{"id":17021,"date":"2016-02-05T11:05:29","date_gmt":"2016-02-05T16:05:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/liturgia-y-catequesis\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:29","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:29","slug":"liturgia-y-catequesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/liturgia-y-catequesis\/","title":{"rendered":"LITURGIA Y CATEQUESIS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n: 1. Lo conceptual y lo ritual-simb\u00f3lico; 2. Lo conceptual y lo ritual-simb\u00f3lico en el campo de la fe; 3. Actividades esenciales para la misi\u00f3n de la Iglesia. I. Liturgia y catequesis al encuentro: 1. B\u00fasqueda de la propia credibilidad; 2. Formaci\u00f3n en la fe de los que acceden a los sacramentos; 3. Ambas acciones participan en la evangelizaci\u00f3n. II. Liturgia y catequesis, mediaciones de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica. III. Liturgia y catequesis al servicio de la fe. IV. Relaciones entre liturgia y catequesis: 1. La catequesis desemboca en la celebraci\u00f3n; 2. La catequesis \u00abm\u00e1s directamente lit\u00fargica\u00bb; 3. La liturgia, fuente de la catequesis; 4. La celebraci\u00f3n es \u00bb mistagogia\u00bb . V. La catequesis del a\u00f1o lit\u00fargico: 1. Elementos hist\u00f3ricos y teol\u00f3gicos; 2. Catequesis. VI. La catequesis de la liturgia de las horas: 1. Elementos hist\u00f3ricos y teol\u00f3gicos; 2. Catequesis.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n1<br \/>\n1. LO CONCEPTUAL Y LO RITUAL-SIMB\u00ed\u201cLICO. Desde hace dos siglos, occidente vive en la era de la racionalidad, en que s\u00f3lo existen aquellas cosas que pueden ser sensiblemente detectadas, medidas y explicadas conceptualmente. S\u00f3lo tiene derecho de ciudadan\u00ed\u00ada en la existencia lo emp\u00ed\u00adrico, que puede verificarse seg\u00fan peso y medida. Este rasgo de la cultura moderna desacredita toda otra forma de acercarse a la realidad y alcanzar su verdad. Lo que no es l\u00f3gico y racional se tolera: lo emocional, lo intuitivo, lo pasional, lo ritual, lo imaginativo, la expresi\u00f3n corporal, lo po\u00e9tico&#8230; Pero, a la hora de tomar decisiones, lo que cuenta son los hechos. Lo que es bello, pero no sirve para nada; lo que emociona, pero hace perder la cabeza; lo que expresa un v\u00ed\u00adnculo invisible, pero no puede justificarse con lenguaje t\u00e9cnico, eso no cuenta. Lo que expresan esos lenguajes no tiene una existencia real.<\/p>\n<p>Afortunadamente, muchos investigadores, entre ellos Carl Jung, descubrieron la riqueza de los mitos, los s\u00ed\u00admbolos y los ritos para conducir al ser humano a su verdad. Por ellos sabemos que, gracias al lenguaje simb\u00f3lico, podemos acceder a aut\u00e9nticas realidades internas del hombre, en concreto a determinadas experiencias humanas fundamentales. As\u00ed\u00ad, tras los s\u00ed\u00admbolos b\u00ed\u00adblicos, emergen experiencias como: la conciencia de un ser trascendente que se manifiesta a su pueblo, la conciencia de estar atenazado por fuerzas oscuras, la necesidad de elevaci\u00f3n y de autosuperaci\u00f3n, etc. (M. Girard). Seg\u00fan expresi\u00f3n -incompleta- de Rudolf Otto, el mito-s\u00ed\u00admbolo es \u00abel \u00f3rgano del conocimiento religioso, del mismo modo que la ciencia es el \u00f3rgano del conocimiento del mundo (emp\u00ed\u00adrico)\u00bb.<\/p>\n<p>2. Lo CONCEPTUAL Y LO RITUAL-SIMB\u00ed\u201cLICO EN EL CAMPO DE LA FE. En alguna medida, tambi\u00e9n la Iglesia, en los \u00faltimos siglos, privilegi\u00f3 la racionalidad a la hora de comunicar su mensaje salvador. Auscultando la tradici\u00f3n eclesial, es la Iglesia misma, como portadora del esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, la que es memoria viva y permanente del acontecimiento salvador, que lo difunde y hace eficaz en las personas de cada generaci\u00f3n. Pero la Iglesia, a lo largo de la historia, expresa su tradici\u00f3n viva y permanente en pluralidad de formas: en expresiones b\u00ed\u00adblicas, en s\u00ed\u00admbolos y ritos lit\u00fargicos, en testimonios y compromisos misioneros y en expresiones teol\u00f3gicas y doctrinales.<\/p>\n<p>El uso de estos diversos lenguajes tuvo siempre, hasta el siglo XV-XVI, en general, un destacado lugar en la catequesis, mediante expresiones cultuales, pict\u00f3ricas, musicales, escult\u00f3ricas, po\u00e9ticas, did\u00e1cticas, etc. M\u00e1s a\u00fan, desde el siglo II, la Iglesia tuvo necesidad de transmitir la revelaci\u00f3n -de catequizar- de manera m\u00e1s sistem\u00e1tica para dar respuestas a los convertidos, para contestar las r\u00e9plicas de los herejes y para dialogar con los paganos en su tarea precatequ\u00e9tica o misionera.<\/p>\n<p>Sin embargo, desde el Renacimiento, la Iglesia privilegi\u00f3 en su catequesis el lenguaje verbal-conceptual, con muy escasa utilizaci\u00f3n del lenguaje lit\u00fargico-simb\u00f3lico, y casi sin ninguna relaci\u00f3n con la misma acci\u00f3n lit\u00fargica y otras expresiones tradicionales, con merma notable para la maduraci\u00f3n de la vida teologal de los creyentes. La extensi\u00f3n de la imprenta, la publicaci\u00f3n de los diversos catecismos para hacer frente a la fe nueva protestante y la reacci\u00f3n de la Iglesia frente a la Ilustraci\u00f3n y al Modernismo con una teolog\u00ed\u00ada neoescol\u00e1stica conceptualista, fueron las causas de este reduccionismo en la transmisi\u00f3n catequ\u00e9tica del mensaje cristiano.<\/p>\n<p>Han pasado los a\u00f1os, y la etapa posconciliar del Vaticano II ha mejorado notablemente el uso plural de los lenguajes catequ\u00e9ticos. No obstante, no se estima todav\u00ed\u00ada en su justo valor -al menos de hecho, en algunos sectores de la Iglesia- la capacidad de los ritos y de los s\u00ed\u00admbolos para expresar la experiencia de la fe y ayudar a la comunicaci\u00f3n e interiorizaci\u00f3n de la tradici\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>3. ACTIVIDADES ESENCIALES PARA LA MISI\u00ed\u201cN DE LA IGLESIA. COMO se acaba de decir, no hace mucho tiempo se acentuaban tanto las diferencias entre la liturgia y la catequesis, que una y otra parec\u00ed\u00adan ignorarse en la pr\u00e1ctica. En las publicaciones especializadas se hablaba de planteamientos divergentes, de preguntas serias y de interpelaciones desde un sector al otro.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n actual de increencia, y el tener que dirigirse ambas acciones a un sujeto insuficientemente evangelizado, han obligado a liturgistas y a expertos en catequesis a encontrarse, a acercar los respectivos lenguajes y, sobre todo, a atender las instancias leg\u00ed\u00adtimas tanto de la liturgia como de la catequesis. El Directorio general para la catequesis de 1997, despu\u00e9s de afirmar, citando CT 23, que \u00abla catequesis est\u00e1 intr\u00ed\u00adnsecamente unida a toda la acci\u00f3n lit\u00fargica y sacramental\u00bb, reconoce que \u00aba menudo la pr\u00e1ctica catequ\u00e9tica muestra una vinculaci\u00f3n d\u00e9bil y fragmentaria con la liturgia: una limitada atenci\u00f3n a los signos y ritos lit\u00fargicos, una escasa valoraci\u00f3n de las fuentes lit\u00fargicas, itinerarios catequ\u00e9ticos poco o nada conectados con todo el a\u00f1o lit\u00fargico y una presencia marginal de celebraciones en los itinerarios de la catequesis\u00bb (DGC 30). Por parte de la pastoral lit\u00fargica no siempre se han tenido en cuenta las condiciones que favorecen el que las celebraciones sean una verdadera y gozosa vivencia y profesi\u00f3n de la fe, y el que todo lo que se dice y se hace contribuya con su autenticidad y transparencia a alimentar esa misma fe.<\/p>\n<p>I. Liturgia y catequesis al encuentro<br \/>\n1. B\u00daSQUEDA DE LA PROPIA CREDIBILIDAD. En todo caso, existe una problem\u00e1tica com\u00fan a la liturgia y a la catequesis, que consiste en la respectiva credibilidad, tanto de cara al misterio de Cristo que anuncian y celebran, como ante los beneficiarios del mismo, que cuestionan no pocas veces la validez de lo que se les dice y ofrece. Liturgia y catequesis intentan hoy, cada una de la manera que le es propia, resolver esta credibilidad y adaptarse lo mejor posible a sus destinatarios, ser m\u00e1s creativas y atraer a los alejados. La liturgia, consciente de que la lex orandi -la norma de la plegaria-, es expresi\u00f3n de la lex credendi -la norma de la fe- y fundamento de la lex vivendi -la norma de la conducta- (cf DGC 122), no puede prescindir de unos ritos y de unos textos sancionados por la autoridad de la Iglesia, aunque para muchos resulten dif\u00ed\u00adciles de comprender, sobre todo si ha faltado la necesaria catequesis lit\u00fargica. No obstante, es cierto tambi\u00e9n que, en general y especialmente en algunos lugares, existe el reto de la inculturaci\u00f3n, que afecta tanto a la liturgia como a la catequesis (cf DGC 109-113; 203-207)2.