{"id":17051,"date":"2016-02-05T11:06:32","date_gmt":"2016-02-05T16:06:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/salvacion-redencionliberacion\/"},"modified":"2016-02-05T11:06:32","modified_gmt":"2016-02-05T16:06:32","slug":"salvacion-redencionliberacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/salvacion-redencionliberacion\/","title":{"rendered":"SALVACION-REDENCIONLIBERACION"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Contenido sem\u00e1ntico, vivencial y doctrinal. II. Salvaci\u00f3n, redenci\u00f3n y liberaci\u00f3n en la Biblia. III. Salvaci\u00f3n, redenci\u00f3n y liberaci\u00f3n en la tradici\u00f3n cristiana. IV. Catequesis de la salvaci\u00f3n y la liberaci\u00f3n: 1. Para adultos y j\u00f3venes; 2. Para adolescentes; 3. Para ni\u00f1os.<\/p>\n<p>I. Contenido sem\u00e1ntico, vivencial y doctrinal<br \/>\nEducar la fe en la salvaci\u00f3n, en la redenci\u00f3n y en la liberaci\u00f3n es todo uno: encaminar a comprender, vivir, celebrar y comunicar lo central de la obra y revelaci\u00f3n divina. No obstante, puede entenderse en forma diversa a partir del significado principal de cada una de estas tres palabras b\u00ed\u00adblicas. Dicha diversidad puede llevar a diferencias menores leg\u00ed\u00adtimas, o a gruesos reduccionismos que es preciso superar para mantenerse en comuni\u00f3n con la fe de la Iglesia.<\/p>\n<p>a) La salvaci\u00f3n se opone a un mal que compromete la totalidad de la persona: la muerte, el dolor, la culpa, el no saber de s\u00ed\u00ad ni de la realidad, la infelicidad, el ser m\u00ed\u00adsero como persona, la vida vac\u00ed\u00ada o sin sentido, el desamparo, la soledad, la carencia de amor, el ser nadie por falta de comunidad (familia, patria) donde se comparte y reconoce una identidad. El inicio de la salvaci\u00f3n es el paso de la nada al ser, de modo que, para el cristiano, la creaci\u00f3n es el comienzo de la historia de la salvaci\u00f3n personal y colectiva. Esa historia de salvaci\u00f3n pasa por el cumplimiento de una pro-mesa de vida mejor en una tierra que, en una lectura cristiana, simboliza adem\u00e1s otros bienes ultraterrenos y definitivos. Adem\u00e1s de oponerse a algo negativo o carencia, la salvaci\u00f3n tiene una meta: una plenitud de ser, beatificante por la uni\u00f3n con el pleno ser que es Dios y, en \u00e9l, con las dem\u00e1s personas en comuni\u00f3n con \u00e9l y con el cosmos (cf DGC 101). Para el cristiano, la salvaci\u00f3n se relaciona no s\u00f3lo con una iluminaci\u00f3n para vivir sabiamente en el mundo, como ocurre en las religiones orientales cl\u00e1sicas, sino tambi\u00e9n con la escatolog\u00ed\u00ada, con el goce, iniciado en este mundo, del reino de Dios revelado plenamente por Jesucristo resucitado. Se le opone la perdici\u00f3n o infierno: la dolorosa exclusi\u00f3n definitiva respecto de la uni\u00f3n gozosa y eterna con Dios y con sus amados. Interesa tambi\u00e9n el camino para obtener la salvaci\u00f3n, que es seguir a Jesucristo acogiendo una invitaci\u00f3n y gracia de Dios a la que se responde por el agradecido amor a Dios y al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>b) La redenci\u00f3n se siente como el ser agraciado por un redentor que gratuitamente toma a su cargo el peso 1 de la culpa dej\u00e1ndolo libre de ella, y 1 como el goce de un rescate que suprime una prisi\u00f3n o una esclavitud con su peso de dependencia y limitaci\u00f3n. En lenguaje cristiano, la redenci\u00f3n consiste en el don de la justificaci\u00f3n por el perd\u00f3n, que hace pasar del estado de pecado al de comuni\u00f3n con l Dios o santidad.<\/p>\n<p>c) La liberaci\u00f3n alude a un cambio desde la opresi\u00f3n y esclavitud individual o colectiva, hacia una situaci\u00f3n opuesta. Ser liberado es, en la Biblia, sanar de una enfermedad, a veces cargada de simbolismo, como la ceguera, la par\u00e1lisis o la lepra; tambi\u00e9n lo es salir de la pobreza, superar la ignorancia, dejar la prisi\u00f3n, retornar del exilio y emanciparse de un poder individual o colectivo humillante y de la esclavitud del pecado. El paso de las tinieblas a la luz, de la lepra o de la posesi\u00f3n diab\u00f3lica a la sanaci\u00f3n, de la indigencia a la riqueza suficiente para una vida digna, de la esclavitud bajo diferentes tipos de tiran\u00ed\u00ada a la libertad, de la insignificancia personal o colectiva a la condici\u00f3n de hijo de Dios o de pueblo de Dios, son cambios existenciales que en la Biblia tienen importancia en s\u00ed\u00ad mismos, adem\u00e1s de anunciar una liberaci\u00f3n radical de la solidaridad en el pecado de la humanidad y del pecado personal (cf DGC 103).<\/p>\n<p>Anunciar a Cristo Salvador, Redentor y Liberador es lo mismo, pues la salvaci\u00f3n integral equivale a la redenci\u00f3n plena y a la liberaci\u00f3n total. Sin embargo, las nociones de salvaci\u00f3n y redenci\u00f3n se han entendido en amplias \u00e9pocas y lugares en sentido individual, desligando de sus implicaciones comunitarias y sociales aun los sacramentos, como si cada uno hubiera de salvarse aisladamente. Desde fuera y desde dentro se ha llegado a interpretar el cristianismo como la doctrina m\u00e1s individualista de todas. A esto se opone frontalmente el Vaticano II (cf LG 9).<\/p>\n<p>Otro defecto que pes\u00f3 por siglos en la catequesis fue concebir la salvaci\u00f3n como asunto del \u00faltimo instante de la vida, por lo cual la doctrina se organiz\u00f3 m\u00e1s para bien morir que para vivir bien, descuidando la misi\u00f3n positiva del cristiano en este mundo, donde la salvaci\u00f3n o la perdici\u00f3n se viven ya ahora, aunque lo que hemos de ser definitivamente no aparece a\u00fan (cf 1Jn 3,2-10). Despu\u00e9s de un siglo de magisterio social pontificio, Juan Pablo II tuvo que pedir que se incorporara en la catequesis com\u00fan de los fieles la doctrina social de la Iglesia (CT 29), lo cual realiza el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica en su tercera parte.