{"id":17026,"date":"2016-02-05T11:05:39","date_gmt":"2016-02-05T16:05:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ministerio-de-la-palabra\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:39","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:39","slug":"ministerio-de-la-palabra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ministerio-de-la-palabra\/","title":{"rendered":"MINISTERIO DE LA PALABRA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n. I. La Palabra y la existencia. II. Los profetas, al servicio de la Palabra: 1. Enviados por Dios para proclamar su mensaje; 2. Fieles a la Palabra; 3. Palabra de Dios en palabra humana. III. El ministro de la Palabra y la Trinidad: 1. Dios se revela en Jesucristo; 2. La acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en el anuncio de la Palabra. IV. Un ministerio eclesial y apost\u00f3lico. V. La comunidad eclesial, primera anunciadora. VI. Qu\u00e9 define a un ministro de la Palabra: 1. Sus actitudes; 2. Los medios que emplea. VII. Formas que reviste el ministerio de la Palabra.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nDios ha manifestado siempre el deseo de dialogar con toda la humanidad, de encontrarse con los hombres que \u00e9l ha creado. En el principio pronunci\u00f3 su Palabra creadora para que los hombres, a trav\u00e9s de lo visible de la creaci\u00f3n, accedieran a lo invisible de Dios (cf Rom 1,19-20); a lo largo de los tiempos nos ha seguido hablando, de m\u00faltiples maneras, para manifestar su amistad y cercan\u00ed\u00ada a la obra de sus manos; y en los \u00faltimos tiempos nos habla por medio del Hijo de sus entra\u00f1as, su Palabra, para desentra\u00f1arnos en \u00e9l todo su amor (cf Heb 1,1-3). Este di\u00e1logo construido desde el compromiso mutuo, aunque caracterizado por la iniciativa generosa de Dios, se abre una y otra vez en la historia personal y colectiva de la comunidad creyente. Israel, desde la promesa, y la Iglesia, desde el cumplimiento, son los depositarios de la palabra de Dios, manifestada de una vez para siempre en la persona de Cristo.<\/p>\n<p>La Escritura y la tradici\u00f3n son testimonios permanentes de la palabra que Dios dirige a todo hombre. \u00abLa Sagrada Escritura es la palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. La tradici\u00f3n recibe la palabra de Dios, encomendada por Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo a los ap\u00f3stoles, y la transmite \u00ed\u00adntegra a los sucesores, para que ellos, iluminados por el Esp\u00ed\u00adritu de la verdad, la conserven, la expongan y la difundan fielmente en su predicaci\u00f3n\u00bb (DV 9). En referencia permanente a este doble dep\u00f3sito, el pueblo cristiano, unido a los pastores, tiene acceso a la Palabra de amor que Dios quiere dirigir a todos los hombres, sin distinci\u00f3n de espacio y tiempo. Y en ellos encuentra el ministro de la Palabra las fuentes para ejercer el servicio de anunciar y ense\u00f1ar la salvaci\u00f3n de Dios a aquellos que la Iglesia le encomienda.<\/p>\n<p>I. La Palabra y la existencia<br \/>\nDios se manifiesta en su Palabra y esta Palabra tiene que penetrar los cuatro grandes \u00e1mbitos de la existencia cristiana en el mundo. Dios nos habla en la vida de cada d\u00ed\u00ada, en la celebraci\u00f3n de la fe, en el servicio a los necesitados y en la comuni\u00f3n fraterna entre unos y otros.<\/p>\n<p>a) Al lado de la Escritura y la tradici\u00f3n se encuentra, pues, la realidad presente, el tiempo actual, que es tiempo de acci\u00f3n y de testimonio. La Palabra se sit\u00faa en el contexto de la realidad que vivimos, con sus zonas de luz y sus segmentos de sombra, con los proyectos que promocionan y humanizan, y con todo lo que esclaviza y destruye. Quien est\u00e1 atento puede percibir el paso de Dios por este mundo y puede advertir las transformaciones que esto conlleva. En este sentido, entender la Palabra quiere decir leer los signos de los tiempos en que vivimos e interpretarlos: \u00bfqu\u00e9 nos quiere decir el Se\u00f1or mediante las realidades que nos rodean?, \u00bfc\u00f3mo nos interpelan? Reconocer c\u00f3mo act\u00faa Dios y c\u00f3mo se hace presente es condici\u00f3n indispensable para aproximarse a la Palabra y convertirse en ministro y servidor de ella.<\/p>\n<p>b) El \u00e1mbito de la celebraci\u00f3n de la fe, es decir, la liturgia y la oraci\u00f3n, es el espacio propio de la proclamaci\u00f3n de la Palabra. Dios se revela en el coraz\u00f3n de quien lo alaba en medio de la asamblea congregada en su nombre. La voz interior del Esp\u00ed\u00adritu y su fuerza transformadora convierten la Palabra y el sacramento en un lugar de renovaci\u00f3n y de comuni\u00f3n con la Trinidad. La Palabra se\u00f1ala los caminos de fidelidad a la voz de Dios y el sacramento es realizaci\u00f3n plena de los misterios salvadores.<\/p>\n<p>c) La celebraci\u00f3n de la fe no queda encerrada en ella misma sino que se proyecta hacia el exterior de la asamblea, all\u00ed\u00ad donde palpitan la vida de la Iglesia, comunidad de bautizados, y la vida del mundo. El servicio es la forma pr\u00e1ctica de la Palabra. Sin servicio generoso y atento, la Palabra queda est\u00e9ril, sin fruto. De la misma manera que la encarnaci\u00f3n de Jesucristo lleva a la forma existencial concreta del Cristo-servidor, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n su palabra de vida, proclamada en la celebraci\u00f3n, conduce al servicio sol\u00ed\u00adcito a los pobres y necesitados.<\/p>\n<p>d) Finalmente, la comunidad es lugar y espacio en el que Dios revela su misericordia y su perd\u00f3n, sobre todo a trav\u00e9s de los sacramentos, pero tambi\u00e9n en la uni\u00f3n de corazones, en la relaci\u00f3n fraterna. La Palabra estimula la comuni\u00f3n y, en cierta manera, la fundamenta, ya que la uni\u00f3n entre los que pertenecen a la Iglesia es un reflejo de aquella uni\u00f3n plena y fecunda entre el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, que se manifiestan en el interior de la Iglesia. Cuando escuchamos la Palabra, nos damos cuenta de que se tiene que plasmar en una vida comunitaria sincera y valiente. Ah\u00ed\u00ad, en los hermanos, que son el icono de Cristo, reconocemos a las criaturas salidas de la mano amorosa de Dios.