{"id":17034,"date":"2016-02-05T11:05:58","date_gmt":"2016-02-05T16:05:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/nuevas-sensibilidades-morales\/"},"modified":"2016-02-05T11:05:58","modified_gmt":"2016-02-05T16:05:58","slug":"nuevas-sensibilidades-morales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/nuevas-sensibilidades-morales\/","title":{"rendered":"NUEVAS SENSIBILIDADES MORALES"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El despertar de una \u00e9tica civil. II. La sensibilidad por los derechos humanos. III. El aprecio por la ecolog\u00ed\u00ada. IV. El deseo de la paz. V. La fuerza del voluntariado. Conclusi\u00f3n: a la Iglesia nadie deber\u00ed\u00ada ganarla en humanidad.<\/p>\n<p>D\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada, en nuestra moderna sociedad surgen nuevas sensibilidades morales, nuevos valores \u00e9ticos. Es verdad que todav\u00ed\u00ada nuestro mundo es terriblemente injusto en muchos aspectos. El abismo, por ejemplo, entre los pa\u00ed\u00adses ricos y pobres es cada vez mayor. Situaci\u00f3n esta que representa una amenaza creciente para la paz a que aspira la humanidad.<\/p>\n<p>Hay que introducir en la cultura moderna y en la convivencia social valores, actitudes y comportamientos que nos hagan m\u00e1s humanos. Los problemas que acucian a nuestro mundo son responsabilidad de todos y las soluciones han de buscarse tambi\u00e9n entre todos. Atreverse a pensar desde las balsas de los n\u00e1ufragos es uno de los desaf\u00ed\u00ados de nuestro final de milenio. Es la llamada urgente para ser constructores de la paz desde la justicia. Sin olvidar, como recuerda Juan Pablo II, que \u00ablas culturas, cuando est\u00e1n profundamente enraizadas en lo humano, llevan consigo el testimonio de la apertura t\u00ed\u00adpica del hombre a lo universal y a la trascendencia\u00bb (FR 70).<\/p>\n<p>La catequesis no puede ser abstracta. Debe interesarse y preocuparse por los problemas que afectan a la humanidad. El nuevo Directorio general para la catequesis es muy claro al respecto: \u00abComo madre de los hombres, lo primero que ve la Iglesia, con profundo dolor, es una multitud ingente de hombres y mujeres: ni\u00f1os, adultos y ancianos, en una palabra, de personas humanas concretas e irrepetibies, que sufren el peso intolerable de la miseria. Ella, por medio de una catequesis, en la que la ense\u00f1anza social de la Iglesia ocupe su puesto, desea suscitar en el coraz\u00f3n de los cristianos el compromiso por la justicia y la opci\u00f3n o amor preferencial por los pobres, de forma que su presencia sea realmente luz que ilumine y sal que transforme\u00bb (DGC 17).<\/p>\n<p>Gracias a la fuerza misteriosa del Esp\u00ed\u00adritu que anima el coraz\u00f3n de los hombres, surgen en nuestra sociedad nuevas sensibilidades morales, nuevos valores \u00e9ticos que constituyen una esperanza prometedora para el futuro de la humanidad. No todo es negativo en nuestro mundo. La revalorizaci\u00f3n de la \u00e9tica es uno de los aspectos m\u00e1s positivos de la hora actual. Son muchos, gracias a Dios, los que hoy piensan que una sociedad sin valores \u00e9ticos, sin sensibilidad moral, queda sometida a la tiran\u00ed\u00ada de lo f\u00e1ctico, donde las palabras justicia, solidaridad y humanidad no cuentan.<\/p>\n<p>Entre las nuevas sensibilidades morales que se detectan en nuestro mundo, destacar\u00ed\u00ada las siguientes: el despertar de una \u00e9tica civil, la sensibilidad por los derechos humanos, la valoraci\u00f3n de la ecolog\u00ed\u00ada, el deseo de la paz y la fuerza del voluntariado.<\/p>\n<p>I. El despertar de una \u00e9tica civil<br \/>\nPrecisamente porque existe un gran vac\u00ed\u00ado \u00e9tico en nuestra sociedad, crece la estima por una aut\u00e9ntica \u00e9tica civil. Va en aumento el deseo de promocionar los valores \u00e9ticos en los pa\u00ed\u00adses democr\u00e1ticos. Son muchos hoy los que piensan que, sin valores \u00e9ticos, Europa ser\u00e1 un continente de mercaderes y un simple entramado de contrataci\u00f3n de negocios, y donde hab\u00ed\u00ada antes un tel\u00f3n de acero, se levantar\u00e1 un muro de insolidaridad. Y Espa\u00f1a se convertir\u00e1 en una mera sucursal econ\u00f3mica de Bruselas y en un atractivo balneario para los europeos del norte que van en busca de sol y playas cuando llegan los meses de verano. Sin una \u00e9tica civil consolidada, f\u00e1cilmente aparece la corrupci\u00f3n econ\u00f3mica, y esta rompe el tejido pol\u00ed\u00adtico y social del pueblo, rebaja la dignidad humana y deja sin puntos claros de referencia la conciencia y la conducta de las personas. Sin \u00e9tica civil, el tener es m\u00e1s importante que el ser, la cantidad predomina sobre la calidad y el enriquecimiento f\u00e1cil y sin escr\u00fapulos se convierte en norma generalizada de conducta. Sin \u00e9tica civil se degrada muy r\u00e1pidamente la conciencia ciudadana, queda bloqueada la comunicaci\u00f3n interpersonal y un pueblo carente de ella se encamina a pasos agigantados hacia la barbarie.<\/p>\n<p>La \u00e9tica civil o ciudadana es un conjunto consensuado de valores \u00e9ticos elementales. La \u00e9tica civil m\u00e1s que una noci\u00f3n filos\u00f3fica es un determinado proyecto moral de la sociedad pluralista y democr\u00e1tica. Es el m\u00ed\u00adnimo moral com\u00fan de una sociedad secular y plural. Es la garant\u00ed\u00ada unificadora y autentificadora de la diversidad de proyectos \u00e9ticos que puede presentar una sociedad democr\u00e1tica. Es, en definitiva, un proyecto unificador y convergente de valores morales b\u00e1sicos, en el cual puedan encontrarse creyentes y no creyentes, y personas de distintas ideolog\u00ed\u00adas, con vistas a fortalecer la democracia participativa. Se trata de aplicar a la vida el imperativo categ\u00f3rico kantiano: \u00abHay que hacer el bien y se ha de evitar el mal\u00bb.<\/p>\n<p>a) Funciones globales b\u00e1sicas de la \u00e9tica civil: 1) Mantener el aliento \u00e9tico (la capacidad de protesta y de utop\u00ed\u00ada) dentro de la sociedad y de la civilizaci\u00f3n, en las que cada vez imperan m\u00e1s las razones instrumentales y decrecen las preguntas sobre los fines y los significados \u00faltimos de la existencia humana; 2) unir a los diferentes grupos y a las distintas opciones creando un terreno de juego neutral a fin de que, dentro del necesario pluralismo, todos colaboren para elevar la sociedad hacia cotas cada vez m\u00e1s altas de humanizaci\u00f3n; 3) desacreditar \u00e9ticamente a aquellos grupos y proyectos que no respeten el m\u00ed\u00adnimo moral com\u00fan postulado por la conciencia \u00e9tica general.<\/p>\n<p>La \u00e9tica civil es a la vez causa y efecto, agente y signo de la no confesionalidad, del pluralismo y de la racionalidad \u00e9tica de la vida social1.