{"id":17039,"date":"2016-02-05T11:06:08","date_gmt":"2016-02-05T16:06:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/penitencia-y-uncion-de-los-enfermos\/"},"modified":"2016-02-05T11:06:08","modified_gmt":"2016-02-05T16:06:08","slug":"penitencia-y-uncion-de-los-enfermos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/penitencia-y-uncion-de-los-enfermos\/","title":{"rendered":"PENITENCIA Y UNCION DE LOS ENFERMOS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Ministerio curativo de Jes\u00fas. II. Los sacramentos de curaci\u00f3n. III. El sacramento de la penitencia: 1. Algunos aspectos importantes; 2. El sacramento de la penitencia hoy. IV. El sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos: 1. Directrices hist\u00f3rico-teol\u00f3gicas; 2. Situaci\u00f3n actual. V. Claves catequ\u00e9ticas: 1. Tareas de la catequesis; 2. Propuestas metodol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>I. Ministerio curativo de Jes\u00fas<br \/>\nLos sacramentos del Nuevo Testamento se entienden como un acto personal del propio Jes\u00fas, o como una acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica que brota del Padre y se visualiza en su relaci\u00f3n con el hombre. Es en las acciones de Jes\u00fas donde encontramos la fundamentaci\u00f3n antropol\u00f3gica y teol\u00f3gica de los sacramentos cristianos. El hombre, en cuanto realidad corp\u00f3rea-espiritual, es un misterio que se revela a trav\u00e9s de las posibilidades que conlleva la corporalidad en sus aspectos positivos y negativos. Si miramos de una forma desapasionada el Nuevo Testamento vemos que la acci\u00f3n curativa de Jes\u00fas es uno de sus ministerios m\u00e1s importantes. No cabe duda que el Se\u00f1or ejerci\u00f3 con plena conciencia un ministerio de curaci\u00f3n que es el origen de los sacramentos. Tal vez no podamos especificar acciones concretas de Jes\u00fas en orden a la instituci\u00f3n de alg\u00fan sacramento determinado, por ejemplo la unci\u00f3n de los enfermos. Sin embargo, no cabe duda de que en el ministerio curativo de Jes\u00fas se dan los elementos suficientes para decir que Jesucristo instituy\u00f3 aut\u00e9nticos sacramentos de curaci\u00f3n del hombre. Podemos decir que el hombre es un ser sacramental porque expresa su realidad \u00faltima en acciones rituales simb\u00f3licas, en las que se manifiesta su realidad personal y trascendental. Tal experiencia no cae en el vac\u00ed\u00ado o en la mera subjetividad; encuentra su respuesta objetiva en la persona y ministerio de Jes\u00fas, en lo m\u00e1s originario de su misi\u00f3n, porque \u00abDios ungi\u00f3 con el Esp\u00ed\u00adritu Santo y llen\u00f3 de poder a Jes\u00fas de Nazaret, el cual pas\u00f3 haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con \u00e9l\u00bb (He 10,38).<\/p>\n<p>a) Jes\u00fas, con su vida y con sus acciones salvadoras, a trav\u00e9s de su cuerpo provoca el encuentro de la acci\u00f3n amorosa del Padre con el hombre. A trav\u00e9s de su cuerpo, Jes\u00fas es el instrumento de la acci\u00f3n redentora y sanante del Padre. Dios es el que act\u00faa, perdona, cura y reconstruye todas las dimensiones del hombre en y por la acci\u00f3n curativa de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Gracias a la corporalidad de Jes\u00fas podemos entender sacramentalmente a Dios como el que cura y salva a los enfermos, marginados y pecadores. En Cristo, como dec\u00ed\u00ada ya la teolog\u00ed\u00ada cl\u00e1sica, se hace presente en la historia la gracia salv\u00ed\u00adfica de Dios, en la que los gestos humanos de Jes\u00fas son signo y causa de la gracia santificante. Esto significa que en el ministerio de curaci\u00f3n que Jes\u00fas ejerci\u00f3 reiteradamente, nos encontramos con Dios sacramentalmente y vamos experimentando curaciones parciales de nuestro yo profundo, hasta tener la curaci\u00f3n plena cuando vivamos la comuni\u00f3n con el Padre y el Esp\u00ed\u00adritu Santo. El objeto del ministerio curativo de Jes\u00fas es sentir la acci\u00f3n amorosa de Dios en nosotros: ser amado por Jes\u00fas es ser amado por Dios, ser perdonado por Jes\u00fas es renacer como hijos a la filiaci\u00f3n divina, etc. En este sentido la curaci\u00f3n que Jes\u00fas ofrece conlleva una acci\u00f3n sanadora, la recuperaci\u00f3n de la vida perdida, un crecimiento positivo de las personas, la liberaci\u00f3n del pecado personal y sus consecuencias sociales, el perd\u00f3n y la paz con los hermanos y una esperanza clara de la victoria sobre las fuerzas del mal que atenazan al hombre y al mundo. Sin duda, este car\u00e1cter sanante es lo m\u00e1s originario del mensaje de Jes\u00fas, que aparece un poco por todas las p\u00e1ginas del Nuevo Testamento: \u00ablos ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia el evangelio a los pobres\u00bb (Mt 11,5).<\/p>\n<p>Jes\u00fas es el gran sacramento de Dios para el hombre, y del hombre para Dios; por eso su sacramentalidad es sanante, revel\u00e1ndonos a Dios como el amigo de la vida y sanador del ser humano (Ex 15,26). Nadie como \u00e9l puede hacer posible esta acci\u00f3n novedosa en el proceso vital del hombre ya que \u00abtom\u00f3 nuestras flaquezas y carg\u00f3 con nuestras enfermedades\u00bb (Mt 8,17), al tiempo que \u00abpas\u00f3 haciendo el bien y curando&#8230; porque Dios estaba con \u00e9l\u00bb (He 10,38). Jes\u00fas cura apelando a la fe del hombre, ante cuya respuesta positiva no hay mal que se detenga, ya que \u00e9l, en su condici\u00f3n de enviado del Padre, tiene poder sobre la vida y la muerte (Me 5,21-34; Lc 7,11-17). Esta perspectiva sirve de fuente de inspiraci\u00f3n para el futuro, en el que el ministerio curativo de Jes\u00fas es dado a sus disc\u00ed\u00adpulos, y entre las acciones propias del anuncio del evangelio figuran expresamente las que se refieren a este ministerio de curaci\u00f3n que Jes\u00fas ejerci\u00f3 (Mt 10,1-8; Lc 9,1; 10,9).