{"id":17064,"date":"2016-02-05T11:07:01","date_gmt":"2016-02-05T16:07:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/valores-morales-genuinos\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:01","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:01","slug":"valores-morales-genuinos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/valores-morales-genuinos\/","title":{"rendered":"VALORES MORALES GENUINOS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. El problema de los valores. II. Existencia y significado de los valores. III. El problema del criterio. IV. Los valores morales y la religi\u00f3n. V. El cristianismo y los valores morales.<\/p>\n<p>I. El problema de los valores<br \/>\nTratar de los valores morales exigir\u00ed\u00ada, ante todo, preguntarse en qu\u00e9 consiste el valor en s\u00ed\u00ad mismo. Problema complejo y pol\u00e9mico, si los hay, como indican las siguientes palabras de la excelente voz Valor, del Diccionario filos\u00f3fico de J. Ferrater Mora: \u00abSe han adoptado numerosos puntos de vista: los valores son irreducibles a otras formas, o modos, de realidad; son cualidades especiales; son productos de valoraciones humanas y, por tanto, relativos; subsisten de alg\u00fan modo independientemente de las valoraciones y hacen estas posibles o, cuando menos, permiten que ciertos juicios sean llamados juicios de valor; son, o est\u00e1n relacionados con normas, o con imperativos; son independientes de normas o de imperativos; forman una jerarqu\u00ed\u00ada; no forman ninguna jerarqu\u00ed\u00ada, etc. La cuesti\u00f3n acerca de la naturaleza de los valores o, en todo caso, de las valoraciones y juicios de valor, y el car\u00e1cter relativo o absoluto de los valores o de las valoraciones o juicios de valor han sido los dos temas m\u00e1s abundantemente tratados\u00bb.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, el momento cultural que vivimos es muy sensible a este pluralismo de visiones; existe incluso una clara tendencia al relativismo: los valores valdr\u00ed\u00adan seg\u00fan c\u00f3mo, seg\u00fan cu\u00e1ndo y para qui\u00e9n, seg\u00fan el tiempo o la cultura&#8230; En concreto, el relativismo moral est\u00e1 muy extendido, y proponer hoy valores normativos de cualquier tipo resulta de ordinario sospechoso.<\/p>\n<p>Sin embargo, no todo es negativo en este clima, ni mucho menos: propicia la tolerancia y remite a la individual e intransferible responsabilidad de cada persona. Por otro lado, como muy bien ha analizado Charles Taylor, ese ambiente est\u00e1 cruzado y determinado por la firme asunci\u00f3n impl\u00ed\u00adcita de fuertes valores morales -en buena medida llegados de la tradici\u00f3n cristiana-, que gobiernan la conducta mucho m\u00e1s de lo que aparentan las teor\u00ed\u00adas: pi\u00e9nsese en la conciencia de la igualdad, en la necesidad de justicia para todos, en la solidaridad social&#8230;1.<\/p>\n<p>Con todo, los costos pueden ser graves, incluso porque el relativismo, justo por negar la legitimidad de criterios objetivamente v\u00e1lidos, lleva f\u00e1cilmente a su polo contrario: al absolutismo o totalitarismo; porque sin criterios objetivos, en efecto, el racista que se dedica a apalear inmigrantes tiene el mismo derecho a su opini\u00f3n que el que se dedica a protegerlos, y Hitler para exterminar jud\u00ed\u00ados tendr\u00ed\u00ada el mismo que Gandhi para defender a los parias.<\/p>\n<p>Como no cabe entrar en sutilezas te\u00f3ricas, vale la pena remitirse a algunas experiencias fundamentales, que permitan una orientaci\u00f3n suficiente y realista.