{"id":17027,"date":"2016-02-05T11:05:41","date_gmt":"2016-02-05T16:05:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/misterio-pascual-en-la-celebracion\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:41","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:41","slug":"misterio-pascual-en-la-celebracion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/misterio-pascual-en-la-celebracion\/","title":{"rendered":"MISTERIO PASCUAL EN LA CELEBRACION"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La constituci\u00f3n conciliar \u00abSacrosanctum concilium\u00bb. II. Unidad muerte-resurrecci\u00f3n en el misterio pascual. III. La celebraci\u00f3n de la Pascua antes del Vaticano II: 1. En los primeros siglos de la Iglesia; 2. A partir de san P\u00ed\u00ado V (1566). IV. Teolog\u00ed\u00ada y ense\u00f1anza de la Iglesia antes del Vaticano II. V. Antecedentes de la constituci\u00f3n \u00abSacrosanctum concilium\u00bb. VI. El misterio pascual globaliza toda la acci\u00f3n de Cristo: 1. Ense\u00f1anza del Nuevo Testamento; 2. Ense\u00f1anza de los santos Padres; 3. Ense\u00f1anza en la Edad media: p\u00e9rdida del equilibrio unitario. VII. El misterio pascual en los escritos paulinos. VIII. El misterio pascual, n\u00facleo de la predicaci\u00f3n kerigm\u00e1tica.<\/p>\n<p>I. La constituci\u00f3n conciliar \u00abSacrosanctum concilium\u00bb<br \/>\nMisterio pascual es una expresi\u00f3n y una categor\u00ed\u00ada teol\u00f3gico-lit\u00fargica que no se hab\u00ed\u00ada usado en un documento magisterial de la Iglesia oficial hasta la llegada del Vaticano II1. He aqu\u00ed\u00ad una de las paradojas sorprendentes con que nos encontramos en la historia y evoluci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada, la liturgia y la espiritualidad. Lo que desde el Vaticano II se ha convertido en piedra angular de la reflexi\u00f3n lit\u00fargica y del lenguaje celebrativo, se hallaba ausente de los grandes documentos papales, de los textos o manuales de teolog\u00ed\u00ada y de los libros de piedad anteriores al Concilio. El t\u00e9rmino en cuanto tal tampoco aparece en el Nuevo Testamento (ni en el Antiguo).<\/p>\n<p>En la constituci\u00f3n sobre sagrada liturgia. del Vaticano II, la expresi\u00f3n misterio pascual aparece ocho veces. Y no s\u00f3lo eso. Se halla situada en los pasajes centrales de este documento capital del \u00faltimo concilio. Es una categor\u00ed\u00ada que enuclea toda la doctrina conciliar sobre lo que es liturgia. En torno a ella gira la ense\u00f1anza de la Sacrosanctum concilium sobre el culto o, mejor, sobre la celebraci\u00f3n de la Iglesia.<\/p>\n<p>En cambio, el \u00faltimo gran documento pontificio sobre liturgia anterior al Concilio, a saber, la enc\u00ed\u00adclica de P\u00ed\u00ado XII, Mediator Dei (1947), ignora el t\u00e9rmino, la idea y el sentido. Pero lo grave es lo que hay detr\u00e1s de estos datos, a saber, un ignorar el hecho de la resurrecci\u00f3n; es decir, aqu\u00ed\u00ad subyace una cristolog\u00ed\u00ada y una soteriolog\u00ed\u00ada que \u00fanicamente hablan de la pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas, silenciando su resurrecci\u00f3n. En definitiva, tenemos una antropolog\u00ed\u00ada que gravita en torno a la salvaci\u00f3n de las almas descuidando integrar en la acci\u00f3n salvadora de Cristo el cuerpo, la corporalidad, as\u00ed\u00ad como lo que es su ra\u00ed\u00adz \u00faltima, a saber, la materia, la tierra. Se olvida la transfiguraci\u00f3n de la tierra, del cosmos. Desfallece la esperanza de que llegue un d\u00ed\u00ada la nueva tierra (Ap 21,1; Is 65,17; 66,22). Esta es sustituida por un cielo de esp\u00ed\u00adritus puros.<\/p>\n<p>La Sacrosanctum concilium comienza su cap\u00ed\u00adtulo I partiendo de la cristolog\u00ed\u00ada y afirmando que Cristo realiz\u00f3 la obra de redenci\u00f3n \u00abprincipalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasi\u00f3n, resurrecci\u00f3n de entre los muertos y gloriosa ascensi\u00f3n\u00bb (SC 5). Por este misterio, \u00abcon su muerte destruy\u00f3 nuestra muerte y con su resurrecci\u00f3n restaur\u00f3 la vida\u00bb (prefacio de Pascua). Seguidamente se hace la aplicaci\u00f3n de esta cristolog\u00ed\u00ada a la sacramentalidad y a la liturgia: \u00abPor el bautismo los hombres son injertados en el misterio pascual de Jesucristo: mueren con \u00e9l, son sepultados con \u00e9l y resucitan con \u00e9l; reciben el esp\u00ed\u00adritu de adopci\u00f3n de hijos, por el que clamamos: Abba, Padre, y se convierten as\u00ed\u00ad en los verdaderos adoradores que busca el Padre (Rom 6,4; Ef 2.6; Col 3,1; 2Tim 2,11). Asimismo cuantas veces comen la cena del Se\u00f1or proclaman su muerte hasta que vuelva\u00bb (SC 6).<\/p>\n<p>a) Misterio pascual y eucarist\u00ed\u00ada. La Iglesia nunca ha dejado de reunirse para celebrar el misterio pascual celebrando la eucarist\u00ed\u00ada. \u00abLa liturgia de los sacramentos y de los sacramentales hace que, en los fieles bien dispuestos, casi todos los actos de la vida sean santificados por la gracia divina que emana del misterio pascual de la pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, del cual todos los sacramentos y sacramentales reciben su fuerza\u00bb (SC 61). Y m\u00e1s adelante se establece la relaci\u00f3n adecuada entre domingo y misterio pascual: \u00abLa Iglesia, por una tradici\u00f3n apost\u00f3lica que tiene su origen en el d\u00ed\u00ada mismo de la resurrecci\u00f3n de Cristo, celebra el misterio pascual cada ocho d\u00ed\u00adas, en el llamado d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or o domingo. En este d\u00ed\u00ada los fieles deben reunirse a fin de que, escuchando la Palabra y participando en la eucarist\u00ed\u00ada, recuerden la pasi\u00f3n, la resurrecci\u00f3n y la gloria del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (SC 106).