<\/p>\n<p>La redenci\u00f3n se ha explicado err\u00f3neamente en muchas catequesis como el pago inescapable de una pena por Jesucristo, obediente a un Padre que sin una v\u00ed\u00adctima no habr\u00ed\u00ada perdonado. Esta aberraci\u00f3n deriva de una interpretaci\u00f3n indebida de s\u00ed\u00admbolos tales como precio de compra y de rescate (cf lCor 6,20; 7,23), que no deben inducir a una imagen de Padre implacable, opuesta a la revelaci\u00f3n de que \u00abDios es amor\u00bb (1Jn 4,8.16) y autor de nuestra salvaci\u00f3n (cf Lc 1,47.68), a cuyo plan obedece su Hijo tambi\u00e9n por amor y no por compulsi\u00f3n (cf Jn 3,16s). Es ajena a la doctrina cat\u00f3lica una interpretaci\u00f3n de ciertos giros de los evangelistas (cf Mt 26,54.56; Jn 19,28.36s.), seg\u00fan la cual Jesucristo cumpli\u00f3 las Escrituras porque sus actos estaban predichos, en vez de comprender las profec\u00ed\u00adas como comunicaciones de Dios, siempre presente, a los profetas (cf Jn 8,56; 12,41; Mc 14,13-15) de lo que hacen los seres libres (cf Jn 10,17s). Juan Pablo II ha precisado el car\u00e1cter libre y voluntario de la redenci\u00f3n por Jesucristo, cuya entrega muestra el amor del Padre que \u00abse acerca de nuevo en \u00e9l a la humanidad\u00bb (RH 9) y ha destacado los aspectos sociales del pecado (cf RP 16).<\/p>\n<p>Otros han entendido la liberaci\u00f3n cristiana s\u00f3lo en sentido psicol\u00f3gico y social, llegando a una interpretaci\u00f3n puramente humanista, y aun materialista, no s\u00f3lo de la liberaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n de la persona de Jesucristo, despojado de su divinidad y de su reino transmundano. La Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe ha publicado dos Instrucciones para precisar la doctrina cat\u00f3lica de la liberaci\u00f3n: Libertatis nuntius (LN) y Libertatis conscientia (LC). Es preciso presentar la revelaci\u00f3n divina como un mensaje de liberaci\u00f3n: \u00f3ntica, vale decir, del pecado; ps\u00ed\u00adquica, o sea, de todas las angustias derivadas del mal, y social, es decir, de todos los poderes y estructuras del mundo que tienden a oprimirnos, a condicionamos y a acallarnos. La palabra de Dios hecha carne es la verdad que nos hace libres (cf Jn 8,31s.), a medida que la asumimos en todas sus consecuencias. A descubrir las estructuras opresivas y sus consecuencias nos ayudan las ciencias humanas (cf LC 72). La catequesis de la salvaci\u00f3n, redenci\u00f3n y liberaci\u00f3n se propone precisamente acompa\u00f1ar y ayudar en este proceso que lleva a la madurez de la libertad para la solidaridad, seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de Cristo (cf G\u00e1l 5,1.13), como condici\u00f3n para reinar con Cristo en la vida eterna.<\/p>\n<p>II. Salvaci\u00f3n, redenci\u00f3n y liberaci\u00f3n en la Biblia<br \/>\nLa Biblia presenta al ser humano con dignidad y car\u00e1cter comunitario semejantes a Dios (cf G\u00e9n 1,26-28), encargado por \u00e9l de gobernar el mundo con santidad y justicia (cf Sab 9,1-4), que en cambio pervierte las relaciones con Dios (cf G\u00e9n 3,8-11), entre hombre y mujer (cf G\u00e9n 3,12), entre hermanos (cf G\u00e9n 4,8) y en el mundo (cf G\u00e9n 4,23).<\/p>\n<p>a) La salvaci\u00f3n de la humanidad se manifiesta a Israel cuando Dios \u00abrescata\u00bb a Abrah\u00e1n del servicio a otros dioses (Is 29,22) y le encomienda a \u00e9l y a sus descendientes anunciarla a todos los pueblos (cf G\u00e9n 12,1-3). Dios muestra su grandeza en la liberaci\u00f3n de su pueblo de la esclavitud de Egipto, que culmina en la Alianza en el Sina\u00ed\u00ad (cf Ex 20, I s.; Dt 5,6). En la tierra prometida, Dios suscita caudillos que salvan a los israelitas de quienes los despojan (cf Jue 2,16). M\u00e1s tarde consagra reyes que deben obedecerle (cf Dt 17,18-20) y hacer justicia a los pobres (cf Sal 72). Dios, en su Alianza, exige vivir la justicia y castiga con energ\u00ed\u00ada la injusticia de los poderosos. Env\u00ed\u00ada profetas a corregir a su pueblo para que lo honre mediante la justicia con los pobres, m\u00e1s que mediante actos de culto (cf Is 1,11-17). Le recuerda que \u00e9l es su redentor gratuito por una Alianza ofrecida libremente (cf Is 41,8-14).<\/p>\n<p>En el Antiguo Testamento, la acci\u00f3n de rescatar se refiere al derecho tradicional primitivo de cobrar la vida de un asesino (cf N\u00fam 35,19), o al derecho legal del pariente m\u00e1s pr\u00f3ximo de recuperar por compra los bienes de familia (cf Lev 25,25). Dios rescata a Israel del exilio en Babilonia (cf Is 51,9-11; Jer 23,7s.), no hace diferencia entre israelitas y et\u00ed\u00adopes (o cusitas) y saca \u00aba los filisteos de Creta y a los sirios de Quir\u00bb (Am 9,7), mostrando amor a cada pueblo. Los fieles piden a Dios toda clase de bienes y que los libre de diversos males (cf Sal 17,13-15, etc.), y especialmente de sus pecados (cf Sal 51,Is). Por su parte, deben ser justos y clementes con el hu\u00e9rfano, la viuda y el extranjero (cf Dt 24,17), tr\u00ed\u00adada que simboliza a todos los necesitados.<\/p>\n<p>S\u00f3lo Dios salva (cf Is 43,11s). Promete mostrar a las naciones su santidad librando a su pueblo de sus males, y principalmente de su dureza de coraz\u00f3n (cf Ez 36,22-29). Promete a Israel y Jud\u00e1 una alianza nueva y eterna (cf Jer 31,31-34; Ez 37,21-27). La redenci\u00f3n se extender\u00e1 al cosmos (cf Is 65,17; 66,18-22). Los profetas anuncian un Mes\u00ed\u00adas rey, descendiente de David, que traer\u00e1 a todos el derecho y la justicia definitiva (cf Is 9,6s.; Am 9,11s). Ser\u00e1 una salvaci\u00f3n por amor gratuito (cf Os 11,7-9; 14,4-8), universal y eterna (cf Is 51,4-8). Tambi\u00e9n anuncian a un siervo de Yav\u00e9 que cargar\u00e1 con las culpas de todos (cf Is 52,13-53,12). Llaman a la fidelidad, a la unidad y a la paz. Israel se siente luz de las gentes; Jerusal\u00e9n y su templo simbolizan el reino de paz y de justicia esperado por todos los pueblos (cf Sal 122). El Antiguo Testamento prepara la venida del Mes\u00ed\u00adas educando a la justicia. Al frustrase ciertas esperanzas de salvaci\u00f3n inmediata, surgen concepciones apocal\u00ed\u00adpticas de la salvaci\u00f3n, por una transformaci\u00f3n del mundo realizada por Dios, que juzgar\u00e1 a los hombres antes de establecer su reinado de justicia y eterna paz. En los escritos m\u00e1s tard\u00ed\u00ados del Antiguo Testamento aparece la superaci\u00f3n de la muerte por la resurrecci\u00f3n corporal (cf Dan 12,1-3; 2Mac 7,9-23; 12,43-45).