por el bautismo. Teol\u00f3gicamente hablando, no existe diferencia alguna entre laico y cristiano, entre seglar y miembro de la Iglesia. Esta identidad entre vocaci\u00f3n cristiana y condici\u00f3n laical fundamenta y clarifica el protagonismo de los laicos y realza el valor de su vocaci\u00f3n y de sus tareas en la Iglesia. Los derechos y responsabilidades del seglar emanan no del mandato jer\u00e1rquico, sino de su bautismo y de su estado secular (LG 31; AA 1).<\/p>\n<p>II. Misi\u00f3n del laico en la Iglesia y en el mundo<br \/>\n1. PRINCIPIOS GENERALES. La actividad del seglar es participar en la totalidad de la misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica que la Iglesia ha recibido de Cristo (LG 31, 33, 35; AA 2, 10; AG 21; PO 9; CD 11): 1) La finalidad del apostolado de los seglares consiste en anunciar el evangelio, santificar el mundo y animar el orden de las cosas temporales, como testigos de Cristo y con el esp\u00ed\u00adritu evang\u00e9lico, a trav\u00e9s del cual transforman el mundo en que viven (LG 43; AA 2, 5-6; AG 21). 2) El fundamento de la acci\u00f3n apost\u00f3lica de los seglares radica en su bautismo, por el que se han convertido en miembros de la Iglesia, incorporados y configurados a Cristo. A su manera, el seglar tiene que ser testigo e instrumento de toda la \u00abmisi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la Iglesia\u00bb (LG 33) por exigencia bautismal, y no s\u00f3lo por fervor o por haber dado el nombre a una organizaci\u00f3n apost\u00f3lica (AA 3). 3) Las afirmaciones fundamentales del Vaticano II en torno a los laicos se han visto recogidas en ChL 9-10, 21, 23-25.<\/p>\n<p>2. PROTAGONISMO DEL SEGLAR EN LA COMUNIDAD ECLESIAL. a) En el \u00e1mbito prof\u00e9tico. El laico tiene el derecho y el deber de tomar la palabra en la Iglesia. El don prof\u00e9tico que ha recibido le habilita no s\u00f3lo para escuchar, sino para hablar y hacerse escuchar. En concreto, el Vaticano II reconoce en el seglar el derecho \u00aby en algunos casos la obligaci\u00f3n de manifestar su parecer sobre aquellas cosas que tienen relaci\u00f3n con el bien de la Iglesia\u00bb (LG 37). Se acepta su protagonismo, libertad y competencia en el orden temporal, lo cual puede ayudar a los pastores a \u00abjuzgar con m\u00e1s precisi\u00f3n y objetividad tanto los asuntos espirituales como temporales\u00bb (LG 37).<\/p>\n<p>b) En relaci\u00f3n con la predicaci\u00f3n. 1) El Concilio reconoce al seglar el derecho y el deber de la predicaci\u00f3n en sentido amplio: como anuncio del evangelio a trav\u00e9s del testimonio y de la palabra en su vida cotidiana, familiar y social (LG 11, 35; AA 6, 10, 24; AG 21) y como iluminaci\u00f3n y enjuiciamiento de las realidades temporales a trav\u00e9s del evangelio (LG 2, 4; AA 19, 31; AG 22). En relaci\u00f3n con la predicaci\u00f3n en sentido estricto (predicaci\u00f3n en las asambleas de fieles), el Vaticano II guarda un silencio total. No obstante, cuando la LG dice que \u00abalgunos de los seglares, al faltar los sagrados ministros o estar impedidos estos en caso de persecuci\u00f3n, les suplen en determinados oficios sagrados\u00bb (35), se puede sacar la conclusi\u00f3n razonable de que los laicos pueden asumir la funci\u00f3n de predicar en sentido estricto4. 2) Adem\u00e1s, y en referencia al contenido de la fe y a su predicaci\u00f3n, no debe olvidarse nunca que la expresi\u00f3n actualizada de la fe solamente puede elaborarse con la contribuci\u00f3n activa de los fieles seglares (cf LG 12). 3) El Concilio recomienda expresamente a los seglares dar catequesis (LG 11; AA 11, 30; GS 52; GE 3).