{"id":17071,"date":"2016-02-05T11:07:14","date_gmt":"2016-02-05T16:07:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/carismaticos-renovacion-carismatica\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:14","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:14","slug":"carismaticos-renovacion-carismatica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/carismaticos-renovacion-carismatica\/","title":{"rendered":"CARISMATICOS (RENOVACION CARISMATICA)"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Los movimientos carism\u00e1ticos: 1. Una experiencia que se repite en la Iglesia; 2. El elemento carism\u00e1tico en la Iglesia; 3. Los dones del Esp\u00ed\u00adritu para utilidad com\u00fan &#8211; II. La actual \u00abrenovaci\u00f3n carism\u00e1tica\u00bb en la Iglesia cat\u00f3lica: 1. Del pentecostalismo cl\u00e1sico a la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cat\u00f3lica; 2. Significado de la experiencia de un despertar &#8211; III. Dimensiones de la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cat\u00f3lica: 1. Cuestiones de terminolog\u00ed\u00ada; 2. Los grupos de oraci\u00f3n; 5. La efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu; 4. La experiencia carism\u00e1tica; 5. La actitud de la jerarqu\u00ed\u00ada cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>I. Los movimientos carism\u00e1ticos<br \/>\nEl poder del Esp\u00ed\u00adritu Santo seg\u00fan la promesa de Jes\u00fas, el hecho de Pentecost\u00e9s y los carismas que con su impulso misionero pueden revitalizar a la comunidad cristiana, son constantes de la vida de la Iglesia que asumen un particular atractivo en determinados momentos hist\u00f3ricos. Cuando entran en crisis ciertos aspectos de la vida eclesial, se hace m\u00e1s fuerte la exigencia de una nueva comprensi\u00f3n de la persona del Esp\u00ed\u00adritu Santo, enviado incesantemente por el Padre y el Hijo, y de su funci\u00f3n en orden a la salvaci\u00f3n de los hombres; y, al mismo tiempo, se produce una comparaci\u00f3n directa con la realidad espiritual de las primitivas comunidades cristianas en busca de nuevas energ\u00ed\u00adas para renovar la Iglesia coet\u00e1nea.<\/p>\n<p>1. UNA EXPERIENCIA QUE SE REPITE EN LA IGLESIA &#8211; Tiene raz\u00f3n, pues, L. Bouyer cuando dice que los movimientos carism\u00e1ticos \u00abson una caracter\u00ed\u00adstica casi permanente o que se repite siempre en la vida de la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb. La historia ha presenciado unos cuantos de diverso tipo. En general, hay siempre una referencia a las manifestaciones \u00abcarism\u00e1ticas\u00bb que siguieron a Pentecost\u00e9s, a las diversas efusiones del Esp\u00ed\u00adritu de que hablan los Hechos de los Ap\u00f3stoles o a las experiencias espirituales de la comunidad de Corinto que refiere Pablo. En los comienzos de la Iglesia, virginidad, ascetismo y martirio se consideraban dones carism\u00e1ticos. El monaquismo, en su nacimiento, se sent\u00ed\u00ada heredero del carisma de la Iglesia primitiva, y los m\u00e1rtires de los primeros siglos eran conscientes de ser \u00abtestigos\u00bb por excelencia cuando exclamaban al morir: \u00abVen, Se\u00f1or Jes\u00fas\u00bb (Ap 22,20). La Pasi\u00f3n de Felicidad y Perpetua narra con qu\u00e9 entusiasmo un m\u00e1rtir pod\u00ed\u00ada decir a sus propios verdugos: \u00abOtro sufrir\u00e1 por mi\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, en la historia de la Iglesia ha habido carism\u00e1ticos heterodoxos y carism\u00e1ticos ortodoxos. Recordemos entre los primeros a los montanistas, a los hermanos del libre Esp\u00ed\u00adritu, a los flagelantes, a los alumbrados, a los quietistas, etc. Sin entrar en sus caracter\u00ed\u00adsticas especificas, limit\u00e9monos a se\u00f1alar las instancias positivas de donde arrancan estos movimientos de renovaci\u00f3n y las desviaciones a que llegan. Al principio hay una experiencia espiritual aut\u00e9ntica, si bien mezclada con alg\u00fan elemento menos puro. Hay un nuevo descubrimiento de la trascendencia de Dios, de la identidad del cristiano tal como brota del evangelio, una nueva comprensi\u00f3n del papel que le corresponde al Esp\u00ed\u00adritu Santo entre los cristianos y en la Iglesia, una necesidad de vivir radicalmente el evangelio en su llamada a una vida simple, pobre, de servicio a los dem\u00e1s. Por desgracia, lo que ha faltado a menudo en tales movimientos ha sido un recto \/discernimiento espiritual y, sobre todo, no haber comprendido que los dones aut\u00e9nticos del Esp\u00ed\u00adritu no llevan a romper la unidad y la paz de la Iglesia. Frecuentemente, la exaltaci\u00f3n que manifiestan tales grupos ha resultado sospechosa para la jerarqu\u00ed\u00ada. Se ha producido as\u00ed\u00ad un endurecimiento por ambas partes, con la consiguiente condena de ciertos errores doctrinales y morales de tales movimientos. Pero la Iglesia ha conocido tambi\u00e9n en su historia movimientos \u00abcarism\u00e1ticos\u00bb que, dentro de la plena fidelidad a la jerarqu\u00ed\u00ada, han contribuido a su renovaci\u00f3n espiritual y apost\u00f3lica con nuevas exigencias aut\u00e9nticamente evang\u00e9licas. En tiempos de extrav\u00ed\u00ado y de decadencia espiritual, o bien de cambios hist\u00f3ricos, Cristo ha dado a algunos cristianos dones particulares de su Esp\u00ed\u00adritu. Baste recordar a los profetas itinerantes de la segunda y tercera generaci\u00f3n cristianas, a los grandes predicadores de los primeros tiempos del cristianismo y de la Edad Media, las corrientes franciscanas del s. xm,las \u00f3rdenes mendicantes con su impulso apost\u00f3lico de nuevo cu\u00f1o [\/Hombre evang\u00e9lico], los diversos movimientos de \u00abinteriorizaci\u00f3n\u00bb, el fervor m\u00ed\u00adstico y prof\u00e9tico de tantos santos, hombres y mujeres, etc.<\/p>\n<p>2. EL ELEMENTO CARISM\u00ed\u0081TICO EN LA IGLESIA &#8211; A la Iglesia no le ha faltado ni le faltar\u00e1 nunca el elemento carism\u00e1tico, porque forma parte de su naturaleza. Entre el elemento carism\u00e1tico y el elemento institucional y sacramental no existe oposici\u00f3n, sino integraci\u00f3n. La gracia y el signo, lo invisible y lo visible, estructuran inseparablemente a la Iglesia de Cristo. \u00abNo se puede hablar nunca de dos iglesias -observa el cardenal Suenens-, una de las cuales seria la institucional visible y la otra la carism\u00e1tica invisible. La uni\u00f3n de ambas dimensiones es esencial a la noci\u00f3n misma de iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>La doctrina tradicional de la Iglesia afirma que gracia sacramental y gracia extrasacramental operan juntas la santificaci\u00f3n del cristiano. Esta doctrina, expuesta por P\u00ed\u00ado XII en laMystici Carporis, ha sido subrayada por el Vat. II en la Lumen Gentiurn, sobre todo en los nn. 11 y 12. El elemento pneumatol\u00f3gico no act\u00faa en un segundo tiempo respecto al cristol\u00f3gico. Cristo y su Esp\u00ed\u00adritu constituyen a la Iglesia confiri\u00e9ndole una estructura animada por el dinamismo santificador. El Esp\u00ed\u00adritu Santo act\u00faa constantemente para que los hombres llamados por Cristo perciban en la Iglesia su presencia activa y reconozcan que \u00ablas instituciones mismas son en la Iglesia veh\u00ed\u00adculos privilegiados de los carismas m\u00e1s preciosos\u00bb. Los ministerios en la Iglesia est\u00e1n animados por los carismas correspondientes, que hacen id\u00f3neos a quienes los reciben para la misi\u00f3n de evangelizar y de santificar. Adem\u00e1s, todo ministerio oficial en la Iglesia debe considerarse un carisma para los otros carismas; como un don del Esp\u00ed\u00adritu, que hace tomar conciencia a los creyentes de los propios dones recibidos para el bien de la \u00fanica comunidad de salvaci\u00f3n [\/Ministerio pastoral].<\/p>\n<p>3. LOS DONES DEL ESP\u00ed\u008dRITU PARA LA UTILIDAD COM\u00daN &#8211; El Vat. II, al leer en los signos de la Iglesia de hoy la acci\u00f3n, a veces discreta, a veces impetuosa, del Esp\u00ed\u00adritu Santo entre los fieles de toda condici\u00f3n, ha comprendido y expresado en forma nueva la teolog\u00ed\u00ada de los carismas.