<\/p>\n<p>Elevar la sociedad hacia cotas cada vez m\u00e1s altas de humanizaci\u00f3n deber\u00ed\u00ada ser el gran objetivo de la \u00e9tica civil. En el campo de la \u00e9tica civil pueden y deben colaborar todas aquellas personas que de verdad quieran una sociedad m\u00e1s humana. El aut\u00e9ntico humanismo es la cancha com\u00fan en la que todos los que apreciamos la democracia podemos colaborar. Ah\u00ed\u00ad hay sitio para todos los dem\u00f3cratas. Nadie sobra. Y cada uno de ellos puede aportar su valioso grano de arena. Esta \u00e9tica civil es b\u00e1sica para asegurar la dignidad de todos los hombres y conseguir un clima de respeto mutuo, de comprensi\u00f3n, de tolerancia y de solidaridad, que reforzar\u00e1 el tejido social y dar\u00e1 mayor consistencia y seguridad a la democracia2.<\/p>\n<p>El cristianismo considera posible una \u00e9tica civil, \u00abque no sea subjetivista ni utilitarista\u00bb (FR 98), y desea encontrar la base \u00e9tica de una sociedad pluralista. Los cristianos son capaces y tienen voluntad de cooperar con los no creyentes en el desarrollo y perfeccionamiento de la sociedad. Y han entrado lealmente en el di\u00e1logo \u00e9tico que se ha iniciado, sin reclamar primac\u00ed\u00ada alguna, sin tratar de imponer a los dem\u00e1s sus propias conclusiones, sabiendo que tienen una oferta muy v\u00e1lida, tambi\u00e9n en el orden puramente humano, para encontrar lo que tan afanosamente se est\u00e1 buscando: un aut\u00e9ntico rearme moral de la sociedad. La inmensa mayor\u00ed\u00ada de los cristianos comprometidos, adem\u00e1s, est\u00e1 convencida de que la \u00e9tica civil es una oportunidad magn\u00ed\u00adfica para que la moral cristiana se acredite, incluso ante los no creyentes.<\/p>\n<p>Hoy la \u00e9tica civil o ciudadana constituye, sin duda, el horizonte com\u00fan para todas las personas conscientes y responsables, y puede facilitar el di\u00e1logo entre todos, ya que \u00abimplica y presupone una antropolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica y una metaf\u00ed\u00adsica del bien\u00bb (FR 98).<\/p>\n<p>\u00abCuando la Iglesia defiende los valores \u00e9ticos desde la fe, reconociendo el pluralismo de la sociedad democr\u00e1tica, est\u00e1 haciendo una labor muy positiva. Acepta, por una parte, los valores de la convivencia, del respeto mutuo, del pluralismo, de la tolerancia y de la solidaridad, cerrando el paso a cualquier intento de monopolio \u00e9tico en la existencia humana. El cristianismo debe presentar lealmente su propia oferta, pero respetando la de los dem\u00e1s. Debe abrir horizontes de trascendencia que fortalecen los deberes morales, siempre ofreciendo, sin imponer, invitando sin coaccionar, presentando la utop\u00ed\u00ada de la moral evang\u00e9lica, sabiendo que esta no puede conseguirse plenamente en la tierra, pero invitando a todos a mirar a las estrellas. El cristianismo, efectivamente, tiene algo y aun mucho que decir y que hacer en este momento dif\u00ed\u00adcil de la humanidad\u00bb3.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l ser\u00ed\u00ada el dec\u00e1logo b\u00e1sico de \u00e9tica civil con el que pudiesen estar de acuerdo creyentes y no creyentes y personas de diversa ideolog\u00ed\u00ada social y pol\u00ed\u00adtica, en vistas a construir, en un \u00e1mbito democr\u00e1tico, una sociedad m\u00e1s justa y humana? Me atrevo, movido por la utop\u00ed\u00ada, y gracias al despertar de nuevas sensibilidades morales en la sociedad de hoy, a presentar el siguiente: 1) Buscar por encima de todo la verdad. Que lo que pensamos y expresamos guarde siempre coherencia con la realidad. O dicho en negativo: rechazar la mentira y la falsedad. 2) Practicar lo que es justo. Reconocer y respetar los derechos de los dem\u00e1s, mediante el ejercicio consecuente de nuestros deberes. 3) Comportarse solidariamente, es decir, ofrecer acogida a quien acuda a nosotros en busca de ayuda. 4) Asumir y valorar la libertad propia y la de los otros. La libertad es la facultad m\u00e1s grande de la persona humana. 5) Admitir de buen grado eI sano pluralismo y tener un talante tolerante y respetuoso hacia los dem\u00e1s. 6) Practicar el di\u00e1logo (decir lo justo en el momento m\u00e1s oportuno y escuchar con inter\u00e9s las razones del otro) y la comunicaci\u00f3n, a fin de madurar como personas y enriquecernos humanamente. 7) Asumir y defender el principio de subsidiariedad, que consiste en saber respetar la autonom\u00ed\u00ada efectiva de las personas y de los grupos peque\u00f1os y medianos respecto al Estado. 8) Trabajar por el bien com\u00fan, es decir, ser capaces de crear el conjunto de condiciones humanas, sociales, econ\u00f3micas, pol\u00ed\u00adticas y morales que facilitan el desarrollo integral de toda la persona y de todas las personas de la comunidad. 9) Construir la paz sobre el s\u00f3lido fundamento de la justicia, de la verdad y de la libertad y siempre con medios pac\u00ed\u00adficos. 10) No dejar morir la utop\u00ed\u00ada de una sociedad m\u00e1s justa, solidaria y humana. Ser plenamente conscientes de que, ante el derrumbamiento del colectivismo marxista, el ideal no puede consistir en el triunfo del neocapitalismo salvaje.<\/p>\n<p>Creo que sobre este dec\u00e1logo ser\u00ed\u00ada posible encontrar un amplio consenso. El problema radica en el diverso significado que se da a las palabras. Empleamos, a veces, los mismos vocablos, pero no les atribuimos el mismo significado. Y esta dificultad socioling\u00fc\u00ed\u00adstica -que es m\u00e1s bien una dificultad psicol\u00f3gica profunda- representa una grave dificultad a la hora de construir una \u00e9tica civil s\u00f3lida4.<\/p>\n<p>II. La sensibilidad por los derechos humanos<br \/>\nLa sensibilidad por la dignidad humana va en aumento y son muchos los que piensan que todav\u00ed\u00ada debe crecer m\u00e1s. Hasta algunos hablan de la dignidad humana como de una revoluci\u00f3n pendiente. A lo largo de la historia ha habido revoluciones importantes para la consecuci\u00f3n de la libertad y de la justicia. Exitos y fracasos, esperanzas y decepciones han acompa\u00f1ado a las mismas. Lo que ciertamente queda por hacer es la revoluci\u00f3n de la dignidad humana: una revoluci\u00f3n que sepa unir libertad y justicia, que respete los derechos del hombre y que busque y consiga sobre todo la dignidad humana.<\/p>\n<p>Si no se respeta la dignidad humana, las revoluciones siempre se hacen a costa de alguien, y cuando alguien queda lesionado en sus leg\u00ed\u00adtimos derechos, la revoluci\u00f3n, a la larga, fracasa. La revoluci\u00f3n de la dignidad humana la har\u00e1n aquellos hombres y mujeres que crean en la libertad y la justicia y, con medios pac\u00ed\u00adficos, est\u00e9n dispuestos a sacrificarse a s\u00ed\u00ad mismos por este noble ideal.<\/p>\n<p>Lo que hoy necesita nuestro mundo es una revoluci\u00f3n de la dignidad humana, donde la \u00e9tica prevalezca sobre la t\u00e9cnica, donde la cultura del ser vaya por delante de la cultura del tener, donde el compartir no quede ahogado por el acaparar, donde las personas tengan dignidad y no precio, donde la solidaridad predomine sobre los ego\u00ed\u00adsmos individuales y de grupo, donde la paz estable y firme sea el fruto maduro de la justicia. Esta revoluci\u00f3n la deber\u00ed\u00adan hacer diariamente todas aquellas personas que creen sinceramente en la dignidad humana.