{"id":17022,"date":"2016-02-05T11:05:30","date_gmt":"2016-02-05T16:05:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/madurez-humana-madurez-cristiana\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:30","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:30","slug":"madurez-humana-madurez-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/madurez-humana-madurez-cristiana\/","title":{"rendered":"MADUREZ HUMANA. MADUREZ CRISTIANA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Origen del t\u00e9rmino \u00abmadurez\u00bb . II. El concepto de madurez humana en la actualidad: 1 Aportaciones del psicoan\u00e1lisis; 2. Aportaciones de la psicolog\u00ed\u00ada evolutiva; 3. Aportaciones de la psicolog\u00ed\u00ada humanista; 4. La madurez como integraci\u00f3n de la persona. 111. Madurez humana y madurez religiosa. IV. Madurez religiosa (el encuentro con Dios). V. Madurez cristiana.<\/p>\n<p>I. Origen del t\u00e9rmino \u00abmadurez\u00bb<br \/>\nSi buscamos el origen de \u00abmadurez\u00bb encontramos que no es un t\u00e9rmino acu\u00f1ado en el \u00e1mbito de la psicolog\u00ed\u00ada, sino que esta lo toma de la agricultura. As\u00ed\u00ad, en el Diccionario de la Academia de la lengua leemos: \u00abMadurez: Saz\u00f3n de los frutos\u00bb. De ah\u00ed\u00ad que la psicolog\u00ed\u00ada popular, cuando lo aplica al hombre, identifica madurez con una de las edades de la vida, en concreto con la segunda edad: la edad adulta. En esta psicolog\u00ed\u00ada de tipo popular, la madurez viene dada por el saber de la experiencia y por el aprendizaje recibido a lo largo de la primera edad (la infancia y la juventud), que aboca a una etapa de plenitud en la que el hombre, como los frutos de la tierra, se encuentra en su saz\u00f3n. Esta concepci\u00f3n de madurez se caracteriza, por tanto, por su identificaci\u00f3n con una edad de la vida, la edad adulta. Es un logro que se alcanza simplemente por el paso del tiempo y el aprendizaje, y que una vez adquirido se posee definitivamente. Tiene, por tanto, un cierto car\u00e1cter est\u00e1tico: es un bien que se posee.<\/p>\n<p>Esta identificaci\u00f3n entre edad adulta y madurez, concepci\u00f3n de tipo cosista y est\u00e1tica, resulta insuficiente; y el hecho es que ha sido cuestionada incluso por el mismo saber popular, as\u00ed\u00ad como por los estudios de la psicolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica sobre personalidad. \u00bfHasta qu\u00e9 punto se puede decir de todos y de cada uno de los adultos que son maduros? La persistencia de reacciones infantiles, de inestabilidad emocional, de p\u00e9rdida de sentido, parece ponerlo en duda. El hecho es que el concepto madurez ha ido evolucionando a lo largo de la historia de la psicolog\u00ed\u00ada, y se ha introducido progresivamente una nueva concepci\u00f3n de madurez, en la que se rompe la identificaci\u00f3n entre adultez y madurez, para entender la madurez como el logro de la integraci\u00f3n personal, como el equilibrio psicol\u00f3gico, como la capacidad de afrontar adecuadamente los retos de la vida. La madurez ya no es concebida de forma est\u00e1tica, sino de forma din\u00e1mica; la vida es entendida como un proceso permanente de maduraci\u00f3n. La madurez es ahora comprendida como el equilibrio personal a conseguir en cada momento; y no como algo pose\u00ed\u00addo de una vez por todas. Es una situaci\u00f3n personal a la que siempre hay que tender, y que nunca se posee plenamente. As\u00ed\u00ad se podr\u00e1 decir, con toda propiedad, que un ni\u00f1o es maduro o se hablar\u00e1 de la inmadurez de determinados adultos.