<\/p>\n<p>Una mirada a algunos aspectos centrales de la doctrina b\u00ed\u00adblica, en especial la paulina, sobre los carismas permitir\u00e1 comprender mejor las instancias del Vat. II. Es un hecho que en la primitiva comunidad apost\u00f3lica se manifiestan en los cristianos gracias particulares concedidas por el Esp\u00ed\u00adritu Santo para el bien de la Iglesia: \u00abEran muchos los prodigios y se\u00f1ales que se hac\u00ed\u00adan por medio de los ap\u00f3stoles\u00bb (He 2,43). Jes\u00fas mismo hace part\u00ed\u00adcipes a los disc\u00ed\u00adpulos del poder (exousia) mesi\u00e1nico (cf Mc 6,7; Mt 11,27; 28,18); los dones gratuitos no son m\u00e1s que participaci\u00f3n de la dignidad y del poder de Jes\u00fas (Lc 10,16) y de los dones de Cristo (Ef 4,7). La palabra carisma indica en el NT, en general, un don gratuito (charis=gracia), consistente en una operaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu en el creyente ordenada a la edificaci\u00f3n del \u00abcuerpo de Cristo\u00bb, la Iglesia, para que sea \u00abmanifestaci\u00f3n\u00bb sensible del Esp\u00ed\u00adritu Santo conforme al car\u00e1cter de encarnaci\u00f3n de la Iglesia. San Pablo, en efecto, habla tambi\u00e9n de \u00abministerios\u00bb y \u00aboperaciones\u00bb (1 Cor 12,4-6). El Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00abse manifiesta\u00bb en estos dones de gracia de modo experiencial, an\u00e1logamente a como el Hijo de Dios apareci\u00f3 en la humanidad de Jes\u00fas de Nazaret (1 Jn 1-3; 1 Cor 12,7). Pero \u00bfcu\u00e1ntos y cu\u00e1les son los carismas queforman parte de la estructura de la comunidad eclesial? En general se admite que, seg\u00fan Pablo, \u00abel n\u00famero de los carismas es fundamentalmente ilimitado. Su l\u00ed\u00admite lo fija \u00fanicamente la comunidad concreta en la que se realizan s\u00f3lo \u00e9stos y no otros carismas naturalmente\u00bb. Por eso, en los varios elencos dados por Pablo var\u00ed\u00ada el n\u00famero de los carismas (Rom 12,6-8ss; 1 Cor 12,8-10.28-30) y no se exponen en orden sistem\u00e1tico. Se va desde los carismas m\u00e1s altos, como los discursos de sabidur\u00ed\u00ada y de ciencia, el don de las curaciones, la profec\u00ed\u00ada, el don de lenguas, etc., hasta los carismas m\u00e1s ordinarios, como la ayuda y la administraci\u00f3n, el servicio y la gu\u00ed\u00ada de la comunidad, las obras de beneficencia y de misericordia, etc.<\/p>\n<p>Fund\u00e1ndose en la doctrina del NT y en la experiencia de la Iglesia, los padres del Vat. II discutieron sobre el significado de los carismas y su permanencia o no en la Iglesia. Se enfrentaron dos tesis. Una, sostenida por el card. Ruffini; otra, por el card. Suenens. La primera, restringiendo el significado de los carismas s\u00f3lo a los extraordinarios, sosten\u00ed\u00ada que \u00ablos carismas&#8230; abundaban al principio de la Iglesia, pero luego poco a poco disminuyeron de tal manera que casi desaparecieron&#8230;\u00bb. La segunda, distinguiendo entre carismas \u00abm\u00e1s excepcionales\u00bb y carismas \u00abm\u00e1s ordinarios\u00bb, mostraba que son dones permanentes y multiformes que da el Esp\u00ed\u00adritu a los cristianos de todos los tiempos&#8217;. No son \u00abun fen\u00f3meno perif\u00e9rico o accidental en la vida de la Iglesia; al contrario, son de importancia vital para la construcci\u00f3n del Cuerpo m\u00ed\u00adstico\u00bb. El punto de vista del card. Suenens, que propon\u00ed\u00ada una noci\u00f3n de carisma avanzada en a\u00f1os anteriores por te\u00f3logos eminentes, como Y. Conga&#8217;. y K. Rahner, prevaleci\u00f3 entre los padres conciliares y fue codificado en el n. 12 de la LG, donde se dice que \u00abel mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo no s\u00f3lo santifica y dirige al pueblo de Dios mediante los sacramentos y los ministerios y lo adorna con las virtudes, sino que tambi\u00e9n distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condici\u00f3n, distribuyendo a cada uno seg\u00fan quiere (1 Cor 12,11) sus dones, con lo que los hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y deberes que sean \u00fatiles para la renovaci\u00f3n y la mayor edificaci\u00f3n de la Iglesia, seg\u00fan aquellas palabras: A cada uno se le otorga la manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu para com\u00fan utilidad\u00bb (1 Cor 12,7).<\/p>\n<p>Todo cristiano sensible a la presencia del Esp\u00ed\u00adritu en \u00e9l debe preguntarse con qu\u00e9 dones, fundados con frecuencia en las mismas cualidades naturales, ha sido enriquecido para servir mejor a los hermanos. Debe discernirlos, reconocerlos como provenientes del Dador de todo bien y empe\u00f1arlos en la construcci\u00f3n de la Iglesia, comunidad de salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>II. La actual \u00abrenovaci\u00f3n carism\u00e1tica\u00bb en la Iglesia cat\u00f3lica<br \/>\nTambi\u00e9n en nuestros d\u00ed\u00adas, cuando la Iglesia est\u00e1 empe\u00f1ada en una renovaci\u00f3n que lleve a presentar a todos los hombres el verdadero rostro de Dios y su acci\u00f3n liberadora en la historia, el Esp\u00ed\u00adritu Santo ha suscitado un nuevo dinamismo espiritual. Para comprender el alcance de la experiencia carism\u00e1tica que est\u00e1 viviendo la Iglesia cat\u00f3lica, hay que retroceder a sus fuentes, a su primer nacimiento, ligado al pentecostalismo, a fin de discernir los puntos comunes que tiene con \u00e9l y las profundas divergencias que lo distinguen.<\/p>\n<p>1. DEL PENTECOSTALISMO CL\u00ed\u0081SICO A LA RENOVACI\u00ed\u201cN CARISM\u00ed\u0081TICA CAT\u00ed\u201cLICA &#8211; Se ha dicho que nuestro siglo ha asistido a la formaci\u00f3n de tres afluentes de la gran corriente de \u00abrevival\u00bb, de resurgimiento religioso\u00bb, que est\u00e1 recorriendo las iglesias cristianas. Estos tres afluentes son el pentecostalismo cl\u00e1sico, el neopentecostalismo y la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cat\u00f3lica.<\/p>\n<p>El pentecostalismo cl\u00e1sico es el conjunto de doctrina y de praxis religiosa de las iglesias llamadas pentecostales, cuya suprema expresi\u00f3n est\u00e1 constituida por las Asambleas de Dios. Comenz\u00f3 en 1900 en Topeka (Kansas), donde un pastor metodista, Charles F. Parham, fund\u00f3 una escuela b\u00ed\u00adblica, la Bethel Bible School. Su m\u00e9todo consist\u00ed\u00ada en proponer a los estudiantes algunas preguntas nacidas de la experiencia suscitada por la comparaci\u00f3n entre el entusiasmo religioso de las primeras comunidades cristianas y lo endeble de la vida cristiana y del apostolado que observaba en s\u00ed\u00ad y a su alrededor. La pregunta crucial que hizo a sus estudiantes fue \u00e9sta: \u00ab\u00bfCu\u00e1l es el signo escritur\u00ed\u00adstico de un verdadero bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo?\u00bb. Meditando cuanto dicen los Hechosde los Ap\u00f3stoles acerca de Pentecost\u00e9s y de los otros \u00abdescendimientos\u00bb del Esp\u00ed\u00adritu Santo (He 10,44-48; 19,1-7), concluyeron que el signo escritur\u00ed\u00adstico seguro del bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo es el don de \u00abhablar en otras lenguas\u00bb. Intensificaron entonces su oraci\u00f3n con gran fervor, y el primer d\u00ed\u00ada del a\u00f1o 1901, en una de estas reuniones, una estudiante, In\u00e9s Ozman, pidi\u00f3 a Parham que le impusiera las manos para recibir el bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Fue para ella una experiencia religiosa profunda, y comenz\u00f3 a alabar a Dios en lenguas. Desde Topeka, un ins\u00f3lito fervor religioso, que llevaba a dar un testimonio vivo de Cristo, se difundi\u00f3 a otros centros, sobre todo a Los Angeles (California), donde un pastor negro, William Seymour, promovi\u00f3 un intenso despertar religioso. Hay que observar que el prop\u00f3sito de estos grupos y de sus animadores no era fundar una iglesia nueva, sino suscitar un despertar en las iglesias evang\u00e9licas a las que pertenec\u00ed\u00adan. Pero cuando se vieron ridiculizados, perseguidos y rechazados por sus iglesias, se reunieron bajo nuevas denominaciones con el nombre gen\u00e9rico de pentecostales.<\/p>\n<p>El neopentecostalismo se inici\u00f3 cuando, a partir de 1956, varios grupos de protestantes, sobre todo anglicanos, luteranos y presbiterianos, que hab\u00ed\u00adan realizado una experiencia t\u00ed\u00adpicamente pentecostal, fueron readmitidos por sus respectivas iglesias. Esto les permiti\u00f3 integrar la experiencia pentecostal en su propia confesi\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>La renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cat\u00f3lica tiene como fecha de nacimiento los comienzos de 1967. Un peque\u00f1o grupo de j\u00f3venes profesores de la universidad cat\u00f3lica de Duquesne (Pittsburg)\u00bb, comprometidos en su vida de fe y de apostolado, confrontaban su existencia de creyentes un tanto debilitada con el fervor y el impulso de las primitivas comunidades cristianas. Leyeron dos libros, La cruz y el pu\u00f1al, en el que el pastor D. Wilkerson narra su apostolado entre los j\u00f3venes de los bajos fondos de Nueva York, y Ellos hablan en otras lenguas, donde un periodista, J. Sherrill, presenta de modo fascinante el desarrollo de las comunidades pentecostales de U.S.A. \u00ab. Tomaron contacto con un grupo de protestantes pentecostales, oraron varias veces juntamente con ellos y, por \u00faltimo, pidieron la oraci\u00f3n y la imposici\u00f3n de las manos para recibir el \u00abbautismo del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Al realizarlo tuvieron la t\u00ed\u00adpica experiencia pentecostal y comenzaron a rezar en lenguas. Organizaron un grupo cat\u00f3lico de oraci\u00f3n; su experiencia religiosa se transmiti\u00f3 r\u00e1pidamente, primero a la universidad de Notre Dame, en el estado de Indiana, y luego a otras universidades, parroquias, conventos y un poco por todas partes en U.S.A., y, finalmente, a varias partes del mundo. Todos los a\u00f1os se celebra una reuni\u00f3n internacional en Notre Dame; en 1975, con ocasi\u00f3n del a\u00f1o santo, tuvo lugar en Roma, con la participaci\u00f3n de diez mil personas provenientes de sesenta pa\u00ed\u00adses. En aquella ocasi\u00f3n, despu\u00e9s de una memorable concelebraci\u00f3n en San Pedro presidida por el card. Suenens, el Papa les dirigi\u00f3 un discurso.