<\/p>\n<p>El Directorio general para la catequesis aborda con gran precisi\u00f3n y valent\u00ed\u00ada el tema de los derechos humanos al afirmar: \u00abLa Iglesia, al analizar el campo del mundo, es muy sensible a todo lo que afecta a la dignidad de la persona humana. Ella sabe que de esta dignidad brotan los derechos humanos, objeto constante de la preocupaci\u00f3n y del compromiso de los cristianos. Por eso su mirada no se interesa s\u00f3lo por los indicadores econ\u00f3micos y sociales, sino tambi\u00e9n por los culturales y religiosos. Lo que ella busca es el desarrollo integral de las personas y de los pueblos.<\/p>\n<p>La Iglesia advierte con gozo que una beneficiosa corriente atraviesa y penetra ya todos los pueblos de la tierra, cada vez m\u00e1s conscientes de la dignidad del hombre. Esta conciencia se expresa en la viva solicitud por el respeto a los derechos humanos y el m\u00e1s decidido rechazo a sus violaciones. El derecho a la vida, al trabajo, a la educaci\u00f3n, a la creaci\u00f3n de una familia, a la participaci\u00f3n en la vida p\u00fablica, a la libertad religiosa son, hoy, especialmente reclamados.<\/p>\n<p>Sin embargo, en bastantes lugares, y en aparente contradicci\u00f3n con la sensibilidad por la dignidad de la persona, los derechos humanos son claramente violados. Y as\u00ed\u00ad se generan, en esos lugares, otras formas de pobreza, que no se sit\u00faan s\u00f3lo en el plano material: se trata de una pobreza cultural y religiosa que preocupa, igualmente, a la comunidad eclesial. La negaci\u00f3n o limitaci\u00f3n de los derechos humanos, en efecto, empobrece a la persona y a los pueblos igual o m\u00e1s que la privaci\u00f3n de los bienes materiales.<\/p>\n<p>La obra evangelizadora de la Iglesia tiene, en este vasto campo de los derechos humanos, una tarea irrenunciable: manifestar la dignidad inviolable de toda persona humana. En cierto sentido es la tarea central y unificante del servicio que la Iglesia, y en ella los fieles laicos, est\u00e1n llamados a prestar a la familia humana. La catequesis ha de prepararles para esa tarea\u00bb (DGC 18-19).<\/p>\n<p>Los derechos humanos pertenecen a toda persona por el simple hecho de serlo. Son derechos naturales fundamentales, anteriores y superiores al Estado. Nadie los otorga ni los concede, lo \u00fanico posible es reconocerlos y ampararlos. Precisamente el Estado adquiere legitimidad en cuanto es garante, defensor y realizador de tales derechos.<\/p>\n<p>El fundamento de la sociedad humana es el respeto a la persona. Y el principio b\u00e1sico de la dignidad humana es el leitmotiv (el hilo conductor) de toda la doctrina social de la Iglesia, desde la Rerum novarum de Le\u00f3n XIII (1891) hasta la Centesimus annus de Juan Pablo II (1991). Cuando no se respetan los derechos fundamentales de la persona humana, los pueblos se envilecen progresivamente, porque fallan en lo fundamental.<\/p>\n<p>La persona debe ser siempre respetada porque es un fin en s\u00ed\u00ad misma. Nunca puede ser empleada o manipulada como un medio. Las dictaduras que as\u00ed\u00ad lo han hecho han producido innumerables v\u00ed\u00adctimas, pero tarde o temprano han ca\u00ed\u00addo estrepitosamente.<\/p>\n<p>S\u00f3lo cuando la persona humana es respetada se puede construir una sociedad justa y solidaria. La persona con todos los derechos y deberes es el centro y fundamento de dicha sociedad.<\/p>\n<p>La Iglesia, experta en humanidad, a trav\u00e9s de su doctrina social, proclama con fuerza este fundamental principio de \u00e9tica cristiana: la persona es sagrada porque ha sido creada a imagen de Dios; consecuentemente, debe ser siempre respetada, y todo cuanto atenta contra su vida y dignidad debe ser rechazado. Coherente con este principio, la Iglesia se ha esforzado siempre, a lo largo de su historia, por ser humana y humanizadora. Y cuando han fallado los hombres que la formaban, y no lo ha sido, ha tenido que convertirse y cambiar radicalmente de rumbo.<\/p>\n<p>La Iglesia debe siempre evangelizar humanizando y humanizar evangelizando. La buena noticia que Jes\u00fas nos proclam\u00f3 -su evangelio- es esencialmente humana y humanizadora, dadora de sentido y de salvaci\u00f3n. Sin el reconocimiento expl\u00ed\u00adcito de los derechos humanos, la Iglesia no ser\u00ed\u00ada la Iglesia del Dios encarnado que, al divinizar al hombre, ha fortalecido y sublimado sus derechos y su dignidad personal.<\/p>\n<p>Los derechos fundamentales de la persona -su pleno reconocimiento, su expl\u00ed\u00adcita promoci\u00f3n y su coherente vivencia- son de una gran importancia para la Iglesia. En el campo de los derechos humanos se juega la dignidad humana, y esta es sagrada porque el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.<\/p>\n<p>La Iglesia de Jes\u00fas, que es la Iglesia del Dios encarnado que ha sublimado al hombre asumiendo su misma humanidad, debe ser una defensora inquebrantable de los derechos humanos y debe colaborar con todas aquellas instituciones civiles dispuestas a defenderlos y promocionarlos en la vida privada y p\u00fablica.<\/p>\n<p>En el campo de los derechos humanos, la Iglesia no puede ser reticente ni permanecer al margen de su defensa y promoci\u00f3n. En el cumplimiento de su misi\u00f3n evangelizadora, la Iglesia debe estar al servicio de la liberaci\u00f3n integral del hombre cuyos derechos fundamentales son inviolables. La Iglesia debe reconocer y propiciar en todo momento la dignidad de la persona humana y sus leg\u00ed\u00adtimos derechos, que el hombre ha recibido del Creador. Es verdad que la Iglesia no puede reducir su misi\u00f3n evangelizadora a un simple humanismo (ser\u00ed\u00ada quitarle su originalidad), pero el camino de la Iglesia pasa necesariamente por el hombre; lo ha afirmado repetidamente Juan Pablo II.<\/p>\n<p>Finalmente, conviene recordar que derechos y deberes son dos realidades inseparables. Este sabio y sugerente texto de Mahatma Gandhi lo deja claramente de manifiesto: \u00abLa verdadera fuente de los derechos es el deber. Si todos cumplimos con nuestros deberes, ser\u00e1 f\u00e1cil hacer que se respeten nuestros derechos. Pero si al mismo tiempo que descuidamos nuestros deberes, reivindicamos nuestros derechos, estos se nos ir\u00e1n de las manos, y a la manera del fuego fatuo, cuanto m\u00e1s los persigamos, m\u00e1s lejos los veremos de nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Es muy estrecha la uni\u00f3n existente entre derechos y deberes: son como las dos caras complementarias del comportamiento \u00e9tico. El respeto por los derechos implica el cumplimiento de las obligaciones. Si cumplimos con nuestros deberes, autom\u00e1ticamente satisfacemos los derechos de los otros. Esta es una idea que debe guiarnos siempre en nuestra actuaci\u00f3n ciudadana. Muchos problemas sociales podr\u00ed\u00adan solucionarse si las personas se preguntaran antes por sus obligaciones que por sus derechos. Generalmente solemos empezar al rev\u00e9s: primero reivindicamos nuestros derechos y en las obligaciones o deberes ni pensamos. Si queremos ser constructores de una sociedad m\u00e1s justa, solidaria y humana, sin olvidar nuestros derechos inalienables ni abdicar de ellos, pensemos principalmente en nuestros deberes y procuremos cumplirlos. La armon\u00ed\u00ada social, la paz ciudadana, ser\u00e1 siempre el resultado de la correcta interrelaci\u00f3n entre deberes y derechos.