{"id":17050,"date":"2016-02-05T11:06:30","date_gmt":"2016-02-05T16:06:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacramentos-de-la-iniciacion-cristiana\/"},"modified":"2016-02-05T11:06:30","modified_gmt":"2016-02-05T16:06:30","slug":"sacramentos-de-la-iniciacion-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacramentos-de-la-iniciacion-cristiana\/","title":{"rendered":"SACRAMENTOS DE LA INICIACION CRISTIANA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El bautismo: 1. Perspectiva antropol\u00f3gica; 2. Perspectiva b\u00ed\u00adblica; 3. Perspectiva hist\u00f3rica; 4. Perspectiva teol\u00f3gica; 5. Perspectiva pastoral. II. La confirmaci\u00f3n: 1. Perspectiva antropol\u00f3gica; 2. Perspectiva hist\u00f3rico-lit\u00fargica; 3. Perspectiva teol\u00f3gica; 4. Perspectiva pastoral. III. Primera eucarist\u00ed\u00ada e iniciaci\u00f3n cristiana; 1. Origen y evoluci\u00f3n de la primera eucarist\u00ed\u00ada; 2. Valoraci\u00f3n teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Nuestro objetivo es presentar, de forma sistem\u00e1tica, pero tambi\u00e9n sint\u00e9tica y pedag\u00f3gica, el sentido fundamental de los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, en el cuadro de la iniciaci\u00f3n global. Para mayor claridad metodol\u00f3gica, presentaremos cada momento sacramental por separado, y nos fijaremos en los siguientes aspectos: 1. Dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica. 2. Dimensi\u00f3n b\u00ed\u00adblica hist\u00f3rica. 3. Dimensi\u00f3n teol\u00f3gica. 4. Dimensi\u00f3n pastoral. 5. Dimensi\u00f3n catequ\u00e9tico-lit\u00fargica.<\/p>\n<p>I. El bautismo<br \/>\n\u00abEl bautismo, puerta de la vida y del Reino, es el primer sacramento de la nueva ley\u00bb, y el momento sacramental primero de la iniciaci\u00f3n cristiana. Es punto de partida y referente obligado de toda la vida cristiana. Es desencadenante de un proceso inici\u00e1tico que se desarrolla en la confirmaci\u00f3n y que culmina en la eucarist\u00ed\u00ada. Por eso debe considerarse no como un sacramento aislado, sino relacionado con los otros momentos sacramentales y extrasacramentales de la iniciaci\u00f3n. La Conferencia episcopal espa\u00f1ola recuerda que el bautismo es \u00abla puerta que abre el acceso a otros sacramentos&#8230; un principio y un comienzo porque todo \u00e9l tiende a conseguir la plenitud de la vida en Cristo. [Es un] acontecimiento fundamental, obra de Dios&#8230;, del cual depende la vida en Cristo y en la Iglesia\u00bb (La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones [IC], 54). Siendo el momento sacramental m\u00e1s decisivo, no es el \u00fanico. Trat\u00e1ndose de un \u00fanico bautismo, se realiza en diversas formas y situaciones bautismales (bautismo de adultos, de ni\u00f1os, en edad de escolaridad&#8230;), que deberemos tener en cuenta (cf IC 69-84, 134-138).<\/p>\n<p>1. PERSPECTIVA ANTROPOL\u00ed\u201cGICA. La dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica contempla el enraizamiento del sacramento en la misma naturaleza y experiencia humana. Esta experiencia es muy diferente en el caso de un ni\u00f1o, de un joven, o de un adulto. El joven y el adulto viven de forma consciente, a lo largo del proceso inici\u00e1tico, una experiencia de transformaci\u00f3n y tr\u00e1nsito vital, de nuevo nacimiento, que incluye: la conversi\u00f3n personal y la opci\u00f3n libre, la experiencia de Dios y de un nuevo tipo de relaci\u00f3n comunitaria, el descubrimiento de un nuevo sentido de vida que reorienta la totalidad de la existencia&#8230;<\/p>\n<p>Pero, cuando se trata de un ni\u00f1o, hay que remitirse al acontecimiento biol\u00f3gico-antropol\u00f3gico del nacimiento, cual momento cr\u00ed\u00adtico, situaci\u00f3n fundamental, o rito de tr\u00e1nsito (rite de passage), que es vivido de forma muy especial. Para el ni\u00f1o que nace se trata de un verdadero tr\u00e1nsito biol\u00f3gico, que supone pasar de una existencia intrauterina a una existencia extrauterina. Pero es un tr\u00e1nsito pasivo, inconsciente, paciente por su parte, no un tr\u00e1nsito activo, consciente y experiencial. En cambio, para los padres se trata de un tr\u00e1nsito cargado de experiencia f\u00ed\u00adsica, psicol\u00f3gica, humana y hasta espiritual, que connota diversos aspectos: paso de la expectaci\u00f3n a la realidad, de la incertidumbre a la certeza, de la preocupaci\u00f3n a la alegr\u00ed\u00ada, de la expectativa a la admiraci\u00f3n. Se trata de una experiencia pregnante y densa, cuyo sentido sobrepasa la simple explicaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica y racional.<\/p>\n<p>Ante esta experiencia, es l\u00f3gico que el hombre sienta la necesidad de referirla al Ser Superior o al Dios en que cree, buscando una cierta sacralizaci\u00f3n ritual, que para la gran mayor\u00ed\u00ada de las personas de nuestro entorno cultural viene a ser el rito religioso cristiano del bautismo. Esta sincron\u00ed\u00ada entre experiencia antropol\u00f3gica y celebraci\u00f3n del bautismo puede considerarse como algo positivo. La correspondencia entre los diversos planos (biol\u00f3gico-antropol\u00f3gico-ritual-religioso-sacramental) no puede considerarse como dificultad, sino como ventaja, para comprender c\u00f3mo lo cristiano abarca y se extiende a la totalidad de lo humano.<\/p>\n<p>Ahora bien, precisamente donde descubrimos la riqueza podemos descubrir tambi\u00e9n la limitaci\u00f3n. Y es as\u00ed\u00ad, porque en el bautismo de ni\u00f1os quienes viven una verdadera situaci\u00f3n antropol\u00f3gica sacramental no son los propios ni\u00f1os, incapaces de sentir la experiencia de tr\u00e1nsito y vivir la pregnancia de la situaci\u00f3n antropol\u00f3gica, sino sus padres (quiz\u00e1s padrinos, familia). Y, sin embargo, el sujeto del sacramento del bautismo no son los padres, sino el ni\u00f1o, quien queda emplazado para vivir esta experiencia en un tiempo posterior de autonacimiento.<\/p>\n<p>2. PERSPECTIVA B\u00ed\u008dBLICA. El origen del bautismo cristiano hay que buscarlo en el contexto judeo-b\u00ed\u00adblico en que nace y se desarrolla. En primer lugar, tenernos las abluciones rituales, que en el pueblo de Israel afectaban tanto a personas como a objetos, y estaban destinadas a expresar la obediencia a Dios y, sobre todo, a mantener o recuperar la pureza legal o cultural que permitiera acercarse a Dios y participar en el acto sagrado (Lev 11,32.40; 2Re 5,14; Ex 40,12). En segundo lugar, nos encontramos ya con la existencia de diversos tipos de bautismo: el (Je los pros\u00e9litos o paganos que se convert\u00ed\u00adan al juda\u00ed\u00adsmo (cf Talmud); el de los esenios, practicado con los miembros que ingresaban en esta secta y localizado en Qumr\u00e1n (cf Gran Regla); y sobre todo, el bautismo de Juan Bautista, relacionado con los movimientos bautismalistas escatol\u00f3gicos al borde del Jord\u00e1n, que se distingue por estas notas: inmediatez del juicio escatol\u00f3gico, exigencia de una conversi\u00f3n interna que se manifieste en obras, perd\u00f3n de los pecados que anuncia una nueva purificaci\u00f3n \u00aben el agua y el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, congregaci\u00f3n de los bautizados en la nueva comunidad (cf Mt 3,2.6.11-12; Lc 3,3.10-14; Mc 1,8).<\/p>\n<p>A. \u00bfQu\u00e9 hace y ense\u00f1a Jes\u00fas respecto al bautismo? Jes\u00fas pertenece al grupo de los bautizados por Juan, a la comunidad inicial del nuevo Israel. Conoce las corrientes bautistas y el mismo bautismo de Juan, como testifican los cuatro evangelistas (Mc 1,9-11; Mt 3,13-17; Lc 3,21-22; Jn 1,19-34). El mismo Bautista (Mt 11,2-6 y par.), y despu\u00e9s sus disc\u00ed\u00adpulos (Mt 14,12), tuvieron relaci\u00f3n con Jes\u00fas. Por otro lado, es claro que Jes\u00fas recibi\u00f3 el bautismo de Juan, aunque lo normal era que el inferior recibiera el bautismo del superior. Y parece probable que durante alg\u00fan tiempo form\u00f3 su propio grupo, en donde tambi\u00e9n se bautizaba (Jn 3,22.26; 4,1-2). Por lo dem\u00e1s, cabe destacar los siguientes datos:<br \/>\na) El bautismo de Jes\u00fas. Jes\u00fas se deja bautizar por Juan (Mc 1,9-11 y par). La historicidad del hecho no se puede poner en duda. Su significado es importante: aceptaci\u00f3n y refrendo por Jes\u00fas del bautismo de Juan; aceptaci\u00f3n y respuesta del mismo Padre al gesto de Cristo (\u00abRasgarse el cielo\u00bb, \u00abreposar de la paloma\u00bb, \u00abt\u00fa eres mi Hijo muy amado\u00bb); inauguraci\u00f3n de la nueva etapa de la llegada del Reino en \u00e9l o investidura mesi\u00e1nica.