{"id":17028,"date":"2016-02-05T11:05:43","date_gmt":"2016-02-05T16:05:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/misterio-pascual-catequesis-sobre-el\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:43","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:43","slug":"misterio-pascual-catequesis-sobre-el","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/misterio-pascual-catequesis-sobre-el\/","title":{"rendered":"MISTERIO PASCUAL, CATEQUESIS SOBRE EL"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Un acontecimiento fundamental: 1. La situaci\u00f3n anterior a la Pascua; 2. La situaci\u00f3n posterior a la Pascua; 3. El hecho de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. II. La resurrecci\u00f3n, un hecho sin precedentes: 1. Una experiencia totalmente nueva; 2. El juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado: la restauraci\u00f3n de los justos. III. La primera predicaci\u00f3n cristiana. La catequesis pascual: 1. Dos modos de lenguaje; 2. Evoluci\u00f3n de las f\u00f3rmulas; 3. La superficie de la tradici\u00f3n: los textos; 4. Tipos de relatos de apariciones. IV. S\u00ed\u00adntesis del mensaje sobre la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or: 1. La resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or es acci\u00f3n de Dios; 2. La resurrecci\u00f3n y el misterio de Jes\u00fas; 3. La resurrecci\u00f3n, clave para entender el hecho de Jes\u00fas; 4. Inauguraci\u00f3n del mundo nuevo de Dios; 5. Cristo resucitado, primicia de una gran cosecha; 6. La resurrecci\u00f3n y la esperanza humana; 7. La resurrecci\u00f3n, un acontecimiento siempre presente; 8. La resurrecci\u00f3n, un reto para nuestra fe. V. Claves catequ\u00e9ticas: 1. Propuesta metodol\u00f3gica; 2. Dificultades m\u00e1s recurrentes; 3. Pistas para cada segmento de edad.<\/p>\n<p>I. Un acontecimiento fundamental<br \/>\nLa resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or fue el hecho m\u00e1s decisivo para el cristianismo naciente. Por ello, invade todos los estratos del Nuevo Testamento: es el hecho fundamental que, en visi\u00f3n retrospectiva, revela el aut\u00e9ntico misterio de la persona de Jes\u00fas y que, en visi\u00f3n prospectiva, genera y constituye las primeras comunidades cristianas. Y es a la vez el mensaje fundamental que constituye la fe y, consecuentemente, el contenido principal de la predicaci\u00f3n de estas comunidades primeras. Todo el Nuevo Testamento es un impresionante mosaico de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas, construido a base de diferentes tradiciones y relatos, con variadas formas y f\u00f3rmulas, lleno de vivencias y experiencias, de contenidos y consecuencias deducidas. En el Nuevo Testamento encontramos los testimonios de los primeros testigos de este hecho fundamental: el testimonio directo de Pablo de Tarso y el testimonio indirecto de las mujeres y de los Doce. Y encontramos tambi\u00e9n las f\u00f3rmulas de predicaci\u00f3n en sus diferentes formas: breves frases de anuncio (kerigma), credos, res\u00famenes de catequesis y relatos m\u00e1s extensos como los de las apariciones.<\/p>\n<p>1. LA SITUACI\u00ed\u201cN ANTERIOR A LA PASCUA. La muerte de Jes\u00fas fue un final inesperado y traum\u00e1tico: todas las esperanzas en torno a Jes\u00fas de Nazaret se hab\u00ed\u00adan truncado y todo parec\u00ed\u00ada quedar en nada (Lc 24,21-24; He 5,34-39). Las tradiciones que poseemos muestran con crudo realismo la situaci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos despu\u00e9s de la muerte de Jes\u00fas, descrita con palabras como miedo, desencanto, tristeza, des\u00e1nimo, incomprensi\u00f3n, desconcierto, huida, abandono. Todo hab\u00ed\u00ada sido una maravillosa expectativa, pero fallida; se volvieron a sus casas en Galilea (Mc 16,7). No hab\u00ed\u00adan entendido el misterio de Jes\u00fas. Se hab\u00ed\u00adan quedado con muchos hermosos recuerdos: \u00abun profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante todo el pueblo\u00bb (Lc 24,19; cf He 2,22; 10,38), pero sus expectativas de un mes\u00ed\u00adas triunfante pol\u00ed\u00adtica y humanamente (Mc 10,35-37; Lc 24,21; He 1,6) se hab\u00ed\u00adan derrumbado. La muerte en la cruz fue algo incomprensible en aquellos primeros momentos; sus tradiciones s\u00f3lo les permit\u00ed\u00adan ver la muerte en cruz en la perspectiva de la cl\u00e1sica muerte violenta de los profetas aut\u00e9nticos (Lc 13,33) o del tradicional sufrimiento de los justos (He 3,14). En resumen: no esperaban nada para la ma\u00f1ana de Pascua.<\/p>\n<p>2. LA SITUACI\u00ed\u201cN POSTERIOR A LA PASCUA. Pero algo inesperado y sorpresivo cambi\u00f3 radicalmente la situaci\u00f3n. Muy pronto, entre aquellos disc\u00ed\u00adpulos fracasados comienza a correr, de boca en boca, un grito: \u00ab\u00c2\u00a1Verdaderamente el Se\u00f1or ha resucitado y se ha aparecido a Sim\u00f3n!\u00bb (Lc 24,34). Este grito invade el Nuevo Testamento y no se ha apagado hasta hoy mismo. Y entonces se dio un vuelco radical en la vida de aquellos primeros disc\u00ed\u00adpulos: los dos de Ema\u00fas deshacen su camino de desilusi\u00f3n y vuelven llenos de ardor a reunirse con los hermanos (Lc 24,28-35); a partir de ah\u00ed\u00ad surgen en diferentes lugares peque\u00f1as comunidades y nace la Iglesia. Aquellos disc\u00ed\u00adpulos, antes derrotados, ahora se ven llenos de fuerza, y comienzan una tenaz lucha por la fe, superando dificultades, enfrentando persecuciones, hasta el extremo de dar su vida por esta fe. Y nace una misi\u00f3n que, a pesar de la falta de todo tipo de medios, se extiende r\u00e1pidamente por Judea, Asia Menor, Grecia, Italia&#8230; A partir de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or, aquellos disc\u00ed\u00adpulos antes desorientados, ahora se llenan de luz, comprenden el pasado, descubren el misterio de Jes\u00fas, entienden el sentido de su muerte como entrega y sacrificio y se llenan de un Esp\u00ed\u00adritu nuevo que los constituye en testigos y m\u00e1rtires. En una palabra, transformaron su vida y su mentalidad de una forma radical y permanente.<\/p>\n<p>3. EL HECHO DE LA RESURRECCI\u00ed\u201cN DEL SE\u00ed\u2018OR. Algo muy importante y decisivo tuvo que suceder para que se diera un cambio tan radical; un cambio que no dur\u00f3 unos meses o unos pocos a\u00f1os, sino toda la vida; un cambio que no afect\u00f3 solamente a los que hab\u00ed\u00adan acompa\u00f1ado a Jes\u00fas, sino tambi\u00e9n a testigos de segunda y tercera generaci\u00f3n, como san Pablo, y de las generaciones sucesivas hasta hoy mismo. \u00bfQu\u00e9 sucedi\u00f3 para que este cambio radical y permanente tuviese lugar? Todos los testimonios convergen: fue el hecho de encontrarse con el Se\u00f1or resucitado. Pero, desconcertantemente, el hecho mismo de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or no est\u00e1 narrado en ninguna parte del Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>a) Los evangelios no narran el hecho mismo de la resurrecci\u00f3n. Narrar el hecho mismo de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas ten\u00ed\u00ada que ser, para aquellos primeros cristianos, algo de decisiva importancia para la propia vida y para la actividad de misi\u00f3n; por eso resulta tan extra\u00f1o que no haya en todo el Nuevo Testamento una narraci\u00f3n de este hecho. Expresi\u00f3n de este deseo y muestra de esta extra\u00f1eza es un evangelio ap\u00f3crifo tard\u00ed\u00ado, el Evangelio de Pedro; se trata de un pergamino, fechado entre los siglos VIII-IX, descubierto en 1886 en una zona del Alto Egipto; uno de sus fragmentos, en los vv. 31-49, describe el hecho mismo de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or: dos \u00e1ngeles sirven de apoyo a un Jes\u00fas vacilante para que salga del sepulcro, la cabeza de Jes\u00fas llega a los cielos y les sigue una cruz, todo ello envuelto en una radiante luz. Naturalmente este relato tard\u00ed\u00ado no tiene valor hist\u00f3rico ni teol\u00f3gico alguno; simplemente es indicativo de la piedad popular del momento, que echaba en falta una descripci\u00f3n del hecho mismo de la resurrecci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 el Nuevo Testamento, y concretamente los evangelios can\u00f3nicos, no narran el hecho mismo de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas? Una respuesta es obvia: porque en las tradiciones recibidas no ten\u00ed\u00adan la descripci\u00f3n del hecho en s\u00ed\u00ad mismo; y no cayeron en la tentaci\u00f3n de inventar sobre la tradici\u00f3n, lo que indica su seriedad para constituir la fe. Pero algo m\u00e1s profundo motiva esta ausencia: y es que el hecho mismo de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas sobrepasa los l\u00ed\u00admites del tiempo y del espacio humanos, no es objetivable ni historificable dentro de este espacio y tiempo; la resurrecci\u00f3n es un hecho que no pertenece al m\u00e1s ac\u00e1 humano sino al m\u00e1s all\u00e1 de Dios; es entrar en el tiempo perfecto y definitivo de Dios, en la eternidad, en la Vida definitiva, as\u00ed\u00ad con may\u00fasculas.