{"id":17066,"date":"2016-02-05T11:07:04","date_gmt":"2016-02-05T16:07:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vida-de-los-santos-y-catequesis\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:04","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:04","slug":"vida-de-los-santos-y-catequesis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vida-de-los-santos-y-catequesis\/","title":{"rendered":"VIDA DE LOS SANTOS Y CATEQUESIS"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La llamada universal a la santidad. II. Jesucristo, el Santo de Dios. III. Santos en la escuela de Jes\u00fas. IV. Humanidad adjunta a la del Verbo. V. Recepci\u00f3n de los santos. VI. La comunidad santa. VII. La vida de los santos en la catequesis.<\/p>\n<p>I. La llamada universal a la santidad<br \/>\nUna catequesis que no proponga con todo vigor, con el convencimiento que alimentan tantos siglos de cristianismo, la palabra reveladora y estimulante, atractiva, que emerge de los plurales y excepcionales casos de santidad, faltar\u00ed\u00ada seriamente a la palabra de Dios y a los mismos destinatarios de esa Palabra, priv\u00e1ndoles de lo que debe dar sentido global y profundo a su vida de creyentes: \u00absed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb (Mt 5,48); o con la formulaci\u00f3n que nos llega desde el Antiguo Testamento: \u00absed santos porque yo, el Se\u00f1or, vuestro Dios soy santo\u00bb (Lev 19,2). Hoy como ayer, necesitamos una fuerte transmisi\u00f3n del patrimonio de santidad que nos ayude a creer en nuestra vocaci\u00f3n nativa a la comuni\u00f3n con Dios (GS 18-19, 21), y nos conduzca, igualmente, a superar la tendencia a separar la confesi\u00f3n existencial y la doctrinal y, m\u00e1s todav\u00ed\u00ada, a hacer que esta prevalezca sobre aquella.<\/p>\n<p>Llamados a la santidad. Llamada universal que el Vaticano II proclam\u00f3 en el coraz\u00f3n mismo de su constituci\u00f3n Lumen gentium, consagr\u00e1ndole un cap\u00ed\u00adtulo, el 5\u00c2\u00b0, en el que podemos leer, por ejemplo: \u00abEs, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condici\u00f3n, est\u00e1n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad, y esta santidad suscita un nivel m\u00e1s humano incluso en la ciudad terrena\u00bb (LG 40). Una llamada que se presenta en la oferta de rostros y vidas concretas, ejemplificadoras de lo que puede ser la plenitud de una vida abierta a la acci\u00f3n de Dios (J. Mart\u00ed\u00adnez, 1993). La referencia a los mismos tiene un extraordinario valor catequ\u00e9tico, que es el que aqu\u00ed\u00ad directamente nos interesa. El santo es signo de la presencia operante de Dios en la vida de la persona o de la comunidad, y signo de la libertad liberada del hombre que asume la invitaci\u00f3n o el imperativo amoroso de Dios a ser santo. \u00c2\u00a1El evangelio es vivible! Se hace carne en quienes llamamos santos: el don se hace compromiso de vida que salva a la misma vida (R. Latourelle, 1965).<\/p>\n<p>II. Jesucristo, el Santo de Dios<br \/>\nDios, el santo, se ha hecho cercano, hombre santo en Jes\u00fas de Nazaret. A \u00e9l, siempre, en todo, tenemos que referirnos, ya que \u00e9l nos identifica. Somos seguidores de una persona, el Hijo de Mar\u00ed\u00ada, la humilde mujer nazarena, antes y m\u00e1s que de una doctrina. Si bien, en el caso de Jes\u00fas, confesamos que Persona y Palabra, Anunciante y lo que anuncia se identifican. El, el mensajero y los mensajes, a quien se dirige el poeta, m\u00ed\u00adstico y te\u00f3logo Juan de la Cruz para suplicarle que acabe de entregarse \u00abya de vero, es decir, esto que andas comunicando por medios&#8230;, acaba de hacerlo de veras, comunic\u00e1ndote por ti mismo, y