{"id":17030,"date":"2016-02-05T11:05:47","date_gmt":"2016-02-05T16:05:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moral-sexual\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:47","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:47","slug":"moral-sexual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moral-sexual\/","title":{"rendered":"MORAL SEXUAL"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El hombre, ser sexuado. II. Plan de Dios sobre la sexualidad: 1. Antiguo Testamento; 2. Nuevo Testamento. III. Para una moral de la sexualidad: 1. Rasgos caracter\u00ed\u00adsticos; 2. Horizonte \u00e9tico de la sexualidad como relaci\u00f3n. IV. Etica sexual cristiana: 1. Contenidos; 2. Especificidad. V. Orientaciones catequ\u00e9ticas generales: 1. Los condicionamientos; 2. Las convicciones fundamentales; 3. Las l\u00ed\u00adneas pedag\u00f3gicas; 4. El catequista y los ambientes educativos. VI. Orientaciones catequ\u00e9ticas concretas: 1. Las tareas de la catequesis; 2. Las distintas edades de la vida.<\/p>\n<p>I. El hombre, ser sexuado<br \/>\nEl Vaticano II ha afirmado que hay que iniciar a los ni\u00f1os y adolescentes en una positiva y prudente educaci\u00f3n sexual (GS l b). Algunos elementos para tal educaci\u00f3n pueden hallarse en las p\u00e1ginas conciliares dedicadas al matrimonio y la familia (GS 47-52), especialmente en el apartado sobre el amor conyugal (GS 49). Habr\u00ed\u00ada que recoger tambi\u00e9n las anotaciones antropol\u00f3gicas sobre la constituci\u00f3n psicosom\u00e1tica del ser humano, la alabanza de la condici\u00f3n corporal (GS 14) y la presentaci\u00f3n de la vocaci\u00f3n dial\u00f3gica del ser humano, expresada ya en su misma creaci\u00f3n como imagen de Dios, y su complementariedad en la mutua referencia bisexual: \u00abDios no cre\u00f3 al hombre en solitario. Desde el principio los hizo hombre y mujer (G\u00e9n 1,27). Esta sociedad de hombre y mujer es la expresi\u00f3n primera de la comuni\u00f3n de personas\u00bb (GS 12d).<\/p>\n<p>La sexualidad no es algo extr\u00ed\u00adnseco a la persona. Pertenece \u00ed\u00adntimamente a su constituci\u00f3n. Se sit\u00faa no tanto en la l\u00ed\u00adnea del tener cuanto en la l\u00ed\u00adnea del ser. No existe persona si no es persona sexuada. Parafraseando una cita del evangelio referida al hombre y al s\u00e1bado (cf Mc 2,27), se puede decir que no es la persona para la sexualidad, sino la sexualidad para la persona.<\/p>\n<p>La sexualidad humana no puede ser reducida a un fen\u00f3meno puramente fisiol\u00f3gico. Esta necesidad, siendo a la vez f\u00ed\u00adsica y ps\u00ed\u00adquica, integra y supera los l\u00ed\u00admites de la mera manifestaci\u00f3n genital. Tras haberla reducido durante largo tiempo a sus manifestaciones genitales, y estas a mediaciones indispensables para la generaci\u00f3n humana, la antropolog\u00ed\u00ada coincide hoy casi un\u00e1nimemente en considerar la sexualidad humana en el \u00e1mbito de la significatividad y de la comunicaci\u00f3n interpersonal.<\/p>\n<p>El magisterio de la Iglesia cat\u00f3lica se expresa en los \u00faltimos tiempos en t\u00e9rminos que denotan una forma m\u00e1s global y personal de comprender la sexualidad. La persona humana, seg\u00fan los datos de la ciencia contempor\u00e1nea, est\u00e1 de tal manera marcada por la sexualidad, que esta es parte principal entre los factores que caracterizan la vida de los hombres1. \u00abA la verdad, en el sexo radican las notas caracter\u00ed\u00adsticas que constituyen a las personas como hombres y mujeres en el plan biol\u00f3gico, psicol\u00f3gico y espiritual, teniendo as\u00ed\u00ad mucha parte en la evoluci\u00f3n individual y en su inserci\u00f3n en la sociedad\u00bb. \u00abLa sexualidad es un elemento b\u00e1sico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano&#8230; La sexualidad caracteriza al hombre y a la mujer no s\u00f3lo en el plano f\u00ed\u00adsico, sino tambi\u00e9n en el psicol\u00f3gico y espiritual con su impronta consiguiente en todas sus manifestaciones\u00bb2.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad se expresa tambi\u00e9n el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: \u00abLa sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera m\u00e1s general, a la aptitud para establecer v\u00ed\u00adnculos de comuni\u00f3n con otro\u00bb (CCE 2332).<\/p>\n<p>II. Plan de Dios sobre la sexualidad<br \/>\n1. ANTIGUO TESTAMENTO. a) Los cap\u00ed\u00adtulos 2 y 3 del G\u00e9nesis constituyen una especie de par\u00e1bola sapiencial sobre el sentido de la vida humana, del trabajo, la sexualidad y la muerte. El relato parece querer incluir, al menos, las siguientes afirmaciones: 1) La sexualidad humana ha sido querida y dise\u00f1ada por el mismo Dios como signo y medio del encuentro interpersonal. Ya s\u00f3lo con esa constataci\u00f3n se excluye una visi\u00f3n pesimista de la realidad sexual (G\u00e9n 2,21). 2) La sexualidad humana, como ocasi\u00f3n para el encuentro, parece marcar la diferencia entre los seres humanos y los dem\u00e1s vivientes. S\u00f3lo ante la mujer puede Ad\u00e1n salir de su soledad y encontrar una ayuda adecuada que no le pueden proporcionar los dem\u00e1s seres de la creaci\u00f3n (G\u00e9n 2,18.22). 3) La sexualidad humana significa y realiza la igualdad entre las personas de diverso sexo. La p\u00e9rdida de la igualdad original de la pareja es fruto del pecado (G\u00e9n 3,16), con lo que se sugiere que la subordinaci\u00f3n social de la mujer no estaba dise\u00f1ada por Dios, sino que es m\u00e1s bien fruto del pecado. 4) La sexualidad humana es vista como signo y expresi\u00f3n de la armon\u00ed\u00ada ideal de las relaciones humanas, todav\u00ed\u00ada no empa\u00f1adas por el pecado. La desnudez de la pareja que vive y se contempla sin verg\u00fcenza nos remite a un mundo de paz que refleja y realiza el proyecto de Dios (G\u00e9n 2,25; 3,10-11). 5) La sexualidad humana es considerada en la perspectiva de la uni\u00f3n matrimonial. La sexualidad es humana precisamente porque es de la persona y para la persona y, en consecuencia, para su capacidad de encuentro. Desde el comienzo, la sexualidad humana ha sido dise\u00f1ada por el Creador como un signo de la capacidad de donaci\u00f3n de la persona. Una donaci\u00f3n que aqu\u00ed\u00ad parece referirse inmediatamente a la comuni\u00f3n interpersonal -significado unitivo-, pero que, por el mismo orden creacional, est\u00e1 llamada a la comuni\u00f3n transpersonal -significado procreativo-. 6) Seg\u00fan el poema de la creaci\u00f3n, Dios ha creado al ser humano a su imagen y semejanza. Tal referencia iconal parece necesitar la bisexualidad para poder reflejar de alguna manera la riqueza inefable del ejemplar: \u00abDios cre\u00f3 al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo cre\u00f3, macho y hembra los cre\u00f3\u00bb (G\u00e9n 1,27). 7) La sexualidad y la vida pertenecen a la forma humana de ejercer el se\u00f1or\u00ed\u00ado sobre el mundo creado. Los seres humanos colaboran en la obra de la creaci\u00f3n con el Se\u00f1or de la vida: \u00abSed fecundos y multiplicaos, poblad la tierra y sometedla; dominad&#8230;\u00bb (G\u00e9n 1,28)3.<\/p>\n<p>Se puede afirmar, en consecuencia que la sexualidad no es vista como un elemento negativo en la vida humana. Es m\u00e1s, ha sido dise\u00f1ada y querida por el mismo Dios.<\/p>\n<p>Por otra parte, es preciso subrayar que la sexualidad humana es vista en primer lugar en su dimensi\u00f3n unitiva y, consecuentemente, en su dimensi\u00f3n procreadora. Por la primera, los seres humanos salen de su soledad y se abren al encuentro interpersonal. Por la segunda, participan en el poder creador del mismo Dios y se abren a lo que hemos llamado su vocaci\u00f3n transpersonal (cf CCE 2334, 2335).<\/p>\n<p>El amplio contenido de las normas legales veterotestamentarias podr\u00ed\u00ada ser resumido en algunos puntos fundamentales. El adulterio es prohibido expresamente por Ex 20,14 y por Dt 15,17.<\/p>\n<p>b) Los profetas han vivido una intensa experiencia religiosa que no queda reducida al \u00e1mbito de su peripecia individual. A la luz de la misma, la sexualidad humana ha de recibir la orientaci\u00f3n que brota de la experiencia religiosa y de la escucha de la palabra de Dios. La experiencia de esposo traicionado le ayuda a Oseas a ver la idolatr\u00ed\u00ada como un adulterio. La alianza ha sido quebrantada (Os 8,1).<\/p>\n<p>Jerem\u00ed\u00adas utiliza la imagen del amor juvenil para reflejar la ternura que Dios siente por su pueblo (Jer 2,2). El amor humano resalta, pues, como un don mutuo en la sacrificada entrega, en la fidelidad y la estabilidad, en la ternura, en la apertura al misterio de lo invisible (Jer 3,1-13).