<\/p>\n<p>Esta actividad curativa es la que mejor caracteriza la misi\u00f3n de Jes\u00fas como enviado del Padre, en la que se revela plenamente qu\u00e9 tipo de liberaci\u00f3n ofrece Dios al hombre (Mt 12,28). La sanaci\u00f3n que Jes\u00fas ofrece es una acci\u00f3n integral de la persona que revela la forma en que hemos de vivir la salvaci\u00f3n de Dios, como respuesta a nuestra precariedad. Desde aqu\u00ed\u00ad entendemos que la conversi\u00f3n al Dios vivo suscita una realidad personal nueva que nos permite crecer en una vida sana y arm\u00f3nica a todos los niveles. Convertirse al evangelio y vivir desde los valores que encarn\u00f3 Jesucristo es ponerse en camino hacia la aut\u00e9ntica curaci\u00f3n que conduce a la maduraci\u00f3n sana de la persona; \u00e9l abre a horizontes insospechados en su vida interior y de compromiso con los dem\u00e1s (Mc 2,17; Mt 9,12-13).<\/p>\n<p>b) Al igual que el Maestro, la Iglesia ver\u00e1 en estos signos la fuerza de la fe en el poder de Dios y el poder del amor misericordioso de Dios que sana radicalmente al hombre de todos sus males. Los sacramentos que brotan del ministerio sanador de Jes\u00fas y a los que la Iglesia ha dado forma con diversos matices en cada momento de la historia, hacen sacramentalmente visible el nacer de nuevo (Jn 3,3) que implica el irnos liberando de un pecado de esclavitud, de falsas culpabilidades psicol\u00f3gicas o morales, y abrirnos a la asunci\u00f3n de todo nuestro ser, para poder ser como un manantial del que brota la vida verdadera de la que nos habla san Juan (Jn 4,14; 14,6). Los evangelistas hablan de la fuerza sanadora que sal\u00ed\u00ada de Jes\u00fas (Le 6,19). No cabe duda que la gran fuerza sanadora de Jes\u00fas era el amor, que viene expresado, de muchas maneras, en la forma de actuar de Jes\u00fas, en sus ense\u00f1anzas, o en las par\u00e1bolas. El amor sana, y la forma que tuvo Jes\u00fas de existir y relacionarse con la gente fue desde el amor, que realmente cura lo m\u00e1s profundo del ser humano.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n evangelizadora y sacramental de la Iglesia, a semejanza de la de Jes\u00fas, va acompa\u00f1ada de signos sacramentales entre los que figura la curaci\u00f3n (He 2,43; 5,12.15); y entre los carismas que el Se\u00f1or concede a los fieles en orden a la edificaci\u00f3n de la comunidad, aparece el de hacer curaciones, tanto en sentido f\u00ed\u00adsico como en el de la curaci\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu (1Cor 12,9.28). Uno de los contenidos esenciales del anuncio de la llegada del reino, que los disc\u00ed\u00adpulos han de hacer, es la acci\u00f3n sanante del evangelio (Le 10,8-9): estar en medio del mundo, curar lo que hay enfermo, y desde ah\u00ed\u00ad anunciar que ese es el signo de que el Reino se est\u00e1 llevando a cabo.<\/p>\n<p>La Iglesia, al estructurar la presencia sacramental de Cristo en la comunidad, no ha olvidado, ni puede olvidar, que la verdad de su presencia en el mundo pasa por las se\u00f1ales de curaci\u00f3n que va realizando en la vida y celebrando en los signos de los sacramentos de curaci\u00f3n. De esta forma, la Iglesia estar\u00e1 siendo testigo veraz de Aquel que es fuente de vida y salvaci\u00f3n, envi\u00e1ndonos a anunciar el reino de Dios y a sanar al hombre de todo mal y dolencia (Le 9,2; 10,9).<\/p>\n<p>El te\u00f3logo K. Rahner afirma que toda verdad dogm\u00e1tica est\u00e1 contenida en la Sagrada Escritura como en embri\u00f3n, y luego la Iglesia le va dando crecimiento, bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. En el caso de los sacramentos de la penitencia y la unci\u00f3n de los enfermos, como sacramentos de curaci\u00f3n instituidos por Cristo, podemos decir que, al margen de los textos b\u00ed\u00adblicos espec\u00ed\u00adficos que prueban la sacramentalidad de los mismos (Mt 16,18-19; 18,15-18; Mc 6,13; Sant 5,14-15; Jn 20,21-23), esta quedar\u00ed\u00ada suficientemente fundada a la luz de lo que el Nuevo Testamento entiende por el ministerio curativo de Jes\u00fas, transmitido por \u00e9l mismo a la Iglesia y a sus disc\u00ed\u00adpulos. Con ello se anuncia y garantiza que el Reino est\u00e1 actuando en nosotros.<\/p>\n<p>II. Los sacramentos de curaci\u00f3n<br \/>\nPodemos decir, en sentido general, que los sacramentos son signos de la actividad sanante de Dios para el hombre, en Cristo. Cuanto m\u00e1s ahondamos en la experiencia de lo que es la radical precariedad humana, y en los males que aquejan al hombre y a la sociedad actual, m\u00e1s nos convencemos de la radical fuerza terap\u00e9utica de la fe cristiana. Si los sacramentos son acciones de Cristo y de la Iglesia que posibilitan al hombre el encuentro consigo mismo en profundidad y con Dios, no cabe duda de que cada sacramento simboliza y hace presente la fuerza sanante del evangelio en el aqu\u00ed\u00ad y ahora de nuestra historia personal y colectiva. Anunciar a Jesucristo al hombre de hoy es hacerle una oferta personal y social de que la salvaci\u00f3n puede ser experimentada ya desde ahora, dentro de los l\u00ed\u00admites de nuestra fragilidad existencial, como fuerza sanante de todo lo que nos esclaviza.<\/p>\n<p>Con esta perspectiva general podemos acercarnos a los sacramentos que expresan m\u00e1s directamente la acci\u00f3n curativa de Jes\u00fas: la eucarist\u00ed\u00ada, la penitencia y la unci\u00f3n de los enfermos. Hacemos referencia a la eucarist\u00ed\u00ada, ya que es el lugar propio y el \u00e1mbito espec\u00ed\u00adfico desde donde se comprende toda la acci\u00f3n sacramental de Cristo. La eucarist\u00ed\u00ada expresa en plenitud y totalidad el misterio de la vida, muerte y resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or; \u00abrealiza la comuni\u00f3n de vida con Dios y&#8230; es pregustaci\u00f3n de la vida eterna\u00bb (La iniciaci\u00f3n cristiana [IC] 57). Los dem\u00e1s sacramentos, con su originalidad propia, hacen presente para el hombre alg\u00fan aspecto del misterio pascual de Cristo, desde el que se accede a la totalidad que se expresa en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada. Aunque nos vamos a referir concretamente a los sacramentos de la penitencia y de la unci\u00f3n de los enfermos, debemos tener siempre presente este marco referencial de la eucarist\u00ed\u00ada. El sacramento de la cena del Se\u00f1or es el signo m\u00e1s expresivo en donde la Iglesia, sacramento universal de salvaci\u00f3n, puede ofrecer la gracia que sana y salva, la fuerza m\u00e1s vigorosa para la curaci\u00f3n interior de la persona y el punto de referencia donde los pobres, enfermos y marginados encuentren la ra\u00ed\u00adz de su lucha y esperanza. De esta forma ha de ser entendida la eucarist\u00ed\u00ada llevada como vi\u00e1tico a los enfermos, como sacramento que prepara y anticipa la curaci\u00f3n escatol\u00f3gica del cristiano.