{"id":17057,"date":"2016-02-05T11:06:44","date_gmt":"2016-02-05T16:06:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/simbolo-de-la-fe-el-credo\/"},"modified":"2016-02-05T11:06:44","modified_gmt":"2016-02-05T16:06:44","slug":"simbolo-de-la-fe-el-credo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/simbolo-de-la-fe-el-credo\/","title":{"rendered":"SIMBOLO DE LA FE (EL CREDO)"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Terminolog\u00ed\u00ada. II. Base neotestamentaria. III. S\u00ed\u00admbolos de la fe en la historia de la Iglesia. IV. El credo: expresi\u00f3n de la fe y sus contenidos. V. Sentido y validez actuales. VI. Claves catequ\u00e9ticas del credo: 1. El credo en la posmodernidad; 2. El credo, tarea de la catequesis; 3. Criterios orientadores. VII. Proyecto de una catequesis sobre el credo: 1. En la infancia; 2. A los adolescentes y j\u00f3venes; 3. A los adultos.<\/p>\n<p>I. Terminolog\u00ed\u00ada<br \/>\nLa Iglesia fue consecuente desde los comienzos con aquel directo consejo del ap\u00f3stol Pedro: \u00ab[Estad] dispuestos siempre a contestar a todo el que os pida raz\u00f3n de vuestra esperanza\u00bb (1Pe 3,15). Y lo hizo de distintas formas, entre ellas las formulaciones m\u00e1s o menos precisas de la fe cristiana.<\/p>\n<p>Aunque no son exclusivos del cristianismo (en otras religiones se utilizan tambi\u00e9n compendios esenciales de su fe), podemos decir que los credos o s\u00ed\u00admbolos de la fe son muy caracter\u00ed\u00adsticos de la Iglesia, pues con ellos resume y expresa en f\u00f3rmulas breves, fijas y claras, sus creencias y vivencias religiosas.<\/p>\n<p>La tradici\u00f3n y el uso de las Iglesias han acu\u00f1ado diversos t\u00e9rminos para referirse a esos res\u00famenes cualificados de los contenidos de la fe. Tres se han impuesto sobre todo: 1) S\u00ed\u00admbolo (del griego symbolon: signo, sello, se\u00f1al de reconocimiento) es una expresi\u00f3n que aparece por primera vez en una carta de san Cipriano de Cartago (256), afirmando que los herejes novacianos \u00abbautizan con el mismo s\u00ed\u00admbolo que nosotros\u00bb; en la Iglesia de Oriente el t\u00e9rmino no figura hasta el concilio de Laodicea (363). Vendr\u00ed\u00ada a ser la identificaci\u00f3n de la fe cristiana. 2) Credo (del verbo latino credo, credere: creer) no significa tan s\u00f3lo \u00abyo creo\u00bb, sino sustantivamente \u00ablo que yo creo\u00bb, los contenidos de una fe aceptada, vivida y profesada; y eso con sentido eclesial. 3) Confesi\u00f3n (del lat\u00ed\u00adn confescio-confessionis: confesi\u00f3n, declaraci\u00f3n) alude expresamente al acto de confesar la fe cristiana en sus contenidos fundamentales, no s\u00f3lo como comprobaci\u00f3n de una creencia aut\u00e9ntica, sino tambi\u00e9n como testimonio p\u00fablico de la misma.<\/p>\n<p>Estos t\u00e9rminos m\u00e1s usuales presentan semejanzas con otras f\u00f3rmulas de contenido tambi\u00e9n doctrinal, como son la regula fidei y la regula veritalis. Pero no se puede decir que estas tengan el mismo uso que los s\u00ed\u00admbolos y credos ni que puedan intercambiarse con ellos, pese a las relaciones mutuas entre unos y otras.<\/p>\n<p>II. Base neotestamentaria<br \/>\nLas f\u00f3rmulas de fe de car\u00e1cter confesional, usadas especialmente a partir de las controversias arrianas, hunden sus ra\u00ed\u00adces en el uso de las primeras comunidades cristianas, como testimonian numerosos textos del Nuevo Testamento. Aunque son creencias eclesiales. entroncan directamente con la fe b\u00ed\u00adblica.<\/p>\n<p>En primer lugar, el Nuevo Testamento recoge ciertas f\u00f3rmulas breves que parecen expresar la fe en Jes\u00fas en forma de aclamaciones: Jes\u00fas es el Se\u00f1or (I Cor 12,3); incluso m\u00e1s expl\u00ed\u00adcitamente: \u00abSi confiesas con tu boca que Jes\u00fas es el Se\u00f1or y crees en tu coraz\u00f3n que Dios lo resucit\u00f3 de entre los muertos, te salvar\u00e1s\u00bb (Rom 10,9). Hijo de Dios. As\u00ed\u00ad Pedro: \u00abT\u00fa eres el Mes\u00ed\u00adas, el Hijo de Dios vivo\u00bb (Mt 16,16), o Juan: \u00abSi uno confiesa que Jes\u00fas es el Hijo de Dios, Dios est\u00e1 en \u00e9l y \u00e9l en Dios\u00bb (IJn 4,15), o la ingenua confesi\u00f3n del eunuco de la reina Candaces: \u00abCreo que Jesucristo es el hijo de Dios\u00bb (He 8,37). Cristo, el Mes\u00ed\u00adas (Mc 8,29), con ecos muy precisos: \u00abDios ha constituido Se\u00f1or y Mes\u00ed\u00adas a este Jes\u00fas\u00bb (He 2,36), \u00abEl que cree que Jes\u00fas es el mes\u00ed\u00adas, ha nacido de Dios\u00bb (1Jn 5,1).<\/p>\n<p>Se encuentran tambi\u00e9n en el Nuevo Testamento algunos himnos cristol\u00f3gicos, especie de f\u00f3rmulas de fe usadas probablemente en celebraciones lit\u00fargicas como expresi\u00f3n comunitaria de la fe de los cristianos: \u00abEs grande el misterio de nuestra religi\u00f3n: que (Cristo] se ha manifestado como hombre, ha sido acreditado por el Esp\u00ed\u00adritu, se ha mostrado a los \u00e1ngeles, ha sido anunciado a las naciones, cre\u00ed\u00addo en el mundo, elevado a la gloria\u00bb (ITim 3,16; cf Flp 2,6-11).