<\/p>\n<p>2. SIGNIFICADO DE LA EXPERIENCIA DE UN DESPERTAR &#8211; El extraordinario crecimiento de los grupos de oraci\u00f3n de la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cat\u00f3lica en todo el mundo plantea el problema del significado de tal experiencia religiosa, de las instancias de que nace y de los interrogantes que formula. Uno de los primeros datos que descuellan es el haber surgido despu\u00e9s de la oleada de la llamada teolog\u00ed\u00ada de la muerte de Dios y de la secularizaci\u00f3n, las cuales, si bien han puesto de manifiesto valores genuinos y purificados de la fe cristiana, han oscurecido a menudo la credibilidad del Dios vivo y de la Iglesia de Cristo. De ah\u00ed\u00ad la necesidad de volver a los datos de la revelaci\u00f3n cristiana contemplados no s\u00f3lo como elementos doctrinales, sino como experiencia de vida, como impulso de fe trinitaria, como testimonio y misi\u00f3n.<\/p>\n<p>Otro dato es que la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cat\u00f3lica comenz\u00f3 apenas un a\u00f1o despu\u00e9s de concluirse el Vat. II. Este, por un lado, ha insistido en la necesidad de la \u00abrenovaci\u00f3n\u00bb de la Iglesia y de los cristianos, y, por otro, ha presentado la imagen de una iglesia, pueblo de Dios, en una teolog\u00ed\u00ada renovada del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Pablo VI, en la alocuci\u00f3n de apertura de la segunda sesi\u00f3n del Vat. II, el 29 de septiembre de 1963, declar\u00f3 que uno de los motivos principales por los que el Papa Juan XXIII hab\u00ed\u00ada convocado el concilio era la renovaci\u00f3n de la Iglesia. El decreto sobre el ministerio y la vida de los presb\u00ed\u00adteros coloca en primer plano la renovaci\u00f3n de la Iglesia entre los tres fines pastorales del concilio, a saber: \u00abLa renovaci\u00f3n interna de la Iglesia, la difusi\u00f3n del evangelio por el mundo entero, as\u00ed\u00ad como el di\u00e1logo conel mundo actual\u00bb (PO n. 12). Particularmente en la LG se habla de esta renovaci\u00f3n y se la relaciona estrechamente con su fuente, que es el Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u00abCon la fuerza del evangelio (el Esp\u00ed\u00adritu Santo) hace rejuvenecer a la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la uni\u00f3n consumada con su Esposo\u00bb (4). La Iglesia, se dice tambi\u00e9n, entre tentaciones y tribulaciones, es mantenida siempre por la fuerza del Se\u00f1or, a fin de que \u00abno cese de renovarse bajo la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (9). Para realizar esta obra, se a\u00f1ade finalmente, el Esp\u00ed\u00adritu Santo confiere a los cristianos dones espirituales, los carismas, manifestaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu para la utilidad com\u00fan, a fin de hacerlos aptos y prontos \u00abpara ejercer las diversas obras y deberes que sean \u00fatiles para la renovaci\u00f3n y la mayor edificaci\u00f3n de la Iglesia\u00bb (12). La renovaci\u00f3n carism\u00e1tica pretende ser una respuesta a las instancias de renovaci\u00f3n de toda la Iglesia dentro de la fidelidad a las mociones del Esp\u00ed\u00adritu. F. Sullivan\u00bb sintetiza as\u00ed\u00ad los componentes esenciales de una aut\u00e9ntica renovaci\u00f3n carism\u00e1tica en la Iglesia: 1) fidelidad creciente de la Iglesia, en todos sus miembros, a su vocaci\u00f3n; 2) el Esp\u00ed\u00adritu Santo es su agente principal; la Iglesia debe responder activamente; 3) el Esp\u00ed\u00adritu Santo concede toda especie de dones carism\u00e1ticos de que la Iglesia tiene necesidad en una \u00e9poca determinada; 4) el Esp\u00ed\u00adritu Santo mueve a los cristianos a reconocer tales dones, a comprender su sentido y a usarlos; 5) el Esp\u00ed\u00adritu Santo gu\u00ed\u00ada a los laicos para emplear sus dones en comuni\u00f3n con sus pastores y gu\u00ed\u00ada a los pastores a reconocerlos y desarrollarlos en los fieles; 6) el Esp\u00ed\u00adritu Santo da a la autoridad de la Iglesia el carisma del discernimiento para juzgar y promover los dones aut\u00e9nticos sin extinguir el Esp\u00ed\u00adritu; 7) la elecci\u00f3n de las personas para la gu\u00ed\u00ada pastoral de la Iglesia se hace bas\u00e1ndose en una reconocida presencia de los dones del Esp\u00ed\u00adritu necesarios para un oficio particular; 8) en cada comunidad eucar\u00ed\u00adstica local, cada miembro ejerce sus dones bajo la gu\u00ed\u00ada de los pastores.<\/p>\n<p>Esta instancia de renovaci\u00f3n carism\u00e1tica lleva a los cristianos a salir, bien de una especie de racionalismo as\u00e9ptico con que viven su propia fe, bien de aquel indiferentismo que confina con una negaci\u00f3n pr\u00e1ctica de Dios y de lo sobrenatural. H. M\u00fchlen, hablando de la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cat\u00f3lica, insiste justamente en su capacidad de superar el abismo entre fe y experiencia; de dar una experiencia real del Esp\u00ed\u00adritu que abre el camino al encuentro con Cristo y con el Padre en la Iglesia. El olvido del Esp\u00ed\u00adritu Santo que hemos padecido, observa M\u00fchlen, nos ha llevado a poner en discusi\u00f3n a Dios mismo: \u00abCon frecuencia vivimos pr\u00e1cticamente como si Dios no existiese. Nos hemos convertido, en el centro de nuestro ser y de nuestro `coraz\u00f3n&#8217;, en ateos pr\u00e1cticos\u00bb (p. 18). La renovaci\u00f3n carism\u00e1tica, dice tambi\u00e9n el autor, nos ayuda a salir del ate\u00ed\u00adsmo de la mente (p. 48ss) y del ate\u00ed\u00adsmo del coraz\u00f3n (p. 60ss), nos hace hablar con Dios en voz alta, nos hace entrar en aquella \u00abnueva \u00e9poca\u00bb de que habla la Gaudium et Spes (n. 4) y que se caracteriza por una \u00absocializaci\u00f3n\u00bb incluso a nivel religioso, por el paso de una experiencia de Dios monote\u00ed\u00adsta a otra trinitaria. La experiencia de Dios en la \u00ab\u00e9poca del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Rom 7,6) se funda en la persuasi\u00f3n de fe de que \u00abverdaderamente Dios est\u00e1 entre nosotros\u00bb (1 Cor 14,25). Consiste en un tipo de conocimiento no conceptualizable, es decir, que no puede apoderarse conceptualmente de su objeto, sino que lo vive por la participaci\u00f3n de todo el ser y con una certeza que es precisamente fruto de fe.<\/p>\n<p>Nuestra experiencia del Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente vinculada a la experiencia que Jes\u00fas mismo tuvo del Esp\u00ed\u00adritu. En virtud del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas, damos nosotros testimonio de la experiencia que tuvo Jes\u00fas de Dios y que la Iglesia sigue teniendo en el tiempo. El bautismo que recibi\u00f3 Jes\u00fas de Juan, tal como se interpreta en el NT a la luz de la experiencia carism\u00e1tico-misionera de Pentecost\u00e9s, marca la experiencia originaria que tuvo Jes\u00fas del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Mateo en su evangelio atribuye una importancia particular al hecho de que Jes\u00fas, al salir del agua apenas bautizado, \u00abviera\u00bb al Esp\u00ed\u00adritu de Dios descender como una paloma y \u00aboyera\u00bb una voz (Mt 3,16-17). Las expresiones \u00abver\u00bb y \u00abo\u00ed\u00adr\u00bb indican que Jes\u00fas tuvo una profunda experiencia de la presencia de Dios. Esta experiencia posee un car\u00e1cter p\u00fablico que se comunica a los dem\u00e1s, los cuales de alg\u00fan modo participan de la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu dado a Jes\u00fas. La Iglesia contin\u00faa en la historia la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas. En particular se contin\u00faa en la Iglesia la experiencia de Pentecost\u00e9s de los primeros testigos, la manifestaci\u00f3n de aquel Esp\u00ed\u00adritu \u00abque veis y o\u00ed\u00ads\u00bb (He 2,33). Cuando los primeros cristianos llamaban a Dios con el nombre de Padre sent\u00ed\u00adan que participaban de la experiencia de Jes\u00fas y que el Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas era para ellos la prueba fundamental de la resurrecci\u00f3n de Jes\u00fas (cf He 2,33). La experiencia carism\u00e1tica en la Iglesia cat\u00f3lica subraya tambi\u00e9n el papel que Mar\u00ed\u00ada tiene en el contexto trinitario y eclesial. El \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb de Mar\u00ed\u00ada expresa a la perfecci\u00f3n el consentimiento y la docilidad al plan de Dios sobre los hombres, a los cuales gu\u00ed\u00ada con su Esp\u00ed\u00adritu. Si Cristo es el carism\u00e1tico originario, despu\u00e9s de \u00e9l Mar\u00ed\u00ada es la carism\u00e1tica por excelencia, ya que recibi\u00f3 la plenitud del Esp\u00ed\u00adritu, escuch\u00f3 constantemente su voz, jam\u00e1s le entristeci\u00f3 y particip\u00f3 activamente en el nacimiento de la Iglesia desde Pentecost\u00e9s en adelante\u00bb.