<br \/>\nb) Jes\u00fas une el bautismo a su pasi\u00f3n y muerte, es decir, a su misterio pascual. As\u00ed\u00ad se manifiesta en Mc 10,38-40 (cf Mt 20,20-23), con la respuesta que da a la madre de los hijos del Zebedeo (Santiago y Juan), donde a su muerte la llama su \u00abbautismo\u00bb, y donde relaciona el bautismo como momento de tr\u00e1nsito y prueba con su pasi\u00f3n y su muerte. La misma relaci\u00f3n puede verse en el texto de Lc 12,49-50, donde su muerte es el bautismo de su sangre.<\/p>\n<p>c) Jes\u00fas explica el sentido del bautismo como \u00abnuevo nacimiento\u00bb. El lugar m\u00e1s significativo es el del encuentro con Nicodemo: Jn 3,1 ss. Jes\u00fas dice a Nicodemo que \u00abel que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios\u00bb. \u00abNacer de nuevo\u00bb es cambiar el coraz\u00f3n, la realidad m\u00e1s profunda, las intenciones, la orientaci\u00f3n, las obras, el ser. Pero adem\u00e1s, este cambio implica un nacer de arriba, es decir: por gracia de Dios, por obra del Esp\u00ed\u00adritu, no por obra de la ley o de las obras humanas, o de la carne y del simple proceso generativo natural. Y es el amor y el Esp\u00ed\u00adritu el que crea esta nueva identidad-relaci\u00f3n por el nacimiento espiritual. Y todo ello lo entiende Juan como una \u00abgracia pascual\u00bb (vv. 13-17), pues tiene su punto de referencia en la gracia de Pascua, ya que sucedi\u00f3 por Cristo, que fue quien \u00abbaj\u00f3 y subi\u00f3 al cielo\u00bb (v. 13), y que fue elevado en la cruz \u00abpara que todo el que crea en \u00e9l&#8230; tenga vida eterna\u00bb (v. 16). Se entiende, pues, que la Iglesia primitiva explicara con frecuencia el bautismo como el \u00abnuevo nacimiento\u00bb (Tit 3,5; lPe 1,3.23).<br \/>\nd) El mandato de bautizar y el origen del bautismo. Encontramos este mandato en Mt 28,16-20 y en Mc 16,15-16. Aunque se discute si este mandato tiene su origen en el Jes\u00fas hist\u00f3rico o en el Se\u00f1or resucitado, parece claro que la conexi\u00f3n entre la aparici\u00f3n pascual y la misi\u00f3n es tradici\u00f3n antiqu\u00ed\u00adsima. La asociaci\u00f3n de la misi\u00f3n o proclamaci\u00f3n y el bautismo forman un conjunto, y los textos entienden que esta asociaci\u00f3n fue efectuada por el Resucitado en su encargo misionero. Por eso, el origen del bautismo cristiano debe relacionarse con el mandato y misi\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>B. La comunidad apost\u00f3lica y el bautismo. El comienzo de la pr\u00e1ctica bautismal cristiana no est\u00e1 en la vida terrestre de Cristo, sino en la vida de la comunidad que nace de la Pascua y Pentecost\u00e9s, y de la que nos hablan los Hechos de los ap\u00f3stoles. Entre el bautismo de Jes\u00fas en el Jord\u00e1n, Pentecost\u00e9s y el bautismo cristiano, existe una continuidad y una diferencia: \u00abJuan bautiz\u00f3 con agua, pero vosotros ser\u00e9is bautizados en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (He 1,5). El bautismo nuevo se realiza, pues, en la novedad prometida (Jn 3,1.5-8; Mt 3,12) y cumplida (Jn 20,22-23; He 2,1ss.) en la Pascua de Cristo.<\/p>\n<p>Pero, \u00bfc\u00f3mo se confer\u00ed\u00ada el bautismo en la Iglesia primitiva? \u00bfCu\u00e1les son las condiciones subjetivas, los elementos del proceso bautismal y el rito del mismo bautismo?<br \/>\na) Condiciones para el bautismo. Dios llama a todos, y la Iglesia ofrece el bautismo a todos, sean jud\u00ed\u00ados o griegos, samaritanos o gentiles (He 2,39; 4,4; 5,14; 8,4.26-40; 10,1-11). La \u00fanica condici\u00f3n que se exige es escuchar y creer en el evangelio o buena noticia; que Cristo es el Hijo de Dios, que ha muerto y resucitado por nuestra salvaci\u00f3n (kerigma); y cambiar de vida por la conversi\u00f3n (2,38-41; 8,12; 19,14; 3,19).<\/p>\n<p>b) Elementos del proceso bautismal. Tal como se describe en diversos lugares del Nuevo Testamento (He 2,37-41; 8,35-39; 1Tes 1,5-8; 4,7-8; G\u00e1l 2,6; 6,11; Rom 6,1-14; 2Cor 1,21-22), la secuencia del proceso bautismal es: predicaci\u00f3n-fe-bautismo-agregaci\u00f3n a la comunidad. Estos elementos se explicitan diversamente seg\u00fan los casos. En Mt 28,18-20 y Mc 16,15-16 se nos ofrece una especie de proceso pleno del \u00abhacerse y permanecer\u00bb como cristiano, que implica integrativamente estos aspectos: env\u00ed\u00ado y misi\u00f3n: evangelizaci\u00f3n y proclamaci\u00f3n de la buena noticia; fe y adhesi\u00f3n a Cristo: celebraci\u00f3n del bautismo; compromiso en la lucha contra el mal; fidelidad a Cristo, sin perder la esperanza. S\u00f3lo cuando se dan estos elementos se realiza la plena incorporaci\u00f3n al nuevo pueblo mesi\u00e1nico (He 5,13; 2,28; 10,47; 8,17; 19,5ss).<br \/>\nc) Rito del bautismo. Aunque el Nuevo Testamento no ofrece una descripci\u00f3n sistem\u00e1tica del rito, s\u00ed\u00ad nos proporciona datos suficientes para reconstruirlo, aun existiendo diferencias de usos y ritos. Los elementos de la celebraci\u00f3n ser\u00ed\u00adan estos: 1) discernimiento sobre la fe y la vida del bautizando, que seguir\u00ed\u00ada al proceso de instrucci\u00f3n (He 8,36&#8230;); 2) heterobautismo: lo que supone que se realiza por medio de un ministro o bautista, probablemente con una verdadera submersi\u00f3n: el bautista hunde bajo la superficie del agua al candidato (sentido de b\u00f3pto, b\u00e1ptizo, butr\u00f3n: Ef 5,26; Tit 3,5; 1Cor 6,11; He 8,38; 22,16; Heb 10,22); 3) en y con agua: los testimonios son un\u00e1nimes al respecto; la Didaj\u00e9 habla de que, a ser posible, debe ser \u00abagua viva\u00bb (VII, 2); 4) la f\u00f3rmula o invocaci\u00f3n bautismal con toda probabilidad, al principio fue \u00aben el nombre de Jesucristo\u00bb, aunque luego pasara a ser la f\u00f3rmula trinitaria; 5) es posible considerar como ritos posbautismales la imposici\u00f3n de manos de que nos habla Hechos 8,17 y 19,5 (cf Heb 6,1), as\u00ed\u00ad como la imposici\u00f3n del vestido o vestidura blanca (cf G\u00e1l 3,26-27), y la \u00abunci\u00f3n\u00bb y el \u00absello\u00bb (2Cor 1,21-22; 1Jn 2,20.27), ritos que vendr\u00ed\u00adan a desarrollarse posteriormente.<\/p>\n<p>3. PERSPECTIVA HIST\u00ed\u201cRICA. a) Durante los tres primeros siglos, la reflexi\u00f3n doctrinal y la configuraci\u00f3n ritual del bautismo se ven estimuladas por los siguientes hechos: dependencia del juda\u00ed\u00adsmo y aplicaci\u00f3n al mundo y cultura paganos; necesidad de una catequesis y preparaci\u00f3n al bautismo (catecumenado), controversias bautismales (por ejemplo, con los donatistas); praxis celebrativa (ritos bautismales). Testimonios como la Didaj\u00e9, Justino, Odas de Salom\u00f3n, Pastor de Hermas, Or\u00ed\u00adgenes, Tertuliano, la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica, Ireneo, Cipriano&#8230; dan fe de una progresiva explicitaci\u00f3n y configuraci\u00f3n ritual y pastoral del bautismo, desde los datos del Nuevo Testamento. Es sobre todo la Tradici\u00f3n apost\u00f3lica (siglo III) la que con m\u00e1s detalle nos describe el bautismo y los ritos bautismales, como momento culminante de un proceso unitario y total, que constituye la iniciaci\u00f3n cristiana. Despu\u00e9s de tres a\u00f1os de catecumenado, en el que se combinan la instrucci\u00f3n catequ\u00e9tica, la oraci\u00f3n y los ritos, el cambio moral y la progresiva inserci\u00f3n en la vida de la comunidad&#8230;, se celebran los ritos bautismales (bautismo de agua, unciones posbautismales, imposici\u00f3n de manos y signaci\u00f3n, eucarist\u00ed\u00ada en la comunidad adulta), durante la vigilia pascual y presididos por el obispo (Trad. Ap. 20-21: B. Botte, 42-59).<\/p>\n<p>b) La \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica (siglos V-VI), cuyos testimonios m\u00e1s importantes son Cirilo de Jerusal\u00e9n, Teodoro de Mopsuestia, Juan Cris\u00f3stomo, Ambrosio, Agust\u00ed\u00adn&#8230;, supone un desarrollo importante de la iniciaci\u00f3n en todos sus aspectos: 1) La preparaci\u00f3n catecumenal, cuya \u00e9poca de esplendor fue a finales del siglo III y durante el siglo IV, sufre ahora importantes cambios, debido al ingreso en masa a la Iglesia despu\u00e9s de la conversi\u00f3n de Constantino, a la prolongaci\u00f3n interesada del catecumenado por no decidirse a aceptar los compromisos bautismales (recrastinantes), y a la consecuente transformaci\u00f3n de los tiempos catecumenales: ahora casi toda la preparaci\u00f3n se concentra en la cuaresma, tiempo en el que se acumulan catequesis, ritos, exorcismos y escrutinios, mientras se tiende a dar un fuerte contenido al momento posbautismal o mistag\u00f3gico del tiempo pascual. 