{"id":17078,"date":"2016-02-05T11:07:28","date_gmt":"2016-02-05T16:07:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ecumenismo-espiritual\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:28","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:28","slug":"ecumenismo-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ecumenismo-espiritual\/","title":{"rendered":"ECUMENISMO ESPIRITUAL"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La Iglesia cat\u00f3lica en el movimiento ecum\u00e9nico: 1. De un ecumenismo \u00abcat\u00f3lico\u00bb a la participaci\u00f3n de los cat\u00f3licos en el ecumenismo; 2. P. Couturier y la oraci\u00f3n por la unidad; 3. \u00abEcumenismo espiritual\u00bb &#8211; II. M\u00e1s all\u00e1 del ecumenismo espiritual: 1. Del \u00abecumenismo espiritual\u00bb a una espiritualidad ecum\u00e9nica; 2. La aportaci\u00f3n de las confesiones a una espiritualidad ecum\u00e9nica: a) Las iglesias orientales, b) Iglesias y comunidades eclesiales de la Reforma &#8211; III. Las dimensiones de una espiritualidad ecum\u00e9nica: 1. Conversi\u00f3n; 2. Di\u00e1logo: a) El di\u00e1logo como momento de espiritualidad cristiana, b) La Iglesia, signo de fraternidad dialogante; 3. Servicio.<\/p>\n<p>La t\u00e1ctica del Esp\u00ed\u00adritu Santo revela una constante: su procedimiento gradual. \u00abFirmiter et suaviter\u00bb. No sigue el camino de la violencia, sino el de la suavidad. No por ello su acci\u00f3n es menos eficaz. Un test de los m\u00e1s evidentes es la transformaci\u00f3n de la Iglesia bajo el soplo del ecumenismo. Nada de torbellino y terremoto, sino brisa ligera; sin embargo, el hielo acumulado durante siglos se ha deshecho irrevocablemente.<\/p>\n<p>La asimilaci\u00f3n de la mentalidad ecum\u00e9nica ha producido transformacionesen todos los campos de la vida de las iglesias cristianas: desde el edificio doctrinal a la pr\u00e1ctica del culto y a las relaciones cotidianas de los pertenecientes a confesiones diversas. Tambi\u00e9n la espiritualidad se ha visto invadida por ella; de ah\u00ed\u00ad se ha seguido una renovaci\u00f3n superior a toda previsi\u00f3n. Durante demasiado tiempo, en efecto, fue precisamente la espiritualidad uno de los mayores factores de divisi\u00f3n. La absoluta identificaci\u00f3n con la propia confesi\u00f3n y el distanciamiento de las dem\u00e1s era una de las exigencias fundamentales que pon\u00ed\u00ada cada iglesia a sus fieles. Fue la \u00abespiritualidad\u00bb la que hizo que la Ortodoxia Oriente cristiano] se estructurase como iglesia de la tradici\u00f3n, eleprotestantismo como comunidad de la Biblia y el catolicismo como la iglesia de los sacramentos y de la jerarqu\u00ed\u00ada. La voluntad de dar a la propia confesi\u00f3n una fisonom\u00ed\u00ada bien patente e inconfundible llev\u00f3 a aislar alg\u00fan aspecto, a privilegiarlo de manera exclusiva, a agigantarlo en detrimento de otros.<\/p>\n<p>El viento primaveral del ecumenismo ha tra\u00ed\u00addo el deshielo. Sin detrimento de la identidad confesional, los cristianos han aprendido a estimar el patrimonio de las otras confesiones, que se deriva de la fuente evang\u00e9lica com\u00fan. El enriquecimiento no ha llegado s\u00f3lo por aportaciones de fuera. Aceptando al otro en cuanto otro, los cristianos han aprendido tambi\u00e9n a conocer mejor la propia tradici\u00f3n confesional; encamin\u00e1ndose un\u00e1nimemente hacia Cristo, han aprendido el arte espiritual del di\u00e1logo; su servicio com\u00fan al mundo le ha dado al mensaje evang\u00e9lico un impacto y una credibilidad mayores.