<\/p>\n<p>Los testimonios de encuentro con el Resucitado indican expresamente que no se trata de la misma situaci\u00f3n de vida humana anterior: tienen dificultades en reconocerle, aparece y desaparece de repente, \u00abestando las puertas cerradas\u00bb, puede ser confundido con un esp\u00ed\u00adritu, etc. Todo expresa que la vida del Resucitado ya no es la vida de este mundo. La resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or Jes\u00fas es escatolog\u00ed\u00ada. La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es la explosi\u00f3n de la vida perfecta y definitiva de Dios, venciendo a la muerte de un modo absoluto. Por eso mismo, la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or no puede ser confundida con una resucitaci\u00f3n, con una vuelta a cualquier tipo de vida humana para morir despu\u00e9s, como son los casos de L\u00e1zaro (In 11,1-44), del hijo de la viuda de Na\u00ed\u00adn (Lc 7,11-17) o de la ni\u00f1a Tabita (Mc 5,21-24.35-43). Igualmente, tampoco puede ser confundida con opciones de otras religiones que propugnan otras formas de vida despu\u00e9s de la muerte, pero que siguen estando injertadas en el tiempo y el espacio humanos, como la reencarnaci\u00f3n por ejemplo. El historiador aqu\u00ed\u00ad encuentra dificultades: puede investigar la vida de Jes\u00fas, su muerte y su sepultura, incluso esta sepultura vac\u00ed\u00ada. Este mismo historiador contin\u00faa constatando, poco despu\u00e9s, la existencia de unos testigos concretos que dicen que \u00ab\u00c2\u00a1Jes\u00fas vive!\u00bb, y lo afirman porque dicen haberse encontrado con \u00e9l vivo; y estos testigos forman unas primeras comunidades cristianas, cuyos lugares, tiempos, actuaciones y mensajes pueden ser identificados. Pero, en el medio, queda algo que sucedi\u00f3 y que el historiador no es capaz de abarcar: la resurrecci\u00f3n; s\u00f3lo accede a ella a trav\u00e9s de sus signos consecuentes: las apariciones y, en menor medida, la sepultura vac\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>b) La resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or es un hecho real. Afirmar que el hecho de la resurrecci\u00f3n no es objetivable ni cabe dentro de los l\u00ed\u00admites de la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica no quiere decir que sea un hecho irreal, inventado por aquellos primeros disc\u00ed\u00adpulos. La resurrecci\u00f3n es un hecho real, aunque supere nuestro tiempo y espacio; el creyente sabe que hay mucha m\u00e1s realidad que aquella que es abarcable objetivamente. Que es un hecho real lo indica no s\u00f3lo el cambio operado en aquellos disc\u00ed\u00adpulos, sino la misma forma con que relatan su encuentro con el Resucitado: como algo que les sorprendi\u00f3, que se les impuso desde fuera de ellos, algo con lo que no contaban, y ante el cual la primera actitud fue la de la duda. Afirmar que la resurrecci\u00f3n es un hecho real excluye directamente que sea una creaci\u00f3n de la fantas\u00ed\u00ada, o una proyecci\u00f3n ps\u00ed\u00adquica interna consecuente a una situaci\u00f3n traum\u00e1tica debida a las esperanzas fallidas, o una muerte aparente, y menos todav\u00ed\u00ada un fraude intencionado, porque en ninguno de estos supuestos se explicar\u00ed\u00ada el cambio radical operado en aquellos primeros testigos hasta dar su vida por esta fe; ni tampoco explicar\u00ed\u00ada la permanencia de este cambio durante toda la vida, ni su persistencia en testigos de d\u00e9cadas posteriores y de geograf\u00ed\u00adas lejanas que no conocieron a Jes\u00fas ni vivieron el trauma de la cruz. La conclusi\u00f3n se impone: realmente aquellos primeros cristianos se encontraron con el Se\u00f1or resucitado, esto es, con Jes\u00fas vencedor de la muerte, viviendo en el tipo de vida perfecto y definitivo de Dios. Esta fue la experiencia que transform\u00f3 las vidas de aquellos primeros testigos.<\/p>\n<p>c) \u00bfC\u00f3mo acceder al hecho de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or? Los primeros testigos llegaron a descubrir el hecho de la resurrecci\u00f3n por las diferentes experiencias de encuentro con el Se\u00f1or resucitado que tuvieron. Las apariciones est\u00e1n en la base de la fe en la resurrecci\u00f3n. All\u00e1 por los a\u00f1os 50, san Pablo recog\u00ed\u00ada la lista m\u00e1s antigua de estos testigos y a\u00f1ad\u00ed\u00ada: \u00abde los que la mayor\u00ed\u00ada viven todav\u00ed\u00ada\u00bb, como invitaci\u00f3n expresa para que los creyentes de segundas generaciones les preguntasen (lCor 15,6-8). Entre estos testigos originarios hay que destacar especialmente el testimonio directo de san Pablo: \u00e9l vivi\u00f3, all\u00e1 por el a\u00f1o 35, esta experiencia de encuentro con Jes\u00fas resucitado, que tambi\u00e9n le cambi\u00f3 radicalmente la vida; y de esta experiencia habla expresamente a sus comunidades (lCor 9,1; 15,7-11; G\u00e1l 1,1.11-17; Flp 3,5-11). Este acontecimiento paulino fue el germen de la Iglesia en los \u00e1mbitos paganos. Los testigos de segunda y tercera generaci\u00f3n, como Lucas, Timoteo o Tito, llegan a descubrir el hecho de la resurrecci\u00f3n a trav\u00e9s del testimonio que les llega desde los testigos originarios; este es el camino m\u00e1s normal, del que tenemos noticia por todo el Nuevo Testamento. A este testimonio primero, se unen posiblemente nuevas experiencias de encuentro con el Resucitado, de las que no tenemos noticia, la propia experiencia del creyente, la gracia de Dios en el interior del hombre y la opci\u00f3n por la fe hecha de un modo libre y consciente. As\u00ed\u00ad se ha ido creando, a trav\u00e9s de la historia, la amplia e ininterrumpida cadena de testigos y de testimonios de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, que llega hasta nosotros hoy. Tambi\u00e9n nosotros podemos entrar en contacto, a trav\u00e9s del Nuevo Testamento, con los testimonios primeros; disponemos adem\u00e1s de los testimonios posteriores (santos Padres, santos de la Iglesia, magisterio oficial) ininterrumpidos a trav\u00e9s de la historia; y en nuestro alrededor existen m\u00faltiples testigos actuales que nos invitan a la misma opci\u00f3n de fe en el Se\u00f1or resucitado.<\/p>\n<p>El hombre de hoy hace esta opci\u00f3n a base de los m\u00faltiples testimonios recibidos, a base de la llamada interior de Dios escuchada en el coraz\u00f3n, y a base de la decisi\u00f3n libre y consciente de cada persona, que se educa y fortalece en el seno de las comunidades cristianas y que se hace operativa en el compromiso de la vida diaria.<\/p>\n<p>II. La resurrecci\u00f3n, un hecho sin precedentes<br \/>\nAquellos primeros cristianos tuvieron clara conciencia de que esta experiencia pascual no pod\u00ed\u00ada ser guardada para ellos, sino que era buena noticia para el mundo y, por lo tanto, deb\u00ed\u00ada ser anunciada, comunicada, compartida por todos los hombres que de buena fe la aceptaran. As\u00ed\u00ad surgieron las primeras palabras de la fe, as\u00ed\u00ad surgi\u00f3 la primera predicaci\u00f3n cristiana y la primera catequesis. Pero exist\u00ed\u00ada una grave dificultad: \u00bfc\u00f3mo transmitir a otros una experiencia que les hab\u00ed\u00ada desbordado, que les hab\u00ed\u00ada resultado inaudita, de la que no hab\u00ed\u00ada otro caso similar en toda su tradici\u00f3n? Es el problema del lenguaje de comunicaci\u00f3n; un problema importante si queremos comprender aquellos testimonios primeros y formar parte de la cadena de testigos.