{"id":17074,"date":"2016-02-05T11:07:20","date_gmt":"2016-02-05T16:07:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cientifico\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:20","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:20","slug":"cientifico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cientifico\/","title":{"rendered":"CIENTIFICO"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Introducci\u00f3n &#8211; 11. El m\u00e9todo cient\u00ed\u00adfico &#8211; III. La vocaci\u00f3n del cient\u00ed\u00adfico &#8211; IV. La misi\u00f3n del cient\u00ed\u00adfico &#8211; V. Los resultados de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica &#8211; VI. Perspectivas de la ciencia.<\/p>\n<p>1. Introducci\u00f3n<br \/>\nNos toca hablar aqu\u00ed\u00ad del cient\u00ed\u00adfico como uno de los protagonistas m\u00e1s notorios y quiz\u00e1 m\u00e1s responsables de nuestro mundo moderno, dominado por los avances vertiginosos de la t\u00e9cnica y, consecuentemente, enmara\u00f1ado y complejo en sus diversos aspectos y de dificil interpretaci\u00f3n en sus caminos y en sus metas. Un tema as\u00ed\u00ad no es nada sencillo; tanto m\u00e1s que el t\u00e9rmino \u00abcient\u00ed\u00adfico\u00bb nos recuerda la distinci\u00f3n entre los roles de \u00abhombre de ciencia\u00bb y \u00abhombre de fe\u00bb y nos plantea, adem\u00e1s, la cuesti\u00f3n de su coexistencia arm\u00f3nica o quiz\u00e1 antag\u00f3nica en una misma persona. Adem\u00e1s de examinar la figura del cient\u00ed\u00adfico bajo la faceta espec\u00ed\u00adfica de su trabajo y de sus deberes para con la sociedad humana, nos proponemos tambi\u00e9n considerar c\u00f3mo deber\u00ed\u00ada realizarse en cuanto cristiano y qu\u00e9 parte le toca en un mundo que la ciencia ha transformado profundamente, para bien o para mal, y de la cual espera en gran medida verse curado de sus males. Estimamos que, para proyectar algo de luz sobre todos estos aspectos, bastar\u00e1 con examinar las principales atribuciones del cient\u00ed\u00adfico, compendi\u00e1ndolas en los conceptos siguientes: el m\u00e9todo, la vocaci\u00f3n, la misi\u00f3n, los resultados y las perspectivas.<\/p>\n<p>Cada uno de estos elementos ser\u00e1 contemplado en funci\u00f3n de las dos actitudes que distinguen respectivamente al cient\u00ed\u00adfico y al creyente. En su confrontaci\u00f3n aflorar\u00e1 alg\u00fan que otro peligro de malentendido, de desacuerdo y de incomprensi\u00f3n, pero tambi\u00e9n, en un grado quiz\u00e1 insospechado, obtendremos abundante materia para un perfecto entendimiento y una armon\u00ed\u00ada prometedora.<\/p>\n<p>II. El m\u00e9todo cient\u00ed\u00adfico<br \/>\nLa ciencia, entendida modernamente -como aqu\u00ed\u00ad la consideramos-, tiene por modelo a la f\u00ed\u00adsica, si bien abarca m\u00e1s o menos estrictamente, comenzando por la qu\u00ed\u00admica y la biolog\u00ed\u00ada, todas las restantes disciplinas, que son igualmente objeto primordial del desarrollo tecnol\u00f3gico presente del mundo, y que se caracterizan por el mismo tipo de investigaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrico-racional y el empleo met\u00f3dico del an\u00e1lisis matem\u00e1tico. Es sabido que el m\u00e9todo experimental-inductivo de estas ciencias va de la comprobaci\u00f3n de los hechos a la hip\u00f3tesis y a la verificaci\u00f3n y tiende a la formulaci\u00f3n de leyes destinadas a formar en su conjunto una \u00abimagen del mundo\u00bb coherente y cada vez m\u00e1s vasta. Sabemos cu\u00e1n preciosas dotes de positividad y de realismo desarrolla en el investigador el ejercicio de este m\u00e9todo, so pena de fracasar. De la objetividad escrupulosa en la comprobaci\u00f3n de los hechos al discernimiento atento y al esp\u00ed\u00adritu cr\u00ed\u00adtico para cribarlos y relacionarlos; desde el humilde empe\u00f1o por adaptarse lo m\u00e1s posible al estilo de la naturaleza, incluso cuando al filo de la imaginaci\u00f3n se buscan hip\u00f3tesis v\u00e1lidas y funcionales, hasta el recurso final a experimentos decisivos para verificar si de las causas hipot\u00e9ticas se siguen los efectos previstos, hacen falta dotes que son el orgullo del cient\u00ed\u00adfico, pero que constituyen tambi\u00e9n el distintivo de las s\u00f3lidas virtudes y de la honradez intelectual caracter\u00ed\u00adsticas de todo aut\u00e9ntico cristiano. En realidad, son los requisitos de una investigaci\u00f3n fruct\u00ed\u00adfera de la verdad en todos los \u00f3rdenes: en el campo de las ciencias naturales, donde los resultados son verificables; en el campo filos\u00f3fico, donde por faltar una verificaci\u00f3n tangible s\u00f3lo es posible fiarse del recto equilibrio de la raz\u00f3n; en el campo teol\u00f3gico, en fin, donde se quiere explicar las premisas racionales de la fe cristiana, reconocer las fuentes de la revelaci\u00f3n y los motivos precisos de una elecci\u00f3n entre tantas religiones existentes. Bajo este aspecto, la adquisici\u00f3n de una mentalidad verdaderamente \u00abcient\u00ed\u00adfica\u00bb no puede menos de servir de ayuda al establecer las bases de una fe plenamente convencida y coherentemente vivida.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se explica entonces que muchos hombres de ciencia permanezcan alejados de este ideal y se sientan incapaces de una adhesi\u00f3n a la fe por su misma formaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica? Baste advertir que, a diferencia de una econom\u00ed\u00ada de la fe, que implica una autoridad, un mensaje divino y una regla de vida, la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica se centra en un sector de actividad muy delimitado y dejado por completo a la libre iniciativa del hombre, que no comporta principio alguno de autoridad, aceptaci\u00f3n de verdades dogm\u00e1ticas ni principios \u00e9ticos aut\u00f3nomos. Es una diferencia f\u00e1cilmente comprensible, que nos da la clave para eliminar todo malentendido. Si subsisten tantas dificultades se debe en gran parte a numerosos factores educativos y ambientales. La compaginaci\u00f3n entre actividad cient\u00ed\u00adfica y vida de fe se realiza de una forma ideal cuando ambas experimentan una evoluci\u00f3n arm\u00f3nica y paralela durante todo el per\u00ed\u00adodo de formaci\u00f3n; en cambio, se ve irremediablemente comprometida cuando, por carecer de elementos equilibradores, la mente acaba por cerrarse en un horizonte puramente cient\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>Aparecen entonces los efectos delet\u00e9reos de ese vicio profesional que se llama \u00abmentalidad especialista\u00bb. Si el cient\u00ed\u00adfico se siente propenso a este vicio, rehuir\u00e1 toda actividad intelectual que rebase su restringido campo de investigaci\u00f3n y rechazar\u00e1 toda ampliaci\u00f3n de horizontes en el campo de la ciencia misma, especialmente en sentido interdisciplinar. Sobre todo se opondr\u00e1 a ocuparse de conceptos que saben a filosof\u00ed\u00ada o a teolog\u00ed\u00ada, aunque s\u00f3lo ellos podr\u00ed\u00adan ofrecer una base s\u00f3lida a sus convicciones de fe. En cambio, si el que adolece de este mal es el investigador te\u00f3rico, el que elabora teor\u00ed\u00adas -el tipo de cient\u00ed\u00adfico en el que dormita el fil\u00f3sofo-, acabar\u00e1 por absolutizar las nociones cient\u00ed\u00adficas que le son familiares, las elevar\u00e1 al rango de principios universales del ser y del conocer, se limitar\u00e1 a desarrollar unilateralmente su personalidad de hombre y perder\u00e1 el sentido de las realidades metaf\u00ed\u00adsicas y de una verdad trascendente. Dejar\u00e1 entonces de resonar en su esp\u00ed\u00adritu el reino superior de las realidades espirituales: alma inmortal, existencia y acci\u00f3n de Dios en el mundo, redenci\u00f3n, iglesia y obligaciones que de ello se derivan. Lo m\u00e1s grave es que nos arriesgamos a emitir juicios de valor que son propios de una posici\u00f3n filos\u00f3fica, sin percatarnos de que ya no estamos en el campo de nuestra competencia, el \u00fanico en que se pod\u00ed\u00ada dictaminar con autoridad.