{"id":17035,"date":"2016-02-05T11:06:00","date_gmt":"2016-02-05T16:06:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/oracion-orientaciones-pedagogicas\/"},"modified":"2016-02-05T11:06:00","modified_gmt":"2016-02-05T16:06:00","slug":"oracion-orientaciones-pedagogicas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/oracion-orientaciones-pedagogicas\/","title":{"rendered":"ORACION. ORIENTACIONES PEDAGOGICAS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Elementos constitutivos de la actitud de oraci\u00f3n. II. Claves pedag\u00f3gicas para iniciar en la oraci\u00f3n. III. Iniciaci\u00f3n pedag\u00f3gica a la oraci\u00f3n: 1. La oraci\u00f3n de Jes\u00fas; 2. La oraci\u00f3n del cristiano. IV. Iniciaci\u00f3n seg\u00fan santa Teresa y san Juan de la Cruz: 1. Gratuidad; 2. Aprendizaje creativo; 3. Oraci\u00f3n de recogimiento; 4. Los que pueden meditar; 5. Maestro experimentado.<\/p>\n<p>La iniciaci\u00f3n en la oraci\u00f3n siempre ha sido problem\u00e1tica; as\u00ed\u00ad lo provoca el car\u00e1cter particular de los dos sujetos que intervienen en ella. En un extremo, Dios: el Misterio inefable, el Totalmente otro, la Santidad augusta, el T\u00fa eterno&#8230;, no comparable con ning\u00fan objeto ni con ning\u00fan t\u00fa de este mundo. En el otro, el hombre finito que encuentra inscrita en su interior la vocaci\u00f3n, irrenunciable, de gozar de la compa\u00f1\u00ed\u00ada amorosa de Aquel que le ha creado para s\u00ed\u00ad. Resuena aqu\u00ed\u00ad el famoso aforismo de san Agust\u00ed\u00adn: \u00abnos has hecho para ti y nuestro coraz\u00f3n est\u00e1 inquieto hasta que descanse en ti\u00bb. El gozo del encuentro a veces se dilata, porque el hombre confunde, en el deseo de alcanzar la plenitud, caminos y metas.<\/p>\n<p>Nuestro tiempo a\u00f1ade nuevos elementos a esta problem\u00e1tica. Tanto el secularismo actual, en el que Dios queda olvidado y los valores religiosos se desprecian, como el subjetivismo individualista del hombre posmoderno, que le encierra sobre s\u00ed\u00ad, sobre sus propios pensamientos, sentimientos y proyectos, hacen de la oraci\u00f3n y su iniciaci\u00f3n un camino dificultoso, que requiere de los catequizandos nuevas disposiciones y nuevos acentos para llegar a ser orantes.<\/p>\n<p>I. Elementos constitutivos de la actitud de oraci\u00f3n<br \/>\nHeiler, en su cl\u00e1sica obra sobre la oraci\u00f3n, se\u00f1ala tres elementos fundamentales, comunes a la oraci\u00f3n de todas las tradiciones religiosas: \u00abla fe en un Dios vivo y personal\u00bb, \u00abla fe en la presencia real e inmediata de Dios\u00bb y \u00ablos encuentros dram\u00e1ticos entre el hombre y Dios, cuya presencia experimenta\u00bb1. Nosotros, a estos tres elementos, a\u00f1adiremos un cuarto que consideramos determinante: la presencia personal del sujeto que ora2. Presentamos estos cuatro elementos.<\/p>\n<p>a) La fe en Dios, marco de la actitud de oraci\u00f3n. La fe es la disposici\u00f3n fundamental que acontece en el hombre religioso tras la presencia y el consiguiente reconocimiento de Dios en su vida. Esta actitud afecta a la ra\u00ed\u00adz de su persona.<\/p>\n<p>Por la fe, el creyente acepta la condici\u00f3n trascendente de Dios y abandona la pretensi\u00f3n de constituirse, \u00e9l o cualquier ser creado, en centro de su vida. \u00abPara ello, el hombre debe literalmente descentrarse, salir de s\u00ed\u00ad, inaugurar una actitud ext\u00e1tica de reconocimiento de la superior dignidad y absoluta supremac\u00ed\u00ada del misterio\u00bb3 de Dios. Esta disposici\u00f3n a salir de s\u00ed\u00ad es el coraz\u00f3n de la actitud de fe; y el reconocimiento reverente de la presencia gratuita de Dios, la otra cara del mismo acto. Por \u00e9l, el creyente tiene acceso a la compa\u00f1\u00ed\u00ada amorosa de Aquel que le ha citado a establecer una relaci\u00f3n de amistad. Esta relaci\u00f3n es motivo de gozo y plenitud.<\/p>\n<p>La fe es el marco absolutamente necesario donde alcanza realmente significado el ejercicio de la oraci\u00f3n. Cuando la actitud de fe en el Dios vivo y personal acontece, inmediatamente la conciencia creyente lo expresa en el uso incipiente de invocar a Dios y hacer oraci\u00f3n (cf AG 13; RICA 15).<\/p>\n<p>b) La presencia real de Dios vivida desde la fe. \u00abQuien ora lo hace delante de Dios\u00bb. En efecto, Dios, aceptado previamente por la fe, en la oraci\u00f3n se hace presencia cercana e inmediata, requiriendo nuevamente la acogida del orante. La oraci\u00f3n brota, a veces, porque la presencia de Dios se impone; otras veces porque el creyente lo invoca y lo espera en silencio; pero siempre porque Dios aparece como el T\u00fa que, aun siendo trascendente, en su infinita libertad y amor se aproxima rompiendo la barrera infranqueable que le separa del hombre.<\/p>\n<p>El cristiano tiene certeza de esta presencia misericordiosa de Dios, porque tiene la promesa de Jes\u00fas, el Hijo de Dios, de estar con sus disc\u00ed\u00adpulos hasta el fin de los tiempos (Mt 28,26) y la confirmaci\u00f3n de que el Padre est\u00e1 en lo secreto escuchando la plegaria de sus hijos, antes de que llegue a la boca (Mt 5,5-8). El verdadero orante es el que aprende a no confundir la presencia de Dios, totalmente otro, con la proyecci\u00f3n de sus deseos.<\/p>\n<p>c) La presencia real del sujeto que ora. Este elemento tambi\u00e9n es constitutivo en la oraci\u00f3n, y nunca se le debe dar por supuesto. La oraci\u00f3n es un encuentro personal; para que acontezca es necesario que realmente est\u00e9n presentes ambos interlocutores. El orante debe estar presente desde su centro personal, all\u00ed\u00ad donde se encuentra reunida toda su persona y donde resuenan, en la b\u00fasqueda de sentido, todos los acontecimientos y encuentros personales que acontecen en su vida.<br \/>\nLa tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica habla del coraz\u00f3n o del esp\u00ed\u00adritu del hombre. El hombre que vive desde la profundidad de su esp\u00ed\u00adritu, deja que el Esp\u00ed\u00adritu de Dios que le habita (cf Jn 14,17) le constituya en hijo a semejanza de Jes\u00fas, Hijo de Dios (cf Rom 8,15). S\u00f3lo dej\u00e1ndose alumbrar como hijo en el Hijo de Dios, por la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, es como el creyente puede dirigirse al Padre con la confianza que da el llamarle Abb\u00e1 (cf Rom 8,16).