{"id":17040,"date":"2016-02-05T11:06:11","date_gmt":"2016-02-05T16:06:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/persona-adulta\/"},"modified":"2016-02-05T11:06:11","modified_gmt":"2016-02-05T16:06:11","slug":"persona-adulta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/persona-adulta\/","title":{"rendered":"PERSONA ADULTA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Nuevo inter\u00e9s por la edad adulta. II. La din\u00e1mica del crecimiento adulto: 1. La elaboraci\u00f3n de modelos; 2. Dos enfoques del desarrollo humano. III. Tres modelos te\u00f3ricos: 1. Erik H. Erikson; 2. Daniel Levinson; 3. Robert Kegan. IV. La maduraci\u00f3n creyente a la luz de las teor\u00ed\u00adas: &#8211; Las etapas de la estructuraci\u00f3n seg\u00fan J. Fowler. V. Las opciones comunes y las constantes de estas teor\u00ed\u00adas: 1. Un movimiento y una din\u00e1mica; 2. Continuidad secuencial; 3. Sobre la realidad; 4. Las transiciones; 5. El entorno cultural; 6. Una mirada de conjunto. VI. Buen uso y mal uso de las teor\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>I. Nuevo inter\u00e9s por la edad adulta<br \/>\nEl inter\u00e9s por la edad adulta es relativamente reciente en catequesis, sobre todo en lo que se refiere al crecimiento humano y creyente a lo largo de la vida. En el transcurso de los primeros siglos de la historia de la Iglesia, el sujeto primordial de la catequesis era el adulto, pero este acento se fue desplazando progresivamente hasta que los t\u00e9rminos catecismo y catequesis quedaron reservados espont\u00e1neamente a los ni\u00f1os y j\u00f3venes.<\/p>\n<p>S\u00f3lo pasado el per\u00ed\u00adodo conciliar, la catequesis de adultos recupera su lugar principal y vuelve a pensarse en ella como en la forma privilegiada de toda catequesis. Indudablemente esta toma de conciencia se debe a la nueva visi\u00f3n que la sociedad tiene de la edad adulta. Hace tiempo se pensaba que el adulto hab\u00ed\u00ada terminado su crecimiento psicol\u00f3gico y hab\u00ed\u00ada alcanzado su plenitud psicol\u00f3gica hacia los 20 a\u00f1os, aunque se siguieran detectando cambios a lo largo de su vida adulta. Esta visi\u00f3n est\u00e1tica puede responder a la experiencia: el adulto es ya responsable de sus actos, tiene ya m\u00e1s derechos y m\u00e1s deberes c\u00ed\u00advicos. Pero la misma experiencia indica al adulto que sigue cambiando a lo largo de los a\u00f1os. Ciertamente \u00e9l sigue siendo la misma persona, pero los cambios que le sobrevienen desde que empieza a ser adulto hasta llegar a la vejez, son m\u00e1s importantes que todo lo que en \u00e9l ha permanecido inalterable. Actualmente se abre paso una concepci\u00f3n m\u00e1s din\u00e1mica de la edad adulta, que tiene en cuenta lo complejo de dicha edad y las numerosas transiciones y metamorfosis que se viven durante las d\u00e9cadas que median entre el joven adulto y el anciano. La vida en su conjunto es contemplada en adelante como un proceso. Uno no es adulto, va si\u00e9ndolo cada d\u00ed\u00ada un poco m\u00e1s. Por otra parte, el \u00e9xito no es autom\u00e1tico; implica que el adulto mismo se comprometa y se haga cargo de su propia vida, asumiendo en cada per\u00ed\u00adodo las tareas que la misma vida le presenta, sin dejar de acometer los continuos retos que salen a su encuentro. Este cambio de perspectiva se debe a los numerosos estudios que se han hecho recientemente sobre los adultos y su crecimiento.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n din\u00e1mica proyecta una nueva luz sobre el modo como el adulto cree y profundiza su fe. Tampoco en este aspecto el adulto llega al final del aprendizaje. Las investigaciones sobre el proceso de maduraci\u00f3n humana demuestran que, en cada encrucijada de la vida, la persona se ve confrontada a desaf\u00ed\u00ados particulares que tambi\u00e9n inciden en su modo de creer. La fe queda condicionada por la vida y la etapa de crecimiento en que se encuentra la persona. Esta toma de conciencia ha llevado a algunos investigadores a descubrir c\u00f3mo vive la fe la persona adulta y a hablar -tambi\u00e9n en esta edad- de un proceso de maduraci\u00f3n creyente.<\/p>\n<p>II. La din\u00e1mica del crecimiento adulto<br \/>\n1. LA ELABORACI\u00ed\u201cN DE MODELOS. Los datos se\u00f1alados nos llevan a concebir el crecimiento humano y creyente durante la vida como un proceso que integra, a la vez, el cambio (variabilidad) y la estabilidad (consistencia). Describir este proceso equivale a perfilar una secuencia de acontecimientos, en parte programados o determinados por influencias, tanto hereditarias como ambientales, entre las que se encuentran las religiosas. Dichos acontecimientos secuenciados, pueden alcanzar un valor universal relativamente elevado, pero no son m\u00e1s que un marco general que hay que concretar en funci\u00f3n de los itinerarios de vida espec\u00ed\u00adficos de ciertos grupos, y tambi\u00e9n del proceso vital seguido por cada individuo.<\/p>\n<p>Los primeros estudios sistem\u00e1ticos sobre el conjunto del ciclo de la vida son de los a\u00f1os treinta, pero s\u00f3lo durante los a\u00f1os sesenta conocieron un desarrollo de cierta importancia, sobre todo en los ambientes de la psicolog\u00ed\u00ada humanista americana (aunque es verdad que precedieron en algunos decenios a los estudios sobre la maduraci\u00f3n creyente). Para elaborar sus modelos te\u00f3ricos, los investigadores procedieron generalmente por una sistematizaci\u00f3n de lo observado a partir de an\u00e1lisis biogr\u00e1ficos y encuestas. El resultado es siempre una construcci\u00f3n hipot\u00e9tica y te\u00f3rica de la realidad.<\/p>\n<p>2. Dos ENFOQUES DEL DESARROLLO HUMANO. Podemos distinguir varias teor\u00ed\u00adas que explican el crecimiento humano y creyente a lo largo de la vida. En los ambientes cient\u00ed\u00adficos existe actualmente un amplio consenso sobre la interacci\u00f3n entre el crecimiento personal y el papel del entorno. Pero para estudiar y analizar el desarrollo de la persona humana disponemos de dos enfoques o modelos: el desarrollista y el constructivista.