<\/p>\n<p>La Palabra nos ayuda y empuja a entender c\u00f3mo Dios se manifiesta en la vida concreta de la comunidad, en cada rostro, en cada una de las acciones llevadas a cabo bajo el impulso del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>II. Los profetas, al servicio de la Palabra<br \/>\nEn el Antiguo Testamento, el ministerio de la Palabra es ejercido sobre todo por los profetas. El profeta es el servidor del mensaje que Dios quiere hacer llegar a los hombres. Cuando el profeta habla al pueblo, no lo hace en su propio nombre ni refiere sus propias ideas. Vive al servicio del designio de Dios, de su voluntad.<\/p>\n<p>1. ENVIADOS POR DIos PARA PROCLAMAR SU MENSAJE. La funci\u00f3n del profeta consiste en llenar de contenido la alianza antigua entre Dios y el pueblo. Por eso Dios le escoge de entre el pueblo y lo env\u00ed\u00ada a proclamar su mensaje. Poco importa si es demasiado joven e inexperto, como Jerem\u00ed\u00adas, o si es un simple pastor como Am\u00f3s. La invitaci\u00f3n de Dios no deja opci\u00f3n para la duda o la r\u00e9plica: \u00abNo digas: \u00abSoy joven\u00bb, porque a donde yo te env\u00ed\u00ade, ir\u00e1s: y todo lo que yo te ordene, dir\u00e1s\u00bb (Jer 1,7).<\/p>\n<p>Desde el momento de su vocaci\u00f3n, el profeta es un servidor de la Palabra, porque lo que pronuncie ser\u00e1n las palabras que Dios pondr\u00e1 en sus labios. La imagen del seraf\u00ed\u00adn que con una brasa toca los labios del profeta (Is 6,6-7) o la visi\u00f3n de la mano que ofrece un libro que el profeta tiene que comerse (Ez 3,1-3) encierran la misma idea. El profeta queda lleno de la Palabra, y su ministerio no es ocasional o epis\u00f3dico, sino perenne: el profeta queda configurado existencialmente como servidor de la Palabra. De ahora en adelante, su vida quedar\u00e1 orientada de manera nueva. Vivir\u00e1 de la Palabra, sufrir\u00e1 por causa de la Palabra y la anunciar\u00e1 sin cansancio, cumpliendo as\u00ed\u00ad el encargo que ha recibido. La Palabra lo ha transformado decisivamente. Ya no hablar\u00e1 por s\u00ed\u00ad mismo, sino que comunicar\u00e1 aquello que el Esp\u00ed\u00adritu le indique. Quiz\u00e1 intentar\u00e1 resistirse, pero tendr\u00e1 que permitir que la Palabra configure su vida. Solamente quien vive la presencia de la Palabra puede ser testigo de ella y puede osar predicarla a su pueblo y a todos los pueblos: \u00aben este d\u00ed\u00ada te constituyo sobre las naciones y sobre los reinos, para arrancar y destruir, para derribar y deshacer, para edificar y plantar\u00bb (Jer 1,10).<\/p>\n<p>El profeta, puesto al servicio de la Palabra, recibe la fuerza que posee esta Palabra que proviene del mismo Dios; por eso, lo que anuncia tiene fuerza y vigor, capacidad de transformaci\u00f3n y de cambio. La Palabra, por medio del profeta, sacude y convierte, destruye y levanta, fortalece y arranca. El ministro de la Palabra es testigo, a la vez, de su propia debilidad y de la fuerza del Se\u00f1or. \u00abLa palabra de nuestro Dios permanece por siempre\u00bb leemos en Isa\u00ed\u00adas (40,8; cf lPe 1,24-25). Y es que, en claro contraste con el ser humano, que es quebradizo y fr\u00e1gil, la Palabra es consistente y serena, ya que Dios cumple aquello que dice, su promesa. Lo encontramos tambi\u00e9n en Isa\u00ed\u00adas: \u00abAs\u00ed\u00ad la palabra que sale de mi boca no vuelve a m\u00ed\u00ad sin resultado, sin haber hecho lo que yo quer\u00ed\u00ada y haber llevado a cabo su misi\u00f3n\u00bb (Is 55,11).<\/p>\n<p>2. FIELES A LA PALABRA. Un aspecto importante del ministerio prof\u00e9tico es la fidelidad a la Palabra. La llamada y el env\u00ed\u00ado del profeta son el principio de un camino de fidelidad. De hecho, tambi\u00e9n el falso profeta se muestra convencido de lo que dice y hace. Pero se trata solamente de una apariencia, ya que en el fondo de su ser sabe que es un servidor de los intereses de quien lo alimenta y no de la palabra de Dios. Escucha la voluntad de Dios, pero subordinado a la circunstancia socio-pol\u00ed\u00adtica y a la voluntad de quien tiene el poder. Su fidelidad real pasa por las exigencias de su rol (anunciar el triunfo del poderoso) y no por lo que el Todopoderoso le dice que comunique (un triunfo o una derrota, un \u00e9xito o un fracaso). No vive de la Palabra, y sus frutos no son buenos. Por eso, sus palabras no llevan la marca del Se\u00f1or del universo. Opuesto al falso profeta, que juega con su papel de servidor de la Palabra, encontramos al profeta aut\u00e9ntico, que pone sus palabras al servicio de la Palabra.<\/p>\n<p>3. PALABRA DE Dios EN PALABRA HUMANA. El mensaje prof\u00e9tico es palabra de Dios en palabra humana. Y no puede ser de otra manera, porque Dios no habla en el vac\u00ed\u00ado. El profeta es miembro del pueblo de la alianza, aquel a quien Dios habl\u00f3 en la cima del Sina\u00ed\u00ad. Israel se nutre del compromiso expresado en el pacto que su Dios ha hecho con \u00e9l: el Se\u00f1or ser\u00e1 su Dios y ellos ser\u00e1n su pueblo. Pero el profeta anuncia una nueva y definitiva alianza, en la cual la ley estar\u00e1 escrita en el coraz\u00f3n (Jer 31,31-34). Las palabras del profeta no toleran la injusticia y la opresi\u00f3n, moneda com\u00fan entre su pueblo. Por eso fustiga con dureza a los que piensan que act\u00faan con la religiosidad m\u00e1s estricta, cuando de hecho justifican con la pr\u00e1ctica religiosa un comportamiento injusto. La palabra de Dios pasa por las palabras del profeta y aqu\u00ed\u00ad toma la forma humana que llega a los o\u00ed\u00addos de los que escuchan.<\/p>\n<p>La palabra prof\u00e9tica es de tal manera concreta y desconcertante que parece que no sea palabra de Dios. Cuando, por ejemplo, Jerem\u00ed\u00adas anuncia la ca\u00ed\u00adda de Jerusal\u00e9n (Jer 22,20-23), parece que haga el juego al enemigo babilonio y se oponga a la promesa divina sobre el car\u00e1cter indestructible de la ciudad. Pero este es precisamente el mensaje del Se\u00f1or. El profeta aparece con toda la grandeza del aut\u00e9ntico servidor de la Palabra: con un lenguaje humanamente repudiable, expresa exactamente el designio, inapelable y justo, del Se\u00f1or. Poner la propia palabra al servicio del Se\u00f1or y borrar el propio juicio para hacer transparentar solamente el juicio de Dios: este es el reto dif\u00ed\u00adcil del ministro de la Palabra. La figura de los grandes profetas de Israel recuerda a los que pretenden servir la palabra de Dios que lo tienen que hacer con fidelidad, aceptando las consecuencias de la llamada, insistente y sorprendente, del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>III. El ministro de la Palabra y la Trinidad<br \/>\nEl modelo propio del ministro cristiano de la Palabra se encuentra en los textos del Nuevo Testamento. