{"id":17049,"date":"2016-02-05T11:06:28","date_gmt":"2016-02-05T16:06:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacerdocio-y-matrimonio\/"},"modified":"2016-02-05T11:06:28","modified_gmt":"2016-02-05T16:06:28","slug":"sacerdocio-y-matrimonio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacerdocio-y-matrimonio\/","title":{"rendered":"SACERDOCIO Y MATRIMONIO"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El sacramento del orden: 1. Un hecho sorprendente; 2. Tras los pasos de Jes\u00fas de Nazaret; 3. Los dirigentes de las primeras comunidades; 4. No hay ordenaci\u00f3n sin comunidad; 5. Sacerdocio, imperio, monacato; 6. No hay ordenaci\u00f3n sin subsistencia; 7. Reducci\u00f3n sacerdotal y cultual; 8. Al servicio de la comunidad; 9. Claves catequ\u00e9ticas. II. El sacramento del matrimonio: 1. El matrimonio en los primeros siglos; 2. El consentimiento matrimonial; 3. Forma can\u00f3nica; 4. Posici\u00f3n de Jes\u00fas ante el divorcio; 5. La llamada \u00abexcepci\u00f3n paulina\u00bb; 6. Matrimonio y sacramento; 7. Fecundidad del matrimonio; 8. Claves catequ\u00e9ticas; 9. Tratamiento catequ\u00e9tico en las distintas edades.<\/p>\n<p>En principio, el orden como sacramento del ministerio eclesial podr\u00ed\u00ada entenderse -m\u00e1s que el matrimonio-como sacramento del servicio a la comunidad. Sin embargo, ambos sacramentos \u00abconfieren una misi\u00f3n particular en la Iglesia\u00bb (CCE 1534) \u00bfPodr\u00ed\u00ada una comunidad vivir sin ministerio?; \u00bfpodr\u00ed\u00ada vivir sin la perspectiva cristiana del matrimonio? Fuerar los que fueren, una catequesis viva asume los interrogantes y cuestionamientos que surgen en un mundc progresivamente secularizado, er medio de una Iglesia necesitada de renovaci\u00f3n y en el \u00e1mbito de las diferentes confesiones cristianas. De la respuesta que se d\u00e9 depende el que ambos sacramentos se conviertan en se\u00f1al del evangelio en medio de la sociedad.<\/p>\n<p>I. El sacramento del orden<br \/>\nEl orden es el sacramento del ministerio eclesial. La figura del ministro de la Iglesia, tal y como llega hasta nosotros (sacerdote, monje o fraile, c\u00e9libe, var\u00f3n), est\u00e1 en crisis. Algunos hechos lo manifiestan: fuerte descenso del n\u00famero de vocaciones, gran cantidad de abandonos, envejecimiento progresivo del clero, cuestionamientos diversos. Adem\u00e1s, el servicio religioso que la sociedad pide (sobre todo, de tipo sacramental), sobrecarga cada vez m\u00e1s las espaldas de un n\u00famero cada vez menor de sacerdotes. Es preciso volver a las fuentes del ministerio eclesial para encontrar una respuesta evang\u00e9lica a la crisis.<\/p>\n<p>1. UN HECHO SORPRENDENTE. En las primeras comunidades cristianas hay diversidad de ministerios o servicios, entre ellos el de direcci\u00f3n (cf 1Tes 5,12), pero jam\u00e1s se llaman sacerdotes sus dirigentes. Estos son los que anuncian el evangelio, mientras que los sacerdotes (jud\u00ed\u00ados o paganos) son los ministros del templo o del altar (cf 1Cor 9,13-14). En cierto sentido, sacerdotes son todos los cristianos (cf lPe 2,5.9). Adem\u00e1s, se denuncia la inutilidad propia del culto del Antiguo Testamento (cf Heb 9,9-10). Los primeros cristianos mantienen su identidad, \u00absin que, por una parte, crean en los dioses que los griegos tienen por tales y, por otra, no observen tampoco la superstici\u00f3n de los jud\u00ed\u00ados\u00bb, dice el autor de la Carta a Diogneto (I, 1) de mediados del siglo II.<\/p>\n<p>En los primeros siglos, la Iglesia no presenta los rasgos propios de una religi\u00f3n establecida: sacerdotes, templos, im\u00e1genes, altares. Por esto, a los cristianos se les acusa de impiedad. Incluso se los persigue con el grito de \u00c2\u00a1Mueran los ateos! Hacia el a\u00f1o 300 escribe Arnobio: \u00abAnte todo nos acus\u00e1is de impiedad, porque ni edificamos templos ni erigimos im\u00e1genes divinas ni disponemos altares\u00bb.<\/p>\n<p>2. TRAS LOS PASOS DE JES\u00daS DE NAZARET. Todo se entiende mejor siguiendo los pasos de Jes\u00fas de Nazaret. Es por siempre sacerdote, seg\u00fan el orden de Melquisedec (Heb 10,5-7), pero no es sacerdote lev\u00ed\u00adtico. Es profeta laico (Mt 21,23; Le 24,19), vestido normalmente (Jn 19,23). Entre los muchos disc\u00ed\u00adpulos que le siguen, escoge a doce para que est\u00e9n con \u00e9l y para enviarlos a predicar (Mc 3,14-15). Sobre ellos se levanta el nuevo pueblo de Dios (Mt 19,28). Jes\u00fas comparte con ellos su propia misi\u00f3n (Mt 10,8); los env\u00ed\u00ada de dos en dos (Mc 6,6-7); al volver, se les llama ap\u00f3stoles, es decir, enviados (6,30). No son ellos los \u00fanicos. Est\u00e1n tambi\u00e9n los setenta y dos (Le 10,1-20) y las mujeres que acompa\u00f1an a Jes\u00fas (8,2-3).<\/p>\n<p>En el grupo de los doce, Pedro tiene una funci\u00f3n especial: \u00e9l es la piedra, tiene las llaves del Reino, puede atar y desatar (Mt 16,18-19; cf 18,18). Los doce colaboran con Jes\u00fas en la multiplicaci\u00f3n de los panes (Mc 6,35-44); han de seguir su ejemplo, no buscando ser servidos, sino servir (10,45); celebran con \u00e9l la \u00faltima cena (14,12-24); reciben la tradici\u00f3n de la cena del Se\u00f1or (Le 22,19). Sin embargo, son las mujeres quienes anuncian a los once (falta Judas) y a todos los dem\u00e1s la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (Le 24,10; Jn 20,18). Los once reciben del Se\u00f1or resucitado la misi\u00f3n de perdonar o retener los pecados (Jn 20,23) y la misi\u00f3n de anunciar el evangelio a todos los pueblos (Mt 28,19).<\/p>\n<p>3. Los DIRIGENTES DE LAS PRIMERAS COMUNIDADES. Las primeras comunidades tienen sus dirigentes: ap\u00f3stoles y presb\u00ed\u00adteros (He 15,23), profetas y doctores (He 13,1), obispos y di\u00e1conos (Flp 1,1). Se habla tambi\u00e9n de evangelizadores, pastores y maestros (Ef 4,11). Los t\u00e9rminos no son a\u00fan fijos ni tampoco corresponden con exactitud a los ministerios actuales. Los diferentes servicios van apareciendo poco a poco, seg\u00fan los lugares y las necesidades. Hay tambi\u00e9n profetisas (He 21,9) y diaconisas (Rom 16,1).<\/p>\n<p>Los doce aparecen en el conjunto de la comunidad cristiana primitiva como un grupo especial: garantizan la continuidad de la misi\u00f3n de Jes\u00fas y organizan la vida de la comunidad (He 2,42). En la elecci\u00f3n de Mat\u00ed\u00adas, Pedro establece las condiciones que ha de poseer el ap\u00f3stol: haber acompa\u00f1ado a Jes\u00fas desde el principio y ser testigo de su resurrecci\u00f3n (He 1,21-22).<\/p>\n<p>En la comunidad de Jerusal\u00e9n, junto a los ap\u00f3stoles, Santiago, \u00abel hermano del Se\u00f1or\u00bb, aparece como el gran dirigente, rodeado de un consejo de presb\u00ed\u00adteros (ancianos), seg\u00fan el modelo de las sinagogas jud\u00ed\u00adas (cf He 15,13.22). Entre los cristianos de lengua griega (ef ITim 3,1.8) se usan t\u00e9rminos de car\u00e1cter general: obispos (inspectores) y di\u00e1conos (servidores). En la comunidad de Jerusal\u00e9n, son elegidos tambi\u00e9n los siete, que se ocupan del sector griego de la comunidad (cf He 6,2-6). A este grupo pertenece Esteban, el primer m\u00e1rtir, acusado de \u00abdecir palabras contra este lugar santo y contra la ley\u00bb (6,13). De este grupo nace la comunidad de Antioqu\u00ed\u00ada, catequizada por Bernab\u00e9 y por Pablo (11,26).