<\/p>\n<p>I. La Iglesia cat\u00f3lica<br \/>\nen el movimiento ecum\u00e9nico<br \/>\n1. DE UN ECUMENISMO \u00abCAT\u00ed\u201cLICO\u00bb A LA PARTICIPACI\u00ed\u201cN DE LOS CAT\u00ed\u201cLICOS EN EL ECUMENISMO &#8211; El camino de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo en la historia est\u00e1 marcado por heridas inferidas a la fraternidad y por desgarrones de la unidad. Algunos fueron temporales; otros abrieron entre las comunidades cristianas fosos aparentemente insalvables. Sin embargo, la esperanza de la unidad jam\u00e1s abandon\u00f3 por completo a la Iglesia; la historia de las divisiones tiene como paralelo una serie correspondiente de tentativas dereunificaci\u00f3n&#8217;. Con la constituci\u00f3n del Movimiento Ecum\u00e9nico, las intervenciones espor\u00e1dicas adquirieron car\u00e1cter org\u00e1nico. La utop\u00ed\u00ada de la unidad de la Iglesia se convirti\u00f3 en fuerza creadora. Una serie de instituciones ha dado cuerpo a la inspiraci\u00f3n ideal de los pioneros: el Consejo Internacional de las Misiones, Vida y Acci\u00f3n, Fe y Constituci\u00f3n y, finalmente, como coronamiento, el Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias&#8217;. La orientaci\u00f3n ecum\u00e9nica se iba extendiendo contagiosamente a las diversas confesiones cristianas. Finalmente, tambi\u00e9n la Iglesia cat\u00f3lica superaba su desconfianza frente al Movimiento Ecum\u00e9nico y se adher\u00ed\u00ada a \u00e9l cordialmente con el Vat. II.<\/p>\n<p>La afirmaci\u00f3n de la idea ecum\u00e9nica en la Iglesia cat\u00f3lica fue lenta. Durante muchos a\u00f1os el magisterio pontificio reafirm\u00f3 con intransigencia una concepci\u00f3n de la reunificaci\u00f3n basada en el \u00abretorno\u00bb de los herejes y cism\u00e1ticos (\u00abNo se puede fomentar la unidad de los cristianos de otra manera que procurando la vuelta de los disidentes a la \u00fanica verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un d\u00ed\u00ada lamentablemente se alejaron\u00bb, Mortalium animos, de 1928)&#8217;. Todav\u00ed\u00ada en 1949 una instrucci\u00f3n del Santo Oficio pon\u00ed\u00ada en guardia a los fieles cat\u00f3licos contra los peligros del ecumenismo. La participaci\u00f3n en asambleas mixtas, en conferencias y en reuniones de oraci\u00f3n se desaconsejaba sin t\u00e9rminos medios: \u00abNo intervengan los fieles en esas reuniones sin un permiso especial de la autoridad eclesi\u00e1stica\u00bb; para participar en tales reuniones era siempre necesario \u00abel permiso preventivo y especial en cada caso de la Santa Sede\u00bb. El documento indicaba tambi\u00e9n que los criterios con que se pod\u00ed\u00adan conceder tales autorizaciones eran de lo m\u00e1s restrictivos: \u00abPues como la experiencia ense\u00f1a que las grandes reuniones de este g\u00e9nero dan poco fruto y entra\u00f1an gran peligro, no se deben permitir si no es despu\u00e9s de un examen atent\u00ed\u00adsimo&#8217;.<\/p>\n<p>M\u00e1s que las implicaciones teol\u00f3gicas de estas proclamaciones de orden doctrinal, nos interesa la actitud espiritual que las dictaba. Mientras la Iglesia cat\u00f3lica se inspir\u00f3 en el campo ecum\u00e9nico por la ideolog\u00ed\u00ada del \u00abretorno\u00bb, sigui\u00f3 encerrada en s\u00ed\u00ad misma como un castillo inexpugnable. Si se abr\u00ed\u00ada alg\u00fan puente levadizo era para invitar a volver a los que se hab\u00ed\u00adan alejado; nunca para ponerse ella en camino. Las exhortaciones al retorno contenidas en las enc\u00ed\u00adclicas\u00bbecum\u00e9nicas\u00bb de P\u00ed\u00ado XI y P\u00ed\u00ado XII suenan intolerablemente duras. \u00abEl Papa se dirig\u00ed\u00ada a los herejes y a los cism\u00e1ticos, les tend\u00ed\u00ada la mano y les conjuraba