{"id":17075,"date":"2016-02-05T11:07:22","date_gmt":"2016-02-05T16:07:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunidad-de-vida\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:22","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:22","slug":"comunidad-de-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunidad-de-vida\/","title":{"rendered":"COMUNIDAD DE VIDA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n &#8211; I. Valor y significado de la vida comunitaria: 1. La dimensi\u00f3n social y dialogal del hombre; 2. Actitudes peculiares de la comunidad cristiana; 3. Actitudes peculiares de la comunidad religiosa &#8211; II. Las caracter\u00ed\u00adsticas de la vida comunitaria: 1. Esp\u00ed\u00adritu de sano realismo; 2. Encuentro de personas adultas; 3. Grandeza de alma; 4. Participaci\u00f3n en la labor apost\u00f3lica; 5. Una comunidad cultual; 6. Idea eficiente de grupo &#8211; III. L\u00ed\u00admites y dificultades de la vida comunitaria: 1. Los l\u00ed\u00admites de la comunicaci\u00f3n; 2. Compromisos en tareas seculares; 3. La pluralidad de las pertenencias &#8211; IV. La comunidad se construye unidos: 1. Respetar la intimidad y la necesidad de la soledad; 2. Las diferencias no deben romper la unidad; 3. En primer lugar, el seguimiento de Cristo; 4. Una comunidad recreada por la conversi\u00f3n &#8211; V. Formaci\u00f3n en el sentido comunitario: 1. Comunidad y persona; 2. El egocentrismo y su superaci\u00f3n; 3. Apertura y presencia en el mundo; 4. Educar para \u00absostenerse arriba\u00bb: 5. Colaboraci\u00f3n y corresponsabilidad &#8211; VI. Tentativas para resolver algunos problemas comunitarios: 1. La creaci\u00f3n de \u00abpeque\u00f1as fraternidades\u00bb; 2. Exitos y fracasos de una experiencia &#8211; VII. Momentos fuertes de la vida comunitaria: 1. La celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada; 2. Las reuniones comunitarias; 3. La importancia del di\u00e1logo en la vida com\u00fan &#8211; VIII. Problem\u00e1ticas y experiencias actuales: 1. Las comunidades catecumenales: 2. Las comunidades de base; 3. Los grupos peque\u00f1os; 4. Lo \u00abnuevo\u00bb y lo \u00abantiguo\u00bb en las nuevas formas.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n<br \/>\nTodo hombre pertenece a una comunidad; m\u00e1s a\u00fan, cada hombre pertenece a m\u00e1s de una comunidad: a la comunidad humana, a la comunidad familiar, a la comunidad cristiana, nacional, internacional, pol\u00ed\u00adtica, a la comunidad local, y as\u00ed\u00ad sucesivamente. La vida comunitaria de la que aqu\u00ed\u00ad se habla es, sobre todo, la de la vida religiosa [\/Vida consagrada]. Sin embargo, la exposici\u00f3n abarca diversos tipos de vida comunitaria, comprendidos los caracter\u00ed\u00adsticos de estos \u00faltimos a\u00f1os, tales como las comunidades catecumenales, comunidades de base y grupos de diversas denominaciones. Hemos de apresurarnos a indicar que la comunidad religiosa, \u00ablugar\u00bb del seguimiento de Cristo, es una comunidad basada en el vinculo de la fe y no en el v\u00ed\u00adnculo de la sangre. Por eso no se puede pretender de ella lo que normalmente se pretende de una familia. Por otra parte, dado que el v\u00ed\u00adnculo de la fe no es inferior al vinculo de la sangre, deber\u00ed\u00adan reflejarse en la vida comunitaria de las personas consagradas todos los valores aut\u00e9nticamente humanos y cristianos, en cuanto provenientes de la coparticipaci\u00f3n de la vida trinitaria. No es la familia humana el prototipo de la vida comunitaria, sino la vida trinitaria, la cual es unidad en la pluralidad de las personas. Habr\u00e1 de ser una comunidad que se edifique sobre la gracia y el sufrimiento, entre hermanos unidos por un mismo ideal y por un mismo prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>1. LA DIMENSI\u00ed\u201cN SOCIAL Y DIALOGAL DEL HOMBRE &#8211; El significado y el valor de la vida comunitaria son objeto hoy de mucha atenci\u00f3n, porque en el hombre moderno aflora un deseo profundo de comunicaci\u00f3n y de comuni\u00f3n interpersonal&#8217;. Nos encontramos ante un pulular de experiencias, m\u00e1s o menos v\u00e1lidas, pero expresivas siempre de este fen\u00f3meno. Las ciencias humanas, e incluso las teol\u00f3gicas, han dedicado particular atenci\u00f3n a la dimensi\u00f3n social y dialogal&#8217;; el hombre se hace hombre permaneciendo en comuni\u00f3n con otros hombres, es decir, con personas como \u00e9l, que viven con los dem\u00e1s y para los dem\u00e1s&#8217;. Un rasgo de la persona adulta particularmente subrayado es el de la capacidad de convivir, de asociarse y de colaborar en la vida de la comunidad. Desde un punto de vista social se afirma que la madurez s\u00f3lo se alcanza cuando el individuo consigue aceptar a los otros y colaborar con ellos&#8217;. San Francisco de As\u00ed\u00ads advirti\u00f3 profundamente la importancia de las relaciones interpersonales y la riqueza que le confiere a la existencia humana vivir con los dem\u00e1s y para los dem\u00e1s. Cuando Tom\u00e1s de Celano, su primer bi\u00f3grafo, narra la formaci\u00f3n de la primera comunidad franciscana, insiste en la descripci\u00f3n de la conversi\u00f3n y de la llegada de Bernardo da Quintavalle, y observa: \u00abFrancisco se goz\u00f3 sobremanera con la llegada y conversi\u00f3n de hombre tan calificado, ya que esto le demostraba que el Se\u00f1or ten\u00ed\u00ada cuidado de \u00e9l, pues le daba un compa\u00f1ero necesario y un amigo El car\u00e1cter de \/\u00bbfraternidad\u00bb es t\u00ed\u00adpico de san Francisco; tiene un sentimiento de fraternidad universal que hace extensivo a todas las criaturas y, cuando en el Testamento recuerda a los primeros compa\u00f1eros, dice: \u00abY despu\u00e9s que el Se\u00f1or me dio hermanos&#8230;\u00bb, y quiere que, dondequiera que est\u00e9n y se encuentren, se muestren familiares entre s\u00ed\u00ad&#8217;.<\/p>\n<p>2. ACTITUDES PECULIARES DE LA COMUNIDAD CRISTIANA &#8211; La misi\u00f3n del cristiano es vivir en medio de los dem\u00e1s. \u00ab\u00c2\u00a1Ved qu\u00e9 hermoso y qu\u00e9 dulce habitar los hermanos todos juntos!\u00bb (Sal 133,1). La medida en que un cristiano puede experimentar el don de una comunidad, que es una comuni\u00f3n de vida mediante Cristo y en Cristo, es muy varia: la visita a un hermano cristiano, una oraci\u00f3n en com\u00fan, una carta escrita por mano cristiana, la comuni\u00f3n en la celebraci\u00f3n dominical de la santa misa; otros pueden vivir una vida cristiana en la comunidad familiar; otros, en fin, durante cierto tiempo, se juntan para vivir con otros cristianos cursos de ejercicios espirituales, jornadas de estudio, de oraci\u00f3n, de b\u00fasqueda.<\/p>\n<p>En los Hechos de los Ap\u00f3stoles, las actitudes peculiares de toda aut\u00e9ntica comunidad cristiana se resumen as\u00ed\u00ad: los miembros perseveraban en la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, en la fracci\u00f3n del pan, en la oraci\u00f3n y en la comuni\u00f3n fraterna (2,42-47). La descripci\u00f3n de Lucas demuestra que la primera comunidad de Jerusal\u00e9n se nutr\u00ed\u00ada de la palabra de Dios y de la eucarist\u00ed\u00ada; que de la palabra de Dios, de la eucarist\u00ed\u00ada y de la oraci\u00f3n sacaba alimento hasta el punto de que la comuni\u00f3n de los miembros no era s\u00f3lo a nivel espiritual, sino tambi\u00e9n a nivel material: ten\u00ed\u00adan todas las cosas en com\u00fan y las distribu\u00ed\u00adan seg\u00fan la necesidad de cada uno. Si queremos, en el vers\u00ed\u00adculo arriba citado, explicar la palabra \u00abjuntos\u00bb, o sea \u00aben concordia\u00bb, puede decirse que los hermanos viven juntos en Cristo porque Jesucristo solo es nuestra concordia. \u00abEl, en efecto, es nuestra paz\u00bb (Ef 2,14). S\u00f3lo a trav\u00e9s de \u00e9l podemos encontrarnos, gozar los unos de los otros, tener comuni\u00f3n los unos con los otros.