<\/p>\n<p>Errores semejantes, avalados en apariencia por la ciencia o por representantes suyos de una cierta categor\u00ed\u00ada, han podido enga\u00f1ar a no pocos cient\u00ed\u00adficos y fil\u00f3sofos. Un caso bastante importante es la concepci\u00f3n mecanicista y determinista de la naturaleza, que se fue imponiendo desde la \u00e9poca de Galileo gracias a los \u00e9xitos de la mec\u00e1nica, lo mismo en el campo astron\u00f3mico que en el molecular. Se lleg\u00f3, en efecto, a la concepci\u00f3n de un mundo-m\u00e1quina, terminando por pensar que tambi\u00e9n los organismos vivos y el hombre mismo no eran otra cosa que meras m\u00e1quinas. En todo esto se apoyaron durante siglos los promotores de un materialismo ateo, o al menos de una idea distorsionada de Dios, proclamando la inutilidad de la oraci\u00f3n, la imposibilidad del milagro, la negaci\u00f3n de toda libertad. Cuando, m\u00e1s adelante, con el descubrimiento de los \u00abcuantos\u00bb (Planck, 1900) y de la teor\u00ed\u00ada de la relatividad (Einstein, 1905), una poderosa r\u00e1faga de novedad conmovi\u00f3 a la f\u00ed\u00adsica, el viejo cientifismo revisti\u00f3 formas nuevas no menos mort\u00ed\u00adferas.<\/p>\n<p>Ante todo, el indeterminismo microfisico cuantista de Heisenberg pareci\u00f3 destruir el principio de causalidad (hasta el punto de que fil\u00f3sofos como Ores[ano pensaron que las pruebas de la existencia de Dios fundadas en dicho principio perd\u00ed\u00adan su valor) y se teoriz\u00f3 hasta la saciedad sobre un mundo no dominado ya por leyes f\u00e9rreamente necesarias, sino abandonado al capricho de la pura casualidad. En cuanto a la teor\u00ed\u00ada de Einstein, a muchos se les antoj\u00f3 que la demostraci\u00f3n de la relatividad de las medidas de espacio y de tiempo seg\u00fan el estado de movimiento del que mide implicaba una verdadera relatividad filos\u00f3fica, es decir, el reconocimiento de la inexistencia de un valor inmutable o de una entidad absoluta cualesquiera. El primero de estos errores, debido al impacto de novedades sorprendentes no profundizadas suficientemente, fue corregido por el mismo Heisenberg, quien demostr\u00f3 que el indeterminismo no podr\u00ed\u00ada ofrecer una base epistemol\u00f3gica v\u00e1lida para la negaci\u00f3n de la causalidad f\u00ed\u00adsica&#8217;. En lo que respecta al segundo error es bien sabido que el reconocimiento de ciertas realidades f\u00ed\u00adsicas relativas no ha hecho otra cosa que trasladar el car\u00e1cter de absolutividad (invariabilidad) de estas realidades a otras.<\/p>\n<p>Hubo tambi\u00e9n negaciones m\u00e1s radicales, como la del neopositivismo (de Viena y de Chicago), que, reduciendo la f\u00ed\u00adsica a mero formalismo de proposiciones, a puro an\u00e1lisis ling\u00fc\u00ed\u00adstico, a lo puramente observable, con exclusi\u00f3n de todo concepto y entidad de tipo metaf\u00ed\u00adsico, termin\u00f3 arrastrando a id\u00e9ntico desastre a la realidad del mundo material y a la misma f\u00ed\u00adsica que estudia sus leyes. Este punto de vista ha sido ampliamente refutado y se condena a s\u00ed\u00ad mismo por su misma excesiva negatividad&#8217;. Es evidente que los errores mencionados han podido turbar la fe de la gente sencilla y servir de c\u00f3modos pretextos y evasiones para la incredulidad, pero nunca han sido una causa determinante.<\/p>\n<p>Para cerrar estas observaciones sobre el m\u00e9todo, queremos insistir no tanto en las preciosas afinidades destacadas entre esp\u00ed\u00adritu cient\u00ed\u00adfico y esp\u00ed\u00adritu religioso cuanto en la necesidad de integrar el primero en el espacio m\u00e1s amplio del segundo, dotado de dimensiones m\u00e1s vastas. Las afinidades no bastan de por s\u00ed\u00ad para hacer reconocer -incluso pueden inducir a negarlo, cerr\u00e1ndose en una posici\u00f3n \u00abcientista\u00bb- ese \u00abm\u00e1s\u00bb que integra y da plenitud a una aut\u00e9ntica vida de fe. Si no se puede justificar mediante el m\u00e9todo cient\u00ed\u00adfico el contenido intr\u00ed\u00adnseco de las verdades de fe (dogmas); se deber\u00e1 admitir por lo menos, en sana l\u00f3gica, que esas verdades, aunque inaccesibles a la raz\u00f3n, han de aceptarse porque no tenemos otro camino que la revelaci\u00f3n para poseerlas de una forma segura.<\/p>\n<p>III. La vocaci\u00f3n del cient\u00ed\u00adfico<br \/>\nEl mundo material es para el cristiano expresi\u00f3n del pensamiento de Dios, reflejo lejano de su belleza y don de su amor. Por eso es normal que nos dediquemos a la ciencia, cuyo cometido es investigar el universo para descifrar su plan, como atra\u00ed\u00addos por la fascinaci\u00f3n de una verdad misteriosa que se esconde en las cosas. \u00bfC\u00f3mo no hablar de \u00abvocaci\u00f3n\u00bb en el caso de quienes se sienten atra\u00ed\u00addos por la ciencia hasta el punto de dedicarle toda la vida, y c\u00f3mo no temer que esta opci\u00f3n se realice por motivos menos dignos? Tan s\u00f3lo a retazos aparece esta fascinante verdad en los sectores m\u00e1s diversos, pero no es tanto su traducci\u00f3n en aplicaciones t\u00e9cnicas cuanto su coordinaci\u00f3n en una s\u00ed\u00adntesis cada vez m\u00e1s amplia lo que sacia el intelecto. Ella resarce mucho mejor a la sociedad del dispendio y de los sacrificios que la empresa cient\u00ed\u00adfica lleva consigo en conjunto. M\u00e1s a\u00fan, un trabajo de investigaci\u00f3n que no vaya seguido o acompa\u00f1ado de un esfuerzo de reelaboraci\u00f3n mental que permita comprender a la gran masa de los no especialistas los resultados y la problem\u00e1tica a que se entregan los cient\u00ed\u00adficos, privar\u00ed\u00ada a la tarea cient\u00ed\u00adfica de una de sus finalidades esenciales.<\/p>\n<p>Cumplen con este deber cuantos se dedican a la llamada \u00abdivulgaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica\u00bb, trabajo de capital importancia porque sensibiliza con los problemas de la ciencia a amplios estratos de la sociedad y los hace part\u00ed\u00adcipes de sus logros. El arte del divulgador, cient\u00ed\u00adfico y a la vez un poco fil\u00f3sofo, deber\u00ed\u00ada ofrecer una s\u00ed\u00adntesis de los resultados m\u00e1s significativos despojados de todo tecnicismo, haciendo tambi\u00e9n revivir los afanes y el dramatismo de la investigaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como la profunda alegr\u00ed\u00ada del descubrimiento. A muchos cient\u00ed\u00adficos de hoy, volcados en su esfuerzo cotidiano y conscientes de la enorme distancia existente entre todo campo restringido de investigaci\u00f3n especializada y una visi\u00f3n global, les parece anacr\u00f3nica semejante idea, y les suena a poes\u00ed\u00ada de otros tiempos perdida en la jungla de la ciencia moderna.<\/p>\n<p>A esa \u00abpoes\u00ed\u00ada\u00bb se contrapone la condici\u00f3n concreta en que act\u00faa el investigador experimental; condici\u00f3n prosaica, si se tiene en cuenta la necesidad de fijarse siempre objetivos muy restringidos y la rigurosa atenci\u00f3n a mil detalles t\u00e9cnicos particulares que reclaman una paciencia infinita, un trabajo y una dedicaci\u00f3n sin l\u00ed\u00admites: \u00abPaciencia, paciencia&#8230;, cada \u00e1tomo de silencio produce el don de un fruto maduro\u00bb. S\u00f3lo a este precio se consigue aportar un peque\u00f1o grano de arena al gran edificio del conocimiento. Muchas veces el investigador se especializa en un solo aparato (Wilson en la c\u00e1mara de niebla, Aston en el espect\u00f3grafo de masas&#8230;), \u00abnuevo quiz\u00e1, pero perfeccionado de continuo seg\u00fan un determinado pensamiento&#8230;, lo construye con celoso cuidado, con una paciencia de benedictino, con una precisi\u00f3n de relojero&#8230;, se aficiona a \u00e9l y forma cuerpo con \u00e9l\u00bb, trabaja en \u00e9l durante toda la vida y es incre\u00ed\u00adble el tiempo que debe emplear en perfeccionar cada detalle&#8217;. Si le acontece descubrir algo, muchas veces no sabe que ya lo hab\u00ed\u00ada previsto otro te\u00f3rico, porque de hecho no tiene tiempo para leer ni la forma mentis para entender las obras de los te\u00f3ricos (as\u00ed\u00ad sucedi\u00f3 a Davisson y a Germer con la difracci\u00f3n de los electrones prevista por De Broglie, y a Anderson con el positr\u00f3n ya previsto por Dirac).