<\/p>\n<p>Aparecen asimismo en el Nuevo Testamento f\u00f3rmulas de fe conjunta en el Padre y en el Hijo, especialmente lCor 8,6: \u00abPara nosotros hay un solo Dios, el Padre, del que proceden todas las cosas y por el que hemos sido creados; y un solo Se\u00f1or, Jesucristo, por quien existen todas las cosas y por quien tambi\u00e9n nosotros existimos\u00bb (cf lTim 2,5; 2Tim 4,1).<\/p>\n<p>Aunque con menos abundancia, se encuentran tambi\u00e9n f\u00f3rmulas tri\u00e1dicas o trinitarias que expresan la fe de finales del siglo I, como la f\u00f3rmula bautismal puesta en boca de Cristo resucitado: \u00abBautiz\u00e1ndolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Mt 28,19; cf lCor 6,11; 12,4-5; 2Cor 13,13).<\/p>\n<p>III. S\u00ed\u00admbolos de la fe en la historia de la Iglesia<br \/>\nNumerosos credos y s\u00ed\u00admbolos de fe se han formado a lo largo de los tiempos en comunidades, Iglesias locales y aun en la Iglesia universal. Pero eso no puede hacer olvidar su origen fundamentalmente lit\u00fargico ni su Sitz im Leben en la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica. Hoy es posible reconstruir la larga historia de las confesiones de fe desde los m\u00e1s antiguos testimonios documentales. Por eso, una colecci\u00f3n de definiciones y declaraciones como la de Denzinger-Sch\u00f3nmetzer (DS) recoge m\u00e1s de cuarenta s\u00ed\u00admbolos elaborados entre los siglos II y IX. Desde los m\u00e1s antiguos, como la Epistola Apostolorum y los contenidos en el papiro de D\u00e9r-Balyzeh o en las constituciones de la Iglesia egipcia (DS 1-6), pasando por los occidentales de estructura trinitaria, como el s\u00ed\u00admbolo apost\u00f3lico y las f\u00f3rmulas interrogativas (DS 10-36), hasta los s\u00ed\u00admbolos orientales trinitarios (DS 40-64) o bipartitos (una confesi\u00f3n de fe trinitaria y otra espec\u00ed\u00adficamente cristol\u00f3gica), como los conocidos Fides Damasi, Clemens Trinitas y el pseudoatanasiano Quicumque (DS 71-76).<\/p>\n<p>Los primeros credos evidencian un uso catecumenal, como expresiones declarativas de los interrogatorios bautismales acerca del Dios trinitario y las verdades de la fe: as\u00ed\u00ad, el de la Traditio apostolica de Hip\u00f3lito, c. 215 (DS 10). Posiblemente a partir del llamado Credo de los ap\u00f3stoles (DS 30) comienzan a expresar el n\u00facleo de la revelaci\u00f3n acerca de Dios y su obra salvadora en Cristo. Un s\u00ed\u00admbolo tan famoso como el Quicumque (DS 75-76) probablemente expresa la fe episcopal de su tiempo con mutuas implicaciones trinitarias y cristol\u00f3gicas. Pero, sobre todo a partir de los concilios, los credos fueron expresiones de fe ortodoxa que permit\u00ed\u00adan distinguir a los obispos fieles de los herejes: as\u00ed\u00ad, el credo de Nicea (DS 125) excluye ciertas afirmaciones de Arrio, estableci\u00e9ndose una regla de comuni\u00f3n entre los obispos e Iglesias que cre\u00ed\u00adan\/expresaban correctamente su fe, y servir\u00e1 de referencia para ulteriores precisiones dogm\u00e1ticas. Se lleg\u00f3 luego a importantes formulaciones de este tipo, como el S\u00ed\u00admbolo nicenoconstantinopolitano, del a\u00f1o 381 (DS 150).<\/p>\n<p>Digamos que todas eran confesiones de fe m\u00e1s o menos comunes, a veces diferenciadas por su origen o perspectiva de elaboraci\u00f3n, pero siempre convergentes. Expresaban de forma plural la fe de la Iglesia en diversas \u00e9pocas en que esta era una. Desgraciadamente, despu\u00e9s de las grandes rupturas de los siglos XI y XVI, los s\u00ed\u00admbolos se han seguido emitiendo desde distintas tradiciones cristianas, convirti\u00e9ndose en identificaciones doctrinales de las Iglesias separadas y precisando cuidadosamente sus t\u00e9rminos, afinando expresiones, marcando diferencias.<\/p>\n<p>Inevitablemente se pas\u00f3 luego a enfrentadas formulaciones dogm\u00e1ticas, algunas muy persistentes: caso del Filioque introducido en el s\u00ed\u00admbolo de Constantinopla para precisar la naturaleza del Esp\u00ed\u00adritu Santo, posteriormente convertido en fuente de pol\u00e9micas entre Oriente y Occidente, impidiendo finalmente expresar una fe com\u00fan. Otro tanto ocurri\u00f3 con las confesiones de fe de los concilios II de Lyon (1274) y Florencia (1439-45), celebrados para confirmar la uni\u00f3n de las Iglesias Orientales con la de Roma: la profesi\u00f3n de fe de Miguel Pale\u00f3logo, adem\u00e1s del credo trinitario, inclu\u00ed\u00ada otros temas -siete sacramentos, primado romano, suerte de los difuntos&#8230; (DS 851-861); y del mismo tono eran los textos del concilio de Florencia en sus decretos Pro Graecis, Armeniis et lacobitis (DS 1300-1308, 1310-1328 y 1330-1353). Adem\u00e1s de marcar despu\u00e9s fuertemente las diferencias entre las Iglesias orientales y la de Roma, estos concilios aportaron una tremenda lecci\u00f3n negativa: la unidad cristiana no puede ser fruto de decisiones pol\u00ed\u00adticas, de pactos entre las Iglesias provocados por una necesidad imperiosa.