paternalmente a entrar de nuevo en el seno de la Iglesia. \u00c2\u00a1Cu\u00e1ntas heridas ha causado este estilo, inspirado de buena fe en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, sin preocuparse no s\u00f3lo de las leyes de la psicolog\u00ed\u00ada, sino incluso de la verdad! Como si las resp\u00f3nsabilidades iniciales no hubieran sido comunes; como si los hijos de los reformadores pudieran ser hoy `culpables&#8217;: como si no estuvieran unidos en comunidades a las que son deudores de su conocimiento de Jesucristo y de su ideal cristiano, en las cuales, por consiguiente, hay que confiar para restablecer la uni\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Este planteamiento del \u00abecumenismo\u00bb perdur\u00f3 en el \u00e1mbito cat\u00f3lico hasta el Vat. II. Incluso Juan XXIII, a pesar de todo el impulso de su caridad y de su voluntad de di\u00e1logo, permaneci\u00f3 sustancialmente firme en la concepci\u00f3n tradicional. El esquema decretal discutido en la segunda sesi\u00f3n conciliar se mov\u00ed\u00ada a\u00fan en esta \u00f3rbita; la Iglesia cat\u00f3lica hablaba del ecumenismo partiendo de s\u00ed\u00ad misma, considerada como centro; a las dem\u00e1s iglesias y comunidades cristianas se las comparaba con su \u00abplenitud\u00bb y se las juzgaba cuantitativamente (es decir, a una comunidad separada se la med\u00ed\u00ada por el n\u00famero de elementos cat\u00f3lico-romanos que a\u00fan posee o que ha descartado).<\/p>\n<p>Esta concepci\u00f3n choc\u00f3 con la propugnada por las iglesias reunidas en el Consejo Ecum\u00e9nico de las Iglesias y defendida por unos pocos ecumenistas cat\u00f3licos de vanguardia; podemos llamar a la segunda \u00abecumenismo de di\u00e1logo\u00bb. Esta fue la que prevaleci\u00f3 en el concilio, hasta el punto de que nunca en el decreto se recurre al t\u00e9rmino o al concepto de \u00abretorno\u00bb. Desde el punto de vista doctrinal, esto implicaba la renuncia a un ecumenismo \u00abcat\u00f3lico\u00bb alternativo al promovido por las otras iglesias cristianas. Se abandonaba as\u00ed\u00ad la ense\u00f1anza oficial de la Iglesia cat\u00f3lica, seg\u00fan la cual exist\u00ed\u00adan dos movimientos ecum\u00e9nicos totalmente diversos: el de la Iglesia cat\u00f3lica, que ten\u00ed\u00ada como fin la vuelta de los hermanos separados, y el de las otras iglesias, que tend\u00ed\u00ada a la recuperaci\u00f3n de la unidad mediante la integraci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca.<\/p>\n<p>El decreto conciliar rechaz\u00f3 el paralelismo de un doble ecumenismo. La posici\u00f3n qued\u00f3 sancionada al cambiarse el t\u00ed\u00adtulo del primer cap\u00ed\u00adtulo, de acuerdo con las propuestas formuladas durante la discusi\u00f3n en el aula en la segunda sesi\u00f3n. En su redacci\u00f3n final, el cap\u00ed\u00adtulo no se titula ya \u00abPrincipios del ecumenismo cat\u00f3lico\u00bb, sino \u00abPrincipios cat\u00f3licos sobre el ecumenismo\u00bb. Este desplazamiento de una palabra no es una correcci\u00f3n estil\u00ed\u00adstica; es m\u00e1s bien la renuncia por parte cat\u00f3lica a un ecumenismo administrado como propiedad. Quiere decir que existe un solo ecumenismo, en el que, sin embargo, hay diversos puntos de partida, ya que son diversas las bases hist\u00f3ricas y doctrinales de las varias iglesias. Por eso la Iglesia cat\u00f3lica se reserva participar en este movimiento de acuerdo con lo que expl\u00ed\u00adcita en los \u00abprincipios\u00bb derivados de su propia eclesiolog\u00ed\u00ada; pero reconoce en el movimiento mismo algo diverso de la \u00abvuelta a Roma\u00bb tanto tiempo postulada. La aspiraci\u00f3n ecum\u00e9nica