que no quieras enviarme ya m\u00e1s mensajeros, que no saben decirme lo que quiero, pues yo a ti todo quiero, y ellos no me saben ni pueden decir a ti todo\u00bb (C\u00e1ntico espiritual, 6, 6-7). Con lo que, al tiempo que reconoce el valor y la funci\u00f3n de los mensajeros, los supera y trasciende, declarando, por un lado, su necesaria, rica presencia, y su no menos necesaria, inevitable superaci\u00f3n, por otro, para hundirse en un t\u00fa a t\u00fa con quien es el medio inmediato o supermedio, en quien se encuentran en unidad \u00fanica Dios y el hombre, el creador y la criatura en comuni\u00f3n inefable de vida, el libro vivo y verdadero, en el que se ven las verdades, como experimenta y proclama santa Teresa (Libro de la vida, 26, 6). Jes\u00fas ha corporalizado el misterio, es la Imagen de Dios invisible, encarnaci\u00f3n del misterio de Dios-Amor. Por eso, los cristianos, seguidores de Jes\u00fas, deben dar \u00aba entender lo que profesan, que es a Cristo desnudamente\u00bb, a fin de poder ser signos del signo, remitiendo a \u00e9l: \u00abpara que los que vinieren sepan con qu\u00e9 esp\u00ed\u00adritu han de venir\u00bb (Juan de la Cruz, Cartas, 18.7.89; 16).<\/p>\n<p>El Cristo desnudo que debemos dar a entender encarna una santidad condenada por los santos de su tiempo. Santidad con dos fuertes polos, con una consecuencia inherente a ellos: irrupci\u00f3n en \u00e9l de lo divino y estrecha relaci\u00f3n con la historia de los hombres, particularmente los marginados, los no-hombres (J. M. Rovira Belloso, 1979). Un Dios diferente (Ch. Duquoc, 1977), implicado con la historia de los hombres. Por eso, Jes\u00fas de Nazaret muestra su santidad haciendo de la voluntad de su Padre el motor de la acci\u00f3n en favor de sus hermanos (ib, 411).<\/p>\n<p>Juan de la Cruz, partiendo de esta, en su sencillez, profunda formulaci\u00f3n del ser cristiano, exhortar\u00e1 con encarecimiento: \u00abTraiga un ordinario apetito de imitar a Cristo en todas sus cosas, conform\u00e1ndose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se hubiera \u00e9l\u00bb (Subida del Monte Carmelo I, 13, 3). Este Jes\u00fas \u00abno tuvo otro gusto, ni le quiso, que hacer la voluntad de su Padre\u00bb (ib). Y con intensidad amorosa, abierta en armon\u00ed\u00ada irrompible a Dios y a sus hermanos. Escribe Teresa: \u00aba trueco de hacer cumplidamente vuestra voluntad y de hacer por nosotros se dejar\u00e1 cada d\u00ed\u00ada hacer pedazos\u00bb (Camino de perfecci\u00f3n 33, 4). Y, \u00abcomo sabe la cumple ja voluntad del Padre] con amarnos como a s\u00ed\u00ad, as\u00ed\u00ad andaba a buscar c\u00f3mo cumplir con mayor cumplimiento&#8230; este mandamiento\u00bb (ib 3). Jes\u00fas no se presenta en la historia para ser sabido, sino para ser vivido, para alumbrar un nuevo y definitivo modo de ser persona definida por el amor, por la total disponibilidad al Padre y a los hermanos. \u00c2\u00a1Hasta morir! Pues Jes\u00fas culmin\u00f3 su camino de muerte, sensitiva y espiritual, en el desamparo de la muerte natural y experiencia de aniquilamiento en el alma sin consuelo ni alivio alguno, resuelto en nada, haciendo entonces \u00abla mayor obra que en toda su vida&#8230;, que fue reconciliar y unir al g\u00e9nero humano por gracia con Dios\u00bb. Estas fuertes expresiones cristol\u00f3gicas, preparan la afirmaci\u00f3n sanjuanista: \u00abpara que entienda el buen espiritual el misterio de la puerta y del camino de Cristo para unirse con Dios\u00bb. El camino de Jes\u00fas consiste en una viva muerte de cruz (Subida II, 7, 11). De Jes\u00fas trae origen, y a \u00e9l tambi\u00e9n remite, esa forma de vida que llamamos cristiana y que en las figuras egregias, eminentes, que llamamos santos, adquiere renovada, hist\u00f3ricamente m\u00faltiple, significaci\u00f3n.