<\/p>\n<p>II. El concepto de madurez humana en la actualidad<br \/>\nEsta concepci\u00f3n din\u00e1mica de la madurez nos enfrenta a nuevas preguntas: \u00bfQu\u00e9 es ser maduro y qu\u00e9 es no serlo? \u00bfC\u00f3mo ha de entenderse el concepto madurez en cada uno de los momentos de la vida? \u00bfHay caracter\u00ed\u00adsticas que nos permitan discernir en cada momento el grado de madurez? \u00bfCu\u00e1les son las din\u00e1micas que hacen posible a los hombres alcanzar la madurez y cu\u00e1les se la impiden o dificultan? Y llevado al t\u00e9rmino de la religiosidad: \u00bfEn qu\u00e9 consiste la maduraci\u00f3n en la fe? \u00bfCu\u00e1les son sus caracter\u00ed\u00adsticas? \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n existe entre madurez humana y madurez cristiana?<br \/>\nEstas cuestiones han sido iluminadas a lo largo de la historia desde distintos \u00e1mbitos, y recientemente por las distintas escuelas de psicolog\u00ed\u00ada. Sinteticemos estas aportaciones.<\/p>\n<p>1. APORTACIONES DEL PSICOAN\u00ed\u0081LISIS. Para el psicoan\u00e1lisis, el concepto madurez est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente ligado al equilibrio personal, y fundamentalmente a la integraci\u00f3n de las dimensiones m\u00e1s profundas de la personalidad. En una c\u00e9lebre frase a este respecto, Freud identifica la madurez con la capacidad de amar y trabajar en libertad, o la capacidad de resolver conflictos internos, principalmente inconscientes, que impiden amar y paralizan o dificultan toda capacidad productiva.<\/p>\n<p>En la misma l\u00ed\u00adnea se manifiesta su disc\u00ed\u00adpulo C. G. Jung cuando describe el proceso de maduraci\u00f3n como el proceso de confrontaci\u00f3n con el propio inconsciente personal y con el inconsciente colectivo, con el fin de alcanzar la integraci\u00f3n personal que aporte identidad y armon\u00ed\u00ada profunda al individuo. Jung aborda una nueva dimensi\u00f3n al equilibrio personal, al situarlo en relaci\u00f3n, no s\u00f3lo a las fuerzas inconscientes personales, sino a las de la especie. Experiencias de desarraigo social y cultural; dificultades en la expresi\u00f3n de vivencias profundas compartidas con el resto de los que forman una misma cultura, y ausencia de gestos y ritos simb\u00f3licos que permitan la integraci\u00f3n de los miembros de una comunidad humana, se convierten en objeto del estudio de Jung, cuando aborda el equilibrio personal, sanidad y madurez humana, puesta muy en relaci\u00f3n con el concepto cl\u00e1sico de sabidur\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>E. Fromm aborda la madurez intentando integrar aspectos no s\u00f3lo psicol\u00f3gicos, sino filos\u00f3ficos y sociales. Aborda a este respecto temas para \u00e9l cruciales, como la capacidad de amar, de ser libres, de tener una escala de valores, una \u00e9tica; o sea, la capacidad de ser sobre la huida hacia el tener, la capacidad de asumir el riesgo sobre la b\u00fasqueda de seguridad a toda costa, poniendo todos estos temas en relaci\u00f3n con la sociedad contempor\u00e1nea. Podr\u00ed\u00adamos decir que la gran aportaci\u00f3n de Fromm es poner en relaci\u00f3n el concepto de equilibrio, tomado del psicoan\u00e1lisis freudiano, con la necesidad de sentido de la filosof\u00ed\u00ada existencial y la dimensi\u00f3n social del hombre.<\/p>\n<p>En definitiva, la aportaci\u00f3n fundamental de las corrientes psicoanalistas al concepto de madurez hay que situarla en la comprensi\u00f3n de esta como un proceso de integraci\u00f3n de las distintas dimensiones de la personalidad, conscientes e inconscientes, en un equilibrio no siempre plenamente conseguido. Pero esta aportaci\u00f3n, compartida por los distintos autores, es progresivamente enriquecida por la visi\u00f3n particular de cada uno de ellos.