<\/p>\n<p>En dos alegor\u00ed\u00adas sobre la historia del pueblo de Dios (Ez 16 y 23), Ezequiel evoca el hondo misterio de elecci\u00f3n y fidelidad -o infidelidad- que se esconde en toda experiencia humana de amor y sexualidad.<\/p>\n<p>c) Los libros sapienciales. La prostituci\u00f3n es censurada con frecuencia en los libros sapienciales (Prov 23,27). El adulterio es condenado en la literatura sapiencial (Prov 5,20-23; cf Si 23,18-19), por significar un olvido de la alianza con Dios (Prov 2,17).<\/p>\n<p>El Cantar de los Cantares es un c\u00e1ntico destinado a ser cantado-representado en el marco de unas bodas populares. Para el Cantar es ya bastante noble el amor humano como para ser incluido entre los valores m\u00e1s importantes de su pueblo. Si los salmos ense\u00f1aban a orar, el Cantar ense\u00f1aba a amar. A ensayar, al menos, un tipo de amor diferente: 1) En un ambiente que tolera la poligamia, el Cantar sugiere la posibilidad de un amor basado en la unicidad de la persona amada (Cant 6,9). 2) En un ambiente donde la mujer es a veces considerada como una m\u00e1s de las propiedades familiares, el Cantar evoca un amor de igualdad (Cant 1,15-16; 2,8; 3,1). 3) En un ambiente donde la instituci\u00f3n matrimonial admite la posibilidad de divorcio, el Cantar propugna la permanencia del amor, al que se proclama fuerte como la muerte (Cant 8,6). Este poema admirable puede ser calificado como el evangelio del amor humano.<\/p>\n<p>Se podr\u00ed\u00ada afirmar, en resumen, que a lo largo del Antiguo Testamento la sexualidad encuentra una valoraci\u00f3n muy positiva, en cuanto proyecto de Dios y en cuanto expresi\u00f3n del amor y del encuentro interpersonal. Es m\u00e1s, la experiencia de la sexualidad es asumida como par\u00e1bola de la elecci\u00f3n del pueblo por parte de Dios y su respuesta al amor divino. Es cierto, por otra parte, que la reflexi\u00f3n veterotestamentaria no deja de mirar con realismo el ejercicio de la sexualidad, marcada, como toda realidad humana, por el signo del pecado y expuesta al riesgo de no significar ni las adecuadas relaciones de la humanidad con Dios, ni las relaciones humanizadoras entre las mismas personas humanas.<\/p>\n<p>2. NUEVO TESTAMENTO. a) El mensaje de Jes\u00fas orienta a las primeras comunidades a vivir en el mundo de una forma diferente. La moral evang\u00e9lica es al mismo tiempo tradicional y novedosa. Asume los ideales transmitidos por el Antiguo Testamento, aunque los radicaliza. No por la v\u00ed\u00ada de una exigencia antinatural, sino por la integraci\u00f3n de los mismos en la vocaci\u00f3n al seguimiento de Cristo y la aceptaci\u00f3n del reino de Dios y su justicia.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, que hizo suya la suerte de los indefensos, sorprende por su abierta actitud ante la mujer. Las catequesis evang\u00e9licas que tienen por protagonistas a las mujeres constituyen una galer\u00ed\u00ada de actitudes de fe y acogida de la buena noticia de Jes\u00fas y la salvaci\u00f3n (Mc 1,29-31; 5,21-43; 7,24-30; Lc 7,11-17; 8,2ss.; 13,10-17). Su cercan\u00ed\u00ada a la mujer constituye uno de los signos de la llegada del reino de Dios y de la novedad que aporta consigo al mundo. Jes\u00fas anuncia ciertamente un evangelio para la mujer. Pero la misma relaci\u00f3n de Jes\u00fas con la mujer se convierte ya en un evangelio: la buena noticia de la llegada del reino de Dios.<\/p>\n<p>Ante la cuesti\u00f3n del divorcio, Jes\u00fas invitaba a sus oyentes a remontarse \u00abal principio\u00bb (Mt 19,3-12). Tras la pregunta por el divorcio, los disc\u00ed\u00adpulos se admiraron por la radicalidad de la doctrina ense\u00f1ada por Jes\u00fas. En respuesta, \u00e9l establece una distinci\u00f3n entre los eunucos que lo son desde su nacimiento, los que han sido castrados y \u00ablos que se hicieron eunucos por el reino de Dios\u00bb (Mt 19,12). Al mencionar a ese tercer grupo, Jes\u00fas se refer\u00ed\u00ada a s\u00ed\u00ad mismo y ofrec\u00ed\u00ada la posibilidad carism\u00e1tica y vocacional de un celibato por amor al reino de los cielos.<\/p>\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n los sin\u00f3pticos ponen en boca de Jes\u00fas la comparaci\u00f3n del reino de Dios con la celebraci\u00f3n de un banquete de bodas (Mt 22,1-14). Con ello se insertan en la tradici\u00f3n prof\u00e9tica y rab\u00ed\u00adnica, que utiliza la imagen de las bodas para significar la plenitud y la alegr\u00ed\u00ada de los tiempos mesi\u00e1nicos. Jes\u00fas mismo es presentado como el novio que centra la atenci\u00f3n del banquete nupcial (Mc 2,19; Mt 25,1-13). El significado parece intentado tambi\u00e9n en el relato jo\u00e1nico de las bodas de Can\u00e1 (Jn 2,1-12).<\/p>\n<p>Por lo que se refiere al aspecto moral de la responsabilidad ante la sexualidad, Jes\u00fas no se limita a repetir al pie de la letra la condena del adulterio expresada ya en el Antiguo Testamento (Ex 20,14; Dt 5,18). Ampl\u00ed\u00ada el \u00e1mbito de la responsabilidad \u00e9tica en un doble sentido: el que apunta a la interioridad de los pensamientos y los deseos (Mt 5,27-30) y el que orienta a una reconsideraci\u00f3n m\u00e1s radical de las normas que en su tiempo eran habituales sobre el repudio o el eventual matrimonio de la repudiada (Mt 5,31-32).<\/p>\n<p>b) En las comunidades primeras, a los cristianos llegados de la cultura hel\u00e9nica se les pide que se abstengan de la fornicaci\u00f3n (He 15,20.29; 21,25). Para san Pablo, cada hombre debe tener su propia mujer y cada mujer ha de tener su marido (lCor 7,2). El Ap\u00f3stol pide que los c\u00f3nyuges vivan con naturalidad sus compromisos matrimoniales (lCor 7,3-5). Es cierto que Pablo valora personalmente la dignidad del celibato (1Cor 7,7; 1,17). Dirigi\u00e9ndose a los que viven en virginidad y celibato, Pablo les habla, no con una palabra del Se\u00f1or que \u00e9l conserve como mandamiento (cf Mt 19,12), sino con la autoridad del ap\u00f3stol. Con esa autoridad puede subrayar el elevado valor moral de la vida c\u00e9libe (lCor 7,25-26). Ante la tentaci\u00f3n de la prostituci\u00f3n cultural, Pablo utiliza las razones m\u00e1s sagradas y las palabras m\u00e1s duras: el cuerpo es inviolable, como un templo en el que habita el Esp\u00ed\u00adritu (lCor 6,12-20).<\/p>\n<p>En Ef 5,22-23 el matrimonio cristiano se ilumina a la luz del misterio de la uni\u00f3n de Cristo con su Iglesia. Los esposos cristianos se constituyen en una especie de modelo eclesial de la colaboraci\u00f3n y sometimiento de los fieles entre s\u00ed\u00ad, que refleja la aceptaci\u00f3n del se\u00f1or\u00ed\u00ado de Cristo. M\u00e1s adelante (Ef 5,25-33) se subraya el amor de Cristo hacia su Iglesia, presentada con los colores de una novia elegida. El amor de Cristo hacia su Iglesia se convierte en modelo para el amor que el esposo ha de profesar a su esposa. Para el autor de la carta, el misterio del hombre y la mujer que se convierten en \u00abuna sola carne\u00bb (G\u00e9n 2,24) ha sido revelado en la uni\u00f3n de Cristo con su Iglesia, que se convierte en mod\u00e9lica para los esposos cristianos.<\/p>\n<p>Al final de este recorrido esquem\u00e1tico, podr\u00ed\u00adan subrayarse ya algunas convicciones importantes para una teolog\u00ed\u00ada cristiana de la sexualidad. 1) En primer lugar, en las p\u00e1ginas b\u00ed\u00adblicas, la sexualidad humana aparece marcada, como tantas otras realidades, con el sello de la ambig\u00fcedad. En cuanto creada por Dios, es en s\u00ed\u00ad misma buena y valiosa. Pero su ejercicio hist\u00f3rico introduce y significa en la vida diaria, dram\u00e1ticamente, la desarmon\u00ed\u00ada en las relaciones humanas. 2) Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento ofrecen una cierta continuidad en la exigencia de una rectitud moral en el uso y ejercicio de la sexualidad. Tal continuidad viene determinada tanto por el origen de la misma y por el proyecto creatural de Dios como por su capacidad significativa. A la luz del evangelio, algunas formas de comportamiento, aceptadas previamente por el pueblo jud\u00ed\u00ado o en el ambiente social del mundo helenista en el que viven los cristianos, son juzgadas como contrarias al esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas y consideradas como otras tantas formas de idolatr\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>III. Para una moral de la sexualidad<br \/>\nDe las reflexiones antropol\u00f3gicas y del mensaje b\u00ed\u00adblico, apenas esbozado, pueden deducirse algunas constataciones imprescindibles a la hora de intentar esbozar las bases para una \u00e9tica del uso de la sexualidad.