<\/p>\n<p>3. ACTITUDES PECULIARES DE LA COMUNIDAD RELIGIOSA &#8211; Los fundadores de los institutos religiosos, al reproponer el ideal de la fraternidad, m\u00e1s que al ejemplo de la primera comunidad de Jerusal\u00e9n, apelan a Cristo y a los ap\u00f3stoles; y cuando quieren precisar el significado de su familia, la describen como una familia formada por hermanos seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu que, bas\u00e1ndose en la fe y en la com\u00fan vocaci\u00f3n-misi\u00f3n libremente compartida y aceptada, se unen para vivir juntos la forma de vida evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>Se trata de una comunidad a la cual la com\u00fan adhesi\u00f3n a Jesucristo conduce incesantemente a una profunda comuni\u00f3n interior; no debe su existencia a la presi\u00f3n y a la acci\u00f3n de afinidades naturales; \u00e9stas tienen una importancia considerable, pero no primaria. Lo que acerca a los miembros de la comunidad religiosa es su vocaci\u00f3n, es el prop\u00f3sito de una existencia que hay que construir sobre la comuni\u00f3n en un mismo ideal evang\u00e9lico. Los hermanos no se eligen, sino que es Dios mismo el que, a trav\u00e9s de la llamada, es decir, a trav\u00e9s de la vocaci\u00f3n, nos los da y nos da a ellos.<\/p>\n<p>II. Las caracter\u00ed\u00adsticas de la vida comunitaria<br \/>\nLa comunidad deber\u00ed\u00ada tener las caracter\u00ed\u00adsticas de un \u00abambiente educativo\u00bb. En pedagog\u00ed\u00ada se juzga educativo un ambiente cuando posee las siguientes caracter\u00ed\u00adsticas: si es proporcionado y adecuado al nivel de madurez de quien vive en \u00e9l, si se constituye como factor de est\u00ed\u00admulo, de explicaci\u00f3n, de sistematizaci\u00f3n y de direcci\u00f3n del proceso formativo seg\u00fan finalidades bien definidas; si sirve de mediador entre la personalidad en formaci\u00f3n y el mundo externo; si constituye un \u00abfiltro\u00bb o una \u00abpantalla\u00bb para salvaguardar a la persona de eventuales experiencias que podr\u00ed\u00adan perjudicar su proceso de formaci\u00f3n. No se quiere decir que estas caracter\u00ed\u00adsticas sean todas requeridas tambi\u00e9n y del mismo modo por el ambiente comunitario del que aqu\u00ed\u00ad se habla; pero es un hecho indiscutible que estas comunidades, las personas que viven juntas y que establecen en \u00e9l relaciones rec\u00ed\u00adprocas, los lugares que son teatro de la actividad y de la experiencia cotidiana, ejercen presiones y ofrecen est\u00ed\u00admulos frente a los cuales cada uno reacciona a su modo. Pues bien, es evidente que hay que preocuparse de que el ambiente sea tal que influya provocando en las personas reacciones, respuestas y experiencias v\u00e1lidas en relaci\u00f3n con la capacidad y las necesidades de los miembros, y que, por el contrario, no sirvan de obst\u00e1culo a su vocaci\u00f3n personal. Se\u00f1alemos algunas caracter\u00ed\u00adsticas que parecen favorecer la vida comunitaria.<\/p>\n<p>1. ESP\u00ed\u008dRITU DE SANO REALISMO &#8211; La com\u00fan vocaci\u00f3n-misi\u00f3n exige en la comunidad un sano esp\u00ed\u00adritu de realismo para afrontar las diversas situaciones sin pretender lo imposible, para no transformar las sombras en gigantes, para valorar rectamente los hombres y los acontecimientos, para estudiar, comprender y asimilar los elementos v\u00e1lidos del progreso con actitud cr\u00ed\u00adtica y creativa. El esp\u00ed\u00adritu de sano realismo se opone al formalismo y al farise\u00ed\u00adsmo, a la preocupaci\u00f3n de querer salvar a toda costa las apariencias. El formalismo proviene de estrechez de esp\u00ed\u00adritu o de ego\u00ed\u00adsmo; se necesita una buena adhesi\u00f3n a la realidad, una visi\u00f3n objetiva de las circunstancias para descubrir all\u00ed\u00ad la presencia de Dios y cumplir su voluntad.<\/p>\n<p>ENCUENTRO DE PERSONAS ADULTAS &#8211; La vocaci\u00f3n encuentra un clima favorable cuando la comunidad se caracteriza por una discreta atm\u00f3sfera de madurez, que hace de cada individuo una persona de car\u00e1cter, la cual, respetando las fun ciones propias de cada uno, sabe conseguir el equilibrio suficiente para pensar, querer y obrar como persona adulta. El infantilismo, signo de emotividad y de dependencia excesiva, es un gran impedimento para la fidelidad ala propia vocaci\u00f3n. Para progresar en el camino emprendido es preciso saber mantener la direcci\u00f3n de la vida propia y haber alcanzado tal grado de madurez y autonom\u00ed\u00ada, que no seamos juguete de las olas ni nos dejemos llevar de un lado para otro por cualquier viento de doctrina (cf Ef 4,14).<\/p>\n<p>3. GRANDEZA DE ALMA &#8211; La vida comunitaria debe caracterizarse por una atm\u00f3sfera de entusiasmo y de magnanimidad que arrastre hacia las alturas y suscite grandes ideales. La vocaci\u00f3n, para conservar el vigor de los or\u00ed\u00adgenes, tiene necesidad de aire muy oxigenado. Hay que prestar atenci\u00f3n al peligro del aburguesamiento, de la banalidad, de la mediocridad satisfecha, que puede crear en la comunidad un clima capaz de disipar o extinguir a lo largo del camino el entusiasmo de la partida. El ambiente debe ser lo bastante ferviente para preservar el ideal del entibiamiento, para conservar vivas las motivaciones de la elecci\u00f3n e impedir convertirse en seres aburridos que se resignan lentamente a una vida fallida.<\/p>\n<p>4. PARTICIPACI\u00ed\u201cN EN LA LABOR APOST\u00ed\u201cLICA &#8211; Si la comunidad elude la labor apost\u00f3lica, la vida comunitaria pierde su linfa vital. Podr\u00e1n existir modalidades diversas, propias del carisma espec\u00ed\u00adfico de cada instituto; pero se impone en cada comunidad el deber de trabajar, bien con la oraci\u00f3n, bien con obras activas, en arraigar en los esp\u00ed\u00adritus el reino de Cristo y en dilatarlo por todos los rincones del mundo (cf LG 44). Cu\u00ed\u00addese, sin embargo, de no confundir la actividad apost\u00f3lica con el af\u00e1n y el activismo desordenado, que hace imposible la experiencia de \u00abvivir juntos\u00bb. El v\u00ed\u00adnculo entre comuni\u00f3n fraterna y apostolado constituye una de las caracter\u00ed\u00adsticas m\u00e1s netas de la acci\u00f3n eclesial de las personas consagradas\u00bb [>Apostolado].<\/p>\n<p>5. UNA COMUNIDAD CULTUAL &#8211; La comunidad religiosa es una comunidad de personas consagradas con Cristo a la alabanza de Dios y al servicio de la Iglesia. La vida comunitaria y la misma vocaci\u00f3n se encontrar\u00e1n frente a graves dificultades si la comunidad pierde la conciencia de la relaci\u00f3n con Dios, en torno a la cual se construye. Pretender eliminar de las preocupaciones cotidianas la pausa para la alabanza y la adoraci\u00f3n de Dios significa no comprender ya la verdadera misi\u00f3n que tienen los miembros de la comunidad en el mundo secularizado. Frente a otras comunidades, frente a otros grupos a los cuales podr\u00ed\u00ada pertenecer alg\u00fan miembro de la comunidad, la comunidad de que aqu\u00ed\u00ad se trata se caracteriza como comunidad cultual, cuyo eje b\u00e1sico es Dios, consciente de que existe s\u00f3lo por ser un don de la gracia del Esp\u00ed\u00adritu y que no puede dejar de orientarse hacia su propia fuente. La comunidad, cuando deja de vivir en la oraci\u00f3n la relaci\u00f3n con Dios, pone en peligro su misma trama fraterna.<\/p>\n<p>6, IDEA EFICIENTE DE GRUPO &#8211; Una comunidad alimenta y favorece la vida comunitaria cuando conserva vivo y vigoroso el \u00fanico fin com\u00fan de vivir juntos. Cuando comienzan a faltar las motivaciones, el grupo se disuelve. Una comunidad que ya no sabe por qu\u00e9 permanece unida est\u00e1 muerta. Es necesario, pues, compartir la idea de grupo, es decir, la vocaci\u00f3n-misi\u00f3n com\u00fan, y ofrecer la colaboraci\u00f3n propia para realizar esa misma idea por la cual la comunidad de consuno se organiza, vive y trabaja. No todos, es evidente, tendr\u00e1n el mismo servicio; cada uno tiene sus dones, sus aptitudes, sus inclinaciones, y cada uno realiza todo lo que, a trav\u00e9s de una obediencia activa y responsable, le es confiado. Sin embargo, dentro de la variedad de los dones y de los servicios, la convergencia de los carismas personales en la idea de grupo promueve la realizaci\u00f3n plena de la propia persona y todos participan en la misma vocaci\u00f3n-misi\u00f3n, que crea la verdadera fraternidad y la verdadera comuni\u00f3n de vida.