<\/p>\n<p>Y as\u00ed\u00ad, como lo hemos enunciado en el caso del m\u00e9todo, la vida del investigador resulta muy semejante a la ascesis cristiana por la austeridad y el sacrificio. S\u00f3lo la dedicaci\u00f3n a una causa noble, aunque no sea m\u00e1s que la conquista de una brizna de verdad, puede justificarla. Realmente, \u00aball\u00ed\u00ad donde existe algo bueno debe existir el respaldo de una fuerza espiritual\u00bb&#8216;, por eso bastar\u00e1 referir estas verdades particulares a su fuente primitiva para reconocerlas como don de Dios que irradia sobre nosotros y sentirnos incitados al verdadero ascetismo cristiano. El Vat. II ha subrayado la vigencia de estos valores humanos en orden a su recuperaci\u00f3n en Cristo. En su Esp\u00ed\u00adritu -nos dice- somos vivificados y reunidos mientras \u00abcaminamos como peregrinos hacia la consumaci\u00f3n de la historia humana, la cual coincide plenamente con su amoroso designio\u00bb (GS 45). Esta ha sido siempre la conciencia de la Iglesia seg\u00fan las palabras de Pablo: \u00abRecapitular todas las cosas en Cristo, las de los cielos y las de la tierra\u00bb (Ef 1,10), ya desde mucho antes del Concilio: \u00abA pesar del pecado original, todo conserva el sello divino. Todo puede ser orientado, utilizado -como el herido puede ser curado y trabajar-. Originariamente, todo ha sido redimido por Cristo. La bendici\u00f3n de Dios se ha derramado sobre las cosas, los seres y las actividades humanas. Jam\u00e1s pens\u00f3 la Iglesia que las cosas fuesen malas. La maldad reside en el coraz\u00f3n del hombre que de ellas abusa, haci\u00e9ndolas gemir bajo el peso de una perversa dominaci\u00f3n. Los cielos cantan continuamente la gloria de Dios. El hombre ha recibido y conserva la vocaci\u00f3n de hijo de Dios. El esfuerzo humano est\u00e1 destinado a perfeccionar el universo y a redimir las almas. Las realidades, los valores temporales pueden estar heridos y ser peligrosos, pero de suyo son siempre inocentes y dignos de ser amados\u00bb.<\/p>\n<p>Mas entonces, precisamente desde una situaci\u00f3n que podr\u00ed\u00ada parecer prosaica y en virtud de la l\u00f3gica superior del Evangelio -\u00absi el grano de trigo&#8230; no muere queda solo, pero si muere produce mucho fruto\u00bb (In 12,24)-, reflorece la poes\u00ed\u00ada \u00ed\u00adntima que precede de lejos a la estaci\u00f3n de los frutos. Pero estos frutos saciar\u00e1n nuestra sed de conocimiento tan s\u00f3lo encuadrados en una s\u00ed\u00adntesis, en una visi\u00f3n de conjunto que hay que contemplar. Hablaremos nuevamente de ello al referirnos a los resultados. Aqu\u00ed\u00ad nos limitamos a observar que se trata de cuadros que captan aspectos de una visi\u00f3n del mundo en distintos niveles, a manera de otras tantas representaciones pict\u00f3ricas de una realidad id\u00e9ntica, inagotable en sus aspectos y nunca explorada por completo. As\u00ed\u00ad pues, el cient\u00ed\u00adfico cristiano est\u00e1 llamado a trabajar como artista con una sensibilidad redoblada por las dos nobil\u00ed\u00adsimas cualidades que personifica. Est\u00e1 llamado a comunicar el mundo de maravillas y de belleza que ha descubierto. Esta es la esencia de su vocaci\u00f3n a nivel de conocimiento: transmitir esa alegr\u00ed\u00ada de conocer la sabidur\u00ed\u00ada que hay en las cosas y que hace de este mundo creado un don de amor inefable.<\/p>\n<p>IV. La misi\u00f3n del cient\u00ed\u00adfico<br \/>\nLa religi\u00f3n tiene un objetivo ben\u00e9fico con respecto al ser humano: hacer que consiga plenamente su fin; en consecuencia, al cient\u00ed\u00adfico cristiano le incumbe una misi\u00f3n salvifica correlativa frente a la sociedad humana. El universo material es para el pensamiento cristiano una realidad consagrada, porque es obra de un Dios infinitamente adorable, personal y trascendente; de un Dios que ha dejado impresos en su obra los rasgos reconocibles de su unicidad, sabidur\u00ed\u00ada, bondad, amor y alegr\u00ed\u00ada en un grado inefable; de un Dios, sobre todo, que ha creado al hombre a su imagen, es decir, como ser consciente y dotado de voluntad, y le ha conferido un dominio cognoscitivo y operativo sobre el universo cada vez m\u00e1s pleno para remodelarlo y humanizarlo. En cuanto creaci\u00f3n a la que \u00e9l mismo est\u00e1 llamado a cooperar, este mundo grandioso est\u00e1 lejos de ser para el cristiano un aparato monstruoso y fatal, indiferente al bien y a los destinos humanos. Al rev\u00e9s de lo que sucede en cualquier otra religi\u00f3n, para la cristiana las vicisitudes del tiempo no son un desplegarse en el vac\u00ed\u00ado ni un \u00abeterno retorno\u00bb inexpresivo y c\u00ed\u00adclico, sino una historia, un desarrollo lineal y un imperativo de progreso hacia una meta.<\/p>\n<p>Si el contorno preciso de esta meta se difumina en el misterio escatol\u00f3gico, el valor de las promesas justifica las m\u00e1s radiantes esperanzas. Cierto que la sombra del pecado oscurece el reino de la naturaleza y del hombre, pero el encuentro con Cristo nos ofrece una capacidad de rehabilitaci\u00f3n verdaderamente sublime. En el hecho de la encarnaci\u00f3n se realiza una s\u00ed\u00adntesis de las entidades que parec\u00ed\u00adan m\u00e1s opuestas; no s\u00f3lo se citan en ella la materia y el esp\u00ed\u00adritu, sino tambi\u00e9n la naturaleza y la gracia, el ser creado y el Creador, el hombre y Dios. Es un hecho de implicaciones y consecuencias profund\u00ed\u00adsimas, que est\u00e1 lejos de haber sido explorado. En \u00e9l se rescatan la naturaleza y el hombre; y las mismas actividades humanas, entre ellas la construcci\u00f3n de la ciencia y de la t\u00e9cnica, adquieren un valor impensable en cualquier otra concepci\u00f3n de la realidad. Se explica entonces suficientemente el hecho com\u00fanmente admitido de que la ciencia f\u00ed\u00adsico-matem\u00e1tica haya tenido origen exclusivamente -y no por mera casualidad- en un ambiente profundamente imbuido de ideas cristianas&#8217;. Sorprende, efectivamente, que una ciencia matem\u00e1tico-experimental de la naturaleza no haya surgido en ninguna de las grandes civilizaciones del pasado. Ni entre los griegos, tan buenos matem\u00e1ticos, astr\u00f3nomos y fil\u00f3sofos, ni entre los chinos o los indios, ni entre los hebreos. Ni siquiera entre los \u00e1rabes y los egipcios, que hab\u00ed\u00adan cultivado tanto las matem\u00e1ticas y hab\u00ed\u00adan desarrollado la alquimia, se vio nacer aquel tipo de investigaci\u00f3n emp\u00ed\u00adrico-racional de base matem\u00e1tica que caracteriza a la ciencia moderna y que ha condicionado su \u00e9xito. Se admite generalmente que fueron determinantes en este desarrollo los elementos antes indicados del pensamiento cristiano tal como se vivieron intensamente en el periodo escol\u00e1stico medieval. Este largo per\u00ed\u00adodo de dominio de la l\u00f3gica y de la teolog\u00ed\u00ada, presidido por el sentido de una racionalidad inexorable, por el concepto del orden y de la legalidad, proporcion\u00f3 indiscutiblemente al nacimiento de la ciencia una base ideal.