<\/p>\n<p>c) En el campo sacramental. 1) En el \u00e1mbito lit\u00fargico, SC subraya el car\u00e1cter comunitario y eclesial de los sacramentos y del culto cristiano mediante la \u00abactiva participaci\u00f3n de los fieles\u00bb (SC 14, 30, 41, 48, 50). 2) Adem\u00e1s, cualquier seglar, en caso de necesidad, puede bautizar en la ausencia del di\u00e1cono o del sacerdote (SC 68). 3) Y tambi\u00e9n, aunque el Vaticano II no diga nada al respecto, un laico puede ser delegado para asistir a la celebraci\u00f3n de un matrimonio, como se recoge en el CIC (1112).<br \/>\nc) Responsabilidades de gobierno. 1) En el campo del gobierno de la Iglesia, el Vaticano II reconoce la aptitud de los laicos para el ejercicio de cargos eclesi\u00e1sticos, e incluso la suplencia de los ministerios en algunos oficios (en circunstancias excepcionales) (LG 33, 35). 2) Adem\u00e1s, el Concilio manifiesta el deseo de que, en todas las di\u00f3cesis, los obispos establezcan los \u00abConsejos diocesanos de pastoral\u00bb (CD 27; cf AA 26; AG 30). ChL insiste en este mismo deseo (25). 3) El Concilio prev\u00e9 la participaci\u00f3n de los seglares en la Curia romana (CD 10), en la Curia diocesana (CD 27) y en la administraci\u00f3n de los bienes de la Iglesia (PO 17, 21); e incluso en cargas m\u00e1s directamente relacionadas con los deberes de los pastores (AA 5).<\/p>\n<p>3. Los LAICOS Y LA PRESENCIA DE LA IGLESIA EN EL MUNDO. El laico participa tambi\u00e9n -y m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente- en la instauraci\u00f3n cristiana del orden temporal. Por su presencia y por su situaci\u00f3n en el mundo, el laico es responsable directo de la presencia eficaz de la Iglesia en la organizaci\u00f3n de la sociedad conforme al evangelio (LG 31). Esta secularidad reviste una significaci\u00f3n teol\u00f3gica clara.<\/p>\n<p>Si la Iglesia est\u00e1 ordenada a la salvaci\u00f3n del mundo (LG 36), la vocaci\u00f3n del laico cobra una significaci\u00f3n teol\u00f3gica profunda por el lugar clave que ocupa en la misi\u00f3n de la Iglesia. El laico act\u00faa siempre eclesialmente, como miembro y representante de la Iglesia; no es posible que act\u00fae como cristiano (en nombre de Cristo) sin que su actividad afecte a su vinculaci\u00f3n eclesial5. Esta situaci\u00f3n exige corresponsabilidad entre la jerarqu\u00ed\u00ada y los laicos, especialmente en todo lo que guarda relaci\u00f3n con la misi\u00f3n en el mundo (LG 33, 37). Corresponsabilidad que ha de respetar la autonom\u00ed\u00ada de los seglares y hacer posible el di\u00e1logo.<\/p>\n<p>La presencia del laico en el mundo se realiza por el testimonio del evangelio, com\u00fan a todos los bautizados, mediante el cumplimiento de sus deberes de estado (LG 11, 35; AA 6; AG 21) y mediante un mayor grado de compromiso apost\u00f3lico: inserci\u00f3n del laico en la sociedad humana para promover una conformaci\u00f3n cristiana de las estructuras pol\u00ed\u00adticas y sociales (LG 3, 6; AA 7).<\/p>\n<p>a) El mundo como \u00e1mbito del apostolado de los laicos. 1) El campo de presencia: antes del Vaticano II, el apostolado de los laicos se entend\u00ed\u00ada como apostolado auxiliar del apostolado de la jerarqu\u00ed\u00ada. Esta concepci\u00f3n ten\u00ed\u00ada, entre otras, la consecuencia de reducir el campo del apostolado laical. El laico s\u00f3lo se hac\u00ed\u00ada presente en aquellos sectores del mundo que eran problem\u00e1ticos para la Iglesia o para la jerarqu\u00ed\u00ada. El Concilio, sin embargo, propone que la acci\u00f3n del apostolado laical debe estar, sin m\u00e1s, en el mundo concreto en que los laicos se desenvuelven: en la vida matrimonial, en la familia, en su propia profesi\u00f3n, en la comunidad ciudadana en la que viven, en la naci\u00f3n en y de la que ellos son ciudadanos responsables. 