<\/p>\n<p>a) En cuanto al sacramento de la penitencia, es necesario recuperar toda su fuerza sanante y salv\u00ed\u00adfica para el hombre en su situaci\u00f3n concreta, partiendo de las experiencias de vac\u00ed\u00ado y frustraci\u00f3n que est\u00e1 viviendo en sus diversos niveles. El ministro de este sacramento ha de tener muy presente que, al actuar en nombre de Cristo y de la comunidad cristiana, no ha de hacerlo como juez, sino como sanador; lo mismo que Jes\u00fas, que perdonaba los pecados y curaba de todos los males y opresiones. Entend\u00ed\u00ada que la reconciliaci\u00f3n con Dios lleva a la persona a una valoraci\u00f3n nueva de s\u00ed\u00ad misma y la sit\u00faa en una nueva forma de ser y estar ante Dios, ante s\u00ed\u00ad misma y ante los dem\u00e1s. Por esto, aparece claro que el sacramento de la penitencia ha de ser fuente de paz interior, curaci\u00f3n de heridas y culpabilidades pasadas, y al mismo tiempo acogida gozosa de un proyecto nuevo de vida. No se trata s\u00f3lo de mirar al pasado, sino de mirar al futuro con una conciencia clara de haber sido reconstruido desde los cimientos del propio ser. La concepci\u00f3n cat\u00f3lica de este sacramento siempre ha defendido que el perd\u00f3n otorgado en la penitencia no es una mera imputaci\u00f3n externa, como sosten\u00ed\u00ada generalmente la teolog\u00ed\u00ada de la reforma, sino una curaci\u00f3n interior desde la que la persona comienza una vida nueva.<\/p>\n<p>En este sentido, la penitencia dice relaci\u00f3n al bautismo: en cuanto el arrepentido acoge el perd\u00f3n de Dios, renace a la vida original de gracia que le hab\u00ed\u00ada sido otorgada en el bautismo. Es este un aspecto especialmente presente y querido por la teo&#8217; logia patr\u00ed\u00adstica, en orden a la funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica del sacramento de la reconciliaci\u00f3n en el plan salvador de Dios en Cristo. A la luz de esto, lo que nos ataba al pasado pertenece a la bondad del Dios que salva, aunque nuestros pecados sean numerosos; el presente es de acci\u00f3n de gracias porque el Se\u00f1or est\u00e1 grande con nosotros, y el futuro es un proyecto seguro, porque est\u00e1 bajo el signo del amor esponsal de Dios con aquel que ha sido perdonado.<\/p>\n<p>La experiencia cristiana de perd\u00f3n y de reconciliaci\u00f3n se vive partiendo no s\u00f3lo de las experiencias de negatividad que vive la persona, sino tambi\u00e9n incorporando la experiencia positiva de superaci\u00f3n de uno mismo, luchando por la felicidad que conlleva el encuentro con uno mismo y con la alteridad. La experiencia de un encuentro de esta calidad nos lleva casi a tocar lo que es una experiencia plena de felicidad, con lo cual el perd\u00f3n se convierte en experiencia de amor. Es desde aqu\u00ed\u00ad desde donde aceptamos, con serenidad y equilibrio, lo que somos y lo que estamos llamados a ser: imagen de Dios Trino, hijos en el Hijo.<\/p>\n<p>La fe en que vivimos en y por la gracia, y la esperanza en aquello que estamos llamados a ser, es lo que da sentido a todas las luchas y a la entrega gozosa de la propia vida para que el reino de Dios se haga realidad entre nosotros. S\u00f3lo una persona radicalmente curada puede ser una persona radicalmente libre y comprometida en la liberaci\u00f3n de sus hermanos y en hacer presente el Reino.<\/p>\n<p>b) El sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos, en la tradici\u00f3n teol\u00f3gica y lit\u00fargica, representa de forma concreta la acci\u00f3n sacramental curativa que la Iglesia ejerce en nombre de Jesucristo. Aunque, como veremos, el sentido de la curaci\u00f3n propio de este sacramento tiene diversos alcances y momentos, sin embargo, significa que la acci\u00f3n sanante llega a la persona entera. Por la gracia dada en el sacramento de la unci\u00f3n, Jesucristo viene a salvar al hombre en su totalidad, confirm\u00e1ndolo en la esperanza de que existe un futuro para el enfermo. Ese futuro hay que construirlo con todo el esfuerzo de las posibilidades humanas, pero con una confianza absoluta de que m\u00e1s all\u00e1 de toda limitaci\u00f3n, dolencia o enfermedad est\u00e1 la curaci\u00f3n ofertada por Cristo, que es al mismo tiempo temporal y escatol\u00f3gica. El sacramento constituye, pues, un remedio para el cuerpo y el esp\u00ed\u00adritu del cristiano. Los elementos corporal y espiritual han estado siempre unidos y presentes en \u00e9l, como unidos est\u00e1n en la experiencia \u00fanica del ser humano, resultando esto imprescindible para comprender el signo y la acci\u00f3n propia de la gracia en este sacramento. A nivel te\u00f3rico, no cabe duda de que la unci\u00f3n de los enfermos es un sacramento de vida y signo eficaz de la salvaci\u00f3n; sin embargo, es necesaria una presentaci\u00f3n teol\u00f3gica y catequ\u00e9tica adecuada del mismo al pueblo cristiano. Actualmente existe un esfuerzo verdaderamente plausible de introducir la pastoral y celebraci\u00f3n de este sacramento en el \u00e1mbito de la pastoral de la salud. Es, pues, desde ese campo, desde donde se nos abre una nueva perspectiva para una vivencia positiva e integradora de este sacramento en el misterio pascual de Cristo, como misterio de vida y salvaci\u00f3n para toda la persona.