{"id":17047,"date":"2016-02-05T11:06:24","date_gmt":"2016-02-05T16:06:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/revelacion-de-dios\/"},"modified":"2016-02-05T11:06:24","modified_gmt":"2016-02-05T16:06:24","slug":"revelacion-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/revelacion-de-dios\/","title":{"rendered":"REVELACION DE DIOS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. La voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios: 1. Dios \u00abquiere que todos los hombres se salven\u00bb; 2. Dios se puede encontrar \u00aba tientas, aunque no est\u00e1 lejos de cada uno de nosotros\u00bb. II. Del Vaticano I al Vaticano II: 1. Apunte hist\u00f3rico; 2. La Revelaci\u00f3n como instrucci\u00f3n sobrenatural, en el Vaticano 1; 3. La Revelaci\u00f3n como autocomunicaci\u00f3n de Dios, en el Vaticano II. III. Modelos teol\u00f3gicos fundamentales de la Revelaci\u00f3n. IV. La transmisi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n: 1. La problem\u00e1tica del cap\u00ed\u00adtulo II de la \u00abDei Verbum\u00bb; 2. El principio cat\u00f3lico de Tradici\u00f3n y de transmisi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n. V. La persona humana, abierta a acoger la Revelaci\u00f3n: 1. El hombre es \u00abcapaz de Dios\u00bb; 2. La fe y la raz\u00f3n en camino hacia la verdad; 3. La catequesis: \u00abuni\u00f3n de ense\u00f1anza y vida, de fe y raz\u00f3n\u00bb; 4. Capacidad de la persona humana para la Revelaci\u00f3n. VI. La catequesis de la Revelaci\u00f3n: 1. Horizonte antropol\u00f3gico de la Revelaci\u00f3n; 2. La Revelaci\u00f3n y la catequesis; 3. Algunas orientaciones pedag\u00f3gicas.<\/p>\n<p>I. La voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios<br \/>\nLa revelaci\u00f3n de Dios por Jesucristo -la Revelaci\u00f3n propiamente dicha-se enmarca dentro de la decisiva manifestaci\u00f3n de la voluntad salv\u00ed\u00adfica universal, la cual puede ser descrita como una inicial y secreta \u00abrevelaci\u00f3n general\u00bb correlativa a ella.<\/p>\n<p>1. DIos \u00abQUIERE QUE TODOS LOS HOMBRES SE SALVEN\u00bb (1Tim 2,4). El texto cl\u00e1sico de la Escritura sobre la voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios se encuentra en 1 Tim 2,1-6. La afirmaci\u00f3n de que la salvaci\u00f3n toca a todos los hombres aparece en \u00e9l insistentemente al reiterarse por tres veces la palabra todos (vv. 1.4.6), que resuena posteriormente con la f\u00f3rmula de que Dios \u00abes el Salvador de todos los hombres\u00bb (1Tim 4,10) y \u00abque trae la salvaci\u00f3n para todos los hombres\u00bb (Tit 2,11). Esta doctrina encuentra sus paralelos en los evangelios sin\u00f3pticos, cuando se refieren a Jes\u00fas tanto al \u00abdar su vida en rescate por todos\u00bb (Mc 10,45=Mt 20,28) como a su \u00absangre derramada por todos\u00bb (Mc 14,24=Mt 26,28=Lc 22,20). Tambi\u00e9n la literatura jo\u00e1nica apunta a esta visi\u00f3n universalista (cf Jn 1,29; 3,16-21; 8,12; 1Jn 2,2).<\/p>\n<p>La fe de la Iglesia ha confesado esta voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios desde antiguo, especialmente en los s\u00ed\u00admbolos de la fe, al afirmar que Cristo muri\u00f3 \u00abpor todos los hombres\u00bb. Ya en el siglo XVI, con el concilio de Trento, se declara que todos los hombres reciben la gracia suficiente para alcanzar la salvaci\u00f3n (cf DS 1568). Y a partir de ah\u00ed\u00ad, surge la constataci\u00f3n continuada de que Cristo no muri\u00f3 s\u00f3lo para los creyentes sino para todos (cf desde las condenas del jansenismo en el siglo XVII hasta la doctrina sobre los miembros de la Iglesia en la enc\u00ed\u00adclica de P\u00ed\u00ado XII, Mystici corporis, de 1943).<\/p>\n<p>Esta doctrina ha sido formulada con una prospectiva positiva y optimista por el Vaticano II en diversos documentos:<br \/>\na) As\u00ed\u00ad la Lumen gentium empieza la presentaci\u00f3n de las diversas relaciones de los hombres con el pueblo de Dios con esta afirmaci\u00f3n central: \u00abtodos los hombres est\u00e1n invitados al pueblo de Dios\u00bb (LG 13). Y m\u00e1s adelante precisa: \u00aben efecto, los que sin culpa suya no conocen el evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero coraz\u00f3n e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a trav\u00e9s de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvaci\u00f3n eterna\u00bb (LG 16); concreci\u00f3n de lo antes afirmado referente a que \u00abtodos los hombres est\u00e1n invitados a esta unidad cat\u00f3lica del pueblo de Dios, que prefigura y promueve la paz universal. A esta unidad pertenecen de diversas maneras o a ella est\u00e1n destinados los cat\u00f3licos, los dem\u00e1s cristianos e incluso todos los hombres en general llamados a la salvaci\u00f3n por la gracia de Dios\u00bb (LG 13).<\/p>\n<p>b) En el decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, se cita el texto b\u00e1sico de ITim 2,4 sobre la voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios. Esta vocaci\u00f3n a la salvaci\u00f3n se concreta en la Iglesia y en el bautismo, \u00abaunque Dios, por caminos conocidos s\u00f3lo por \u00e9l, puede llevar a la fe, sin la que es imposible agradarle, a los hombres que ignoran el evangelio sin culpa propia\u00bb (AG 7).<\/p>\n<p>c) La constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes concluye la consideraci\u00f3n y la vocaci\u00f3n del hombre, retomando el texto de LG 16, referido a la presencia de la gracia de Cristo en el coraz\u00f3n de todo hombre de buena voluntad, y a\u00f1ade: \u00abCristo muri\u00f3 por todos (cf Rom 8,32) y la vocaci\u00f3n \u00faltima del hombre es realmente una sola, es decir, la divina. En consecuencia, debemos mantener que el Esp\u00ed\u00adritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, de un modo conocido s\u00f3lo por Dios, se asocien a este misterio pascual\u00bb (GS 22).<\/p>\n<p>d) Finalmente, la afirmaci\u00f3n central del Vaticano II de que la Iglesia es signo e instrumento universal de la salvaci\u00f3n, mediante la expresi\u00f3n \u00absacramento\u00bb (LG 1, 9, 48; AG 1; GS 45), subraya a\u00fan m\u00e1s la voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios. En efecto, como sacramento, signo e instrumento de la salvaci\u00f3n, \u00abCristo hizo de \u00e9l (del pueblo mesi\u00e1nico) una comuni\u00f3n de vida, de amor y de unidad, como instrumento de redenci\u00f3n universal y lo env\u00ed\u00ada a todo el universo como luz del mundo y sal de la tierra (cf Mt 5,13-16)\u00bb (LG 9). Por esta raz\u00f3n se comprende la s\u00ed\u00adntesis universalista de GS: \u00abtodo el bien que el pueblo de Dios puede aportar a la familia humana en el tiempo de su peregrinaci\u00f3n terrena, deriva del hecho de que la Iglesia es \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb (cf LG 7), que manifiesta y realiza al mismo tiempo el misterio del amor de Dios al hombre\u00bb (GS 45).<\/p>\n<p>Esta ense\u00f1anza conciliar ha sido recogida claramente por el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, al explicar en esta clave el cl\u00e1sico axioma: \u00abfuera de la Iglesia no hay salvaci\u00f3n\u00bb (CCE 846-848), y al tratar de la necesidad del bautismo (CCE 1257-1261). En esta l\u00ed\u00adnea se sit\u00faa tanto la carta enc\u00ed\u00adclica de Juan Pablo II Redemptor hominis, 13, como el documento de la Comisi\u00f3n teol\u00f3gica internacional El cristianismo y las religiones, de 1996, para el que \u00ablos dones que Dios ofrece a todos los hombres para conducirlos a la salvaci\u00f3n se fundan, seg\u00fan el Concilio, en su voluntad salv\u00ed\u00adfica universal (LG 2, 3, 16; AG 7)\u00bb (69).<\/p>\n<p>2. DIos SE PUEDE ENCONTRAR \u00abA TIENTAS, AUNQUE NO EST\u00ed\u0081 LEJOS DE CADA UNO DE NOSOTROS\u00bb (He 17,27). Esta vocaci\u00f3n universal a la salvaci\u00f3n ofrecida por Dios, sirve de base para afirmar la existencia de una historia de la salvaci\u00f3n universal o general coextensiva con la historia humana, puesto que \u00abDios en su providencia tampoco niega la ayuda necesaria a los que, sin culpa, todav\u00ed\u00ada no han llegado a conocer claramente a Dios, pero se esfuerzan con su gracia en vivir con honradez. La Iglesia aprecia todo lo bueno y verdadero que hay en ellos, como una preparaci\u00f3n al evangelio y como un don de Aquel que ilumina a todos los hombres para que puedan tener finalmente vida\u00bb (LG 16).<\/p>\n<p>Esta vocaci\u00f3n, frecuentemente, se realiza de modo secreto en el coraz\u00f3n de \u00abtodos los hombres de buena voluntad, en cuyo coraz\u00f3n act\u00faa la gracia de modo invisible\u00bb (GS 22), que as\u00ed\u00ad reciben la comunicaci\u00f3n y el don de Dios -su gracia-, aunque no la reconozcan. Pero \u00abeste designio universal de Dios para la salvaci\u00f3n del g\u00e9nero humano no se realiza solamente de un modo casi secreto en la mente de los hombres o por iniciativas incluso religiosas, con las que los hombres buscan de muchas maneras a Dios, para \u00abver si buscando a tientas lo pod\u00ed\u00adan encontrar, aunque no est\u00e1 lejos de cada uno de nosotros\u00bb (cf He 17,27). Estas iniciativas necesitan ser iluminadas y purificadas, aunque, por el ben\u00e9volo designio del Dios providente, algunas veces pueden considerarse como preparaci\u00f3n pedag\u00f3gica hacia el verdadero Dios o preparaci\u00f3n evang\u00e9lica\u00bb (AG 3).