<\/p>\n<p>III. L\u00ed\u00admites y dificultades de la vida comunitaria<br \/>\nHay que apresurarse a afirmar que el plan trazado, como cualquier plan cuando es grande, supera los limites de quien se lo propone. La vocaci\u00f3n no tendr\u00e1 nunca su ambiente ideal. Pretenderlo quiere decir vivir fuera de la realidad; quiere decir no saber aceptar el aspecto humano de la Iglesia; la Iglesia es santa y pecadora a la vez, por lo cual est\u00e1 siempre necesitada de perd\u00f3n y de purificaci\u00f3n (cf LG 8). La comunidad representa para el hombre pecador un proyecto cuya actuaci\u00f3n se quedar\u00e1 siempre m\u00e1s ac\u00e1 del ideal entrevisto. Es bueno saberlo a tiempo, desde los primeros a\u00f1os de andadura vocacional. En toda comunidad se pueden encontrar sombras y pobreza. Mas la sombra y la pobreza, cuando la comunidad, a pesar de sus miserias, persevera en el mutuo perd\u00f3n y en la coparticipaci\u00f3n, dan testimonio del poder de Dios y recuerdan la necesidad de ser salvados.<\/p>\n<p>1. LOS LIMITES DE LA COMUNICACI\u00ed\u201cN &#8211; Si >celibato y virginidad consagrados por el reino de los cielos, de una parte, aumentan la posibilidad de lazos personales y de amistades profundas y pueden hacer conquistar mayor delicadeza espiritual, de otra, no est\u00e1 dicho que las relaciones comunitarias sean necesariamente m\u00e1s serias y m\u00e1s profundas que las relaciones propias de la comunidad del matrimonio; podr\u00ed\u00adan incluso mostrar el signo de una pobreza en el campo de las relaciones humanas. La vida comunitaria exige permanecer vigilante y l\u00facido para no correr detr\u00e1s de quimeras. La apertura al otro, que uno intenta procurarse con todo el ser, es siempre una empresa costosa. El ideal de una transparencia completa resulta dificil de alcanzar en la pr\u00e1ctica, Tambi\u00e9n sobre esta realidad es preciso obtener, a su tiempo, una informaci\u00f3n honesta y discreta. Todas las comunidades, incluso las m\u00e1s firmes, topan necesariamente con limites de comunicaci\u00f3n. No es posible hacerse \u00ed\u00adntimo de todos; pueden existir amistades privilegiadas [ Amistad[ y pueden nacer aversiones espont\u00e1neas. Aun estando unidos en el mismo prop\u00f3sito, no est\u00e1 dicho que ello conduzca a una comunicaci\u00f3n cualitativamente id\u00e9ntica con todos. Esto puede llevar a aislamientos y crear tensiones. La vocaci\u00f3n, que ha reunido juntas a varias personas, traza un ideal m\u00e1s ambicioso que las posibilidades concretas del hombre. Es un misterio de pobreza padecido continuamente. Todos los d\u00ed\u00adas es preciso atizar el fuego; lo importante es que haya fuego y que no nos cansemos de atizarlo.<\/p>\n<p>2. COMPROMISOS EN TAREAS SECULARES &#8211; El seguimiento de Cristo en la comunidad no tiene lugar en fila india ni unos al lado de otros, sino en un estar con los otros, en un cara a cara din\u00e1mico y dif\u00ed\u00adcil. A fin de que esto desemboque en la comuni\u00f3n y no en un encuentro superficial o en un sentimentalismo compensador, m\u00e1s que a la cantidad habr\u00e1 que conceder importancia a la calidad y a la intensidad de las relaciones. Hoy, en efecto, el compromiso en tareas seculares, con horarios diferentes para cada persona, y la pertenencia a una pluralidad de grupos, hacen que los miembros de una comunidad apost\u00f3lica no puedan reunirse ya como en el pasado, atender al mismo trabajo, comer, divertirse y orar juntos. Habr\u00e1 que insistir m\u00e1s en la responsabilidad personal, en la solidez de motivaciones, en la calidad de relaciones.<\/p>\n<p>3. LA PLURALIDAD DE LAS PERTENENCIAS &#8211; Toda comunidad est\u00e1 llamada a insertarse cada vez m\u00e1s en la sociedad en que vive para sobrevivir y dar testimonio del evangelio. La integraci\u00f3n social de la persona se lleva a cabo siempre a trav\u00e9s de la participaci\u00f3n en una amplia gama de grupos: grupos de trabajo, grupo cultural, grupo religioso, grupo pol\u00ed\u00adtico&#8230; Todo miembro de la comunidad est\u00e1 llamado a crear en la propia vida personal la unidad de las diversas pertenencias de su estar-en-el-mundo. Es evidente que tal evoluci\u00f3n suscita nuevas dificultades. La diversidad de las pertenencias extracomunitarias, que implican participaciones m\u00e1s o menos profundas, hacen que los miembros de la fraternidad no se sientan ya enteramente transparentes los unos a los otros. Algunos individuos no conocen o no saben comprender lo que hacen otros hermanos suyos. El trabajo paciente y \u00e1rido de algunos puede parecerles a otros un pasatiempo; el esfuerzo leal de otros que intentan introducirse en un cierto ambiente se le antojar\u00e1 a alguno una fuga de las responsabilidades comunitarias.<\/p>\n<p>A causa de estas diversas pertenencias a grupos extracomunitarios, puede suceder que no todos pidan ya las mismas cosas a la fraternidad. El que encuentra plena satisfacci\u00f3n en su grupo de trabajo, sin duda exige de su comunidad menos de lo que exige otro sin ocupaciones exteriores o que choca con un muro de frialdad. Al primero le agrada poco ese intimismo de suspiros y de una atenci\u00f3n \u00e1vida de detalles; el segundo buscar\u00e1 un mayor calor y m\u00e1s invitaciones a la confidencia; un tercero encontrar\u00e1 en su ambiente de trabajo el tiempo libre que necesita y juzgar\u00e1 insoportables las distensiones comunitarias que los hermanos le quieren imponer y que poseen para \u00e9l sabor a infantilismo y a compensaci\u00f3n artificial. Todo esto puede causar fricciones y frustraciones, sobre todo en un grupo peque\u00f1o. \u00bfD\u00f3nde encontrar el umbral de la tolerancia? Es preciso reconsiderar el equilibrio persona-comunidad.<\/p>\n<p>IV. La comunidad se construye unidos<br \/>\nSin esperarlo todo de la comunidad, cada persona habr\u00e1 de hacerse cargo de su propia integraci\u00f3n. Muchos aspectos que en otro tiempo depend\u00ed\u00adan de la presi\u00f3n del grupo, dependen ahora de la responsabilidad personal. Lo que da sentido a todo y constituye el eje del equilibrio entre persona y comunidad es el seguimiento de Cristo en la forma de vida propia. En la fidelidad a este compromiso descansa la intenci\u00f3n fundamental de la existencia. Ciertamente es preciso considerar, y con toda franqueza y valor, hasta qu\u00e9 punto los diversos grupos de pertenencia personal son expresi\u00f3n y exigencia de la vocaci\u00f3n, y no m\u00e1s bien un compromiso con la opci\u00f3n evang\u00e9lica que se ha tomado. De todos modos, no hay que dejarse absorber ni encerrarse en un gueto, sino conservar suficiente libertad interior que permita una adecuada participaci\u00f3n en la propia comunidad, sentida como lugar de formaci\u00f3n, de verificaci\u00f3n y de sost\u00e9n de la vocaci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. RESPETAR LA INTIMIDAD Y LA NECESIDAD DE LA SOLEDAD &#8211; La evoluci\u00f3n presente no debe hacer olvidar que la comunicaci\u00f3n interpersonal, para ser aut\u00e9ntica, debe respetar el umbral de intimidad en el cual se detiene la comuni\u00f3n y que nadie puede violar. El hombre reconoce en el otro hombre un n\u00facleo incomunicable. El sufrimiento inherente a toda aut\u00e9ntica amistad, incluso a la de la pareja, nace de este l\u00ed\u00admite irrebasable, sin el cual no existir\u00ed\u00ada ni el Yo ni el T\u00fa; el otro permanece el otro\u00bb. Todo amor choca as\u00ed\u00ad con su propia pobreza. Existe una discreci\u00f3n y un pudor que hay que respetar y que no tienen nada que ver con la \u00abfranqueza evang\u00e9lica\u00bb invocada por alguno como parabrisas de un cierto vac\u00ed\u00ado interior formado por chismorreos impertinentes. No se trata de pretender aislarse ni se precisa una comunidad-dormitorio, sino un verdadero centro de vida fraterna. No debemos olvidar, sin embargo, que sin el respeto a la soledad que cada uno necesita y en la cual est\u00e1 impreso el sello de la relaci\u00f3n con Dios, la comunidad corre el riesgo de perderse en monsergas de superficialidades satisfechas; tanto m\u00e1s que en aquella soledad maduran las experiencias vividas en el enfrentamiento cotidiano con el ambiente de trabajo y con las tareas apost\u00f3licas. Todos los miembros debieran prestar la atenci\u00f3n necesaria a una comuni\u00f3n en profundidad, al mismo tiempo que a la soledad de que estamos hablando; as\u00ed\u00ad parecen aseguradas tanto la calidad evang\u00e9lica de la comunidad como la edificaci\u00f3n de las personas.