2) El modo de presencia: anteriormente, el laico deb\u00ed\u00ada limitarse a ser una especie de brazo de la jerarqu\u00ed\u00ada movido a voluntad de los eclesi\u00e1sticos. Pero el Vaticano II proclama que el laico participa \u00aben la misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la Iglesia\u00bb por derecho propio, un derecho que dimana de su bautismo-confirmaci\u00f3n y no de un mandato de la jerarqu\u00ed\u00ada (AA 3). El Concilio sugiere, incluso, que los laicos son los m\u00e1s indicados para captar las exigencias de lo temporal y de lo espiritual y para darles su verdadero valor en el orden de la conciencia (LG 36).<\/p>\n<p>b) Dimensiones concretas del apostolado de los laicos en la sociedad. El testimonio es la plataforma de la acci\u00f3n de los cat\u00f3licos en la vida p\u00fablica. El testimonio cristiano tiene que ser un acontecimiento prof\u00e9tico, es decir, una manifestaci\u00f3n de la presencia de Dios entre los hombres. Los cristianos no s\u00f3lo tienen que anunciar el Reino; tambi\u00e9n tienen que esforzarse en crearlo a trav\u00e9s de actuaciones que tengan un contenido interpelativo. El testimonio cristiano ha de manifestar la actualidad de Jesucristo y de su poder liberador en cada contexto particular de la historia de los hombres. Para ello la comunidad debe \u00abauscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu Santo, las m\u00faltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina\u00bb (GS 44). Estas m\u00faltiples voces son \u00ablos acontecimientos, las exigencias y los deseos, de los cuales (la comunidad cristiana) participa juntamente con sus contempor\u00e1neos, los signos verdaderos de la presencia o de los planes de Dios\u00bb (GS 11). El anuncio del evangelio se har\u00e1 cre\u00ed\u00adble en la medida en que la presencia de los cristianos en el mundo ponga de manifiesto que lo que los hombres est\u00e1n viviendo como m\u00e1s significativo y esperanzador, tiene algo que ver con lo que ellos, como cristianos, creen, y con aquello a lo que ellos, como cristianos, aspiran.<\/p>\n<p>Las formas concretas de la presencia testimonial de los laicos en la vida p\u00fablica (cf AA 15-19; ChL 28-29): una forma de presencia p\u00fablica personal es de absoluta necesidad. Por ella la irradiaci\u00f3n del evangelio puede hacerse extremadamente capilar, llegando a los lugares y ambientes de la vida cotidiana y concreta de los laicos. Una irradiaci\u00f3n del evangelio que es adem\u00e1s constante e incisiva (AA 16 citado por ChL 28).<\/p>\n<p>Las formas de presencia p\u00fablica asociada son necesarias igualmente como formas de presencia fundamental para la libertad y para dotar a la sociedad de mayor protagonismo. En la medida en que el laico va madurando su conciencia ciudadana, cae en la cuenta de que la participaci\u00f3n individual no es suficiente para impregnar la vida p\u00fablica de los valores evang\u00e9licos que puedan favorecer mejor el desarrollo del bien temporal. Perciben, pues, la necesidad de una participaci\u00f3n asociada, cuyas riquezas son evidentes; entre otras, \u00abel apostolado asociado es un signo de la comuni\u00f3n y de la unidad de la Iglesia en Cristo\u00bb (AA 16; ChL 29).