{"id":17029,"date":"2016-02-05T11:05:45","date_gmt":"2016-02-05T16:05:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moral-fundamental-y-catequesis\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:45","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:45","slug":"moral-fundamental-y-catequesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moral-fundamental-y-catequesis\/","title":{"rendered":"MORAL FUNDAMENTAL Y CATEQUESIS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Funci\u00f3n de la moral fundamental. II. Identidad y especificidad de la moral cristiana: 1. Etica aut\u00f3noma y moral de la fe; 2. La vida en Cristo; 3. A la luz del evangelio y de la experiencia humana; 4. Especificidad y car\u00e1cter propio. III. Moral y catequesis: 1. Moral del Esp\u00ed\u00adritu y de la gracia; 2. Moral del dec\u00e1logo y de las bienaventuranzas; 3. Moral de la fe-caridad; 4. Moral eclesial.<\/p>\n<p>Las palabras \u00e9tica y moral se emplean en el lenguaje ordinario como sustantivo y como adjetivo. La ra\u00ed\u00adz sem\u00e1ntica proviene del t\u00e9rmino griego ethos y de su correspondiente latino mos, que significan car\u00e1cter, costumbre, y se refieren a la conducta del hombre. El significado actual de ambos conceptos parte de esta base etimol\u00f3gica, pero es m\u00e1s preciso y t\u00e9cnico. Moral designa el conjunto de principios, normas, obligaciones, ideas morales de una sociedad y de una \u00e9poca determinada; \u00e9tica, en cambio, la reflexi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica sobre el comportamiento humano, el estudio sobre lo bueno y lo malo en la conducta del hombre; equivale a filosof\u00ed\u00ada moral. Es decir, la moral se refiere a la vida, a la praxis; la \u00e9tica, al saber, a la reflexi\u00f3n, a la ciencia.<\/p>\n<p>A pesar de estas distinciones, el parentesco es muy estrecho y, muchas veces, dichos t\u00e9rminos se usan indistintamente. As\u00ed\u00ad haremos tambi\u00e9n nosotros, que, situ\u00e1ndonos en una perspectiva teol\u00f3gica, conectamos, adem\u00e1s, el sustantivo moral al adjetivo fundamental, y que pretendemos, especialmente, justificar la moral cristiana, presentar su identidad y destacar su relaci\u00f3n con la catequesis.<\/p>\n<p>I. Funci\u00f3n de la moral fundamental<br \/>\nDos son las preguntas capitales de toda \u00e9tica: \u00bfqu\u00e9 hemos de hacer? y \u00bfpor qu\u00e9 hemos de obrar as\u00ed\u00ad? Si en otro tiempo lo importante fue responder a la primera cuesti\u00f3n, hoy el \u00e9nfasis se pone en la segunda. Es decir, no se trata simplemente de conocer los contenidos (normas, prescripciones, obligaciones), sino de legitimar y fundar racionalmente la validez de los juicios morales. Este es el quicio de todo debate \u00e9tico. Lo que preocupa es saber no s\u00f3lo c\u00f3mo hemos de obrar, sino tambi\u00e9n por qu\u00e9 hemos de hacerlo de una manera determinada. No basta, pues, proponer y repetir las normas de siempre, ni es suficiente hacerlo con el respaldo de la autoridad. Es necesario justificarlas de manera racional y convincente. Hay que fundamentar, por tanto, los valores y las normas morales. A esto tiende principalmente la moral fundamental: a justificar cr\u00ed\u00adticamente el obrar moral del cristiano.<\/p>\n<p>La tarea de fundamentar la moral no es algo irrelevante. Intentar y buscar dar raz\u00f3n de s\u00ed\u00ad misma parece, m\u00e1s bien, una exigencia ineludible. Pero se trata de una empresa ardua y compleja. La teolog\u00ed\u00ada moral tiene que fundamentar su sentido en cuanto \u00e9tica y en cuanto teol\u00f3gica. Es decir, tiene que legitimar el obrar humano a la luz de la raz\u00f3n y a la luz de la fe, desde la reflexi\u00f3n humana y desde la revelaci\u00f3n divina. A la dificultad que entra\u00f1a la fundamentaci\u00f3n racional se a\u00f1ade la armonizaci\u00f3n entre la raz\u00f3n y la fe.<\/p>\n<p>Por un lado, la moral ha de asumir la actividad de la raz\u00f3n humana, la creatividad de la persona, el dinamismo de su libertad y responsabilidad. Por otro, ha de integrar la argumentaci\u00f3n racional en el saber teol\u00f3gico; ha de reconocer la primac\u00ed\u00ada de Dios, la sabidur\u00ed\u00ada de la ley divina, y ha de guiar al hombre a la b\u00fasqueda de su voluntad, a la escucha de su Palabra y a responder, como persona libre y responsable, a su llamada.