<\/p>\n<p>Suele decirse: \u00abDefendemos rabiosamente nuestros derechos pero faltamos miserablemente a nuestros deberes\u00bb. Es esta, por desgracia, una verdad constatable diariamente. Todos, sin excepci\u00f3n, mostramos una gran sensibilidad por la defensa de nuestros derechos, pero no pocas veces olvidamos nuestros deberes.<\/p>\n<p>Derechos y deberes son t\u00e9rminos correlativos e inseparables. A todo derecho corresponde un deber y a todo deber un derecho. Cuando reclamamos un derecho a alguien, es porque a este le corresponde una obligaci\u00f3n para con nosotros. Y todos somos sujetos de derechos y deberes. Invocar s\u00f3lo derechos es el colmo del ego\u00ed\u00adsmo y del desorden social. Busquemos el justo equilibrio entre derechos y deberes y contribuiremos decididamente a la construcci\u00f3n del bien com\u00fan que es aquel conjunto de condiciones humanas, socioecon\u00f3micas, pol\u00ed\u00adticas y morales que hacen posible el pleno desarrollo de toda la persona y de todas las personas de una comunidad. En la perfecta armon\u00ed\u00ada entre derechos demandados y deberes cumplidos radica la paz. No puede haber paz si exigimos con fuerza nuestros derechos personales y ciudadanos, pero somos incapaces de cumplir con nuestras obligaciones5.<\/p>\n<p>III. El aprecio por la ecolog\u00ed\u00ada<br \/>\nHoy la ecolog\u00ed\u00ada est\u00e1 en alza precisamente porque en ella vemos la tabla de salvaci\u00f3n ante los m\u00faltiples y graves desequilibrios que padece nuestro planeta. El problema no es nuevo. Ya el dramaturgo ruso Ant\u00f3n P\u00e1vlovich Ch\u00e9jov, a finales del siglo diecinueve, hablaba en su obra El t\u00ed\u00ado Vania de la problem\u00e1tica ecol\u00f3gica con estos t\u00e9rminos: \u00abEl hombre ha sido dotado de raz\u00f3n, del poder de crear, de forma que pueda acrecentar lo que se le ha dado. Pero hasta ahora no ha sido un creador, s\u00f3lo un destructor. Los bosques est\u00e1n desapareciendo, los r\u00ed\u00ados se agotan, la vida salvaje se extingue, el clima est\u00e1 arruinado y la tierra se vuelve cada vez m\u00e1s pobre y m\u00e1s fea\u00bb. En este interesante texto de Ch\u00e9jov encontramos una l\u00facida descripci\u00f3n de lo que est\u00e1 sucediendo hoy en el planeta. Si no ponemos remedio urgente a los graves problemas del medio que el mundo entero tiene planteados, este ser\u00e1 cada vez m\u00e1s inhabitable.<\/p>\n<p>Estamos viviendo m\u00e1s all\u00e1 de nuestros recursos. Hemos desarrollado un estilo de vida que est\u00e1 agotando las maravillosas e irremplazables riquezas de la tierra, sin pensar en el futuro de las generaciones venideras. Si la humanidad entera y, sobre todo, los gobiernos democr\u00e1ticos que la representan no hacen un gran esfuerzo imaginativo en materia ecol\u00f3gica, la tierra se nos romper\u00e1 entre las manos y nosotros, sin duda, seremos las primeras v\u00ed\u00adctimas.<\/p>\n<p>Ante una tierra que se nos vuelve cada vez m\u00e1s pobre y m\u00e1s fea, debemos reaccionar en\u00e9rgicamente, sobre todo los cristianos, que reconocemos en la creaci\u00f3n el gran regalo que Dios hizo a los hombres. Ojal\u00e1 no fuera verdad la segunda parte de esta frase de Rousseau: \u00abTodo es bueno cuando sale de las manos del creador. Todo degenera en las manos del hombre\u00bb.<\/p>\n<p>El lema tradicional del movimiento ecologista es este: \u00abPiensa globalmente, act\u00faa localmente\u00bb. Lo considero un lema realista y muy acertado. Su significado es el siguiente: son necesarios los estudios, los diagn\u00f3sticos de los problemas ecol\u00f3gicos, los principios globales a tener en cuenta, pero a su vez se hacen necesarias las actuaciones concretas, cotidianas, locales. La conducta de cada d\u00ed\u00ada ha de estar luego en coherencia con dichos estudios, diagn\u00f3sticos y principios. De lo contrario convertimos a la ecolog\u00ed\u00ada en un puro folclore y, consecuentemente, pierde credibilidad.<\/p>\n<p>Si somos conscientes del grave problema del agua, cuesti\u00f3n ecol\u00f3gica de primer\u00ed\u00adsima importancia, pensemos que tomar un relajante ba\u00f1o supone gastar unos 200 litros de agua, mientras que para una estimulante ducha son suficientes 30 litros. Y otro detalle: un grifo que no cierra bien y pierde 10 gotas por minuto significa al cabo del a\u00f1o 2.000 litros de agua.<\/p>\n<p>Si hasta hoy nuestra actitud acerca del agua ha sido de derroche, cambi\u00e9mosla radicalmente. Modificar conductas que parecen insignificantes puede desencadenar cambios muy importantes, tanto por sus consecuencias como por los efectos de concienciaci\u00f3n que pueden tener.<\/p>\n<p>Ante los graves problemas ecol\u00f3gicos que sufre nuestro mundo, creo que ser\u00ed\u00ada conveniente recordar que este planeta es de todos, es patrimonio com\u00fan de la humanidad. Todos los seres humanos tenemos respecto de \u00e9l los mismos derechos y deberes. Ning\u00fan pueblo de la tierra, por muy poderoso e influyente que sea en la esfera internacional, puede pretender tener prerrogativa alguna sobre \u00e9l. Adem\u00e1s, este planeta es el \u00fanico que tenemos. No hay otro de reserva. Si lo estropeamos, nos quedamos sin recambio.<\/p>\n<p>Cuidar la tierra con mimo, mantenerla limpia, reservar y administrar mejor sus recursos no es un hobby, sino un grave deber moral que nos ata\u00f1e a todos por igual. Un escritor sudamericano, con finura po\u00e9tica, expresaba la misma idea con estas palabras: \u00abNo quiero flores en mi tumba para que no las arranqu\u00e9is de la selva\u00bb.