<\/p>\n<p>a) El enfoque asumido por Freud, Jung, Erikson y otros (enfoque desarrollista) puede considerarse como un modelo \u00fanico. Sus teor\u00ed\u00adas se apoyan en la edad biol\u00f3gica, que constituye la trama de todo el desarrollo: con la edad se evoluciona, sobre todo, gracias a los roles sociales. Sin embargo reconocen que, en cada individuo, se dan variaciones particulares dentro del modelo com\u00fan. Para estos investigadores, cada edad entra\u00f1a sus propios desaf\u00ed\u00ados. Disponer del dominio suficiente para superar cada desaf\u00ed\u00ado proporciona la fuerza psicol\u00f3gica suficiente para acometer la etapa siguiente. En cambio, un dominio incapaz de superar cada reto provoca un debilitamiento de las fuerzas ps\u00ed\u00adquicas a la hora de enfrentarse a los retos siguientes.<\/p>\n<p>b) Otro enfoque en torno a la maduraci\u00f3n humana (enfoque constructivista) opina que, de suyo, el desarrollo no es de capital importancia, ya que personas muy diversas abordan las mismas tareas para su desarrollo personal de manera esencialmente distinta. Pues bien, estas diferencias son m\u00e1s importantes, para el propio desarrollo, que las semejanzas. Piaget fue el primero en presentar la hip\u00f3tesis de que esas diferencias de concepci\u00f3n del mundo y de uno mismo tienen una base com\u00fan, vinculada al desarrollo. Cada manera de pensar implica y necesita un sistema de pensamiento y de interpretaci\u00f3n m\u00e1s complejo que \u00e9l llam\u00f3 etapa. Una nueva etapa nunca es el resultado de la suma de adquisiciones precedentes. Se necesita un nuevo sistema de pensamiento -una nueva clave de interpretaci\u00f3n- para encarar las nuevas explicaciones de la realidad. La hip\u00f3tesis es la siguiente: cuando una forma de interpretar la realidad es ya incapaz de explicarla satisfactoriamente y darle un sentido, se construye un nuevo sistema o estructura de pensamiento que la interprete de forma satisfactoria. As\u00ed\u00ad, los sistemas o estructuras mentales de referencia se transforman radicalmente a lo largo de la vida y no tenemos que olvidar que ellos est\u00e1n en el origen de las actitudes, opciones y actuaciones concretas. Esta hip\u00f3tesis ha dado su nombre a la teor\u00ed\u00ada constructivista.<\/p>\n<p>Los desarrollistas opinan que las personas de la misma edad tienen que enfrentarse a tareas que les son comunes; por ejemplo, decidirse por un proyecto de vida en los primeros a\u00f1os de la edad adulta (su vocaci\u00f3n). Para los constructivistas esas mismas personas pueden encontrarse en etapas diferentes y dar un sentido distinto a la elecci\u00f3n de la vocaci\u00f3n: o como respuesta a un impulso interior, o como respuesta actual a las expectativas de su grupo de referencia, o como una manera de afirmar su autonom\u00ed\u00ada personal, que es la interpretaci\u00f3n m\u00e1s profunda. Estas explicaciones, aunque distintas, no son contradictorias. Es importante comprenderlas como complementarias y saber que cada una aclara un matiz de la maduraci\u00f3n de las personas.<\/p>\n<p>III. Tres modelos te\u00f3ricos<br \/>\nPresentamos, a grandes rasgos, tres modelos te\u00f3ricos. Son los m\u00e1s corrientes y ampliamente aceptados en relaci\u00f3n con la maduraci\u00f3n creyente y la pastoral de los adultos. Los dos primeros autores, Erikson y Levinson, representan el enfoque desarrollista, mientras Kegan ilustra la propuesta de los constructivistas.<\/p>\n<p>1. ERIK H. ERIKSON. El psicoanalista americano E. H. Erikson se apoya en la teor\u00ed\u00ada de las fases seg\u00fan Freud; pero se da cuenta de que esta teor\u00ed\u00ada pr\u00e1cticamente ignora las influencias del entorno y \u00fanicamente describe el desarrollo durante la primera d\u00e9cada de la vida. Intenta, entonces, ampliar la perspectiva al conjunto de la vida e introduce el aspecto social. Seg\u00fan \u00e9l, la problem\u00e1tica central del ciclo vital es la de la identidad. En el transcurso de la vida, la persona se siente inclinada a encontrar y a organizar su identidad en interacci\u00f3n con el mundo exterior. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se podr\u00e1 desarrollar su personalidad. En este modelo, la persona recorre sucesivamente ocho etapas, tres de las cuales corresponden a la vida adulta. El crecimiento depende del desarrollo apropiado y armonioso en cada momento.<\/p>\n<p>a) En cada etapa, a la persona la atraen dos tendencias opuestas, que para el joven adulto son, por una parte, comprometerse en una relaci\u00f3n privilegiada (Erikson habla de intimidad consigo y con los dem\u00e1s) y, por otra, la defensa de s\u00ed\u00ad estableciendo una sana distancia (Erikson llama a esta tendencia el aislamiento). El desaf\u00ed\u00ado consiste en mantener las dos tendencias en constante y din\u00e1mico equilibrio. Inclinarse exclusivamente del lado de la intimidad puede conducir a la fusi\u00f3n en la que se pierde la identidad, mientras que acentuar s\u00f3lo el aislamiento lleva al narcisismo, volcado exclusivamente sobre s\u00ed\u00ad y que impide vivir una profunda relaci\u00f3n con el otro (por ejemplo, los donjuanes).<br \/>\nb) En la mitad de la vida, aparece un nuevo desaf\u00ed\u00ado: la preocupaci\u00f3n por los dem\u00e1s y el deseo de dejar una huella de su paso en el mundo. Ahora hay que mantener el equilibrio entre la tendencia a entregarse por los dem\u00e1s (generatividad) y la de mantener los lazos con el pasado (estancamiento). El exceso puede ser o el activismo sin consistencia, o el rechazo a adoptar una nueva perspectiva de la realidad a causa de la excesiva preocupaci\u00f3n por s\u00ed\u00ad mismo. En esta situaci\u00f3n el reto est\u00e1 en la capacidad de reorientar la vida y en no eliminar las grandes cuestiones que se empiezan a plantear.<\/p>\n<p>c) En la etapa de la madurez (vejez) hay que responder a la pregunta: \u00bfqui\u00e9n soy yo frente al pasado y el futuro? La persona se ve abocada ahora al reto de aceptar su vida pasada, con la que ha de reconciliarse (integridad), y de asumir, a la vez, el disgusto que la misma le produce. Por una parte, se encontrar\u00e1 con el obst\u00e1culo de no poder corregir lo que ya no tiene y no puede hacer; y, por otra parte, el excesivo disgusto del pasado la lleva al desprecio c\u00ed\u00adnico y a la desesperaci\u00f3n. El reto a esta nueva identidad es ser capaz de acoger la muerte. Los dos polos o tendencias no son alternativas. Por el contrario, es necesario establecer un equilibrio y una tensi\u00f3n din\u00e1mica entre ellas, en lugar de rechazar una u otra. El equilibrio, nuevo en cada etapa, es uno de los rasgos constitutivos de la identidad propia de cada una de las grandes etapas de la vida.