{"id":17069,"date":"2016-02-05T11:07:10","date_gmt":"2016-02-05T16:07:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/antinomias-espirituales\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:10","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:10","slug":"antinomias-espirituales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/antinomias-espirituales\/","title":{"rendered":"ANTINOMIAS ESPIRITUALES"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO:<br \/>\nI. Vivimos en medio de continuas antinomias<br \/>\nII. Pascua como antinomia salv\u00ed\u00adfica<br \/>\nIII. Antinomias entre espiritual humano y espiritual cristiano<br \/>\nIV. Trama antin\u00f3mica entre las virtudes<br \/>\nV. Antinomias entre estados eclesiales<br \/>\nVI. Superaci\u00f3n de la antinomia \u00abley-esp\u00ed\u00adritu\u00bb en el \u00abvoluntariado cristiano\u00bb.<\/p>\n<p>I. Vivimos en medio de continuas antinomias<br \/>\nNuestra vida est\u00e1 entretejida de antinomias, de contrastes, de oposiciones, de desequilibrios. Al hacernos conscientes de este hecho, nos sentimos agresivos contra todo lo que significa rechazo de nuestra personalidad, desprecio de nuestras dotes, desestima de nuestros derechos. Esta belicosa animosidad, desde el punto de vista espiritual, no debe considerarse necesariamente negativa, ya que puede espolearnos y obligamos a modificar las estructuras vigentes, a crear un nuevo contexto p\u00fablico de valores, a plantear una visi\u00f3n espiritual renovada. Nos convencemos de que no podremos realizarnos si no asumimos una postura conflictiva; de que nos ser\u00e1 imposible humanizar las relaciones interpersonales sociales si no nos oponemos a los h\u00e1bitos establecidos; de que no podr\u00e1n modificarse las estructuras p\u00fablicas que nos oprimen si no desencadenamos la lucha social contra ellas. El movimiento en pro de la emancipaci\u00f3n de la mujer, por ejemplo, se da cuenta de que nunca lograr\u00e1 la igualdad de la mujer con el hombre si no combate p\u00fablicamente las costumbres e instituciones hasta hoy reinantes [ ~ Feminismo].<\/p>\n<p>Le lucha contra las antinomias que hoy se dan en la sociedad se vive p\u00fablicamente como compromiso responsable en pro de le realizaci\u00f3n de nuevos valores y de la consecuci\u00f3n de una existencia m\u00e1s justa y m\u00e1s espiritualmente cristiana. No estamos ante la simple reivindicaci\u00f3n de un bien particular, de f\u00e1cil satisfacci\u00f3n. Se trata de una lucha que se perpet\u00faa, que no encuentra la debida satisfacci\u00f3n, y ello porque las antinomias est\u00e1n arraigadas en lo profundo de las situaciones sociales, afectan a la ra\u00ed\u00adz misma de las relaciones interpersonales y afloran adapt\u00e1ndose a las situaciones y a los modos culturales de existencia. Cuando una antinomia irritante parece estar ya sofocada, vuelve a asomar con agresividad bajo una configuraci\u00f3n nueva, con aspectos antes inadvertidos y exigencias nunca anteriormente sentidas.<\/p>\n<p>Si, por ejemplo, en la sociedad productiva se aceptaba en el pasado una retribuci\u00f3n diferenciada seg\u00fan la distinta valoraci\u00f3n del trabajo por motivos ya culturales ya econ\u00f3micos (caridad, cualificaci\u00f3n de los trabajadores u otras causas semejantes), posteriormente ha surgido la lucha por una retribuci\u00f3n igualitaria entre los obreros, cuestionando tanto la distribuci\u00f3n del salario como la distribuci\u00f3n del poder dentro mismo de la secci\u00f3n o de la oficina. La satisfacci\u00f3n de estas primeras demandas ha creado la conciencia de que es necesario continuar la lucha para eliminar ulteriores antinomias del mundo dei trabajo: se ha puesto en tela de juicio el poder ejercido por los empresarios en la organizaci\u00f3n de la producci\u00f3n; se les ha negado el derecho exclusivo a programar el desarrollo del capital y de la producci\u00f3n. Hoy este debate est\u00e1 adquiriendo una nueva dimensi\u00f3n: prescindiendo del modo como trabaja el obrero, se discute y se combate para que se preste una atenci\u00f3n prioritaria al uso que se hace del hombre en la producci\u00f3n; se pretende valorar la productividad introduciendo en el balance los costos humanos y sociales >Trabajador].<\/p>\n<p>Todo esto puede significar un nuevo modo existencial de comprobar que nuestra existencia es de suyo limitada y est\u00e1 marcada por el pecado original: contra tales limites estamos llamados a luchar de continuo. Las antinomias, los contrastes y las luchas son una viva expresi\u00f3n del hecho de que nuestra vida es una vida espiritualmente alienada, sometida a una radical manipulaci\u00f3n, socialmente inaut\u00e9ntica. Aunque a causa de tales antinomias luchemos generalmente contra los dem\u00e1s, hemos de sentirnos hermanados en una com\u00fan responsabilidad. El mejor modo de ser liberadores est\u00e1 en convertirnos de una forma cada vez m\u00e1s honda y amplia, a fin de poder ofrecer a los dem\u00e1s la posibilidad de no sentirse extra\u00f1os y opositores nuestros. Para saber qui\u00e9nes somos, hay que leer en el rostro de los dem\u00e1s lo que en ellos suscitamos y provocamos. La escucha en asamblea de nuestros contrarios constituye el momento de reflexi\u00f3n, de an\u00e1lisis y de elaboraci\u00f3n de una renovaci\u00f3n integral nuestra y ajena.