{"id":17058,"date":"2016-02-05T11:06:47","date_gmt":"2016-02-05T16:06:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tareas-de-la-catequesis\/"},"modified":"2016-02-05T11:06:47","modified_gmt":"2016-02-05T16:06:47","slug":"tareas-de-la-catequesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/tareas-de-la-catequesis\/","title":{"rendered":"TAREAS DE LA CATEQUESIS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n: 1. Significado de la expresi\u00f3n \u00abtareas de la catequesis\u00bb; 2. Diversas tareas al servicio de un \u00fanico objetivo. II. Las tareas de la catequesis en el nuevo \u00abDirectorio\u00bb: 1. Iniciaci\u00f3n en el conocimiento del misterio de Cristo; 2. Iniciaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n deI misterio de Cristo; 3. Iniciaci\u00f3n en la vivencia del misterio de Cristo; 4. Iniciaci\u00f3n en la contemplaci\u00f3n del misterio de Cristo; 5. Iniciaci\u00f3n y educaci\u00f3n para la vida comunitaria; 6. Iniciaci\u00f3n y educaci\u00f3n para la misi\u00f3n. III. Las tareas de la catequesis en la formaci\u00f3n de los catequistas.<\/p>\n<p>I. Introducci\u00f3n<br \/>\nDentro de la acci\u00f3n evangelizadora de la Iglesia, la catequesis tiene como finalidad llevar al catec\u00fameno a vivir en comuni\u00f3n con Jesucristo (eso quiere decir ser cristiano) y a traducir en su mentalidad y en su conducta lo que esta comuni\u00f3n significa. El logro de esta finalidad, que podr\u00ed\u00ada llamarse la personalidad cristiana, es fruto de un proceso educativo -el proceso catequ\u00e9tico-, a lo largo del cual van desarroll\u00e1ndose los diversos aspectos que configuran el ser del cristiano. En esto consiste la iniciaci\u00f3n cristiana, en la cual se considera una doble vertiente: la del aprendizaje, que tiene lugar durante el proceso del catecumenado, y la de la expresi\u00f3n sacramental, que se realiza cuando los tres sacramentos de la iniciaci\u00f3n sellan y visibilizan la plena adhesi\u00f3n de la fe y la pertenencia definitiva a la Iglesia. La realizaci\u00f3n de las tareas de la catequesis va haciendo posible el crecimiento y la maduraci\u00f3n en la fe del catec\u00fameno (cf IC 39-40).<\/p>\n<p>1. SIGNIFICADO DE LA EXPRESI\u00ed\u201cN \u00abTAREAS DE LA CATEQUESIS\u00bb. Cuando se habla de tareas, se piensa, por una parte, en la realizaci\u00f3n de unas determinadas acciones que van orientadas a lograr un fin u objetivo. La expresi\u00f3n puede indicar tambi\u00e9n esos mismos objetivos que hay que ir alcanzando.<\/p>\n<p>Estas acciones tienen un car\u00e1cter pedag\u00f3gico, es decir, pretenden ir contribuyendo a configurar la personalidad cristiana del catec\u00fameno. Se trata, en concreto, del aprendizaje de la escucha e interiorizaci\u00f3n de la palabra de Dios; de la adquisici\u00f3n de un nuevo lenguaje religioso, con el que se formula y se expresa la fe; de la nueva experiencia del lenguaje simb\u00f3lico y ritual que tiene lugar en la liturgia; de la puesta en pr\u00e1ctica de unos nuevos modelos de conducta, referidos a la fe; de la participaci\u00f3n en una nueva comunidad: la de los creyentes.<\/p>\n<p>En la medida en que estas acciones pedag\u00f3gico-catequ\u00e9ticas se van llevando a cabo, van brotando las expresiones de la madurez cristiana, que consisten en conocer, celebrar, vivir y contemplar el misterio de Cristo, y en iniciarse y educarse para la vida en la comunidad y para la misi\u00f3n (cf DGC 85-86).