<\/p>\n<p>III. Santos en la escuela de Jes\u00fas<br \/>\nBastar\u00e1 una palabra para recordarnos a los cristianos que si pesa sobre nosotros un imperativo ineludible de santidad -\u00absed santos\u00bb-, es porque antes se nos ha concedido a lo divino la inefable gracia de la santidad filial. En un par de versos encierra Juan de la Cruz el contenido de la promesa que vertebra el Antiguo Testamento: \u00aby el amor que yo en ti tengo\/ese mismo en \u00e9l pondr\u00ed\u00ada\u00bb, en quien creyese en Jes\u00fas (Poes\u00ed\u00adas, 2, 73-74). Promesa que se hace realidad, y realizaci\u00f3n relativamente absoluta, en quienes culminan el proceso de filiaci\u00f3n adoptiva. Escribe el santo despu\u00e9s de citar el evangelio de Juan (17,20-23), que \u00abel Padre nos comunica el mismo amor que al Hijo, aunque no naturalmente como al Hijo, sino&#8230; por unidad y transformaci\u00f3n de amor\u00bb. Concluye su razonamiento diciendo que las almas (= personas) poseen \u00abesos mismos bienes por participaci\u00f3n que \u00e9l [Jes\u00fas] por naturaleza\u00bb (C\u00e1ntico, 39, 5-6).<\/p>\n<p>Tenemos, pues, que el punto de arranque, la ra\u00ed\u00adz, es s\u00f3lo gracia y don, y el punto de arribo, adem\u00e1s, respuesta de gracia a la gracia recibida, que capacita a la persona para responder, para hacerse responsable de la propuesta eficazmente transformadora de Dios. S\u00f3lo a este \u00faltimo me refiero al hablar de los santos, cristianos movidos por el esp\u00ed\u00adritu de Dios, que han llegado a vivir la gracia de la santidad original, sean o no conocidos, destacando se\u00f1aladamente alguna nota de la inabarcable santidad de Jes\u00fas, en un determinado contexto hist\u00f3rico, cultural, o situaci\u00f3n personal concreta. Creyentes que han hecho -y siguen haciendo- presente, significativa e incitadoramente presente, en la historia, al Dios y Padre de Jes\u00fas. De estos santos hablamos aqu\u00ed\u00ad en relaci\u00f3n a la catequesis, porque en ellos aparece el objetivo que debe buscar toda catequesis. De estos dijo Juan de la Cruz, que \u00abtienen un no s\u00e9 qu\u00e9 de grandeza y dignidad&#8230;, que causa detenimiento y respeto a los dem\u00e1s\u00bb (C\u00e1ntico, 17, 7). Sus personas, antes y m\u00e1s que sus palabras, antes y m\u00e1s all\u00e1 de los gestos concretos en que tratan de encarnarla, testigos m\u00e1s y antes que maestros, son el mejor refrendo, prueba y metodolog\u00ed\u00ada de una catequesis de la vida y para la vida de todos.<\/p>\n<p>Santidad objetiva otorgada por Dios en Jes\u00fas y actuada por el Esp\u00ed\u00adritu en toda persona. La palabra del Vaticano II es inequ\u00ed\u00advocamente clara. Hablando de los cristianos de otras confesiones afirma que el Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00abejerce en ellos su virtud santificadora\u00bb (LG 15); y la Gaudium et spes extiende y asegura que \u00abCristo muri\u00f3 por todos, y la vocaci\u00f3n suprema del hombre en realidad es una sola, es decir, divina. En consecuencia, debemos creer que el Esp\u00ed\u00adritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que, en la forma de solo Dios conocida, se asocien a este misterio pascual\u00bb (GS 22). Comunicaci\u00f3n graciosa universal de Dios, a la que la persona debe responder con un s\u00ed\u00ad, alumbr\u00e1ndose de este modo una existencia \u00abpara Dios y el pr\u00f3jimo\u00bb (L. Arostegui, 1980).