<\/p>\n<p>Esta presencia p\u00fablica asociada debe ser: 1) una presencia defensora de los derechos humanos inalienables: el laico debe asumir el compromiso radical de su fe en favor de la justicia y de los derechos del hombre (ChL 36-44); 2) una presencia cr\u00ed\u00adtica ante el abuso de las ideolog\u00ed\u00adas: el laico tiene que hacer una cr\u00ed\u00adtica a toda concepci\u00f3n ideol\u00f3gica que no busque una transformaci\u00f3n profunda del hombre; el laico cristiano vivir\u00e1 la urgencia de \u00abredescubrir y hacer redescubrir la dignidad inviolable de cada persona humana, (lo cual constituye) una tarea esencial\u00bb (ChL 37; cf 38-39); 3) una presencia desde la libertad de opci\u00f3n socio-pol\u00ed\u00adtica: el laico cristiano hace su opci\u00f3n socio-pol\u00ed\u00adtica en una situaci\u00f3n hist\u00f3rica concreta; es una opci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica que, desde la fe, busca con realismo lo m\u00e1s favorable para el bien com\u00fan y para los principios cristianos; se trata de una opci\u00f3n ciertamente inspirada por la fe, pero es una opci\u00f3n t\u00e1ctica, coyuntural, en una palabra, socio-pol\u00ed\u00adtica; en este campo es preciso defender la autonom\u00ed\u00ada del laico y la posibilidad de divergencias dentro del pluralismo socio-pol\u00ed\u00adtico (cf LG 31, 37); 4) una presencia, finalmente, que discierna los signos de los tiempos: los cristianos tienen la obligaci\u00f3n cristiana de llevar a cabo este discernimiento a la luz de la fe (GS 4, 1 I ; cf 36); es el discernimiento que ha llevado a la Iglesia en estos \u00faltimos tiempos a plantearse el problema m\u00e1s grave que aqueja a la humanidad: la injusticia en el mundo (cf GS 29, 66, 69, 71).<\/p>\n<p>III. La espiritualidad laical<br \/>\nChL atribuye la m\u00e1xima importancia a la espiritualidad de los laicos al llamarlos a una profundizaci\u00f3n exigente de su vocaci\u00f3n, a fin de evitar caer en una especie de activismo (ChL 3). \u00abEs la inserci\u00f3n en Cristo por medio de la fe y de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana la ra\u00ed\u00adz primera que origina la nueva condici\u00f3n del cristiano en el misterio de la Iglesia, la que constituye su profunda fisonom\u00ed\u00ada, la que est\u00e1 en la base de todas las vocaciones y del dinamismo de la vida cristiana de los fieles laicos\u00bb (ChL 9). ChL recuerda que la misi\u00f3n tiene un origen (el encuentro vital con Cristo) y una meta (el compromiso de servir al designio de Dios en la historia de los hombres). Antes de ser una tarea, la misi\u00f3n es una conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>1. EL PUNTO DE PARTIDA. El Vaticano II presenta con fuerza el bautismo como sacramento de consagraci\u00f3n que imprime una cualidad sacerdotal (LG 11; cf 10, 31-34). A partir de la consagraci\u00f3n bautismal, el sacerdocio de los laicos se halla directamente vinculado con el sacerdocio de Cristo, cuya novedad determina, por tanto, el sacerdocio laical: despu\u00e9s de Cristo, la relaci\u00f3n con Dios no se realiza s\u00f3lo a base de un culto ritual y sacrificial, sino principalmente haciendo de la propia vida un sacrificio que sea agradable a Dios (LG 10). El sacerdocio de los laicos comporta, pues, una consagraci\u00f3n existencial. En la vida diaria es donde se da culto a Dios, a partir de una vida consagrada que se dirige a Dios como Padre y a los hombres como hermanos. El culto (los sacramentos), para ser cristiano, tiene que causar esta doble din\u00e1mica6.