<\/p>\n<p>La tarea de la catequesis no es, por tanto, desarrollar una ense\u00f1anza te\u00f3rica, a base de ideas o conceptos que se van transmitiendo, sino, sobre todo, introducir vitalmente en unas realidades religiosas a las que se va accediendo en la medida en que se crece en la fe (cf IC 41-43). Este es uno de los aspectos que diferencian con m\u00e1s nitidez la catequesis de la ense\u00f1anza teol\u00f3gica.<\/p>\n<p>2. DIVERSAS TAREAS AL SERVICIO DE UN \u00daNICO OBJETIVO. En toda acci\u00f3n educativa, junto a la definici\u00f3n clara de la meta que se desea alcanzar, es necesario establecer los pasos intermedios y los objetivos parciales que hay que asegurar para ir acerc\u00e1ndose a la meta. Ninguno de estos objetivos es definitivo, ni puede agotar toda la acci\u00f3n; sin embargo, todos son necesarios e indispensables. La acci\u00f3n educativa resulta, pues, el arte de ir haciendo avanzar estos objetivos intermedios de forma arm\u00f3nica y equilibrada, a trav\u00e9s de acciones bien programadas y que son complementarias unas de otras.<\/p>\n<p>La ciencia catequ\u00e9tica moderna, desarrollando los principios teol\u00f3gicos y pastorales del Vaticano II y del magisterio posterior, y apoy\u00e1ndose a la vez en las ciencias humanas, concibe la catequesis como una acci\u00f3n unitaria al servicio de un objetivo \u00fanico, que es la iniciaci\u00f3n cristiana, pero que se despliega a trav\u00e9s de m\u00faltiples pasos que, complement\u00e1ndose mutuamente, van logrando el objetivo final. A pesar de ello no hay que perder de vista que, en la pr\u00e1ctica, a\u00fan contin\u00faan vigentes en muchos agentes de pastoral mentalidades y formas de actuar que no asumen esta visi\u00f3n, incluso admiti\u00e9ndola te\u00f3ricamente. Resultado de esto son las pr\u00e1cticas catequ\u00e9ticas que privilegian una tarea sobre otras, o que se polarizan en una sola, olvidando las dem\u00e1s. Hay que afirmar que la verdad de la catequesis en el momento actual est\u00e1 en la complementaci\u00f3n arm\u00f3nica de todas las dimensiones. La expresi\u00f3n catequesis de s\u00ed\u00adntesis que hoy se utiliza se refiere precisamente a esto.<\/p>\n<p>II. Las tareas de la catequesis en el nuevo \u00abDirectorio\u00bb<br \/>\nEl Directorio general para la catequesis, promulgado en agosto de 1997, ofrece una nueva formulaci\u00f3n de las tareas de la catequesis, ampliando la que hasta ahora se consideraba m\u00e1s com\u00fan. Las cuatro tareas b\u00e1sicas se refieren al conocimiento, celebraci\u00f3n, vivencia y contemplaci\u00f3n del misterio de Cristo, a las que se a\u00f1aden otras dos que completan la experiencia cristiana: la integraci\u00f3n en la vida comunitaria y el dinamismo misionero (cf IC 17ss).<\/p>\n<p>1. INICIACI\u00ed\u201cN EN EL CONOCIMIENTO DEL MISTERIO DE CRISTO. El conocimiento es indispensable en el acto de fe. Se cree porque se conoce a Dios, que se ha revelado a los hombres y que act\u00faa en su favor. Iniciarse en el conocimiento de la fe es poner las bases para una maduraci\u00f3n de la actitud de fe. \u00abNosotros adoramos lo que conocemos\u00bb (In 4,22). En la medida en que un catec\u00fameno va conociendo lo que significa la historia de la salvaci\u00f3n, puede llegar a descubrir que su propia historia est\u00e1 inserta en esa historia de salvaci\u00f3n. Un lugar primordial en este descubrimiento lo ocupa la iniciaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. La palabra de Dios escrita y descubierta en los libros sagrados ser\u00e1 referencia permanente a lo largo de todo el proceso catequ\u00e9tico.