<\/p>\n<p>2. APORTACIONES DE LA PSICOLOG\u00ed\u008dA EVOLUTIVA. Una segunda fuente de aportaciones para la comprensi\u00f3n del concepto madurez, por parte de la psicolog\u00ed\u00ada, la encontramos en los estudios sobre el desarrollo del hombre, realizados por la psicolog\u00ed\u00ada evolutiva, que tanta importancia ha tenido y tiene para la catequesis. Un mejor conocimiento del desarrollo humano, una descripci\u00f3n m\u00e1s precisa de cada una de las etapas por las que el hombre pasa a lo largo de su vida, y de las din\u00e1micas internas que posibilitan su desarrollo arm\u00f3nico, permiten comprender mejor qu\u00e9 debemos entender como maduro y qu\u00e9 como inmaduro en cada momento de la vida. En psicolog\u00ed\u00ada evolutiva, la madurez es entendida como la capacidad de afrontar cada uno de los retos que se presentan al individuo a lo largo de su vida, de forma adecuada a su edad y a su situaci\u00f3n personal. Para ello es necesario precisar cada uno de los niveles que debe alcanzar el hombre en su desarrollo, es decir, describir qu\u00e9 entendemos por \u00abde forma adecuada\u00bb en cada una de las edades, cu\u00e1les son las capacidades y habilidades que el sujeto normalmente alcanza y de las que se sirve para responder a cada uno de los retos.<\/p>\n<p>En un primer momento de su desarrollo, la psicolog\u00ed\u00ada evolutiva dedic\u00f3 sus esfuerzos a describir detenidamente cada una de las edades del desarrollo general, especialmente la infancia y la adolescencia. En este sentido, la obra de Gessell ha sido fundamental. M\u00e1s tarde se busc\u00f3 no s\u00f3lo describir, sino interpretar qu\u00e9 es lo que motiva y c\u00f3mo se efect\u00faa ese desarrollo en cada una de las facetas humanas. Los trabajos efectuados por J. Piaget o Vigotski sobre la inteligencia son mod\u00e9licos por sus inapreciables aportaciones; pero probablemente, la contribuci\u00f3n m\u00e1s interesante, en lo que a la madurez se refiere, es la realizada por Erikson.<\/p>\n<p>Erikson aporta al desarrollo del psicoan\u00e1lisis su comprensi\u00f3n de la vida entendida como algo din\u00e1mico. Para \u00e9l, a lo largo de la vida, el hombre, en su di\u00e1logo con la realidad, se encuentra enfrentado a ocho grandes retos o crisis de crecimiento. Estos retos son los que, seg\u00fan el esquema de Erikson, constituyen los ocho estadios del desarrollo, cada uno de los cuales se caracteriza por el desarrollo espec\u00ed\u00adfico de crisis psicosocial, que debe resolverse a su debido tiempo para que el individuo pase al estadio siguiente. La resoluci\u00f3n exitosa aumenta la madurez humana. La explicaci\u00f3n de cada uno de los estadios y de sus correspondientes tensiones, que paso a detallar, es descrita por Erikson en su libro Infancia y sociedad.<\/p>\n<p>a) Confianza b\u00e1sica-desconfianza b\u00e1sica. En este estadio, que ocupa los primeros meses de la vida, se desarrolla como zona er\u00f3tica y primera zona de interacci\u00f3n, la boca. Por medio de ella se alcanza la experiencia del placer en la crianza y se suministran diariamente las principales sensaciones de bienestar. El ni\u00f1o, gradualmente, desarrolla un sentimiento de que el mundo circundante es bueno, y que merece la pena vivir y estar en \u00e9l y, como consecuencia, va progresivamente adquiriendo la confianza b\u00e1sica en \u00e9l mismo, que ser\u00e1 fuente de seguridad y sustento para su futuro crecimiento. Por el contrario, si no encuentra unos brazos que le acunen, una persona con quien interactuar afectivamente, una fuente de placer y seguridad, adquirir\u00e1 una conciencia de que lo que le rodea es malo, y progresivamente se deteriorar\u00e1 su propia seguridad y confianza.<br \/>\nb) Autonom\u00ed\u00ada-verg\u00fcenza y duda. El segundo estadio, anal-uretral y muscular, alcanza hasta los dos-tres a\u00f1os de edad. Es el tiempo en el que el ni\u00f1o va adquiriendo progresivamente autonom\u00ed\u00ada en sus acciones y desplazamientos, en que sus actividades alcanzan o no un grado de control y autonom\u00ed\u00ada suficiente. En este estadio, la zona anal llega a ser el sitio de choque de dos formas de actuar: retenci\u00f3n y eliminaci\u00f3n. Estas dos formas se expresan tambi\u00e9n por el desarrollo muscular en acciones tales como agarrar las cosas o tirarlas. El ni\u00f1o duda a menudo, algunas veces violentamente, entre los dos opuestos, y pierde su control; pero ha de aprender a controlar estas dos pulsiones para alcanzar, sin miedo a arriesgarse, su propia autonom\u00ed\u00ada. Si el ni\u00f1o est\u00e1 sometido a un repetido y excesivo freno paterno, el resultado puede ser un sentimiento duradero de duda y verg\u00fcenza. En definitiva, en esta etapa el ni\u00f1o se encuentra enfrentado a la disyuntiva entre ser y sentirse aut\u00f3nomo, seguro de s\u00ed\u00ad, capaz de controlar su propia corporalidad y car\u00e1cter, o a la inseguridad respecto a s\u00ed\u00ad mismo y su autocontrol, y al miedo a lo que le rodea.