<\/p>\n<p>El empe\u00f1o en liberarnos de la alienaci\u00f3n y de las antinomias, adem\u00e1s de hacernos tomar conciencia del mal arraigado en lo profundo de nuestro ser, nos llevar\u00e1 a un ulterior convencimiento de fe: s\u00f3lo Dios puede curarnos y hacer que vivamos en la armon\u00ed\u00ada de la paz. Tras haber combatido con heroica tenacidad para vencer los modos y contrastes existentes entre nosotros, habremos de volvernos al Se\u00f1or, constatando que, sin su ayuda misericordiosa, \u00absomos siervos in\u00fatiles\u00bb [>Itinerario espiritual II].<\/p>\n<p>II. Pascua como antinomia salv\u00ed\u00adfica<br \/>\nEl Verbo, con su encarnaci\u00f3n, no elimin\u00f3 de la vida humana la antinomia: la transform\u00f3, convirti\u00e9ndola en principio de vida nueva. Con la venida de Cristo, todas nuestras adversidades (incluida la muerte) pueden transformarse en camino que nos redime, nos introduce en la vida nueva, nos hace gustar la armon\u00ed\u00ada de la paz celeste. \u00bfPor qu\u00e9 precisamente vivir la antinomia en Cristo nos salva? Por haber sido \u00abreconciliados con Dios por medio de la muerte de su Hijo\u00bb (Rom 5,10). En todas nuestras disonancias interiores o sociales, podemos reactualizar la muerte-resurrecci\u00f3n de Cristo (Flp 1,20).<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu difunde la muerte-resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or en cada uno de nosotros, en todo el universo creado y hasta la m\u00e9dula de toda vida mundana. E1 Esp\u00ed\u00adritu ea principio de antinomias espirituales. Por el&#8211;,\u00bb&#8216;misterio pascual, en el mismo acto con que promueve la realidad terrena, la sacrifica, a fin de que afloren en ella los albores del reino de Dios; a la vez que libera la existencia en orden a una humanizaci\u00f3n m\u00e1s completa, la empuja a ir m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad misma y a entrar en la armon\u00ed\u00ada de la caridad divina; a la vez que nos da la fuerza divina para saber encarnarnos en nuestra historia terrena, nos hace ir al encuentro de Dios m\u00e1s all\u00e1 dei tiempo presente, en la era escatol\u00f3gica; a la vez que nos hace percibirla salvaci\u00f3n ya ahora operante, nos hace suspirar por ella como un don futuro; a la vez que nos restituye el amor paterno de Dios, nos hace sentirnos hijos de la ira; a la vez que nos descubre la bondad original de la naturaleza humana, nos impone que la mortifiquemos [ >Ascesis] para rescatarla de su concupiscencia; a la vez que nos abre a la fe en Cristo, nuestro Salvador, nos recuerda que nuestra falta de correspondencia nos predestina fatalmente a la perdici\u00f3n; a la vez que nos dice-que amemos la carne porque Dios la ama en Cristo, nos induce a sacrificarla porque ya est\u00e1 tocada de corrupci\u00f3n; a la vez que nos inculca orientarnos a Cristo ya en posesi\u00f3n de la plenitud, nos recuerda que s\u00f3lo cuando hayamos resucitado se realizar\u00e1 integralmente su cuerpo; a la vez que declara que la salvaci\u00f3n humana se lleva a cabo totalmente de una sola vez (eph\u00e1pax) con el acto salvifico de Cristo, todo debe ser llevado a\u00fan a las dimensiones perfectas del \u00abCristo que ha de ser\u00bb (Heb 1,2; El 1,23); a la vez que debemos aprender a mantenernos en contacto inmediato con la palabra bajo la inspiraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, hemos de permanecer a\u00fan obedientes al magisterio eclesial; a la vez que hemos de ser esclavos de Cristo, con esto mismo experimentamos verdaderamente nuestra libertad (1 Cor 7,22; 2 Cor 3,17); a la vez que gustamos ya el gozo de haber resucitado en Cristo, debemos continuar mortific\u00e1ndonos a causa de los instintos internos aberrantes de nuestra concupiscencia; a la vez que caminamos por un mundo renovado, hemos de transformarlo y huir de \u00e9l por reprobable.<\/p>\n<p>Las antinomias espirituales de la vida cristiana afloran todas ellas en el misterio pascual de Cristo; son una participaci\u00f3n activa en la muerte-resurrecci\u00f3n dei Se\u00f1or; son el camino que conduce a la paz caritativa de Cristo resucitado. Las antinomias presentes han de vivirse con esp\u00ed\u00adritu de sacrificio pascual con vistas a la paz futura [>Experiencia espiritual en la Biblia II, 5 e.<\/p>\n<p>En esta vida, la Iglesia misma, en cuanto pueblo elegido que camina hacia el reino de Dios, est\u00e1 en situaci\u00f3n de antinomia (GS 21). Recordemos una expresi\u00f3n particular del ser antin\u00f3mico eclesial. La Iglesia est\u00e1 llamada a testimoniar en lo \u00ed\u00adntimo de su forma institucional el carisma del Esp\u00ed\u00adritu. Una iglesia en cuanto instituci\u00f3n propende a presentar sus comportamientos de una manera sacralizada como si fueran sugeridos por Dios mismo, como irrenunciables en cualquier caso por el bien de todos; en cambio, una iglesia que se abandona por completo al Esp\u00ed\u00adritu estima que s\u00f3lo favorece la justicia si se dedica a ofrecer indicaciones prof\u00e9ticas; si sabe ser testimonio por una continua conversi\u00f3n conforme a la gracia que hoy otorga el Se\u00f1or; si consigue evangelizar la nueva cultura vigente.