<\/p>\n<p>III. El sacramento de la penitencia<br \/>\nTodo sacramento expresa, desde diversos \u00e1mbitos, una vivencia humana que encuentra sentido y proyecci\u00f3n en la vida y acci\u00f3n de Dios en Cristo. Para que haya sacramento tiene que haber alg\u00fan tipo de experiencia humana que precise de la gracia para ser iluminada y superada. Por esto, es necesario preguntarse si en todo lo que entendemos por sacramento de la penitencia se dan esas experiencias humanas que postulan la necesidad de una acci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de Cristo y de la Iglesia, en orden a que la persona pueda sentir en su vida la presencia del misterio pascual de Cristo, que hagan eficaz la acci\u00f3n de la gracia en \u00e9l.<\/p>\n<p>Un planteamiento abierto, y que tenga en cuenta todo esto, nos hace ver que el tema del sacramento de la reconciliaci\u00f3n tiene que ser estudiado desde diversos \u00e1mbitos, tantos como son los que configuran el ser humano en toda su complejidad. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1n, pues, implicados aspectos que dicen relaci\u00f3n a las ciencias humanas, aspectos teol\u00f3gicos, celebrativos, catequ\u00e9ticos, etc.<\/p>\n<p>1. ALGUNOS ASPECTOS IMPORTANTES. Veremos seguidamente algunos aspectos que aparecen implicados en el estudio del sacramento de la penitencia.<\/p>\n<p>a) Aspectos antropol\u00f3gicos. No es f\u00e1cil adentrarse en el campo de la persona humana, ya que confluyen y est\u00e1n implicados en \u00e9l diversos aspectos de las ciencias humanas. Por una parte, es un tema no suficientemente tratado desde el punto de vista de los sacramentos en general y de los de curaci\u00f3n en particular. Por otra, las ciencias, en su especializaci\u00f3n, tienden a hacer compartimentos de cada uno de los aspectos y configuraci\u00f3n del ser humano, lo cual lleva a una p\u00e9rdida de la posibilidad de acceder a la comprensi\u00f3n del hombre en su globalidad.<\/p>\n<p>Estudiar y pensar teol\u00f3gicamente al hombre en s\u00ed\u00ad, es pensar una realidad personal, accediendo a ella no solamente como a una parcela o una visi\u00f3n global de la misma, sino como a la experiencia de un ser concreto, fascinado por la propia superaci\u00f3n y atormentado por la propia indigencia. Estos problemas entre el ser y el deber llevan a la persona a una seria lucha entre los valores positivos y negativos intraproyectados a nivel profundo, que condicionan la posibilidad de una realizaci\u00f3n humana equilibrada y la vivencia de una experiencia religiosa sana y sin traumas. Es desde aqu\u00ed\u00ad desde donde hay que plantear la relaci\u00f3n entre fe y psicolog\u00ed\u00ada, no desde la sospecha, sino consider\u00e1ndolos dos aspectos complementarios que inciden en la comprensi\u00f3n de la persona, con sus miserias y sus posibilidades.<\/p>\n<p>No cabe duda de que cuando el creyente acude al sacramento de la penitencia es capaz de formular situaciones personales y cuestiones de un calado que no es capaz de hacer, salvo en el campo de la terapia, en el di\u00e1logo propiciado desde el \u00e1mbito de las ciencias humanas. La fe tiene que dar puntos de referencia, valores objetivos, y se\u00f1alar metas de superaci\u00f3n que expresen un cambio real en la vida del penitente. En este sentido, la relaci\u00f3n con las ciencias antropol\u00f3gicas es evidente; ahora bien, la celebraci\u00f3n sacramental tiene que aportar una oferta de sentido como un proyecto de futuro que hace a la persona imagen de Dios. Lo mismo podemos decir en el campo de la culpabilidad, ya sea psicol\u00f3gica, moral o religiosa: las ciencias humanas conllevan una liberaci\u00f3n de todo lo que es culpabilidad patol\u00f3gica, y ah\u00ed\u00ad hemos de respetar la competencia de las mismas. Sin embargo, en el sentido de una culpabilidad sana, y el correspondiente sentido teol\u00f3gico de pecado, la celebraci\u00f3n sacramental tiene que ser verdaderamente liberadora para la persona, que tiene que sentirse con la seguridad de que su vida puede empezar de nuevo y superar el rescoldo de una culpabilidad que ha asentado en su coraz\u00f3n por obra de su opci\u00f3n libre con el pecado. El aspecto fundamental de la oferta sacramental, en lo referente a la problem\u00e1tica antropol\u00f3gica, es el ser capaces de percibir la oferta del amor que Dios nos ofrece, y la falta de un proyecto personal que nos lleve a una din\u00e1mica positiva que responda a ese amor de Dios.<\/p>\n<p>b) Problem\u00e1tica teol\u00f3gica. Tiene en el sacramento de la penitencia una triple referencia: Dios, el hombre y la Iglesia. En primer lugar, el sacramento de la penitencia celebra la conversi\u00f3n como un proyecto de futuro liberador para el hombre y que dice relaci\u00f3n a Dios. Por eso la estructura fundamental del sacramento, en la que se fundamenta la conversi\u00f3n como una posibilidad nueva de existir, es teologal. Tal posibilidad de existencia la realizamos en Cristo resucitado, pero a trav\u00e9s de la experiencia del Jes\u00fas hist\u00f3rico. Por tanto, el primer protagonista del sacramento de la penitencia es Dios, Dios en Cristo, como oferta a la que el hombre responde en fe. La f\u00f3rmula de absoluci\u00f3n del ritual del Vaticano II expresa adecuadamente las dimensiones teologales del sacramento: Dios Padre, que reconcili\u00f3 consigo al mundo por medio del Hijo, env\u00ed\u00ada al Esp\u00ed\u00adritu para el perd\u00f3n de los pecados. Este perd\u00f3n le acontece al sujeto por el ministerio de mediaci\u00f3n de toda la Iglesia, que el ministro personaliza en nombre de Cristo y de\u2020\u00a2.la Iglesia misma. En cuanto a la situaci\u00f3n del sujeto ante el sacramento de la penitencia, partimos de una concepci\u00f3n teol\u00f3gica de la persona, no de datos meramente psicol\u00f3gicos. El hombre redimido por Cristo tiene la posibilidad de salir de s\u00ed\u00ad mismo para encararse con el proyecto de futuro que Dios le propone. Esto significa que existencialmente siente que sus culpas pueden ser superadas a trav\u00e9s de la conversi\u00f3n y la vida nueva que por gracia y fe recibe en el sacramento.