<\/p>\n<p>d) El encuentro filial entre Dios y el hombre. El encuentro oracional, se considere trato de amistad o expresi\u00f3n de la relaci\u00f3n filial del hombre con Dios, siempre es dram\u00e1tico. En \u00e9l acontece el \u00abencuentro de dos libertades, la infinita de Dios con la finita del hombre\u00bb4. En su mutua respectividad, vivida en la intimidad, el orante debe ir desapropi\u00e1ndose de s\u00ed\u00ad mismo, para abrirse al T\u00fa de Dios, que es la plenitud de su vida. Es necesario, por tanto, un proceso en el que el creyente vaya entrando libremente en comuni\u00f3n con Dios. Proceso no reductible a los momentos de plegaria, sino que atraviesa el conjunto de su vida.<\/p>\n<p>El encuentro oracional est\u00e1 siempre articulado por el amor, a trav\u00e9s del cual se entregan mutuamente los dos interlocutores. Por la oraci\u00f3n se actualiza y fortalece la comuni\u00f3n filial entre Dios y el hombre; comuni\u00f3n transformante para este y articulada por su obediencia a la voluntad divina. El progreso en el camino oracional se manifiesta en que el orante va configurando su vida y su persona a semejanza de Jes\u00fas; hasta el punto de decir con Pablo: \u00abya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,20).<\/p>\n<p>II. Claves pedag\u00f3gicas para iniciar en la oraci\u00f3n<br \/>\nOfrecemos a continuaci\u00f3n unas pistas o claves que ayuden al despliegue pedag\u00f3gico de los elementos que constituyen la actitud de oraci\u00f3n, en el marco de la catequesis de iniciaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>a) En torno a la fe en un Dios vivo y personal5. La fe en un Dios vivo y personal brota a partir de la introducci\u00f3n del sujeto creyente en el \u00e1mbito de lo sagrado o clima religioso, seg\u00fan lo denominan los documentos catequ\u00e9ticos (cf CC 89; 109). La catequesis facilitar\u00e1 esta introducci\u00f3n en la medida en que invite al catequizando a vivir en profundidad toda su existencia. Alcanza la salvaci\u00f3n en la medida en que se deja introducir en el \u00e1mbito religioso y acepta por la fe la relaci\u00f3n con el Dios vivo y verdadero manifestado en Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>La catequesis puede promover esta apertura religiosa del sujeto, su sentido de trascendencia, a trav\u00e9s de una serie de experiencias significativas, cercanas a la religiosa. Estas \u00abexperiencias-cumbres\u00bb6 son muy variadas: experiencias de encuentro con la naturaleza, de inmensidad, de paternidad, los momentos creativos, el ejercicio de la responsabilidad \u00e9tica, la contemplaci\u00f3n de la belleza. Todas ellas encaran al hombre con el rostro misterioso de la vida, le dilatan la conciencia y le llevan a trascender su percepci\u00f3n ordinaria de la realidad. Ante estas experiencias, el hombre no puede menos de tomar una decisi\u00f3n que le introduzca o no en el \u00e1mbito de lo sagrado que preside la presencia de Dios.<\/p>\n<p>El reconocimiento de la presencia de Dios, su aceptaci\u00f3n y el abandono en su amor, es el segundo momento pedag\u00f3gico que la catequesis debe afrontar para poner las bases de la iniciaci\u00f3n en la oraci\u00f3n. S\u00f3lo el establecimiento de una relaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita y personal del hombre con Dios hace que aquel atraviese los l\u00ed\u00admites et\u00e9reos de lo sagrado. Esta relaci\u00f3n, eje de la propia oraci\u00f3n, se fragua a trav\u00e9s de la aceptaci\u00f3n de la alteridad del Dios revelado, la conciencia de su acci\u00f3n libre y amorosa en la vida del creyente a trav\u00e9s de su Hijo, y el deseo de frecuentar su compa\u00f1\u00ed\u00ada movido por su Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>b) En torno a la presencia real de Dios. Mientras el orante no reconozca que est\u00e1 frente a un T\u00fa no puede acontecer la oraci\u00f3n. Es necesario desarrollar en el orante esa conciencia de estar permanentemente en la presencia de Dios, Padre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo; y su actualizaci\u00f3n en los actos de oraci\u00f3n. Para que el creyente reconozca la proximidad de Aquel en el que \u00abvivimos, nos movemos y existimos\u00bb (He 17,28), debe aceptar el car\u00e1cter trascendente de Dios, manifestado a veces en el sentimiento doloroso de su aparente ausencia. Para ello la catequesis ha de iniciar al creyente en la renuncia de los sentimientos, pensamientos, im\u00e1genes y conceptos que se hace de Dios, y fortalecerlo en los momentos en que, lejos de debilitarse la fe por el silencio de Dios, se va purificando y fraguando. Las actitudes de renuncia, silencio y escucha est\u00e1n a la base de esta ejercitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, la presencia de Dios no es est\u00e1tica. El Dios cristiano se manifiesta permanentemente activo a trav\u00e9s de la acci\u00f3n de su Hijo resucitado y de su Esp\u00ed\u00adritu. Dios es quien toma la iniciativa del encuentro. Su presencia depende s\u00f3lo de \u00e9l. El orante, apoyado en esa certeza, debe aprender a disponerse y a esperar su manifestaci\u00f3n. El Padre quiere entregar a su Hijo como signo de amor a cada uno de sus hijos. En m\u00faltiples signos lo manifiesta. El mismo es quien abre los ojos de la fe a los creyentes para que se reconozcan queridos y deseen dar respuesta a trav\u00e9s de su propia entrega amorosa. La catequesis debe crear este clima de gracia, que favorezca el don de la oraci\u00f3n en el creyente. Debe comprender que Dios no est\u00e1 solo frente a \u00e9l, sino que su Esp\u00ed\u00adritu ora en \u00e9l.