2) La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica bautismal presenta un gran desarrollo, debido a los escritos y catequesis de los Padres citados. Los puntos m\u00e1s salientes son: la comprensi\u00f3n del bautismo en el dinamismo de la historia de la salvaci\u00f3n; la explicaci\u00f3n tipol\u00f3gica bautismal, desde el ciclo del G\u00e9nesis (para\u00ed\u00adso, Ad\u00e1n, aguas, diluvio) o desde el ciclo del Exodo (liberaci\u00f3n de Egipto, Mois\u00e9s, Mar Rojo, Pascua). Por otro lado, el contenido del mismo bautismo se explicitar\u00e1 desde sus diversas denominaciones (don, carisma, ba\u00f1o, sello, iluminaci\u00f3n, unci\u00f3n, compromiso de fe&#8230;), mientras se insiste en su eficacia salvadora y purificadora por la bendici\u00f3n del agua y la intervenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. 3) La evoluci\u00f3n ritual y pastoral tambi\u00e9n es considerable en esta \u00e9poca. Mientras el rito fundamental del bautismo no var\u00ed\u00ada, se desarrollan los ritos prebautismales (exorcismos, escrutinios, entregas) y los posbautismales (unci\u00f3n, imposici\u00f3n de manos, crismaci\u00f3n, signaci\u00f3n, lavatorio de los pies), seg\u00fan las diversas tradiciones. El cambio m\u00e1s importante, sin embargo, consiste en la p\u00e9rdida paulatina de la unidad de celebraci\u00f3n de todos los ritos bautismales en la vigilia pascual, debido, entre otras razones, a la generalizaci\u00f3n del bautismo de ni\u00f1os, la multiplicaci\u00f3n de las parroquias, la reserva al obispo del rito de la con firmado (en occidente), la imposibilidad del mismo obispo de presidir los ritos bautismales en todas las comunidades en la vigilia pascual. Todo ello condujo no s\u00f3lo a la desaparici\u00f3n progresiva del catecumenado, sino tambi\u00e9n a la descomposici\u00f3n del sistema inici\u00e1tico original y a la separaci\u00f3n de los ritos de la iniciaci\u00f3n. El paso del bautismo de adultos al bautismo de ni\u00f1os generalizado, no supuso la creaci\u00f3n de un nuevo ritual del bautismo adaptado, sino una condensaci\u00f3n de ritos con leves acomodaciones (Gelasianum; Ordo Romanus XI).<\/p>\n<p>c) Desde la Edad media hasta el Vaticano II, varios son los fen\u00f3menos a resaltar: 1) Una reflexi\u00f3n teol\u00f3gico-sistem\u00e1tica sobre el bautismo, realizada sobre todo por la gran escol\u00e1stica (Hugo de San V\u00ed\u00adctor, Pedro Lombardo, Alejandro de Hal\u00e9s, san Buenaventura y santo Tom\u00e1s&#8230;), desde el esquema cl\u00e1sico de sacramento: origen e instituci\u00f3n, definici\u00f3n, el signo del bautismo, tipos de bautismo, ministros y sujetos, eficacia y efectos del bautismo, preparaci\u00f3n y fe bautismal; 2) una defensa y clarificaci\u00f3n teol\u00f3gica, con motivo de la controversia con los Reformadores y la respuesta de Trento, especialmente en lo referente a la justificaci\u00f3n de bautismo de ni\u00f1os, la eficacia y la gracia bautismal, la importancia de la fe y del crecimiento bautismal (D5. 1614-1627).<\/p>\n<p>4. PERSPECTIVA TEOL\u00ed\u201cGICA. Quienes han sido \u00abincorporados a Cristo por el bautismo, constituyen el pueblo de Dios, reciben el perd\u00f3n de todos sus pecados, y pasan a la condici\u00f3n humana en que nacen como hijos de primer Ad\u00e1n al estado de hijos adoptivos, convertidos en nueva criatura por el agua y el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Por eso se llaman y son hijos de Dios> (RBN [Ritual del bautismo de ni\u00f1os] 2; cf CCE 1213; IC 54). En resume el contenido teol\u00f3gico bautismal m\u00e1s importante es el siguiente:<br \/>\na) El bautismo, acontecimiento salv\u00ed\u00adfico eclesial. El bautismo es la continuaci\u00f3n eclesial de los mirabilia Dei, en una persona particular, a trav\u00e9s del signo del agua. Es un kair\u00f3s, o momento privilegiado que actualiza el amor gratuito y soberano de Dios en el sujeto creyente y en la comunidad entera. En el bautismo acontece la salvaci\u00f3n no s\u00f3lo para m\u00ed\u00ad sino para toda la Iglesia, en la visibilidad hist\u00f3rica del signo sacramental del agua. El hecho de que el Nuevo Testamento sit\u00fae el bautismo en la l\u00ed\u00adnea de los acontecimientos salv\u00ed\u00adfico (1Cor 10,1-6; lPe 3,18-22); la constante interpretaci\u00f3n tipol\u00f3gica de los Padres; la permanente expresi\u00f3n lit\u00fargica o lex orandi de su memoria hist\u00f3rica&#8230;, nos est\u00e1n indicando que el bautismo hay que inscribirlo entre las obras privilegiadas de Dios, que contin\u00faa liber\u00e1ndonos del mal y haci\u00e9ndonos part\u00ed\u00adcipes de su vida.<\/p>\n<p>b) El bautismo, acci\u00f3n maternal de la Iglesia. El bautismo es un acontecimiento eclesial, en el que aparece, como en ning\u00fan otro caso, la acci\u00f3n maternal de la Iglesia. Y es que la Iglesia se siente en este momento no s\u00f3lo afectada y concernida, sino tambi\u00e9n activa, participante, comprometida. La Iglesia es bautismalmente, lo mismo que el bautismo es eclesialmente. La maternidad eclesial aparece en que: la comunidad se hace presente en todos los momentos del proceso bautismal (catecumenado y ministerios); acoge fraternalmente a los bautizandos; participa activamente, por la palabra, los signos y el ejemplo, en su encaminamiento engendrador; se responsabiliza de su misi\u00f3n, se compromete en el acompa\u00f1amiento permanente.<br \/>\nc) El bautismo, muerte y resurrecci\u00f3n con Cristo. La novedad del bautismo de la Iglesia radica sobre todo en su intr\u00ed\u00adnseca relaci\u00f3n a Cristo y su misterio. La participaci\u00f3n en la muerte-resurrecci\u00f3n de Cristo por el bautismo es, por tanto, la fuente de todo efecto bautismal, significado en el mismo rito (cf CCE 1262). El Nuevo Testamento ha expresado esta novedad cristol\u00f3gica con dos f\u00f3rmulas sobre todo: \u00abBautismo en el nombre de Jes\u00fas, de Jesucristo o del Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb; y la f\u00f3rmula con-morir y con-resucitar con Cristo por medio de las aguas bautismales, que se expresa por el rito exterior de la inmersi\u00f3n, cu: imitaci\u00f3n representativa (omoioma imagen simb\u00f3lico-sacramental de la muerte de Cristo, que nos hace participar del mismo acontecimiento pascual que representa (Rom 6,3).<\/p>\n<p>d) El bautismo, transformaci\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu. El bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu supone, en primer lugar, una autocomunicaci\u00f3n del mismo Cristo en su Esp\u00ed\u00adritu (1Cor 6,11). En segundo lugar, es una autocomunicaci\u00f3n del mismo Esp\u00ed\u00adritu, que se nos da como don operante y transformante (1Co 1,22; Ef 1,13; Rom 5,5; Tit 3,5), en cuya virtud son eficaces las aguas bautismales. Puede decirse que el Esp\u00ed\u00adritu hace el bautismo, por la mediaci\u00f3n ministerial de la Iglesia, y es a la vez fruto del mismo bautismo, como gracia que se comunica por el mismo signo sacramental: \u00abHab\u00e9is sido lavados, consagrados y justificados (el Esp\u00ed\u00adritu, agente del bautismo)&#8230; en el Esp\u00ed\u00adritu (el Esp\u00ed\u00adritu, gracia del bautismo) (1Cor 6,11). Los efectos de esta autodonaci\u00f3n son el \u00abnacer de nuevo\u00bb (Jn 3,3-5.7); la regeneraci\u00f3 (Tit 3,4-7); la liberaci\u00f3n del \u00abhombre viejo\u00bb (2Cor 5,17; Col 3,10); la filiaci\u00f3n divina (Rom 8,15-17); la igualdad y radical fraternidad (lCor 12,1: Rom 12, l ss).