<\/p>\n<p>c) Iniciativa-culpa. A este estadio, que ocupa hasta los 5-6 a\u00f1os, Freud lo denomin\u00f3 f\u00e1lico, y en \u00e9l situ\u00f3 el complejo de Edipo con su constelaci\u00f3n de sensaciones, anhelos y miedos. Erikson sit\u00faa esta constelaci\u00f3n de sentimientos en el contexto m\u00e1s amplio de las nuevas capacidades del ni\u00f1o: independencia y movimientos vigorosos, comprensi\u00f3n del idioma, imaginaci\u00f3n salvaje y a veces asustadiza. En este per\u00ed\u00adodo se interioriza la intencionalidad de las acciones y de los sentimientos, siendo el tiempo en el que emerge la intenci\u00f3n moral y los sentimientos de culpa, que pueden tener una funci\u00f3n positiva al redirigir su curiosidad y su energ\u00ed\u00ada m\u00e1s all\u00e1 de la familia, hacia el mundo de los hechos, de los ideales y de las metas pr\u00e1cticas; pero el peligro de este estadio es que la existencia de un hondo y permanente sentimiento de culpa ante deseos prohibidos y celos, quiz\u00e1s expresa dos en actos de temor a una agresi\u00f3n ingobernable, bloquee el crecimiento del ni\u00f1o.<br \/>\nd) Industriosidad-inferioridad. Este per\u00ed\u00adodo, denominado per\u00ed\u00adodo de latencia, tiene para Erikson un significado nuevo. Es el tiempo que va hasta la llegada de la pubertad y la adolescencia. Es el tiempo de la instrucci\u00f3n sistem\u00e1tica, bajo la gu\u00ed\u00ada de adultos o ni\u00f1os mayores. El ni\u00f1o sale m\u00e1s all\u00e1 del c\u00ed\u00adrculo familiar inmediato y explora sus modos y capacidades de relaci\u00f3n con otros ni\u00f1os y adultos. En este estadio aprende a usar las herramientas y los utensilios del mundo adulto, y as\u00ed\u00ad desarrolla un sentimiento de industriosidad. Cuando en este esfuerzo no alcanza el \u00e9xito, o las metas que los adultos le proponen son contradictorias, se consigue un sentimiento de inferioridad.<\/p>\n<p>e) Identidad-confusi\u00f3n de identidad. Esta confrontaci\u00f3n se da en el tiempo de la pubertad y la adolescencia. En este tiempo de cambios corporales acelerados y de maduraci\u00f3n genital, surge la pregunta sobre la igualdad y la continuidad con lo que uno era en los a\u00f1os precedentes. La juventud pubescente se enfrenta con el problema de conectar las cualidades de su yo y lo vivido en su infancia con el rol adulto que est\u00e1 llamado a ser. Esta identidad la estructura gradualmente a partir de lo que es en el fondo de s\u00ed\u00ad mismo, de los roles que ejecuta, de c\u00f3mo es percibido por otros, de su dotaci\u00f3n constitucional individual, de sus capacidades. Es frecuente que el adolescente en este proceso busque una soluci\u00f3n temporal por medio de la identificaci\u00f3n con alg\u00fan h\u00e9roe popular, o junt\u00e1ndose a alguna pandilla que le d\u00e9 la identidad, por medio de la separaci\u00f3n entre los iniciados y los extra\u00f1os, a base de estereotipos. El formar parte de tales grupos evita el sentimiento de confusi\u00f3n de identidad, y le permite probar su capacidad de fidelidad; pero este no es m\u00e1s que un primer paso para alcanzar una identidad personal que le diferencia del resto de sus compa\u00f1eros y que le hace sentirse autor y protagonista de su vida. En caso contrario, se ve abocado a dejarse llevar por el ambiente o por los otros sin conocer muy bien el sentido de lo que vive y lo que hace, o incluso a caer en patolog\u00ed\u00adas m\u00e1s o menos graves de confusi\u00f3n de identidad.