<\/p>\n<p>b) Misterio pascual y a\u00f1o lit\u00fargico. La constituci\u00f3n conciliar aplica esta relaci\u00f3n al santoral: \u00abLa Iglesia, al celebrar el tr\u00e1nsito de los santos de este mundo al cielo, proclama el misterio pascual cumplido en ellos, que sufrieron y fueron glorificados con Cristo\u00bb (SC 104). Tambi\u00e9n hace una conexi\u00f3n con la cuaresma y la semana santa: \u00abPuesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles&#8230; para que celebren el misterio pascual\u00bb (SC 109). Y por \u00faltimo, establece una relaci\u00f3n general entre a\u00f1o lit\u00fargico y misterio pascual: \u00abRev\u00ed\u00adsese el a\u00f1o lit\u00fargico de manera que se mantenga su \u00ed\u00adndole primitiva, para que alimente debidamente la piedad de los fieles en la celebraci\u00f3n de los misterios de la redenci\u00f3n cristiana, muy especialmente del misterio pascual\u00bb (SC 107). (En forma de per\u00ed\u00adfrasis tenemos la misma doctrina en los n\u00fameros 47, 102, 111).<br \/>\nc) Unidad del misterio pascual. De la lectura de todos estos pasajes se desprende no s\u00f3lo la importancia atribuida por la constituci\u00f3n conciliar al misterio pascual -relacion\u00e1ndolo con la cristolog\u00ed\u00ada, la antropolog\u00ed\u00ada, la sacramentolog\u00ed\u00ada, la liturgia, el a\u00f1o lit\u00fargico-, sino tambi\u00e9n lo que ella entiende por tal. Misterio pascual es, seg\u00fan los textos citados, la unidad de la pasi\u00f3n, muerte, resurrecci\u00f3n y ascensi\u00f3n o glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas; tambi\u00e9n es, vienen a decir, la redenci\u00f3n en cuanto desplegada en el padecer, morir y resucitar de Cristo.<br \/>\nd) El misterio pascual se actualiza en la liturgia. A\u00f1aden algo importante los apartados conciliares mencionados: el misterio pascual re\u00fane y engloba no s\u00f3lo unos hechos pret\u00e9ritos sino tambi\u00e9n unos acontecimientos actualizados por la celebraci\u00f3n de la liturgia sacramental; una realidad actual. Por eso, a trav\u00e9s de los sacramentos, los fieles se pueden incorporar y se incorporan al misterio pascual de Cristo. Este misterio toma cuerpo en ellos (SC 6, 107, 109).<\/p>\n<p>II. Unidad muerte-resurrecci\u00f3n en el misterio pascual<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 significa esa unidad que expresa el misterio pascual? Significa, viene a decir el Concilio, que no hay muerte sin resurrecci\u00f3n ni resurrecci\u00f3n sin muerte. La muerte en Cristo es un paso, el paso para la resurrecci\u00f3n, y esta es la salida de la muerte, su culminaci\u00f3n \u00faltima. La muerte de Jes\u00fas lleva a la vida perdurable as\u00ed\u00ad como la vida perdurable es el fruto maduro, estival, de la muerte; una muerte ciertamente sacrificial, vicaria, reconciliadora, perdonadora de los pecados. Aqu\u00ed\u00ad tenemos quintaesenciado el fondo \u00faltimo del designio divino de salvaci\u00f3n, su n\u00facleo central que unifica todas las realidades y verdades de la fe cristiana. Es lo que Pablo transmite en 1Cor 15,1-7.<\/p>\n<p>En realidad, los cuatro evangelios nos transmiten tambi\u00e9n este mensaje al situar los \u00faltimos misterios de la vida de Cristo en el contexto de la pascua jud\u00ed\u00ada (Mc 10,38-39; 14,1.12. 14-42; Mt 26,17-18; 27,15-62; Lc 12,50; 22,1.7.11.13.15; 23,54; Jn 12,1.12.23-33; 13,1; 19,1.31). As\u00ed\u00ad como esta pascua, nos quieren decir, celebra el paso de la esclavitud mortal en Egipto a la libertad de una vida nueva en la tierra prometida, atravesando el mar y el desierto, del mismo modo Jes\u00fas (con sus disc\u00ed\u00adpulos) celebra el paso desde la muerte en cruz a la vida de la resurrecci\u00f3n; la traves\u00ed\u00ada de la sepultura en el seno de la tierra, hasta llegar a la ascensi\u00f3n, a la gloria del Padre.<\/p>\n<p>Misterio pascual es el paso, tr\u00e1nsito o trance de la Pascua, el cruce de fronteras, la crucialidad o encrucijada de la existencia vivida desde la fe en Dios Padre y en comuni\u00f3n con Cristo. Juan formula con claridad esta cristianizaci\u00f3n del evento pascual: \u00abAntes de la fiesta de la pascua, sabiendo que le hab\u00ed\u00ada llegado la hora de pasar de este mundo al Padre&#8230;\u00bb (Jn 13,1).<\/p>\n<p>Pablo ampl\u00ed\u00ada y profundiza tal interpretaci\u00f3n pascual del misterio de Cristo en Rom 6,1-11; 1Cor 5,6-8; 10,1-13; 11,23-33; 15,1-28; 2Cor4,7-18; 5,15-18; G\u00e1l 4,4-5; Ef 2,4-8; 5,8-14; Flp 3,10-11; Col 2,11-15; 3,1-4; 2Tim 1,10.<\/p>\n<p>Esta tradici\u00f3n de la Iglesia apost\u00f3lica, recogida en los escritos neotestamentarios, reaparece en algunas de las predicaciones del siglo II. Ante todo, la hallamos en la homil\u00ed\u00ada del obispo Melit\u00f3n de Sardes peri pascha; habla en ella cuatro veces del tou pascha mysterion2. La pascua cristiana, nos dice este autor, se cumple en el verdadero Cordero, que es Cristo, y en su pasi\u00f3n. Al final del texto leemos: \u00abYo soy la pascua de la salvaci\u00f3n, yo soy el Cordero inmolado por vosotros. Yo soy vuestro rescate, vuestra vida, vuestra luz, vuestra resurrecci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El segundo documento es la llamada Homil\u00ed\u00ada sobre la pascua del Pseudo-Hip\u00f3lito (un autor an\u00f3nimo perteneciente al grupo de los Cuartodecimanos). Tambi\u00e9n habla del tou pascha mysterion3.