<br \/>\ne) El bautismo, vida nueva y filiaci\u00f3n divina. La participaci\u00f3n de la vida en Cristo y el Esp\u00ed\u00adritu se explica en la terminolog\u00ed\u00ada bautismal neotestamentaria con tres expresiones fundamentales: \u00abrevestimiento\u00bb \u00abnueva creaci\u00f3n\u00bb, \u00abnuevo nacimiento\u00bb o filiaci\u00f3n divina. \u00abRevestirse\u00bb es un signo externo que indica una transformaci\u00f3n interna (G\u00e1l 3,27;> Rom 13,14; Col 3,10&#8230;). Es despojarse del hombre viejo para sumergirse, identificarse, configurarse con Cristo, en el hombre nuevo que es y procede de Cristo. Para indicar la radicalidad de este cambio, el mismo Pablo dice que se trata de una \u00abnueva creaci\u00f3n\u00bb, de la creaci\u00f3n de un \u00abhombre nuevo\u00bb (G\u00e1l 6,15; cf Col 1,15-20; Ef 2,15). Ahora bien, esta nueva creaci\u00f3n supone (sobre todo en el pensamiento de Juan) \u00abnacer de nuevo\u00bb (Jn 3,3-5; Tit 3,5-6), por lo que venimos a ser verdaderos hijos de Dios, \u00abque nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo\u00bb (Ef 1,5), es decir, \u00abhijos en el Hijo\u00bb (Jn 1,12; 11,52; Un 3,1-2), causa radical de nuestra filiaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>f) El bautismo, justificaci\u00f3n y perd\u00f3n de los pecados. La purificaci\u00f3n y perd\u00f3n de los pecados es, m\u00e1s que condici\u00f3n, efecto y fruto principal de la gracia. Por el bautismo se nos perdonan todos los pecados: el pecado original y los pecados personales, as\u00ed\u00ad como todas las penas del pecado, por ser el sacramento de la justificaci\u00f3n radical y la nueva creaci\u00f3n (teolog\u00ed\u00ada paulina: Rom 5-7; cf CCE 1263). Ahora bien, este perd\u00f3n total, esta radical transformaci\u00f3n, no implica inmunidad ante el pecado, sino m\u00e1s bien la lucha permanente contra el mismo (Rom 6,2.17-20; 8,4ss.; 2Cor 1,22; Ef 1,14). El pecado ha sido perdonado, pero la inclinaci\u00f3n al pecado, la llamada concupiscencia, y las mismas consecuencias temporales del pecado permanecen. Por eso el bautismo es justificaci\u00f3n y tarea permanente, purificaci\u00f3n actual y dinamismo que abarca la vida entera.<br \/>\ng) El bautismo, sacramento de la conversi\u00f3n y de la fe. Fe y bautismo son dos aspectos o dimensiones de una misma realidad: la realidad del primer encuentro transformante y pleno entre Dios y el hombre, por Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu, a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de la Iglesia. No se a\u00f1ade la fe al bautismo: el bautismo conlleva la fe. Tampoco se a\u00f1ade el bautismo a la fe: la fe completa es ya bautismal. El bautismo es \u00absacramento de la fe\u00bb, y la fe tiene que ser \u00abfe del bautismo\u00bb. En el bautismo la fe objetiva (evangelio), la fe mediada (Iglesia) y la fe subjetiva se encuentran, se celebran y se alimentan (cf CCE 1253) en una celebraci\u00f3n transitoria, pero tambi\u00e9n, como realidad din\u00e1mica y viva, en continuo proceso de crecimiento y perfeccionamiento.<\/p>\n<p>h) El bautismo, consagraci\u00f3n sacerdotal y edificaci\u00f3n de la Iglesia. Tanto en la liturgia actual como en la tradici\u00f3n, de entre los aspectos indicados resaltan estos tres que queremos explicar: 1) el de la incorporaci\u00f3n a la Iglesia: miembros de la Iglesia; 2) el de la caracterizaci\u00f3n indeleble de pertenencia a Cristo y a la Iglesia: car\u00e1cter, y 3) el de la participaci\u00f3n en su misi\u00f3n prof\u00e9tica, sacerdotal y real: sacerdocio universal. El bautismo es el medio por el cual se pasa a ser miembro del cuerpo de Cristo, en la unidad del Esp\u00ed\u00adritu, en la diversidad de carismas, y en la tarea de la com\u00fan edificaci\u00f3n (lCor 12): \u00abPorque todos nosotros&#8230; fuimos bautizados, para formar un solo cuerpo\u00bb (1Cor 12,13). A la vez que nos incorpora al cuerpo de la Iglesia, nos \u00abagrega\u00bb a la comunidad de los creyentes (He 2,41), y nos \u00absella\u00bb como miembros pertenecientes a la misma por el car\u00e1cter bautismal (2Cor 1,21-22). La incorporaci\u00f3n es a la vez consagraci\u00f3n, sello, pertenencia, cualificaci\u00f3n y misi\u00f3n, y para edificaci\u00f3n de la Iglesia, participando as\u00ed\u00ad de la misi\u00f3n prof\u00e9tica, sacerdotal y real: sacerdocio real del mismo Cristo. \u00abVosotros&#8230; sois linaje elegido, sacerdocio real, naci\u00f3n consagrada, pueblo de su propiedad, para anunciar las alabanzas del que nos ha llamado de las tinieblas a su luz maravillosa\u00bb (IPe 2,9-10).<\/p>\n<p>5. PERSPECTIVA PASTORAL. Vivimos un momento de secularizaci\u00f3n del bautismo, de pluralizaci\u00f3n de situaciones bautismales, de diversidad de tipos de bautismo; el referente bautismal es sobre todo el bautismo de adultos; existen en la Iglesia diversos tipos de bautismo (de adultos, el que se difiere, de ni\u00f1os en edad de escolaridad, y de ni\u00f1os al poco tiempo de nacer). Teniendo en cuenta estos puntos, vamos a fijarnos en la pastoral que al respecto nos propone el Vaticano II y los documentos posteriores, y en la pastoral que reclama cada tipo de bautismo se\u00f1alado.<\/p>\n<p>a) Modelo de pastoral propuesto por el Vaticano II. Fundamentalmente aparece esta pastoral en la SC, el RBN, el RICA, el CIC, el CCE y, en Espa\u00f1a, la IC, refiri\u00e9ndose sobre todo al bautismo de ni\u00f1os. Los ejes en que se apoya esta pastoral son los siguientes: insistencia en la fe; necesidad de preparaci\u00f3n, sobre todo para los padres; posibilidad de retraso del bautismo; participaci\u00f3n de la comunidad; responsabilidad en la educaci\u00f3n posterior; comprensi\u00f3n del bautismo como proceso y realidad din\u00e1mica.<\/p>\n<p>En cuanto a las normas pastorales u orientaciones pr\u00e1cticas por las que se ordena esta pastoral, deben se\u00f1alarse: el encuentro personal con el sacerdote, o incluso con otra persona capacitada (ministro laico); los encuentros comunitarios, all\u00ed\u00ad donde es posible, y seg\u00fan el n\u00famero que convenga o reclamen las circunstancias. La petici\u00f3n formal del bautismo, que tiene lugar como conclusi\u00f3n de la preparaci\u00f3n prebautismal. Esta pastoral mantiene las secuencias fundamentales de proceso catecumenal, ya que en ella no s\u00f3lo se pueden distinguir diversas etapas, sino que tambi\u00e9n se posibilita la realizaci\u00f3n de las diversas dimensiones del proceso: educaci\u00f3n de la fe de los padres por la catequesis (=dimensi\u00f3n doctrinal); cambio de actitud y de comportamiento (=dimensi\u00f3n moral); oraci\u00f3n y celebraci\u00f3n (=dimensi\u00f3n lit\u00fargica).<\/p>\n<p>b) Aplicaciones pastorales a los diversos bautismos. 1) El bautismo de ni\u00f1os. Nadie puede negar la importancia y valor de esta praxis multisecular. Pero nadie puede exaltarla como la \u00fanica praxis de referencia. Esto quiere decir sencillamente que el bautismo de ni\u00f1os, siendo l\u00ed\u00adcito, v\u00e1lido y deseable, es preciso referirlo a los otros elementos, sacramentales (confirmaci\u00f3n-eucarist\u00ed\u00ada) o no sacramentales (catecumenado, catequesis, experiencia comunitaria), que lo conduzcan a su plenitud. Puesto que el bautismo de ni\u00f1os es el fundamento del edificio inici\u00e1tico, el principio, pero no el fin, debe prepararse con el m\u00e1ximo esmero y atenci\u00f3n pastoral. Para ello ser\u00e1 necesario: insertar la pastoral del bautismo de ni\u00f1os dentro de un proyecto o plan integral de iniciaci\u00f3n cristiana, que valore los diversos elementos que lo constituyen; tender hacia una pastoral de preparaci\u00f3n que promueva una din\u00e1mica de proceso catecumenal; partir de una le; voluntad positiva de coordinaci\u00f3n pastoral; preparar a los laicos que puedan hacerse responsables o colaborar en esta pastoral (acogida, encuentros personales y comunitarios, celebraciones&#8230;) (cf IC 69-84). 2) El bautismo o iniciaci\u00f3n cristiana de adultos. Es la concreci\u00f3n iniciatoria de la Iglesia actual para el caso de adultos, de aquel proceso o estructura m\u00e1s originaria de iniciaci\u00f3n (hasta el siglo VI aprox.), que abarca en sucesi\u00f3n (tiempos) y combinaci\u00f3n (grados) coherente y din\u00e1mica (catecumenado) todos los elementos doctrinales, lit\u00fargicos y morales necesarios para conducir a la persona a la iniciaci\u00f3n plena, o a la plena integraci\u00f3n en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Las aplicaciones del RICA son diversas: en primer lugar, el caso de adultos no bautizados; es la situaci\u00f3n propia a la que est\u00e1 destinado el Ritual. Otra aplicaci\u00f3n importante es la \u00abpreparaci\u00f3n para la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00ed\u00ada de los adultos bautizados en la primera infancia, y que no han recibido catequesis\u00bb (c. IV). Tambi\u00e9n \u00aben el caso de aquellos ni\u00f1os que, no habiendo sido bautizados en la infancia, y llegados a la edad de la discreci\u00f3n y de la catequesis, vienen para la iniciaci\u00f3n cristiana, ya tra\u00ed\u00addos por sus padres o tutores, ya espont\u00e1neamente, pero con su permiso\u00bb (c. V). A esto habr\u00ed\u00ada que a\u00f1adir la situaci\u00f3n de aquellos que, por necesidad o circunstancias, reciben el bautismo y la primera eucarist\u00ed\u00ada, pero todav\u00ed\u00ada no han recibido la confirmaci\u00f3n, que se propone para una edad m\u00e1s avanzada (adolescencia o juventud). Finalmente, otra situaci\u00f3n en la que debe aplicarse el proceso catecumenal del RICA es aquella de adultos ya bautizados, confirmados y eucaristizados que, en un momento de su vida, desean renovar su fe y su bautismo, y aceptan seguir lo que llamamos un catecumenado de adultos, o bien un neocatecumenado. (Cf IC 111-133). 