<\/p>\n<p>f) Intimidad-aislamiento. Con el logro de identidad, el joven est\u00e1 listo, por fin, para compartir y fundir su identidad con la identidad de otros, en una relaci\u00f3n \u00ed\u00adntima. Aunque Erikson elabora este concepto principalmente en las relaciones heterosexuales de mutualidad org\u00e1smica que, seg\u00fan su pensamiento, s\u00f3lo pueden desarrollarse totalmente en relaciones permanentes, la intimidad tambi\u00e9n se hace presente en otras situaciones como la amistad, la camarader\u00ed\u00ada. Cuando, por el contrario, hay ausencia de una identidad firme y\/o miedo a la p\u00e9rdida del yo, la persona evita tales experiencias a toda costa, establece solamente una relaci\u00f3n superficial, y de todo ello resulta un sentimiento profundo de aislamiento.<br \/>\ng) Generatividad-estancamiento. Es el reto de la edad adulta propiamente dicha. Dado el enorme papel del aprendizaje y la transmisi\u00f3n cultural en las vidas humanas, la generatividad juega un papel fundamental. Los adultos, para que el sentido de su existencia diga algo a alguien, necesitan ser necesarios; donde comprueban este proceso de maduraci\u00f3n es precisamente al transmitirlo a las nuevas generaciones. Aquellos que, absorbidos en otras preocupaciones e intereses, se cierran en s\u00ed\u00ad mismos, es probable que se empobrezcan personalmente y que vivan la experiencia de un profundo sentimiento de estancamiento.<\/p>\n<p>h) Integridad-desesperaci\u00f3n. Cuando se alcanzan con \u00e9xito los logros de cada uno de los siete estadios anteriores y, por lo tanto, la madurez en cada una de las etapas de la vida, la cosecha en la vejez es un sentimiento de plenitud, de integridad, y la personalidad es adornada de m\u00faltiples cualidades. La integridad del yo maduro es adornada por un sentimiento de coherencia y totalidad. En este tiempo de plenitud existe un sentimiento de comuni\u00f3n con el mundo, con la sociedad y con la vida, y de sentido espiritual. Se acepta de una forma nueva el amor hacia los propios padres y hacia el resto de las personas significativas de la propia vida. La persona se siente solidaria con pueblos distantes y con los hombres que han trabajado por la dignidad humana y el amor. Y la integridad fundamenta, en la asunci\u00f3n del uno y \u00fanico ciclo vital, la aceptaci\u00f3n de la propia muerte. Cuando esto no ocurre, se toma conciencia de que la vida se termina y de que esta se ha perdido; la falta de integraci\u00f3n del yo se ve marcada por la desesperaci\u00f3n, por la no aceptaci\u00f3n de la excesiva fugacidad del tiempo y de la imposibilidad de volver a comenzar.<\/p>\n<p>3. APORTACIONES DE LA PSICOLOG\u00ed\u008dA HUMANISTA. Una tercera aportaci\u00f3n la encontramos en la psicolog\u00ed\u00ada humanista, que realiza el intento de recoger las aportaciones del psicoan\u00e1lisis y de la psicolog\u00ed\u00ada experimental. Aborda la madurez desde la \u00f3ptica del crecimiento personal, la motivaci\u00f3n y la autoestima. Abraham Maslow, en su teor\u00ed\u00ada de las motivaciones, hace caer en la cuenta de que m\u00e1s all\u00e1 de las motivaciones b\u00e1sicas, que se caracterizan por su capacidad de ser saciadas, existen otras que denomina motivaciones superiores, que son espec\u00ed\u00adficas de la especie humana y se caracterizan por su capacidad de retroalimentaci\u00f3n: cuanto m\u00e1s se cultivan m\u00e1s necesidad tenemos de vivirlas y practicarlas. Entre ellas encontramos las necesidades de tipo \u00e9tico y est\u00e9tico y, principalmente, la necesidad de sentido.<\/p>\n<p>El hombre, por tanto, para Maslow es el ser que, m\u00e1s all\u00e1 de cubrir sus necesidades b\u00e1sicas -alimentaci\u00f3n, sexo, gregariedad, etc.- y del desarrollo biol\u00f3gico que le hace ser adulto, est\u00e1 llamado a la realizaci\u00f3n personal, a dar sentido a su existencia en di\u00e1logo con su entorno, y a caminar en un proceso de realizaci\u00f3n personal, que le permitir\u00e1 ser un individuo sano, maduro y feliz.