<\/p>\n<p>2. LAS DIFERENCIAS NO DEBEN ROMPER LA UNIDAD &#8211; En la comunidad hay un haz de relaciones inmediatas y de esfuerzos valerosamente desplegados para que la fraternidad se traduzca en ellos con alegr\u00ed\u00ada incluso exterior. Mas todo esto no debe convertirse en el \u00e1rbol que oculta el bosque. \u00bfQu\u00e9 puede haber m\u00e1s all\u00e1 de esa alegr\u00ed\u00ada exterior? Hay sentimientos austeros que se expresan mal en la mara\u00f1a de los lazos fraternos y que, sin embargo, son m\u00e1s profundos y m\u00e1s constructivos que la alegr\u00ed\u00ada codo con codo. Cuando la mirada fraterna sabe penetrar hasta el fondo de los corazones, llega a descubrir con gran sorpresa suya una comuni\u00f3n de voluntades orientadas hacia el Se\u00f1or y comprometidas en el mismo camino; se vuelve uno capaz de cambiar el modo de mirar a los que forman la comunidad; se acepta que el hermano sea diferente, que no sea lo que espont\u00e1neamente se querr\u00ed\u00ada que fuese incluso frente a uno, que tenga el derecho de ser \u00e9l mismo y no simplemente una r\u00e9plica de lo que son los otros.<\/p>\n<p>Particularidades, diversidad, disputas, litigios, conflictos&#8230; parecen ineludiblemente presentes en lo profundo del destino humano; pero hay que saber aceptar que haya en los otros siempre algo distinto, irreducible a los puntos de vista propios y capaz de herir la propia sensibilidad. No se deben transformar las diferencias en puras y simples incompatibilidades o en oposiciones de partidos; como tampoco hay que limar las diferencias en orden a una unanimidad que corresponda al dominio del m\u00e1s fuerte o al conformismo de los m\u00e1s d\u00e9biles; sobre todo se requiere un esp\u00ed\u00adritu de tolerancia o, mejor a\u00fan, de aceptaci\u00f3n, que no debe confundirse con la fr\u00ed\u00ada indiferencia; o sea, una aceptaci\u00f3n impregnada de amplitud de miras y de benevolencia, que tiende a considerar al otro como un hermano dado por Cristo. Como se precisar\u00e1 m\u00e1s adelante, el problema estriba en no caracterizar con una nota de dualismo y de antagonismo al binomio persona-comunidad. Resulta siempre dif\u00ed\u00adcil conciliar los t\u00e9rminos de este binomio: el bien de la persona y el bien com\u00fan; pero las posturas que acent\u00faan indiscriminadamente uno u otro de los t\u00e9rminos son err\u00f3neas e injustas. Toda posici\u00f3n unilateral ocasiona nuevos desequilibrios de signo opuesto a los que se pretende condenar. Y as\u00ed\u00ad, se termina sustituyendo \u00abel mito de las instituciones en nombre de la santa uniformidad por el mito de los individuos en nombre del santo individualismo, y todo ello en un tiempo de exaltaci\u00f3n de la desmitizaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>3. EN PRIMER LUGAR, EL SEGUIMIENTO DE CRISTO &#8211; El >seguimiento de Cristo, el prop\u00f3sito com\u00fan -no est\u00e1 de m\u00e1s repetirlo- en la medida en que todos lo comparten a\u00fan, consigue reunir a los que se encuentran en oposici\u00f3n por sus desacuerdos y hace que se amen sin enmascarar las diferencias que, no obstante, les hacen sufrir. Es una ilusi\u00f3n creer y pretender entenderse siempre y siempre complacerse; pero es posible una solidaridad fundamental, basada en el seguimiento de Cristo, que abraza en su dinamismo tanto el prop\u00f3sito sustancial de la comuni\u00f3n como el respeto de las diversidades. Frente a todas las dificultades de nuevo tipo, el punto de referencia com\u00fan debe ser el ideal que ha conquistado a todos los hermanos y al cual deben sentirse ligados en el fondo de su vida con una tonalidad infinitamente m\u00e1s primordial que la de su integraci\u00f3n social y que las mismas formas, siempre contingentes, del estar juntos comunitario. La fuerza unitiva deber\u00e1 derivarse de la voluntad de vivir con radicalidad el eje del evangelio en un acto de fe com\u00fan y dentro de la forma espec\u00ed\u00adfica del propio instituto. Las relaciones interpersonales, la b\u00fasqueda de la intimidad espiritual, el deseo de una comunidad en la cual cada uno pueda ser plenamente reconocido por todos, est\u00e1n contenidos en la voluntad primaria y absoluta del seguimiento de Cristo.<\/p>\n<p>4. UNA COMUNIDAD RECREADA POR LA CONVERSI\u00ed\u201cN &#8211; En este punto es preciso afirmar con mayor claridad que la comunidad de que se habla es una comunidad de reconciliaci\u00f3n y que se caracteriza por el signo de la cruz. La originalidad de la vida comunitaria de las personas consagradas consiste en un vivir juntos en nombre del evangelio, aceptando al otro tal como el Se\u00f1or lo da y permaneciendo unido a \u00e9l a pesar de todo. Y este \u00abtodo\u00bb abarca muchas situaciones:, el choque de generaciones punteado de tensiones; el encuentro de voluntades cargadas de celo y de buenas intenciones frustradas; oposici\u00f3n de santidades ejemplares y de mediocridades corrosivas; desacuerdo de impulsos apost\u00f3licos sanos y de deslizamientos peligrosos 1B. La fidelidad a la vocaci\u00f3n, el car\u00e1cter de la comunidad elegido y compartido, llevan a permanecer solidarios a pesar de todo y a colocar la reconciliaci\u00f3n pascual en el centro de todos los esfuerzos por vivir el evangelio en un acto de fe realista. Y puesto que, de cualquier manera, siempre somos \u00abpobres pecadores\u00bb y no es posible exigir de todos hero\u00ed\u00adsmo [>Hero\u00ed\u00adsmo 1]. esta reconciliaci\u00f3n seguir\u00e1 a menudo el camino del perd\u00f3n de las ofensas. Espont\u00e1neamente acude un razonamiento: el hermano me ha herido, su gesto y sus palabras \u00e1speras siguen atorment\u00e1ndome como un remordimiento y tienden a hac\u00e9rmelo detestable; no obstante, \u00e9l sigue siendo el que Cristo ha amado por el mismo titulo por el que me ha amado a m\u00ed\u00ad y el que me ha dado, no para que yo lo excomulgue, sino para que intercambie su perd\u00f3n.<\/p>\n<p>En los momentos m\u00e1s dif\u00ed\u00adciles, cuando el cometido de la comunidad pueda parecer muy lejano e indiferente al problema de la vocaci\u00f3n propia, es preciso recordar que con la consagraci\u00f3n total a Dios se ha elegido seguir a Cristo, y a Cristo crucificado. Si somos sus \u00ed\u00adntimos, adem\u00e1s de su vida y su misi\u00f3n, hay que saber compartir, si es preciso, tambi\u00e9n su suerte. Si se toma en serio la comunidad, llegar\u00e1 el momento en que nos enfrentemos a nosotros mismos para una relectura de las propias opciones y de los propios planes a la luz del punto de vista de los hermanos, de sus necesidades y de las exigencias comunitarias, siempre con la perspectiva de avanzar unidos. \u00bfCon qu\u00e9 se contribuye, d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada, a construir, junto con los hermanos, la comunidad?<br \/>\nV. Formaci\u00f3n en el sentido comunitario<br \/>\nPor la estrecha relaci\u00f3n existente entre el grado de formaci\u00f3n comunitaria alcanzado y el crecimiento vocacional, toda la formaci\u00f3n deber\u00ed\u00ada mirar a conservar limpio y vigoroso el prop\u00f3sito de vida en el clima del ambiente. Por eso, sobre todo en los primeros a\u00f1os de andadura vocacional, es necesario encuadrar a la persona en una comunidad educativa en la que las relaciones presenten la impronta de un esp\u00ed\u00adritu de mutua confianza, de respeto y de estima.<\/p>\n<p>1. COMUNIDAD Y PERSONA &#8211; La imprudencia y la prisa en introducir ciertas innovaciones, una cierta falta de preparaci\u00f3n y de madurez por parte de los responsables o de los miembros de la comunidad parece que han acentuado el contraste entre persona y comunidad, confundiendo la pluriformidad con el particularismo. La pluriformidad considera y valora de modo legitimo y recto las diversidades reales de persona, de regi\u00f3n, de situaciones, de tiempos, y las tiene en cuenta dentro de los l\u00ed\u00admites de la necesaria unidad en la caridad y en esp\u00ed\u00adritu de fraternidad. El particularismo, en cambio, exagera las dificultades, estimula el individualismo, despedaza la unidad, alimenta con divisiones y enfrentamientos una intolerancia rec\u00ed\u00adproca. La formaci\u00f3n en el sentido comunitario exige que cada uno sepa examinarse con sentido critico sobre sus propias opiniones y deseos, de modo que, cultivando un sano pluralismo, se evite el vicio del particularismo. La sociedad y la persona, en efecto, incluso en la vida religiosa, se completan mutuamente y se perfeccionan integrando con equilibrio las exigencias personales en las comunitarias. M\u00e1s a\u00fan, el verdadero concepto de persona exige que el hombre, superando el vicio del individualismo, se integre en la comuni\u00f3n con los otros. Esta realidad hay que recordarla especialmente cuando los puntos de vista personales entran en conflicto con las exigencias legitimas de la comunidad\u00bb.