<\/p>\n<p>1. RASGOS CARACTER\u00ed\u008dSTICOS. a) Referencia a la globalidad de la persona y a la conquista de su madurez integral. La sexualidad no puede ser aislada de otras vivencias fundamentales enraizadas en la personeidad y colaboradoras de la estructuraci\u00f3n de la personalidad. \u00abLa persona casta mantiene la integridad de las fuerzas de vida y amor depositadas en ella. Esta integridad asegura la unidad de la persona; se opone a todo comportamiento que la pueda lesionar. No tolera ni la doble vida ni el doble lenguaje (cf Mt 5,37)\u00bb (CCE 2338).<\/p>\n<p>b) La sexualidad es, como otros aspectos de la vida humana, una realidad din\u00e1mica en continua evoluci\u00f3n, sea esta progresiva o regresiva. Como la vivencia de la justicia o de la veracidad, tambi\u00e9n la vivencia \u00e9tica de la sexualidad es susceptible de un m\u00e1s o menos de integrabilidad y de plausibilidad. \u00abEl dominio de s\u00ed\u00ad es una obra que dura toda la vida\u00bb (CCE 2342).<br \/>\nc) Referencia a la dialogicidad y complementariedad de las personas. \u00abLa caridad es la forma de todas las virtudes. Bajo su influencia, la castidad aparece como una escuela de donaci\u00f3n de la persona. El dominio de s\u00ed\u00ad est\u00e1 ordenado al don de s\u00ed\u00ad. La castidad conduce al que la practica a ser ante el pr\u00f3jimo un testigo de la fidelidad y de la ternura de Dios\u00bb (CCE 2346).<br \/>\nd) La sexualidad humana es una realidad \u00ed\u00adntimamente vinculada a la manifestaci\u00f3n del \u00ed\u00adntimo ser personal y de esa doble manera de estar en el mundo de forma humana y creativa que son la masculinidad y la feminidad. De ah\u00ed\u00ad que la sexualidad, entendida en sentido amplio y, en consecuencia, tambi\u00e9n en el sentido reducido de genitalidad, constituya una forma privilegiada de lenguaje en profundidad. De ah\u00ed\u00ad que su ejercicio -y aun su misma presencia- sea siempre la epifan\u00ed\u00ada de un compromiso afectivo -o de su ausencia-, al tiempo que, en la especie humana, est\u00e1 vinculada al surgimiento de la vida f\u00ed\u00adsica y\/o espiritual, pero siempre humana (cf EV 23).<\/p>\n<p>A este car\u00e1cter de expresividad y lenguaje, tan subrayado por M. Merleau Ponty4, parece referirse el documento vaticano citado m\u00e1s arriba cuando dice: \u00abLa sexualidad es un elemento b\u00e1sico de la personalidad; un modo propio de ser, de manifestarse, de comunicarse con los otros, de sentir, expresar y vivir el amor humano. Por eso es parte integrante del desarrollo de la personalidad y de su proceso educativo\u00bb5.<\/p>\n<p>2. HORIZONTE ETICO DE LA SEXUALIDAD COMO RELACI\u00ed\u201cN. En una sociedad pluralista, la \u00e9tica no est\u00e1 directa ni solamente fundada sobre la experiencia religiosa de los creyentes. Precisamente por eso, una base antropol\u00f3gica suficientemente coherente deber\u00ed\u00ada prestar los elementos para la fundamentaci\u00f3n de unas l\u00ed\u00adneas \u00e9ticas indispensables y, a ser posible, aceptables por los miembros de la comunidad. He aqu\u00ed\u00ad algunos puntos que parecen imprescindibles.<\/p>\n<p>a) Personalizaci\u00f3n. El comportamiento sexual est\u00e1 ontol\u00f3gicamente integrado en el desarrollo arm\u00f3nico de toda la persona. Lo que es un dato ha de convertirse en una tarea. Es decir, parece absolutamente necesario el esfuerzo moral por lograr intencionadamente tal integraci\u00f3n en el desarrollo arm\u00f3nico de la persona.<\/p>\n<p>En consecuencia, la educaci\u00f3n de la sexualidad no puede limitarse a una informaci\u00f3n biol\u00f3gica que desconozca la formaci\u00f3n de h\u00e1bitos y la asunci\u00f3n de valores fundamentales para el crecimiento integral de la persona. La educaci\u00f3n de la sexualidad -y no solamente en la etapa adolescente o juvenil- ha de situarse en la direcci\u00f3n global de ese sentido. Un criterio b\u00e1sico primordial ser\u00e1, en consecuencia, el intento de vivir la sexualidad en vista de tal desarrollo arm\u00f3nico.<\/p>\n<p>b) Apertura a la revelaci\u00f3n del \u00abt\u00fa\u00bb. El ser humano nace y se desarrolla en la comunicaci\u00f3n. Todo \u00e9l es palabra, signo y mensaje. Es verdad que la vocaci\u00f3n humana a la comunicaci\u00f3n se concentra especialmente en el rostro, en cuya desnudez se refleja siempre una interpelaci\u00f3n y una llamada a la responsabilidad6. El rostro humano es \u00abese lugar en donde, por excelencia, la naturaleza se hace porosa a la persona\u00bb7.<\/p>\n<p>Pero lo que se dice del rostro ha de decirse del cuerpo entero del hombre y de la misma experiencia de la sexualidad. La sexualidad juega un papel inesquivable en la capacidad humana de responder a la vocaci\u00f3n de amor. Ella refleja, en efecto, tanto la incompletez como la relacionalidad de la persona. En ella encuentran los seres humanos la base biol\u00f3gica, emocional y psicol\u00f3gica de su capacidad de amar y comunicarse. La sexualidad es la forma ingeniosa de que Dios se ha servido para convocar a las personas al encuentro y a la comuni\u00f3n mutua.<\/p>\n<p>Entendida en su sentido amplio, la sexualidad se desarrolla y se realiza en la persona del yo hacia un t\u00fa, aceptado como t\u00fa, es decir, en su personalidad y en su diversidad. Esta apertura no es f\u00e1cil. De hecho, pasa por etapas diferentes en las que el t\u00fa es imaginado, cosificado, generalizado. Actitudes adolescentes, de narcisismo o autoerotismo, de homoerotismo, voyeurismo o flirteo, pueden constituir otros tantos riesgos en el avance hacia el descubrimiento del t\u00fa y hacia la verdadera comunicaci\u00f3n con el t\u00fa. Requieren del educando el esfuerzo decidido para la ascensi\u00f3n y del educador el acompa\u00f1amiento generoso para la superaci\u00f3n de la dificultad. Exigen un progreso y ofrecen siempre el riesgo de un regreso. No est\u00e1 de m\u00e1s recordar que tal progreso nunca estar\u00e1 completado y que tal regreso siempre es una tentaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En ese contexto, la relaci\u00f3n heterosexual no puede ser tomada a la ligera. El t\u00fa no es una cosa, ni una simple proyecci\u00f3n del yo, ni una pieza f\u00e1cilmente recambiable. El t\u00fa no es una ocasi\u00f3n para que surja el amor y posteriormente el lenguaje sexual que lo expresa. Ser\u00ed\u00ada m\u00e1s exacto decirlo al contrario: el t\u00fa s\u00f3lo surge verdaderamente en un marco efusivo. No es que exista el amor porque existe el encuentro con el t\u00fa, sino que aparece el t\u00fa cuando existe amor. Antes del amor no existe el t\u00fa, s\u00f3lo existe la gente. La apertura al t\u00fa es una vocaci\u00f3n y una tarea \u00e9tica. Ha de ser entendida en la clave de un lenguaje interpersonal, regido necesariamente por un compromiso afectivo y efectivo.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n intersexual debe, en consecuencia, esforzarse por mantener \u00ed\u00adntegras tanto la alteridad y la diferencia sexual como la complementariedad y la igual dignidad entre los sexos. Muchos de los llamados des\u00f3rdenes sexuales nacen precisamente de alguno de estos fallos. O bien se trata de negar y suprimir la alteridad y la diferencia, o bien se pretende afirmarlas hasta tal punto que la asunci\u00f3n de uno de los sexos como paradigma de humanidad lleva a un desprecio y abuso del otro.<\/p>\n<p>El descubrimiento del t\u00fa encuentra con alguna frecuencia serias dificultades en la superaci\u00f3n de las tendencias homoer\u00f3ticas. El juicio \u00e9tico sobre la responsabilidad personal en los casos concretos ha de ser cuidadosamente matizado, como m\u00e1s adelante se ver\u00e1.<\/p>\n<p>c) Apertura al \u00abnosotros\u00bb. El amor no se agota en la mutua contemplaci\u00f3n dual, sino que exige un proyecto com\u00fan. Efectivamente, la relaci\u00f3n di\u00e1dica ha de trascender el di\u00e1logo meramente dual, si quiere superar el escal\u00f3n de los ego\u00ed\u00adsmos compartidos y est\u00e9riles. En el terreno de la sexualidad, la responsabilidad \u00e9tica ha de realizarse, por tanto, en la doble vertiente de lo personal-interpersonal y de lo personal-social.<\/p>\n<p>En realidad, todo ejercicio humano de la sexualidad es ocasi\u00f3n de fecundidad y fuente de vida. De vida f\u00ed\u00adsica, unas veces, y de vida espiritual, en muchas ocasiones. De vida y de sentido para la vida. Si la sexualidad es verdaderamente humana est\u00e1 llamada a una fecundidad que a veces trasciende la mirada de las mismas personas implicadas. La esterilidad no es una fatalidad, pero es ciertamente un riesgo. La esterilidad f\u00ed\u00adsica puede ser asumida y superada en la generosidad. La otra esterilidad, la espiritual, es la se\u00f1al de un ego\u00ed\u00adsmo, con frecuencia dual.