<\/p>\n<p>Cada persona logra su equilibrio din\u00e1mico particular entre las dos tendencias. Cuando una persona alcanza ese equilibrio armonioso, emerge un fruto duradero al que Erikson llama: las fuerzas b\u00e1sicas (o virtudes): el amor en el joven adulto, la apertura en el adulto que ha llegado a la edad madura y la sabidur\u00ed\u00ada para la identidad de la madurez (vejez).<\/p>\n<p>2. DANIEL LEVINSON. Este investigador americano fundamenta igualmente su modelo en el progreso de la edad, pero da mucha importancia a los distintos roles sociales que un adulto est\u00e1 llamado a asumir a lo largo de la vida. Seg\u00fan \u00e9l, la existencia humana se desarrolla a lo largo de cuatro estaciones, tres de las cuales transcurren durante la edad adulta; \u00e9l las llama estaciones de la vida.<\/p>\n<p>La imagen de la ola describe muy bien la concepci\u00f3n que Levinson tiene de la vida: una secuencia de olas que van y vienen. Este autor atrae la atenci\u00f3n sobre la importancia de las transiciones a lo largo del crecimiento del adulto. Ellas no s\u00f3lo abren y clausuran cada estaci\u00f3n, tambi\u00e9n inciden en el interior de ellas mismas. Seg\u00fan este modelo las transiciones son lentas y duran varios a\u00f1os (una media de cuatro a siete a\u00f1os). La estructura se modifica durante los per\u00ed\u00adodos de transici\u00f3n y se reconstruye en los per\u00ed\u00adodos de estabilidad. Cada estaci\u00f3n tiene un principio (entrada), una maduraci\u00f3n hacia la cima (estabilidad moment\u00e1nea) y un fin (transici\u00f3n hacia la continuidad). Cada fase se define por tareas y no por acontecimientos. As\u00ed\u00ad, lo que constituye un momento clave para muchos j\u00f3venes adultos no es el matrimonio ni el hecho de haber dado la vida a un ni\u00f1o, sino la responsabilidad espec\u00ed\u00adfica inherente a la paternidad o la realidad de haberse comprometido de por vida con una persona.<\/p>\n<p>La vida toma rostros diferentes en funci\u00f3n, sobre todo, del trabajo, de la vida familiar, de la relaci\u00f3n consigo mismo y de la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s. La articulaci\u00f3n armoniosa de estos cuatro sectores es el resultado de las opciones positivas, de la manera de asumir los retos y realizar las tareas inherentes a los diversos per\u00ed\u00adodos de la vida. El adulto pasa por estas estaciones con sus fases tranquilas (estabilidad) y agitadas (transiciones); durante ellas tiene que superar pruebas, resolver conflictos, afrontar desaf\u00ed\u00ados, a semejanza de los trabajos de H\u00e9rcules. La realizaci\u00f3n de estas tareas no siempre resulta f\u00e1cil, porque la sociedad propone, incluso con frecuencia impone, un modelo de comportamiento que acent\u00faa un aspecto. Cuatro tareas mayores aparecen por primera vez al inicio de la edad adulta y continuar\u00e1n se\u00f1alando los per\u00ed\u00adodos siguientes: el ideal de la vida (o vocaci\u00f3n), el mentor (persona de referencia que gu\u00ed\u00ada y con la que, por alg\u00fan tiempo, se puede identificar la persona en cuesti\u00f3n), el trabajo y el amor.<\/p>\n<p>3. ROBERT KEGAN. El modelo que propone el psic\u00f3logo americano Robert Kegan es un modelo constructivista. Para este investigador, lo que permite comprender que una persona se desarrolla sin dejar de ser ella misma es el modo de elaborar y dar sentido a las cosas y a su propia vida. A lo largo de su existencia, la persona pasa por un cierto n\u00famero de etapas o estadios, caracterizados, en cada momento, por una manera particular de dar sentido a su vida.<\/p>\n<p>Las crisis son muy importantes en la evoluci\u00f3n del ser humano; son una oportunidad y un reto. Para lograr un nuevo modo de estar en el mundo, es necesario aceptar que hay que abandonar y perder algo (de s\u00ed\u00ad mismo). La persona puede rehusar, y entonces se estanca en su etapa o estadio en lugar de morir. El proyecto de vida se logra cuando se es capaz de arriesgar lo nuevo y de abandonar lo viejo. Para Kegan es indispensable en cada etapa la presencia de un ambiente que apoye y sostenga a la persona. Este ambiente tiene una funci\u00f3n de acogida: recibe temporalmente a la persona y le permite vivir arm\u00f3nicamente en su seno. Ahora bien, este ambiente tiene una triple misi\u00f3n: sostener, abandonar, mantenerse cerca. 1) Sostener significa que este ambiente de apoyo proporciona a la persona toda la atenci\u00f3n, el reconocimiento y la ayuda necesaria. A ella le corresponde confirmarla en su manera de dar sentido. 2) Pero, a la vez, ese ambiente debe abandonar, es decir, alentar el proceso normal y natural de separaci\u00f3n del ambiente integrador. En este sentido, el ambiente contradice la manera demasiado unilateral que la persona tiene de ver las cosas. 3) Pero la misi\u00f3n s\u00f3lo est\u00e1 completa si el ambiente se mantiene cercano y estrecha los lazos de uni\u00f3n. Esta es la respuesta a la necesidad de reconciliaci\u00f3n, inherente al proceso de crecimiento.<\/p>\n<p>Kegan destaca cinco estadios del desarrollo que son, en cada momento, caracter\u00ed\u00adsticos del modo de dar sentido a la vida. Los primeros estadios se refieren, sobre todo, a la infancia. Sin embargo, no hay que olvidar que, seg\u00fan los constructivistas, no es indispensable recorrer todas las etapas. Cada una de ellas representa una cierta armon\u00ed\u00ada. Si bien los primeros estadios est\u00e1n a\u00fan ligados a la edad, esta incide cada vez menos en los \u00faltimos estadios. Aunque podr\u00e1n encontrarse adultos en un estadio en que est\u00e9n la mayor\u00ed\u00ada de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Estadio 1: el Yo impulsivo (entre 2\/3 y 6\/8 a\u00f1os) y estadio 2: el Yo soberano (6\/8 y 11\/13 a\u00f1os, que puede prolongarse hasta la edad adulta). En el primer estadio el ni\u00f1o est\u00e1 integrado e identificado con sus impulsos y no puede controlarlos. No tiene c\u00f3lera, \u00e9l es su c\u00f3lera, y con ella da sentido a su disgusto o a su incapacidad. En el estadio siguiente las necesidades, deseos e intereses condicionan su conducta, sin que el ni\u00f1o someta su poder a la reflexi\u00f3n. Por el contrario, tiene sus impulsos (bajo control). A trav\u00e9s de sus necesidades, el ni\u00f1o capta la realidad del mundo y la integra, porque justamente a trav\u00e9s de ellas descubre su sentido. En este estadio la persona parece actuar en funci\u00f3n de lo que le es \u00fatil.