<\/p>\n<p>2. PRINCIPALES RASGOS. a) El laico, cristiano en el mundo. Las realidades temporales tienen su consistencia y su autonom\u00ed\u00ada propias. Pero el laico que vive estas realidades desde su consagraci\u00f3n las asume en su vida consagrada y las integra en el proyecto del reino de Dios. De este modo transforma las realidades y hace de su existencia un culto a Dios que determina su forma de asumir el trabajo, la familia, la profesi\u00f3n, la pol\u00ed\u00adtica (LG 34). 1) La vida espiritual del laico es la del testigo que se ofrece a s\u00ed\u00ad mismo como ofrenda agradable a Dios desde una vida responsable y, al mismo tiempo, act\u00faa sacerdotalmente acercando a Dios a los hombres desde su propio testimonio (cf GS 43). Lo espec\u00ed\u00adfico del laico es, por tanto, no la renuncia del mundo, sino su aceptaci\u00f3n y transformaci\u00f3n cristiana. De ah\u00ed\u00ad surge una espiritualidad del trabajo, de la familia, de la pol\u00ed\u00adtica, como \u00e1mbitos de realizaci\u00f3n a la vez humana y cristiana. 2) El laico tiene la funci\u00f3n de consagrar a Dios todas las realidades temporales, pero a partir de una referencia a Dios que no excluye la mundanidad de las cosas. El v\u00ed\u00adnculo entre estas y Dios se establece a partir de la experiencia cristiana. El laico ha de poner a Cristo en el centro de la existencia humana en todos los campos de la vida. El cristiano vive la vida de cualquier hombre, pero con una referencia \u00faltima a Dios, que es lo que constituye la clave de la consagraci\u00f3n del mundo. Todo ello tiene que reflejarse en el culto (GS 43). En este sentido, el culto (los sacramentos) es necesario en cuanto momento espec\u00ed\u00adfico en el que se encarna y expresa la experiencia de Dios, pero lleva luego al compromiso activo en la sociedad, a ofrecer la propia vida como sacrificio agradable a Dios.<\/p>\n<p>b) El laico, profeta en medio del mundo. La funci\u00f3n sacerdotal del seglar en medio del mundo encuentra el complemento adecuado en su vocaci\u00f3n prof\u00e9tica, en conexi\u00f3n con la dimensi\u00f3n prof\u00e9tica de Cristo, a trav\u00e9s del testimonio de vida y de palabra del cristiano en medio del mundo (LG 35). 1) El ministerio prof\u00e9tico de los laicos consiste en un anuncio del evangelio que surge de la vida; viene a ser la expresi\u00f3n de la propia experiencia del Esp\u00ed\u00adritu en medio de las estructuras del mundo. La dimensi\u00f3n prof\u00e9tica del laico, de la cual dimana una de las fuentes esenciales de toda espiritualidad laical, est\u00e1 enraizada en esta experiencia del Esp\u00ed\u00adritu. En virtud de ella, el laico juega su propio rol en la Iglesia y nada impide que desarrolle un magisterio real y activo. 2) Una de las funciones caracter\u00ed\u00adsticas del profetismo es el discernimiento. El laico, en cuanto sacerdote en el mundo, hace de lo mundano un culto cristiano al establecer desde la fe la correlaci\u00f3n entre los acontecimientos y Dios. Esto exige el discernimiento, evaluar los signos de los tiempos para ver en ellos la voluntad de Dios, que interpela y compromete (GS 11)7. 3) El Esp\u00ed\u00adritu puede hablar a la Iglesia por boca de cualquier cristiano. De ah\u00ed\u00ad arranca la espiritualidad de la fraternidad. En la Iglesia no cabe una espiritualidad de dependencia como prototipo de las relaciones intracomunitarias. Toda espiritualidad cristiana genuina posibilita el discernimiento y lleva a la moral adulta y responsable (cf Rom 8,19-23). El hombre est\u00e1 llamado a usar su propia libertad y responsabilidad y mantener que la \u00faltima instancia es su propia conciencia.