{"id":17068,"date":"2016-02-05T11:07:08","date_gmt":"2016-02-05T16:07:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adulto\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:08","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:08","slug":"adulto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/adulto\/","title":{"rendered":"ADULTO"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO:<br \/>\nI. El adulto<br \/>\nII. Cristiano adulto<br \/>\nIII. Personalizaci\u00f3n de la fe<br \/>\nIV. Edad critica<br \/>\nV. Dinamismo permanente.<\/p>\n<p>Adulto indica una de las edades o fases de la vida, con particular incidencia en el desarrollo de la vida espiritual. La adultez est\u00e1 insertada en el desarrollo de las varias edades: infancia, adolescencia, adultez, ancianidad. Su estudio obedece a los mismos principios y perspectiva en que se afrontan las relaciones generales entre vida humana y vida espiritual.<\/p>\n<p>I. El adulto<br \/>\nEs el hombre o la persona que tiene desarrolladas sus capacidades en los tres niveles fundamentales en que se realiza y manifiesta la adultez: biol\u00f3gico, psicol\u00f3gico, sociol\u00f3gico. Desarrollo de las capacidades biol\u00f3gicas, especialmente la de engendrar. Posesi\u00f3n y despliegue de propiedades ps\u00ed\u00adquicas y personales: inteligencia, madurez afectiva, conciencia, libertad. Por \u00faltimo, capacidad de relaciones: responsabilidad, inserci\u00f3n en tareas comunitarias, iniciativas de transformaci\u00f3n. El lenguaje corriente habla del adulto recogiendo lo esencial de estos tres niveles, tal como se presenta en el hombre vivo y real. La extensi\u00f3n total de la llamada \u00abedad adulta\u00bb se prolonga a lo largo de casi cuarenta a\u00f1os: desde los veintiuno hasta los cincuenta y ocho-sesenta, aproximadamente. Y es en realidad menos homog\u00e9nea de lo que hace pensar la denominaci\u00f3n global de edad adulta. Para los efectos de la vivencia humana y espiritual se distinguen tres estadios bien diferenciados: a) desde los veintiuno hasta pasados los treinta: estadio juvenil, de mucha vitalidad en cuanto a sentimientos, empuje, pero relativamente indeterminado en cuanto a proyecto de vida y de acci\u00f3n; b) de los treinta y algo hasta los cuarenta y cinco: orientaci\u00f3n m\u00e1s precisa y alto rendimiento; es el per\u00ed\u00adodo en que se armonizan las capacidades desplegadas y la vocaci\u00f3n de vida y de trabajo; la experiencia y los resultados obtenidos dan seguridad y fuerza; c) de cuarenta y cinco a sesenta: per\u00ed\u00adodo de crisis y reflexi\u00f3n, en que la persona se siente privada de muchas seguridades vitales y hace un esfuerzo de readaptamiento,se concentra, mide sus energ\u00ed\u00adas efectivas, revisa proyectos. Una vez lograda la s\u00ed\u00adntesis, se produce un potenciamiento de energ\u00ed\u00ada ps\u00ed\u00adquica y espiritual, aunque menos vivaz en sus componentes emotivos.<\/p>\n<p>En conjunto, la adultez se caracteriza como la fase de mayor extensi\u00f3n y de mayor plenitud en la evoluci\u00f3n de la persona. \u00abNo pretendo limitar la amplitud de lo humano al equilibrio de la edad adulta. Pero, sin menospreciar la riqueza inventiva de la infancia y la energ\u00ed\u00ada \u00e1vida y despierta de la adolescencia, hay que reconocer que la psicolog\u00ed\u00ada gen\u00e9tica se gu\u00ed\u00ada por un presentimiento exacto cuando da sus preferencias a la edad adulta.<\/p>\n<p>Por herencia cultural, lenguaje, sensibilidad, muchos de los rasgos con que se ha construido la imagen de la persona adulta est\u00e1n tomados del var\u00f3n, del \u00abhombre adulto\u00bb, m\u00e1s que de la \u00abmujer adulta\u00bb. Por eso conviene completar la imagen y el lenguaje con expresiones menos condicionadas, como madurez, madurez personal, persona madura.