<\/p>\n<p>Pues en los santos, la Palabra, al mostrar su eficacia de encarnaci\u00f3n, de hacer personas nuevas, adquiere tambi\u00e9n por ellos su mejor traducci\u00f3n, alcanza la mayor aproximaci\u00f3n a los hombres en el curso de la historia. En una palabra los santos muestran que la Palabra se hace carne, logrando de este modo la mejor, sin duda no pretendida, demostraci\u00f3n de lo indemostrable: el misterio de vida en el que, por detr\u00e1s y por delante, de origen y terminaci\u00f3n, graciosamente estamos inmersos por la llamada amorosamente poderosa de Dios, de la que ellos, los santos, son testigos vivientes.<\/p>\n<p>He dicho que la palabra eficaz de Dios y el s\u00ed\u00ad responsable de quien la recibe \u00abhace personas nuevas\u00bb. \u00bfPersonas? \u00bfSantos? El dilema lo presentan dos personajes de La peste de A. Camus. Y, \u00bfpor qu\u00e9 no el teresiano \u00abcuanto m\u00e1s santos m\u00e1s conversables\u00bb, m\u00e1s humanos? Indudablemente esta es la direcci\u00f3n que nos marca la encarnaci\u00f3n de Dios, el Santo que se hace hombre: \u00abdivino y humano junto\u00bb (Moradas VII, 7, 9). Personas santas en la historia, en el momento y contexto hist\u00f3rico que grava y posibilita, a la vez, la realizaci\u00f3n en plenitud (D. De Pablo Maroto, 1980).<\/p>\n<p>IV. \u00abHumanidad adjunta a la del Verbo\u00bb<br \/>\nCon estas palabras de la joven carmelita de Dijon, Isabel de la Trinidad, podemos definir a los santos: en su humanidad se prolonga la historia, contin\u00faa presente Jes\u00fas, el Santo de Dios. Al menos queda claro as\u00ed\u00ad su entronque, la perspectiva desde la que leer y presentar estas vidas ejemplares, sin caer en la tentaci\u00f3n de hacer ideolog\u00ed\u00ada, conceptualizaci\u00f3n pura y simple, cuando de lo que se trata es de hacer teolog\u00ed\u00ada narrativa, historia de una fidelidad, y fidelidad de una traducci\u00f3n de Jes\u00fas, en cualquier hoy de la historia, viendo c\u00f3mo se realizan los ejes-valores en la gran nube de testigos que caminaron en pos de quien inici\u00f3 y consum\u00f3 nuestra fe, Jes\u00fas de Nazaret (Heb 12,1-2). Y si se quiere alargar a horizontes de humanidad la noci\u00f3n de santo, podemos servirnos de esta definici\u00f3n: \u00abUna persona de la que se apodera una visi\u00f3n religiosa hasta el punto de transformar de un modo radical su vida y animar a otros a asumir el valor de aquella visi\u00f3n\u00bb (L. S. Cunnigham, 1994).<\/p>\n<p>a) En ellos Dios sigue teniendo su morada entre nosotros, hace camino y teje historia con sus hijos. Los santos son aut\u00e9nticos, perennes monumentos que el Dios gratuito eleva en los cruces de todos los caminos de la tierra. Teresa de Jes\u00fas, al final de sus d\u00ed\u00adas, sorprendi\u00e9ndose del impacto que la lectura de su Libro de la vida ha producido en un sacerdote abulense, le escribe desvelando su intenci\u00f3n al escribirlo: \u00abIntitul\u00e9 ese libro de las misericordias de Dios\u00bb (Cartas, 19.11. 81; 399, 2). Pues tiene bien entendido que Dios, siempre, cuando hace mercedes, no paga bondades de su criatura, sino que revela, da a conocer su grandeza. Un Dios que castiga los delitos de los hombres con grandes regalos, con gracia desbordante (Vida 7, 19). En el santo, Dios sigue present\u00e1ndose amorosamente resistente al ego\u00ed\u00adsmo de los hombres, presencia de gratuidad, apostando por un futuro en el que el amor, tal y como se present\u00f3 en su Hijo, Jes\u00fas de Nazaret, \u00ablo sea todo en todas las cosas\u00bb (1Cor 15,28). La comuni\u00f3n universal, horizonte del plan salv\u00ed\u00adfico de Dios, es o se hace primicia y adelanto en los santos.