<\/p>\n<p>Estadio 3: el Yo interpersonal o de referencia a los otros (de los 11\/13 a\u00f1os hasta la entrada en la edad adulta o m\u00e1s). El sentido lo dan las relaciones y los roles que se derivan de ellas: yo soy (existo a trav\u00e9s de) mis relaciones y mis roles. Este estadio favorece las actividades convencionales (pensar y actuar como las personas y los grupos de referencia). El deseo dominante en este estadio es el de la pertenencia.<\/p>\n<p>Estadio 4: el Yo institucional o ejecutivo (el joven adulto, aunque puede ir m\u00e1s all\u00e1 de esta edad). El Yo debe buscar su fundamento (identidad) m\u00e1s all\u00e1 de las relaciones. No es f\u00e1cil este cambio. Lo que ahora dar\u00e1 sentido a la persona es su propia autonom\u00ed\u00ada: poder decidir uno mismo y poder decir Yo. Durante este estadio se elabora la ideolog\u00ed\u00ada propia eligiendo en los modelos presentes (por ejemplo la religi\u00f3n) aquello que m\u00e1s conviene y que es coherente con las opciones personales. En este estadio la persona es muy seria, reflexiva y cr\u00ed\u00adtica. Esta conciencia descrita es excepcional antes de los 30-35 a\u00f1os. Algunas personas no llegan a conseguirla.<\/p>\n<p>Estadio 5: el Yo relacional o super-individual. En el transcurso de su maduraci\u00f3n, la persona tiende a descentrarse un poco m\u00e1s en cada etapa. Ahora este proceso llega a su plenitud. Para el Yo relacional la identidad y el sentido que cada uno se da a s\u00ed\u00ad mismo no dependen primordialmente del hecho de que uno lo decida por s\u00ed\u00ad mismo: el sentido viene dado a partir del encuentro con diferentes sistemas culturales e institucionales. Tambi\u00e9n hay que aprender a reconciliar los polos opuestos del Yo: ser a la vez joven y maduro; aceptar ser, al mismo tiempo, constructivo (y positivo) y destructivo, raz\u00f3n y sentimiento, apertura y arraigo en la tradici\u00f3n. El Yo unificado est\u00e1 en tensi\u00f3n din\u00e1mica (y lleno de tensiones).<\/p>\n<p>IV. La maduraci\u00f3n creyente a la luz de las teor\u00ed\u00adas<br \/>\nEl paso por las etapas del crecimiento humano es indispensable para quien desee comprender la transformaci\u00f3n del creyente a lo largo de su vida. El creyente tambi\u00e9n conoce cambios y etapas en su modo de vivir su relaci\u00f3n con Dios. La maduraci\u00f3n creyente no se realiza de modo uniforme y lineal, sino m\u00e1s bien seg\u00fan diversas formas. Estas formas est\u00e1n en relaci\u00f3n con per\u00ed\u00adodos concretos y espec\u00ed\u00adficos del ciclo de la vida adulta.<\/p>\n<p>&#8211; LAS ETAPAS DE LA ESTRUCTURACI\u00ed\u201cN SEG\u00daN J. FOWLER. Asumiendo la teor\u00ed\u00ada constructivista, el te\u00f3logo bautista americano James Fowler intenta elaborar un modelo te\u00f3rico que llegue a describir c\u00f3mo, a lo largo de la vida, una persona construye y da sentido a la relaci\u00f3n consigo misma, con los otros y con un ser \u00faltimo o Dios. Ahora bien, para \u00e9l, estas relaciones est\u00e1n determinadas por una serie de factores, que no son espec\u00ed\u00adficamente religiosos. Estos factores son: el modo de pensar y juzgar las acciones morales, las relaciones de la persona con la autoridad (y con lo que constituye autoridad), la capacidad de simbolizaci\u00f3n, el modo de vivir y llevar adelante las relaciones con los dem\u00e1s, as\u00ed\u00ad como la visi\u00f3n del mundo que inspira su pensamiento y su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Efectivamente, su modelo quiere superar las divisiones religiosas y confesionales para poder explicar c\u00f3mo da sentido a su vida una persona, sin necesidad de pertenecer a una religi\u00f3n. Para Fowler la fe es la manera espec\u00ed\u00adfica de dar sentido a la vida en referencia a Dios. Su modelo, por tanto, tiene muchas semejanzas con el de Kegan. A menudo se ha criticado esta concepci\u00f3n tan amplia de la fe. Para Fowler no existe un modelo espec\u00ed\u00adficamente cristiano de maduraci\u00f3n personal.<\/p>\n<p>El itinerario global de crecimiento puede caracterizarse como una toma de conciencia creciente, as\u00ed\u00ad como una toma de conciencia cr\u00ed\u00adtica, cada vez m\u00e1s refinada, con relaci\u00f3n a la acci\u00f3n y a la voluntad de Dios y una participaci\u00f3n creadora en su obra. Se desarrolla seg\u00fan unas etapas. Este autor ha destacado algunas constantes y seis maneras espec\u00ed\u00adficas de dar sentido a la propia vida en referencia a Dios. La trayectoria es invariable y no se puede saltar ninguna etapa. Lo mismo que Kegan, \u00e9l piensa que las primeras etapas est\u00e1n vinculadas habitualmente a la infancia y puede ocurrir que alguien se detenga en una de ellas interrumpiendo el itinerario.<\/p>\n<p>Etapas 0 (fe inicial) y 1 \u00c2\u00b0 (fe intuitivo-proyectiva: hacia los 2-6\/8 a\u00f1os). En la primera infancia se preparan las disposiciones que marcar\u00e1n la relaci\u00f3n con Dios. M\u00e1s tarde, el ni\u00f1o percibe las cosas intuitiva y emotivamente. Proyecta sobre Dios su manera de captar el mundo (antropomorfismo). Esta etapa ofrece la posibilidad de moldear las dimensiones emocionales (emotivas) de la fe, lo mismo en la direcci\u00f3n del bien que del mal.<\/p>\n<p>Etapa 2\u00c2\u00b0 (fe m\u00ed\u00adtico-literal: hacia los 6\/8 a\u00f1os-11\/13 a\u00f1os; puede encontrarse en la edad adulta). Entre los 6 y los 8 a\u00f1os surge una nueva manera de comprender el mundo; est\u00e1 marcada por lo concreto, la literalidad, la unidimensionalidad (univocidad) del sentido. Para el ni\u00f1o la narraci\u00f3n se convertir\u00e1 en una manera importante de construir sentido y de compartirlo con otros. Por eso las narraciones b\u00ed\u00adblicas y las historias de los grandes testigos son fundamentales en esta etapa. Sin embargo, en ella las personas son todav\u00ed\u00ada incapaces de salirse del \u00e1mbito de sus historias y de sus experiencias para reflexionar sobre ellas y deducir de ellas un sentido m\u00e1s global. Por el momento, Dios ser\u00e1 el Dios que castiga o premia.