<\/p>\n<p>II. Existencia y significado de los valores<br \/>\nQue la persona humana es un animal \u00e9tico se admite generalmente. De ning\u00fan otro animal dice nadie que es bueno o malo en sentido moral, ni nadie pretende en serio educarlo para ello. Las teor\u00ed\u00adas psicol\u00f3gicas que insisten en la importancia de la educaci\u00f3n y en el rol del superego, dicen cosas importantes y deben ser tenidas muy en cuenta, pues la conciencia de los valores se forma siempre en relaci\u00f3n con los dem\u00e1s. Pero no pueden -aunque a veces lo pretendan- anular este hecho fundamental, que es su condici\u00f3n de posibilidad.<\/p>\n<p>Ya los estoicos situaban aqu\u00ed\u00ad la diferencia decisiva. El animal nace con una dotaci\u00f3n instintiva, que le permite orientarse espont\u00e1neamente en la vida, pero que tambi\u00e9n le fuerza y le constri\u00f1e: es ya siempre, como dice Paul Ricoeur, \u00abuna ecuaci\u00f3n resuelta\u00bb. Mientras que el hombre nace inacabado, con una gran apertura, que en muchos aspectos lo deja irresuelto, pero que por eso mismo le permite buscar su propia orientaci\u00f3n. El espacio que existe entre lo que el hombre es y lo que puede llegar a ser s\u00f3lo puede ser cubierto con el ejercicio de su libertad y constituye el \u00e1mbito de la moralidad. La moral -que aqu\u00ed\u00ad, para evitar complicaciones, no distinguiremos de la \u00e9tica- consiste, pues, en la construcci\u00f3n libre de la existencia humana aut\u00e9ntica, es decir, de la existencia en cuanto no determinada por la naturaleza y el instinto.<\/p>\n<p>Lo impresionante de esto es que la nersona humana. previamente a cualquier esfuerzo o decisi\u00f3n por su parte, se encuentra llamada y capacitada para hacerlo como la tarea fundamental y decisiva de su vida. No se trata de un impulso meramente aleatorio, sino que es experimentado como llamada que obliga, al tiempo que capacita: como un deber ser; de suerte que, si no se cumple, suscita no s\u00f3lo la insatisfacci\u00f3n y aun la angustia \u00ed\u00adntima -la culpa como \u00absituaci\u00f3n-l\u00ed\u00admite\u00bb (K. Jaspers)-, sino tambi\u00e9n la repulsa social. Tampoco es una moci\u00f3n ciega, sino que se percibe como impulso orientado, como voz de la conciencia, que no admite cualquier cumplimiento como igualmente v\u00e1lido: hay opciones que desv\u00ed\u00adan, disminuyen o destruyen el propio ser, mientras que otras lo expanden, realizan y plenifican de alg\u00fan modo.<\/p>\n<p>Se trata de la experiencia moral, una experiencia primaria, que se impone por s\u00ed\u00ad misma y lleva en s\u00ed\u00ad su propia justificaci\u00f3n inmediata: de aut\u00e9ntico \u00abpeque\u00f1o milagro\u00bb habla Paul Valadier, quien recuerda que Rousseau hablaba de \u00abinstinto divino\u00bb. Igual que sucede con los colores y la vista, a un ser sin experiencia moral resulta imposible explic\u00e1rsela, y para el que la tiene resulta evidente sin m\u00e1s explicaciones, pese a cualquier teor\u00ed\u00ada en contra, por alambicada que se presente. Husserl con su \u00abprincipio de todos los principios\u00bb -todo lo que se nos brinda en una intuici\u00f3n originaria tiene derecho a ser tomado por s\u00ed\u00ad mismo y seg\u00fan su propia modalidad2- muestra su legitimidad filos\u00f3fica contra toda actitud positivista. La relaci\u00f3n moral con la realidad, que nos permite ver unas cosas como (m\u00e1s o menos) buenas o como (m\u00e1s o menos) malas, pertenece a nuestra especificidad humana y es factor constitutivo en nuestra realizaci\u00f3n. Por eso cabe afirmar que la realidad ha resuelto ya por s\u00ed\u00ad misma, de antemano, la famosa \u00abfalacia naturalista\u00bb de Hume -supuesto paso indebido del ser al deber ser-, pues el deber ser aparece ya incluido en el ser humano, justamente como su modo de ser.