<\/p>\n<p>Estos elementos fueron -repit\u00e1moslo una vez m\u00e1s- el agudo sentido de la racionalidad de la naturaleza (y, por tanto, de Dios y del hombre), el sentido de la historia y de la realidad progresiva del tiempo y, por \u00faltimo, el reencuentro de la dignidad del mundo material (que con la encarnaci\u00f3n del Verbo llega hasta la resurrecci\u00f3n de los cuerpos, a su glorificaci\u00f3n final y a la misma transfiguraci\u00f3n \u00faltima del mundo material en \u00abnueva tierra y nuevos cielos\u00bb), gracias a los cuales el universo no s\u00f3lo puede, sino que debe ser conocido y manipulado por el hombre, y \u00e9ste espoleado a tomar iniciativas laboriosas, ya que toda acci\u00f3n contingente tiene reflejos irrepetibles en el m\u00e1s all\u00e1. La ciencia moderna no es m\u00e1s que una estructura mental en perfecta consonancia con este imperativo. Si es cierto que no surgi\u00f3 sin contrastes y pol\u00e9micas, todo sucedi\u00f3 dentro del horizonte cristiano, ya que la casi totalidad de sus protagonistas fueron y quisieron continuar siendo creyentes. Una vez creado este poderoso instrumento, se lo reconoce como providencial, puesto que gracias a \u00e9l la misma concepci\u00f3n cristiana resulta incomparablemente m\u00e1s profunda y ampl\u00ed\u00ada sus horizontes a planos de realidad inalcanzables por otros caminos. En efecto, de un mejor conocimiento de lo creado se llega a un mejor conocimiento de Dios; y, por otra parte, la cooperaci\u00f3n en la obra de la creaci\u00f3n no puede tener otra meta que la de humanizarla; es decir, orientar el desarrollo tecnol\u00f3gico en un sentido favorable al hombre, con pleno respeto de sus finalidades extraterrenas.<\/p>\n<p>Pero hay m\u00e1s: si el cristianismo ha favorecido el nacimiento de la ciencia, \u00bfno sabr\u00e1 tambi\u00e9n, mediante sus m\u00e1s dignos exponentes, mantener la ciencia misma en su autenticidad frente a todas las sofisticaciones que la amenazan? Distorsiones deformadoras nos parece que puede sufrirlas la ciencia en tres momentos de su desarrollo. Al principio, cuando los presupuestos son err\u00f3neos o concretamente falsos o los prop\u00f3sitos no son \u00e9ticamente l\u00ed\u00adcitos; en el curso de su desarrollo, cuando se lleva a cabo con metodolog\u00ed\u00adas mal fundadas, arriesgadas o discutibles; en su conclusi\u00f3n, cuando se extraen consecuencias que rebasan las premisas o se realizan extrapolaciones m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00ed\u00admites de validez de un determinado campo de investigaci\u00f3n. Estos errores no s\u00f3lo constituyen la base del \u00abcienticismo\u00bb de quienes dan por v\u00e1lidas en otros campos, muchas veces incluso sin limitaci\u00f3n alguna, teor\u00ed\u00adas cient\u00ed\u00adficas m\u00e1s o menos comprobadas, sino tambi\u00e9n, con mentalidad an\u00e1logamente descaminada, de una cierta \u00abtecnolatrla\u00bb que propugna normas de acci\u00f3n en el campo social muchas veces inmorales y que son causa de da\u00f1os incalculables (por ejemplo, un birth control basado en valoraciones err\u00f3neas y realizado con pr\u00e1cticas abortivas).<\/p>\n<p>Volveremos sobre esta peligrosa ilusi\u00f3n de creer que la ciencia y la t\u00e9cnica pueden bastar para resolver todos los problemas del hombre, pero ya desde ahora se insin\u00faa esta pregunta: \u00bfQu\u00e9 se puede pedir al respecto del cient\u00ed\u00adfico cristiano? Deber\u00e1 proponerse orientar el mundo tecnol\u00f3gico actual hacia metas m\u00e1s humanas. Para ello es necesario que acepte sin reservas su misi\u00f3n, que act\u00fae como cient\u00ed\u00adfico con pleno rigor metodol\u00f3gico, dando ejemplo de honestidad profesional en un mundo que cede al compromiso y se doblega f\u00e1cilmente ante la demagogia. Es preciso tambi\u00e9n que viva su fe con verdadera plenitud, con compromiso y con sentido de responsabilidad en el plano del pensamiento y de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>V. Los resultados de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica<br \/>\nVeamos ahora c\u00f3mo se integran los resultados de la ciencia en una visi\u00f3n cristiana del mundo. Nos preguntamos: \u00bfQu\u00e9 verdades religiosas puede, por analog\u00ed\u00ada, evocar, expresar o destacar mejor una visi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica del mundo? Con ejemplos que se podr\u00ed\u00adan multiplicar, veremos que evoca algunos rasgos caracter\u00ed\u00adsticos de una concepci\u00f3n cristiana del mundo, de Dios y del hombre. El cristiano, por ejemplo, debe oponerse siempre a la idea del origen del universo como ordenaci\u00f3n, debida quiz\u00e1 al ocaso de una materia informe preexistente. Pues bien, la f\u00ed\u00adsica ha realizado enormes progresos en el campo del an\u00e1lisis microsc\u00f3pico de la materia y nos dice que est\u00e1 esencialmente ordenada desde sus estructuras m\u00e1s diminutas y desde su m\u00e1s \u00ed\u00adntima constituci\u00f3n: \u00abEl que la ha ordenado, la ha creado tambi\u00e9n, la ha ordenado cre\u00e1ndola, la ha creado en el orden. Creador y ordenador son un solo ser, dice la ciencia. No pod\u00ed\u00ada ordenar lo \u00ed\u00adntimo del ser sino quien lo cre\u00f3\u00bb.<\/p>\n<p>Asimismo, la fe nos dice que Dios cre\u00f3 el mundo como realidad destinada al hombre para que obtuviera de \u00e9l posibilidades de vida y luz de conocimiento. Ahora bien, esta luz proyecta destellos viv\u00ed\u00adsimos, seg\u00fan lo testifica lo ilimitado del saber, tanto en el campo inmenso de la ciencia como en las s\u00f3lidas construcciones de la filosof\u00ed\u00ada, y todo se ha realizado partiendo de la observaci\u00f3n inmediata de lo que resulta directamente accesible a los sentidos. Se ha procedido desde lo visible a lo invisible, desde lo tangible a lo inaccesible, desde lo diminuto a lo inconmensurable. Se ha llegado al reino de lo inmaterial, al mundo de los valores y de la metaf\u00ed\u00adsica. Pero una vez que, con la combinaci\u00f3n de instrumentos complejos y de razonamientos matem\u00e1ticos, se ha conseguido penetrar en los dos extremos opuestos del microcosmos y del macrocosmos, la f\u00ed\u00adsica se ha encontrado con algo alucinante y desconcertante. En el coraz\u00f3n del \u00e1tomo descubrimos todo un bullir inaprensible de corp\u00fasculos y de ondas que se suceden rebeldes a nuestros intentos de delimitar con precisi\u00f3n su identidad tan huidiza. En el orden de lo que estimamos las m\u00e1s profundas ra\u00ed\u00adces del ser, vemos que se esfuma la solidez y diafanidad confortable que caracteriza al mundo de nuestra experiencia inmediata, como lo ha establecido inexorablemente el principio de indeterminaci\u00f3n de Heisenberg. Pero \u00bfno se derrumba tambi\u00e9n de esta forma el mundo de la experiencia com\u00fan, y con \u00e9l todo el edificio de la ciencia y de los valores que hab\u00ed\u00adamos construido en \u00e9l? Adem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 hay de estable en la macroestructura del universo? Minada por una expansi\u00f3n precipitada y general, esta misma inmensidad material va dispers\u00e1ndose como destinada a desvanecerse en la nada. M\u00e1s a\u00fan, precisamente en cuanto totalidad c\u00f3smica, como estructura espaciotemporal en r\u00e1pida evoluci\u00f3n, no logramos formarnos una imagen clara y distinta del estado actual del universo independientemente de su historia. Pero todo esto refleja bien el concepto que tenemos del mundo como contingente, antol\u00f3gicamente inestable y creado de la nada. Incluso el hecho ya reconocido de constar de entidades sim\u00e9tricamente opuestas, \u00abpart\u00ed\u00adculas\u00bb y \u00abantipart\u00ed\u00adculas\u00bb (materia y antimateria), destinadas a suprimirse mutuamente, da una sensaci\u00f3n muy viva de ello.