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la teolog\u00ed\u00ada de la Iglesia de los ap\u00f3stoles y los ministerios que el Esp\u00ed\u00adritu suscita en su interior para as\u00ed\u00ad garantizar el anuncio y difusi\u00f3n de la Palabra.<\/p>\n<p>1. DIos SE REVELA EN JESUCRISTO. El punto de partida es la revelaci\u00f3n definitiva de Dios en la persona de Jesucristo, su Hijo. As\u00ed\u00ad lo expresa admirablemente el pr\u00f3logo de la Carta a los hebreos: \u00abDios, despu\u00e9s de haber hablado muchas veces y en diversas formas a nuestros padres por medio de los profetas, en estos d\u00ed\u00adas, que son los \u00faltimos, nos ha hablado por el Hijo, a quien ha constituido heredero de todas las cosas, por quien hizo tambi\u00e9n el universo\u00bb (1,1-2).<\/p>\n<p>Los profetas eran instrumentos al servicio del mensaje que Dios quer\u00ed\u00ada comunicar a los hombres. Jesucristo es la palabra de Dios en persona, y quien lo escucha a \u00e9l escucha directamente al Padre, sin intermediarios de ninguna clase. El nos da acceso al Padre, ya que ha abierto con su muerte el camino que lleva al lugar sant\u00ed\u00adsimo y desde ahora el tabern\u00e1culo celestial es patrimonio de todos los que creen en \u00e9l. El, Jesucristo, ha hablado del Padre y ha hecho o\u00ed\u00adr su voz. Pero su palabra de vida es palabra id\u00e9ntica a la del Padre, ya que el Padre y el Hijo son una sola cosa.<\/p>\n<p>La palabra del Padre y del Hijo ha sido recogida por el Esp\u00ed\u00adritu, el cual habla a los creyentes, personal y comunitariamente, con un lenguaje interior siempre nuevo. Sin \u00e9l, la palabra de Dios y la obra salvadora de Cristo quedar\u00ed\u00adan sin respuesta. Es \u00e9l quien nos hace hijos y nos permite clamar: Abba, es decir, Padre (Rom 8,15).<\/p>\n<p>Por nuestra parte, la respuesta se transforma en anuncio, ya que el mensaje que nos llega se convierte en proclamaci\u00f3n hecha por los que lo recibimos y lo aceptamos. Ahora bien, solamente lo podemos recibir si alguien nos lo anuncia, y este alguien es Dios mismo, que nos habla por y en Jesucristo. Lo dice Pablo en la primera Carta a los corintios: \u00ab[Dios] os ha llamado a vivir en uni\u00f3n con su Hijo, Jesucristo, nuestro Se\u00f1or\u00bb (lCor 1,9). Esta llamada de Dios a la amistad y a la uni\u00f3n con Cristo se dirige a todos los que forman la comunidad cristiana y, de manera especial, a los que ejercen el ministerio de la Palabra. En efecto, el servidor del mensaje lo es en virtud de la llamada que Dios mismo le hace. El servicio de la Palabra se configura entonces como la mediaci\u00f3n necesaria para que esta llamada pueda resonar en el coraz\u00f3n de las personas.<\/p>\n<p>A la fe se llega gracias al anuncio del kerigma evang\u00e9lico fundamental: Jesucristo muerto y resucitado para nuestra salvaci\u00f3n. Si alguien se apartara de este anuncio central, se pasar\u00ed\u00ada a otro evangelio y har\u00ed\u00ada est\u00e9ril la llamada recibida de Dios por la gracia de Cristo (G\u00e1l 1,6). Por lo tanto, es condici\u00f3n indispensable que el ministro de la Palabra se mantenga, de palabra y de obra, en la buena nueva que es el eje de la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica (He 2,23-24; 3,15; 4,10; 5,30-31; 10,39-40; 13,27-30).<\/p>\n<p>Hablar en nombre de Dios y de Cristo es tarea y privilegio del que ha sido llamado al servicio de la Palabra, a ser embajador de Cristo y portavoz del mismo Dios. El embajador lleva un mensaje de parte del que lo env\u00ed\u00ada, y por eso anunciar la Palabra quiere decir comunicar un mensaje, pero tambi\u00e9n y sobre todo hacer presente la persona del emisario. Cuando el enviado habla, sus palabras de exhortaci\u00f3n y aliento surgen de la palabra misma de Dios. El ministerio de la Palabra no es una pura repetici\u00f3n mec\u00e1nica, sino la recreaci\u00f3n actual de la palabra divina. Dios se f\u00ed\u00ada de sus enviados y les conf\u00ed\u00ada su misma Palabra para que la hagan fructificar: el mensaje de la salvaci\u00f3n y de la reconciliaci\u00f3n se expresa as\u00ed\u00ad ahora con un lenguaje fiel y adaptado (2Cor 5,20). Los portadores de este mensaje son realmente mensajeros de buenas noticias, a quienes todo el mundo espera.<\/p>\n<p>Pablo, en la Carta a los romanos, explica la relaci\u00f3n entre la fe y la predicaci\u00f3n, encadenando cinco acciones: env\u00ed\u00ado (por parte de Dios), anuncio, escucha, fe e invocaci\u00f3n. Y concluye que la fe viene de o\u00ed\u00adr la predicaci\u00f3n, la cual equivale a anunciar la palabra de Cristo. Es, pues, Jesucristo mismo quien anuncia su mensaje (Rom 10,14-17). La llamada del Padre y la palabra del Hijo, gracias a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, se esparcen y difunden por toda la tierra.<\/p>\n<p>2. LA ACCI\u00ed\u201cN DEL ESP\u00ed\u008dRITU EN EL ANUNCIO DE LA PALABRA. La acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu se sit\u00faa en el centro mismo del anuncio de la Palabra. No habr\u00ed\u00ada ministerio de la Palabra sin la gu\u00ed\u00ada y el impulso del Esp\u00ed\u00adritu. El Se\u00f1or Jes\u00fas promete a los servidores de la Palabra que, en los casos m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles, tendr\u00e1n el auxilio directo e inmediato del Esp\u00ed\u00adritu. Ante los que atacan el mensaje cristiano o se muestran refractarios, la actitud a adoptar tiene que ser de gran serenidad, ya que la certeza de la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu se impone a cualquier otra consideraci\u00f3n. Los predicadores no tienen que preocuparse por lo que dir\u00e1n ni c\u00f3mo lo dir\u00e1n. Si los servidores de la Palabra siempre tienen la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu, mucho m\u00e1s la tendr\u00e1n en tiempos de persecuci\u00f3n.