<\/p>\n<p>b) Jes\u00fas (en hebreo Yav\u00e9 salva) inicia la redenci\u00f3n al encarnarse como un hijo de mujer (cf G\u00e1l 4,4). Mar\u00ed\u00ada sufre porque muchos rechazan la salvaci\u00f3n que trae su hijo (cf Lc 2,34s). Jes\u00fas padece con Mar\u00ed\u00ada y Jos\u00e9 la pobreza al nacer (cf Le 2,6s.) y luego persecuci\u00f3n y exilio (cf Mt 2,13-15). Hasta los treinta a\u00f1os aprende de Jos\u00e9 el oficio de carpintero (cf Mt 13,55; Mc 6,3) y de Mar\u00ed\u00ada lo que sabe de iluminar la casa (cf Mt 5,15), arreglarla (cf Mt 12,44), barrer y compartir preocupaciones y alegr\u00ed\u00adas con las vecinas (cf Lc 15,8s.), preservar la ropa de polillas (cf Mt 6,19), remendarla (cf Mt 9,16), guardar vino (cf Mt 9,17), hacer pan (cf Mt 13,33), cocinar (cf Jn 21,9). En su hogar crece en sabidur\u00ed\u00ada al procurar ser grato a Dios y a los hombres (cf Lc 2,52). Ha dado libertad \u00aba todos aquellos que, por miedo a la muerte, estaban sometidos durante toda su vida a la esclavitud\u00bb (Heb 2,15). Redime con su vida entregada antes que por su ense\u00f1anza.<\/p>\n<p>Jes\u00fas se presenta como \u00abenviado a llevar la buena noticia a los pobres, a anunciar la libertad a los presos, a dar vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos y a proclamar un a\u00f1o de gracia del Se\u00f1or\u00bb (Le 4,18s.; cf Is 61,1s.; 58,6). Anuncia el reinado de Dios con hechos y palabras (cf Mt 11,4s). Muestra signos de salvaci\u00f3n (cf Jn 2,11; 4,54; 20,30) frente a necesidades humanas de todo orden: cambia agua en vino; acoge ni\u00f1os y mujeres, pobres y extranjeros; sana enfermos, resucita muertos, expulsa demonios, perdona pecados. Ense\u00f1a a las naciones el derecho (cf Mt 12,18), pero supera la justicia (cf Mt 5,20; 6,33) con el amor a Dios y al pr\u00f3jimo (cf Mt 22,34-40; 25,31-46).<\/p>\n<p>Al proclamar la nueva ley en el serm\u00f3n del monte, ofrece la bienaventuranza o salvaci\u00f3n terrenal y celestial a los necesitados (pobres, humildes, sufridos, los que buscan justicia), y a los generosos que los salvar\u00e1n (compasivos, puros de coraz\u00f3n, pacificadores, perseguidos por ser justos).<\/p>\n<p>Anuncia otra vez el cielo a quienes lo sigan a cualquier costo (cf Mt 5,312; Lc 6,22s.); pero hace graves advertencias a los ricos, satisfechos, contentos y aplaudidos del mundo (cf Lc 6,2426). Desaf\u00ed\u00ada a un gobernante indigno (cf Lc 13,3133) y denuncia las autoridades abusivas (cf Mt 20,25). Llama y visita con variado \u00e9xito a ricos y poderosos, y les transmite un mensaje salvador apropiado (cf Mt 6,19-21; Le 12,20s.; ITim 6,17-19).<\/p>\n<p>Es \u00abSalvador de todos los hombres, sobre todo de los creyentes\u00bb (ITim 4,10). Se salvar\u00e1n sin haberle conocido quienes sirven al pr\u00f3jimo (cf Mt 25,31-46) y obedecen su conciencia (cf Rom 2,14-16): la Palabra ilumina a todo hombre (cf Jn 1,9) y el Esp\u00ed\u00adritu sopla donde quiere (cf Jn 3,8). Jes\u00fas ense\u00f1a que salvarse no es posible a los hombres, pero s\u00ed\u00ad a Dios (cf Mt 19,25s). Muestra libremente su amor extremo (cf Jn 13,1) compartiendo el padecimiento de los peque\u00f1os, el encarcelamiento y muerte de las v\u00ed\u00adctimas de la injusticia, y hasta la angustia de quienes se sienten abandonados de Dios (cf Mt 27,46). Con su amor servicial hasta la muerte, viene a rescatar a una multitud (cf Mc 10,45). Invita a beber su sangre \u00abla sangre de la nueva alianza, que ser\u00e1 derramada por todos para la remisi\u00f3n de los pecados\u00bb (Mt 26,27s). Promete consumar la salvaci\u00f3n en su segunda venida (cf Jn 14,1-3). Manda a los ap\u00f3stoles llamar a todos a creer en el evangelio y a recibir el bautismo para salvarse (cf Mc I6,15s). Promete salvaci\u00f3n al que se mantenga firme hasta el fin (cf Mt 10,22; 24,13). Env\u00ed\u00ada su Esp\u00ed\u00adritu a su madre y a los dem\u00e1s disc\u00ed\u00adpulos (cf He 1,14; 2,1-4).<\/p>\n<p>c) Pedro proclama que Jes\u00fas es el \u00fanico salvador enviado por Dios (cf He 4,12). Los primeros cristianos muestran en Jerusal\u00e9n una vida nueva en comunidad de culto, de costumbres y de bienes materiales, manteniendo la diversidad de hogares (cf He 2,42-47; 4,32-35). Surgen fraudes (cf He 5,1-11), conflictos internos (cf He 6,1-6) y persecuci\u00f3n externa (cf He 8,1-3). Al dispersarse los fieles, en vez de comunidad de bienes practican la limosna y las buenas obras (cf He 9,36-39; 11,27-30).<br \/>\nAl confirmar Pedro, Santiago y Juan la misi\u00f3n de Pablo hacia los no jud\u00ed\u00ados, deciden no exigir los pormenores de la ley de Mois\u00e9s, sino preocuparse de los pobres (cf G\u00e1l 2,10). En el concilio de Jerusal\u00e9n, la Iglesia reconoce que la salvaci\u00f3n por obra gratuita de Jesucristo no discrimina entre jud\u00ed\u00ados y no jud\u00ed\u00ados (cf He 15,7-1 I ), no establece ning\u00fan sistema econ\u00f3mico de vida y deja un m\u00ed\u00adnimo de las normas rituales, muy contingentes (cf He 15,28s).<\/p>\n<p>d) Los escritos paulinos presentan la redenci\u00f3n como obra gratuita de Dios (cf Rom 3,24; 4,16; 5,21; ICor 15,10; Ef 2,4-10). El pecado trae muerte (cf Rom 6,23; 8,2), tiraniza al hombre y al cosmos (cf Rom 8,20s). Dios muestra su amor al darnos a su Hijo hasta la muerte (cf Rom 8,32); se reconcilia con los pecadores y con todo el universo, haciendo la paz \u00abpor la sangre de su cruz\u00bb (Col 1,20; cf 2Cor 5,19). \u00abAl que no cometi\u00f3 pecado, [Dios] lo hizo pecado en lugar nuestro, para que nosotros seamos en \u00e9l justicia de Dios\u00bb (2Cor 5,21). Jesucristo se hizo \u00abmaldici\u00f3n por causa nuestra\u00bb (G\u00e1l 3,13) para liberarnos de la maldici\u00f3n que pesaba sobre los incumplidores de la ley antigua (cf Dt 27,26). Tom\u00f3 voluntariamente el lugar del merecedor de castigo (cf Rom 5,6-8). \u00abFue entregado a la muerte por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificaci\u00f3n\u00bb (Rom 4,25; cf 3,25). Somos \u00ablibrados por \u00e9l del castigo\u00bb (Rom 5,9). Dios salva por medio del mensaje de la muerte de Cristo en la cruz (cf 1Cor 1,18-21).