<\/p>\n<p>Pero es sobre todo el papa Le\u00f3n Magno (de mediados del siglo V) el que con m\u00e1s profusi\u00f3n emplea la expresi\u00f3n paschale mysterium. Lo hace en su predicaci\u00f3n o sermones para ense\u00f1ar c\u00f3mo la pasi\u00f3n de Cristo est\u00e1 indisolublemente unida a su resurrecci\u00f3n, y que esa gran realidad cristol\u00f3gica se halla presente en la celebraci\u00f3n del a\u00f1o lit\u00fargico y de la iniciaci\u00f3n cristiana4.<\/p>\n<p>Parece que nuestra expresi\u00f3n pasa al misal romano a trav\u00e9s de los formularios compuestos por este papa y recogidos primeramente por el Sacramentario Gelasiano. A veces hallamos la f\u00f3rmula paschale sacramentum, a veces paschale mysterium, ambas en singular o en plural5. (Es sabido que en esta \u00e9poca se usaban ambos t\u00e9rminos como sin\u00f3nimos). A partir de aqu\u00ed\u00ad surgir\u00e1n otras formulaciones de otras fuentes incorporadas tambi\u00e9n a nuestro misal6.<\/p>\n<p>Para concluir este apartado conviene recordar el testimonio de san Agust\u00ed\u00adn (tambi\u00e9n del siglo V), que en sus escritos hace una interesante exposici\u00f3n de la pascua como paso del Se\u00f1or que, a trav\u00e9s de su pasi\u00f3n, llega a la vida, conduciendo hacia ella a cuantos creen en la resurrecci\u00f3n7. Se perpet\u00faa en la Iglesia por un ritmo anual (la fiesta de pascua), y otro semanal, e incluso diario8.<\/p>\n<p>III. La celebraci\u00f3n de la Pascua antes del Vaticano II<br \/>\n1. EN LOS PRIMEROS SIGLOS DE LA IGLESIA. Es sabido que la celebraci\u00f3n lit\u00fargica de esa pascua o del misterio pascual ten\u00ed\u00ada lugar ante todo el primer d\u00ed\u00ada de la semana o dies dominica (Jn 20,1.19.26; He 1,10) y el 14 del mes de Nis\u00e1n o el domingo siguiente (durante la noche que une el s\u00e1bado y el domingo). Esa noche o vigilia era precedida de uno o varios d\u00ed\u00adas de ayuno. As\u00ed\u00ad surge el triduo pascual (viernes, s\u00e1bado y domingo), interpretado como memoria de la muerte, sepultura y resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas9.<\/p>\n<p>Luego, el ayuno se ampl\u00ed\u00ada a los cuarenta d\u00ed\u00adas anteriores o cuaresma10, que sirven a la vez de preparaci\u00f3n bautismal inmediata de los catec\u00famenos. Y el tiempo de celebraci\u00f3n posterior al triduo se prolonga por la cincuentena (la pentekost\u00e9), o cincuenta d\u00ed\u00adas vividos como un \u00fanico d\u00ed\u00ada de alegr\u00ed\u00ada pascual11.<\/p>\n<p>Es evidente que este desdoblamiento o despliegue de la unidad del misterio pascual en su cronolog\u00ed\u00ada hist\u00f3rica (periodizaci\u00f3n o diacronizaci\u00f3n historizante) responde a un retorno al Jes\u00fas hist\u00f3rico, a un vivir la liturgia, no como irrupci\u00f3n de lo supratemporal o de la eternidad, sino como memoria de lo acaecido en el tiempo. A ello contribuyeron las peregrinaciones y visitas a los santos lugares, en que se desarrollaron los \u00faltimos d\u00ed\u00adas, los \u00faltimos momentos de la historia de Jes\u00fas, intensificadas con la conversi\u00f3n del emperador Constantino en el siglo IV12.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n influyeron en este movimiento las discusiones cristol\u00f3gicas que llevaron a una toma de conciencia muy expl\u00ed\u00adcita y a una expresi\u00f3n clara del misterio de la encarnaci\u00f3n; es decir, de la humanidad real del Hijo de Dios, de su humanamiento verdadero, as\u00ed\u00ad como de la personalidad divina de Jes\u00fas de Nazaret.<\/p>\n<p>Esto condujo a un nuevo desglose de la fiesta pascual, cuando surgen y se difunden las fiestas de Navidad y Epifan\u00ed\u00ada a lo largo de los siglos III y IV. Son los dos siglos en que tienen lugar los grandes concilios cristol\u00f3gicos (Nicea, Efeso, Calcedonia) que formulan con claridad la humanidad y divinidad de Jes\u00fas, as\u00ed\u00ad como la uni\u00f3n perfecta de ambas. Las dos nuevas fiestas se sit\u00faan en el contexto del solsticio de invierno como celebraci\u00f3n del nacimiento real de Cristo.<\/p>\n<p>La pascua de resurrecci\u00f3n, celebrada hasta entonces en el equinocio de primavera como epifan\u00ed\u00ada de la gloria de Cristo, se desdobla ahora en la pascua de navidad durante el solsticio de invierno, cuando parece que el sol renace o resucita. Se la denomina dies solis invicti. Es interesante notar que en el lenguaje popular ambas fiestas, la de Resurrecci\u00f3n y la de Navidad, son llamadas pascua; es una intuici\u00f3n certera sobre su unidad, tanto hist\u00f3rica como teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Pero precisamente toda esta evoluci\u00f3n encerraba un peligro: fragmentar esa unidad del misterio de Cristo y de la pascua cristiana; convertir la celebraci\u00f3n lit\u00fargica en mero recuerdo preterizante al estilo de un aniversario. El peligro se convirti\u00f3 en realidad negativa durante la Edad media. La celebraci\u00f3n unitaria del misterio pascual se subdivide en dos triduos: el primero dedicado a la pasi\u00f3n (jueves, viernes y s\u00e1bado santos) y el segundo a la resurrecci\u00f3n (domingo, lunes y martes de pascua). Al triduo de la pasi\u00f3n se contrapone el triduo de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, se dio un \u00faltimo paso en esta pendiente negativa. Desde el siglo VII se empez\u00f3 a adelantar el tiempo de la celebraci\u00f3n de la vigilia pascual a la tarde del s\u00e1bado.