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que la sexualidad tenga necesariamente una dimensi\u00f3n social. Y de ah\u00ed\u00ad que la sociedad se vea necesariamente implicada en toda expresi\u00f3n de la sexualidad, tanto si es signo de un compromiso afectivo como si no lo es, y m\u00e1s a\u00fan en este caso. De ah\u00ed\u00ad que la sociedad tenga el derecho-deber de tutelar las manifestaciones sexuales de sus miembros. Esa dimensi\u00f3n social de la vivencia sexual no puede dar lugar ni al intrusismo ni a la inhibici\u00f3n social frente al comportamiento individual. El riesgo de ambos extremos es tanto mayor cuando est\u00e1 en juego la instrumentalizaci\u00f3n de las personas, especialmente las m\u00e1s d\u00e9biles.<\/p>\n<p>IV. Etica sexual cristiana<br \/>\n1. CONTENIDOS. El mensaje b\u00ed\u00adblico o las indicaciones de la Iglesia sancionan como bueno o malo un comportamiento moral, precisamente porque es bueno o malo para el ser humano. Es decir, para su madurez personal, para su encuentro con el t\u00fa para la lenta y fruct\u00ed\u00adfera creaci\u00f3n del nosotros. En este contexto se sit\u00faa la doctrina de la Iglesia cuando emite un juicio decididamente negativo sobre algunas ofensas a la castidad, como la pornograf\u00ed\u00ada, la prostituci\u00f3n o la violaci\u00f3n (CCE 2351-2356).<\/p>\n<p>En algunos otros casos, como la masturbaci\u00f3n y la homosexualidad, la doctrina de la Iglesia cat\u00f3lica establece una clara distinci\u00f3n entre la maldad objetiva de tales comportamientos y la eventual responsabilidad moral de la persona.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a la masturbaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad se expresa el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica: \u00abPara emitir un juicio acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acci\u00f3n pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los h\u00e1bitos contra\u00ed\u00addos, el estado de angustia u otros factores ps\u00ed\u00adquicos o sociales que reducen, e incluso anulan, la culpabilidad moral\u00bb (CCE 2352).<\/p>\n<p>La doctrina de la Iglesia considera los actos de homosexualidad como intr\u00ed\u00adnsecamente desordenados, por no proceder de una verdadera complementariedad afectiva y sexual, y por cerrar el acto sexual al don de la vida. Sin embargo reconoce que \u00abun n\u00famero apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condici\u00f3n homosexual; esta constituye para la mayor\u00ed\u00ada de ellos una aut\u00e9ntica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasi\u00f3n y delicadeza. Se evitar\u00e1, respecto a ellos, todo signo de discriminaci\u00f3n injusta. Estas personas est\u00e1n llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Se\u00f1or las dificultades que pueden encontrar a causa de su condici\u00f3n\u00bb (CCE 2358).<\/p>\n<p>2. ESPECIFICIDAD. Dicho esto, cabe todav\u00ed\u00ada una \u00faltima pregunta sobre la identidad y especificidad de una \u00e9tica cristiana de la sexualidad. Seguramente, los dos polos pueden ser afirmados.<\/p>\n<p>a) La \u00e9tica cristiana habr\u00ed\u00ada de afirmar su identidad con una \u00e9tica racional de la sexualidad, siempre que trataran ambas de fundarse sobre una base ontol\u00f3gica, es decir, en el ser y en la verdad de la persona humana y en los rasgos constitutivos de su sexualidad. La \u00e9tica cristiana no puede ni debe ignorar tal conocimiento antropol\u00f3gico. Por una parte considera que \u00abel cuerpo expresa la persona\u00bb, es una especie de \u00absacramento primordial\u00bb y constituye \u00abel primer mensaje de Dios al hombre\u00bb8. Y, por otra parte, afirma que tambi\u00e9n los no creyentes pueden llegar por medio de su raz\u00f3n a descubrir el proyecto creatural de Dios sobre el g\u00e9nero humano (cf Rom 2,13-16). Los \u00faltimos documentos de la Iglesia, cuando tratan de ofrecer una fundamentaci\u00f3n para la moral sexual de los cristianos, recurren sistem\u00e1ticamente a argumentos de \u00e9tica natural y a fundamentos antropol\u00f3gicos naturales.<\/p>\n<p>b) En teor\u00ed\u00ada, los valores \u00e9ticos que en este campo promueve y tutela la fe cristiana podr\u00ed\u00adan ser alcanzados por la raz\u00f3n humana. En la pr\u00e1ctica, el anuncio del evangelio signific\u00f3 una novedad revolucionaria ante el panorama moral de las ciudades griegas.<\/p>\n<p>La especificidad de una \u00e9tica cristiana de la sexualidad, m\u00e1s que en el \u00e1mbito categorial de los contenidos, los valores o los deberes -ya descubiertos hipot\u00e9ticamente por la raz\u00f3n y la experiencia-, se encuentra en el tono trascendental de las motivaciones evang\u00e9licas. En concreto, en el seguimiento de Jesucristo, que nos ha desvelado definitivamente la silueta y la vocaci\u00f3n del ser humano. El mensaje evang\u00e9lico, tambi\u00e9n en este terreno, se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea del redescubrimiento de las intuiciones b\u00e1sicas de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. El ser humano es imagen de Dios y como tal ha de comportarse y ha de ser tratado. La iconalidad del hombre es un don, pero es tambi\u00e9n una exigencia.<\/p>\n<p>La sexualidad forma parte del proyecto original de Dios y de la bondad primera del encuentro interpersonal. Es esa una convicci\u00f3n que se encuentra ya en las primeras p\u00e1ginas de la Biblia.<\/p>\n<p>Junto a esta convicci\u00f3n que recorre los escritos sagrados, los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas saben y confiesan que pueden darse en el mundo algunos comportamientos sexuales que no deber\u00ed\u00adan mencionarse entre los cristianos, los cuales deber\u00ed\u00adan comportarse \u00abcomo debe ser entre creyentes\u00bb (Ef 5,3). Su Se\u00f1or ha proclamado dichosos a los limpios de coraz\u00f3n (Mt 5,8) y ha explicado que no basta con \u00abno adulterar\u00bb, sino que es preciso conservar limpia la mirada (Mt 5,27-30).<\/p>\n<p>Es cierto que la bienaventuranza de la limpieza del coraz\u00f3n no puede restringirse al \u00e1mbito de lo sexual, sino que abarca toda la coherencia de la fe. Pero puede referirse tambi\u00e9n a la sexualidad. Si se formula en t\u00e9rminos negativos, tal bienaventuranza recuerda a los cristianos que ni los impuros ni los ad\u00falteros heredar\u00e1n el reino de Dios, mientras no traten de huir de la lujuria (lCor 6,9.18). Considerada en una perspectiva m\u00e1s positiva, lleva a los creyentes a confesar que el cuerpo no es para la lujuria sino para el Se\u00f1or y el Se\u00f1or para el cuerpo (lCor 6,13).<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n cristiana ha tratado de conservar y meditar esas intuiciones fundamentales para considerarlas como fuente fecunda de la vida y del pensamiento de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Superando la tentaci\u00f3n del desenfreno y la del espiritualismo desencarnado, los cristianos, siguiendo la luz de la raz\u00f3n y las fuentes de la Revelaci\u00f3n y la tradici\u00f3n, est\u00e1n llamados a brindar su oferta en medio del mundo: que el aprecio de la sexualidad humana no implica una renuncia a los grandes ideales cristianos, ni, por otra parte, el cultivo de la virtud de la castidad significa una castraci\u00f3n, sino m\u00e1s bien una plenificaci\u00f3n de lo humano. Se trata de anunciar una buena noticia. Un evangelio de la libertad, del amor y de la verdad.<\/p>\n<p>V. Orientaciones catequ\u00e9ticas generales<br \/>\n1. LOS CONDICIONAMIENTOS. Ante la catequesis sobre la sexualidad, el catequista no puede ignorar algunos condicionamientos que hacen particularmente ardua su tarea.<\/p>\n<p>a) La sexualidad acompa\u00f1a y configura interior y decisivamente a la persona (al catequista y al catequizando): es, pues, un tema motivador por s\u00ed\u00ad mismo (con inter\u00e9s educativo interno) y, al mismo tiempo, est\u00e1 tan cerca de nosotros que, por ello mismo, puede dificultarnos la mirada objetiva.<br \/>\nb) El tratamiento que nuestra sociedad hace de lo sexual es abrumador, escorado y dicot\u00f3mico: omnipresente, despojado no s\u00f3lo de tab\u00faes, sino del misterio; situado entre los comportamientos espont\u00e1neos y absolutamente privatizados, es un juego que reclama y divierte, fuente de ping\u00fces negocios y objeto de consumo&#8230; Por otro lado, el pensamiento contempor\u00e1neo ha descubierto, en positivo, la sexualidad como una realidad rica, imprescindible, misteriosa en su profundidad y que reclama su puesto libre de miedos y tab\u00faes, elemento esencial en la personalidad y energ\u00ed\u00ada casi inagotable para la vocaci\u00f3n humana al encuentro y la intersubjetividad.