<\/p>\n<p>III. Dimensiones de la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cat\u00f3lica<br \/>\nDespu\u00e9s de haber visto las circunstancias en que surgi\u00f3 en la Iglesia cat\u00f3lica la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica y las instancias de que es portadora, debemos considerar sus dimensiones existenciales, es decir, los componentes que la caracterizan.<\/p>\n<p>1. CUESTIONES DE TERMINOLOG\u00ed\u008dA &#8211; No hay que extra\u00f1arse de que, en un movimiento surgido hace pocos a\u00f1os y que ha conocido un desarrollo extraordinariamente r\u00e1pido, la terminolog\u00ed\u00ada sea a\u00fan un tanto incierta. Seg\u00fan hemos visto, se parti\u00f3 de una exigencia existencial de vida en el Esp\u00ed\u00adritu, en contacto directo con la palabra de Dios. No naci\u00f3 de una visi\u00f3n teol\u00f3gica particular. Por otra parte, no s\u00f3lo est\u00e1 estimulando una nueva vitalidad de la fe en muchos cristianos, sino tambi\u00e9n una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de diversos aspectos de la teolog\u00ed\u00ada, en particular de la pneumatolog\u00ed\u00ada, de la eclesiolog\u00ed\u00ada y de la teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos.<\/p>\n<p>La terminolog\u00ed\u00ada generalmente en uso designa a este movimiento con el t\u00e9rmino de \u00abrenovaci\u00f3n carism\u00e1tica\u00bb. Al principio se le llam\u00f3 \u00abpentecostalismo cat\u00f3lico\u00bb; pero luego se prefiri\u00f3 no usar esta expresi\u00f3n para evitar posibles confusiones con el pentecostalismo cl\u00e1sico y con el de otras expresiones protestantes. Algunos prefieren el t\u00e9rmino \u00abrenovaci\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, que parece arraigar cada vez m\u00e1s. Otros lo llaman simplemente \u00abrenovaci\u00f3n\u00bb. Sin embargo, como la denominaci\u00f3n m\u00e1s en uso es la de \u00abrenovaci\u00f3n carism\u00e1tica\u00bb, es necesario comprender en qu\u00e9 sentido se usa el adjetivo \u00abcarism\u00e1tico\u00bb.<\/p>\n<p>El P. Y. Congar, aun apreciando este movimiento, ha llamado la atenci\u00f3n sobre un posible abuso del t\u00e9rmino `carism\u00e1tico&#8217;. Seria ciertamente un error entenderlo, por ejemplo, introduciendo una divisi\u00f3n en el pueblo de Dios entre \u00abcarism\u00e1ticos\u00bb y \u00abno carism\u00e1ticos\u00bb, entre los que han recibido \u00abel bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb y \u00abhablan en lenguas\u00bb y los que no poseen esta experiencia. Como si los carismas del Esp\u00ed\u00adritu no fuesen multiformes y dados a cada cristiano en la medida de la gracia divina, en funci\u00f3n de una misi\u00f3n de edificaci\u00f3n y seg\u00fan la disponibilidad de fe del creyente particular. Una posible restricci\u00f3n del t\u00e9rmino carism\u00e1tico a los solos carismas extraordinarios dar\u00ed\u00ada lugar a una visi\u00f3n err\u00f3nea. Y nada digamos si se lo toma como sin\u00f3nimo de exaltado, de extravagante, de antiinstitucional, etc. De todos modos, prescindiendo del abuso que puede hacerse de este t\u00e9rmino, hay que precisar que, referido a la \u00abrenovaci\u00f3n\u00bb, se toma en la noci\u00f3n m\u00e1s amplia que de \u00e9l ha dado el Vat. II, seg\u00fan hemos visto ya. Carism\u00e1tico es todo cristiano que toma conciencia de haber recibido o de poder recibir dones diversos de gracia para usarlos al servicio de Dios y de los hermanos. El movimiento de que hablamos puede ser un modo querido hoy por Dios para darnos una nueva comprensi\u00f3n de aquel elemento carism\u00e1tico de la Iglesia que nosotros, con mentalidad racionalista si no secularizada, hab\u00ed\u00adamos olvidado.<\/p>\n<p>En esta l\u00ed\u00adnea, otro t\u00e9rmino que se debe aclarar es el de \u00abmovimiento\u00bb. No se trata de un movimiento en el sentido estricto del t\u00e9rmino. No posee una organizaci\u00f3n central, ni cuadros establecidos, ni un objetivo particular por encima del general de una fe vivida seg\u00fan las exigencias m\u00e1s aut\u00e9nticas del evangelio y de la Iglesia como respuesta a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que se actualiza en la adoraci\u00f3n de Dios y en el servicio de los hermanos bajo la gu\u00ed\u00ada de los pastores de la Iglesia. El card. Suenens prefiere describirlo justamente como \u00abuna corriente de gracia que pasa y que conduce a vivir una tensi\u00f3n mayor y consciente de la dimensi\u00f3n carism\u00e1tica inherente a la Iglesia\u00bb&#8216;. Es un modo de vivir la vida cristiana y eclesial por \u00abcristianos normales\u00bb, atentos a la acci\u00f3n que el Esp\u00ed\u00adritu Santo suscita en formas siempre nuevas en la Iglesia y en la sociedad de hoy. Alguna otra cuesti\u00f3n de terminolog\u00ed\u00ada la-examinaremos despu\u00e9s.<\/p>\n<p>2. Los GRUPOS DE ORACI\u00ed\u201cN &#8211; El componente fundamental de la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cat\u00f3lica lo constituyen los grupos de oraci\u00f3n. Siguiendo el esp\u00ed\u00adritu de aquel primer grupo de j\u00f3venes profesores de la universidad de Duquesne, numerosos creyentes de edad y condiciones sociales diferentes, convencidos de la promesa de Cristo: \u00abDonde hay dos o tres reunidos en mi nombre, all\u00ed\u00ad estoy yo en medio de ellos\u00bb (Mt 18,20), gustan de encontrarse para compartir su fe, para invocar juntos a Dios con el nombre de Padre, escuchar su palabra que abre al amor y a una esperanza siempre nueva, que les hace felices de sentirse cristianos y prontos a servir a los dem\u00e1s all\u00ed\u00ad donde los coloca la Providencia. El grupo se inspira en las primitivas comunidades cristianas (He 2,41), asiduas a las reuniones comunes y a la larga oraci\u00f3n, y siguen la pauta de las asambleas de oraci\u00f3n descritas por Pablo en 1 Cor 14,26-33. Las principales caracter\u00ed\u00adsticas de este estilo de oraci\u00f3n son las siguientes:<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 la espontaneidad con que se dirige a Dios un grupo de hermanos, seg\u00fan la exhortaci\u00f3n de Pablo: \u00abCuando os reun\u00ed\u00ads, cada cual podr\u00e1 tener un salmo, una instrucci\u00f3n, una revelaci\u00f3n, un discurso en lenguas, una interpretaci\u00f3n; que todo se haga para edificaci\u00f3n\u00bb (1 Cor 14,26). Por tanto, no existe un ritual o f\u00f3rmulas fijas. Cada uno puede leer un trozo de la Escritura, puede improvisar una oraci\u00f3n, pueden recitar todos juntos el \u00abPadrenuestro\u00bb, el \u00abGloria\u00bb, el \u00abAvemar\u00ed\u00ada\u00bb, etc., cantar un himno que se preste m\u00e1s a expresar la experiencia espiritual que se est\u00e1 viviendo, etc. Nos dejamos llevar del Esp\u00ed\u00adritu, que formula en nosotros la oraci\u00f3n m\u00e1s grata a Dios (Rom 8,26-27), y del gozo de sentirnos movidos por \u00e9l: \u00abSed llenos del Esp\u00ed\u00adritu, hablando unos a los otros en salmos, en himnos y c\u00e1nticos espirituales, cantando y alabando al Se\u00f1or en vuestros corazones, dando siempre gracias por todo al que es Dios y Padre en el nombre de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (Ef 5,18-20). Hay momentos de silencio para asimilar la palabra de Dios, oraciones apenas susurradas o cantos que expresan el entusiasmo de sentirse hijos de Dios en una comunidad de hermanos. La espontaneidad lleva a hacer participar en la oraci\u00f3n a la persona entera, incluso el cuerpo; es t\u00ed\u00adpico el gesto orante de los brazos que acompa\u00f1a a la elevaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu. La oraci\u00f3n es guiada generalmente por uno o dos animadores particularmente preparados, que siguen las