<\/p>\n<p>2. A PARTIR DE SAN P\u00ed\u00ado V (1566). San P\u00ed\u00ado V, en 1566, prohibi\u00f3 celebrar misa por la tarde. Entonces se pas\u00f3 la misa pascual a la ma\u00f1ana del s\u00e1bado. La vigila pascual hab\u00ed\u00ada desaparecido.<\/p>\n<p>P\u00ed\u00ado XII, en 1951, permiti\u00f3 su restauraci\u00f3n, haci\u00e9ndola obligatoria en 1955. As\u00ed\u00ad volvi\u00f3 a colocar la celebraci\u00f3n de la vigilia pascual en el coraz\u00f3n de la noche, haciendo que la misa no empezara antes de la media-noche. De este modo recobr\u00f3 su car\u00e1cter pascual, es decir, su car\u00e1cter expresivo del tr\u00e1nsito de la muerte a la vida. Volv\u00ed\u00ada a significar el paso del Cristo muerto y sepultado al Cristo resucitado al tercer d\u00ed\u00ada13. Tambi\u00e9n restaur\u00f3 P\u00ed\u00ado XII el \u00fanico triduo, iniciado ahora el jueves santo por la tarde con la misa in Coena Domini.<\/p>\n<p>IV. Teolog\u00ed\u00ada y ense\u00f1anza de la Iglesia antes del Vaticano II<br \/>\nHay que a\u00f1adir que no s\u00f3lo la celebraci\u00f3n del misterio pascual sufri\u00f3 durante estos siglos un eclipse grave. Tambi\u00e9n la misma categor\u00ed\u00ada y noci\u00f3n de misterio pascual se hallaba ausente de la teolog\u00ed\u00ada y de la ense\u00f1anza de la Iglesia.<\/p>\n<p>Las cristolog\u00ed\u00adas se hab\u00ed\u00adan ido centrando en la categor\u00ed\u00ada de redenci\u00f3n. La acci\u00f3n de Cristo era, ante todo, la acci\u00f3n redentora que nos libra del pecado mediante el sacrificio de su muerte. Ese era el centro de atenci\u00f3n de las cristolog\u00ed\u00adas o soteriolog\u00ed\u00adas. No se negaba la resurrecci\u00f3n; pero no se la incorporaba como dimensi\u00f3n esencial a la acci\u00f3n o destino de Cristo. Quedaba como un ap\u00e9ndice carente de verdadera relevancia. Lo importante era el sacrificio, la expiaci\u00f3n dolorosa, la muerte en cruz de Jes\u00fas y, a trav\u00e9s de ella, el limpiar el alma del pecado. En realidad lo que preocupaba era la salvaci\u00f3n de las almas. La dimensi\u00f3n corporal de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica realizada por Cristo ten\u00ed\u00ada poco relieve14.<\/p>\n<p>Estas afirmaciones pueden ser constatadas ya en la Summa theologiae de santo Tom\u00e1s. Puede verse en la Tertia pars la quaestio 48. Nuestro santo dedica seis art\u00ed\u00adculos a los efectos de la pasi\u00f3n. En la quaestio 56 de esta misma parte tercera, dedica s\u00f3lo dos art\u00ed\u00adculos a los efectos de la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El famoso manual de teolog\u00ed\u00ada de L. Lercher, tan estudiado en toda Europa durante los a\u00f1os cincuenta, consagra en su tomo III ocho tesis o apartados a la satisfacci\u00f3n vicaria de Cristo, o redenci\u00f3n, y uno solo a la resurrecci\u00f3n15.<\/p>\n<p>M\u00e1s llamativo es el caso del manual teol\u00f3gico compuesto por los padres jesuitas de Espa\u00f1a durante esos a\u00f1os. En el tomo III publican la cristolog\u00ed\u00ada que lleva un t\u00ed\u00adtulo ya bastante parcial: De Verbo Incarnato. El libro segundo de este tratado cristol\u00f3gico es dedicado a la pasi\u00f3n de Cristo con 22 tesis y 230 p\u00e1ginas. Se estudia con gran amplitud la cuesti\u00f3n de la satisfacci\u00f3n condigna, vicaria, la doctrina de la expiaci\u00f3n realizada por Cristo, el tema de la justicia vindicativa en Dios. Se analiza la redenci\u00f3n operada por la pasi\u00f3n. Al final del tratado hay una nota breve, de una p\u00e1gina, dedicada a la resurrecci\u00f3n16.<\/p>\n<p>La doctrina pontificia era el reflejo fiel de estos te\u00f3logos. As\u00ed\u00ad, cuando P\u00ed\u00ado XII public\u00f3 en 1947 la primera enc\u00ed\u00adclica dedicada a la liturgia, la Mediator Dei, no hizo sino repetir muy directamente la tesis de estas teolog\u00ed\u00adas elaboradas desde la Edad media17. Seg\u00fan esta enc\u00ed\u00adclica, la liturgia es \u00abel culto p\u00fablico rendido por el Redentor al Padre\u00bb (MD 29). \u00abPor eso en la vida espiritual no puede haber oposici\u00f3n entre la acci\u00f3n divina que infunde la gracia en las almas para continuar la redenci\u00f3n y la colaboraci\u00f3n activa del hombre\u00bb (MD 50). \u00abEl augusto sacrificio del altar no es una pura y simple conmemoraci\u00f3n de la pasi\u00f3n y muerte de Jes\u00fas sino que es un sacrificio propio y verdadero\u00bb (MD 86).<\/p>\n<p>Sigue el papa haciendo muy sutiles especulaciones sobre Cristo como \u00abv\u00ed\u00adctima grat\u00ed\u00adsima\u00bb al Padre, sobre el sacrificio del divino Redentor (MD 88 y 89), sobre las diferencias entre el sacrificio de la cruz y el del altar (MD 89), sobre la expiaci\u00f3n (MD 92), la oblaci\u00f3n (MD 95), la aplicaci\u00f3n de esa oblaci\u00f3n (MD 96), la sangre del Cordero, la muerte cruenta (MD 97-98), la participaci\u00f3n de los fieles en el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico (MD 99-108) y la inmolaci\u00f3n incruenta (MD 112).