<\/p>\n<p>Sin necesidad de ulteriores precisiones, se comprende entonces el significado fundamental de los valores morales: tomados en sentido positivo, representan los modos de realizaci\u00f3n humana libre, tanto individual como en la relaci\u00f3n con los dem\u00e1s; tomados en sentido negativo, son aquellos que la estorban. Por eso calificamos de buenas las acciones o conductas que fomentan una realizaci\u00f3n verdadera y aut\u00e9ntica, y de malas las que apartan de ella. (Ya se ve, de todos modos, que en estas cuestiones no puede pretenderse una definici\u00f3n estricta: como en toda experiencia primaria, su significado se descubre justamente en ella, y s\u00f3lo en ella puede descubrirse, igual que s\u00f3lo es posible captar un color en el acto mismo de percibirlo).<\/p>\n<p>III. El problema del criterio<br \/>\nQue exista el peque\u00f1o milagro de esta capacidad en nosotros no significa que todo est\u00e9 claro en la comprensi\u00f3n, ni que todo sea f\u00e1cil en la ejecuci\u00f3n. Justo por remitir a la libertad, se trata de un \u00e1mbito nunca asegurado, en perenne construcci\u00f3n, y que precisa todo el compromiso de la persona. \u00bfC\u00f3mo distinguir unos valores de otros? \u00bfC\u00f3mo saber en cada caso cu\u00e1les son los valores morales genuinos? Las teor\u00ed\u00adas se multiplican tambi\u00e9n en este punto. Dejando de lado posturas extremas como la de Sartre (al menos del primer Sartre), que pretenden que los valores son creaci\u00f3n absoluta de una libertad sin pautas ni condiciones, tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad conviene centrarse en lo elemental (que es asimismo lo fundamental).<\/p>\n<p>Clara es la existencia de la llamada o exigencia moral, tan bien subrayada en el t\u00fa debes de Kant. Es lo que constituye el aspecto fuerte e innegable de todas las \u00e9ticas formales o deontol\u00f3gicas (aquellas que lo centran todo en torno a la fidelidad al deber, sin atender a las circunstancias ni a las consecuencias). Su grandeza est\u00e1 en el acento de la intenci\u00f3n, en la decisi\u00f3n incondicional de ser buenos, de realizar los valores morales: por eso para Kant lo \u00fanico absolutamente bueno es una buena voluntad. Su l\u00ed\u00admite es el rigorismo, que puede caer en un deber por el deber, sin atender a las consecuencias.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que resulte muy dif\u00ed\u00adcil negar la necesidad de criterios m\u00e1s concretos, que, atendiendo a las consecuencias de las acciones, permitan discernir qu\u00e9 contenidos de las mismas permiten alcanzar una realizaci\u00f3n humana aut\u00e9ntica. Son las \u00e9ticas materiales o teleol\u00f3gicas, cuya fuerza est\u00e1 en su car\u00e1cter realista y humano. Su dificultad est\u00e1 justamente en determinar el tipo de realizaci\u00f3n aut\u00e9ntica, en qu\u00e9 consiste de verdad una vida buena: no es lo mismo centrar esta en el placer sensible o en el acaparamiento ego\u00ed\u00adsta del poder sobre los dem\u00e1s, que en una integraci\u00f3n espiritual atenta a valores como la ternura, el servicio o la justicia. De todos modos, hay un amplio espacio donde el acuerdo resulta bastante f\u00e1cil: todos comprendemos que no se puede matar sin m\u00e1s a otra persona, y que el robo o la mentira sistem\u00e1tica degradan a quienes los practican.