<\/p>\n<p>Al surgir la moral de la naturaleza del hombre y de la Revelaci\u00f3n, es necesario plantearse qu\u00e9 camino seguir en la elaboraci\u00f3n de los contenidos morales. La moral es una exigencia de la naturaleza humana (el hombre es estructuralmente un ser moral, como ha defendido Aranguren siguiendo las ideas de Zubiri) y es, al mismo tiempo, un compromiso que nace de la fe. El problema metodol\u00f3gico reside en determinar cu\u00e1l ha de ser el punto de partida.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n teol\u00f3gica cat\u00f3lica ha defendido que raz\u00f3n y fe no se excluyen ni son dos realidades antag\u00f3nicas. Al contrario, sin perder su valor, se armonizan e integran; \u00abson como las dos alas con las cuales el esp\u00ed\u00adritu humano se eleva hacia la contemplaci\u00f3n de la verdad\u00bb, ha afirmado Juan Pablo II al comienzo de su enc\u00ed\u00adclica Fides et ratio, dedicada \u00ed\u00adntegramente al tema. Y contin\u00faa: \u00abDios ha puesto en el coraz\u00f3n del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a \u00e9l para que, conoci\u00e9ndolo y am\u00e1ndolo, pueda alcanzar la plena verdad sobre s\u00ed\u00ad mismo\u00bb (FR, comienzo, cf 16-17). Si Dios es la respuesta a las preguntas \u00faltimas, si \u00abreconocer al Se\u00f1or como Dios es el n\u00facleo fundamental y el coraz\u00f3n de la Ley\u00bb (VS 11), Dios no responde ordinariamente a las preguntas primeras e inmediatas. Para ello es necesaria la mediaci\u00f3n de la raz\u00f3n. Para saber c\u00f3mo orientar el comportamiento humano, para configurar el orden \u00e9tico en la vida concreta, no es suficiente la fe; hay que recurrir a la \u00e9tica racional, elaborada por el esfuerzo del ser humano, creado por Dios y ordenado a El. Como de manera precisa expresa tambi\u00e9n Juan Pablo II: \u00abS\u00f3lo Dios puede responder a la pregunta sobre el bien porque \u00e9l es el Bien. Pero Dios ya respondi\u00f3 a esta pregunta: lo hizo creando al hombre y orden\u00e1ndolo a su fin con sabidur\u00ed\u00ada y amor, mediante la ley inscrita en su coraz\u00f3n (cf Rom 2,15), la ley natural\u00bb (VS 12; cf FR 25). Es decir, Dios difunde en el hombre la luz de la inteligencia y, gracias a ella, este puede llegar a conocer lo que debe hacer y lo que debe evitar. Afirma tambi\u00e9n Juan Pablo II: \u00abNo menos importante que la investigaci\u00f3n en el \u00e1mbito te\u00f3rico es la que lleva a cabo en el \u00e1mbito pr\u00e1ctico: quiero aludir a la b\u00fasqueda de la verdad en relaci\u00f3n con el bien que hay que realizar. En efecto, con el propio obrar \u00e9tico la persona, actuando seg\u00fan su libre y recto querer, toma el camino de la felicidad y tiende a la perfecci\u00f3n\u00bb (FR 25).<\/p>\n<p>II. Identidad y especificidad de la moral cristiana<br \/>\n1. ETICA AUT\u00ed\u201cNOMA Y MORAL DE LA FE. La cuesti\u00f3n sobre el punto de partida (fe o raz\u00f3n) en la teolog\u00ed\u00ada moral viene de lejos. Si los primeros Padres de la Iglesia colocaron en el origen y en la base de la teolog\u00ed\u00ada moral la fe en Jesucristo, desde el Renacimiento la moral cat\u00f3lica ha procedido, m\u00e1s bien, de una manera racional (cf FR 36-48). Teniendo como base la ley natural, la moral se ha organizado en torno al dato racional. La parte concedida a la fe ha sido escasa. Y lo mismo ha sucedido con la Escritura, utilizada casi exclusivamente como apoyo de los textos normativos.<\/p>\n<p>No es de extra\u00f1ar que muchos moralistas insistan en volver a situar la fe en el origen de la teolog\u00ed\u00ada moral, y a la Sagrada Escritura en el texto principal que la inspire. Desde esta perspectiva se tiende a justificar la \u00e9tica teol\u00f3gica desde el dinamismo propio de la fe, que alcanza as\u00ed\u00ad una importancia primordial en la fundamentaci\u00f3n moral. \u00abLa teolog\u00ed\u00ada moral debe acudir a una visi\u00f3n filos\u00f3fica correcta tanto de la naturaleza humana y de la sociedad como de los principios generales de una decisi\u00f3n \u00e9tica\u00bb (FR 68). Se habla de una moral de la fe, que, seg\u00fan sus propulsores (U. von Balthasar, G. Ermecke, S. Pinckaers, B. Stbckle), contiene un ethos propio, comprensible s\u00f3lo desde la Revelaci\u00f3n, y exige la iluminaci\u00f3n de la fe para orientar la vida de los hombres y para llegar al conocimiento de los aut\u00e9nticos valores morales.