<\/p>\n<p>La promesa de Jes\u00fas se refiere al hecho de que el mismo Esp\u00ed\u00adritu ser\u00e1 ministro de la palabra del Padre y hablar\u00e1 por boca de ellos (Mt 10,19-20).<\/p>\n<p>De todas formas, aunque en caso de necesidad el Esp\u00ed\u00adritu intensifica su acci\u00f3n haci\u00e9ndola m\u00e1s s\u00f3lida y consistente, su acci\u00f3n se plantea como algo regular y ordinario. El ministro de la Palabra sabe que el Esp\u00ed\u00adritu no est\u00e1 lejos, que su intervenci\u00f3n no es epis\u00f3dica. Al contrario, la llamada del Padre y la presencia del Hijo pasan a trav\u00e9s de la donaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, promesa y fuerza que vienen de arriba. Antes de la ascensi\u00f3n, es decir, antes de que la palabra del Resucitado deje de resonar directamente en los o\u00ed\u00addos de los disc\u00ed\u00adpulos, el Se\u00f1or les asegura que les mandar\u00e1 \u00ablo que os ha prometido mi Padre\u00bb (Lc 24,49). Por lo tanto, el momento presente se caracteriza por ser el tiempo en que el Esp\u00ed\u00adritu construye la Iglesia. Y como la Iglesia se construye sobre la palabra de Dios, el Esp\u00ed\u00adritu es el gran int\u00e9rprete, el gran comentador de la Palabra.<\/p>\n<p>Sin la percepci\u00f3n que de \u00e9l nos viene, las palabras de Jes\u00fas ser\u00ed\u00adan una carga insoportable o ininteligible. El evangelio podr\u00ed\u00ada quedar reducido a una verdad parcial. Solamente \u00e9l, el Esp\u00ed\u00adritu, garantiza que los creyentes lleguen a la plenitud de Dios. Lo que encontramos en el evangelio seg\u00fan Mateo (el Esp\u00ed\u00adritu habla por boca de los ministros de la Palabra) lo podemos fundamentar en el evangelio seg\u00fan Juan: el Esp\u00ed\u00adritu no habla por su cuenta sino que comunica todo lo que el Padre y el Hijo le comunican (Jn 16,13).<\/p>\n<p>En consecuencia, el que anuncia la Palabra y se hace portavoz del mensaje cristiano, cuando escucha la voz del Esp\u00ed\u00adritu, escucha la voz del Padre y del Hijo. La Palabra es viva, se vuelve voz y mensaje gracias al Esp\u00ed\u00adritu, que est\u00e1 en sinton\u00ed\u00ada con la verdad y que conduce hacia la verdad plena. El servidor de la Palabra habla prof\u00e9ticamente cuando habla dejando hablar al Esp\u00ed\u00adritu. El Esp\u00ed\u00adritu tiene el conocimiento de Dios y de la historia; por eso se dice de \u00e9l que anuncia el futuro. De manera parecida, el ministro de la Palabra, fi\u00e1ndose del Esp\u00ed\u00adritu de verdad, hace resonar la Palabra mirando atr\u00e1s, hacia la salvaci\u00f3n que Dios ha obrado entre nosotros, y mirando hacia delante, hacia la historia que nos falta por recorrer y los bienes celestiales que esperamos recibir.<\/p>\n<p>IV. Un ministerio eclesial y apost\u00f3lico<br \/>\nAs\u00ed\u00ad, pues, el Esp\u00ed\u00adritu gu\u00ed\u00ada al mensajero de la Palabra. Y su responsabilidad y funci\u00f3n son tan admirables, que en la primera Carta de Pedro se dice que hasta los \u00e1ngeles est\u00e1n deseosos de o\u00ed\u00adr y disfrutar de este mensaje (1Pe 1,12). El evangelio es anuncio de salvaci\u00f3n y todo el universo se alegra de lo que se ofrece a la humanidad entera. El ofrecimiento es universal, sin exclusiones, tal como se deja entrever en los anuncios del libro de los Hechos de los ap\u00f3stoles (He 2,39) y en la solemne declaraci\u00f3n del Se\u00f1or resucitado que env\u00ed\u00ada a sus disc\u00ed\u00adpulos a ser ministros de la Palabra, servidores del mensaje evang\u00e9lico (Mt 28,18-20).<\/p>\n<p>La tarea que se plantea a los seguidores de Cristo es la de suscitar nuevos disc\u00ed\u00adpulos, personas que se adhieran a la buena noticia del Reino sin reparos ni condiciones. La misi\u00f3n tiene que pasar por dos canales: el bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y la instrucci\u00f3n-catequesis destinada a orientar la vida del nuevo disc\u00ed\u00adpulo. As\u00ed\u00ad pues, el ministerio de la Palabra se ejerce en tres pasos. En primer lugar, en el anuncio del mensaje evang\u00e9lico que lleva a la fe, una vez superadas las dudas y los miedos. En segundo lugar, en la acci\u00f3n bautismal, sacramental, que es la culminaci\u00f3n de aquel anuncio en la medida en que lo integra y lo eleva a una vida de comuni\u00f3n con las tres personas divinas. Finalmente, el ministerio de la Palabra pasa por la exhortaci\u00f3n constante a dar los frutos propios del Reino, que son el resultado concreto de guardar las palabras del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>El encargo misionero del Se\u00f1or resucitado encuentra una respuesta concreta en el ministerio apost\u00f3lico. Pablo es el prototipo de ap\u00f3stol y, por lo tanto, de ministro de la Palabra. En Rom 15,15-19, Pablo explica qu\u00e9 quiere decir para \u00e9l ser servidor de Jesucristo y de Dios entre los paganos, aquellos que no conocen las promesas ni son herederos de la alianza del Sina\u00ed\u00ad. Pablo considera que su ministerio es un don, no m\u00e9rito personal: el ap\u00f3stol es un enviado a anunciar una palabra que le han confiado. Su env\u00ed\u00ado no es resultado del azar, sino que es una misi\u00f3n p\u00fablica y oficial. A Pablo le han mandado que anuncie el evangelio de Dios para que los paganos sean una ofrenda agradable a \u00e9l, apta para ser ofrecida, escogida y selecta, con la garant\u00ed\u00ada que proviene de la santidad, la cual es obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo.<\/p>\n<p>Ahora bien, Pablo interpreta el anuncio del evangelio que \u00e9l lleva a cabo como el resultado de la acci\u00f3n que Cristo ha querido realizar a trav\u00e9s de \u00e9l. No quiere gloriarse de sus \u00e9xitos ni de sus habilidades como ap\u00f3stol; solamente desea subrayar que \u00e9l es el instrumento de Jesucristo para que los paganos lleguen a la fe. Jesucristo se ha valido, dice Pablo, de sus palabras y de sus obras, avalados por signos y prodigios y, en definitiva, por la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu de Dios. De esta manera, Pablo se presenta como mensajero del evangelio, servidor de la Palabra y no servidor de s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>El ministro de la Palabra se considera un servidor de Dios y de Cristo y pone su gloria en ser un instrumento de difusi\u00f3n del mensaje. Sabe qu\u00e9 le han encargado y qu\u00e9 tiene en sus manos para llevar a cabo su misi\u00f3n. No se f\u00ed\u00ada de sus fuerzas y pone todo lo que tiene al servicio del evangelio. No se vanagloria de nada, pero se siente satisfecho de haber podido colaborar en la obra de Dios, como servidor de su Palabra. Habla y act\u00faa, pero solamente se atreve a hablar de lo que Cristo ha realizado a trav\u00e9s de \u00e9l, convencido de que los tesoros del evangelio tienen que llegar a los que no conocen a Jesucristo, su Se\u00f1or.<\/p>\n<p>En el gozo por la Palabra, ha descubierto que su palabra de hombre ha sido acogida no como palabra humana sino como \u00abpalabra de Dios, que permanece vitalmente activa en vosotros, los creyentes\u00bb (1Tes 2,13). Es la gran paradoja del anuncio: la palabra del mensajero se borra y llega a identificarse con la Palabra del mensaje, forma una sola cosa con ella. Entonces aparece su fuerza y emerge su impacto renovador en los que creen. La Palabra despliega su fuerza transformadora y el que la ha proclamado es testigo del cambio operado en la vida de los que la acogen. El mensajero reconoce en el mensaje el poder salvador del mismo Dios y le da gracias.<\/p>\n<p>V. La comunidad eclesial, primera anunciadora<br \/>\nEl ministro de la Palabra ejerce un ministerio eclesial. Por eso ser\u00ed\u00ada insuficiente hablar de la llamada que recibe de Dios para ser servidor del mensaje si no consider\u00e1semos el marco comunitario en el que se inscribe su ministerio. Dicho de otro modo, por encima del ministerio de la Palabra est\u00e1 la comunidad eclesial, que es el primer agente de la predicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s, despu\u00e9s de que el Esp\u00ed\u00adritu Santo llenase a las ciento veinte personas congregadas en el cen\u00e1culo, Pedro se puso de pie con los Once y empez\u00f3 a hablar en nombre de todos ellos. Se trata, por lo tanto, de un discurso oficial del colegio apost\u00f3lico, pronunciado por su portavoz, que interpreta las profec\u00ed\u00adas (Joel 3 y los Salmos 16 y 110) y que comunica a los oyentes el mensaje cristiano fundamental, el kerigma sobre Jes\u00fas resucitado. Y a\u00f1ade: \u00abde lo que todos nosotros somos testigos\u00bb (He 2,32). Al cabo de poco tiempo, Pedro y Juan son encarcelados por haber anunciado que \u00abla resurrecci\u00f3n de los muertos se hab\u00ed\u00ada realizado ya en la persona de Jes\u00fas\u00bb (He 4,2). El anuncio del mensaje les llevar\u00e1 tribulaciones sin cuento, pero ellos -afirman- no pueden dejar de anunciar lo que han visto y o\u00ed\u00addo (v. 20). Su decisi\u00f3n es firme, y tiene el total apoyo del Esp\u00ed\u00adritu Santo (v. 8).<\/p>\n<p>Hace falta valent\u00ed\u00ada y convicci\u00f3n ante las amenazas y la oposici\u00f3n de los adversarios. Llega, pues, un segundo Pentecost\u00e9s. El Esp\u00ed\u00adritu baja por segunda vez sobre la comunidad, reunida en oraci\u00f3n para pedir la valent\u00ed\u00ada de anunciar la palabra del Se\u00f1or (v. 29). Inmediatamente, se repite la llegada visible del Esp\u00ed\u00adritu y Dios les concede lo que piden. Desde entonces proclaman la Palabra sin miedo y con gran coraje (v. 31). Toda la comunidad ser\u00e1 protagonista de esta proclamaci\u00f3n, que est\u00e1 sostenida por signos y prodigios realizados en nombre de Jes\u00fas. Toda la comunidad tiene como propio el servicio de la Palabra.<\/p>\n<p>Antes de considerar las funciones espec\u00ed\u00adficas en relaci\u00f3n a este ministerio, es menester subrayar que la responsabilidad del anuncio de la Palabra pertenece a la Iglesia entera y a cada uno de sus miembros. En efecto, la comunidad primitiva no act\u00faa de simple marco de la predicaci\u00f3n de los ap\u00f3stoles, que son los primeros implicados en la predicaci\u00f3n del mensaje. M\u00e1s bien la predicaci\u00f3n apost\u00f3lica se configura sobre el tel\u00f3n de fondo de una comunidad que ve como primera la tarea del anuncio del mensaje cristiano. La evangelizaci\u00f3n no se plantea como una tarea reservada a unos especialistas (los ministros de la Palabra), sino como la actividad propia de toda la comunidad. La Palabra tiene que ser difundida, y en el libro de los Hechos de los ap\u00f3stoles difusi\u00f3n de la Palabra y construcci\u00f3n de la comunidad avanzan paralelamente.<\/p>\n<p>Por otra parte, toda la comunidad es llamada a la instrucci\u00f3n y a la edificaci\u00f3n internas. La comunidad en su conjunto se presenta como la responsable de contribuir al crecimiento interior de la Palabra. Ciertamente, el ministerio de la Palabra es atribuido a los ap\u00f3stoles en primer lugar, ya que ellos pueden explicitar mejor que nadie los contenidos y el sentido de la Palabra. As\u00ed\u00ad Pedro se dirige a los hermanos reunidos y les informa de la acogida que los paganos, en la persona de Cornelio, han dispensado a la palabra de Dios (He 11,1-18).<\/p>\n<p>Ahora bien, en el terreno de la edificaci\u00f3n comunitaria, Pablo insiste muchas veces en los carismas distribuidos generosamente entre sus comunidades y las empuja a ejercerlos ampliamente. De manera especial, los profetas tienen la misi\u00f3n de aconsejar, de consolar y de hacer comprender la voluntad del Padre y el empuje del Esp\u00ed\u00adritu (lCor 12,28; cf tambi\u00e9n Ef 4,11). Con todo, la funci\u00f3n que ap\u00f3stoles y profetas realizan en orden al anuncio de la Palabra en el interior de la comunidad creyente, se inscribe en el don que toda la comunidad ha recibido en virtud del bautismo. Rom 15,14 habla de instruirse los unos a los otros y 1Tes 5,11 se refiere al aliento y a la edificaci\u00f3n mutuos. El don del bautismo incluye a la vez el don de la fe y el don de la Palabra.