<\/p>\n<p>San Benito se mostr\u00f3 en sinton\u00ed\u00ada con la iglesia prof\u00e9tica de su tiempo ofreciendo, con su principio espiritual ora el labora, una inspiraci\u00f3n cristiana al orden socio-econ\u00f3mico establecido por los invasores b\u00e1rbaros del imperio: difundi\u00f3 una mayor comuni\u00f3n fraterna en el mundo del trabajo, propiciando el paso del r\u00e9gimen de esclavitud al r\u00e9gimen feudal; en cambio, santo Tom\u00e1s, aunque era esp\u00ed\u00adritu teol\u00f3gicamente prof\u00e9tico, mostr\u00f3 una actitud proclive a la instituci\u00f3n sancionando como justo el dominio del se\u00f1or feudal sobre su siervo (S. Th., II, II, q. 57 a. 4). El carism\u00e1tico trata de favorecer la justicia seg\u00fan las profundas exigencias de los nuevos tiempos; en cambio, el id\u00f3latra de la instituci\u00f3n piensa que s\u00f3lo si se respeta el orden establecido pueden realizarse la justicia y la paz. La comunidad eclesial est\u00e1 perennemente llamada a armonizar las exigencias del orden vigente con las de un orden nuevo; a conciliar las formas institucionales con la renovaci\u00f3n seg\u00fan la gracia del Se\u00f1or. La antinomia eclesial carisma-instituci\u00f3n s\u00f3lo podremos superarla cuando en el reino el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo se apodere totalmente de nosotros.<\/p>\n<p>III. Antinomias entre espiritual humano y espiritual cristiano<br \/>\nEl misterio pascual es principio de antinomia no s\u00f3lo en s\u00ed\u00ad mismo, sino tambi\u00e9n en comparaci\u00f3n con el humanismo espiritual, en el que ha de Inserirse y radicarse para poder vivir y desarrollarse. Por el lado teol\u00f3gico, se ha proclamado siempre la correlaci\u00f3n de un dualismo antin\u00f3mico: naturaleza y gracia. Sobre esta antinomia de correlaci\u00f3n se ha desarrollado la experiencia y la reflexi\u00f3n asc\u00e9tica cristiana.<\/p>\n<p>Estamos llamados a realizar una tarea asc\u00e9tica, a ejercer una interioridad personal virtuosa, a empe\u00f1arnos en continuos esfuerzos espirituales.&#8217; \u00abSi no os convert\u00ed\u00ads, todos perecer\u00e9is igualmente\u00bb (Le 13,3). Obramos convencidos de que la salvaci\u00f3n no se nos otorga si falta nuestra buena voluntad realizadora: \u00abEl que nos ha creado sin nosotros, no puede salvarnos sin nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>Este principio alcanza su significado pleno cuando se integra en la aserci\u00f3n contraria: no es nuestra acci\u00f3n la que fructifica para la vida eterna, ni la que engendra la existencia nueva, sino \u00fanicamente el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo: \u00abComo mujer encinta, para dar a luz, se retuerce y grita en sus dolores, as\u00ed\u00ad nosotros ante ti, Se\u00f1or. Hab\u00ed\u00adamos concebido, en dolor est\u00e1bamos, mas s\u00f3lo viento hemos dado a luz. No hemos tra\u00ed\u00addo la salvaci\u00f3n a la tierra\u00bb (Is 28,17-18; cf Mi 21,23ss). La salvaci\u00f3n la produce el Esp\u00ed\u00adritu de pentecost\u00e9s, no nuestras acciones (Ron 13,20s; 11,8; G\u00e1l 2,18); s\u00f3lo El sabe inspirar en el alma la experiencia operativa del amor caritativo (Ron 5,5). Si en la humanidad esparcida por el mundo entero vemos que se gesta el nacimiento seg\u00fan la caridad, si nos sentimos crecer como hijos de Dios, ello se debe a la acci\u00f3n exclusiva del Esp\u00ed\u00adritu (Ron 8,19-27). En raz\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu \u00abno diga el eunuco: `Yo no soy m\u00e1s que un \u00e1rbol seco&#8217;. Porque as\u00ed\u00ad habla Yahv\u00e9: A los eunucos lea dar\u00e9 un nombre mejor que el de hijos e hijas\u00bb (Is 58,3-5). Cada uno de nosotros ser\u00e1 como un \u00e1rbol que produce flores y frutos, si deja que se le saque de su naturaleza ego\u00ed\u00adsta (\u00abseg\u00fan la carne\u00bb) para hacerse comunicativo dentro de la caridad intratrinitaria (\u00abseg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu\u00bb, Rom 8,5s; G\u00e1l 5,18).<\/p>\n<p>Y, sin embargo, el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo no nos salva sin nuestra cooperaci\u00f3n, sin nuestra voluntad de vivir en armon\u00ed\u00ada con su gracia. \u00bfC\u00f3mo se armoniza entonces el don caritativo del Esp\u00ed\u00adritu con nuestro esfuerzo virtuoso? \u00bfVivir conforme ala fe-caridad implica que el comportamiento subyacente est\u00e9 ya reencauzado en h\u00e1bitos humanos buenos? \u00bfProgresar en el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo incluye un psiquismo abierto a un amor adulto? \u00bfLa maduraci\u00f3n cristiana expresa necesariamente la humana [>Madurez espiritual]? \u00bfEl adulto en Cristo es el hombre humanamente autorrealizado? No es \u00e9ste un problema que pueda resolverse de manera definitiva indicando sus limites con claridad. Cuando el Esp\u00ed\u00adritu obra, ignoramos su modo de proceder; no podemos aprisionar sus iniciativas en unas leyes inventadas por nosotros. E1 Esp\u00ed\u00adritu es siempre m\u00e1s grande que nosotros: la presencia de su gracia es siempre una sorpresa; es siempre nuevo en su manera de darse.