<\/p>\n<p>El conocimiento del misterio cristiano se va adquiriendo en la medida en que el catec\u00fameno va haciendo suyo el Credo cristiano y va penetrando en su contenido. Ya en la catequesis primitiva, la entrega del credo era uno de los momentos de m\u00e1s significaci\u00f3n, por cuanto expresaba que la comunidad abr\u00ed\u00ada al catec\u00fameno el misterio de su fe y lo consideraba digno de compartirla. El credo, en cuanto resumen (s\u00ed\u00admbolo) de la fe, es, en primer lugar, expresi\u00f3n de una realidad invisible a la que s\u00f3lo se accede creyendo en ella; en segundo lugar, es expresi\u00f3n de realidades invisibles a trav\u00e9s del lenguaje propio de la comunicaci\u00f3n humana. De ah\u00ed\u00ad que la tarea de la catequesis sea, de una parte, ir abriendo el coraz\u00f3n del catequizando a la realidad de la fe; y, de otra, ir inici\u00e1ndole en el lenguaje acu\u00f1ado por la Iglesia a lo largo de siglos para expresar el objeto de su fe. Para ello la catequesis deber\u00e1 lograr una adaptaci\u00f3n, una traducci\u00f3n v\u00e1lida de los conceptos de la fe a las categor\u00ed\u00adas y a los significados del hombre de cada cultura (logrando emplear un lenguaje significativo en cada caso), a la vez que capacita al destinatario para comprender e interiorizar el lenguaje que ha sido entregado a la Iglesia y en el que ella expresa y comunica la fe. A este problema trata de responder el documento del Consejo pontificio de la cultura, Para una pastoral de la cultura, en el que presenta las nuevas situaciones culturales como nuevos campos de evangelizaci\u00f3n. En este punto, es necesario hacer referencia al Catecismo de la Iglesia cat\u00f3lica, as\u00ed\u00ad como a los catecismos de los diferentes episcopados, puestos al servicio de la transmisi\u00f3n de la fe, y que la catequesis va utilizando permanentemente como referencia autorizada a la fe de la Iglesia, propuesta en ellos y que se va entregando paulatinamente al catec\u00fameno.<\/p>\n<p>Llegar a un verdadero conocimiento del misterio cristiano supone asimilar la simplicidad de su contenido y, al mismo tiempo, penetrar progresivamente la multiplicidad y la interrelaci\u00f3n de sus elementos. Para que esto sea posible, es necesario que el catequista, en cuanto adulto en la fe, haya hecho vida en s\u00ed\u00ad mismo esta s\u00ed\u00adntesis de la fe. Desde esa s\u00ed\u00adntesis personal, que generalmente se expresa con una f\u00f3rmula simple, deber\u00e1 \u00abir proponiendo el contenido de la fe de una forma cada vez m\u00e1s amplia y expl\u00ed\u00adcita, de modo que cada fiel, y la comunidad cristiana, lleguen a un conocimiento cada vez m\u00e1s profundo y vital del mensaje cristiano, y juzguen las situaciones concretas o comportamientos de la vida humana a la luz de la revelaci\u00f3n\u00bb (DGC 38). Un principio teol\u00f3gico y pedag\u00f3gico importante a este respecto es el de la jerarqu\u00ed\u00ada de verdades. La transmisi\u00f3n de la fe no acontece de forma lineal, es decir, como una sucesi\u00f3n de informaciones aportadas una tras otra; m\u00e1s bien es de forma conc\u00e9ntrica, desarrollando de manera cada vez m\u00e1s amplia unos n\u00facleos que constituyen el centro del misterio en el que cree la Iglesia.