<\/p>\n<p>Por el bautismo entramos a formar parte del pueblo de sepultados con Cristo y resucitados con \u00e9l (cf Col 2,12; 3,1-4). Somos consagrados y sellados como suyos (cf 2Cor 1,21s). Cristo nos liber\u00f3 de la ley antigua (cf Rom 7,1-6; G\u00e1l 3,13). Somos hijos de Dios en vez de siervos de la ley (cf G\u00e1l 4,4-7). La nueva ley es el amor (cf G\u00e1l 5,14). Los israelitas erraban pensando alcanzar la salvaci\u00f3n por su cumplimiento de la ley (cf Rom 10,1-3), pues \u00abcon el coraz\u00f3n se cree para la justicia, y con la boca se confiesa la fe para la salvaci\u00f3n\u00bb (Rom 10,10). Los jud\u00ed\u00ados y no jud\u00ed\u00ados que se adhieren a Cristo forman un solo pueblo o familia de Dios, con iguales derechos (cf Ef 2,19). Reciben el Esp\u00ed\u00adritu que libera de la esclavitud y hace hijos y herederos; comparten con Cristo sufrimiento y gloria (cf Rom 8,16s). Ese Esp\u00ed\u00adritu es un anticipo (cf 2Cor 1,22; Rom 8,23). Los liberados est\u00e1n llamados desde hoy (cf 2Cor 6,2) a vivir no \u00abpara s\u00ed\u00ad, sino para quien muri\u00f3 y resucit\u00f3 por ellos\u00bb (2Cor 5,15); a ser \u00abcolaboradores\u00bb en la obra de Dios (2Cor 6,1); a la libertad no ego\u00ed\u00adsta, sino para amar (cf G\u00e1l 5,13s.); a no vivir sometidos a las inclinaciones de nuestra debilidad, sino libres gracias al Esp\u00ed\u00adritu (cf G\u00e1l 5,16-18; 2Cor 3,17); a hacer efectiva la salvaci\u00f3n realizando con la ayuda de Dios los buenos deseos que \u00e9l inspira (cf Flp 2,12s). Por amor a Cristo han de procurar hacer de cada esclavo un hermano libre (cf Flm 11-21).<\/p>\n<p>Hay que obedecer en conciencia a la autoridad que sirve a Dios para el bien (cf Rom 13,1-7). Ofrecer los sufrimientos por la salvaci\u00f3n de otros (cf 2Tim 2,10). \u00abEl fruto [es] la consagraci\u00f3n a Dios y como resultado final la vida eterna\u00bb (Rom 6,22). Esperamos la resurrecci\u00f3n por obra del Esp\u00ed\u00adritu (cf Rom 8,11), la salvaci\u00f3n de nuestros cuerpos (cf Rom 8,23), ser liberados \u00abde la esclavitud de la destrucci\u00f3n para ser admitidos a la libertad gloriosa de los hijos de Dios\u00bb (Rom 8,21). \u00abEs necesario que \u00e9l [Cristo] reine hasta poner a sus enemigos bajo sus pies. El \u00faltimo enemigo en ser destruido es la muerte\u00bb (lCor 15,25s).<\/p>\n<p>e) Los escritos jo\u00e1nicos presentan la maldad, tiniebla y muerte que campean en este mundo (cf Jn 1,5; 3,19-21), vencidas por Jes\u00fas, enviado por el amor de Dios (cf Jn 1,3s.9; 3,16s.) como \u00abluz del mundo\u00bb (Jn 8,1.2; 9,5; cf 12,46) y salvador del mundo (cf Jn 3,17; 1Jn 4,14), \u00abpara que tengamos vida por \u00e9l\u00bb (cf 1Jn 4,9; cf Jn 10,28). El es \u00abla resurrecci\u00f3n y la vida\u00bb (Jn 11,25; cf 14,6; Un 1,2). Se salva quien lo acepta por fe, y se pierde quien \u00abno quiere creer\u00bb (Jn 3,36; cf Jn 3,16-18). Quien cree nace de Dios por el bautismo (cf Jn 1,13; 3,3-5). Jesucristo es la verdad liberadora (cf Jn 8,31s.36; Jn 1,17; 14,6). Trae vida plena (cf Jn 10,10). Entrega su vida por amor (cf Jn 15,13), se ofrece en sacrificio por el perd\u00f3n de los pecados del mundo (cf Un 2,2; 4,10). Para eso ha venido (cf Jn 12,27).<\/p>\n<p>Jes\u00fas, con su vida, glorifica al Padre (cf Jn 17,4), y con su muerte da cabalidad a la obra salvadora (cf Jn 19,30). Desde lo alto de la cruz atrae a todos (cf Jn 12,32s.) para reunir a los hijos dispersos de Dios (cf Jn 11,4952; 10,1 1.15). Estos pasan de la muerte a la vida (cf Jn 5,24; 1Jn 3,14). Jes\u00fas les env\u00ed\u00ada su Esp\u00ed\u00adritu (cf Jn 7,39; 16,7). Por medio de sus disc\u00ed\u00adpulos entrega a los creyentes el perd\u00f3n (cf Jn 20,19-23) y la paz (cf Jn 14,27; 16,33). Se unen en amor con el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf Jn 14,16-23; 17,20-23), y se alegran con los que est\u00e1n unidos a Dios (cf Un 1,3s.; Jn 15,11), como inicio de la comuni\u00f3n de vida eterna (Jn 17,2s.; 1Jn 3,2), la cual comparten con Jes\u00fas (cf Jn 12,26; 14,2s). Para estar unido a Dios hay que abrir el coraz\u00f3n a los necesitados (cf 1Jn 3,17s). Las plagas que Cristo combate son la violencia, la injusticia con los trabajadores, el hambre y las enfermedades (cf Ap 6,1-8), que los fieles enfrentan con valent\u00ed\u00ada (cf Ap 12,17).<\/p>\n<p>f) Otros escritos del Nuevo Testamento complementan la doctrina sobre la salvaci\u00f3n. Los que aman a Jesucristo se alegran porque alcanzan la salvaci\u00f3n (cf 1Pe 1,8s). Celebramos en el bautismo el paso de la muerte a la resurrecci\u00f3n (cf 1Pe 3,21). Al recibir de Dios la gracia para una vida buena, participamos de la naturaleza divina (cf 2Pe 1,2-4) y de un car\u00e1cter sacerdotal (cf l Pe 2,5), como hermanos de Jesucristo (cf Heb 2,10s). \u00abAunque era Hijo, en el sufrimiento aprendi\u00f3 a obedecer; as\u00ed\u00ad alcanz\u00f3 la perfecci\u00f3n y se convirti\u00f3 para todos aquellos que lo obedecen en principio de salvaci\u00f3n eterna\u00bb (Heb 5,8s). Podemos crecer hacia la salvaci\u00f3n aliment\u00e1ndonos de la palabra de Jes\u00fas (cf 1Pe 2,2s.) y cumpliendo su \u00abley perfecta de la libertad\u00bb (Sant 1,25). Hay que respetar sin discriminaci\u00f3n a los pobres (cf Sant 2,1-9). Los ricos han de temer a Dios por confiar en el dinero y no en \u00e9l (cf Sant 4,13-16), por no hacer el bien que pueden (cf Sant 2,15-17; 4,17), por vivir en placeres, lujo e injusticia (cf Sant 5,5s.): el salario negado a los trabajadores clama al cielo (cf Sant 5,1-4).<\/p>\n<p>III. Salvaci\u00f3n, redenci\u00f3n y liberaci\u00f3n en la tradici\u00f3n cristiana<br \/>\na) San Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada ve en Jesucristo el sufrimiento de Dios (Romanos 6, 3). Or\u00ed\u00adgenes agrega: \u00abEl Padre mismo, el Dios del universo, aquel que lo colm\u00f3 de longanimidad, de misericordia y compasi\u00f3n, \u00bfno sufri\u00f3 tambi\u00e9n \u00e9l de alguna manera?\u00bb (Hom. 6, 6). Los concilios de Nicea y Efeso reafirman contra Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto y Nestorio el sufrimiento humano de Cristo. Los Padres de la Iglesia, particularmente san Basilio, san Juan Cris\u00f3stomo, san Ambrosio, san Agust\u00ed\u00adn y san Gregorio Magno inician los hospitales, hospeder\u00ed\u00adas, asilos y orfanatos para los pobres y exigen vigorosamente la uni\u00f3n de la justicia personal y la jusicia social para la salvaci\u00f3n. La convicci\u00f3n de que en la Iglesia est\u00e1 la plenitud de los medios de salvaci\u00f3n impuls\u00f3 grandes iniciativas misioneras. Hubo exageraciones teol\u00f3gicas, como suponer en el Padre odio y venganza contra el Hijo hecho pecado, o que Dios no habr\u00ed\u00ada perdonado si alguien no hubiera pagado la cuenta, o considerar indispensables para la salvaci\u00f3n el conocimiento de Jesucristo o la pertenencia patente a la Iglesia cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>b) En la Edad media, los s\u00ed\u00adnodos y concilios provinciales defienden a los siervos de los abusos de los se\u00f1ores feudales y de los jueces, prohiben la usura y las guerras entre cristianos y regulan los torneos. Las \u00f3rdenes religiosas masculinas y femeninas se consagran a los enfermos, presos, pobres y sufrientes. Los monjes, y luego los p\u00e1rrocos, multiplican las escuelas gratuitas que ense\u00f1an las primeras letras y a veces los oficios. Las cofrad\u00ed\u00adas practican las obras de misericordia. Los gremios, dedicados a santos patronos, difunden el sentido cristiano del trabajo. La Iglesia crea las universidades, donde te\u00f3logos y fil\u00f3sofos reflexionan asuntos de fe y moral, mientras otros maestros desarrollan el derecho, la medicina y la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica. Santo Tom\u00e1s de Aquino formula la doctrina del bautismo de sangre y de deseo, aun impl\u00ed\u00adcito, como medio de salvaci\u00f3n (Sum. Theol. 