<\/p>\n<p>Corremos el grave peligro de que el desarrollo econ\u00f3mico y el progreso cient\u00ed\u00adfico-t\u00e9cnico devoren irremisiblemente nuestro planeta. Ser\u00ed\u00ada una paradoja terrible: lo que deb\u00ed\u00ada hacernos crecer y madurar nos ha hundido. Adoptemos ante nuestro planeta la actitud de administradores sabios y prudentes y no la de expoliadores que con su progreso se comen su propia existencia. La ecolog\u00ed\u00ada es, en definitiva, una cuesti\u00f3n de sensatez y de sabia y prudente administraci\u00f3n de los recursos naturales que Dios nos ha regalado. Ecolog\u00ed\u00ada no es antiprogreso, sino progreso realizado con inteligencia y moderaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Tengamos muy presente este imperativo ecol\u00f3gico formulado por Hans Jonas: \u00abAct\u00faa de tal manera que los efectos de tu actuaci\u00f3n sean compatibles con la permanencia de la aut\u00e9ntica vida humana sobre la tierra; dicho en negativo: act\u00faa de tal manera que los efectos de tu actuaci\u00f3n no sean destructivos para las posibilidades futuras de esa vida; o sencillamente: no da\u00f1es las condiciones necesarias para la permanencia indefinida de la humanidad en la tierra; y, empleando de nuevo una formulaci\u00f3n positiva: incluye en tus opciones presentes la integridad futura del ser humano como objeto paralelo de tu volici\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>El crecimiento t\u00e9cnico lo ha pagado la naturaleza. Ah\u00ed\u00ad radica todo el problema ecol\u00f3gico que padecemos. El crecimiento t\u00e9cnico ha sido cuantitativamente desmesurado y cualitativamente deficiente; ello ha acarreado una destrucci\u00f3n progresiva de la naturaleza.<\/p>\n<p>Al crecimiento econ\u00f3mico y t\u00e9cnico no le ha correspondido id\u00e9ntico progreso humano y social. La grave crisis del medio que estamos padeciendo se debe precisamente al desequilibrio entre estos dos factores. Sin un crecimiento econ\u00f3mico y t\u00e9cnico m\u00e1s racional, nuestro sistema cultural no recobrar\u00e1 su equilibrio. Por una parte, necesitamos del crecimiento econ\u00f3mico y t\u00e9cnico para que puedan subsistir en el mundo miles de millones de seres humanos; y por otra, si este crecimiento no es el adecuado, podemos terminar con los recursos naturales y agr\u00ed\u00adcolas que se necesitan para que estas ingentes masas humanas puedan comer.<\/p>\n<p>En el tema de la ecolog\u00ed\u00ada se dan muchas contradicciones y paradojas. A veces resulta muy f\u00e1cil ser ecologistas de boquilla y a la hora de cuidar lo que de verdad depende de nosotros somos un desastre. La verdadera ecolog\u00ed\u00ada empieza por la coherencia con nuestros comportamientos para con el medio natural que nos rodea. Resulta f\u00e1cil proclamarse ecologista y apuntarse a todas las iniciativas m\u00e1s espectaculares de este movimiento social, hoy d\u00ed\u00ada, por cierto, muy necesario. Lo que ya no es tan f\u00e1cil es vivir ecol\u00f3gicamente, cuidar debidamente lo que depende de nosotros, vivir con un estilo sobrio que respete el medio ambiente. No olvidemos que las lacras ecol\u00f3gicas de nuestra sociedad son producto de la desmesura y de la avidez humanas. Usemos de las cosas sin abusar de ellas, utilic\u00e9moslas de manera solidaria y no ego\u00ed\u00adsta, mirando no s\u00f3lo el disfrute inmediato, sino tambi\u00e9n el futuro. La ecolog\u00ed\u00ada no debe ser ante todo una moda, sino un amor sincero hacia la naturaleza.<\/p>\n<p>Los cristianos debemos hacer una opci\u00f3n decidida por la ecolog\u00ed\u00ada, por la defensa y promoci\u00f3n de la naturaleza: es esta, sin duda, una nueva sensibilidad moral. Estamos llamados a ser colaboradores de Dios en la gran obra de la creaci\u00f3n6.<\/p>\n<p>IV. El deseo de la paz<br \/>\nEl deseo de la paz es uno de los m\u00e1s sentidos y sinceros. Es, sin duda, el deseo de paz una nueva sensibilidad moral que, d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada, va haciendo cada vez m\u00e1s adeptos en todas las partes del mundo. Pero la paz puede quedar reducida a nada, a un mero artificio, y hasta puede ser manipulada, si simplemente la evocamos, sin construirla d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada; si repetimos rutinariamente la palabra, sin ofrecerle contenido; si nos sirve de opio, para que todo contin\u00fae igual; si la proclamamos como palabra sagrada, pero seguimos olvidando o profanando sus presupuestos, que son la verdad, la justicia, la libertad y la fraternidad; si nos parapetamos en ella, para no perder privilegios injustamente acumulados. \u00c2\u00a1Pocas palabras tan manipuladas como la palabra paz!<br \/>\nLa paz, entendida como una simple ausencia de la guerra, es una caricatura de la paz. La paz, como sin\u00f3nimo de tranquilidad en un orden socioecon\u00f3mico injusto, es una falsa paz que cualquier d\u00ed\u00ada puede derivar en violencia. La paz es el resultado de un orden justo y no la premisa. La paz no es obsesi\u00f3n por la salvaguarda de los propios derechos, sino respeto profundo y sincero por los derechos ajenos. La paz no es fruto de la cultura del tener sino de la cultura del ser, porque \u00abla avaricia y la paz -como ha escrito Erich Fromm- se excluyen mutuamente\u00bb.<\/p>\n<p>Paz. Que esta palabra tan noble, y a la vez tan enraizada en la Biblia, en los mensajes de los \u00faltimos papas y en el coraz\u00f3n de tantos millones de personas de buena voluntad, recupere su credibilidad mediante el ejercicio constante de las condiciones que la pueden hacer posible: la verdad, la justicia, la libertad y la fraternidad.<\/p>\n<p>La guerra y la paz, el mal y el bien los llevamos dentro. El coraz\u00f3n del hombre es la sede de la guerra y de la paz. Las personas transformadas, convertidas son las que colaboran m\u00e1s eficazmente en la transformaci\u00f3n de la sociedad y, consecuentemente, en la construcci\u00f3n de la paz. P\u00ed\u00ado XI, en un discurso pronunciado el 24 de diciembre de 1930, afirmaba: \u00abNo puede haber verdadera paz externa entre los hombres y entre los pueblos donde no hay paz interna, o sea, donde el esp\u00ed\u00adritu de paz no se ha posesionado de las inteligencias y de los corazones\u00bb. Y Juan XXIII en su famosa enc\u00ed\u00adclica Pacem in terris, de 1963, escrib\u00ed\u00ada: \u00abLa paz no puede darse en la sociedad humana si primero no se da en el interior de cada hombre\u00bb (PT 165).<\/p>\n<p>M\u00e1s recientemente, Juan Pablo II, con motivo de la Jornada mundial de la paz de 1984, titulaba su mensaje: La paz nace de un coraz\u00f3n nuevo; y dec\u00ed\u00ada: \u00abLa guerra nace en el coraz\u00f3n del hombre, porque es el hombre quien mata y no su espada o, como dir\u00ed\u00adamos hoy, sus misiles&#8230; Si los sistemas actuales, engendrados en el coraz\u00f3n del hombre, se revelan incapaces de asegurar la paz, es preciso renovar el coraz\u00f3n del hombre para renovar los sistemas, las instituciones y los m\u00e9todos de convivencia\u00bb.<\/p>\n<p>La paz es imposible sin un cambio del coraz\u00f3n. Se trata de renunciar a la violencia, a la mentira, a la intransigencia y al odio que llevamos dentro. Se trata de que nos convirtamos en unos seres solidarios y fraternos, que reconocen la dignidad y las necesidades del otro, buscando la colaboraci\u00f3n con \u00e9l para crear un mundo en paz. Para conseguir la paz, \u00bfqu\u00e9 es lo m\u00e1s necesario: el cambio de las estructuras sociales y pol\u00ed\u00adticas o el cambio del coraz\u00f3n humano? Las dos cosas son necesarias. No cambiar\u00e1n las estructuras si no cambia el coraz\u00f3n de la persona, y el coraz\u00f3n del ser humano dif\u00ed\u00adcilmente cambiar\u00e1 si no hay un cambio profundo en las estructuras de pecado que dominan el mundo (cf SRS 36).