<\/p>\n<p>Los ap\u00f3stoles reconocen la gracia concedida a Pablo (G\u00e1l 2,9). Cristo mismo le ha confiado el ministerio (lTim 1,12). El ap\u00f3stol tiene la responsabilidad de todas las comunidades que funda. En Efeso deja a Timoteo y en Creta a Tito (cf ITim 1,3; Tit 1,5). Los dirigentes de las comunidades locales se distinguen de los colaboradores personales de Pablo, que \u00e9l mismo escoge cuidadosamente (cf Flp 2,19-24). La comunidad es \u00abel cuerpo de Cristo\u00bb (ICor 12,27). Junto a las grandes comunidades, como Jerusal\u00e9n o Antioqu\u00ed\u00ada, est\u00e1n las peque\u00f1as comunidades, cuya direcci\u00f3n podr\u00ed\u00ada corresponder al cabeza de familia, var\u00f3n o mujer (cf Rom 16,3-5; Col 4,15). En Filipos, la comunidad empieza por un grupo de mujeres; ellas tienen un papel predominante (cf He 16,12.15; Flp 4,2).<\/p>\n<p>En las cartas pastorales, mediante la imposici\u00f3n de manos de un consejo de presb\u00ed\u00adteros y la palabra de un profeta, ciertos cristianos en los que la comunidad ha visto un carisma del Se\u00f1or son incluidos entre los presb\u00ed\u00adteros (cf 1Tim 4,14; He 14,23). Originalmente, la imposici\u00f3n de manos significa la elecci\u00f3n de alguien levantando la mano. Se establecen algunos criterios. Se considera normal que estos dirigentes sean casados, padres de familia que han dado prueba de dirigir bien su casa y de educar a sus hijos (cf lTim 3,1-13; Tit 1,5-9). Por su parte, Pablo renuncia a una vida conyugal con libertad y al servicio del evangelio, sin criticar a los dem\u00e1s. Cada cual tiene su gracia; unos de una manera, otros de otra (cf 1Cor 7,7.25; 9,5).<\/p>\n<p>A finales del siglo I, san Clemente Romano, en su primera Carta a los corintios, escribe que los ap\u00f3stoles \u00abseg\u00fan anunciaban por lugares y ciudades la buena nueva y bautizaban a los que obedec\u00ed\u00adan al designio de Dios, iban estableciendo a los que eran primicias de ellos -despu\u00e9s de probarlos por el esp\u00ed\u00adritu- como obispos y di\u00e1conos de los que hab\u00ed\u00adan de creer\u00bb (42,4). El documento llamado Doctrina de los ap\u00f3stoles, compuesto quiz\u00e1 ya en el siglo I, habla de profetas y maestros. De los profetas dice: \u00abEllos son vuestros sumos sacerdotes\u00bb (13,3). Dice tambi\u00e9n que elijan obispos y di\u00e1conos: \u00abTambi\u00e9n ellos os administran el ministerio de los profetas y maestros\u00bb (15,1).<\/p>\n<p>En las cartas que san Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada escribe camino del martirio (hacia el a\u00f1o 107), en cada comunidad aparece un obispo, asistido por ancianos (presb\u00ed\u00adteros) y di\u00e1conos. En cuanto a la eucarist\u00ed\u00ada, dice que \u00abs\u00f3lo ha de tenerse por v\u00e1lida aquella que se celebre por el obispo o por quien de \u00e9l tenga autorizaci\u00f3n\u00bb (Esm. 8, 1).<\/p>\n<p>Aunque el asunto suscitara pol\u00e9mica (1Tim 2,11-14; ICor 11,1-16), no parece que puedan excluirse casos de mujer obispo durante los dos primeros siglos, cuando la Iglesia se reun\u00ed\u00ada en el \u00e1mbito (privado) de las casas. En la bas\u00ed\u00adlica romana de Santa Pr\u00e1xedes, junto a la de Santa Pudenciana, hay un mosaico (en la capilla de san Zen\u00f3n) con cuatro figuras femeninas: las dos santas, Mar\u00ed\u00ada y una cuarta mujer con un velo que le cubre el cabello y un halo cuadrado en torno a la cabeza (se indica con ello que a\u00fan vive). Mar\u00ed\u00ada y las dos santas son f\u00e1ciles de reconocer. Una inscripci\u00f3n identifica el rostro de la cuarta como el de Theodora episcopa. Pero las dos letras finales del nombre propio han sido borradas, lo que dificulta su identificaci\u00f3n.<\/p>\n<p>4. No HAY ORDENACI\u00ed\u201cN SIN COMUNIDAD. En la Iglesia antigua, cada comunidad participa en la elecci\u00f3n de sus dirigentes. San Cipriano (siglo III) reclama este derecho incluso frente al papa Esteban: \u00abQue no se le imponga al pueblo un obispo que no desee\u00bb (Ep. 4, 5). Y san Le\u00f3n Magno (siglo V) formula este principio: \u00abAquel que debe presidirlos a todos debe ser elegido por todos\u00bb. Dice tambi\u00e9n: \u00abNo se debe ordenar obispo a nadie contra el deseo de los cristianos y sin haberles consultado expresamente al respecto\u00bb (Ad Anastasium). En la cristiandad primitiva no se conoc\u00ed\u00adan las parroquias. Cada comunidad ten\u00ed\u00ada su obispo.<\/p>\n<p>San Policarpo, que muere m\u00e1rtir a los ochenta y seis a\u00f1os (en el a\u00f1o 155) por negarse a dar culto al emperador, es un testigo que empalma con los primeros disc\u00ed\u00adpulos: seg\u00fan san Ireneo (hacia 115-203), \u00abcontaba su trato con Juan y con los dem\u00e1s que hab\u00ed\u00adan visto al Se\u00f1or\u00bb (Carta a Florino). Su elecci\u00f3n como obispo de Esmirna reviste particular inter\u00e9s. Sin tardanza alguna, habiendo llamado a los obispos de las ciudades vecinas, acudi\u00f3 tambi\u00e9n una gran muchedumbre de las ciudades, campos y aldeas. Empezaron a deliberar sobre el futuro pastor de la Iglesia. Tras una oraci\u00f3n prolongada, Policarpo se levant\u00f3 a hacer la lectura. Todos los ojos estaban fijos en \u00e9l: \u00abEra la lectura de las Cartas de san Pablo a Timoteo y Tito, en las que dice el Ap\u00f3stol c\u00f3mo ha de ser el obispo, y se le acomodaba tan maravillosamente el pasaje, que todos se dec\u00ed\u00adan entre s\u00ed\u00ad no faltaba a Policarpo punto de los que Pablo exige al que ha de tener a su cuidado la Iglesia. Despu\u00e9s de la lectura y de la exhortaci\u00f3n de los obispos y la homil\u00ed\u00ada de los presb\u00ed\u00adteros, fueron enviados los di\u00e1conos a preguntar al pueblo a qui\u00e9n quer\u00ed\u00adan, y todos un\u00e1nimemente respondieron: Policarpo sea nuestro pastor y maestro. Conviniendo en ello toda la asamblea eclesial, le elevaron a la dignidad de obispo, a pesar de sus muchas s\u00faplicas y voluntad de renunciar\u00bb (Ap\u00e9ndice a san Policarpo, XXII). El canon 6 del concilio de Calcedonia (a\u00f1o 451), conocido no s\u00f3lo en Oriente sino tambi\u00e9n en Occidente, donde estuvo vigente hasta el siglo XII, traduce en t\u00e9rminos jur\u00ed\u00addicos la concepci\u00f3n y la pr\u00e1ctica del ministerio en la Iglesia primitiva. Dicho canon declara nula e inv\u00e1lida la ordenaci\u00f3n absoluta, es decir, la ordenaci\u00f3n de un candidato desvinculado de una comunidad: \u00abNadie puede ser ordenado absolutamente ni como sacerdote ni como di\u00e1cono&#8230; si no se le asigna claramente una comunidad local en la ciudad o en el campo, en un martirium (sepultura de un m\u00e1rtir) o en un monasterio\u00bb (PG 104, 558).<\/p>\n<p>5. SACERDOCIO, IMPERIO, MONACATO. A partir del siglo III, se empieza a hablar en la Iglesia de ordenaci\u00f3n para indicar la incorporaci\u00f3n de un cristiano al orden de los ministros. En el mundo romano, estos t\u00e9rminos se utilizaban para el nombramiento de los funcionarios imperiales. Con el edicto de Mil\u00e1n (313), Constantino decreta la tolerancia del culto cristiano; se equipara a los sacerdotes cristianos con los sacerdotes paganos y se les concede ayudas econ\u00f3micas por parte del Estado; a partir del a\u00f1o 321, el domingo se convierte para toda la sociedad en el d\u00ed\u00ada de descanso y culto. Con el edicto de Tesal\u00f3nica (380), Teodosio proclama el cristianismo como religi\u00f3n oficial del Estado; el emperador, a la vez cristiano y depositario de la m\u00e1s alta autoridad temporal, interviene e interfiere en los asuntos de la Iglesia; los obispos obtienen el rango de funcionarios con los correspondientes privilegios; se introducen en la liturgia cosas que antes repugnaban, pues recordaban el culto pagano: el uso del incienso, cirios en vez de l\u00e1mparas de aceite, altar en vez de mesa, templos en vez de salas de reuni\u00f3n, vestidos lit\u00fargicos en vez de vestido normal. Los obispos son sumos sacerdotes; los presb\u00ed\u00adteros, sacerdotes de segundo orden o, simplemente, sacerdotes (siglos IV-V).