<\/p>\n<p>La dificultad se anuncia cuando hay conflicto de valores y, sobre todo, cuando no es f\u00e1cil discernir entre varios cu\u00e1l es el mejor. Algo con lo que, de suyo, hay que contar a priori, y que nunca tendr\u00e1 una soluci\u00f3n acabada, puesto que la vida humana es por esencia construcci\u00f3n siempre abierta. Por eso resulta muchas veces indispensable el m\u00e9todo de la prueba y el error, y m\u00e1s de una vez ser\u00e1 preciso resignarse a una opci\u00f3n que no puede aspirar a la seguridad completa; puede incluso llevar, en ocasiones, a situaciones tr\u00e1gicas.<\/p>\n<p>Por fortuna, esa inseguridad objetiva no priva a la acci\u00f3n de su moralidad, pues lo que esta exige es tan s\u00f3lo la decisi\u00f3n incondicional de la buena voluntad; algo que antes de Kant estaba ya en\u00e9rgicamente indicado en la doctrina medieval: que, en definitiva, lo \u00fanico que obliga absolutamente es la conciencia sincera, incluso la err\u00f3nea3. Lo que s\u00ed\u00ad impone es la b\u00fasqueda honesta y siempre renovada. De ah\u00ed\u00ad la necesidad para el individuo de la educaci\u00f3n progresiva, del di\u00e1logo libre y cr\u00ed\u00adtico entre las distintas propuestas e, hist\u00f3ricamente, la apertura al descubrimiento de nuevos valores con el avance de la cultura: as\u00ed\u00ad, por ejemplo, hoy nos resulta impensable la esclavitud, aparece con evidencia cada vez m\u00e1s un\u00e1nime la igualdad entre el hombre y la mujer y aumenta el n\u00famero de los que ya no aceptan la pena de muerte.<\/p>\n<p>Este es uno de los puntos donde con m\u00e1s urgencia se plantea la relaci\u00f3n entre la religi\u00f3n y los valores morales.<\/p>\n<p>IV. Los valores morales y la religi\u00f3n<br \/>\nLa religi\u00f3n tuvo siempre un gran papel en la formaci\u00f3n de la conciencia moral, y para muchos sigue teni\u00e9ndolo en la actualidad. Pero la evoluci\u00f3n cultural obliga hoy a resituar con sumo cuidado el lugar preciso de su influjo. La cuesti\u00f3n se presenta en una tensi\u00f3n polar.<\/p>\n<p>Es evidente que, de hecho, la mayor parte de los valores morales se han forjado en el seno de la conciencia religiosa o bajo su influjo. Las pautas de la conducta moral se presentaban como mandamientos divinos, y su formulaci\u00f3n y tutela correspond\u00ed\u00adan a las comunidades religiosas. Pero en Occidente, a partir de la Ilustraci\u00f3n se ha producido una quiebra decisiva: el trauma de las guerras de religi\u00f3n, el peso institucional de una Iglesia poderosa, y la impresi\u00f3n (muchas veces, tambi\u00e9n la realidad) de que se opon\u00ed\u00ada al descubrimiento de nuevos valores morales, llevaron a una parte importante de la cultura a sentir la moral religiosa como opresiva. Kant elev\u00f3 la protesta -ya muy generalizada- a rango especulativo cuando habl\u00f3 de heteronom\u00ed\u00ada, y proclam\u00f3 frente a ella la necesidad de una moral aut\u00f3noma, es decir, de una moral que el hombre se da a s\u00ed\u00ad mismo por medio de su raz\u00f3n pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Se hac\u00ed\u00ada indispensable una mediaci\u00f3n, que permitiese conciliar los extremos sin mermar ni la justa autonom\u00ed\u00ada humana ni la justa autoridad de la religi\u00f3n. Aunque las reflexiones cl\u00e1sicas en torno al problema de la ley natural ofrec\u00ed\u00adan indicaciones importantes, no fue tarea f\u00e1cil. Hoy se ha avanzado mucho hacia una posible reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La distinci\u00f3n entre el contexto de descubrimiento y el contexto de justificaci\u00f3n de los valores