<\/p>\n<p>S\u00f3lo podemos hacernos una vaga idea de la riqueza sorprendente de sus carismas y de sus operaciones gratificantes. Al concebir lo incomprensible e inefable de su obrar, intuimos que nos encontramos ante un mar carism\u00e1tico inabarcable. Ni siquiera sabemos prever el modo como el Esp\u00ed\u00adritu se ofrece. \u00abEl viento sopla donde quiere, y se oye su ruido, pero no se sabe de d\u00f3nde viene nt a d\u00f3nde va; as\u00ed\u00ad es todo el que nace del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Jn 3,8). Sin embargo, bas\u00e1ndonos en las experiencias espirituales constatadas entre los cristianos, podemos indicar algunos modos de correlaci\u00f3n entre vida virtuosa adquirida y estado caritativo seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Algunas personas viven una existencia espiritual de plena armon\u00ed\u00ada entre virtudes adquiridas y caridad. Del primer grupo de hermanos menores que acompa\u00f1aban asan Francisco, se dice: \u00abEn tal medida estaban repletos de santa simplicidad, tal era su inocencia de vida y pureza de coraz\u00f3n, que no sab\u00ed\u00adan lo que era doblez; pues como era una la fe, as\u00ed\u00ad era uno el esp\u00ed\u00adritu, una la voluntad, una la caridad; siempre en coherencia de esp\u00ed\u00adritus, en identidad de costumbres; iguales en el cultivo de la virtud; hab\u00ed\u00ada conformidad en las mentes y coincidencia en la piedad de las acciones\u00bb 1. Verdaderamente no se sabe qu\u00e9 conviene m\u00e1s exaltar aqu\u00ed\u00ad, si la amabilidad humana de los primeros hermanos franciscanos o su fe y caridad; es una trama de perfecciones enteramente compacta.<\/p>\n<p>Otras personas, aunque dan pruebas de una intensa vida interior de fe y caridad, a nivel humano aparecen como despojos de un psiquismo desequilibrado: carecen de toda forma virtuosa amable, son hoscas en su trato con los hermanos, est\u00e1n faltas de toda sabia perspectiva, de toda prudente previsi\u00f3n. Se advierte en ellas una evidente desigualdad conflictiva entre santificaci\u00f3n sobrenatural y predisposici\u00f3n natural para las virtudes. \u00abSi estas cualidades faltan, la fidelidad alas inspiraciones del Esp\u00ed\u00adritu se traducir\u00e1, en resumidas cuentas, en una lucha que de continuo se renueva y de continuo se pierde. Lo que falta entonces no es la santificaci\u00f3n esencial, sino su inserci\u00f3n en la psique, su manifestaci\u00f3n tangible en virtudes maduras e irradiadas&#8230; (Pero) incluso en las personas menos dotadas, el psiquismo renovado por el Esp\u00ed\u00adritu tiende a convertirse en expresi\u00f3n de libertad, aunque escape a su conciencia clara\u00bb. Estos son los santos sin nombre, sin aureola terrena, sin autoconciencia complacida, sin testimonio amable, sin reconocimiento ni estima en la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>Si estos cristianos sienten la necesidad de superarse a s\u00ed\u00ad mismos para mostrar una personalidad empapada de esp\u00ed\u00adritu caritativo, otros est\u00e1n convencidos de que la vida de fe obstaculiza su afirmaci\u00f3n personal. No es que el esp\u00ed\u00adritu cristiano ponga obst\u00e1culos al humanismo personal propio, pero as\u00ed\u00ad se experimenta el modo como se interpreta y se vive la fe cristiana. \u00abLa intenci\u00f3n verdadera, atestiguada en la tradici\u00f3n de la Iglesia, permanece para ellos escondida, deformada por otra intenci\u00f3n llamativa y descaminada. No les queda m\u00e1s que una soluci\u00f3n: irse. El abandono de la fe lo origina con frecuencia (&#8230;) la resistencia a un anuncio del evangelio, resistencia que secretamente pervierte su sentido<br \/>\nCiertamente este discurso resulta impropio: bas\u00e1ndose en actitudes externas de la persona, se pretende establecer qu\u00e9 correlaciones y qu\u00e9 antinomias se dan entre virtudes humanas adquiridas y don de fe-caridad. Ahora bien, todo don del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo trasciende cualquiera de nuestros \u00e1mbitos virtuosos, va m\u00e1s all\u00e1 de toda perspectiva asc\u00e9tica humana, no es confifigurable dentro de par\u00e1metros espirituales terrenos. Si al principio generalmente nos ejercitamos en la vida asc\u00e9tica como modo de abrir nuestro yo humano ala comuni\u00f3n con Dios, la experiencia espiritual sucesiva nos hace comprender que la uni\u00f3n con Dios en Cristo se act\u00faa en el empobrecimiento de lo que es singularmente nuestro. La purificaci\u00f3n, que nos destruye, puede ser el signo de un morir para poder resucitar en el Se\u00f1or. \u00abEl gran triunfo del Creador y del Redentor, en nuestras perspectivas cristianas, es haber transformado en factor esencial de vivificaci\u00f3n lo que es en s\u00ed\u00ad una fuerza universal de disminuci\u00f3n y de desaparici\u00f3n. Dios, para penetrar de alg\u00fan modo definitivamente en nosotros, debe ahondarnos, vaciarnos, hacerse un lugar. Para asimilarnos a \u00e9l debe manipularnos, refundirnos, romper las mol\u00e9culas de nuestro ser. La muerte es la encargada de practicar hasta el fondo de nosotros mismos la abertura requerida\u00bb 4.