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n plena del sacramento presupone y conlleva un proceso personal, acorde con las situaciones y experiencias que el creyente est\u00e1 viviendo en cada momento de su existencia. Por ello, es preciso ahondar en las experiencias vitales de cada persona y adaptar la acci\u00f3n catequ\u00e9tica a cada situaci\u00f3n personal, edad, circunstancia, etc., de modo que la celebraci\u00f3n del sacramento sea un acontecimiento salv\u00ed\u00adfico para quien lo recibe.<\/p>\n<p>El sentido de la mediaci\u00f3n eclesial es el elemento espec\u00ed\u00adfico de la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica acerca de los sacramentos. La Iglesia es mediadora y prolongaci\u00f3n de la acci\u00f3n de Cristo, el \u00fanico mediador. La mediaci\u00f3n Cristo-Iglesia es una misma, no dos distintas, pues el signo de la penitencia es la reconciliaci\u00f3n con la Iglesia, en cuanto s\u00ed\u00admbolo eficaz de la reconciliaci\u00f3n con Dios. Esta acci\u00f3n de mediaci\u00f3n la ejerce la Iglesia en tres niveles: universal, local y ministerial.<\/p>\n<p>La mediaci\u00f3n y el servicio de la reconciliaci\u00f3n del hombre es un ministerio que corresponde a toda la Iglesia, presente en distintos \u00e1mbitos, y en la cual se ejercen diferentes ministerios, en orden a la reconciliaci\u00f3n del creyente en la comunidad y con Dios. Es desde aqu\u00ed\u00ad desde donde habr\u00ed\u00ada que justificar y comprender la representatio Christi et Ecclesiae que ejerce el ministerio ordenado en este sacramento.<\/p>\n<p>c) Problem\u00e1tica b\u00ed\u00adblica e hist\u00f3rica. El mensaje central de Jes\u00fas y de la Iglesia primitiva era la metanoia, el perd\u00f3n y la conversi\u00f3n (Me 1,15; 6,12; Mt 4,17; Lc 24,46; He 3,19; 11,18; 17,30; 20,21; etc). La Iglesia se concibe como nuevo Israel, la comunidad de salvados por Dios. La entrada es el bautismo, que es el sacramento del perd\u00f3n. En el seno de la Iglesia surge espont\u00e1neamente la pregunta sobre la compatibilidad entre el pecado de sus miembros y la santidad de la Iglesia. La praxis de la comunidad naciente muestra que, ante ciertos pecados al menos, por ejemplo el caso del incestuoso de Corinto (1Cor 5,3-5), la Iglesia reacciona con un rechazo, separando al pecador de su seno; y tras un per\u00ed\u00adodo, cuando hay sinceridad y cambio por parte del pecador, al expulsado se le reintegra a la comunidad. Esta praxis, signo de una conciencia eclesial al respecto, es la muestra de que lo que llamamos penitencia-sacramento responde al ser de la Iglesia en su funci\u00f3n de sacramento del reino de Dios en el mundo. De aqu\u00ed\u00ad hemos de partir para comprender lo que queremos decir cuando afirmamos que la penitencia es el desarrollo de la actitud de la Iglesia ante determinados pecados.<\/p>\n<p>Esta praxis implica el sentido de \u00abatar\u00bb y \u00abdesatar\u00bb que aporta el evangelio de Mateo, expresando lo que probablemente es la praxis de su Iglesia. El sentido de atar y desatar es el de la admisi\u00f3n o exclusi\u00f3n de la Iglesia, tal como se entender\u00e1 en la praxis eclesial.<\/p>\n<p>En este mismo sentido, aunque teniendo en cuenta la dimensi\u00f3n propia del logion, hemos de entender el texto de Jn 20,23. La pol\u00e9mica entre el catolicismo y la reforma sobre el sentido del texto de Juan y su relaci\u00f3n con los sin\u00f3pticos, puede que no ayude a leer bien y con imparcialidad el texto. Trento rechaz\u00f3 a quien ve\u00ed\u00ada en el texto tan solo \u00abla autoridad (el mandato) de predicar el evangelio del perd\u00f3n\u00bb. A estas alturas del di\u00e1logo ecum\u00e9nico y de los avances exeg\u00e9ticos, tanto los textos de Mateo como el de Juan hay que leerlos a la luz de la praxis eclesial; y el de Juan a una doble luz, la de los textos de Mateo y la de los textos de la misi\u00f3n del resucitado.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de esta reflexi\u00f3n se puede llegar a decir que Jes\u00fas instituy\u00f3 el sacramento de la penitencia. Mejor, dir\u00ed\u00adamos que la penitencia surge como disciplina y praxis penitencial, al reflexionar la Iglesia sobre la compatibilidad de que permanezca el pecador en su seno. Para Bultmann, el hecho de que la Iglesia reintegre a los pecadores tras el bautismo debe tener la misma dimensi\u00f3n sacramental que el hecho de bautizarlos.<\/p>\n<p>Un problema central es el hecho jer\u00e1rquico en la administraci\u00f3n de la reconciliaci\u00f3n. El problema presentado en Mt 18 con una direcci\u00f3n, m\u00e1s o tan solo comunitaria en los vers\u00ed\u00adculos 15-17 y m\u00e1s o tan solo jer\u00e1rquica en el 18, debe ser resuelto teniendo en cuenta: 1) la interrelaci\u00f3n entre lo jer\u00e1rquico y lo comunitario, que aparece un poco por todas partes en el Nuevo Testamento, caso claro en el libro de los Hechos, y 2) el problema del sentido de la evoluci\u00f3n que existe tras el hecho jer\u00e1rquico. El hecho dogm\u00e1tico y el desarrollo exeg\u00e9tico sobre la verdad de este sacramento ha de ser le\u00ed\u00addo y comprendido a la luz de la eclesiolog\u00ed\u00ada neotestamentaria. En ella aparece la existencia de un poder de exclusi\u00f3n de la comunidad de salvados y de reintegrar a ella a los pecadores excluidos (Mt); y de un poder de conceder el perd\u00f3n a los pecadores tras el bautismo (Jn). Una aproximaci\u00f3n desapasionada a lo que podemos saber acerca de la praxis penitencial en las comunidades neo-testamentarias, es el punto obligado de referencia para comprender la pluralidad de formas que ha usado la Iglesia para celebrar la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la historia de la penitencia podemos afirmar que existe una identidad estructural del sacramento con elementos permanentes y acentos particulares que cada etapa desarrolla de una manera determinada. Los tres elementos permanentes son: la conversi\u00f3n, la mediaci\u00f3n eclesial y la satisfacci\u00f3n. Hay momentos en que se destaca la satisfacci\u00f3n como elemento visible y estructurante del proceso penitencial p\u00fablico (penitencia antigua y can\u00f3nica). En la penitencia privada se dar\u00e1 un papel decisivo a la intervenci\u00f3n de la Iglesia, bien con la intervenci\u00f3n en los actos del penitente, de forma especial en la manifestaci\u00f3n de los pecados (de ah\u00ed\u00ad el nombre de confesi\u00f3n), bien con la absoluci\u00f3n, en la que se pondr\u00e1 un acento de m\u00e1ximo valor sobre todo a partir de la Baja Escol\u00e1stica. El aspecto personal de la conversi\u00f3n y su acogida por parte de la comunidad nunca estuvo ausente del proceso penitencial, aunque su mayor acentuaci\u00f3n tiene lugar en la Iglesia antigua y en nuestros d\u00ed\u00adas. La dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de este sacramento es enormemente sugerente por lo que respecta a la evoluci\u00f3n de una praxis sacramental en la Iglesia y a las posibilidades catequ\u00e9ticas y celebrativas de este sacramento.