<\/p>\n<p>La paz es el resultado l\u00f3gico de una noble lucha por la justicia, la verdad, la libertad y la fraternidad, fundamentos del bien com\u00fan. Donde reina la injusticia, la mentira, la esclavitud y el odio no puede haber paz porque fallan las condiciones b\u00e1sicas para el desarrollo de la persona.<\/p>\n<p>La paz rechaza radicalmente todo lo que comporta discriminaci\u00f3n y marginaci\u00f3n del ser humano. Nunca puede ser sin\u00f3nimo de cobard\u00ed\u00ada o pasividad ante la defensa de la dignidad de la persona, cuyos derechos fundamentales son inviolables. La paz exige el progreso integral de toda la persona y de todas las personas de la comunidad. Luchar, pues, por la paz significa optar decididamente por el bien com\u00fan, y el que opta por el bien com\u00fan es aquel que trabaja por crear un conjunto significativo de condiciones humanas, econ\u00f3micas, culturales, morales y sociales que hacen posible que la persona humana pueda desarrollarse en plenitud. Aisladamente es muy dif\u00ed\u00adcil conseguir la paz. La paz debe ser una conquista comunitaria, porque m\u00e1s que un bien individual es un bien estructural que beneficia a todos los miembros de la sociedad.<\/p>\n<p>Si queremos la paz, prepar\u00e9monos para la paz, abriendo el camino que a ella conduce. Si sesteamos, so\u00f1ando con la paz, nunca la alcanzaremos. Para conseguir la paz pongamos en marcha una adecuada pedagog\u00ed\u00ada que nos ayude a cubrir gradualmente las etapas necesarias para llegar a ella. La expresi\u00f3n cl\u00e1sica \u00absi quieres la paz, prepara la guerra\u00bb va cayendo progresivamente en desprestigio, porque se fundamenta en un peligroso equilibrio que en cualquier momento puede romperse. Hoy se hace necesario afirmar abiertamente: \u00absi quieres la paz, prepara la paz\u00bb. Y preparar la paz no significa hablar mucho de paz, sino crear aquellas condiciones sociales y aquellas actitudes personales que la hagan posible. Preparar la paz nos exigir\u00e1 luchar contra la mentira, la injusticia, el ego\u00ed\u00adsmo y contra el esp\u00ed\u00adritu agresivamente competitivo que alimenta continuamente el af\u00e1n de tener m\u00e1s, caiga quien caiga.<\/p>\n<p>Los cristianos no podemos renunciar a la utop\u00ed\u00ada de la paz. Coloquemos esta utop\u00ed\u00ada en el centro de nuestra vida y nuestra vida recobrar\u00e1 un nuevo sentido. Ahora bien, trabajar por la paz exige un precio muy alto, que es este: vivir en medio de la sociedad de hoy los grandes valores evang\u00e9licos de la verdad, la justicia, la libertad y la fraternidad. \u00bfEstamos dispuestos a pagar este precio? Jes\u00fas en las bienaventuranzas alaba la utop\u00ed\u00ada de la paz, a la vez que nos invita a ser constructores de la misma en medio de nuestro mundo.<\/p>\n<p>La paz corre el peligro de ser un vocablo demasiado amplio, gen\u00e9rico y grandilocuente, y lo que importa es que sea una realidad concreta, cotidiana y palpable. Lo ser\u00e1 si, contra el individualismo, damos en todo momento un testimonio de solidaridad con los que m\u00e1s sufren; si en vez de acaparar, compartimos; si contra la esclavitud del tener ego\u00ed\u00adsta, vivimos la libertad de ser m\u00e1s con los otros y para los otros; si contra la intolerancia, somos respetuosos para con todos, aunque no aceptemos sus ideas; si contra la venganza por una ofensa recibida, optamos por el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n; si contra el abuso de la t\u00e9cnica, apreciamos los valores ecol\u00f3gicos y los bienes de la naturaleza; si contra la cobard\u00ed\u00ada, nos comprometemos fielmente en la defensa de toda causa justa; si contra la mentira, damos ejemplo de amor a la verdad; si ante la conculcaci\u00f3n de los derechos humanos, hacemos una denuncia prof\u00e9tica coherente, respet\u00e1ndolos al m\u00e1ximo; si contra la pasividad, la inercia y la rutina, ejercemos la reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica y la creatividad; si contra el gregarismo de \u00abtodo el mundo lo hace\u00bb, nos comportamos con sentido de responsabilidad; si contra el mon\u00f3logo ego\u00ed\u00adsta o el di\u00e1logo interesado, nos abrimos a la comunicaci\u00f3n sincera con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Sin la vivencia diaria de estas actitudes, la paz ser\u00e1 una realidad ficticia, sonar\u00e1 a palabra gastada, que es aquella a la que no le siguen realidades que la autentifiquen. La paz es una palabra en busca de contenido, de un contenido s\u00f3lido de verdad, justicia, libertad y fraternidad, que debe reflejarse en la conducta de las personas que sinceramente la quieren construir. No olvidemos que la paz grande del mundo se apoya en los peque\u00f1os gestos de paz que cada uno de nosotros podemos diariamente llevar a cabo en la familia, en el grupo de amistad, en el trabajo, en el pueblo o en la ciudad. La paz m\u00e1s que un punto f\u00e1cil de partida es una dif\u00ed\u00adcil meta a la que se llega s\u00f3lo despu\u00e9s de haber trabajado por una sociedad m\u00e1s veraz, justa, libre y fraterna. Es una realidad exigente: implica un esfuerzo constante por la fraternidad universal y quiere que esta sea un hecho y no un simple deseo.<\/p>\n<p>Ahora bien, la paz universal s\u00f3lo ser\u00e1 una realidad tangible si la construimos personalmente, d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada y a estos tres niveles: 1) Paz con Dios, cumpliendo fielmente su voluntad; y su voluntad es la construcci\u00f3n de una humanidad en la que le sepamos reconocer y querer como Padre, y cuyos miembros seamos capaces de comportarnos como hermanos. 2) Paz con los dem\u00e1s, respetando sus derechos fundamentales, abriendo con ellos un di\u00e1logo sincero y constructivo y solidariz\u00e1ndonos con los m\u00e1s d\u00e9biles y marginados. 3) Paz con nosotros mismos, buscando una perfecta coherencia entre fe y vida, entre el Dios de nuestra oraci\u00f3n y el Dios de nuestra conducta, entre lo que diariamente pensamos y decimos y lo que realmente hacemos. La verdadera paz ser\u00e1 siempre el resultado de la armon\u00ed\u00ada que consigamos a estos tres niveles.<\/p>\n<p>V. La fuerza del voluntariado<br \/>\nEl voluntariado social va en aumento, las ONG en favor de los pueblos del tercer mundo proliferan por doquier. Esta nueva sensibilidad moral en favor de los m\u00e1s desprotegidos es un signo muy positivo de nuestra actual sociedad.