3) El bautismo que se difiere o \u00abdiferido\u00bb. Es el bautismo que se retrasa o difiere a edad m\u00e1s avanzada, generalmente a partir del uso de raz\u00f3n de los ni\u00f1os, y se justifica por las garant\u00ed\u00adas insuficientes o por la imposibilidad de esperanza fundada de crecimiento en la fe, que ofrecen los padres en el momento del nacimiento de su hijo, y que supone por parte de la comunidad un acompa\u00f1amiento pastoral a los mismos padres, para la conversi\u00f3n, el crecimiento en la fe y la opci\u00f3n responsable (cf CIC 868). 4) El bautismo en edad de escolaridad. Es aquel bautismo que, respondiendo a una situaci\u00f3n y necesidad real, as\u00ed\u00ad como a la posibilidad ofrecida por el RICA de un Ritual de la iniciaci\u00f3n para los ni\u00f1os en edad catequ\u00e9tica (c. V), propone un \u00abproceso relativamente largo de unos dos o tres a\u00f1os, que conducir\u00e1 a los ni\u00f1os a la plenitud de la fe, por la aceptaci\u00f3n del bautismo, la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00ed\u00ada\u00bb. Esta posibilidad ha tomado cuerpo en la aplicaci\u00f3n realizada por algunas Conferencias episcopales europeas, que han publicado un Ritual del bautismo de ni\u00f1os en edad de escolaridad (cf para Espa\u00f1a: nota de la Comisi\u00f3n episcopal de liturgia, del 16.9.1992; cf tambi\u00e9n IC 134-138).<\/p>\n<p>II. La confirmaci\u00f3n<br \/>\nEl sacramento de la confirmaci\u00f3n ha vivido en los \u00faltimos a\u00f1os un importante impulso de renovaci\u00f3n. Debe entenderse como un sacramento bautismal, aunque diferente del bautismo; como un momento sacramental del proceso de iniciaci\u00f3n, necesario para su misma plenitud. Como bien resume el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, \u00abcon el bautismo y la eucarist\u00ed\u00ada, el sacramento de la confirmaci\u00f3n constituye el conjunto de los \u00absacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana\u00bb, cuya unidad debe ser salvaguardada. Es preciso, pues, explicar a los fieles que la recepci\u00f3n de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal\u00bb (CCE 1285; cf IC 55-56, 85-100).<\/p>\n<p>1. PERSPECTIVA ANTROPOL\u00ed\u201cGICA. La iniciaci\u00f3n cristiana total se remite y parte de una \u00fanica situaci\u00f3n humana fundamental, que se vive y asume de diferente manera seg\u00fan sea el momento y edad en que se celebra cada uno de los sacramentos de la iniciaci\u00f3n. Esta situaci\u00f3n no puede ser otra que la del nuevo nacimiento, al que aluden todas las fuentes y manifestaciones inici\u00e1ticas, desde el Nuevo Testamento (G\u00e1l 3,27; 6,15; Col 1,15-20; 3,9-12; Jn 3,3-5; Tit 3,5-6) hasta los signos eclesiales (cf RBN, 2, 5), la fenomenolog\u00ed\u00ada religiosa y la misma riqueza de los s\u00ed\u00admbolos empleados. Ahora bien, esta situaci\u00f3n es vivida como experiencia personal, sobre todo cuando el bautizado llega a la edad de la adolescencia. Es entonces cuando se pasa de ser dependiente a ser aut\u00f3nomo, cuando se asume el destino en las propias manos, cuando se opta, con libertad, por unos valores, cuando se hacen opciones fundamentales que van a articular toda la existencia&#8230; En una palabra, cuando se vive la experiencia de auto-nacimiento. Justamente a este momento experiencial humano puede responder el sacramento de la confirmaci\u00f3n, desarrollando no s\u00f3lo la primera experiencia biol\u00f3gica bautismal, sino tambi\u00e9n la personalizaci\u00f3n inici\u00e1tica, por la fe consciente, libre y responsable. As\u00ed\u00ad lo ya antes ofrecido se acepta en mayor plenitud; el iniciado por la Iglesia se inicia por una aceptaci\u00f3n personal; la respuesta de fe encuentra una expresi\u00f3n sacramental privilegiada en la confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. PERSPECTIVA HIST\u00ed\u201cRICO-LIT\u00daRGICA. a) El an\u00e1lisis del Nuevo Testamento no nos permite deducir inmediatamente la existencia de un sacramento de la confirmaci\u00f3n. Sin embargo, del conjunto de la Escritura se desprende la coherencia de la concreci\u00f3n hist\u00f3rica de la Iglesia respecto al sacramento de la confirmaci\u00f3n. Varias son las razones en que se apoya esta afirmaci\u00f3n: 1) La necesidad de que el don del Esp\u00ed\u00adritu prometido ya desde el Antiguo Testamento (Is 11,1ss.; 42,1-6; Jer 31,31-34; Jl 3,1-3&#8230;), y por el mismo Cristo (Jn 14,16-17; 15,26-27; 16,8-11; Lc 24,49; He 1,8), se manifieste de forma visible o sacramental, lo que sucede de forma personalizada y particular en el bautismo, y sobre todo en la confirmaci\u00f3n; 2) el mismo antecedente neotestamentario de que el Esp\u00ed\u00adritu se transmite por el bautismo de agua (He 2,38-42; Jn 3,5) y por la imposici\u00f3n de manos de los ap\u00f3stoles (He 8,4-20; 19,1-7), seg\u00fan lo cual aparece dicha sacramentalizaci\u00f3n unida a unos signos concretos; 3) el que la Iglesia, ya desde los primeros siglos, uniera a los ritos posbautismales de la imposici\u00f3n de manos la unci\u00f3n y la signaci\u00f3n, el don del Esp\u00ed\u00adritu, en referencia al bautismo en el Jord\u00e1n o al acontecimiento de Pentecost\u00e9s.<\/p>\n<p>b) En la primera tradici\u00f3n de la Iglesia, hasta el siglo V, los ritos pos-bautismales (imposici\u00f3n de manos, unci\u00f3n, signaci\u00f3n) son parte integrante de la iniciaci\u00f3n bautismal. La unidad de los diversos elementos iniciatorios se pone de relieve no s\u00f3lo porque el \u00fanico ministro (hasta el siglo IV) suele ser el obispo y porque la celebraci\u00f3n en que tienen lugar es \u00fanica (Vigilia pascual) sino tambi\u00e9n porque los diversos ritos se entienden y explican en mutua referencia din\u00e1mica, como partes integrantes de una totalidad. Tal unidad ser\u00e1 te\u00f3ricamente defendida y ritualmente expresada hasta la Edad media, en caso de que fuera el obispo el que realizaba la iniciaci\u00f3n en fechas como la Vigilia pascual o Pentecost\u00e9s. Pero, de hecho, esta unidad ya se rompe en la mayor\u00ed\u00ada de los casos a partir del siglo V, con excepci\u00f3n de las Iglesias orientales.<\/p>\n<p>c) Esta ruptura da lugar a una nueva ordenaci\u00f3n pr\u00e1ctica de la iniciaci\u00f3n, que en el caso de los ni\u00f1os ser\u00e1 as\u00ed\u00ad: bautismo por el sacerdote o di\u00e1cono al poco tiempo de nacer (las fechas m\u00e1s se\u00f1aladas ser\u00e1n Pascua y Pentecost\u00e9s); comuni\u00f3n a los bautizados bajo la especie del vino (costumbre que desapareci\u00f3 hacia el siglo XI, imponi\u00e9ndose m\u00e1s tarde la edad del uso de raz\u00f3n); confirmaci\u00f3n cuando el obispo visitaba las comunidades (a todas las edades pr\u00e1cticamente); participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada de la comunidad adulta (que suced\u00ed\u00ada antes de la confirmaci\u00f3n, si la visita del obispo se retrasaba).<br \/>\nd) En la Edad media los liturgistas buscar\u00e1n una configuraci\u00f3n ritual para la celebraci\u00f3n de la confirmaci\u00f3n, y los te\u00f3logos escol\u00e1sticos una identidad teol\u00f3gica para el sacramento, que implica estos aspectos: la confirmaci\u00f3n es uno de los siete sacramentos, instituido de alg\u00fan modo por Cristo, que infunde car\u00e1cter, aumenta la gracia de los bautizados, da el Esp\u00ed\u00adritu como fuerza para la lucha y es administrado por el obispo como ministro ordinario, por el signo de la crismaci\u00f3n con la imposici\u00f3n de manos, a quienes han llegado al uso de raz\u00f3n. El concilio de Trento asumir\u00e1 esta identidad confirmatoria (DS 1628-1630), pasando a ser posteriormente una pac\u00ed\u00adfica posesi\u00f3n teol\u00f3gica, encarnada en una praxis sin grandes conflictos.