<\/p>\n<p>2. INICIACI\u00ed\u201cN EN LA CELEBRACI\u00ed\u201cN DEL MISTERIO DE CRISTO. La celebraci\u00f3n es otro de los elementos constitutivos de la experiencia cristiana. Su origen es el gozo y la gratitud que produce en el creyente el encuentro salvador de Dios con \u00e9l. En todas las formas religiosas, primitivas o actuales, est\u00e1 presente la experiencia celebrativa. La religiosidad implica necesariamente la celebraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Para poder iniciar en esta dimensi\u00f3n de la experiencia cristiana, la catequesis no puede perder de vista la educaci\u00f3n de algunas actitudes b\u00e1sicas que la hacen posible; m\u00e1s a\u00fan, teniendo en cuenta el presente contexto cultural, en que estas actitudes tienen, con frecuencia, poco \u00e1mbito de ejercicio: la gratuidad, es decir, la capacidad de aceptar el amor desinteresado y el favor que viene a beneficiarnos desde fuera de nosotros mismos; la apertura sin condiciones al Otro y a los otros, que est\u00e1 en la base de la capacitaci\u00f3n para la experiencia comunitaria; la espontaneidad, como capacidad de ofrecer algo desde el interior de uno mismo con naturalidad, y de dejarse sorprender por lo que llega desde fuera, ofrecido por otro, y que crea un nuevo clima de relaci\u00f3n cuando se comparte; la gratitud, como reconocimiento de que Dios nos ha favorecido con su don, y ahora somos m\u00e1s ricos que antes, gracias a ese don recibido.<\/p>\n<p>La catequesis, al iniciar a la celebraci\u00f3n, ilumina tambi\u00e9n la raz\u00f3n profunda y teol\u00f3gica por la que el cristiano y la comunidad cristiana celebran. Toda la teolog\u00ed\u00ada de la liturgia debe estar presente en esta catequesis, aunque s\u00f3lo sea presentando sus n\u00facleos esenciales. No puede tener sentido una celebraci\u00f3n si no se tiene conciencia de qu\u00e9 se est\u00e1 celebrando. Por supuesto, har\u00e1 falta saber traducir al lenguaje del hombre de hoy las realidades misteriosas que se celebran. Esta es una de las tareas de la acci\u00f3n catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>Finalmente, la iniciaci\u00f3n lit\u00fargica comporta tambi\u00e9n introducir al catec\u00fameno en el lenguaje de la celebraci\u00f3n cristiana, que se compone de ritos y palabras: ritos cargados de simbolismo, que es necesario desvelar y penetrar y palabras que proclaman la acci\u00f3n salvadora y eficaz de Dios en favor de los que celebran. Igual que en los tiempos de la catequesis primitiva, que se realizaba en un medio cultural pagano, la catequesis de hoy no puede olvidar este car\u00e1cter mistag\u00f3gico, de introducci\u00f3n en el misterio, porque la cultura actual tampoco ofrece soportes a este tipo de comunicaci\u00f3n (cf IC 42).<\/p>\n<p>3. INICIACI\u00ed\u201cN EN LA VIVENCIA DEL MISTERIO DE CRISTO. Como consecuencia del conocimiento del misterio de Cristo y de la experiencia del encuentro salvador con \u00e9l en la celebraci\u00f3n comunitaria, la conducta del creyente va adquiriendo un estilo propio, que es el de los seguidores de Jesucristo. Esta conducta tiene unos elementos originales que identifican a los cristianos y a los que debe iniciar la catequesis.<\/p>\n<p>Teniendo ante los ojos la cultura actual, se toma conciencia de la importancia de este aspecto de la catequesis. Se trata de ofrecer al catec\u00fameno un marco de valores y unos principios de conducta, a cuya luz vaya siendo capaz de discernir en cada situaci\u00f3n la respuesta propia de un cristiano. La catequesis, por tanto, debe acompa\u00f1ar al catec\u00fameno en la interiorizaci\u00f3n y aprendizaje de estos valores y principios. La propuesta que hace la catequesis no puede ser te\u00f3rica. El catequista, que se presenta y act\u00faa siempre como enviado de la comunidad es, en primer lugar, testigo y modelo de aquello que propone, encarnando en su vida el talante y los valores evang\u00e9licos y dando raz\u00f3n de ellos, en referencia a su condici\u00f3n de creyente y de hijo de Dios.