<\/p>\n<p>La mayor dignidad del ser humano consiste en servir al pr\u00f3jimo por amor. Quien sirve libremente y por amor a los otros, crece en dignidad y madura como persona. Quien s\u00f3lo se mira a s\u00ed\u00ad mismo y no piensa m\u00e1s que en acaparar para s\u00ed\u00ad, se empobrece y se degrada como persona. Servir a la fuerza es humillante. Servir por amor dignifica y ennoblece a quien lo hace. El nivel de dignidad de un pueblo se mide precisamente por el n\u00famero y calidad de voluntariado que posee. El voluntariado lo forma aquel grupo de personas, pertenecientes a instituciones civiles y religiosas, que est\u00e1n dispuestas a servir gratuitamente y de buen grado a los dem\u00e1s. Servicio fratemo a cambio de nada: ah\u00ed\u00ad radica la esencia y la grandeza del voluntariado. El voluntariado es un cuerpo altruista que prefiere servir a ser servido, y que encuentra su felicidad en su autodonaci\u00f3n a los dem\u00e1s. M\u00e1s dir\u00ed\u00ada yo: la solidaridad tiene su m\u00e1ximo exponente en el voluntariado.<\/p>\n<p>En una sociedad libre y democr\u00e1tica como la nuestra, cada vez cobrar\u00e1 m\u00e1s importancia el voluntariado social, es decir, aquel grupo de gente que gratuitamente y de forma organizada quiere hacer algo \u00fatil para los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>El voluntariado social fomenta la cultura de la gratuidad y de la solidaridad, dos realidades claves para la humanizaci\u00f3n de nuestro mundo. La gratuidad y la solidaridad son, a su vez, el origen del genuino voluntariado social. La obra llevada a cabo por el voluntariado social, a trav\u00e9s de cualquier instituci\u00f3n -civil o religiosa-, debe ser siempre gratuita y solidaria, es decir, motivada por la generosa fraternidad. Ah\u00ed\u00ad est\u00e1 el secreto de todo su dinamismo. En una sociedad como la de hoy, fr\u00ed\u00ada, calculadora y mercantilizada, se hace m\u00e1s necesaria que nunca la fuerza del voluntariado social, una fuerza que tanto el Estado como la Iglesia deben fomentar activamente, dot\u00e1ndola de los medios necesarios para poder actuar con eficacia.<\/p>\n<p>Voluntariado social de ning\u00fan modo debe significar trabajo de segundo orden y poco cualificado. Si as\u00ed\u00ad fuera, el voluntariado social quedar\u00ed\u00ada desprestigiado y podr\u00ed\u00ada convertirse en un mero refugio de entretenimiento para gente de buena voluntad que no sabe d\u00f3nde ni c\u00f3mo matar el tiempo.<\/p>\n<p>El voluntariado social bien ideado, orientado y organizado, puede ser una fuerza revitalizadora de la sociedad y, a su vez, una fuerza cr\u00ed\u00adtica para tanta gente pasiva e insolidaria y para quienes exigen ping\u00fces remuneraciones por su trabajo social. Adem\u00e1s, el voluntariado social refuerza la \u00e9tica civil que hoy tanto necesita nuestra sociedad. En la medida en que el voluntariado social crezca cuantitativa y cualitativamente, nuestra sociedad se afianzar\u00e1 sobre una \u00e9tica civil s\u00f3lida y esta har\u00e1 que aquella sea m\u00e1s justa, humana y solidaria.<\/p>\n<p>Conclusi\u00f3n: a la Iglesia nadie deber\u00ed\u00ada ganarla en humanidad<br \/>\nUna sociedad con nuevas sensibilidades morales, como las descritas anteriormente, requiere una Iglesia m\u00e1s humana y humanizadora. La Iglesia ha de ser siempre una decidida defensora de la dignidad de la persona humana y ha de proclamar con fuerza -a la vez que vivirlo coherentemente de puertas adentro- que la persona humana no ha de ser utilizada nunca como un medio, sino respetada como un fin. Y esta defensa clara y decidida de los derechos humanos, la Iglesia ha de hacerla desde una actitud de profunda fraternidad evang\u00e9lica, que sea visible a trav\u00e9s de gestos cre\u00ed\u00adbles y convincentes.<\/p>\n<p>A la Iglesia nadie deber\u00ed\u00ada ganarla en humanidad, nadie deber\u00ed\u00ada ganarla en la defensa y promoci\u00f3n de los derechos humanos, porque la fe en Jes\u00fas que ella proclama nos ense\u00f1a con toda claridad que no es voluntad de Dios que sus hijos vivan en condiciones infrahumanas, que no es voluntad de Dios que haya injusticias, explotaci\u00f3n del hombre por el hombre, y desigualdades econ\u00f3micas abismales.<\/p>\n<p>Y cuando el aut\u00e9ntico cristiano se dirige a Dios en el silencio de la oraci\u00f3n, no lo hace para encontrar en \u00e9l un refugio de inercia y pasividad, sino la luz y el valor necesarios para continuar la lucha pac\u00ed\u00adfica, pero tenaz, por un mundo m\u00e1s justo, humano y fraterno.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 la lucha por la justicia en el mundo ha estado casi siempre ligada a la ideolog\u00ed\u00ada y al programa de una radical negaci\u00f3n de Dios? O formulada esta misma pregunta de otra manera: \u00bfpor qu\u00e9 los creyentes en Dios no hemos estado siempre en primera l\u00ed\u00adnea a la hora de defender los grandes valores de la justicia, la igualdad, la libertad, la fraternidad? La Iglesia y cada uno de sus miembros no podemos ser neutrales en la defensa de la justicia. No olvidemos las clarividentes palabras del s\u00ed\u00adnodo mundial de los obispos, del a\u00f1o 1971: \u00abLa acci\u00f3n en favor de la justicia y la participaci\u00f3n en la transformaci\u00f3n del mundo se nos presentan claramente como una dimensi\u00f3n constitutiva de la predicaci\u00f3n del evangelio, es decir, de la misi\u00f3n de la Iglesia&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>La Iglesia, por encima de toda dial\u00e9ctica partidista, y respetando la sana autonom\u00ed\u00ada de las realidades pol\u00ed\u00adticas, sociales y econ\u00f3micas, ha de salir siempre en defensa del bien com\u00fan, y especialmente de los m\u00e1s marginados de nuestra sociedad. Adem\u00e1s, ha de ayudar a los hombres a descubrir el sentido de la vida. Por eso \u00abaprecia el esfuerzo de la raz\u00f3n por alcanzar los objetivos que hagan cada vez m\u00e1s digna la existencia personal\u00bb (FR 5).<\/p>\n<p>Actualmente, en las sociedades industriales avanzadas, se vive una profunda crisis cultural, entendiendo por cultura el conjunto de pautas de pensar, de interpretar y de actuar de todo un pueblo (cf FR 95). Y esta crisis cultural de nuestros d\u00ed\u00adas no es una crisis de peque\u00f1os detalles, sino de todo el conjunto del sistema industrial moderno que no logra dibujar con claridad un proyecto v\u00e1lido de hombre y de sociedad. Da la impresi\u00f3n de que la actual sociedad tecnol\u00f3gica, altamente racionalizada, se ha vuelto en muchos aspectos irracional y est\u00e1 salpicada de elementos de barbarie.<\/p>\n<p>En lo m\u00e1s hondo de esta crisis cultural, que tambi\u00e9n es una crisis moral, la Iglesia, la comunidad cristiana, deber\u00ed\u00ada ser descubridora y dadora de sentido, procurando vivir el valor de la autenticidad en medio de una sociedad en muchos aspectos tarada por la mentira, la hipocres\u00ed\u00ada y la superficialidad; el valor del saber compartir, en un mundo materialista que se arrodilla ante los \u00ed\u00addolos del dinero, del poder y de la comodidad; el valor de la creatividad, en una sociedad cada vez m\u00e1s adormecida en la monoton\u00ed\u00ada y la rutina; el valor de la alegr\u00ed\u00ada, ante tanta gente quemada, resentida, que no encuentra sentido alguno a la vida; el valor de la paz, en una sociedad minada por la violencia, el terrorismo y la guerra, porque la verdad, la justicia, la libertad y la fraternidad todav\u00ed\u00ada son palabras vac\u00ed\u00adas de significado en muchos puntos de la tierra; y el valor de la gratuidad, en una sociedad marcada por el utilitarismo y que no valora debidamente el hecho de estar en compa\u00f1\u00ed\u00ada de otros, simplemente para compartir el di\u00e1logo, la amistad, un ideal o una misma fe.