{"id":17073,"date":"2016-02-05T11:07:18","date_gmt":"2016-02-05T16:07:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celibato-y-virginidad\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:18","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:18","slug":"celibato-y-virginidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celibato-y-virginidad\/","title":{"rendered":"CELIBATO Y VIRGINIDAD"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. El celibato en la Escritura: 1. En la econom\u00ed\u00ada del AT; 2. En el NT: a) Mt 22,23-33, b) Mi 19,3-12, c) Lc 18,296-30, d) 1 Cor 7 &#8211; II. La evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del celibato y sus im\u00e1genes tradicionales: 1. La iglesia apost\u00f3lica; 2. El s. II de la era cristiana; 3. El s. III; 4. Los ss. IV y V; 5. Desde el Medioevo a nuestros d\u00ed\u00adas &#8211; 111. Problem\u00e1tica y sensibilidad actuales: 1. El celibato como vocaci\u00f3n; 2. El celibato como desprendimiento y abandono; 3. El significado cristol\u00f3gico, eclesial y escatol\u00f3gico del celibato.<\/p>\n<p>El anuncio cristiano del celibato aparece en el Evangelio junto al del matrimonio; celibato y matrimonio son dos posibilidades de vida, diversas pero ambas positivas; son situaciones humanas que el Evangelio asume y convierte en signos de una realidad que las supera: el reino de los cielos que viene; en el celibato y en el matrimonio, el que se pone a seguir al Se\u00f1or es llamado a amar, es llamado a esperar el reino y anunciarlo. Por desgracia, la terminolog\u00ed\u00ada corriente relativa al celibato sigue siendo ambigua; se habla tambi\u00e9n, en efecto, de castidad, de castidad perfecta, de continencia y de virginidad o estado virginal, sobre todo refiri\u00e9ndose a las religiosas. A nuestro entender, el \u00fanico t\u00e9rmino no impropio ni equivoco es el de \u00abcelibato\u00bb, pues la castidad es una ley que se refiere a todos los cristianos,<\/p>\n<p>incluso los casados, mientras que la virginidad, para el hombre contempor\u00e1neo, es un t\u00e9rmino biol\u00f3gico o sacral, demasiado cargado de significado asc\u00e9tico-religioso: por tanto, usaremos siempre el t\u00e9rmino celibato, que de suyo evoca un estado que s\u00f3lo puede definirse por v\u00ed\u00ada negativa: el c\u00e9libe es el que no est\u00e1 casado. En realidad, se deber\u00ed\u00ada tratar simult\u00e1neamente, aunque renunciando a la tradicional comparaci\u00f3n entre los dos estados, del matrimonio y del celibato cristiano; pero el car\u00e1cter de esta aportaci\u00f3n nos obliga a limitar nuestra atenci\u00f3n a los datos relativos meramente al celibato. [Para el otro aspecto \/Familia].<\/p>\n<p>1. El celibato en la Escritura<br \/>\nDesde las primeras p\u00e1ginas del G\u00e9nesis, el amor nupcial entre Ad\u00e1n y Eva, entre el hombre y la mujer, se perfila como el gran misterio, como signo y reflejo de Dios mismo, como la imagen de Dios que forman el hombre (lsh) y la mujer (Isba) juntos, y nunca separadamente (G\u00e9n 1,27). En la relaci\u00f3n sexual en r\u00e9gimen de nupcialidad, el hombre es asociado al Creador, porque en ella el hombre se convierte en instrumento directo de conservaci\u00f3n y prolongaci\u00f3n de la creaci\u00f3n misma; no existe realidad terrestre m\u00e1s eminente que la sexualidad&#8217;; Dios la ha dotado de realeza y bendici\u00f3n; realeza, porque asocia a la criatura con Dios y la hace ser imagen y semejanza suya; bendici\u00f3n, porque ni siquiera el pecado original, ni siquiera el diluvio, cancelaron lo positivo de su ser sexual, el valor de los \u00abdos\u00bb que se convierten en una sola carne, en una sola persona (G\u00e9n 2,23-24), y tienen la misi\u00f3n de ser fecundos y de multiplicarse (G\u00e9n 1,28; 9,1.7). A esta realidad nupcial tambi\u00e9n Cristo le dio su bendici\u00f3n con su presencia en Can\u00e1, y revel\u00f3 que la nupcialidad humana es imagen de una realidad que la supera: la relaci\u00f3n entre Dios y su pueblo. Para hablar seriamente sobre el celibato debemos tomar absolutamente como dato primero esta situaci\u00f3n creacional del hombre ordenado a la mujer y de la mujer ordenada al hombre (situaci\u00f3n que jam\u00e1s ha sido cancelada), y partir de ella para ver su din\u00e1mica a trav\u00e9s de los tiempos de salvaci\u00f3n, de los diversos eones.<\/p>\n<p>1. EN LA ECONOM\u00ed\u008dA DEL AT &#8211; El plan de Dios sobre el hombre, creado macho y hembra, implica la uni\u00f3n heterosexual, mon\u00f3gama e indisoluble; pero, despu\u00e9s de la introducci\u00f3n del pecado, el hombre no es ya capaz de permanecer plenamente fiel a este proyecto. No obstante, el sexo, en cuanto espacio de vida, sigue siendo sagrado, porque en \u00e9l se prolonga el poder creador de Dios y se prepara la descendencia mesi\u00e1nica. La importancia de la procreaci\u00f3n en el AT se explica porque la cadena de las generaciones que van hacia el nacimiento del Mes\u00ed\u00adas (G\u00e9n 5; 10; 11,10-32; Mt 1,1-17; G\u00e9n 26,24; 35,11) y el hijo Mes\u00ed\u00adas prometido a David (2 Sam 7,11; 23,5) exigen e imponen el matrimonio. A trav\u00e9s de la uni\u00f3n sexual, cada hombre y cada mujer contribuyen a la realizaci\u00f3n de las promesas de Dios sobre la descendencia numerosa. Por esto, Tamar, con tal de tener posteridad, realiza un acto objetivamente reprobable y se convierte en ascendiente del Mes\u00ed\u00adas (G\u00e9n 38,14ss; Mt 1,3); y la hija de Jeft\u00e9, consagrada al sacrificio todav\u00ed\u00ada joven, llora por los montes su virginidad (Jue 11,37). El ideal del israelita es el matrimonio fecundo, se\u00f1al de la benevolencia de Dios (Sal 127,3-5; 128,1-3); y el celibato resulta tan inconcebible para el hebreo, que el AT ni siquiera tiene un t\u00e9rmino para expresarlo; tan extra\u00f1a le es la idea.<\/p>\n<p>El \u00fanico m\u00e9rito del celibato era la virginidad en cuanto integridad f\u00ed\u00adsica de la mujer con vistas al matrimonio; perder la virginidad antes del matrimonio era una abominaci\u00f3n que hab\u00ed\u00ada que reparar; en cualquier caso, el sumo sacerdote s\u00f3lo pod\u00ed\u00ada casarse con una virgen (Lev 21,13s). En esta perspectiva, la esterilidad es signo de maldici\u00f3n divina y ocasi\u00f3n de desprecio (G\u00e9n 16,4; 30,1-2; 1 Sam 1,5-18), y la castraci\u00f3n estaba absolutamente prohibida; los eunucos son terminantemente excluidos de la comunidad sagrada de Israel (Dt 23,2-4). En esto los hebreos se apartan netamente de las otras religiones del mundo antiguo, en las cuales se practicaba legalmente la castraci\u00f3n sexual (v\u00e9ase los cultos de Cibeles, Atis y Artemisa de Efeso) y donde el \u00abhiereus eunouchos\u00bb era mirado como persona sagrada, honrado como la virgen, la \u00abparthenos\u00bb. En cambio, en Israel el castrado se encontraba en una situaci\u00f3n inversa, opuesta a lo sagrado, profana de modo irremediable. El matrimonio era obligaci\u00f3n moral, y el celibato se consideraba una transgresi\u00f3n de la ley de Dios proclamada en el \u00abcreced y multiplicaos\u00bb (G\u00e9n 1,28).<\/p>\n<p>La doctrina rab\u00ed\u00adnica es fidel\u00ed\u00adsima al mensaje del AT: \u00abEl c\u00e9libe reduce la imagen de Dios\u00bb; el que no piensa procrear es como quien derrama sangre; el que no tiene mujer no es verdadero hombre. Tambi\u00e9n Rabbi Sim\u00f3n ben Azaj (ca. 110 d.C.) concuerda con toda la tradici\u00f3n. Como no estaba casado, fue acusado por Rabbi Elazar ben Azaria, y hubo de justificarse ante el tribunal rab\u00ed\u00adnico: \u00abMi coraz\u00f3n -dijo- est\u00e1 ligado a la Torah; no me queda tiempo para casarme; el mundo pueden llevarlo adelante otros\u00bb. Sin embargo, ense\u00f1aba: \u00abEl que no se preocupa de procrear debe ser mirado -ateni\u00e9ndonos a la Escritura- como alguien que disminuye la imagen de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>En la ordenaci\u00f3n que anuncia la ley existe siempre una estrecha relaci\u00f3n entre lo religioso y lo sexual; el sexo vivido en el matrimonio sirve para realizar el plan de Dios; hay, pues, una superioridad absoluta del matrimonio respecto al celibato en todo el AT y en el juda\u00ed\u00adsmo. Sin embargo, a pesar de esta afirmaci\u00f3n masiva de la teolog\u00ed\u00ada de Israel, tambi\u00e9n dentro de la Biblia se registran algunas circunstancias que dan cabida al celibato o a la continencia transitoria o permanente. Para entrar en contacto con Dios se exige un per\u00ed\u00adodo de continencia (Ex 19,15; 19,21-25; Lev 22,4; 1 Sam 21,5); y los rabinos ense\u00f1aban que Mois\u00e9s, despu\u00e9s de la visi\u00f3n de la zarza, no tuvo ya contactos sexuales con su mujer. En estas observaciones no hay repulsa o desprecio de la sexualidad, sino la convicci\u00f3n de que el sexo es en su ejercicio un remedo de lo sagrado y debe cesar cuando se toma contacto con la realidad misma de lo sagrado. Otras mitigaciones de la absoluta superioridad del matrimonio sobre el celibato surgen despu\u00e9s del destierro, en el cual se afirma poco a poco el universalismo de la llamada de Dios; as\u00ed\u00ad, junto a la rehabilitaci\u00f3n del extranjero est\u00e1 la del eunuco (Is 56,3-6), y las tradiciones