<\/p>\n<p>Esta iniciaci\u00f3n a la vida seg\u00fan el evangelio resulta tanto m\u00e1s necesaria cuanto que la cultura actual parece consagrar el relativismo moral y la m\u00e1s radical autonom\u00ed\u00ada del ser humano, al que se pretende privar de referencias filos\u00f3ficas o religiosas en las que pueda apoyar la rectitud de sus acciones. Por otra parte, el hecho de que los catequistas sean ellos tambi\u00e9n miembros de esta cultura y part\u00ed\u00adcipes de esta mentalidad puede explicar la debilidad e, incluso en ocasiones, la ausencia de esta formaci\u00f3n moral en el conjunto de la acci\u00f3n catequ\u00e9tica.<\/p>\n<p>La vida del cristiano debe configurarse en una relaci\u00f3n trinitaria, a la que va llevando la catequesis: el catec\u00fameno se inicia en la vida como hijo de Dios, bajo la mirada del Padre, incorporado a Cristo e imit\u00e1ndole, y sabi\u00e9ndose templo del Esp\u00ed\u00adritu y movido por \u00e9l. Al servicio de esta educaci\u00f3n moral, la catequesis reviste unas caracter\u00ed\u00adsticas originales, porque es una catequesis del Esp\u00ed\u00adritu Santo, de la gracia, de las bienaventuranzas, del pecado y del perd\u00f3n, de las virtudes humanas y cristianas, del doble mandamiento del amor y, finalmente, una catequesis eclesial que crece, se despliega y se comunica en el misterio de la \u00abcomuni\u00f3n de los santos\u00bb (CCE 1697).<\/p>\n<p>Un aspecto que en el momento actual resulta inexcusable es el de la formaci\u00f3n en la dimensi\u00f3n social de la fe. Sin ella, es dif\u00ed\u00adcil que los valores evang\u00e9licos, encarnados y vividos por personas adultas y coherentes, puedan hacerse presentes en las realidades humanas en las que hoy se desarrolla la vida de nuestra sociedad: cultura, profesi\u00f3n, pol\u00ed\u00adtica, econom\u00ed\u00ada, educaci\u00f3n, ocio, etc. (cf Para una pastoral de la cultura, 1 lss).<\/p>\n<p>4. INICIACI\u00ed\u201cN EN LA CONTEMPLACI\u00ed\u201cN DEL MISTERIO DE CRISTO. El primer modelo de catequesis cristiana, que fue la acci\u00f3n de Jes\u00fas con sus disc\u00ed\u00adpulos, tuvo como uno de sus elementos primordiales la iniciaci\u00f3n a la oraci\u00f3n: \u00abSe\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar&#8230;\u00bb. \u00abCuando or\u00e9is, decid: Padre,&#8230;\u00bb (Lc 11,1-4). Desde los or\u00ed\u00adgenes de la Iglesia, uno de los aspectos que identific\u00f3 a los cristianos fue su forma de orar, referida en su talante y en su expresi\u00f3n m\u00e1s a la oraci\u00f3n del Se\u00f1or que a las f\u00f3rmulas de la plegaria jud\u00ed\u00ada. Al estructurarse el proceso de la iniciaci\u00f3n cristiana en el catecumenado, la catequesis sobre el padrenuestro y la entrega de la oraci\u00f3n del Se\u00f1or, en el marco de un rito prebautismal, pasaron a formar parte del proceso inici\u00e1tico.