<\/p>\n<p>IV. Trama antin\u00f3mica entre las virtudes<br \/>\n\u00bfHa anidado tambi\u00e9n la antinomia, adem\u00e1s de entre naturaleza y gracia, incluso en el interior de las virtudes morales? Santo Tom\u00e1s present\u00f3 el conjunto de las virtudes en un organismo perfectamente compacto y arm\u00f3nico. Cada virtud moral no s\u00f3lo ha de mantenerse potencialmente dentro de la esfera de una determinada virtud cardinal, sino que, para expresarse con rectitud aut\u00e9ntica, tiene que manifestar en todas sus actitudes la copresencia simult\u00e1nea de las disposiciones de todas las virtudes cardinales. Un acto cualquiera es bueno s\u00f3lo si puede llamarse justo por implicar rectitud, JLerte por ser h\u00e1bito estable, temperante por ajustarse a una medida razonablemente t-Ijada, prudente por determinarse su valor mediante un discernimiento discrecional (S. Th., I-Il, q. 49ss)&#8217;.<\/p>\n<p>No por contraposici\u00f3n, sino m\u00e1s bien de una forma integradora en la visi\u00f3n arquitect\u00f3nica tomista de las virtudes, se tiende hoy a destacar una cierta antinomia dial\u00e9ctica entre las actitudes virtuosas. El motivo reside en que cualquier aspecto virtuoso humano encierra cierta deformaci\u00f3n. Para no mancillar la grandeza de la bondad divina, se invita a no describirla con los t\u00e9rminos de las virtudes humanas. Para describir un bien aut\u00e9ntico, nos vemos obligados a hacer uso de t\u00e9rminos virtuosos dial\u00e9cticamente contrarios. Las virtudes particulares reflejan nuestra espiritualidad en una perspectiva limitada, manir-testan nuestra estrecha visi\u00f3n, se limitan a un aspecto las m\u00e1s de las veces externo. Apenas el psicoan\u00e1lisis nos invit\u00f3 a escudri\u00f1ar los repliegues de los actos virtuosos, nos asustamos, intuyendo que pod\u00ed\u00adan tener un substrato inconsciente malo. Lo mismo nos suceder\u00ed\u00ada si supi\u00e9ramos abrazar con una sola mirada, con una sola palabra, con una sola reflexi\u00f3n, la bondad en su ampl\u00ed\u00adsima riqueza. Llegar\u00ed\u00adamos a constatar que es cierta la aserci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abNadie es bueno sino s\u00f3lo Dios\u00bb (Le 18,19; Mt 19,17).<\/p>\n<p>Cuanto acabamos de afirmar puede confirmarse si, a modo de ejemplo, examinamos el sentido virtuoso de la vivencia caritativa, la cual logra expresarse tan s\u00f3lo cuando simult\u00e1neamente se practican todas las dem\u00e1s virtudes dentro de su situaci\u00f3n antin\u00f3ndca (cf 1 Cor 13; Rom 13,10) [ &#8212; Caridad]. En efecto. el hombre caritativo experimenta la virtud de la alegr\u00ed\u00ada porque percibe a Dios presente en el otro, al que reconoce amado por el Se\u00f1or y enriquecido con los dones del Esp\u00ed\u00adritu. Por otra parte, se trata de una alegr\u00ed\u00ada que se conjuga dial\u00e9cticamente con la tristeza, pues sabe que el otro podr\u00ed\u00ada tener mayor confianza en el Se\u00f1or y estar convertido a \u00e9l de una manera m\u00e1s profunda.<\/p>\n<p>Quien es caritativo posee una sobreabundante bondad interior y derrama benevolencia y misericordia sobre todos, incluso sobre los ingratos; su bondad se vierte sobre personas y en momentos ajenos a toda expectativa (Le 8,38; Rom 12,17-21). El caritativo tiende a condonar y a ser comprensivo con la insolvencia del deudor, a cumplir actos de clemencia con \u00e9l (Mt 18,18ss; Flp 4,5), si bien esta misericordia en el actual ordenamiento social humano debe completarse con la virtud de la \u00abvenganza\u00bb, que inclina a castigar a cuantos hacen el mal, ya que \u00e9ste, si se deja sin castigo, podr\u00ed\u00ada extenderse en la comunidad. La venganza es una virtud c\u00ed\u00advica que conecta con la justicia. El caritativo es el hombre de la amabilidad (o benignidad), que, con su presencia y su comportamiento, sabe llevar la serenidad a cuantos a \u00e9l se acercan: tiene gestos que fascinan y suscitan amistad (1 Cor 13,4; Col 4,8), sabiendo al mismo tiempo despertar la exigencia de respeto y veneraci\u00f3n a su tarea de direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>El caritativo es manso; por ello, con tacto y persuasi\u00f3n, sabe introducir a los educandos en la vida virtuosa y, pasando por alto el castigo merecido, obra de tal manera que el sujeto mismo tome la iniciativa de reconocer sus fallos (cf Mt 11,28-30; Le 18,5-8). Su mansedumbre se expresa en longanimidad, reflejando as\u00ed\u00ad la conducta de Dios, el cual es \u00ablento a la c\u00f3lera\u00bb y prodiga sus atenciones ben\u00e9volas con el extraviado para ayudarle a convertirse (Lc 11,5-9; Ef 3,18-19). Al mismo tiempo, el caritativo sabe compaginar su mansedumbre long\u00e1nime con la firmeza; acoge sin tergiversaciones los valores espirituales y se entrega por entero a realizarlos en si mismo y en los dem\u00e1s. El caritativo es portador de paz. Por vivir en armon\u00ed\u00ada con Dios (Rom 5,11), comunica a los dem\u00e1s la alegr\u00ed\u00ada que brota del orden que reina en su interior; allana a los dem\u00e1s el camino de la concordia pacifica y alimenta la unidad caritativa (cf Jn 14,1; G\u00e1l 5,22). Al mismo tiempo, es batallador y resuelto ala hora de afrontar y superar cuanto impide el establecimiento de una paz hecha de justicia, igual que es contrario a cuanto aparta de la unidad en la amistad o la obstaculiza.