<\/p>\n<p>e) El Vaticano II (LG 11, 33; AA 3; AG 11, 36) y el Ritual de la confirmaci\u00f3n (a\u00f1o 1972) han renovado, en gran medida, la teolog\u00ed\u00ada y la misma celebraci\u00f3n lit\u00fargica del sacramento. En el Ritual son de destacar los siguientes aspectos: 1) nueva determinaci\u00f3n del rito sacramental esencial de la confirmaci\u00f3n (materia y forma); 2) unidad din\u00e1mica sacramental entre bautismo, confirmaci\u00f3n y eucarist\u00ed\u00ada; 3) complementariedad teol\u00f3gica de los diversos aspectos; 4) necesidad de preparaci\u00f3n catequ\u00e9tica; 5) participaci\u00f3n de la comunidad cristiana, por ser acontecimiento eclesial; 6) clarificaci\u00f3n y valoraci\u00f3n de los ministros que intervienen: desde el obispo, ministro originario, hasta los catequistas, padres, padrinos, educadores&#8230;<\/p>\n<p>3. PERSPECTIVA TEOL\u00ed\u201cGICA. Seg\u00fan se desprende de la permanente doctrina de la Iglesia, renovada en el Vaticano II, los n\u00facleos tem\u00e1ticos m\u00e1s importantes de la confirmaci\u00f3n son: 1) la confirmaci\u00f3n es un sacramento de la iniciaci\u00f3n cristiana; 2) que confiere el don del Esp\u00ed\u00adritu pentecostal; 3) como fuerza para el crecimiento personal en la vida cristiana; 4) y para la edificaci\u00f3n de la Iglesia; 5) especialmente por medio de un testimonio en el mundo y ante los hombres. Ahora bien, en s\u00ed\u00ad ninguno de estos aspectos es exclusivo del sacramento de la confirmaci\u00f3n. Todos ellos, por otra parte, se expresan y realizan en la confirmaci\u00f3n con rasgos originales, manifestando as\u00ed\u00ad la especificidad del sacramento.<\/p>\n<p>a) Aspectos teol\u00f3gicos de la confirmaci\u00f3n. Afirmamos que la confirmaci\u00f3n es un sacramento de la iniciaci\u00f3n cristiana. Pero el bautismo es el sacramento de la iniciaci\u00f3n por antonomasia. Sin embargo, en la confirmaci\u00f3n descubrimos un momento original, no s\u00f3lo porque expresa, celebra y realiza principalmente un aspecto del misterio de Cristo (Pentecost\u00e9s), sino tambi\u00e9n porque realiza e integra de un modo peculiar en la Iglesia (tareas para su edificaci\u00f3n), y porque manifiesta el encuentro de gracia del hombre con Dios en una situaci\u00f3n concreta (la propia del confirmando).<\/p>\n<p>Si decimos que la confirmaci\u00f3n es el don del Esp\u00ed\u00adritu (cf IC 55), debemos afirmar tambi\u00e9n que el bautismo nos hace renacer a la vida en el agua y el Esp\u00ed\u00adritu. No hay dos Esp\u00ed\u00adritus sino uno, que act\u00faa en nosotros tanto en el bautismo como en la confirmaci\u00f3n. Sin embargo, es preciso decir tambi\u00e9n que el Esp\u00ed\u00adritu en la confirmaci\u00f3n se nos da de un modo especial, a semejanza de Pentecost\u00e9s, nos sella de una manera propia como don escatol\u00f3gico, nos caracteriza con una definitividad peculiar como miembros del Cuerpo de la Iglesia, nos fortalece con nuevo dinamismo en vistas a la santificaci\u00f3n y el testimonio.<\/p>\n<p>Si consideramos la confirmaci\u00f3n como un perfeccionamiento de la vida cristiana, hemos de reconocer que esto tambi\u00e9n se da en los dem\u00e1s sacramentos. La diferencia est\u00e1 en que en la confirmaci\u00f3n se significa de forma especial este perfeccionamiento. Pues si el bautismo nos hace part\u00ed\u00adcipes de la gracia pascual, la confirmaci\u00f3n nos hace part\u00ed\u00adcipes del don culminante de la Pascua; si el bautismo perdona nuestros pecados y nos da la vida de Dios, la confirmaci\u00f3n nos hace part\u00ed\u00adcipes del don pentecostal del Esp\u00ed\u00adritu que nos compromete en la misi\u00f3n y lucha contra el pecado en el mundo; y si el bautismo es el principio desencadenante del proceso de iniciaci\u00f3n, la confirmaci\u00f3n es el avance y perfeccionamiento del mismo proceso hacia su plenitud: \u00abdada la unidad entre los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n [bautismo, confirmaci\u00f3n y eucarist\u00ed\u00ada], esta queda incompleta si falta la confirmaci\u00f3n\u00bb (IC 55).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n afirmamos que la confirmaci\u00f3n tiene una dimensi\u00f3n eclesial y se da para la edificaci\u00f3n de la Iglesia. Esto lo podemos afirmar igualmente del bautismo y de los dem\u00e1s sacramentos, especialmente la eucarist\u00ed\u00ada. Sin embargo, la confirmaci\u00f3n realiza este aspecto de forma especial. Pues, si por el bautismo somos incorporados a la Iglesia, por la confirmaci\u00f3n asumimos personalmente nuestra pertenencia, somos asociados a su edificaci\u00f3n hist\u00f3rica, somos integrados m\u00e1s din\u00e1micamente a su misi\u00f3n prof\u00e9tica, sacerdotal y real y somos orientados \u00abhacia una m\u00e1s intensa y perfecta participaci\u00f3n en el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico\u00bb (IC 55). La confirmaci\u00f3n, por la presencia del obispo, manifiesta la comuni\u00f3n del confirmado con toda la Iglesia y su misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Digamos, en fin, que si la confirmaci\u00f3n compromete al testimonio y al cumplimiento de la misi\u00f3n prof\u00e9tica, este compromiso y misi\u00f3n ya se hab\u00ed\u00adan dado en el bautismo, y est\u00e1n presentes en los dem\u00e1s sacramentos. No obstante, nada impide afirmar que la confirmaci\u00f3n es un sacramento que compromete al testimonio y nos hace profetas de un modo especial. Por la confirmaci\u00f3n asumimos este testimonio personalmente, en la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu pentecostal. All\u00ed\u00ad se trataba fundamentalmente de ser cristiano, aqu\u00ed\u00ad se trata sobre todo de actuar como cristiano de cara al mundo, la sociedad, las estructuras&#8230; En el bautismo fuimos ya constituidos profetas; en la confirmaci\u00f3n somos proclamados oficialmente como tales ante la comunidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>b) Especificidad teol\u00f3gica de la confirmaci\u00f3n. El aspecto m\u00e1s espec\u00ed\u00adfico de la confirmaci\u00f3n es el de su directa referencia al acontecimiento de Pentecost\u00e9s, como momento integrante y punto culminante del misterio pascual de Cristo. El fundamento de la distinci\u00f3n no puede ponerse en el don del Esp\u00ed\u00adritu mismo, ni siquiera en el don del Esp\u00ed\u00adritu pentecostal, sino en el acontecimiento global que supone Pentecost\u00e9s, con sus repercusiones personales y eclesiales. Para la Iglesia, Pentecost\u00e9s supone la inauguraci\u00f3n de su misi\u00f3n en el mundo, la constituci\u00f3n de esta misma comunidad en la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu&#8230; Desde el punto de vista individual, Pentecost\u00e9s supone el culmen de una transformaci\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu. Ahora se extiende a todos, con la efusi\u00f3n extraordinaria del Esp\u00ed\u00adritu, el compromiso de una participaci\u00f3n en la edificaci\u00f3n de la Iglesia, la valent\u00ed\u00ada para el testimonio.<\/p>\n<p>4. PERSPECTIVA PASTORAL. Ofrecemos algunos criterios y sugerencias concretas para orientar de modo adecuado la pastoral de la confirmaci\u00f3n: 1) Toda pastoral de confirmaci\u00f3n debe tener en cuenta la pluralidad de opciones pastorales que han existido y existen en la Iglesia al respecto, evitando la tentaci\u00f3n de exaltaci\u00f3n o exclusivismo. 2) Los pastores y agentes de pastoral no pueden caer en la tentaci\u00f3n de instrumentalizar un sacramento a tenor de la mentalidad de una \u00e9poca; ni reducirlo a unos aspectos pedag\u00f3gicos, psicol\u00f3gicos o personalistas, para promover una determinada pastoral del mismo. 3) La confirmaci\u00f3n no es un sacramento aislado e independiente, sino un sacramento relacionado y dependiente de los dem\u00e1s sacramentos de iniciaci\u00f3n, y de aquellos elementos necesarios para su verdad plena. Se trata de una referencia teol\u00f3gico-din\u00e1mica que tambi\u00e9n tiene que manifestarse visiblemente en la praxis y el rito. 4) Un elemento fundamental, integrante, de la iniciaci\u00f3n cristiana fue desde el principio, y sigue siendo hoy, el catecumenado. Si este elemento catecumenal no llega a realizarse en uno u otro momento del proceso de iniciaci\u00f3n, habr\u00e1 que reconocer que, aun habiendo recibido los ritos sacramentales, tal iniciaci\u00f3n no ha llegado todav\u00ed\u00ada a su plenitud (cf IC 55). 5) Parece llegado el momento apto para renovar el catecumenado; dentro del marco inici\u00e1tico de la Iglesia de occidente, puede ser el que precede a la celebraci\u00f3n del sacramento de la confirmaci\u00f3n, situada a la edad de la adolescencia-juventud. 