<\/p>\n<p>Quien se adhiere a Jesucristo como Se\u00f1or y lo confiesa como resucitado, acoge su mensaje y se convierte en su servidor. Es templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo (lPe 2,5) y el Esp\u00ed\u00adritu no cesa de clamar dentro de \u00e9l. Por eso, en la medida en que ha entrado en comuni\u00f3n con la Trinidad, ha acogido la salvaci\u00f3n y conoce el mensaje desde la percepci\u00f3n que le viene del mismo Esp\u00ed\u00adritu. Cuando habla e instruye a sus hermanos, lo hace en virtud de los dones recibidos. Sus capacidades puramente humanas se fortalecen y consolidan hasta el punto que es capaz de exhortar a partir de la Palabra. Las debilidades de una sabidur\u00ed\u00ada puramente humana pasan a un claro segundo t\u00e9rmino cuando el que ha acogido el mensaje lo proclama y lo predica desde el fondo de su coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>La comunidad se ve constantemente sorprendida cuando comprueba c\u00f3mo la Palabra trabaja en el interior del bautizado y lo impulsa a una acci\u00f3n firme. La comunidad se construye gracias a la Palabra compartida y vivida, recordada y repetida tanto por boca de los que son ministros espec\u00ed\u00adficos como por boca de cualquiera de sus miembros. En consecuencia, el servidor fiel de la Palabra no se enorgullece de su ministerio ante los que tienen menos palabras que \u00e9l. M\u00e1s bien se esfuerza en captar en la instrucci\u00f3n de un hermano, por peque\u00f1o que sea, aquello que Dios ha querido poner en sus labios.<\/p>\n<p>Por lo tanto, el ministerio de la Palabra pertenece a la comunidad cristiana en su conjunto, tanto en lo que se refiere al anuncio dirigido a los que no la conocen (evangelizaci\u00f3n) como en lo que se refiere a la instrucci\u00f3n surgida dentro de ella (edificaci\u00f3n comunitaria). La raz\u00f3n \u00faltima es el don del Esp\u00ed\u00adritu comunicado a todo bautizado y, en consecuencia, la acci\u00f3n efectiva de Dios en el coraz\u00f3n de todos los que creen en su Hijo Jesucristo. Pablo lo formula diciendo \u00abel amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Esp\u00ed\u00adritu Santo que se nos ha dado\u00bb (Rom 5,5).<\/p>\n<p>Ciertamente, el servicio de la Palabra, tanto el gen\u00e9rico de toda la Iglesia como el espec\u00ed\u00adfico, descansa sobre el hecho salvador fundamental: Dios nos ha salvado por Jesucristo, es decir, ha llenado nuestros corazones de su amor y de su paz mediante el sacrificio generoso de su Hijo en la cruz, resucitado para hacernos justos.<\/p>\n<p>VI. Qu\u00e9 define a un ministro de la Palabra<br \/>\n1. Sus ACTITUDES. Ya hemos ido indicando algunos elementos que definen el ministro de la Palabra. Ahora los vamos a abordar directamente.<\/p>\n<p>a) Conciencia de la misi\u00f3n. Quien se pone al servicio de la Palabra ha de tener conciencia de su misi\u00f3n. La analog\u00ed\u00ada m\u00e1s apropiada es la del ap\u00f3stol Pablo. Pablo se\u00f1ala que, para \u00e9l, anunciar el evangelio equivale a servir a Dios (Rom 1,9). La obra de evangelizaci\u00f3n es una ofrenda, un obsequio de su persona y de su vida, puestas al servicio del evangelio. Pablo no duda en entender su apostolado como una respuesta a la gracia que ha recibido. Dios ha querido revelarle a su propio Hijo (G\u00e1l 1,16) y \u00e9l ha aceptado ser su heraldo entre los paganos. Su misi\u00f3n parte, pues, de la relaci\u00f3n privilegiada que mantiene con el Se\u00f1or Jesucristo. El lazo de Pablo con su misi\u00f3n de anunciar el evangelio es tan fuerte que \u00e9l mismo la plantea en t\u00e9rminos de obligatoriedad: \u00ab\u00c2\u00a1ay de m\u00ed\u00ad si no evangelizare!\u00bb exclama cuando habla de su apostolado (1Cor 9,16). El encargo que le han confiado no admite r\u00e9plica alguna, al estilo de la vocaci\u00f3n de los profetas de Israel a quien Dios empujaba a cumplir su ministerio.<\/p>\n<p>b) Vinculaci\u00f3n con la tradici\u00f3n de la Iglesia. El ministro de la Palabra no parte de cero. La tradici\u00f3n de la Iglesia, que no se cansa de proclamar el evangelio, convierte al servidor del mensaje en un eslab\u00f3n m\u00e1s de una larga cadena. Cuando Pablo quiere explicar a los corintios el tema de la resurrecci\u00f3n (c. 15) empieza mencionando aquella ense\u00f1anza que hab\u00ed\u00ada recibido cuando le introdujeron en los misterios de la fe: Cristo muerto y sepultado, resucitado y manifestado a los disc\u00ed\u00adpulos (vv. 3-5). Y acaba recordando que esta es la ense\u00f1anza que todos los ap\u00f3stoles predican (v. 11).<\/p>\n<p>Quien predica la palabra hace resonar el anuncio fundamental y com\u00fan. Lo har\u00e1 con m\u00e1s o menos acierto, con una preparaci\u00f3n m\u00e1s estricta o con unas palabras menos justas, pero tan solo anuncia lo que le han ense\u00f1ado. Antes de ser servidor de la Palabra se es un creyente en la Palabra. Solamente quien recibe con afecto y docilidad el mensaje de la fe, ser\u00e1 despu\u00e9s capaz de anunciarlo con cari\u00f1o y sin protagonismos.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, el \u00abministro del evangelio\u00bb (Ef 3,7) se acerca al texto desde una tradici\u00f3n, anterior a \u00e9l, que le hace llegar el mensaje de la Palabra en su globalidad: la fe es el mensaje ense\u00f1ado, recibido y acogido (Col 2,7; 1Tim 6,13-14). Sin la tradici\u00f3n, al predicador de la Palabra le faltar\u00ed\u00adan ra\u00ed\u00adces y fundamento. Desconocer\u00ed\u00ada la naturaleza exacta de esta Palabra, la cual surge en el recuerdo y el memorial de las gestas del Se\u00f1or. Por lo tanto, la tradici\u00f3n es el veh\u00ed\u00adculo del mensaje, y la palabra de Dios, tal como aparece en la Sagrada Escritura, se sit\u00faa en el proceso de transmisi\u00f3n de las maravillas de Dios y, en concreto, de la m\u00e1s grande de todas ellas: la resurrecci\u00f3n de nuestro Se\u00f1or Jesucristo.<\/p>\n<p>c) Fidelidad. Esta referencia a la tradici\u00f3n nos lleva a subrayar la fidelidad exigida al ministro de la Palabra. La fidelidad empieza con la convicci\u00f3n de que los predicadores del evangelio no se predican a ellos mismos, sino que anuncian la persona y la obra de Jesucristo (2Cor 4,5). Quien se predica a s\u00ed\u00ad mismo usa el mensaje como pretexto, como excusa para divulgar sus propias ideas. Esto es un abuso: las convicciones propias han de ser distinguidas de lo que dice la Palabra. Ciertamente, no es posible la objetividad pura, ya que leer el texto equivale a establecer un di\u00e1logo entre mi idea sobre el texto y lo que el texto me va mostrando. Si no vemos cu\u00e1les son nuestras precomprensiones a la hora de acercarnos al texto, estas precomprensiones se transformar\u00e1n en prejuicios, y entonces la interpretaci\u00f3n quedar\u00e1 irremediablemente condicionada.