<\/p>\n<p>En este sentido, la catequesis, en principio, goza de mayor libertad para adaptarse a las diversas circunstancias de cultura, edad, vida espiritual, situaciones sociales y eclesiales de aquellos a quienes se dirige (cf CCE 24). Sin embargo la catequesis ha de transmitir tambi\u00e9n el mensaje en toda su integridad y pureza (cf CT 30; DGC 111).<\/p>\n<p>2. FORMACI\u00ed\u201cN EN LA FE DE LOS QUE ACCEDEN A LOS SACRAMENTOS. Otro factor de acercamiento entre la liturgia y la catequesis lo constituye la necesidad compartida de contribuir a la formaci\u00f3n de la fe de los candidatos a los sacramentos (cf DGC 176, 178, 181, 232). En este sentido la liturgia ha tomado conciencia no s\u00f3lo de su funci\u00f3n mistag\u00f3gica, sino tambi\u00e9n de la necesidad de favorecer el acto de fe en los que participan en las celebraciones lit\u00fargicas. Fue el propio Vaticano II el que apoy\u00f3 este segundo aspecto al afirmar que los sacramentos, \u00aben cuanto signos, tienen tambi\u00e9n un fin pedag\u00f3gico. No s\u00f3lo suponen la fe, sino que, a la vez, la alimentan, la robustecen y la expresan por medio de palabras y cosas; por esto se llaman sacramentos de la fe. Confieren ciertamente la gracia, pero tambi\u00e9n su celebraci\u00f3n prepara perfectamente a los fieles para recibir fructuosamente la misma gracia, rendir el culto a Dios y practicar la caridad\u00bb (SC 59). Por tanto, no s\u00f3lo cuando se lee \u00ablo que se ha escrito para nuestra ense\u00f1anza\u00bb (Rom 15,4), sino tambi\u00e9n \u00abcuando la Iglesia ora, canta o act\u00faa, la fe de los asistentes se alimenta&#8230;\u00bb (SC 33).<\/p>\n<p>Por su parte, la catequesis se ha abierto tambi\u00e9n a la experiencia simb\u00f3lico-ritual (cf DGC 30, 117) y a la celebraci\u00f3n como culminaci\u00f3n del anuncio y como manantial permanente de la existencia cristiana (cf DGC 84, 130).<\/p>\n<p>La exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica possinodal Catechesi tradendae, de Juan Pablo II, ha subrayado el v\u00ed\u00adnculo entre liturgia y catequesis al decir: \u00abLa catequesis est\u00e1 intr\u00ed\u00adnsecamente unida a toda la acci\u00f3n lit\u00fargica y sacramental, porque es en los sacramentos, y sobre todo en la eucarist\u00ed\u00ada, donde Jesucristo act\u00faa en plenitud para la transformaci\u00f3n de los hombres&#8230; La catequesis est\u00e1 siempre en relaci\u00f3n con los sacramentos. Por una parte, una forma eminente de catequesis es la que prepara a los sacramentos, y toda catequesis conduce necesariamente a los sacramentos de la fe. Por otra parte, la pr\u00e1ctica aut\u00e9ntica de los sacramentos tiene forzosamente un aspecto catequ\u00e9tico. En otras palabras: la vida sacramental se empobrece y se convierte en ritualismo vac\u00ed\u00ado si no se funda en un conocimiento serio del significado de los sacramentos. Y la catequesis se intelectualiza si no cobra vida en la pr\u00e1ctica sacramental\u00bb (CT 23; cf DGC 30).<\/p>\n<p>Hoy nadie duda de que el camino de la fe que debe recorrer todo bautizado abarca simult\u00e1neamente la profesi\u00f3n de la fe, la celebraci\u00f3n del misterio, la pr\u00e1ctica de la vida cristiana y la oraci\u00f3n, es decir, las cuatro dimensiones fundamentales de la vida cristiana (cf CCE 14-17; DGC 87, 122, 130). La catequesis debe tenerlas en cuenta en sus tareas, articul\u00e1ndose de este modo con los restantes elementos de la misi\u00f3n de la Iglesia (cf DGC 84-87, 266). Estos elementos, por su parte, tienen tambi\u00e9n una finalidad evangelizadora amplia y algunos un aspecto catequ\u00e9tico, contribuyendo a la formaci\u00f3n de los fieles (cf CCE 4-7; DGC 47ss). Ahora bien, donde el camino de la fe alcanza su m\u00e1s alto grado de identificaci\u00f3n con el acontecimiento de Jesucristo, por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo, es en la liturgia, cuando la Palabra de salvaci\u00f3n se hace signo eficaz, y cuando el sacramento nutre la fe y empuja a la misi\u00f3n y al testimonio (cf DGC 122). Por eso \u00abtoda celebraci\u00f3n lit\u00fargica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su cuerpo, que es la Iglesia, es acci\u00f3n sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo t\u00ed\u00adtulo y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acci\u00f3n de la Iglesia\u00bb (SC 7; cf CCE 1070; DGC 85).<\/p>\n<p>Y si todo esto se hace en el marco natural de una comunidad local, signo y manifestaci\u00f3n de la Iglesia (cf LG 26; SC 41-42, etc.), se comprende que la comunidad no es s\u00f3lo comunidad de fe, sino que es tambi\u00e9n comunidad de celebraci\u00f3n y comunidad misionera. La comunidad local, especialmente la parroquia (cf CIC 515, \u00c2\u00a7 1), ha de estar dotada de todas las funciones que caracterizan a la Iglesia de Cristo desde los or\u00ed\u00adgenes (cf He 2,42). Por tanto, es en este contexto en el que se sit\u00faan la liturgia y la catequesis al servicio del \u00fanico misterio de salvaci\u00f3n y, en definitiva, de todos los hombres (cf DGC 141, 254, 257-258). El hecho lit\u00fargico y el hecho catequ\u00e9tico, ligados ambos al proceso de transmisi\u00f3n y de crecimiento de la fe, est\u00e1n tan cercanos el uno del otro, que en modo alguno pueden ser considerados como realidades encerradas en s\u00ed\u00ad mismas. Al contrario, la catequesis forma parte de un proceso que culmina y se ambienta en la liturgia, y la liturgia, adem\u00e1s de tener en s\u00ed\u00ad misma una dimensi\u00f3n formativa de la fe, es cumplimiento y presencia del misterio de salvaci\u00f3n mostrado en la catequesis.<\/p>\n<p>3. AMBAS ACCIONES PARTICIPAN EN LA EVANGELIZACI\u00ed\u201cN. El acercamiento entre liturgia y catequesis se refuerza desde el momento en que en una y otra acci\u00f3n eclesial se asume la evangelizaci\u00f3n como raz\u00f3n de ser y punto de partida de la misi\u00f3n de la Iglesia: \u00abla evangelizaci\u00f3n es lo que define la misi\u00f3n total de la Iglesia, su identidad m\u00e1s profunda\u00bb, ya que \u00abella existe para evangelizar\u00bb (EN 14; cf DGC 46). Aunque algunos elementos de la evangelizaci\u00f3n son tan importantes que se tiende a identificarla con ellos, por ejemplo, el anuncio de Cristo a quienes no lo conocen, o la predicaci\u00f3n, la catequesis y aun el bautismo y la administraci\u00f3n de otros sacramentos, \u00abninguna definici\u00f3n parcial y fragmentaria refleja la realidad rica, compleja y din\u00e1mica que comporta la evangelizaci\u00f3n, si no es con el riesgo de empobrecerla e incluso mutilarla. Resulta imposible comprenderla si no se trata de abarcar de golpe todos sus elementos esenciales\u00bb (EN 17).<\/p>\n<p>El Vaticano II ya hab\u00ed\u00ada aludido al anuncio de Jesucristo y a la celebraci\u00f3n como dos momentos de una misma actividad evangelizadora y misionera (cf SC 6). Por consiguiente, la evangelizaci\u00f3n, concebida como un proceso continuado y estructurado en etapas esenciales, comprende no s\u00f3lo el anuncio a los no creyentes y a los creyentes (cf SC 9; AG 13-15), sino tambi\u00e9n la celebraci\u00f3n y la realizaci\u00f3n de cuanto ha sido objeto del anuncio y de la aceptaci\u00f3n por la fe (cf DGC 47-49). Esto hace que deba existir una gran unidad entre catequesis y pastoral de los sacramentos: \u00abNunca se insistir\u00e1 bastante en el hecho de que la evangelizaci\u00f3n no se agota con la predicaci\u00f3n y la ense\u00f1anza de una doctrina. Porque aquella debe conducir a la vida: a la vida natural, a la que da un sentido nuevo gracias a las perspectivas evang\u00e9licas que le abre; a la vida sobrenatural, que no es una negaci\u00f3n, sino purificaci\u00f3n y elevaci\u00f3n de la vida natural. Esta vida sobrenatural encuentra su expresi\u00f3n viva en los siete sacramentos y en la admirable fecundidad de gracia y santidad que contienen. La evangelizaci\u00f3n despliega de este modo toda su riqueza cuando realiza la uni\u00f3n m\u00e1s \u00ed\u00adntima, o mejor, una intercomunicaci\u00f3n jam\u00e1s interrumpida, entre la Palabra y los sacramentos. En un cierto sentido es un equ\u00ed\u00advoco oponer, como se hace a veces, la evangelizaci\u00f3n a la sacramentalizaci\u00f3n. Porque es seguro que si los sacramentos se administraran sin darles un s\u00f3lido apoyo de catequesis sacramental y de catequesis global, se acabar\u00ed\u00ada por quitarles gran parte de su eficacia. La finalidad de la evangelizaci\u00f3n es precisamente la de educar en la fe de tal manera que conduzca a cada cristiano a vivir -y a no recibir de modo pasivo o ap\u00e1tico- los sacramentos como verdaderos sacramentos en la fe\u00bb (EN 47). El Vaticano II insisti\u00f3 tambi\u00e9n en la necesidad de la \u00abpredicaci\u00f3n de la Palabra para el ministerio de los sacramentos\u00bb, porque los sacramentos son \u00absacramentos de la fe que nace y se alimenta de la Palabra\u00bb (PO 4; cf SC 35,2; DGC 51, 65ss).