mociones del Esp\u00ed\u00adritu, cuidando de que todo se desarrolle con orden y edificaci\u00f3n reciprocas;<br \/>\n\u2020\u00a2 la oraci\u00f3n de alabanza y de agradecimiento constituye una l\u00ed\u00adnea de fuerza particular. Desde luego, no se excluye la oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n y de petici\u00f3n; pero la nota dominante es la elevaci\u00f3n al Dios trino motivada por las grandes obras que ha llevado a cabo en la historia de la salvaci\u00f3n y que sigue realizando hoy en quienes se conf\u00ed\u00adan a \u00e9l con fe simple. No hay nada m\u00e1s b\u00ed\u00adblico ni m\u00e1s eclesial que la alabanza de Dios y la acci\u00f3n de gracias. Es fruto de una experiencia de fe vivida en su pureza. Es un dirigirse a Dios no s\u00f3lo por lo que puede dar, sino por lo que es. Es expresi\u00f3n de un amor desinteresado, que purifica de la imagen del \u00abDios tapagujeros\u00bb y que nos ayuda, en cambio, a descubrir el verdadero rostro de Dios. Se alaba al Se\u00f1or y se le da gracias fundamentalmente por el don de la salvaci\u00f3n. Los ,\u00bbsalmos ofrecen un ejemplo espl\u00e9ndido de esta oraci\u00f3n cuando cantan la bondad de Dios (145,6ss), su amor y su fidelidad (89,2; 117,2), sus grandes proezas (105,1; 106,2), etc. Es un grito de admiraci\u00f3n y de exultaci\u00f3n: \u00abGrande es Yahv\u00e9 y muy laudable, no tiene medida su grandeza\u00bb (145,3). Es el aleluya (Hallelu-Jah=alabad a Yahv\u00e9) que repite la Iglesia en la liturgia, sobre todo en la explosi\u00f3n de la alegr\u00ed\u00ada pascual. Es la alabanza de los \u00e1ngeles y de los pastores por el nacimiento del Salvador (Lc 2,13s. 20), el hosanna del domingo de ramos (Mt 21,16), el canto del cordero del Apocalipsis (15,3), la \u00abbendici\u00f3n\u00bb que Jes\u00fas mismo dirigi\u00f3 al Padre (Mt 11,25). Finalmente, es la vida cristiana como \u00abeucarist\u00ed\u00ada\u00bb, o sea como acci\u00f3n de gracias, que alcanza su expresi\u00f3n culminante en la eucarist\u00ed\u00ada sacramental;<br \/>\n\u2020\u00a2 el itinerario de conversi\u00f3n cada vez m\u00e1s radical, que lleva, no s\u00f3lo te\u00f3rica, sino pr\u00e1cticamente, a reconocer y a confesar que Cristo es el Se\u00f1or (He 2,36) y el Salvador, y que, por tanto, \u00abno hay salvaci\u00f3n en ning\u00fan otro, pues ning\u00fan otro nombre debajo del cielo es dado a los hombres para salvarnos\u00bb(He 4,12). Este dinamismo espiritual ayuda a pasar cada vez m\u00e1s de una \u00abvida carnal\u00bb a una \u00abvida en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Rom 8). Al mismo tiempo, es conversi\u00f3n al Cristo total, que vive en la Iglesia y en todos los hombres de buena voluntad. Por eso esta renovaci\u00f3n no lleva a una nueva \u00absuper-iglesia\u00bb carism\u00e1tica, sino a una Iglesia renovada por los carismas del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Es, pues, una renovaci\u00f3n interior, que integra cada vez m\u00e1s el amor de Dios en el amor de los hermanos, sobre todo de los predilectos de Jes\u00fas: los peque\u00f1os, los pobres, los olvidados de los dem\u00e1s. Por tanto, si se entiende y se vive esta oraci\u00f3n en su significado m\u00e1s cristiano, no se la puede considerar una evasi\u00f3n o un refugio, fruto de frustraciones, sino que estimula a un compromiso evang\u00e9lico mayor, que se traduce tambi\u00e9n concretamente en sus dimensiones sociopol\u00ed\u00adticas. La oraci\u00f3n vivida con fe aut\u00e9ntica llena de amor de Dios y se expresa en las obras de la caridad (Sant 2,14ss). Siendo comuni\u00f3n con Dios y don de s\u00ed\u00ad a \u00e9l, comprende el don de s\u00ed\u00ad a los hermanos para su liberaci\u00f3n y su crecimiento integral. El compromiso social y pol\u00ed\u00adtico que brota del amor de Dios no lleva a una ideolog\u00ed\u00ada cualquiera, sino a una visi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica de la vida, te\u00f3rica y pr\u00e1ctica, que es carism\u00e1tica porque saca su inspiraci\u00f3n y su energ\u00ed\u00ada de la gracia de Dios (2 Cor 8,1);<br \/>\n\u2020\u00a2 la persona toda entera responde a la invitaci\u00f3n de Dios. Jes\u00fas, con la moci\u00f3n de su Esp\u00ed\u00adritu, apela al hombre en su car\u00e1cter global hist\u00f3rico y existencial. Se adue\u00f1a de su mente, de su imaginaci\u00f3n, de su afectividad, de sus emociones. Esp\u00ed\u00adritu, alma y cuerpo (1 Tes 5,23) expresan la respuesta al Se\u00f1or que llama. Por eso no debe causar maravilla que en los grupos de oraci\u00f3n de la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cada uno manifieste no s\u00f3lo consideraciones racionales, sino sensibilidad y emociones. El emocionalismo de ciertas iglesias pentecostales causa fastidio y es descaminado. En cambio, la integraci\u00f3n en la vida de oraci\u00f3n del sentimiento, de la sensibilidad y de la emoci\u00f3n lleva a una mayor autenticidad, liberando de aquel exagerado formalismo y ritualismo que inhibe la expresi\u00f3n de toda la persona frente a Dios y a los hermanos en la fe;<br \/>\n\u2020\u00a2 la Sda. Escritura es el lugar privilegiado de la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica. Constituye el punto firme de referencia para la oraci\u00f3n, para la reflexi\u00f3n y para la acci\u00f3n evang\u00e9lica. La palabra de Dios rezada suscita el deseo de profundizarla. Por eso, adem\u00e1s de la breve ense\u00f1anza que se pueda dar durante la oraci\u00f3n, los grupos organizan jornadas de estudio o cursos sistem\u00e1ticos. Esto ayuda a colocarse en la l\u00ed\u00adnea de la tradici\u00f3n cat\u00f3lica y del magisterio de la Iglesia, evitando el riesgo del fundamentalismo b\u00ed\u00adblico, o sea una interpretaci\u00f3n exclusivamente literal de la Escritura, del pietismo o de la experiencia religiosa subjetiva.<\/p>\n<p>3. LA EFUSI\u00ed\u201cN DEL ESP\u00ed\u00adRITU &#8211; Uno de los momentos que siempre se ha considerado central en la experiencia pentecostal es el \u00abbautismo en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Veamos sus aspectos principales, remitiendo al lector a algunos estudios que profundizan sus elementos, ya teol\u00f3gicos, ya pastorales\u00bb. Ante todo, hay que notar que este momento se sit\u00faa en un largo itinerario de experiencia espiritual o, mejor, de maduraci\u00f3n de la fe y de los otros componentes de la existencia cristiana. Personas que en el grupo de oraci\u00f3n encuentran o reencuentran la vida nueva en Cristo se sienten interiormente llamadas por el Esp\u00ed\u00adritu a una profundizaci\u00f3n de su vida cristiana. Generalmente, el grupo les ofrece la posibilidad de seguir un \u00abseminario de la vida en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, que les comunica las verdades b\u00e1sicas del ser cristiano y les ayuda a abrirse a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu y a sus dones. Cuando estas personas sienten que han alcanzado un nivel suficiente de madurez espiritual que les lleva a desear abandonarse totalmente al Esp\u00ed\u00adritu de Dios, piden al grupo de los hermanos que oren con ellos y por ellos para recibir una presencia nueva y m\u00e1s eficaz del Esp\u00ed\u00adritu justamente por medio del \u00abbautismo en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>En este punto es necesaria otra precisi\u00f3n terminol\u00f3gica, que dice relaci\u00f3n con los m\u00e1s delicados problemas teol\u00f3gicos. El t\u00e9rmino \u00abbautismo en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb, de suyo correcto en el contexto de la doctrina cat\u00f3lica, est\u00e1 ligado de hecho a la tradici\u00f3n de la Iglesia pentecostal y supone una visi\u00f3n b\u00ed\u00adblica y teol\u00f3gica diversa de la cat\u00f3lica\u00bb. En el n. 6 de los art\u00ed\u00adculos de fe de la Iglesia cristiana evang\u00e9lica pentecostal se dice: \u00abNosotros creemos en el bautismo del Esp\u00ed\u00adritu Santo como en una potente virtud divina que penetra en el hombre despu\u00e9s de la salvaci\u00f3n y se manifiesta visiblemente con el signo escritur\u00ed\u00adstico de hablar lenguas nuevas\u00bb. Es f\u00e1cil notar que el credo pentecostal establece distinci\u00f3n entre salvaci\u00f3n, o sea conversi\u00f3n a la fe, la \u00fanica que otorga la regeneraci\u00f3n, y la \u00absegunda experiencia\u00bb o \u00absegunda bendici\u00f3n\u00bb, en la cual se recibe el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo. En cambio, la doctrina cat\u00f3lica sostiene que hay \u00abun solo bautismo\u00bb (Ef 4,6), no uno de agua y otro de Esp\u00ed\u00adritu, con el cual somos salvados \u00abmediante el lavatorio de regeneraci\u00f3n y renovaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Tit 3,5). Luego, en la confirmaci\u00f3n, se recibe un nuevo don del Esp\u00ed\u00adritu, que da una confirmaci\u00f3n para vivir y testimoniar la fe. As\u00ed\u00ad pues, para la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cat\u00f3lica, con el \u00abbautismo en el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb no se recibe el don del Esp\u00ed\u00adritu por primera vez, sino que se goza de una nueva efusi\u00f3n suya en respuesta a las disposiciones del que lo pide y a la oraci\u00f3n de intercesi\u00f3n de los hermanos del grupo. Los cat\u00f3licos, adem\u00e1s, no consideran necesario el lazo entre bautismo en el Esp\u00ed\u00adritu y don de lenguas, sosteniendo, en cambio, que el Esp\u00ed\u00adritu es siempre libre de manifestar su nueva presencia con los dones que estime m\u00e1s \u00fatil conferir.