<\/p>\n<p>A diferencia de la moral de la fe, la llamada \u00e9tica aut\u00f3noma parte de la racionalidad \u00e9tica y defiende que los contenidos morales no requieren como condici\u00f3n previa la fe.<\/p>\n<p>La \u00e9tica aut\u00f3noma significa un intento de responder al anhelo de autonom\u00ed\u00ada del hombre moderno, entendiendo la autonom\u00ed\u00ada como la posibilidad y la tarea de autodeterminarse como ser racional y de ajustarse a la ley que \u00e9l mismo se impone. En cuanto \u00e9tica teol\u00f3gica reconoce el derecho radical de Dios sobre el hombre. Pero este derecho se entiende, desde la creaci\u00f3n, como horizonte y fundamento de la libertad humana. Precisamente partiendo de la creaci\u00f3n, piensan sus defensores (A. Auer, F. Biickle, J. Fuchs, B. Sch\u00fcller) que el principal quehacer \u00e9tico del hombre estriba en la autodeterminaci\u00f3n moral.<\/p>\n<p>Hay que subrayar especialmente en la comprensi\u00f3n de esta postura teol\u00f3gica la relaci\u00f3n entre autonom\u00ed\u00ada y creaci\u00f3n. La capacidad de autonom\u00ed\u00ada de que goza el hombre le viene de Dios. Por ello se habla de teonom\u00ed\u00ada. Y desde la teonom\u00ed\u00ada, el planteamiento \u00e9tico implica y exige aceptar el orden humano con su normatividad consistente y aut\u00f3noma, y aceptar tambi\u00e9n que es Dios quien da sentido y fundamenta la autonom\u00ed\u00ada del hombre.<\/p>\n<p>No es f\u00e1cil llegar a concordar o armonizar ambas explicaciones. Se trata de dos concepciones morales distintas. La dificultad aumenta si se pretende, desde una de ellas, totalizar la comprensi\u00f3n de la moral cristiana. El esfuerzo de integraci\u00f3n ha de buscar, en cambio, el reconocimiento de los valores centrales de los que cada una es portadora. As\u00ed\u00ad, hay que reconocer a la primera el valor de destacar la importancia de la fe en la \u00e9tica cristiana, y a la segunda, la inserci\u00f3n del ethos cristiano en la autonom\u00ed\u00ada humana (cf FR 77).<\/p>\n<p>Detr\u00e1s de este debate teol\u00f3gico subyace la cuesti\u00f3n capital de la identidad y especificidad de la moral cristiana, que hoy preocupa de manera especial, debido al pluralismo cultural y al horizonte de la secularizaci\u00f3n. Se trata, ante todo, de llegar a una identificaci\u00f3n positiva de la \u00e9tica cristiana, de comprender su significado y naturaleza, de precisar sus fuentes y su estatuto epistemol\u00f3gico. Pero la pregunta por la identidad implica tambi\u00e9n la b\u00fasqueda de la especificidad, la preocupaci\u00f3n por llegar a se\u00f1alar su car\u00e1cter propio (cf FR 47-48).<\/p>\n<p>De una manera progresiva intentamos ahora responder a estas cuestiones, centr\u00e1ndonos primero en lo que constituye el verdadero fundamento del obrar moral cristiano, precisando despu\u00e9s las fuentes, y llegando finalmente al problema de la especificidad.<\/p>\n<p>2. LA VIDA EN CRISTO. Este es el t\u00ed\u00adtulo que, significativamente, otorga el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica a su tercera parte, en la que propone los contenidos morales. Siguiendo a Cristo y en uni\u00f3n con \u00e9l, los cristianos son invitados a vivir bajo la mirada del Padre, a ser perfectos como lo es el Padre celestial, a ser imitadores de Dios y a vivir en el amor; a seguir los ejemplos de Cristo Jes\u00fas, a conformar pensamientos, palabras y acciones con \u00ablos mismos sentimientos que tuvo Cristo\u00bb (Flp 2,5), a participar en su vida de Resucitado (cf CCE 1693-1694).<\/p>\n<p>Al reflexionar sobre la identidad de la moral cristiana, necesariamente hay que volverse a Cristo, que constituye su centro y su referencia fundamental. El es quien revela la voluntad del Padre, la condici\u00f3n y vocaci\u00f3n integral del hombre, y quien ense\u00f1a la verdad sobre el obrar moral. El, que en el don de s\u00ed\u00ad mismo es el cumplimiento vivo y la plenitud de la Ley, se hace ley viviente y personal que invita al seguimiento y que, mediante el Esp\u00ed\u00adritu, da la gracia para poder compartir su vida y su amor.