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de las grandes rupturas de la cristiandad, las confesiones de fe se han seguido produciendo, de una u otra forma, por las distintas Iglesias. Recordemos, entre los cat\u00f3licos, los s\u00ed\u00admbolos de los concilios generales, el juramento antimodernista de P\u00ed\u00ado X y el credo de Pablo VI (1968); entre los protestantes, la declaraci\u00f3n del s\u00ed\u00adnodo de Dordrecht (1619), donde triunf\u00f3 la ortodoxia calvinista, y, entre los ortodoxos, sus conocidas listas de diferencias dogm\u00e1ticas con los cat\u00f3licos, como la del patriarca Antimio VII al papa Le\u00f3n XIII.<\/p>\n<p>A nivel menos oficial, la elaboraci\u00f3n de confesiones de fe se ha continuado por parte de personas y comunidades, para expresar no tanto el contenido formulado cuanto el vivido y testimoniado, aportando nuevas dimensiones a esas f\u00f3rmulas de fe. Pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la colecci\u00f3n publicada durante a\u00f1os por Descl\u00e9e \u00abEl credo que da sentido a mi vida\u00bb, testimonio personal de conocidos cristianos, o el credo de Solentiname, expresando la fe de unas comunidades americanas a trav\u00e9s de su letra y m\u00fasica. Estos y otros muchos casos expresan un tipo de credos en l\u00ed\u00adnea testimonial: un creyente o una comunidad tiene a veces el derecho y hasta la obligaci\u00f3n de confesar la fe con sus propias palabras, desde sus propios sentimientos y su forma de creer. Lo cual no es novedad, ya que se ha hecho a lo largo de toda la historia; se trata ahora de aplicar un cambio de m\u00e9todo para cumplir con ese imperativo de contestar a todo el que nos pida raz\u00f3n de nuestra esperanza y confesar nuestra fe.<\/p>\n<p>IV. El credo: expresi\u00f3n de la fe y sus contenidos<br \/>\nUna de las cuestiones m\u00e1s debatidas por las teolog\u00ed\u00adas protestante y cat\u00f3lica, la antropolog\u00ed\u00ada de la fe cristiana, nos sirve como pr\u00f3logo de este apartado. Por una parte, cuando se acent\u00faa que la fe es un don de Dios, \u00bfse quiere decir que \u00absolamente es un puro don de Dios\u00bb? Y por la otra, cuando se considera la fe m\u00e1s como una actuaci\u00f3n del hombre, que mediante sus obras \u00abse sube a pu\u00f1os hasta Dios\u00bb, \u00bfno se reproduce la oraci\u00f3n del fariseo: \u00abDios m\u00ed\u00ado, te doy gracias, porque no soy como el resto de los hombres&#8230;; yo ayuno&#8230; pago los diezmos&#8230;\u00bb (Lc 18,11-12). Estas dos formas opuestas de poner el acento en una cuesti\u00f3n tan relevante expresan incompletamente la antropolog\u00ed\u00ada de la fe.<\/p>\n<p>Cierto que en la vida cristiana todo es un don de Dios -como dec\u00ed\u00ada Pablo al final de su existencia: \u00abTodo es ya pura gracia\u00bb-, y lo es porque Dios nos am\u00f3 primero. Pero el don de Dios no se nos ha impuesto, es el producto de una propuesta que se ha aceptado. Una gracia no es gracia, en \u00faltimo t\u00e9rmino, mientras no haya sido aceptada y respondida.<\/p>\n<p>Dios es una propuesta permanente y universal, pues \u00abquiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad\u00bb (lTim 2,4). De ah\u00ed\u00ad resulta que la fe sea la necesaria respuesta a un don inmerecido, gratuito y total ofertado por Dios. Pero sin respuesta humana, una fe solamente dada podr\u00ed\u00ada ser un sombrero para el hombre. Cierto que la gracia -como Dios mismo- no es el producto de nuestra decisi\u00f3n, pero su actuaci\u00f3n en nosotros en cierto modo s\u00ed\u00ad: sin la respuesta personal la gracia no ser\u00e1 operativa en nosotros.<\/p>\n<p>S\u00ed\u00ad, la fe es una gracia, un don de Dios. Pero, como dice Bonhbffer, es una gracia cara: un don que se ha de desear, que se ha de querer aceptar, una propuesta a la que se debe responder. Porque si no, se corre el riesgo de considerar la fe tan solo como un saber, una \u00e9tica, un cumplimiento. No es que esto no forme parte de la fe cristiana, pero esta es globalmente mucho m\u00e1s. Viene a ser, en definitiva, todo un sentido de la vida, un estilo de existencia, una opci\u00f3n por determinadas dimensiones del ser humano. Desde ah\u00ed\u00ad habr\u00e1 unas perspectivas dentro de las que la fe se mover\u00e1: esas que llamamos sus dimensiones antropol\u00f3gicas. Una de ellas es la propuesta por Pedro: \u00abDar raz\u00f3n de nuestra esperanza\u00bb, porque la fe tiene todo que ver con nuestro futuro. Otra es el seguimiento personal: \u00abMe llamaste, Se\u00f1or, y no me pude resistir\u00bb, producto de una llamada directa a la que se ha respondido: \u00abAqu\u00ed\u00ad estoy\u00bb. De todo ello podemos y debemos dar raz\u00f3n, testimoniar por qu\u00e9 uno se ha dejado arrastrar: \u00abPorque creo que Jes\u00fas es el Se\u00f1or\u00bb.