<\/p>\n<p>Volviendo al indeterminismo subat\u00f3mico, nos podemos preguntar qu\u00e9 sentido tiene la imposibilidad de sondear a fondo las ra\u00ed\u00adces m\u00e1s sutiles del mundo f\u00ed\u00adsico. Para ver, efectivamente, los componentes m\u00ed\u00adnimos del \u00e1tomo debemos iluminarlos, alterando con ello posiciones y movimientos. A este nivel se rebasan, como es l\u00f3gico, los l\u00ed\u00admites del conocimiento sensible. Para seguir adelante se necesita una luz m\u00e1s fina, m\u00e1s inmaterial: la del intelecto, que \u00ablee dentro\u00bb; es la metaf\u00ed\u00adsica, que reemplaza a la f\u00ed\u00adsica. Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 el fallo de la pretensi\u00f3n cientista, incluso limitada a la realidad material, de la autosuficiencia del m\u00e9todo cient\u00ed\u00adfico. Este no puede escudri\u00f1arla hasta el fondo, hasta tocar al t\u00e9rmino de sus exploraciones los s\u00f3lidos pilares de la arquitectura del universo. Ahora bien, estos pilares, que confieren al mundo su consistencia y lo hacen cognoscitivamente accesible al hombre -y esto desde siempre, mucho antes de que aprendi\u00e9ramos a fabricar microscopios, c\u00e1maras de Wilson y sincrotrones-, son de orden metaf\u00ed\u00adsico y reposan a su vez en los datos de la observaci\u00f3n com\u00fan. Podr\u00e1 resultar parad\u00f3jico, pero fue el mismo Heisenberg quien lo advirti\u00f3: \u00abLos conceptos del lenguaje natural, aunque vagamente definidos, parecen ser m\u00e1s estables en la expansi\u00f3n del conocimiento que los t\u00e9rminos precisos del lenguaje cient\u00ed\u00adfico obtenidos como idealizaci\u00f3n de un grupo de fen\u00f3menos muy limitados\u00bb. Ello se debe a que los primeros, \u00abformados en conexi\u00f3n inmediata con la realidad&#8230;, representan a la realidad misma\u00bb, mientras que los segundos tienen con ella un contacto m\u00e1s remoto por los razonamientos interpuestos. Se trata, en el fondo, del retorno de un pensamiento familiar a san Agust\u00ed\u00adn para subrayar el finalismo general de la creaci\u00f3n, es decir, de un mundo hecho para el hombre y dado al hombre como medio de elevaci\u00f3n; las cosas, en el fondo, no tienen naturaleza; si poseen una realidad que les es propia, en la medida en que sirven para el uso cotidiano, la pierden apenas la inteligencia se apresta a explicarlas.<\/p>\n<p>An\u00e1logas dificultades, dec\u00ed\u00adamos, aparecen cuando la atenci\u00f3n se dirige al otro polo del mundo, al macrocosmos. Aqu\u00ed\u00ad, sin embargo, no s\u00f3lo tropezamos con un principio de indeterminaci\u00f3n an\u00e1logo al que rige en la microf\u00ed\u00adsica, sino tambi\u00e9n -como ha advertido el cosm\u00f3logo McCrea, que lo ha introducido- con un principio de compensaci\u00f3n. En efecto, mientras que a causa de la evoluci\u00f3n c\u00f3smica ocurrida obtenemos informaciones cada vez m\u00e1s inciertas sobre los estadios originarios del universo observando las regiones m\u00e1s lejanas y, por lo tanto, m\u00e1s antiguas, sin embargo, cuanto m\u00e1s inciertos son estos datos tanto menos los necesitamos para deducir la evoluci\u00f3n c\u00f3smica subsiguiente hasta el estado actual \u00ab. Si esto es verdad, podemos deducir por v\u00ed\u00ada racional lo que no nos es dado conocer por v\u00ed\u00ada de observaci\u00f3n: que este universo, todav\u00ed\u00ada en fase de expansi\u00f3n, debe haber tenido un comienzo unitario; y que, adem\u00e1s, seg\u00fan hab\u00ed\u00ada observado con acierto Lemaitre, se ha desarrollado como desde una semilla en toda su grandiosa complejidad, desde una part\u00ed\u00adcula \u00fanica, desde un \u00e1tomo, modelo acabado de todas las especies at\u00f3micas subyacentes nacidas de \u00e9l y que comprende todas las potencialidades futuras de la materia. Nos encontramos aqu\u00ed\u00ad en el desenlace final -en espera de metas todav\u00ed\u00ada m\u00e1s significativas-de una tendencia sistem\u00e1ticamente operante en el seno de las diversas ciencias, como veremos a continuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Nos basta de momento comprobar que este desenlace final nos remite a la unidad de la causa y a la orientaci\u00f3n finalista que la acompa\u00f1a, es decir, a Dios, que en el universo revela su naturaleza y sus intenciones con respecto al hombre; efectivamente, podemos abarcar el universo en su inmensidad y reconocer sus rasgos generales. Tanto m\u00e1s que, seg\u00fan avanzaba la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica, hemos visto caer sucesivamente todas las barreras que un racionalismo miope hab\u00ed\u00ada fijado preconcebidamente al conocimiento humano. Es sabido que los l\u00ed\u00admites reconocidos devisibilidad de los microscopios \u00f3pticos se han visto imprevisiblemente superados por el ultramicroscopio y, despu\u00e9s, mucho mejor y m\u00e1s imprevisiblemente gracias al descubrimiento de L. de Broglie (de la onda asociada a las part\u00ed\u00adculas corpusculares), por el microscopio electr\u00f3nico, el prot\u00f3nico, etc. Es sabido tambi\u00e9n que apenas el positivista A. Comte hab\u00ed\u00ada proclamado la imposibilidad de conocer la composici\u00f3n qu\u00ed\u00admica de los cuerpos celestes, cuando, gracias al espectroscopio, se pudo desarrollar una aut\u00e9ntica y verdadera \u00abqu\u00ed\u00admica de las estrellas\u00bb. Todas las ciencias se han enriquecido con conocimientos antes insospechados: la estructura interna de la tierra se nos revela mediante las ondas s\u00ed\u00adsmicas, se descubren astros invisibles por la perturbaci\u00f3n de los movimientos de los visibles y se consigue conocer la composici\u00f3n interna de las estrellas y los planetas y fotografiar, mediante los rayos infrarrojos, el n\u00facleo de nuestra galaxia, sustra\u00ed\u00addo a nuestra vista por una cortina opaca de nebulosas. Si el universo se extendiera infinitamente en el espacio y en el tiempo, nos resultar\u00ed\u00ada pr\u00e1cticamente incognoscible en su totalidad. Se habl\u00f3 a este respecto de una frontera de Olbers, como de un l\u00ed\u00admite de observabilidad (m\u00e1s all\u00e1 del cual las galaxias, por alejarse a velocidades superiores a la de la luz, ser\u00ed\u00adan inobservables). Ahora bien, la nueva cosmolog\u00ed\u00ada reconoce que el universo s\u00f3lo puede ser finito y accesible a la observaci\u00f3n hasta en sus m\u00e1s extremas distancias y en sus m\u00e1s primitivos or\u00ed\u00adgenes\u00bb.<\/p>\n<p>Pero hay m\u00e1s todav\u00ed\u00ada: a esta posibilidad de conocimientos, la relatividad einsteiniana a\u00f1ade el descubrimiento, todav\u00ed\u00ada m\u00e1s sorprendente, de una posibilidad de presencia, al menos de derecho, hasta en las m\u00e1s remotas zonas del vasto universo 1&#8242;. Lejos, pues, de avalar ciertas renuncias ya rese\u00f1adas de una ciencia sin Dios, como en el \u00abignorabimus\u00bb spenceriano, el cristiano ve c\u00f3mo la ciencia moderna confirma estas jubilosas posibilidades, que puede captar perfectamente y que parec\u00ed\u00adan tan lejos de sus sue\u00f1os m\u00e1s audaces.