se define como \u00abmovimiento cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s amplio, surgido tambi\u00e9n entre nuestros hermanos separados, por la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, para restablecer la unidad de todos los cristianos\u00bb (cf UR 1). De mayor peso son para nosotros las implicaciones espirituales de esta opci\u00f3n ecum\u00e9nica concreta del Vat. II. La idea de ecumenismo que la Iglesia cat\u00f3lica ha hecho propia constituye un salto cualitativo enorme respecto al pasado incluso pr\u00f3ximo. Alguien ha hablado de \u00abrevoluci\u00f3n copernicana\u00bb. La imagen es de lo m\u00e1s apropiado. El que habla de ecumenismo de \u00abretorno\u00bb coloca su propia confesi\u00f3n en el centro, como la tierra en el sistema tolemaico; las otras agrupaciones cristianas giran alrededor, a mayor o menor distancia. En cambio, despu\u00e9s de la revoluci\u00f3n copernicana, el centro del universo cristiano no lo ocupa ya la propia Iglesia, sino Cristo. Y todas las iglesias adquieren la condici\u00f3n de planetas, que reciben luz de la estrella fija, Cristo, \u00abluz de las gentes\u00bb. No se trata s\u00f3lo. de un cambio teol\u00f3gico, sino de una verdadera revoluci\u00f3n de la actitud espiritual m\u00e1s profunda. Tal es el supuesto indispensable de una espiritualidad ecum\u00e9nica.<\/p>\n<p>2. P. COUTURIER Y LA ORACI\u00ed\u201cN POR LA UNIDAD &#8211; La apertura de la Iglesia cat\u00f3lica al ecumenismo de di\u00e1logo no se produjo de la noche a la ma\u00f1ana. Ciertos hombres profetas prepararon el cambio. Fueron grandes conciencias cristianas, en las que ard\u00ed\u00ada la pasi\u00f3n por la unidad de la Iglesia; consumieron suvida por la Una Sancta y su llama encendi\u00f3 otras llamas.<\/p>\n<p>Los profetas del di\u00e1logo ecum\u00e9nico llevaron una vida dificil en la Iglesia y sufrieron hostilidades y censuras. Sin embargo, la causa ecum\u00e9nica se afirm\u00f3 precisamente porque ellos consiguieron comunicar a la Iglesia entera con su testimonio la pasi\u00f3n por la unidad de los cristianos. Unos lo hicieron con contactos (v\u00e9ase el caso ejemplar del P. Portal y de lord Halifax); otros con sus escritos (como el P. Congar con su libro fundamental Cristianos desunidos); otros, en fin, con la oraci\u00f3n. A este \u00faltimo grupo pertenece la luminosa figura del sacerdote Couturier.<\/p>\n<p>El P. Congar ha dado un vibrante testimonio sobre la aportaci\u00f3n de Paul Couturier a la causa ecum\u00e9nica: \u00abA cada uno su cometido y su camino en la historia santa que Dios escribe. Para cada uno, lo m\u00e1s bello es lo que se le ha asignado; s\u00f3lo desempe\u00f1\u00e1ndolo fielmente ser\u00e1 de veras grande, fecundo y, finalmente, feliz. No nos engrandecemos disminuyendo a los otros y envidiando su destino, sino, al contrario, abri\u00e9ndonos y comunicando gozosamente lo que Dios ha querido que seamos y realicemos. Yo he recibido quiz\u00e1 -icon otros!- el cometido de un servicio doctrinal al ecumenismo&#8230; La gracia y la vocaci\u00f3n del sacerdote Paul Couturier fue abrirle al ecumenismo el camino espiritual, darle su coraz\u00f3n de amor y de oraci\u00f3n\u00bb. En este humilde sacerdote de Lyon han reconocido muchos al profeta de la unidad cristiana que el siglo xx necesitaba, suscitado por Dios como aquellos \u00abhermanos universales\u00bb -Francisco de As\u00ed\u00ads, Vicente de Pa\u00fal, Carlos de Foucauld- que marcan los grandes cambios de la historia del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El nombre de P. Couturier est\u00e1 ligado sobre todo a la \u00abSemana de la oraci\u00f3n universal por la