<\/p>\n<p>Dada, pues, la ambig\u00fcedad del t\u00e9rmino \u00abbautismo\u00bb, en la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica cat\u00f3lica se prefiere usar otra expresi\u00f3n, tambi\u00e9n de origen b\u00ed\u00adblico, a saber, \u00abefusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (He 2,17). Tambi\u00e9n se usan otros t\u00e9rminos que permiten comprender mejor el verdadero significado de este acontecimiento: liberaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo, renovaci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, manifestaci\u00f3n del bautismo, actualizaci\u00f3n de los dones recibidos en potencia en el bautismo, etc.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el alcance de esta experiencia religiosa? F. Sullivan, en un estudio fundado en los datos b\u00ed\u00adblicos y en la teolog\u00ed\u00ada de santo Tom\u00e1s que describe la misi\u00f3n de las divinas personas en t\u00e9rminos de inhabitatio e innovado, habla de una nueva relaci\u00f3n con el Esp\u00ed\u00adritu Santo: \u00abUna experiencia religiosa que introduce a una persona en un sentido decisivamente nuevo de la presencia omnipotente de Dios y de la acci\u00f3n de Dios en su vida, acci\u00f3n que implica habitualmente uno o m\u00e1s dones carism\u00e1ticos\u00bb. La efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu se contempla en relaci\u00f3n con todo el proceso de la iniciaci\u00f3n cristiana, desde su origen hasta la plena madurez de la vida en Cristo. Como se ve por el NT, los tres momentos de la iniciaci\u00f3n cristiana, que se implican unos a otros, son la conversi\u00f3n (que supone la fe en Cristo),el bautismo en el nombre de Jes\u00fas (de las tres personas de la SS. Trinidad) y la recepci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo (He 2,38). La Iglesia marca con los tres sacramentos del bautismo, la confirmaci\u00f3n y la eucarist\u00ed\u00ada los tres momentos culminantes de la iniciaci\u00f3n cristiana. Pero la vida en el Esp\u00ed\u00adritu debe actualizarse luego en toda la existencia. Por eso el Esp\u00ed\u00adritu Santo quiere \u00abderramarse\u00bb tambi\u00e9n fuera de los sacramentos. Los grupos de oraci\u00f3n de la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica ayudan a abrirse a esta efusi\u00f3n, es decir, a tomar conciencia de que si el cristiano posee el Esp\u00ed\u00adritu Santo recibido en los sacramentos, no siempre el Esp\u00ed\u00adritu Santo lo posee a \u00e9l. O sea, falta la integraci\u00f3n en la vida del don que Dios ha hecho de s\u00ed\u00ad y de su presencia. De ah\u00ed\u00ad la exigencia de pedir a Dios mismo que renueve el don del Esp\u00ed\u00adritu recibido fundamentalmente en el bautismo y en la confirmaci\u00f3n. La comunidad, reunida en oraci\u00f3n en el nombre de Jes\u00fas, desarrolla un importante papel de mediaci\u00f3n y de intercesi\u00f3n, e incluso de desprivatizaci\u00f3n de la fe, seg\u00fan lo que ha dicho Jes\u00fas: \u00abAl que me confiese delante de los hombres, el Hijo del hombre le confesar\u00e1 suyo delante de los \u00e1ngeles de Dios\u00bb (Lc 12,8). La oraci\u00f3n de los hermanos, la imposici\u00f3n de las manos y la imploraci\u00f3n al Padre y al Hijo para que renueven el don de su Esp\u00ed\u00adritu sobre el que le invoca, no es un nuevo sacramento, sino que entra en el ejercicio del sacerdocio com\u00fan de los f\u00ed\u00adeles, en virtud del cual los creyentes se ayudan y se refuerzan rec\u00ed\u00adprocamente en la fe. Es tambi\u00e9n expresi\u00f3n de solidaridad fraterna en el itinerario cristiano, que implica una experiencia comunitaria de Dios y de su presencia activa. Una comprensi\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s profunda de la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, tal como se vive en la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica, podr\u00ed\u00ada llevar a una visi\u00f3n renovada del sacramento de la confirmaci\u00f3n, en su relaci\u00f3n con la gracia de Pentecost\u00e9s actualizada hist\u00f3ricamente y con los carismas que capacitan para el testimonio evang\u00e9licos`.<\/p>\n<p>4. LA EXPERIENCIA CARISM\u00ed\u0081TICA &#8211; \u00bfCu\u00e1les son los efectos de la oraci\u00f3n para la efusi\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo? No es f\u00e1cil responder a esta pregunta con ideas claras y precisas. Estamos en el campo del misterio de la comuni\u00f3n entre Dios y el creyente. Habr\u00ed\u00ada que interrogar a la experiencia de quienes han vivido en la fe aut\u00e9ntica este acontecimiento.<\/p>\n<p>En tales casos se experimenta siempre como una gracia especial, una inmersi\u00f3n en el agua viva del Esp\u00ed\u00adritu Santo, una nueva alegr\u00ed\u00ada de existir para Dios, de adorarle y de servir a los dem\u00e1s, una sensaci\u00f3n de paz, de distensi\u00f3n espiritual, de coraje para anunciar a Cristo a los hermanos, de nueva comprensi\u00f3n de los sacramentos cristianos, de liberaci\u00f3n interior. Lo que m\u00e1s cuenta es la experiencia de los frutos del .Esp\u00ed\u00adritu: \u00abCaridad, alegr\u00ed\u00ada, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia\u00bb (G\u00e1l 5,22). Para algunos constituye una experiencia conmovedora de conversi\u00f3n; para otros, el comienzo de un lento progreso espiritual que lleva a una autenticidad cristiana cada vez mayor.<\/p>\n<p>El don por excelencia es el mismo Esp\u00ed\u00adritu Santo, que se hace presente en la persona de un modo nuevo y constructivo. La atenci\u00f3n se dirige, pues, al Dador, a la persona misma de Dios-Esp\u00ed\u00adritu. Mas el Esp\u00ed\u00adritu Santo, a su vez, ofrece tambi\u00e9n dones espirituales o carismas y hace tomar conciencia de aquellos dones que estaban ya en estado latente, dando la facilidad de ejercitarlos para utilidad com\u00fan. Como se ha dicho antes, los carismas son multiformes, ordinarios y extraordinarios, dados seg\u00fan la medida de la gracia divina y del bien de la Iglesia. Dios quiere que los hombres ayuden a sus hermanos, y para esto les da determinadas cualidades que \u00e9l continuamente purifica, a fin de que sirvan para el desarrollo de la Iglesia y de la sociedad. En esta perspectiva, el carisma base o el carisma de los carismas, seg\u00fan lo dice Pablo, es \u00abel amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (Rom 5,5).<\/p>\n<p>Un carisma que se toma particularmente en cuenta en la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica, incluso por motivos tradicionales, es el de \u00abhablar en lenguas\u00bb\u00bb. Sin entrar en las intrincadas interpretaciones de este don, intentaremos captar aquellos aspectos que son fundamentales para su comprensi\u00f3n. Se llama \u00abglossolalia\u00bb, o sea hablar en lenguas, designando \u00ablengua\u00bb (=glossa) expresiones verbales formadas por s\u00ed\u00adlabas que se suceden sin componer frases que tengan un significado, ni para el que las pronuncia ni para el que las escucha. San Pablo lo enumera entre los carismas (1 Cor 12,10). Se trata de un don especial de oraci\u00f3n; de la que podr\u00ed\u00ada llamarse \u00aboraci\u00f3n infusa\u00bb, que hace explotar la embriaguez del Esp\u00ed\u00adritu Santo y permite expresar de modo inefable la novedad embriagadora de la salvaci\u00f3n operada por Cristo. Quiz\u00e1 fue el don que se otorg\u00f3 a los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas en Pentecost\u00e9s, que hac\u00ed\u00ada decir a la multitud: \u00abLos o\u00ed\u00admos hablar en nuestras lenguas las grandezas de Dios\u00bb (He 2,11). Ciertamente, \u00e9ste es el sentido que da san Pablo, sobre todo en su primera Carta a los Corintios: \u00abQuien habla en lenguas, no habla a los hombres, sino para Dios; de hecho, ninguno le entiende, sino que, en esp\u00ed\u00adritu, dice cosas misteriosas\u00bb (1 Cor 14,2). Quiz\u00e1 se trate de aquellos \u00abgemidos inefables\u00bb (Rom 8,26), expresados por voz humana, pero que tienen como origen el Esp\u00ed\u00adritu