<br \/>\nb) Un Dios que crea Iglesia, comunidad, pueblo, que une y reconcilia a los que estaban separados por el muro de la enemistad, liberando la libertad cautiva por la carne, que genera ego\u00ed\u00adsmo insolidario, para entregar la al esp\u00ed\u00adritu, que se expresa en servicio a la fraternidad de amor (G\u00e1l 5,13-14). Por eso, el santo, que es visitado por la misericordia de Dios en la Iglesia, se sabe remitido a la Iglesia por la fuerza de la misma gracia, para que la comunidad le discierna, pero tambi\u00e9n para que se deje discernir por esa misma gracia. El santo no ha sido presencia pac\u00ed\u00adfica para la Iglesia; tampoco esta le ha acogido pac\u00ed\u00adficamente. Es la prueba m\u00e1s contundente de que vivir la gracia de santidad con generosidad, empe\u00f1ativamente, es crucificante. Entra dentro del seguimiento del Maestro: tambi\u00e9n a vosotros os perseguir\u00e1n los hijos de la sinagoga. Pero tambi\u00e9n es la prueba del triunfo de la gracia purificadora o, en frase teresiana, de que \u00abla verdad padece pero no perece\u00bb.<\/p>\n<p>c) Como el Padre entra en el mundo en la persona del Hijo, reconciliando a todos consigo y entre s\u00ed\u00ad, y la comunidad creyente, que \u00e9l instituye y crea y que se conf\u00ed\u00ada al Esp\u00ed\u00adritu, es enviada al mundo para ser como levadura en la masa, la gracia asumida remite al mundo, no saca de \u00e9l, ni embarca en una fuga del mundo que no sea huida con \u00e9l adelante (J. B. Metz, 1970). El Vaticano II ha sentado con precisi\u00f3n los principios y el horizonte que mueven la actividad de la Iglesia en este campo (particularmente GS 3, sobre \u00abLa actividad humana en el mundo\u00bb, y GS 4, sobre \u00abLa misi\u00f3n de la Iglesia en el mundo contempor\u00e1neo\u00bb).<br \/>\nd) Elemento tambi\u00e9n configurador del santo ser\u00e1 su carisma personal, su vocaci\u00f3n concreta en el seguimiento de Jes\u00fas. Vocaci\u00f3n que ser\u00e1 algo as\u00ed\u00ad como el prisma, don del Esp\u00ed\u00adritu, por medio del que se accede a Cristo, se hace Iglesia y se colabora en el desarrollo del mundo. Vocaci\u00f3n que, por ser de la Iglesia y para la Iglesia, la vive en comuni\u00f3n y di\u00e1logo, con un sentido de parcialidad complementaria, sin aislamientos que ser\u00e1n siempre negativos, confesando con reconocimiento l\u00e1s dem\u00e1s vocaciones, sustancialmente id\u00e9nticas en los elementos que las constituyen, y que, por eso, se contemplan como algo propio, que afecta a la vivencia de la personal vocaci\u00f3n propia. La preocupaci\u00f3n por la Iglesia (2Cor 11,28), siempre desde la fidelidad a la propia vocaci\u00f3n. Al santo no se le puede pedir que haga todo, pero s\u00ed\u00ad que viva su vocaci\u00f3n eclesial con la dimensi\u00f3n que le es intr\u00ed\u00adnsecamente propia. Pues, lejos de atentar contra la universalidad, la particularidad vocacional es la raz\u00f3n de ser de aquella.<\/p>\n<p>Sobre estos cuatro ejes debe buscarse y explicarse la ejemplaridad del santo en la educaci\u00f3n catequ\u00e9tica, el hecho revelador -revelador de la eficacia divina en la vida de una persona que nos ha precedido en la confesi\u00f3n de la fe cristiana-, que supone el seguimiento de Jes\u00fas para cualquier creyente en Cristo, empe\u00f1ado en acoger la luz que Dios le brinda para vivir hoy, aqu\u00ed\u00ad y ahora, en la estela de los grandes testigos de la fe. Ejes que se descubren en profundidad y se viven en armon\u00ed\u00ada desde la perspectiva teologal, en fe, esperanza y amor, estructuras intr\u00ed\u00adnsecas de la existencia cristiana.