unidad\u00bb. No fue \u00e9l propiamente el fundador, sino su revolucionador. Lo que exist\u00ed\u00ada precedentemente era un \u00abOctavario por la unidad de la Iglesia\u00bb, del 18 al 25 de enero, iniciado por Paul Wattson, aprobado por P\u00ed\u00ado X y dotado de indulgencias por sucesivos pont\u00ed\u00adfices. El octavario estaba concebido como una especie de cruzada espiritual para la conversi\u00f3n de los no cat\u00f3licos. La perspectiva era expl\u00ed\u00adcitamente la del \u00abretorno\u00bb de todas las ovejas descarriadas al \u00fanico redil de Pedro. D\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada los cat\u00f3licos oraban por la \u00abconversi\u00f3n\u00bb y el \u00abretorno\u00bb de todos los cristianos disidentes, lo mismo que por la \u00abconversi\u00f3n\u00bb de los musulmanes, de los paganos y de los jud\u00ed\u00ados. Evidentemente, tal oraci\u00f3n no pod\u00ed\u00ada ser una oraci\u00f3n verdaderamente ecum\u00e9nica, en el sentido de ser una oraci\u00f3n de todos los cristianos; no pod\u00ed\u00adan unirse a ella aquellos cuya conversi\u00f3n se ped\u00ed\u00ada. El sacerdote Couturier revolucion\u00f3 la semana de oraci\u00f3n, liber\u00e1ndola de la perspectiva controversista y de proselitismo, sin caer por ello en el indiferentismo temido por el magisterio.<\/p>\n<p>El mismo P. Couturier difundi\u00f3 su pensamiento en dos importantes art\u00ed\u00adculos aparecidos en la Revue apolog\u00e9tique. Proclamaba necesario que la oraci\u00f3n, para ser verdaderamente ecum\u00e9nica, garantizase un esp\u00ed\u00adritu con el que todos los cristianos se sintieran a gusto: \u00abEntendemos este octavario como una convergencia de oraciones de todas las confesiones cristianas en plena libertad e independencia, hacia el Cristo que amamos, adoramos y predicamos&#8230; Hacer el octavario es prepararse espiritualmente a la reuni\u00f3n que se suplica; prepararse a ella a trav\u00e9s de esta misma s\u00faplica&#8230; El octavario tiene por fin la reuni\u00f3n de todos, de la cual no sabemos otra cosa sino que Dios la quiere, puesto que Cristo or\u00f3 por la unidad. Se trata de hacer un acto de completo abandono y de absoluta confianza en la infinita bondad y en el infinito poder de Cristo resucitado\u00bb.<\/p>\n<p>Para Couturier no existe m\u00e1s que una sola acci\u00f3n adecuada a la altura del ideal de la unidad querida por Dios en Cristo: \u00abla acci\u00f3n de la oraci\u00f3n\u00bb. Se trata, pues, de que cada cristiano se deje guiar por una fe viva en la persona de Cristo; pero cada uno en su propia confesi\u00f3n, es decir, all\u00ed\u00ad donde ha aprendido a amar a Cristo. El centro de la oraci\u00f3n ecum\u00e9nica no puede ser el cristiano particular, sino Cristo mismo o, mejor, la oraci\u00f3n misma de Cristo por la unidad. Cristo orante, Cristo que hace su oraci\u00f3n sacerdotal, es el lugar en que podemos encontrarnos todos los cristianos.<\/p>\n<p>El cambio realizado por el P. Couturier estriba en el hecho de que no se reza ya por la vuelta de los \u00abotros\u00bb, sino por la \u00absantificaci\u00f3n\u00bb de todos. El problema ecum\u00e9nico, reducido a su esencia, es que todos nos acerquemos m\u00e1s a Cristo mediante la conversi\u00f3n del coraz\u00f3n, fieles al conocimiento de Cristo que se tiene en la propia Iglesia. Lo que se le pide a cada uno es que llegue hasta el final de su propia fidelidad, tal como al presente la vive. Todo disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas puede entrar en esa oraci\u00f3n, que se hace entonces verdaderamente universal, ecum\u00e9nica, dejando de ser un proselitismo enmascarado. Y esta oraci\u00f3n convergente y un\u00e1nime comienza ya, a pesar de las divisiones, a realizar el milagro de la unidad. \u00abPorque -escrib\u00ed\u00ada en uno de los op\u00fasculos preparados anualmente para la semana- es vano querer que se realice primero la unidad de los esp\u00ed\u00adritus en la verdad y luego la unidad de los corazones en la caridad. La caridad es el heraldo de la verdad\u00bb.