<\/p>\n<p>1. UNA EXPERIENCIA TOTALMENTE NUEVA. En toda la tradici\u00f3n jud\u00ed\u00ada no hab\u00ed\u00ada nada igual, ni en todo el Antiguo Testamento ni en los escritos jud\u00ed\u00ados del entorno. Hab\u00ed\u00ada, s\u00ed\u00ad, algunas pocas tradiciones de resucitaci\u00f3n (lRe 17,17-24; 2Re 4,31-37) y algunos relatos de rapto (G\u00e9n 5,24; 2Re 2,11), pero ninguno de estos casos era igual: la resucitaci\u00f3n era una vuelta a esta misma vida para morir posteriormente y el rapto siempre exclu\u00ed\u00ada la muerte, eran raptos de vivos. Ninguno de ambos casos era el de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Hay que tener en cuenta dos datos: 1) La ausencia de vida eterna en el Antiguo Testamento. En el Antiguo Testamento nunca se lleg\u00f3 a una concepci\u00f3n clara de vida eterna. La eternidad era un atributo exclusivo de Dios que, por su naturaleza, no pod\u00ed\u00ada ser comunicado a los hombres. El hombre justo, y en t\u00e9rminos colectivos el pueblo de Israel, a lo m\u00e1s que pod\u00ed\u00ada aspirar era a una larga vida, a la abundancia de hijos y a una situaci\u00f3n de paz, felicidad y bienestar humanos. No hab\u00ed\u00ada horizontes de eternidad. 2) El Dios que vive y hace vivir. Pero Israel cre\u00ed\u00ada en el Dios que vive (lSam 17,26.36; lRe 18,15; Jer 10,10; Sal 18,47; 42,3; etc.) y el Dios que hace vivir (Sal 36,10; Jer, 2,3; 17,13; etc.) y esta fe inunda todas sus tradiciones, las de la creaci\u00f3n (G\u00e9n 1-2) y todas aquellas que hablan del vivir hist\u00f3rico de los individuos (Jue 8,32; Dt 5,33; 16,20; 30,19-20; 32,47; etc.) o de la supervivencia del todo Israel (Os 6,1-3; Ez 37,1-14). Si el individuo o Israel vive, se debe a que Dios es el Se\u00f1or de la vida. Toda vida es un don que viene de las manos de Dios y que depende siempre de \u00e9l. Por eso en el Antiguo Testamento no hay un destino ciego que rija la vida humana, ni siquiera la b\u00fasqueda de c\u00f3mo traspasar la frontera de la muerte, como suced\u00ed\u00ada en los pueblos vecinos (Egipto, Babilonia).<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento no existe ning\u00fan principio, ninguna cualidad humana, ninguna propiedad natural del hombre, ning\u00fan rito misterioso que pueda dar, utilizar o recuperar la vida despu\u00e9s de la muerte. Es Dios quien da toda vida, para que el hombre y la creaci\u00f3n le alaben y para que sigan sus mandatos; es esta la \u00fanica condici\u00f3n de una vida larga y feliz. La muerte no es una ruptura traum\u00e1tica sino un final sereno: \u00abacostarse en paz con sus padres\u00bb, dicen.<\/p>\n<p>2. EL JUDA\u00ed\u008dSMO TARD\u00ed\u008dO: LA RESTAURACI\u00ed\u201cN DE LOS JUSTOS. Con esta fe vivi\u00f3 Israel su existencia, su vida y su muerte. La existencia individual no era comprendida m\u00e1s que desde la perspectiva colectiva: lo importante era que viviera todo Israel, s\u00f3lo desde ah\u00ed\u00ad el individuo puede contemplar su vida. Pero este esquema tradicional fue modificado a ra\u00ed\u00adz del Destierro (siglo V). Fueron los profetas del tiempo quienes, ante el fracaso colectivo del pueblo, exigieron responsabilidad individual m\u00e1s que responsabilidad colectiva (Jer 31,29-30; Ez 18,2). Y entonces se desencadenaron acuciantes preguntas sobre el don divino de la vida y la justicia de Dios (Jer 12,1-4; Sal 73). Ante la experiencia cotidiana, los antiguos esquemas fallaban: si Dios es el Se\u00f1or de la vida, \u00bfpor qu\u00e9 los justos sufren, no viven en paz, no gozan de larga vida? Y al contrario, \u00bfpor qu\u00e9 los imp\u00ed\u00ados viven largos a\u00f1os y en paz? Job es el grito angustioso del justo que sufre perdido en el misterio; Sir\u00e1cida es el sabio esc\u00e9ptico y creyente que invita a gozar de la vida porque \u00abes bendici\u00f3n de Dios\u00bb, lo dem\u00e1s \u00abes vanidad\u00bb; los Salmos presentan la postura m\u00ed\u00adstica: \u00ablo importante es estar con Dios\u00bb (Sal 73,25). Todas estas posturas eran expresi\u00f3n de un problema cuya soluci\u00f3n no se vislumbraba (Job 42,6).<\/p>\n<p>Los interrogantes se agravaron dos siglos m\u00e1s tarde (siglo II), ante los sufrimientos causados por la soberbia imposici\u00f3n griega (2Mac 6,9) que martirizaba a los justos que defend\u00ed\u00adan la Ley (2Mac 6,18-7,42), y por ella mor\u00ed\u00adan j\u00f3venes en las luchas macabeas. Entonces se dio un paso adelante: en virtud de su justicia, Dios ten\u00ed\u00ada que intervenir reivindicando a sus justos, muertos en martirio o en batalla. As\u00ed\u00ad se comenzaron a abrir horizontes: Dios los \u00abresucitar\u00ed\u00ada en el d\u00ed\u00ada del juicio\u00bb (Dan 11,32; 2Mac 7,6.9.11.14.30-38); esto es, cuando se instaurasen los tiempos mesi\u00e1nicos, todos los justos de Israel volver\u00ed\u00adan a esta vida para constituir el Israel aut\u00e9ntico, al que ten\u00ed\u00adan derecho por su justicia, para despu\u00e9s, colmadas ya sus aspiraciones, morir en paz (Lc 2,25-32). Este esquema estaba vigente en los tiempos de Jes\u00fas, alimentando la mayor parte de los escritos apocal\u00ed\u00adpticos y generando en los c\u00ed\u00adrculos fariseos una reflexi\u00f3n innovadora sobre la \u00abresurrecci\u00f3n mesi\u00e1nica\u00bb (Mc 12,18-27) en base a las claves anteriores.<\/p>\n<p>III. La primera predicaci\u00f3n cristiana. La catequesis pascual.<\/p>\n<p>Pero la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas desbordaba todo este camino anterior, porque en ning\u00fan momento se hab\u00ed\u00ada conseguido llegar a una afirmaci\u00f3n de vida eterna m\u00e1s all\u00e1 de la vida humana y de victoria definitiva y radical sobre la muerte. Esto era lo original y lo novedoso de la experiencia vivida en los encuentros con el Se\u00f1or resucitado. Y aquel hecho inaudito y sin parang\u00f3n, necesitaba de un lenguaje adecuado para la comunicaci\u00f3n a todos los hombres. Un lenguaje que deb\u00ed\u00ada comunicar experiencias dif\u00ed\u00adciles de expresar y del que no hab\u00ed\u00ada tradici\u00f3n; en definitiva, un lenguaje sin hacer. Y, aunque para el anuncio de muerte no aparecen f\u00f3rmulas definidas y constantes, muy pronto se fueron acu\u00f1ando f\u00f3rmulas de resurrecci\u00f3n t\u00f3picas, con un lenguaje muy definido y constante.<\/p>\n<p>1. Dos MODOS DE LENGUAJE. Adem\u00e1s de otras formas menores de lenguaje (\u00abfue devuelto a la vida\u00bb), se descubren dos lenguajes predominantes: lenguaje de exaltaci\u00f3n, lenguaje de resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Lenguaje de \u00abexaltaci\u00f3n\u00bb. Aquellos primeros testigos ten\u00ed\u00adan a mano en su tradici\u00f3n veterotestamentaria y en su entorno apocal\u00ed\u00adptico varios relatos de raptos de personajes insignes que no hab\u00ed\u00adan muerto, sino que Dios hab\u00ed\u00ada llevado consigo (G\u00e9n 5,24; 2Re 2,11), y echaron mano de este lenguaje de exaltaci\u00f3n para poder comunicar el hecho de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Se reconoce este lenguaje por expresiones t\u00ed\u00adpicas: \u00abglorificar\u00bb (He 3,13a; 5,34), \u00abexaltar\u00bb (He 2,33; 5,31; F1p 2,9), \u00abascender\u00bb (Lc 24,51; He 1,9; ITim 3,16), \u00absentar a la derecha\u00bb (He 2,34). Este primer esquema de lenguaje contaba con una aceptable tradici\u00f3n y con un entorno abundante. Pero, al mismo tiempo, presentaba varias dificultades: los casos de rapto no supon\u00ed\u00adan, sino que exclu\u00ed\u00adan la muerte, lo que no era el caso de Jes\u00fas; los relatos de rapto destacaban bien la glorificaci\u00f3n que hab\u00ed\u00adan experimentado en Jes\u00fas, pero resaltaban demasiado una trascendencia lejana del Resucitado, que no cuadraba con la experiencia de \u00abpresentarse en medio\u00bb, de cercan\u00ed\u00ada con sus disc\u00ed\u00adpulos; por otro lado los diferentes casos de rapto (El\u00ed\u00adas, Henoc, y otros) no permit\u00ed\u00adan captar bien la originalidad del Se\u00f1or resucitado, que no ten\u00ed\u00ada comparaci\u00f3n con ning\u00fan otro caso. Fue esta una manera de hablar muy primitiva y muy bien aceptada por las comunidades griegas, en cuya tradici\u00f3n religiosa hab\u00ed\u00ada muchos relatos de dioses que bajaban a tomar contacto con los hombres y luego ascend\u00ed\u00adan de nuevo a su situaci\u00f3n celestial.