<\/p>\n<p>La fidelidad pasa, pues, por el servicio al mensaje que parece descubrirse en el texto. La referencia permanente a la tradici\u00f3n y la ayuda y orientaci\u00f3n del magisterio favorecen la acogida y transmisi\u00f3n de la verdad del evangelio y liberan de una interpretaci\u00f3n subjetiva. Ciertamente el magisterio eclesial, ejercido por los obispos, presididos por el sucesor de Pedro, \u00abno est\u00e1 por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio\u00bb; esa es la raz\u00f3n por la que sustenta, en nombre de Jesucristo y con la asistencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, \u00abel oficio de interpretar aut\u00e9nticamente la palabra de Dios, oral o escrita\u00bb (cf DV 10). El servidor del evangelio, que quiere ser predicador de Jesucristo, encuentra en el di\u00e1logo obediente con el magisterio el sello que garantiza su trabajo evangelizador. Este di\u00e1logo, a veces complejo, ayudar\u00e1 al ministro de la Palabra a ser un aut\u00e9ntico servidor de la unidad de la fe con un amplio sentido de la verdad, sin detrimento del sentido pastoral. En consecuencia, la fidelidad del ministro de la Palabra pasa por la aceptaci\u00f3n sincera del mensaje que le han transmitido y del que \u00e9l mismo se convierte en transmisor bajo la gu\u00ed\u00ada de sus pastores.<\/p>\n<p>d) Actualizaci\u00f3n en el momento presente. La fidelidad, vinculada al mensaje que se predica y a la tradici\u00f3n que lo vehicula, pasa tambi\u00e9n por la necesaria actualizaci\u00f3n, de acuerdo con las urgencias del momento presente. Se trata, pues, de combinar la fidelidad pasiva (repetici\u00f3n de lo que se nos ha comunicado) y la fidelidad activa (la que procura que el acontecimiento salvador se repita en el presente de los que lo escuchan). Las dos fidelidades est\u00e1n profundamente entrelazadas, ya que se abre paso al don divino a partir de la fidelidad pasiva, aunque es necesaria la fidelidad activa como medio que facilite la llegada de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El ministro de la Palabra sabe, pues, que actualizar el mensaje no quiere decir tan solo expresar las cosas de siempre con palabras actuales, sino procurar que se reproduzca ahora y aqu\u00ed\u00ad el encuentro entre Dios y el hombre. Su funci\u00f3n de int\u00e9rprete de la Palabra, sensible al lenguaje y a los problemas actuales, solamente culmina cuando el mensaje interpela a quienes lo escuchan y les mueve a una respuesta decidida y valerosa. Exactamente aquella respuesta que se produjo en el pasado, cuando el mensaje lleg\u00f3 a sus primeros oyentes-testigos y fue capaz de crear en ellos una adhesi\u00f3n incondicional y de originar una tradici\u00f3n indestructible.<\/p>\n<p>2. Los MEDIOS QUE EMPLEA. \u00bfCon qu\u00e9 medios ha de anunciar el mensaje el servidor de este mensaje? \u00bfDe qu\u00e9 manera tiene que situarlo en relaci\u00f3n con su proyecto de vida? Dice el ap\u00f3stol: \u00abCuando llegu\u00e9 a vuestra ciudad, llegu\u00e9 anunci\u00e1ndoos el misterio de Dios no con alardes de elocuencia o de sabidur\u00ed\u00ada\u00bb (1Cor 2,1). Pablo no quiere usar en su predicaci\u00f3n habilidades y refinamientos ret\u00f3ricos, que convertir\u00ed\u00adan el mensaje en un producto para vender. Prefiere una cierta debilidad en su discurso para que brille con todo su resplandor la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, su poder convincente. La utilizaci\u00f3n de recursos de la sabidur\u00ed\u00ada humana, usados como arma coercitiva, har\u00ed\u00ada un flaco servicio al evangelio. En todo momento, el predicador ha de utilizar unos medios que dejen bien claro que \u00e9l es un instrumento en manos de Dios y de su Palabra. De hecho, esta Palabra o mensaje se concreta en Jesucristo crucificado, debilidad a los ojos del mundo y sabidur\u00ed\u00ada a los ojos de Dios.<\/p>\n<p>a) La debilidad, el di\u00e1logo y la comunicaci\u00f3n. El servidor de la Palabra lo es desde la debilidad, desde el di\u00e1logo y la comunicaci\u00f3n con el otro. Hacer llegar el mensaje pide el t\u00fa a t\u00fa, la relaci\u00f3n entre personas, la amistad compartida, la propuesta y la invitaci\u00f3n. Dif\u00ed\u00adcilmente puede existir un medio m\u00e1s propio para la difusi\u00f3n del mensaje evang\u00e9lico que el que surge del estilo que encontramos en la predicaci\u00f3n de Jes\u00fas. El m\u00e9todo usado por Jes\u00fas en el anuncio del Reino se fundamenta en la llamada y el di\u00e1logo.<\/p>\n<p>b) El testimonio. El servidor de la Palabra no querr\u00e1 inundar con sus palabras; al contrario, se esforzar\u00e1 en despertar aquellos resortes m\u00e1s profundos de la persona, all\u00ed\u00ad donde libremente se deciden las opciones de vida. Por otra parte, el ministro de la Palabra mostrar\u00e1 que vive lo que predica, que su vida responde al mensaje que anuncia.<br \/>\nAs\u00ed\u00ad pues, para llevar a t\u00e9rmino un anuncio fecundo del evangelio es necesario el testimonio ante los que escuchan. En la misi\u00f3n de los Doce (Mc 6,7-13 y par.), Jes\u00fas manda a los que tienen que anunciar el Reino que lo hagan de forma sencilla y austera, que lleven bast\u00f3n, sandalias y un vestido, pero que coman lo que les den las personas que les reciban en casa. Predican la acogida y la conversi\u00f3n y tienen que presentarse con el saludo de la paz. El testimonio, entendido como coherencia entre la palabra y los hechos, es el primer anuncio. El predicador, antes de proclamar el mensaje, lo vive, y as\u00ed\u00ad el mensaje empieza a ser comprendido por los que escuchan.