<\/p>\n<p>M\u00e1s a\u00fan, Dios ha dado \u00aba conocer el designio misterioso de su voluntad, seg\u00fan los planes que se propuso realizar por medio de Cristo cuando se cumpliera el tiempo\u00bb (Ef 1,9s.), y as\u00ed\u00ad \u00abpara establecer la paz o comuni\u00f3n con \u00e9l y armonizar la sociedad fraterna entre los hombres, pecadores estos, decidi\u00f3 entrar en la historia de los hombres de un modo nuevo y definitivo enviando a su Hijo\u00bb (AG 3).<\/p>\n<p>En esta historia general o universal de la salvaci\u00f3n se manifiesta una presencia secreta de Dios -el don de su gracia- que, m\u00e1s que una comunicaci\u00f3n de un contenido concreto, supone un nuevo horizonte de esta historia y de los hombres en ella, por raz\u00f3n de la acci\u00f3n iluminativa interior propia del don de la gracia, \u00abque mueve el coraz\u00f3n y abre los ojos de la inteligencia\u00bb (DV 5; cf tambi\u00e9n DV 8 y LG 12). Horizonte impl\u00ed\u00adcito y frecuentemente no sabido, pero que es el mismo Dios como respuesta absoluta a la apertura y a la b\u00fasqueda, muchas veces an\u00f3nima, del hombre.<\/p>\n<p>Pero Dios no ha querido quedarse en esta historia general y universal de la salvaci\u00f3n -a veces calificada tambi\u00e9n como revelaci\u00f3n o presencia secreta de Dios trascendental, virtual o, quiz\u00e1 mejor, impl\u00ed\u00adcita-, sino que ha dado un paso m\u00e1s, y ha traducido esta presencia secreta en una Revelaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita y concreta de Dios por Jesucristo en la Iglesia, y as\u00ed\u00ad ha revelado el \u00abmisterio mantenido en secreto desde tiempo eterno\u00bb (Rom 16,25), \u00abllevando la historia a su plenitud\u00bb (Ef 1,10). Y todo esto, porque \u00abDios, que \u00abhabita una luz inaccesible\u00bb (ITim 6,16), quiere comunicar su propia vida divina a los hombres libremente creados por \u00e9l, para hacer de ellos, en su Hijo \u00fanico, hijos adoptivos (cf Ef 1,4-5). Al revelarse a s\u00ed\u00ad mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de amarle m\u00e1s all\u00e1 de lo que ellos ser\u00ed\u00adan capaces por sus propias fuerzas\u00bb (CCE 52).<\/p>\n<p>II. Del Vaticano I al Vaticano II<br \/>\n1. APUNTE HIST\u00ed\u201cRICO. El Vaticano I (a\u00f1o 1870) es el primer concilio que trat\u00f3 expresamente la Revelaci\u00f3n como tal, siguiendo los primeros documentos eclesi\u00e1sticos que la trataban desde esta perspectiva durante el siglo XIX. Los concilios anteriores hab\u00ed\u00adan definido diversos puntos de su contenido, pero no hab\u00ed\u00adan tratado de su existencia, de su necesidad y de su relaci\u00f3n con el conocimiento racional de Dios.<\/p>\n<p>Los documentos mencionados, especialmente el Vaticano I, son los primeros documentos magisteriales que designan bajo el nombre de Revelaci\u00f3n el objeto de la fe. Anteriormente tal objeto se designaba con otros nombres. As\u00ed\u00ad, el IV concilio de Letr\u00e1n (a\u00f1o 1215) habla de la \u00abdoctrina salv\u00ed\u00adfica\u00bb y del \u00abcamino de la vida\u00bb (DS 801). El concilio de Trento (a\u00f1os 1545-1563) se refiere al \u00abevangelio, fuente de la verdad salv\u00ed\u00adfica y de la disciplina de costumbres\u00bb (DS 1501). La innovaci\u00f3n del Vaticano I aparece cuando sustituye las palabras evangelio y verdad salvadora por la expresi\u00f3n revelaci\u00f3n sobrenatural (DS 3006).<\/p>\n<p>Fue durante los siglos XVII, XVIII y XIX cuando se forj\u00f3 la expresi\u00f3n Revelaci\u00f3n para designar el objeto de la fe. En efecto, durante esta \u00e9poca los te\u00f3logos cat\u00f3licos combatieron el llamado de\u00ed\u00adsmo, es decir, la doctrina seg\u00fan la cual el hombre ilustrado debe limitarse a la religi\u00f3n natural descubierta por la raz\u00f3n. Contra esta doctrina, quisieron mostrar que la religi\u00f3n natural no basta y que es necesaria una revelaci\u00f3n positiva y sobrenatural para prevenir sus desviaciones y para dar a conocer los misterios inaccesibles a la raz\u00f3n. Estas tesis fueron el centro de una nueva disciplina teol\u00f3gica: la Apolog\u00e9tica, surgida tambi\u00e9n en esta \u00e9poca. As\u00ed\u00ad se explica la promoci\u00f3n te\u00f3rica de la palabra Revelaci\u00f3n para designar el objeto espec\u00ed\u00adfico de la fe cristiana y su uso en el Vaticano I.<\/p>\n<p>2. LA REVELACI\u00ed\u201cN COMO INSTRUCCI\u00ed\u201cN SOBRENATURAL, EN EL VATICANO I (a\u00f1o 1870). El Vaticano I comprende la Revelaci\u00f3n como \u00abla doctrina de la fe\u00bb (DS 3020), que se manifiesta en el conjunto de los misterios contenidos en la palabra escrita y transmitida, y propuestos por el Magisterio de la Iglesia (cf DS 3011). As\u00ed\u00ad identifica pr\u00e1cticamente revelaci\u00f3n y doctrina de la fe, revelaci\u00f3n y verdades de fe.<\/p>\n<p>En cambio, los te\u00f3logos medievales, como santo Tom\u00e1s y san Buenaventura -ambos del siglo XIII-, distingu\u00ed\u00adan estos conceptos: as\u00ed\u00ad, por un lado, el objeto de la fe era calificado como doctrina sagrada, verdad de fe o verdad salv\u00ed\u00adfica y, por otro, la expresi\u00f3n revelaci\u00f3n serv\u00ed\u00ada para definir su origen divino y, por tanto, revelado. La identificaci\u00f3n de ambos conceptos empieza a aparecer posteriormente, a partir del siglo XVII, unido a la concepci\u00f3n del orden natural y el sobrenatural como dos etapas superpuestas, sin casi uni\u00f3n interna, mientras que el mismo santo Tom\u00e1s las un\u00ed\u00ada internamente a partir del \u00abdeseo natural de ver a Dios\u00bb. As\u00ed\u00ad pues, lo que desde el siglo XVII se califica como revelaci\u00f3n sobrenatural se sobrepone al conocimiento natural como un orden superior que dif\u00ed\u00adcilmente se comunica con el inferior. De ah\u00ed\u00ad surge, por un lado, un conocimiento racional seguro de s\u00ed\u00ad mismo y sin misterio y, por otro lado, un conocimiento misterioso garantizado s\u00f3lo por la autoridad divina.<\/p>\n<p>Existe un punto com\u00fan en toda esta historia y es que la funci\u00f3n central de Cristo no aparece con suficiencia. As\u00ed\u00ad, en los textos del Vaticano I sobre la Revelaci\u00f3n, fuera de las citas de la Escritura o del concilio de Trento, Cristo sorprendentemente no se nombra. No es extra\u00f1o que tal concepci\u00f3n fuera criticada, aunque de forma excesivamente pol\u00e9mica, por los te\u00f3logos llamados modernistas, siendo, con todo, reafirmado su contenido por diversos documentos magisteriales posteriores (cf DS 3420-22). No ser\u00e1 hasta el Vaticano II cuando se consagre oficialmente un concepto m\u00e1s matizado y rico de la Revelaci\u00f3n, elaborado en el intervalo por la reflexi\u00f3n de los te\u00f3logos.<\/p>\n<p>3. LA REVELACI\u00ed\u201cN COMO AUTOCOMUNICACI\u00ed\u201cN DE DIOS, EN EL VATICANO II (a\u00f1os 1962\/1965). El 18 de noviembre de 1965 fue promulgada por Pablo VI la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica Dei Verbum, sobre la Revelaci\u00f3n divina. Terminaba as\u00ed\u00ad el camino m\u00e1s largo y laborioso de los textos conciliares elaborados por el Vaticano II. El documento aprobado qued\u00f3 articulado en torno a dos grandes bloques: el primero est\u00e1 centrado en la Revelaci\u00f3n (c. I) y su transmisi\u00f3n (c. II) y el segundo trata de la Escritura (cc. IIIVI). Es el primer bloque, formado por el proemio (DV 1) con los cap\u00ed\u00adtulos I (DV 2-6) y II (DV 7-10), el que asume m\u00e1s directamente el tema de la Revelaci\u00f3n. Esta doctrina conciliar se encuentra recogida y sintetizada posteriormente en el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (50-95).<\/p>\n<p>Las dos palabras que designan esta constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Revelaci\u00f3n divina (Dei Verbum) resumen exactamente su objeto: se trata de la palabra de Dios, que el Concilio \u00abescucha con esp\u00ed\u00adritu religioso\u00bb. Esta f\u00f3rmula atestigua c\u00f3mo el magisterio supremo de la Iglesia ejercido por el Concilio muestra su sumisi\u00f3n a la Palabra y que, estando a su servicio, la \u00abescucha respetuosamente, la guarda religiosamente y la explica fielmente\u00bb (DV 10). A su vez, el texto de 1Jn 1,2-3 citado en DV 1 indica el objeto, el modo, la transmisi\u00f3n y la finalidad de la Revelaci\u00f3n: la comuni\u00f3n apost\u00f3lico-eclesial, que tiene su t\u00e9rmino definitivo en la comuni\u00f3n divino-trinitaria, como muestra este significativo doble uso de comuni\u00f3n en el Concilio, citando 1Jn 1,3.<\/p>\n<p>El Vaticano II se presenta \u00absiguiendo las huellas de los concilios de Trento y Vaticano I\u00bb (DV 1). Concretamente se refiere al decreto sobre la Escritura de Trento (cf DV 7, 9, 11), y a la constituci\u00f3n dogm\u00e1tica sobre la Fe del Vaticano I (cf DV 5-8, 10-12). Ahora bien, el marco y el orden mismo en el que la DV sit\u00faa todas estas citas, invita no s\u00f3lo a una continuidad de tales ense\u00f1anzas conciliares previas, sino tambi\u00e9n a una relectura en clave de lenguaje m\u00e1s trinitario e hist\u00f3rico que da el tono a todo el conjunto. En definitiva, se manifiesta una nueva apreciaci\u00f3n de la relaci\u00f3n entre historia y verdad en la presentaci\u00f3n de la Revelaci\u00f3n (cf las expresiones: \u00abeconom\u00ed\u00ada e historia de salvaci\u00f3n\u00bb y \u00abgestos y palabras\u00bb: DV 2, 4, 7-8, 14-15, 17-18, y la centralidad de Jesucristo).<\/p>\n<p>En el primer cap\u00ed\u00adtulo se desarrolla el concepto de Revelaci\u00f3n, descrita como una \u00abauto-revelaci\u00f3n del mismo Dios\u00bb (seipsum revelavit:\u2020\u00a2 DV 2). De esta forma el concepto de Revelaci\u00f3n parte del decisivo de comuni\u00f3n (cf DV 1, con Un 1,2s.; DV 2; DV 10, con He 2,42) e incluye el conocimiento de \u00abla doctrina\u00bb (DV 2) y \u00ablos bienes divinos\u00bb (DV 6) a partir del encuentro salvador con Cristo.