<\/p>\n<p>b) Lenguaje de \u00abresurrecci\u00f3n\u00bb. En paralelo con el lenguaje de exaltaci\u00f3n, aparece m\u00e1s abundantemente el lenguaje de resurrecci\u00f3n. Se le reconoce por el uso constante de dos verbos griegos: egeiro (imagen de despertar de un sue\u00f1o: He 3,15; 4,10; 5,30; 10,40; 1 Cor 15,4.12.14.16-17.20; Mt 16,21; 17,9.23; 20,19; Jn 2,22; 21,14; etc.) y anistanai (imagen de ponerse en pie desde una posici\u00f3n yacente: He 2,24.32; 3,26; 10,41; 13,33-34; 17,3.31; lTes 4,14.16; Ef 5,14; Mc 8,31; 9,9.31; 10,34; Jn 20,9; etc). Ambos verbos son im\u00e1genes, sin apenas diferencias, que nosotros ya traducimos directamente por la palabra resucitar. Era este un lenguaje novedoso, sin tradici\u00f3n, y por eso capaz de llenarlo de un contenido que expresase la novedad original de Jes\u00fas vencedor de la muerte. Fue el lenguaje que se extendi\u00f3 por toda la primera predicaci\u00f3n cristiana y por todas las comunidades, aunque las comunidades griegas tuviesen notables dificultades para comprenderlo adecuadamente.<\/p>\n<p>2. EVOLUCI\u00ed\u201cN DE LAS F\u00ed\u201cRMULAS. Con este lenguaje se fueron acu\u00f1ando las f\u00f3rmulas primitivas con las que nos transmitieron la experiencia de encontrarse con el Se\u00f1or vivo, vencedor de la muerte. Estas f\u00f3rmulas, llamadas kerigma, son las primeras palabras de la fe. Las encontramos en el fondo de cualquier escrito del Nuevo Testamento.<\/p>\n<p>a) Dios resucit\u00f3 a Jes\u00fas. Es la f\u00f3rmula m\u00e1s primitiva (He, 2,24.32; 3,15.26; 4,10; 5,30; 10,40-41; 13,30.33-34.37; 17,3.31; Rom 4,24; 8,11; 10,9; lCor 6,14; 15,15; 2Cor 4,14; G\u00e1l 1,1; Ef 1,20; lTes 1,1; Rom 4,24; 8,11; 10,9; lCor 6,14; 15,15; 2Cor 4,14; G\u00e1l 1,1; Ef 1,20; lTes 1,19). Dios es siempre el sujeto de la acci\u00f3n y Jes\u00fas (no el Se\u00f1or, ni el Cristo) es el objeto de la acci\u00f3n. De su uso en el Nuevo Testamento se destaca que es la \u00fanica f\u00f3rmula que utiliza Hechos, que es muy frecuente en los escritos paulinos, y que est\u00e1 ausente en los evangelios. Tanto por el uso paulino como por la ausencia en los evangelios, tenemos que concluir que es una f\u00f3rmula de la predicaci\u00f3n de los a\u00f1os 40-50. Su desarrollo cristol\u00f3gico es m\u00ed\u00adnimo: est\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea del Antiguo Testamento como otra de las maravillosas acciones de Dios sobre sus elegidos, pero no indica, en s\u00ed\u00ad misma, una trascendencia de Jes\u00fas, que aparece como elemento pasivo de la acci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>b) Cristo (Se\u00f1or, el Hijo del hombre) fue resucitado. Es la f\u00f3rmula intermedia (Rom 4,25; 6,4.9; 7,4; 8,34; lCor 15,4.12-14.16-17.20; 2Cor 5,15; 2Tim 2,8; Mt 16,21; 17,9.23; 20,19; 27,63; 28,6; Mc 16,14; Lc 9,22; 24,6.34; Jn 2,22; 21,14). Se reconoce por el verbo siempre en pasiva, y por el sujeto lleno de contenido teol\u00f3gico (Se\u00f1or, Cristo, nunca Jes\u00fas). Es la f\u00f3rmula que m\u00e1s usa Pablo y que tambi\u00e9n aparece en los evangelios; destaca su presencia en textos prepaulinos (lCor 15,4; 2Tim 2,8) y el uso que hace Mt sobre tradiciones anteriores a \u00e9l: anuncios de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas (Mt 16,21; 17, 9.23; 20,19); por lo cual tambi\u00e9n tenemos que concluir que es una f\u00f3rmula muy primitiva, t\u00ed\u00adpica de los a\u00f1os 50. Contiene ya una cristolog\u00ed\u00ada en desarrollo, con afirmaciones de fe sobre Jes\u00fas (Se\u00f1or, Cristo, Hijo del hombre) y con el puesto destacado que supone la posici\u00f3n del sujeto en griego.<\/p>\n<p>c) El Hijo del hombre (Se\u00f1or, Cristo) resucit\u00f3. Es la tercera f\u00f3rmula (Mc 8,31; 9,9.31; 10,34; Lc 18,33; 24,7.46; Jn 20,9). Es una f\u00f3rmula tard\u00ed\u00ada, que nunca aparece en Pablo, pero que es la preferida de los evangelios y de los escritos m\u00e1s tard\u00ed\u00ados (a\u00f1os 70-90). Supone ya una cristolog\u00ed\u00ada elaborada en sus niveles m\u00e1ximos de trascendencia: Cristo, persona divina, se resucita a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>3. LA SUPERFICIE DE LA TRADICI\u00ed\u201cN: LOS TEXTOS. Con estas bases se fueron configurando en la tradici\u00f3n diversas unidades o textos, algunos muy breves, unos procedentes de la predicaci\u00f3n (f\u00f3rmulas de anuncio), otros procedentes de la catequesis (credos), y otros m\u00e1s extensos (relatos de apariciones).<\/p>\n<p>a) Las f\u00f3rmulas de anuncio. Son f\u00f3rmulas breves, con estructura bimembre y con estricto paralelismo en la disposici\u00f3n de sus elementos. Ejemplos claros son: \u00abSi creemos que Jes\u00fas ha muerto y ha resucitado\u00bb (1Tes 4,14a) o \u00abAcu\u00e9rdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos, del linaje de David, seg\u00fan el evangelio que predico\u00bb (2Tim 2,8). F\u00f3rmulas como estas se encuentran en todo el Nuevo Testamento, especialmente en las cartas paulinas (cf Rom 4,25; 8,34; 14,9; 2Cor 5,15; etc). Son expresiones hechas dentro de la tradici\u00f3n recibida, usadas como afirmaciones b\u00e1sicas en las confesiones de fe y en la predicaci\u00f3n. Contienen todas un anuncio de resurrecci\u00f3n, a veces con alusi\u00f3n a la descendencia dav\u00ed\u00addica, resaltando el mesianismo de Jes\u00fas (2Tim 2,8; Rom 1,3b-4) si su origen es judeocristiano; otras veces con alusi\u00f3n a la conversi\u00f3n de los \u00ed\u00addolos (lTes 1,9-10) si el kerigma proviene de ambientes paganos; y las m\u00e1s de las veces aparece como centro de la confesi\u00f3n el binomio \u00abmuerte-resurrecci\u00f3n\u00bb (lPe 3,18), con breves y diferentes consecuencias.<\/p>\n<p>b) Los credos catequ\u00e9ticos. Estas f\u00f3rmulas breves se fueron desarrollando hasta constituir peque\u00f1os credos catequ\u00e9ticos o res\u00famenes de fe m\u00e1s completos, utilizados preferentemente en los catecumenados bautismales: 1 Cor 15,3b-5 es un buen ejemplo. Pablo confiesa que este credo es la predicaci\u00f3n de todos los testigos cristianos (ICor 15,11); m\u00e1s concretamente es el evangelio que Pablo predic\u00f3 (lCor 15,1) y que a su vez es anterior a \u00e9l, ya que reconoce que lo ha recibido para poder transmitirlo (lCor 15,3a). El an\u00e1lisis de su estructura gramatical remite a un origen judeoaramaico, y la abundancia de t\u00e9rminos no paulinos indica que se trata de un credo que debe ser fechado en la d\u00e9cada de los a\u00f1os 40. La estructura es bimembre: afirma los dos hechos fundamentales (muerte y resurrecci\u00f3n) y aporta complementos catequ\u00e9ticos en estricto orden paralelo (\u00abpor nuestros pecados\u00bb-\u00abal tercer d\u00ed\u00ada\u00bb); se\u00f1ala que ambos hechos tienen una inserci\u00f3n en las tradiciones veterotestamentarias (\u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb-\u00abseg\u00fan las Escrituras\u00bb) y que ambos hechos gozan de una constataci\u00f3n que asegura su realidad (sepultura-apariciones); le siguen dos muy antiguas listas de testigos.