son rele\u00ed\u00addas en una nueva perspectiva: las mujeres est\u00e9riles, que reciben la fecundidad como don de Dios, se convierten en tipos de pobres, dependientes de Dios, preparadas para una maternidad no s\u00f3lo f\u00ed\u00adsica, sino tambi\u00e9n espiritual (G\u00e9n 16,1; Jue 13,2; 1 Sam 1,5). Entre los protagonistas del AT, la tradici\u00f3n espiritual induce a suponer el celibato de El\u00ed\u00adas y de Eliseo; pero la Escritura no testimonia nada sobre su estado&#8217;. S\u00f3lo Jerem\u00ed\u00adas es llamado por Dios mismo a este estado (Jer16,1-4), precisamente para ofrecer con su estado negativo un signo de sentido contrario: \u00e9l es c\u00e9libe y permanece tal porque Dios le ha convertido en terror para quienes le rodean (Jer 20,10), en anuncio de mal y de calamidades en tiempos tenebrosos; el \u00fanico valor positivo del celibato de Jerem\u00ed\u00adas consiste en recordar con su vida de solitario la inminencia del d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or y en mostrar as\u00ed\u00ad que es un hombre seducido por Yahv\u00e9 (Jer 20,7). Una sensibilidad diversa de la incomprensi\u00f3n israelita y jud\u00ed\u00ada del celibato lo atestigua la secta de los esenios, donde se registra la presencia segura de c\u00e9libes. Los textos encontrados en Qumran no nos aportan los elementos de su visi\u00f3n espiritual del celibato; sin embargo, podemos deducir que lo practicaban por su condici\u00f3n sacerdotal en situaci\u00f3n de servicio continuo y por su constante disponibilidad a la guerra santa, aunque tambi\u00e9n por su ideal de comunidad vigilante en espera del Mes\u00ed\u00adas&#8217;.<\/p>\n<p>2. EN EL NT &#8211; No es casualidad encontrar a Mar\u00ed\u00ada, la Virgen Madre, en el conf\u00ed\u00adn entre el AT y el NT. En Mar\u00ed\u00ada se da plenamente la descendencia de las nupcias carnales, pero a la vez echa ra\u00ed\u00adces en ella la posteridad espiritual; es madre porque en ella llega a su fin la cadena de las generaciones; es tambi\u00e9n virgen porque en ella la realidad deja sitio a la figura, inaugurando la plenitud de los tiempos. Con Jes\u00fas, su hijo, el hijo de la promesa y de la bendici\u00f3n, concebido del Esp\u00ed\u00adritu Santo, queda desvelado el misterio profundo de las nupcias: el verdadero y \u00fanico esposo est\u00e1 presente. A la luz de la encarnaci\u00f3n, el matrimonio se convierte en signo que remite a las nupcias entre Cristo y su Iglesia (Mt 22,lss; Ef 5,31-32). En la historia del mundo ha resonado ya un grito: \u00abYa est\u00e1 ah\u00ed\u00ad el esposo; salid a su encuentro\u00bb (Mt 25,6); va precedido por el amigo del esposo (Jn 3,29). Jes\u00fas viene a su comunidad, que le espera ayunando. El di\u00e1logo interpersonal a que invitaba la relaci\u00f3n sexual de la econom\u00ed\u00ada veterotestamentaria no se detiene ya en s\u00ed\u00ad mismo; es trascendido por el encuentro directo e inmediato con el Se\u00f1or a solas. El matrimonio no es ya el \u00fanico camino que conduce al reino de los cielos, sino que en el NT se vislumbra otra posibilidad: la del celibato; por eso los testigos principales del NT que hablan del matrimonio evocan siempre y precisamente el celibato. El te\u00f3logo reformado J.-J. von Mimen tiene raz\u00f3n al afirmar: \u00abPor la actitud de la Iglesia frente al problema del sexo y del matrimonio se mide en el plano pr\u00e1ctico, en \u00faltima instancia, la fidelidad de la Iglesia a su Se\u00f1or&#8217;. El problema del matrimonio, y por tanto del celibato, no es perif\u00e9rico, sino que forma parte integrante del anuncio cristiano y es un lugar cristol\u00f3gico por excelencia. Leamos ahora los testimonios neotestamentarios que evocan nuestro tema. Son Mt 22,23-33; Mt 19,3-12; Lc 18,29b-30; 1 Cor 7.<\/p>\n<p>a) Mt 22,23-33. En la controversia de Jes\u00fas con los saduceos sobre la relaci\u00f3n entre nupcias y mundo de la resurrecci\u00f3n, se ve con toda claridad que, a pesar de la reintegraci\u00f3n a su sentido originario por el Se\u00f1or, a pesar de la positividad y la confirmaci\u00f3n de la bendici\u00f3n otorgada por Cristo a la sexualidad, \u00e9sta pertenece al orden terreno; el sexo es una realidad pen\u00faltima, porque se queda m\u00e1s ac\u00e1 de la muerte y no entra en el m\u00e1s all\u00e1, en la resurrecci\u00f3n. En el reino, el hombre tendr\u00e1 un cuerpo resucitado y \u00abpneum\u00e1tico\u00bb, en estrecha continuidad con el que pose\u00ed\u00ada antes; pero los que sean considerados dignos del d\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n ser\u00e1n como \u00e1ngeles del cielo respecto a la condici\u00f3n sexual vigente en la tierra. Habr\u00e1 continuidad con la realidad terrestre, pues en caso contrario no se podr\u00ed\u00ada hablar de resurrecci\u00f3n; pero la continuidad quedar\u00e1 rota en cuanto a la dimensi\u00f3n sexual y su ejercicio, que terminar\u00e1 en todas sus expresiones. Las palabras de Jes\u00fas indican que el sexo pertenece s\u00f3lo al orden terreno y no rebasa la muerte, lo cual se anuncia tomando como base las Escrituras, que los saduceos demuestran ignorar, y la fe, que cree en el poder de Dios. Los que creen en las Escrituras saben por qu\u00e9 cesa la actividad sexual m\u00e1s all\u00e1 del tiempo y conocen su limitaci\u00f3n a las realidades pen\u00faltimas, creadas como positivas, pero violadas, aunque luego redimidas por Cristo. Adem\u00e1s, el don de la fe lleva a creer que, as\u00ed\u00ad como es posible la resurrecci\u00f3n por el poder de Dios, tambi\u00e9n es transitorio y est\u00e1 limitado por Dios el dominio sexual, siempre prepotente, hasta el punto de no poder el hombre sustraerse a \u00e9l con sus fuerzas. Al que le asombre la limitaci\u00f3n puesta a la condici\u00f3n sexual, que se asombre tambi\u00e9n de la resurrecci\u00f3n de los muertos; el sexo cae a este lado del horizonte de la muerte y est\u00e1 en evidente y estrecha relaci\u00f3n con ella. El hombre, despu\u00e9s de la ca\u00ed\u00adda, qued\u00f3 dominado por el sexo y por la muerte, y para perpetuarse no ten\u00ed\u00ada otra posibilidad que el fruto del vientre, los hijos; mas, una vez vencida la muerte por Cristo, el disc\u00ed\u00adpulo puede tambi\u00e9n vencer el dominio sexual mediante el conocimiento de las Escrituras y el poder de Dios. El texto que nos ocupa no formula un anuncio expl\u00ed\u00adcito del celibato, pero establece las premisas para su comprensi\u00f3n cristiana: el celibato es posible en la econom\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n; el matrimonio no es ya una realidad definitiva y absoluta; puede haber razones para renunciar a \u00e9l.<\/p>\n<p>b) Mt 19,3-12. Un segundo texto referente al celibato aparece ligado a la controversia sobre el divorcio entre Jes\u00fas y los fariseos. Mateo introduce tres vers\u00ed\u00adculos, sin paralelo en los otros sin\u00f3pticos (Mc 10,1-12; Mt 19,3-12), que representan el \u00fanico anuncio claro y expl\u00ed\u00adcito sobre el celibato en el seguimiento cristiano. Ante la declaraci\u00f3n sobre el matrimonio monog\u00e1mico seg\u00fan el plan originario de Dios, se registra la reacci\u00f3n de los mismos disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, que acogen mal este anuncio tan exigente. Tres son, en los evangelios, los rechazos que formulan los disc\u00ed\u00adpulos al Se\u00f1or: el rechazo ante el anuncio de la cruz (Mt 16,22), el rechazo ante el anuncio de la eucarist\u00ed\u00ada (Jn 6,60) y \u00e9ste, ante el anuncio del matrimonio monog\u00e1mico. A pocos les es dado comprender el misterio de la cruz, al que est\u00e1 ligado el matrimonio vivido en la fidelidad; pero quienes lo obtienen de Dios perciben tambi\u00e9n otra posibilidad: no casarse a causa del reino de Dios. Al rechazo de los disc\u00ed\u00adpulos responde Jes\u00fas con un proverbio sobre el n\u00famero, de estructura t\u00ed\u00adpicamente sem\u00ed\u00adtica, con el cual mantiene y completa la doctrina sobre las exigencias del seguimiento. Aduce un argumento \u00aba fortiori\u00bb, declarando que el r\u00e9gimen monog\u00e1mico es factible porque existen condiciones m\u00e1s exigentes todav\u00ed\u00ada que las requeridas por \u00e9l, a saber: las condiciones del celibato. Si es posible vivir el celibato, es posible vivir el matrimonio monog\u00e1mico fielmente. Jes\u00fas, discutido acaso en su celibato por la ideolog\u00ed\u00ada jud\u00ed\u00ada reinante, lo justifica con un motivo religioso; distingue tres categor\u00ed\u00adas de eunucos y proclama que escoger voluntariamente el celibato con vistas al reino de los cielos s\u00f3lo es posible a quienes Dios les concede entenderlo. Estas palabras del Se\u00f1or que evocan la castraci\u00f3n f\u00ed\u00adsica son, sin duda, un trauma para la visi\u00f3n jud\u00ed\u00ada; pero al mismo tiempo admiten y hacen ver claramente que esta condici\u00f3n lleva al hombre a una situaci\u00f3n de violencia (castraci\u00f3n) que no est\u00e1 en la l\u00ed\u00adnea de la naturaleza; el celibato es una mutilaci\u00f3n, una castraci\u00f3n, que puede trascender el orden creado y contradecirlo s\u00f3lo a trav\u00e9s de la comprensi\u00f3n otorgada por Dios; en virtud de la energ\u00ed\u00ada del reino de los cielos que llega, en virtud de la llamada de Dios, es posible permanecer c\u00e9libe, lo mismo que se puede permanecer fiel a una sola mujer.