Santo, el cual suple as\u00ed\u00ad nuestra debilidad y nuestra incapacidad de orar como se debe. K. Barth llama acertadamente a este tipo de oraci\u00f3n \u00abla expresi\u00f3n de lo inexpresable\u00bb. Es un orar con el Esp\u00ed\u00adritu (o en el Esp\u00ed\u00adritu), que Pablo contrapone a un orar con la mente (1 Cor 14,14-16). Esta forma de oraci\u00f3n no discursiva -dice el card. Suenens- es expresi\u00f3n preconceptual de una oraci\u00f3n espont\u00e1nea, que es a la oraci\u00f3n como el arte abstracto es a la pintura figurativa\u00bb. La interpretaci\u00f3n que da Suenens de este don nos parece muy equilibrada. No se considera necesariamente como un hecho milagroso. Generalmente no se trata de hablar una lengua extra\u00f1a, desconocida para el que la habla, como piensan a menudo pentecostales y neopentecostales. Si se diese este caso, estar\u00ed\u00adamos en el orden del milagro. Ni tampoco se considera necesariamente como un fen\u00f3meno anormal, patol\u00f3gico, emocional, de histeria colectiva, etc. Es, por el contrario, un don del Esp\u00ed\u00adritu Santo; pero, como dice san Pablo, uno de los m\u00e1s modestos en orden a la edificaci\u00f3n de la Iglesia; don que no excluye la colaboraci\u00f3n humana. Por ello san Pablo, escribiendo a los corintios, adopta respecto al don de lenguas una postura cr\u00ed\u00adtica, que refleja a la vez estima (\u00abDoy gracias a Dios de hablar en lenguas m\u00e1s que vosotros\u00bb, 1 Cor 14,18) y relativizaci\u00f3n, sobre todo en comparaci\u00f3n con la profec\u00ed\u00ada, m\u00e1s \u00fatil para la edificaci\u00f3n de la comunidad (\u00ab&#8230;pero prefiero hablar en la iglesia cinco palabras con sentido para instruir a los dem\u00e1s, a diez mil palabras en lenguas\u00bb, 1 Cor 14,19). El ejercicio de este don puede asumir tambi\u00e9n la forma del canto colectivo en lenguas, expresi\u00f3n de alabanza libre y espont\u00e1nea de Dios, o bien la de un \u00abmensaje en lenguas\u00bb, el cual, sin embargo, supone el don de la interpretaci\u00f3n por parte del que lo anuncia o del que escucha, don que, sobre todo en este caso, se somete a un atento discernimiento para asegurarse de su autenticidad.<\/p>\n<p>Precisamente tambi\u00e9n el \u00abdiscernimiento de esp\u00ed\u00adritus\u00bb lo enumera Pablo entre los carismas como un don consistente en la capacidad de reconocer si alguien est\u00e1 inspirado por el Esp\u00ed\u00adritu divino o por un esp\u00ed\u00adritu demon\u00ed\u00adaco (2 Cor 11,13s; 1 Tim 4,1; 1 Jn 4,1). Este don no excluye, evidentemente, el empleo de las facultades intelectuales humanas, del examen de los signos para establecer con una cierta seguridad si determinados carismas tienen realmente origen divino y, sobre todo, si est\u00e1n animados por la caridad, que es el carisma de los carismas (1 Cor 13). Este discernimiento deben ejercitarlo tanto los cristianos particulares como la comunidad, a fin de asegurarse de que est\u00e1n dentro de la voluntad de Dios y en la l\u00ed\u00adnea de una aut\u00e9ntica edificaci\u00f3n de la Iglesia. El discernimiento de la verdad y de la caridad eclesial tiene su culminaci\u00f3n en el carisma de los obispos, que han sido puestos por Cristo para apacentar al pueblo de Dios y a los cuales corresponde no extinguir el Esp\u00ed\u00adritu, sino examinar todas las cosas y retener lo que es bueno (1 Tes 5,19-21).<\/p>\n<p>[Para el carisma de las curaciones \/Cuerpo II, 1].<\/p>\n<p>5. LA ACTITUD DE LA JERARQU\u00ed\u008dA CAT\u00ed\u201cLICA &#8211; Est\u00e1 justificado preguntar qu\u00e9 juicio ha emitido hasta ahora la jerarqu\u00ed\u00ada cat\u00f3lica sobre la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica; tanto m\u00e1s que, como insinu\u00e1bamos antes [1], los movimientos carism\u00e1ticos en la historia de la Iglesia han corrido a menudo el riesgo del sectarismo o de la ruptura con la comuni\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>En nuestro caso nos encontramos ante un movimiento que desde sus or\u00ed\u00adgenes ha afirmado su relaci\u00f3n con la Iglesia jer\u00e1rquica, aunque constituy\u00e9ndose en promotor de una renovaci\u00f3n espiritual y eclesial. Los documentos de obispos y de conferencias episcopales sobre este movimiento son abundantes. En general, su tono va desde una prudente permisividad hasta un aliento positivo. El inter\u00e9s de los obispos por la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica ha sido siempre constructivo y estimulante, incluso cuando han tenido que poner en guardia frente a eventuales desviaciones. Ante todo se preocupan de indicar el camino para que el movimiento se desarrolle de modo siempre fiel al plan salv\u00ed\u00adfico eclesial.<\/p>\n<p>Dos a\u00f1os apenas despu\u00e9s de surgir los primeros grupos, los obispos de U.S.A. promulgaron un documento en el cual, si bien formulaban ciertos interrogantes que plantea el movimiento, emit\u00ed\u00adan un juicio sustancialmente positivo y alentador: \u00abHemos de reconocer que el movimiento tiene motivos leg\u00ed\u00adtimos de existencia. Posee s\u00f3lidos fundamentos b\u00ed\u00adblicos. Ser\u00ed\u00ada dif\u00ed\u00adcil poner obst\u00e1culos al trabajo del Esp\u00ed\u00adritu, que se manifest\u00f3 tan abundantemente en la Iglesia primitiva\u00bb.<\/p>\n<p>El papa Pablo VI habl\u00f3 en dos ocasiones de la \u00abrenovaci\u00f3n\u00bb. La primera vez a los l\u00ed\u00adderes del movimiento, reunidos en Grottaferrata en octubre de 1973, y la segunda a los 10.000 participantes del Congreso Internacional en San Pedro (Roma), el lunes despu\u00e9s de Pentecost\u00e9s de 1975. La primera vez, Pablo VI describ\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad algunas caracter\u00ed\u00adsticas positivas del movimiento: \u00abEn esta renovaci\u00f3n aparecen algunas notas comunes: el gusto por una oraci\u00f3n profunda, personal y comunitaria, un retorno a la contemplaci\u00f3n y un \u00e9nfasis de la alabanza de Dios, el deseo de darse totalmente a Cristo, una gran disponibilidad a las llamadas del Esp\u00ed\u00adritu Santo, un contacto m\u00e1s asiduo con la Escritura, una gran entrega fraterna, la voluntad de realizar una aportaci\u00f3n a los servicios de la Iglesia. En todo esto podemos reconocer la obra misteriosa y discreta del Esp\u00ed\u00adritu, que es el alma de la Iglesia\u00bb. La segunda vez, despu\u00e9s de haber consignado que \u00abesta solicitud por situarse bien en la Iglesia es un signo aut\u00e9ntico de la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb y de subrayar que la renovaci\u00f3n espiritual es una gran ocasi\u00f3n para la Iglesia y para el mundo, describ\u00ed\u00ada los principios del discernimiento que, apoy\u00e1ndose en san Pablo, reduc\u00ed\u00ada a tres: la fidelidad a la doctrina aut\u00e9ntica de la fe, la gratitud por los dones espirituales y, por encima de todo, la \/caridad, que es el fruto m\u00e1s genuino de toda experiencia espiritual.<\/p>\n<p>Entre los documentos m\u00e1s recientes, hay dos de particular inter\u00e9s, pues provienen de dos conferencias episcopales, la de U.S.A. y la de Canad\u00e1. El primero, discutido en la sesi\u00f3n plenaria de noviembre de 1974&#8243;, describe tanto los aspectos doctrinales como los pastorales. El tono general es positivo y alentador: \u00abNosotros queremos animar -se dice en la conclusi\u00f3n- a los que forman ya parte de la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica y deseamos dar nuestro apoyo a las orientaciones positivas que hay en ella\u00bb. Despu\u00e9s de aludir a la teolog\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de los carismas, tal como emerge del Vat. II, la declaraci\u00f3n de los obispos americanos examina los \u00absignos de autenticidad\u00bb de la&#8217; experiencia espiritual, que puede prestarse a ambig\u00fcedades e ilusiones. Estos signos son: reconocer los dones espirituales por los frutos, por la conformidad con la ense\u00f1anza del evangelio, por su capacidad de construir la Iglesia en la unidad y en la caridad, por el amor cristiano, que implica sacrificio, por el testimonio que se da de Jes\u00fas, por la conformidad con las ense\u00f1anzas aut\u00e9nticas de la Iglesia. Finalmente se hace referencia a los peligros que se han de evitar, sobre todo el del \u00abelitismo\u00bb y el del \u00abfundamentalismo b\u00ed\u00adblico\u00bb. Se recomienda tambi\u00e9n que haya \u00abcontactos personales entre los obispos y sacerdotes, por una parte, y entre los dirigentes y miembros de los diversos grupos, por otra\u00bb, apoyarse en la direcci\u00f3n de un sacerdote (\u00abnosotros alentamos vivamente a los sacerdotes a interesarse por este movimiento\u00bb) y la formaci\u00f3n de los dirigentes.