111, 66, 1 1; cf II-II, 2, 7), e incluye la moral pol\u00ed\u00adtica en el modo cristiano de vivir (De Regimine Principum). La salvaci\u00f3n abarca todos los aspectos de la vida.<\/p>\n<p>En la Am\u00e9rica colonial los obispos urgen la conciencia de los reyes de Espa\u00f1a para remediar las injusticias que conquistadores y colonos cometen contra los ind\u00ed\u00adgenas, para \u00abasegurar la salvaci\u00f3n de unos y otros\u00bb, como explica el dominico Bartolom\u00e9 de Las Casas, obispo desde 1544. Cristianos de ambos sexos, algunos hoy beatificados o canonizados, fundan en Europa y Am\u00e9rica congregaciones religiosas femeninas y masculinas educadoras, para facilitar a los pobres el acceso a la salvaci\u00f3n temporal y eterna. Una corriente protestante, diferente de otra que se desentiende del mundo presente, interpreta el anuncio del reino de Dios como exigencia de mejorar las estructuras; promueve campa\u00f1as antiesclavistas y otras reformas sociales.<\/p>\n<p>d) Cat\u00f3licos laicos buscan erradicar la pobreza, como en Chile el diputado Lorenzo Montt en 1823, con su propuesta de vender o arrendar las tierras a los campesinos, y el carpintero Ferm\u00ed\u00adn Vivaceta al organizar a los trabajadores ante la revoluci\u00f3n industrial; en Francia, el prefecto Alban de Villeneuve-Bargemont con su Tratado de econom\u00ed\u00ada pol\u00ed\u00adtica cristiana (1834) y el beato Federico Ozanam con su obra acad\u00e9mica y misericordiosa. Despu\u00e9s, sacerdotes como Jaime Balmes y el jesuita Antonio Vicent en Espa\u00f1a, Luis Taparelli d&#8217;Azeglio en Italia y Guillermo von Ketteler y el beato Adolfo Kolping en Alemania, unen la reflexi\u00f3n social filos\u00f3fica y teol\u00f3gica con la acci\u00f3n de caridad y justicia. Los obispos Henry Manning en Inglaterra, James Gibbons en Estados Unidos, Gaspar Mermillod en Suiza, unen la doctrina y la acci\u00f3n social para transformar las situaciones de miseria que dificultan el testimonio necesario para anunciar la salvaci\u00f3n. Desde Le\u00f3n XIII, los papas publican enc\u00ed\u00adclicas sociales donde comprometen la vida cristiana con la transformaci\u00f3n del mundo por el evangelio y el logro de la paz en la justicia.<\/p>\n<p>e) El Vaticano II contiene importantes afirmaciones a partir de \u00abla palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvaci\u00f3n del que cree\u00bb (DV 17). Explica c\u00f3mo Dios prepar\u00f3 la salvaci\u00f3n de la humanidad en el Antiguo Testamento, primero con Abrah\u00e1n y despu\u00e9s con su pueblo mediante Mois\u00e9s (cf DV 14). Seg\u00fan el Nuevo Testamento, \u00abCristo estableci\u00f3 en la tierra el reino de Dios, se manifest\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo y a su Padre con obras y palabras, llev\u00f3 a cabo su obra muriendo, resucitando y enviando al Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (DV 17).<\/p>\n<p>El Concilio explica el puesto de Mar\u00ed\u00ada en el plan de salvaci\u00f3n (cf LG 55-59). El Antiguo Testamento, le\u00ed\u00addo en la Iglesia a la luz del Nuevo, destaca la figura de la madre del Redentor identificada a veces con el pueblo de Dios, reconocible en la mujer que vence a la serpiente incitadora al pecado (cf G\u00e9n 3,15), en la Virgen que dar\u00e1 a luz al Emmanuel (cf Is 7,14; Miq 5,2s.; Mt 1,22s.) y en la Hija de Si\u00f3n que espera y recibe del Se\u00f1or la salvaci\u00f3n (cf Is 62,11). As\u00ed\u00ad como la mujer contribuy\u00f3 a la muerte, ella da al mundo al que es Vida. Santificada desde el primer instante de su concepci\u00f3n y llena de gracia (cf Lc 1,28), acept\u00f3 sin obst\u00e1culo de pecado la voluntad salv\u00ed\u00adfica de Dios de encarnar al Verbo en su seno, y se consagr\u00f3 a la persona y a la obra redentora de su Hijo (cf Lc 1,38). Fue proclamada dichosa por su fe en la salvaci\u00f3n prometida (cf Lc 1,45). Est\u00e1 unida a Jes\u00fas en la obra de salvaci\u00f3n: al nacer Jes\u00fas; al anunciarle Sime\u00f3n que una espada atravesar\u00ed\u00ada su alma por ser su Hijo signo de contradicci\u00f3n (cf Lc 2,34s.); al provocar en Can\u00e1 el comienzo de los milagros de Jes\u00fas (cf Jn 2,1-1 1); al escuchar y cumplir la palabra de Dios (cf Lc 2,19.51); al acompa\u00f1ar a su Hijo hasta la cruz (cf Jn 19,25) y al ser dada por madre al disc\u00ed\u00adpulo (cf Jn 19,26s). Implor\u00f3 con los disc\u00ed\u00adpulos el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo (cf He 1,14) y despu\u00e9s de terminar su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial para asemejarse m\u00e1s a su Hijo, vencedor del pecado y de la muerte.<\/p>\n<p>El magisterio posconciliar destaca a Mar\u00ed\u00ada como mujer liberadora con iniciativas valientes, tales como su \u00abopci\u00f3n del estado virginal\u00bb, su proclamaci\u00f3n de \u00abque Dios es vindicador de los humildes y de los oprimidos y derriba de sus tronos a los poderosos del mundo\u00bb, \u00abuna mujer fuerte que conoci\u00f3 la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio\u00bb, \u00abque con su acci\u00f3n favoreci\u00f3 la fe de la comunidad apost\u00f3lica en Cristo\u00bb (Marialis cultus, 37). \u00abNo se puede separar la verdad sobre Dios que salva&#8230; de la manifestaci\u00f3n de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que, cantado en el Magn\u00ed\u00adficat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jes\u00fas\u00bb (RM 37).