<\/p>\n<p>d) Aspectos celebrativos. El car\u00e1cter celebrativo y eclesial que siempre ha tenido el sacramento de la penitencia est\u00e1 en funci\u00f3n de d\u00f3nde se ponga el acento en cada uno de los elementos que configuran su estructura sacramental. El paso de las formas p\u00fablicas de satisfacci\u00f3n penitencial a la forma privada, implantada como obligatoria para toda la Iglesia en el IV concilio de Letr\u00e1n (1215), hizo que este sacramento perdiera elementos celebrativos y comunitarios importantes, pasando a una privatizaci\u00f3n del mismo, que necesita una urgente labor catequ\u00e9tica para resituar adecuadamente este aspecto fundamental de la reconciliaci\u00f3n cristiana. El Vaticano II, en la constituci\u00f3n Sacrosanctum concilium 73 y en la Lumen gentium 1 lb, propone la revisi\u00f3n celebrativa de este sacramento, en la que se tengan en cuenta los aspectos personales y comunitarios, con la correspondiente celebraci\u00f3n que exprese adecuadamente cada uno de estos aspectos. En una palabra, que sea una aut\u00e9ntica celebraci\u00f3n eclesial, en la que la persona y la comunidad ayuden a expresar el misterio pascual de Cristo como ministerio sanador del hombre en sus dimensiones personales y comunitarias.<\/p>\n<p>Como consecuencia de los principios emanados del Vaticano II, Pablo VI cre\u00f3 el Consejo de liturgia, que se encarg\u00f3 de la reforma lit\u00fargica surgida del Concilio. El ritual de la penitencia tuvo un proceso largo hasta llegar a su promulgaci\u00f3n el 2 de diciembre de 1973. A pesar de algunas consideraciones cr\u00ed\u00adticas, no cabe duda de que se trata de un paso enorme en la concepci\u00f3n teol\u00f3gica, lit\u00fargica y espiritual de este sacramento. Se abandona todo matiz individualista para encuadrar la teolog\u00ed\u00ada y praxis del mismo dentro del misterio pascual de Cristo, potenciando las dimensiones lit\u00fargico-comunitarias, as\u00ed\u00ad como el sentido personal-existencial, que la celebraci\u00f3n del mismo lleva consigo. Introduce formas celebrativas del perd\u00f3n de car\u00e1cter no sacramental, poniendo especial \u00e9nfasis en las celebraciones comunes de la palabra con sentido penitencial -en la l\u00ed\u00adnea de las partes penitenciales dentro de la eucarist\u00ed\u00ada- y en el tiempo especial de la cuaresma. Por lo que respecta a las formas sacramentales, el nuevo ritual introduce tres f\u00f3rmulas: 1) para reconciliar a un solo penitente; 2) para reconciliar a muchos penitentes, con confesi\u00f3n y absoluci\u00f3n individual, y 3) para reconciliar a muchos penitentes con confesi\u00f3n y absoluci\u00f3n general. Las tres f\u00f3rmulas son igualmente v\u00e1lidas y sacramentales, expresando la gran riqueza penitencial de la Iglesia, aunque la tercera tenga unas determinadas acotaciones de tipo jur\u00ed\u00addico en orden a la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA HOY. La penitencia es una realidad sacramental de toda la Iglesia, y la Iglesia expresa esta sacramentalidad colaborando de diversas formas en la reconciliaci\u00f3n del mundo y de cada pecador. El hombre est\u00e1 llamado a la reconciliaci\u00f3n por el hecho de pertenecer a la Iglesia, que es la comunidad de los santos. La Iglesia coopera a la reconciliaci\u00f3n del pecador con ella misma mediante la escucha de la Palabra y la oraci\u00f3n. Con la predicaci\u00f3n, ejerce un juicio salv\u00ed\u00adfico sobre la situaci\u00f3n personal y social de la persona, en su relaci\u00f3n consigo misma, con los dem\u00e1s y con Dios. La penitencia en la Iglesia antigua es entendida como un segundo bautismo. La Iglesia es el signo eficaz de la gracia de Dios, por lo cual ella misma crea formas por las que se distancia del pecador y vuelve a acogerlo. (Para el sacramento de la penitencia en relaci\u00f3n con la iniciaci\u00f3n cristiana, ver IC 59-60, 107-110).<\/p>\n<p>IV. El sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos<br \/>\nEl sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos entronca con el ministerio de Jes\u00fas y de la Iglesia primitiva en relaci\u00f3n con la enfermedad en sus diversas formas y vivencias. Los datos b\u00ed\u00adblicos, en sentido estricto, sobre el mismo son m\u00e1s bien escasos y susceptibles de diversas explicaciones exeg\u00e9ticas (Sant 5,13-16; Me 6,7.12-13), por lo cual es necesario integrar estos datos en una tem\u00e1tica m\u00e1s amplia, que aparece un poco por toda la Sagrada Escritura, como son los temas de la enfermedad, el dolor, el sufrimiento y la presencia y solidaridad con aquellos que necesitan ser curados en alguna de sus dimensiones existenciales. Por otra parte, las tradiciones oriental y occidental documentan praxis distintas y una amplia variedad de denominaciones: \u00f3leo santo, sacra unctio, \u00f3leo de curaci\u00f3n, misterio de las l\u00e1mparas, etc. Las formas y ritos propios de este sacramento var\u00ed\u00adan a lo largo de los siglos; por lo que respecta al lugar, se celebrar\u00e1 tanto en casa como en la iglesia, pudiendo ser administrado por seglares o presb\u00ed\u00adteros. Lo mismo podemos afirmar con respecto a los destinatarios, que var\u00ed\u00adan a lo largo de la historia. Acerca de los efectos del sacramento la tradici\u00f3n lit\u00fargico-teol\u00f3gica se mueve entre los corporales y los espirituales. Tambi\u00e9n