<\/p>\n<p>En segundo lugar, se afirma que tal Revelaci\u00f3n se realiza \u00abpor medio de acciones y palabras \u00ed\u00adntimamente unidas\u00bb (DV 2; cf 4), en un claro car\u00e1cter a la vez hist\u00f3rico y sacramental de la Revelaci\u00f3n. Es una comprensi\u00f3n m\u00e1s b\u00ed\u00adblica de la Revelaci\u00f3n en la l\u00ed\u00adnea de la palabra de Dios -el dabar (=palabra\/hecho) hebreo- que asume unitariamente su doble aspecto tanto cognoscitivo como f\u00e1ctico.<\/p>\n<p>En tercer lugar, se subraya que Cristo es a la vez no s\u00f3lo el mediador sino la plenitud de toda Revelaci\u00f3n (cf DV 2, 4). De hecho el Antiguo Testamento fue una preparaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n evang\u00e9lica (cf DV 3, 16), y en la persona de Jes\u00fas, Palabra encarnada, en sus palabras y obras, en su muerte y resurrecci\u00f3n, se manifest\u00f3 de forma decisiva. Por esta raz\u00f3n, despu\u00e9s de \u00e9l no debe esperarse ya ninguna revelaci\u00f3n p\u00fablica antes del fin de los tiempos (cf DV 4).<\/p>\n<p>En cuarto lugar, esta revelaci\u00f3n hist\u00f3rica se relaciona con la manifestaci\u00f3n de Dios a partir de las realidades creadas. En la cita del texto cl\u00e1sico sobre el conocimiento natural de Dios de Rom 1,19-20, la DV 3, tal como hizo ya el Vaticano I, muestra la posibilidad de este conocimiento por la raz\u00f3n humana. Pero, a su vez, a\u00f1ade una referencia a Jn 1,3 donde se recuerda que Dios realiz\u00f3 ya la creaci\u00f3n por su Palabra. Gracias, pues, a estas dos observaciones se establece una \u00ed\u00adntima ligaz\u00f3n entre la revelaci\u00f3n hist\u00f3rica en Jesucristo y la manifestaci\u00f3n natural en la creaci\u00f3n por la Palabra, en vez de dejarlas como dos etapas superpuestas y sin relaci\u00f3n. Por eso el texto evita el uso del dif\u00ed\u00adcil adjetivo sobrenatural, que puede sugerir una superposici\u00f3n, y opta por una expresi\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y medieval m\u00e1s unitaria: \u00abla salvaci\u00f3n suprema\u00bb (salus superna), que resuena en la Gaudium et spes cuando afirma que \u00abla vocaci\u00f3n \u00faltima del hombre es realmente una sola, es decir, la divina\u00bb (GS 22).<\/p>\n<p>Finalmente, en correlaci\u00f3n con esta concepci\u00f3n de la Revelaci\u00f3n, se presenta una visi\u00f3n m\u00e1s integral de la fe. La DV 5, adem\u00e1s de recordar el Vaticano I, que la defin\u00ed\u00ada como \u00abuna total sumisi\u00f3n del entendimiento y de la voluntad\u00bb, subraya novedosamente el car\u00e1cter global y plenamente humano de tal acogida, por la cual \u00abel hombre se entrega entera y libremente a Dios\u00bb. A su vez, subraya que el Esp\u00ed\u00adritu \u00abmueve el coraz\u00f3n, lo convierte a Dios y abre los ojos del entendimiento\u00bb: expresiones todas ellas de cu\u00f1o b\u00ed\u00adblico, patr\u00ed\u00adstico y teol\u00f3gico, que han servido para la renovaci\u00f3n del tratado de la fe (cf Jer 24; Ez 36; Lc 24,16.31; Jn 6,9; Ef 1,17s.; as\u00ed\u00ad como las expresiones: \u00abel maestro interior\u00bb de san Agust\u00ed\u00adn [PL 44:9721 y \u00abla fe que tiene ojos\u00bb -oculata fide- de santo Tom\u00e1s [Sum. Theol. III, q. 55, 2.1]).<\/p>\n<p>El segundo cap\u00ed\u00adtulo se centra en la transmisi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n, y fue sin duda la parte m\u00e1s delicada de la DV. El texto final de la DV 9 aporta los siguientes elementos teol\u00f3gicos: 1) Escritura y Tradici\u00f3n brotan de un mismo manantial; 2) ambas est\u00e1n unidas \u00aben un mismo caudal y corren hacia el mismo fin\u00bb: as\u00ed\u00ad se elude hablar de \u00abdos fuentes aut\u00f3nomas\u00bb, ya que forman el \u00ab\u00fanico dep\u00f3sito sagrado de la palabra de Dios\u00bb (DV 10), y son \u00absuprema norma de su fe\u00bb (DV 21); 3) finalmente, se llega a la frase m\u00e1s elaborada: \u00abpor eso la Iglesia no saca exclusivamente de la Sagrada Escritura la certeza de todo lo revelado\u00bb: as\u00ed\u00ad se subraya la aportaci\u00f3n decisiva de la Tradici\u00f3n que es la \u00abcerteza\u00bb de lo revelado (DV 9); ya antes se hab\u00ed\u00adan recordado otras dos aportaciones en esta l\u00ed\u00adnea: el conocimiento del canon y la interpretaci\u00f3n y actualizaci\u00f3n de la Escritura (cf DV 8, 12). El aporte de la Tradici\u00f3n, pues, se sit\u00faa en el \u00e1mbito epistemol\u00f3gico y criteriol\u00f3gico -la certeza de lo revelado- y no como una segunda fuente. Queda adem\u00e1s clara su relaci\u00f3n con el Magisterio, \u00abel cual no est\u00e1 por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio\u00bb, y debe \u00abinterpretarla aut\u00e9nticamente\u00bb (DV 10).<\/p>\n<p>III. Modelos teol\u00f3gicos fundamentales de la Revelaci\u00f3n<br \/>\nLa idea de la Revelaci\u00f3n ha experimentado una importancia cada vez mayor en la teolog\u00ed\u00ada cristiana hasta su consagraci\u00f3n en los dos concilios vaticanos, refrendada con fuerza por la enc\u00ed\u00adclica Fides et ratio (La fe y la raz\u00f3n) de 1998, la cual afirma que es \u00abpunto de referencia y verdadera estrella que orienta el hombre\u00bb (FR 14s). Pero su concepci\u00f3n ha acompa\u00f1ado toda la larga historia del cristianismo. Por esto pueden distinguirse tres modelos fundamentales, que son, en cierto sentido, uno consecuencia del otro, pero que no se excluyen y son complementarios en diversos aspectos. En la DV se encuentran elementos de estos tres modelos, aunque su orientaci\u00f3n privilegia claramente el tercero (el autocomunicativo), con aspectos del primero (el epif\u00e1nico), pero parte del segundo (el instructivo), que ha sido el m\u00e1s com\u00fan en la teolog\u00ed\u00ada hasta el Vaticano II.<\/p>\n<p>a) La Revelaci\u00f3n como experiencia de epifan\u00ed\u00ada. Desde la Edad antigua hasta la Edad media, el t\u00e9rmino revelaci\u00f3n designaba primariamente experiencias de iluminaci\u00f3n y era utilizado siempre en plural: revelaciones. Por eso el concepto de epifan\u00ed\u00ada, como manifestaci\u00f3n divina, es muy \u00fatil para calificar mejor al Dios vivo que se manifiesta y se hace experimentable en su santidad como realidad concretamente presente, como fuerza que crea, gu\u00ed\u00ada, juzga y salva. Se trata de una concepci\u00f3n propia del Nuevo Testamento, que interpreta la historia de la salvaci\u00f3n como la epifan\u00ed\u00ada de Dios y de Jesucristo (cf Tit 2,13; 1Tim 6,14). Caracter\u00ed\u00adstico de este modelo epif\u00e1nico de revelaci\u00f3n es que lo esencial no se da ni por una ense\u00f1anza de tipo te\u00f3rico ni por la revelaci\u00f3n de una verdad escondida, sino por el acontecer y por la manifestaci\u00f3n hist\u00f3rica de la misma salvaci\u00f3n. En este caso, pues, revelaci\u00f3n divina y epifan\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n se identifican. En el inicio de DV 2 se puede encontrar esta perspectiva, puesto que se une la revelaci\u00f3n a la \u00abmanifestaci\u00f3n del misterio de su voluntad\u00bb, a partir de la importante cita de Efesios 1,9. A su vez, confirma esta orientaci\u00f3n la repetida visi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n como \u00abeconom\u00ed\u00ada o historia de salvaci\u00f3n\u00bb en \u00abgestos y palabras\u00bb (DV 2, 4, 7-8&#8230;), as\u00ed\u00ad como la visi\u00f3n iluminativa de la fe (cf DV 5).<br \/>\nb) La Revelaci\u00f3n como instrucci\u00f3n. En la Edad media se experimenta una importante tendencia -ya iniciada bajo la influencia del helenismo y de la gnosis- a leer el contenido de la Revelaci\u00f3n en clave intelectualista, y de ah\u00ed\u00ad surgi\u00f3 el modelo instructivo de la Revelaci\u00f3n, que se centra en informar doctrinalmente sobre los hechos y los contenidos de la ense\u00f1anza divina sobre la redenci\u00f3n. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, santo Tom\u00e1s la definir\u00e1 como \u00abmanifestaci\u00f3n de la verdad\u00bb (Sum. Theol. III, 40, 1). En este caso, Revelaci\u00f3n y salvaci\u00f3n se separan, ya que la primera se reduce a la parte informativa y doctrinal de la historia de la salvaci\u00f3n, que sirve como lugar para manifestar las verdades reveladas. Este modelo est\u00e1 presente en la DV, dado que fue el propio del Vaticano I y el dominante hasta el Vaticano II, por ejemplo, al usar la verdad como primer contenido de la Revelaci\u00f3n (DV 5, 7-8), as\u00ed\u00ad como en la concepci\u00f3n abstracta de la Revelaci\u00f3n (DV 4-6) y en el mismo triple uso de la expresi\u00f3n cl\u00e1sica de \u00abdep\u00f3sito de la fe\u00bb (DV 10).<\/p>\n<p>A partir de los siglos XIV y XV, este modelo acentu\u00f3 con fuerza su sentido doctrinal y conceptual: as\u00ed\u00ad la Revelaci\u00f3n se comprende casi exclusivamente como comunicaci\u00f3n de una doctrina sobrenatural, y el proceso de la Revelaci\u00f3n viene explicado como manifestaci\u00f3n divina de proposiciones conceptuales. Ser\u00e1 en esta visi\u00f3n donde la moderna cr\u00ed\u00adtica de la Revelaci\u00f3n encuentre su punto de partida decisivo (cf J. G. Fichte, E. Kant, G. W. F. Hegel, R. Jaspers, T. Adorno&#8230;).