6) La pastoral de la confirmaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad entendida, puede suponer una reestructuraci\u00f3n del proceso de la iniciaci\u00f3n cristiana. Esta posibilidad se apoya en tres principios: la unidad din\u00e1mica de los sacramentos de iniciaci\u00f3n; la consideraci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n como una totalidad, que comienza con el bautismo, pero acaba con la eucarist\u00ed\u00ada en la comunidad adulta, y la necesidad de recuperar el elemento catecumenal como parte integrante de la iniciaci\u00f3n y medio m\u00e1s v\u00e1lido de posibilitar una respuesta de fe y de ofrecer al mundo una imagen de Iglesia m\u00e1s evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>III. Primera eucarist\u00ed\u00ada e iniciaci\u00f3n cristiana<br \/>\nNos limitamos exclusivamente a lo que es en s\u00ed\u00ad la primera eucarist\u00ed\u00ada o comuni\u00f3n, teniendo en cuenta la distinci\u00f3n que hacemos entre esta eucarist\u00ed\u00ada y la eucarist\u00ed\u00ada de la comunidad adulta (cf IC 57-58, 101-106).<\/p>\n<p>1. ORIGEN Y EVOLUCI\u00ed\u201cN DE LA PRIMERA EUCARIST\u00ed\u008dA. a) Durante los cinco primeros siglos, la primera eucarist\u00ed\u00ada era el momento culminante del proceso catecumenal y de los ritos bautismales. Normalmente, los bautizados eran adultos, si bien poco a poco fue extendi\u00e9ndose el bautismo de ni\u00f1os. En ambos casos, durante esta \u00e9poca, se recibe la comuni\u00f3n inmediatamente despu\u00e9s del bautismo. Con la diferencia l\u00f3gica de que, mientras los adultos pueden luego participar en plenitud en la eucarist\u00ed\u00ada de la comunidad adulta, los ni\u00f1os no pueden hacerlo igualmente.<\/p>\n<p>b) En el siglo V se produce el fen\u00f3meno de la separaci\u00f3n de ritos, y de la pr\u00e1ctica descomposici\u00f3n del sistema de iniciaci\u00f3n originario. Esto no obstante, la pr\u00e1ctica que predomina hasta el siglo XII, es la de darles la comuni\u00f3n inmediatamente despu\u00e9s del bautismo, sin gran ceremonia ni solemnidad. Si son ni\u00f1os incapaces de recibir la comuni\u00f3n bajo la forma s\u00f3lida del pan, se les da la comuni\u00f3n s\u00f3lo bajo la especie del vino. Si son m\u00e1s crecidos, se les da la comuni\u00f3n bajo las dos especies.<\/p>\n<p>c) A partir del siglo XIII, sobre todo en el IV concilio de Letr\u00e1n, se obliga a los ni\u00f1os que llegan al uso de raz\u00f3n a confesar y comulgar (DS 812). En general, la edad de la discreci\u00f3n se sit\u00faa alrededor de los 7-8 a\u00f1os, aunque algunos canonistas defienden que s\u00f3lo se da a partir de los 14 a\u00f1os para los ni\u00f1os y los 12 para las ni\u00f1as. Por tanto, una nueva praxis se impone en la Iglesia, que proh\u00ed\u00adbe la comuni\u00f3n antes de la edad de la discreci\u00f3n, y obliga a ella a partir de esta edad. Aunque es probable que las instrucciones cuaresmales al pueblo supusieran una cierta catequesis tambi\u00e9n para los ni\u00f1os, no se puede decir que antes de Trento fueran objeto de una preparaci\u00f3n catequ\u00e9tica directa.<\/p>\n<p>d) El concilio de Trento acepta la praxis vigente desde el Lateranense IV (DS 1659) y niega la necesidad de comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica de los ni\u00f1os antes de la edad de la discreci\u00f3n (DS 1730). Pero, debido a la renovaci\u00f3n catequ\u00e9tica y pastoral que conlleva, comienza a insistirse en la necesidad de preparaci\u00f3n catequ\u00e9tica para la primera comuni\u00f3n, en la exigencia de un examen especial para los ni\u00f1os que se acercan a la eucarist\u00ed\u00ada, y se llega poco a poco a una solemnizaci\u00f3n de la misma celebraci\u00f3n. Las razones que explican este fen\u00f3meno son diversas; entre ellas se pueden recordar: 1) la influencia de los reformadores con sus cr\u00ed\u00adticas, y su acento en la Palabra y en la preparaci\u00f3n catequ\u00e9tica; 2) la exaltaci\u00f3n de la devoci\u00f3n y la adoraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica frente a tesis protestantes, que la criticaban y rechazaban; 3) el fervor religioso y la demanda de liturgias festivas, como forma de manifestaci\u00f3n de la fe popular; 4) el sentimiento de valoraci\u00f3n progresiva de la infancia, as\u00ed\u00ad como la coherente expresi\u00f3n lit\u00fargica de un rite de passage de la infancia a la adolescencia.<\/p>\n<p>Por todo ello, la primera eucarist\u00ed\u00ada comienza a tener gran relevancia social y eclesial. Es la familia entera la que se ve afectada: se la considera como coronaci\u00f3n de la catequesis; como fiesta para la familia y la comunidad; como momento para la renovaci\u00f3n de la fe y de los compromisos bautismales de los ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Por ello, se incrementan todos los elementos de solemnizaci\u00f3n, que resaltan su car\u00e1cter festivo y su importancia social-comunitaria: se prodigan los cirios, vestidos, angelitos, procesiones, recordatorios&#8230; Adem\u00e1s, ornamentos, cantos, incienso, flores&#8230;<\/p>\n<p>e) Esta es la praxis que perdurar\u00e1 hasta san P\u00ed\u00ado X, quien en su decreto Quam singulari (8.6.1910) pide que la primera comuni\u00f3n se realice al llegar al uso de raz\u00f3n: \u00abLa edad de la discreci\u00f3n, tanto para la comuni\u00f3n como para la confesi\u00f3n, es aquella en la que el ni\u00f1o comienza a razonar, es decir, hacia los siete a\u00f1os, m\u00e1s o menos. El texto se refiere sobre todo a dos errores: el de querer fijar dos edades de discreci\u00f3n diferentes (una m\u00e1s corta para la penitencia y otra m\u00e1s avanzada para la eucarist\u00ed\u00ada, hacia los 12-14 a\u00f1os), y el de exigir con rigor una preparaci\u00f3n extraordinaria de corte jansenista para los ni\u00f1os que tienen derecho a comulgar, siendo as\u00ed\u00ad que la eucarist\u00ed\u00ada no es tanto recompensa cuanto remedio para la fragilidad humana. Finalmente concreta la edad de la discreci\u00f3n seg\u00fan lo indicado. Esta decisi\u00f3n, tomada especialmente contra las costumbres extendidas en Francia, fue y sigue siendo hoy muy discutida.<\/p>\n<p>2. VALORACI\u00ed\u201cN TEOL\u00ed\u201cGICA. Defendemos que la primera eucarist\u00ed\u00ada debe ser valorada, pero tambi\u00e9n relativizada en funci\u00f3n de los otros momentos integrantes de la iniciaci\u00f3n cristiana, y en especial en relaci\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada de la comunidad adulta. La cuesti\u00f3n es esta: \u00bfqu\u00e9 valor dar a la primera eucarist\u00ed\u00ada dentro de la iniciaci\u00f3n?<br \/>\na) La primera participaci\u00f3n \u00abpedag\u00f3gica\u00bb en la eucarist\u00ed\u00ada. Creemos que, aun siendo la eucarist\u00ed\u00ada el punto culminante de la iniciaci\u00f3n cristiana, no puede considerarse a la primera eucarist\u00ed\u00ada con ni\u00f1os como tal momento, al menos desde un punto de vista personal comunitario, dadas las circunstancias y situaciones en que se celebra; sino que m\u00e1s bien debe ser considerada como el primer momento de una pedagog\u00ed\u00ada eucar\u00ed\u00adstica, en vistas a la participaci\u00f3n plena en la eucarist\u00ed\u00ada de la comunidad adulta, que se dar\u00e1 en otro momento (cf IC 105). En nuestra opini\u00f3n, la pieza clave que decide sobre la salvaguarda de la unidad din\u00e1mica de los sacramentos de iniciaci\u00f3n y acerca del mantenimiento de la eucarist\u00ed\u00ada como momento culmen de la misma, es la valoraci\u00f3n teol\u00f3gica y pastoral que se da a la primera participaci\u00f3n de los ni\u00f1os en la eucarist\u00ed\u00ada. Mientras se siga celebrando a la edad del uso de raz\u00f3n, parece m\u00e1s l\u00f3gico que sea considerada, desde la perspectiva del sujeto, como el primer paso que anticipa y comienza a preparar, durante el per\u00ed\u00adodo de la infancia, ese otro momento de la participaci\u00f3n plena en la eucarist\u00ed\u00ada de la comunidad adulta. Las razones en que basamos nuestra opini\u00f3n son de diverso orden y hay que apreciarlas conjuntamente: 1) Por historia: no se puede comparar esta eucarist\u00ed\u00ada, en cuanto a participaci\u00f3n personal, con la que ten\u00ed\u00ada lugar al final del proceso de iniciaci\u00f3n (catecumenado) en los primeros siglos. 2) Por sentido teol\u00f3gico: la eucarist\u00ed\u00ada no es s\u00f3lo la comuni\u00f3n; es la expresi\u00f3n de la Iglesia entera, de la pertenencia eclesial, de la participaci\u00f3n en la vida y en la misi\u00f3n de la Iglesia. Ahora bien, un ni\u00f1o dif\u00ed\u00adcilmente puede vivir estos sentidos y asumirlos para la vida. 3) Por integridad inici\u00e1tica: como expresa la tradici\u00f3n y ense\u00f1anza de la Iglesia, esta iniciaci\u00f3n debe atender no s\u00f3lo a un elemento (gracia divina), sino a la totalidad de elementos: aceptaci\u00f3n por la conversi\u00f3n y la fe, experiencia comunitaria, pertenencia eclesial, nueva vida en Cristo&#8230; 4) Por su significado sem\u00e1ntico: se trata de la primera eucarist\u00ed\u00ada, a la que tienen que suceder otras en las que, poco a poco, ir\u00e1n descubriendo la plenitud del sentido eucar\u00ed\u00adstico y de sus derechos y deberes eclesiales. 