<\/p>\n<p>Ahora, la tensi\u00f3n primordial no se establece entre Iglesia y mundo, como en la Iglesia primitiva (cf Rom 12,2), sino entre clero y laicos. La Iglesia se concibe como una instituci\u00f3n investida de poder (jerarqu\u00ed\u00ada) frente al pueblo cristiano, reducido a una masa sin competencias. El papa Gelasio (492-496) define la situaci\u00f3n con su doctrina de los dos poderes: el sacerdocio y el imperio.<\/p>\n<p>En Occidente, ante el empuje de las invasiones n\u00f3rdicas, la Iglesia es la \u00fanica instituci\u00f3n que sobrevive. El clero monopoliza la educaci\u00f3n y la cultura. Con lo cual, cada vez m\u00e1s el laico es el que no tiene formaci\u00f3n, el que ni siquiera entiende ya el lat\u00ed\u00adn y, por tanto, ya no puede seguir la liturgia, entrando as\u00ed\u00ad a desempe\u00f1ar el papel de oyente silencioso.<\/p>\n<p>Ya en el siglo IV, como reacci\u00f3n al paganismo ambiental, surge la tradici\u00f3n asc\u00e9tica del estado monacal, llamado tambi\u00e9n orden. Los organizadores y maestros de esta forma de vida fueron: en Oriente el egipcio Pacomio (t 346) y Basilio de Cesarea (t 379); en Occidente, Ambrosio (t 379) y Agust\u00ed\u00adn (t 430) y, sobre todos, Benito de Nursia (t hacia 560). La forma de vida t\u00ed\u00adpicamente cristiana de la Iglesia primitiva, la pertenencia a la Iglesia como miembro, ya no es lo que cuenta. Los criterios son ahora la liberaci\u00f3n del mundo, de las posesiones terrenas y del matrimonio. Los cl\u00e9rigos se alejan de la vida normal y forman su propio estado de vida con su inmunidad, sus privilegios y su vestimenta propia. Seg\u00fan el Decreto de Graciano (1142), la primera clase de los dos estados de la Iglesia la forman los sacerdotes y los monjes; la segunda, los seglares.<\/p>\n<p>6. No HAY ORDENACI\u00ed\u201cN SIN SUBSISTENCIA. En 1179 se rompe de hecho con la concepci\u00f3n de Calcedonia. Ahora lo que cuenta es el beneficio: \u00abNo se puede ordenar a nadie sin que est\u00e9 asegurada la subsistencia\u00bb (III concilio de Letr\u00e1n, canon 5). La estructuraci\u00f3n feudal de la sociedad condiciona la figura del ministerio. La vinculaci\u00f3n eclesial del sacerdote se transforma en dependencia del se\u00f1or feudal, eclesi\u00e1stico o civil, que instituye el beneficio. Al propio tiempo, las nuevas concepciones can\u00f3nicas llevan a una distinci\u00f3n seg\u00fan la cual todo aquel que ha sido ordenado posee personalmente la funci\u00f3n sacerdotal (potestad de orden), incluso en el caso de que no se le encomiende una comunidad cristiana (potestad de jurisdicci\u00f3n).<\/p>\n<p>Poco a poco se impone una praxis que hubiera sido inimaginable en la Iglesia antigua: por ejemplo, la misa privada, sin comunidad. Se configura as\u00ed\u00ad un tipo de sacerdote dedicado casi exclusivamente a decir misas. Se multiplican los altares en las iglesias. Las leyes del Antiguo Testamento sobre el sacerdocio y la tradici\u00f3n monacal determinan la imagen medieval del ministerio. El signo distintivo del ministro es su relaci\u00f3n con el culto, no con la comunidad. El ministro es alguien separado del mundo, incluso de los propios cristianos. El celibato ser\u00e1 la expresi\u00f3n adecuada de esa separaci\u00f3n. El sacerdote, no la comunidad, es el mediador entre Dios y los hombres.<\/p>\n<p>La ley del celibato fue promulgada en la Iglesia latina, primero de forma impl\u00ed\u00adcita, en el 1 concilio de Letr\u00e1n (1123), y m\u00e1s tarde, de forma expl\u00ed\u00adcita, en los c\u00e1nones 6 y 7 del II concilio de Letr\u00e1n (1139). Dicha ley fue el resultado de una larga historia (desde finales del siglo IV), en la que s\u00f3lo existi\u00f3 una ley de continencia para el sacerdote casado (carta del papa Siricio, 385; DS 185). De acuerdo con una vieja costumbre, se prohib\u00ed\u00ada la relaci\u00f3n sexual antes de tomar la comuni\u00f3n. Ahora bien, a finales del siglo IV, cuando las Iglesias occidentales (frente a lo que ocurr\u00ed\u00ada en las orientales) comenzaron a celebrar la eucarist\u00ed\u00ada diariamente, la continencia exigida a los sacerdotes casados se convirti\u00f3 en una situaci\u00f3n permanente.<\/p>\n<p>7. REDUCCI\u00ed\u201cN SACERDOTAL Y CULTUAL. En el siglo XVI, el concilio de Trento, reaccionando a la cr\u00ed\u00adtica de los reformadores, defiende el ordenamiento eclesi\u00e1stico existente. El ministro de la Iglesia es el sacerdote, que es, sobre todo, el hombre de los sacramentos: \u00ablos ap\u00f3stoles y sus sucesores en el sacerdocio han recibido el poder de consagrar, ofrecer y distribuir su cuerpo y su sangre, as\u00ed\u00ad como el de perdonar o retener los pecados\u00bb (DS 957). El orden es un signo eficaz que introduce en la jerarqu\u00ed\u00ada eclesial: \u00abconfiere la gracia\u00bb (DS 959) e \u00abimprime car\u00e1cter\u00bb (DS 960). Los obispos, sucesores de los ap\u00f3stoles, \u00abson superiores a los sacerdotes\u00bb (DS 960). Se se\u00f1alan varios y diversos \u00f3rdenes de ministros: \u00abLas Sagradas Escrituras mencionan claramente no solamente los sacerdotes (sic), sino tambi\u00e9n los di\u00e1conos (He 6,5; ITim 3,8ss.)\u00bb (DS 958). El diaconado permanece s\u00f3lo como un paso hacia el sacerdocio y reducido a una funci\u00f3n lit\u00fargica. Para asegurar la formaci\u00f3n de los sacerdotes, se decreta la instituci\u00f3n de los seminarios.<\/p>\n<p>En una \u00e9poca muy ritualista, se recuerda la necesidad del sacerdocio de Cristo \u00abseg\u00fan el orden de Melquisedec\u00bb, pues la perfecci\u00f3n no se pod\u00ed\u00ada alcanzar \u00abpor la inutilidad del sacerdocio lev\u00ed\u00adtico\u00bb (DS 938).<\/p>\n<p>8. AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD. El Vaticano II sit\u00faa el ministerio eclesial en el marco de la comunidad. Es un servicio entre otros \u00abpara apacentar el pueblo de Dios y acrecentarlo siempre\u00bb (LG 18). Este servicio es \u00abejercido en diversos \u00f3rdenes por aquellos que ya desde antiguo vienen llam\u00e1ndose obispos, presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos\u00bb (LG 28). Hay una \u00abdiferencia esencial y no s\u00f3lo gradual\u00bb (LG 10) entre sacerdocio ministerial y sacerdocio com\u00fan, aunque existe entre todos los bautizados \u00abuna verdadera igualdad\u00bb (LG 32).<\/p>\n<p>Los obispos son \u00absucesores de los ap\u00f3stoles\u00bb (CD 2); juntamente con el papa, sucesor de Pedro, \u00abforman un solo Colegio apost\u00f3lico\u00bb (LG 22). Tienen la funci\u00f3n de anunciar a los hombres el evangelio (CD 12), de santificar (CD 14) y de dirigir la Iglesia que les ha sido confiada (CD 16). Han recibido \u00abel ministerio de la comunidad con sus colaboradores, los presb\u00ed\u00adteros y los di\u00e1conos\u00bb (LG 20). Tienen \u00abla plenitud del sacramento del orden\u00bb (LG 21).