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00adamos hablar tambi\u00e9n de otras dimensiones de la fe cristiana: la alabanza, la acci\u00f3n de gracias, el compromiso, la praxis militante&#8230; Porque la fe, como la vida (al fin y al cabo aquella se define en las zonas m\u00e1s hondas de la decisi\u00f3n humana), precisa del concurso de todas sus dimensiones para poder ser vivida plenamente. Por ello, aun a riesgo de simplificar demasiado, diremos que la fe cristiana tiene una triple dimensi\u00f3n: no\u00e9tica, \u00e9tica y est\u00e9tica. La primera corresponde a la expresi\u00f3n doctrinal y teol\u00f3gica. La segunda se desarrolla por la v\u00ed\u00ada moral, que es m\u00e1s que un hacer o no hacer: es un saber vivir como exigencia de la fe que rebosa de toda la vida del disc\u00ed\u00adpulo de Cristo. La tercera dimensi\u00f3n es la est\u00e9tica, mediante la cual el cristiano expresa\/celebra su fe personal y comunitariamente.<\/p>\n<p>Las confesiones de fe se han movido preferentemente en la dimensi\u00f3n no\u00e9tica: credos, catecismos, teolog\u00ed\u00ada, se han preocupado de fijar contenidos, pero dejando fuera otras dimensiones tambi\u00e9n fundamentales. Es verdad que los mandamientos, c\u00f3digos y leyes han organizado en cierto modo la dimensi\u00f3n \u00e9tica de la fe. Pero unos y otros no han recogido la impresionante dimensi\u00f3n de la vida de los testigos, confesores, m\u00e1rtires&#8230; Esos credos y c\u00f3digos han olvidado casi por completo que la vida -la forma de existencia y su celebraci\u00f3n-nos define o no como cristianos, expresa lo que creemos y c\u00f3mo creemos: \u00abLa pr\u00e1ctica religiosa pura y si.n mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en visitar a los hu\u00e9rfanos y a las viudas en sus tribulaciones y guardarse de los vicios del mundo\u00bb (Sant 1,27). Es cierto que los credos, nacidos de la liturgia de la iniciaci\u00f3n cristiana, tienen su origen en la dimensi\u00f3n est\u00e9tica de la fe. Pero, especialmente a partir de las primeras herej\u00ed\u00adas y concilios, se hicieron respuesta de fe ortodoxa, test de autenticidad eclesial. Con todo, siempre se ha tenido claro que no se puede creer sin amar y que la confesi\u00f3n de fe pasa por la formulaci\u00f3n doctrinal, la praxis de la vida y la celebraci\u00f3n. Quiz\u00e1s algunas de las actuales y vitalistas confesiones de fe a que antes alud\u00ed\u00adamos no son sino el eco de otras de cualificados testigos: F\u00e9lix, Gotescalco, Berengario, san Bruno.<\/p>\n<p>Esto nos lleva de la mano a definir los credos como algo complejo, que intentan formular la fe contenida en la Escritura, pero no son instrumentos o reglas fijas que se deben aplicar sin m\u00e1s. Son aut\u00e9nticas creaciones de la Iglesia, a partir de dos polos indisociables: Jesucristo y la Iglesia. En el fondo van a suponer al cristiano una toma de posici\u00f3n respecto al mundo: el hombre es un ser que se va haciendo en la historia.<\/p>\n<p>Por otra parte, los credos nacen tambi\u00e9n para ayudar a creer rectamente, para guardar de una fe aberrante, para evitar incorrectas formulaciones, vivencias y expresiones de la fe verdadera. Por eso su contenido ha de ser sustancial, a menudo cargado de ideolog\u00ed\u00ada; pero su funci\u00f3n es variable seg\u00fan las circunstancias. En ocasiones los s\u00ed\u00admbolos dejaron de ser vivencia, expresi\u00f3n y confesi\u00f3n de fe, llegando a convertirse -caso l\u00ed\u00admite-en puerta de la excomuni\u00f3n. Con todo, hay que decir que ning\u00fan credo es definitivo, inamovible, irreversible: todos est\u00e1n elaborados con palabras humanas, siempre perceptibles y capaces de expresar mejor la fe en un Dios que es absolutamente Otro.<\/p>\n<p>A partir de la estructura ternaria que predomina en todo s\u00ed\u00admbolo de fe, se han querido dividir sus contenidos seg\u00fan una clave trinitaria. Sin negar esa realidad, hay que decir que no se trata de un reparto del contenido conceptual de la fe cristiana entre las tres personas divinas. La verdad es que un credo est\u00e1 formado por palabras humanas acerca de Dios y acerca del hombre, como algo inseparablemente unido; aunque su n\u00facleo central es cristol\u00f3gico, y eso jerarquiza todos sus contenidos, lo cierto es que la fe en Dios (Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo) sit\u00faa al cristiano en el mundo y en el seno de una comunidad. El yo creo es, en realidad y siempre, un nosotros creemos en medio de la historia.<\/p>\n<p>V. Sentido y validez actuales<br \/>\nPudiera parecer que un instrumento de la dimensi\u00f3n no\u00e9tica y confesante de la fe cristiana como son los credos, despu\u00e9s del uso tan prolongado que han tenido, estuviese ya demasiado erosionado para poder seguir us\u00e1ndose; pero no es as\u00ed\u00ad. Algunas muestras recientes de su utilizaci\u00f3n y aun revalorizaci\u00f3n por parte de las Iglesias, expresan su vigencia. Tal es el caso del Credo del pueblo de Dios, promulgado por Pablo VI en la clausura del A\u00f1o de la fe (1968); del prolongado trabajo de la Comisi\u00f3n Fe y constituci\u00f3n, del Consejo mundial de las Iglesias, para lograr una explicaci\u00f3n ecum\u00e9nica de la fe apost\u00f3lica expresada en el s\u00ed\u00admbolo de Constantinopla, acordada en su V Conferencia general (Santiago de Compostela, agosto de 1993); o del espacio dedicado al Credo en el Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica (1992), que supera un tercio de su contenido total. Por eso vamos a fijarnos de forma sucinta en la validez de contenidos que mantienen actualmente su uso en tres direcciones.