<\/p>\n<p>El Directorio general de catequesis, al plantear esta tarea de la catequesis, habla de contemplar el misterio de Cristo concret\u00e1ndolo despu\u00e9s en la ense\u00f1anza de la oraci\u00f3n (DGC 86). Se constata con ello la intenci\u00f3n de poner el acento en un aspecto que ha estado muy olvidado, si no ausente del todo, en la catequesis de la oraci\u00f3n. El modelo que Jes\u00fas ofrece de s\u00ed\u00ad mismo a sus disc\u00ed\u00adpulos es el de un contemplativo, tanto por el tiempo que dedica a la oraci\u00f3n como por su actitud radical de orante. Quiz\u00e1 los estilos de oraci\u00f3n que durante muchos siglos se han hecho pr\u00e1ctica com\u00fan de los cristianos han estado muy distantes, y lo est\u00e1n a\u00fan, de ese modelo. Por eso tiene gran importancia que la catequesis recupere en toda su riqueza la originalidad de la oraci\u00f3n cristiana, inspir\u00e1ndose en la oraci\u00f3n de Jes\u00fas.<\/p>\n<p>Al servicio de esta iniciaci\u00f3n, la catequesis debe ofrecer, en primer lugar, el testimonio del propio catequista, llamado a ser maestro de oraci\u00f3n, quiz\u00e1 desde un nivel sencillo y popular, pero aut\u00e9ntico. En segundo lugar, la catequesis debe ser el lugar donde se despierten y eduquen las actitudes b\u00e1sicas que hacen posible la oraci\u00f3n: confianza, escucha, gratitud, alabanza, s\u00faplica. La catequesis debe tambi\u00e9n iniciar en el estilo y el lenguaje de la oraci\u00f3n de la Iglesia: desde el aprendizaje -incluso memor\u00ed\u00adstico-de las principales f\u00f3rmulas de oraci\u00f3n cristiana, siguiendo por el conocimiento de, al menos, los principales salmos, de algunas f\u00f3rmulas oracionales de la liturgia sacramental y de la liturgia de las Horas, hasta llegar a las expresiones m\u00e1s elevadas de la oraci\u00f3n de la Iglesia, como son las f\u00f3rmulas de la plegaria eucar\u00ed\u00adstica. Finalmente, tanto el grupo de catequesis como la sesi\u00f3n de catequesis deben llegar a ser progresivamente escuela pr\u00e1ctica de oraci\u00f3n, que capacite para poner en ejercicio las actitudes y las expresiones que la instrucci\u00f3n vaya proporcionando. Sin olvidar, por supuesto, que la oraci\u00f3n compartida va consolidando los v\u00ed\u00adnculos comunitarios del grupo que se siente convocado, unido y capaz de orar gracias a la acci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or que est\u00e1 en medio de \u00e9l.<\/p>\n<p>5. INICIACI\u00ed\u201cN Y EDUCACI\u00ed\u201cN PARA LA VIDA COMUNITARIA. Esta es otra de las caracter\u00ed\u00adsticas originarias del grupo de los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas. Los propios evangelios y, sobre todo, el libro de los Hechos de los ap\u00f3stoles nos dan testimonio de ello. A lo largo de los siglos, a causa del paso de la comunidad a la cristiandad, se ha ido perdiendo la conciencia de la pertenencia comunitaria, dando paso a una pertenencia m\u00e1s diluida e impersonal, de car\u00e1cter m\u00e1s sociol\u00f3gico que religioso. En el momento actual, la masificaci\u00f3n de la sociedad, por una parte, y la descristianizaci\u00f3n de la cultura, por otra, han hecho que la Iglesia y los cristianos vayan retornando a la experiencia originaria de la comunidad, como expresi\u00f3n identificadora de la pertenencia cristiana.<\/p>\n<p>De la misma forma que la comunidad es el origen de la catequesis, tambi\u00e9n ella es su lugar normal y, por \u00faltimo, el regazo materno que acoge a los ya catequizados al final de su proceso; en ella \u00abpueden vivir, con la mayor plenitud posible, lo que han aprendido\u00bb (CT 24). Esta relaci\u00f3n permanente de la catequesis con la comunidad es un bien para la catequesis, a la vez que lo es tambi\u00e9n para la comunidad. Esta crece y madura en la medida en que ejercita su funci\u00f3n maternal en favor de los catec\u00famenos. No se olvide, tampoco, que el final del proceso catecumenal son los sacramentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, as\u00ed\u00ad como la conclusi\u00f3n de los procesos de catequesis de inspiraci\u00f3n catecumenal es la renovaci\u00f3n de estos sacramentos. Y los sacramentos cobran su pleno sentido como acciones salvadoras de Dios en favor de su pueblo, que este acoge y celebra en un contexto siempre comunitario.