encontramos distintas valoraciones por lo que respecta a sus gestos, que van desde la bendici\u00f3n del \u00f3leo hasta la liturgia de la unci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. DIRECTRICES HIST\u00ed\u201cRICO-TEOL\u00ed\u201cGICAS. En los dem\u00e1s sacramentos hay un acuerdo sustancial de opiniones sobre su significado, desarrollo y esencia; pero en la unci\u00f3n de los enfermos se han dado, y siguen d\u00e1ndose, versiones diversas, que ocasionan amplias diferencias en su teolog\u00ed\u00ada y praxis. Antes del siglo V los testimonios son escasos y poco seguros. A partir del siglo V hay muchos testimonios, entre los que merece destacarse una carta del papa Inocencio I a Decio, obispo de Gubbio, del 19 de marzo del a\u00f1o 416. En el cap\u00ed\u00adtulo 8 de la misma, habla del ministro y los destinatarios de la unci\u00f3n. Es el texto que ha sancionado el reconocimiento de la per\u00ed\u00adcopa de Santiago. Todo esto testimonia que la unci\u00f3n se entiende como un sacramento, que consta de dos elementos: la bendici\u00f3n del aceite por parte del obispo, que es el ministro del sacramento, junto con el presb\u00ed\u00adtero, y la unci\u00f3n; el sujeto del mismo es el enfermo en general, sin limitarse a los casos graves, poniendo como efecto del mismo el robustecimiento corporal y la curaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica, con la posibilidad del perd\u00f3n de los pecados. Desde la \u00e9poca carolingia hasta el Vaticano II transcurre un largo per\u00ed\u00adodo de tiempo en el que proliferan muchos rituales con diversos matices, e incluso ritos pintorescos, hasta llegar a unificarse en el ritual romano del papa Pablo V (1614). Se subraya la dimensi\u00f3n penitencial de la unci\u00f3n y, l\u00f3gicamente, se desplaza la praxis del sacramento hacia el sentido de liberaci\u00f3n de los residuos del pecado y la consagraci\u00f3n de la muerte cristiana; de ah\u00ed\u00ad que se llame extrema unci\u00f3n. La unci\u00f3n se destina al enfermo en peligro de muerte, y su efecto es principalmente espiritual. Esta es la l\u00ed\u00adnea teol\u00f3gica general seguida por la Escol\u00e1stica, aunque haya sido expresado de formas y modos distintos.<\/p>\n<p>2. SITUACI\u00ed\u201cN ACTUAL. A nivel teol\u00f3gico hay una convergencia en ver en ella el sacramento espec\u00ed\u00adfico de la enfermedad. A nivel de magisterio se sigue esta misma orientaci\u00f3n, intentando superar el concepto de la unci\u00f3n como sacramento de la muerte. De hecho, en la constituci\u00f3n apost\u00f3lica de Pablo VI, as\u00ed\u00ad como en los praenotanda a la edici\u00f3n t\u00ed\u00adpica del ritual romano y en las orientaciones doctrinales y pastorales del episcopado espa\u00f1ol, se afirma claramente que los sujetos de este sacramento son todos los enfermos que padecen una enfermedad seria, y que su realidad afecta al individuo y a la comunidad cristiana, en la que se deben fomentar ministerios que puedan hacer presente el ministerio sanador de Jes\u00fas en el mundo del dolor y del sufrimiento.<\/p>\n<p>V. Claves catequ\u00e9ticas<br \/>\n1. TAREAS DE LA CATEQUESIS. Una formulaci\u00f3n teol\u00f3gica adecuada de estos sacramentos, as\u00ed\u00ad como una presentaci\u00f3n catequ\u00e9tica actual de los mismos, pasa por poner de relieve el significado existencial-personal, cristol\u00f3gico y eclesial de los mismos. 1) En el aspecto personal y existencial debemos destacar las actitudes vitales desde las que el hombre vive su b\u00fasqueda y necesidad de curaci\u00f3n, que no se reducen al \u00e1mbito sacramental propiamente dicho. Por esto, es necesario crear formas y \u00e1mbitos propios que preparen a la celebraci\u00f3n sacramental. Tales formas deben tender hacia la celebraci\u00f3n plena de los sacramentos, ya que son ellos los que expresan la acci\u00f3n sanante del mismo Jes\u00fas. En este campo la creatividad puede ser grande y la tarea catequ\u00e9tica urgente. 2) En el aspecto cristol\u00f3gico hemos de poner de relieve que los sacramentos, cada uno seg\u00fan su especificidad, nos ponen en contacto con Jesucristo, sacramento original de nuestro encuentro con Dios. Esto exige poner de relieve que la acci\u00f3n de Cristo, en virtud de la del Esp\u00ed\u00adritu Santo, contin\u00faa hoy su ministerio curativo en medio de su pueblo. Por eso hemos de se\u00f1alar que tambi\u00e9n estos sacramentos hacen presente la acci\u00f3n sanante del Jes\u00fas hist\u00f3rico (an\u00e1mnesis), que pas\u00f3 haciendo el bien y sanando de todas las dolencias, y la acci\u00f3n salvadora de Cristo resucitado (praesentia) que nos libra de las fuerzas de las tinieblas y de la muerte, y anticipan (profetia) el tiempo definitivo de Cristo y de los creyentes sobre el mal, el dolor y cualquier clase de culpabilidad o esclavitud. 3) El poner de relieve la dimensi\u00f3n eclesial de estos sacramentos es fundamental en orden a especificar la naturaleza propia de los mismos. Los sacramentos no son acciones individuales o de grupo, son concreci\u00f3n y expresi\u00f3n de la comunidad cristiana como presencia de Cristo para el mundo. Por eso, en la presentaci\u00f3n y celebraci\u00f3n de la penitencia y unci\u00f3n de los enfermos ha de cuidarse adecuadamente la dimensi\u00f3n eclesial y comunitaria de los mismos seg\u00fan su realidad espec\u00ed\u00adfica propia.