<\/p>\n<p>En este texto el celibato encuentra un fundamento b\u00ed\u00adblico, ya que es anunciado en un evangelio y por Cristo mismo: el celibato es un don de Dios para los que, ante la venida del reino, de tal manera est\u00e1n pose\u00ed\u00addos por ella que realizan el gesto de la eunouchia: el reino escatol\u00f3gico de Dios est\u00e1 ya en marcha, y algunos no pueden vivir de otro modo. Jes\u00fas usa el t\u00e9rmino eunuco, m\u00e1s fuerte que \u00ab\u00e1gamos\u00bb, no desposado, que aparece en las ep\u00ed\u00adstolas de Pablo, para acentuar la imposibilidad de casarse y para definir la condici\u00f3n del celibato estable, de la opci\u00f3n definitiva, del no uso de la propia potencia sexual, situaci\u00f3n permanente de no-matrimonio vivida por aquellos a quienes Dios ha concedido este don. Su condici\u00f3n negativa de disminuidos respecto a los hermanos se evoca con la imagen de los castrados; pero se afirma con fuerza el car\u00e1cter positivo de esta opci\u00f3n por el motivo: con vistas a y por el reino de los cielos. El que sea capaz de hacer sitio al don de Dios, que lo haga&#8217;.<\/p>\n<p>e) Lc 18,29b-30. Finalmente, hay un tercer y \u00faltimo texto de la tradici\u00f3n evang\u00e9lica que relativiza el matrimonio y declara la posibilidad de vivir fuera de su r\u00e9gimen, aunque directamente no se habla de celibato (Mt 19,29; Mc 10,29-30; Lc 18,29b-30). A los disc\u00ed\u00adpulos, que por boca de Pedro declaran haberlo dejado todo para seguirle, Jes\u00fas les anuncia una recompensa en el mundo presente y la vida eterna en el futuro. Este \u00abtodo\u00bb que el disc\u00ed\u00adpulo ha abandonado est\u00e1 representado por la casa, los hermanos, hermanas, padre y madre, hijos y posesiones (Mt y Mc), a\u00f1adiendo Lucas tambi\u00e9n la mujer (cf asimismo Mt 10,37-38; Lc 14,26-27).<\/p>\n<p>Es evidente que, en la tradici\u00f3n de Lucas, el matrimonio est\u00e1 subordinado a la importancia del reino y al seguimiento de Jes\u00fas por el disc\u00ed\u00adpulo; el disc\u00ed\u00adpulo debe \u00abodiar\u00bb todo lo que supone un obst\u00e1culo para el seguimiento, incluso la mujer reci\u00e9n desposada (Lc 14,20), y puede abandonarla por el reino (Lc 18,29). Pero es cierto que aqu\u00ed\u00ad Jes\u00fas, adem\u00e1s de formular el abandono del matrimonio ya ocurrido, invita a la posibilidad de no casarse, permaneciendo en el celibato a causa del evangelio, del reino de Dios y de Jes\u00fas mismo. El celibato se contempla, pues, en este texto como abandono de cuanto puede detener al disc\u00ed\u00adpulo en la adhesi\u00f3n total a Cristo (cf Lc 14,20). Es verdad que este abandono, al menos temporalmente, lo vivieron los disc\u00ed\u00adpulos de la comunidad del Jes\u00fas hist\u00f3rico; pero todo disc\u00ed\u00adpulo es invitado a \u00e9l cuando lo exigen las circunstancias. Las palabras de Jes\u00fas son un imperativo y una motivaci\u00f3n para los que, a causa del servicio apost\u00f3lico y del amor a \u00e9l, lo abandonan todo, incluso la posibilidad de casarse o el matrimonio mismo, para vivir en el celibato.<\/p>\n<p>Resumiendo: en los textos evang\u00e9licos el celibato aparece siempre al lado del matrimonio y es contemplado (en Mt 22) como anuncio y realizaci\u00f3n ya desde ahora de la realidad de la resurrecci\u00f3n, como vocaci\u00f3n y gracia (en Mt 19), como abandono y disponibilidad (en Lc 18), pero siempre con vistas al reino y fundado en las palabras de las Escrituras y en la fe en el poder de Dios.<\/p>\n<p>d) 1 Cor 7. Las ense\u00f1anzas de Pablo coinciden con las del evangelio: a quienes les ha llegado la salvaci\u00f3n en el estado nupcial, la v\u00ed\u00ada normal es la del matrimonio cristiano, \u00fanico e indisoluble; mas para algunos existe tambi\u00e9n el otro camino del celibato, el que Pablo escogi\u00f3, elogia y propone. En el NT, el misterio del amor encuentra ahora su pleno significado a la luz de los dos estados. En 1 Cor 7 vemos c\u00f3mo se planteaba la cuesti\u00f3n del matrimonio y del celibato en una iglesia local hacia el a\u00f1o 57 d.C. y las directrices que el Ap\u00f3stol pod\u00ed\u00ada dar. Es harto sabido que en la carta Pablo no expone una teolog\u00ed\u00ada sistem\u00e1tica y exhaustiva, sino que se limita a responder a las preguntas que le formula la comunidad. Despu\u00e9s de intentar resolver los equ\u00ed\u00advocos sobre la sexualidad (6,12-20) seg\u00fan el principio de que el cuerpo no se ha dado para uno mismo como posesi\u00f3n privada, sino para el Se\u00f1or, y que el Se\u00f1or es para el cuerpo (6,13), y despu\u00e9s de relacionar el problema de la sexualidad con la resurrecci\u00f3n (6,14), el Ap\u00f3stol comienza a hablar sobre los dos estados: a la comunidad de Corinto, tentada de dualismo en su antropolog\u00ed\u00ada y de encratismo rigorista o asc\u00e9tico en su \u00e9tica, le recuerda con firmeza que la salvaci\u00f3n se obtiene tambi\u00e9n a trav\u00e9s del cuerpo; no se le escapa que el desprecio del cuerpo, llamado a la resurrecci\u00f3n, conduce a un ascetismo c\u00ed\u00adnico o al libertinaje. En sinton\u00ed\u00ada con el evangelio, reclama como v\u00ed\u00ada normal y ordinaria para la salvaci\u00f3n el matrimonio indisoluble, colocando a su lado la posibilidad del celibato. Los corintios sosten\u00ed\u00adan que \u00abbien le est\u00e1 al hombre no tocar mujer\u00bb (7,1); Pablo rechaza este principio entendido como negaci\u00f3n del matrimonio; pero al mismo tiempo muestra que posee validez general fuera del v\u00ed\u00adnculo matrimonial, afirmando que conviene que cada uno tenga su propia mujer y que cada mujer tenga su propio marido (7,2 y 3). El elemento sexual, concupiscencia (sin el sentido peyorativo que damos nosotros al t\u00e9rmino), debe, en efecto, estar subordinado al nuevo r\u00e9gimen cristiano del matrimonio, pero no queda abolido ni negado. El matrimonio constituye un misterio grande, b\u00e1sicamente bueno; misterio que impide que los c\u00f3nyuges se rehusen uno al otro -como estaban tentados a hacer los corintios (7,3-5)-, a no ser en armon\u00ed\u00ada, de com\u00fan acuerdo y s\u00f3lo para orar m\u00e1s profundamente. La sexualidad sigue encontrando en el matrimonio pleno cumplimiento; y el hombre consigue en \u00e9l una liberaci\u00f3n del dominio del sexo, que queda subordinado al r\u00e9gimen cristiano. Sin embargo, Pablo dice estas palabras como concesi\u00f3n, no como mandato; e inmediatamente despu\u00e9s expresa su deseo de c\u00e9libe (o de separado de la mujer y reducido a ser c\u00e9libe) de que todos sean como \u00e9l.<\/p>\n<p>A partir del principio de que cada uno permanezca en la condici\u00f3n que Dios le ha asignado (7,17), Pablo invita a los c\u00e9libes a permanecer tales, a menos que no sepan vivir en continencia; en este caso es mejor casarse que ser presa del poder de la sexualidad. Volviendo al celibato (7,25), se apresura a decir que, respecto a quien es virgen, no tiene ning\u00fan mandato del Se\u00f1or; pero da un consejo como hombre que, por la gracia del Se\u00f1or, es digno de fe. Las palabras reflejan su perspectiva de cristiano: de una manera general, es mejor no casarse (7,38-40); pero esta decisi\u00f3n se inspira en un don particular de Dios, en un carisma (7,7). Reafirma el valor del matrimonio y funda la legitimidad del celibato no en una orden del Se\u00f1or, sino en su propia autoridad, de la cual se puede uno fiar (7,25). En la perspectiva paulina, el matrimonio est\u00e1 al lado del celibato; si a veces hay que preferir el matrimonio a la soledad (7,9), sin embargo el celibato relativiza el matrimonio. Pablo declara que, debido a las necesidades presentes, es bueno permanecer c\u00e9libe (7,26), haci\u00e9ndose eco con ello de la condici\u00f3n de Jerem\u00ed\u00adas. Puesto que la figura de este mundo pasa (7,31), que cada uno use del mundo como si no lo usase, permaneciendo en el r\u00e9gimen en que se encuentra, seg\u00fan el carisma y el don particular recibido de Dios; matrimonio y celibato pertenecen al orden del Esp\u00ed\u00adritu y, aunque diversos, est\u00e1n unificados por el \u00fanico Esp\u00ed\u00adritu. A Pablo, sin embargo, no se le oculta que en los \u00faltimos tiempos, inaugurados por la resurrecci\u00f3n de Cristo, act\u00faa el poder de Dios; casarse no es pecado; sin embargo, estando cercana la hora en que la sexualidad ha de desaparecer, puesto que todo se ha cumplido en Cristo, el creyente puede vivir ya solo, renunciando al matrimonio en orden al trato asiduo con Dios. En el nuevo reino no existir\u00e1n ya las realidades pen\u00faltimas del sexo, de la alegr\u00ed\u00ada y el llanto, del hacer o consumar, de la fatiga y el trabajo; ni tampoco existir\u00e1n ya distinciones de raza y diferencias sociales (7,29-31 y G\u00e1l 3,27-29). Pablo formul\u00f3 su consejo sobre un fondo escatol\u00f3gico, evidenciando que el que est\u00e1 inserto en las estructuras provisionales, destinadas, como el matrimonio, a pasar, no puede eludir las necesidades y las tribulaciones (7,26 y 28) que acompa\u00f1an el tr\u00e1nsito de este mundo al reino. En este sentido, al principio de G\u00e9n 2,18: \u00abNo es bueno que el hombre est\u00e9 solo\u00bb, Pablo, aunque sin declarar err\u00f3nea la afirmaci\u00f3n creacional, opone en una ant\u00ed\u00adtesis claramente perceptible: \u00abEs bueno permanecer as\u00ed\u00ad\u00bb (c\u00e9libe o solo) (7,26).