<\/p>\n<p>a) Teol\u00f3gica. La estructura trinitaria del credo expresa, al mismo tiempo, la referencia al misterio de Dios uno-trino y al misterio de la salvaci\u00f3n humana: protolog\u00ed\u00ada y escatolog\u00ed\u00ada cierran el c\u00ed\u00adrculo de ese misterio que ilumina la fe cristiana. En realidad expresa un camino creyente hacia Dios, que se lleva adelante por medio de Jesucristo en el Esp\u00ed\u00adritu, presente en la Iglesia. Lo doctrinal est\u00e1 subordinado al dinamismo de la fe; por eso el credo no supone tanto creer en Dios sino, en el sentido agustiniano, ir hacia Dios creyendo, un itinerario din\u00e1mico, al tiempo personal y comunitario.<br \/>\nEl credo no trata de demostrar que Dios existe; lo supone existiendo al margen del hombre, de su historia y del mundo, pero d\u00e1ndoles todo su sentido. La confesi\u00f3n de fe sit\u00faa a Dios en el v\u00e9rtice supremo de toda realidad y al hombre creyente en el camino que, a trav\u00e9s de Jesucristo, va realizando al encuentro de ese Dios. El credo concreta la fe del creyente, lo define como cristiano y lo sit\u00faa -en el Esp\u00ed\u00adritu- dentro de la comuni\u00f3n eclesial en su marcha hacia la vida eterna.<\/p>\n<p>b) Pastoral. El credo es creaci\u00f3n eclesial, no pertenece al iniciado en la fe. Deriva del ministerio de la predicaci\u00f3n y ense\u00f1anza apost\u00f3licas, de las que dimana toda la tarea pastoral de la Iglesia. Por eso el \u00abyo creo\u00bb es de la comunidad a la que se incorpora el nuevo creyente que lo profesa, para tener acceso a la vida nueva en Dios, lo cual le comportar\u00e1, sin duda, consecuencias morales y compromisos apost\u00f3licos concretos.<\/p>\n<p>El credo profesado abre al cristiano a nuevas dimensiones de su existencia en el mundo. Situado en el coraz\u00f3n de la Iglesia, \u00e9l participa de su ministerio apost\u00f3lico hacia dentro y de su compromiso evangelizador hacia fuera. Esto deber\u00ed\u00ada obligar a las instancias pastorales de la Iglesia, tanto en los procesos de iniciaci\u00f3n cristiana como en los de formaci\u00f3n permanente, a potenciar la coherencia que el creyente adulto debe tener en ambas direcciones, a integrar arm\u00f3nicamente las tres dimensiones de la fe (no\u00e9tica, \u00e9tica, est\u00e9tica) en la unidad de una existencia vivida seg\u00fan el evangelio. Si el credo \u00abresume los dones que Dios hace al hombre\u00bb (CCE 14), la vida de un cristiano de acuerdo con \u00e9l ser\u00e1 la respuesta que d\u00e9 en la Iglesia y en el mundo.<\/p>\n<p>c) Ecum\u00e9nica. Sin negar el servicio que las confesiones de fe prestan dentro de cada Iglesia y ante las otras Iglesias; sin discutir el valor de un credo com\u00fanmente admitido por todas como el de Constantinopla, anterior a las grandes divisiones cristianas&#8230;, lo cierto es que, no su letra, sino las explicaciones diversas acerca de sus contenidos, hacen de \u00e9l actualmente un instrumento muy limitado de ecumenismo oficial.<\/p>\n<p>Posiblemente para propiciar su valor ecum\u00e9nico, se deber\u00ed\u00ada intentar recomponer los instrumentos de confesi\u00f3n de la fe cristiana con imaginaci\u00f3n creativa. Por una parte, y eso parece necesario, las Iglesias deber\u00e1n seguir haciendo confesiones de fe no\u00e9ticas. Pero hay otra serie de elementos que deber\u00ed\u00adan formar parte de ellas si se quiere que sirvan ecum\u00e9nicamente a la causa de la unidad cristiana. Partiendo de un hecho tan central como es el bautismo, que introduce en la Iglesia, y que los cristianos de todas las denominaciones reciben v\u00e1lidamente, \u00bfhabr\u00e1 ruptura o separaci\u00f3n m\u00e1s fuerte que la unidad aportada por este sacramento? Deber\u00ed\u00ada ser posible, cuando se ha llegado a un ecumenismo tan desarrollado como el actual -respetando las diferencias doctrinales que nos separan y que los credos ponen de relieve-, que las confesiones de fe pudieran integrar otras realidades que ya nos unen realmente: miembros de distintas Iglesias, hermanados por el mismo bautismo, orando y celebrando juntos; actuaciones y compromisos por encima de las divisiones; testimonio com\u00fan que se aporta ya (recu\u00e9rdense los m\u00e1rtires de Uganda, cat\u00f3licos y anglicanos, confesando juntos la fe hasta la muerte).