<\/p>\n<p>V. Recepci\u00f3n de los santos<br \/>\nRescatar del pasado a los testigos vivientes del Viviente en la labor catequ\u00e9tica de la Iglesia, no puede convertirse en una labor arqueol\u00f3gica que alumbre un ayer glorioso y compense un hoy decadente. Puesto que en la memoria de esos testigos excepcionales recordamos la obra de Dios y sus caminos, est\u00e1 claro que no ser\u00e1 leg\u00ed\u00adtima esa memoria si no sirve de despertador de nuestra responsabilidad con la fe y con nuestro presente eclesial. Al recordar Teresa de Jes\u00fas a algunos de estos testigos -Domingo, Francisco, Ignacio de Loyola-, sacude la conciencia de sus lectores con el siguiente apunte: \u00abTan aparejado est\u00e1 este Se\u00f1or a hacernos merced ahora como entonces\u00bb (Moradas V, 4, 6). Ya antes hab\u00ed\u00ada escrito en Fundaciones: \u00abTeman las que est\u00e1n por venir y esto leyeren, y si no vieren lo que ahora hay, no lo echen a los tiempos, que para hacer Dios grandes mercedes a quien de veras le sirve, siempre es tiempo\u00bb (4, 5). \u00bfQu\u00e9 hacemos con los santos del pasado? \u00bfC\u00f3mo los recibimos?<br \/>\nSeguir un modelo no es desandar la historia. Ni esconder la propia responsabilidad en un mimetismo cerruno, ofensivo para el mismo que se imita. El modelo no fomenta la repetici\u00f3n, sino que invita a la creaci\u00f3n. Del santo nos interesa su inspiraci\u00f3n, lo que nos sugiere para responder a la gracia hoy, en fidelidad, tambi\u00e9n cr\u00ed\u00adtica, a nuestro presente, de forma que seamos signos cre\u00ed\u00adbles, a quienes la gracia de ser hijos en el Hijo nos llega en un momento determinado y para ese momento concreto. En los santos se dan, adem\u00e1s, unos signos de los tiempos propios, es decir, unas acciones de Dios que nos abren a contenidos, estilos y horizontes que requieren nuestra respuesta fiel, en comuni\u00f3n con el patrimonio vivo que hemos recibido y con nuestros contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>VI. La comunidad santa<br \/>\nCorrijo, no s\u00e9 si por ahuyentar miedos at\u00e1vicos, la denominaci\u00f3n m\u00e1s habitual comunidad de los santos, que parece resultar de la suma de individuos santos. Comunidad santa, un nosotros que crece y se afirma en Cristo, de quien todo el cuerpo recibe trabaz\u00f3n y cohesi\u00f3n por medio de toda clase de junturas que llevan la nutrici\u00f3n seg\u00fan la actividad propia de cada una de las partes, realizando as\u00ed\u00ad el crecimiento del cuerpo para su edificaci\u00f3n en el amor (Ef 4,16). Comunidad santa de origen, sobre la que recae la responsabilidad de ser signo, presencia realmente significativa o significativamente real, de la Comunidad Trinitaria: \u00abA la Iglesia toca hacer presentes y como visibles a Dios Padre y a su Hijo encarnado, con la continua renovaci\u00f3n y purificaci\u00f3n propias bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (GS 21).<\/p>\n<p>En un momento hist\u00f3rico de mayor experiencia de desvalimiento personal, de ahogamiento en la propia soledad, y tambi\u00e9n de m\u00e1s agudo sentido comunitario, la Iglesia santa puede y debe ser respuesta a desviaciones individualistas y a esperanzas de solidaridad: Pueblo nuevo, Ciudad santa, Iglesia-comunidad de fe, esperanza y amor (LG 8), que, desde la fortaleza de la reconciliaci\u00f3n recibida como gracia, puede y debe tutelar y promover las m\u00faltiples diferenciaciones y particularidades, comunidad de personas bien individuadas, por naturaleza y gracia vocacional, todo con vistas a la com\u00fan edificaci\u00f3n. Personas santas que son tales por la fuerza creadora de comunidad; comunidad que demuestra su vitalidad por la capacidad de engendrar personas.<\/p>\n<p>VII. La vida de los santos en la catequesis<br \/>\nLa vida de los santos puede considerarse tambi\u00e9n como una de las fuentes de la catequesis, porque \u00abla palabra de Dios contenida en la Sagrada Tradici\u00f3n y en la Sagrada Escritura&#8230; resplandece en la vida de la Iglesia, en su historia bimilenaria, sobre todo en el testimonio de los cristianos, particularmente de los santos\u00bb (DGC 95).