<\/p>\n<p>Pablo no es un mis\u00f3gino ni una persona que desprecia el mundo y pretende fundar una hipot\u00e9tica superioridad del celibato sobre el matrimonio: afirma que es necesario prestar atenci\u00f3n al estado en que mejor se obedece al Se\u00f1or, y ve en el celibato algo que lleva a permanecer junto al Se\u00f1or y servirle sin distracciones, acercando objetivamente al creyente al hombre Jes\u00fas, que vivi\u00f3 en su carne la soledad del celibato. Sin embargo, no es tanto la vocaci\u00f3n objetiva lo que importa cuanto la obediencia a esta llamada. Mas \u00bfcu\u00e1l es el alcance significativo de este don particular que es el celibato? Esencialmente consiste en que algo definitivo ha irrumpido en la evoluci\u00f3n de la historia; ese algo es el hecho de la encarnaci\u00f3n. En el tiempo que media entre la partida y la vuelta del Hijo del hombre, cualquiera que sea la duraci\u00f3n de ese lapso de tiempo, hemos de reconocer que, por haber tomado Dios en Jesucristo rostro humano, el matrimonio no es ya en este mundo el \u00fanico r\u00e9gimen leg\u00ed\u00adtimo. Sigue siendo figura de las relaciones entre Cristo y la Iglesia; pero es figura, no realidad; la distancia que separa el s\u00ed\u00admbolo de la realidad, la uni\u00f3n matrimonial de la condici\u00f3n del reino, se mide por la caducidad de este signo dado por el matrimonio.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, mientras el matrimonio es elevado al rango de sacramento, el celibato voluntario no tiene necesidad de sacramento, porque forma parte de los misterios del reino de los cielos y nos hace estar directamente con el Se\u00f1or. Pablo anuncia aqu\u00ed\u00ad el mensaje grande y positivo sobre el celibato, revel\u00e1ndolo como soledad y asiduidad con Dios. El c\u00e9libe, al decidir estar solo, se libera de una de las estructuras m\u00e1s fundamentales del mundo actual y, en el desconcierto escatol\u00f3gico, podr\u00e1 ocuparse s\u00f3lo de las cosas del Se\u00f1or y de los medios de agradarle (7,32), intentando ser santo de cuerpo y de esp\u00ed\u00adritu (7,34). Al estar unido al Se\u00f1or sin distracciones (7,35), condici\u00f3n urgente para todos los cristianos, el c\u00e9libe resulta aventajado, seg\u00fan Pablo, por estar exento de las preocupaciones (7,32) y menos dividido que los casados.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad Pablo no crea en absoluto dos categor\u00ed\u00adas de personas; simplemente percibe con claridad que, en la actual situaci\u00f3n vivida por el cristiano, el celibato se presenta como conveniente. Para Pablo, ocuparse de las cosas del Se\u00f1or significa esencialmente una vigilancia continua del acontecimiento escatol\u00f3gico, sin distraerse y sin pensar en otra cosa que en el Se\u00f1or. En el celibato, la exclusi\u00f3n del elemento afectivo-sexual hace menor el riesgo de amar a otras cosas junto a Dios y orienta toda la capacidad humana a amarle a \u00e9l solo directamente; el celibato no es desprecio del amor ni de los sentimientos y los afectos que integran nuestra humanidad, sino su canalizaci\u00f3n hacia la voluntad de Dios. Tampoco el desprendimiento de las cosas, que es elemento esencial para vivir el celibato con fidelidad al don recibido, significa desprecio y superioridad frente al mundo; es la relativizaci\u00f3n de todas las cosas ante el Se\u00f1or, una valoraci\u00f3n de todo en relaci\u00f3n a Cristo, y debe llevar a amar en \u00e9l a toda criatura. El celibato es una vida de amor, llena del amor \u00fanico de Cristo de modo total. Por eso se vive con fidelidad s\u00f3lo si hay asiduidad con el Se\u00f1or a trav\u00e9s del di\u00e1logo continuo en la oraci\u00f3n y la escucha de la palabra [\/Palabra de Dios]. En la soledad del celibato nos sentimos m\u00e1s f\u00e1cilmente inducidos a confiarlo todo a Dios, abandon\u00e1ndonos totalmente hasta llegar a una uni\u00f3n sin divisiones con el Se\u00f1or. Bas\u00e1ndose en este principio, el Ap\u00f3stol define a la viuda que permanece en soledad como persona que ha puesto su esperanza en el Se\u00f1or y se consagra a la adoraci\u00f3n y a la oraci\u00f3n d\u00ed\u00ada y noche (1 Tim 5,5). En conclusi\u00f3n, Pablo no desprecia el matrimonio; incluso lo defiende frente al ascetismo ilusorio; pero las preferencias del Ap\u00f3stol van hacia el celibato como estado m\u00e1s conveniente a la situci\u00f3n cristiana, no como medio de una mayor perfecci\u00f3n \u00e9tica.<\/p>\n<p>Los otros textos del Nuevo Testamento que se refieren de modo cierto al celibato son escasos y representan en su mayor\u00ed\u00ada un testimonio sobre la existencia de c\u00e9libes en la Iglesia a finales del siglo 1. Esto vale para He 21,9 (que recuerda a las cuatro hijas profetisas de Felipe, uno de los siete, y las llama v\u00ed\u00adrgenes) y para Ap 14,4 (que habla de v\u00ed\u00adrgenes que no se han manchado con mujeres y que siguen al Cordero triunfante).<\/p>\n<p>No existen, pues, muchos textos; pero hay claridad y armon\u00ed\u00ada en el anuncio cristiano de la sexualidad, as\u00ed\u00ad como en el de la posibilidad del celibato y de su conveniencia en los tiempos escatol\u00f3gicos que vivimos. Es manifiesto que en la historia de la espiritualidad no siempre se ha permanecido fiel a este anuncio del NT; y tambi\u00e9n que una lectura obediente de este mensaje fuerza hoy ante todo a eliminar de la pr\u00e1ctica del celibato o de las reflexiones sobre \u00e9l muchas perspectivas extra\u00f1as y a corregir las ambiguas y peligrosas\u00bb.<\/p>\n<p>II. La evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del celibato y sus im\u00e1genes tradicionales<br \/>\nAnte todo hay que insistir con energ\u00ed\u00ada en que el celibato, antes que un fen\u00f3meno religioso, es un fen\u00f3meno humano; si el celibato es el estado de quien no pide ser reconocido por el contexto social como comprometido en una pareja, hay que admitir entonces que muchos hombres lo viven por razones diversas. Todos nacen c\u00e9libes y permanecen tales al menos durante un cierto periodo de su vida; otros mueren en este estado sin haberlo ligado a motivaciones de orden religioso: personas c\u00e9libes por imposibilidad f\u00ed\u00adsica o ps\u00ed\u00adquica de contraer matrimonio; c\u00e9libes ligados a condiciones particulares de vida; c\u00e9libes por opci\u00f3n personal. Es interesante observar que en Europa, aunque con variantes entre regi\u00f3n y regi\u00f3n, por el a\u00f1o 1970 la situaci\u00f3n respecto al celibato es la reflejada en estos datos estad\u00ed\u00adsticos: los c\u00e9libes permanentes, o sea los que p\u00fablicamente no han escogido la vida de pareja para toda su vida, arrojan un porcentaje comprendido entre el 6-10 por 100, mientras que los c\u00e9libes consagrados en el estado religioso o sacerdotal s\u00f3lo representan una porci\u00f3n que se estima en torno a valores menores del 1 por 100 de la poblaci\u00f3n total. Quiere esto decir que el celibato, cosa que se olvida con harta frecuencia, es un fen\u00f3meno humano m\u00e1s amplio que el celibato religioso. Tambi\u00e9n se puede recordar que el celibato religioso no es un dato exclusivo del cristianismo, sino que fue conocido, como movimiento masivo organizado, ya antes de la era cristiana: en el.-hinduismo de los monjes errantes y en el..-&#8216;budismo de los cenobios mon\u00e1sticos. El mismo mundo grecorromano no ignora del todo el celibato, practicado por razones cultuales y filos\u00f3ficas. En todo caso, el celibato, ya sea como fen\u00f3meno humano, ya como fen\u00f3meno religioso, se define siempre por aspectos negativos (el c\u00e9libe es el que no est\u00e1 casado); y la historia de su praxis y de su anuncio dentro del cristianismo se ha caracterizado, indudablemente, por esta dificultad de definirlo en t\u00e9rminos positivos. En los comienzos, a partir ya del NT, se defini\u00f3 como estado coexistente con el matrimonio; luego, se admir\u00f3 y exalt\u00f3 con algunas comparaciones y, finalmente, consigui\u00f3 una autonom\u00ed\u00ada y un modo de definirse propios a trav\u00e9s de las met\u00e1foras, si bien en un proceso con frecuencia ambiguo. Intentemos seguir esta evoluci\u00f3n de la reflexi\u00f3n y de la praxis del celibato esforz\u00e1ndonos por leer con objetividad cuanto hay de positivo y criticando y corrigiendo algunas perspectivas extra\u00f1as al NT, donde el celibato queda constituido como estado cristiano positivo y posible por el reino de Dios.