<\/p>\n<p>Etapa 3\u00c2\u00b0 (fe sint\u00e9tico-convencional o fe de pertenencia comunitaria: a partir de los 11\/13 a\u00f1os hasta la entrada en la edad adulta; puede prolongarse tambi\u00e9n m\u00e1s all\u00e1). Entre los 1 1 y los 13 a\u00f1os se llega a la capacidad del pensamiento abstracto y conceptual. Esta capacidad proporciona una nueva conciencia de s\u00ed\u00ad mismo. El joven ahora puede descubrir la imagen que los otros se hacen de \u00e9l; puede reflexionar sobre sus propios sentimientos y abrirse a la introspecci\u00f3n. Esto le lleva a adaptarse a las expectativas y reacciones de los dem\u00e1s. Ahora bien, el Yo est\u00e1 constituido por las relaciones y los roles que de ellas se derivan. La fuerte necesidad de mantener la relaci\u00f3n con los otros y de corresponder a sus expectativas puede convertirse, a veces, en una tiran\u00ed\u00ada de los otros (super-conformismo). Por esto los contenidos de fe y los valores que vinculan al joven al grupo no son habitualmente sometidos a examen. Para las personas de esta etapa Dios es alguien que nos conoce mejor que nosotros mismos; es el amigo, el compa\u00f1ero. El adulto conformista lucha contra la complejidad del pensamiento, porque tiene un pensamiento estereotipado, hecho a base de clich\u00e9s y posturas tajantes: todo o nada. Para poder juzgar las alternativas tiene que apoyarse en autoridades externas. Justo y falso admite raras excepciones; las cosas son id\u00e9nticas para todo el mundo. Su enfoque de la vida, sin muchos matices, alienta una visi\u00f3n sentimental e idealista del mundo; esta manera de ver podr\u00e1 encontrar en la comunidad cristiana una respuesta y un apoyo tanto m\u00e1s a\u00f1orado, cuanto que el mundo (entorno), tachado de profano, obliga al adulto a ocultar ante la gente la percepci\u00f3n idealista y afectiva de las cosas.<\/p>\n<p>En esta etapa el pensamiento concreto se orienta hacia objetos y comportamientos exteriores y visibles, como la apariencia, la aceptaci\u00f3n social, la pertenencia y los aspectos materiales; lo cual explica el apego de estas personas a ritos y directrices claras en el campo de la fe y de la moral (por ejemplo, desean el ritual \u00ed\u00adntegro del sacramento, sobre todo si no son practicantes habituales). Los adultos conformistas tienen una capacidad relativamente d\u00e9bil para la introspecci\u00f3n y son poco sensibles a los movimientos interiores; en esto tienen una sensibilidad muy global: est\u00e1n contentos o decepcionados, pero nunca ambas cosas a la vez. Seg\u00fan ellos, los problemas se solucionan por la comprensi\u00f3n (\u00abhay que comprender\u00bb); por eso desean un documento claro que posibilite saber y entender lo que hay que creer. Quisieran amar m\u00e1s y mejor. Hasta pueden quejarse de que alguien no los quiere.<\/p>\n<p>Etapa 4\u00c2\u00b0 (fe individual-reflexiva o de referencia a s\u00ed\u00ad: lo m\u00e1s pr\u00f3ximo a la entrada a la edad adulta). En esta etapa es donde muchos adultos se instalan durante largo tiempo. Al entrar en la edad adulta se somete a examen cr\u00ed\u00adtico el sistema de valores y los contenidos de la fe. A su vez, el Yo debe buscar su fundamento m\u00e1s all\u00e1 de las relaciones. La persona adulta no puede continuar apoy\u00e1ndose en los dem\u00e1s y toma conciencia de la necesidad de comprometer la propia responsabilidad. Asimismo considera necesario analizar los contenidos de la fe de la propia tradici\u00f3n religiosa y traducirlos en f\u00f3rmulas conceptuales. La palabra clave es coherencia. En esta etapa la persona tiende a fabricar su propio sistema religioso.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad resultan ganancias y p\u00e9rdidas: p\u00e9rdida de calidad emotiva, pero ganancia de claridad (sistematizaci\u00f3n, capacidad de explicar las cosas, precisi\u00f3n) y de sentimiento de coherencia. Puede producirse una ruptura respecto de la comunidad de fe convencional, donde anteriormente uno se sent\u00ed\u00ada bien: al hacerse cr\u00ed\u00adtica, la persona se distancia o es rechazada.<\/p>\n<p>Etapa 5\u00c2\u00b0 (fe unificante o de reapropiaci\u00f3n: raramente antes de los 40 a\u00f1os; algunos no llegan nunca a ella). La transici\u00f3n llega cuando la persona toma conciencia de que no puede dominarlo todo. Ahora se trata de unificar lo que, en los distintos campos de su vida, parece opuesto. El c\u00ed\u00adrculo de las relaciones puede agrandarse m\u00e1s all\u00e1 de la pertenencia a una clase, raza, naci\u00f3n, religi\u00f3n o ideolog\u00ed\u00ada. La fe reconoce que la verdad no puede reducirse a un solo punto de vista. Comienza a confrontarse con la dimensi\u00f3n dial\u00e9ctica de la experiencia y con sus paradojas: Dios es a la vez trascendente e inmanente, todopoderoso y voluntariamente limitado. La fe se hace humilde: se toma conciencia de que, cuando se habla de lo divino, s\u00f3lo se puede balbucear. En lugar de explicar los s\u00ed\u00admbolos y analizarlos, se aprende a acogerlos y a entrar en su mundo de sentido. La fe de la etapa unificante est\u00e1 abierta a las verdades de otras religiones y culturas, justamente por tener certezas claras y no por indiferencia. Esta apertura se basa en esas certezas claras, en oposici\u00f3n a una actitud indiferente; pero esta fe busca el di\u00e1logo serio, esperando llegar a una profundizaci\u00f3n de los propios fundamentos. Es claramente una fe de la segunda inocencia (seconde naYvet\u00e9) (Ricoeur).