<\/p>\n<p>c) La Revelaci\u00f3n como autocomunicaci\u00f3n. El Vaticano II representa un cambio importante para la concepci\u00f3n teol\u00f3gica de la Revelaci\u00f3n. En efecto, la DV desarrolla un concepto de revelaci\u00f3n que representa una superaci\u00f3n de las estrecheces conceptuales de la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica y del modelo instructivo. La \u00abdoctrina aut\u00e9ntica sobre la revelaci\u00f3n\u00bb (DV 1) que propone el Concilio es el resultado de una nueva conciencia teol\u00f3gica de los siglos XIX (escuelas de Tubinga y Roma) y XX (protestantes: K. Barth, W. Pannenberg&#8230;; cat\u00f3licos: K. Rahner, H. de Lubac, R. Latourelle, E. Schillebeeckx&#8230;) y ofrece una nueva perspectiva hist\u00f3rico-cultural, como efecto tard\u00ed\u00ado de la moderna cr\u00ed\u00adtica a la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, el Vaticano II recupera en el concepto de revelaci\u00f3n el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico entero en su sustancia y en su fundamento y lo concibe como autorevelaci\u00f3n de Dios -Dios mismo es, en su eterna esencia trinitaria, el Dios de la revelaci\u00f3n-. Esto significa que los conceptos \u00abacontecimiento de salvaci\u00f3n\u00bb y \u00abacontecimiento de revelaci\u00f3n\u00bb se interpretan mutuamente. Y as\u00ed\u00ad el Concilio, con esta ampliaci\u00f3n sem\u00e1ntica del concepto de revelaci\u00f3n, lo integra en el interior del acontecimiento salv\u00ed\u00adfico con su entero contenido y con su car\u00e1cter esencial.<\/p>\n<p>A su vez, el mismo concepto registra una radicalizaci\u00f3n teoc\u00e9ntrica: el Dios de la revelaci\u00f3n no revela alguna cosa, sino que se revela a s\u00ed\u00ad mismo como Padre en Jesucristo, como mediador y plenitud de la revelaci\u00f3n (cf DV 4), y a trav\u00e9s del Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 presente en la Iglesia (cf DV 8s). Se trata, pues, de una auto-comunicaci\u00f3n al hombre como participaci\u00f3n en la misma realidad salv\u00ed\u00adfica de Dios. De ah\u00ed\u00ad surge el modelo teor\u00e9tico-comunicativo-participativo, que subraya tanto el aspecto de comuni\u00f3n-comunicaci\u00f3n, ya que genera una relaci\u00f3n personal (cf DV 1-2), como el aspecto de participaci\u00f3n, ya que a su vez ofrece los \u00abbienes divinos\u00bb (DV 6), como son la verdad, la justicia, el amor, la paz&#8230; A partir de esta idea de revelaci\u00f3n, la misma concepci\u00f3n del cristianismo como religi\u00f3n-de-libro debe superarse, puesto que la revelaci\u00f3n cristiana se fundamenta en una comuni\u00f3n personal-vital que conlleva un compromiso personal, y por tanto va m\u00e1s all\u00e1 de la pura fidelidad formal a un texto. Aqu\u00ed\u00ad radica su diferencia radical con el concepto de revelaci\u00f3n del juda\u00ed\u00adsmo y del islamismo, conocidos propiamente como religiones-de-libro.<\/p>\n<p>IV. La transmisi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n<br \/>\n1. LA PROBLEM\u00ed\u0081TICA DEL CAP\u00ed\u008dTULO II DE LA \u00abDEI VERBUM\u00bb. Despu\u00e9s del cap\u00ed\u00adtulo primero, dedicado a la naturaleza de la Revelaci\u00f3n, en el cap\u00ed\u00adtulo segundo, precisamente el cap\u00ed\u00adtulo m\u00e1s laborioso en su redacci\u00f3n final de todo el Vaticano II, la DV centr\u00f3 su atenci\u00f3n en su transmisi\u00f3n (DV 8-10). En efecto, la cuesti\u00f3n se planteaba as\u00ed\u00ad en los a\u00f1os anteriores al Concilio: la tradici\u00f3n no escrita, \u00bftransmite o no alguna verdad revelada que no est\u00e9 contenida en la Escritura? Despu\u00e9s del concilio de Trento (cf DS 1501), fue com\u00fan la primera alternativa, y as\u00ed\u00ad se interpret\u00f3 mayoritariamente en la teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica (cf los ejemplos pr\u00f3ximos tanto del divulgad\u00ed\u00adsimo manual latino de Teolog\u00ed\u00ada fundamental de J. Salaverri de 1950, profesor de la Universidad de Comillas, como de H. Lennerz, de la Universidad Gregoriana de Roma, promotor de la teor\u00ed\u00ada de las dos fuentes a partir de su Mariolog\u00ed\u00ada de 1957). El texto preparatorio de la DV se alineaba claramente en la alternativa de la doble fuente de la Revelaci\u00f3n y esto provoc\u00f3 el rechazo mayoritario de los padres conciliares. No fue hasta las dos \u00faltimas sesiones conciliares cuando se replante\u00f3 con nuevas coordenadas lo que posibilit\u00f3 su aprobaci\u00f3n final.<\/p>\n<p>El cambio de perspectiva parti\u00f3 de un estudio m\u00e1s particularizado del decreto tridentino, que puso de relieve el car\u00e1cter s\u00f3lo interpretativo de la Tradici\u00f3n en lo que toca a la fe, puesto que, como ya afirmaba santo Tom\u00e1s, en la Escritura se encuentran \u00ablas verdades necesarias para la salvaci\u00f3n\u00bb (Sum. Theol. I-II, qq. 106, 108&#8230;). La Tradici\u00f3n, en cambio, tiene car\u00e1cter s\u00f3lo constitutivo para el resto, es decir, para \u00abla disciplina y las costumbres\u00bb (as\u00ed\u00ad, J. R. Geiselmann, Y. Congar, K. Rahner&#8230;). Este enfoque dej\u00f3 v\u00ed\u00ada libre a una l\u00ed\u00adnea de conciliaci\u00f3n que propone el Vaticano II, que marca la diferencia entre los datos constitutivos de la Escritura y la funci\u00f3n criteriol\u00f3gica de la Tradici\u00f3n. De esta forma queda superado el sentido dado a la teor\u00ed\u00ada de las dos fuentes, m\u00e1s propia de una cierta comprensi\u00f3n cat\u00f3lica mayoritaria, y a la de la sola Escritura, m\u00e1s propia del pensamiento protestante.<\/p>\n<p>N\u00f3tese, finalmente, que la DV usa la palabra tradici\u00f3n en dos sentidos: por un lado, para describir aquello que no est\u00e1 escrito en la Escritura y, por otro, para exponer todo el proceso de transmisi\u00f3n viviente de la Revelaci\u00f3n (cf las palabras sin\u00f3nimas transmisi\u00f3n, evangelio, predicaci\u00f3n apost\u00f3lica e Iglesia, y el mismo t\u00ed\u00adtulo del c. II: La transmisi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n). Este \u00faltimo sentido ser\u00e1 el eje para el nuevo enfoque de toda la problem\u00e1tica.<\/p>\n<p>2. EL PRINCIPIO CAT\u00ed\u201cLICO DE TRADICI\u00ed\u201cN Y DE TRANSMISI\u00ed\u201cN DE LA REVELACI\u00ed\u201cN. A partir de la aportaci\u00f3n conciliar y de los estudios y reflexiones que la han proseguido, se puede formular en tres afirmaciones este principio cat\u00f3lico de Tradici\u00f3n, entendido como la transmisi\u00f3n y vida de \u00abla Escritura en la Iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>a) La Escritura, como palabra de Dios, es la \u00abnorma suprema de su fe\u00bb (DV 21), y por esto es \u00abel alma de toda la teolog\u00ed\u00ada\u00bb (DV 24-25; OT 16), de acuerdo con la f\u00f3rmula patr\u00ed\u00adstica y medieval que ve la Escritura como \u00abregla de la fe y de la verdad\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn, san Basilio, san Buenaventura, san Tom\u00e1s&#8230;). Todo, por raz\u00f3n de la normatividad fundante del acontecimiento de Cristo, despu\u00e9s del cual no \u00abhay que esperar otra revelaci\u00f3n p\u00fablica\u00bb (DV 4) hasta el fin de los tiempos. Precisamente la afirmaci\u00f3n de que la Escritura es palabra de Dios \u00abinspirada\u00bb, afirmada por primera vez en el Vaticano I y confirmada por el Vaticano II, pone de relieve el car\u00e1cter \u00fanico y normativo de la Escritura en toda la tradici\u00f3n eclesial, puesto que en ella se transmite \u00abla verdad que Dios hizo consignar en dichos libros para salvaci\u00f3n nuestra\u00bb (DV 11). De ah\u00ed\u00ad la importancia de leerla e interpretarla \u00abcon el mismo Esp\u00ed\u00adritu con que fue escrita\u00bb (DV 12), tal como proponen diversas formas de su lectura (lectio divina, ex\u00e9gesis espiritual de los Padres, Biblia en la liturgia, lectura de evangelio&#8230;; cf el documento de la Pontificia comisi\u00f3n b\u00ed\u00adblica de 1993, \u00abLa interpretaci\u00f3n de la Biblia en la Iglesia\u00bb).<\/p>\n<p>b) La Tradici\u00f3n, como transmisi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n, es la expresi\u00f3n de la misma Iglesia que \u00abcon su ense\u00f1anza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree\u00bb, gracias al \u00abEsp\u00ed\u00adritu Santo, por quien la voz viva del evangelio resuena en la Iglesia y por ella al mundo entero\u00bb (DV 8). De esta forma se expresa lo que se puede llamar principio cat\u00f3lico de tradici\u00f3n que es \u00abla Escritura transmitida en la Iglesia\u00bb como tradici\u00f3n viviente, gracias al mismo \u00aborigen, camino y fin\u00bb que hay entre la Escritura y la tradici\u00f3n no escrita transmitida por la Iglesia (cf DV 9). Los diversos testimonios de esta tradici\u00f3n, desde los m\u00e1s oficiales -como los santos padres, la liturgia, los credos, los textos conciliares- hasta el testimonio de los santos y de la vida de los cristianos, son importantes para conocerla puesto que son su actualizaci\u00f3n significativa.<\/p>\n<p>c) El Magisterio vivo de la Iglesia, como ministerio de los pastores que, unidos a los fieles, manifiestan \u00abuna maravillosa concordia en conservar, practicar y profesar la fe recibida\u00bb, tiene como responsabilidad \u00abinterpretar aut\u00e9nticamente la palabra de Dios\u00bb (DV 10). \u00abLa misi\u00f3n del Magisterio est\u00e1 ligada al car\u00e1cter definitivo de la alianza instaurada por Dios en Cristo con su pueblo\u00bb (CCE 890), gracias al \u00abcarisma cierto de verdad\u00bb comunicado con la sucesi\u00f3n apost\u00f3lica a los obispos, los cuales la actualizan \u00abno por encima de la palabra de Dios, sino a su servicio\u00bb (DV 10).