<\/p>\n<p>Humanidad adulta. A los rasgos de adultez personal que lleva en si cada individuo, se a\u00f1aden hoy los que le vienen de estar situado en culturas o grupos que se consideran adultos. Ca adultez lleva una dimensi\u00f3n colectiva que tiene los mismos rasgos que la individual: sensaci\u00f3n de plenitud, de conocimiento y energ\u00ed\u00ada, de autonom\u00ed\u00ada y responsabilidad, de t\u00e9cnicas para dominar la naturaleza y la historia.<\/p>\n<p>Esta mentalidad se afirma a finales del s. xviii, por obra de E. Kant, que proclama la llegada del hombre a la mayor\u00ed\u00ada de edad con el progreso. En nuestro siglo se ha reforzado con el proceso de secularizaci\u00f3n y ha encontrado su expresi\u00f3n religiosa en la obra de D. Bonhoeffer. El concilio Vat. II ha tomado plena conciencia de lo que esa actitud implica, y en la GS intenta lograr la dif\u00ed\u00adcil armon\u00ed\u00ada entre el adulto y el creyente. Pudiera servir de lema la afirmaci\u00f3n: \u00abQuien sigue a Cristo, Hombre perfecto, \u00e9l mismo se hace m\u00e1s hombre\u00bb (GS 41).<\/p>\n<p>II. Cristiano adulto<br \/>\nTodas las cualidades del adulto, al pertenecer a la estructura y a la din\u00e1mica de la persona, influyen en su vida cristiana y espiritual. Desde el evangelio mismo existe la tendencia a designar calidades de vida cristiana espiritual por referencia a edades de la vida natural, especialmente la ni\u00f1ez: hacerse como ni\u00f1os.<\/p>\n<p>Es san Pablo quien utiliza y explica la condici\u00f3n de adulto como expresi\u00f3n de madurez cristiana. Forma parte de una serie de im\u00e1genes de tipo asc\u00e9tico y realizador: atleta, soldado, adulto, hijo con plenos derechos. La expresi\u00f3n completa seria \u00abadulto en Cristo\u00bb, perfecto en Cristo (Col 1,28): adulto indica madurez personal y libertad; \u00aben Cristo\u00bb coloca la ra\u00ed\u00adz y la meta de esa madurez en la comuni\u00f3n con el Se\u00f1or. El Ap\u00f3stol tiene una descripci\u00f3n sint\u00e9tica de adulto cristiano, que desarrolla su personalidad espiritual en la medida en que se vincula a Cristo y se incorpora a la Iglesia: \u00abHasta que todos alcancemos la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, cual varones perfectos, a la medida de la plenitud de Cristo, para que ya no seamos ni\u00f1os&#8230;\u00bb (Ef 4,11-16). \u00abSed ni\u00f1os en la malicia, pero adultos en el juicio\u00bb (1 Cor 14,20). Es don del bautismo y fruto de largo tiempo de fidelidad y esfuerzo. Y es un contrasentido que algunos cristianos o comunidades, despu\u00e9s de a\u00f1os, sean todav\u00ed\u00ada espiritualmente ni\u00f1os (ef 1 Cor 1-3; Heb 3,12ss). Contraste que san Pablo acent\u00faa con varias denominaciones: ni\u00f1o\/ adulto, ignorante\/maestro, imperfecto\/perfecto, carnal\/espiritual [ Itinerario espiritual].<\/p>\n<p>La Iglesia toma en plena consideraci\u00f3n la adultez del cristiano en las varias manifestaciones de la vida eclesial. Hay f\u00f3rmulas especiales para el catecumenado, el bautismo de los adultos. Esas normas peculiares son el reflejo de algo m\u00e1s amplio y radical. La edad adulta es la base ideal para la plena realizaci\u00f3n de la gracia cristiana: comuni\u00f3n de amor, conocimiento y discernimiento del Esp\u00ed\u00adritu, proyecto de vida como vocaci\u00f3n y viceversa, responsabilidad apost\u00f3lica. Aunque la gracia del bautismo se pueda recibir en la infancia y las virtudes teologales act\u00faen tambi\u00e9n en la ni\u00f1ez, su desarrollo m\u00e1s adecuado y pleno tiene lugar en la edad adulta.<\/p>\n<p>La adultez del cristiano no se refiere \u00fanicamente ala vivencia interior de la gracia. Tiene el derecho y la obligaci\u00f3n de actuar como adulto dentro y fuera de la Iglesia: en criterios, proyectos, intervenciones, discernimiento. Por su parte, la Iglesia reconoce tener necesidad de creyentes adultos con iniciativa y talento o competencia para resolver desde la fe los problemas de la humanidad, ya que la Iglesia, aun siendo depositaria de la revelaci\u00f3n, no tiene siempre la respuesta preparada (GS 33).<\/p>\n<p>El ejercicio de la adultez puede ocasionar conflictos en la comunidad creyente cuando el creyente se pronuncia o act\u00faa con libertad responsable en temas que afectan al gobierno o la vida de la comunidad: actuaci\u00f3n del investigador, del cient\u00ed\u00adfico, del intelectual, del organizador.