<\/p>\n<p>VI. Perspectivas de la ciencia<br \/>\nEl cristiano que navega en el gran velero de la ciencia podr\u00e1 contar, pues, con vientos muy propicios, aunque deba tener cuidado con los escollos insidiosos. Veamos ahora la ruta que sigue y cu\u00e1les pueden ser sus metas por el camino del conocimiento y de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>En cuanto al primero, no pretendemos extendernos en el tema de las \u00abpruebas\u00bb de la existencia de Dios, que no tienen por qu\u00e9 inquietarse ahora por parte de la ciencia, la cual incluso puede conferir a esas pruebas cl\u00e1sicas una mayor viveza y efectividad. Pasaremos, pues, por alto las bellezas deparramadas por los tres reinos de la naturaleza, tan saturados de maravillas, de sorprendentes invenciones, tan sabiamente organizados, tan arm\u00f3nicamente coordinados, tan admirablemente lanzados a una aventura grandiosa de largo alcance, orientada a preparar en el planeta Tierra, sobre el fondo general de un universo inmenso y a trav\u00e9s de la acci\u00f3n ingente de las eras geol\u00f3gicas, un habit\u00e1culo confortable para el hombre. Aun perdiendo de vista este cuadro general tan sugestivo, el hombre de ciencia encontrar\u00e1 motivo para asombrarse en su mismo campo de investigaci\u00f3n y para alimentar su fe con una analog\u00ed\u00ada que se impone y sorprende. En la naturaleza encuentra por doquier constantes f\u00ed\u00adsicas num\u00e9ricamente bien definidas (constante h de acci\u00f3n, g de gravitaci\u00f3n, e de carga el\u00e9ctrica elemental, c de velocidad de la luz, etc.); encuentra mecanismos que funcionan y leyes precisas, es decir, un deber ser que apela a una mente de orden superior que decide y gobierna. Un espect\u00e1culo impresionante lo ofrece el camino ascendente de la ciencia desde lo m\u00faltiple a lo simple. Ya en el ocaso del s. xvii, Newton hab\u00ed\u00ada asombrado al mundo con su teor\u00ed\u00ada de la gravitaci\u00f3n universal. Despu\u00e9s vinieron los grandes principios de conservaci\u00f3n (de la materia, de la energ\u00ed\u00ada y de la electricidad) y de degradaci\u00f3n de la energ\u00ed\u00ada. A continuaci\u00f3n, en el espacio de un siglo o poco m\u00e1s, todas las ramas de la ciencia se vieron invadidas por las teor\u00ed\u00adas unitarias que ven\u00ed\u00adan a interrelacionar dominios que antes se consideraban heterog\u00e9neos y dispersos: la teor\u00ed\u00ada de Maxwell agrupaba en el electromagnetismo todas las formas de la energ\u00ed\u00ada radiante; la cin\u00e9tica abarcaba el comportamiento termodin\u00e1mico de la materia; la qu\u00ed\u00admica, iniciada por Mendelejeff y profundizada m\u00e1s tarde por la f\u00ed\u00adsica moderna nuclear, encontraba una unidad de dise\u00f1o estructural y, por lo tanto, una \u00ed\u00adntima relaci\u00f3n de parentesco entre las m\u00e1s diversas especies de materia, aqu\u00ed\u00ad igual que en los m\u00e1s remotos rincones del universo.<\/p>\n<p>Es un gran movimiento global, que implica en una conexi\u00f3n progresiva y cada vez m\u00e1s radical a la totalidad de las ciencias, que hemos visto culminar en una cosmogon\u00ed\u00ada unitaria: la del \u00abgran estallido inicial\u00bb (el big bang o primeval fireball) y que coincide, aunque con posibles variantes, con la cosmogon\u00ed\u00ada lamaitriana del \u00e1tomo primitivo, o sea una monog\u00e9nesis de \u00e1tomos, de estrellas y de radiaciones. Advirtamos que a esta cosmogon\u00ed\u00ada se ha llegado a trav\u00e9s del desarrollo de las modernas teor\u00ed\u00adas relativistas y por la superaci\u00f3n de las teor\u00ed\u00adas opuestas de los \u00abciclos c\u00f3smicos\u00bb (de Dauvillier, Bonnor y Sandage) y del \u00abestado constante\u00bb (de Bondi, Gold, Hoyle). Y tampoco ser\u00e1 \u00e9sta el \u00faltimo pron\u00f3stico; porque, como cualquier otra teor\u00ed\u00ada bien fundamentada, aunque no sea desmentido, quedar\u00e1 englobado en otros m\u00e1s comprensivos ubicados en un plano de conceptualizaci\u00f3n de orden superior. Tal es el camino seguido por la cosmolog\u00ed\u00ada, que, si se basaba inicialmente s\u00f3lo en datos sensoriales y posteriormente instrumentales, camina hoy hacia modelos m\u00e1s abstractos, menos intuitivos, m\u00e1s conceptuales, como el que actualmente se encuentra en elaboraci\u00f3n sobre la base de una nueva \u00abrelatividad proyectiva\u00bb\u00bb<br \/>\nUn fen\u00f3meno ascensional unitario an\u00e1logo se puede advertir tambi\u00e9n en biolog\u00ed\u00ada y en matem\u00e1ticas, por limitarnos a dos ciencias madres tradicionales. Respecto al mundo biol\u00f3gico, tan caracterizado por una multiplicidad extrema de formas y por la amplitud en el espacio y el tiempo, de todos es sabida la enorme fascinaci\u00f3n que ha ejercido la idea evolucionista de una unidad de origen y descendencia de las especies vegetales y animales. Ignoramos hasta qu\u00e9 punto es plausible esta teor\u00ed\u00ada; lo cierto es que existe un plan org\u00e1nico grandioso y preciso en todo ello y que una mente poderosa controla y mueve todo el mundo biol\u00f3gico desde dentro en un ampl\u00ed\u00adsimo proyecto cuyas metas lejanas deconocemos, al igual que una gran parte de su mecanismo. La idea clave de este mecanismo ha quedado clara en los \u00faltimos a\u00f1os, dato este especialmente sugestivo para nosotros, que vivimos en la edad de las computadoras: se trata del hecho de la programaci\u00f3n, admirablemente condensada -seg\u00fan se ha descubierto- en el coraz\u00f3n de cada c\u00e9lula viviente, en la estructura cromos\u00f3mica, en el ADN que define precisamente el c\u00f3digo gen\u00e9tico de todo ser viviente.<\/p>\n<p>Por lo que respecta a la matem\u00e1tica, seg\u00fan dec\u00ed\u00adamos, tambi\u00e9n le ofrece al creyente poderosos est\u00ed\u00admulos para la elevaci\u00f3n del pensamiento, participe en el gran movimiento unificador de toda la ciencia, avanza de lo sensible a lo puramente racional y nos coloca ante un dualismo de aspectos que en su inseparabilidad refleja las dos caras de la realidad reconocibles en todas partes en sus aspectos complementarios: materia y esp\u00ed\u00adritu, inmanencia y trascendencia, imagen y concepto. Tomemos, por ejemplo, la representabilidad, mediante la geometr\u00ed\u00ada anal\u00ed\u00adtica, de las figuras geom\u00e9tricas por formas algebraicas. \u00bfNo es maravilloso este poder acaparador de la f\u00f3rmula, que en una ecuaci\u00f3n de m inc\u00f3gnitas y de grado n encierra una figura gen\u00e9rica de orden n de un espacio m-dimensional? Se da as\u00ed\u00ad el caso de que en el concepto de una f\u00f3rmula sola (pudiendo m y n asumir todos los valores num\u00e9ricos desde cero al infinito), en la que los coeficientes sean particularizados de todos los modos posibles, se contengan todas las infinitas figuras geom\u00e9tricas e hipergeom\u00e9tricas posibles, pasando de las m\u00e1s complejas inimaginables a las m\u00e1s sencillas, hasta superficies como el cuadrado y el plano, a curvas c\u00fabicas, c\u00f3nicas hasta llegar a la recta y al punto. Tenemos aqu\u00ed\u00ad un ejemplo admirablemente expresivo de c\u00f3mo dentro de un concepto \u00fanico, simple y unitario, se puede compendiar una infinita multitud de entes extremadamente diversos. Ello nos da una idea anal\u00f3gica bastante aproximada de c\u00f3mo el pensamiento divino puede abarcar la totalidad de lo existente y de lo posible en un acto simplic\u00ed\u00adsimo y unitario.<\/p>\n<p>Llegamos con esto a un concepto tan familiar para el pensamiento cristiano como el de la complementariedad, que se ha impuesto en las matem\u00e1ticas y en la f\u00ed\u00adsica. Efectivamente, muchas cosas que parecen contradictorias (materia y esp\u00ed\u00adritu, naturaleza y gracia&#8230;), quedan conciliadas en una s\u00ed\u00adntesis de orden superior. Esta noci\u00f3n, que nos remite en el fondo al sentido del misterio y de la trascendencia, penetr\u00f3 en f\u00ed\u00adsica con el binomio materia-energ\u00ed\u00ada, con el de espacio-tiempo de la relatividad y con el doble aspecto corp\u00fasculo-onda de las part\u00ed\u00adculas elementales. De manera nueva aparece en el paso del mundo inorg\u00e1nico al mundo de lo vivo, en la coordinaci\u00f3n de los fen\u00f3menos f\u00ed\u00adsico-qu\u00ed\u00admicos con los biol\u00f3gicos y en niveles superiores como el de la conciencia. En matem\u00e1ticas se encuentra este concepto en el hecho sorprendente de no poder dar una coordinaci\u00f3n unitaria al mundo de las formas geom\u00e9tricas ni al de las formas algebraicas sin apelar a elementos que trascienden la intuici\u00f3n, como los puntos impropios y los puntos imaginarios. As\u00ed\u00ad, ni el reino de las formas geom\u00e9tricas ni el de las realidades sensibles podr\u00ed\u00adan tener unidad, terminaci\u00f3n y significado sin un trasfondo rec\u00f3ndito inaccesible a los sentidos. He aqu\u00ed\u00ad, pues, las perspectivas del progreso cient\u00ed\u00adfico: el reconocimiento de una unidad suprema, de un pensamiento supremo, que va desde el mundo de los sentidos al mundo invisible de la raz\u00f3n, desde el ser al deber ser y desde el mundo creado al creador.