<\/p>\n<p>1. LA IGLESIA APOST\u00ed\u201cLICA &#8211; Ya en tiempos de la Iglesia apost\u00f3lica, los cristianos vivieron el celibato como un estado positivo y voluntario junto al matrimonio; matrimonio y celibato eran contemplados como situaciones dotadas cada una de un valor propio, y a ambas se las ten\u00ed\u00ada por carism\u00e1ticas. Quiz\u00e1 la forma cristiana primitiva en la que el celibato encontr\u00f3 un modo de realizaci\u00f3n fue la del matrimonio \u00abespiritual\u00bb: hombre y mujer viv\u00ed\u00adan juntos como hermano y hermana en un marco de tipo matrimonial; la primera carta de Pablo a los corintios parece testimoniar la existencia de este uso en aquella iglesia ya en el 57 d.C., reaccionando de modo cr\u00ed\u00adtico; en efecto, el Ap\u00f3stol, aun apreciando el carisma y sabiendo que no exist\u00ed\u00ada todav\u00ed\u00ada una estructura comunitaria para las v\u00ed\u00adrgenes -obligadas por la cultura del tiempo a vivir bajo la protecci\u00f3n de un hombre espiritual que garantizase tambi\u00e9n su asistencia econ\u00f3mica-, parece afirmar la necesidad de la separaci\u00f3n entre las dos estructuras de vida (cf 1 Cor 7); acaso ya entonces resultaba ambiguo y peligroso espiritualmente mezclar marco conyugal y praxis del celibato.<\/p>\n<p>2. EL S. II DE LA ERA CRISTIANA &#8211; Sin embargo, hacia finales de siglo I y durante todo el siglo II, creyentes c\u00e9libes, llamados ascetas, y mujeres n\u00fabiles, llamadas v\u00ed\u00adrgenes, viven este estado \u00aben honor de la carne del Se\u00f1or\u00bb (Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada H. 107 ca.], Ep. ad Polycarpum, PG 5, 724), y son amonestados a vivirlo sin ufanarse de ello. Su definici\u00f3n no est\u00e1 a\u00fan clara en la Iglesia, hasta el punto de que Ignacio, al saludar a estas mujeres, debe recurrir a una f\u00f3rmula extra\u00f1a: \u00abLas v\u00ed\u00adrgenes que se llaman viudas\u00bb (Ep. ad Smyrnaeos, PG 5, 718); el estado de viudez permanente por motivos espirituales acaso fuera ya una condici\u00f3n definida y reconocida; Pablo atestigua el uso en algunas iglesias de inscribir en cat\u00e1logos a las \u00abviudas\u00bb (cf 1 Tim 5,5-9) que se compromet\u00ed\u00adan a permanecer tales y hab\u00ed\u00adan demostrado fe y caridad en el servicio de los hermanos.<\/p>\n<p>Hacia 150, Justino (ca. 100\/110-163-167) escribe que hay muchos, hombres y mujeres, que han seguido desde la juventud las ense\u00f1anzas de Cristo, que han llegado a los sesenta o setenta a\u00f1os y todav\u00ed\u00ada est\u00e1n incorruptos (Apolog\u00ed\u00ada 1 15, 6, PG 6, 349). Lo mismo afirma Aten\u00e1goras de Atenas en la S\u00faplica por los cristianos, escrita hacia 177, donde habla de la existencia de muchos cristianos, hombres y mujeres, que han envejecido sin casarse, con la esperanza de pertenecer m\u00e1s al Se\u00f1or; \u00e9stos, seg\u00fan el apologista, perseveran en la virginidad y en la castraci\u00f3n voluntaria, pues no est\u00e1 permitido a los cristianos otra cosa que permanecer como se ha sido engendrado o perseverar en el matrimonio \u00fanico, matrimonio encaminado a la procreaci\u00f3n de los hijos (Legatio pro Christianis, PG 6, 965). No obstante, ni siquiera en los apologistas del siglo II se llega a definir con una f\u00f3rmula a los que viven en el celibato. Este hecho no fue totalmente negativo, ya que permiti\u00f3 seguir conservando el equilibrio paulino y contemplar los dos estados, uno junto a otro, como posibilidad cristiana. Hacia el 200, bajo la presi\u00f3n de corrientes espirituales como la gnosis y el encratismo, se comienza a interpretar el celibato como \u00abvirginidad\u00bb y se inicia el tiempo de las comparaciones con el matrimonio, que llevaron a la apolog\u00ed\u00ada del celibato, frecuentemente en descr\u00e9dito e incluso en contra del matrimonio.<\/p>\n<p>Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada (ca. 150-215) deber\u00e1 intervenir para defender la santidad del matrimonio \u00abcontra aquellos orgullosos que piensan imitar al Se\u00f1or, el cual no estaba casado ni pose\u00ed\u00ada bienes en este mundo, y por esto se glor\u00ed\u00adan de haber comprendido el evangelio mejor que los dem\u00e1s hombres\u00bb (Stromata 3, 6, 1-3, PG 8, 1150). La continencia es virtuosa s\u00f3lo si se inspira en el amor de Dios. Los que desean permanecer libres del v\u00ed\u00adnculo conyugal y del placer de los alimentos c\u00f3rneos por odio a la carne son definidos por Clemente como abstinentes sin inteligencia. A pesar de ello lograr\u00e1n poco a poco imponer sus puntos de vista espirituales; la teolog\u00ed\u00ada oficial posterior los aceptar\u00e1 y se pronunciar\u00e1 en favor de la superioridad objetiva de la virginidad sobre el matrimonio. Entretanto, desaparecen los matrimonios espirituales y las v\u00ed\u00adrgenes \u00absubintroductae\u00bb. Despu\u00e9s del 200 las \u00abvirgines Deo devotae\u00bb llevar\u00e1n velo para indicar sus nupcias espirituales con Cristo (Tertuliano, De oratione 22, escrito entre el 200 y el 206, PL 1, 1188). aunque no reciben el reconocimiento de una ordenaci\u00f3n, ya que lo que constituye tal a la virgen es la decisi\u00f3n, la elecci\u00f3n personal (cf Hip\u00f3lito [t 236], Traditio apostolica 13, PG 1, 1122).<\/p>\n<p>3. EL s. III &#8211; Or\u00ed\u00adgenes (185-254) interpreta el matrimonio cristiano como figura del de Cristo con la Iglesia; pero sostiene que la virginidad le es superior por ser realizaci\u00f3n, y no s\u00f3lo imagen, de estas nupcias m\u00ed\u00adsticas; ella vuelve al para\u00ed\u00adso primitivo; en efecto, s\u00f3lo despu\u00e9s del pecado conoci\u00f3 Ad\u00e1n a Eva; y, adem\u00e1s, las almas en su preexistencia viven castamente (De oratione 23, PG 11, 490). En la ex\u00e9gesis aleg\u00f3rica de Or\u00ed\u00adgenes, el circuncidado veterotestamentario es tipo del cristiano que ha rechazado los deseos de la carne en la castidad. Sin embargo, lo mismo el celibato que el matrimonio son dones de Dios, y ambos son objeto de gracia. El matrimonio contra\u00ed\u00addo seg\u00fan la palabra de Dios es un carisma, como el celibato, y su fruto es el amor conyugal (In Mt Comm. 14, 16, PG 13, 1229). Contra los marcionitas defiende la grandeza del matrimonio; y proclama que quienes eligen en la Iglesia el celibato lo hacen por agradar a Dios, que cre\u00f3 el mundo, y no para negar su colaboraci\u00f3n al Dios del universo. Sin embargo, el matrimonio permanece ligado al tiempo, mientras que el celibato se afirma como profec\u00ed\u00ada de la resurrecci\u00f3n, del mundo en el que s\u00f3lo contar\u00e1 el v\u00ed\u00adnculo que nos une a Cristo. Or\u00ed\u00adgenes, que tomando al pie de la letra las palabras de Jes\u00fas sobre los eunucos (Mt 19,12) se hab\u00ed\u00ada castrado, se arrepentir\u00e1 m\u00e1s tarde de este gesto; pero su posici\u00f3n en la interpretaci\u00f3n del celibato no evita la comparaci\u00f3n con el matrimonio y permanece ambigua. Afirma que el celibato y el matrimonio por su misma naturaleza son dos estados indiferentes y que lo que cuenta es el amor \u00abordenado\u00bb en ellos vivido. Es posible ser irreprensible tambi\u00e9n en el matrimonio; sin embargo, la virginidad es el don m\u00e1s perfecto despu\u00e9s del martirio; es una hostia, la tercera ofrecida a Dios despu\u00e9s de la de los ap\u00f3stoles y los m\u00e1rtires. As\u00ed\u00ad comienza la met\u00e1fora de la oferta, de la \u00aboblatio perfecta\u00bb realizada en el santuario del cuerpo; el c\u00e9libe es a un tiempo sacerdote y v\u00ed\u00adctima como Cristo en la cruz, met\u00e1fora que se referir\u00e1 exclusivamente al celibato y, por desgracia, no se aplicar\u00e1 nunca al matrimonio.<\/p>\n<p>Novaciano (ea. 250) compara la virginidad con el estado ang\u00e9lico, e incluso la proclama superior a \u00e9l, porque mediante la lucha que sostiene en la carne consigue una victoria sobre la cualidad de criatura, que no poseen los \u00e1ngeles (De bono pudicitiae 7, CSEL 3, 3, 13-25). De \u00e9l arranca, con pretensiones ciertamente absurdas de encontrar un fundamento en el texto evang\u00e9lico de Mt 22,30, la met\u00e1fora de la vida c\u00e9libe como vida ang\u00e9lica (bios angelikos).<\/p>\n<p>Bajo el influjo del montanismo, Tertuliano hab\u00ed\u00ada exaltado la virginidad frente al matrimonio, y lo mismo hace su disc\u00ed\u00adpulo Cipriano (t 258), que ve en la consagraci\u00f3n virginal el desposorio con Cristo, la posesi\u00f3n de la gloria de la resurrecci\u00f3n y la igualdad con los \u00e1ngeles. El mandato de la primera creaci\u00f3n: \u00abCreced y multiplicaos\u00bb (G\u00e9n 1,28) se declara superado y sustituido por el mandamiento nuevo dado por Cristo al exhortar a la continencia (De habitu virginum, PL 4, 416). Cipriano precisamente es el primero que usa el t\u00e9rmino \u00abvirginidad\u00bb para designar el celibato de los hombres; mientras que, en Oriente, Metodio de Olimpo (t 311) interpreta como testimonios de virginidad a El\u00ed\u00adas, Eliseo, Juan Bautista, Juan Evangelista, Pablo, etc.<\/p>\n<p>En la iglesia sir\u00ed\u00adaca, hacia el siglo ni, muchos viven el celibato en familia, y el padre es considerado custodio de ese estado de los hijos; pero Efr\u00e9n el Sirio (finales del s. lII-mitad IV) reaccionar\u00e1, subrayando que el celibato es tambi\u00e9n abandono de los padres, seg\u00fan Lc 18. Utiliza la expresi\u00f3n \u00abel que est\u00e1 solo\u00bb para designar al c\u00e9libe, expresi\u00f3n capital tomada de Hilario de Poitiers (365), quien finalmente designar\u00e1 de modo en\u00e9rgico y positivo con el nombre de \u00abcaelebs\u00bb al no casado por razones de fe y \u00abcoelibatus\u00bb a su estado.