<\/p>\n<p>En esta misma l\u00ed\u00adnea hemos de situar al resto de los psic\u00f3logos de este movimiento, como E. Fromm y R. May; pero parece obligado citar a Carl Rogers por la influencia que ha tenido su pensamiento en el di\u00e1logo pastoral, en el acompa\u00f1amiento personal y grupal y, en concreto, en la catequesis de adultos.<\/p>\n<p>4. LA MADUREZ COMO INTEGRACI\u00ed\u201cN DE LA PERSONA. \u00bfQu\u00e9 podemos recoger como aportaciones de las distintas escuelas psicol\u00f3gicas? A modo de s\u00ed\u00adntesis, parece conveniente hacer una descripci\u00f3n de qu\u00e9 entendemos por madurez y cu\u00e1les son las condiciones necesarias para alcanzarla: 1) En primer lugar es obligado volver a se\u00f1alar el car\u00e1cter din\u00e1mico del concepto madurez, que ya no es entendido como un estadio alcanzado en un momento de la vida (la edad adulta), sino como un proceso que se hace presente de formas distintas a lo largo de cada una de sus etapas. 2) La madurez, as\u00ed\u00ad, es comprendida como el equilibrio alcanzado en cada momento de la existencia entre las distintas dimensiones de la personalidad (conscientes e inconscientes, afectivas, racionales, volitivas y sociales). Equilibrio siempre provisional e inestable. 3) Este equilibrio no se efect\u00faa \u00fanicamente entre las distintas dimensiones de la personalidad, sino que se genera en el di\u00e1logo y la comunicaci\u00f3n con los otros, asumiendo adecuadamente los distintos papeles y roles que la persona se encuentra llamada a desempe\u00f1ar; y en la superaci\u00f3n de los retos que el ambiente y la sociedad le provocan y a los que tiene que dar respuesta. 4) Estos retos sociales no son iguales en cada una de las edades de la vida, sino que existe una progresi\u00f3n, debida, de una parte, a las capacidades de la edad y, de otra, al contexto social en el que el sujeto se ve envuelto (clase social, cultura, etc). 5) El logro del equilibrio y de la madurez tiene que ver no s\u00f3lo con la autoestima, que se va consolidando en el sujeto a lo largo de su vida, sino con la visi\u00f3n que este tiene del mundo y de la sociedad que le rodea. O lo que es lo mismo, el logro de madurez est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente emparentado con la salud psicol\u00f3gica. 6) Finalmente, el logro de madurez en cada una de las etapas, tiene tambi\u00e9n un car\u00e1cter din\u00e1mico, al ser motor de crecimiento y de cambio en la personalidad del sujeto, que se ve impulsado, desde lo que en cada momento es, a un proceso de crecimiento y enriquecimiento personal, que le permitir\u00e1 enfrentar adecuadamente los nuevos retos que la vida le depare.<\/p>\n<p>III. Madurez humana y madurez religiosa<br \/>\nUna cuesti\u00f3n b\u00e1sica y fundamental para la tarea catequ\u00e9tica es: \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n existe, si es que existe alguna, entre madurez humana y madurez religiosa? \u00bfEn qu\u00e9 sentido podemos extrapolar lo dicho hasta ahora sobre la madurez humana al \u00e1mbito del proceso de crecimiento en la fe, con todo lo que esto supone en el orden de la catequesis, del discernimiento vocacional, de los escrutinios para la admisi\u00f3n al bautismo de adultos, o la confirmaci\u00f3n de los adolescentes, la concesi\u00f3n del bautismo de los ni\u00f1os en funci\u00f3n de la fe de sus padres, etc? Este es uno de los temas cruciales de la psicolog\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n, en general, de la teolog\u00ed\u00ada espiritual, y de la catequesis, que busca encontrar una comprensi\u00f3n adecuada del crecimiento y maduraci\u00f3n de la fe. Las cuestiones que dependen de clarificar qu\u00e9 entendemos por madurez religiosa tienen consecuencias no s\u00f3lo en el orden te\u00f3rico, sino tambi\u00e9n, y muy importantes, en el orden pr\u00e1ctico.