<\/p>\n<p>El Concilio define la Iglesia como \u00absacramento universal de salvaci\u00f3n\u00bb (LG 48): \u00absacramento, o sea signo e instrumento de la uni\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1). La Iglesia cat\u00f3lica no siempre es signo tan patente, porque pasa en cada lugar por situaciones de inicio, progreso, detenci\u00f3n o retroceso (cf AG 6). Los sacramentos son signos performativos de la salvaci\u00f3n: significan un don de salvaci\u00f3n en que participamos en la medida de nuestra colaboraci\u00f3n (cf LG 14). Se salvan quienes sin culpa ignoran a Cristo y llevan vida recta (cf LG 16). Todos tienen en la Iglesia un compromiso con la salvaci\u00f3n personal y de los dem\u00e1s (cf CD 1). La preocupaci\u00f3n por los pobres y sufrientes es parte de la buena noticia de la salvaci\u00f3n (cf GS 1). El Concilio vincula a la salvaci\u00f3n el trabajo por la justicia y la paz (cf GS), el di\u00e1logo constructivo entre las religiones (cf NA), el ecumenismo (cf UR). La salvaci\u00f3n tiene car\u00e1cter social y escatol\u00f3gico: \u00abEl cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el pr\u00f3jimo; falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvaci\u00f3n\u00bb (GS 43). Las Conferencias generales del episcopado latinoamericano y de otras regiones conectan la salvaci\u00f3n eterna y la liberaci\u00f3n terrenal realizada con fines y medios pac\u00ed\u00adficos, procurando impregnar de justicia y amor todas las relaciones humanas por gratitud a Dios.<\/p>\n<p>IV. Catequesis de la salvaci\u00f3n y la liberaci\u00f3n<br \/>\n1. PARA ADULTOS Y J\u00ed\u201cVENES. Para ser significativa en la vida de sus destinatarios, la catequesis ha de referirse siempre a las vivencias de perdici\u00f3n y salvaci\u00f3n, de pecado y redenci\u00f3n, de opresi\u00f3n y liberaci\u00f3n. Dios es liberador y el evangelio es una fuerza de liberaci\u00f3n (cf LC 5,43,62). Poner en contacto con el Dios del evangelio, que nos ama hasta m\u00e1s all\u00e1 de la muerte, conmueve, inquieta, compromete, encamina a colaborar con otros para la salvaci\u00f3n integral de todos. La conversi\u00f3n a Jesucristo mueve a vivir con gratitud, esperanza, alegr\u00ed\u00ada, abnegaci\u00f3n, dinamismo y paz.<\/p>\n<p>El di\u00e1logo salvador lleva a mirar a Dios ya no como un tercero de quien se habla, sino como un interlocutor a quien interesa la propia vida con sus problemas y proyectos. La relaci\u00f3n con los dem\u00e1s gana significado cuando el yo deja de ser dominante en la vida. El vecino y el compa\u00f1ero o el c\u00f3nyuge, el enemigo da\u00f1ino o el adversario que compite o dialoga, aparecen como hermanos en camino hacia el mismo Padre, por rutas a veces conflictivas y marcadas por la cruz. La comunidad creyente, que descubre la palabra de Dios liberador, se moviliza frente a las necesidades de vida, amor fiel, justicia, trascendencia y sentido, captadas en su entorno. El reinado de Dios va invadiendo no s\u00f3lo el interior de las personas, sino tambi\u00e9n las situaciones colectivas que exigen transformaci\u00f3n para el bien com\u00fan. Los acontecimientos, las cosas de la naturaleza y los productos culturales adquieren nuevos motivos y sentidos, a veces cuasi sacramentales, gracias a la nueva relaci\u00f3n instaurada con Dios y con la gente.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n compartida de las ense\u00f1anzas de Jesucristo y de su Iglesia, aplicada a la realidad que se vive, impulsa a hacer reinar a Dios en todo: en la pureza de intenciones, en el cumplimiento diario de la vocaci\u00f3n de cada uno, en la calidad de la recreaci\u00f3n, en las relaciones interpersonales, comunitarias y con la sociedad global. Este cambio perfectivo de actitudes y pr\u00e1cticas, impulsado por la fe, es una educaci\u00f3n cristiana progresiva, personal y comunitaria. El proceso es lento y dif\u00ed\u00adcil, sobre todo en los adultos, porque hay costumbres y criterios arraigados que, al ser sucesivamente cuestionados por la palabra de Dios, generan conflictos internos y, al romper los consensos ambientales, traen persecuciones externas.<\/p>\n<p>Se necesita el apoyo de la comunidad creyente para crecer en el camino de la salvaci\u00f3n y liberaci\u00f3n. La eucarist\u00ed\u00ada semanal, o incluso diaria, es un t\u00ed\u00adpico recurso comunitario para renovar la vida acogiendo all\u00ed\u00ad los dones de Dios. La liturgia presenta, a lo largo del a\u00f1o, los grandes misterios de la salvaci\u00f3n alrededor de las fiestas de Navidad, con la llegada del Salvador, en Pascua con el acto salvador y en Pentecost\u00e9s con el env\u00ed\u00ado de la comunidad anunciadora de la salvaci\u00f3n. Otro recurso comunitario es la catequesis en sus diversas formas, que promueve compromisos personales y grupales. All\u00ed\u00ad se acepta la salvaci\u00f3n ofrecida por el amor de Dios, gracias al di\u00e1logo y la reflexi\u00f3n, haciendo madurar el amor hacia otros, tambi\u00e9n menesterosos de salvaci\u00f3n y liberaci\u00f3n. Los propios miembros del grupo van descubriendo lo que implica para sus relaciones mutuas vivir como salvados: aprenden tanto a colaborar como a disentir, a perdonar exigiendo sinceridad en las promesas y reparaci\u00f3n de los da\u00f1os, a acoger sin discriminaciones injustas y a suspender la aceptaci\u00f3n a quienes no est\u00e1n dispuestos a comulgar con la comunidad eclesial local o universal. La excomuni\u00f3n es disciplina medicinal provisoria que no excluye de la salvaci\u00f3n (cf Mt 18,15-18; lCor 5,1-5.13; 2Cor 2,5-11; lTim 1,20).<\/p>\n<p>La catequesis de la salvaci\u00f3n ha de mostrar la Biblia como historia de la redenci\u00f3n, realizada en la variedad de lo cotidiano personal y social, cuyo centro y clave es el Cristo o Salvador anunciado. Su interpretaci\u00f3n, seg\u00fan el criterio de los profetas, de Jesucristo y de los ap\u00f3stoles (cf 2Pe 3,1s.), que orienta la tradici\u00f3n permanente de la Iglesia, permite percibir la Iglesia y sus tomas de posici\u00f3n como signo e instrumento actual de salvaci\u00f3n. La palabra de Dios liberador ilumina la familia y dem\u00e1s relaciones interpersonales y sociopol\u00ed\u00adticas, el trabajo y la vinculaci\u00f3n a los bienes materiales, la comunicaci\u00f3n y los dem\u00e1s hechos culturales, la expresi\u00f3n coherente de la fe cristiana en el culto y en lo cotidiano. La fidelidad personal y comunitaria al plan salvador de Dios, buscada en esta catequesis, lleva al servicio organizado de las necesidades ajenas hasta la transformaci\u00f3n del mundo por el evangelio, y al apostolado para motivarla y orientarla seg\u00fan la meta eterna de la persona humana.