<\/p>\n<p>Atanasio (295-373), testigo de la vida mon\u00e1stica de Antonio, enfoca el problema de la elecci\u00f3n entre los dos estados, definiendo el matrimonio como v\u00ed\u00ada \u00abmundana\u00bb que no hay que censurar, aunque carente de los bienes de la gracia a diferencia de la virginidad, imagen de la santidad de los \u00e1ngeles y medio para obtener bienes mejores y frutos perfectos.<\/p>\n<p>4. Los ss. IV y V &#8211; Podemos, pues, decir que a finales del s. iii el celibato ha encontrado su estatuto definitivo en la espiritualidad y en la vida cristiana; que es contemplado como estado mejor que el matrimonio e interpretado, defendidoy alabado con las met\u00e1foras de vida angelical, \u00absponsa Christi\u00bb, nupcias m\u00ed\u00adsticas, oferta y oblaci\u00f3n perfecta. La abundante literatura \u00abDe Virginitate\u00bb de los ss. iv y v desarrollar\u00e1 estos temas y, bajo el impulso del movimiento asc\u00e9tico, identificar\u00e1 a menudo celibato y vida mon\u00e1stica. A este respecto es interesante observar que los c\u00e9libes ser\u00e1n definidos a menudo como \u00ablos solos\u00bb, \u00ablos solitarios\u00bb, \u00abmonjes\u00bb, \u00abn\u00f3madas\u00bb, utilizando quiz\u00e1 el vocabulario premon\u00e1stico sirio, el cual denominaba a los c\u00e9libes con la palabra \u00abihidaya\u00bb, o sea los que est\u00e1n sexualmente solitarios, alejados y separados de personas del otro sexo. Quiz\u00e1 fue precisamente este esfuerzo por encontrar una definici\u00f3n espiritual del celibato lo que suscit\u00f3 actitudes de descr\u00e9dito y desconfianza respecto del matrimonio. Los grandes Padres del s. iv no vacilan, cuando las persecuciones se han alejado ya, en colocar la virginidad a continuaci\u00f3n del ideal del martirio; de hecho, con sus escritos har\u00e1n que se mire a quien escoge la vida asc\u00e9tica y c\u00e9libe como una casta superior dentro del pueblo de Dios.<\/p>\n<p>San Basilio (330-379) parece reaccionar contra esta corriente espiritual dominante, distanci\u00e1ndose de la impetuosa corriente espiritualista de Eustacio de Sebaste, quien celebraba la virginidad y la soledad como renovaci\u00f3n paradis\u00ed\u00adaca de la naturaleza. A pesar de ser legislador mon\u00e1stico, rara vez habla del celibato, limit\u00e1ndose en esos casos a parafrasear a Pablo e insistiendo en que las exigencias cristianas esenciales son la caridad, la vida com\u00fan y la obediencia a los mandamientos de Dios. Los otros Padres capadocios exaltan la virginidad, pero elogian tambi\u00e9n el matrimonio como medio de acercarse a Dios, que al crear a los hombres quiso para ellos este estado.<\/p>\n<p>Juan Cris\u00f3stomo (344-407) considera la virginidad cosa excepcional y establece la distinci\u00f3n entre preceptos y consejos evang\u00e9licos; sin embargo, insiste constantemente en que todos, c\u00e9libes y casados, est\u00e1n llamados a la perfecci\u00f3n (In Mt homiliae 7, 7, PG 57, 81). El celibato, que ciertamente es algo grande, por si solo no sirve ni significa nada; est\u00e1 ligado a la caridad y a la diacon\u00ed\u00ada en la iglesia local. Es un signo de la econom\u00ed\u00ada de la nueva alianza, est\u00e1 colocado junto al matrimonio y, por el hecho de ser practicado por muchos, muestra, con un argumento \u00aba fortiori\u00bb, que es posible vivir castamente tambi\u00e9n el matrimonio (In Mt homiliae 62, 3, PG 58, 599). El celibato es \u00absacramento\u00bb y anuncia la llegada del reino porque deja entrever la realidad del mundo de los resucitados; pero no es un mandamiento, sino una condici\u00f3n reservada a pocos llamados. Cris\u00f3stomo, sin embargo, tiene cuidado siempre de afirmar que no existe oposici\u00f3n entre matrimonio y virginidad; por ello evita la comparaci\u00f3n entre los dos estados, mostrando que desvalorizar el matrimonio significa, en definitiva, denigrar la virginidad.<\/p>\n<p>Los Padres occidentales, en su meditaci\u00f3n sobre el celibato, se inspiran de hecho en los antecesores orientales y conservan toda su doctrina, desarroll\u00e1ndola en algunos puntos, aunque formulando en sustancia una s\u00ed\u00adntesis que es una relectura creadora.<\/p>\n<p>Ambrosio (330-397) vincula de modo constante la virginidad con la eclesiolog\u00ed\u00ada y la cristolog\u00ed\u00ada, llegando a darle por ello el t\u00ed\u00adtulo de sacramento (PL 16, 219, De virginibus III, 1, 1), como medio de participaci\u00f3n misteriosa en el cuerpo de Cristo, la Iglesia virgen y fecunda. Aunque su lenguaje es con frecuencia el t\u00ed\u00adpico del estoicismo, para Ambrosio la virginidad es una virtud referida siempre al misterio de la encarnaci\u00f3n. En el Verbo hecho carne, que vivi\u00f3 como virgen, se da un modo particular de asunci\u00f3n de la humanidad, que es realizado de modo similar por quien permanece c\u00e9libe (De virginibus 1, 3, 13). El virgen es \u00abcomo Cristo\u00bb, ya que del Se\u00f1or ha recibido la virginidad existencia, valor, significado y redenci\u00f3n. Como se interesa sobre todo por las mujeres v\u00ed\u00adrgenes, Ambrosio entrev\u00e9 en ellas la femineidad referida a su condici\u00f3n original, cuando la mujer no era la seductora, sino la ayuda del hombre (cf G\u00e9n 2,18), de suerte que el mismo var\u00f3n encuentra de nuevo su naturaleza de hombre que hab\u00ed\u00ada perdido; as\u00ed\u00ad es posible la verificaci\u00f3n de la paz paradis\u00ed\u00adaca profetizada por Isa\u00ed\u00adas (65,23). Mas la virgen es tambi\u00e9n sacramento de Cristo, al igual que la Iglesia, como esposa del Verbo, madre espiritualmente fecunda (De virginibus 1, 6, 30); por esto la opci\u00f3n virginal es una exigencia de la Iglesia, que se realiza de modo visible en el seno de las comunidades, coloc\u00e1ndose como castidad absoluta junto a la vidual (De viduis 4, 25).<\/p>\n<p>Jer\u00f3nimo (345-420) insiste con frecuencia en el valor del celibato en detrimento del matrimonio; dice que alaba las nupcias casi forzado por el hecho de que ellas generan v\u00ed\u00adrgenes (Ep. ad Eustochium 22, 19, PL 22, 406), y opone los dos estados, haciendo de uno la realidad del mundo y del otro la condici\u00f3n del para\u00ed\u00adso; el matrimonio, en efecto, termina con la muerte, mientras que la virginidad despu\u00e9s de la muerte recibe la corona de gloria (Adversus Jovinianum 1, 16, PL 23, 235).<\/p>\n<p>Agust\u00ed\u00adn (354-430) defiende el matrimonio de los ataques de los maniqueos, pero proclama al celibato como estado mejor que el matrimonio. El que se casa engendra a Ad\u00e1n; en cambio, el virgen engendra a Cristo. Ahora bien, si el celibato es puro acto de amor por Cristo, es sacrificio perfecto; y si todos lo escogiesen, pronto quedar\u00ed\u00ada completado el n\u00famero de los elegidos, ocasionando el retorno de Cristo (De santa virginitate 6, 6ss [escrito hacia 40W1], PL 40, 399).<\/p>\n<p>5. DESDE EL MEDIOEVO A NUESTROS DIAS &#8211; Por este breve y espor\u00e1dico excurso patristico puede comprenderse c\u00f3mo se enfoc\u00f3 el problema del estado del celibato en la teolog\u00ed\u00ada cristiana. En esta l\u00ed\u00adnea se llega, a trav\u00e9s del Medioevo y de la escol\u00e1stica, a la teolog\u00ed\u00ada de los . consejos y a la preferencia absoluta otorgada al estado de celibato; jam\u00e1s hubo renovaci\u00f3n en la interpretaci\u00f3n; a lo sumo, se limit\u00f3 todo a hacer m\u00e1s \u00e1spera la competencia. En el Medioevo se llegar\u00e1 incluso a formular la doctrina de que la virginidad es un don infuso a los ni\u00f1os ya en el bautismo (Pedro Palud; Antonino, Summ. III, 2, 1, 5).<\/p>\n<p>Tom\u00e1s de Aquino (1225-1274) declara: \u00abEs indiscutible que la virginidad debe preferirse a la vida conyugal\u00bb (S. Th., II-11, q. 152, a. 4), echando as\u00ed\u00ad los fundamentos de la definici\u00f3n del concilio de Trento: \u00abSi alguno dijere que el estado conyugal debe ser preferido al estado de virginidad o de celibato y que no es mejor permanecer en la virginidad y en el celibato que unirse en matrimonio, sea excomulgado\u00bb (Sessio XXIV, Canones de sacramento matrimonii, 10; DS 1810).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el Vat. II expone la virginidad con las tradicionales expresiones de preeminencia y superioridad; pero es sabido que esto se debi\u00f3 s\u00f3lo a que la maduraci\u00f3n teol\u00f3gica sobre este punto resultaba un tanto inadecuada en aquel momento hist\u00f3rico, y el Concilio prefiri\u00f3 atenerse a los datos tradicionales.<\/p>\n<p>Hoy, a veinte a\u00f1os del Concilio, exegetas y te\u00f3logos se hallan lejos de tales posiciones, y todos estiman que, desde el s. iii a nuestros d\u00ed\u00adas, la reflexi\u00f3n ha sido unilateral y demasiado apolog\u00e9tica respecto al celibato y negativa respecto al matrimonio. Hoy se vuelve a leer celibato y matrimonio en la l\u00ed\u00adnea neotestamentaria, lig\u00e1ndolos uno con otro, porque el uno explica al otro y rec\u00ed\u00adprocamente reciben su valor, pero sin compararse; son dos carismas diversos, otorgados al pueblo de Dios en orden a la santidad a que todos estamos llamados.