5) Por reconocimiento eclesial: la existencia del Directorio de la misa con ni\u00f1os, y sus diferencias en cuanto a expresi\u00f3n y participaci\u00f3n con la eucarist\u00ed\u00ada de adultos, es tambi\u00e9n una raz\u00f3n en la que puede apoyarse la distinci\u00f3n que defendemos. 6) Por exigencia lit\u00fargica: pues la liturgia debe adaptarse a la capacidad y sensibilidad de los ni\u00f1os; estos tienen todav\u00ed\u00ada una capacidad m\u00ed\u00adnima de asumir los diversos servicios y ministerios, y es imposible asimilar su participaci\u00f3n a la de los adultos. Los ni\u00f1os pueden participar en la eucarist\u00ed\u00ada con los adultos, pero no como adultos&#8230;<\/p>\n<p>b) Primera eucarist\u00ed\u00ada y la eucarist\u00ed\u00ada de la comunidad adulta. La primera eucarist\u00ed\u00ada es el comienzo pedag\u00f3gico de una iniciaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, que debe progresar, signific\u00e1ndose este progreso en la diferente forma de participaci\u00f3n, en la mayor profundidad de la catequesis eucar\u00ed\u00adstica, en las experiencias diversas de participaci\u00f3n&#8230; hasta llegar a la plena participaci\u00f3n consciente, libre y responsable, con ejercicio de los plenos derechos y deberes, y con el desempe\u00f1o de los diversos servicios-ministerios. Ontol\u00f3gicamente, teol\u00f3gica y eclesialmente, a la primera eucarist\u00ed\u00ada no le falta ninguno de los elementos que la constituyen. Pero subjetiva y comunitariamente, tiene de incompleto la propia limitaci\u00f3n de la capacidad del ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Esto no quiere decir, sin embargo, que el ni\u00f1o no pueda participar bien, e incluso mejor que el adulto; pero a su modo, con su capacidad de acogida, comprensi\u00f3n y compromiso. La eucarist\u00ed\u00ada de la comunidad adulta es aquella en la que los miembros participan poniendo en vivo su identidad cristiana eclesial y asumiendo todos sus derechos y deberes dentro y fuera de la celebraci\u00f3n. Y esta eucarist\u00ed\u00ada creemos que s\u00f3lo puede llegar a vivirse as\u00ed\u00ad despu\u00e9s de un proceso de crecimiento y catecumenado, que es el que nosotros proponemos antes de la confirmaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La diferencia entre una eucarist\u00ed\u00ada y otra podr\u00ed\u00ada marcarse de diferente manera: 1) Eucarist\u00ed\u00ada dominical con ni\u00f1os, por regla general. 2) Invitaci\u00f3n a participar con la comunidad adulta en algunas festividades o domingos durante el a\u00f1o. 3) Presentaci\u00f3n a la asamblea adulta despu\u00e9s de la confirmaci\u00f3n, y acogida de esta en una celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica especial. 4) Comienzo de un ejercicio de servicios y ministerios lit\u00fargicos a partir de ese momento&#8230;<\/p>\n<p>c) Confirmaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica-eucarist\u00ed\u00ada confirmatoria. El que la confirmaci\u00f3n se celebre despu\u00e9s de la primera eucarist\u00ed\u00ada creemos que no puede considerarse ni como un error teol\u00f3gico ni como una anomal\u00ed\u00ada lit\u00fargica, si se entiende la iniciaci\u00f3n como un proceso din\u00e1mico global. Cuando se comienza la iniciaci\u00f3n de un ni\u00f1o con el bautismo, y se cuenta con el serio deseo y prop\u00f3sito de continuar el proceso iniciatorio, orientado din\u00e1micamente a la realizaci\u00f3n de las distintas etapas sacramentales y elementos que lo constituyen (catequesis-catecumenado, confirmaci\u00f3n, eucarist\u00ed\u00ada), no hay dificultad especial para celebrar la primera eucarist\u00ed\u00ada antes de haber recibido la confirmaci\u00f3n, ni para celebrar posteriormente la confirmaci\u00f3n, sin oponerse a su finalizaci\u00f3n fundamental en la eucarist\u00ed\u00ada adulta.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n de la primera eucarist\u00ed\u00ada antes de la confirmaci\u00f3n no es una contradicci\u00f3n teol\u00f3gica, pues el don del Esp\u00ed\u00adritu que se presupone para la participaci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, ya se ha recibido en el bautismo en el agua y en el Esp\u00ed\u00adritu, y se tiene el voto de participar del mismo Esp\u00ed\u00adritu pentecostal por la confirmaci\u00f3n. La eucarist\u00ed\u00ada siempre es confirmatoria, porque implica el Esp\u00ed\u00adritu bautismal, que es el mismo que el de la confirmaci\u00f3n, y nos reanima y fortalece en dicho Esp\u00ed\u00adritu. Sea cual sea la edad y el momento en que se celebre la confirmaci\u00f3n, siempre ser\u00e1 la eucarist\u00ed\u00ada posterior de la comunidad adulta la culminaci\u00f3n de la iniciaci\u00f3n cristiana y el centro y el culmen de la vida bautismal y confirmatoria. De igual modo, la confirmaci\u00f3n siempre ser\u00e1 eucar\u00ed\u00adstica, no s\u00f3lo en cuanto confirmadora de la primera y segunda y&#8230; eucarist\u00ed\u00adas, sino tambi\u00e9n porque ella misma significa la plena disposici\u00f3n subjetiva a la participaci\u00f3n en la eucarist\u00ed\u00ada de la comunidad adulta con todos los derechos y deberes.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., El sacramento del Esp\u00ed\u00adritu. La confirmaci\u00f3n en la Iglesia de hoy, PPC, Madrid 1976; BOROBIO D., Confirmar hoy L\u2020\u00a2 De la teolog\u00ed\u00ada a la praxis (tratado teol\u00f3gico), Secretariado de liturgia, Bilbao 1974, II: Gu\u00ed\u00ada doctrinal del catequista (Contenidos y din\u00e1mica catecumenal para el catequista), Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 19879, III: Libro del confirmando (Contenidos y din\u00e1mica catecumenal para el confirmando), Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1988; Proyecto de iniciaci\u00f3n cristiana, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1982; Confirmaci\u00f3n, en C. FLORIST\u00ed\u0081N-J. J. TAMAYO, Conceptos fundamentales de pastoral, Cristiandad, Madrid 19832, 178-199; Confirmaci\u00f3n e iniciaci\u00f3n cristiana, Teolog\u00ed\u00ada y Catequesis 21 (1987) 25-46; Bautismo de ni\u00f1os y confirmaci\u00f3n. Problemas teol\u00f3gico-pastorales, SM, Madrid 1987; Confirmaci\u00f3n e iniciaci\u00f3n cristiana, en AA.VV., La Sant\u00ed\u00adsima Trinidad y la confirmaci\u00f3n, Secretariado Trinitario, Salamanca 1993, 165-200; La iniciaci\u00f3n cristiana, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1996; BOURGEOIS H., El futuro de la confirmaci\u00f3n, San Pablo, Madrid 1973; CASTELLANO CERVERA J., Iniciaci\u00f3n cristiana, en DE FLORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 19919, 965-985; CONFERENCIA EPISCOPAL ESPA\u00ed\u2018OLA, La iniciaci\u00f3n cristiana. Reflexiones y orientaciones, Edice, Madrid 1999; DACQUINO P., Battessimo e cresima, Ldc, Leumann-Tur\u00ed\u00adn 1970; DUJARIER M., Iniciaci\u00f3n cristiana de adultos, Descl\u00e9e de Brouwer, Bilbao 1986; GARC\u00ed\u008dA PAREDES J. C. R., Iniciaci\u00f3n cristiana y eucarist\u00ed\u00ada, San Pablo, Madrid 1992; HAMMAN A., El bautismo y la confirmaci\u00f3n, Herder, Barcelona 19829; KELLER M. 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Perspectiva teol\u00f3gica; 5. Perspectiva pastoral. II. La confirmaci\u00f3n: 1. Perspectiva antropol\u00f3gica; 2. Perspectiva hist\u00f3rico-lit\u00fargica; 3. Perspectiva teol\u00f3gica; 4. Perspectiva pastoral. III. Primera eucarist\u00ed\u00ada e iniciaci\u00f3n cristiana; 1. Origen y evoluci\u00f3n de la primera eucarist\u00ed\u00ada; 2. Valoraci\u00f3n teol\u00f3gica. Nuestro objetivo es presentar, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/sacramentos-de-la-iniciacion-cristiana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSACRAMENTOS DE LA INICIACION CRISTIANA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17050","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17050","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17050"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17050\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17050"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17050"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17050"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}