<\/p>\n<p>Este precioso credo supone ya una evoluci\u00f3n teol\u00f3gica sobre las f\u00f3rmulas kerigm\u00e1ticas: la muerte es calificada como muerte sacrificial (\u00abpor nuestros pecados\u00bb) y es vista desde la perspectiva del Antiguo Testamento (muerte de los profetas, muerte de los justos, sacrificio de v\u00ed\u00adctimas animales en el Templo). La resurrecci\u00f3n es calificada con la f\u00f3rmula \u00abal tercer d\u00ed\u00ada\u00bb, que, adem\u00e1s de partir de una base cronol\u00f3gica, cuya expresi\u00f3n adecuada es \u00abdespu\u00e9s de tres d\u00ed\u00adas\u00bb (cf Mc 8,31; 9,31; 10,33), indica el d\u00ed\u00ada de la plenitud de la acci\u00f3n de Dios, cumpliendo sus promesas, y realizando en plenitud su salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>c) Los relatos de apariciones en los evangelios. Ya se ha dicho que las apariciones son la base de acceso al hecho de la resurrecci\u00f3n; son su manifestaci\u00f3n y su enclave en el tiempo humano. Quiz\u00e1s sea mejor hablar de encuentros con el Se\u00f1or resucitado, para evitar malas comprensiones y no confundir las apariciones pascuales, fundamento constitutivo de la fe, con otras apariciones que no son constitutivas de la misma. En los evangelios, excepto en Mc, cuyo final se ha perdido y restaurado con un elenco (que no relatos) de apariciones (Mc 16,9-20), tenemos varios relatos de aparici\u00f3n del Resucitado, todos ellos muy diferentes en su contenido y en sus destinatarios; solamente coinciden los evangelistas en una aparici\u00f3n a los once (Mt 28,16-20; Le 24,36-53; Jn 20,19-23), pero difieren totalmente en el contenido; por la extra\u00f1eza que supone, debemos admitir que la primera aparici\u00f3n fue a las mujeres (Mt 27,9-10) entre las que todos los evangelios nombran a Mar\u00ed\u00ada Magdalena y que Jn destaca especialmente dedic\u00e1ndole un relato propio (Jn 20,11-18); las dem\u00e1s apariciones ya divergen totalmente: los dos disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas s\u00f3lo en Lc (24,1-35), Tom\u00e1s s\u00f3lo en Jn (20,26-29), pesca milagrosa s\u00f3lo en el ap\u00e9ndice a\u00f1adido a Jn (21,1-14). Por otro lado, la lista m\u00e1s primitiva de testigos que poseemos pone como destinatarios de las apariciones a \u00abPedro y luego a los doce&#8230;, los quinientos hermanos&#8230; Santiago&#8230;, todos los ap\u00f3stoles\u00bb (ICor 15,6-8). Hubo ciertamente una aparici\u00f3n a Pedro (cf tambi\u00e9n Lc 24,34), de la que extra\u00f1amente en los evangelios no queda un relato, como tampoco queda de las apariciones a los \u00abquinientos hermanos&#8230;, a Santiago, a todos los ap\u00f3stoles\u00bb. Y a la inversa, en esa lista tan primitiva no se mencionan las mujeres, ni los dos de Ema\u00fas, ni Tom\u00e1s, que son los relatos evang\u00e9licos.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, las apariciones de los evangelios tienen una localizaci\u00f3n diferente y desconcertantemente irreconciliable: Mateo no pone apariciones en Jerusal\u00e9n, sino en el camino (Mt 28,9) y en Galilea (Mt 28,7.10; cf Mc 16,7); por el contrario, Lucas y Juan (excepto el a\u00f1adido jo\u00e1nico Jn 21) sit\u00faan todas las apariciones en Jerusal\u00e9n (Lc 24,49-53; Jn 20,1 1. 19.26), excluyendo su localizaci\u00f3n en Galilea. Todo esto nos obliga a concluir que los evangelistas no siguieron una tradici\u00f3n com\u00fan, con toda seguridad porque no la hab\u00ed\u00ada, y que por eso su actividad literaria se deja notar con mayor intensidad. Es decir, los relatos de aparici\u00f3n que tenemos en los evangelios, aunque parten del hecho fundamental de las apariciones primeras y conservan algunos de sus recuerdos, han sido intensamente elaborados por cada evangelista con la finalidad de transmitir a sus cristianos de d\u00e9cadas posteriores aquella experiencia primera y de responder a los problemas que sus comunidades presentaban. En pocas palabras, estos relatos, m\u00e1s que descripciones exactas de los hechos de encuentro con el Se\u00f1or resucitado, son relatos al servicio de la posterior comunicaci\u00f3n catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>4. TIPOS DE RELATOS DE APARICIONES. Veremos a continuaci\u00f3n los dos principales tipos de relato de apariciones, que encontramos en los evangelios.<\/p>\n<p>a) Apariciones de env\u00ed\u00ado. Los dos relatos de Mateo presentan una estructura invariable: 1) una presentaci\u00f3n gloriosa del Resucitado abre el relato (\u00abse me ha dado todo poder\u00bb), pero no tiene como finalidad el reconocimiento (de hecho la duda [Mt 28,171, que se retiene por ser un elemento primitivo, se nota fuera de lugar); en vez del reconocimiento sigue una actitud de adoraci\u00f3n consecuente; 2) un mandato de misi\u00f3n (Mt 28,10.19) ocupa el centro, indicando la finalidad catequ\u00e9tica del relato: impulsar a la misi\u00f3n a aquella comunidad que, por ser jud\u00ed\u00ada, no ten\u00ed\u00ada horizontes de misi\u00f3n universal (Mt 10,5); y 3) una promesa de asistencia para esa misi\u00f3n: \u00abYo estoy con vosotros\u00bb, cierra el relato. Estos relatos siguen los esquemas tradicionales de los relatos de encomienda de una misi\u00f3n en el Antiguo Testamento (teofan\u00ed\u00ada-misi\u00f3n-asistencia; Ex 3,1-12; Jue 6,11-18; Jer 1,4-10; etc). Estos relatos de aparici\u00f3n mateanos tienen la finalidad de ser el fundamento y el impulso que aquella comunidad judeocristiana (de la d\u00e9cada de los 80) necesitaba para asumir con decisi\u00f3n la misi\u00f3n eclesial.<br \/>\nb) Apariciones de reconocimiento. Los relatos de aparici\u00f3n en Lucas y Juan presentan elementos nuevos como el toca; el comer; la duda es un elemento destacado, el reconocimiento es dif\u00ed\u00adcil y progresivo, se invocan las Escrituras, se menciona la presencia del Esp\u00ed\u00adritu. La estructura es muy diferente: 1) una presentaci\u00f3n sorpresiva, marcada con el saludo: \u00abPaz a Vosotros\u00bb, que no tiene caracteres gloriosos ni engendra adoraci\u00f3n, sino estupefacci\u00f3n, duda e increencia; 2) la duda ocupa un lugar preferente, destacada expresamente sobre todo en Juan; 3) el reconocimiento ocupa el puesto central y obtiene una atenci\u00f3n especial: tocar, comer, mala comprensi\u00f3n, testimonio de las Escrituras (Lc 24,16.31; Jn 20,19.26); 4) la misi\u00f3n confiada cierra el relato. Son relatos dirigidos a comunidades griegas, de la d\u00e9cada de los 80-90; estas comunidades griegas no precisaban de una invitaci\u00f3n a la misi\u00f3n; ellas hab\u00ed\u00adan sido, bajo la direcci\u00f3n de judeohelenistas, las impulsoras de la misi\u00f3n universal (Pablo; Antioqu\u00ed\u00ada; Macedonia). Sus necesidades y sus problemas eran otros: necesitaban una intensa catequesis sobre el realismo de la resurrecci\u00f3n. Y esto es lo que hacen Lucas y Juan. El mensaje de la resurrecci\u00f3n les llegaba en unas claves diferentes a las que ellos ten\u00ed\u00adan: aquellos primeros testigos eran hebreos y, en su cultura semita, se conceb\u00ed\u00ada al hombre en unidad, sin dividir alma y cuerpo; entonces la resurrecci\u00f3n inclu\u00ed\u00ada la persona entera, naturalmente con su corporeidad, pero sin reducirla solamente al cuerpo y sin confundirla o mezclarla con la inmortalidad del alma o con una presencia espiritual.<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n, propia del kerigma, chocaba frontalmente con la cultura griega de estas comunidades, con sus presupuestos filos\u00f3ficos y religiosos, ya que en ella se conceb\u00ed\u00ada al hombre en clave dualista, alma y cuerpo como elementos separables, y se afirmaba la inmortalidad del alma, mientras que se despreciaba el cuerpo como un elemento obstaculizador de cualquier proceso espiritual. Estas comunidades griegas no entend\u00ed\u00adan la resurrecci\u00f3n (1Cor 15), ya que, o bien la reduc\u00ed\u00adan solamente al elemento cuerpo, o bien la consideraban innecesaria al creer en la inmortalidad del alma. En cualquier caso les resultaba dif\u00ed\u00adcil creer en una resurrecci\u00f3n del hombre entero, de toda la persona; llegaba a parecerles incluso rid\u00ed\u00adculo (He 17,32); no ten\u00ed\u00adan dificultad en admitir que Jes\u00fas viv\u00ed\u00ada despu\u00e9s de muerto, ya que su alma era inmortal, pensaban, o era un esp\u00ed\u00adritu (Lc 24,37; Jn 20,27), pero el realismo de una resurrecci\u00f3n de la persona, con una corporeidad transformada, les resultaba inconcebiblemente extra\u00f1o. Por eso Lucas y Juan se esfuerzan por ense\u00f1ar a estos cristianos griegos que la resurrecci\u00f3n es una realidad que deben comprender como nueva creaci\u00f3n de la persona, con su corporeidad transformada, en una situaci\u00f3n de vida perfecta y definitiva; que no deben confundirla con una inmortalidad del alma o reducirla solamente al elemento cuerpo. As\u00ed\u00ad Lucas y Juan llenan estos relatos de motivos catequ\u00e9ticos: el reconocimiento ocupa el centro de inter\u00e9s catequ\u00e9tico, se le reconoce progresivamente (Lc 24,16.31; Jn 20,19.26); se multiplican los signos de realismo corporal: tocar, comer, no es un esp\u00ed\u00adritu (Lc 24,37; Jn 20,27).