<\/p>\n<p>2. EL EGOCENTRISMO Y SU SUPERACI\u00ed\u201cN &#8211; M\u00e1s adelante habr\u00e1 ocasi\u00f3n de subrayar la importanci\u00e1 del di\u00e1logo en la vida comunitaria [ >VII,3]; aqu\u00ed\u00ad, en el contexto de la formaci\u00f3n al sentido comunitario, es indispensable una referencia a la necesidad de superar el egocentrismo para hacer part\u00ed\u00adcipes a los otros de los frutos del propio trabajo y de las propias experiencias, y saber acoger con \u00e1nimo agradecido los frutos de las experiencias ajenas. Es \u00abegoc\u00e9ntrico\u00bb quien se muestra incapaz de comprender el punto de vista ajeno por lo que se refiere a opiniones, gustos, inclinaciones, modos de vivir; o quien, siendo capaz de tal comprensi\u00f3n, no act\u00faa, sin embargo, de manera consecuente. En efecto, existe el egoc\u00e9ntrico que no comprende a los otros, y por ello obra sin tener en cuenta las mentalidades diferentes de la suya, y existe el egoc\u00e9ntrico que \u00abcomprende\u00bb a los otros, pero obra sin tomarlos en cuenta. Los efectos del egocentrismo son diferentes seg\u00fan que el egoc\u00e9ntrico sea un sujeto de psicolog\u00ed\u00ada fuerte o de psicolog\u00ed\u00ada d\u00e9bil. El primero se impone a los otros y se sirve de ellos con atropello; el segundo intenta esquivar choques y atenuar los problemas uniform\u00e1ndose con los otros en direcciones defensivas y cerr\u00e1ndose en el m\u00ed\u00adnimo de individualidad que le consiente la sumisi\u00f3n de si mismo a los dem\u00e1s. La consecuencia general del egocentrismo es el sentido de aislamiento y de miedo. Hoy sobre todo se nota que cuanto m\u00e1s viven los hombres juntos tanto m\u00e1s se sienten solos; tanto m\u00e1s advierten el sentido doloroso de la propia incompletez y de la propia ineptitud para defenderse de amenazas a las que no saben enfrentarse. La superaci\u00f3n del egocentrismo se consigue form\u00e1ndose en la disponibilidad y en la fidelidad al compromiso\u00bb. Uno es \u00abdisponible\u00bb cuando ve al otro no como objeto oponente, sino como verdadero sujeto; el otro es un T\u00fa, es decir, una presencia, unido a los dem\u00e1s por la esperanza com\u00fan, por la fidelidad a la persona absoluta, Dios. La fidelidad al compromiso es disponibilidad a la comuni\u00f3n con el otro; es presencia en la prueba. Jam\u00e1s el otro ha de considerarse como objeto, medio, instrumento o espect\u00e1culo; el otro es persona en la misma medida en que lo soy yo. El egocentrismo se supera con una actitud de comprensi\u00f3n, desarrollando la disponibilidad en todas aquellas direcciones que pueden darle car\u00e1cter concreto: respeto, benevolencia, capacidad de simpat\u00ed\u00ada, solidaridad. El \u00abrespeto\u00bb a la personalidad de los dem\u00e1s excluye la indiscreci\u00f3n, la curiosidad, la violaci\u00f3n de la intimidad y de la necesidad de soledad de que hemos hablado arriba [ >IV, 1]. El principio del respeto no deber\u00e1, sin embargo, convertirse en coartada para ser indiferentes frente a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La \u00abbenevolencia\u00bb lleva a captar en la personalidad de los otros ante todo los aspectos positivos y a intentar hacerlos valer frente a la malevolencia, es decir, contra el gusto de descubrir y denunciar especialmente los aspectos negativos de la personalidad o los que parecen tales o quisi\u00e9ramos que lo fueran. Sin embargo, benevolencia no quiere decir ceguera: juzgar a todos buenos y juzgarlo todo bien. La benevolencia no ignora las mil justificaciones con que el ego\u00ed\u00adsmo busca afirmarse; pero es tambi\u00e9n consciente de las mil formas con que la generosidad sabe estar presente, por lo cual da cr\u00e9dito a las posibilidades del otro.<\/p>\n<p>La \u00abcapacidad de simpat\u00ed\u00ada\u00bb de la persona disponible, dig\u00e1moslo en seguida, no es consonancia sentimental con los dem\u00e1s, y ni siquiera tendencia a \u00abhacerse simp\u00e1tico\u00bb, a agradar, a interesar. Es capacidad de introducirse en el mundo de los dem\u00e1s con el solo fin de comprender a fondo sus motivaciones e impulsos, sabiendo permanecer en \u00e9l con lucidez y con sagacidad intuitiva. Es comprensi\u00f3n, respetuosa y ben\u00e9vola, de la personalidad ajena. Pero la disponibilidad no es esto solo. Se puede ser ben\u00e9volos y comprensivos, y al mismo tiempo ser incapaces de mover un dedo en favor de cualquiera. Pues las cualidades arriba indicadas, si se dejan a merced de s\u00ed\u00ad mismas, pueden mantener al hombre todav\u00ed\u00ada en el plano de aquel egocentrismo que no es suficiente neutralizar con buenos sentimientos. Es f\u00e1cil compadecer a los otros y sentirse bueno; en cambio, es menos f\u00e1cil molestarse en hacer algo. La disponibilidad hacia el otro debe ser activa y operante. El inter\u00e9s discreto, ben\u00e9volo y comprensivo hacia los otros es preciso reforzarlo hasta afrontar el \u00abriesgo de la solidaridad\u00bb en todas las direcciones en que se apele a ella.<\/p>\n<p>3. APERTURA Y PRESENCIA EN EL MUNDO &#8211; La formaci\u00f3n del sentido comunitario debe inspirarse tambi\u00e9n en la importancia de una mentalidad profundamente universal. La vida fraterna no puede limitarse al \u00e1mbito de una comunidad, sino que se extiende a todo el instituto y a la Iglesia entera, de forma que haga cada vez m\u00e1s abierta la visi\u00f3n del mundo y la concepci\u00f3n de la vida. Esta apertura habr\u00e1 de ser tal, que incluso el m\u00e1s peque\u00f1o de los hermanos conozca los grandes problemas humanos: las necesidades de la Iglesia y del mundo, las aspiraciones de los >&#8217;j\u00f3venes, las experiencias de los >ancianos, de modo que consiga mayor madurez y entender mejor el servicio que la Iglesia y el instituto esperan de cada uno. Adem\u00e1s, procediendo as\u00ed\u00ad, la comunidad, menos concentrada en sus cuestiones dom\u00e9sticas y menos inclinada a exagerar las consecuencias de sus sufrimientos y de sus fracasos, aprender\u00e1 a juzgarse con una pizca de humorismo.<\/p>\n<p>4. EDUCAR PARA \u00abSOSTENERSE ARRIBA\u00bb &#8211; La acci\u00f3n educativa que acompa\u00f1a al crecimiento del sentido comunitario debe tener presente un escollo contra el cual es f\u00e1cil chocar seg\u00fan pasan los a\u00f1os. El prolongado vivir juntos en una existencia austera, sin la mirada exigente del otro sexo, exige el esfuerzo paciente y constante de \u00absostenerse arriba\u00bb; de lo contrario se corre el riesgo de deslizarse hacia una despreocupaci\u00f3n rayana en la vulgaridad. La sencillez evang\u00e9lica no autoriza ciertamente a dejar a un lado las \u00abmedidas higi\u00e9nicas\u00bb (GS 30), la cortes\u00ed\u00ada, la amabilidad, el control de s\u00ed\u00ad, la discreci\u00f3n, la preocupaci\u00f3n por conservar el clima comunitario en la delicadeza (cf OT 3,11; AA 4). Ciertos \u00abvicios queridos\u00bb, no combatidos suficientemente durante la juventud, conforme se va adelante con los a\u00f1os tienden a volverse tir\u00e1nicos y obsesivos.<\/p>\n<p>5. COLABORACI\u00ed\u201cN Y CORRESPONSABILIDAD &#8211; La formaci\u00f3n del sentido comunitario deber\u00e1 simultanearso con la de la colaboraci\u00f3n, la de la corresponsabilidad, la del uso gradual y recto de la libertad, a fin de lograr una adecuada madurez humana. Para ello es de gran importancia confiar encargos que impliquen responsabilidad personal, estimular a organizar bien el trabajo y el tiempo libre, favorecer la iniciativa personal y la autodisciplina en la ejecuci\u00f3n de los propios compromisos, admitir gradualmente a los j\u00f3venes a participar en la organizaci\u00f3n de la vida misma de la comunidad y discutir con ellos cuanto les ata\u00f1e directamente en un clima de confianza entre todos.