<\/p>\n<p>Hoy claramente se critican las met\u00e1foras: la expresi\u00f3n \u00abvita angelica\u00bb no puede pretender encontrar un fundamento exeg\u00e9tico serio en Mt 22,30; en todo caso no es un t\u00e9rmino significativo en nuestros d\u00ed\u00adas, pues corre el riesgo de privilegiar a los c\u00e9libes equipar\u00e1ndolos con los \u00e1ngeles. Tampoco la denominaci\u00f3n \u00absponsa Christi\u00bb puede apoyarse en el texto de 2 Cor 11,2, donde Pablo, hablando de su comunidad, proclama que la ha desposado como virgen pura con su \u00fanico esposo, Cristo. La aplicaci\u00f3n de la met\u00e1fora paulina es colectiva, y no se refiere ni a la virgen ni al alma. \u00abVirgines Christi maritae\u00bb es una expresi\u00f3n ajena a la actual sensibilidad, y acaso tambi\u00e9n peligrosa por se\u00f1alar una relaci\u00f3n especial y personal con Cristo. Finalmente, la met\u00e1fora \u00aboblatio perfecta\u00bb, tambi\u00e9n de origen paulino, es aplicable a todos los cristianos y no s\u00f3lo a los que viven en celibato, porque todos estamos llamados a ofrendar nuestras vidas en sacrificio al Se\u00f1or, al cual \u00fanicamente pertenecemos todos los cristianos.<\/p>\n<p>\u00bfHemos de quedarnos, entonces, hoy sin met\u00e1foras? Desde luego, hoy no es f\u00e1cil formular met\u00e1foras significativas para nosotros; lo prudente, para evitar ideolog\u00ed\u00adas sobre el celibato, es referirse a las palabras de Cristo, que lo definen como \u00abeunouchia\u00bb; palabras crudas y sin valencias m\u00ed\u00adsticas, pero que podr\u00e1n ayudar a comprender mejor la realidad del celibato al escogerlo lo mismo que al vivirlo. Por esto creo preferible hablar de celibato sin m\u00e1s, prestando atenci\u00f3n a la situaci\u00f3n de la vida antes que a las caracter\u00ed\u00adsticas que se le puedan atribuir. C\u00e9libe significa vivir sexualmente solo. El celibato religioso no es otra cosa que este estado elegido por obediencia a una llamada por el reino de Dios.<\/p>\n<p>III. Problem\u00e1tica y sensibilidad actuales<br \/>\nHoy, como en tiempos de Cristo, el celibato por el reino de Dios es con frecuencia motivo de esc\u00e1ndalo y suscita reacciones que van desde la incredulidad respecto a su posibilidad hasta el desprecio. No obstante, ante el rechazo actual del valor del celibato por parte a menudo de los cristianos, y a veces incluso de personas que se han comprometido a vivirlo, hay que responder tambi\u00e9n: el que pueda entender, que entienda, pues a pocos les es dado comprenderlo. Evidentemente, la actual valoraci\u00f3n est\u00e1 marcada por la reacci\u00f3n a la apolog\u00ed\u00ada tradicional del celibato frente al matrimonio, y las discusiones sirven de muy poco; s\u00f3lo anunciando, s\u00f3lo a trav\u00e9s de la fidelidad a la palabra de Dios, es posible salir de esta patolog\u00ed\u00ada. El celibato forma parte del caro precio de la gracia, igual que la fidelidad conyugal, y es un lugar cristol\u00f3gico por excelencia; sin \u00e9l se depaupera peligrosamente el mensaje cristiano. Es f\u00e1cil comprobar en aquellas \u00e1reas de la Iglesia en las cuales se lo impugna y niega que tambi\u00e9n otros valores -entre ellos, ante todo, el matrimonio- han perdido mucho de su significado, de aquel signo que la revelaci\u00f3n, y no una ideolog\u00ed\u00ada religiosa humana, les hab\u00ed\u00ada otorgado. El celibato cristiano es vocaci\u00f3n, desprendimiento, amor a Cristo, don dado para la utilidad de la Iglesia, signo de la realidad del reino que viene.<\/p>\n<p>1. EL CELIBATO COMO VOCACI\u00ed\u201cN &#8211; El celibato es, ante todo, una vocaci\u00f3n que sit\u00faa al cristiano que responde a ella en un estado carism\u00e1tico. Desde luego, es un fen\u00f3meno humano y, en cuanto tal, vivido por hombres y mujeres como elecci\u00f3n o como necesidad; pero se lo puede aceptar tambi\u00e9n por razones de fe, bajo la moci\u00f3n de la palabra de Dios y de la vocaci\u00f3n interior, como obr\u00f3 del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Al celibato en cuanto don de Dios s\u00f3lo queda darle un \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb pronunciado con obediencia, con humildad y secundando una llamada que no viene de la carne y de la sangre, sino del Se\u00f1or. Jam\u00e1s se subrayar\u00e1 bastante esta cualidad vocacional del celibato; en efecto, es v\u00e1lido y significativo y responde libremente a la llamada interior, verdadera gracia en el sentido b\u00ed\u00adblico de la palabra. Dios llama con una palabra creadora y eficaz; inicia un di\u00e1logo con el creyente: con lo que es, no contra lo que es capaz de ser; pero el creyente, a su vez, debe dar una respuesta r\u00e1pida, total, confiada. As\u00ed\u00ad se entra en la din\u00e1mica del reino; a partir de ese momento ya no es uno due\u00f1o de la vocaci\u00f3n. El hecho humano de hacerse eunuco se convierte en el \u00abs\u00ed\u00ad\u00bb a Dios por causa del reino de los cielos; la actitud humana se vuelve carisma, se vuelve misterio; \u00e9sta es la concretizaci\u00f3n obligada e inmediata de la vocaci\u00f3n y, por tanto, tambi\u00e9n del celibato, que no es fin en s\u00ed\u00ad mismo, aun cuando constituya la verdad esencial de una persona. En la praxis del celibato, el hombre no se \u00f1a de s\u00ed\u00ad mismo ni de sus fuerzas, no acepta un compromiso con el hombre, pero no es dejado a merced de su impotencia, porque el Esp\u00ed\u00adritu mismo es quien interviene y acepta un compromiso con el celibato, sin volverse nunca atr\u00e1s, sin arrepentirse nunca de la vocaci\u00f3n concedida y de las promesas hechas. As\u00ed\u00ad, el celibato por el reino de Dios se convierte en un hecho, en una alianza entre Dios y el creyente expresada en la profesi\u00f3n, en los votos pronunciados delante de toda la Iglesia, y escapa a los peligros del subjetivismo y del diletantismo. En la aceptaci\u00f3n -que no puede dejar de ser definitiva- de la llamada al celibato, Dios comienza una obra y se compromete \u00e9l mismo a llevarla a t\u00e9rmino. Al hombre no le queda, pues, m\u00e1s que el amor vivido cada d\u00ed\u00ada, permanecer en su puesto, donde ha sido llamado, custodiando con vigilancia este don que forma parte de lo que amamos por voluntad de Dios frente a los hombres. Con \u00abparresia\u00bb, el c\u00e9libe debe esperar un juicio positivo de Dios sobre \u00e9l, viviendo con inteligencia espiritual este estado de celibato. Como en la salvaguardia de cualquier carisma, tambi\u00e9n en el celibato hay que huir, perseguir (1 Tim 6,11), romper, si es necesario, los v\u00ed\u00adnculos y relaciones que podr\u00ed\u00adan desfigurar la vocaci\u00f3n, y ello en funci\u00f3n de una caridad cada vez m\u00e1s profunda, en funci\u00f3n del amor a Cristo. Perseguir significa perseverar, permanecer, esperar, ser constante. Evidentemente, no es una opci\u00f3n f\u00e1cil comprometerse al celibato, pero el problema de la fidelidad se realiza en el terreno de la fe, creyendo o no creyendo en el poder de Dios. Si se cree, entonces el don se reaviva constantemente.<\/p>\n<p>Frente a la crisis de la vocaci\u00f3n y a la discusi\u00f3n del compromiso, tampoco faltar\u00e1n la gracia y la fidelidad de Dios; ello bastar\u00e1 para reanimar la vocaci\u00f3n y permitirnos asumirla de nuevo en toda su amplitud. La din\u00e1mica espiritual de la vocaci\u00f3n al celibato se nutre de fe, de asiduidad con el Se\u00f1or, de oraci\u00f3n y tambi\u00e9n, aunque hoy esta palabra desagrade a muchos, de prudencia. No se puede ir contra los datos elementales de la psique y del coraz\u00f3n humano y jugar con el celibato, arriesg\u00e1ndose continuamente por encima de las propias fuerzas, sin un m\u00ed\u00adnimo de higiene espiritual, pretendiendo luego permanecer con alegr\u00ed\u00ada en el estado de eunuco por el reino de Dios. El celibato, como cualquier otro don de Dios, requiere gratitud a Dios; necesita vigilancia y se nutre de la proximidad al Se\u00f1or. Al amor que llama s\u00f3lo se puede responder con el amor que se da libremente. S\u00f3lo as\u00ed\u00ad se puede comprender y mostrar que el celibato es un hecho de revelaci\u00f3n, un instrumento de anuncio, al igual que el matrimonio; no es un estado de perfecci\u00f3n ni un valor \u00e9tico y religioso, a no ser de rechazo, como consecuencia de su realidad de fe. Es, ante todo, un hecho revelador: el mundo pasa con su escena, el tiempo es breve; entonces, ante la inminencia del reino de Dios que viene, es posible permanecer c\u00e9libe viviendo esta locura evang\u00e9lica del celibato, tan cercana al mysterium crucis [\/Cruz].