<\/p>\n<p>Pasemos, por fin, del campo del conocimiento al campo de la acci\u00f3n. Si la ciencia tiene or\u00ed\u00adgenes cristianos y, seg\u00fan hemos visto, est\u00e1 toda ella penetrada del pensamiento cristiano, se debe \u00fanicamente a que \u00abes obra de la raz\u00f3n y a que Cristo ha abierto m\u00e1s que nadie al ser humano los ojos de la raz\u00f3n\u00bb. La misma racionalidad deber\u00ed\u00adan inspirar las aplicaciones de la t\u00e9cnica. En efecto, su fin supremo es aligerar las fatigas del hombre, multiplicar su poder, defenderlo de las enfermedades, ayudarle a realizarse y, por lo tanto, a vivir m\u00e1s libre y m\u00e1s feliz. Por este camino, la t\u00e9cnica ha aportado inmensos beneficios: amplios poderes de manipulaci\u00f3n de la materia y del ambiente, rapidez de transportes y comunicaciones, difusi\u00f3n de la cultura, etc.<\/p>\n<p>Pero sabemos a costa de qu\u00e9 nuevas presiones y sufrimientos se han obtenido tales conquistas: \u00abTodo lo que el hombre inventa para liberarse termina por esclavizarle\u00bb17. En los pa\u00ed\u00adses de elevada industrializaci\u00f3n existen condiciones de trabajo y de vida muy duras, porque se han introducido otras finalidades y presiden el desarrollo t\u00e9cnico: intereses ego\u00ed\u00adstas, sed de lucro, esp\u00ed\u00adritu de supercher\u00ed\u00ada. La crisis de la civilizaci\u00f3n tecnol\u00f3gica actual consiste en una serie de desequilibrios que ponen seriamente en peligro la paz y el porvenir del mundo. El desequilibrio entre pa\u00ed\u00adses ricos t\u00e9cnicamente evolucionados y pa\u00ed\u00adses pobres subdesarrollados y hambrientos. Por otra parte, no es menos grave el hecho de que, all\u00ed\u00ad donde se desarrolla a ritmo pleno, este progresot\u00e9cnico adquiere caracteres de invasi\u00f3n, escapa de las manos del hombre y del control de toda ley moral y rompe el equilibrio entre los diversos valores culturales (ciencia, t\u00e9cnica, filosof\u00ed\u00ada) y entre la cultura misma y la religi\u00f3n, que antes se manten\u00ed\u00ada celosamente.<\/p>\n<p>Tendremos que dedicarnos con el m\u00e1ximo empe\u00f1o a la reconstrucci\u00f3n de estos equilibrios que con su desarreglo amenazan terriblemente a la sociedad humana. Corresponde a los especialistas de la ciencia apelar a los recursos m\u00e1s avanzados de la misma ciencia y de la t\u00e9cnica para resta\u00f1ar esta situaci\u00f3n, que se ha visto comprometida por un uso arbitrario y sin escr\u00fapulos de la misma t\u00e9cnica. No obstante, la empresa estarla destinada al fracaso si no se tuviera en cuenta el car\u00e1cter global de los problemas, que tienen tambi\u00e9n una dimensi\u00f3n moral y espiritual, por lo cual le incumben de manera particular al cient\u00ed\u00adfico cristiano.<\/p>\n<p>Dejando al margen otros aspectos de tan compleja cuesti\u00f3n, examinemos brevemente c\u00f3mo se contempla desde una perspectiva cristiana y con qu\u00e9 esperanzas de soluci\u00f3n el fen\u00f3meno verdaderamente alarmante del neomaltusianismo. La situaci\u00f3n que preocupa a los neomaltusianos: el espectro del hambre que amenaza cada vez m\u00e1s a la humanidad, la contaminaci\u00f3n cada vez mayor del medio ambiente ecol\u00f3gico como consecuencia del ritmo creciente del desarrollo industrial, etc., es, desde luego, una situaci\u00f3n preocupante; pero m\u00e1s alarmante a\u00fan es la preocupaci\u00f3n por los remedios que proponen los neomaltusianos. El fen\u00f3meno b\u00e1sico es la \u00abexplosi\u00f3n demogr\u00e1fica\u00bb producida despu\u00e9s de 195018 y los remedios propuestos para una rigurosa limitaci\u00f3n de los nacimientos a base de esterilizaci\u00f3n o aborto (todos ellos moralmente il\u00ed\u00adcitos). Malthus, como se sabe, hab\u00ed\u00ada sostenido que la poblaci\u00f3n mundial crece a un ritmo m\u00e1s r\u00e1pido que el de los medios de subsistencia, por lo cual est\u00e1 condenada a poblar la tierra en una medida insoportable y a morir de hambre. Si sus previsiones se hubieran verificado, la tierra, que entonces (fin del siglo m\u00ed\u00ad) ten\u00ed\u00ada mil millones de habitantes, albergar\u00ed\u00ada hoy d\u00ed\u00ada a m\u00e1s de cien mil millones de seres, mientras que s\u00f3lo tiene cuatro mil millones (finales de 1976). Hubo, pues, un error descomunal en cuanto al ritmo de crecimiento de la poblaci\u00f3n, que, como es sabido, sufre variaciones c\u00ed\u00adclicas de consideraci\u00f3n dependientes de factores complejos muy dif\u00ed\u00adciles de valorar19.<\/p>\n<p>Otro error grave se refiere a la estimaci\u00f3n de los recursos alimenticios, para los cuales se puede establecer un ritmo de aumento bastante m\u00e1s r\u00e1pido y capaz de reequilibrar (si se quiere) en poco tiempo la grave situaci\u00f3n actual. Se ha observado que el total de terrenos cultivados hoy se eleva a poco m\u00e1s de la extensi\u00f3n de Australia; muy poca cosa, ciertamente, en relaci\u00f3n con el total de las tierras firmes20. Si se considera tambi\u00e9n que las cifras pesimistas dadas por la FAO en 1957 yen 1969 acerca de la necesidad m\u00ed\u00adnima de calor\u00ed\u00adas (2.300 diarias por persona, en lugar de 1.600 como sostiene Col\u00ed\u00adn Clarke) y, por tanto, sobre la gravedad de la penuria alimentaria en los pa\u00ed\u00adses del tercer mundo resultan notablemente err\u00f3neas 21, se abren perspectivas mucho mejores sobre la disponibilidad de recursos alimenticios, a los que se les abren las siguientes v\u00ed\u00adas de progreso: 1) utilizaci\u00f3n m\u00e1s extensa e intensiva de la tierra; 2) explotaci\u00f3n del mar y de las hidroculturas; 3) recurso a las posibilidades de la qu\u00ed\u00admica y de la bioqu\u00ed\u00admica. Respecto al primer punto, no se puede ignorar la importancia de los progresos de la agronom\u00ed\u00ada y los incrementos que podr\u00ed\u00adan aportar a la producci\u00f3n en terrenos ya cultivados mediante el uso racional de la maquinaria, los fertilizantes y los cultivos m\u00e1s apropiados (se recuperan terrenos que antes se utilizaban para la producci\u00f3n de goma, colores de anilina, fibras textiles, etc., que hoy d\u00ed\u00ada se pueden preparar por v\u00ed\u00ada sint\u00e9tica), con nuevas semillas de mayor rendimiento y mejor calidad obtenidas por procesos de hibridaci\u00f3n y selecci\u00f3n gen\u00e9tica (\u00abrevoluci\u00f3n verde\u00bb). Se calcula que siete mil millones de hect\u00e1reas (es decir, la mitad de las tierras firmes) son cultivables con m\u00e9todos de agricultura cl\u00e1sica, y hay quien piensa que con los actuales recursos cient\u00ed\u00adficos toda la tierra es cultivable; la dificultad est\u00e1 en obtener que se pongan en pr\u00e1ctica estas posibilidades, por lo menos en una medida que las haga tambi\u00e9n econ\u00f3micamente ventajosas, y que el campo no sea sistem\u00e1ticamente abandonado. En segundo lugar, est\u00e1 todav\u00ed\u00ada por realizar en gran parte la llamada \u00abrevoluci\u00f3n azul\u00bb, es decir, explotar el gigantesco potencial de alimentos contenido en el mar y en las aguas interiores. Esta riqueza, diseminada en tres cuartas partes de toda la superficie terrestre, proporciona hoy apenas el dos por ciento de las calor\u00ed\u00adas y el diez por ciento de las prote\u00ed\u00adnas animales consumidas por el hombre, siendo