<\/p>\n<p>Los santos de todos los siglos han puesto en su vida como centro a Jesucristo, centro tambi\u00e9n de toda catequesis. Por eso, \u00abcuando la catequesis transmite el misterio de Cristo, en su mensaje resuena la fe de todo el pueblo de Dios a lo largo de la historia: la de los ap\u00f3stoles, que la recibieron del mismo Cristo y de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo; la de los m\u00e1rtires, que la confesaron y la confiesan con su sangre; la de los santos que la vivieron y viven en profundidad; la de los Padres y doctores de la Iglesia que la ense\u00f1aron luminosamente\u00bb (DGC 105).<\/p>\n<p>Las vidas de los santos en el \u00e1mbito de la pedagog\u00ed\u00ada propia de la fe, ofrecen, con su testimonio, un ejemplo de vida creyente, en el que se puede mirar el catec\u00fameno, en las distintas situaciones de su vida (cf DGC 141). Y mirando a la historia de la Iglesia, \u00abes patente el papel preponderante de grandes y santos obispos que marcan, con sus iniciativas y sus escritos, el per\u00ed\u00adodo m\u00e1s floreciente de la instituci\u00f3n catecumenal\u00bb (DGC 222).<\/p>\n<p>BIBL.: AROSTEGUI L., Los santos ante la modernidad, RevEsp 39 (1980) 191-213; CUNNIGHAM L. S., Una d\u00e9cada .en la investigaci\u00f3n sobre los santos, Selecciones de Teolog\u00ed\u00ada 33 (1994) 121-125; DE FLORES S.-GOFFI T. (dirs.), Nuevo diccionario de espiritualidad, San Pablo, Madrid 19914, especialmente MoLINARI P., Santo, 1242-1254, y SPINSANTI S.-DE PABLO MAROTO D., Modelos espirituales, 943-979; DE PABLO MAROTO D., La historia y su funci\u00f3n discernidora de los santos, Rev Esp 39 (1980) 171-190; DuQUOC CH., Dieu diff\u00e9rent, Par\u00ed\u00ads 1977; Santidad de Jes\u00fas y santidad del Esp\u00ed\u00adritu, RevEsp 39 (1980) 401-41; LATOURELLE R., La santidad, signo de la revelaci\u00f3n, SelTeol 4 (1965) 328, 333; MART\u00ed\u008dNEZ J., Juventud y santidad, RevEsp 52 (1993) 413; METZ J. B., Teolog\u00ed\u00ada del mundo, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1970, 133; ODASSO G., Santidad, en ROSSANO P.-RAVASI G. (dirs.), Nuevo diccionario de teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica, San Pablo, Madrid 1990, 1779-1788; RAHNER K., La Iglesia de los santos, en Escritos de teolog\u00ed\u00ada III, Taurus, Madrid 1961, 209-223; ROVIRA BELLoso J. M., \u00bfCu\u00e1l es la santidad de Jes\u00fas?, Concilium 149, 15 (1979) 326-339.<\/p>\n<p>Maximiliano Herr\u00e1iz Garc\u00ed\u00ada<\/p>\n<p>M. Pedrosa, M. Navarro, R. L\u00e1zaro y J. Sastre, Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica, San Pablo, Madrid, 1999<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Catequ\u00e9tica<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La llamada universal a la santidad. II. Jesucristo, el Santo de Dios. III. Santos en la escuela de Jes\u00fas. IV. Humanidad adjunta a la del Verbo. V. Recepci\u00f3n de los santos. VI. La comunidad santa. VII. La vida de los santos en la catequesis. I. La llamada universal a la santidad Una catequesis &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/vida-de-los-santos-y-catequesis\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abVIDA DE LOS SANTOS Y CATEQUESIS\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17066","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17066","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17066"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17066\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17066"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17066"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17066"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}