<\/p>\n<p>Es tarea de la catequesis ejercitar a los catequizandos en las actitudes que hacen posible la relaci\u00f3n comunitaria: apertura, acogida, escucha, confianza, colaboraci\u00f3n, desinter\u00e9s, agradecimiento. Y esto en la doble vertiente de actitudes humanas, que facilitan la convivencia, y de frutos del Esp\u00ed\u00adritu, que va construyendo la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>6. INICIACI\u00ed\u201cN Y EDUCACI\u00ed\u201cN PARA LA MISI\u00ed\u201cN. La educaci\u00f3n para la madurez de fe est\u00e1 llamada a desembocar en una personalidad cristiana adulta, capacitada, al menos inicialmente, para vivir la fe con todas sus consecuencias. El cristiano adulto act\u00faa como creyente, es capaz de dar raz\u00f3n de su conducta y se convierte, por la propia fuerza de su conciencia cristiana, en anunciador y mensajero para otros de lo que \u00e9l vive.<\/p>\n<p>En la actual situaci\u00f3n de nuestra cultura, se hace urgente la s\u00f3lida preparaci\u00f3n de los cristianos para que puedan testimoniar en la vida diaria la coherencia de sus actos con la fe que profesan y comprometan la existencia en la construcci\u00f3n de la sociedad humana, seg\u00fan el proyecto de Dios. Esta tarea no puede llevarse a cabo sin una iniciaci\u00f3n y maduraci\u00f3n en la condici\u00f3n misionera y confesante de la propia existencia cristiana.<\/p>\n<p>Esta iniciaci\u00f3n se mueve entre dos afirmaciones: la corresponsabilidad de todos los bautizados en la misi\u00f3n de la Iglesia y la multiforme distribuci\u00f3n de los carismas por parte del Esp\u00ed\u00adritu Santo, para el bien com\u00fan. La catequesis debe despertar esta doble conciencia, a la vez que ayuda a cada uno a discernir su vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica. Un aspecto central que habr\u00e1 que discernir siempre es el lugar o \u00e1mbito en el que se realiza la vocaci\u00f3n de cada uno: a veces hay la tentaci\u00f3n de oponer la actividad intraeclesial y el compromiso en el mundo. En realidad, ambos lugares deben ser complementarios en la realizaci\u00f3n de la vocaci\u00f3n cristiana, sobre todo del laico. Un segundo aspecto que hay que clarificar es la forma de llevar a cabo la vocaci\u00f3n misionera. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad se da el riesgo de las polarizaciones: o el compromiso, o el anuncio. Y no se trata de realidades excluyentes: m\u00e1s bien el compromiso, a trav\u00e9s del testimonio, lleva al anuncio (AG 11).<\/p>\n<p>El catequista deber\u00e1 ofrecer al grupo una gama amplia de lugares y situaciones en los que se pueda ejercer el compromiso cristiano, tanto en el plano individual como en el asociativo, y en los diferentes \u00e1mbitos de la vida social, tanto en el campo de los derechos humanos (vida, libertad, justicia, paz&#8230;) como en el de la actividad que configura la vida social (familia, pol\u00ed\u00adtica, trabajo, educaci\u00f3n, econom\u00ed\u00ada, cultura, comunicaci\u00f3n, ocio&#8230;). Dentro de la vida de la comunidad, los campos de intervenci\u00f3n posible se corresponden con la misma acci\u00f3n de la Iglesia: la evangelizaci\u00f3n y la catequesis, la celebraci\u00f3n y la oraci\u00f3n, la atenci\u00f3n y asistencia a los pobres, la promoci\u00f3n de la vida comunitaria. Al catequista se le pide una sensibilidad a este aspecto de la vocaci\u00f3n cristiana y una preparaci\u00f3n suficiente para poder despertar y acompa\u00f1ar a los catec\u00famenos en los primeros pasos de su acci\u00f3n como testigos de la fe.