<\/p>\n<p>Ni una vez aparece la resurrecci\u00f3n en esta largu\u00ed\u00adsima parte dogm\u00e1tica que abarca 170 n\u00fameros o apartados; es decir, que constituye el cuerpo central de la enc\u00ed\u00adclica. Al final del todo habla algo del a\u00f1o lit\u00fargico. Entonces, en el n\u00famero 199, se menciona \u00abla solemnidad de la pascua que conmemora el triunfo de Cristo\u00bb. Pero sigue soslay\u00e1ndose toda referencia a la resurrecci\u00f3n y a la dimensi\u00f3n corporal de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, a la liberaci\u00f3n unitaria, complexiva de la persona humana. Por el contrario, se vuelve a insistir en el alma. \u00abNuestra alma es inundada por una inmensa alegr\u00ed\u00ada\u00bb afirma ese mismo n\u00famero 199.<\/p>\n<p>V. Antecedentes de la constituci\u00f3n \u00abSacrosanctum concilium\u00bb<br \/>\nSin embargo, este papa que en 1947 firma la enc\u00ed\u00adclica antes citada es el que restaura la vigilia pascual pocos a\u00f1os despu\u00e9s (en 1951 y 1955), como ya dijimos. \u00bfC\u00f3mo acaece este cambio? \u00bfC\u00f3mo tiene lugar el surgimiento de la nueva conciencia y la reaparici\u00f3n de la categor\u00ed\u00ada de misterio pascual? Sin duda gracias al movimiento lit\u00fargico que irrumpe en la Iglesia durante esos a\u00f1os, concretamente entre las dos guerras mundiales, y que prepara el terreno al Vaticano II, inaugurado en 1962. Dentro de este movimiento hay que se\u00f1alar dos hitos o jalones principales.<\/p>\n<p>a) En primer lugar deben registrarse las actividades y publicaciones de la abad\u00ed\u00ada benedictina alemana de Maria Laach, animadas por su principal te\u00f3logo, el padre Odo Casel. Odo Casel ayuda a descubrir la gran tradici\u00f3n cristiana de los Padres en torno al misterio o sacramento de la Pascua celebrado en el domingo y en la vigilia pascual como tr\u00e1nsito de la muerte a la resurrecci\u00f3n. El paso de Cristo se actualiza en el aqu\u00ed\u00ad y ahora de la comunidad celebrante en forma de presencializaci\u00f3n o presentizaci\u00f3n. El conjunto de ese evento cr\u00ed\u00adstico-eclesial, hist\u00f3rico-lit\u00fargico es lo que, seg\u00fan Casel, la tradici\u00f3n denomina misterio pascual18.<\/p>\n<p>b) El segundo gran jal\u00f3n o hito que prepara la Constituci\u00f3n conciliar del Vaticano II es el movimiento lit\u00fargico franc\u00e9s, nucleado en torno al Centro de pastoral lit\u00fargica de Par\u00ed\u00ads y a su revista Maison Dieu. Todo surge al acabar la II Guerra mundial, es decir, a partir de 1945. Los mismos liturgistas alemanes se\u00f1alan que la doctrina de la constituci\u00f3n Sacrosanctum concilium sobre el misterio pascual depende muy directamente de un n\u00famero monogr\u00e1fico de la Maison Dieu publicado en 1961; es decir, un a\u00f1o antes de la inauguraci\u00f3n del Concilio19.<\/p>\n<p>Este n\u00famero, concretamente el 67, lleva como t\u00ed\u00adtulo gen\u00e9rico La liturgie du myst\u00e9re pascal. El subt\u00ed\u00adtulo es Renouveau de la Semaine Sainte. Contiene trabajos de los conocidos liturgistas franceses A. M. Roguet, R. Gy y J. Gaillard, que luego colaboraron muy directamente en el Vaticano II y en la elaboraci\u00f3n de la constituci\u00f3n conciliar sobre la sagrada liturgia.<\/p>\n<p>Eisenbach se\u00f1ala el art\u00ed\u00adculo de Gaillard como el que m\u00e1s directamente influy\u00f3 en la doctrina conciliar sobre nuestro asunto. Se titul\u00f3 este art\u00ed\u00adculo: Le myst\u00e9re pascal dans le renouveau liturgique: Essay d&#8217;un hilan doctrinal20. Es una s\u00ed\u00adntesis sistem\u00e1tica de la cuesti\u00f3n que, a la vez, encierra una buena fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica de las afirmaciones del Concilio y de la Sacrosanctum concilium en torno al misterio pascual.<\/p>\n<p>Este es ante todo, nos dice Gaillard en su art\u00ed\u00adculo, el paso que el Se\u00f1or realiza de la muerte a la vida. Es un acontecimiento din\u00e1mico que permite hablar del dinamismo pascual. Tal tr\u00e1nsito, se a\u00f1ade, es el centro de la historia salv\u00ed\u00adfica. Es el paso del Se\u00f1or de este mundo al Padre, de la pasi\u00f3n, muerte y sepultura a la vida gloriosa. El mismo tr\u00e1nsito se realiza en la Iglesia a trav\u00e9s de la celebraci\u00f3n sacramental. Entonces deviene misterio pascual en nosotros. Los sacramentos pascuales (bautismo, confirmaci\u00f3n, eucarist\u00ed\u00ada, penitencia) forman en su conjunto un \u00fanico misterio pascual; constituyen la unidad del misterio pascual. En la eucarist\u00ed\u00ada de la vigilia pascual tenemos su celebraci\u00f3n lit\u00fargica m\u00e1s significativa.<\/p>\n<p>Esta eucarist\u00ed\u00ada pascual es el centro del a\u00f1o lit\u00fargico, la fiesta principal cristiana. De ella brotan las otras fiestas lit\u00fargicas. De ella reciben su unidad interna e \u00ed\u00adntima.<\/p>\n<p>En resumen, concluye Gaillard, el contenido de toda celebraci\u00f3n, de toda fiesta lit\u00fargica, es el acontecimiento Cristo, a trav\u00e9s del cual se realiza el divino plan salv\u00ed\u00adfico. El misterio de Cristo tiene su centro y su culminaci\u00f3n en el misterio pascual de la muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or en su unidad din\u00e1mica. El misterio pascual se realiza en los fieles de manera sacramental. De ese modo, son incorporados al destino del Se\u00f1or en su paso de la muerte a la vida. Con lo cual se afirma que la liturgia, en su n\u00facleo central, no es sino la presencia sacramental del Se\u00f1or en su actuar din\u00e1mico, en su acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, as\u00ed\u00ad como la corealizaci\u00f3n sacramental de ese actuar a trav\u00e9s de los fieles21.