<\/p>\n<p>VI. Tentativas para resolver algunos problemas comunitarios<br \/>\nEn estos \u00faltimos a\u00f1os, para promover las vocaciones, para valorar plenamente la relaci\u00f3n interpersonal y para que cada uno pueda sentirse responsable dentro del grupo, se han constituido \u00abpeque\u00f1as fraternidades\u00bb con esp\u00ed\u00adritu de sencillez y pobreza en medio de los hombres, en plena comuni\u00f3n con el ambiente circundante.<\/p>\n<p>1. LA CREACI\u00ed\u201cN DE \u00abPEQUE\u00ed\u2018AS FRATERNIDADES\u00bb &#8211; En la crisis actual, las peque\u00f1as fraternidades parecen representar uno de los grandes polos de esperanza. Ciertamente ya antes exist\u00ed\u00adan un poco por todas partes; pero la \u00abnovedad\u00bb del fen\u00f3meno significa mucho m\u00e1s que una cuesti\u00f3n de n\u00famero, puesto que incluye la adopci\u00f3n de un nuevo estilo de comportamiento comunitario. En ellas es posible encontrar la autenticidad que andan buscando los peque\u00f1os grupos m\u00e1s o menos eclesiales: pero tambi\u00e9n podemos encontrar en ellas el mismo riesgo de fracaso. El entusiasmo de los comienzos declin\u00f3 r\u00e1pidamente y muchas de esas fraternidades s\u00f3lo han tenido una existencia ef\u00ed\u00admera. La peque\u00f1a fraternidad de cinco o seis miembros no es la \u00fanica soluci\u00f3n v\u00e1lida de renovaci\u00f3n que responde al fin particular de todos los institutos. Otras comunidades de tama\u00f1o medio est\u00e1n obteniendo frutos \u00f3ptimos: mayor riqueza interior, mayor simbiosis, presencia siempre de un peque\u00f1o n\u00facleo para una oraci\u00f3n y una discusi\u00f3n serena. Tambi\u00e9n se puede encontrar ah\u00ed\u00ad un margen de intimidad, que no siempre garantiza la promiscuidad de la peque\u00f1a fraternidad.<\/p>\n<p>2. EXITOS Y FRACASOS DE UNA EXPERIENCIA &#8211; Mas \u00bfes acaso cierto que el grupo peque\u00f1o tiene siempre el poder de crear relaciones arm\u00f3nicas? La dimensi\u00f3n reducida de una comunidad no es el \u00fanico factor de \u00e9xito; diversas comunidades peque\u00f1as, en lugar de ofrecer un est\u00ed\u00admulo y una plenitud, puede que hagan retroceder hacia comportamientos infantiles y que se conviertan incluso en focos de neur\u00f3ticos. Existe en ellos, en efecto, el peligro de buscar una especie de sustituto de la afectividad familiar, olvidando el origen totalmente particular del lazo familiar y la exclusi\u00f3n que\u00bbcelibato y virginidad consagrados hacen de todo un nivel de proximidad humana. En algunos casos el fracaso de ciertas tentativas de fraternidad puede estar motivado por haber fijado como fin m\u00e1s la fuga del grupo grande, atenazado en su formalismo, que el deseo de una presencia evang\u00e9lica radical. Adem\u00e1s, el \u00e9xito de estas peque\u00f1as fraternidades depende mucho de la calidad de las personas. Si son psicol\u00f3gicamente serenas y est\u00e1n arraigadas en la voluntad de vivir verdaderamente el evangelio o en el deseo de asegurar una aportaci\u00f3n mejor al pueblo de Dios, probablemente toda ir\u00e1 por buen camino. En cambio, si se trata de personas que s\u00f3lo buscan la felicidad de estar juntos, se pierden a lo largo del camino o se encaminan hacia un muro contra el cual probablemente terminar\u00e1n chocando un d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Existe otro aspecto que hay que tener presente: los hermanos se nos dan. Y si queremos ser realistas hay que decir que la promiscuidad del peque\u00f1o grupo acrecienta los riesgos de la exasperaci\u00f3n provenientes de temperamentos inadaptados los unos a los otros. Seria tentar a la Providencia obligar a vivir juntas a personas poco en armon\u00ed\u00ada por naturaleza. En los fracasos de estas peque\u00f1as fraternidades, la cuesti\u00f3n de la incompatibilidad personal se cuenta entre las causas m\u00e1s frecuentes.<\/p>\n<p>VII. Momentos fuertes de la vida comunitaria<br \/>\nSe pretende ahora subrayar la importancia de algunos momentos m\u00e1s eficaces de la vida comunitaria y su peso en orden a promover, bien el esp\u00ed\u00adritu comunitario, bien el crecimiento vocacional.<\/p>\n<p>1. LA CELEBRACI\u00ed\u201cN DE LA EUCARIST\u00ed\u008dA &#8211; El momento principal de la vida comunitaria es indudablemente la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, sacramento de la reconciliaci\u00f3n y de la comuni\u00f3n. La eucarist\u00ed\u00ada, al par que memoria del pasado y anuncio del futuro hasta que Cristo venga, es tambi\u00e9n el momento m\u00e1s importante del encuentro de Dios con los hombres, de los hombres con Dios y de los hombres entre s\u00ed\u00ad. Ella edifica y expresa la comunidad. En medio de los problemas y de las dificultades, de los conflictos y de las tensiones, la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada consolida a cada uno de los miembros en el prop\u00f3sito de una santa renovaci\u00f3n, en la esperanza de poder volver siempre a comenzar desde el principio, y expresa su profundo significado reconciliador. Vivir juntos la eucarist\u00ed\u00ada, comulgar en el mismo pan y en el mismo c\u00e1liz, mientras que en la vida cotidiana las opciones y los puntos de vista se dividen de alg\u00fan modo, no debe equivaler a una mentira, sino que, por el contrario, puede y debe proclamar con mayor fuerza que las palabras y las mismas diversidades tienen sus ra\u00ed\u00adces en una voluntad com\u00fan de comuni\u00f3n en el evangelio, en la fidelidad a la misma vocaci\u00f3n [>Celebraci\u00f3n lit\u00fargica;, >Eucarist\u00ed\u00ada].<\/p>\n<p>2. LAS REUNIONES COMUNITARIAS &#8211; Cuando las reuniones comunitarias se caracterizan por la participaci\u00f3n activa y responsable de todos, adem\u00e1s de concurrir a la buena marcha de la casa, de favorecer la colaboraci\u00f3n en orden a organizar los planes de trabajo y realizar la >revisi\u00f3n de vida, son sin lugar a dudas particularmente id\u00f3neas para una formaci\u00f3n permanente de la vocaci\u00f3n. No se ha de perder, pues, el \u00e1nimo ante algunos fracasos. Lo que hay que hacer es discernir sus causas para evitarlas del mejor modo posible, puesto que aqu\u00e9llas tienen una funci\u00f3n insustituible en la vida comunitaria yen el camino vocacional. El que es m\u00e1s t\u00ed\u00admido o est\u00e1 menos preparado no deber\u00ed\u00ada sentirse rebajado u ofendido por juicios de incapacidad que nadie est\u00e1 autorizado a formular, ya que se est\u00e1 reunidos en nombre del Se\u00f1or no para juzgarse rec\u00ed\u00adprocamente, sino para ayudarse a caminar rectamente ante \u00e9l. Habr\u00e1 que prestar atenci\u00f3n a no perder el tiempo en menudencias en lugar de dirigirse a lo esencial del problema. Se debe tomar conciencia de lo que hay de inexacto en la constante divisi\u00f3n de las opciones en dos bloques: conservadores y progresistas. La realidad es m\u00e1s compleja, y no se deben adoptar las categor\u00ed\u00adas del procedimiento pol\u00ed\u00adtico con sus divisiones en partidos deseosos de vencer. Hay que escucharse detenidamente, explicarse, no quemar las etapas con votaciones precipitadas. La decisi\u00f3n no debe representar tanto el triunfo de un bloque cuanto el fruto del com\u00fan caminar. Hay que preguntarse, en efecto, si no es mejor llegar un poco tarde, pero todos juntos y en el mayor n\u00famero posible, que no en seguida pero solos o pocos, dividiendo la comunidad. El problema se vuelve candente cuando numerosas comunidades, rompiendo con su tradici\u00f3n, adoptan un aspecto democr\u00e1tico, rechazando los procedimientos institucionalizados e intentando decidirlo todo en forma asamblearia, pero sin tomar en cuenta a los \u00abjefes informales\u00bb que de un modo u otro aparecen siempre. El valor real de una mayor\u00ed\u00ada no proviene de un simple c\u00f3mputo matem\u00e1tico; en efecto, su peso puede aumentar a trav\u00e9s de las voces de personas sin opini\u00f3n, frecuentemente ausentes de las actividades centrales de la comunidad; o, a trav\u00e9s del voto de personas d\u00e9biles o escasamente formadas, conquista f\u00e1cil, ya de \u00abmanipuladores\u00bb h\u00e1biles e intrigantes, ya, con m\u00e1s frecuencia a\u00fan, de los que se oponen a todo lo que rompe con el conformismo y con la rutina. No se debe, pues, creer que se ha dicho todo cuando se ha decretado la democracia. La apertura democr\u00e1tica exige un aprendizaje paciente y tiene un precio. La verdadera democracia no consiste en discursos estramb\u00f3ticos ni en descarada petulancia, sino en una victoria tenaz y valerosa sobre el propio orgullo y ego\u00ed\u00adsmo por la comprensi\u00f3n respetuosa y ben\u00e9vola de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>3. LA IMPORTANCIA DEL DI\u00ed\u0081LOGO EN LA VIDA COM\u00daN &#8211; Entre los momentos importantes de la vida comunitaria que pueden constituir el hilo ordenador de una educaci\u00f3n permanente y comparativa de la vocaci\u00f3n, adem\u00e1s de la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada y de las reuniones comunitarias de diverso tipo, se pueden establecer la liturgia de las horas, las jornadas de retiro o de estudio, los.