<\/p>\n<p>c) El laico, testigo de la esperanza. \u00abLos laicos se muestran como hijos de la promesa cuando, fuertes en la fe y la esperanza, aprovechan el tiempo presente y esperan con paciencia la gloria futura. Pero que no escondan esa esperanza en la interioridad del alma, sino manifi\u00e9stenla en di\u00e1logo continuo y en un forcejeo con los dominadores de este mundo tenebroso, contra los esp\u00ed\u00adritus malignos, incluso a trav\u00e9s de las estructuras de la vida secular\u00bb (LG 35). Hoy el mundo margina a Dios y la sociedad crea nuevos \u00ed\u00addolos. El cristiano, y de forma especial el laico, desempe\u00f1a su papel prof\u00e9tico denunciando estos \u00ed\u00addolos. El cristiano vive de la esperanza y, por tanto, afirma siempre la provisionalidad de la historia. Aqu\u00ed\u00ad es donde los laicos tienen hoy una importancia decisiva para que la Iglesia sea en verdad una Iglesia prof\u00e9tica.<\/p>\n<p>IV. Aportaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del laico a la acci\u00f3n catequ\u00e9tica<br \/>\nLa catequesis tiene que conceder una atenci\u00f3n grande al ambiente cultural en el que se presenta el mensaje cristiano. \u00abDe la catequesis podemos decir que est\u00e1 llamada a llevar la fuerza del evangelio al coraz\u00f3n de la cultura y de las culturas. Para ello, la catequesis procurar\u00e1 conocer estas culturas y sus componentes esenciales; aprender\u00e1 sus expresiones m\u00e1s significativas, respetar\u00e1 sus valores y riquezas propias. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se podr\u00e1 proponer a tales culturas el conocimiento del misterio oculto y ayudarlas a hacer surgir de su propia tradici\u00f3n viva expresiones originales de vida, de celebraci\u00f3n y de pensamiento cristianos\u00bb (CT 53)8.<\/p>\n<p>Se trata de aprender a analizar las culturas para discernir en ellas los obst\u00e1culos, pero tambi\u00e9n las potencialidades que encierran respecto a la recepci\u00f3n del evangelio. El catequista, para ser fiel y eficaz servidor de los catequizandos, necesita una plena comprensi\u00f3n de las realidades de la fe y, al mismo tiempo, de las realidades culturales implicadas en la catequesis. La fe se vive de veras solamente cuando se convierte en cultura, es decir, cuando transforma las mentalidades y los comportamientos. La catequesis contribuye a la inculturaci\u00f3n del evangelio y de la fe.<\/p>\n<p>Esta inculturaci\u00f3n significa que la catequesis deber\u00e1 llegar a las mentalidades, a los modos de pensar, a los estilos de vida, para hacer que penetre en ellos la fuerza salvadora del evangelio. Entre nosotros concretamente, hay que hacer penetrar la luz del evangelio en unas mentalidades y en unos ambientes provocados por la indiferencia y por el agnosticismo, corrientes de esp\u00ed\u00adritu que tienden a difundirse por todos los sitios en que ha penetrado la modernidad.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n viene a realzar la aportaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica e irremplazable del laico en la catequesis. Si nuestra cultura est\u00e1 vacunada contra lo religioso, en tales circunstancias parece que el di\u00e1logo de acercamiento pueden hacerlo mejor quienes viven vida m\u00e1s semejante. Ahora bien, el laico es quien est\u00e1 m\u00e1s plenamente en el mundo y, en consecuencia, puede ofrecer mejor testimonio de seguir a Cristo en el mundo. \u00abAl vivir de ordinario la misma forma de vida que el que recibe la catequesis, el catequista seglar puede tener una especial capacidad para encarnar la transmisi\u00f3n del evangelio en la vida concreta del grupo catequ\u00e9tico&#8230; De ah\u00ed\u00ad la necesaria presencia de los seglares en el servicio de la catequesis\u00bb (CF 35).