<\/p>\n<p>La duda, adem\u00e1s de ser un dato primitivo, tiene una importante funci\u00f3n catequ\u00e9tica, es una invitaci\u00f3n a la opci\u00f3n de fe; Juan destaca especialmente este elemento duda dedic\u00e1ndole un relato especial, la aparici\u00f3n a Tom\u00e1s, que termina con una abierta confesi\u00f3n de fe y una bienaventuranza para los creyentes del futuro (Jn 20,26-29). La insistencia en el cumplimiento de las Escrituras (Lc 24,27.44), el abrirles el entendimiento (Lc 24,25-26.45), el indicarles cu\u00e1l es la postura de fe (Lc 24,25.38; Jn 20,27-29), son todos elementos importantes de esta catequesis para aquellos cristianos griegos, con la finalidad de fundamentar su fe en la realidad de la resurrecci\u00f3n corporal.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se detectan intereses catequ\u00e9ticos menores: motivos de construcci\u00f3n eclesial: volver junto a los hermanos (Lc 24,33-35); perd\u00f3n de los pecados (Jn 20,23); recepci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu (Jn 20,22; Lc 24,49); misi\u00f3n encomendada (Lc 24,47; Jn 20,21). Todos son puntos clave de una catequesis eclesial para afianzar la identidad de la Iglesia naciente en los ambientes griegos. Y asimismo resaltan en primer plano motivos lit\u00fargicos: \u00abel primer d\u00ed\u00ada de la semana\u00bb (Jn 20,1.11.19), en clara alusi\u00f3n al domingo; \u00able reconocieron al partir el pan\u00bb (Lc 24,30-31.41-42), que son alusiones eucar\u00ed\u00adsticas: las comidas con el Se\u00f1or resucitado eran al mismo tiempo signos de realismo corporal, comuni\u00f3n del Se\u00f1or resucitado con los suyos y comidas eucar\u00ed\u00adsticas originantes de las eucarist\u00ed\u00adas posteriores.<\/p>\n<p>IV. S\u00ed\u00adntesis del mensaje sobre la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or<br \/>\n1. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN DEL SE\u00ed\u2018OR ES ACCI\u00ed\u201cN DE Dios. Las f\u00f3rmulas Dios resucit\u00f3 a Jes\u00fas o Cristo fue resucitado remiten a Dios como el que ha realizado el hecho de la resurrecci\u00f3n. Entonces la resurrecci\u00f3n se enmarca dentro de la serie de acciones de Dios en la historia de salvaci\u00f3n: desde la actividad creadora del comienzo, siguiendo por la actividad constantemente salvadora de Dios a trav\u00e9s de la historia (\u00e9xodo, profetas, vuelta del destierro, etc.) por medio de agentes humanos, hasta llegar al acontecimiento de Jes\u00fas, hecho hombre entre los hombres. Todo este proceso continuado de actividad de Dios culmina en la resurrecci\u00f3n. La resurrecci\u00f3n es la acci\u00f3n definitiva de Dios, acci\u00f3n radicalmente transformadora que culmina todas las dem\u00e1s acciones. Todas las acciones anteriores suceden dentro del tiempo y espacio humanos y, en general, mediante agentes humanos; en el caso de la resurrecci\u00f3n no hay mediaci\u00f3n humana, es la acci\u00f3n absolutamente propia de Dios, sin intervenci\u00f3n de la actividad humana; hasta en la muerte de Jes\u00fas intervienen el hacer y el querer humanos, pero en la resurrecci\u00f3n no. Hablando con propiedad, no fue el hombre Jes\u00fas el que super\u00f3 la muerte, sino que Dios acoge a su Hijo Jes\u00fas en la comuni\u00f3n definitiva y en la uni\u00f3n perfecta con \u00e9l. Precisamente por esto, la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es la revelaci\u00f3n perfecta de qui\u00e9n es Dios y en qui\u00e9n y para qu\u00e9 conf\u00ed\u00adan los hombres que creen en \u00e9l. En la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, Dios se manifiesta como el que llama al hombre a su realizaci\u00f3n en plenitud, como el que invita al hombre a compartir su vida divina. Desde aqu\u00ed\u00ad se entiende que la resurrecci\u00f3n es la revelaci\u00f3n definitiva de la soberan\u00ed\u00ada de Dios: la instauraci\u00f3n del reinado de Dios, de su generosidad gratuita y amorosa para con el hombre y con la creaci\u00f3n entera.<\/p>\n<p>2. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN Y EL MISTERIO DE JES\u00daS. Ahora se revela que la acci\u00f3n, las palabras, las opciones, los conflictos de Jes\u00fas, tienen el S\u00ed\u00ad de Dios frente al No de los hombres. Ahora desaparece la incertidumbre sobre la validez y el futuro de la acci\u00f3n de Jes\u00fas, que las autoridades religiosas jud\u00ed\u00adas hab\u00ed\u00adan puesto en entredicho con su muerte en la cruz. En la resurrecci\u00f3n, Dios ha reivindicado a Jes\u00fas frente al rechazo humano, y desde ah\u00ed\u00ad la cruz comienza a tener sentido: es el resultante de la injusticia humana, es la consecuencia de la postura aut\u00e9ntica de Jes\u00fas, es la entrega amorosa de Dios a los hombres, es el sacrificio por los pecados del hombre, es la muerte del hombre viejo, esto es, del hombre contra Dios.<\/p>\n<p>Pero la resurrecci\u00f3n no es simplemente una manifestaci\u00f3n de la validez de sus hechos y palabras, sino tambi\u00e9n la manifestaci\u00f3n del misterio de Jes\u00fas, de la autenticidad de su ser. En la resurrecci\u00f3n, Jes\u00fas culmina su vida terrena: sus hechos, sus actitudes, su mensaje, quedan definitivamente sellados como aut\u00e9nticos, y convertidos en referencia obligada para la Iglesia y para los creyentes de todos los tiempos. En la resurrecci\u00f3n, se revela que Dios estaba en Jes\u00fas (2Cor 5,19), en su actuar, en su palabra y en su sufrimiento, en su muerte. La resurrecci\u00f3n es la realizaci\u00f3n de la unidad perfecta de Dios y Jes\u00fas: Dios est\u00e1 en Jes\u00fas, Jes\u00fas est\u00e1 en Dios, Jes\u00fas es Dios. Desde entonces Jes\u00fas puede ser invocado como Se\u00f1or, el mismo apelativo que usaban los cristianos judeohelenistas y griegos para Dios, como traducci\u00f3n del cl\u00e1sico Yav\u00e9 (Adonay). Por eso Jes\u00fas es el lugar del encuentro con Dios para el hombre que busca en Dios su realizaci\u00f3n definitiva. Pero no cualquier realizaci\u00f3n del hombre o cualquier imagen de Dios. Jes\u00fas hab\u00ed\u00ada vinculado a su propia persona la imagen de un Dios misericordioso, amor y perd\u00f3n, para con los necesitados; y esa vinculaci\u00f3n no qued\u00f3 como un intento pasado de dudosa validez; en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, Dios ha manifestado que esa proximidad amorosa de Dios es real y permanente. Dios ha revelado y ha instaurado definitivamente la autenticidad de la relaci\u00f3n humana con el mismo Dios y con los dem\u00e1s hombres: el amor de Dios se ha impuesto y ha comenzado un nuevo tiempo de salvaci\u00f3n. En la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas, Dios se revela claramente como una cercan\u00ed\u00ada amorosa, perdonadora y salvadora frente a un mundo perdido. Dios manifiesta ante el mundo (apariciones) que esa escandalosa imagen de Dios presentada por Jes\u00fas es la aut\u00e9ntica, y desde entonces el hombre descubre el verdadero rostro de Dios que le invita a su comuni\u00f3n para llenarlo de vida.<\/p>\n<p>3. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN, CLAVE PARA ENTENDER EL HECHO DE JES\u00daS. LOS primeros cristianos ten\u00ed\u00adan raz\u00f3n al releer la historia de Jes\u00fas desde la luz de la resurrecci\u00f3n, porque la resurrecci\u00f3n revela el aut\u00e9ntico sentido de Jes\u00fas y la profundidad de su misterio. La resurrecci\u00f3n no resta importancia al Jes\u00fas hist\u00f3rico, sino precisamente al rev\u00e9s: hace que el Jes\u00fas hist\u00f3rico, en todas sus facetas, sea comprendido como Revelaci\u00f3n y como realizaci\u00f3n aut\u00e9ntica del hombre seg\u00fan los planes de Dios. Desde la resurrecci\u00f3n, Jes\u00fas se convierte en el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico de Dios ofrecido al mundo: las palabras y hechos de Jes\u00fas, sus actitudes y decisiones, han quedado fijados como el camino aut\u00e9ntico de realizaci\u00f3n del hombre de cualquier tiempo. La resurrecci\u00f3n hace que el Jes\u00fas hist\u00f3rico, tal y como fue, siga estando presente en nuestro mundo, no como un recuerdo y un ideal del pasado, sino como una presencia activa constantemente salvadora, invadiendo nuestros procesos de salvaci\u00f3n e impulsando el camino hacia nuestra resurrecci\u00f3n; esto es, como Se\u00f1or resucitado.