<\/p>\n<p>Realmente, \u00abseguir a Cristo es el fundamento esencial y original de la moral cristiana\u00bb (VS 19). Y esto significa no s\u00f3lo escuchar su ense\u00f1anza y cumplir sus mandatos, sino \u00abadherirse a la persona misma de Jes\u00fas, compartir su vida y su destino, participar de su obediencia libre y amorosa a la voluntad del Padre\u00bb (VS 19). La adhesi\u00f3n a Jes\u00fas es la opci\u00f3n por \u00e9l; implica ser y vivir para \u00e9l, una decisi\u00f3n de conversi\u00f3n total y profunda, una ruptura con todo lo que no es \u00e9l. Significa tal vinculaci\u00f3n a su persona que sus palabras, acciones y preceptos constituyen la regla moral de la vida cristiana.<\/p>\n<p>Cristo revela el ser y el obrar del hombre. A la luz de Cristo se esclarece el misterio de la persona y de \u00e9l obtiene el hombre respuesta sobre la orientaci\u00f3n de su vida. Quien quiera comprenderse hasta el fondo a s\u00ed\u00ad mismo tiene que acercarse a Cristo (RH 10); y quien quiera encontrar la respuesta sobre lo que es bueno y lo que es malo es necesario que se dirija a \u00e9l. Porque Cristo, nuevo Ad\u00e1n, \u00abmanifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocaci\u00f3n\u00bb (GS 22; cf FR 12). Mostrar \u00abla excelencia de la vocaci\u00f3n de los fieles en Cristo y su obligaci\u00f3n de producir frutos en la caridad para la vida del mundo\u00bb (OT 16) es el cometido de la teolog\u00ed\u00ada moral.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la teolog\u00ed\u00ada moral, que tiene por objeto al hombre y a su obrar libre y responsable, arranca de Cristo, que lo invita a participar en su vida y lo llama a seguirle; y la vida cristiana es vocaci\u00f3n al seguimiento, di\u00e1logo de amor, participaci\u00f3n y comuni\u00f3n en la vida de Cristo.<\/p>\n<p>3. A LA LUZ DEL EVANGELIO Y DE LA EXPERIENCIA HUMANA. El estatuto epistemol\u00f3gico a trav\u00e9s del cual alcanza su cometido la teolog\u00ed\u00ada moral, lo condensa el Vaticano II en la expresi\u00f3n \u00aba la luz del evangelio y de la experiencia humana\u00bb (GS 46). De esta manera alude a la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, transmitida en la Iglesia por el Esp\u00ed\u00adritu Santo, y al conocimiento racional. \u00abEn la base de toda la reflexi\u00f3n que la Iglesia lleva a cabo est\u00e1 la conciencia de ser depositaria de un mensaje que tiene su origen en Dios mismo\u00bb (FR 7); pero hay tambi\u00e9n \u00abun camino que el hombre, si quiere, puede recorrer; inicia con la capacidad de la raz\u00f3n de levantarse m\u00e1s all\u00e1 de lo contingente para ir hacia lo infinito\u00bb (FR 24).<\/p>\n<p>La \u00e9tica es cristiana en la medida en que se refiere a Cristo, Palabra definitiva de Dios al mundo. Es, pues, esencial la fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. La Sagrada Escritura es el alma de la teolog\u00ed\u00ada y el evangelio, \u00abfuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta\u00bb (DV 7). Por ello, la exposici\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de la teolog\u00ed\u00ada moral debe nutrirse de la doctrina de la Sagrada Escritura (OT 16; cf FR 21-22).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica ha de estar bajo el juicio de la palabra de Dios, superando una teolog\u00ed\u00ada moral anclada en planteamientos y categor\u00ed\u00adas filos\u00f3ficas y jur\u00ed\u00addicas. Este reconocimiento lleva a la afirmaci\u00f3n de que en la Sagrada Escritura se encuentran formuladas las principales verdades de la moral cristiana. Aunque no es un tratado sistem\u00e1tico de moral, s\u00ed\u00ad contiene principios, valores y normas que deben regular la vida del cristiano; y contiene, sobre todo, la verdad sobre el hombre y su destino. Sobre esta verdad est\u00e1 llamado el ser humano a construir la propia personalidad.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n a las normas morales, la Sagrada Escritura aporta, ante todo, las normas fundamentales o trascendentales, es decir, las normas que expresan la intencionalidad profunda de la existencia moral y que gu\u00ed\u00adan la autorrealizaci\u00f3n del hombre en su totalidad frente a la llamada de Dios. Pero ofrece tambi\u00e9n otras normas m\u00e1s concretas y particulares, normas categoriales como las llaman algunos te\u00f3logos. Su existencia es evidente en los libros sagrados: son numerosas, concretas y detalladas. Por una parte, existe una conexi\u00f3n entre las orientaciones fundamentales y estas normas particulares. Por otra, precisamente en cuanto particulares, es posible percibir en la Escritura cierta evoluci\u00f3n y cambio. Se puede constatar su car\u00e1cter hist\u00f3rico y provisional, condicionado por el ambiente socio-cultural.