<\/p>\n<p>Respetando el uso de las viejas formulaciones de fe, habr\u00e1 que buscar en este tiempo otras nuevas que expresen el pluralismo de las tradiciones cristianas diversas, que no oculten nuestras diferencias, pero que no impidan buscar la convergencia. Hoy ya debiera ser posible formular confesiones de fe ecum\u00e9nica, expresando lo que nos une realmente, posibles modelos de una fe cristiana cre\u00ed\u00adda, practicada, celebrada&#8230; por cristianos de Iglesias distintas. Desde la koinon\u00ed\u00ada efectiva entre las personas y grupos, comunidades y quiz\u00e1s Iglesias, debi\u00e9ramos estar dispuestos a \u00abcontestar a todo el que nos pida raz\u00f3n de nuestra esperanza\u00bb, a aportar el testimonio de nuestro com\u00fan destino en Cristo.<\/p>\n<p>Concluyendo, el servicio hist\u00f3rico prestado por los s\u00ed\u00admbolos de fe a la Iglesia parece que debe mantenerse en activo, ahondando en los contenidos de una fe transmitida por el ministerio apost\u00f3lico y potenciando su dimensi\u00f3n celebrativa, para ser mejor vivido el misterio de la existencia cristiana en el mundo. Adem\u00e1s, la causa de la unidad cristiana debe urgir a las Iglesias a acelerar el servicio ecum\u00e9nico que estos s\u00ed\u00admbolos deben prestar en el inmediato futuro.<\/p>\n<p>VI. Claves catequ\u00e9ticas del credo<br \/>\n1. EL CREDO EN LA POSMODERNIDAD. Hablar de un credo hoy resulta dif\u00ed\u00adcil. La posmodernidad es la cultura de la est\u00e9tica, de la imagen, de lo superficial, de lo inmediato. Es la cultura que valora por encima de todo lo subjetivo y lo peque\u00f1o, y por lo tanto no gusta de lo objetivo, de los grandes ideales. En la posmodernidad todo vale y todo tiene su sitio. As\u00ed\u00ad, el posmoderno se siente sometido a una avalancha de informaciones y est\u00ed\u00admulos dif\u00ed\u00adciles de estructurar, hace de la necesidad virtud y opta por un vagabundear incierto de unas ideas a otras. No se aferra a nada, no tiene certezas absolutas, nada le sorprende y sus opciones son susceptibles de modificaciones r\u00e1pidas. En las relaciones personales renuncia a los compromisos profundos, su meta es ser independiente afectivamente, no sentirse vulnerable.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la posmodernidad no admite f\u00e1cilmente el monote\u00ed\u00adsmo (un Dios, una fe, un bautismo), porque profesar este es tomar en serio la gravedad de lo real, admitir que las cosas tienen peso ontol\u00f3gico, comprometerse con la existencia, convertir el mensaje evang\u00e9lico en militancia. Por tanto, resulta dif\u00ed\u00adcil para la sociedad actual aceptar un mismo credo para todos, con todo lo que ello significa. Bien es cierto que no existe una actitud de rechazo, pero no siempre es acogido en toda su profundidad.<\/p>\n<p>2. EL CREDO, TAREA DE LA CATEQUESIS. Sin embargo esta es la tarea fundamental de la catequesis. La catequesis arranca de la vivencia de la propia fe, y de esa vivencia surge la necesidad de transmitirla a otros, que har\u00e1n el recorrido hasta confesar vitalmente la fe en Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo; es decir, la catequesis debe ayudarnos a \u00abconocer, celebrar, vivir y contemplar el misterio de Cristo\u00bb (DGC 85). As\u00ed\u00ad pues, \u00abla catequesis es esa forma particular del ministerio de la Palabra que hace madurar la conversi\u00f3n inicial hasta hacer de ella una viva, expl\u00ed\u00adcita y operativa confesi\u00f3n de fe: la catequesis tiene su origen en la confesi\u00f3n de fe y conduce a la confesi\u00f3n de fe\u00bb (DGC 82).<\/p>\n<p>Por lo tanto, toda catequesis ha de tener claro que la confesi\u00f3n de fe en Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo es el punto hacia el que siempre tiene que apuntar, y no s\u00f3lo desde la mera teor\u00ed\u00ada, sino desde la vida. El catec\u00fameno debe llegar a confesar como san Pablo \u00abya no vivo yo, pues es Cristo el que vive en m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,20). Habr\u00e1 que tener en cuenta que esta confesi\u00f3n de la fe, si bien ha de ser<br \/>\nproclamada de modo singular y personal, no es menos cierto que ese \u00abcreo\u00bb se hace en el seno y en relaci\u00f3n con toda la Iglesia, nos une a toda la Iglesia. Por tanto, el \u00abcreo\u00bb y el \u00abcreemos\u00bb no se excluyen, sino que se implican (DGC 83). La confesi\u00f3n personal de la fe en Dios Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo nos hace vivir en comunidad, como Dios mismo es comunidad.<\/p>\n<p>3. CRITERIOS ORIENTADORES. La catequesis no debe utilizar la confesi\u00f3n de la fe, el credo, como algo marginal, ni como algo que aparece como un meteorito, sino como expresi\u00f3n de la propia vida. La catequesis ayudar\u00e1 a descubrir el sentido profundo del credo y todo lo que este implica. La catequesis debe ayudar a tomar conciencia de que el credo no es algo privado, como no lo es la fe, sino algo comunitario; es al mismo tiempo una realidad personal y eclesial. La vivencia del Credo es todo un proceso que inicia \u00abel que, por el primer anuncio, se convierte a Jesucristo y le reconoce como Se\u00f1or&#8230; ayudado por la catequesis\u00bb y \u00abque desemboca necesariamente en la confesi\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de la Trinidad\u00bb (DGC 82).