<\/p>\n<p>El caritativo es veraz: sabe mantener la coherencia entre lo que piensa, dice y hace; la sencillez da tono a toda su personalidad, reflejando su interior l\u00ed\u00admpidamente, sin doblez de ninguna clase. Asimismo, el caritativo es veraz y conoce la discreci\u00f3n: sabe lo que conviene comunicar a los dem\u00e1s y lo que debe ser callado. Su cristalina franqueza sabe guardar las cosas que deben permanecer secretas. El caritativo es magn\u00e1nimo: realizando en s\u00ed\u00ad mismo la ordenada trama de las virtudes, se gana el respeto de todos. Su magnanimidad se expresa en largueza: demuestra su grandeza, no s\u00f3lo comport\u00e1ndose virtuosamente, sino tambi\u00e9n disponiendo con sabia liberalidad de sus bienes. Sin embargo, el caritativo magn\u00e1nimoliberal s\u00f3lo es verdaderamente virtuoso si en su interior reina una aut\u00e9ntica humildad, si reconoce que es pobre y que su grandeza le viene de Cristo.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo la caridad se completa con las dem\u00e1s virtudes asumidas en un entramado antin\u00f3mico, sino que cada virtud particular, para poder expresarse en autenticidad, ha de integrarse en una forma virtuosa dial\u00e9cticamente opuesta. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, la virtud de la comunicabilidad oblativa est\u00e1 llamada a integrarse en la autonomia responsable; la obediencia a la autoridad, en la contestaci\u00f3n constructiva; el cumplimiento del precepto, en una proyecci\u00f3n prof\u00e9tica personal [ Contestaci\u00f3n prof\u00e9tica]; la docilidad al director espiritual, en el abandono ala luz carism\u00e1tica del Esp\u00ed\u00adritu [Padre espiritual]; la &#8211;fraternidad caritativa, en la discreci\u00f3n serena; la mortificaci\u00f3n [ -~ Ascesis], en la voluntad de promover las propias potencialidades; el refrenamiento de las tentaciones, en la advertencia clara de su origen inconsciente; la mortificaci\u00f3n del propia cuerpo, en el empe\u00f1o por hacerlo apto para la comunicaci\u00f3n can los dem\u00e1s; la experiencia cotidiana de morir a s\u00ed\u00ad mismo, en la b\u00fasqueda de una vida nueva [ -~ Misterio pascual]; la huida del mundo, en la tarea de humanizarlo y convertirlo en morada confortable; la contemplaci\u00f3n, en la laboriosidad, siendo activos en la contemplaci\u00f3n humilde [ _,r Humildad], en la conciencia de que con la gracia divina podemos hacer grandes cosas; la sencillez, en la sagacidad prudencial (Mt 10,16). Mas \u00bfc\u00f3mo lograr estar atentos a tantos y tan complejos matices virtuosos? \u00bfQui\u00e9n es capaz de tanta prudencia como para equilibrar en la propia acci\u00f3n exigencias tan dispares? S\u00f3lo el Esp\u00ed\u00adritu puede volver nuestra conciencia capaz de valorar prudencialmente la medida y el modo de copresencia de los distintos aspectos antin\u00f3micos de las virtudes.<\/p>\n<p>\u00bfEs posible superar todas estas antinomias y encauzar la vida virtuosa hacia la simplicidad? S. Freud parece negarlo: \u00abTodas las formas de sustituci\u00f3n y de reacci\u00f3n, todas las sublimaciones son incapaces de poner fin al estado de permanente tensi\u00f3n\u00bb. En cambio, los escol\u00e1sticos, situados en el marco de la psicolog\u00ed\u00ada racional, cre\u00ed\u00adan que era posible superar la antinomia existente dentro de la pr\u00e1ctica de una misma virtud; estaban seguros de que la simplicidad espiritual se consegu\u00ed\u00ada pasando del estado continente al estado temperante de una misma virtud, pasando de su ejercicio asc\u00e9tico combativo a su ejercicio m\u00ed\u00adstico establemente pacifico. En una experiencia m\u00ed\u00adstica, las distintas necesidades psico-fisiol\u00f3gicas pierden su activa potencialidad aut\u00f3noma: se subliman y se satisfacen en el interior de las operaciones superiores de uni\u00f3n caritativa con el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Le teolog\u00ed\u00ada espiritual actual indica una ulterior evoluci\u00f3n simplificativa: a quien se introduce en la vida m\u00ed\u00adstica le es posible superar incluso la antinomia existente entre las varias virtudes. Cuando el alma entra en la caridad contemplativa, intuye que debe superar la fase de las virtudes e iniciarse en la simplicidad de la existencia divina trinitaria; que debe saber acoger en el amor infinito cualquier otra bondad. El m\u00ed\u00adstico es el que ense\u00f1a que hay que ir m\u00e1s all\u00e1 de los sabios discursos, del ejercicio de los actos virtuosos, de la entrega a gestos heroicos. Pi\u00e9nsese en santo Tom\u00e1s de Aquino, el cual, habiendo visto los albores de la Verdad en el \u00e9xtasis que precedi\u00f3 a su muerte, juzg\u00f3 cual paja todos sus escritos; o en la Virgen