<\/p>\n<p>Ha sido la espiritualidad la que ha nombrado y utilizado m\u00e1s sistem\u00e1ticamente las edades de la vida humana en el desarrollo de la vida espiritual. En un principio se tom\u00f3 como analog\u00ed\u00ada: igual que en el crecimiento humano hay tres fases (infancia\/juventud\/adultez), tambi\u00e9n en el desarrollo espiritual se pueden deslindar tres per\u00ed\u00adodos con rasgos espirituales similares a los que presenta en su nivel el crecimiento natural. En la analog\u00ed\u00ada del crecimiento entraba la infancia y no entraba la ancianidad.<\/p>\n<p>Actualmente, las edades de la vida en general, la adultez en particular, se toman como realidad, no simple analog\u00ed\u00ada, y entran a formar parte, con sus capacidades y sus limites, de la vida espiritual. Por otra parte, se pierde el paralelismo: el adulto puede ser un principiante en los caminos del esp\u00ed\u00adritu y no poseer ahora una madurez espiritual proporcionada a su edad. Al hablar ahora del cristiano adulto, me refiero al ideal de plenitud de ambos sectores, pero tambi\u00e9n a los conflictos y pasos dif\u00ed\u00adciles necesarios para hacerse adulto.<\/p>\n<p>Todos los componentes de la vida espiritual quedan afectados por las caracter\u00ed\u00adsticas antes indicadas del adulto: oraci\u00f3n y culto, relaciones de obediencia y colaboraci\u00f3n en la Iglesia, la vocaci\u00f3n y compromisos de estado, la forma y el tono de su apostolado. No es necesario exponer cada uno. Resulta m\u00e1s provechoso fijarse en dos momentos clave: la honda personalizaci\u00f3n que provoca en sus principios y el tono de atardecer que asume en el estadio final.<\/p>\n<p>III. Personalizaci\u00f3n de la fe<br \/>\nLa t\u00f3nica dominante de la espiritualidad del adulto es dada por una experiencia muy acentuada, que marca la entrada gradual en esta nueva fase de vida. Tiene una nueva conciencia de s\u00ed\u00ad mismo y, consiguientemente, de sus relaciones con Dios y con el mundo. Personaliza su condici\u00f3n de cristiano, con los dones y compromisos que lleva. Es el momento en que se hacen las opciones, o se encamina por una vocaci\u00f3n. Se siente con una vocaci\u00f3n, tarea, capacidades y responsabilidad para llevarla a cabo. Asume su fe, los compromisos, las pr\u00e1cticas con convicci\u00f3n y amor personales, aun cuando ya las viniera practicando desde la infancia. Con raz\u00f3n se ha dicho que \u00abtodo creyente adulto es un convertido\u00bb (Li\u00e9g\u00e9).<\/p>\n<p>En la mayor\u00ed\u00ada de los casos, se trata de una fe recibida en la infancia y de pr\u00e1cticas religiosas aprendidas tambi\u00e9n en la infancia: sacramentos y compromisos, costumbres y cultura, obligaciones y ejercicios de piedad. La fe se le presenta como regalo y, en alg\u00fan caso, como imposici\u00f3n. Quien naci\u00f3 y se educ\u00f3 en ambiente cristiano tiene una tarea muy delicada por hacer: la asintilaci\u00f3n espiritual personal de esos elementos, en plena lucidez y libertad.<\/p>\n<p>La personalizaci\u00f3n de la vida teologal no se obtiene por la reflexi\u00f3n o la decisi\u00f3n de un momento. Requiere una educaci\u00f3n constante de la fe y del amor, al ritmo de las capacidades interiores que brotan y de los acontecimientos en que el cristiano se va comprometiendo. Todo evoluciona: la imagen de Dios, de la Iglesia, de las exigencias morales, de la cultura y sus problemas. La informaci\u00f3n y la formaci\u00f3n deben seguir el paso. Se habla con frecuencia de \u00abinfantilismo\u00bb, cuando la experiencia espiritual no se adecua al ritmo de crecimiento de la persona. El cristiano adulto lo necesita para s\u00ed\u00ad mismo, y tambi\u00e9n para \u00abresponder\u00bb apropiadamente a quienes le piden raz\u00f3n de su fe.<\/p>\n<p>A partir de esta opci\u00f3n personalizada por la fe, se despliega un per\u00ed\u00adodo rico de experiencia ancha y honda, ya que todas las realidades religiosas y profanas adquieren nuevo inter\u00e9s y nueva luz para una mirada teologal madura.