<\/p>\n<p>Esta \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n entre catequesis y liturgia ha sido defendida tambi\u00e9n por los obispos espa\u00f1oles, a prop\u00f3sito de la iniciaci\u00f3n cristiana, en el documento titulado precisamente: La iniciaci\u00f3n cristana. Reflexiones y orientaciones, aprobado el 27 de noviembre de 1998 por la LXX Asamblea plenaria de la conferencia episcopal (cf IC 39-40).<\/p>\n<p>Por consiguiente, catequesis y liturgia son dos acontecimientos de salvaci\u00f3n que no est\u00e1n disociados en la existencia concreta de los hombres, como tampoco en la vida de la comunidad cristiana, sino que \u00abconstituyen visiblemente dos dimensiones de una misma realidad\u00bb (IC 39). De ah\u00ed\u00ad que sea necesaria tanto la catequesis previa como la celebraci\u00f3n misma, la cual debe realizarse como una llamada constante a la fe y a la conversi\u00f3n, o sea como una verdadera evangelizaci\u00f3n (cf SC 9; DGC 50ss; IC 40).<\/p>\n<p>Para nosotros, occidentales, un buen ejemplo de esta s\u00ed\u00adntesis lo constituyen las liturgias orientales. En el discurso que pronunci\u00f3 despu\u00e9s de promulgar la Constituci\u00f3n sobre la sagrada liturgia, del Vaticano II, Pablo VI dijo: \u00abNo podemos callar la alta estima que tienen de la liturgia los cristianos de las Iglesias orientales y la exactitud con que cumplen los ritos sagrados. Para ellos fue siempre la liturgia escuela de verdad y hoguera del amor cristiano\u00bb (AAS 56 [19641, 34-35). La liturgia alimenta la fe de los fieles y contiene una verdadera exposici\u00f3n de la fe de la Iglesia. La catequesis lo tiene en cuenta cuando incorpora los testimonios de la liturgia a la formaci\u00f3n catequ\u00e9tica y, sobre todo, cuando sit\u00faa la celebraci\u00f3n en el interior de este proceso (cf DGC 30, 85). Liturgia y catequesis, cada una en su campo pero convergentes en la tarea, contribuyen a desarrollar la vida de la fe.<\/p>\n<p>Son varias, por tanto, las relaciones entre liturgia y catequesis, que ser\u00e1n analizadas en sus aspectos concretos en la IV parte: 1) la catequesis, \u00ed\u00adntimamente unida a toda la vida de la Iglesia, culmina en la celebraci\u00f3n, conduce a los sacramentos y es preparaci\u00f3n para la vida lit\u00fargica; 2) una forma eminente de catequesis es la preparaci\u00f3n de los sacramentos y la catequesis propiamente lit\u00fargica; 3) la liturgia es fuente de la catequesis; 4) la celebraci\u00f3n es mistagogia y, al comprender aspectos instructivos y catequ\u00e9ticos, es lugar de educaci\u00f3n en la fe.<\/p>\n<p>Pero antes, merece la pena detenerse en dos aspectos fundamentales que establecen las relaciones de fondo entre ambas acciones eclesiales. En primer lugar, la revelaci\u00f3n divina y su transmisi\u00f3n, tanto en la liturgia como en la catequesis. En segundo t\u00e9rmino, el dep\u00f3sito de la fe de la Iglesia, que esta conserva \u00ed\u00adntegro y puro, como objeto a la vez de la formaci\u00f3n catequ\u00e9tica y de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>II. Liturgia y catequesis, mediaciones de la tradici\u00f3n apost\u00f3lica<br \/>\nLa revelaci\u00f3n divina es la autocomunicaci\u00f3n de Dios a los hombres \u00abcon obras y palabras\u00bb, para que estos lleguen hasta \u00e9l y alcancen la salvaci\u00f3n (cf DV 2; CCE 51-53). Esto es lo nuclear de la evangelizaci\u00f3n, raz\u00f3n de ser y misi\u00f3n de la Iglesia (cf DGC 38-39, 46). La Iglesia, imitando esta \u00abpedagog\u00ed\u00ada divina\u00bb (cf DV 15; DGC 139ss.), transmite la Revelaci\u00f3n mediante el anuncio del evangelio, la celebraci\u00f3n de los sacramentos, en los que se realiza la obra de salvaci\u00f3n que es proclamada (cf SC 7), y el testimonio de la fe en la vida cotidiana (MPD-77, 10).<\/p>\n<p>La transmisi\u00f3n de la revelaci\u00f3n divina, garantizada por el Esp\u00ed\u00adritu de la verdad (cf Jn 16,13; CCE 79), fue encomendada a los ap\u00f3stoles, y por estos a sus sucesores y al conjunto de la Iglesia, y es, por tanto, una tradici\u00f3n viva (cf DV 7, 8, 10; CCE 75ss.; DGC 42-45). De la misma manera, el poder de santificaci\u00f3n de Cristo resucitado fue confiado a los ap\u00f3stoles y a sus sucesores (cf Jn 20,21-23; LG 20). \u00abEsta sucesi\u00f3n apost\u00f3lica estructura toda la vida lit\u00fargica de la Iglesia. Ella misma es sacramental, transmitida por el sacramento del Orden\u00bb (CCE 1087; cf 1536).<\/p>\n<p>El anuncio y difusi\u00f3n del evangelio y la liturgia \u00abpor cuyo medio se efect\u00faa la obra de nuestra redenci\u00f3n\u00bb (SC 2), se realizan mediante \u00abhechos y palabras\u00bb, cada una a su modo, de manera que ambas acciones pertenecen a la etapa actual de la historia de la salvaci\u00f3n. En este sentido, la evangelizaci\u00f3n se lleva a cabo tambi\u00e9n con el testimonio de la vida, y no s\u00f3lo con el anuncio del evangelio (cf EN 20; y la liturgia es, a la vez, anuncio eficaz y actualizaci\u00f3n del misterio de Cristo, para que los hombres vivan de \u00e9l. Por eso, la liturgia forma parte de la misma din\u00e1mica de la actuaci\u00f3n del designio salv\u00ed\u00adfico revelado por Dios y transmitido en la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica. La Iglesia, en las celebraciones lit\u00fargicas, no s\u00f3lo transmite la memoria de los \u00abhechos y palabras\u00bb de la salvaci\u00f3n (cf DGC 46, 107) proclam\u00e1ndolos en las lecturas b\u00ed\u00adblicas y explic\u00e1ndolos en la homil\u00ed\u00ada, sino que cumple y prolonga los acontecimientos salv\u00ed\u00adficos en el rito mediante signos y s\u00ed\u00admbolos eficaces (cf SC 7). En esta memoria y actualizaci\u00f3n del misterio de Cristo y de su obra de salvaci\u00f3n interviene el Esp\u00ed\u00adritu Santo, de manera que la \u00abliturgia viene a ser la obra com\u00fan del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de la Iglesia\u00bb (CCE 1091; cf 1091-1109).<\/p>\n<p>Esta realidad tiene fiel reflejo en la estructura de la liturgia de la Palabra. En efecto, el Dios que habl\u00f3 y actu\u00f3 en otro tiempo, sigue hoy hablando a los hombres para que no les falte nunca ni el anuncio de los hechos ya realizados en la vida y en la muerte de Cristo (Evangelio), ni la explicaci\u00f3n o ilustraci\u00f3n de estos hechos en la Iglesia (Nuevo Testamento), ni el recuerdo de los acontecimientos que los prepararon o de las profec\u00ed\u00adas que los anunciaron (Antiguo Testamento). Por eso, el evangelio significa no solamente el culmen de la revelaci\u00f3n divina, sino tambi\u00e9n el culmen de la proclamaci\u00f3n lit\u00fargica de las Sagradas Escrituras (cf DV 18).<\/p>\n<p>La proclamaci\u00f3n lit\u00fargica de la palabra de Dios se realiza siempre a la manera como el propio Cristo, los ap\u00f3stoles y los santos Padres utilizaron las Escrituras, es decir, situando en primer t\u00e9rmino el misterio pascual y explicando, desde \u00e9l, todos los \u00abhechos y palabras\u00bb que llenan la historia de la salvaci\u00f3n, y que constituyen el contenido de las celebraciones lit\u00fargicas. Como se ha dicho antes, desde Cristo se va hasta el Antiguo Testamento, y se vuelve a Cristo en la continuidad representada por el Nuevo. As\u00ed\u00ad mismo, los restantes escritos del Nuevo Testamento confirman todo lo que se refiere a Cristo y manifiestan el poder de su obra salvadora en la Iglesia (cf DV 20). De este modo las lecturas b\u00ed\u00adblicas, desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, ponen de manifiesto el desarrollo progresivo de la historia de la salvaci\u00f3n, que culmina en Cristo y se prolonga en los sacramentos y en los dem\u00e1s actos lit\u00fargicos de la Iglesia. Es preciso, pues, que la salvaci\u00f3n sea anunciada a los hombres en la Palabra y ofrecida en el sacramento al mismo tiempo.<\/p>\n<p>Tarea del ministro de la Palabra es poner de manifiesto, sobre todo en la homil\u00ed\u00ada, este obrar divino, para suscitar en los hombres la respuesta de la conversi\u00f3n y de la fe (cf SC 52; CT 48; DGC 51, 52, 57, 70). Pero al mismo tiempo, como ministro de la santificaci\u00f3n y del culto, debe actuar con toda verdad, transparencia y respeto a los signos y s\u00ed\u00admbolos elegidos por la Iglesia para actualizar las intervenciones salv\u00ed\u00adficas de Dios. No puede olvidar que estas se hacen, en cierto modo, palpables al encarnarse en los ritos lit\u00fargicos con toda la fuerza sensible, corp\u00f3rea, social e hist\u00f3rica de la liturgia, no s\u00f3lo como exigencia de la econom\u00ed\u00ada divina inaugurada en la encarnaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n porque lo pide el car\u00e1cter simb\u00f3lico y sacramental de la misma vida humana (cf CCE 1153-1155).