<\/p>\n<p>Etapa 6\u00c2\u00b0 (fe universalizante: rara). Para las personas que superan la etapa precedente parece apuntarse un movimiento en el cual el Yo es transportado m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad mismo. El Yo se apoya en Dios de manera cualitativamente nueva. En esta etapa la persona se siente muy cercana a Dios. El es quien renueva los mismos fundamentos de la identidad, del conocimiento y de los valores. La nueva perspectiva ser\u00e1 la base de una actitud de oposici\u00f3n no-violenta al mal individual y social. De ah\u00ed\u00ad nace un deseo activo de transformar las situaciones humanas actuales en una perspectiva de llegada del Reino y de comuni\u00f3n con Dios a trav\u00e9s del don radical de s\u00ed\u00ad mismo. Observando a personas descentralizadas es posible darse cuenta de los efectos de la k\u00e9nosis (expropiaci\u00f3n y desprendimiento de s\u00ed\u00ad mismo). Estas personas viven como si el Reino estuviera ya realizado; hacen ver lo que podr\u00ed\u00ada ser el futuro de Dios: s\u00f3lo con su vida son una interpelaci\u00f3n para los dem\u00e1s. Algunas grandes personalidades como Ghandi, Martin Luther King, incluso las grandes figuras cristianas del pasado son, seg\u00fan Fowler, ejemplos de personas que han llegado a esta etapa.<\/p>\n<p>V. Las opciones comunes y las constantes de estas teor\u00ed\u00adas<br \/>\nEstos modelos siempre hay que considerarlos como construcciones te\u00f3ricas que intentan explicar el itinerario del crecimiento o maduraci\u00f3n humana y creyente. Cada uno tiene su originalidad y su enfoque particular. Pero pr\u00e1cticamente en todos los investigadores encontramos opciones comunes y constantes.<\/p>\n<p>1. UN MOVIMIENTO Y UNA DIN\u00ed\u0081MICA. Todos los modelos (desarrollistas o constructivistas) describen el crecimiento de la persona adulta en forma de etapas o estadios. Cada etapa o estadio est\u00e1 configurado por una riqueza y una armon\u00ed\u00ada propia; tiene un valor irreemplazable y caracteriza a la persona en un momento dado de su vida. Cada etapa contiene elementos de la precedente, pero los reorganiza de forma nueva y m\u00e1s compleja, en una unidad nueva. Este movimiento hay que concebirlo m\u00e1s en una progresi\u00f3n circular (imagen de la espiral) que en una din\u00e1mica lineal. Sin embargo, el desarrollo siempre se comprende como un movimiento hacia una mayor complejidad, hacia una mayor competencia e integraci\u00f3n. Esto afecta a todas las capacidades de la persona humana.<\/p>\n<p>2. CONTINUIDAD SECUENCIAL. El crecimiento del adulto se realiza por secuencias, a trav\u00e9s de etapas previsibles. Las etapas son sistemas de pensamiento extraordinariamente estables: abarcan l\u00f3gicas globales o sistemas generales productores de sentido. Dado el tiempo que se permanece en una etapa (varios a\u00f1os: decenas de a\u00f1os en la edad adulta), la etapa funciona configurando un estilo de personalidad. El camino es progresivo (gradual) y continuado, e integra todas las dimensiones de la persona (al menos muchas de ellas). Est\u00e1 marcado por aceleraciones, retrocesos y momentos de calma. El recorrido \u00fanicamente se puede realizar en un sentido (no es posible estar retrocediendo durante un largo tiempo) y las etapas se suceden en un orden invariable: de lo sencillo a lo complejo (tampoco se puede saltar ninguna de ellas); son como eslabones de una cadena: cada elemento es indispensable para el conjunto y complementario de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Pero este itinerario es individual: cada uno lo desarrolla de manera diferente con contenidos y variaciones individuales, porque siendo semejantes en su desarrollo, los adultos siguen siendo siempre personas \u00fanicas. Podemos comparar las etapas a los patrones de costura: partiendo del mismo patr\u00f3n cada uno confecciona su propio vestido. Los investigadores han tratado de describir los patrones observando las semejanzas. En realidad la maduraci\u00f3n de la edad adulta es mucho m\u00e1s compleja y matizada que las etapas. No todos pasan por todas las etapas con un resultado positivo. Algunos se detienen y permanecen en etapas intermedias; otros retroceden. Hay quienes avanzan con mayor velocidad. Cada adulto tiene su historia, que es \u00fanica. No hay dos transiciones que se desarrollen de forma id\u00e9ntica: ni en duraci\u00f3n ni en el momento de realizarse, ni en lo relativo a su fuente o a sus efectos, ni en cuanto al grado de tensi\u00f3n que provoca.<\/p>\n<p>Las etapas del desarrollo que han quedado ignoradas o que han sido recorridas de manera insatisfactoria tienden a reaparecer hasta que no se las enfoque y recorra con \u00e9xito. El trabajo inacabado de los primeros a\u00f1os de la edad adulta seguir\u00e1 reclamando la atenci\u00f3n a lo largo de las etapas posteriores. Cada etapa conlleva sus propios desaf\u00ed\u00ados, sus aspectos particulares que hay que cuidar y hacer que maduren sus conocimientos y habilidades espec\u00ed\u00adficas, y conlleva tambi\u00e9n adquisiciones psicol\u00f3gicas particulares que hay que llevar a t\u00e9rmino. Hay tareas vinculadas al desarrollo que deben aprenderse en un momento dado, y adaptaciones concretas que realizar para responder a las interpelaciones de la vida. No se puede forzar el paso de una etapa a otra, ni para uno mismo ni a fortiori para los dem\u00e1s. Por el contrario, es posible comprender las estructuras y sistemas m\u00e1s elementales, ya superados gracias al crecimiento. A veces uno mismo se acuerda del pasado, porque es menos costoso, sobre todo cuando se trata de una situaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica.<\/p>\n<p>3. SOBRE LA REALIDAD. En lo referente al hecho de las etapas, todos los investigadores est\u00e1n de acuerdo, pero no han se\u00f1alado el mismo n\u00famero de ellas ni les adjudican el mismo contenido. Algunos opinan que estas etapas est\u00e1n en estrecha uni\u00f3n con el progreso de la edad. Otros dicen que la edad cronol\u00f3gica incide en ellas relativamente poco. La maduraci\u00f3n en el transcurso de la vida adulta tiene relaci\u00f3n con la edad, pero no es espec\u00ed\u00adfica de ella. En una vida adulta, la maduraci\u00f3n es tambi\u00e9n el resultado de respuestas a los momentos de confrontaci\u00f3n (crisis) y de la experiencia, constantemente enriquecida a lo largo de la vida cotidiana. Las ideas, los sentimientos, las esperanzas, los valores, los ideales, las opciones, las habilidades y los comportamientos de un adulto en interacci\u00f3n con su entorno social, se ven afectados por el desarrollo psicosocial.