-ejercicios espirituales, los onom\u00e1sticos, los cumplea\u00f1os, los aniversarios, los acontecimientos alegres o tristes a lo largo del camino de todos y de cada uno. Sin embargo, para que estos momentos sean de veras capaces de fortalecer y dar vigor y entusiasmo es preciso que en la comunidad exista la posibilidad de un di\u00e1logo sincero y cordial. Condici\u00f3n preliminar para el di\u00e1logo es la estima rec\u00ed\u00adproca. Algunos miembros tienden a imponer con altivez sus propios puntos de vista; otros, cautos o astutos, evitan toda actitud autoritaria, pero como \u00abbuenos oradores\u00bb saben imponer la tiran\u00ed\u00ada de los intrigantes. Hay que cuidarse de la presunci\u00f3n de imponer como verdad absoluta la propia opini\u00f3n; todos han de educarse a saber escuchar, discutir y comprender el punto de vista ajeno. El que encuentra dificultad para expresarse deber\u00ed\u00ada ser ayudado a manifestar la propia opini\u00f3n. El di\u00e1logo excluye la pol\u00e9mica y mantiene siempre en pie el respeto a los dem\u00e1sP1. Para que el amor fraterno no se quede en simple etiqueta hay que conjugarlo en los tres verbos: conocerse, amarse, darse. Es verdad que no hay que hacer del placer de estar juntos la meta de la fraternidad, pero tambi\u00e9n lo es que, para permanecer fieles a la com\u00fan voluntad de seguir a Cristo, es necesario crear dentro de la comunidad un clima de paz y de alegr\u00ed\u00ada que arregle y supere conflictos y tensiones.<\/p>\n<p>Las diversiones tienen ciertamente su importancia en la vida comunitaria; pero, seg\u00fan se ha destacado precedentemente [>III, 3], no hay que maravillarse de que no todos sientan la misma necesidad de ellas. De otra parte, hay que recordar que, sin lugar a dudas, es m\u00e1s necesario aplicarse con diligencia a las peque\u00f1as delicadezas cotidianas y a las atenciones rec\u00ed\u00adprocas, que son la alegr\u00ed\u00ada de la existencia civilizada. El que despu\u00e9s de una intensa jornada de trabajo vuelve cansado a la comunidad, no desea tanto las agitaciones sonoras de una alegr\u00ed\u00ada demasiado f\u00e1cil cuanto la acogida comprensiva y sosegada de los hermanos. Se puede preguntar si, en el momento presente de dolorosa reflexi\u00f3n, para revigorizar la vida de los consagrados a Cristo en orden a un servicio generoso de la Iglesia y de los hermanos, es suficiente la contribuci\u00f3n que actualmente se hace a la vida comunitaria. La desorientaci\u00f3n vocacional y las mismas deserciones podr\u00ed\u00adan de hecho tener relaci\u00f3n con la \u00abpobreza\u00bb de ciertas comunidades de vida. En este caso, la recuperaci\u00f3n de una aut\u00e9ntica vida comunitaria podr\u00ed\u00ada contribuir no poco a aclarar ideas y orientaciones atinentes a la propia vocaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica, as\u00ed\u00ad como a renovar la capacidad de ayuda reciproca, a fin de recuperar la alegr\u00ed\u00ada de la opci\u00f3n inicial.<\/p>\n<p>VIII. Problem\u00e1ticas y experiencias actuales<br \/>\nSiendo indiscutible que la familia es la primera forma natural de vida com\u00fan, tras considerar la comunidad cristiana dentro de los l\u00ed\u00admites exigidos por sus modalidades funcionales, se ha dedicado aqu\u00ed\u00ad un espacio m\u00e1s amplio a la comunidad religiosa en las formas espec\u00ed\u00adficas de consagraci\u00f3n. En los \u00faltimos a\u00f1os, el dinamismo propio de estas comunidades y de las varias concepciones de la vida ha creado nuevas im\u00e1genes del hecho que se examina: las comunidades catecumenales, las comunidades de base, los grupos de diversas denominaciones. Se da por supuesto que nos referimos a las comunidades eclesiales, en las cuales, adem\u00e1s del dato de la fe com\u00fan, est\u00e1 asegurada de un modo o de otro la comuni\u00f3n con la Iglesia.<\/p>\n<p>1. LAS COMUNIDADES CATECUMENALES &#8211; El primer aspecto destacado de estas comunidades, que por lo dem\u00e1s no ignoran los problemas, las ventajas y las dificultades de las comunidades presentadas con anterioridad, es la presencia casi ritual de un \u00abl\u00ed\u00adder espiritual\u00bb o animador, en torno al cual giran todas las iniciativas, recibiendo de \u00e9l el impulso o la aprobaci\u00f3n, incluso en presencia de cualquier posible consenso de base. Sin embargo, en general, estas comunidades catecumenales tienen como gu\u00ed\u00ada el \u00abcatequista\u00bb, personalidad destacada por la competencia doctrinal y por la experiencia de fe y de oraci\u00f3n, y generalmente laico; a \u00e9l se une el sacerdote para la celebraci\u00f3n de la Eucarist\u00ed\u00ada y de los sacramentos y como asesor en los problemas m\u00e1s teol\u00f3gicos y espirituales que se presentan. Seg\u00fan las experiencias m\u00e1s conocidas, de acuerdo con las finalidades perseguidas por estas comunidades, se advierte que generalmente est\u00e1n centralizadas en la iniciaci\u00f3n cristiana como camino hacia atr\u00e1s para la comprensi\u00f3n de los sacramentos ya recibidos y reasumidos luego en una tarea eminentemente catequ\u00e9tica. Lo espec\u00ed\u00adfico \u00abcomunitario\u00bb consiste aqu\u00ed\u00ad en realizar en com\u00fan actos de culto, actos sacramentales, morales y sociales en un\u00e1nime acuerdo de esp\u00ed\u00adritu y de sentimientos, mediante la ayuda rec\u00ed\u00adproca en el camino de la fe, as\u00ed\u00ad como con la ayuda material en los casos de evidente necesidad. En algunas de ellas, siguiendo el modelo de las comunidades cristianas primitivas, se pone todo en com\u00fan: dinero, vestidos, v\u00ed\u00adveres, cuanto dicten las necesidades de la vida material. Las comunidades catecumenales no siguen un modelo \u00fanico, sino que difieren de un lugar a otro, de un catequista a otro, de una situaci\u00f3n a otra, hasta diferenciarse notablemente en los factores m\u00e1s cualificantes: crecimiento continuo en la \u00absocializaci\u00f3n\u00bb o disminuci\u00f3n evidente de lo \u00abcomunitario\u00bb, seg\u00fan los tipos de direcci\u00f3n o conducci\u00f3n. Destaca, en general, el dato fe-comuni\u00f3n con la Iglesia, primado sacramental de la eucarist\u00ed\u00ada preparada y vivida durante toda la semana, participaci\u00f3n de sujetos de toda edad, prescindiendo de los ni\u00f1os; admisi\u00f3n de n\u00facleos familiares enteros, atenci\u00f3n m\u00e1xima al concepto de conversi\u00f3n como camino ininterrumpido por los caminos de la vida cristiana, reconducida a su  primitivo estilo de vida disciplinada, austera y evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>2. LAS COMUNIDADES DE BASE &#8211; Bajo esta denominaci\u00f3n se incluyen grupos que en sus comienzos partieron con prop\u00f3sitos de fidelidad al evangelio en su pureza \u00ed\u00adntegra, a veces en contraste con otras formas institucionalizadas de vida cristiana, como las parroquias, casi rivalizando y con la finalidad de recuperar los valores genuinos del evangelio. Pero luego, por las excesivas concesiones a los est\u00ed\u00admulos de la contestaci\u00f3n [>Contestaci\u00f3n prof\u00e9tica], se hicieron aut\u00f3nomas, perdiendo el sentido originario de su vocaci\u00f3n y presencia en la Iglesia. Esto no quiere decir que no existan comunidades de base cuyo fin sea acoger a personas deseosas de un cristianismo m\u00e1s comprometido, m\u00e1s fieles a los servicios de la caridad, m\u00e1s atentas principalmente a escuchar, meditar y cotejar su vida con la palabra de Dios. En general, se caracterizan por el amor, casi un culto, a la palabra de Dios, con la cual se familiarizan, con la cual comprueban su vida y su comportamiento personal y comunitario y con la cual animan los sacramentos que alimentan su fe.