<\/p>\n<p>3. \u00abECUMENISMO ESPIRITUAL\u00bb &#8211; La Visi\u00f3n ecum\u00e9nica de P. Couturier tuvo una resonancia excepcional. A partir de 1933 inici\u00f3 la oraci\u00f3n por la unidad a la cual hubieran podido unirse todos los cristianos con plena independencia espiritual. A su muerte, en 1953, la oraci\u00f3n universal hab\u00ed\u00ada conquistado multitudes de cristianos de todas las confesiones, difundi\u00e9ndose progresivamente por todo el mundo. Se hab\u00ed\u00ada revelado como uno de los canales privilegiados para la difusi\u00f3n de la exigencia ecum\u00e9nica; a trav\u00e9s de ella, la unidad hab\u00ed\u00ada pasado del \u00e1mbito de los pioneros y de los te\u00f3logos a las masas cristianas.<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, la oraci\u00f3n por la unidad hab\u00ed\u00ada puesto en marcha una concepci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de la unidad de la Iglesia. Esta se aparta del planteamiento doctrinal que aborda la unidad cristiana partiendo del problema de las divergencias doctrinales e institucionales, que es preciso comprender y conciliar. Es verdad que nosotros no podemos prescindir de nuestras convicciones particulares ni se nos ha pedido renunciar a la fidelidad a nuestra confesi\u00f3n. Mas cuando nos acercamos a la oraci\u00f3n de Cristo, adquirimos conciencia de que su intenci\u00f3n supera todo lo que nosotros, individual y eclesialmente, podamos pensar. En consecuencia, la oraci\u00f3n ecum\u00e9nica no puede postular la reducci\u00f3n de los otros a nuestra unidad, sino que Dios realice \u00abla unidad que quiera a trav\u00e9s de los medios que quiera\u00bb. Esta f\u00f3rmula concisa resume mejor que cualquier otra el dinamismo que la oraci\u00f3n del sacerdote Couturier supo imprimir a la concepci\u00f3n ecum\u00e9nica de la unidad de la Iglesia.<\/p>\n<p>Para los cristianos divididos se trata de volver a unirse, mas no en el punto en que se separaron. Deben m\u00e1s bien progresar paralelamente, intentando hacer m\u00e1s aut\u00e9ntica su propia vida cristiana mediante un contacto renovado con la fuente \u00fanica. Las miradas de nuestros hermanos de confesiones diferentes, al posarse en nosotros nos obligan a descubrir los puntos precisos en los que se debe llevar a cabo una purificaci\u00f3n. La reabsorci\u00f3n de las divisiones s\u00f3lo se producir\u00e1 cuando los cristianos, avanzando paralelamente al encuentro del Se\u00f1or en una conversi\u00f3n progresiva y estimulados por contactos rec\u00ed\u00adprocos, hayan entrado plenamente en la oraci\u00f3n del mismo Cristo por la unidad de su Iglesia.<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de la \u00abSemana de oraci\u00f3n universal para la unidad cristiana\u00bb y la concepci\u00f3n eclesiol\u00f3gica subyacente a la misma han adoptado el nombre de ecumenismo espiritual&#8217;. El mismo Vat. II, en el decreto sobre el ecumenismo, hizo suya esta terminolog\u00ed\u00ada: \u00abEsta conversi\u00f3n del coraz\u00f3n y santidad de vida, junto con las oraciones p\u00fablicas y privadas por la unidad de los cristianos, han de considerarse como el alma de todo el movimiento ecum\u00e9nico y con toda verdad pueden llamarse ecumenismo espiritual\u00bb (UR 8).