<\/p>\n<p>Por eso, desde el principio, la liturgia en cuanto actualizaci\u00f3n del misterio de Cristo y de toda la historia de la salvaci\u00f3n, es testimonio vivo de la tradici\u00f3n de la Iglesia y expresi\u00f3n de su fe. En este sentido, todas las tradiciones lit\u00fargicas -los ritos y familias que surgieron en Oriente y en Occidente- celebran en todo lugar el mismo y \u00fanico misterio pascual de Jesucristo, a trav\u00e9s de formas particulares, pero fieles a la tradici\u00f3n apost\u00f3lica (cf CCE 1200-1202).<\/p>\n<p>III. Liturgia y catequesis al servicio de la fe<br \/>\nEl segundo aspecto que une \u00ed\u00adntimamente a la liturgia y a la catequesis es la conexi\u00f3n de ambas con el dep\u00f3sito de la fe. En este sentido conviene tener presente que, tanto la liturgia como la catequesis, est\u00e1n al servicio de la transmisi\u00f3n de la fe y realizan esta transmisi\u00f3n, cada una del modo que le es propio, coincidiendo en la realidad de salvaci\u00f3n que est\u00e1n llamadas a comunicar.<\/p>\n<p>Bastar\u00ed\u00ada recordar el \u00e9nfasis que pone san Pablo en la primera Carta a los corintios, cuando trata de transmitir \u00abaquello mismo que \u00e9l ha recibido\u00bb, la tradici\u00f3n referente a la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo (cf lCor 15,1-11), y la tradici\u00f3n referente a la celebraci\u00f3n de la cena del Se\u00f1or (cf 1Cor 11,23-26). El vocabulario es id\u00e9ntico en ambos pasajes, lo mismo que el contenido de la tradici\u00f3n: el misterio pascual de Jesucristo, objeto a la vez del anuncio evangelizador -y de la catequesis apost\u00f3lica \u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb (cf He 1,16; 8,35; Lc 24,32.45; etc.)- y de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. M\u00e1s a\u00fan, al mismo tiempo que el anuncio del evangelio cristalizaba en f\u00f3rmulas que defin\u00ed\u00adan la fe de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo y garantizaba su transmisi\u00f3n -las f\u00f3rmulas del kerigma-, la celebraci\u00f3n del memorial del Se\u00f1or se condensaba en los relatos de la instituci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, cuyo car\u00e1cter estereotipado y lit\u00fargico es evidente. En ambos casos estamos ante el \u00abdep\u00f3sito precioso\u00bb que es preciso custodiar con toda fidelidad (cf 1Tim 6,20; 1,14; CCE 84; DGC 125, 129).<\/p>\n<p>Lo que se acaba de decir invita a considerar tambi\u00e9n la relaci\u00f3n que existe entre la fe y la celebraci\u00f3n, o sea, el valor de la liturgia como expresi\u00f3n de la fe de la Iglesia. \u00bfQu\u00e9 significa esto? La liturgia, en cuanto cumbre de la acci\u00f3n evangelizadora (cf PO 5; SC 10; DGC 27), guarda una \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n con la fe, que brota del anuncio evangelizador y se nutre en la catequesis y en otras acciones eclesiales. Ahora bien, cuando se dice que la liturgia expresa la fe de la Iglesia, se dice algo m\u00e1s que cuando se asegura que \u00abcelebramos nuestra fe\u00bb, tanto a nivel personal como a nivel comunitario. La aclamaci\u00f3n Mysterium fdei -\u00ab\u00c2\u00a1Este es el sacramento de nuestra fe!\u00bb-, que sigue a las palabras de la instituci\u00f3n en la plegaria eucar\u00ed\u00adstica, significa la proclamaci\u00f3n de que la eucarist\u00ed\u00ada es el gran signo de la muerte y de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, objeto y centro de la fe, que lo anuncia y lo actualiza en la plegaria eucar\u00ed\u00adstica. \u00abLa eucarist\u00ed\u00ada es la forma fontal de la educaci\u00f3n de la fe\u00bb (DGC 51).<\/p>\n<p>Por eso, la fe proclamada y celebrada en la eucarist\u00ed\u00ada con acciones y palabras, es siempre la fe de la Iglesia, asumida y proclamada como propia por una asamblea y por unos fieles. As\u00ed\u00ad lo refrenda y ratifica el ministro en el bautismo y en la confirmaci\u00f3n, cuando dice en nombre de la Iglesia: \u00abEsta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jes\u00fas, Se\u00f1or nuestro\u00bb 3.<\/p>\n<p>La Iglesia cree de la misma manera que ora. Cada celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica es una profesi\u00f3n de fe. \u00abLa norma de la plegaria es norma de la fe\u00bb, como se ha dicho antes. Pero esto no se produce solamente en la plegaria eucar\u00ed\u00adstica y en el s\u00ed\u00admbolo de la fe, cuya estructura y contenidos son muy semejantes, sino tambi\u00e9n en las dem\u00e1s f\u00f3rmulas eucol\u00f3gicas y en los ritos y signos, es decir, en todos los elementos de la liturgia y en todas las celebraciones. La liturgia, por tanto, no es solamente un espacio en el que se confiesa la fe sino que es, ella misma, expresi\u00f3n de la fe de la Iglesia. Esto quiere decir que existe una \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n entre el misterio de la salvaci\u00f3n o, si se prefiere, entre los misterios de la fe, y la expresi\u00f3n lit\u00fargica de esta misma fe.<\/p>\n<p>El famoso axioma lex credendi-lex orandi tiene un sentido amplio en orden a mostrar la adecuaci\u00f3n entre las verdades de la fe y su celebraci\u00f3n en la liturgia. En efecto, la liturgia refleja siempre una doctrina de la fe y una cierta ense\u00f1anza, no s\u00f3lo en sus f\u00f3rmulas sino tambi\u00e9n en sus ritos (cf DGC 96, 119, 154), aunque su finalidad no es la de instruir. En numerosos casos, la liturgia presupone y sigue la fe revelada, ense\u00f1ada por la Iglesia en su magisterio, de manera que la celebraci\u00f3n lit\u00fargica contribuye con su lenguaje simb\u00f3lico-ritual a reafirmar la doctrina en la vida de los creyentes. En otros casos, es la liturgia la que precede a la fe propuesta por la Iglesia, constituyendo un factor muy poderoso de su explicitaci\u00f3n, por ejemplo en el caso de la asunci\u00f3n de la Sant\u00ed\u00adsima Virgen Mar\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>No obstante, no es a la liturgia a la que corresponde manifestar y proponer la doctrina de la fe, sino al magisterio de la Iglesia. Por otra parte, la liturgia expresa tambi\u00e9n muchas veces una opini\u00f3n com\u00fan o hist\u00f3rica particular. Por este motivo, antes de precisar qu\u00e9 es lo que aparece en el testimonio de la liturgia con car\u00e1cter verdaderamente universal, siempre y en todas partes, es necesario realizar an\u00e1lisis pacientes y contrastados, que ayuden a determinar la fe misma y a individualizar las expresiones e incluso las f\u00f3rmulas en las que aquella se manifiesta. En todo caso, la liturgia expresa la fe de la Iglesia no con vistas a la formulaci\u00f3n dogm\u00e1tica ni a la ense\u00f1anza teol\u00f3gica, sino con vistas a la celebraci\u00f3n de los acontecimientos salv\u00ed\u00adficos a los que se refieren las verdades de la fe. En este sentido la liturgia es verdadero lugar teol\u00f3gico de la fe del pueblo cristiano y \u00f3rgano del magisterio ordinario de la Iglesia. Dicho de otra manera, la liturgia proclama la fe en el momento en que el misterio se actualiza en el rito.<\/p>\n<p>IV. Relaciones entre liturgia y catequesis<br \/>\nComo afirma el documento La iniciaci\u00f3n cristiana, \u00abla catequesis es elemento fundamental de la iniciaci\u00f3n cristiana y est\u00e1 estrechamente vinculada a los sacramentos de la iniciaci\u00f3n. La catequesis como educaci\u00f3n en la fe de los ni\u00f1os, de los j\u00f3venes y los adultos, comprende especialmente una ense\u00f1anza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo org\u00e1nico y sistem\u00e1tico con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana&#8230; Adem\u00e1s, la catequesis est\u00e1 intr\u00ed\u00adnsecamente unida a toda la acci\u00f3n lit\u00fargica y sacramental, porque es en los sacramentos, y sobre todo en la eucarist\u00ed\u00ada, donde Jesucristo act\u00faa en plenitud para la transformaci\u00f3n de los hombres\u00bb (IC 20; cf 41; DGC 66; cf 63-65; CT 23; CCE 1074-1075).<\/p>\n<p>1. LA CATEQUESIS DESEMBOCA EN LA CELEBRACI\u00ed\u201cN. La catequesis conduce a la liturgia y desemboca en ella, no s\u00f3lo porque la liturgia es \u00abculmen y fuente\u00bb (SC 10; LG 11; PO 5; DGC 27), sino por la misma din\u00e1mica del proceso de la evangelizaci\u00f3n y de la catequesis (cf DGC 60ss., 84). Si se tiene en cuenta que la catequesis es \u00abuna educaci\u00f3n en la fe de los ni\u00f1os, de los j\u00f3venes y adultos, que comprende especialmente una ense\u00f1anza de la doctrina cristiana&#8230; con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana\u00bb (CT 18; CCE 5; DGC 63-64), la exposici\u00f3n del misterio de la salvaci\u00f3n ha de conducir a la conversi\u00f3n y al desarrollo de la fe, que encuentra en la liturgia la actualizaci\u00f3n de la historia salv\u00ed\u00adfica y el medio eficaz de la incorporaci\u00f3n del hombre al misterio de Jesucristo. \u00abEn virtud de su misma din\u00e1mica interna, la fe pide ser conocida, celebrada, vivida y hecha oraci\u00f3n\u00bb (DGC 84; cf 122).