<\/p>\n<p>c) Vinculaci\u00f3n entre Palabra y sacramento. El alimento espiritual que se consigue con la Palabra queda profundamente vinculado al sacramento. Los sacramentos son el \u00e1mbito donde el ministro de la Palabra ve realizado, en su sentido pleno, el misterio salvador de Dios. Los sacramentos confirman la Palabra, ya que en ellos el mensaje toma cuerpo concreto y visible en la acci\u00f3n de Dios en la historia humana. La Palabra llama a la conversi\u00f3n y suscita la respuesta de la fe. En el sacramento, la fe es don que transforma el coraz\u00f3n del creyente y lo convierte en un nuevo ser; por el sacramento, se convierte en hijo de Dios. Lo que la Palabra manifiesta, el sacramento lo culmina.<\/p>\n<p>La Palabra es acontecimiento salvador, pero en el sacramento la Palabra se integra en la realidad \u00faltima de la fe: la uni\u00f3n personal con el Padre, con el Hijo y con el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por el sacramento, el amor de Dios se experimenta desde la humildad y la grandeza del signo. Por todo eso, el ministro de la Palabra busca y encuentra en los sacramentos de la Iglesia la densidad de salvaci\u00f3n que propone en su mensaje. La Palabra no se puede anunciar al margen del gesto sacramental. Aqu\u00ed\u00ad es donde se lleva a -cabo aquella entrada al Reino, presente y futuro, que la Palabra anuncia.<\/p>\n<p>VII. Formas que reviste el ministerio de la Palabra<br \/>\nEl ministerio de la Palabra reviste formas diferentes. 1) En el anuncio misionero, el servidor del evangelio es heraldo de la buena noticia, el pregonero que da a conocer el kerigma salvador: la muerte y la resurrecci\u00f3n de Cristo. El anuncio pide convicci\u00f3n e ilusi\u00f3n, esperanza y paciencia. La Palabra tiene que resonar con pureza y simplicidad, concentrada en su n\u00facleo fundamental y mostrando su fuerza salvadora. 2) En la catequesis, el servidor de la Palabra, es decir, el catequista, instruye y acompa\u00f1a en la fe, procura conformar la vida del catequizando al estilo del evangelio. Aqu\u00ed\u00ad el anuncio de la Palabra se hace lenta y progresivamente, de acuerdo con los itinerarios adecuados a cada momento, etapa u ocasi\u00f3n de la vida del catec\u00fameno o del bautizado. En la catequesis, la Palabra es objeto de reflexi\u00f3n y estudio, de asimilaci\u00f3n y de consolidaci\u00f3n en el camino cristiano. 3) En la homil\u00ed\u00ada, la Palabra es expuesta por s\u00ed\u00ad misma y en relaci\u00f3n con el momento presente de los que participan en la celebraci\u00f3n. La homil\u00ed\u00ada se sit\u00faa en un \u00e1mbito de gran intensidad, en el que confluyen la realidad del sacramento, la fuerza del anuncio y la recepci\u00f3n de los que buscan la luz y la verdad. El anuncio de la Palabra pide una sensibilidad especial para canalizar las diversas dimensiones y mover el coraz\u00f3n de los que escuchan. Por eso la homil\u00ed\u00ada integra elementos de anuncio misionero y elementos de instrucci\u00f3n o catequesis, exhortaciones v\u00e1lidas para la vida cristiana y referencias de esperanza en las realidades futuras. 4) En la ense\u00f1anza teol\u00f3gica, el servidor de la Palabra es quien reflexiona sobre el designio salvador de Dios, que se ha revelado en la cruz de Jesucristo y que nos da su Esp\u00ed\u00adritu. La Palabra es el fundamento de la reflexi\u00f3n del te\u00f3logo, que la sit\u00faa en la gran tradici\u00f3n de la Iglesia y la confronta con el tiempo en que vive. El te\u00f3logo busca la s\u00ed\u00adntesis entre el pasado y el futuro de la Palabra, ausculta el dogma y busca nuevos caminos. 5) En la educaci\u00f3n cat\u00f3lica, el servidor de la Palabra se esfuerza en construir un proyecto educativo solvente, de acuerdo con los principios y los valores del evangelio. La pedagog\u00ed\u00ada de Dios, tanto la de la antigua como la de la nueva alianza, es un punto de referencia esencial. La Palabra no ofrece nunca soluciones inmediatas, y por eso el educador cristiano debe ser creativo y debe considerar los retos formidables que plantean las condiciones personales y socio-culturales de las personas que han de ser educadas. 6) En la ense\u00f1anza religiosa escolar, el servidor de la Palabra presenta los diversos aspectos de la religi\u00f3n cat\u00f3lica en el contexto del fen\u00f3meno religioso en general, y se dirige a ni\u00f1os y adolescentes que viven inmersos en procesos de fe muy heterog\u00e9neos. El mensaje cristiano, explicado de manera cordial, ayuda a establecer puentes con el pasado cristiano de nuestras culturas. Esta explicaci\u00f3n puede complementar con eficacia otros \u00e1mbitos en los que se anuncia la Palabra. 7) En la revisi\u00f3n de vida, el servicio de la Palabra es llevado a cabo por todos los que participan en ella. Aqu\u00ed\u00ad la Palabra se convierte en aquel elemento de objetividad que ha de equilibrar las aportaciones subjetivas. La Palabra es siempre juicio, es decir, criterio de verdad y de verificaci\u00f3n que descubre las insuficiencias y se\u00f1ala el camino que se ha de seguir.<\/p>\n<p>BIBL.: ANDRIEUx F. Y OTROS, Serviteurs de l&#8217;Evangile, Les minist\u00e9res dans l&#8217;Eglise (Lex Orandi 50), Du Cerf, Par\u00ed\u00ads 1971; KLOSTERMANN F., El predicador .del mensaje cristiano, en RAHNER K.-H\u00ed\u0081RING B. (eds.), Palabra en el mundo (Nueva alianza 32), S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972; SEMMELROTH O., La Palabra eficaz. Para una teolog\u00ed\u00ada de la proclamaci\u00f3n, Dinor, San Sebasti\u00e1n 1967.<\/p>\n<p>Armand Puig T\u00ed\u00a0rrech<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n. I. La Palabra y la existencia. II. Los profetas, al servicio de la Palabra: 1. Enviados por Dios para proclamar su mensaje; 2. Fieles a la Palabra; 3. Palabra de Dios en palabra humana. III. El ministro de la Palabra y la Trinidad: 1. Dios se revela en Jesucristo; 2. La acci\u00f3n del &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ministerio-de-la-palabra\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMINISTERIO DE LA PALABRA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17026","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17026","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17026"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17026\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17026"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17026"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17026"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}