<\/p>\n<p>Los presb\u00ed\u00adteros, como \u00abcooperadores del orden episcopal\u00bb (CD 28), son ministros de la palabra de Dios (PO 4), de los sacramentos y de la eucarist\u00ed\u00ada (PO 5), pastores del pueblo de Dios, \u00abde suerte que pueden obrar como en persona de Cristo cabeza\u00bb (PO 2). Su funci\u00f3n \u00abno se limita al cuidado particular de los fieles, sino que se extiende propiamente tambi\u00e9n a la formaci\u00f3n de la aut\u00e9ntica comunidad cristiana\u00bb (PO 6). El di\u00e1cono es ordenado \u00abno en orden al sacerdocio, sino en orden al ministerio\u00bb (LG 29). Se restablece el diaconado \u00abcomo grado propio y permanente de la jerarqu\u00ed\u00ada\u00bb (LG 29) al servicio de la liturgia, de la Palabra y de la caridad.<\/p>\n<p>Desde posiciones protestantes se ha rechazado que el ministerio sea algo constitutivo de la Iglesia; ser\u00ed\u00ada algo meramente funcional. Sin embargo, en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico esta posici\u00f3n tiene cada vez menos fuerza. Se dice en el Documento de Lima (1982): \u00abEl ministerio de tales personas, que desde tiempos muy tempranos recibieron la ordenaci\u00f3n, es algo constitutivo para la vida y el testimonio de la Iglesia\u00bb (8).<\/p>\n<p>El Vaticano II valora el celibato sacerdotal como \u00abfuente particular de fecundidad espiritual\u00bb; reconoce que \u00abno se exige por la naturaleza misma del sacerdocio, como aparece por la pr\u00e1ctica de la Iglesia primitiva y por la tradici\u00f3n de las Iglesias orientales\u00bb; sin embargo, confirma la legislaci\u00f3n existente en la Iglesia latina (PO 16).<\/p>\n<p>Ciertamente, el celibato (asumido como imitaci\u00f3n y seguimiento de Cristo) es una opci\u00f3n radical por la que el disc\u00ed\u00adpulo queda plenamente disponible al servicio del evangelio (Mt 19,12). Ahora bien, si Cristo confi\u00f3 el ministerio apost\u00f3lico a hombres casados (y no casados) y los ap\u00f3stoles, a su vez, hicieron lo mismo, de esa misma manera puede y debe actuar la Iglesia. Dice san Pablo, aunque manifiesta cu\u00e1l es su opci\u00f3n personal y su preferencia: \u00abAcerca de los solteros, no tengo ning\u00fan precepto del Se\u00f1or\u00bb (1Cor 7,25). En cualquier caso, es fundamental que la opci\u00f3n sea fruto de la gracia (no de la ley) y sea claramente libre. Es cierto el proverbio: \u00abLa libertad todo lo llena de luz\u00bb; y tambi\u00e9n: \u00abDonde est\u00e1 el esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, all\u00ed\u00ad hay libertad\u00bb (2Cor 3,17).<\/p>\n<p>Seg\u00fan el Derecho can\u00f3nico (1983), \u00abs\u00f3lo el var\u00f3n bautizado recibe v\u00e1lidamente la sagrada ordenaci\u00f3n\u00bb (\u00c2\u00a7 1024). El nuevo Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica lo explica as\u00ed\u00ad: \u00abEl Se\u00f1or Jes\u00fas eligi\u00f3 a hombres para formar el colegio de los doce ap\u00f3stoles y los ap\u00f3stoles hicieron lo mismo cuando eligieron a sus colaboradores\u00bb (CCE 1577). Sin embargo, en el di\u00e1logo ecum\u00e9nico se afirma cada vez m\u00e1s que no hay raz\u00f3n teol\u00f3gica alguna para continuar excluyendo a la mujer del ministerio ordenado, desde la dignidad humana y cristiana com\u00fan: en Cristo \u00abya no hay jud\u00ed\u00ado ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer\u00bb (G\u00e1l 3,29). En 1992 la Iglesia anglicana de Inglaterra aprob\u00f3 la ordenaci\u00f3n de las mujeres. Los presbiterianos lo hab\u00ed\u00adan hecho en los a\u00f1os cincuenta y los luteranos en los setenta. Se plantea una cuesti\u00f3n: \u00bfse est\u00e1 produciendo una clericalizaci\u00f3n de la mujer?<br \/>\nEn las \u00faltimas d\u00e9cadas, especialmente en los pa\u00ed\u00adses m\u00e1s avanzados, se ha agudizado el problema de la escasez de vocaciones sacerdotales. Durante el posconcilio (al menos a determinado nivel) se ha producido por todas partes una esperanzadora floraci\u00f3n de comunidades, en las que se vive la experiencia del evangelio en el marco de una relaci\u00f3n de fraternidad, aunque a\u00fan hay que avanzar mucho en esta l\u00ed\u00adnea comunitaria. Si la Iglesia es (por definici\u00f3n) comunidad, lo m\u00e1s grave y preocupante no es la escasez de vocaciones sacerdotales, sino (a gran escala) la ausencia alarmante de comunidades vivas, en las que pueda darse una suficiente diversidad de ministerios y servicios. Como en un principio.<\/p>\n<p>9. CLAVES CATEQUETICAS. Siendo una tarea catequ\u00e9tica fundamental la de iniciar en la celebraci\u00f3n de la fe y en el sentido de cada uno de los sacramentos, la catequesis del sacramento del orden se convierte en un objetivo espec\u00ed\u00adfico. Para lograr dicho objetivo, ofrecemos varias claves catequ\u00e9ticas: 1) Asumir la realidad, para poder transformarla. Por tanto, nos preguntamos, \u00bfest\u00e1 en crisis la figura del ministro eclesial? \u00bfQu\u00e9 hechos lo manifiestan? \u00bfCu\u00e1les son los cuestionamientos m\u00e1s importantes que se hacen hoy? 2) Toma de conciencia hist\u00f3rica: ver y analizar los cambios m\u00e1s importantes que se han dado a lo largo de la historia en la figura del ministerio eclesial. Es un hecho que la Iglesia naciente ha evitado la palabra sacerdote para identificar a sus dirigentes \u00bfqu\u00e9 significado tuvo y qu\u00e9 significado tiene para la Iglesia de hoy? 3) Vuelta a las fuentes y di\u00e1logo con el mundo: siguiendo esta doble inspiraci\u00f3n conciliar, es necesario plantear en la catequesis de j\u00f3venes y de adultos estas cuestiones: \u00bfEs posible encontrar una salida evang\u00e9lica a la crisis actual? \u00bfC\u00f3mo? \u00bfEn qu\u00e9 medida el Vaticano II ha renovado la figura del ministerio? \u00bfSomos conscientes del alcance ecum\u00e9nico de la renovaci\u00f3n del ministerio? \u00bfEn qu\u00e9 medida la floraci\u00f3n de comunidades vivas ayuda a renovar la figura del ministerio? 4) Debe establecerse una relaci\u00f3n entre la experiencia humana com\u00fan y la experiencia del evangelio. Todo grupo necesita, de alg\u00fan modo, una organizaci\u00f3n. Un grupo amorfo no puede sobrevivir mucho tiempo. Poco a poco cada miembro del mismo va descubriendo su papel junto a los dem\u00e1s. As\u00ed\u00ad surge un conjunto org\u00e1nico de funciones o servicios, que caracteriza y expresa la vida del grupo. El grupo no puede estar dividido: para poder subsistir, necesita unidad. Esto se hace posible en torno a una o varias personas que asumen la responsabilidad de ser centro de uni\u00f3n. Es lo que, normalmente, se llama autoridad. El riesgo de toda autoridad consiste en olvidar su funci\u00f3n de centro de unidad del grupo o de la sociedad, para convertirse en instrumento de dominio. Jes\u00fas ense\u00f1a a sus disc\u00ed\u00adpulos a mirar su funci\u00f3n de autoridad como un servicio realizado a los hermanos (cf Mc 10,42ss.). 5) En cualquier forma de catequesis (de adultos, j\u00f3venes o ni\u00f1os) es importante el lenguaje testimonial. Por ejemplo, un sacerdote comenta en el grupo estas preguntas: \u00bfPor qu\u00e9 se hizo sacerdote? \u00bfCu\u00e1l es la historia de su vocaci\u00f3n? \u00bfLo vive como gracia recibida del mismo Cristo? \u00bfEn qu\u00e9 consiste su trabajo? \u00bfQu\u00e9 significa para \u00e9l la comunidad cristiana? Despu\u00e9s de responder a ellas, se abre un di\u00e1logo. En todo caso, se ha de dar una coherencia entre lo que dice y los hechos, las acciones que realiza, su estilo de vida.