<\/p>\n<p>4. LAS TRANSICIONES. El paso de una etapa a otra es una transici\u00f3n significativa. Los adultos pierden un cierto equilibrio a lo largo de una etapa anterior y se sienten llamados a recuperarlo ahora. Esto supone llevar a cabo un trabajo penoso y desencadenar toda una nueva creatividad. El adulto experimenta el per\u00ed\u00adodo de transici\u00f3n como un reto, pero tambi\u00e9n como algo que le produce tensi\u00f3n y le ofrece, al mismo tiempo, posibilidades de madurar. La intensidad de las crisis emocionales y afectivas var\u00ed\u00ada de un individuo a otro. Por tanto, ninguno experimentar\u00e1 todas las condiciones que se pueden dar en una transici\u00f3n. Pero cada uno vive un proceso de desarrollo \u00fanico que lleva consigo cuestionamientos, cosas que abandonar y cambios que aceptar.<\/p>\n<p>Un cambio de etapa supone tiempo y un contexto de desarrollo apropiado (las culturas de apoyo de Kegan). El paso-transici\u00f3n de una etapa a otra es tan importante como la etapa misma. Pero no todos los investigadores dan la misma importancia a las transiciones; hay algunos que describen, sobre todo, las caracter\u00ed\u00adsticas de la etapa. Por tanto, podemos cuestionar igualmente la ideolog\u00ed\u00ada de los investigadores a este prop\u00f3sito: la armon\u00ed\u00ada y el equilibrio \u00bftendr\u00ed\u00adan un valor humano mayor que los momentos de agitaci\u00f3n?<br \/>\nAlgunos acontecimientos particulares, sean de naturaleza interior o exterior a la persona, marcan con frecuencia el principio o el fin de una etapa. Muchos investigadores opinan que los acontecimientos no son propiamente la causa del cambio (ellos no provocan un cambio), sino que lo precipitan.<\/p>\n<p>5. EL ENTORNO CULTURAL. El desarrollo humano se realiza en el contexto de un sistema humano; este desaf\u00ed\u00ada y sostiene la maduraci\u00f3n. Tanto las opciones personales como la red de opciones institucionales y culturales han de considerarse como las causas m\u00e1s importantes del desarrollo humano. El contexto debe entenderse, al mismo tiempo, como un medio ambiente f\u00ed\u00adsico y personal (cf Kegan, para quien, en algunos estadios, personas externas constituyen la cultura de apoyo que estimula la maduraci\u00f3n). Pero las tareas promotoras del desarrollo, as\u00ed\u00ad como los acontecimientos, previstos o no, constituyen tambi\u00e9n un contexto capaz de favorecer una nueva manera de dar sentido a la existencia y de creer (por ejemplo, dejar la casa, o verse abocado a recibir el diagn\u00f3stico de una enfermedad incurable). Sin embargo, a veces surge un nuevo sistema generador de sentido sin causas externas manifiestas; esto sucede, sobre todo, despu\u00e9s de los pasos a las \u00faltimas etapas.<\/p>\n<p>La crisis y el conflicto pueden precipitar y acompa\u00f1ar un cambio de estadio, pero tambi\u00e9n puede ocurrir que el conflicto se desarrolle en el interior del sujeto, sin ser perceptible a la atenci\u00f3n del observador. Puede ocurrir tambi\u00e9n que una persona viva en un contexto altamente conflictivo sin sufrir transformaci\u00f3n alguna. Efectivamente hay situaciones en las que semejante cambio radical puede parecer demasiado costoso a la persona. Es el caso de quienes viven en contextos constantemente ca\u00f3ticos, imprevisibles, violentos y peligrosos; en estas circunstancias se produce, casi con toda certeza, una reacci\u00f3n de repliegue y autoprotecci\u00f3n en respuesta a la situaci\u00f3n (actitud adaptada a este contexto particular). El complejo sistema de comunicaci\u00f3n en que vivimos puede estimular el desarrollo en unas personas y frenarlo en otras.<\/p>\n<p>6. UNA MIRADA DE CONJUNTO. LOS modelos descritos manifiestan el continuum, esto es, lo que permanece tras las caracter\u00ed\u00adsticas espec\u00ed\u00adficas vinculadas a la edad, a la situaci\u00f3n social, a los acontecimientos, etc. Los modelos describen lo que subyace a las caracter\u00ed\u00adsticas individuales. Todos muestran que, al pasar de una etapa -estadio- a otra, nos vemos acuciados a dejar, perder o abandonar algunas cosas y conservar otras, pero transform\u00e1ndolas para crear una nueva armon\u00ed\u00ada. Estos modelos presentan la relaci\u00f3n entre kair\u00f3s (tiempo favorable) y tronos (tiempo ordinario); destacan los ritmos y las etapas sensibles. Tambi\u00e9n expresan la globalidad del recorrido. Insisten igualmente en la responsabilidad de cada uno en la gesti\u00f3n de su propio crecimiento y, sobre todo, de sus crisis.<\/p>\n<p>IV. Buen uso y mal uso de las teor\u00ed\u00adas<br \/>\nConsideramos seguidamente algunas tendencias que pueden influir en un uso positivo o negativo de las diferentes teor\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>a) La supravaloraci\u00f3n. Es corriente supravalorar el propio desarrollo en un estadio o etapa m\u00e1s avanzada que aquella en que realmente estamos. Pero lo mismo sucede respecto de grupos enteros: con frecuencia, algunos agentes pastorales valoran en ex-ceso los grupos o comunidades con que trabajan. No hay que olvidar que la mayor\u00ed\u00ada de los adultos se encuentran en las etapas intermedias. Los estudios de Fowler y otros demuestran que casi dos terceras partes de los adultos se encuentran en la etapa 3 y 4 de su modelo.<\/p>\n<p>b) La tendencia a reducir diferencias (homogeneizar). Esta es una tendencia complementaria, y consiste en pensar que los grupos son -desde el punto de vista del desarrollo- m\u00e1s homog\u00e9neos de lo que en realidad son. En concreto, las propuestas pastorales o las homil\u00ed\u00adas se dirigen a grupos o asambleas consideradas relativamente homog\u00e9neas, cuando en realidad la asamblea eucar\u00ed\u00adstica est\u00e1 compuesta normalmente por personas que se encuentran pr\u00e1cticamente en todas las etapas.<br \/>\nc) El deseo de forzar el desarrollo. Tambi\u00e9n hay que deshacerse de la secreta esperanza de poder forzar el desarrollo y la transformaci\u00f3n personales. Esta esperanza puede llegar a crear, en los formadores y en las personas que realizan el acompa\u00f1amiento espiritual, frustraciones o sentimientos de culpabilidad. En un acompa\u00f1amiento se puede llegar a resultados que no correspondan a lo que los formadores, los catequistas o los directores espirituales esperan. La respuesta a la llamada de Dios puede ser totalmente original y no tener nada que ver con los modelos.