<\/p>\n<p>Al llegar a este punto nos damos cuenta de que, efectivamente, estamos en el umbral de las tesis o afirmaciones de la Sacrosanctum concilium sobre nuestro asunto resumidas al principio. Concluimos este apartado como hab\u00ed\u00adamos empezado.<\/p>\n<p>VI. El misterio pascual globaliza toda la acci\u00f3n de Cristo<br \/>\nPero ahora hemos de dar un nuevo paso. Podemos decir que misterio pascual es una categor\u00ed\u00ada adecuada para expresar la unidad dial\u00e9ctica de la acci\u00f3n de Cristo; m\u00e1s a\u00fan, para globalizar la riqueza plural de esa acci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. ENSE\u00ed\u2018ANZA DEL NUEVO TESTAMENTO. De hecho, el Nuevo Testamento, y sobre todo san Pablo, desglosan esta realidad sint\u00e9tica en sus componentes o caracter\u00ed\u00adsticas principales. Su ense\u00f1anza es esta: 1) La superaci\u00f3n de la muerte implica: el perd\u00f3n del pecado, la reconciliaci\u00f3n (Rom 3,25; 5,10-11; 6,22; 11,15; 2Cor 5,18-19; Col 2,13; Heb 9,28); la justificaci\u00f3n (Rom 3,24.28.30; 5,1.9; 8,30; G\u00e1l 2,16; 3,8.24; ICor 6,11; Tit 3,7); la redenci\u00f3n (Rom 3,24; ICor 1,30; G\u00e1l 4,5; Ef 1,7.14; 4,30; Col 1,14; Heb 9,12.15); la salvaci\u00f3n (Rom 5,9-10; 8,24; 10,9; ICor 1,21; 9,22; 15,2; Ef 1,13; 2,5.8; Flp 2,12; 3,20; ITes 2,16; 5,9; 2Tes 2,10.13; ITim 1,15; 2Tim 1,9; Tit 3,5; Heb 9,28); la liberaci\u00f3n (G\u00e1l 5,1.13; Rom 6,18; 8,2.21). 2) En su aspecto m\u00e1s positivo, la superaci\u00f3n de la muerte, como culminaci\u00f3n de la vida y acci\u00f3n de Cristo conlleva: el don del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 5,5; 8,9-11.15.23; lCor 3,16; 6,19; 12,7; 2Cor 1,22; 5,5; G\u00e1l 3,2-5.14; Ef 1,13-14; Tit 3,5); la filiaci\u00f3n (Rom 8,14-15.23; G\u00e1l 3,29; 4,5; Ef 1,5); la resurrecci\u00f3n del cuerpo transformado por el Pneuma (1 Cor 15,35-58).<\/p>\n<p>2. ENSE\u00ed\u2018ANZA DE LOS SANTOS PADRES. Los santos Padres tratar\u00e1n de esclarecer la relaci\u00f3n de esta acci\u00f3n plural de Cristo, que culmina en la pasi\u00f3n, muerte, resurrecci\u00f3n y glorificaci\u00f3n de Jes\u00fas, con su vida terrena y, sobre todo, con su nacimiento. De ah\u00ed\u00ad su inter\u00e9s por la encarnaci\u00f3n. Y de ah\u00ed\u00ad que con ellos, de alg\u00fan modo, la cristolog\u00ed\u00ada-soteriolog\u00ed\u00ada bascule hacia la encarnaci\u00f3n; se convierte en una teolog\u00ed\u00ada de Verbo Incarnato (aparte de influir en esto los problemas planteados por las herej\u00ed\u00adas de los siglos IV, V y VI). Tambi\u00e9n preocupa a los Padres una determinada interpretaci\u00f3n del car\u00e1cter divino de Jes\u00fas en l\u00ed\u00adnea ontologicista, helenizante.<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento es claro que el centro de todo es la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo (Rom 1,4; 8,17). En la patr\u00ed\u00adstica hay como un desplazamiento del final a los or\u00ed\u00adgenes de la vida y persona de Jes\u00fas. Sin embargo en los Padres no se acaba de perder la unidad entre esos dos polos. Es lo que ha tratado de mostrar J. P. Jossua en su obra justamente titulada Le salut: incarnation du mvst\u00e9re pascal (Par\u00ed\u00ads 1968).<\/p>\n<p>3. ENSE\u00ed\u2018ANZA EN LA EDAD MEDIA: PERDIDA DEL EQUILIBRIO UNITARIO. Cuando s\u00ed\u00ad se pierde ese equilibrio unitario del misterio pascual mantenido por los padres es al llegar la Edad media. Entonces tiene lugar un viraje unilateral de la soteriolog\u00ed\u00ada hacia un \u00fanico aspecto del misterio pascual: la muerte, la satisfacci\u00f3n respecto del pecado. Se atiende casi exclusivamente a la muerte de Cristo como satisfacci\u00f3n penal, como liberaci\u00f3n del pecado. Se olvida la resurrecci\u00f3n como victoria sobre la muerte, como don de vida nueva, como transformaci\u00f3n glorificadora de la persona en su unidad, como plenitud de la filiaci\u00f3n, de la pneumatizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El misterio pascual es entendido s\u00f3lo como rescate o eliminaci\u00f3n de lo negativo (el pecado), pero no como adquisici\u00f3n positiva, por gracia, de la plenitud vital. Es lo que ha mostrado magistralmente el padre H. Lubac en su obra Le rnyst\u00e9re du surnaturel (Par\u00ed\u00ads 1965).<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la explicaci\u00f3n de los datos rese\u00f1ados m\u00e1s arriba: la resurrecci\u00f3n queda reducida a un corolario breve, a la m\u00ed\u00adnima expresi\u00f3n, en la teolog\u00ed\u00ada. El misterio pascual queda roto en su unidad; as\u00ed\u00ad, hasta la llegada del movimiento lit\u00fargico que por eso deviene evento epoca] en la historia de la Iglesia, del dogma, de la liturgia, de la teolog\u00ed\u00ada y de la espiritualidad. Una vez m\u00e1s se acredita lo fecundo que es el feliz maridaje de la lex credendi y la lex orandi. Gracias a esas nupcias, reactualizadas en el Vaticano II, nos hallamos con una imagen purificada de Dios, de Cristo y de la Iglesia.