<\/p>\n<p>II. El sacramento del matrimonio<br \/>\nEn el mundo actual, el matrimonio presenta un conjunto de luces y sombras. En primer lugar, son importantes los progresos realizados: el conocimiento m\u00e1s profundo de la vida interna del hombre, del amor y de las leyes de la vida, y tambi\u00e9n la abundancia de nuevos medios puestos al servicio de los esposos. Por otro lado, la comunidad conyugal y familiar no brilla en todas partes con el mismo esplendor. A la poligamia de ciertas regiones corresponde el divorcio y el amor libre de otras. Adem\u00e1s, el amor matrimonial es frecuentemente profanado por el ego\u00ed\u00adsmo, el hedonismo y los usos il\u00ed\u00adcitos contra la generaci\u00f3n (cf GS 47).<\/p>\n<p>En nuestro tiempo, los cambios sociales y culturales ponen a prueba el vigor y la solidez del matrimonio y de la familia: desaparecen los apoyos sociol\u00f3gicos de antes; se pasa de la familia patriarcal a la familia nuclear; se vive dentro de una din\u00e1mica social propia de las sociedades industriales; la emancipaci\u00f3n de la mujer y una nueva valoraci\u00f3n de la sexualidad son rasgos propios de nuestro tiempo; tambi\u00e9n lo son los problemas nacidos del incremento demogr\u00e1fico, as\u00ed\u00ad como el envejecimiento de poblaciones enteras.<\/p>\n<p>De una u otra forma, estos interrogantes se repiten: \u00bfEs l\u00ed\u00adcito el divorcio por alg\u00fan motivo? \u00bfCu\u00e1l es la posici\u00f3n de Jes\u00fas? \u00bfQu\u00e9 aporta el evangelio al matrimonio? \u00bfEn qu\u00e9 consiste el matrimonio? \u00bfEn qu\u00e9 consiste el sacramento del matrimonio? \u00bfQu\u00e9 implica la paternidad responsable?<br \/>\n1. EL MATRIMONIO EN LOS PRIMEROS SIGLOS. En los primeros siglos, como se dice en la Carta a Diogneto (de mediados del siglo II), los cristianos \u00abse casan como todos\u00bb (V, 6), por lo jud\u00ed\u00ado, por lo griego, por lo romano. Aceptan las leyes imperiales, mientras no vayan en contra del evangelio. El matrimonio se celebra \u00aben el Se\u00f1or\u00bb (1Cor 7,39), dentro de la comunidad, sin una ceremonia especial.<\/p>\n<p>En el mundo jud\u00ed\u00ado, la boda se celebra seg\u00fan las costumbres y ritos tradicionales (cf G\u00e9n 24 y Tob 7,9,10). Cierto tiempo despu\u00e9s de los esponsales, se celebra la boda. En el mundo jud\u00ed\u00ado la boda era un asunto familiar y privado. No se celebra en la sinagoga, sino en casa. No obstante, como todo en Israel, tiene una dimensi\u00f3n religiosa. La celebraci\u00f3n incluye oraci\u00f3n y bendici\u00f3n.<\/p>\n<p>En el mundo romano se dan, sucesivamente, tres formas de celebrar el matrimonio. La confarreactio (con pastel nupcial), la forma m\u00e1s antigua, incluye ceremonias de car\u00e1cter jur\u00ed\u00addico y religioso. En la \u00e9poca imperial apenas se da este tipo de uni\u00f3n. El modo corriente de contraer matrimonio es la coemptio, rito que simboliza la compra de la esposa, y el usus (uso), simple cohabitaci\u00f3n tras el mutuo consentimiento matrimonial. El consensus (consentimiento) viene a constituir en la pr\u00e1ctica lo esencial de la uni\u00f3n matrimonial. Dice el Digesta: \u00abNo es la uni\u00f3n sexual lo que hace el matrimonio, sino el consentimiento\u00bb (35, 1, 15). Como tal, no se requiere ning\u00fan rito particular ni la presencia del magistrado. El poder civil no hace m\u00e1s que reconocer la existencia del matrimonio y, en cierto modo, proteger la uni\u00f3n conyugal poniendo ciertas condiciones.<\/p>\n<p>Los cristianos se casan como todo el mundo, pero \u00abdan muestras de un tenor de peculiar conducta, admirable y, por confesi\u00f3n de todos, sorprendente\u00bb (Carta a Diogneto V, 4). Acogen la vida que nace y respetan el lecho conyugal: \u00abComo todos engendran hijos, pero no exponen los que les nacen. Ponen mesa com\u00fan, pero no lecho\u00bb (V, 6.7). Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada (hacia el a\u00f1o 107) invita a los cristianos a casarse \u00abcon conocimiento del obispo, a fin de que el casamiento sea conforme al Se\u00f1or y no por solo deseo\u00bb (A Policarpo, 5, 2). Tertuliano (hacia el 160-220) comenta la ventaja de casarse en el Se\u00f1or: \u00bfC\u00f3mo podemos ser capaces de ensalzar la felicidad tan grande que tiene un matrimonio as\u00ed\u00ad; un matrimonio que une la Iglesia, que la oblaci\u00f3n confirma, que la bendici\u00f3n marca, que los \u00e1ngeles anuncian, que el Padre ratifica?\u00bb (Ad uxorem II 8, 6.7.9).<\/p>\n<p>2. EL CONSENTIMIENTO MATRIMONIAL. Desde los siglos IV al IX se subraya el car\u00e1cter eclesial de la celebraci\u00f3n del matrimonio entre cristianos y se establece con claridad que las ceremonias (oraci\u00f3n y bendici\u00f3n) no son obligatorias para la validez de la uni\u00f3n. El primer testimonio que habla de una bendici\u00f3n nupcial verdaderamente lit\u00fargica data de la \u00e9poca del papa D\u00e1maso (366-384), y se encuentra en las obras del Pseudo-Ambrosio (Ambrosiaster). La bendici\u00f3n s\u00f3lo se confiere en el primer matrimonio.<\/p>\n<p>Se constata el profundo influjo del derecho romano, seg\u00fan el cual s\u00f3lo el consentimiento es estrictamente necesario para el matrimonio, cualquiera que fuese su forma. Dice el papa Nicol\u00e1s I, en el a\u00f1o 866, en su respuesta a los b\u00falgaros, que le consultaron acerca de la importancia de las ceremonias eclesi\u00e1sticas (oraci\u00f3n y bendici\u00f3n), que algunos hab\u00ed\u00adan declarado ser los elementos constitutivos del matrimonio: \u00abBaste seg\u00fan las leyes el solo consentimiento de aquellos de cuya uni\u00f3n se tratare. En las nupcias, si acaso ese solo consentimiento faltare, todo lo dem\u00e1s, aun celebrado con coito, carece de valor\u00bb (DS 334).<\/p>\n<p>Es en los siglos sucesivos cuando la Iglesia reivindica competencia jur\u00ed\u00addica sobre el matrimonio y dispone que el consentimiento y la consiguiente entrega de la prenda nupcial se haga expresamente en presencia del sacerdote (siglos IX-Xl), en la iglesia o, m\u00e1s a menudo, ante las puertas de la iglesia, como indican varios rituales de los siglos XI-XIV; a este acto le seguir\u00e1 luego la celebraci\u00f3n de la misa con la bendici\u00f3n de la esposa.<\/p>\n<p>Para darle la mayor publicidad posible, se convino que el acto tendr\u00ed\u00ada lugar no ya en casa de la novia, sino a la puerta de la iglesia. Con ello, lo que antes era realizado por el padre o tutor, ahora viene a realizarlo el sacerdote, con palabras como estas: \u00abYo te entrego a N. como esposa\u00bb (Ritual de Meaux). Entre los siglos XV y XVI se extiende la f\u00f3rmula: \u00abY yo os uno&#8230;\u00bb, que algunos considera r\u00e1n como la forma sacramental del matrimonio.<\/p>\n<p>3. FORMA CAN\u00ed\u201cNICA. El concilio de Trento, reaccionando contra las afirmaciones de los reformadores, no s\u00f3lo defiende la sacramentalidad del matrimonio, sino tambi\u00e9n su derecho a regularlo, proponiendo una forma can\u00f3nica uniforme, que garantice la validez del mismo sacramento y evite el peligro de la clandestinidad y de los impedimentos.<\/p>\n<p>El Ritual romano (1614) supondr\u00e1 la codificaci\u00f3n de los usos medievales del matrimonio celebrado ante la Iglesia, queriendo respetar los \u00abusos y costumbres laudables\u00bb de las diversas regiones.<\/p>\n<p>El viejo C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico (1917) impon\u00ed\u00ada la forma can\u00f3nica a los bautizados en la Iglesia cat\u00f3lica, aunque la hubieran abandonado despu\u00e9s (\u00c2\u00a7 1099). En el nuevo C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico (1983), el abandono formal lleva consigo la no obligatoriedad de la forma can\u00f3nica del matrimonio, cuando los dos contrayentes se encuentran en esa situaci\u00f3n; por tanto, el matrimonio que ellos contraigan sin forma can\u00f3nica ser\u00e1, ante la Iglesia, verdadero matrimonio, si re\u00fane las debidas condiciones (\u00c2\u00a7 1117).