<\/p>\n<p>En el credo est\u00e1n las verdades m\u00e1s relevantes de la fe cat\u00f3lica, pero ello no significa que este agote todo el mensaje cristiano. La confesi\u00f3n de la fe no es s\u00f3lo algo te\u00f3rico, sino que implica una vivencia de la fe de forma integral, en todas las dimensiones de la vida. La confesi\u00f3n de la fe debe llevar a una vida nueva, en relaci\u00f3n con el Padre, el Hijo y el Esp\u00ed\u00adritu Santo, as\u00ed\u00ad como a un compromiso con el reino de Dios. Para ello ser\u00e1n necesarios catequistas que tengan claro que lo suyo no es hacer s\u00f3lo una pandilla de amigos, ni transmitir sus ideas, sino el mensaje cristiano, de forma completa e integral, que se nos transmite a trav\u00e9s de la Iglesia, de quien recibe la misi\u00f3n; una misi\u00f3n que implica tambi\u00e9n un testimonio y una vivencia de la fe, para poder ser un aut\u00e9ntico instrumento al servicio del encuentro del hombre con Dios. La confesi\u00f3n de fe es algo que se va haciendo progresivamente, por lo que se debe celebrar de forma lit\u00fargico-catequ\u00e9tica con alg\u00fan signo o s\u00ed\u00admbolo que exprese el crecimiento de la fe.<\/p>\n<p>VII. Proyecto de una catequesis sobre el credo<br \/>\nPara elaborar un proyecto de catequesis sobre el credo, es necesario tener en cuenta los siguientes elementos:<br \/>\na) Objetivos generales: Ofertar un proceso en el cual los ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos vayan haciendo un camino, al final del cual sean capaces, en la medida de sus posibilidades, de vivir, entender y proclamar la fe en el Dios de Jes\u00fas. Profundizar en la propia fe, descubriendo la grandeza de Dios que es Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu Santo. Ayudar a tomar conciencia de la hondura que tiene el decir que creemos, y lo que ello supone de compromiso para nuestra vida personal y comunitaria.<br \/>\nb) Aspectos metodol\u00f3gicos: Los objetivos que acabamos de presentar son para todos: ni\u00f1os, j\u00f3venes y adultos. Sin embargo, queda claro que no a todos se les pedir\u00e1 igual profundidad. En los ni\u00f1os se buscar\u00e1 la sencillez y la concreci\u00f3n en los temas a desarrollar, y en los j\u00f3venes se tendr\u00e1n en cuenta sus inquietudes e interrogantes, como tambi\u00e9n en los adultos, para los que se prestar\u00e1 especial atenci\u00f3n a la religiosidad popular. En todos ellos destacamos la importancia de la propia vida. Queremos plantear una catequesis del credo que arranque de la propia vida del catec\u00fameno. Por ello presentamos tres propuestas distintas, seg\u00fan edades y situaciones.<\/p>\n<p>1. EN LA INFANCIA. Presentamos una propuesta en tres etapas bien diferenciadas: de 3 a 7 a\u00f1os \u00abCreo en Dios Padre; de 7 a 9 \u00abCreo en Jesucristo\u00bb; de 9 a 11 \u00abCreo en el Esp\u00ed\u00adritu y la Iglesia\u00bb. La etapa de la preadolescencia, o sea, de 11 a 14 a\u00f1os, es una etapa compleja que debe ser menos catequ\u00e9tica y m\u00e1s de educaci\u00f3n en valores y por eso no la incluimos aqu\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>a) De los 3 a los 7 a\u00f1os es la etapa de lo que llamamos el despertar religioso, en el cual el ni\u00f1o va captando a Dios a trav\u00e9s de la grandeza y de la belleza de la creaci\u00f3n o del amor que percibe en las personas m\u00e1s cercanas. Sin embargo, en esta edad, el ni\u00f1o s\u00f3lo puede vislumbrar lo que es Dios. En esta etapa se deber\u00e1 ense\u00f1ar al ni\u00f1o que Dios en un Padre bueno que nos quiere mucho, as\u00ed\u00ad como a descubrir que todo es un regalo maravilloso de Dios, que \u00e9l lo hizo todo y que tambi\u00e9n nos hizo a nosotros. Ser\u00e1 importante en esta edad iniciar al ni\u00f1o en el mundo de los s\u00ed\u00admbolos, de los gestos y de los signos que expresan ese cari\u00f1o de Dios Padre.<br \/>\nb) De los 7 a los 9 a\u00f1os es la etapa destinada a la iniciaci\u00f3n en la fe en la que el ni\u00f1o empieza a razonar las intenciones de Dios, su fe se va haciendo m\u00e1s consciente y con m\u00e1s conocimientos sobre Dios, del cual destaca los atributos de grande, fuerte, bueno&#8230; La memorizaci\u00f3n de oraciones o del mismo credo le resulta relativamente f\u00e1cil. Sin embargo, es bueno que esa memorizaci\u00f3n vaya acompa\u00f1ada de catequesis a trav\u00e9s de los aspectos concretos, porque el credo no es algo abstracto y por tanto ininteligible. En esta etapa se har\u00e1 especial hincapi\u00e9 en descubrir a Jes\u00fas como ese amigo que nunca falla, que siempre est\u00e1 a nuestro lado, que naci\u00f3 de la Virgen Mar\u00ed\u00ada y que siempre hizo el bien a todos, sobre todo a los m\u00e1s necesitados, que dio su vida por amor a nosotros y que resucit\u00f3 y est\u00e1 junto a su Padre Dios, que tambi\u00e9n es nuestro Padre.