as\u00ed\u00ad que es con mucho superior a la que se puede obtener en las tierras firmes. Por \u00faltimo, est\u00e1 en pleno desarrollo el sector de las s\u00ed\u00adntesis qu\u00ed\u00admicas relativas a la producci\u00f3n de sustancias alimenticias (prote\u00ed\u00adnas y amino\u00e1cidos) a partir, por ejemplo, del petr\u00f3leo (sustancia demasiado preciosa desde el punto de vista qu\u00ed\u00admico para seguir derroch\u00e1ndola como combustible). En definitiva, cabe decir que no se ha explotado m\u00e1s que una mil\u00e9sima parte de las posibilidades que ofrece la tierra para saciar el hambre de sus hijos; por lo cual nada justifica cient\u00ed\u00adficamente el recurso inhumano al \u00abcontrol de los nacimientos\u00bb. El incremento demogr\u00e1fico no es la causa del hambre, sino que el hambre y la desnutrici\u00f3n, por una defensa providencial de la especie amenazada de extinci\u00f3n, desencadenan un aumento de fecundidad y, por tanto, de natalidad\u00bb. Como se ve, este tema del hambre en el mundo es un problema perfectamente solucionable con los medios cient\u00ed\u00adficos actuales. No es un problema t\u00e9cnico, sino un problema moral y un problema pol\u00ed\u00adtico; mas en estos terrenos la raz\u00f3n no consigue en demasiadas ocasiones imponerse, lo cual explica que subsistan tantos desequilibrios, desniveles, incongruencias, psicosis de odio y guerras de exterminio. Sigue siendo cierto, como hab\u00ed\u00ada dicho Einstein, que la pol\u00ed\u00adtica es mucho m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil que la f\u00ed\u00adsica.<\/p>\n<p>Estas son, en resumen, las perspectivas que la ciencia y la t\u00e9cnica nos ofrecen y que, aun teniendo en cuenta la gravedad de los problemas que nos oprimen, creados en su mayor\u00ed\u00ada por la inconsciencia y los errores de los hombres, siguen siendo netamente positivas. Y lo son porque constituyen expresiones realistas de una visi\u00f3n de fe que tiene en su v\u00e9rtice al mismo Dios, la realidad m\u00e1s poderosa, m\u00e1s imperiosa y m\u00e1s bienhechora de todas.<\/p>\n<p>V. Arcidiacono<br \/>\nNotas-17 \u00abEl hombre tiene conciencia de su aspiraci\u00f3n a la libertad y del fracaso de esta aspiraci\u00f3n&#8230; El hombre inventa la m\u00e1quina. Con ella logra prolongar su cuerpo y centuplicar su rendimiento&#8230; De este modo afirma su se\u00f1or\u00ed\u00ado sobre el universo e inaugura su liberaci\u00f3n. Pero, de hecho, la m\u00e1quina hace que el trabajo sea m\u00e1s inhumano&#8230; El hombre inventa el cine&#8230;, germen de una gloriosa esperanza&#8230; De hecho, harto de im\u00e1genes violentas y espect\u00e1culos inmorales, entregado a sus nervios y a su sensibilidad, el hombre se embrutece y deja que este estupefaciente colectivo embote lo que le queda de aspiraci\u00f3n hacia una libertad interior\u00bb (J. Mouroux, o.c. [nota 6], 149-151).-(18) Este fen\u00f3meno no fue ocasionado por el aumento de la natalidad, sino por la dr\u00e1stica disminuci\u00f3n de la mortalidad gracias a los progresos de la medicina, antibi\u00f3ticos, insecticidas, etc. Cf Josu\u00e9 de Castro, A Explos\u00e1o demografica e a forme mundial, en \u00abCiv. Macchine\u00bb, 4 (1968), 23-24.-(19) Algunos de \u00e9stos se incluyen en el cuadro de la llamada \u00abteleonomia\u00bb, que mantiene los equilibrios en el mundo biol\u00f3gico.-(20) Cf H. de Farcy SJ, L&#8217;umanit\u00e1 lotter\u00e1 veramente contro \/afame?, en \u00abCivilt\u00e1 Cattolica\u00bb, 1 (1975).-(21) Dice Clarke: \u00abHe desafiado al profesor Ehrlich para que demuestre su afirmaci\u00f3n de que a\u00f1o tras a\u00f1o va disminuyendo la producci\u00f3n de alimentos con respecto al aumento de la poblaci\u00f3n, y le he obligado a retractarse. En contra de su idea, en el conjunto de los paises en v\u00ed\u00ada de desarrollo la producci\u00f3n ha crecido a mayor velocidad que la poblaci\u00f3n y ahora supera en un 6 por 100 a la de los a\u00f1os cincuenta. All\u00ed\u00ad donde ha disminuido (como en Cuba y en Argelia) se debe al mal gobierno&#8230; En 1969 el director general de la FAO afirm\u00f3 que la mitad de los paises en v\u00ed\u00adas de desarrollo estaban subalimentados (anteriormente, otro director hab\u00ed\u00ada dicho que dos tercios de la poblaci\u00f3n mundial pasan hambre); le ped\u00ed\u00ad las pruebas y no las tenia\u00bb (cf el art. de Silvestre Theisen en \u00abOsservatore Romano\u00bb, 14 marzo 1973).-(\u00c2\u00b0R) As\u00ed\u00ad sucede que entre los supervivientes de la guerras se da penuria de alimentos y de ah\u00ed\u00ad el aumento de la natalidad. Por otra parte, Dani\u00e9lou advert\u00ed\u00ada certeramente con John Nef que es preciso desacreditar el mito de que la guerra sea instrumento de progreso t\u00e9cnico. Lejos de hacer que progrese la t\u00e9cnica, le impide desarrollarse en otros sentidos m\u00e1s fecundos (cf Rischi e responsabilit\u00e1 nel progresso scientifico, en \u00abCiv. Macchine\u00bb, 1 119641, 19-34). Se afirma tambi\u00e9n que el aumento de la poblaci\u00f3n provoca una mayor contaminaci\u00f3n, pero Theisen observa lo siguiente: \u00abSi una nave tiene aver\u00ed\u00ada, \u00bfse arroja al mar a los pasajeros o se procede a su reparaci\u00f3n? El autom\u00f3vil es una de las causas m\u00e1s importantes de la contaminaci\u00f3n. Si lo que se ahorra en reducir bocas que alimentar se invierte en m\u00e1s coches, aumentar\u00e1 la contaminaci\u00f3n. Somos demasiado ricos para servirnos de los residuos\u00bb. Los residuos se pueden quemar para poder producir energ\u00ed\u00ada y las aguas residuales se pueden utilizar para sacar de ellas gas combustible y el resto para regar. No cabe duda de que la f\u00ed\u00adsica y la qu\u00ed\u00admica est\u00e1n hoy d\u00ed\u00ada capacitadas para resolver este problema.<\/p>\n<p>BIBL.-AA. VV., Ciencia y fe, en \u00abIglesia Viva\u00bb, 76 (1978).-AA. VV., Los intelectuales en la Iglesia, en \u00abConcilium\u00bb, 101 (1975).-Barbour, 1. G, Problemas sobre religi\u00f3n y cientia, Sal Terrae, Santander 1971.-Horkheimer, M, Cr\u00ed\u00adtica de la raz\u00f3n instrumental, B. Aires 1973.-Legaut, M, B\u00fasqueda, fracaso y plenitud, Verbo Divino, Estella 1974.-Miret Magdalena, E, Violencia y agresividad ante la ciencia y la fe, Narcea, Madrid 1982.-Moeller, Ch, Literatura del siglo XX y cristianismo, Gredos, Madrid (varios vol\u00famenes. El V publicado en 1975).-Moeller, Ch, El hombre moderno ante la salvaci\u00f3n, Herder, Barcelona 1969.-Moeller, Ch-Colombo, C, Cultura y fe cristiana, Paulinas, Madrid 1969.-Waal, A. M, Religi\u00f3n y cultura, Verbo Divino, Estella. 1974.-Weber, M, El pol\u00ed\u00adtico y el cient\u00ed\u00adfico, Alianza Editorial, Madrid 1981.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: 1. Introducci\u00f3n &#8211; 11. El m\u00e9todo cient\u00ed\u00adfico &#8211; III. La vocaci\u00f3n del cient\u00ed\u00adfico &#8211; IV. La misi\u00f3n del cient\u00ed\u00adfico &#8211; V. Los resultados de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica &#8211; VI. Perspectivas de la ciencia. 1. Introducci\u00f3n Nos toca hablar aqu\u00ed\u00ad del cient\u00ed\u00adfico como uno de los protagonistas m\u00e1s notorios y quiz\u00e1 m\u00e1s responsables de nuestro &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cientifico\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCIENTIFICO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17074","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17074","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17074"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17074\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17074"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17074"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17074"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}