<\/p>\n<p>4. INAUGURACI\u00ed\u201cN DEL MUNDO NUEVO DE DIOS. Dios, resucitando a su Hijo Jes\u00fas, ha irrumpido en nuestra historia con su soberan\u00ed\u00ada, instaurando su reino, destruyendo \u00abtodo se\u00f1or\u00ed\u00ado, todo poder y toda fuerza&#8230; (incluida) la muerte\u00bb (ICor 15,24-27), llen\u00e1ndolo todo de vida, para que el curso de este mundo pueda cambiar definitivamente: Dios se manifiesta en la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas como aquel que transforma el sufrimiento del mundo, abriendo el camino de superaci\u00f3n de las estructuras causantes de la miseria, el dolor y la injusticia, el pecado y la muerte.<\/p>\n<p>Esta inauguraci\u00f3n del reino de Dios indica que estamos en el tiempo final y definitivo, en el tiempo de la realizaci\u00f3n perfecta. Todav\u00ed\u00ada queda nuestra opci\u00f3n personal, pero nuestro tiempo limitado ya est\u00e1 invadido de eternidad. Se han abierto horizontes de eternidad y el hombre puede realizarse en plenitud: ahora ya podemos hablar de liberaci\u00f3n del hombre, porque el poder m\u00e1s significativo, la muerte, l\u00ed\u00admite de cualquier realizaci\u00f3n, ha sido vencida (Rom 8,31-39; ICor 15,54-57); pero m\u00e1s importante que la muerte f\u00ed\u00adsica, en la resurrecci\u00f3n ha quedado vencida nuestra muerte eterna, nuestra p\u00e9rdida y alejamiento de Dios, de sus criaturas y de nosotros mismos, es decir, nuestro pecado; en la resurrecci\u00f3n se ha realizado nuestra reconciliaci\u00f3n, nuestra justificaci\u00f3n, en germen y en ra\u00ed\u00adz ya ahora, y en posibilidad segura si nosotros queremos. Por eso ahora ya podemos hablar de nueva creaci\u00f3n, de hombre nuevo, de cielos nuevos y tierra nueva.<\/p>\n<p>5. CRISTO RESUCITADO, PRIMICIA DE UNA GRAN COSECHA. El hombre, con palabras de Pablo, se siente incorporado al Cristo muerto y resucitado por su fe y su bautismo; y sabe que Cristo es la primicia de una gran cosecha (l Cor 15,20). El creyente sabe que dentro del hombre se ha sembrado la semilla de la Vida nueva. La historia personal del hombre en Cristo ha sido asumida por la acci\u00f3n de Dios, y tiene todas las garant\u00ed\u00adas de culminar en \u00e9xito. Por eso el hombre puede llamarse y ser de verdad hijo adoptivo de Dios, con un Esp\u00ed\u00adritu que dentro de \u00e9l clama: Ahha (Padre) a Dios, y que le libera de ser esclavo para hacerle \u00abheredero del cielo\u00bb (G\u00e1l 4,1-7) no por derecho, sino por gracia y amor. Aqu\u00ed\u00ad se fundamenta el respeto, la delicadeza y el amor que debemos a cada persona; nuestras relaciones humanas van marcadas por la relaci\u00f3n que Dios, en Jes\u00fas, tuvo con nosotros, y por el misterio de vida eterna y de filiaci\u00f3n divina que cada hombre lleva dentro.<\/p>\n<p>6. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN Y LA ESPERANZA HUMANA. En la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas se manifiesta el proyecto de Dios sobre el hombre; y el cristiano vive en esa tensi\u00f3n de realizaci\u00f3n de un proyecto que le atrae y le desborda al mismo tiempo; en ella asienta su esperanza: en unas metas que siempre se le escapan, porque su realizaci\u00f3n definitiva supera el m\u00e1s ac\u00e1. Y as\u00ed\u00ad, el creyente acepta gustoso la lucha de cada d\u00ed\u00ada contra los poderes de muerte y destrucci\u00f3n que experimenta en su entorno diario; aqu\u00ed\u00ad basa su esfuerzo por transformar y transformarse, sabiendo que la fuerza de la resurrecci\u00f3n ya est\u00e1 potenciando su actuar y su decidir; aqu\u00ed\u00ad radica la fortaleza del creyente: sabe aguantar los golpes, encajar los reveses, superar los fracasos, relativizar los \u00e9xitos. En definitiva, aqu\u00ed\u00ad fundamenta la aventura de su vida y de su fe: la capacidad de riesgo, de creaci\u00f3n, de inquietud, de b\u00fasqueda, de continua conversi\u00f3n, son rasgos t\u00ed\u00adpicos del hombre que cree y vive la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>7. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN, UN ACONTECIMIENTO SIEMPRE PRESENTE. La resurrecci\u00f3n no es un hecho del pasado: es un acontecimiento continuamente presente en la historia de cada hombre y de cada tiempo: la eternidad se ha mezclado con el tiempo y el tiempo ha adquirido dimensiones de eternidad. Y esta presencia de la resurrecci\u00f3n en medio del tiempo es una continua fiesta en el coraz\u00f3n de cada hombre que opta por ella y en la comunidad que la celebra, especialmente cada primer d\u00ed\u00ada de la semana, el domingo. En medio de la caducidad de su tiempo, el cristiano descubre que en la sucesi\u00f3n de continuas muertes (d\u00ed\u00adas, flores, sentimientos, hombres, planetas), a su alrededor siempre triunfa la vida. Y as\u00ed\u00ad la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or es la buena noticia que proclamamos, porque la hemos cre\u00ed\u00addo y sentimos la necesidad de anunciarla.<\/p>\n<p>8. LA RESURRECCI\u00ed\u201cN, UN RETO PARA NUESTRA FE. Pero la resurrecci\u00f3n, oferta gratuita y amorosa de Dios al hombre, hecha en Jes\u00fas, no es de aceptaci\u00f3n obligada ni de imposici\u00f3n m\u00e1gica, ni de utilizaci\u00f3n circunstancial interesada. Pero tampoco se llega a ella por demostraci\u00f3n racional o hist\u00f3rica; por eso, en toda la predicaci\u00f3n paulina, y en general en las primeras d\u00e9cadas (30-60), nunca se invoca el sepulcro vac\u00ed\u00ado como prueba de la resurrecci\u00f3n; ser\u00e1 este un tema de inter\u00e9s en las tradiciones posteriores y tendr\u00e1 otras finalidades. La resurrecci\u00f3n es un reto para nuestra fe, es el mismo centro de la fe, y ante su vivencia se constata lo genuino o no de nuestra postura de fe. Como los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas (Lc 24,13ss.), necesitamos ojos nuevos porque frecuentemente los nuestros est\u00e1n pesados, y nuestros caminos tristes y confusos impiden ver al Se\u00f1or resucitado, sobre todo cuando se realizan apart\u00e1ndose del \u00e1mbito comunitario de los dem\u00e1s hermanos; cuando nuestras previsiones fallan constantemente, ya que no tienen por qu\u00e9 realizarse, entonces nos sentimos defraudados por los montajes equivocados que hacemos; pero el Se\u00f1or resucitado va de camino con nosotros, aunque no le reconozcamos: en la Palabra le\u00ed\u00adda a trav\u00e9s de Jes\u00fas descubrimos esa presencia de Dios con nosotros, y en el partir el pan, la eucarist\u00ed\u00ada, lo reconocemos a nuestro lado, compartiendo la mesa de la vida eterna; entonces los rumbos anteriores se cambian para ir al encuentro de la comunidad de hermanos para celebrar en com\u00fan, porque solos no se puede, esta incre\u00ed\u00adble noticia.<\/p>\n<p>V. Claves catequ\u00e9ticas<br \/>\n1. PROPUESTA METODOL\u00ed\u201cGICA. El objetivo de la catequesis ante el mensaje de la muerte-resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas puede ser expresado a trav\u00e9s de tres elementos: 1) Procurar un conocimiento correcto de los datos mediante la aproximaci\u00f3n a los textos b\u00ed\u00adblicos y sus elementos seg\u00fan las diversas edades. 2) Favorecer su comprensi\u00f3n, haciendo notar de qu\u00e9 manera, desde la primera comunidad en adelante, estos datos han sido comprendidos. 