<\/p>\n<p>II. M\u00e1s all\u00e1 del ecumenismo espiritual<br \/>\n1. DEL \u00abECUMENISMO ESPIRITUAL\u00bb A UNA ESPIRITUALIDAD ECUMENICA &#8211; Ning\u00fan cristiano sensible a los problemas de la Iglesia podr\u00e1 negar la preciosa contribuci\u00f3n de la corriente de pensamiento y de acci\u00f3n conocida con el nombre de \u00abecumenismo espiritual\u00bb a la causa ecum\u00e9nica en general. Se ha impuesto la costumbre de considerarlo como una aportaci\u00f3n a la unidad de los cristianos espec\u00ed\u00adfica e irreductible a las otras formas de actividad ecum\u00e9nica, a saber: los encuentros institucionales y las discusiones teol\u00f3gicas. La aportaci\u00f3n del \u00abecumenismo espiritual\u00bb es indiscutiblemente relevante. Est\u00e1, ante todo, el hecho mismo de la semana de oraci\u00f3n, que moviliza cada a\u00f1o al mundo cristiano. Cat\u00f3licos, anglicanos, protestantes y ortodoxos viven un \u00abtiempo fuerte\u00bb espiritual, que pone ante sus ojos la responsabilidad de todos los cristianos frente a la unidad y frente al mundo, el cual sigue estupefacto, y hasta escandalizado, por sus divisiones. La semana hace comprender que ninguna confesi\u00f3n tiene derecho a aprovecharse de la desgracia de la ruptura. La oraci\u00f3n de cada Iglesia es aut\u00e9ntica cuando brota de un esp\u00ed\u00adritu penitencial.<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n por la unidad, en el sentido que le dio el sacerdote Couturier, ha sido uno de los elementos que mayormente han contribuido a difundir en todos los niveles del pueblo cristiano el rechazo del \u00abeclesiocentrismo\u00bb. Las iglesias han dejado de considerarse a s\u00ed\u00ad mismas como centro del universo religioso y de medir a las dem\u00e1s con su propia medida. Han colocado en el centro a Cristo y, al medirse por su gracia y sus exigencias, se han encontrado todas deficientes.<\/p>\n<p>Finalmente, al ecumenismo espiritual le debemos la profundizaci\u00f3n de la idea misma de unidad de la Iglesia. La unidad de la Iglesia como \u00abmisterio\u00bb, y no como \u00abproblema\u00bb; la unidad de los cristianos como participaci\u00f3n de la unidad trinitaria: \u00abEn el misterio del ser mismo de la Iglesia es donde los cristianos deben `comunicar&#8217;: no s\u00f3lo para vivir en la unidad, sino m\u00e1s exactamente para vivir de la unidad. Por eso todo cristiano est\u00e1 obligado a afirmar: la unidad no me es extra\u00f1a. No es una riqueza que habr\u00e9 de conquistar, con la alegr\u00ed\u00ada de repartirla entre hermanos. La unidad constituye mi mismo ser cristiano, igual que el suyo; estoy comprometido en ella, como ellos. Es imposible objetivarla perfectamente para someterla a mi albedr\u00ed\u00ado y al suyo. De ella vivo; de ella quiero vivir; como quiero que los otros vivan de ella; como los otros quieren vivir de ella\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, todos estos m\u00e9ritos innegables del ecumenismo espiritual no logran impedir ciertos interrogantes cr\u00ed\u00adticos sobre \u00e9l. Surgen reservas sobre la terminolog\u00ed\u00ada. En efecto, parece abusivo monopolizar el t\u00e9rmino \u00abespiritual\u00bb para algunas de las actividades espec\u00ed\u00adficas que forman parte del compromiso ecum\u00e9nico. Todo el ecumenismo es \u00abespiritual\u00bb, es decir, fruto del Esp\u00ed\u00adritu. Expl\u00ed\u00adcitamente lo ha reconocido el Vat. II al atribuir a la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo el surgir de un \u00abmovimiento cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s amplio para restablecer la uni\u00f3n de todos los cristianos\u00bb (UR 1). En este sentido, las actividades sociales de