<\/p>\n<p>Este magisterio se ejerce de forma suprema y extraordinaria por parte del papa y del cuerpo de los obispos en uni\u00f3n con \u00e9l, por mediaci\u00f3n de un \u00abacto definitivo o ex cathedra\u00bb (LG 25), normalmente en concilios o en definiciones expresas, que hasta el presente s\u00f3lo han sido las referentes a la Inmaculada Concepci\u00f3n, en 1854, y a la Asunci\u00f3n de Mar\u00ed\u00ada, en 1950. El magisterio ordinario, en cambio, que acompa\u00f1a habitualmente la tradici\u00f3n viviente que es la Iglesia, es una ense\u00f1anza que conduce a una mejor inteligencia de la Revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para discernirlo se ofrecen estos tres criterios: \u00abla naturaleza del documento, su repetici\u00f3n frecuente y su forma de expresarse\u00bb (LG 25). Los niveles de autoridad doctrinal del Magisterio, seg\u00fan las precisiones de la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe, se sintetizan en: 1) las definiciones solemnes del contenido de la Revelaci\u00f3n, que piden una adhesi\u00f3n de fe teologal; 2) las declaraciones definitivas sobre verdades relacionadas con la fe y costumbres cristianas, que deben ser firmemente aceptadas; 3) las declaraciones no definitivas que ayudan a la comprensi\u00f3n y mantenimiento de la verdad de la palabra de Dios, que exigen un asentimiento religioso, y 4) las intervenciones para aplicar la doctrina cat\u00f3lica a cuestiones de particular urgencia, de forma prudente, y a menudo provisional, que postulan un asentimiento leal (Instrucci\u00f3n sobre \u00abla vocaci\u00f3n eclesial del te\u00f3logo\u00bb de 1990).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el principio cat\u00f3lico de tradici\u00f3n, entendido como \u00abla Escritura en la Iglesia\u00bb, intenta superar las puras interrelaciones entre Escritura, Tradici\u00f3n y Magisterio, para centrarse en su unidad org\u00e1nica en torno a la Iglesia, que es la tradici\u00f3n viva y el eje de toda la transmisi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n a trav\u00e9s de los tiempos, en el interior de la cual existe el Magisterio (cf DV 7-12). Adem\u00e1s, fiel a la concepci\u00f3n sacramental de la Iglesia, propia del Vaticano II, se comprende que cada testimonio concreto de la Tradici\u00f3n (Padres, liturgia, concilios, dogmas, sentido de fe del pueblo, \u00absignos de los tiempos\u00bb, testimonio&#8230;) es un \u00absigno actualizador\u00bb de la comprensi\u00f3n eclesial de la Escritura, que ser\u00e1 diversamente vinculante seg\u00fan el grado de autoridad magisterial que comporte.<\/p>\n<p>En este marco se descubre, pues, c\u00f3mo doctrina, vida y culto constituyen conjuntamente la realidad de la tradici\u00f3n o transmisi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n, es decir, la Iglesia, en el interior de la cual se proclama, se vive y se celebra la Escritura, y as\u00ed\u00ad \u00abconserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree\u00bb, como memoria y \u00abvoz viva\u00bb (DV 8) de la revelaci\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>V. La persona humana, abierta a acoger la Revelaci\u00f3n<br \/>\n1. EL HOMBRE ES \u00abCAPAZ DE Dios\u00bb (CCE 27). El Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, de forma novedosa, comienza la parte dedicada a la profesi\u00f3n de la fe con un cap\u00ed\u00adtulo titulado: \u00abel hombre es capaz de Dios\u00bb (CCE 27-49). En ella se encuentra nuclearmente actualizada toda una teolog\u00ed\u00ada fundamental, siguiendo las perspectivas del m\u00e9todo de la inmanencia, que parte del hombre y de su capacidad y vocaci\u00f3n a la escucha de una palabra de Dios (CCE 27-30) y, a su vez, de acuerdo con la filosof\u00ed\u00ada ling\u00fc\u00ed\u00adstica, se pregunta sobre el significado del lenguaje religioso (CCE 39-43). Tambi\u00e9n recoge la prospectiva m\u00e1s cl\u00e1sica de las v\u00ed\u00adas de acceso al conocimiento de Dios, tanto cosmol\u00f3gicas como antropol\u00f3gicas (CCE 31-35), con un acento particular en las afirmaciones de los dos \u00faltimos concilios (Vaticano 1: DS 3004; Vaticano II: DV 61) (CCE 36-38).<\/p>\n<p>2. LA FE Y LA RAZ\u00ed\u201cN EN CAMINO HACIA LA VERDAD. La enc\u00ed\u00adclica de Juan Pablo II Fe y raz\u00f3n, de 1998, ha desarrollado la articulaci\u00f3n de \u00abla fe y la raz\u00f3n como las dos alas con las cuales el esp\u00ed\u00adritu humano se eleva hacia la contemplaci\u00f3n de la verdad\u00bb (introducci\u00f3n). Por este motivo, esta enc\u00ed\u00adclica centra su reflexi\u00f3n sobre \u00abel tema de la verdad y de su fundamento en relaci\u00f3n con la fe\u00bb (FR 6), teniendo presente \u00abque fe y raz\u00f3n \u00abse ayudan mutuamente\u00bb (cf DS 3019)\u00bb (FR 100), ya que \u00ablo m\u00e1s urgente hoy es llevar a los hombres a descubrir su capacidad de conocer la verdad (cf DH 1-3) y su anhelo de un sentido \u00faltimo y definitivo de la existencia\u00bb (FR 102).<\/p>\n<p>Por esto la relaci\u00f3n entre la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica, fruto de la fe, y el pensar filos\u00f3fico, surgido de la raz\u00f3n, \u00abdebe estar marcada por la circularidad\u00bb donde \u00abel punto de partida es la palabra de Dios revelada en la historia, mientras que el objetivo final no puede ser otro que la inteligencia de esta. Por otra parte, ya que la palabra de Dios es Verdad (cf Jn 17,17), favorecer\u00e1 su mejor comprensi\u00f3n la b\u00fasqueda humana de la verdad, o sea el filosofar\u00bb (FR 73). Esta circularidad debe entenderse tal como santo Tom\u00e1s apunta: \u00abla raz\u00f3n natural asciende hacia el conocimiento de Dios por medio de las creaturas y, por otro lado, el conocimiento de la fe desciende de Dios hasta nosotros por medio de la revelaci\u00f3n divina, y as\u00ed\u00ad resulta que el camino ascendente y el descendente son el mismo\u00bb (Summa contra gentes IV, 1; texto de un discurso de 1980 del mismo Papa, citado en FR 60).<\/p>\n<p>3. LA CATEQUESIS: \u00abUNI\u00ed\u201cN DE ENSE\u00ed\u2018ANZA Y VIDA, DE FE Y RAZ\u00ed\u201cN\u00bb (FR 99). La enc\u00ed\u00adclica Fides et ratio se refiere expl\u00ed\u00adcitamente a la catequesis, ya que en ella \u00abse da una uni\u00f3n especial entre ense\u00f1anza y vida\u00bb, puesto que \u00abconlleva implicaciones filos\u00f3ficas que deben estudiarse a la luz de la fe\u00bb, de las que se enumeran su car\u00e1cter formativo y, por tanto, su car\u00e1cter estructurador del pensar y del hacer de la persona, y a su vez se afirma que \u00abla reflexi\u00f3n filos\u00f3fica puede contribuir mucho a clarificar la relaci\u00f3n entre verdad y vida y, sobre todo, la relaci\u00f3n entre verdad trascendente y lenguaje humanamente inteligible\u00bb. El centro del anuncio de la catequesis viene sintetizado en la clave de la verdad, tema central de esta enc\u00ed\u00adclica: \u00abel anuncio o kerigma llama a la conversi\u00f3n, proponiendo la verdad de Cristo que culmina en su misterio pascual. En efecto, s\u00f3lo en Cristo es posible conocer la plenitud de la verdad que nos salva (cf He 4,12; 1Tim 2,4-6)\u00bb (FR 99).<\/p>\n<p>4. CAPACIDAD DE LA PERSONA HUMANA PARA LA REVELACI\u00ed\u201cN. a) El hombre, ser abierto y en b\u00fasqueda del trascendente. El hombre es un ser abierto y es sujeto activo en la b\u00fasqueda, frecuentemente impl\u00ed\u00adcita y no formulada, del trascendente, de la verdad definitiva y del mismo Dios. El hombre no es un ser encerrado, sino un sujeto \u00abreligado\u00bb (X. Zubiri), que constantemente busca, pregunta, opta, se cuestiona y apunta as\u00ed\u00ad hacia lo absoluto, hacia lo \u00faltimo, hacia lo trascendente, hacia el mismo Dios, gracias a su \u00abraz\u00f3n sapiencial\u00bb o \u00abraz\u00f3n recta\u00bb (FR 4, 81), que recuerda la \u00abraz\u00f3n vital\u00bb (Ortega y Gasset) y la \u00abinteligencia sentiente\u00bb (Zubiri) -\u00bfo su variante como \u00abinteligencia emocional\u00bb del psic\u00f3logo norteamericano de masas D. Goleman?-. Por eso, el hombre puede ser descrito como un movimiento y ser din\u00e1mico abierto al futuro. Ahora bien, si este dinamismo s\u00f3lo lo soporta, resta en la resignaci\u00f3n; si se cierra ante \u00e9l, puede llegar hasta la desesperaci\u00f3n, y si decididamente lo asume, encuentra la fuerza de la esperanza en su apertura y b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>Este concepto de apertura aparece de forma novedosa en la enc\u00ed\u00adclica Fides et ratio, al afirmar que la persona debe \u00ababrirse a la trascendencia\u00bb (FR 15, 23, 41, 75) a partir de la pregunta inicial: \u00ab\u00bfqui\u00e9n soy?, \u00bfde d\u00f3nde vengo y ad\u00f3nde voy?, \u00bfpor qu\u00e9 existe el mal?, \u00bfqu\u00e9 hay despu\u00e9s de esta vida?, preguntas que tienen su origen com\u00fan en la necesidad de sentido que desde siempre acucia el coraz\u00f3n del hombre\u00bb (FR 1). Ahora bien, esta apertura no implica ning\u00fan paso posterior necesario y obligado, como si a partir de la raz\u00f3n se pudiese demostrar el contenido de la fe, que llevar\u00ed\u00ada obligatoriamente a creer. En cambio, el concepto de apertura mantiene el significado de la posibilidad y, por tanto, de la libertad del acto de creer, sin la cual ser creyente no tendr\u00ed\u00ada sentido.