<\/p>\n<p>El Vaticano II pide que se revise y enriquezca el rito de la celebraci\u00f3n del matrimonio \u00abde modo que se exprese la gracia del sacramento y se inculquen los deberes de los esposos con mayor claridad\u00bb (SC 77). El nuevo Ritual del matrimonio (1969 y 1990), dentro de la misa o fuera de ella, pero siempre en el marco de celebraci\u00f3n de la Palabra, articula la liturgia del matrimonio en cuatro momentos: las preguntas, el consentimiento, la bendici\u00f3n y entrega de los anillos, la oraci\u00f3n de los fieles. La antigua oraci\u00f3n de bendici\u00f3n de la esposa se presenta ahora como oraci\u00f3n de bendici\u00f3n de la esposa y del esposo.<\/p>\n<p>4. POSICI\u00ed\u201cN DE JES\u00daS ANTE EL DIVORCIO. En aquel contexto cultural, como ahora, el problema del divorcio era muy agudo. El Antiguo Testamento lo admit\u00ed\u00ada (Dt 24,1). Las dos grandes escuelas de la \u00e9poca discut\u00ed\u00adan en qu\u00e9 casos deb\u00ed\u00ada aplicarse. La del rabino Shammai admit\u00ed\u00ada el divorcio s\u00f3lo en caso de adulterio. La de Hillel a\u00f1ad\u00ed\u00ada: \u00aby por cualquier otra cosa que pueda desagradar al marido\u00bb. Por tanto, cualquiera de las dos escuelas era m\u00e1s permisiva que la posici\u00f3n de Jes\u00fas. Esta ten\u00ed\u00ada que resultar especialmente dif\u00ed\u00adcil a quienes ven\u00ed\u00adan del mundo pagano. Pues bien, a quienes no aceptan la indisolubilidad, Jes\u00fas los invita a la conversi\u00f3n, no les anula el matrimonio.<\/p>\n<p>Para ponerlo a prueba, es decir, para ver si ense\u00f1a la doctrina oficial, unos fariseos le preguntan a Jes\u00fas si le es l\u00ed\u00adcito a uno repudiar a su mujer por alg\u00fan motivo. Jes\u00fas les remite al proyecto original de Dios (cf Mt 19,4-6). Para Jes\u00fas todo matrimonio es indisoluble. Est\u00e1 escrito en los profetas: \u00abNo se\u00e1is infieles a la esposa de vuestra juventud. Pues el que se divorcia de su mujer porque la odia&#8230; cubre de violencia su vestido\u00bb (Mal 2,15-16). Juan el Bautista pag\u00f3 con su vida la defensa del v\u00ed\u00adnculo matrimonial. Le dijo a Herodes, que (es de suponer) rechazaba la indisolubilidad del matrimonio: \u00abNo te est\u00e1 permitido tener la mujer de tu hermano\u00bb (Mc 6,18).<\/p>\n<p>Los fariseos argumentan que Mois\u00e9s permiti\u00f3 el divorcio y el repudio. Les dice Jes\u00fas: \u00abMois\u00e9s, os permiti\u00f3 repudiar a vuestras mujeres por la dureza de vuestro coraz\u00f3n, pero al principio no era as\u00ed\u00ad. Por tanto, os digo que el que se separe de su mujer, excepto en el caso de concubinato, y se case con otra, comete adulterio\u00bb (Mt 19,8-9).<\/p>\n<p>Los disc\u00ed\u00adpulos entienden que para Jes\u00fas no hay ninguna excepci\u00f3n (cf Mc 10,1-12; Lc 16,18 y ICor 7,10-11). El concubinato (en griego porneia) no es ninguna excepci\u00f3n (cf He 15,22-29 y Lev 18-19). Por ello, le dicen que, si eso es as\u00ed\u00ad, entonces no trae cuenta casarse. Les dice Jes\u00fas: \u00abNo todos comprenden esta doctrina, sino aquellos a quienes les es concedido\u00bb (Mt 19,11). Entenderlo, aceptar la posici\u00f3n de Jes\u00fas, supone un don, una gracia de Dios.<\/p>\n<p>5. LA LLAMADA \u00abEXCEPCI\u00ed\u201cN PAULINA\u00bb. El primer autor que interpreta el pasaje de Pablo (ICor 7,12-16) como excepci\u00f3n paulina es el Pseudo-Ambrosio, a finales del siglo IV; posteriormente, Teodoro de Canterbury (siglo VII) e Inocencio III (siglo XIII). La atribuci\u00f3n de dicha interpretaci\u00f3n a san Ambrosio (y a san Gregorio Magno) favoreci\u00f3 su introducci\u00f3n en la Iglesia occidental. San Agust\u00ed\u00adn s\u00f3lo admite el derecho de separarse (De conj. adult. 1.1, c. 25). San Pablo conoce bien la palabra del Se\u00f1or (ICor 7,10) y s\u00f3lo habla de la posibilidad de un nuevo matrimonio en caso de muerte de uno de los c\u00f3nyuges (ICor 7,39). Adem\u00e1s, no se presta precisamente \u00e9l a cambiar el evangelio (cf G\u00e1l 1,8).<\/p>\n<p>En los casos en que hay problemas por cuesti\u00f3n de fe, san Pablo exhorta a la parte creyente a no tomar la iniciativa de la separaci\u00f3n: \u00abpues el marido no creyente queda santificado por su mujer y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente\u00bb. De otro modo, \u00abvuestros hijos (no bautizados) ser\u00ed\u00adan impuros, mas ahora son santos\u00bb. Ahora bien, \u00absi la parte no creyente quiere separarse, que se separe, pues el hermano o la hermana no est\u00e1n sometidos a esclavitud\u00bb (traducci\u00f3n de san Jer\u00f3nimo, siglo IV). No se trata .de aguantar una situaci\u00f3n de esclavitud. La parte abandonada al menos tiene el derecho de vivir en paz: \u00abpara vivir en paz nos llam\u00f3 el Se\u00f1or\u00bb. San Pablo concluye su exhortaci\u00f3n a no tomar la iniciativa de la separaci\u00f3n: \u00abPues \u00bfqu\u00e9 sabes t\u00fa, mujer, si salvar\u00e1s a tu marido? Y \u00bfqu\u00e9 sabes t\u00fa, marido, si salvar\u00e1s a tu mujer?\u00bb. El Pastor de Hermas muestra que para la Iglesia del siglo 1 y comienzos del siglo II el repudio declarado leg\u00ed\u00adtimo por el juda\u00ed\u00adsmo es una separaci\u00f3n tras la cual un nuevo matrimonio ser\u00ed\u00ada adulterio. El nuevo C\u00f3digo de Derecho can\u00f3nico sigue recogiendo el \u00abprivilegio paulino\u00bb (\u00c2\u00a7 1143). El Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica no dice nada al respecto.<\/p>\n<p>6. MATRIMONIO Y SACRAMENTO. He aqu\u00ed\u00ad algunos interrogantes al respecto: \u00bfEs el matrimonio una realidad meramente humana o profana? \u00bfEs una realidad sagrada desde el comienzo de la creaci\u00f3n? \u00bfHa sido elevada por Cristo a sacramento? Como dice el Vaticano II, los esposos cristianos \u00abposeen su propio don, dentro del pueblo de Dios, en su estado y forma de vida\u00bb (LG 11). As\u00ed\u00ad pues, \u00bfen qu\u00e9 consiste la gracia del sacramento? (cf SC 77). En realidad, \u00bfse percibe como se\u00f1al? En nuestro mundo \u00bfaparece oscurecido el proyecto original de Dios sobre el matrimonio?<br \/>\nLa concepci\u00f3n cristiana del matrimonio se remite al proyecto original de Dios. Seg\u00fan el proyecto de Dios, marido y mujer est\u00e1n llamados a formar \u00abuna sola carne\u00bb (G\u00e9n 2,24). Tal es la figura del matrimonio en un mundo que, en cuanto salido de las manos de Dios, es bueno, un mundo humano y habitable, un \u00abjard\u00ed\u00adn\u00bb (G\u00e9n 2,8). La relaci\u00f3n entre marido y mujer es armoniosa. La comunicaci\u00f3n es transparente (G\u00e9n 2,25). Sin embargo, algo muy profundo provoca la p\u00e9rdida de esa figura, la maldici\u00f3n, el desamor, la separaci\u00f3n, el desamparo.<\/p>\n<p>El relato de G\u00e9n 2-3 se aplica a cualquier pareja concreta, y muestra la realidad oculta que quiz\u00e1 deja en penumbra la felicidad del primer enamoramiento y que la convivencia matrimonial descubrir\u00e1 despu\u00e9s: la experiencia de un padecimiento com\u00fan, que arrastra a la persona m\u00e1s amada al abismo de la propia indigencia. El relato pone al descubierto que el hombre y la mujer, en su m\u00e1s profundo error, evitan la presencia de Dios. Dios tiene la costumbre de pasear por el jard\u00ed\u00adn de la historia humana, pero el hombre y la mujer se ocultan, creen que no necesitan de Dios para vivir, que Dios es envidioso, enemigo de su felicidad y de su vida: \u00abSe abrir\u00e1n vuestros ojos y ser\u00e9is como dioses, conocedores del bien y del mal\u00bb (3,5). Dios aparece no ya como una ilusi\u00f3n, sino como una mentira, una opresi\u00f3n de la que es preciso librarse. As\u00ed\u00ad pues, la pareja rechaza a Dios, pero con ello se cierra a s\u00ed\u00ad misma el camino que conduce al \u00ab\u00e1rbol de la vida\u00bb (3,24). Quedan fuera del jard\u00ed\u00adn, fuera del mundo maravilloso que Dios hab\u00ed\u00ada creado para ellos.