<\/p>\n<p>c) Respecto a la presencia real del orante. El hombre, hecho a imagen y semejanza de su creador, a pesar de su pecado, conserva el deseo de Aquel que le llama a la existencia (cf CCE 2566). M\u00e1s a\u00fan, no encuentra su descanso hasta alcanzar la compa\u00f1\u00ed\u00ada de Dios. Pero en este camino hacia la plenitud, la tendencia hacia el mal, que anida en el coraz\u00f3n del hombre, se hace presente en m\u00faltiples tentaciones. Aqu\u00ed\u00ad radica la dificultad de la oraci\u00f3n: el orante se encuentra disperso entre tantos deseos y realidades idol\u00e1tricas que reclaman para s\u00ed\u00ad el tratamiento exclusivo de Dios, que le cuesta trabajo ponerse frente a Dios, su Se\u00f1or. La catequesis debe procurar desenmascarar todas las tendencias y reclamos que dividen al catequizando y, con la ayuda de Dios, facilitarle la tarea de unificaci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>En este proceso de unidad y hondura en el que se introduce el creyente, caminan en paralelo la maduraci\u00f3n humana y la creyente. En la medida en que el creyente deja brotar lo m\u00e1s profundo de su persona, su esp\u00ed\u00adritu, ver\u00e1 reflejada, en su hond\u00f3n, la imagen de Jes\u00fas, esculpida en \u00e9l por el bautismo, y viceversa. Son dos momentos distintos, pero que directamente se reclaman si el orante quiere irse introduciendo en la relaci\u00f3n que el Hijo de Dios tiene con su Padre. La iniciaci\u00f3n en la oraci\u00f3n no puede prescindir de ninguno de ellos. Este proceso de personalizaci\u00f3n y de apertura a Dios exige del creyente un trabajo doloroso de purificaci\u00f3n. La catequesis debe motivar al orante a establecer el \u00abcombate de la oraci\u00f3n\u00bb (cf CCE 2725-2758). La respuesta al amor de Dios s\u00f3lo es real si el creyente hace un esfuerzo asc\u00e9tico por el cual, con la gracia de Dios, se alumbra a s\u00ed\u00ad mismo y se orienta radicalmente hacia Dios. Este trabajo lento de purificaci\u00f3n ha de estar presidido por el amor, so pena de que el orante se encierre sobre s\u00ed\u00ad mismo. La decisi\u00f3n valiente de recorrer el camino -\u00abla determinada determinaci\u00f3n\u00bb-, la actitud de humildad, el conocimiento propio y la consiguiente aceptaci\u00f3n y la referencia permanente a la misericordia de Dios, son elementos que nunca pueden faltar.<\/p>\n<p>d) En torno al encuentro filial entre Dios y el hombre. El amor es el eje de la oraci\u00f3n. Ejercicio de amistad teologal, en el que Dios toma la iniciativa y conduce con su gracia; y en el que el sujeto humano, en acto de fe, se trasciende a s\u00ed\u00ad mismo y deja que sea el propio Dios quien le vaya introduciendo en la comuni\u00f3n consigo mismo. El trato filial entre Dios y el hombre, siempre parte del reconocimiento de que Dios es Padre y la fuente de todo amor. La catequesis debe ayudar a trabajar en el catequizando el paso de las actitudes que le hacen sujeto activo frente a los dem\u00e1s y el resto del mundo, a ser \u00absujeto pasivo\u00bb, receptor de la acci\u00f3n generosa de Dios en \u00e9l. Se trata de educar al que se inicia en una actitud de negaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo y de su protagonismo, para desarrollar actitudes de espera y receptividad. Tambi\u00e9n es clave la educaci\u00f3n de la dimensi\u00f3n afectiva del sujeto; \u00abeducar finamente el mundo de las relaciones personales del orante, catequizando, de tal manera que se intente superar la relaci\u00f3n objetivizante con los otros, para pasar a una verdadera relaci\u00f3n personal\u00bb7. No es posible que el que ora tenga una relaci\u00f3n humanizadora con Dios si no tiene dicha relaci\u00f3n con otros hombres.<\/p>\n<p>El criterio de veracidad de la oraci\u00f3n ser\u00e1 el grado de transformaci\u00f3n del orante. El trato amistoso va haciendo conformes a los amigos. El trato de cada hijo adoptivo con Dios le hace semejante a su unig\u00e9nito Jesucristo.<\/p>\n<p>III. Iniciaci\u00f3n pedag\u00f3gica a la oraci\u00f3n<br \/>\nLa oraci\u00f3n, realidad y palabra, vida y pensamiento, nos remite al n\u00facleo m\u00e1s esencial de nuestra fe: la relaci\u00f3n personal con Dios, relaci\u00f3n consciente y explicitada sobre el suelo de la relaci\u00f3n permanente y estable, la que se confunde con la vida, de la que brota y a la que sirve.<\/p>\n<p>Por eso, realidad y palabra no s\u00f3lo son insilenciables, sino que deben auparse sobre el candelabro de la conciencia en cualquier proyecto que se precie de catequ\u00e9tico. A fin de cuentas, \u00bfDios no se revela para \u00abllamarnos a su compa\u00f1\u00ed\u00ada\u00bb (DV 2), para hacernos interlocutores suyos? Y la Iglesia instituida por Cristo, \u00bfno es una comunidad orante8, una escuela de oraci\u00f3n, de trato personal con Dios?<br \/>\n1. LA ORACI\u00ed\u201cN DE JES\u00daS. Nadie puede iniciar a nada si no parte de una comprensi\u00f3n de la realidad a la que quiere introducir. En el cristianismo, toda propuesta debe pasar el examen del evangelio, ser confrontada con la praxis y la palabra de Jes\u00fas. En Jes\u00fas llega a su cima m\u00e1s alta y alcanza la ra\u00ed\u00adz m\u00e1s profunda la oraci\u00f3n del pueblo orante en el que naci\u00f3 y se form\u00f3: la de la filiaci\u00f3n que traspasa su existencia humana y le clava, en armon\u00ed\u00ada \u00fanica, en la tierra del dolor y de la esperanza, de la comuni\u00f3n m\u00e1s estrecha con los hermanos, y en el cielo, su hogar primero y \u00faltimo, de la relaci\u00f3n con.el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu. Jes\u00fas, \u00abpresent\u00f3 con gran clamor y l\u00e1grimas oraciones y s\u00faplicas al que pod\u00ed\u00ada salvarle de la muerte, y fue escuchado en atenci\u00f3n a su obediencia; aunque era hijo, en el sufrimiento aprendi\u00f3 a obedecer\u00bb (Heb 5,7-8). El justifica nuestra oraci\u00f3n, es la ra\u00ed\u00adz que la alimenta y el horizonte que la cubre. Debemos orar porque y como \u00e9l or\u00f3.<\/p>\n<p>Jes\u00fas or\u00f3 en comunidad con los creyentes de su Pueblo, y or\u00f3 en la soledad, frecuentemente y, de modo se\u00f1alado, en momentos decisivos de su existencia, estrechamente conectados con su misi\u00f3n, como no pod\u00ed\u00ada ser menos. El Padre era su T\u00fa de referencia, en quien volcaba su ser, y de quien se sab\u00ed\u00ada inefablemente acogido: \u00abEl Padre me ama\u00bb, \u00abel Padre est\u00e1 conmigo\u00bb (Jn 16,32). El Padre solo conoce al Hijo, como el Hijo solo conoce al Padre (Mt 11,27).