<\/p>\n<p>c) Otros condicionamientos se sit\u00faan en el \u00e1mbito de la comunidad eclesial, y est\u00e1n provocados por el cambio cultural y por la propia din\u00e1mica de la evoluci\u00f3n en la Iglesia. Ella ofrece el tesoro de la fe, de la que es portadora, a todas las generaciones, y desea que sea recibido. Su mensaje sobre la sexualidad provoca en muchos contempor\u00e1neos sospecha y juicio negativo previo. El mismo catequista, a la vez hombre de fe y de su tiempo, puede verse tensionado interiormente entre sus convicciones m\u00e1s hondas sobre la sexualidad, desde el asentimiento fundamental a las grandes propuestas del mensaje cristiano, y la b\u00fasqueda del puente m\u00e1s adecuado para llevar a sus oyentes, de manera significativa, las propuestas concretas que sobre algunos temas hace la Iglesia.<\/p>\n<p>2. LAS CONVICCIONES FUNDAMENTALES. a) Contenidos. En el mensaje cristiano sobre la sexualidad destacan algunos contenidos que estar\u00e1n presentes en toda catequesis sobre el tema. Se\u00f1alamos los siguientes:<br \/>\nLa persona es sexuada por deseo de Dios, y, por ello, la sexualidad es buena. Esta visi\u00f3n optimista, tanto del ser corporal como de lo espec\u00ed\u00adfico sexual, primar\u00e1 por encima de otros posibles acentos. Optimista no se identifica con ingenua, porque desde el principio y siempre la sexualidad aparece amenazada, como todo lo humano, por la situaci\u00f3n real de la naturaleza humana, tocada por el pecado y necesitada de salvaci\u00f3n. Los riesgos a la que est\u00e1 expuesta puede llevar a visiones y conductas err\u00e1ticas, maniqueas y reduccionistas, que la desvirt\u00faan y aniquilan el sentido que tiene en el conjunto de la personalidad humana.<\/p>\n<p>La sexualidad humana se entiende en toda su compleja realidad: cuerpo, coraz\u00f3n, esp\u00ed\u00adritu (nivel biol\u00f3gico, psicol\u00f3gico y espiritual), sin negar ninguno de ellos y buscando din\u00e1micamente su integraci\u00f3n en el horizonte de la maduraci\u00f3n personal por el amor.<\/p>\n<p>El sentido de la sexualidad se entiende como fuerza din\u00e1mica para la plena realizaci\u00f3n de la persona y como capacidad y llamada al encuentro interpersonal por el amor, que es el factor integrador, emergente y definitivo de la vocaci\u00f3n humana y, espec\u00ed\u00adficamente, de la sexualidad. Este amor est\u00e1 llamado a la fecundidad en los hijos y la fecundidad personal y espiritual. Desde la primac\u00ed\u00ada del amor (meta y camino, tarea y sentido de la vida), deliberadamente buscado y trabajado, se deriva la bondad o malicia del comportamiento sexual concreto. Aqu\u00ed\u00ad creemos que est\u00e1 la m\u00e1s profunda fuente de moralidad de la sexualidad, destacando que muchos comportamientos concretos, sobre todo en la etapa de formaci\u00f3n de la personalidad, s\u00f3lo pueden ser valorados subjetivamente desde la orientaci\u00f3n din\u00e1mica que ha tomado la persona: el empe\u00f1o decidido hacia la meta de la maduraci\u00f3n personal, el aprendizaje del amor y la comunicaci\u00f3n interpersonal, o la instalaci\u00f3n en una vivencia reductiva y ego\u00ed\u00adsta de la sexualidad.<\/p>\n<p>Significado transcendente de la sexualidad. Lo ha tenido en la Escritura, en la literatura patr\u00ed\u00adstica y en la m\u00ed\u00adstica espiritual, y es un precioso valor a\u00f1adido a la vivencia antropol\u00f3gica de la sexualidad. Adem\u00e1s de su ontol\u00f3gica realidad de misterio (no tab\u00fa), por su destino a la comunicaci\u00f3n interpersonal (siempre misteriosa) y al origen de la vida (misterio en s\u00ed\u00ad), la sexualidad ha sido mediaci\u00f3n simb\u00f3lica para expresar las relaciones de Dios con su pueblo, de Jesucristo con su Iglesia, e incluso de Dios con cada persona (literatura m\u00ed\u00adstica, por ejemplo, san Juan de la Cruz). Hay que destacar tambi\u00e9n el car\u00e1cter sagrado del cuerpo humano en s\u00ed\u00ad mismo (cf misterio de la encarnaci\u00f3n y templo del Esp\u00ed\u00adritu Santo). No en vano la Escritura se abre con el encuentro primordial hombre-mujer, se cierra con el grito del Esp\u00ed\u00adritu y la esposa Iglesia (\u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb [Ap 22]), y est\u00e1 sembrada de desposorios y banquetes nupciales.<\/p>\n<p>b) Objetivos. La formaci\u00f3n para la vivencia cristiana de la sexualidad se realiza a trav\u00e9s de etapas, objetivos concretos y mediaciones educativas. Destacamos las grandes tareas.<\/p>\n<p>Informaci\u00f3n sobre todo lo relativo a la sexualidad y el comportamiento sexual en sus dimensiones biol\u00f3gica, psicol\u00f3gica y espiritual. La catequesis puede facilitar esta informaci\u00f3n y no debe presuponer que est\u00e1 hecha por otras instancias educativas. Esta suposici\u00f3n ha de verificarse, y, para ello, hay que establecer una corriente de colaboraci\u00f3n continua, sobre todo con la familia. La informaci\u00f3n ha de ser rigurosa y adecuada a las edades, respetuosa y natural, veraz y progresiva, concreta y que atienda a las partes y al conjunto, acerca de la realidad vivida y de su orientaci\u00f3n evolutiva.<\/p>\n<p>La formaci\u00f3n, que disponga al educando a emprender el camino en la direcci\u00f3n que le indica lo m\u00e1s profundo y aut\u00e9ntico de su experiencia. La formaci\u00f3n incluye el descubrimiento del sentido de sus impulsos y emociones, sus sentimientos y sensaciones, de todos los integrantes complejos de su experiencia sexual, en relaci\u00f3n con los valores que la realizar\u00e1n en plenitud; as\u00ed\u00ad como la motivaci\u00f3n para tomar la firme decisi\u00f3n de alcanzarlos en su vida. Tomar conciencia tambi\u00e9n de las energ\u00ed\u00adas y debilidades que le acompa\u00f1an, de los medios y ayudas que necesita, de las condiciones de su proceso sembrado de titubeos, ensayos, verificaciones, equivocaciones, sorpresas gratificantes, descubrimientos gozosos&#8230;, para que pueda retomar continuamente la decisi\u00f3n y el camino. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 una de las mayores dificultades de la catequesis: motivar positiva e interiormente el dominio y la renuncia, el avance din\u00e1mico y progresivo en la integraci\u00f3n de todos los elementos, desde el m\u00e1ximo valor de la realizaci\u00f3n personal en el amor. Y todo ello en un ambiente cultural que no permite el aplazamiento, que empuja hacia lo concreto e inmediato, que no quiere saber nada de renuncias, que permite todo y condena a quien propone la lucha y esfuerzo en este terreno. Es una formaci\u00f3n contracultural.<\/p>\n<p>Dos apuntes sobre la formaci\u00f3n. La formaci\u00f3n es positiva o no lo es en absoluto. La integraci\u00f3n de las dimensiones de la sexualidad no se logra por v\u00ed\u00ada de anulaci\u00f3n o negaci\u00f3n de alguna de ellas, sino por v\u00ed\u00ada de afirmaci\u00f3n, tanto de su sentido profundo como del valor de cada una. Los elementos diversos son v\u00e1lidos, aunque en su desarrollo natural aparezcan de forma an\u00e1rquica y desintegrada. La equivocaci\u00f3n puede venir de creer que el desarrollo natural es de por s\u00ed\u00ad homog\u00e9neo y arm\u00f3nico, o por la impaciencia personal y el voluntarismo pedag\u00f3gico. El crecimiento (tambi\u00e9n el biol\u00f3gico) es lento y tiene su tiempo, que exige respeto y presencia. En nuestro tema la armonizaci\u00f3n no se realiza sin tensi\u00f3n y sin voluntad de integraci\u00f3n: la tensi\u00f3n supone afirmar cada parte, y la integraci\u00f3n exige decisi\u00f3n voluntaria, trabajo paciente y conocimiento de la meta.<\/p>\n<p>La motivaci\u00f3n para los valores que fundan la moralidad s\u00f3lo puede ser interna, aunque ayudada desde las influencias educativas. La clave est\u00e1 en no dar de entrada los criterios morales (que para el catequista han de ser claros) como imperativos, sino en apelar al resultado de la propia experiencia, en la que puede llegar a descubrir, con la ayuda educativa, que sus anhelos profundos se encuentran b\u00e1sicamente con lo que Dios quiere para nosotros. Es un camino lento y laborioso, que requiere presencia, paciencia y compromiso, pero es el realmente v\u00e1lido para la apropiaci\u00f3n personal de los valores y criterios morales. La formaci\u00f3n moral cristiana no se agota en este encuentro entre Dios y la experiencia humana, pues la palabra revela, ilumina, abre nuevos horizontes y es real y radicalmente nueva.<\/p>\n<p>3. LAS L\u00ed\u008dNEAS PEDAG\u00ed\u201cGICAS. a) El catequista necesita haber interiorizado personalmente una actitud positiva ante la sexualidad. Ser\u00e1 consciente de los riesgos que acompa\u00f1an al proceso de maduraci\u00f3n personal y al aprendizaje para que la corporalidad llegue a ser, por el amor, mediaci\u00f3n significativa en la comunicaci\u00f3n personal; pero ello no le impedir\u00e1 transmitir una actitud de confianza y optimismo ante la tarea que propone.