<\/p>\n<p>III. Las tareas de la catequesis en la formaci\u00f3n de los catequistas<br \/>\nLas orientaciones catequ\u00e9ticas de la Iglesia posconciliar, formuladas en el nuevo Directorio, muestran claramente que estas son las dimensiones de la vida cristiana y que, por tanto, no se puede pensar en una catequesis que prescinda de alguna de ellas o no atienda a su desarrollo y educaci\u00f3n de forma global. La formaci\u00f3n de los catequistas, responsables de este delicado trabajo, debe estar concebida y realizada de modo que facilite su preparaci\u00f3n en este sentido. Incorporando, a su nivel, los necesarios elementos de la formaci\u00f3n teol\u00f3gico-b\u00ed\u00adblica, moral, lit\u00fargica, pastoral, etc., deber\u00e1 procurar que esta formaci\u00f3n se vaya adquiriendo de forma equilibrada y arm\u00f3nica. La metodolog\u00ed\u00ada que se emplee deber\u00e1 tambi\u00e9n ser, ella misma, cauce de formaci\u00f3n; es decir, debe facilitar que el propio catequista pueda asimilar y crecer en estos aspectos en la medida en que se va preparando. Incluso si el catequista es un cristiano adulto y maduro en la fe -siempre deber\u00ed\u00ada serlo-, su formaci\u00f3n en cuanto catequista debe significar para \u00e9l un cierto entrenamiento y experimentaci\u00f3n en el talante catecumenal que despu\u00e9s deber\u00e1 imprimir a su trabajo catequ\u00e9tico.<\/p>\n<p>Teniendo ante los ojos el cristiano adulto que hoy necesitan los tiempos de nueva evangelizaci\u00f3n, y la comunidad adulta y misionera que hace falta para ello, a la acci\u00f3n catequ\u00e9tica le corresponder\u00e1 iniciar a estos creyentes en la fe y acompa\u00f1arlos hasta su ingreso en la comunidad, lo mismo si son ya bautizados y sacramentalizados que personalizan su fe en la edad adulta, que si se trata de personas no bautizadas y que hacen el itinerario catecumenal propiamente dicho hacia los sacramentos de la iniciaci\u00f3n. (A este respecto puede verse la aportaci\u00f3n de la Conferencia episcopal espa\u00f1ola en diversos apartados de IC). De lo que se trata es de que la riqueza de la vocaci\u00f3n y de la existencia cristiana, compuesta de facetas distintas pero complementarias, sea debidamente educada para que llegue a dar sus frutos en una vida creyente, vivida en permanente correspondencia a la gracia del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>BIBL.: ALBURQUERQUE E., Vida cristiana y catequesis, CCS, Madrid 1986; ALCEDO A., La catequesis en la Iglesia, SM, Madrid 1990; \u00ed\u0081LVAREZ L. F., Celebraci\u00f3n cristiana y catequesis, CCS, Madrid 1987; PRIETO R., La Iglesia celebra su ,fe: los sacramentos, SM, Madrid 1991.<\/p>\n<p>Antonio M\u00c2\u00b0Alcedo Ternero<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Introducci\u00f3n: 1. Significado de la expresi\u00f3n \u00abtareas de la catequesis\u00bb; 2. Diversas tareas al servicio de un \u00fanico objetivo. II. Las tareas de la catequesis en el nuevo \u00abDirectorio\u00bb: 1. Iniciaci\u00f3n en el conocimiento del misterio de Cristo; 2. Iniciaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n deI misterio de Cristo; 3. 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