<\/p>\n<p>El \u00abaprendi\u00f3 a orar conforme a su coraz\u00f3n de hombre\u00bb (CCE 2599). Y ense\u00f1\u00f3 a orar en la fe, estrechamente vinculada a hacer la voluntad del Padre, \u00abcon audacia filial\u00bb (CCE 2609-2610). Por eso, \u00abno hay otro camino de oraci\u00f3n cristiana que Cristo\u00bb (CCE 2664). Aquellos \u00abque se dejan guiar por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb (Rom 8,14), oran cristianamente si entran en la oraci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>2. LA ORACI\u00ed\u201cN DEL CRISTIANO. Entre los dones que el Padre nos otorg\u00f3 en Jes\u00fas est\u00e1 el que podamos dirigirnos a \u00e9l como lo hac\u00ed\u00ada el Hijo primog\u00e9nito: Abb\u00e1, Padre. El Esp\u00ed\u00adritu viene en nuestra ayuda poniendo en nuestros labios y en nuestro coraz\u00f3n la palabra por la que expresamos la m\u00e1xima cercan\u00ed\u00ada y la mayor confianza en la relaci\u00f3n con Dios: Padre (Rom 8,26-27). Cercan\u00ed\u00ada, entra\u00f1abilidad y comuni\u00f3n significadas por otro t\u00e9rmino tan divinamente humano: amistad. Desde el Antiguo Testamento nos llega el t\u00ed\u00admido aunque vigoroso apunte: \u00abEl Se\u00f1or hablaba con Mois\u00e9s cara a cara, como se habla entre amigos\u00bb (Ex 33,11). El autor sagrado pone en boca de Dios: \u00abyo le hablo [a Mois\u00e9s] cara a cara\u00bb (N\u00fam 12,8). Y Jes\u00fas dice a sus disc\u00ed\u00adpulos: \u00abYo os he llamado amigos porque os he dado a conocer todas las cosas que he o\u00ed\u00addo a mi Padre\u00bb (Jn 15,15). \u00abYo os digo, amigos m\u00ed\u00ados&#8230;\u00bb (Lc 12,4).<\/p>\n<p>En la nube de testigos que cubre los siglos de la humanidad y, particularmente, del Pueblo elegido, en la escuela de orantes, mujeres y hombres que han disfrutado de una profunda y entra\u00f1able relaci\u00f3n de comuni\u00f3n con Dios, las vivencias son en su esencia las mismas, comunicadas seg\u00fan carisma y dotes naturales. A una mujer le ha correspondido acu\u00f1ar la definici\u00f3n de la oraci\u00f3n como amistad. Escribi\u00f3 Teresa de Jes\u00fas: \u00abno es otra cosa oraci\u00f3n mental&#8230;, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama\u00bb (Vida 8, 5). Amistad significa vida teologal, comuni\u00f3n interpersonal entre Dios y el creyente. \u00abSe entra en la oraci\u00f3n&#8230; por la puerta de la fe\u00bb, que alimenta la esperanza y que \u00absaca todo del amor con el que somos amados de Cristo y que nos permite responder amando como \u00e9l nos ha amado\u00bb (CCE 2656-2658).<\/p>\n<p>Juan de la Cruz presenta la oraci\u00f3n como fruto natural de la vida teologal, a la que alimenta a su vez. Baste esta expresi\u00f3n: \u00abno llevando el alma en la oraci\u00f3n otro arrimo sino la fe, la esperanza y la caridad\u00bb (Dichos de luz y amor, 118). Y de Dios dice que \u00abs\u00f3lo mira [a] la fe y pureza de coraz\u00f3n del que ora\u00bb (Subida del Monte Carmelo III, 36, 1).<\/p>\n<p>Vincular la oraci\u00f3n a las virtudes teologales, o expresarla con el t\u00e9rmino amistad, es apuntar a muchas cosas de capital importancia que, siquiera brevemente, conviene se\u00f1alar:<br \/>\na) La oraci\u00f3n es un don que se concede a todos. Todos somos nativamente orantes, capaces de orar. \u00abSomos de natural (por naturaleza) tan rico, que podemos tener conversaci\u00f3n no menos que con Dios\u00bb (Teresa de Jes\u00fas, Moradas primeras 1, 1, 6). \u00abLa persona no se satisface con menos de Dios\u00bb (Juan de la Cruz, C\u00e1ntico 35, 1). Tanto es esto as\u00ed\u00ad que, como escribe el doctor m\u00ed\u00adstico, \u00abla pretensi\u00f3n del alma es la igualdad de amor con Dios, que siempre ella natural y sobrenaturalmente apetece, porque el amante no puede estar satisfecho si no siente que ama cuanto es amado\u00bb (38, 1).<\/p>\n<p>b) Habiendo recibido este don de la oraci\u00f3n, del trato de amistad con Dios, podemos orar. El trato de amistad con Dios es una posibilidad siempre abierta. A esto se refiere Teresa de Jes\u00fas cuando dice que \u00abla sustancia de la perfecta oraci\u00f3n\u00bb consiste \u00aben amar mucho\u00bb. Y razona: \u00abtodos somos h\u00e1biles para amar\u00bb (Fundaciones 5, 2), todos podemos vivir la relaci\u00f3n con Dios, personalizar con creciente intensidad el misterio de la Revelaci\u00f3n por la que Dios nos llama \u00aba participar de su vida\u00bb.<\/p>\n<p>c) Y por amistad o vivencia teologal, la oraci\u00f3n se sit\u00faa en el centro de la vida; es, antes que nada y por encima de todo, una forma de ser, algo estable, permanente, que se adhiere al ser: \u00abel verdadero amante en toda parte ama y siempre se acuerda del amado. \u00c2\u00a1Recia cosa ser\u00ed\u00ada que s\u00f3lo en los rincones se pudiese traer oraci\u00f3n!\u00bb (16). Por amistad, por forma de ser, la oraci\u00f3n requiere, exige desde dentro, tiempos de oraci\u00f3n en los que se viva, de una manera consciente, la relaci\u00f3n de amistad; en que nos hagamos expl\u00ed\u00adcita y directamente presentes a Dios, al Amigo. Que ser\u00e1n, por necesidad, tiempos de soledad, que el amor engendra y crea y que, tantas veces, comportar\u00e1 el abandono de la actividad habitual, aun aquella motivada y alentada por el mismo Dios, a trav\u00e9s de la que expresamos nuestro empe\u00f1o porque su Reino venga, y en la que tambi\u00e9n se acrecienta y afina nuestra uni\u00f3n con \u00e9l.<\/p>\n<p>d) Finalmente, la oraci\u00f3n-amistad, expresi\u00f3n de vida teologal, tiene en Dios su protagonista primero y mejor, como quien m\u00e1s y mejor. Tenemos que captar el fuerte realismo de la confesi\u00f3n teresiana: Dios \u00abcon verdad hac\u00ed\u00ada mucha misericordia conmigo en consentirme delante de s\u00ed\u00ad y traerme a su presencia; que ve\u00ed\u00ada yo, si tanto \u00e9l no lo procurara, no viniera\u00bb (Vida 9, 9). De la confesi\u00f3n pasa a la afirmaci\u00f3n doctrinal de alcance universal: \u00abPor cierto, cuando no hubiera otra cosa de ganancia en este camino de oraci\u00f3n, sino entender el particular cuidado que Dios tiene de comunicarse con nosotros y andarnos rogando&#8230; que nos estemos con \u00e9l\u00bb (Moradas 7, 3, 9).