<\/p>\n<p>Todo esto plantea un arduo problema: no siempre es f\u00e1cil discernir lo que es permanente palabra de Dios y lo que es condicionamiento cultural. Es este el gran reto de la teolog\u00ed\u00ada moral que, en su quehacer cient\u00ed\u00adfico, cuenta adem\u00e1s con el magisterio. En efecto, la palabra de Dios, consignada en el texto sagrado (Biblia) y vivida en la comunidad cristiana a lo largo de los siglos (tradici\u00f3n), es propuesta con autoridad a los creyentes por el magisterio. Como ense\u00f1a el Vaticano II: \u00abel oficio de interpretar aut\u00e9nticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado \u00fanicamente al magisterio de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo\u00bb (DV 10).<\/p>\n<p>Por su misma naturaleza, el magisterio es un servicio para la fe; un ministerio para escuchar, custodiar, interpretar y anunciar la palabra de Dios. Dicho servicio se realiza dentro y a favor de la comunidad de los creyentes. Y goza de la autoridad que le viene de Cristo. Desde la autoridad de la que es depositaria ha de promover la vida de los creyentes en Cristo y ha de indicar sus requisitos y exigencias.<\/p>\n<p>Finalmente, el mismo Vaticano II reconoce que para la soluci\u00f3n de los problemas morales no basta la Revelaci\u00f3n, sino que es necesaria tambi\u00e9n la luz de la experiencia humana en sus m\u00faltiples manifestaciones (GS 43, 44, 46). Alude as\u00ed\u00ad a la raz\u00f3n humana como fuente de la \u00e9tica cristiana (cf FR 24).<\/p>\n<p>De un modo impl\u00ed\u00adcito e indirecto insin\u00faa esta necesidad, al recurrir a la ley natural (GS 50, 74, 89) y a los principios de justicia y equidad postulados por la recta raz\u00f3n (GS 63, 72, 76). Pero afirma expresamente la insuficiencia de la Revelaci\u00f3n al reconocer: \u00abla Iglesia, custodia del dep\u00f3sito de la palabra de Dios, del que manan los principios en el orden religioso y moral, sin que siempre tenga a mano respuesta adecuada a cada cuesti\u00f3n, desea unir la luz de la Revelaci\u00f3n al saber humano para iluminar el camino recientemente emprendido por la humanidad\u00bb (GS 33; cf FR 49ss).<\/p>\n<p>El Concilio no s\u00f3lo reconoce la necesidad de la experiencia humana en la interpretaci\u00f3n de los valores y de las normas morales; afirma tambi\u00e9n la vinculaci\u00f3n existente entre la Revelaci\u00f3n y la experiencia, de manera especial en la ense\u00f1anza sobre los signos de los tiempos y su lectura a la luz del evangelio.<\/p>\n<p>La expresi\u00f3n signos de los tiempos, consagrada en la constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes (cf 4, 1 1, 44), tiene un origen evang\u00e9lico (Mt 16,3). Su reconocimiento impulsa a entrever en la voz de los tiempos la voz de Dios; a reconocer a Dios presente en la historia; a reconocer los acontecimientos principales que influyen en la existencia humana como lugar teo<br \/>\nl\u00f3gico. La tarea de la teolog\u00ed\u00ada moral no es s\u00f3lo escrutarlos y escucharlos atentamente, sino, sobre todo, interpretarlos, discernirlos y valorarlos a la luz de la palabra de Dios.<\/p>\n<p>4. ESPECIFICIDAD Y CAR\u00ed\u0081CTER PROPIO. Una moral que pone el centro de referencia en Jesucristo y reconoce como fuente la Revelaci\u00f3n, muestra necesariamente un car\u00e1cter propio y espec\u00ed\u00adfico. Hoy todos los moralistas coinciden, a\u00fan destacando la exigencia de racionalidad, en que lo decisivo de la moral cristiana es Cristo. Todos afirman, consiguientemente, que es una moral cristol\u00f3gica que ofrece, adem\u00e1s, una nueva comprensi\u00f3n del hombre y del mundo. La vida cristiana nace de la respuesta al acontecimiento de la salvaci\u00f3n, que aporta un fundamento positivo, una perspectiva nueva y un estilo particular de ser y de obrar.