<\/p>\n<p>Los adultos y j\u00f3venes pueden descubrir criterios cristianos b\u00e1sicos en econom\u00ed\u00ada al iluminar con textos b\u00ed\u00adblicos y breves ense\u00f1anzas del magisterio social de la Iglesia, situaciones tales como la instalaci\u00f3n de una peque\u00f1a empresa, la organizaci\u00f3n de los trabajadores o de los consumidores, la planificaci\u00f3n de ganancias de un negocio. Pueden reconocer sus deberes cristianos frente a la dignidad y derechos de cada persona al analizar e iluminar evang\u00e9licamente, en comunidad, variadas situaciones en que actualmente son estos conculcados o defendidos. Pueden discernir, con iluminaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y doctrinal, la voluntad de Dios frente a su participaci\u00f3n en la informaci\u00f3n y opini\u00f3n p\u00fablica, en la educaci\u00f3n escolar, en la recreaci\u00f3n, en las comunicaciones sociales. Pueden adquirir criterios jur\u00ed\u00addicos cristianos al distinguir lo legal ante los hombres de lo justo ante el juicio de Dios, al comparar procesos judiciales de hoy con el que padeci\u00f3 Jes\u00fas ante Herodes y Pilato. Pueden asumir sus responsabilidades ciudadanas al contrastar las leyes humanas con la de Dios, al evaluar las pr\u00e1cticas de gobierno micro y macrosocial seg\u00fan el sentido servicial de la autoridad ense\u00f1ado por Jesucristo, y aun encontrar situaciones de desobediencia leg\u00ed\u00adtima. Pueden animarse a ganar la bienaventuranza de los constructores de paz, al estudiar ante el evangelio las manifestaciones actuales de violencia en diversos grupos sociales, desde la familia hasta el nivel internacional, o al comparar la actuaci\u00f3n de distintos personajes ante Jes\u00fas, en su tiempo, y en la actualidad. Pueden madurar su fe al analizar, seg\u00fan el Evangelio, sus ideas sobre Dios, sus actitudes ante las normas y tradiciones de la Iglesia, sus pr\u00e1cticas religiosas.<\/p>\n<p>La religiosidad popular se puede incorporar en esta catequesis social de varias maneras; por ejemplo, mediante oportunas alusiones a las actitudes de Jes\u00fas, de Mar\u00ed\u00ada y de algunos santos seg\u00fan el tema tratado, o comentando cantos y poemas religiosos populares que aluden a las situaciones mencionadas. Tal revisi\u00f3n compartida, de diferentes aspectos de la vida, ante la palabra de Dios transmitida por la Iglesia, constituye una catequesis de la salvaci\u00f3n integral conducente a una fe cristiana adulta. La comunidad que recorre tal temario se capacita para transformar el mundo con la fuerza del evangelio y para ser signo e instrumento patente de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. PARA ADOLESCENTES. LOS adolescentes, al descubrir su subjetividad, sienten la necesidad de salvarse de la falta de identidad personal y del anonimato, de su baja autoestima, de la soledad e incomunicaci\u00f3n, de la irrelevancia social por sentirse cada uno in\u00fatil y sin importancia para nadie; de las desilusiones y traiciones en la amistad y en el amor de pareja; de la falta de madurez para ofrecer amor estable; de las adicciones esclavizantes o de la delincuencia en que pueden incurrir, de la culpa y de la indignidad o verg\u00fcenza de s\u00ed\u00ad; de la corrupci\u00f3n moral contaminadora de todo; de la muerte de personas amadas y de la propia; de la falta de sentido de la vida, y de la desorientaci\u00f3n, de la ignorancia de lo verdaderamente importante.<\/p>\n<p>Es buena noticia percibir, a trav\u00e9s de alg\u00fan testigo cre\u00ed\u00adble, la revelaci\u00f3n de un Dios que ama a cada uno personalmente (cf G\u00e1l 2,20), que le da un perd\u00f3n comunicativo (cf Mt 6,12-15), le da fortaleza (cf IPe 1,6s.), le protege (cf Rom 8,31; 2Cor 4,8s.), le levanta el \u00e1nimo (cf 2Cor 4,16), le saca de una vida vac\u00ed\u00ada (cf lPe 1,18), le alegra con una esperanza (cf 1 Pe 1,8s.), da un sentido salvador al sufrimiento (cf 2Cor 4,10-12.17; Col 1,24), le salva de la muerte (cf 1Tes 4,14), le habla de vida eterna (cf Jn 6,68), es amigo fiel (cf Jn 15,13-15), le da signos de salvaci\u00f3n en el bautismo (cf lPe 3,21), en la eucarist\u00ed\u00ada (cf Jn 6,54) y dem\u00e1s sacramentos, le proporciona una comunidad para compartir la fe (cf He 2,41-47), le regala capacidades (cf IPe 4,10s.), le concede alg\u00fan don para realizar una misi\u00f3n \u00fanica que lo abre al mundo (cf lCor 12,4-11), le da una vocaci\u00f3n personal (cf ICor 12,27-31), le ayuda a cumplirla (cf Ex 3,12; Jos 1,9; Jue 6,12-16; Jer 1,8; Lc 1,28), le acompa\u00f1a en di\u00e1logo interior (cf Jn 14,18-21.23) y le ofrece una uni\u00f3n gozosa con los salvados que jam\u00e1s se perder\u00e1 (cf Jn 10,28).<\/p>\n<p>La catequesis de la salvaci\u00f3n liberadora para adolescentes une el conocimiento del Salvador y de su palabra alentadora y exigente, con ejercicios de cooperaci\u00f3n para salvar a otros de diferentes carencias, y con celebraciones gozosas de lo aprendido y realizado. Los adolescentes han de salir de la comodidad y rutina hasta comprometerse establemente en aliviar sufrimientos ajenos con actos precisos y, adem\u00e1s, prepararse para servir con competencia a los dem\u00e1s en la vida adulta. Nadie tiene experiencia de salvaci\u00f3n hasta que recibe o da un apoyo decisivo. Hay que hacer descubrir en el menesteroso a Jesucristo (cf Mt 25,40). Otro progreso es pasar de la asistencia al carente de recursos a la promoci\u00f3n del necesitado hasta que logra valerse por s\u00ed\u00ad mismo, y a la colaboraci\u00f3n con los que trabajan organizadamente por una vida m\u00e1s humana para todos. Si el sacramento del orden sagrado capacita para extender la salvaci\u00f3n, los laicos han de organizar la sociedad terrenal seg\u00fan el plan salvador de Dios, y los consagrados anunciar con su vida la vida eterna.<\/p>\n<p>3. PARA NI\u00ed\u2018OS. El egocentrismo propio de los ni\u00f1os les impide abrirse a compromisos comunitarios o con la sociedad, m\u00e1s amplios que las relaciones interpersonales vividas. Aunque los ni\u00f1os sienten no ser considerados entre la gente importante, es verdad salvadora para ellos saber que hay un Dios creador de todo por amor, que llama a cada uno a ser hijo suyo, que da y defiende ciertos derechos, que nos hace a todos iguales ante \u00e9l aunque tengamos caracter\u00ed\u00adsticas diferentes, que se ha mostrado como liberador de los peque\u00f1os y sufrientes y que admite en su Reino a los que se parecen a los ni\u00f1os (cf Mt 18,1-5).