<\/p>\n<p>El \u00abmensaje de los obispos canadienses, dirigido a todos los cat\u00f3licos de Canad\u00e1\u00bb es del 28 de abril de 1975&#8243;. Despu\u00e9s de una introducci\u00f3n, en la cual se ponen de relieve las diversas reacciones que provoca la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica y el hecho de encontrarse \u00abante un fen\u00f3meno religioso que suscita entre los cristianos un inter\u00e9s creciente\u00bb, se describen las orientaciones positivas fundamentales. Son \u00e9stas la \u00abpresencia del Esp\u00ed\u00adritu en la comunidad eclesial y en sus miembros\u00bb; \u00abuna uni\u00f3n permanente y m\u00e1s \u00ed\u00adntima con Jes\u00fas\u00bb, que abre a la relaci\u00f3n con la Trinidad y en la cual se sit\u00faa el culto a la Virgen y el servicio a los hermanos. Este \u00faltimo aspecto, que evita el peligro de la evasi\u00f3n o del espiritualismo, se subraya particularmente: \u00abHabiendo tomado conciencia de su inserci\u00f3n en la comunidad trinitaria, el miembro de la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica es llamado a descubrir progresivamente c\u00f3mo su vida, radicada en el Esp\u00ed\u00adritu, anima todas sus relaciones con sus semejantes&#8230; Anima a cada uno a salir del anonimato despersonalizado que a veces caracteriza la pertenencia de los cristianos a su comunidad&#8230;\u00bb. Otros elementos positivos que enumera el documento son: el puesto privilegiado que se da a la oraci\u00f3n asociada a la vida sacramental, que \u00abdesarrolla la docilidad de los creyentes a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu que han recibido en el bautismo y en la confirmaci\u00f3n, y que favorece as\u00ed\u00ad el libre curso de sus manifestaciones en su existencia\u00bb, y, finalmente, la funci\u00f3n de los carismas en sus aspectos teol\u00f3gicos y pastorales, que \u00abmira a aumentar en todo cristiano el espacio en que el Esp\u00ed\u00adritu pueda manifestarse\u00bb.<\/p>\n<p>La segunda parte del documento de los obispos canadienses examina, en cambio, algunos aspectos negativos, pero recomendando no \u00abgeneralizar su presencia en la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica de Canad\u00e1\u00bb, aunque tampoco \u00abminimizar los da\u00f1os que ocasionan a este movimiento y a sus miembros\u00bb: \u00abSe descubren ac\u00e1 y all\u00e1 exageraciones espor\u00e1dicas diversas\u00bb. Estos aspectos negativos, precisa el documento, son: la \u00abfalsa b\u00fasqueda de manifestaciones exclusivamente extraordinarias del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb; la exageraci\u00f3n sobre la pertenencia al movimiento (\u00abse da a entender ac\u00e1 y all\u00e1 que es necesario para ser cristiano cabal\u00bb); \u00abla importancia, a veces exagerada, otorgada a la experiencia emocional de Dios\u00bb, aun apreciando la vida afectiva como \u00ablugar de encuentro con Dios para conocer y gustar su presencia\u00bb; el emocionalismo, que \u00abignora la importancia de la experiencia intelectual de Dios en la vida de fe\u00bb; el fundamentalismo b\u00ed\u00adblico, que se debe superar con una lectura de la Escritura abierta a los m\u00e9todos cient\u00ed\u00adficos de la interpretaci\u00f3n; el repliegue en s\u00ed\u00ad mismo y un ecumenismo que puede resultar deformado. Estos aspectos negativos que pueden aflorar -precisa el documento-no deben disminuir los valores positivos: la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica \u00abbrota del coraz\u00f3n de la comunidad eclesial como un himno de confianza incondicionada en la presencia omnipotente del Esp\u00ed\u00adritu en el mundo\u00bb; de hecho, s\u00f3lo el Esp\u00ed\u00adritu \u00abpuede llevar a t\u00e9rmino, a trav\u00e9s de caminos que ninguna mano humana puede trazar de antemano, nuestros esfuerzos unidos para construir la comunidad eclesial de ma\u00f1ana\u00bb.<\/p>\n<p>Un aspecto que nos parece fundamental para evitar desviaciones y permitir que este movimiento se desarrolle del modo mejor para una renovaci\u00f3n de la Iglesia, es la formaci\u00f3n teol\u00f3gica, eclesial y pastoral de los animadores, sean laicos o sacerdotes. Es un aspecto que se repite constantemente en los documentos de los obispos. Por un lado, se necesita un estudio serio de la dimensi\u00f3n b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gica de la vida y de la doctrina cristiana para evitar caer en ciertos defectos, como el pietismo, el sentimentalismo, el milagrismo, el fundamentalismo b\u00ed\u00adblico, etc.; por otro lado, no debe ser un estudio \u00e1rido, separado de la vida, sino una exigencia que brota de una fuerte experiencia de Dios y que lleva a buscar y a profundizar los fundamentos de la propia fe y de la propia esperanza. En otros t\u00e9rminos, la experiencia de la fe y la instrucci\u00f3n deber\u00ed\u00adan ir a la par en orden a un crecimiento cristiano integral y en orden a ayudar a los hermanos a crecer del mismo modo. Sentimiento, raz\u00f3n y acci\u00f3n deber\u00ed\u00adan integrarse en una dimensi\u00f3n cristiana madura, evitando as\u00ed\u00ad el triple escollo del sentimentalismo, el racionalismo y la evasi\u00f3n o alienaci\u00f3n. Los animadores deben haber alcanzado esa integraci\u00f3n suficiente para poder educar a los otros en una oraci\u00f3n, sobre todo de alabanza y de acci\u00f3n de gracias, que sea fuente de liberaci\u00f3n para una conversi\u00f3n m\u00e1s comprometida a Cristo y a los hermanos como medio de personalizar m\u00e1s la oraci\u00f3n de la Iglesia, sobre todo la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Se hace una \u00faltima referencia a la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica de la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica. Dado que en algunas naciones los grupos de oraci\u00f3n son con frecuencia interconfesionales, nace de ellos una instancia ecum\u00e9nica que puede contribuir a acercar a los cristianos, a condici\u00f3n de que no se difuminen las diferencias del contenido de fe que caracterizan a\u00fan a las varias iglesias. Sobre el tema de la relaci\u00f3n ecum\u00e9nica, el card. Willebrands dio una conferencia en el Congreso Internacional de Roma de mayo de 1975&#8243;. En el contexto de la relaci\u00f3n entre Esp\u00ed\u00adritu Santo, carismas e Iglesia, Willebrands observaba la aportaci\u00f3n que puede dar la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica al ecumenismo, en el sentido de que \u00abpuede y debe tener una dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica\u00bb, entendida en el sentido de aquel ,\u00bbecumenismo espiritual que \u00abdebe considerarse como el alma de todo ecumenismo\u00bb (UR 8).<\/p>\n<p>A. Barrado<br \/>\nBIBL.-Blat, V, La renovaci\u00f3n carism\u00e1tica a la luz de la Virgen Mar\u00ed\u00ada, Managua 1975.-Carrillo Alday, S, Renovaci\u00f3n cristiana en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, Inst. de Sagrada Escritura, M\u00e9xico 1975.-Falvo, S, \u00bfCreemos en el Esp\u00ed\u00adritu?, Paulinas, Madrid 1975.-Fern\u00e1ndez, P, La renovaci\u00f3n carism\u00e1tica. Documentaci\u00f3n pontificia, episcopal y teol\u00f3gica, Secretariado Trinitario, Salamanca 1978.-Grossmann, S, El Esp\u00ed\u00adritu en nuestra vida, Verbo Divino, Estella 1977.-Hollenweger, W. J, El Pentecostalismo: historia y doctrina, Aurora, B. Aires 1976.-Jaramillo, D, El carisma de las lenguas, Minuto de Dios, Bogot\u00e1 1975.-Laurentin, R, Pentecostalismo cat\u00f3lico: riesgos y futuro, PPC, Madrid 1976.-Mielgo, R, Alabanzas a mi Se\u00f1or: manual carism\u00e1tico, Perpetuo Socorro, Madrid 1977.-M\u00fchlen, H, El Esp\u00ed\u00adritu Santo en la Iglesia, Secretariado Trinitaria, Salamanca 1974.-M\u00fchlen, H. Catequesis para la renovaci\u00f3n carism\u00e1tica, Secretariado Trinitario, Salamanca 1969.-O&#8217;Connor. E. O, La renovaci\u00f3n carism\u00e1tica, Lasser Press, M\u00e9xico 1973.-Ranaghan, K: D, Pentecostales cat\u00f3licos, Logos International Plainfield, Nueva Jersey 1971.-Smet, W, Yo hago un mundo nuevo, Roma, Barcelona 1975.-Suenens, L. 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Significado de la experiencia de un &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/carismaticos-renovacion-carismatica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCARISMATICOS (RENOVACION CARISMATICA)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17071","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17071","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17071"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17071\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17071"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17071"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17071"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}