<\/p>\n<p>VII. El misterio pascual en los escritos paulinos<br \/>\nRecogemos a continuaci\u00f3n las principales formulaciones del misterio pascual que hallamos en los escritos paulinos, como elaboraci\u00f3n del kerigma m\u00e1s primitivo (1 Cor 15,3-7):<br \/>\na) Romanos 6. Por el bautismo fuimos sepultados con Cristo y morimos, para que, as\u00ed\u00ad como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n nosotros caminemos en nueva vida (v. 4). Pues si hemos llegado a ser una misma cosa con \u00e9l por una muerte semejante a la suya, tambi\u00e9n lo seremos por una resurrecci\u00f3n parecida (v. 5). Y si morimos con Cristo, creemos que tambi\u00e9n viviremos con \u00e9l (v. 8). Sabemos que Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no vuelve a morir, la muerte ya no tiene dominio sobre \u00e9l (v. 9). Al morir, muri\u00f3 al pecado una vez para siempre; pero al vivir, vive para Dios (v. 10). As\u00ed\u00ad, tambi\u00e9n vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en uni\u00f3n con Cristo Jes\u00fas (v. 11).<\/p>\n<p>b) 1\u00c2\u00b0 Corintios 15. Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicias de los que mueren (v. 20). Porque como por un hombre vino la muerte, as\u00ed\u00ad, por un hombre, la resurrecci\u00f3n de los muertos (v. 21). Y como todos mueren en Ad\u00e1n, as\u00ed\u00ad tambi\u00e9n todos revivir\u00e1n en Cristo (v. 22).<br \/>\nc) 2\u00c2\u00b0 Corintios 4. Llevamos siempre y por doquier en el cuerpo los sufrimientos de muerte de Jes\u00fas, para que la vida de Jes\u00fas se manifieste tambi\u00e9n en nosotros (v. 10). Porque, viviendo, estamos siempre expuestos a la muerte por causa de Jes\u00fas, para que la vida de Jes\u00fas se manifieste tambi\u00e9n en nuestra carne mortal (v. 11).<br \/>\nd) Filipenses 3. As\u00ed\u00ad conocer\u00e9 a Cristo y experimentar\u00e9 el poder de su resurrecci\u00f3n, y compartir\u00e9 sus padecimientos, y morir\u00e9 su muerte (v. 10). A ver si alcanzo as\u00ed\u00ad la resurrecci\u00f3n de entre los muertos (v. 11).<br \/>\ne) Efesios 2. Nos dio vida juntamente con Cristo (pues hab\u00e9is sido salvados por pura gracia) cuando est\u00e1bamos muertos por el pecado (v. 5). Nos resucit\u00f3 y nos hizo sentar con \u00e9l en los cielos con Cristo Jes\u00fas (v. 6).<br \/>\nf) Efesios 5. Antes erais tinieblas, ahora sois luz en el Se\u00f1or; caminad como hijos de la luz (v. 8). Porque el fruto de la luz consiste en la bondad, en la justicia y en la verdad (v. 9). No tom\u00e9is parte en las obras infructuosas de las tinieblas (v. 11). Lo que queda al descubierto se convierte en luz (v. 13). Por eso se dice: Despierta t\u00fa, que duermes, y lev\u00e1ntate de entre los muertos, y Cristo te iluminar\u00e1 (v. 14).<\/p>\n<p>g) Colosenses 2. En el bautismo fuisteis sepultados con Cristo, hab\u00e9is resucitado tambi\u00e9n con \u00e9l por la fe en el poder de Dios, que lo resucit\u00f3 de entre los muertos (v. 12). Y a vosotros, que estabais muertos por vuestras faltas y por no haber dominado los apetitos carnales, os volvi\u00f3 a dar la vida juntamente con \u00e9l, y nos ha perdonado todos los pecados (v. 13).<br \/>\nh) Colosenses 3. Por consiguiente, si hab\u00e9is resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde Cristo est\u00e1 sentado a la diestra de Dios (v. 1). Vosotros hab\u00e9is muerto, y vuestra vida est\u00e1 escondida con Cristo en Dios (v. 3). Cuando Cristo se manifieste, \u00e9l que es vuestra vida, entonces vosotros tambi\u00e9n aparecer\u00e9is con \u00e9l en la gloria (v. 4).<\/p>\n<p>VIII. El misterio pascual, n\u00facleo de la predicaci\u00f3n kerigm\u00e1tica<br \/>\nEl misterio pascual es tambi\u00e9n el n\u00facleo de las predicaciones kerigm\u00e1ticas o de evangelizaci\u00f3n recogidas en los Hechos de los ap\u00f3stoles: cuatro de Pedro (He 2,22-24; 3,15-16; 5,30-32; 10,37-43) y dos de Pablo (He 13,27-37; 17,31).<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con los textos lit\u00fargicos conviene citar la an\u00e1fora m\u00e1s antigua que poseemos, la de Hip\u00f3lito, escrita a principios del siglo III. Ha sido adaptada para el actual misal romano como la Plegaria eucar\u00ed\u00adstica II. Est\u00e1 influida por las homil\u00ed\u00adas pascuales de Melit\u00f3n y del Pseudo-Hip\u00f3lito. Recordemos el n\u00facleo de la versi\u00f3n de nuestro misal actual: \u00abEl, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrecci\u00f3n, extendi\u00f3 sus brazos en la cruz y as\u00ed\u00ad adquiri\u00f3 para ti un pueblo santo\u00bb.<\/p>\n<p>Del actual misal romano vale la pena destacar su prefacio pascual I, uno de los m\u00e1s antiguos (del siglo VI). Fue el \u00fanico recogido por el misal de P\u00ed\u00ado V (1570) y por tanto el \u00fanico empleado desde entonces hasta el nuevo misal del Vaticano II (1970). Dice as\u00ed\u00ad: \u00abPorque \u00e9l es el verdadero Cordero, que quit\u00f3 el pecado del mundo; muriendo destruy\u00f3 nuestra muerte y resucitando restaur\u00f3 la vida\u00bb.<\/p>\n<p>En fin, no olvidemos el embolismo a\u00f1adido los domingos a las an\u00e1foras II y III en sus apartados dedicados a las intercesiones por los fieles: \u00aben el domingo, d\u00ed\u00ada en que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho part\u00ed\u00adcipes de su vida inmortal\u00bb.