<\/p>\n<p>En este campo es necesaria una propuesta catequ\u00e9tica unida a la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, tanto en las formas parciales, que preparan la celebraci\u00f3n plena, como en el contenido y forma de celebraci\u00f3n sacramental. La propuesta catequ\u00e9tica debe hacer posible: 1) que toda la Iglesia tome conciencia de su identidad penitencial como sacramento de reconciliaci\u00f3n en medio del mundo, y que se concrete en la necesidad de conversi\u00f3n individual y comunitaria; 2) que la catequ\u00e9tica proponga formas de celebraci\u00f3n que hagan real una verdadera iniciaci\u00f3n penitencial; 3) que formule criterios y normas pedag\u00f3gicas a seguir, con respecto a las distintas edades de las personas que acuden a las celebraciones penitenciales, y 4) los que ejercen el ministerio de catequistas deben ser conscientes del sentido penitencial de la Iglesia, de modo que sea abordado con criterios adecuados en la acci\u00f3n catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>2. PROPUESTAS METODOL\u00ed\u201cGICAS. A la luz de esto, parece claro que los agentes de pastoral, catequistas, etc., deben asumir una nueva forma de predicar, catequizar y celebrar en la que no se haga lo de siempre con algunos retoques. Tampoco se trata de una inventiva f\u00e1cil sin la debida catequesis, dando por supuestos pasos en la conciencia eclesial que realmente no est\u00e1n dados. Es necesario introducir formas que potencien el sentido y participaci\u00f3n de toda la comunidad. Incluso el lugar de la celebraci\u00f3n debe expresar claramente el paso del individualismo al sentido comunitario, poniendo de relieve todos los aspectos implicados en este misterio de perd\u00f3n que la Iglesia ejerce en nombre de Cristo. Los tiempos y los ritmos de la celebraci\u00f3n de la penitencia dicen relaci\u00f3n a los tiempos lit\u00fargicos que invitan de forma especial a la conversi\u00f3n, tales como el adviento y la cuaresma. Por \u00faltimo, una inserci\u00f3n plena de este sacramento en la vida de la Iglesia debe hacer referencia a toda la acci\u00f3n pastoral de la comunidad cristiana. No es un compartimento aparte, sino una parte de toda la acci\u00f3n pastoral de la Iglesia.<\/p>\n<p>Si consideramos primordial una propuesta catequ\u00e9tica renovada de la significaci\u00f3n de este misterio de la Iglesia, es necesario comenzar por nosotros mismos y empe\u00f1arnos en renovar nuestro modo de celebrar estos sacramentos. Ser\u00e1, igualmente, necesario esforzarse por presentar el rostro b\u00ed\u00adblico de Dios: un Dios que es Padre-Madre, que usa el perd\u00f3n y la misericordia, que conoce por su nombre a todos sus hijos y se interesa amorosamente por ellos, purific\u00e1ndolo de im\u00e1genes extorsionadas como las de \u00abmago\u00bb, \u00abtapaagujeros\u00bb o \u00abjuez severo\u00bb.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 que prestar especial atenci\u00f3n, sobre todo en la catequesis de infancia, a educar para saber pedir perd\u00f3n; y en la catequesis de adultos a educar en los gestos de los dos sacramentos, a trav\u00e9s del estudio de los respectivos Rituales, en orden a renovar la actitud interior y los modos de celebraci\u00f3n. Respecto a los adolescentes y j\u00f3venes se les debe ayudar a superar la dimensi\u00f3n individualista de su proyecto de vida, abri\u00e9ndolos a la dimensi\u00f3n comunitaria y eclesial, poniendo en el centro de su vida a Dios y a los otros. Tambi\u00e9n deber\u00e1n ser ayudados para que se acepten como son, con sus deficiencias y derrotas. La verdadera salvaci\u00f3n no consiste en sentirse limpio y sin mancha, sino disponible al perd\u00f3n y a la ayuda de Dios. Desde esta perspectiva comprender\u00e1n que la conversi\u00f3n es un proyecto abierto, como lo es toda la vida de fe, y que la experiencia de las ca\u00ed\u00addas pasadas y la previsi\u00f3n de las futuras no impide el compromiso leal de la lucha y del crecimiento.<\/p>\n<p>BIBL.: BOROBIO D., Reconciliaci\u00f3n penitencial. Tratado actual del sacramento de la penitencia, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1990; COLLO C., Reconciliaci\u00f3n y penitencia. Comprender, vivir, celebrar, San Pablo, Madrid 1995; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Dejaos reconciliar con Dios, Edice, Madrid 1989; La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, Edice, Madrid 1999; CORDERO J., Psicoan\u00e1lisis de la culpabilidad, Verbo Divino, Estella 1976; DE LETTER P., Unci\u00f3n de los enfermos, en RAHNER K., Sacramentum Mundi VI, Herder, Barcelona 1986, 770-774; DONGHI A., L&#8217;olio della speranza, San Paolo, Roma 1984; FERN\u00ed\u0081NDEZ-VILLAMARZO P., Psicoan\u00e1lisis de la experiencia \u00e9tico-religiosa, Marova, Madrid 1979; FL\u00ed\u201cREZ G., Penitencia y unci\u00f3n de enfermos, BAC, Madrid 1993; GOZZELINO G., Unci\u00f3n de los enfermos, en PACOMIO L. (ed.), Diccionario teol\u00f3gico interdisciplinar 111, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 19862; LODI E., Lasciatevi riconciliare, San Paolo, Roma 1983; LLOPIS J., Unci\u00f3n de enfermos, en FLORIST\u00ed\u0081N C.-TAMAYO ACOSTA J. J. (eds.), Conceptos fundamentales de pastoral, Cristiandad, Madrid 19832, 1008-1015; POSCHMANN B., P\u00e9nitence et onction des malades, Du Cerf, Par\u00ed\u00ads 1966; RAHNER K., La penitenza della Chiesa, San Paolo, Roma 19682; SARTORE D.-TRIACCA A. M. (ed.), Nuevo diccionario de liturgia, San Pablo, Madrid 1987&#8242;, especialmente COLOMBO G., Unci\u00f3n de los enfermos, 2014-2029 y V1SENTIN P., Penitencia, 1601-1625.<\/p>\n<p>Segundo Leonardo P\u00e9rez L\u00f3pez,<br \/>\nJos\u00e9 Manuel Carballo Ferreiro y<br \/>\nAntonio Rodr\u00ed\u00adguez Basanta<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Ministerio curativo de Jes\u00fas. II. Los sacramentos de curaci\u00f3n. III. El sacramento de la penitencia: 1. Algunos aspectos importantes; 2. El sacramento de la penitencia hoy. IV. El sacramento de la unci\u00f3n de los enfermos: 1. Directrices hist\u00f3rico-teol\u00f3gicas; 2. Situaci\u00f3n actual. V. Claves catequ\u00e9ticas: 1. Tareas de la catequesis; 2. Propuestas metodol\u00f3gicas. I. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/penitencia-y-uncion-de-los-enfermos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPENITENCIA Y UNCION DE LOS ENFERMOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17039","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17039","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17039"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17039\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17039"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17039"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17039"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}