<\/p>\n<p>La ruptura de la alianza entre ambos se manifiesta ya en la acusaci\u00f3n: \u00abLa mujer&#8230;\u00bb (3,12). La relaci\u00f3n de amor se transforma en relaci\u00f3n de fuerza, de dominaci\u00f3n. La mujer ya no se siente la reina del hogar, sino la esclava; vive la maternidad como un peso, con dolor. El mundo del trabajo aparece duro, espinoso, esclavizante. El futuro, dominado por la muerte (3,16-19). Marido y mujer quedan en una situaci\u00f3n cerrada de la que no pueden salir por sus propias fuerzas. El amor humano necesita ser redimido. Reconocerlo es toda una confesi\u00f3n de fe (cf CCE 1606-1608).<\/p>\n<p>El evangelio nos invita a ver el matrimonio en la perspectiva de los designios de Dios. La uni\u00f3n conyugal es alianza de amor: \u00abEl hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, y son los dos una sola carne\u00bb (G\u00e9n 2,24). La misma diversidad y reciprocidad del var\u00f3n y de la mujer, destinados a tal uni\u00f3n, son presentadas como una imagen expresiva de Dios (1,27); la fecundidad, como bendici\u00f3n (1,28); el amor conyugal, como redenci\u00f3n de la soledad (2,18).<\/p>\n<p>El matrimonio es una obra de Dios, del que proviene todo amor verdadero. Un amor que puede haberse originado en circunstancias aparentemente casuales, pero en las que el creyente reconoce la mano de Dios: \u00abLa cosa procede del Se\u00f1or\u00bb (G\u00e9n 24,50; cf 24,48; Tob 6,11-12; 7,12). Por ello, se pide que el Se\u00f1or nos construya la casa (cf Sal 127). Jes\u00fas devuelve al matrimonio la perfecci\u00f3n de los or\u00ed\u00adgenes, atacando el mal en su ra\u00ed\u00adz. Es el coraz\u00f3n la ra\u00ed\u00adz que necesita ser saneada. Es el hombre entero el que se manifiesta en cada uno de sus gestos (cf Mt 5,27-28). La fidelidad del coraz\u00f3n tambi\u00e9n evangeliza. El amor al que est\u00e1n llamados los esposos es un amor total y para siempre. Si as\u00ed\u00ad lo consiguen, ser\u00e1n una se\u00f1al en medio del mundo.<\/p>\n<p>Jes\u00fas se opone a toda decadencia moral, incluso a la antigua tolerancia mosaica: \u00abLo que Dios ha unido que no lo separe el hombre\u00bb (Mt 19,6). Los disc\u00ed\u00adpulos comprenden con dificultad la exigencia de Jes\u00fas. Tal exigencia se realiza en medio de un orden de gracia (cf 19,10-11).<\/p>\n<p>El Vaticano II ense\u00f1a el valor sagrado del matrimonio, de todo matrimonio: \u00abFundada por el Creador y en posesi\u00f3n de sus propias leyes, la \u00ed\u00adntima comunidad conyugal de vida y amor se establece sobre la alianza de los c\u00f3nyuges, es decir, sobre su consentimiento personal e irrevocable. As\u00ed\u00ad, del acto humano por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente, nace, aun ante la sociedad, una instituci\u00f3n confirmada por la ley divina. Este v\u00ed\u00adnculo sagrado, en atenci\u00f3n al bien, tanto de los esposos y de la prole como de la sociedad, no depende de la decisi\u00f3n humana\u00bb (GS 48). \u00abEl amor matrimonial es uno e indisoluble\u00bb (GS 49).<\/p>\n<p>Ahora bien, el matrimonio vivido desde la fe cristiana se convierte en sacramento de Cristo. Cristo \u00absale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Adem\u00e1s, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad\u00bb. Cristo ayuda y fortalece a los esposos \u00aben la sublime misi\u00f3n de la paternidad y maternidad\u00bb, as\u00ed\u00ad como en \u00abla educaci\u00f3n de los hijos, principalmente religiosa\u00bb (GS 48).<\/p>\n<p>7. FECUNDIDAD DEL MATRIMONIO. LOS esposos, dice el Vaticano II, son \u00abcooperadores del amor de Dios y como sus int\u00e9rpretes\u00bb. A ellos corresponde decidir \u00abcon responsabilidad humana y cristiana\u00bb el n\u00famero de hijos (GS 50). El amor conyugal ha de conjugarse con el respeto a la vida humana \u00abdesde su concepci\u00f3n\u00bb (GS 51). Sin embargo, los esposos pueden hallarse en situaciones en las que \u00abel n\u00famero de hijos, al menos por cierto tiempo, no puede aumentarse\u00bb (GS 51).<\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de la regulaci\u00f3n de la natalidad fue confiada por Pablo VI a la Comisi\u00f3n pro estudio de poblaci\u00f3n, familia y natalidad, para que, cuando esta acabara su tarea, el Papa diera su juicio. En la Comisi\u00f3n, la mayor\u00ed\u00ada juzg\u00f3 que el control artificial de la natalidad ten\u00ed\u00ada la misma moralidad que el control natural, con tal que no fuera abortivo o con tal que cl\u00ed\u00adnicamente no estuviera contraindicado (por ejemplo, por da\u00f1ar a la mujer o al feto). Pues bien, unos meses despu\u00e9s, el 25 de julio de 1968, Pablo VI public\u00f3 la enc\u00ed\u00adclica Humanae vitae, optando por la posici\u00f3n minoritaria y aceptando s\u00f3lo el control natural. La sorpresa fue grande. Quedaba ya muy lejos la obsoleta biolog\u00ed\u00ada aristot\u00e9lica y medieval, seg\u00fan la cual en el semen masculino estar\u00ed\u00ada contenido todo el hombre en potencia, mientras la mujer permanecer\u00ed\u00ada pasiva en la generaci\u00f3n (cf Tom\u00e1s de Aquino, Sum. Theol. 1, c. 118, a. 1.4; Arist\u00f3teles, 1.2, c. 4). Hoy sabemos que el nuevo ser humano comienza con la fecundaci\u00f3n del \u00f3vulo femenino.<\/p>\n<p>En carta pastoral el obispo Luciani, luego papa Juan Pablo I, dijo a sus diocesanos: \u00abConfieso que, aunque no revel\u00e1ndolo por escrito, albergaba la \u00ed\u00adntima esperanza de que las grav\u00ed\u00adsimas dificultades existentes pudieran ser superadas y que la respuesta del maestro, que habla con especial carisma en nombre del Se\u00f1or, pudiera coincidir, al menos en parte, con las esperanzas concebidas por muchos esposos, una vez constituida una adecuada comisi\u00f3n pontificia para examinar el asunto\u00bb (29.7.1968).<\/p>\n<p>Una cosa es el mandamiento general \u00abCreced y multiplicaos\u00bb (G\u00e9n 1,28) (o una llamada prof\u00e9tica a los pueblos que envejecen por su escasa natalidad), y otra cosa muy distinta es el principio seg\u00fan el cual todo \u00abacto matrimonial debe quedar abierto a la transmisi\u00f3n de la vida\u00bb (HV 11; CCE 2366), considerando \u00abintr\u00ed\u00adnsecamente mala\u00bb toda acci\u00f3n conyugal que pretenda un control artificial de la natalidad (cf CCE 2370).<\/p>\n<p>8. CLAVES CATEQUETICAS. La perspectiva cristiana del matrimonio y su celebraci\u00f3n sacramental afecta a dos tareas b\u00e1sicas de la catequesis: iniciar en el estilo de vida de Jes\u00fas, lo que supone un proceso de conversi\u00f3n al evangelio, e iniciar en el sentido del sacramento, lo que supone descubrir lo que aporta el evangelio a la celebraci\u00f3n del matrimonio: 1) Una clave catequ\u00e9tica fundamental es asumir, como hizo el Vaticano II, la realidad actual del matrimonio con sus luces y sombras, con sus interrogantes, para sembrar ah\u00ed\u00ad la experiencia del evangelio. 