<\/p>\n<p>La catequesis, basada fundamentalmente en la palabra de Dios (cf DGC 95), hace madurar la fe en el coraz\u00f3n del catequizando y lo lleva a profesarla, a expresarla en la celebraci\u00f3n y a manifestarla en el testimonio de vida. En este sentido, \u00abpara que los hombres puedan llegar a la liturgia es necesario que antes sean llamados a la fe y a la conversi\u00f3n&#8230; Por eso, la Iglesia anuncia el mensaje de salvaci\u00f3n a los no creyentes, para que todos conozcan al \u00fanico Dios verdadero y a su enviado Jesucristo, y se conviertan de sus caminos haciendo penitencia. Y debe predicar a los creyentes continuamente la fe y la penitencia, debe prepararlos, adem\u00e1s, para los sacramentos, ense\u00f1arles a guardar todo lo que Cristo mand\u00f3, y animarlos con toda clase de obras de caridad, piedad y apostolado\u00bb (SC 9; cf AG 5; 13-14).<\/p>\n<p>Sin embargo, lo que resulta hoy muy dif\u00ed\u00adcil es la introducci\u00f3n de los catequizandos en la vida sacramental; es decir, no tanto la explicaci\u00f3n te\u00f3rica de los signos sagrados cuanto la gradual y progresiva iniciaci\u00f3n de los candidatos a los sacramentos en la celebraci\u00f3n viva y consciente de los mismos para que perseveren en ella (cf DGC 181; IC 4lss). La iniciaci\u00f3n en la vida lit\u00fargica siempre ha sido dif\u00ed\u00adcil, y hoy lo es m\u00e1s que nunca, porque lo ritual compromete m\u00e1s, abarca m\u00e1s en la personalidad del hombre y requiere un mayor campo de experiencia.<\/p>\n<p>La catequesis, afortunadamente, hace mucho que super\u00f3 la reducci\u00f3n a mera transmisora de saberes. Hoy intenta dar una formaci\u00f3n m\u00e1s integral en la fe, asumiendo tambi\u00e9n la iniciaci\u00f3n en la oraci\u00f3n y en la vida lit\u00fargica, a pesar de las dificultades. La formaci\u00f3n de la fe no ser\u00e1 completa si no es tambi\u00e9n mistagogia, es decir, introducci\u00f3n en el misterio celebrado y presente en la liturgia. Y esto por exigencias no s\u00f3lo de la fe, que pide celebraci\u00f3n de lo que se cree, y que se nutre y enriquece en ella, sino tambi\u00e9n del misterio-acontecimiento de salvaci\u00f3n que se actualiza en la liturgia. La mistagogia, \u00faltima etapa de la iniciaci\u00f3n cristiana, caracterizada por la experiencia de los sacramentos y la entrada en la comunidad (cf DGC 88; IC 29-30), conserva un valor ejemplar para toda forma de catequesis posbautismal (cf DGC 90-91), ya que \u00abla inteligencia m\u00e1s plena y fructuosa de los misterios se adquiere con la renovaci\u00f3n de las explicaciones y, sobre todo, con la recepci\u00f3n continuada de los sacramentos\u00bb (RICA 38).<\/p>\n<p>2. LA CATEQUESIS \u00abM\u00ed\u0081S DIRECTAMENTE LIT\u00daRGICA\u00bb. Se entiende por catequesis lit\u00fargica la \u00abque prepara a los sacramentos y favorece una comprensi\u00f3n y vivencia m\u00e1s profundas de la liturgia\u00bb (DGC 71; cf 176, 178, 181, 207). Esta catequesis no debe confundirse con las breves didascalias o moniciones que dicen en los momentos m\u00e1s oportunos el sacerdote u otro ministro para facilitar la participaci\u00f3n consciente (cf SC 35,3), sino que consiste en la explicaci\u00f3n previa de los ritos y de los textos de una celebraci\u00f3n. En este sentido los Rituales de los sacramentos, promulgados despu\u00e9s del Vaticano II, proponen, especialmente en los praenotanda, unas l\u00ed\u00adneas teol\u00f3gicas y pastorales que es preciso llevar a esta catequesis presacramental, y que dan lugar a las siguientes leyes de la catequesis lit\u00fargica.<\/p>\n<p>a) La preeminencia de la palabra de Dios, manifestada en la estructura de la celebraci\u00f3n: primero la Palabra, luego el rito sacramental, de manera que constituyen un solo acto de culto (cf SC 56); y en la inspiraci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de las f\u00f3rmulas y restantes textos lit\u00fargicos (cf SC 24). Por eso la catequesis lit\u00fargica est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente unida a la catequesis b\u00ed\u00adblica (cf DGC 118), de manera que el lenguaje lit\u00fargico es en gran medida el lenguaje b\u00ed\u00adblico de la historia de la salvaci\u00f3n y de la tradici\u00f3n de la Iglesia (cf DGC 208). La Palabra convierte la celebraci\u00f3n en un acto de culto agradable a Dios, mediante la respuesta de la fe de los que participan en ella.<br \/>\nb) La interiorizaci\u00f3n de la acci\u00f3n lit\u00fargica o la correspondencia entre las actitudes y los gestos y acciones rituales. En efecto, la catequesis lit\u00fargica se orienta hacia la participaci\u00f3n activa y fructuosa de los fieles, tanto a nivel personal como comunitario (cf SC 14, 19, 21ss.; DGC 85). La participaci\u00f3n externa refuerza las actitudes interiores, y constituye un modo de educaci\u00f3n permanente de la fe (cf DGC 70, 174).<br \/>\nc) La integraci\u00f3n del creyente en la comunidad local \u00abcon ocasi\u00f3n de los principales acontecimientos de la vida\u00bb (DGC 176), y de la comunidad local en la Iglesia universal, para que el sacramento forme parte de la vida de cada individuo y de cada pueblo, enriqueciendo su horizonte existencial (cf SC 26-30). Los Rituales exigen una clara conciencia del papel de todos los actores de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica -asamblea, presidente, ministros, candidato, padrinos, etc.- y de la funcionalidad precisa de cada rito o texto en s\u00ed\u00ad mismo y en el conjunto de la acci\u00f3n, dentro tambi\u00e9n del marco del a\u00f1o lit\u00fargico (cf DGC 207).<br \/>\nd) La continuidad entre la catequesis y la liturgia. Esto quiere decir que la catequesis lit\u00fargica debe prestar atenci\u00f3n a todos los elementos que componen una celebraci\u00f3n: tiempo lit\u00fargico, textos b\u00ed\u00adblicos -lecturas, salmos, ant\u00ed\u00adfonas, versos-, textos eucol\u00f3gicos -plegarias mayores, oraciones presidenciales, moniciones, etc-, himnodia -himnos, tropos, secuencias, etc.-, ritos, gestos y movimientos, elementos naturales, s\u00ed\u00admbolos, objetos y ajuar lit\u00fargico, subrayando aquellos aspectos que los distintos Rituales ponen en primer plano. Por otra parte, esta catequesis debe prolongarse de alguna manera en las intervenciones del comentador o monitor en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. La catequesis lit\u00fargica parte siempre de la celebraci\u00f3n, para volver de alguna manera otra vez a ella.<br \/>\ne) La \u00abreferencia a las grandes experiencias humanas significadas por los signos y los s\u00ed\u00admbolos de la acci\u00f3n lit\u00fargica a partir de la cultura jud\u00ed\u00ada y cristiana\u00bb (DGC 117; cf 207): felicidad y finitud, b\u00fasqueda de lo absolu to, salvaci\u00f3n y perdici\u00f3n, libertad y esclavitud, amor y odio, comuni\u00f3n e incomunicaci\u00f3n, vida y muerte, etc.<\/p>\n<p>3. LA LITURGIA, FUENTE DE LA CATEQUESIS. La catequesis tiene como \u00abfuente viva la palabra de Dios, transmitida mediante la tradici\u00f3n y la Escritura, dado que la tradici\u00f3n y la Escritura constituyen el dep\u00f3sito sagrado de la palabra de Dios confiado a su Iglesia\u00bb (CT 27; cf DGC 94). Ahora bien, la liturgia es lugar privilegiado donde la palabra de Dios resuena con una particular eficacia y donde es constantemente \u00abproclamada, escuchada, interiorizada y comentada\u00bb (DGC 95). Por eso \u00abla Iglesia ha venerado siempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Se\u00f1or, no dejando de tomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la palabra de Dios como el cuerpo de Cristo, sobre todo en la liturgia\u00bb (DV 21; cf PO 18). Por otra parte, la importancia de la Sagrada Escritura en la celebraci\u00f3n de la liturgia se basa tambi\u00e9n en que \u00abde ella se toman las lecturas que se explican en la homil\u00ed\u00ada, y los salmos que se cantan, las preces, las oraciones e himnos lit\u00fargicos est\u00e1n penetrados de su esp\u00ed\u00adritu, y de ella reciben su significado las acciones y los signos\u00bb (SC 24).