morales, permite, por una parte, admitir el hecho y la legitimidad del influjo hist\u00f3rico de las religiones y, por otra, reconocer la autonom\u00ed\u00ada de los contenidos as\u00ed\u00ad descubiertos. El ejemplo sencillo de la educaci\u00f3n moral del individuo puede aclararlo mejor que muchas especulaciones. Lo normal es que el ni\u00f1o descubra las pautas morales porque se las ense\u00f1an sus padres y educadores. Le llegan, pues, de fuera: sigue unas normas porque se las mandan, hasta el punto de que muchas veces las vive como una dura imposici\u00f3n heter\u00f3noma. Pero si el crecimiento es normal, el muchacho, y m\u00e1s todav\u00ed\u00ada el adulto, llegan a comprender por s\u00ed\u00ad mismos la justificaci\u00f3n de esas normas, que ahora asumen aut\u00f3nomamente. Del mismo modo hoy se ha ido imponiendo con evidencia creciente la autonom\u00ed\u00ada de los valores morales con respecto a la religi\u00f3n. Una conciencia religiosa madura comprende que estos no son buenos porque se le mandan (dejemos ahora la cuesti\u00f3n de si esta palabra debiera usarse o no en el lenguaje religioso), sino que se le mandan porque son buenos.<\/p>\n<p>Resulta significativo que ya Kant logr\u00f3 la formulaci\u00f3n exacta al definir la religi\u00f3n como el \u00abconocimiento de todos los deberes como mandatos divinos, no como sanciones, es decir, \u00f3rdenes arbitrarias y por s\u00ed\u00ad mismas contingentes de una voluntad extra\u00f1a, sino como leyes esenciales de toda voluntad libre por s\u00ed\u00ad misma\u00bb4. Dejando ahora de lado el estrechamiento reduccionista -la religi\u00f3n es tambi\u00e9n eso, pero lo decisivo est\u00e1 en que es m\u00e1s que eso-, este planteamiento resulta enormemente clarificador, porque la relaci\u00f3n indicada no es algo recluido en el pasado, sino que indica una dial\u00e9ctica permanente. Lo \u00fanico que ha cambiado es acaso la proporci\u00f3n: el pluralismo cultural ha hecho que al lado de la religi\u00f3n cobrasen m\u00e1s importancia otras instancias en la constituci\u00f3n de la conciencia moral.<\/p>\n<p>De entrada, esto ha sido duro para la religi\u00f3n, que tuvo que aprender a renunciar a cualquier pretensi\u00f3n de monopolio. Pero, al mismo tiempo, le ofrece la oportunidad de poder centrarse mejor en lo m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente suyo. Algo que vale tanto por el costado formal de la obligaci\u00f3n como por el objetivo de los valores.<\/p>\n<p>a) En el primero aparece en dos dimensiones fundamentales: 1) en la de fundamentaci\u00f3n \u00faltima, es decir, no ya del contenido de los valores morales, sino de la raz\u00f3n formal de nuestro deber de seguirlos: \u00abya veo en qu\u00e9 consiste ser bueno en este caso concreto -puede pensar alguien-; pero \u00bfpor qu\u00e9 he de serlo y no m\u00e1s bien malo?\u00bb. El Faktum der Vernunft de Kant -el hecho primero de sentirme obligado al deber- es grandioso, pero insuficiente. Un faktum como tal, aun cuando psicol\u00f3gicamente se anuncia de manera imperativa e incondicional, lo hace por fuerza en una conciencia finita y situada, es decir, en una conciencia que, por s\u00ed\u00ad misma, no puede asegurar sin m\u00e1s la absolutez. Freud mismo lo confiesa abiertamente: \u00abSi me pregunto por qu\u00e9 siempre me he esforzado, honestamente, en preocuparme de los dem\u00e1s y de ser bueno con ellos en lo posible, y por qu\u00e9 no lo he dejado, cuando he notado que con ello se sufre y le machacan a uno, porque los otros son brutales, y no fiables, entonces no s\u00e9 dar ninguna respuesta\u00bb5. Hay otras respuestas, claro est\u00e1; pero la persona religiosa s\u00f3lo encuentra en Dios aquella que le satisface \u00faltimamente. 