Mar\u00ed\u00ada, que se sinti\u00f3 arrancada de su virtuosa vida terrena tras gustar el don de un fragmento del Amor divino. \u00abLa contemplaci\u00f3n se sumerge en Dios solo, es decir, en su solo amor. El alma que de esta manera lo contempla no tiene conciencia de otra cosa que de esta chispa de amor, viv\u00ed\u00adsima en ella&#8230; As\u00c2\u00a1, si bien se consideran las cosas, los contemplativos, en el camino de la perfecta contemplaci\u00f3n, juzgar\u00ed\u00adan como tiempo perdido ocuparse en pensar cosas particulares, pues saben muy bien que el alma que se ha revestido del amor, cuando no aparta la mirada de su amor infinito, conoce en \u00e9l cuanto es necesario saber\u00bb\u00c2\u00b0. El verdadero &#8212; santo ha sobrepasado las formas virtuosas, que en este mundo son m\u00faltiples y contrastantes entre si; sabe vivir en la unidad simple del \u00fanico bien aut\u00e9ntico; sabe testimoniar de forma concreta que \u00abuna sola cosa es necesaria\u00bb (Le 10,42), aunque en este mundo el contraste entre las virtudes nunca es del todo superable, ya que la caridad contemplativa s\u00f3lo es practicable a trav\u00e9s del compromiso de actitudes virtuosas antin\u00f3micas.<\/p>\n<p>V. Antinomias entre estados eclesiales<br \/>\nlas antinomias espirituales, presentes en toda vida cristiana, se caracterizan por modalidades diferentes dentro de cada estado personal, dependiendo, por ejemplo, de que se desempe\u00f1e en la Iglesia una misi\u00f3n laical, sacerdotal o mon\u00e1stica. La tarea delJfl&#8217; laico es eminentemente profana y la desempe\u00f1a en el interior de la propia~familia, de la propia profesi\u00f3n [&#8211; Trabajador] y de la propia actividad socio-pol\u00ed\u00adtica [&#8211;Pol\u00ed\u00adtica II]. El laico ha de testimoniar con los hechos que lo que ante todo y sobre todo interesa, es completar la creaci\u00f3n humanizando el universo, haciendo de la convivencia humana una expresi\u00f3n de libertad, herman\u00e1ndose con los marginados, potenciando cuanto contribuya a una vida serena. Al mismo tiempo, todo esto ha de realizarse dando testimonio de la fe en el reino de Dios, poniendo la confianza en Cristo como \u00fanico salvador, reconociendo que el papel de la renuncia es insustituible, teniendo siempre en cuenta la presencia de la desviaci\u00f3n original en el interior de toda realidad humana.<\/p>\n<p>El sacerdote est\u00e1 llamado a una tarea de servicio en la comunidad eclesial: vive enteramente entregado ala palabra, al sacramento, al ejercicio de la caridad eclesial [ Ministerio pastoral]. Pero en la entra\u00f1a misma de su acci\u00f3n sacral, ha de mostrar una gran humanidad comprensiva, una acogida afectiva [ &#8212; Amistad VII-VIII], el testimonio de una madurez personal, un saber vivir como ejemplo de un amor oblativo.<\/p>\n<p>El monje [ > Vida consagrada] anhela ser en la comunidad el que trata de expresar la nueva experiencia de resucitado en Cristo; el que proclama con la vida lo que es la caridad eclesial, indicadora de c\u00f3mo puede uno dejarse llevar por el Esp\u00ed\u00adritu. Todo esto el monje lo vive tambi\u00e9n por una misi\u00f3n eclesial: mostrar a los fieles los aspectos cristianos de toda experiencia humana, c\u00f3mo deben llevar a cabo evang\u00e9licamente una tarea profana, c\u00f3mo pueden vivir seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu la vida de cada d\u00ed\u00ada. Si, por un lado, parece que el monje huye de la mundanidad para donarse s\u00f3lo al Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, por otro, se sumerge en ella para transformarla con una animaci\u00f3n caritativa.<\/p>\n<p>Las antinomias que se viven dentro de cada estado eclesial no pueden delinearse con car\u00e1cter definitivo. Y ello no s\u00f3lo porque cada persona vive tales antinomias espirituales de un modo diferente, seg\u00fan el grado y el g\u00e9nero de su espiritualidad, sino tambi\u00e9n porque toda vida asc\u00e9tica tiene su propia inculturaci\u00f3n, que varia con el tiempo. He aqu\u00ed\u00ad por qu\u00e9 nunca ser\u00e1 posible precisar de una vez por todas la relaci\u00f3n entre fe y pol\u00ed\u00adtica [ &#8212; Pol\u00ed\u00adtica IJ, entre maduraci\u00f3n personal human\u00ed\u00adstica y renuncia mon\u00e1stica, entre participaci\u00f3n en la vida secular y entrega apost\u00f3lica sacerdotal.<\/p>\n<p>VI. Superaci\u00f3n de la antinomia \u00abley-esp\u00ed\u00adritu\u00bb en el \u00abvoluntariado cristiano\u00bb<br \/>\nSi nuestra vida espiritual aparece \u00abpobre\u00bb al tener que expresarse a trav\u00e9s de virtudes antin\u00f3micas, al mismo tiempo testimonia el af\u00e1n de no permitir que se pierda ning\u00fan fragmento de la multiforme riqueza espiritual cristiana. Tarea harto dif\u00ed\u00adcil; el hecho de que la cultura humano-eciesial var\u00ed\u00ade, pide un cambio an\u00e1logo en las tareas espirituales y en su trenzado arm\u00f3nico, y la exigencia de renovaci\u00f3n espiritual puede entrar en conflicto con una costumbre eciesial pac\u00ed\u00adficamente practicada. \u00bfC\u00f3mo superar esta antinomia? \u00bfC\u00f3mo conciliar las normas \u00e9ticas con la transformaci\u00f3n que nos sugiere el morir y resucitar en Cristo seg\u00fan la gracia eclesial del hoy?