<\/p>\n<p>Seg\u00fan esto la liturgia es testimonio y resonancia de la palabra de Dios tal como es recibida y asimilada por la Iglesia. El leccionario de la palabra de Dios, sobre todo de la misa, no solamente es un libro-signo de la presencia del Se\u00f1or en su Palabra, que recibe toda clase de honores lit\u00fargicos, sino tambi\u00e9n el modo normal, habitual y propio, seg\u00fan el cual la Iglesia lee en las Escrituras la palabra viva de Dios, siguiendo los \u00abhechos y palabras\u00bb de salvaci\u00f3n cumplidos por Cristo, y ordenando en torno a ellos los dem\u00e1s contenidos de la Biblia siguiendo el a\u00f1o lit\u00fargico. El leccionario aparece como una prueba de la interpretaci\u00f3n y profundizaci\u00f3n en las Escrituras que la Iglesia hace en cada tiempo y lugar, guiada siempre por el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por eso cada rito lit\u00fargico, en cuanto refleja la sensibilidad espiritual e hist\u00f3rica de una Iglesia local, ha tenido a lo largo de su historia, y en ocasiones de manera simult\u00e1nea, no uno, sino varios leccionarios. El conocimiento del leccionario es fundamental para comprender qu\u00e9 celebra y qu\u00e9 vive la Iglesia en la liturgia (cf DGC 207).<\/p>\n<p>Por otra parte est\u00e1n las plegarias eucar\u00ed\u00adsticas y las plegarias de bendici\u00f3n, ordenaci\u00f3n y consagraci\u00f3n, las f\u00f3rmulas eucol\u00f3gicas menores, los himnos, las ant\u00ed\u00adfonas no b\u00ed\u00adblicas, las plegarias y preces, etc. Su valor reside en que son la respuesta a la palabra de Dios que la Iglesia ha hecho suya y considera como tal en la invocaci\u00f3n al Se\u00f1or y en la alabanza, la acci\u00f3n de gracias y la petici\u00f3n que dirige al Padre por medio de Jesucristo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Los textos lit\u00fargicos, lo mismo que los ritos, los gestos, los s\u00ed\u00admbolos y los dem\u00e1s signos de la liturgia, contienen siempre una cierta exposici\u00f3n o expresi\u00f3n de la fe y constituyen, por tanto, un testimonio de lo que se est\u00e1 celebrando. En este sentido tienen tambi\u00e9n un gran valor para la catequesis (cf DGC 30, 96).<\/p>\n<p>Por este motivo, la liturgia est\u00e1 presente en el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, \u00abpunto de referencia para la catequesis en toda la Iglesia\u00bb (DGC 119), no s\u00f3lo como \u00abcelebraci\u00f3n del Misterio\u00bb (II parte), sino tambi\u00e9n de otras dos maneras: como fuente expl\u00ed\u00adcita de los contenidos del Catecismo, y como lenguaje o medio de comunicaci\u00f3n de la doctrina, junto con el lenguaje b\u00ed\u00adblico. Ambos aspectos -la liturgia como fuente y el lenguaje lit\u00fargico de la doctrina- son recordados impl\u00ed\u00adcitamente por Juan Pablo II en la constituci\u00f3n apost\u00f3lica Fidei depositum, de promulgaci\u00f3n del Catecismo, cuando alude a la \u00abtradici\u00f3n viva en la Iglesia\u00bb (FD 3) y a la \u00abtradici\u00f3n apost\u00f3lica\u00bb (FD 4), junto a la Sagrada Escritura, la herencia espiritual de los Padres y el magisterio. El propio Catecismo se\u00f1ala expresamente en el pr\u00f3logo que \u00absus fuentes principales son la Sagrada Escritura, los santos Padres, la liturgia y el magisterio de la Iglesia\u00bb (CCE 11). Y en efecto, basta consultar los \u00ed\u00adndices del Catecismo para apreciar, incluso cuantitativamente, las referencias lit\u00fargicas, a lo largo de las cuatro partes del libro, y su amplia y variada procedencia como testimonios de las diversas tradiciones lit\u00fargicas4.<\/p>\n<p>La importancia del lenguaje lit\u00fargico en la catequesis ha sido subrayada tambi\u00e9n por la Asamblea extraordinaria del s\u00ed\u00adnodo de los obispos de 1985, la misma que propuso la redacci\u00f3n del Catecismo. La relaci\u00f3n final dice: \u00abLa presentaci\u00f3n de la doctrina deber\u00ed\u00ada ser b\u00ed\u00adblica y lit\u00fargica, exponiendo una doctrina segura y, al mismo tiempo, adaptada a la vida actual de los cristianos\u00bb (II, B, 4). De este modo, aparece con m\u00e1s evidencia el \u00abaqu\u00ed\u00ad-ahora-para nosotros\u00bb de la salvaci\u00f3n revelado en la Sagrada Escritura y actualizado en el hoy de la Iglesia por medio de la liturgia (cf CCE 1082, 1085, 1092, 1104, 1165, etc.; DGC 108).<\/p>\n<p>Precisamente aquel s\u00ed\u00adnodo de 1985 pidi\u00f3 que \u00ablas catequesis, como ya lo fueron en el comienzo de la Iglesia, deben ser de nuevo el camino que introduzca a la vida lit\u00fargica (catequesis mistag\u00f3gicas)\u00bb (II, B, b, 2). La mistagogia no es solamente un dato concreto en las ense\u00f1anzas del Catecismo (cf CCE 1234-1245) sino, ante todo, el modo propio de presentar y de ilustrar a los ya bautizados las acciones sacramentales en las que se actualiza el misterio de la salvaci\u00f3n (cf DGC 90, 108). El Catecismo se\u00f1ala la finalidad de este tipo de catequesis: \u00abLa catequesis lit\u00fargica pretende introducir en el misterio de Cristo (es mistagogia), procediendo de lo visible a lo invisible, del signo a lo significado, de los sacramentos a los misterios\u00bb (CCE 1075; DGC 108, 67; IC 48-49).<\/p>\n<p>El modelo de este tipo de acci\u00f3n formadora de la fe lo constituyen las c\u00e9lebres catequesis mistag\u00f3gicas de san Ambrosio, san Cirilo de Jerusal\u00e9n, san Juan Cris\u00f3stomo, Teodoro de Mopsuestia y de otros Padres. Hoy este modelo est\u00e1 reflejado en el Ritual de la iniciaci\u00f3n cristiana de los adultos (RICA).<\/p>\n<p>4. LA CELEBRACI\u00ed\u201cN ES \u00abMISTAGOGIA\u00bb. El \u00faltimo aspecto de las relaciones entre la liturgia y la catequesis afecta de manera directa al papel que la liturgia desempe\u00f1a en orden a la formaci\u00f3n de la fe en los fieles, para que alcancen la madurez cristiana. En efecto, la liturgia ha sido considerada como la \u00abfuente primera e indispensable del esp\u00ed\u00adritu cristiano\u00bb, en frase de san P\u00ed\u00ado X5. Y esto, no s\u00f3lo en el sentido de que la liturgia es la fuente de donde mana hacia nosotros la gracia y se obtiene con la m\u00e1xima eficacia nuestra santificaci\u00f3n (cf SC 10), sino tambi\u00e9n en el sentido de que la liturgia contribuye de manera decisiva a la educaci\u00f3n de la fe y a configurar la vida cristiana de los fieles, como se ha dicho ya en el primer apartado.<\/p>\n<p>No obstante, la liturgia no tiene como fin, directa ni inmediatamente, ense\u00f1ar, aunque tiene una gran eficacia instructiva. En efecto, ni las celebraciones son una sesi\u00f3n de catequesis, ni el conjunto de la liturgia una transmisi\u00f3n de verdades o de principios morales. La finalidad de la liturgia es cultual, actualizadora del designio de salvaci\u00f3n cumplido en Cristo, mistag\u00f3gica, en el sentido que se ha expuesto m\u00e1s arriba. La acci\u00f3n lit\u00fargica es sumamente din\u00e1mica, pues pone en juego la palabra y el gesto, la contemplaci\u00f3n y el movimiento, la oraci\u00f3n presidencial y el canto comunitario, las actitudes y los s\u00ed\u00admbolos, los tiempos y los lugares, los vestidos y los objetos, etc. En todo esto reside su eficacia pedag\u00f3gica.<\/p>\n<p>Al no tener una finalidad primordialmente did\u00e1ctica, la liturgia no busca ilustrar la inteligencia, ni exponer ideas ni razonamientos. Emplea los recursos de la intuici\u00f3n, de la poes\u00ed\u00ada, del sentimiento, procurando crear un clima de comunicaci\u00f3n entre los componentes de la asamblea, y entre estos y el misterio celebrado. La Instrucci\u00f3n sobre las misas para grupos particulares, del 15-V-1969, entiende as\u00ed\u00ad esta funci\u00f3n: \u00abUno de los fines principales de la acci\u00f3n pastoral de la Iglesia es el de educar a los fieles a integrarse en la comunidad eclesial, de tal modo que en las celebraciones, y sobre todo en las celebraciones lit\u00fargicas, cada uno se sienta unido a los hermanos en la comuni\u00f3n de la Iglesia universal y de la Iglesia local\u00bb (AAS 61 [1969] 806).<\/p>\n<p>Por todo esto, la mistagogia no es una pedagog\u00ed\u00ada, ni siquiera una catequesis lit\u00fargica o presacramental, entre otros motivos porque se impart\u00ed\u00ada una vez recibidos los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, sino que era la etapa final de iluminaci\u00f3n y de compresi\u00f3n integral de la salvaci\u00f3n, como tambi\u00e9n se ha dicho. En este sentido la liturgia es mistagogia dirigida a los bautizados, es decir, a los que son ya hijos de Dios en el Hijo Jesucristo, y crecen en la fe y en los dem\u00e1s aspectos de la vida cristiana bajo la acci\u00f3n iluminadora del maestro interior que es el Esp\u00ed\u00adritu Santo, y con la mediaci\u00f3n de la Iglesia. Por eso, la mistagogia se produce no desde una experiencia meramente antropol\u00f3gica, o desde una pedagog\u00ed\u00ada gen\u00e9rica de la fe, sino desde la synerg\u00ed\u00ada divina o comunicaci\u00f3n interior del Esp\u00ed\u00adritu, que transmite al hombre una experiencia vital y distinta, la que procede de la presencia del misterio en la vida cristiana en todas sus manifestaciones (fe, celebraci\u00f3n, caridad, testimonio).