2) En la de sentirse ayudado a afrontar la dificultad que muchas veces implica el seguimiento de los valores morales (tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad es significativo que Kant haya visto estas dos funciones: el postulado de Dios como garante de la coherencia \u00faltima del t\u00fa debes y la interpretaci\u00f3n de la gracia como ayuda para superar el mal radical est\u00e1n en esta direcci\u00f3n).<\/p>\n<p>b) Por el segundo costado, el de los valores, sigue teniendo un rol m\u00e1s limitado, pero importante. Porque el descubrir los valores genuinos y justificar su validez sigue siendo tarea dif\u00ed\u00adcil. El contexto religioso, tanto por su rica experiencia hist\u00f3rica como por el horizonte de sentido que abre -sin negar que tambi\u00e9n ha inducido y puede inducir deformaciones-, constituye un medio propicio para el descubrimiento \u00e9tico y moral. Cabe incluso se\u00f1alar c\u00f3mo muchas veces el razonamiento moral resulta m\u00e1s f\u00e1cil dentro del juego ling\u00fc\u00ed\u00adstico religioso: comprender que todos debemos comportarnos bien con los dem\u00e1s porque, siendo hijos de Dios, todos somos hermanos, resulta de ordinario m\u00e1s f\u00e1cil y convincente que hacerlo desde la consideraci\u00f3n abstracta que se apoya en la identidad de la naturaleza humana.<\/p>\n<p>Pero fij\u00e9monos bien: se trata s\u00f3lo de un proceso de descubrimiento. De suyo, la consecuencia, expresada as\u00ed\u00ad, s\u00f3lo se comprende y tiene valor dentro del juego ling\u00fc\u00ed\u00adstico de la religi\u00f3n. En rigor, para que tenga validez \u00e9tica o moral, tiene que poder dar sus razones en ese \u00e1mbito y traducirse a su peculiar juego ling\u00fc\u00ed\u00adstico.<\/p>\n<p>La ventaja enorme de esta nueva situaci\u00f3n es que as\u00ed\u00ad propicia un aut\u00e9ntico di\u00e1logo en favor de la humanidad. La religi\u00f3n no puede acudir a su autoridad para hacer propuestas morales, sino que debe dar raz\u00f3n de las mismas. Pero por eso mismo tiene tambi\u00e9n derecho a que sean escuchadas y, en la medida en que se demuestren v\u00e1lidas, contribuyan a la creaci\u00f3n del nuevo universo moral.<\/p>\n<p>V. El cristianismo y los valores morales<br \/>\nLo dicho acerca de la religi\u00f3n en general vale tambi\u00e9n para el cristianismo, como lo ha reconocido de manera expresa el Vaticano II: \u00abLa fidelidad a esta conciencia une a los cristianos con los dem\u00e1s hombres, para buscar la verdad y resolver con acierto los numerosos problemas morales que se presentan al individuo y a la sociedad\u00bb (GS 16). Del mismo modo, lo que ahora se diga del cristianismo no pretende la exclusividad. Simplemente trata de centrarse ya en lo que le caracteriza su aportaci\u00f3n concreta.<\/p>\n<p>En la visi\u00f3n cristiana, la ra\u00ed\u00adz que lo determina todo es, sin duda, la idea de creaci\u00f3n por amor. Esta es una acci\u00f3n infinitamente transitiva, volcada \u00fanica y exclusivamente en el bien de lo creado. Ya Plat\u00f3n y Arist\u00f3teles hab\u00ed\u00adan reaccionado contra un dicho com\u00fan en su tiempo, insistiendo en que Dios \u00abno tiene envidia\u00bb de la felicidad humana. Y ciertamente el Dios de Jes\u00fas ha creado al hombre y a la mujer para que, unidos a \u00e9l, pudiesen participar en su plenitud y felicidad infinitas. S\u00f3lo en la gloria podr\u00e1 alcanzarse la culminaci\u00f3n. Pero ya ahora todo lo que ayude a su realizaci\u00f3n integral -cuerpo y alma, individuo y sociedad- responde a la intenci\u00f3n divina y prolonga su creaci\u00f3n. Dado que los valores morales forman parte fundamental de esa realizaci\u00f3n, para el creyente existe equivalencia plena entre cumplir la voluntad de Dios (lenguaje religioso) y trabajar en la propia realizaci\u00f3n (lenguaje moral).