<\/p>\n<p>IV. Iniciaci\u00f3n seg\u00fan santa Teresa y san Juan de la Cruz<br \/>\nSi la oraci\u00f3n es ejercicio y vivencia de las virtudes teologales o de la amistad con Dios, educar para la misma ser\u00e1 ense\u00f1ar a vivir la exigencia de la amistad, a que las virtudes teologales impregnen la existencia del cristiano. Esto podr\u00ed\u00ada sintetizarse, movi\u00e9ndonos en la l\u00ed\u00adnea de los dos maestros por excelencia de la oraci\u00f3n, en la afirmaci\u00f3n siguiente: atenerse a la exigencia de la amistad, que es guardar todo el coraz\u00f3n para \u00e9l, o proponerse vivir ante, con, y para \u00e9l. Teresa, a ra\u00ed\u00adz de las primeras experiencias psicol\u00f3gicamente negativas de la praxis de la oraci\u00f3n, recuerda y exhorta al aprendiz de oraci\u00f3n que se alegre y consuele pues \u00absabe le contenta [a Dios] en aquello [en acudir a la oraci\u00f3n], y su intento no ha de ser contentarse a s\u00ed\u00ad, sino a \u00e9l\u00bb (Vida 1 1 , 10). San Juan de la Cruz se refiere a la misma experiencia cuando escribe a una amiga a quien acompa\u00f1a espiritualmente: \u00ab\u00bfQu\u00e9 vida o modo de proceder se pinta ella en esta vida? \u00bfQu\u00e9 piensa que es servir a Dios&#8230;?\u00bb. Y responde: \u00abS\u00f3lo vivir en fe oscura y verdadera, y esperanza cierta y caridad entera\u00bb (Cartas 12.10.89; 19).<\/p>\n<p>Centramiento existencial en la persona del amigo y maestro, Jes\u00fas. La Madre Teresa comienza de este modo el tratadito de oraci\u00f3n en el Libro de la Vida: \u00abHablando ahora de los que comienzan a ser siervos del amor (que no me parece otra cosa determinarnos a seguir por este camino de oraci\u00f3n al que tanto nos am\u00f3)\u00bb (11, 1). Ser siervos del amor, personas de un solo amor, que recogen su existencia en la amistad con Jes\u00fas. Se trata de un cambio de condici\u00f3n, ya que \u00abpara ser verdadero el amor y que dure la amistad hanse de encontrar las condiciones\u00bb (Vida 8, 5). La pedagog\u00ed\u00ada teresiana de la oraci\u00f3n apunta decididamente ah\u00ed\u00ad, al cambio de condici\u00f3n. La pregunta es agudamente certera: \u00abqu\u00e9 tales habremos de ser\u00bb (Camino de perfecci\u00f3n 4, 1). Y, siguiendo la imagen del juego del ajedrez, la respuesta correspondiente: hay que \u00abconcertar las piezas\u00bb; y para ganar la partida: \u00abno hay dama que as\u00ed\u00ad le haga rendir [a Dios] como la humildad\u00bb, y \u00abno puedo yo entender c\u00f3mo haya ni pueda haber humildad sin amor; ni amor sin humildad; ni es posible estar estas dos virtudes sin gran desasimiento de todo lo creado\u00bb (Camino 24, 2). Sobre estos tres pilares, \u00abvirtudes grandes\u00bb (Camino 15, 3; 16, 2), \u00abcosas tan necesarias para los que pretenden llevar camino de oraci\u00f3n\u00bb (Camino 4, 3), ha construido su ense\u00f1anza de la oraci\u00f3n: se necesita ser libre para amar, y libre hace a la persona la verdad. Y esto hay que asumirlo con \u00abuna muy determinada determinaci\u00f3n\u00bb (Camino 21. 23), que significa tanto la vigorosa constancia y perseverancia en el camino emprendido como la gratuidad con que se encara la relaci\u00f3n de amistad con Dios.<\/p>\n<p>1. GRATUIDAD. La relaci\u00f3n interpersonal se establece bajo el signo de la gratuidad: \u00abpor solo \u00e9l\u00bb. El ego\u00ed\u00adsmo es la amenaza que acecha a la oraci\u00f3n y est\u00e1 dentro del orante. Escribe Juan de la Cruz que \u00abel amor consiste en pasar de s\u00ed\u00ad al Amado\u00bb (C\u00e1ntico 26, 14), denunciando la facilidad con que identificamos la oraci\u00f3n o, en general, la vida espiritual con el gusto, que se constituye en el movente de nuestras acciones: \u00abandan arrimados al gusto y voluntad propia, y esto tienen por su Dios&#8230; Piensan estos [orantes] que el gustar ellos y estar satisfechos es servir a Dios y satisfacerle\u00bb (Noche I, 6, 3), \u00abque no se mueven ni obran por amor, sino por el gusto\u00bb (Noche I, 6, 6). Sobre esto tambi\u00e9n se pronuncia con decisi\u00f3n Teresa: \u00abes gran negoci\u00f3n comenzar las almas oraci\u00f3n, comenz\u00e1ndose a desasir de todo g\u00e9nero de contentos y entrar determinadas a s\u00f3lo ayudar a llevar la cruz a Cristo, como buenos caballeros que sin sueldo quieren servir a su rey\u00bb (Vida 15, 11; cf 11, 13; Carta med. mayo 82; 431, 7). Es la gran cr\u00ed\u00adtica que hace a las \u00abalmas concertadas\u00bb de las Moradas, cr\u00ed\u00adtica a un moralismo mercantilista: les dice que, no obstante todo su \u00abconcierto\u00bb, \u00abno han obligado a nuestro Se\u00f1or para que les haga semejantes mercedes\u00bb (III, 1, 8). En Camino hab\u00ed\u00ada escrito: \u00abParece que por justicia quieren pedir a Dios mercedes\u00bb (18, 6). Alaba, por el contrario, el comportamiento de otros \u00abque van por el camino del amor como han de ir, por s\u00f3lo servir a su Cristo crucificado\u00bb (IV, 2, 10).<\/p>\n<p>a) Determinada determinaci\u00f3n. La profunda reforma interior del ego\u00ed\u00adsmo a la gratuidad, de la autosuficiencia a la confianza en Dios, del deseo de que Dios haga mi voluntad a la decisi\u00f3n de hacer la suya (Moradas III, 2, 6), requiere perseverancia y \u00abuna grande y muy determinada determinaci\u00f3n\u00bb (Camino 21, 2). Pues el fruto de la oraci\u00f3n no se produce autom\u00e1ticamente, ni de una vez; ni siquiera se percibe tan f\u00e1cilmente. No se puede llegar \u00abal agua viva\u00bb, s\u00ed\u00admbolo de la contemplaci\u00f3n, y que otro recorra el camino. Un camino que, como advierte Teresa, es dif\u00ed\u00adcil radical y fundamentalmente, por la enorme distancia entre la condici\u00f3n de Dios y la del orante. \u00abNo pod\u00e9is acabar con vos de amarle tanto, porque no es de vuestra condici\u00f3n; mas viendo lo mucho que os va en tener su amistad, y lo mucho que os ama, pas\u00e1is por esta pena de estar mucho con quien es tan diferente de vos\u00bb (Vida 8, 5). Dios siempre espera: \u00aby le vais regalando y sufriendo, y esper\u00e1is a que se haga a vuestra condici\u00f3n\u00bb (Vida 8, 6).<\/p>\n<p>La resistencia a sufrir un amor gratuito corre pareja a la soberbia por la que queremos merecerlo. Y la soberbia es el nido donde se incuba la mentira que aborta toda relaci\u00f3n interpersonal que se nutre de la verdad.