<\/p>\n<p>b) Esta actitud positiva se refiere al sentido de la sexualidad en s\u00ed\u00ad misma, pero tambi\u00e9n al proceso de maduraci\u00f3n, que no siempre se realiza a base de experiencias positivas. La integraci\u00f3n sexual es din\u00e1mica y se realiza en tensi\u00f3n entre sus elementos; es progresiva y se prolonga toda la vida. Pero, especialmente a partir de la preadolescencia (y hasta que se toman las grandes decisiones sobre la identidad personal y la intercomunicaci\u00f3n, y se adoptan interiormente los grandes valores que cristalizan y especifican la integraci\u00f3n), el joven necesita verse alentado permanentemente, animado positivamente, encauzado l\u00facidamente, comprendido exigentemente. Es esta una etapa de exploraci\u00f3n y verificaci\u00f3n personal, de tanteo y b\u00fasqueda, y como tal ha de ser tratada. Cada etapa del proceso precisa una atenci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica y fiel, que aliente la vida que va emergiendo y ayude a afirmar las bases para la etapa siguiente.<br \/>\nc) El catequista ha de responder y proponer, prestando gran atenci\u00f3n al desarrollo personal. Ninguna aut\u00e9ntica pregunta puede quedar sin respuesta, pero su sentido, atento a la realidad de los j\u00f3venes, le dictar\u00e1 cu\u00e1ndo ha de adelantarse a lo que previsiblemente va a interpelar al educando. En este acompa\u00f1amiento educativo los indicios vitales del chico son para el catequista como signos de los tiempos, y el di\u00e1logo es el instrumento pedag\u00f3gico m\u00e1s v\u00e1lido para que emerja lo que estos indicios significan y, de ese modo, \u00e9l pueda ser iluminado y encauzado.<\/p>\n<p>4. EL CATEQUISTA Y LOS AMBIENTES EDUCATIVOS. a) Un clima b\u00e1sico de confianza, comprensi\u00f3n y aliento positivo es indispensable en quien acompa\u00f1a este proceso. Lo mismo que la cercan\u00ed\u00ada y la presencia personal, que ha de ser respetuosa con los ritmos y la intimidad de los chicos. Una presencia acompa\u00f1ada de disponibilidad, pero que no atosiga ni coarta la espontaneidad, que no controla ni ahoga, sino que facilita la manifestaci\u00f3n de las vivencias y alienta la b\u00fasqueda y la verificaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>b) Atenci\u00f3n especial merece el tema de la culpabilidad. La culpabilidad es un dique de arena, que resiste pocas embestidas. Lo que verdaderamente encauza la energ\u00ed\u00ada vital no es la culpabilizaci\u00f3n sino el aliento y la acogida incondicional. Aquella puede llevar al adolescente a rechazar la sexualidad o, m\u00e1s frecuentemente, a rechazar la propuesta cristiana sobre la misma, derivando hacia un enfoque reduccionista y desintegrador. La actitud positiva de comprensi\u00f3n y respeto, que se transmite m\u00e1s por lo que el catequista es que por lo que dice, dar\u00e1 confianza al educando para mantenerse en el esfuerzo personal que requiere su proceso, porque en el mismo educador puede descubrir hecho verdad viva (con las carencias normales que puede tener, pues tambi\u00e9n \u00e9l est\u00e1 en proceso) el ideal de integraci\u00f3n y de donaci\u00f3n personal que se le propone.<\/p>\n<p>\u00abEl ambiente educativo desempe\u00f1a una acci\u00f3n positiva en el crecimiento, en la medida en que ama y acepta incondicionalmente al muchacho, lo ilumina, apoya y estimula, y le ofrece ejemplos vivos de sexualidad integrada satisfactoriamente en personalidades abiertas y maduras. Ning\u00fan educador aislado constituye por s\u00ed\u00ad solo semejante ambiente\u00bb9. El catequista necesita verse a s\u00ed\u00ad mismo en este ambiente educativo, del que forman parte el resto de catequistas, la comunidad parroquial, los grupos juveniles, el colegio y, sobre todo, los padres. Con ellos establecer\u00e1 una intensa y continua comunicaci\u00f3n para el bien de los chicos. Manteniendo con el equipo de educadores de la fe la responsabilidad del conjunto del proceso catequ\u00e9tico, evitar\u00e1 la tentaci\u00f3n del monopolio educativo, buscar\u00e1 la ayuda y colaboraci\u00f3n de especialistas en algunos temas y el recurso a mesas redondas y similares.<\/p>\n<p>VI. Orientaciones catequ\u00e9ticas concretas<br \/>\n1. LAS TAREAS DE LA CATEQUESIS. a) En el conocimiento de la fe. Suponiendo lo indicado en el apartado de contenidos, destacamos aqu\u00ed\u00ad la necesidad de conocer la verdadera visi\u00f3n cristiana del hombre, de la corporalidad y de la sexualidad, como realidades positivas y globales, don de Dios para la libre maduraci\u00f3n personal, energ\u00ed\u00adas y llamada para realizar la vocaci\u00f3n humana por el encuentro personal en el amor. Obviamente, se transmitir\u00e1n los textos b\u00ed\u00adblicos fundamentales indicados m\u00e1s arriba, as\u00ed\u00ad como el sentido profundo del que son portadores, dentro del plan de salvaci\u00f3n de Dios para los hombres. Hay que destacar la actitud de Jes\u00fas ante el cuerpo humano, que \u00e9l mismo asume y al que sana y redime por el amor, y su actitud ante la mujer, as\u00ed\u00ad como su invitaci\u00f3n a valorar la conducta humana desde la interioridad, y la primac\u00ed\u00ada del amor como sentido y tarea de la vida.<\/p>\n<p>La catequesis transmitir\u00e1 tambi\u00e9n la propuesta moral de la Iglesia sobre la sexualidad, en su conjunto y en sus valoraciones concretas, en el marco general de la doctrina del Vaticano II (GS 12-17 y 47-52) y del magisterio posterior. Algunas conductas son absolutamente opuestas a la visi\u00f3n y la pr\u00e1ctica cristiana, otras encuentran su verdadero valor moral en el conjunto del proceso de maduraci\u00f3n y aprendizaje personal. Lo decisivo es tener clara la direcci\u00f3n que se ha tomado y mantenerla firme ante las incidencias del camino.<\/p>\n<p>La catequesis dar\u00e1 a conocer las distintas formas de realizaci\u00f3n adulta de la sexualidad, con una valoraci\u00f3n y motivaci\u00f3n positiva de todas ellas: matrimonio, virginidad, celibato.<\/p>\n<p>b) En la formaci\u00f3n lit\u00fargica y la oraci\u00f3n. La catequesis har\u00e1 expl\u00ed\u00adcita la convicci\u00f3n de que Dios camina y trabaja con el hombre en su proceso de maduraci\u00f3n personal; tambi\u00e9n, y con singular significaci\u00f3n, en la tarea de vivenciar la sexualidad en ese proceso. Expresamente destacar\u00e1 la necesidad de los sacramentos, sobre todo la eucarist\u00ed\u00ada y la penitencia; en los que el creyente es alimentado y sostenido por la palabra de vida y el pan de los fuertes, y vive la experiencia de fe de un amor que lo acepta, lo levanta y lo renueva para retomar el camino. La penitencia, adem\u00e1s, favorece la pr\u00e1ctica del acompa\u00f1amiento personal, tan necesario para personalizar el proceso y para fortalecer, iluminar y liberar de cargas pesadas. Especial importancia tiene la catequesis sobre el sacramento del matrimonio en la etapa juvenil y adulta, tanto en la fase del noviazgo y en la preparaci\u00f3n inmediata para el matrimonio como en el transcurso de la vida matrimonial en sus diversas etapas (Orientaciones para el amor humano, 60-63).<\/p>\n<p>c) En la transformaci\u00f3n moral de la persona. La catequesis orientar\u00e1 hacia la adopci\u00f3n y el ejercicio de actitudes positivas ante la sexualidad, y hacia la toma de decisiones voluntarias, ordenadas a la meta de la integraci\u00f3n en el amor, que madura a la persona. Esto supone lograr valores motivados interiormente, apoyados en la propia experiencia e iluminados por la actitud de Jes\u00fas y su palabra, que lleguen a gozar de verdadera credibilidad para el catequizando. S\u00f3lo se lograr\u00e1 mediante el di\u00e1logo educativo, que sabe despertar y conectar con los anhelos y necesidades profundas de la persona y desarrollar su capacidad para el bien (cf Orientaciones para el amor humano, 37).<\/p>\n<p>Entre las actitudes a conseguir destacan la mirada y la valoraci\u00f3n positiva de la sexualidad, el esp\u00ed\u00adritu de lucha constante y de superaci\u00f3n, la aceptaci\u00f3n del proceso como condici\u00f3n de desarrollo y maduraci\u00f3n, el fortalecimiento de la voluntad. Especial importancia tiene el proceso de aprendizaje del amor, que pasa por una actitud de respeto ante los dem\u00e1s; el aprecio, valoraci\u00f3n y respeto de ambos sexos; el reconocimiento y la gratitud por el amor que recibimos, el ejercicio del compartir, la colaboraci\u00f3n y la solidaridad, la vida en grupo y, de forma destacada, la experiencia de la amistad, que se inicia en la preadolescencia y est\u00e1 llamada a formar parte integrante del resto de la existencia humana. La amistad es escuela general de amor y v\u00e9rtice de la maduraci\u00f3n afectiva, clima propicio para las relaciones afectivas entre ambos sexos, clave de paso para la relaci\u00f3n de pareja, integrante de la vida de la pareja, experiencia afectiva que vivifica y sostiene la sexualidad adulta no conyugal (celibato, virginidad, solter\u00ed\u00ada) (cf Orientaciones para el amor humano, 92-93).