<\/p>\n<p>Las diferencias teol\u00f3gicas surgen, principalmente, cuando se plantea la cuesti\u00f3n sobre la existencia de valores y normas con contenidos concretos espec\u00ed\u00adficamente cristianos. Mientras muchos piensan que lo espec\u00ed\u00adficamente cristiano se reduce a la intencionalidad, entendida como opci\u00f3n, tensi\u00f3n y decisi\u00f3n por Cristo, que aporta al comportamiento del cristiano nuevas motivaciones, pero no nuevas normas concretas, otros juzgan que la especificidad llega tambi\u00e9n a nuevas normas morales.<\/p>\n<p>El debate en torno a la especificidad est\u00e1 llevando a superar las sospechas frente a la raz\u00f3n, a integrar mejor las orientaciones fundamentales y las normas concretas, lo trascendental y lo categorial. Ha ayudado a comprender que vivir como cristiano supone una vida aut\u00e9nticamente humana, que muchos valores no han sido inventados por Jes\u00fas, que la gracia no destruye la naturaleza, ni la Revelaci\u00f3n invalida las posibilidades de la raz\u00f3n. Tiene que llegar tambi\u00e9n a ver a Jesucristo como Revelaci\u00f3n e imagen del ser y del obrar del hombre, a proponer la necesidad de que el hombre se dirija a \u00e9l para encontrar la respuesta sobre el bien y sobre el mal, a acoger y agradecer los valores que, de forma definitiva, en Cristo han sido revelados, a mostrar el seguimiento y el \u00abhacerse conforme a \u00e9l\u00bb, como quicio y clave esencial de la moral cristiana (cf FR 12).<\/p>\n<p>III. Moral y catequesis<br \/>\nLa relaci\u00f3n que existe entre teolog\u00ed\u00ada y catequesis se proyecta y concreta en la teolog\u00ed\u00ada moral. Tambi\u00e9n la \u00e9tica teol\u00f3gica, en cuanto reflexi\u00f3n sistem\u00e1tica sobre la grandeza de la vocaci\u00f3n de los fieles en Cristo, tiene que iluminar el quehacer catequ\u00e9tico de presentar el mensaje cristiano y servir a la maduraci\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>Seg\u00fan el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, la catequesis enraizada en la teolog\u00ed\u00ada moral es una catequesis del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de la gracia, de las bienaventuranzas y del dec\u00e1logo, de la fecaridad, de las virtudes, del pecado y del perd\u00f3n, y tambi\u00e9n una catequesis eclesial (CCE 1697). En esta catequesis del camino de la vida nueva se encuentra reflejado de una manera sint\u00e9tica el rostro de la moral cristiana y, quiz\u00e1s, una expresi\u00f3n muy lograda de su identidad y especificidad. Al formular la orientaci\u00f3n de la catequesis moral, el Catecismo recoge los elementos propios de la moral cristiana y apunta a lo que constituye su verdadero centro.<\/p>\n<p>1. MORAL DEL ESP\u00ed\u008dRITU Y DE LA GRACIA. Ante todo, la moral cristiana proclama la primac\u00ed\u00ada del don de Dios; es una moral del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de la gracia. De manera muy precisa dice santo Tom\u00e1s en la Suma Teol\u00f3gica: \u00abLo que es absolutamente necesario en la Ley del Nuevo Testamento es la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo dada por la fe en Cristo. Por eso, la nueva ley consiste, sobre todo, en la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo dada a los fieles\u00bb (Ia-IIae, q. 106, a. 1).<\/p>\n<p>La moralidad cristiana nos remite a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de la gracia que nos llega de Cristo. Se nos revela como esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, esp\u00ed\u00adritu de Cristo que vive y act\u00faa en el creyente como \u00abley de Cristo\u00bb, como \u00abley de vida\u00bb (cf Rom 8,2-16; G\u00e1l 5,5.16-25). Es una moral de uni\u00f3n con Cristo, de vida con el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu, con su presencia permanente, act\u00faa en el creyente y deviene el principio activo del comportamiento moral. Se trata de una acci\u00f3n profunda y duradera en la vida que construye y forma, desde dentro, al hombre espiritual capaz de producir \u00ablos frutos del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (G\u00e1l 5,22).<\/p>\n<p>Hay que recuperar la primac\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu, si queremos construir la moral cristiana. Porque la \u00abley del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb es la ley fundamental en la vida de los creyentes; representa la perfecci\u00f3n de la ley natural y de la ley revelada. Y, en realidad, todas las dem\u00e1s leyes tienen valor en cuanto explicitan y formulan esta ley nueva.