<\/p>\n<p>La mistagogia conduce a los ya iniciados a vivir enteramente el don recibido, el misterio de salvaci\u00f3n (cf DGC 89), y su meta es la comuni\u00f3n con el Padre, en Jesucristo, en la presencia y bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por eso su tiempo m\u00e1s significativo es la cincuentena pascual, especialmente la octava de Pascua (cf RICA 37-40; 235-239). Sin embargo la acci\u00f3n mistag\u00f3gica no se encierra en este tiempo simb\u00f3lico y emblem\u00e1tico, sino que se produce en toda celebraci\u00f3n lit\u00fargica, verdadera epifan\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu que Cristo resucitado regala continuamente a la Iglesia.<\/p>\n<p>V. La catequesis del a\u00f1o lit\u00fargico<br \/>\n1. ELEMENTOS HIST\u00ed\u201cRICOS Y TEOL\u00ed\u201cGICOS. El a\u00f1o lit\u00fargico, llamado tambi\u00e9n a\u00f1o cristiano y a\u00f1o del Se\u00f1or, porque es de Cristo y a \u00e9l pertenece, es tambi\u00e9n a\u00f1o de la Iglesia o a\u00f1o eclesi\u00e1stico, porque la Iglesia lo ha hecho suyo para santificar el tiempo y la existencia de los hombres. El Vaticano II lo describe as\u00ed\u00ad: \u00abLa santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con un sagrado recuerdo, en d\u00ed\u00adas determinados, a trav\u00e9s del a\u00f1o, la obra salv\u00ed\u00adfica de su divino Esposo. Cada semana, en el d\u00ed\u00ada que llam\u00f3 \u00abdel Se\u00f1or\u00bb conmemora su resurrecci\u00f3n, que una vez al a\u00f1o celebra tambi\u00e9n, junto con su santa pasi\u00f3n, en la m\u00e1xima solemnidad de la pascua. Adem\u00e1s, en el c\u00ed\u00adrculo del a\u00f1o, desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la encarnaci\u00f3n y la navidad hasta la ascensi\u00f3n, pentecost\u00e9s y la expectativa de la dichosa esperanza y venida del Se\u00f1or\u00bb (SC 102; cf 106; IC 50).<\/p>\n<p>En este sentido, el a\u00f1o lit\u00fargico es un espacio de gracia y de salvaci\u00f3n (cf 2Cor 6,2), continuaci\u00f3n del a\u00f1o jubilar b\u00ed\u00adblico anunciado por Jes\u00fas (cf Lc 4,19.21). Por eso es un tiempo simb\u00f3lico que representa la concreci\u00f3n hist\u00f3rica y din\u00e1mica de la presencia salvadora del Se\u00f1or en la Iglesia y de su actuaci\u00f3n por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo en los bautizados, a los que va configurando y asimilando progresivamente a Cristo. Pero el a\u00f1o lit\u00fargico es tambi\u00e9n el resultado de la b\u00fasqueda, por parte del pueblo de Dios, de una respuesta al misterio de Jesucristo por medio de la conversi\u00f3n y de la fe, fruto de un itinerario espiritual roturado por la experiencia de la Iglesia a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>Lo que hoy conocemos como a\u00f1o lit\u00fargico no se empieza a desarrollar hasta el siglo IV. Durante los tres primeros siglos no existi\u00f3 en la Iglesia otra celebraci\u00f3n marcada por el ritmo del tiempo m\u00e1s que el domingo, aunque existen indicios de una conmemoraci\u00f3n anual de la Pascua. Pero s\u00f3lo a partir de los siglos VIII-IX, cuando los formularios de misas del adviento se sit\u00faan delante de la fiesta de navidad, y los libros lit\u00fargicos comienzan con el domingo I de adviento, se puede hablar ya de una estructura lit\u00fargica anual organizada. A la formaci\u00f3n del a\u00f1o lit\u00fargico contribuyeron diversos factores, como la capacidad festiva humana, la huella del a\u00f1o lit\u00fargico hebreo y, sobre todo, la fuerza misma del misterio de la salvaci\u00f3n, que tiende a manifestarse por todos los medios, especialmente desde el momento en que la Iglesia encontr\u00f3 la posibilidad de proyectar su mensaje sobre la sociedad y la cultura. Esto, sin olvidar las necesidades catequ\u00e9ticas y pastorales de las comunidades.<\/p>\n<p>En el centro, y como fundamento del a\u00f1o lit\u00fargico, se encuentra el acontecimiento de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, n\u00facleo de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica y de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, como se ha dicho m\u00e1s arriba. En efecto, la pascua de Israel hab\u00ed\u00ada alcanzado su cumplimiento y culminaci\u00f3n en la pasi\u00f3n y resurrecci\u00f3n de Cristo con la donaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf He 2,32-33). La muerte y la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas siempre ha sido celebrada semanalmente el domingo y anualmente en la fiesta de pascua, al principio con un criterio de concentraci\u00f3n respecto del criterio cronol\u00f3gico de distribuci\u00f3n de los misterios de la vida de Cristo que se afirm\u00f3 posteriormente. Despu\u00e9s vinieron el culto a los m\u00e1rtires, los aniversarios de la dedicaci\u00f3n de las iglesias -sobre todo a la Sant\u00ed\u00adsima Virgen a ra\u00ed\u00adz del concilio de Efeso, que originaron las fiestas marianas m\u00e1s antiguas-, la organizaci\u00f3n del catecumenado y de la penitencia, la instituci\u00f3n de los tiempos penitenciales, etc.<\/p>\n<p>El a\u00f1o lit\u00fargico es celebraci\u00f3n de la entera obra salvadora de Cristo en el tiempo. La Iglesia, \u00abconmemorando as\u00ed\u00ad los misterios de la redenci\u00f3n, abre las riquezas del poder santificador y de los m\u00e9ritos de su Se\u00f1or, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo, para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvaci\u00f3n\u00bb (SC 102). La intenci\u00f3n del a\u00f1o lit\u00fargico es hacer presente el misterio de Cristo en el tiempo de los hombres para reproducirlo en sus vidas. Esta presencia no es meramente subjetiva y limitada a la contemplaci\u00f3n reflexiva y afectiva de los aspectos del misterio de Cristo que se van conmemorando, sino que entra\u00f1a una eficacia salv\u00ed\u00adfica objetiva. Por eso las fiestas y los tiempos lit\u00fargicos no son aniversarios de los hechos de la vida hist\u00f3rica de Jes\u00fas, sino presencia in mysterio, es decir, en la acci\u00f3n ritual y en todos los signos lit\u00fargicos de la celebraci\u00f3n. Los hechos y palabras realizados por Cristo en su existencia terrena ya no vuelven a producirse, pero en cuanto acciones del Verbo encarnado son acontecimientos salv\u00ed\u00adficos (kairoi) actuales y eficaces para quienes los celebran.<\/p>\n<p>2. CATEQUESIS. Lo primero que habr\u00ed\u00ada que asumir es que Dios sigue salvando aqu\u00ed\u00ad y ahora por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Esta vida es tambi\u00e9n historia de salvaci\u00f3n. Dios sigue manifest\u00e1ndose salvador en la liturgia y en la historia, a trav\u00e9s de los signos de los tiempos. El sujeto de esta historia de la salvaci\u00f3n siempre es Dios. Nosotros somos colaboradores suyos. Esta convicci\u00f3n, hecha vivencia en la Iglesia, debe ser asumida por los catequistas y por los catequizandos. Para ello proponemos las siguientes pistas catequ\u00e9ticas.<\/p>\n<p>a) Los catequistas est\u00e1n llamados: 1) a impregnarse de esta realidad y a profundizar en ella por medio de retiros oportunos durante el a\u00f1o, coincidiendo con la entrada de los tiempos lit\u00fargicos: adviento-navidad, cuaresma-pascua y tiempo ordinario; 2) a programar los distintos temas y cursos teniendo en cuenta los tiempos lit\u00fargicos, de tal manera que los temas de la catequesis no queden sin m\u00e1s uno tras otro, sino trabados con el tiempo lit\u00fargico, centr\u00e1ndolos en la pascua; 3) a recibir ellos tambi\u00e9n su propia formaci\u00f3n lit\u00fargica sobre el a\u00f1o lit\u00fargico, durante los cursos que est\u00e9n al servicio de la catequesis.<br \/>\nb) Para los catequizandos, los catequistas: 1) preparar\u00e1n para los distintos cursos, y adapt\u00e1ndolas a ellos, breves celebraciones al comienzo de cada tiempo lit\u00fargico -la liturgia es catequesis en acto-; 2) ofrecer\u00e1n -seg\u00fan las edades- catequesis lit\u00fargicas, que desvelen el significado de las acciones lit\u00fargicas, iluminando los fundamentos antropol\u00f3gicos y sociol\u00f3gicos de los ritos, su enraizamiento en la naturaleza del hombre y en la vida de la comunidad; 3) al mismo tiempo har\u00e1n presentes en la catequesis acontecimientos de la vida de la sociedad, ayud\u00e1ndoles a descubrir en ellos signos de Dios o antisignos, a la luz de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>VI. La catequesis de la liturgia de las horas<br \/>\n1. ELEMENTOS HIST\u00ed\u201cRICOS Y TEOL\u00ed\u201cGICOS. El oficio divino o liturgia de las horas es una acci\u00f3n lit\u00fargica que santifica el tiempo por medio de la plegaria distribuida seg\u00fan las horas del d\u00ed\u00ada. Se trata, por tanto, de una verdadera celebraci\u00f3n de la Iglesia, como ejercicio del sacerdocio de Jesucristo (SC 7; 84), incluso cuando es realizada por un solo ministro en nombre de la Iglesia. Sin embargo, se prefiere siempre la celebraci\u00f3n comunitaria, con asistencia y participaci\u00f3n activa de los fieles, a la recitaci\u00f3n individual y casi privada (cf SC 26-27; 99-100).