<\/p>\n<p>d) Iniciaci\u00f3n a la vida comunitaria y la misi\u00f3n. La riqueza de significados de la sexualidad no se agota en la relaci\u00f3n interpersonal, o en el peque\u00f1o grupo cerrado en s\u00ed\u00ad mismo, sino que est\u00e1 llamada a realizarse tambi\u00e9n en el interior de la comunidad cristiana y a manifestarse como fuerza renovadora en la sociedad.<\/p>\n<p>Por una parte, los cristianos estamos llamados a vivir la sexualidad con pleno sentido, y de un modo distinto al que promueve la cultura dominante, y a dar testimonio vivo de ello. Un testimonio que, con frecuencia, ser\u00e1 tambi\u00e9n mediante manifestaciones p\u00fablicas (anuncio y denuncia) por parte de la comunidad cristiana, en defensa de valores humanos fundamentales: la vida, el amor, el respeto, la dignidad humana, la defensa del menor&#8230;<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes cristianos vivir\u00e1n en sus grupos un clima de naturalidad, respeto, alegr\u00ed\u00ada y comunicaci\u00f3n, que favorezca la amistad y el crecimiento personal y afectivo. Grupos de chicos y chicas que no giren sobre s\u00ed\u00ad mismos, sino que crezcan en su proceso, promoviendo desde su interior presencia y compromiso, acciones solidarias y de voluntariado, desde las parroquias, movimientos, colegios y asociaciones. Lo mismo puede decirse del compromiso social y eclesial que pueden asumir las parejas cristianas como tales parejas, tanto en la etapa de noviazgo como en el matrimonio.<\/p>\n<p>La familia es el primer ambiente educativo, tambi\u00e9n en la formaci\u00f3n de la sexualidad. Un clima de serenidad y realismo, en el que act\u00faen como \u00e1rbitros la paz y el amor mutuo, en el que puedan aparecer todas las preguntas y llegar las respuestas, se dialogue sin condiciones, se acepten las sorpresas de la evoluci\u00f3n personal y las peculiaridades de cada uno, se afronten los conflictos&#8230; es condici\u00f3n para cumplir su misi\u00f3n educadora y para poder ayudar a otros a cumplirla. Porque en este asunto es fundamental la ayuda que se pueden prestar las familias, mediante encuentros, grupos o movimientos. Y tambi\u00e9n la ayuda que estas parejas cristianas pueden ofrecer, en el marco de la comunidad cristiana, a otras familias, en orden a la educaci\u00f3n sexual de los hijos, a su propio crecimiento como pareja y, cuando sea necesario, la ayuda a personas o familias en situaciones dif\u00ed\u00adciles.<\/p>\n<p>Finalmente, los cristianos estamos llamados a dar testimonio, tanto en la juventud como en la vida adulta, de una vivencia madura de la amistad, como encuentro interpersonal, como ayuda para el crecimiento en los bienes personales y espirituales, y en la maduraci\u00f3n y el enriquecimiento de la personalidad.<\/p>\n<p>2. LAS DISTINTAS EDADES DE LA VIDA. a) Infancia. El ni\u00f1o nace sexuado, pero su vivencia sexual en los primeros a\u00f1os es difusa e indiferenciada. El descubrimiento de su propio cuerpo y de las diferencias que percibe en el otro sexo ofrece a los padres la oportunidad de dar las primeras explicaciones y hacer una expl\u00ed\u00adcita valoraci\u00f3n positiva tanto de su cuerpo como del de los dem\u00e1s, reconoci\u00e9ndolos con gratitud como don de Dios e inculcando el respeto y el cuidado de uno y otros. La pregunta por su origen y el de la vida (con ocasi\u00f3n, por ejemplo, de un nuevo embarazo en la familia) ofrece una especial oportunidad para los padres. La familia tiene en esta etapa el protagonismo absoluto, y a ella le corresponde iniciar a sus hijos en el misterio de vida y amor que va inscrito desde el principio en la sexualidad, garantizar una valoraci\u00f3n positiva y natural de la misma, y fundamentar las actitudes b\u00e1sicas necesarias para su desarrollo en las etapas superiores (respeto, relaci\u00f3n afectuosa, ternura, colaboraci\u00f3n, reconocimiento, gratitud&#8230;).<\/p>\n<p>En la fase de latencia (7-10 a\u00f1os) el inter\u00e9s objetivo es muy intenso, concretamente por la anatom\u00ed\u00ada sexual. Adem\u00e1s de responder con verdad, alegr\u00ed\u00ada y sencillez a sus preguntas, los padres podr\u00e1n tomar la iniciativa para ofrecer al ni\u00f1o un buen bagaje de conocimientos y actitudes b\u00e1sicas que le preparen para la tormenta de la pubertad. En esta etapa es clave el tipo de relaci\u00f3n que establezcan con sus compa\u00f1eros, para cultivar las actitudes y experiencias de valoraci\u00f3n personal, colaboraci\u00f3n, respeto.<\/p>\n<p>b) Preadolescencia. Esta es una etapa crucial por la complejidad y trascendencia de los cambios que se operan en la persona. La evoluci\u00f3n sexual es evidente: genitalidad, transformaciones e impulsos biol\u00f3gicos, sentimientos afectivos desbordantes, interioridad, pregunta sobre la propia identidad, llamada a una nueva relaci\u00f3n con los dem\u00e1s, sentimientos de atracci\u00f3n personal y de amistad intensa&#8230; Aparece con fuerza la diferencia de sexos, con la curiosidad por lo que identifica al otro sexo.<\/p>\n<p>Los chicos y chicas de esta edad necesitan, ante todo, seguridad, confianza y cercan\u00ed\u00ada. Los padres y educadores se las ofrecer\u00e1n si crean un clima de naturalidad y comprensi\u00f3n, de claridad y de vigilante dedicaci\u00f3n. Es necesario ilustrar el cambio, informar, explicar su sentido y direcci\u00f3n en el todo de la persona y en su vocaci\u00f3n para el amor, en el marco de un plan educativo amplio, que contemple todas las necesidades educativas de esta edad10. Creemos que todo el complejo mundo que vive el preadolescente necesita percibirlo como una nueva y hermosa noticia que Dios le comunica en su propia experiencia: \u00ablo que te pasa lleva un mensaje: est\u00e1s llamado al amor, prep\u00e1rate para amar\u00bb. Naturalmente, hay que tener en cuenta los riesgos de desorientaci\u00f3n, sobre todo si no le llega la ayuda adecuada; riesgos que no hay que minimizar, pero que normalmente habr\u00e1 que desdramatizar y entender como compa\u00f1eros del aprendizaje.<\/p>\n<p>c) Adolescencia. Los impulsos fisiol\u00f3gicos y la intensidad emotiva son muy fuertes. La integraci\u00f3n, aun si es deseada, es dif\u00ed\u00adcil y est\u00e1 en sus primeros pasos; cada elemento quiere imponerse, y con m\u00e1s fuerza los instintivos y er\u00f3ticos. \u00abHay una incapacidad relativa y temporal para realizar una s\u00ed\u00adntesis entre sus tendencias, aunque son ya capaces de entrever lo que es una integraci\u00f3n feliz\u00bb11. Necesita ayuda para comprender el lugar de cada elemento en el conjunto de la sexualidad, y en el general de la persona: energ\u00ed\u00ada para llegar a ser persona madura, y a madurar por y en el amor. Ayudarle tambi\u00e9n a que encuentre sentido a los normales desajustes entre sus experiencias parciales, las llamadas imperiosas que percibe en su interior y su capacidad real de integraci\u00f3n y de s\u00ed\u00adntesis vital; integraci\u00f3n que ir\u00e1 creciendo mediante la reflexi\u00f3n sobre s\u00ed\u00ad mismo, la adquisici\u00f3n del necesario autodominio y la reafirmaci\u00f3n en la direcci\u00f3n tomada, despu\u00e9s de cada desacierto o fracaso. En todo ello es decisiva la estima que percibe hacia \u00e9l, y la consiguiente autoestima.<\/p>\n<p>Es el momento de descubrir la vida como vocaci\u00f3n: la general de toda persona y las formas concretas en las que aquella se realiza: matrimonio, virginidad, celibato; y de ayudarlos a plantearse la propia.<\/p>\n<p>En el proceso de maduraci\u00f3n afectivo-sexual suelen darse tres fases: autoer\u00f3tica, atracci\u00f3n homosexual leve y atracci\u00f3n heterosexual12. Es un proceso en el que tiene una decisiva importancia la experiencia de amistad, que necesita ser cultivada y aclarada para librarla de posibles fijaciones regresivas. La masturbaci\u00f3n merece una atenci\u00f3n especial, por la incidencia y la repercusi\u00f3n ps\u00ed\u00adquico-moral que puede tener en el adolescente: Teniendo en cuenta su valoraci\u00f3n moral ya indicada, aqu\u00ed\u00ad destacamos la necesidad de un enfoque de superaci\u00f3n din\u00e1mica, motivado desde la preparaci\u00f3n y el aprendizaje para el amor de donaci\u00f3n. La atracci\u00f3n homosexual leve, generalmente transitoria y explicada desde la din\u00e1mica del proceso evolutivo de la afectividad, se comprender\u00e1, sin juicio condenatorio, como un posible momento en el camino hacia el amor y como llamada honda a una vivencia de aut\u00e9ntica amistad. En ambos casos la preocupaci\u00f3n se centrar\u00e1 en evitar que conductas moment\u00e1neas y transitorias se conviertan en fijaciones regresivas y paralizantes.