<\/p>\n<p>c) De los 9 a los 11 a\u00f1os es la etapa llamada de la infancia adulta, apropiada para hacer la primera s\u00ed\u00adntesis de fe, donde el ni\u00f1o es capaz de interiorizar y personalizar el ser de Dios. Tiene ya capacidad para abstraer y relacionar, as\u00ed\u00ad como para hablar con Dios, y sobre todo con Jes\u00fas, de una forma m\u00e1s personal. A esta edad ya es capaz de hacer peque\u00f1as opciones y gusta del grupo. Ser\u00e1 importante en esta etapa ayudar al ni\u00f1o a tomar conciencia de que Dios le ama y siempre le perdona, y de que nunca le abandona, sino que est\u00e1 siempre a su lado a trav\u00e9s de su Esp\u00ed\u00adritu, alent\u00e1ndole y d\u00e1ndole fuerza para seguir adelante, y de que todos los que formamos la Iglesia somos el grupo de los amigos de Jes\u00fas, con quien un d\u00ed\u00ada viviremos todos.<\/p>\n<p>2. A LOS ADOLESCENTES Y J\u00ed\u201cVENES. La cultura posmoderna marca en gran medida al joven de hoy con su afluencia de informaciones y su invitaci\u00f3n a los cambios r\u00e1pidos. Esto dificulta en gran medida la vivencia de la fe en profundidad y para siempre. No cabe duda de que el joven de hoy conecta con muchos de los valores del evangelio, como la libertad, la fraternidad, el amor, la justicia&#8230; Pero raras veces se siente con fuerza para hacerlos realidad en su vida en todo momento; m\u00e1s bien es capaz de compaginar estos valores con otros totalmente opuestos. En este sentido una catequesis que tenga como base el credo deber\u00e1 tener en cuenta los valores de los j\u00f3venes de hoy, y al mismo tiempo es necesario ayudarles a que sean capaces de ir haciendo peque\u00f1as confesiones de fe, peque\u00f1as opciones en la vida, que le vayan capacitando para confesar la fe de forma madura. Ser\u00e1 importante que el grupo vaya expresando su fe a trav\u00e9s de sus peque\u00f1as s\u00ed\u00adntesis que expresen lo que es su vida.<\/p>\n<p>Entre los contenidos debemos destacar la figura de Dios, que nos lo ha dado todo, que se hace hombre en Jes\u00fas, que vive libre ante toda atadura, que anuncia el Reino, que es un Reino de amor, de justicia, de fraternidad, de perd\u00f3n. Jes\u00fas, que da su vida por amor a nosotros y que resucita. Ese mismo amor se manifiesta hoy en la Iglesia a trav\u00e9s de su Esp\u00ed\u00adritu, en espera del encuentro definitivo con Dios.<\/p>\n<p>3. A LOS ADULTOS. Los adultos son los destinatarios fundamentales de toda catequesis, debido a que pueden vivir la fe de una forma madura, y al mismo tiempo tienen mucha responsabilidad en la educaci\u00f3n de las futuras generaciones en esta fe. Sin embargo, esta fe se tambalea ante la escasa formaci\u00f3n religiosa, los interrogantes que plantea la sociedad actual o la misma comodidad, que invita a no comprometerse de forma definitiva. A ello hay que unir el crecimiento del ate\u00ed\u00adsmo y sobre todo la indiferencia y la proliferaci\u00f3n de las sectas.<\/p>\n<p>Todo ello hace cada vez m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil la formaci\u00f3n en la fe de la Iglesia que proclamamos en el credo. En este sentido, una catequesis de adultos desde el credo debe servir para descubrir a Dios como el autor de la vida, que da sentido a nuestra existencia y camina siempre a nuestro lado. Nuestra fe en \u00e9l es una fe que implica una actitud nueva ante Dios y ante la vida y un compromiso en la Iglesia por la construcci\u00f3n del reino de Dios, que ya est\u00e1 aqu\u00ed\u00ad entre nosotros y que un d\u00ed\u00ada ser\u00e1 definitivo.<\/p>\n<p>Los contenidos podr\u00ed\u00adan ser: Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su \u00fanico Hijo, que naci\u00f3 de Mar\u00ed\u00ada, que pas\u00f3 haciendo el bien, acerc\u00e1ndose sobre todo a los m\u00e1s necesitados, que muri\u00f3, resucit\u00f3 y est\u00e1 a la derecha del Padre, y que vendr\u00e1 a juzgar al fin de los tiempos. Creo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, en la santa Iglesia cat\u00f3lica, en el perd\u00f3n de los pecados, en la resurrecci\u00f3n de la carne y en la vida eterna.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., La formaci\u00f3n de las confesiones de fe: continuidad y renovaci\u00f3n, Di\u00e1logo ecum\u00e9nico XX, 68 (1985); BREKELMANS A., Profesiones de fe en la Iglesia antigua: origen y funci\u00f3n, Concilium 51 (1970) 33-41; Co-LLANTES J., La fe de la Iglesia Cat\u00f3lica, BAC, Madrid 19954; CURA ELENA S. DEL, S\u00ed\u00admbolos de fe, en PIKAZA X.-SILANES N. (dirs.), Diccionario teol\u00f3gico. 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Proyecto &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/simbolo-de-la-fe-el-credo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSIMBOLO DE LA FE (EL CREDO)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17057","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17057","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17057"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17057\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17057"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17057"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17057"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}