<\/p>\n<p>Esta presencia de los seglares en el servicio de la catequesis demanda obviamente algunas condiciones. Ante todo, es preciso que el catequista sea una persona en situaci\u00f3n. Estar en situaci\u00f3n significa tener conciencia de d\u00f3nde se est\u00e1, de cu\u00e1les son las circunstancias, los condicionantes y las perspectivas del entorno en que uno se halla. Hay que reconocer que para bastantes cristianos no resulta f\u00e1cil armonizar el estar en el mundo y el pertenecer a la Iglesia, con todas sus consecuencias.<\/p>\n<p>Sin embargo, el catequista ha de encontrarse situado en su cultura, presente en su mundo concreto. En determinadas circunstancias, el catequista puede sucumbir a la tentaci\u00f3n de aislarse del exterior y de encerrarse en su peque\u00f1o mundo privado. El exterior (sociedad, calle, barrio, vecindad, trabajo) suele presentar problemas abundantes y poco atractivos como para animarse a estar presentes y activos en \u00e9l. De producirse esta situaci\u00f3n de fuga, el catequista dif\u00ed\u00adcilmente podr\u00e1 ayudar a los creyentes a hacer un proceso de conversi\u00f3n al mundo; un proceso tanto m\u00e1s necesario cuanto que el mundo es el lugar de la manifestaci\u00f3n de Dios y el lugar en el que se ha de anunciar el evangelio e implantar el Reino.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que esta presencia consciente y activa del catequista en su cultura, en su mundo, es la condici\u00f3n sine qua non para su catequesis, a fin de conocer por d\u00f3nde va el mundo, de ser sensible a sus inquietudes, b\u00fasquedas, angustias y alegr\u00ed\u00adas, para descubrir en ellas no s\u00f3lo el pecado, sino las semillas del Verbo que est\u00e1n ya en la realidad humana del catequizando. Dios act\u00faa permanentemente en cada persona.<\/p>\n<p>El catequista se pone a la escucha de la intervenci\u00f3n de Dios. Por tanto, no intenta solamente revelar las maravillas de Dios, sino que al mismo tiempo pretende interpretar a la luz de la revelaci\u00f3n la vida de los hombres, las realidades del mundo; en definitiva, los signos de los tiempos. Para ello naturalmente el catequista precisa tener una mirada (una visi\u00f3n) positiva del mundo, a fin de hacer emerger interrogantes, intereses; sacar a la superficie angustias y esperanzas, para ayudar a buscar el sentido \u00faltimo de las cosas. \u00abLa catequesis -afirma CT 24- tiene una \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con la acci\u00f3n responsable de la Iglesia y de los cristianos en el mundo\u00bb.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. G. BENTIVEGNA, La nozione del \u00ablaico\u00bb nei documenti del Vaticano IL certezze e acquisizioni, Rassegna di teologia 8 (1969) 335-342; J. A. ESTRADA, La Iglesia: identidad y cambio. El concepto de Iglesia del Vaticano 1 a nuestros d\u00ed\u00adas, Cristiandad, Madrid 1985, 137-142. &#8211; 2. ChL 19; cf tambi\u00e9n el s\u00ed\u00adnodo extraordinario de 1985, que subraya en los textos conciliares la dimensi\u00f3n de la Iglesia como misterio y la importancia de una eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n: El Vaticano II, don de Dios, Relaci\u00f3n final II, A y C, PPC, Madrid 1986, 71-88. &#8211; 3. Cada vez que el Vaticano II recuerda la secularidad como propia de los laicos utiliza adjetivos que advierten de que esta caracter\u00ed\u00adstica no es exclusiva de los seglares: cf por ejemplo LG 33, 35, 36; GS 43. &#8211; 4. El nuevo CIC (1983) abunda en esta interpretaci\u00f3n que hacemos de LG 35. Los c\u00e1nones 759 y 766 establecen que los laicos pueden ser llamados a predicar en una iglesia u oratorio en determinadas circunstancias. El canon 767 reserva la homil\u00ed\u00ada al sacerdote y al di\u00e1cono por ser parte integrante de la liturgia; con todo, parecen existir varias posibilidades de que el seglar predique en asambleas lit\u00fargicas, dentro de la ordenanza can\u00f3nica: cf el comentario al canon 767 en C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico, edici\u00f3n biling\u00fce comentada por los profesores de Derecho can\u00f3nico de la Universidad Pontificia de Salamanca, BAC, Madrid 1985, 400-401. &#8211; 5. La jerarqu\u00ed\u00ada no puede monopolizar el protagonismo de la Iglesia en el mundo. Siempre se act\u00faa eclesialmente, aunque no siempre con representaci\u00f3n oficial de la Iglesia, que entra\u00f1ar\u00ed\u00ada un mandato jer\u00e1rquico expreso. No existe un monopolio jer\u00e1rquico respecto a la misi\u00f3n, sino diversidad de grados de actuaci\u00f3n y de compromiso eclesial en el mundo, seg\u00fan la funci\u00f3n de sus protagonistas: cf J. A. ESTRADA, La identidad de los laicos. Ensayo de eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1990, 180 y nota 21. &#8211; 6. En la reflexi\u00f3n sobre la espiritualidad laical son numerosos los autores que toman como base la consagraci\u00f3n bautismal; cf por ejemplo S. D1ANICH, Laicos y laicidad de la Iglesia, P\u00e1ginas 13 (1988) 91-122; J. A. ESTRADA, La identidad de los laicos, o.c., 168-169; Por una espiritualidad laical, Proyecci\u00f3n 34 (1987) 189-198. &#8211; 7. Cf el excelente estudio de J. M. CASTILLO, El discernimiento cristiano, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1984, 98-104, 151-155. &#8211; 8 El CCE manifiesta con insistencia la necesidad de atender a la cultura por parte de la catequesis; cf por ejemplo CCE 24, 814, 1075, 1202 y passim.<\/p>\n<p>BIBL.: COMISI\u00ed\u201cN EPISCOPAL DE ENSE\u00ed\u2018ANZA Y CATEQUESIS, El catequista y su formaci\u00f3n. Orientaciones pastorales, Edice, Madrid 1985; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Los cat\u00f3licos en la vida p\u00fablica (1986); Los cristianos laicos, Iglesia en el mundo (1991); ESTRADA J. A.. La identidad de los laicos. Ensayo de eclesiolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 19912; La espiritualidad de los laicos. En una eclesiolog\u00ed\u00ada de comuni\u00f3n, San Pablo, Madrid 19978; FORTE B., Laicado, en PACOMIO L. (ed.), Diccionario teol\u00f3gico interdisciplinar III, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1983, 252-269; OCHOA J. M., Laicos en el mundo: presencia de los cristianos en el orden temporal, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 22 (1987) 229-250; La exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica \u00abChristifideles laico: riqueza y cuesti\u00f3n pendiente, Lumen 38 (1989) 353-381; RAHNER K., Fundamentaci\u00f3n sacramental del estado laical en la Iglesia, en Escritos de Teolog\u00ed\u00ada VII, Taurus, Madrid 1971, 357-379.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 M.\u00bb Ochoa Mart\u00ed\u00adnez de Soria<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La condici\u00f3n del laico en la Iglesia: 1. Consideraciones generales; 2. El laico a la luz de los documentos conciliares. II. Misi\u00f3n del laico en la Iglesia y en el mundo: 1. Principios generales; 2. Protagonismo del seglar en la comunidad eclesial; 3. 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