<\/p>\n<p>2. MORAL DEL DEC\u00ed\u0081LOGO Y DE LAS BIENAVENTURANZAS. La ley nueva se expresa particularmente en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a, \u00abcarta magna de la moral evang\u00e9lica\u00bb (VS 15). Ante la multitud que le acompa\u00f1a, Jes\u00fas declara: \u00abNo pens\u00e9is que he venido a derogar la ley y los profetas; no he venido a derogarla, sino a perfeccionarla\u00bb (Mt 5,17). Cristo no suprime la ley, la recapitula y lleva a su perfecci\u00f3n. No destruye los mandamientos; m\u00e1s bien, interioriza y radicaliza sus exigencias.<\/p>\n<p>Dios crea al hombre y lo ordena, con sabidur\u00ed\u00ada y amor, a su fin, mediante la ley escrita en su coraz\u00f3n (Rom 2,15), la \u00abley natural\u00bb, la luz de la inteligencia infundida en nosotros por Dios, para conocer lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. Despu\u00e9s, Dios mismo, en su Alianza con los hombres, entrega el dec\u00e1logo como promesa y signo de la Alianza nueva. Jes\u00fas no destruye los mandamientos del dec\u00e1logo; los confirma y propone como camino y condici\u00f3n de salvaci\u00f3n. En el serm\u00f3n de la monta\u00f1a establece una conexi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita y directa entre el dec\u00e1logo y las bienaventuranzas. Se da, pues, en la moral cristiana una continuidad clara, aunque sometida a un proceso de purificaci\u00f3n, desde las tendencias morales del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, y las grandes orientaciones reveladas que culminan en las bienaventuranzas y en el mandamiento del amor. Las bienaventuranzas responden al deseo de felicidad enraizado en el coraz\u00f3n humano y descubren, adem\u00e1s, la meta de la existencia, el fin \u00faltimo de los actos humanos (CCE 1716-1729). No coinciden con los mandamientos, pero no hay tampoco separaci\u00f3n o discrepancia con ellos. No son normas particulares de comportamiento; se refieren a actitudes y disposiciones profundas de la existencia. Constituyen una llamada al seguimiento de Jes\u00fas, cuyo retrato manifiestan, y a la comuni\u00f3n de vida con \u00e9l. En efecto, las bienaventuranzas representan los valores m\u00e1s genuinamente cristianos. Se refieren y reflejan a Cristo. El las vivi\u00f3 y practic\u00f3, y es su comentario m\u00e1s perfecto. Su sentido \u00e9tico manifiesta la nueva orientaci\u00f3n que debe asumir la vida del creyente en la perspectiva del Reino. Las bienaventuranzas constituyen el criterio decisivo desde el cual el cristiano debe realizar sus opciones y decisiones. Su esp\u00ed\u00adritu, sin suprimir la ley, lleva m\u00e1s all\u00e1 de la ley y de la observancia. \u00abLa evangelizaci\u00f3n, que comporta el anuncio y la propuesta moral, difunde toda su fuerza interpeladora cuando, junto a la palabra anunciada, sabe ofrecer tambi\u00e9n la palabra vivida. Este testimonio moral al que prepara la catequesis, ha de saber mostrar las consecuencias sociales de las exigencias evang\u00e9licas\u00bb (DGC 85).<\/p>\n<p>3. MORAL DE LA FE-CARIDAD. La identidad del cristiano viene dada por la confesi\u00f3n de Jes\u00fas de Nazaret como aquel en quien Dios se nos manifiesta y se nos da. La moral cristiana, como hemos destacado, necesariamente tiene que mirar y referirse a Cristo. Antes que las exigencias o los deberes \u00e9ticos, est\u00e1 el amor gratuito de Dios que se entrega en Cristo. Lo primero, entonces, es la fe en Jesucristo. La moral tiene sentido dentro de la corriente de vida que nace de la fe y se expresa en el amor.<\/p>\n<p>\u00abLa catequesis, en la tarea de la educaci\u00f3n moral, presentar\u00e1 la moral social cristiana como una exigencia y una consecuencia de la liberaci\u00f3n total obrada por Cristo. Esta es, en efecto, la buena nueva que los cristianos profesan, con el coraz\u00f3n lleno de esperanza: Cristo ha liberado al mundo y contin\u00faa liber\u00e1ndolo. Aqu\u00ed\u00ad se genera la praxis cristiana, que es el cumplimiento del gran mandamiento del amor\u00bb (DGC 104).