<\/p>\n<p>En primer lugar, y como punto de partida, es conveniente recordar el aforismo cl\u00e1sico de antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica: \u00abLa gracia no suple a la naturaleza\u00bb. La gloria de Dios es que el hombre viva, y que lo haga de una forma plenamente humana, desarrollando en plenitud todas sus potencialidades humanas, que le hacen ser a imagen del Creador (G\u00e9n 1,27), hombre nuevo a imagen de Cristo (Rom 8,29). Pero este crecimiento humano lleva emparejada la conciencia de la limitaci\u00f3n humana, de la propia finitud, que abre al hombre a la b\u00fasqueda de la trascendencia, haciendo realidad las palabras de san Agust\u00ed\u00adn: \u00abNo te buscar\u00ed\u00ada si no te hubiera ya encontrado\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora bien, en un mundo plural como en el que vivimos, de una parte, no han sido pocos los que han acusado a la religi\u00f3n, y en concreto al cristianismo, de alienar al hombre, de vaciar de humanidad su vida, hasta afirmar que para ser propiamente humano es necesaria la negaci\u00f3n de Dios. De otra parte, no han sido pocas las voces que desde el cristianismo han acusado a los no creyentes de personas incompletas, inmaduras. Es necesario para la catequesis y para la teolog\u00ed\u00ada en general, como indica el Vaticano II, abrir caminos de di\u00e1logo, que nos permita reconocer en todo hombre los rasgos de la presencia de Dios en sus vidas y, a la vez, caer en la cuenta de las inmadureces, las zonas oscuras, las insuficiencias que en todo hombre existen. En cualquier caso, el mensaje cristiano hace aportaciones a la madurez humana, y los datos de la psicolog\u00ed\u00ada sobre madurez humana permiten descubrir algunos rasgos de insuficiencia en la forma de vivir la fe.<\/p>\n<p>IV. Madurez religiosa (el encuentro con Dios)<br \/>\nUn c\u00famulo de experiencias humanas como la toma de conciencia de la propia finitud, el encuentro intersubjetivo del amor humano, el sentirse portador de vida y la alegr\u00ed\u00ada de la paternidad, la experiencia de dolor y frustraci\u00f3n, la indignaci\u00f3n y rebeld\u00ed\u00ada ante la injusticia, la capacidad de extasiarse ante lo bello y hermoso de la vida son, probablemente, las que, de una forma u otra, nos abren a la b\u00fasqueda del sentido \u00faltimo de nuestras vidas y al encuentro con Dios; pero no todas ellas, ni la forma de vivir cada una, son igualmente maduradoras. Es relativamente frecuente que proyectemos sobre Dios, como hacemos en el resto de nuestras relaciones humanas, nuestras ansias de seguridad, nuestros miedos, nuestras frustraciones, nuestras ilusiones. Todo ello aboca a un proceso cr\u00ed\u00adtico de nuestra misma imagen de Dios, de purificaci\u00f3n de los \u00ed\u00addolos que diariamente nos creamos, o del proceso de idolatrizaci\u00f3n al que sometemos a Dios. Uno de los principales rasgos de madurez religiosa es la actitud de apertura ante el Misterio, de sana sospecha ante lo que de idol\u00e1trico pueda existir en nuestra relaci\u00f3n con Dios; una vivencia de confianza y de docilidad ante Dios y su voluntad, que tienen como fruto una paz y seguridad profunda y una actitud de libertad y de riesgo ante todo lo que nos rodea. \u00abNo temas\u00bb, \u00abNada te turbe\u00bb.<\/p>\n<p>V. Madurez cristiana<br \/>\nEsto que se puede decir de todas las confesiones religiosas, y que tiene en cada una de ellas sus propias connotaciones, en el cristianismo nos aboca directamente a la persona de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>A partir del misterio de la encarnaci\u00f3n, Dios-con-nosotros, la persona de Jes\u00fas se convierte, para los creyentes, en referente \u00faltimo de nuestra humanidad. El es el modelo, la meta, y el maestro de nuestra humanidad. Por medio de \u00e9l se ha derramado sobre nosotros la gracia que nos permite no s\u00f3lo reconciliarnos con Dios, sino con nuestra misma humanidad. El, el Hombre nuevo, ha hecho de cada uno de nosotros hombres nuevos renacidos por el bautismo.