<\/p>\n<p>Debido precisamente a la plenitud y eficacia de que goza, el adulto est\u00e1 expuesto a algunas tentaciones o peligros: exterioridad, pragmatismo, autosuficiencia en su vida espiritual.<\/p>\n<p>IV. Edad cr\u00ed\u00adtica<br \/>\nAcostumbrado a un ritmo creciente de expansi\u00f3n y plenitud, el adulto queda sorprendido por la irrupci\u00f3n de una experiencia de desencanto, en abierto contraste con la anterior. Es la otra dimensi\u00f3n de la vida de adulto, que completa y equilibra la anterior.<\/p>\n<p>Se le han dado varios nombres: crisis, demonio meridiano, la crisis de los cuarenta a\u00f1os. En consonancia con el contexto del adulto, la llamamos edad critica en doble sentido: porque es un momento decisivo de fidelidad y apertura al futuro y porque se opera una honda transformaci\u00f3n. Es una experiencia fuerte y peculiar, que afecta profundamente al adulto mientras la vive y condiciona la continuaci\u00f3n de su madurez espiritual. La experiencia se sit\u00faa hacia los principios del tercer estadio de la adultez, los cuarenta y cinco a\u00f1os.<\/p>\n<p>Los s\u00ed\u00adntomas: desgana e insatisfacci\u00f3n, descubrimiento de los propios l\u00ed\u00admites y errores, impotencia ante el mal, p\u00e9rdida de ilusiones, sinsentido de la vida, vocaci\u00f3n sin emociones ni entusiasmo, naturalismo religioso que interpreta la vida y los sucesos como fatalidad y condicionamientos, soberbia que atribuye el malestar a omisiones y mala voluntad por parte de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>Causas y factores que provocan esta sensaci\u00f3n global pueden ser muchas. Hacia esa edad, los tres niveles que integran la adultez sufren una inflexi\u00f3n y empiezan su l\u00ed\u00adnea descendente: nivel biol\u00f3gico, psicol\u00f3gico, sociol\u00f3gico. Energ\u00ed\u00adas, emociones, proyectos, etc., se muestran limitados. Vista a esa luz crepuscular, la propia vida anterior y la que siga pierden mucho de su colorido. En el caso actual, se a\u00f1ade el momento cr\u00ed\u00adtico de la cultura y de la Iglesia, que ensancha y agrava las implicaciones de la crisis personal [ Crisis 111, 3].<\/p>\n<p>La reacci\u00f3n espont\u00e1nea de quien se encuentra en esas condiciones puede tomar varios caminos, fundamentalmente tres: a) \u00abjuvenilismo\u00bb, que consiste en fingir sentimientos, actitudes, gestos, que ya no tiene; 6) resignaci\u00f3n pasiva: aguantar la situaci\u00f3n como inevitable y seguir materialmente vinculado a los valores y formas de vida en que se encuentra, sin proyectar; c) af\u00e1n de experiencias o impresiones nuevas, buscadas por caminos que implican cambio de vocaci\u00f3n. El peligro es grave.<\/p>\n<p>Para afrontar una situaci\u00f3n tan compleja y arriesgada, no basta la reacci\u00f3n. Necesitamos una respuesta l\u00facida en fe, amor, esperanza. La crisis es un momento agitado y peligroso en el curso de un proceso vital. Su desenlace eminentemente positivo o desastroso depende del modo como se vive. Es en realidad tiempo de gracia y de transformaci\u00f3n, mucho m\u00e1s que los tiempos de serenidad. S\u00f3lo que la crisis no se encauza ella sola. Necesita la lucidez de la fe, la fidelidad del amor y el empe\u00f1o de la esperanza en el vac\u00ed\u00ado. Bien vivida, proporciona frutos inmediatos de transformaci\u00f3n humana y espiritual y adem\u00e1s abre horizontes de alegr\u00ed\u00ada y rendimiento para los a\u00f1os sucesivos.