<\/p>\n<p>Toda la tradici\u00f3n rubrica que la aportaci\u00f3n principal de Jes\u00fas a la moral ha sido la proclamaci\u00f3n del mandamiento nuevo. Recapitula la ley. Es el compendio de toda la moral y el v\u00ed\u00adnculo de la perfecci\u00f3n del cristiano (Mt 22,34-40; Rom 13,8), al que confiere la responsabilidad de continuar en el mundo la manifestaci\u00f3n del amor que Cristo inaugura.<\/p>\n<p>En el cumplimiento del \u00abmandamiento nuevo\u00bb responde el hombre a Dios y al amor que \u00e9l ha manifestado en el amor y entrega de su Hijo Jesucristo. Porque la esencia del amor cristiano est\u00e1 \u00abno en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Dios nos ha amado a nosotros\u00bb (1Jn 4,10). La adhesi\u00f3n libre a Dios en la fe y la acogida de su amor constituye el n\u00facleo esencial de la eticidad cristiana. La fe-caridad representa, por tanto, el compromiso \u00e9tico fundamental, del cual han de proceder todas las decisiones morales.<\/p>\n<p>4. MORAL ECLESIAL. Finalmente, la fe y el seguimiento de Jes\u00fas se viven en la Iglesia. Para el cristiano, la mediaci\u00f3n eclesial resulta imprescindible para descubrir su vocaci\u00f3n, identidad y proyecto \u00e9tico. En realidad, es la Iglesia la destinataria de la palabra de Dios y de la voz del Esp\u00ed\u00adritu; y, en la Iglesia, el creyente escucha, acoge y responde a la Palabra.<\/p>\n<p>Los bautizados en Cristo llegan a ser miembros del cuerpo de Cristo (Rom 6; 1Cor 12), hijos en el Hijo, llamados a una vida de comuni\u00f3n. La moral cristiana impulsa un proceso de inserci\u00f3n en Cristo; inserto en \u00e9l, el cristiano llega a ser miembro de su cuerpo, que es la Iglesia. Consiste, pues, en el seguimiento de Jesucristo, en adherirse y abandonarse a \u00e9l, en dejarse transformar por su gracia y por su amor. Esto se alcanza \u00aben la vida de comuni\u00f3n de su Iglesia\u00bb (VS 119).<\/p>\n<p>En este sentido, los sacramentos representan un dato determinante. A trav\u00e9s de ellos, \u00abla vitalidad y la fuerza del Se\u00f1or resucitado confiere la gracia del Esp\u00ed\u00adritu que transforma realmente al hombre en un hombre nuevo\u00bb (VhL 48). Y tambi\u00e9n desde esta perspectiva eclesial se comprende la legitimidad de la intervenci\u00f3n del magisterio en el campo moral para actualizar la ley evang\u00e9lica, desarrollar el dinamismo del seguimiento de Cristo y proponer sus exigencias y su verdad.<\/p>\n<p>BIBL.: ALBURQUERQUE E., Vida cristiana y catequesis. Presentaci\u00f3n del mensaje moral a catequistas, CCS, Madrid 1986; B\u00ed\u201cCKLE F., Moral fundamental, Cristiandad, Madrid 1980; DEMMER K., Introducci\u00f3n a la teolog\u00ed\u00ada moral, Verbo Divino, Estella 1994; FLECHA J. R., Teolog\u00ed\u00ada moral ftmdamental, BAC, Madrid 1994; GARC\u00ed\u008dA DE HARO R., Cristo, fimdamentos de la moral, Eiunsa, Barcelona 1992&#8242;-; GATTI G., Etica cristiana y educaci\u00f3n moral, CCS, Madrid 1988; L\u00ed\u201cPEZ AZPITARTE E., Fundamentaci\u00f3n de la \u00e9tica cristiana, San Pablo, Madrid 1994&#8242;; PINCKAERS S.. Las fuentes de la moral cristiana. Su m\u00e9todo, su contenido, su historia, Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona 1988; RINC\u00ed\u201cN R., Teolog\u00ed\u00ada moral. Introducci\u00f3n a la cr\u00ed\u00adtica, San Pablo, Madrid 1981; VIUAL M., Moral de opci\u00f3n fundamental y de actitudes, San Pablo, Madrid 1995.<\/p>\n<p>Eugenio Alburquerque Frutos<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Funci\u00f3n de la moral fundamental. II. Identidad y especificidad de la moral cristiana: 1. Etica aut\u00f3noma y moral de la fe; 2. La vida en Cristo; 3. A la luz del evangelio y de la experiencia humana; 4. Especificidad y car\u00e1cter propio. III. Moral y catequesis: 1. Moral del Esp\u00ed\u00adritu y de la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moral-fundamental-y-catequesis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMORAL FUNDAMENTAL Y CATEQUESIS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17029","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17029","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17029"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17029\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17029"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17029"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17029"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}