<\/p>\n<p>b) Perseverancia animosa y confiada. Es constante Teresa en afirmar que \u00abDios es amigo de \u00e1nimas animosas\u00bb (Vida 13, 2), que se abren al futuro m\u00e1s grande y luminoso por \u00ablos grandes deseos\u00bb. Se apresura a conectar la animosidad y confianza a la humildad, es decir, a la verdad. Deseos, dice, \u00abcon humildad y ninguna confianza en s\u00ed\u00ad\u00bb, sino en Dios, que es quien vence nuestra \u00abcobard\u00ed\u00ada y pusilanimidad\u00bb (Moradas I, 1, 10-11). La soberbia y la autosuficiencia engendran \u00abcobard\u00ed\u00ada\u00bb y \u00abamilanan los pensamientos\u00bb, \u00abapocan los deseos\u00bb, \u00abcon amparo [pretexto] de humildad\u00bb, o entendiendo \u00abmal la humildad\u00bb (Vida 13, 2.1.7.3.4).<\/p>\n<p>Deseos que han de resistir la impaciencia de una pureza pronta, y autenticarse en la espera dolorosa y humilde. Y no abandonar la oraci\u00f3n porque no logramos mejorar la vida; ni escudarnos en la debilidad para tapar conformismos degradantes.<\/p>\n<p>Los deseos tienen que ir fecundando la vida, y la oraci\u00f3n estrechando la fisura de infidelidad con humilde confianza. Orar y vivir no pueden hacer historias paralelas, ni menos contrarias. Est\u00e1n llamados a la armon\u00ed\u00ada y fecundaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca. Vida y oraci\u00f3n, hermanadas en la sencilla y genial expresi\u00f3n teresiana: hacer lo que \u00abel Se\u00f1or nos hace poder\u00bb (Camino 16, 6). Salir al encuentro del tiempo de Dios no es marcarle el tiempo a \u00e9l.<\/p>\n<p>Estos avisos se abren a la vida, en cuyo coraz\u00f3n la oraci\u00f3n germina y crece, y en la que se revela aut\u00e9ntica, viva. El hoy es, adem\u00e1s de escenario inevitable de la oraci\u00f3n, contenido y objetivo primero de la misma9. \u00abTan aparejado est\u00e1 este Se\u00f1or a hacernos merced ahora como entonces\u00bb, en este presente, como en el pasado (Moradas V, 4, 6). \u00abQuienes no vieren lo que ahora hay [grandes mercedes de oraci\u00f3n entre las carmelitas], no lo echen a los tiempos, que para hacer Dios grandes mercedes a quien de veras le sirve siempre es tiempo\u00bb (Fundaciones 4, 5).<\/p>\n<p>2. APRENDIZAJE CREATIVO. Un buen maestro de oraci\u00f3n llamar\u00e1 poco la atenci\u00f3n sobre el m\u00e9todo, y menos sobre su m\u00e9todo, buscando mucho m\u00e1s despertar la creatividad del disc\u00ed\u00adpulo. Aun aceptando la necesidad o, al menos, la conveniencia de algunas pautas, tender\u00e1 siempre a relativizarlas, en s\u00ed\u00ad mismas y con relaci\u00f3n a cada una de las personas en busca de su praxis de oraci\u00f3n, y a reducirlas num\u00e9ricamente.<\/p>\n<p>Teresa de Jes\u00fas grit\u00f3 -m\u00e1s que escribi\u00f3- varias veces que la oraci\u00f3n no es ninguna algarab\u00ed\u00ada, y que a nadie debe \u00abespantar el nombre\u00bb10. La oraci\u00f3n es una palpitaci\u00f3n o \u00abhabilidad natural\u00bb del amor que emerge con espontaneidad, y que se crea sus cauces. La doctora m\u00ed\u00adstica nos confiesa que se encontr\u00f3 orando \u00absin saber qu\u00e9 era\u00bb orar (Vida 9, 4). Frente a los intelectualistas que pon\u00ed\u00adan la \u00absustancia\u00bb de la oraci\u00f3n en \u00abpensar mucho\u00bb, ella defend\u00ed\u00ada decididamente que estaba en \u00abamar mucho\u00bb, razonando que \u00abtodos somos h\u00e1biles para amar\u00bb (Fundaciones 5, 2; Moradas IV, 1, 7). En esta misma l\u00ed\u00adnea, recordando a una persona \u00abque nunca pudo tener sino oraci\u00f3n vocal\u00bb, y que, sin embargo, \u00abten\u00ed\u00ada pura contemplaci\u00f3n\u00bb, se dirigir\u00e1 a los te\u00f3logos que s\u00f3lo aceptan la oraci\u00f3n vocal y siembran miedos contra la oraci\u00f3n mental, personal y silenciosa, que \u00abson enemigos de contemplativos\u00bb, que no piensen \u00abque est\u00e1n libres de serlo si las oraciones vocales rezan como se han de rezar\u00bb (Camino 30, 7). A todos estos te\u00f3logos hab\u00ed\u00ada dicho antes: \u00abno os entend\u00e9is, y as\u00ed\u00ad quer\u00e9is desatinemos todos, ni sab\u00e9is cu\u00e1l es oraci\u00f3n mental, ni c\u00f3mo se ha de rezar la vocal, ni qu\u00e9 es contemplaci\u00f3n; porque si lo supiereis, no condenar\u00ed\u00adais por un cabo lo que alab\u00e1is por otro\u00bb (Camino 22, 2).<\/p>\n<p>Supuesto, pues, que \u00abpara orar es necesario querer orar\u00bb (CCE 2650), Teresa de Jes\u00fas advierte al lector que \u00abha menester aviso el que comienza, para mirar en lo que aprovecha m\u00e1s\u00bb (Vida 13, 14). Y a los maestros les dir\u00e1 que tengan mucho cuidado de no agobiar con m\u00e1s o menos disimuladas imposiciones y dirigismos: \u00abYo he topado almas acorraladas y afligidas\u00bb porque estos maestros, \u00abno entendiendo el esp\u00ed\u00adritu, afligen alma y cuerpo, y estorban el aprovechamiento\u00bb (Vida 13, 14).<\/p>\n<p>Sobre este fondo, y dirigi\u00e9ndose m\u00e1s directamente a quienes \u00abno pueden discurrir en la oraci\u00f3n\u00bb, les propone \u00abel modo\u00bb que le ense\u00f1\u00f3 el Se\u00f1or, y con el que confiesa haber hallado \u00abtantos bienes\u00bb (Camino 29, 7).<\/p>\n<p>3. ORACI\u00ed\u201cN DE RECOGIMIENTO. Escribe la santa: \u00abLl\u00e1mase recogimiento, porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de s\u00ed\u00ad con su Dios\u00bb (Camino 28, 4). Persona a persona, y dentro.<\/p>\n<p>a) Encuentro en soledad. \u00ed\u0081mbito externo y creaci\u00f3n interior, soledad material, que se busca, y soledad interior que se crea, una y otra redimidas y salvadas por el amor, por la presencia afectiva al Amigo. Soledad \u00abpara saber con qui\u00e9n estoy\u00bb, y \u00ablo que responde el Se\u00f1or\u00bb. \u00ab\u00bfPens\u00e1is que se est\u00e1 callando aunque no le o\u00ed\u00admos? Bien habla al coraz\u00f3n cuando le pedimos de coraz\u00f3n\u00bb (Camino 24, 4).<br \/>\nb) Atenci\u00f3n a la persona del Amigo. \u00abMire que le mira\u00bb (Vida 13, 22). \u00abNo os pido m\u00e1s que le mir\u00e9is\u00bb (Camino 26, 3). No se trata de discurrir, de \u00absacar grandes y delicadas consideraciones\u00bb, \u00abconceptos\u00bb. Se trata s\u00f3lo de tomar conciencia, de advertir que \u00e9l est\u00e1 presente, dentro, \u00abmir\u00e1ndome\u00bb. Tratando de hacer compa\u00f1\u00ed\u00ada, me encontrar\u00e9 acompa\u00f1ado. Silenciando mi ego\u00ed\u00adsmo -\u00abno hacer caso de s\u00ed\u00ad\u00bb- para hacerme acogida de \u00e9l, emerger\u00e1 mi mejor yo, tambi\u00e9n el que necesita la redenci\u00f3n que le llegar\u00e1 de saberse \u00abmirado\u00bb.