<\/p>\n<p>La intuici\u00f3n infantil permite maravillarse ante la revelaci\u00f3n cristiana que pone orden en toda la realidad. Puede captar verdades profundas, ya de textos simples, ya de otros expresados en forma sencilla y, mejor, narrativa. \u00abDe \u00e9l y por \u00e9l y para \u00e9l son todas las cosas\u00bb (Rom 11,36). Dios cre\u00f3 los bienes para todos (cf LE 14); no quiere que haya empobrecidos (cf Dt 15,4); no quiere que sufra el pobre (cf Sal 22,25); quiere amor, justicia y derecho en la tierra (cf Jer 9,23s). Por gratitud a Dios liberador cumplimos sus mandatos (cf Ex 20,1-3). En el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or lo honramos con el descanso y las buenas acciones (cf Dt 5,12-15). Al obedecer a Dios Padre nos libramos de muchas esclavitudes (cf LC 30). Se salva el que ama a Dios y al pr\u00f3jimo (cf Mt 22,34-40). Lo \u00fanico importante es buscar que reine Dios en todo (cf Mt 6,33).<\/p>\n<p>El ni\u00f1o puede captar tambi\u00e9n que Dios se hizo hombre en Jes\u00fas, que naci\u00f3 pobre en un establo de Bel\u00e9n para estar cerca de todos. El Hijo de Dios, siendo rico, se hizo pobre para dignificarnos (cf 2Cor 8,9). Vino a ense\u00f1ar la justicia y el derecho a las naciones (cf Is 42,1). Creci\u00f3 en la familia del carpintero Jos\u00e9 y de Mar\u00ed\u00ada, su madre, una mujer sencilla del pueblecito de Nazaret. En Mar\u00ed\u00ada, Dios dignific\u00f3 a la mujer. Mar\u00ed\u00ada alaba al Se\u00f1or que libera a su pueblo. Las cosas de ni\u00f1o y de la gente corriente valen porque, con ellas, Jes\u00fas agrad\u00f3 a Dios Padre y a la gente (cf Lc 2,40). Cualquier tarea se puede ofrecer al Se\u00f1or (cf Col 3,23). Al trabajar contribuimos al reinado de Dios (cf LE 26). Al unir el trabajo y la oraci\u00f3n ampliamos el reinado de Dios (cf LE 27). El cristiano cuida y defiende la vida (cf GS 51).<\/p>\n<p>El pecado se opone a la alianza con Dios y entre los hombres (cf FC 58). Todo pecado tiene consecuencias sociales (cf RP 16). Todo pecado rechaza el amor y produce sufrimiento humano (cf DeV 39). Dios nos reconcilia con \u00e9l y con la comunidad mediante el ministro de la penitencia (cf RP 31). Jes\u00fas denuncia las injusticias contra los pobres (cf LC 46). No hemos de hacer diferencias injustas entre las personas (cf Sant 2,1). No ama a Dios el que no ama a su hermano (cf 1Jn 4,20). Quien odia a su hermano no entrar\u00e1 en la vida eterna (cf 1Jn 3,15). Las leyes y tribunales injustos condenan a Jes\u00fas (cf Is 53,8). Nuestras injusticias hicieron sufrir y morir a Jes\u00fas (cf Is 53,5s). La ley de Dios no permite condenar a alguien sin escucharlo ni averiguar lo que ha hecho (cf Jn 7,51).<\/p>\n<p>Los buenos sufren el odio del mundo, como Jes\u00fas (cf Jn 15,18). Dios apoya al condenado injustamente por los hombres (cf Prov 22,22s). Sufrir unidos a Jes\u00fas ayuda a salvar a muchos (cf 2Cor 4,10-12; Col 1,24). El triunfo de Jes\u00fas nos anima a trabajar por renovar la sociedad (cf LE 27). Jes\u00fas pedir\u00e1 cuentas del bien que hayamos hecho o negado al pr\u00f3jimo (cf Mt 25,31-46). En el bautismo, Dios nos adopta como hijos y nos exige ser buenos hermanos (cf GS 24). En la comuni\u00f3n compartimos con Cristo la uni\u00f3n a los necesitados (cf LC 56). Las ofrendas junto al altar para los pobres son un homenaje a Dios (cf LC 68). Los m\u00e1s necesitados son nuestros hermanos (cf GS 24). En vez de amontonar riquezas en la tierra hay que acumular buenas obras en el cielo (cf Mt 6,19s). El Esp\u00ed\u00adritu Santo da fuerza para hacer el bien (cf Lc 4,14); nos llena de amor (cf Rom 5,5) y libertad (cf 2Cor 3,17); nos compromete en favor de la justicia y la paz en el mundo (cf LE 2).<\/p>\n<p>La Iglesia ense\u00f1a a vivir con justicia y paz, en comuni\u00f3n de amor (cf LC 61). Cada familia puede llegar a ser Iglesia, signo y medio de salvaci\u00f3n (cf FC 86).<\/p>\n<p>BIBL.: BARBAGLIO G.-DIENICH S. (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada, Cristiandad, Madrid 1982, especialmente GARULLI E.-ROSSANO P.-MOLAR! C., Salvaci\u00f3n y MOLAR! C., Liberaci\u00f3n; ELLACUR\u00ed\u008dA 1. Y OTROS, Mysterium liberationis. Conceptos fundamentales de la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n, Trotta, Madrid 1990; GONZ\u00ed\u0081LEZ MONTES A., Salvaci\u00f3n, en LATOURELLE R: FISICHELLA R. (dirs.), Diccionario de teolog\u00ed\u00ada fundamental, San Pablo, Madrid 1992, 1301-1310; GNILKA J., Redenci\u00f3n, en FRIES H., Conceptos fundamentales de la teolog\u00ed\u00ada, Cristiandad, Madrid 1979; LIBANIO J. B.-BINGEMER M., Escatolog\u00ed\u00ada cristiana. El nuevo cielo y la nueva tierra, San Pablo, Buenos Aires 1985; MACCISE C., Liberaci\u00f3n (Espiritualidad de la), en DE FLORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 19914, 1100-1109; PACOMIO L. (dir.), Diccionario teol\u00f3gico interdisciplinar, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1987, especialmente MOLAR! C., Redenci\u00f3n y SANNA 1., Redenci\u00f3n I: El gesto pascual del Redentor; ROSSANO P.-RAVASI G.-GIRLANDA A. (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990, especialmente BONORA A., Liberaci\u00f3n\/Libertad, 1039-1052; Redenci\u00f3n, 1596-1609.<\/p>\n<p>Enrique Garc\u00ed\u00ada Ahumada<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Contenido sem\u00e1ntico, vivencial y doctrinal. II. Salvaci\u00f3n, redenci\u00f3n y liberaci\u00f3n en la Biblia. III. Salvaci\u00f3n, redenci\u00f3n y liberaci\u00f3n en la tradici\u00f3n cristiana. IV. Catequesis de la salvaci\u00f3n y la liberaci\u00f3n: 1. Para adultos y j\u00f3venes; 2. Para adolescentes; 3. Para ni\u00f1os. I. Contenido sem\u00e1ntico, vivencial y doctrinal Educar la fe en la salvaci\u00f3n, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/salvacion-redencionliberacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSALVACION-REDENCIONLIBERACION\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17051","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17051","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17051"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17051\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17051"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17051"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17051"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}