<\/p>\n<p>Generalmente, este tipo de comunidad surge donde la vida parroquial languidece o donde, por motivos particulares, se concede demasiado al conformismo o al ritualismo, con ausencia parcial o completa de la visi\u00f3n cristiana de la vida, que obliga a las obras y concede poco a las palabras. Su sentido comunitario, en general, y de acuerdo con los modelos m\u00e1s frecuentes, consiste en tomar en com\u00fan las decisiones, en actos sacramentales o en catequesis en com\u00fan, as\u00ed\u00ad como en un esp\u00ed\u00adritu de participaci\u00f3n muy intenso. Su vocaci\u00f3n es perseguir la autenticidad cristiana, compartida por todos los participantes y por cada uno en particular; es la expresi\u00f3n de los Hechos: \u00abUn solo coraz\u00f3n y una sola alma\u00bb (He 4,32). De ordinario est\u00e1n guiadas por un \u00abcarism\u00e1tico\u00bb, personaje que, por aptitudes naturales y disposiciones de esp\u00ed\u00adritu, se presenta como un sujeto digno de credibilidad y de toda confianza. Los problemas de la convivencia o vida com\u00fan son id\u00e9nticos a los de otras formas de vida comunitaria, con matices de escaso valor diferencial. Las actividades de las comunidades de base son diversas y numerosas; no siguen un modelo com\u00fan. Seg\u00fan el fin para el que surgen localmente, seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de los l\u00ed\u00adderes que las animan, asumen finalidades t\u00ed\u00adpicamente \u00abeclesiales\u00bb, es decir, hacer iglesia, ser iglesia en el sentido originario de la palabra; es obvio que la persona, la obra y el mensaje de Cristo se llevan la palma en el programa operativo, y la lectura comentada y meditada del evangelio ocupa un espacio de honor.<\/p>\n<p>3. Los GRUPOS PEQUE\u00ed\u2018OS &#8211; Despu\u00e9s de un crescendo de comunidades catecumenales y de base, con su s\u00e9quito de crisis inevitables y de f\u00e1ciles extinciones, hemos asistido a un florecimiento de \u00abpeque\u00f1os grupos\u00bb, compuestos de pocos sujetos, con finalidades y actividades varias: grupos de experiencia de oraci\u00f3n, grupos del evangelio, grupos misioneros, grupos caritativos, grupos de experiencia de vida comunitaria en sentido evang\u00e9lico seg\u00fan el modelo de los doce ap\u00f3stoles de Jes\u00fas, etc. La nota dominante es la \u00abespontaneidad\u00bb, puesto que se asocian sujetos por atracci\u00f3n de ideales, por comunidad de sentimientos y por igualdad de prop\u00f3sitos operativos. Su valoraci\u00f3n, lo mismo que para otros tipos asociativos, es el principio de fe com\u00fan, la comuni\u00f3n con la Iglesia jer\u00e1rquica, la escucha de la palabra de Dios, una cierta preferencia por la eucarist\u00ed\u00ada y, sobre todo, el esp\u00ed\u00adritu de participaci\u00f3n, que permite poner en com\u00fan con los hermanos valores pose\u00ed\u00addos a nivel espiritual, intercambio de experiencias, testimonio cristiano y el amor de caridad como alma de todo. La consistencia de los peque\u00f1os grupos var\u00ed\u00ada con las situaciones y los hombres. En general, gozan de la preferencia de los j\u00f3venes, que acuden a ellas para resolver problemas propios de la edad, dificultades e interrogantes de la fe, para profundizar verdades particulares del mensaje evang\u00e9lico y tambi\u00e9n para llevar a cabo obras e iniciativas de orden caritativo y social hoy muy en boga: educaci\u00f3n de minusv\u00e1lidos, ayuda al tercer mundo, presencia y asistencia de ancianos, recuperaci\u00f3n de drogadictos y alcoholizados, alfabetizaci\u00f3n de incultos, etc. La nota distintiva de los grupos peque\u00f1os juveniles es la actividad acompa\u00f1ada de la oraci\u00f3n comunitaria, como la liturgia de las horas celebrada juntos en ambiente de ponderada reflexi\u00f3n, la eucarist\u00ed\u00ada dom\u00e9stica, celebraciones penitenciales. Se advierte un fen\u00f3meno explicable por la edad: cuando los j\u00f3venes traspasan el umbral de la juventud, el grupo se extingue lentamente. El problema estriba en recrear grupos m\u00e1s a tono con la edad adulta, de finalidades y programas m\u00e1s adecuados a la madurez cristiana y al crecimiento de la fe.<\/p>\n<p>4. Lo \u00abNUEVO\u00bb Y LO \u00abANTIGUO\u00bb EN LAS NUEVAS FORMAS &#8211; La vida com\u00fan alcanz\u00f3 su \u00e1pice en las formas cl\u00e1sicas de la vida consagrada: monasterios, abad\u00ed\u00adas, conventos, institutos, residencias religiosas, fraternidades. La pedagog\u00ed\u00ada y la asc\u00e9tica comunitaria se inspiran en estas fuentes, ya sea para un reconocimiento de los valores positivos, ya para subrayar las tensiones y la conflictividad. Las nuevas formas a que se ha hecho referencia en este \u00faltimo p\u00e1rrafo reiteran, quiz\u00e1 de una forma m\u00e1s aguda, los valores y debilidades de lo \u00abcomunitario\u00bb, evitando, conforme a la sensibilidad de los nuevos tiempos, la institucionalizaci\u00f3n de los unos y de las otras y, por tanto, la divulgaci\u00f3n de los fen\u00f3menos. Por lo dem\u00e1s, las t\u00e9cnicas de \u00absocializaci\u00f3n\u00bb en que se inspiran todas las formas de la vida comunitaria se ocupan de normalizaciones, descripciones, caracterizaciones y distinciones entre grupos y grupos, que la psicolog\u00ed\u00ada actual intenta iluminar con sus intervenciones interpretativas.<\/p>\n<p>En la \u00abnovedad\u00bb de las nuevas formas comunitarias se encuentra casi todo lo \u00abantiguo\u00bb, aunque de modos menos oficiales, especialmente en la fraternidad de vida consagrada laical y en las terceras \u00f3rdenes religiosas; pero existe indudablemente algo \u00abnuevo\u00bb, no s\u00f3lo en las formas, sino sobre todo en los contenidos, inspirados en el evangelio, en la autenticidad de la Iglesia como pueblo de Dios, en el valor social y comunitario de la oraci\u00f3n lit\u00fargica, en el primado de la caridad como amor fraterno y como acci\u00f3n de ayuda y de suplencia a lo que falta en la realizaci\u00f3n del programa cristiano. Sea permitido concluir diciendo que no todo el pasado de la vida comunitaria se transfunde a la vida de hoy en d\u00ed\u00ada, sino que se ha realizado una comprobaci\u00f3n sustancial de lo que vale todav\u00ed\u00ada y de lo que ya no vale. La elecci\u00f3n parece que, prescindiendo de algunas excepciones, no ha sido equivocada. El Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or gu\u00ed\u00ada a su pueblo en el nuevo \u00e9xodo al encuentro de la nueva venida de Jes\u00fas entre nosotros.<\/p>\n<p>A. Mercatali<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Comunidades de base, Morova, Madrid 1971-AA. VV., La comunidad, Inst. Teol. de Vida Religiosa, Madrid 1974 (con amplia bibliograf\u00ed\u00ada).-Alonso, A, Comunidades eclesiales de base, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1970.-Barb\u00e9, D, En el futuro, las comunidades de base, Studium, Madrid 1974.-Coutinho, B, El progreso comunitario a trav\u00e9s de la educaci\u00f3n de los adultos y de las cooperativas, Borgo Spirito, Roma 1965.-Delespesse, M. 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Grandeza de alma; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/comunidad-de-vida\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCOMUNIDAD DE VIDA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17075","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17075","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17075"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17075\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17075"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17075"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17075"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}