<\/p>\n<p>La contemplaci\u00f3n silenciosa, de amor, el recogimiento en \u00e9l, romper\u00e1 con suavidad en palabras que har\u00e1n m\u00e1s denso el silencio y m\u00e1s \u00ed\u00adntima la comunicaci\u00f3n: \u00absi se os ha enternecido el coraz\u00f3n de verle tal\u00bb, \u00abos holgar\u00e9is de hablar con \u00e9l, no oraciones compuestas, sino de la pena de vuestro coraz\u00f3n, que las tiene \u00e9l en mucho\u00bb (Camino 26, 6). \u00abPalabras del coraz\u00f3n\u00bb, nacidas \u00abde verle tal\u00bb, no arrancadas del discurso de la raz\u00f3n. El escenario lo llena el Otro, no el yo, las ideas, los sentimientos del orante.<\/p>\n<p>c) Los medios que se elijan se valorar\u00e1n por la fuerza que tengan de evocar, hacer presente la persona de Jes\u00fas, el Amigo. \u00abMirando se te despertar\u00e1 m\u00e1s el amor\u00bb, escribe Juan de la Cruz (Subida III, 35, 8). Refiri\u00e9ndose al lugar, dir\u00e1 con fuerza y claridad: \u00abaquel lugar se ha de escoger donde menos se embarace el sentido y el esp\u00ed\u00adritu de ir a Dios\u00bb. Y l\u00ed\u00adneas m\u00e1s abajo: \u00aby por eso es bueno lugar solitario, y aun \u00e1spero, para que el esp\u00ed\u00adritu s\u00f3lida y derechamente suba a Dios\u00bb (Subida III, 39, 2). Pues de esto se trata: de \u00abestar con \u00e9l\u00bb. As\u00ed\u00ad aconseja la santa: \u00abtraer una imagen o retrato de este Se\u00f1or\u00bb \u00abpara hablar muchas veces con \u00e9l\u00bb (Camino 26, 9); \u00abse est\u00e9n hablando y regalando con \u00e9l\u00bb (Vida 13, 11); o \u00abun libro de romance bueno\u00bb (Camino 26, 10), o el libro de la naturaleza, en la que se halla \u00abmemoria del Criador\u00bb (Vida 9, 5).<\/p>\n<p>Y ya que se trata de representar a Cristo, de hacerse consciente de su presencia, \u00e9l en persona tiene que ser el lugar de cita del orante: \u00abtraerle siempre consigo y hablar con \u00e9l, pedirle para sus necesidades\u00bb (Vida 12, 1). A\u00f1adir\u00e1 l\u00ed\u00adneas m\u00e1s abajo que \u00abquien trabajare a traer consigo esta preciosa compa\u00f1\u00ed\u00ada y se aprovechare mucho de ella&#8230;, yo le doy por aprovechado\u00bb.<\/p>\n<p>4. Los QUE PUEDEN MEDITAR. Aunque con m\u00e1s brevedad, tambi\u00e9n Teresa y Juan de la Cruz hablan de y a los que pueden meditar. Teresa habla poco porque ella no estaba en este grupo, y porque sabe que hay literatura buena y abundante11. Tambi\u00e9n el poeta de Fontiveros se excusa de no detenerse en dar doctrina para los principiantes, porque \u00abhay muchas cosas escritas\u00bb (Camino, pr\u00f3l. 3). Pero ambos dicen lo suficiente. Sintetizo su pronunciamiento al respecto, valoraci\u00f3n y consejos: \u00abes muy provechoso\u00bb, \u00abmuy excelente y seguro camino\u00bb (Vida 11, 11.13). \u00abEs bueno discurrir un rato\u00bb (Vida 13, 22); \u00abes admirable y muy meritoria oraci\u00f3n\u00bb (Moradas VI, 7, 10). La raz\u00f3n es simple: \u00abDios nos dio las potencias para que con ellas trabaj\u00e1semos&#8230; no hay para qu\u00e9 las encantar, sino dejarlas hacer su oficio\u00bb (Moradas IV, 3, 8).<\/p>\n<p>El santo insiste en la finalidad de la meditaci\u00f3n: \u00abenamorar y cebar el alma por el sentido\u00bb (Subida II, 12, 5. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n en Llama de amor viva 3, 32 y en Noche 1, 8, 3: por la meditaci\u00f3n \u00abse van desaficionando de las cosas del mundo y cobrando fuerzas espirituales en Dios\u00bb). Mientras el orante encuentre en los medios de meditaci\u00f3n motivo y fuerza para esto, \u00abmuy bueno es\u00bb que siga sirvi\u00e9ndose de ellos (Subida III, 24, 4). Sienta el principio a que atenerse: \u00aben tanto que sacare jugo y pudiere discurrir\u00bb (Subida II, 13, 2). \u00abNecesario le es al alma que se le d\u00e9 materia para que medite y discurra\u00bb (Llama 3, 32). Dios mismo les da gusto en la meditaci\u00f3n \u00abporque con este gusto dejen el otro\u00bb (Subida III, 39, 1).<\/p>\n<p>Sin embargo, Teresa de Jes\u00fas aconseja moderaci\u00f3n, sobriedad: \u00abacertar\u00ed\u00adan en ocuparse un rato en hacer actos, y en alabanzas de Dios\u00bb (Moradas 1, 6). \u00abAcallado el entendimiento&#8230;, mire que le mira, y le acompa\u00f1e\u00bb (Vida 13, 22); \u00absin cansarse en componer razones\u00bb, y esto aunque \u00ables parezca que es perdido el tiempo\u00bb, pues -anota la santa- \u00abtengo yo por muy ganada esta p\u00e9rdida\u00bb (Vida 13, 11). Juan de la Cruz advierte a los que meditan, \u00abpensando que siempre hab\u00ed\u00ada de ser as\u00ed\u00ad\u00bb (Subida II, 12, 6; cf 17, 6; Llama 2, 14), que la meditaci\u00f3n es una etapa pasajera en el proceso de la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Compara la santa los que pueden meditar y quienes, como ella, est\u00e1n incapacitados para hacerlo: los primeros \u00absacan doctrina para defenderse de los pensamientos [imaginaciones]\u00bb (Vida 4, 8); \u00abatapado [ocupado] el entendimiento, vase con descanso\u00bb (Camino 19, 1). Los segundos: \u00abes muy trabajoso y penoso\u00bb modo de proceder (Vida 4, 7); \u00abpenos\u00ed\u00adsima manera de proceder\u00bb (Vida 4, 8); \u00able es necesario\u00bb (Vida 4, 8); pero \u00abllegan m\u00e1s presto a contemplaci\u00f3n si perseveran\u00bb, \u00aben aprovechando aprovechan mucho, porque es en amar\u00bb (Vida 4, 7; 9, 5); \u00abcamina mucho en poco tiempo\u00bb (Camino 28, 5). Y aconsejara estos: \u00abes bueno un libro para presto recogerse\u00bb (Vida 9, 5); \u00abconvi\u00e9nele ocuparse mucho en lecci\u00f3n\u00bb (Vida 4, 8); adem\u00e1s \u00ables conviene m\u00e1s pureza de conciencia\u00bb (Vida 4, 8); \u00abtengan paciencia\u00bb (Vida 13, 11).<\/p>\n<p>5. MAESTRO EXPERIMENTADO. Reiterativos e insistentes se muestran Teresa y Juan de la Cruz en se\u00f1alar la importancia del \u00abmaestro experimentado\u00bb de oraci\u00f3n. Ella, como siempre, nos presenta su experiencia: no lo hall\u00f3 tan bueno como quisiera aunque lo busc\u00f3, asegurando que \u00abcon brevedad\u00bb habr\u00ed\u00ada superado tantas dificultades \u00absi tuviera maestro\u00bb (Vida 4, 6.10). Maestros experimentados y\/o \u00abletrados\u00bb, o tambi\u00e9n, simplemente, \u00abtratar con personas que tienen oraci\u00f3n\u00bb, o \u00abque tratan de lo mismo\u00bb, \u00abpara hacerse espaldas unos a otros\u00bb (Vida 7, 20.22).