3) Poner de relieve el \u00e1mbito de la experiencia al cual estas narraciones resultan pertinentes, que es el \u00e1mbito de la confianza y de la fe. Hechas estas premisas, el intento siguiente ser\u00e1 el de abordar, a trav\u00e9s de un m\u00e9todo prevalentemente sint\u00e9tico, los textos b\u00ed\u00adblicos que hacen referencia al misterio pascual de Jes\u00fas, seleccionando mediante los criterios de la moderna ex\u00e9gesis aquellos que resultan m\u00e1s significativos e importantes.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el Nuevo Testamento, la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas es un acontecimiento que no tiene espectadores; sin embargo tenemos una constataci\u00f3n inmediata y difusa: Jes\u00fas ha resucitado, ha dejado la tumba y ha ascendido al cielo. Para explicar c\u00f3mo se ha llegado a esta afirmaci\u00f3n, podemos individuar cuatro grupos de textos o lenguajes que asumen a nivel did\u00e1ctico una gran importancia, porque cada uno tiene su l\u00f3gica y lleva a un eco particular de experiencia: 1) Las exclamaciones de sorpresa (Lc 24,34). Esta sorpresa es como un contrapi\u00e9 de frente a la doble reacci\u00f3n que sigue a la muerte de Jes\u00fas: por un lado la desilusi\u00f3n (caso ejemplar son los disc\u00ed\u00adpulos de Ema\u00fas), y por otro la piedad (de las mujeres que van a cuidar el sepulcro). 2) Las confesiones de fe (ICor 15,41-11). La necesidad de recoger aquellos elementos que dicen que la experiencia no es ilusoria. El texto re\u00fane cuatro afirmaciones: ha muerto, fue sepultado (la evidencia de que hab\u00ed\u00ada muerto), resucita (ya no est\u00e1 all\u00ed\u00ad), se ha aparecido (se hace ver). Aparece claro que cada vez el segundo dato est\u00e1 puesto para recalcar la verdad del primero. El tercer verbo, resucita, rompe la cadena de verbos en pasado, e indica una acci\u00f3n cuyo efecto perdura en el presente. 3) Los himnos. La necesidad de expresar con cantos el gozo de la experiencia. 4) Las narraciones. La preocupaci\u00f3n de narrar la g\u00e9nesis del descubrimiento de la nueva condici\u00f3n de Jes\u00fas y las dificultades que ello comportaba.<\/p>\n<p>Tener en cuenta esta tipolog\u00ed\u00ada de textos es importante porque ayudar\u00e1 a percibir la estructura de la experiencia pascual: la maravillosa novedad que motiva la aparici\u00f3n de la necesidad de relatarla mediante hechos y acontecimientos concretos, cantar el gozo que produce, y mostrar c\u00f3mo se llega, tambi\u00e9n a trav\u00e9s de dificultades y dudas, a la percepci\u00f3n de esta experiencia.<\/p>\n<p>2. DIFICULTADES M\u00ed\u0081S RECURRENTES. La experiencia de los propios catequistas individ\u00faa una serie de dificultades que deben ser tenidas en cuenta: la dificultad de vivir serenamente esta tem\u00e1tica, ya que toca el problema del dolor y la muerte, dimensiones fundamentales de nuestra realidad humana; c\u00f3mo hacer intuir el concepto de resurrecci\u00f3n, de la vida despu\u00e9s de la muerte; es dif\u00ed\u00adcil hablar de la muerte y del dolor a los ni\u00f1os que no han tenido experiencia y, por lo tanto, no muestran curiosidad alguna por estos aspectos; es dif\u00ed\u00adcil hablar de la vida en general y de la muerte de Jes\u00fas como don, dado el contexto humano en el cual el catequizando vive, caracterizado por cierto individualismo y ego\u00ed\u00adsmo; es dif\u00ed\u00adcil hablar del dolor, de la muerte, de la enfermedad: los destinatarios infantiles y juveniles no merecen estas cosas; es dif\u00ed\u00adcil hacer comprensible c\u00f3mo Jes\u00fas, un hombre bueno, se convierte en un condenado a muerte por delincuente; en definitiva, tal vez la dificultad mayor es la de afrontar, con una terminolog\u00ed\u00ada simple y apropiada y con signos y s\u00ed\u00admbolos concretos, una tem\u00e1tica tan compleja.<\/p>\n<p>3. PISTAS PARA CADA SEGMENTO DE EDAD. Podemos organizar un protocolo de observaci\u00f3n sobre los contenidos del misterio pascual, teniendo en cuenta estos cuatro indicadores: 1) las experiencias humanas (fiesta, estupor, condivisi\u00f3n&#8230;); 2) los s\u00ed\u00admbolos de valor psicol\u00f3gico (confianza, gozo, paz&#8230;); 3) los signos (valores de tipo l\u00f3gico como por ejemplo los ramos, la cruz, las campanas, el fuego&#8230;), y 4) los propios ritos lit\u00fargicos. En cualquier caso, sea cual sea la franja de edad a la que nos dirigimos, la presentaci\u00f3n de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas debe partir del convencimiento de que la vida cristiana hoy ha de recuperar su raz\u00f3n de ser para volverse fehaciente ante quienes la quieren vivir, y fidedigna frente a quienes la abandonaron o nunca la experimentaron. El \u00fanico motivo v\u00e1lido y suficiente para ser cristiano sigue siendo que Cristo vive hoy, pues \u00abverdaderamente&#8230; ha resucitado y se ha aparecido a Sim\u00f3n\u00bb (Le 24,34). Y es su testimonio, y el de los dem\u00e1s testigos primeros (cf 1Cor 15,5-8), lo que se ha de recordar y exponer. Que Jes\u00fas ha resucitado y, por ende, no sea in\u00fatil la fe en \u00e9l, sigue siendo un reto hoy como en tiempos de Pablo. Aunque se le sepa vivo, no siempre esa convicci\u00f3n se constituye, como debiera, en el n\u00facleo central de la vida cristiana.<\/p>\n<p>BIBL.: BOFF L., La resurrecci\u00f3n de Cristo, nuestra resurrecci\u00f3n en la muerte, Sal Terrae, Santander 1986; CASA J., Resucit\u00f3 Cristo, mi esperanza. Estudio exeg\u00e9tico, BAC, Madrid 1986; CODA P., Acontecimiento pascual: trinidad e historia, Secretariado Trinitario, Salamanca 1994; D\u00ed\u00adnz MACHO A., La resurrecci\u00f3n de Jesucristo y la del hombre en la Biblia, Fe Cat\u00f3lica, Madrid 1977; GUILLET J., Las primeras palabras de la fi&#8217;, Verbo Divino, Estella 1982; KESSLER H., La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas. Aspecto b\u00ed\u00adblico, teol\u00f3gico y sistem\u00e1tico, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1989; LEON-DUFOUR X., Resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas y mensaje pascual, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1992`; MART\u00ed\u008dN ACHARD R., R\u00e9surrection dans 1&#8217;Ancient Testament et le juda&#8217;isme, DBS (1981) 437-487; MARTINI C. M., 11 problema storico della risurrezione negli .stuli recenti, Universidad Gregoriana, Roma 1980; O&#8217;COLLINS G., Jes\u00fas resucitado. Estudio hist\u00f3rico, fundamental y sistem\u00e1tico, Herder, Barcelona 1988; PAGOLA J. A., Creer en el Resucitado, esperar nuestra resurrecci\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1993&#8242;; SALAS A., Biblia ante el <m\u00e1s all\u00e1\": \u00bfinmortalidad o resurrecci\u00f3n?, Biblia y Fe, Madrid 1980; SCHMITT J., La R\u00e9surrection de J\u00e9sus dans le k\u00e9rygme, la tradition, la cat\u00e9ch\u00e9se, DBS (1982) 487-582; VIDAL S., La resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas en las cartas de Pablo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982; WILCKENS U., Resurrecci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1981.\n\nJos\u00e9 Antonio Gonz\u00e1lez Garc\u00ed\u00ada,\nEladio Vega Landriz\ny Jos\u00e9 P\u00e9rez. Barreiros\n\n\n\nM. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Un acontecimiento fundamental: 1. La situaci\u00f3n anterior a la Pascua; 2. La situaci\u00f3n posterior a la Pascua; 3. El hecho de la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or. II. La resurrecci\u00f3n, un hecho sin precedentes: 1. Una experiencia totalmente nueva; 2. El juda\u00ed\u00adsmo tard\u00ed\u00ado: la restauraci\u00f3n de los justos. III. La primera predicaci\u00f3n cristiana. La catequesis &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/misterio-pascual-catequesis-sobre-el\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMISTERIO PASCUAL, CATEQUESIS SOBRE EL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17028","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17028","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17028"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17028\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17028"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17028"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17028"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}