<\/p>\n<p>2. EL CELIBATO COMO DESPRENDIMIENTO Y ABANDONO &#8211; El celibato cristiano supone, adem\u00e1s, una dimensi\u00f3n de abandono que, desgraciadamente, hoy no se siente ya ni se destaca. El celibato, en efecto, no es s\u00f3lo ausencia de relaciones genitales y de vida de pareja; es, como lo ha demostrado el evangelio y la multiplicidad de las formas en las cuales ha sido vivido hist\u00f3ricamente de modo aut\u00e9ntico, abandono de la familia y de los parientes. En este sentido, se puede ver el celibato como un despojarse, un hacerse m\u00e1s pobre, asemej\u00e1ndose a los que se ven forzados a vivir solos, sin familia, porque no han podido construirla o porque la han perdido. En el celibato cristiano se abandona todo para seguir al Se\u00f1or, y nos introducimos en una l\u00f3gica nueva, encontrando hermanos nuevos, hermanas nuevas, casas nuevas en el orden del c\u00e9ntuplo. La misma comunidad cristiana de vida com\u00fan [\/Comunidad de vida] resulta posible por el celibato; encuentra un aut\u00e9ntico lugar de revelaci\u00f3n si es vivida correctamente y en plenitud. Como en el reino futuro, el celibato permite ya desde ahora a hombres y mujeres vivir juntos y con unanimidad en el r\u00e9gimen de la agape; no se eligen bas\u00e1ndose en la carne o la sangre, en la simpat\u00ed\u00ada o el afecto humano, sino en la obediencia a la misma vocaci\u00f3n o en el desarrollo del mismo ministerio. A estas dimensiones espirituales de valencias antropol\u00f3gicas es particularmente sensible el hombre de hoy; por ello habr\u00ed\u00ada que darles mayor relieve. Se garantizar\u00ed\u00ada as\u00ed\u00ad un celibato m\u00e1s gozoso y transparente, que no dar\u00ed\u00ada lugar a razonamientos ambiguos y peligrosos, formulados con frecuencia incluso por quienes presumen de maestros de espiritualidad, invitando a los c\u00e9libes a la amistad personal [\/Amistad]. \u00c2\u00a1No! El celibato entra\u00f1a una dimensi\u00f3n de castraci\u00f3n que no es posible borrar y que significa permanecer solos obedeciendo a la propia vocaci\u00f3n, incluso en la vida com\u00fan y en medio de los hombres. Sobre todo hoy, cuando las ciencias modernas insisten en la ! sexualidad como forma de lenguaje, no habr\u00ed\u00ada que ser tan simples como para creer en la posibilidad de relaciones privilegiadas y afectivas de quien es c\u00e9libe por el reino. Las pasiones y los afectos no quedan destruidos, pero en el r\u00e9gimen de pobreza y abandono que implica el celibato deben convertirse en afecto a quien hace la voluntad del Padre; el afecto se puede medir aqu\u00ed\u00ad por la cercan\u00ed\u00ada al Se\u00f1or y a su palabra. De hecho, sin esta conversi\u00f3n de las pasiones se vivir\u00ed\u00ada un celibato mutilado, que recuerda m\u00e1s la situaci\u00f3n del soltero que la de quien tiende enteramente a la asiduidad con el Se\u00f1or en la soledad del celibato.<\/p>\n<p>3. EL SIGNIFICADO CRISTOL\u00ed\u201cGICO, ECLESIAL Y ESCATOL\u00ed\u201cGICO DEL CELIBATO &#8211; El significado cristol\u00f3gico se pone de manifiesto con el celibato vivido por amor de Cristo, por amor a su persona. A Cristo no solamente se le sigue, no solamente se le obedece; se le ama ante todo con un amor personal. Este car\u00e1cter central de la persona de Cristo lo subrayan los evangelistas: \u00abTodo el que deja casa&#8230;, mujer, hijos o campos por mi nombre\u00bb, refiere Mateo (19,29), que coloca esta motivaci\u00f3n en primer lugar, lo mismo que Marcos, el cual dice tambi\u00e9n \u00abpor m\u00ed\u00ad o por el evangelio\u00bb (10,29). Pues bien, precisamente por amor a Cristo, por referencia a \u00e9l, el creyente permanece c\u00e9libe y asume definitivamente este estado. Cristo fue c\u00e9libe no porque el matrimonio fuese para \u00e9l una realidad negativa; escogi\u00f3 este estado por la urgencia de su misi\u00f3n, por su asiduidad absoluta con el Padre. Tambi\u00e9n el creyente, como Cristo, puede vivir la llamada y anunciar a trav\u00e9s del celibato la venida de Cristo que lo ha consumado todo, haciendo ahora breve la historia e inaugurando el reino de Dios. El amor con que se ama a Cristo es el amor m\u00e1s grande de que pueden ser capaces un hombre y una mujer, y este amor hace a todas las dem\u00e1s realidades relativas a la persona del Se\u00f1or. Tambi\u00e9n el abandono de los afectos y de los lazos de que estaba tejida la vida de quien acepta seguirle en el celibato es una consecuencia de este amor m\u00e1s grande y total. No se trata de superioridad respecto a las cosas, sino de valorarlas en relaci\u00f3n con \u00e9l, de aprender a amarlas por referencia a \u00e9l. Este car\u00e1cter central de Cristo, mantenido vivo por la asiduidad, por el di\u00e1logo continuo en la oraci\u00f3n y por la lectura de la palabra de Dios, es la condici\u00f3n que permite vivir el celibato en la fidelidad y hacer que se convierta en alegr\u00ed\u00ada y paz [\/Cristocentrismo].<\/p>\n<p>En el amor de Cristo, el celibato se abre tambi\u00e9n a una dimensi\u00f3n eclesial. Las vocaciones y los carismas son muchos en la Iglesia, pero todos se dan para el bien com\u00fan. As\u00ed\u00ad, el don del celibato no es para el que es llamado a \u00e9l, sino para la Iglesia y para la humanidad. Su finalidad no la tiene en si; la encuentra en el servicio, en el anuncio que permite hacer. Por eso el celibato se vive con desprendimiento del mismo celibato; pues es instrumento y no fin, y debe expresarse de modo inequ\u00ed\u00advoco y visible en un compromiso reconocido por la Iglesia. La dimensi\u00f3n eclesial no consiste tanto en la mayor disponibilidad para el servicio y la misi\u00f3n que incumbe al c\u00e9libe respecto al casado cuanto en la realidad de la vida misma del c\u00e9libe y en su condici\u00f3n de testigo del poder de Dios, que le hace mensaje viviente entre los cristianos. El celibato es el lugar en que se muestra de modo categ\u00f3rico que se cree en el poder de Dios, el cual act\u00faa en la vida de uno. La diacon\u00ed\u00ada es entonces consecuencia y cumplimiento del mandamiento \u00fanico y v\u00e1lido para todo cristiano de amarse unos a otros coi el mismo amor de Cristo, que se hizo siervo de todos y dio su vida por los hermanos. La diacon\u00ed\u00ada no puede constituir la motivaci\u00f3n del celibato o su fundamento eclesial [\/Iglesia].<\/p>\n<p>Destaquemos, finalmente, en el celibato el significado escatol\u00f3gico, en cuanto anuncio del reino que viene y profec\u00ed\u00ada del retorno de Cristo. En el reino no habr\u00e1 ya ni hombres ni mujeres, sino una sola cosa en Cristo. La sexualidad y el matrimonio cesar\u00e1n, porque el sexo no es una realidad \u00faltima, sino pen\u00faltima. La escena de este mundo pasa; la condici\u00f3n a que est\u00e1 sujeta la realidad terrena no tiene ya fuerza para ligarnos; todo es inconsistente. Las cosas han sido sometidas a la vanidad, porque Cristo ha venido y el reino de Dios est\u00e1 ya entre nosotros. Cuando llama al celibato, Cristo hace comprender que todas las cosas desaparecer\u00e1n, o mejor, resucitar\u00e1n, y entonces Dios lo ser\u00e1 todo en nosotros (1 Cor 15,28). Desde ahora su gracia y su poder llena y colma la existencia de quien lo busca en el celibato y le permite vivir en la pobreza de haberlo abandonado todo, en la debilidad y la soledad, en la incompletez, en la renuncia a tener una descendencia, sabiendo que Dios salva esta vida suya y esperando que la har\u00e1 resucitar [\/Escatolog\u00ed\u00ada].<\/p>\n<p>E. Bianchi<br \/>\nBIBL.-AA. VV.. Virginidad y celibato. Un servicio sin divisi\u00f3n a la Iglesia en nuestro tiempo, Verbo Divino, Estella 1969.-AA. VV., El celibato sagrado, Paulinas. Madrid 1970.-AA. VV., El celibato, Herder, Barcelona 1970.-Audet, J. P, Matrimonio y celibato ayer, hoy y ma\u00f1ana, Descl\u00e9e, Bilbao 1972.-Dominian, J. Maturit\u00e9 gffective et vie ehr\u00e9tienne, Cerf, Par\u00ed\u00ads 1978.-Gentili, E, L&#8217;amour dans le c\u00e9libat, Lethielleux, Par\u00ed\u00ads 1969.-Gentil\u00ed\u00ad. E, L&#8217;amore, 1&#8217;amicizia e Dio. Contributo a una neceen, Gribaudi, lhr\u00ed\u00adn 1978.-Hortelano, A, Celibato, interrogante abierto, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1971.-Macgoey, J. H, \u00bfMe arriesgar\u00e9 a amar? Reflexiones a un c\u00e9libe, Sal Terrae, Santander 1974.-Mynarek, H, Eros y clero, Caralt, Barcelona 1979.-Oraison, M, El celibato, Estela, Barcelona 1970.-Rivas Con-de, J. M, El mito del celibato sacerdotal, Madrid 1978.-Rodr\u00ed\u00adguez, M, El celibato, \u00bfinstrumento de gobierno? \u00bfBase de una estructura?, Herder, Barcelona 1975.-Rondet, M. El celibato evang\u00e9lico en un mundo mixto, Sal Terrae, Santander 1980.-Thurian, M. Mariage et celibat, Neuch\u00e1tel 1964.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. El celibato en la Escritura: 1. En la econom\u00ed\u00ada del AT; 2. En el NT: a) Mt 22,23-33, b) Mi 19,3-12, c) Lc 18,296-30, d) 1 Cor 7 &#8211; II. La evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del celibato y sus im\u00e1genes tradicionales: 1. La iglesia apost\u00f3lica; 2. El s. II de la era cristiana; 3. El &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/celibato-y-virginidad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCELIBATO Y VIRGINIDAD\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17073","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17073","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17073"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17073\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17073"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17073"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17073"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}