<\/p>\n<p>Juan de la Cruz recuerda a los maestros espirituales que \u00abel principal agente y gu\u00ed\u00ada y movedor de las almas&#8230; no son ellos, sino el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb, que \u00abellos son s\u00f3lo instrumentos\u00bb, cuya misi\u00f3n no es \u00abacomodarlas [las almas] a su modo y condici\u00f3n propia de ellos, sino mirando por donde las lleva Dios, y si no lo saben, d\u00e9jenlas y no las perturben\u00bb (Llama 3, 46); les aconseja que tengan sentido de sus limitaciones, \u00aben caso de tanta importancia&#8230;, donde se aventura casi infinita ganancia en acertar y casi infinita p\u00e9rdida en errar\u00bb (Llama 3, 56). La formaci\u00f3n para poder acompa\u00f1ar en el camino espiritual, en el proceso de personalizaci\u00f3n del misterio revelado, sencillamente en la oraci\u00f3n, relaci\u00f3n personal con Dios, es un cap\u00ed\u00adtulo necesitado de urgente atenci\u00f3n en la catequesis del pueblo cristiano. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad los m\u00ed\u00adsticos son no s\u00f3lo los que han levantado su voz sobre las graves carencias que descubren en la pastoral de la Iglesia, sino los que han ofrecido geniales y sugestivas pistas para solucionar esas deficiencias.<\/p>\n<p>Pienso que, al respecto, ser\u00e1 \u00fatil transcribir algunas palabras de san Juan de la Cruz en el pr\u00f3logo a Subida. Comienza diciendo que se pone a escribir \u00abpor la mucha necesidad que tienen muchas almas&#8230;, y no pasan adelante&#8230;, a veces&#8230; por faltarles gu\u00ed\u00adas id\u00f3neas y despiertas que las gu\u00ed\u00aden hasta la cumbre\u00bb. \u00abPadres espirituales\u00bb que, \u00abpor no tener luz y experiencia de estos caminos, antes suelen impedir y da\u00f1ar\u00bb. Termina pasando r\u00e1pida revista a diversos discernimientos equivocados de estos \u00abpadres espirituales\u00bb sobre la situaci\u00f3n espiritual de algunas personas, diciendo que \u00ablas crucifican de nuevo\u00bb (Subida, pr\u00f3l. 3-5; cf Llama 3, 30; Subida II 12, 3; Noche I, 8, 3). Advirtiendo en otro lugar que el no saber no les exime de responsabilidad, pues \u00abel que temerariamente yerra, estando obligado a acertar, como cada uno lo est\u00e1 en su oficio, no pasar\u00e1 sin castigo, seg\u00fan el da\u00f1o que hizo. Porque los negocios de Dios con mucho tiento y muy a ojos abiertos se han de tratar\u00bb (Llama 3, 56). Pedagog\u00ed\u00ada y acompa\u00f1amiento, o pedagog\u00ed\u00ada permanente, acompa\u00f1amiento generoso y despierto, amasado de ciencia y experiencia.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. F. HEILER, La prere, Payot, Par\u00ed\u00ads 1931, 520. &#8211; 2. Resulta chocante que F. Heiler no considere, de ning\u00fan modo, este elemento. Tampoco B. H\u00e1ring, que sigue en este punto a Heiler: cf Oraci\u00f3n, en S. DE FLORES-T. GOFFI (eds.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 1991&#8242;, 1391-1407. &#8211; 3. J. MART\u00ed\u008dN VELASCO, Introducci\u00f3n a la fenomenolog\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n, Cristiandad, Madrid 1982&#8242;, 143. &#8211; 4. T\u00ed\u00adtulo del documento de la Congregaci\u00f3n de la doctrina de la fe sobre la oraci\u00f3n cristiana: La oraci\u00f3n cristiana: encuentro de dos libertades, PPC, Madrid 1990, 15. &#8211; 5. Cf el art\u00ed\u00adculo de J. MART\u00ed\u008dN VELASCO, La educaci\u00f3n de la experiencia religiosa en una sociedad secularizada, Actualidad catequ\u00e9tica 141 (1989) 31-53. &#8211; 6. Expresi\u00f3n de A. MASLOW, El hombre autorrealizado. Hacia una psicolog\u00ed\u00ada del ser, Kair\u00f3s, Barcelona 1991&#8242;. &#8211; 7. J. M. CASTILLO, Oraci\u00f3n y existencia cristiana, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1983, 179. &#8211; 8. PABLO VI, Discurso de clausura de la 2&#8242; etapa del Vaticano II, en CONCILIO VATICANO II, Constituciones. Decretos. Declaraciones. BAC, Madrid 1968, 1058 [12]. &#8211; 9. Expl\u00ed\u00adcitamente se refiere a esto CCE 2659-2660. &#8211; 10. \u00abPensar y entender qu\u00e9 hablarnos, y con qui\u00e9n hablamos, y qui\u00e9n somos los que osamos hablar con tan gran Se\u00f1or&#8230;; no pens\u00e9is es otra algarab\u00ed\u00ada, ni os espante el nombre\u00bb (Camino 25, 3). &#8211; 11. \u00abPara entendimientos concertados y almas que est\u00e1n ejercitadas y pueden estar consigo mismas, hay tantos libros escritos y tan buenos\u00bb (Camino 19, 1).<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Orar en libertad, Vida religiosa 70 (1991) 332-393; CASTELLANO J., Pedagog\u00ed\u00ada de la oraci\u00f3n, Biblioteca lit\u00fargica, Barcelona 1996; CASTILLO J. M., Oraci\u00f3n y existencia cristiana, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1983; ESTRADA J. A., Oraci\u00f3n: liberaci\u00f3n y compromiso de fe. Ensayo de teolog\u00ed\u00ada fundamental, Sal Terrae, Santander 1986; GAIT\u00ed\u0081N J. D.-MART\u00ed\u008dNEZ J. M., La oraci\u00f3n. Reflexi\u00f3n y materiales, Comunidades 75, 21 (1992); GUERRA A., Oraci\u00f3n cristiana. Sociolog\u00ed\u00ada-Teolog\u00ed\u00ada-Pedagog\u00ed\u00ada, EDE, Madrid 1984, sobre todo pp. 129-178; HERR\u00ed\u0081IZ M., La oraci\u00f3n, historia de amistad, EDE, Madrid 1995&#8242;; La oraci\u00f3n palabra de un Maestro: san Juan de la Cruz, EDE, Madrid 1991; La oraci\u00f3n, pedagog\u00ed\u00ada y proceso, Narcea, Madrid 1985; MART\u00ed\u008dN R.-AISA F. J., La oraci\u00f3n. Fichero de materias, Comunidades 13 (abril-junio 1985).<\/p>\n<p>Juan Carlos Carvajal Blanco<br \/>\ny Maximiliano Herr\u00e1iz Garc\u00ed\u00ada<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Elementos constitutivos de la actitud de oraci\u00f3n. II. Claves pedag\u00f3gicas para iniciar en la oraci\u00f3n. III. Iniciaci\u00f3n pedag\u00f3gica a la oraci\u00f3n: 1. La oraci\u00f3n de Jes\u00fas; 2. La oraci\u00f3n del cristiano. IV. Iniciaci\u00f3n seg\u00fan santa Teresa y san Juan de la Cruz: 1. Gratuidad; 2. Aprendizaje creativo; 3. Oraci\u00f3n de recogimiento; 4. Los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/oracion-orientaciones-pedagogicas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abORACION. 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