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea subraya con fuerza esta realidad antropol\u00f3gica b\u00e1sica de la apertura, que es donde radica la inicial capacidad del hombre para la Revelaci\u00f3n. El punto de partida m\u00e1s pr\u00f3ximo se encuentra en el llamado m\u00e9todo de la inmanencia, del fil\u00f3sofo M. Blondel (1861-1949), que quiere mostrar el valor y el sentido de la revelaci\u00f3n cristiana como plenitud de una aspiraci\u00f3n natural y primordial del hombre. De ah\u00ed\u00ad la formulaci\u00f3n del hombre como oyente de la Palabra -t\u00ed\u00adtulo de la obra cl\u00e1sica de K. Rahner de 1963-, que posibilita el paso \u00abde la cuesti\u00f3n del hombre a la cuesti\u00f3n de Dios\u00bb -t\u00ed\u00adtulo de la \u00faltima obra de J. Alfaro en 1988-. En definitiva, se quiere mostrar, siguiendo una expresi\u00f3n paulina, la radical capacidad del hombre para estar libremente a la escucha de la Revelaci\u00f3n (cf Rom 10,17).<\/p>\n<p>b) La credibilidad de la Revelaci\u00f3n como significatividad. La capacidad del hombre para la revelaci\u00f3n de Dios se manifiesta tambi\u00e9n al mostrar que esta Revelaci\u00f3n es cre\u00ed\u00adble, es decir, razonable y significativa para \u00e9l. Se trata del componente hist\u00f3rico y antropol\u00f3gico de la Revelaci\u00f3n y de la fe, es decir, de su estatuto humano propio, ya que el Vaticano II recuerda que en la fe el hombre realiza tambi\u00e9n un acto plenamente humano, ya que \u00abse entrega entera y libremente a Dios\u00bb (DV 5). Precisamente esta es la tarea de la teolog\u00ed\u00ada fundamental, que \u00abdebe mostrar la \u00ed\u00adntima compatibilidad entre la fe y su exigencia fundamental de ser explicitada mediante una raz\u00f3n capaz de dar su asentimiento en plena libertad\u00bb (FR 67).<\/p>\n<p>Ahora bien, tal asentimiento y entrega, para que pueda calificarse como propio de un acto humano, debe poder mostrar su credibilidad, gracias a la opci\u00f3n decisiva y razonable que comporta. Se trata del tipo de opci\u00f3n que conlleva toda decisi\u00f3n fundamental en la propia vida (como el amor, la amistad, la vocaci\u00f3n, el servicio&#8230;), que no es ni una pura evidencia que excluye toda duda, ni una pura opini\u00f3n que ve la verdad contraria como perfectamente equivalente. Esta credibilidad no se demuestra -como intentaba la apolog\u00e9tica cl\u00e1sica-, sino que se puede mostrar -horizonte de la teolog\u00ed\u00ada fundamental actual-, como oferta plausible, digna de fe, fiable y, por tanto, plena de significatividad.<\/p>\n<p>Para descubrir tal significatividad de la credibilidad concreta de la Revelaci\u00f3n, convendr\u00e1 examinar los tres elementos que la constituyen: 1) con una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica sobre el sentido de sus contenidos (por ejemplo, qu\u00e9 sentido tiene comprender a Dios como Padre, a Jes\u00fas como salvador o a la Iglesia como pueblo de Dios); 2) con un an\u00e1lisis hist\u00f3rico acerca de su significado (c\u00f3mo Dios-Padre, Cristo-salvador o la Iglesia-pueblo de Dios han incidido en la historia), y 3) con una aproximaci\u00f3n antropol\u00f3gica, dado su car\u00e1cter significativo (c\u00f3mo el hombre queda interpelado y puede acoger esta revelaci\u00f3n de Dios-Padre, de Cristo-salvador o de la Iglesia-pueblo de Dios&#8230;). As\u00ed\u00ad pues, la credibilidad mostrada por esta significatividad hace posible encontrar tal plenitud de sentido y significado en las afirmaciones de fe citadas, que la vida personal s\u00f3lo se convierte en plenamente significativa si se realiza a su luz.<\/p>\n<p>Ser\u00e1, pues, y para concluir, la significatividad propia de la credibilidad de la Revelaci\u00f3n la que har\u00e1 posible afirmar confiadamente con san Pablo, en la confesi\u00f3n de fe, que en verdad \u00abes fiable (pist\u00f3s) el Dios que os ha llamado a vivir en comuni\u00f3n (koinon\u00ed\u00ada) con su Hijo Jesucristo, nuestro Se\u00f1or\u00bb (lCor 1,9).<\/p>\n<p>VI. La catequesis de la Revelaci\u00f3n<br \/>\nLa catequesis y la Revelaci\u00f3n guardan siempre una relaci\u00f3n estrecha. Una determinada manera de hacer catequesis es reflejo inevitable de una manera determinada de concebir la Revelaci\u00f3n1. Esta relaci\u00f3n entre ambas es totalmente normal: la catequesis, como ministerio eclesial al servicio de la fe, intenta abrir al catequizando el camino hacia el encuentro, el conocimiento y la acogida del Dios de Jesucristo. Dicho de otro modo, la funci\u00f3n propia de la catequesis es comunicar, en clave de actualidad, la revelaci\u00f3n de Dios al hombre de hoy 2.<br \/>\n1. HORIZONTE ANTROPOL\u00ed\u201cGICO DE LA REVELACI\u00ed\u201cN. a) Dios se revela en la historia. La Dei Verbum subraya que la revelaci\u00f3n cristiana se da en una historia y en su interpretaci\u00f3n aut\u00e9ntica, incluyendo a la vez la horizontalidad del hecho y la verticalidad del sentido salv\u00ed\u00adfico, querido por Dios y notificado por testigos autorizados. La Revelaci\u00f3n es a la vez acontecimiento y comentario. Decir que Dios revela \u00abcon palabras y gestos intr\u00ed\u00adnsecamente conexos entre s\u00ed\u00ad\u00bb (DV 2) es decir que Dios entra verdaderamente en comunicaci\u00f3n con el hombre, le habla, pero por la mediaci\u00f3n de una historia significante y aut\u00e9nticamente interpretada3.<\/p>\n<p>La Revelaci\u00f3n culmina en el acontecimiento de la encarnaci\u00f3n del Hijo de Dios entre los hombres. Para revelarse, Dios asume la realidad humana total (menos el pecado). \u00abCristo es a un tiempo mediador y plenitud de toda la Revelaci\u00f3n\u00bb (DV 2) y ocupa, por tanto, una posici\u00f3n absolutamente \u00fanica en la revelaci\u00f3n cristiana. Creer en Cristo es creer en Dios.<\/p>\n<p>La encarnaci\u00f3n entra\u00f1a una inhumanizaci\u00f3n de Dios (Latourelle) en virtud de la cual todas las dimensiones del hombre (todas las culturas de la humanidad) son asumidas y utilizadas por Dios para servir de expresi\u00f3n y para revelarnos su propio misterio y nuestro misterio de hijos (cf DV 4). De esta forma, la historia humana es ya una revelaci\u00f3n germinal: la revelaci\u00f3n plena no podr\u00e1 darse ni al margen ni en contra de la historia de los hombres. No se hablar\u00ed\u00ada de Revelaci\u00f3n sin una serie de acontecimientos situados en el tiempo, en un contexto cultural dado y sin testigos autorizados que desvelen, de parte de Dios, la significatividad de estos acontecimientos abiertos a un cumplimiento definitivo en Jesucristo.<\/p>\n<p>Esta es la raz\u00f3n por la cual la Revelaci\u00f3n solamente se materializa cuando despierta en el hombre una nueva forma de existencia: cuando el hombre vive el acontecimiento de su historia en relaci\u00f3n religiosa con Dios. Lo que pone en juego la Revelaci\u00f3n es una actitud religiosa y no simplemente unas f\u00f3rmulas. Lo que Cristo viene a revelar a los hombres es un nuevo estilo de vida, una praxis. Contemplando a Cristo y escuch\u00e1ndolo, lo que se nos revela es nuestra condici\u00f3n de hijos.<\/p>\n<p>b) El contenido de la Revelaci\u00f3n. Dios y el hombre concreto: El hombre no es s\u00f3lo destinatario de la Revelaci\u00f3n; es tambi\u00e9n, y sobre todo, contenido de la Revelaci\u00f3n. Dios se revela \u00fanicamente cuando es reconocido y acogido por el hombre. Sin este reconocimiento y sin esta acogida, Dios no es nunca un Dios revelado4. En consecuencia, los hombres actuales, a partir del testimonio de los creyentes que nos han precedido, hemos de descubrir, reconocer y acoger al Dios de Jesucristo hoy, desde nuestro encuentro personal con \u00e9l. Es verdad que ha llegado a su plenitud en Cristo. Y todo lo que quiera saberse de \u00e9l pasa necesariamente por el testimonio que de \u00e9l dejaron los ap\u00f3stoles. Con los ap\u00f3stoles queda concluida la entrega de Cristo. Pero es verdad igualmente que los ap\u00f3stoles no explicitaron toda la riqueza del acontecimiento de Cristo. La tarea de la Iglesia es ir explicit\u00e1ndola a lo largo de la historia hasta la consumaci\u00f3n final de esta (parus\u00ed\u00ada).<\/p>\n<p>El acontecimiento de Cristo, en s\u00ed\u00ad mismo definitivo, es captado por los hombres (incluidos los ap\u00f3stoles) pagando tributo a una significaci\u00f3n hist\u00f3rica concreta, que es cambiante, habida cuenta de que depende del horizonte de comprensi\u00f3n del hombre, igualmente cambiante. El dinamismo de la Revelaci\u00f3n no est\u00e1, pues, clausurado ni personal ni colectivamente; queda vinculado necesariamente a la actividad significante del pueblo de Dios que, en cada situaci\u00f3n, debe seguir explicitando esa revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Desechado el fundamentalismo, es preciso ir encontrando en cada situaci\u00f3n la expresi\u00f3n actual de la presencia (autocomunicaci\u00f3n) de Dios en los acontecimientos de la historia (hermen\u00e9utica). Por eso la Revelaci\u00f3n debe entenderse como una tarea inacabada. La Revelaci\u00f3n no es simplemente fidelidad al pasado; es tambi\u00e9n y eminentemente apertura al futuro. El Esp\u00ed\u00adritu Santo es quien abre la historia de la Revelaci\u00f3n, llevando a la Iglesia a descubrir gradualmente la verdad total, al ritmo de la historia5.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu act\u00faa en la Iglesia entera como verdadero cuerpo prof\u00e9tico. El pueblo de Dios, dentro del cual se encuentra con una cualificaci\u00f3n particular (no exclusiva) el magisterio, es, por tanto, el que ir\u00e1 actualizando el acontecimiento de Cristo: los ni\u00f1os, los j\u00f3venes, los adultos, los hombres, las mujeres, los pobres&#8230;<\/p>\n<p>c) La historia humana y la historia de la salvaci\u00f3n unidas. Asegurar que la historia humana y la historia de la salvaci\u00f3n se encuentran unidas no significa, en modo alguno, que ambas sean id\u00e9nticas. En la historia humana se dan, en efecto, sombras (pecado) y realidades brutas sin una significaci\u00f3n real(izada). Existe, no obstante, una unidad entre la experiencia del hombre y la acci\u00f3n reveladora de Dios, entre la comunidad humana y la Iglesia (cf GS 40).