<\/p>\n<p>Una larga historia ha tra\u00ed\u00addo, ciertamente, graves abusos que son reales y que la cr\u00ed\u00adtica religiosa ha subrayado en\u00e9rgicamente. Pero basta pensar, de verdad y sin t\u00f3picos, en qu\u00e9 ser\u00ed\u00ada de la cultura sin la presencia cristiana, para comprender la inmensa aportaci\u00f3n que ella supuso en el orden moral. Hegel ha insistido en que la dignidad absoluta de la persona, que Kant pone como fundamento de la autonom\u00ed\u00ada moral, es fruto del cristianismo. A ella va unida la acentuaci\u00f3n de la libertad mucho m\u00e1s all\u00e1 del intelectualismo y del fatalismo griego. Igualmente, Hanna Arendt se\u00f1ala \u00abel descubrimiento del hombre interior\u00bb, con los valores de hondura e intimidad que ello supone. Culmina todo en el amor como valor absolutamente central; un amor profundizado m\u00e1s all\u00e1 del eros hacia la gratuidad de la agape, algo que seguramente abre lo m\u00e1s finamente moral que le es dado entrever al hombre.<\/p>\n<p>Teniendo en cuenta que el Dios creador es tambi\u00e9n el Salvador, se percibe asimismo la aportaci\u00f3n o el reforzamiento \u00fanico de otros valores tan decisivos como la dignidad del pobre y el desvalido, con la elevaci\u00f3n de la compasi\u00f3n y el servicio a categor\u00ed\u00adas morales decisivas (Nietzsche supo verlo muy bien, y los excesos a los que le lleva su intento de subversi\u00f3n muestran, por contraste, la grandeza de la misma). Como Salvador, Dios es tambi\u00e9n el que abre los valores del perd\u00f3n: hacia los dem\u00e1s hasta \u00absetenta veces siete\u00bb, es decir, sin l\u00ed\u00admites; y tambi\u00e9n hacia uno mismo (que, como Paul Tillich ha indicado, resulta acaso m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil), librando de la angustia y rompiendo el c\u00ed\u00adrculo de la culpabilidad: aunque la propia conciencia condene, \u00abDios est\u00e1 por encima de nuestra conciencia\u00bb (lJn 3,20).<\/p>\n<p>No es preciso, ni acaso sano, empe\u00f1arse en insistir en que lo espec\u00ed\u00adficamente cristiano deba ser distinto o aparte de lo no cristiano. Incluso hay que afirmar que en cuanto moral todo lo descubierto en el cristianismo est\u00e1 abierto en principio a la raz\u00f3n pr\u00e1ctica humana, y que es bueno que vaya siendo apropiado y justificado por esta: la secularizaci\u00f3n de los valores morales del cristianismo es leg\u00ed\u00adtima y deseable, puesto que ayuda a la realizaci\u00f3n humana. En su vivencia, el cristiano tiene la suerte de vivirlo \u00aben la alegr\u00ed\u00ada de los pronombres\u00bb (Salinas), es decir, en relaci\u00f3n consciente con Dios, sinti\u00e9ndose as\u00ed\u00ad apoyado en gracia y animado en esperanza. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad Kant, el gran moralista de la autonom\u00ed\u00ada y de la austeridad de los valores morales, supo verlo, al situar en la religi\u00f3n el claro lugar de su realizaci\u00f3n en la esperanza.<\/p>\n<p>NOTAS: 1. TAYLOR C., Las fuentes del yo: la construcci\u00f3n de la identidad moderna, Paid\u00f3s, Barcelona 1996. &#8211; 2 WALDECK P. H., Ideen I, 24 (trad. esp.: Ideas, C\u00ed\u00adrculo de Lectores, Madrid 1976). &#8211; 3. Santo Tom\u00e1s, como es bien sabido, llega a afirmar: \u00abPor lo tanto es necesario decir que la conciencia, sea recta, sea err\u00f3nea, sea en cosas de suyo malas, sea en las indiferentes, es obligante; de suerte que quien obra contra la conciencia, peca\u00bb (Quodl. 