<br \/>\nd) Una concepci\u00f3n capitalista y el mito del progreso. La maduraci\u00f3n de una persona lleva a transformaciones en los campos cognoscitivo, afectivo y psicomotor, que abren a la persona a nuevas posibilidades. Tambi\u00e9n el proceso de crecimiento llevar\u00e1 igualmente a una fe m\u00e1s madura y adulta.<br \/>\nPero hay que evitar cualquier concepci\u00f3n capitalista, como podr\u00ed\u00ada darse si se compara el propio crecimiento con el de otros. La maduraci\u00f3n adulta no es un campo de competici\u00f3n. Aunque los investigadores no son partidarios de dar un valor especial a las distintas etapas y al conjunto del proceso, estos modelos arrastran una ideolog\u00ed\u00ada: se supone que cada nueva etapa es mejor que la precedente. Esto proviene de la cultura del tiempo; para ella, desarrollo y progreso son valores positivos, lo nuevo se considera mejor que lo antiguo.<\/p>\n<p>e) Valores y limitaciones de una etapa. Cada etapa lleva consigo energ\u00ed\u00adas y limitaciones propias, oportunidades relativas a las virtudes espec\u00ed\u00adficas de esa etapa, as\u00ed\u00ad como tentaciones y obst\u00e1culos peculiares. Se observa que, cuando se anima a una persona a estar en plenitud precisamente en la etapa en que se encuentra, de hecho se la est\u00e1 estimulando, parad\u00f3jicamente, a realizar un cambio de etapa. No es propio del agente de pastoral querer aupar prematuramente a las personas hacia la otra etapa, sino animarlas a desarrollar plenamente las virtudes propias de la etapa en que se encuentran. Tambi\u00e9n es responsabilidad suya crear un entorno que facilite y estimule la transici\u00f3n, sin forzarla.<br \/>\nf) Confusi\u00f3n entre modelo y realidad (mapa y lugar real). Esta tentaci\u00f3n sutil lleva a querer meter a las personas reales dentro de un esquema de explicaci\u00f3n que se ajuste al modelo te\u00f3rico. Ahora bien, estos modelos te\u00f3ricos corresponden a la realidad del crecimiento de una persona, lo mismo que un mapa corresponde al lugar real que representa. Entonces formadores y acompa\u00f1antes corren el riesgo de abandonar su misi\u00f3n, que es estar realmente presentes junto a las personas. Esto lleva a la tentaci\u00f3n de querer predecir y forzar, o incluso a excusarlo todo.<\/p>\n<p>g) Confusi\u00f3n entre finalidad y acompa\u00f1amiento y \u00faltimas etapas. Las teor\u00ed\u00adas de las etapas nos explican c\u00f3mo una persona da sentido a su vida; pero no se pronuncian sobre el contenido de estas estructuras: en qu\u00e9 se cree, si creer es mejor que no creer, etc. Las teor\u00ed\u00adas dan una explicaci\u00f3n sobre el movimiento creciente de interiorizaci\u00f3n y, al mismo tiempo, de apertura (de una fe recibida de otros a la fe en que la persona se compromete plenamente con una opci\u00f3n concreta y una adhesi\u00f3n personal). El problema est\u00e1 en reducir el objetivo del acompa\u00f1amiento a la consecuci\u00f3n de las \u00faltimas etapas como si fuera la \u00fanica manera de responder fielmente a la llamada divina. Pero no se puede elaborar una concepci\u00f3n de la santidad y de c\u00f3mo llegar a ella sin tener en cuenta la base humana.<br \/>\nh) Valores de estos modelos te\u00f3ricos. Los modelos te\u00f3ricos que hemos expuesto aumentan la comprensi\u00f3n emp\u00e1tica en relaci\u00f3n con uno mismo y con los dem\u00e1s. As\u00ed\u00ad, gracias a esos modelos, los catequistas y animadores pastorales disponen de medios para captar mejor y estar m\u00e1s atentos a lo que realmente sucede. Son claves de lectura, no test para encasillar a nadie. Tambi\u00e9n permiten presentar a los acompa\u00f1ados informaciones positivas de sus posibilidades y potencialidades (por ejemplo, cuando estos parecen encontrarse en una situaci\u00f3n de estancamiento). Asimismo ofrecen a catequistas y animadores la posibilidad de tomar conciencia del lugar desde el que hablan y act\u00faan y hasta de la etapa en que ellos mismos se encuentran. Ahora bien, la reflexi\u00f3n y la acci\u00f3n siempre son particulares y limitadas; cada persona tiende a considerar su manera de pensar y de vivir la fe, caracter\u00ed\u00adstica de una etapa del desarrollo, como si fuera la \u00fanica manera de ver las cosas. Esta toma de conciencia ayuda a relativizar los absolutos, a abrirse, a adquirir una amplitud de miras y a ser humildes.<\/p>\n<p>En definitiva, el conocimiento del proceso de maduraci\u00f3n humana y creyente es indispensable para todo catequista y animador pastoral. Gracias a este conocimiento pueden vivir su misi\u00f3n con mayor fidelidad a Dios y al hombre.<\/p>\n<p>BIBL.: AI.BERICI E.-BINz A., Catequesis de adultos, CCS, Madrid 1994; CENTRO NACIONAL DE ENSE\u00ed\u2018ANZA RELIGIOSA DE FRANCIA, Formaci\u00f3n cristiana de adultos. Gu\u00ed\u00ada te\u00f3rica y pr\u00e1ctica para la catequesis, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1989; COLOMB J., Manual de catequ\u00e9tica. Al servicio del evangelio II, Herder, Barcelona 1971; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, Edice, Madrid 1999; DACQUINO G., Religiosidad y psicoan\u00e1lisis, CCS, Madrid 1982; ERIKSON E. H., Infancia y sociedad, Herm\u00e9, Buenos Aires 19766; GARRIDO J., Adulto y cristiano. Crisis de realismo y madurez cristiana, Sal Terrae, Santander 1989; GIGUERE P. A., Una f\u00e9 adulta. El proceso de maduraci\u00f3n en la .fe, Sal Terrae, Santander 1995; GOGUELIN P., Formaci\u00f3n continua de adultos, Narcea, Madrid 1973; LIEGE P. 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La maduraci\u00f3n creyente a la luz de las teor\u00ed\u00adas: &#8211; Las etapas de la estructuraci\u00f3n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/persona-adulta\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPERSONA ADULTA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17040","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17040","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17040"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17040\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17040"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17040"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17040"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}