<\/p>\n<p>Para designar la relaci\u00f3n \u00fanica que establece la Revelaci\u00f3n entre Dios y el hombre, por la mediaci\u00f3n de los acontecimientos y de su interpretaci\u00f3n, DV retiene la analog\u00ed\u00ada de la Palabra: Dios ha hablado a la humanidad; conversaci\u00f3n de amistad con los hombres para llamarles e invitarles a la comuni\u00f3n con \u00e9l (DV 2). De este modo, la Revelaci\u00f3n se abre sobre el misterio de una persona y no de algo: de un Yo (Dios) que se dirige a un T\u00fa (el hombre).<\/p>\n<p>La Revelaci\u00f3n tiene un horizonte antropol\u00f3gico en el sentido de que es Luz que desde el misterio divino se proyecta sobre el misterio del hombre. Cristo aparece como mediador de sentido: desde \u00e9l, en el hombre se abre un camino de luz que aclara la vida, el sufrimiento, la muerte&#8230;6. En la perspectiva cristiana, el hombre alcanza la plenitud de s\u00ed\u00ad mismo solamente en la acogida del don de Dios (cf GS 22, 41).<\/p>\n<p>2. LA REVELACI\u00ed\u201cN Y LA CATEQUESIS. Esta estructura de la Revelaci\u00f3n impone a la catequesis, entre otras, las dimensiones siguientes:<br \/>\na) El acontecimiento de Cristo, centro de la catequesis. Si se tiene en cuenta que Cristo es a la vez el mediador de la Revelaci\u00f3n y su plenitud (DV 2, 4), en la catequesis, como actualizadora de la Revelaci\u00f3n, necesariamente el misterio de Cristo ser\u00e1 su centro (cf MPD 7-8; CT 6-10; CC 85, 170-179).<\/p>\n<p>La catequesis no puede ser una entrega meramente doctrinal; ser\u00e1 m\u00e1s bien una mediaci\u00f3n de encuentro con una Persona: Jes\u00fas de Nazaret, nacido, muerto y resucitado, que vive por nosotros. La gran tarea de la catequesis es siempre decir qui\u00e9n es Jesucristo, dar sentido al nombre de Cristo. La catequesis debe mostrar con claridad el futuro que Cristo abre a la humanidad y a la verdad de cada uno7. La catequesis, al provocar el encuentro personal del catequizando con Cristo, propiciar\u00e1 en \u00e9l el deseo de seguirle (cf CC 124).<\/p>\n<p>b) La gratuidad de la revelaci\u00f3n de Dios y la catequesis. La dimensi\u00f3n hist\u00f3rica de la Revelaci\u00f3n permite percibir f\u00e1cilmente su car\u00e1cter de gratuidad. El hecho de que Dios salga efectivamente de su misterio para invitar al hombre a compartir su vida, interviniendo en el campo de la historia humana, no puede tener otro origen que no sea el misterio de su libertad. No es el hombre el que descubre a Dios; es Dios quien se manifiesta cuando \u00e9l quiere, a quien \u00e9l quiere y como \u00e9l quiere. Dios es libertad absoluta. La Revelaci\u00f3n es gracia de Dios absolutamente libre. El hombre s\u00f3lo puede captar algo de este misterio de gracia y libertad dej\u00e1ndose llevar por el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>La catequesis busca siempre la fe personal del catequizando. Ahora bien, la fe como orientaci\u00f3n decisiva de la vida no se forja escuchando una lecci\u00f3n, sino por la mediaci\u00f3n de un Tercero interior: \u00abYo plant\u00e9 y Apolo reg\u00f3, pero quien hizo crecer fue Dios\u00bb (lCor 3,6). Solamente Dios puede comunicar. San Pablo no cesa de proclamarlo (cf G\u00e1l 1,11-12) y la DV lo afirma del coraz\u00f3n mismo de la Revelaci\u00f3n (cf DV 2)8. La catequesis, pues, tiene que ir al encuentro de lo que el Esp\u00ed\u00adritu dice a cada uno y velar para que las semillas del evangelio, presentes en los catequizandos, lleguen a germinar y puedan avanzar hacia la madurez.<\/p>\n<p>c) La catequesis y la tradici\u00f3n de la Iglesia. La Revelaci\u00f3n, por su dimensi\u00f3n hist\u00f3rica, guarda una estrecha relaci\u00f3n con la tradici\u00f3n de la Iglesia. La fe cristiana descansa en la aceptaci\u00f3n de la tradici\u00f3n (entrega) que la comunidad creyente hace de Cristo (cf DV III). La Tradici\u00f3n consiste en la narraci\u00f3n de los acontecimientos salvadores de Dios, retom\u00e1ndolos a la luz de una nueva claridad. Transmitir es conmemorar, que no es simplemente evocar el recuerdo del acontecimiento pasado; es hacer del acontecimiento pasado un memorial, es decir, sentirse afectado por el acontecimiento o hacerse contempor\u00e1neo de \u00e9l (cf Dt 5,2-3).<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que la catequesis busque capacitar al catequizando para leer su historia personal y colectiva en clave de historia de salvaci\u00f3n (cf CC 113), para interpretar cristianamente las realidades humanas y los signos de los tiempos y para percibir la unidad existente entre el plan salv\u00ed\u00adfico de Dios y las aspiraciones m\u00e1s profundas de los hombres. La catequesis llevar\u00e1 a cabo esta tarea estableciendo un v\u00ed\u00adnculo estrecho entre la palabra de Dios (la experiencia cristiana fundamental) y la experiencia humana contempor\u00e1nea (cf CC 113-114).<\/p>\n<p>d) La tensi\u00f3n presente-pasado en la catequesis. Si la Revelaci\u00f3n se desarrolla en la historia, la catequesis asumir\u00e1 necesariamente la tensi\u00f3n presente-pasado: el mensaje de la fe ha quedado constituido definitivamente por el testimonio de los ap\u00f3stoles. Sin embargo, este mensaje, si no quiere quedarse sin eco, debe permanecer tan vivo para el hombre actual como el d\u00ed\u00ada de su proclamaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La catequesis, en consecuencia, transmitir\u00e1 la Palabra saliendo al encuentro de los hombres de todos los tiempos, en su situaci\u00f3n hist\u00f3rica siempre \u00fanica, para responder a sus cuestiones y a sus inquietudes y as\u00ed\u00ad encauzarlos hacia Dios. La catequesis -la Iglesia- debe anunciar el evangelio como buena noticia para hoy (cf GS 4, 62), y para ello se preocupar\u00e1 de re-expresar el mensaje, en funci\u00f3n de la cultura, del lenguaje y de las necesidades de cada generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>e) Catequesis y testimonio. La identidad de la revelaci\u00f3n cristiana pone en evidencia que la catequesis como comunicaci\u00f3n de esta revelaci\u00f3n, pertenece al orden del testimonio. Jes\u00fas no se limita a anunciar el Reino, sino que lo realiza con hechos y con gestos. De la misma manera, la comunicaci\u00f3n del evangelio en la catequesis har\u00e1 bien en incluir la proclamaci\u00f3n de la fe y la praxis de un nuevo estilo de vida filial. Los ap\u00f3stoles transmitieron lo que hab\u00ed\u00adan aprendido de Cristo \u00abviviendo con \u00e9l y vi\u00e9ndole actuar\u00bb (cf DV 7). Y la Iglesia \u00aben su doctrina, en su vida y en su culto perpet\u00faa y transmite a todas las generaciones todo lo que ella es, todo lo que cree\u00bb (DV 8).<br \/>\nComunicar la Revelaci\u00f3n en la catequesis significa que el catequista es, al mismo tiempo, el testimonio vivo de una fe que, ante todo, ha iluminado y transformado su vida. En la catequesis no es suficiente hablar de Dios, incluso cuando la pedagog\u00ed\u00ada echa mano de los mejores recursos; es preciso hacer ver que la fe provoca a una existencia nueva.<\/p>\n<p>f) Catequesis y comunidad eclesial. La Revelaci\u00f3n, aunque se realiza en la historia, no queda abandonada al azar de esta historia y de la interpretaci\u00f3n individual. La transmisi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n ha quedado protegida por un conjunto de carismas que son obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo: carisma del origen apost\u00f3lico de la Tradici\u00f3n, carisma de la inspiraci\u00f3n de la Sagrada Escritura, carisma de la infalibilidad, confiado al magisterio de la Iglesia. Carismas, todos ellos, vinculados entre s\u00ed\u00ad para el servicio mutuo (cf DV III).<\/p>\n<p>El catequista tendr\u00e1 siempre presente que quien da a Cristo es la Iglesia, comunidad de disc\u00ed\u00adpulos. Esta comunidad es portadora del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo. Ella elabora unos escritos para decir su fe, fruto del Esp\u00ed\u00adritu; adem\u00e1s, transmite esos escritos de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n para que tambi\u00e9n nosotros creamos. La comunidad creyente, que est\u00e1 en la fuente del texto y luego lo ha reconocido como expresivo de su fe, es la int\u00e9rprete autorizada de este texto. Nosotros recibimos el evangelio -1os evangelios- de la Iglesia y los leemos en la Iglesia, en comuni\u00f3n con todo un pueblo. En nuestra fe somos tributarios de la comunidad no s\u00f3lo hoy, ahora, en el espacio; tambi\u00e9n en el tiempo: la fe nos viene del principio, mediante la transmisi\u00f3n de la Revelaci\u00f3n, efectuada por la Iglesia. El evangelio es patrimonio de la comunidad, de la Iglesia (cf CC 253, 266). Cuando la catequesis se habit\u00faa a hacerse fuera de esta din\u00e1mica, se deteriora y se torna sectaria9.<\/p>\n<p>3. ALGUNAS ORIENTACIONES PEDAG\u00ed\u201cGICAS. El presupuesto antropol\u00f3gico en la catequesis es necesario. Pero no como un artilugio para insertar la Revelaci\u00f3n en el hombre, sino como iluminaci\u00f3n de la misma Revelaci\u00f3n, porque esta acontece en la vida del hombre y no en otra parte10.