<\/p>\n<p>El origen de la liturgia de las horas hay que buscarlo en la oraci\u00f3n de Jes\u00fas, que observaba los ritmos de plegaria de su pueblo. Las primeras comunidades cristianas siguieron su ejemplo, destac\u00e1ndose como principales horas de oraci\u00f3n la de la ma\u00f1ana y la del final del d\u00ed\u00ada, que originaron las laudes y las v\u00ed\u00adsperas, \u00abel doble quicio sobre el que gira el oficio cotidiano\u00bb (SC 89a). Poco a poco se a\u00f1adieron las vigilias nocturnas y las horas intermedias: tercia, sexta y nona, relacionadas con diversos momentos de la pasi\u00f3n de Cristo. Cada hora tiene su propio significado, que se pone de manifiesto en los diversos elementos de que consta, especialmente en los himnos, en la salmodia y en las preces y oraciones del tiempo ordinario.<\/p>\n<p>El oficio divino naci\u00f3 como oraci\u00f3n de la Iglesia local, clero y pueblo unidos, aunque por influjo del monacato la celebraci\u00f3n fue haci\u00e9ndose cada vez m\u00e1s compleja en n\u00famero de horas y en elementos. En la Edad media surgi\u00f3 la recitaci\u00f3n privada. Las numerosas reformas que la liturgia de las horas ha conocido en su historia no siempre pretendieron devolverle su condici\u00f3n de oraci\u00f3n de toda la Iglesia.<\/p>\n<p>El Vaticano II lo propuso t\u00ed\u00admidamente (cf SC 99ss.), pero fue la reforma lit\u00fargica posconciliar la que se lo propuso en serio, organizando las horas del oficio con esta finalidad y ofreciendo las bases teol\u00f3gicas para la espiritualidad y la pastoral del oficio divino. La liturgia de las horas es, en este sentido, la expresi\u00f3n orante del coloquio divino que el Hijo de Dios introdujo en este mundo -la voz de los salmos es la voz de Cristo-, coloquio al que es asociada la Iglesia que invoca a su Se\u00f1or, y con \u00e9l, en la unidad del Esp\u00ed\u00adritu Santo, da culto al Padre. En la liturgia de las horas \u00abCristo ora por nosotros, ora en nosotros, y es invocado por nosotros\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn, Enarr in Ps. 85, 1).<\/p>\n<p>2. CATEQUESIS. El sentido primordial de la liturgia de las horas es la santificaci\u00f3n del tiempo, de la historia. La vida es don de Dios. El nos da la oportunidad de realizar juntamente con \u00e9l su plan de salvaci\u00f3n. La liturgia de las horas es respuesta agradecida y actualizadora de su obra de salvaci\u00f3n. Para ello proponemos las siguientes pistas catequ\u00e9ticas.<\/p>\n<p>a) Los catequistas est\u00e1n llamados: 1) a concienciarse de la fuerza de la oraci\u00f3n comunitaria y del valor de los salmos como palabra de Dios. Para ello pueden programar encuentros de reflexi\u00f3n sobre la oraci\u00f3n s\u00e1lmica, con la ayuda de alg\u00fan biblista, a la vez que se ejercitan en la misma; 2) a celebrar en sus reuniones generales alguna de las horas del oficio divino, con las moniciones sobrias que ayuden a su interiorizaci\u00f3n.<br \/>\nb) Respecto de los catequizandos, los catequistas: 1) los educar\u00e1n en la oraci\u00f3n de alabanza y de agradecimiento a Dios, y moderadamente en la oraci\u00f3n de petici\u00f3n; nuestra oraci\u00f3n es siempre respuesta agradecida a Dios, que nos da un tiempo de salvaci\u00f3n; 2) utilizar\u00e1n los salmos seg\u00fan las edades de los catequizandos, empezando por orar con frases s\u00e1lmicas cortas, pasando por salmos adaptados, hasta llegar a orar con los salmos, tom\u00e1ndolos como palabra de Dios.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Para esta introducci\u00f3n cf P. A. GIGUERE, Una fe adulta. El proceso de maduraci\u00f3n en la fe, Sal Terrae, Santander 1995, 158-168; V. M. PEDROSA, El lenguaje audiovisual para una triple fidelidad: a Dios, a los hombres y a la \u00abtraditio\u00bb, Actualidad catequ\u00e9tica 149 (1991) 99-135. &#8211; 2. Cf tambi\u00e9n: CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA EL CULTO DIVINO Y LA DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS, La liturgia romana y la inculturaci\u00f3n. Instrucci\u00f3n para aplicar debidamente la constituci\u00f3n \u00abSacrosanctum concilium\u00bb 37-40, Typis Polyglottis Vaticanis 1994. &#8211; 3 Ritual del bautismo de ni\u00f1os, Coeditores lit\u00fargicos 1970, 48; Ritual de la confirmaci\u00f3n, Coeditores lit\u00fargicos 1976, 33. &#8211; 4 Cf J. L\u00ed\u201cPEz MART\u00ed\u008dN, La celebraci\u00f3n del misterio cristiano. La II parte del Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, en Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 43\/44 (1992) 391-413, aqu\u00ed\u00ad 397-400. &#8211; 5 Motu proprio Tra le sollecitudini, en A. BuGNINI, Documenta ad instaurationem liturgicam spectantia (1903-1953), Roma 1953, 12.<\/p>\n<p>BIBL.: L Liturgia y catequesis: ALDAZ\u00ed\u0081BAL J., Preguntas a la catequesis desde la liturgia, Phase 80 (1980) 255-266; COFFY R., La celebraci\u00f3n, lugar de la educaci\u00f3n en la fe, Phase 118 (1980) 267-280; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, Edice, Madrid 1999; FEDERICI T., La santa mistagogia permanente de la Iglesia, Phase 193 (1993) 9-34; FLORIST\u00ed\u0081N C., La liturgia, lugar de educaci\u00f3n en la fe, Concilium 194 (1984) 87-99; FossION A., La catequesis como iniciaci\u00f3n a la liturgia, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 37\/ 38 (1991) 1-24; GEVAERT J. (ed.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, especialmente ALBERICH E., Liturgia y catequesis, 511-514 y PINTOR S., Celebraci\u00f3n, 180-182; L\u00ed\u201cPEz MART\u00ed\u008dN J., En el Esp\u00ed\u00adritu y la verdad I: Introducci\u00f3n teol\u00f3gica a la liturgia, Secretariado Trinitario, Salamanca 19932, 311-346; II: Introducci\u00f3n antropol\u00f3gica a la liturgia, Secretariado Trinitario, Salamanca 1994, 335-372; MALDONADO L., Celebrar. Reflexiones para un di\u00e1logo entre catequistas y liturgistas, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 26\/27 (1988) 463-475; SARTORE D.-TRIACCA A. M. (dirs.), Nuevo diccionario de liturgia, San Pablo, Madrid 19963 especialmente BROVELLI F., Fe y liturgia, 840-854 y SARTORE D., Catequesis y liturgia, 319-333; SAVER R., La liturgia, \u00bflugar de aprendizaje de la fe?, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 37\/38 (1991) 25-37; TRIACCA A. M., Contributo per una catechesi liturgico sacramentale, Rivista liturgica 60 (1973) 611-632. II. A\u00f1o lit\u00fargico: BELLAVISTA J., El a\u00f1o lit\u00fargico, San Pablo, Madrid 1989; BERGAMINI A., Cristo, ,festa della Chiesa. L&#8217;anno liturgico, Roma 1982; CASTELLANO J., El a\u00f1o lit\u00fargico: memorial de Cristo y mistagogia de la Iglesia, CEN. PASTORAL LIT\u00daRGICA, Barcelona 1994; JOUNEL P., El a\u00f1o, en MARTIMORT A. G., La Iglesia en oraci\u00f3n, Herder, Barcelona 19824, 917-1046; L\u00ed\u201cPEZ MART\u00ed\u008dN J., El a\u00f1o lit\u00fargico. Historia y teolog\u00ed\u00ada de los tiempos festivos cristianos, BAC, Madrid 19972; SoDI M.-MORANTE G., Anno liturgico: itinerario di fede, Leumann-Tur\u00ed\u00adn 1988. III. Liturgia de las Horas: L\u00ed\u201cPEZ MART\u00ed\u008dN J., La oraci\u00f3n de las horas. Historia, teolog\u00ed\u00ada y pastoral del oficio divino, Secretariado Trinitario, Salamanca 1984&#8242;; MARTIMORT A. G., La oraci\u00f3n de las horas, en La Iglesia en oraci\u00f3n, Herder, Barcelona 19824, 1047-1173; PINELL J., Liturgia delle ore, Anamnesis 5, G\u00e9nova 1990; TAFT R., La liturgia delle ore in Oriente e in Occidente, San Paolo, Cinisello Balsamo 1988.<\/p>\n<p>Juli\u00e1n L\u00f3pez Mart\u00ed\u00adn<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n: 1. Lo conceptual y lo ritual-simb\u00f3lico; 2. Lo conceptual y lo ritual-simb\u00f3lico en el campo de la fe; 3. Actividades esenciales para la misi\u00f3n de la Iglesia. I. Liturgia y catequesis al encuentro: 1. B\u00fasqueda de la propia credibilidad; 2. Formaci\u00f3n en la fe de los que acceden a los sacramentos; 3. Ambas &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/liturgia-y-catequesis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLITURGIA Y CATEQUESIS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17021","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17021","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17021"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17021\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17021"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17021"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17021"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}