<\/p>\n<p>d) Juventud. En la juventud, normalmente, se va llegando a la estabilidad afectiva, desde la relaci\u00f3n de pareja y\/o la definici\u00f3n vocacional. Es la edad del amor intenso, vivido como totalidad y con horizonte de duraci\u00f3n ilimitada. Poco a poco va afianz\u00e1ndose lo que en el matrimonio ser\u00e1 un s\u00ed\u00ad, todo y para siempre, ante la otra persona. El noviazgo tambi\u00e9n precisa orientaci\u00f3n, respetuoso acompa\u00f1amiento y formaci\u00f3n en los grupos sobre la etapa misma de noviazgo y como preparaci\u00f3n para el matrimonio. A lo largo de la relaci\u00f3n afectiva, la pareja va aprendiendo y ejercit\u00e1ndose en el amor al que est\u00e1n llamados, aprendizaje hecho de comprobaciones, responsabilidad ante y con la otra persona, respeto, atenci\u00f3n y cuidado, crecimiento en la comunicaci\u00f3n y el compartir. Un aspecto importante es la formaci\u00f3n moral sobre las relaciones prematrimoniales, en el contexto de una relaci\u00f3n personal cada vez m\u00e1s profunda y comprometida y en la perspectiva del matrimonio, como marco genuino para la plena expresi\u00f3n del amor. La ternura y, en su conjunto, el lenguaje del cuerpo como mediaci\u00f3n configuradora del amor de pareja, es otro tema de especial importancia en esta etapa.<\/p>\n<p>e) Edad adulta. El matrimonio supone la integraci\u00f3n de todos los elementos de la sexualidad, en un crecimiento din\u00e1mico y continuo, puesto a prueba y fortalecido por las crisis y dificultades propias de la misma relaci\u00f3n de pareja, y por las que vienen de fuera. Cuerpo, coraz\u00f3n y esp\u00ed\u00adritu se integran, expresan y desarrollan desde el amor de donaci\u00f3n conyugal, hecho de amor en libertad y respeto mutuo, fidelidad y fecundidad, compromiso para el hoy y para el futuro.<\/p>\n<p>El crecimiento en la relaci\u00f3n de pareja va tomando formas espec\u00ed\u00adficas a lo largo de las distintas etapas de la vida del matrimonio. Los primeros a\u00f1os, los hijos peque\u00f1os, los hijos mayores, la soledad de la pareja y, en su caso, la viudedad. La comunidad cristiana ha de ofrecer ayudas y perspectivas de fe para cada una de estas etapas. En todas ellas la pareja est\u00e1 llamada a crecer (sin dejarse vencer por la rutina o la reducci\u00f3n de horizontes para su amor) en el amor oblativo, que busca el bien y la alegr\u00ed\u00ada del otro, mediante la donaci\u00f3n de uno mismo.<\/p>\n<p>El amor entre esposos cristianos est\u00e1 llamado a ser para ellos mismos una revelaci\u00f3n de Dios Amor, y un lugar de encuentro con \u00e9l. Y para los dem\u00e1s, un signo vivo del amor de Cristo a su Iglesia. Por propia din\u00e1mica, su amor va m\u00e1s all\u00e1 de ellos mismos: desde luego en los hijos, pero tambi\u00e9n en una apertura potenciada mutuamente como pareja, que les lleve al compromiso social y eclesial (dentro de los l\u00ed\u00admites que les permita su realidad familiar: hijos, discapacitados, familiares mayores&#8230;).<\/p>\n<p>En la etapa final de la vida, los ancianos tambi\u00e9n necesitan nuevas perspectivas para vivir su sexualidad personal. Envejeciendo juntos, la pareja goza de un amor, hecho de ternura y probado en la fidelidad y en el tiempo, que les ayuda a caminar unidos, seguros el uno en el otro, y a comunicarse sin apenas palabras. Cuando falta uno de los dos, el apoyo de la comunidad ha de ser a\u00fan mayor, pero la viudedad cristiana ofrece hermosos horizontes desde la fe en la resurrecci\u00f3n, y desde la seguridad de una presencia misteriosa que traspasa el espacio y el tiempo. Pero adem\u00e1s, muchas personas viudas encuentran otros modos de vitalizar su afectividad, en el compromiso con la comunidad, en voluntariados, en grupos de ayuda mutua, asociaciones&#8230; En todo caso, unos y otros tienen su lugar propio y activo, tanto en su propia familia como en la comunidad; lugar que los dem\u00e1s debemos descubrir, reconocer y potenciar. Ellos son especialmente capaces de amar con un amor gratuito y probado.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Cf CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA LA EDUCACI\u00ed\u201cN CAT\u00ed\u201cLICA, Orientaciones sobre el amor humano (11.12.1983); con el t\u00ed\u00adtulo Pautas de educaci\u00f3n sexual puede verse en Ecclesia 2155 (24-31.12.1983); CONGREGACI\u00ed\u201cN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Declaraci\u00f3n acerca de ciertas cuestiones de \u00e9tica sexual (CES) 1. &#8211; 2 Orientaciones sobre el amor humano 4-5. &#8211; 3. Tambi\u00e9n el CCE (357, 2332) ofrece una interpretaci\u00f3n relacional de esa iconalidad del ser humano creado por Dios. A estos textos del G\u00e9nesis retorna igualmente la carta de Juan Pablo II a las mujeres (29.6.1995) 7-8, L&#8217;Osservatore Romano, ed. esp. (14.7.1995). &#8211; 4. Cf M. MERLEAU-PONTY, Fenomenolog\u00ed\u00ada de la percepci\u00f3n, I, V, ED 62, Barcelona 19802, 171-190 (original franc\u00e9s de 1945). &#8211; 5 Orientaciones sobre el amor humano 4, donde se remite al documento Persona humana 1, publicado en 1975 por la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe. &#8211; 6. E. LEVINAS, Totalidad e infinito, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977, 225-228. &#8211; 7. O. CLEMENT, Sobre el hombre, Encuentro, Madrid 1983, 44. &#8211; 8. Orientaciones sobre el amor humano 22, donde se cita a Juan Pablo II en sus audiencias generales del 9 de enero y 20 de febrero en 1980: Insegnamenti di Giovanni Paolo II, 1980, III-I, 90 y 430. &#8211; 9. G. GATrI, Etica cristiana y educaci\u00f3n moral, CCS, Madrid 1988, 225. &#8211; 10 N. GALLI, Educaci\u00f3n sexual, en F. COMPAGNONI-G. PIANA-S. PRIVITERA (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, San Pablo, Madrid 1992, 533-534. Propone cinco criterios metodol\u00f3gicos para esta edad: verdad, adecuaci\u00f3n, oportunidad, integraci\u00f3n y serenidad. &#8211; 11 M. VAN CASTER, Dios nos habla III, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1968, 195. -12 N. GALLI, o.c., 534.<\/p>\n<p>BIBL.: AUER A., Sexualidad, en FRIES H., Conceptos fundamentales de la teolog\u00ed\u00ada IV, Cristiandad, Madrid 1979, 260-71; CAFARRA C., Etica general de la sexualidad, Eiunsa, Barcelona 1995; CASTER M. V., Dios nos habla III, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1968, 187-220; COMPAGNONI E-PIANA G.-PRIVITERA S. (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, San Pablo, Madrid 1992, especialmente AUTIERO A., Sexualidad, 1681-1697; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Con vosotros est\u00e1, Catecismo y gu\u00ed\u00ada doctrinal, SNC, Madrid 1976, temas 29 y 39; Esta es nuestra fe, Edice, Madrid 1986, 269-271; 324-328; CONSEJO PONTIFICIO PARA LA FAMILIA, Sexualidad humana: verdad y significado, Ecclesia 2803 (1996); CUYAS M., Antropolog\u00ed\u00ada sexual, PPC, Madrid 1991; DoMs H., Bisexualidad y matrimonio, en J. FEINER Y OTROS, Mysterium salutis 11\/2, Cristiandad, Madrid 1969, 795-841; FLORISTAS C.-TAMAYO J. J. (eds.), Conceptos fundamentales de pastoral, Cristiandad, Madrid 1983, 943-960; GATTI C., Etica cristiana y educaci\u00f3n moral, CCS, Madrid 1988; GIus E.-SALVANI A., Sexualidad, en F. DEMARCHI-A. ELLENA (dirs.), Diccionario de sociolog\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1986, 1515-1529; GOFFI T., Sexualidad, en S. DE FIORES-T. 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Para una moral de la sexualidad: 1. Rasgos caracter\u00ed\u00adsticos; 2. Horizonte \u00e9tico de la sexualidad como relaci\u00f3n. IV. Etica sexual cristiana: 1. Contenidos; 2. Especificidad. V. Orientaciones catequ\u00e9ticas generales: 1. Los condicionamientos; 2. Las convicciones &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/moral-sexual\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMORAL SEXUAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17030","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17030","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17030"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17030\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17030"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17030"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17030"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}