3, q. 12, a. 2). Cf I-II, q. 19, a. 5-6: se atreve a decir que si la raz\u00f3n (\u00e9tica) propusiese como mala la fe en Cristo, ser\u00ed\u00ada pecado creer en \u00e9l (ib, q. 5 c). &#8211; 4. KPV A 233 (Cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n pr\u00e1ctica, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1994, 160; cf tambi\u00e9n La religi\u00f3n dentro de los l\u00ed\u00admites de la mera raz\u00f3n, Alianza, Madrid 19955, 150; cf 104. 111, con las notas correspondientes). &#8211; 5. Carta a J. J. Puntam, 5 de julio de 1915 (cit. en H. K\u00dcNG, Projekt Weltethos, Munich 1990, 66); cf sus descorazonadoras razones contra la obligaci\u00f3n de amar y perdonar en El malestar de la cultura, en Obras completas VIII, Madrid 1974, 3044-3046. Sobre diversos intentos actuales de fundamentaci\u00f3n cf A. CORTINA, Etica sin moral, Tecnos, Madrid 1990, 98-119.<\/p>\n<p>BIBL.: AA.VV., Etica y filosof\u00ed\u00ada de la religi\u00f3n, Isegor\u00ed\u00ada 10 (1994) (n\u00famero monogr\u00e1fico); BOCKLE E Y OTROS, Fe cristiana y sociedad moderna XII, SM, Madrid 1987; CORTINA A., Etica civil y religi\u00f3n, PPC, Madrid 19952; CORTINA A. Y OTROS, Un mundo de valores, Generalidad Valenciana, Valencia 1996; CHAVARRI E., Perfiles de nueva humanidad, San Esteban, Salamanca 1993; FINANCE DE J., Valor, en MORENO VILLA M. (dir.), Diccionario de pensamiento contempor\u00e1neo, San Pablo, Madrid 1997, 1206-1214; INSTITUID FE Y SECULARIDAD, Los valores \u00e9ticos en la nueva sociedad democr\u00e1tica, Fund. F. Ebert, Madrid 1985; L\u00ed\u201cPEZ HERRER\u00ed\u008dAS J. A., Valores, Pedagog\u00ed\u00ada de los, en FLORES D&#8217;ARCAIS G.-GUTIERREZ ZULOAGA I. (dirs.), Diccionario de ciencias de la educaci\u00f3n, San Pablo, Madrid 1990, 1787-1790; L\u00ed\u201cPEZ QUINTAS A., El conocimiento de los valores, Verbo Divino, Estella 1989; MENDEZ J. M., Valores \u00e9ticos, Autor-editor, Madrid 1978; TAYLOR C., Las fuentes del yo, Paid\u00f3s, Barcelona 1996; TIERNO B., Valores humanos, Tesa, Madrid 1992ss.; TORRES QUEIRUGA A., Recuperar la creaci\u00f3n: por una religi\u00f3n humanizadora, Sal Terrae, Santander 1997; VALADIER P., Elogio de la conciencia, PPC, Madrid 1994; VILLAPALOS G.-L\u00ed\u201cPEZ QUINTAS A., El libro de los valores, Planeta, Barcelona 1996.<\/p>\n<p>Andr\u00e9s Torres Queiruga<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. El problema de los valores. II. Existencia y significado de los valores. III. El problema del criterio. IV. Los valores morales y la religi\u00f3n. V. El cristianismo y los valores morales. I. El problema de los valores Tratar de los valores morales exigir\u00ed\u00ada, ante todo, preguntarse en qu\u00e9 consiste el valor en s\u00ed\u00ad &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/valores-morales-genuinos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVALORES MORALES GENUINOS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17064","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17064","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17064"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17064\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17064"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17064"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17064"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}