<\/p>\n<p>Esta recreaci\u00f3n de nuestra humanidad no es considerada como un acto m\u00e1gico, sino como una tarea continua de crecimiento. Como un proceso (Ef 4,13) en el que la gracia derramada en Cristo juega un papel, y la acci\u00f3n libre y voluntaria del hombre juega el suyo propio. Por eso Pablo invita a los cristianos a la aceptaci\u00f3n de la gracia (Ef 4,17ss.) y a hacer crecer en cada uno las mismas actitudes de Cristo Jes\u00fas (Flp 2,5).<\/p>\n<p>Todo esto es vivido y descrito por el Nuevo Testamento con las categor\u00ed\u00adas de seguimiento de Jes\u00fas y de discipulado, que suponen un proceso en el que las etapas de llamada, seguimiento y env\u00ed\u00ado subrayan y concretan los distintos momentos por los que pasa la madurez cristiana. Este proceso y sus etapas permiten se\u00f1alar como aspectos de la madurez cristiana:<br \/>\na) La toma de conciencia de s\u00ed\u00ad mismo, de los valores y limitaciones de cada uno y del propio contexto social (los llam\u00f3 por su nombre). La capacidad de apertura y escucha m\u00e1s all\u00e1 de la misma realidad concreta. Y la capacidad de trascender para encontrarle a \u00e9l, que nos llama en cada uno de los acontecimientos, situaciones y personas de la vida diaria.<br \/>\nb) El crecimiento y la purificaci\u00f3n en el \u00e1rea de los sentimientos y de las actitudes, poni\u00e9ndolos en consonan cia con los de Jes\u00fas. La articulaci\u00f3n racional del mensaje en di\u00e1logo con el mundo que nos rodea (dar raz\u00f3n de vuestra esperanza). La comuni\u00f3n con los que forman el grupo de los disc\u00ed\u00adpulos, en un proceso de purificaci\u00f3n y sanaci\u00f3n de todo lo que hay de espurio en nuestras relaciones (envidias, celos&#8230;). Y la pasi\u00f3n por todos los hombres, como manifestaci\u00f3n que son del rostro de Dios, pero especialmente por los m\u00e1s peque\u00f1os, por los m\u00e1s d\u00e9biles, por los m\u00e1s pobres, como expresi\u00f3n del amor preferencial de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>c) La conciencia de tener una misi\u00f3n, una tarea, un papel que realizar en la construcci\u00f3n del mundo, en el anuncio de una buena noticia, que se derrama como una gracia fraterna y salvadora. La conciencia de libertad, que es vivida como un riesgo ante la toma de decisiones, ante la apertura de caminos, ante la creaci\u00f3n de situaciones nuevas en las que Dios pueda hacerse presente. El compromiso constante en la tarea, incluso con hombres de otros credos y de otras ideolog\u00ed\u00adas. El convencimiento de que todo, y especialmente la propia vida, tiene un sentido.<\/p>\n<p>BIBL.: ERIKSON E. H., Identity and the Life Cycle: Selected Papers, International Universities Press, Nueva York 1959; The Life Cycle Completed: A Review, W. W. Norton, Nueva York 1982; Infancia y sociedad, Paid\u00f3s-Horm\u00e9, Buenos Aires 19839; FOWLER J. W., Stages of Faith; The Psychology of Human Development and the Quest for Meaning, Harper &#038; Row, San Francisco 1981; Becoming Adult, Becoming Christian; Adult Development and Christian Faith, Harper &#038; Row, San Francisco 1984; GARRIDO J., Adulto y cristiano. Crisis de realismo y madurez cristiana, Sal Terrae, Santander 1989; GUIGUERE P. A., Una fe adulta. El proceso de maduraci\u00f3n en la fe, Sal Terrae, Santander 1995; MASLOW A. H., El hombre autorrealizado, Kair\u00f3s, Barcelona 1983; ZAVALLONI R., Madurez espiritual, en DE FLORES S.-GOFPI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 1991^, 1123-1138.<\/p>\n<p>Antonio \u00ed\u0081vila Blanco<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Origen del t\u00e9rmino \u00abmadurez\u00bb . II. El concepto de madurez humana en la actualidad: 1 Aportaciones del psicoan\u00e1lisis; 2. Aportaciones de la psicolog\u00ed\u00ada evolutiva; 3. Aportaciones de la psicolog\u00ed\u00ada humanista; 4. La madurez como integraci\u00f3n de la persona. 111. Madurez humana y madurez religiosa. IV. Madurez religiosa (el encuentro con Dios). V. Madurez &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/madurez-humana-madurez-cristiana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMADUREZ HUMANA. 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