<br \/>\nSer\u00ed\u00ada pernicioso que el pueblo cristiano continuara sujet\u00e1ndose a reglas inculcadas p\u00fablicamente ayer y no comprendiera la necesidad de introducir comportamientos actualizados. Se crear\u00ed\u00ada la situaci\u00f3n espiritual an\u00f3mica consistente en atrincherarse en un c\u00f3digo moral que ya no se adecua suficientemente a la novedad surgida. No se puede hacer responsable s\u00f3lo al magisterio, encarg\u00e1ndole de formular y promulgar tempestivamente las normas espirituales. Es tarea solidaria de toda la comunidad eclesial. Incluso por el hecho de que, si las normas las comunicara unilateralmente la sola jerarqu\u00ed\u00ada eclesi\u00e1stica, ser\u00ed\u00adan expresadas en la odiosa forma vinculante del precepto.<\/p>\n<p>Hoy se trata de superar la antinomia norma-experiencia espiritual no \u00fanicamente orientando a la vida m\u00ed\u00adstica, sino de igual modo favoreciendo desde el lado eclesial el \u00abvoluntariado\u00bb. Esp\u00ed\u00adritus juveniles o personas altamente espirituales pueden intuir las nuevas exigencias espirituales y mostrar la voluntad heroica de testimoniarlas incluso con gran sacrificio personal. As\u00c2\u00a1, por ejemplo, hay quien va a regiones subdesarrolladas a ofrecer una colaboraci\u00f3n gratuita de promoci\u00f3n humano-espiritual; hay quien condivide la situaci\u00f3n m\u00ed\u00adsera de los que viven en chabolas para despertar en ellos iniciativas que los rediman de su estado social; y no faltan jerarqu\u00ed\u00adas eclesi\u00e1sticas que aceptan vivir en fraternidad con el pueblo de Dios, renunciando a preferencias personales de decoro social.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del voluntariado cristiano pueden sugerirse las nuevas exigencias espirituales no imponiendo pesadas prescripciones o tareas gravosas, sino promoviendo iniciativas generosas, expresadas con el arranque espont\u00e1neo de relaciones caritativas, ofrecidas en su frescor anticonformista como intuici\u00f3n que sabe captar las expectativas de los hermanos.<\/p>\n<p>El voluntariado es un modo inculturado de vivir hoy en caridad, un modo capaz de superar la antinomia que se da entre iniciativa espiritual y prescripci\u00f3n legal autoritativa. El deber espiritual no se formula desde arriba, sino que aflora a medida que los mismos creyentes ampl\u00ed\u00adan su \u00abcampo fenom\u00e9nico espiritual\u00bb, conforme se ilumina conscientemente su vivencia subjetiva, la cual va abrazando la nueva realidad socioeciesial. La realidad comunitaria, vivida en la fiel escucha subjetiva del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, se convierte en fuente de motivaciones, de percepci\u00f3n afectiva, de intereses, de compromisos altruistas, de generosidad heroica. Con ello se supera la antinomia entre normas objetivas abstractas y una cierta indolencia subjetiva, reacia a dejarse dominar por v\u00ed\u00adnculos legales. Con el voluntariado, a trav\u00e9s de la maduraci\u00f3n espiritual interior en el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, se deja uno instruir y entusiasmar con las metas socio-eclesiales y cultural-evang\u00e9licas del hoy.<\/p>\n<p>BIBL.-Al menos 25 llamadas encuentre el lector en el interior del art\u00ed\u00adculo. En esas llamadas se hace referencia a las palabras que deben aportar la bibliograf\u00ed\u00ada adecuada, cuya repetici\u00f3n nos parece superflua. Creemos suficiente con recordarle cu\u00e1les son las antinomias concretas y claras m\u00e1s precises, que recordaba ya hace a\u00f1os C. W. Truhlar, Antinomias de la vida espiritual, Raz\u00f3n y Fe, Madrid 1984: totalidad del cristianismo y debilidad del cristiano: desarrollo y crucifixi\u00f3n de las fuerzas humanas: transformaci\u00f3n y fuga del mundo: contemplativo en la acci\u00f3n; conciencia del propio valor y humildad; prudentes como serpientes y simples como palomas.<\/p>\n<p>T. Goffi<br \/>\nDicES<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Vivimos en medio de continuas antinomias II. Pascua como antinomia salv\u00ed\u00adfica III. Antinomias entre espiritual humano y espiritual cristiano IV. Trama antin\u00f3mica entre las virtudes V. Antinomias entre estados eclesiales VI. Superaci\u00f3n de la antinomia \u00abley-esp\u00ed\u00adritu\u00bb en el \u00abvoluntariado cristiano\u00bb. I. Vivimos en medio de continuas antinomias Nuestra vida est\u00e1 entretejida de antinomias, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/antinomias-espirituales\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abANTINOMIAS ESPIRITUALES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17069","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17069","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17069"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17069\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17069"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17069"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17069"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}