<\/p>\n<p>V. Dinamismo permanente<br \/>\nHemos presentado la edad adulta como periodo largo, denso, variado, agitado, de la vida humana y de la vida espiritual. As\u00ed\u00ad lo es en la realidad. Y es tambi\u00e9n, como todas las dem\u00e1s fases, per\u00ed\u00adodo de transici\u00f3n. Ha sido un mal planteamiento te\u00f3rico y pr\u00e1ctico mirar al adulto como realidad terminada y centro de la vida, reduciendo las fases anteriores a preparaci\u00f3n y las siguientes a debilitaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Toda esa din\u00e1mica espiritual y humana que lleva dentro la condici\u00f3n de adulto necesita cultivo expl\u00ed\u00adcito y constante. No tiene que limitarse a proveer remedio r\u00e1pido y tard\u00ed\u00ado en el momento de la crisis. Se trata de una verdadera formaci\u00f3n de vida, no de simple informaci\u00f3n o actualizaci\u00f3n para la tarea. Y la formaci\u00f3n de vida presupone una sensibilidad interior, deseos de hacerse, flexibilidad. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la ra\u00ed\u00adz de todo: el adulto rara y dif\u00ed\u00adcilmente se cuestiona dentro o asume las aportaciones externas a nivel de vida. Tiende a asumirlas como informaci\u00f3n, temas de actualidad o recursos t\u00e9cnicos para acrecentar su rendimiento. Si no preexiste o se despierta una sensibilidad espiritual personalizada, los elementos de formaci\u00f3n, por muy ricos que objetivamente sean, quedan reducidos a temas de informaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Supuesta la sensibilidad espiritual, los contenidos vienen a ser los permanentes: vocaci\u00f3n, servicio, oraci\u00f3n, cruz y, sobre todo, fe, amor, esperanza, a la nueva luz.<\/p>\n<p>Recientemente se ha llamado la atenci\u00f3n sobre el m\u00e9todo adecuado y su importancia en la formaci\u00f3n permanente del adulto&#8217;. Muchos de los estilos usados anteriormente se aplicaban con las modificaciones inevitables a la pedagog\u00ed\u00ada del ni\u00f1o. De ah\u00ed\u00ad su ineficacia, dado que el adulto cuenta con una experiencia y unas capacidades y condicionamientos totalmente diferentes. De ah\u00ed\u00ad que se est\u00e9 introduciendo una especial psicopedagog\u00ed\u00ada para adultos, que cuenta con la experiencia, el conocimiento positivo y negativo de la vida, el desgaste, los compromisos, el realismo crudo, la escasa emotividad de la persona adulta.<\/p>\n<p>Hablando en general, hoy no faltan los medios de formaci\u00f3n para los adultos. Basta a\u00f1adir sensibilidad y m\u00e9todo.<\/p>\n<p>F. Ruiz Salvador<br \/>\nDicES<\/p>\n<p>BIBL.-No abundan los estudios espec\u00ed\u00adficos sobre la edad adulta. Probablemente sea la edad menos estudiada en sus peculiaridades. Nos queda, no obstante, la posibilidad de acudir a estudios de conjunto, en los que ciertamente la edad adulta -edad que se expresa con diversos adjetivos- no est\u00e1 ausente. Valgan ahora unos t\u00ed\u00adtulos que creemos de inter\u00e9s, y en los que se encontrar\u00e1 ulterior bibliograf\u00ed\u00ada: AA. VV., Psicolog\u00ed\u00ada de los edades (del nacer al morir), Motata, Madrid 1971.-AA. VV., El proceso de maduraci\u00f3n en el hombre, Herder, Barcelona 1973.-Arteud, G, Conocerse a s\u00ed\u00ad mismo: la crisis de identidad del adulto, Herder, Barcelona 1981.-Caba, P, Biograf\u00ed\u00ada del hombre, Editora Nacional, Madrid 1987.-Eck, M, Los cincuenta a\u00f1os. Edad privilegiada, Ayma. Barcelona 1970.Fucha, E, La segunda edad: las mujeres en la madurez, Grljalbo, Barcelona 1979.-Guardini, R, Lo aceptaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. Las edades de la vida, Cristiandad, Madrid 1979.Kahler, E. Historia universal del hombre, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica. M\u00e9xico 1979.Pedrosa Izarra, C, La psicolog\u00ed\u00ada evolutiva: desarrollo del individuo normal por etapas, Marova, Madrid 1980.-Ram\u00ed\u00adrez, M. del Sagrario, El adulto: sus caracter\u00ed\u00adsticas, su formaci\u00f3n, Marsiega, Madrid 1978.-Sheehy. G, La crisis de la edad adulta, Pomaire, Barcelona 1979.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El adulto II. Cristiano adulto III. Personalizaci\u00f3n de la fe IV. Edad critica V. Dinamismo permanente. Adulto indica una de las edades o fases de la vida, con particular incidencia en el desarrollo de la vida espiritual. La adultez est\u00e1 insertada en el desarrollo de las varias edades: infancia, adolescencia, adultez, ancianidad. 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