<\/p>\n<p>La Iglesia, finalmente, ha de ser educadora del sentido cr\u00ed\u00adtico, haciendo comprender a sus fieles que es m\u00e1s humana y cristiana la cultura del ser que la cultura del tener, que es m\u00e1s gratificante el compartir que el acaparar. Hoy d\u00ed\u00ada, por desgracia, en nuestra sociedad, la importancia de la persona no se mide por lo que es, sino por lo que tiene: por la categor\u00ed\u00ada de su casa, por la marca de su coche, por el volumen de su cuenta bancaria. A veces nuestro mundo occidental da la impresi\u00f3n de ser gigante en ciencia, en t\u00e9cnica y en bienes materiales, y enano en madurez humana, en valores \u00e9ticos y en calidad moral. Los valores supremos para este tipo de sociedad nuestra son la eficacia t\u00e9cnica y el poder econ\u00f3mico. El hombre que la sociedad de consumo produce es un hombre obsesionado por el tener posesivo que, en definitiva, es m\u00e1s esclavizante que liberador.<\/p>\n<p>Si la Iglesia quiere educar a sus fieles en una actitud cr\u00ed\u00adtica y transformadora, ha de ser capaz de desenmascarar, sin miedo, los sutiles mecanismos de la sociedad de consumo, que son hasta capaces de domesticar y comercializar la protesta que se hace contra la misma.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la Iglesia, siguiendo la pauta que le se\u00f1al\u00f3 Juan Pablo II, en su enc\u00ed\u00adclica Redemptor hominis, ha de recordar sin cansancio al hombre de hoy \u00abla prioridad de la \u00e9tica sobre la t\u00e9cnica, el primado de la persona sobre las cosas y la superioridad del esp\u00ed\u00adritu sobre la materia\u00bb (RH 16). Es este, sin duda, un camino de humanizaci\u00f3n que la Iglesia debe seguir fielmente y mostrar al mundo como plausible.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Cf M. VIDAL, Etica civil y sociedad democr\u00e1tica, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1984, 14. &#8211; 2 Cf V. ENRIQUE Y TARANC\u00ed\u201cN, Los valores \u00e9ticos en la democracia (Discurso-lecci\u00f3n inaugural del cardenal Taranc\u00f3n al ser investido como Doctor honoris causa por la Universidad Polit\u00e9cnica de Valencia, d\u00ed\u00ada 4 de octubre de 1994), en pliego de Vida Nueva (22 de octubre de 1994) 28. &#8211; 3. Ib, 29. &#8211; 4. Cf J. BESTARD, L&#8217;\u00e9tica civil, plataforma de di\u00e1leg entre creients i no creients (Llic\u00f3 inaugural del Curs Acad\u00e9mic 1992-93 a 1&#8217;Escola Universit\u00e1ria de Treball Social de les Illes Balears, dia 22 d\u00f3ctubre de 1992), EUTS, Palma de Mallorca 1992, 11. &#8211; 5. Cf ID, Creo en el hombre, Espasa Calpe, Madrid 19972, 169-171. &#8211; 6 Cf ID, Hacer el bien humaniza, Espasa Calpe, Madrid 1998, 174-180.<\/p>\n<p>BIBL.: 1. Documentos: JUAN XXIII, Carta enc\u00ed\u00adclica Pacem in terris (11 de abril de 1963); PABLO VI, Carta enc\u00ed\u00adclica Populorum progressio (26 de marzo de 1967); exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica possinodal Evangelii nuntiandi (8 de diciembre de 1975); JUAN PABLO II, Carta enc\u00ed\u00adclica Redemptor hominis (4 de marzo de 1979); carta enc\u00ed\u00adclica Sollicitudo rei socialis (30 de diciembre de 1987); exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica possinodal Christifideles laici (30 de diciembre de 1988); carta enc\u00ed\u00adclica Centesimus annus (1 de mayo de 1991); carta enc\u00ed\u00adclica Fides et ratio (14 de septiembre de 1998); Mensaje en el 50\u00c2\u00b0 aniversario del comienzo de la 1I Guerra mundial (26 de agosto de 1989); Mensaje con motivo del 50\u00c2\u00b0 aniversario del final de la 11 Guerra mundial (8 de mayo de 1995); COMISI\u00ed\u201cN PERMANENTE DEL EPISCOPADO ESPA\u00ed\u2018OL, Instrucci\u00f3n pastoral Constructores de la paz (20 de febrero de 1986); CONFERENCIA EPISCOPAL NORTEAMERICANA, El desaf\u00ed\u00ado de la paz. La promesa de Dios y nuestra respuesta, pastoral colectiva de la Conferencia episcopal norteamericana (3 de mayo de 1983). II. Libros y n\u00fameros monogr\u00e1ficos de revistas: AA.VV., Valori e diritti umani, Gregoriana libreria editrice, Padua 1988; ARANGUREN L. A., Interrogando la solidaridad, Vida nueva 2144 (4 de julio de 1998): Contra la tortura actuar y orar, Im\u00e1genes de la fe 320 (febrero de 1998); Reinventar la solidaridad. Voluntariado y educaci\u00f3n, PPC, Madrid 1998; BESTARD J., Creo en el hombre, Espasa Cal-pe, Madrid 1997&#8242;-; Hacer el bien humaniza, Espasa Calpe, Madrid 1998; Derechos humanos, el sue\u00f1o de la historia, Cr\u00ed\u00adtica 853 (revista mensual de pensamiento y cultura), (marzo de 1998); Los valores \u00e9ticos de la democracia, Vida Nueva (discurso-lecci\u00f3n inaugural del cardenal Taranc\u00f3n al ser investido doctor honoris causa por la Universidad Polit\u00e9cnica de Valencia, d\u00ed\u00ada 4 de octubre de 1994), (22 de octubre de 1994) 23-29; Iglesia y democracia. La aportaci\u00f3n de la Conferencia episcopal espa\u00f1ola. Aproximaci\u00f3n a un balance (conferencia pronunciada en El Escorial por el arzobispo de Pamplona), (25 de enero de 1997) 21-31; CACCIARI M.-MARTINI C. M., Di\u00e1logo sobre la solidaridad, Herder, Barcelona 1997; ETXEBERRIA X., El reto de los derechos humanos. Fe y secularidad, Sal Terrae, Santander 1994; MORATALLA A. D., Etica y voluntariado. Una solidaridad sin fronteras, PPC, Madrid 1998; PAGOLA J. A., Educar para la paz, Idatz, San Sebasti\u00e1n 1996.<\/p>\n<p>Joan Bestard Comas<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El despertar de una \u00e9tica civil. II. La sensibilidad por los derechos humanos. III. El aprecio por la ecolog\u00ed\u00ada. IV. El deseo de la paz. V. La fuerza del voluntariado. Conclusi\u00f3n: a la Iglesia nadie deber\u00ed\u00ada ganarla en humanidad. D\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada, en nuestra moderna sociedad surgen nuevas sensibilidades morales, nuevos valores \u00e9ticos. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/nuevas-sensibilidades-morales\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abNUEVAS SENSIBILIDADES MORALES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17034","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17034","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17034"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17034\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17034"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17034"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17034"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}