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Esta atrevida y dura afirmaci\u00f3n es del cardenal alem\u00e1n H. VOLK en su obra Theologische Grundlagen der Liturgie. Erw\u00e1gungen nach der Constitutio De sacra liturgia, Mainz 1964, 81. -2. J. IB\u00ed\u0081\u00ed\u2018EZ MENDOZA, Homil\u00ed\u00ada sobre la pascua, Pamplona 1975, 145-149, 177, 181. Cf tambi\u00e9n la edici\u00f3n francesa preparada por O. PERLER en la colecci\u00f3n Sources chr\u00e9tiennes (vol. 123): Sur la P\u00e1que et fragments, Par\u00ed\u00ads 1966, 64, 90, 94. &#8211; 3 P. NAUTIEN Homilies pascales 1. Une homilie inspir\u00e9e du trait\u00e9 sur la P\u00e1que. Sources chr\u00e9tiennes, 27, Par\u00ed\u00ads 1950, 125; P. CANTALAMESSA, 1 piu antichi testi pasquali della Chiesa, Roma 1971; La Pascua nella Chiesa antica, Tur\u00ed\u00adn 1978. &#8211; 4 M. GARRIDO, San Le\u00f3n Magno. Homil\u00ed\u00adas sobre el a\u00f1o lit\u00fargico, BAC, Madrid 1969; Sermones: 71, 1, p. 293; 72,1, p. 297; 47, 1, p. 196; 48, 1, p. 199; 49, 1, p. 203; 60, 3, pp. 248-249; 66, 2, p. 271; 60, 2 p. 248; 59, pp. 245-248. &#8211; 5. Cf la actual oraci\u00f3n tras la 2&#8242; lectura de la vigilia pascual y la 2&#8242; oraci\u00f3n tras la 7&#8242; lectura de la misma vigilia. &#8211; 6 Cf J. L\u00ed\u201cPEZ MART\u00ed\u008dN, En el Esp\u00ed\u00adritu y la Verdad, Secretariado Trinitario, Salamanca 1987, 177-180. Menciona la 1\u00c2\u00aa oraci\u00f3n de bendici\u00f3n de la ceniza, la 1\u00c2\u00aa oraci\u00f3n del viernes santo, la .super oblata de la vigilia pascual, la colecta de la feria 6\u00c2\u00aa de la octava de Pascua, la colecta de la feria 6&#8242; de la semana V de Pascua, el prefacio de la solemnidad de Pentecost\u00e9s, la colecta 1\u00c2\u00aa de la misa de la vigilia de Pentecost\u00e9s, el prefacio 1 de cuaresma, las colectas de la feria 5\u00c2\u00aa de la semana III de cuaresma y de la feria 3\u00c2\u00aa de la semana IV tambi\u00e9n de cuaresma, monici\u00f3n inicial del Domingo de ramos, la colecta de la feria 2&#8242; de la octava de Pascua, la poscomuni\u00f3n de la vigilia pascual, la poscomuni\u00f3n del s\u00e1bado de la octava de Pascua, la poscomuni\u00f3n del s\u00e1bado y del domingo VI de Pascua y la poscomuni\u00f3n del domingo II de Pascua. &#8211; 7. Tractatus in ev. Job. 55, 1, CCL 36, 363-364. &#8211; 8 Sermo 220 in vig. pa.schae, PL 38, 1089. Ver tambi\u00e9n: JUAN CRIS\u00ed\u201cSTOMO, Adv. Iud. 3, 4, p. 48, 867. &#8211; 9. OR\u00ed\u008dGENES, In Exod. hom. 5, 2, GCS y 6, 186. &#8211; 10 Un primer testimonio seguro es el de Atanasio en su carta festiva del a\u00f1o 384, ver Ep. fest. 6, 13, p. 26, I389B. &#8211; 11. TERTULIANO, De orat., 23, 2, CCL 1, 267. &#8211; 12 EGERIA, Itinerario, 35-42, CCL 175, 78-85. &#8211; 13. J. L\u00ed\u201cPEZ MART\u00ed\u008dN, La liturgia de la Iglesia, BAC, Madrid 1994, 229-233; A. G. MARTIMORT, La Iglesia en oraci\u00f3n: introducci\u00f3n a la liturgia, Herder, Barcelona 19924, 918-925; P. SORCI, Misterio pascual, en D. SARTORE-A. M. TRIACCA (dirs.), Nuevo diccionario de liturgia, San Pablo, Madrid 19963, 1342-1365. &#8211; 14 Un ejemplo muy caracter\u00ed\u00adstico es la cristolog\u00ed\u00ada muy difundida de L. RICHARD publicada en Par\u00ed\u00ads en 1932, que recoge el trabajo teol\u00f3gico de todos estos siglos; su t\u00ed\u00adtulo es Le dogme de la redemtion. Posteriormente este autor public\u00f3 Le myst\u00e9re de la redemtion, Par\u00ed\u00ads 1958. &#8211; 15 L. LERCHER, Instituciones theologicae dogmaticae, Innsbruck 1943, 130-210. -16 J. A. ALDAMA-S. GONZ\u00ed\u0081LEZ-J. SOLANO, Sacrae Theologiae Summa III, Madrid 1953, 243-328. &#8211; 17 Uso la edici\u00f3n publicada por S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1955. -18 Los principales trabajos de O. CASEL en relaci\u00f3n con nuestro tema son: Das Mysteriengeddchtnis der Messliturgie im Lichte der Tradition, M\u00fcnster 1926; Das Christliche Kultmysterium, Ratisbona 1932, 19604; Art und Sinn der Altesten Christlichen Ostfeier, JLW 4 (1938) 1-78. En castellano tenemos: El misterio del culto cristiano, San Sebasti\u00e1n 1953. &#8211; 19 F. EISENBACH, Die Gegenwart Jesu Christi in Gottesdienst. Systematische Studien Zur Liturgiekonstitution des II Vatikanischen Konzils, Mainz 1982, 234. &#8211; 20 Cf Maison Dieu 67 (1961) 38-87. &#8211; 21. Algunos autores franceses que colaboraron en esta recuperaci\u00f3n del misterio pascual: L. BOUYER, Le Myst\u00e9re Pascal, Par\u00ed\u00ads 1945; B. BOTTE, Paschalibus initiatis mysteriis, Ephem. Litur. (1947) 77-87; P. DUPLOYE, P\u00e1que la sainte, Maison Dieu (1946) 20-30; F. X. DURRWELL, La resurrection de J\u00e9sus myst\u00e9re de salut, Par\u00ed\u00ads 1950 (trad. esp.: La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, misterio de salvaci\u00f3n, Barcelona 1962, 19794). Conviene recordar que la revista Maison Dieu, en su primer a\u00f1o (1944), public\u00f3 un art\u00ed\u00adculo de O. CASEL sobre el misterio pascual titulado La notion de Jour de f\u00e9te, 23-37; asimismo, el a\u00f1o de su muerte, en 1948, le dedic\u00f3 todo un n\u00famero monogr\u00e1fico sobre la misma cuesti\u00f3n bajo el t\u00ed\u00adtulo: Dom Odo Casel (1888-1948). La doctrine du myst\u00e9re chr\u00e9tien. Asimismo deben recordarse otros autores alemanes que tambi\u00e9n contribuyeron a la renovaci\u00f3n del sentido pascual: cf en esta l\u00ed\u00adnea B. FISCHER, Redemptionis mysterium. Studien zur Osterfeier und zur Christlichen lnitiation, Munich 1992.<\/p>\n<p>Luis Maldonado Arenas<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La constituci\u00f3n conciliar \u00abSacrosanctum concilium\u00bb. II. Unidad muerte-resurrecci\u00f3n en el misterio pascual. III. La celebraci\u00f3n de la Pascua antes del Vaticano II: 1. En los primeros siglos de la Iglesia; 2. A partir de san P\u00ed\u00ado V (1566). IV. Teolog\u00ed\u00ada y ense\u00f1anza de la Iglesia antes del Vaticano II. V. 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