2) Es fundamental tambi\u00e9n la toma de conciencia hist\u00f3rica: en medio de los cambios sociales y culturales que se producen a lo largo de la historia en lo que al matrimonio se refiere, hemos de distinguir lo que es permanente y esencial de lo que es caduco y accesorio. La doble inspiraci\u00f3n conciliar (vuelta a las fuentes y di\u00e1logo con el mundo de hoy) nos permite establecer, de forma renovada, una relaci\u00f3n evangelizadora con el mundo (cf Jn 4,16-18), m\u00e1s all\u00e1 de los viejos esquemas propios de una situaci\u00f3n de cristiandad, en una experiencia humana tan profunda como la del matrimonio. 3) Otra clave b\u00e1sica, se celebre como se celebre el matrimonio en la diversidad de tiempos y lugares, es el consentimiento matrimonial. En cierto sentido, el evangelio no anuncia nada nuevo, sino que remite a una realidad primordial, que es preciso reconocer y respetar. En di\u00e1logo con la psicolog\u00ed\u00ada actual, la catequesis destacar\u00e1 la autonom\u00ed\u00ada y la madurez que supone ese consentimiento: \u00abEl hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer\u00bb. 4) Una cuarta clave es la fidelidad del coraz\u00f3n y la fidelidad matrimonial. En positivo o en negativo, la cuesti\u00f3n fidelidad\/infidelidad sale donde menos se piensa. Asimismo, una catequesis viva ha de facilitar una decisi\u00f3n adulta y responsable, humana y cristiana, en lo que se refiere a la paternidad responsable y a la regulaci\u00f3n de la natalidad.<\/p>\n<p>En resumen, el sacramento del matrimonio celebra la realidad del amor humano entre marido y mujer, vivido bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Reconocer que el amor humano necesita ser redimido supone toda una confesi\u00f3n de fe. Es preciso abrirse al don de Dios, manifestado en Cristo. La comunidad cristiana (consciente de sus limitaciones, pero confiando en la palabra de Dios) celebra el cumplimiento gozoso de una palabra de fidelidad definitiva y de fecundidad responsable.<\/p>\n<p>9. TRATAMIENTO CATEQUETICO EN LAS DISTINTAS EDADES. 1) En la catequesis de los ni\u00f1os podemos prestar atenci\u00f3n a c\u00f3mo viven ellos la relaci\u00f3n existente entre sus padres. Los ni\u00f1os no entienden muchas cosas del mundo de los adultos, pero entienden el proyecto de Dios sobre el matrimonio: quieren que sus padres no se separen nunca. 2) En la catequesis de j\u00f3venes se pueden asumir estos objetivos: descubrir la importancia de la fidelidad del coraz\u00f3n y de la fidelidad matrimonial, valorar la importancia del consentimiento matrimonial, preparar el coraz\u00f3n para un amor que sea para siempre. 3) En la catequesis de adultos puede plantearse la dimensi\u00f3n sacramental del matrimonio en t\u00e9rminos de experiencia. \u00bfSe percibe la acci\u00f3n de Dios en las diferentes situaciones: enamoramiento, convivencia ordinaria, paternidad responsable, educaci\u00f3n de los hijos, casos de separaci\u00f3n, casos de reconciliaci\u00f3n o reconstrucci\u00f3n del matrimonio? \u00bfEn qu\u00e9 medida ayuda una comunidad a descubrir y vivir lo que significa casarse en el Se\u00f1or? \u00bfEn qu\u00e9 se nota que los esposos cristianos evangelizan? \u00bfSon una se\u00f1al en medio deI mundo? 4) La catequesis prematrimonial puede integrarse en el proceso de inspiraci\u00f3n catecumenal de j\u00f3venes y de adultos; esto es lo ideal. Sin embargo, teniendo en cuenta la condici\u00f3n secularizada de la mayor\u00ed\u00ada de los novios, en muchos casos la preparaci\u00f3n al matrimonio puede convertirse en siembra del evangelio, en evangelizaci\u00f3n primera, abierta a una evangelizaci\u00f3n b\u00e1sica posterior.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00ada facilitar una catequesis viva sobre el tema, actualizando la pedagog\u00ed\u00ada original del evangelio, una lectura en grupo del pasaje de la boda de Can\u00e1 (Jn 2), asumiendo primero lo que no se entiende, lo que choca, los interrogantes, para hacer despu\u00e9s una presentaci\u00f3n actual de la catequesis, del \u00abvino nuevo\u00bb, s\u00ed\u00admbolo del evangelio (cf Lc 5,37-39), y terminar con un di\u00e1logo abierto. Podemos celebrar una boda con \u00abvino viejo\u00bb, s\u00ed\u00admbolo de la Ley; el vino viejo quiz\u00e1 es escaso y se acaba en pleno banquete; podemos vernos remitidos a las \u00abtinajas de las purificaciones\u00bb (en la celebraci\u00f3n puede aparecer, de la forma que sea, la obsesi\u00f3n por la culpa y la indignidad del hombre); las tinajas quiz\u00e1 est\u00e1n vac\u00ed\u00adas (el viejo ritual no funciona) y es preciso llenarlas de agua; finalmente, podemos ver la transformaci\u00f3n del agua en vino, la verdadera purificaci\u00f3n convertida en la fiesta del evangelio.<\/p>\n<p>BIBL.: 1. AA. V V., Cl\u00e9rigos en debate, PPC, Madrid 1996; AA.VV., El ministerio y los ministerios seg\u00fan el Nuevo Testamento, Cristiandad, Madrid 1975; CANOBBIO G., Ministerio, en COMPAGNONI F.-PIANA G.-PRIVITERA S. (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, San Pablo, Madrid 1992, 1161-1178; CASTILLO J. M., Ministerios, en FLORISTAS C.-TAMAYO J. J., Conceptos fundamentales de pastoral, Cristiandad, Madrid 1983; SCHILLEBEECKX E., El ministerio eclesial, Cristiandad, Madrid 1983; SNELA B., Sacerdote-obispo, en EICHER P., Diccionario de conceptos teol\u00f3gicos (2 vols.), Herder, Barcelona 1990; TORJESEN K. J., Cuando las mujeres eran sacerdotes, El Almendro, C\u00f3rdoba 1997. II. AUER J.-RATZINGER J., Los sacramentos de la Iglesia, Herder, Barcelona 1977; BOROBIO D., lnculturaci\u00f3n del matrimonio. Ritos y costumbres matrimoniales de ayer y de hoy, San Pablo, Madrid 1993; CAMPANINI G., Matrimonio, en COMPAGNONI F.-PIANA G.-PRIVITERA S. (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada moral, San Pablo, Madrid 1992, 1109-1123; CIPRIANI S., Matrimonio, en ROSSANO P.-RAVASI G.-GIRLANDA A. (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990, 1157-1170; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, Catecismo Con vosotros est\u00e1. Manual del educador 1 y Gu\u00ed\u00ada doctrinal, Madrid 1976; FREGNI G., Matrimonio, en GEVAERT J. (dir.), Diccionario de catequ\u00e9tica, CCS, Madrid 1987, 541-544; IGLESIAS J., Derecho Romano. Instituciones de derecho privado, Ariel, Esplugues de Llobregat (Barcelona) 1972; N\u00da\u00ed\u2018EZ PAZ M. 1., Consentimiento matrimonial y divorcio en Roma, Universidad de Salamanca 1988; SCHILLEBEECKX E., El matrimonio, realidad terrena y misterio de salvaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1970.<\/p>\n<p>Jes\u00fas L\u00f3pez S\u00e1ez<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El sacramento del orden: 1. Un hecho sorprendente; 2. Tras los pasos de Jes\u00fas de Nazaret; 3. Los dirigentes de las primeras comunidades; 4. No hay ordenaci\u00f3n sin comunidad; 5. Sacerdocio, imperio, monacato; 6. No hay ordenaci\u00f3n sin subsistencia; 7. Reducci\u00f3n sacerdotal y cultual; 8. Al servicio de la comunidad; 9. Claves catequ\u00e9ticas. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacerdocio-y-matrimonio\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSACERDOCIO Y MATRIMONIO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17049","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17049","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17049"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17049\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17049"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17049"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17049"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}