<\/p>\n<p>Si la revelaci\u00f3n cristiana se lleva a cabo por las palabras y las acciones de Cristo, su transmisi\u00f3n no podr\u00e1 reducirse nunca a la comunicaci\u00f3n de un cuerpo de doctrina sobre Dios, sin ning\u00fan impacto sobre la vida. La catequesis ha de llevar al catequizando a confrontar su vida con el evangelio, en la b\u00fasqueda del sentido \u00faltimo de su existencia desde Dios. La persona accede a la fe en el momento en que descubre que la Revelaci\u00f3n es verificable en su verdad.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad la necesidad de buscar las experiencias de los catequizandos a partir de su forma de ser y de situarse en el mundo, de sus interrogantes y sus demandas; naturalmente teniendo en cuenta siempre la situaci\u00f3n concreta de cada caso: ni\u00f1os, adolescentes, j\u00f3venes, adultos&#8230; sin olvidar que cada grupo tiene sus expectativas y necesidades espec\u00ed\u00adficas.<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n \u00fanica que la Revelaci\u00f3n establece entre Dios y el hombre, por la mediaci\u00f3n de los acontecimientos y de su interpretaci\u00f3n, se plasma en el di\u00e1logo: entre un Yo (Dios) que descubre el misterio de su vida y un T\u00fa (el hombre que descubre que todo el sentido de la existencia humana reside en el encuentro de ese Yo y en la acogida amorosa del Don que \u00e9l hace de s\u00ed\u00ad mismo).<\/p>\n<p>La catequesis trabajar\u00e1 cuidadosamente los \u00e1mbitos de implantaci\u00f3n subjetiva de lo que en la Revelaci\u00f3n se nos ofrece. La Revelaci\u00f3n se actualiza mediante la subjetividad humana (el hombre, contenido de la Revelaci\u00f3n), en el momento en que esta se reconoce misteriosa, rodeada por la presencia de un Dios amante en el mundo transformado de la naturaleza y de las dem\u00e1s personas. Urgencia para la catequesis es esforzarse por presentar el mensaje con significatividad real; nadie puede reconocerse en aquello que no le es verdaderamente significativo. El catequista no ser\u00e1 nunca obst\u00e1culo para el di\u00e1logo de Dios con el catequizando. Ha de saber acoger (respetar y valorar) a cada persona en su realidad concreta (cf CC 109-111).<\/p>\n<p>La catequesis no puede llevarse a cabo en clave de adoctrinamiento o de conquista; m\u00e1s bien debe facilitar un acceso personal y libre a la fe. Para ello, el catequista aceptar\u00e1 a cada uno con su historia, con su cultura, sus interrogantes y sus expectativas. En este sentido, el clima ideal de la catequesis es el de confianza: que los catequizandos descubran que se les valora, que lo que dicen es importante; que descubran igualmente la amistad de un peque\u00f1o grupo en el que cada uno tiene su puesto y en el que el catequista es, ante todo, un testigo11.<\/p>\n<p>La unificaci\u00f3n del pueblo de Dios no se ha hecho sobre la base de una sistematizaci\u00f3n l\u00f3gica, sino a partir de acontecimientos prometidos y realizados progresivamente por Dios. El principio unificador es el actuar de Dios en la historia, siguiendo una concepci\u00f3n del tiempo no lineal sino en espiral, abriendo c\u00ed\u00adrculos cada vez m\u00e1s amplios y m\u00e1s ricos de inteligibilidad. El proceso catequ\u00e9tico se desplegar\u00e1 l\u00f3gicamente siguiendo esta progresi\u00f3n en espiral.<\/p>\n<p>No conviene olvidar, desde el momento en que la Revelaci\u00f3n integra necesariamente la actividad significante del pueblo de Dios, y se expresa en y a trav\u00e9s de palabras humanas, que la Revelaci\u00f3n en la historia se lleva a cabo a trav\u00e9s de expresiones contingentes (condicionadas por la historia). De ah\u00ed\u00ad que la Revelaci\u00f3n -y la catequesis a su servicio- es siempre y de suyo una reinterpretaci\u00f3n de la Revelaci\u00f3n anterior (Cristo-tradici\u00f3n), escuchada de nuevo y de nuevo significada en cada \u00e9poca de la historia personal y colectiva. La catequesis necesita una dimensi\u00f3n de creatividad en la re-expresi\u00f3n de la fe, en fidelidad a la fe de la Iglesia, pero que sea significativa para el hombre de hoy. Al no eludir el di\u00e1logo con la cultura en su funci\u00f3n de servir a la actualizaci\u00f3n de la revelaci\u00f3n divina, la catequesis es as\u00ed\u00ad el lugar de apropiaci\u00f3n de la verdad revelada.<\/p>\n<p>La Revelaci\u00f3n nos descubre el sentido de la condici\u00f3n humana. \u00abEl misterio del hombre s\u00f3lo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado\u00bb (GS 22; cf 41; FR 12). Pero hay que a\u00f1adir enseguida que el hombre no es en modo alguno la medida de la Revelaci\u00f3n. \u00abEpifan\u00ed\u00ada de Dios en Jesucristo, la revelaci\u00f3n cristiana es luz vertical del misterio de Dios sobre el misterio del hombre. No es el hombre el que es el par\u00e1metro de Dios y le dicta las formas m\u00e1s aceptables de su acci\u00f3n, sino que es Dios quien es la medida del hombre y le invita a la obediencia de la fe\u00bb12. El hombre solamente puede captar algo de este misterio renunci\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo y dej\u00e1ndose llevar por el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>\u00abLa verdad de la revelaci\u00f3n cristiana, que se manifiesta en Jes\u00fas de Nazaret, permite a todos acoger el \u00abmisterio\u00bb de la propia vida. Como verdad suprema, a la vez que respeta la autonom\u00ed\u00ada de la criatura y su libertad, la obliga a abrirse a la trascendencia. Aqu\u00ed\u00ad la relaci\u00f3n entre libertad y verdad llega al m\u00e1ximo y se comprende en su totalidad la palabra del Se\u00f1or: \u00bb \u00abConocer\u00e9is la verdad y la verdad os har\u00e1 libres\u00bb (Jn 8,32)\u00bb (FR 15).<\/p>\n<p>La catequesis no es algo que sucede entre el catequista y el catequizando, sino entre este y Dios. De ah\u00ed\u00ad el talante humilde del catequista, que se sabe mero colaborador o simple ocasi\u00f3n para que el catequizando acierte a hacer aflorar lo que Dios est\u00e1 sembrando y promoviendo en \u00e9l. El catequista no da la fe, no realiza el acto de fe; es una gracia de Dios que dispone a los hombres a acoger el Esp\u00ed\u00adritu que es quien suscita la fe y el encuentro revelador. La catequesis ser\u00e1 lo m\u00e1s comprometida posible, pero desinteresada13.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. Cf J. AUDINET, Agir pastorale et r\u00e9v\u00e9lation, en J. AUDINET-H. BOUILLARDDEROUSSEAUX-C. GEFFRE-I. DE LA PORTIERIE, R\u00e9v\u00e9lation de Dieu et langage des hommes, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1972, 11-22; C. GEFFRE, La r\u00e9v\u00e9lation comme histoire. Enjeux th\u00e9ologiques pour la cat\u00e9ch\u00e9se, Cat\u00e9ch\u00e9se 100-101 (1985) 59-76. &#8211; 2. CC fundamenta la catequesis (su ser y su quehacer) en la conciencia que la Iglesia tiene de la Revelaci\u00f3n, a la luz de la DV (CC 77, 82, 106-139). &#8211; 3. Cf R. LATOURELLE, R\u00e9v\u00e9lation, en Catholicisme XII, Letuzey et An\u00e9, Par\u00ed\u00ads 1990, 1091. &#8211; 4. Cf C. GEFFRE, a.c., 69 y 72; A. CA\u00ed\u2018IZARES, Catequesis y Revelaci\u00f3n, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 3 (1984) 304. &#8211; 5 La historia es el alfabeto de que Dios se sirve para revelarse: cf H. U. voN BALTHASAR, Dios habla como hombre, en Ensayos teol\u00f3gicos 1: Verbum Caro, Cristiandad, Madrid 1964, 95-125. &#8211; 6. R. LATOURELLE, o.c., 1101. &#8211; 7 Cf J. M. OCHOA, La transmisi\u00f3n de la fe hoy: algunos criterios teol\u00f3gicos, Teolog\u00ed\u00ada y catequesis 30 (1989) 227-230. &#8211; 8. Ib, 221. &#8211; 9 Cf ib, 225-227; C. MOLARI, La comunidad eclesial, sujeto hermen\u00e9utica de la tradici\u00f3n en la experiencia judeo-cristiana, Concilium 133 (1978) 414-430. &#8211; 10. G. MOR\u00ed\u0081N, Catequesis de la Revelaci\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1968, 16. &#8211; 11. Cf J. M. OCHOA, a.c., 231-232. &#8211; 12 R. LATOURELLE, o.c., 1098. &#8211; 13. Cf J. M. OCHOA, a.c., 219-220.<\/p>\n<p>BIBL.: ALFARO J., De la cuesti\u00f3n del hombre a la cuesti\u00f3n de Dios, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1989&#8242;-; APARICIO C., La plenitud del ser humano en Cristo. La Revelaci\u00f3n en la Gaudium et spes, PUG, Roma 1997; ASSOCIAZIONE TEOLOGICA ITALIANA, La Teologia della Rivelazione, Messaggero, Padua 1996; BLONDEL M., La Acci\u00f3n (1893), BAC, Madrid 1996; BOUILLARD H., Blondel y el cristianismo, Pen\u00ed\u00adnsula, Madrid 1966; DULLEs A., Models of Revelation, Doubleday, Nueva York 19922; DUPUY B. 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Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. La voluntad salv\u00ed\u00adfica universal de Dios: 1. Dios \u00abquiere que todos los hombres se salven\u00bb; 2. Dios se puede encontrar \u00aba tientas, aunque no est\u00e1 lejos de cada uno de nosotros\u00bb. II. Del Vaticano I al Vaticano II: 1. Apunte hist\u00f3rico; 2. La Revelaci\u00f3n como instrucci\u00f3n sobrenatural, en el Vaticano 1; 3. La &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/revelacion-de-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abREVELACION DE DIOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17047","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17047","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17047"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17047\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17047"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17047"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17047"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}