SODEPAX, por citar un ejemplo, no son menos \u00abespirituales\u00bb que la semana de oraci\u00f3n. Esta \u00faltima se ha difundido elogiosamente. Puede decirse que no hay hoy parroquia cat\u00f3lica o comunidad religiosa que no la celebre. La oraci\u00f3n por la unidad se ha convertido en una pr\u00e1ctica de piedad habitual. Pero puede que su mismo \u00e9xito haya llevado a restringir el alcance del ecumenismo y a reducirlo a una pr\u00e1ctica de piedad m\u00e1s; a confinarlo en los grupos de devotos; a hacer de los que oran por la unidad una especie de \u00abmonasterio invisible\u00bb, para usar una expresi\u00f3n del sacerdote Couturier.<\/p>\n<p>No se trata de proscribir el \u00abecumenismo espiritual\u00bb ni de negarle a la oraci\u00f3n su car\u00e1cter central en la vida cristiana. El mismo Vat. II, seg\u00fan lo hemos visto, define este compromiso espiritual como \u00abel alma de todo el movimiento ecum\u00e9nico\u00bb. La \u00fanica preocupaci\u00f3n es la de evitar una expresi\u00f3n que puede tener resultados restrictivos y que, en cualquier caso, no es adecuada para expresar todo lo que ha llegado a ser el ecumenismo.<\/p>\n<p>Positivamente, nos parece poder afirmar que en la escuela de la oraci\u00f3n los cristianos han adquirido una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda, m\u00e1s \u00abespiritual\u00bb -es decir, m\u00e1s en consonancia con el Esp\u00ed\u00adritu de Jes\u00fas-, de su propia existencia. No basta rezar; hay que rezar \u00abbien\u00bb. De esto ten\u00ed\u00adan conciencia los disc\u00ed\u00adpulos cuando le pidieron a Jes\u00fas: \u00abSe\u00f1or, ens\u00e9\u00f1anos a orar\u00bb (Le 11,1). Evidentemente, no buscaban una f\u00f3rmula mejor que las otras; acaso mejor que las oraciones que Juan Bautista hab\u00ed\u00ada ense\u00f1ado a sus disc\u00ed\u00adpulos. Ped\u00ed\u00adan un \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb; el que vislumbraban en la vida y en la oraci\u00f3n de Jes\u00fas y que sent\u00ed\u00adan como totalmente diferente de su propio \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb.<\/p>\n<p>Los cristianos han orado mucho por la unidad de la Iglesia. Pero con frecuencia han orado mal. Y han orado mal porque viv\u00ed\u00adan mal su referencia a Cristo. Mas en nuestro tiempo se ha otorgado la gracia: \u00abEl Se\u00f1or de los siglos, que sabia y pacientemente contin\u00faa el prop\u00f3sito de su gracia sobre nosotros, pecadores, ha empezado recientemente a infundir con mayor abundancia en los cristianos desunidos entre s\u00ed\u00ad el arrepentimiento y el deseo de uni\u00f3n\u00bb (UR 1). Lo ha hecho tambi\u00e9n mediante la oraci\u00f3n de hombres de oraci\u00f3n. Y esta oraci\u00f3n suya ha sido escuchada muy por encima de lo que los orantes solicitaban. A la Iglesia entera se la ha otorgado gracia seg\u00fan la medida evang\u00e9lica: colmada, apretada y rebosante.<\/p>\n<p>Uno de los mejores frutos de la oraci\u00f3n es precisamente el hecho de que quienes oran se ven empujados a un compromiso m\u00e1s global que el de la sola oraci\u00f3n. El \u00abecumenismo espiritual\u00bb, en cuanto actividad espec\u00ed\u00adfica que busca la unidad, est\u00e1 llamado a superarse. La \u00abespiritualidad\u00bb entera -es decir, la vida de fe, esperanza y amor en el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo- debe adquirir una dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica.<\/p>\n<p>Sin embargo, la fidelidad confesional est\u00e1 muy lejos de carecer de sentido. Cada tradici\u00f3n particular, al dar la preferencia a ciertos valores, ha conferido una fisonom\u00ed\u00ada inimitable al modo concreto de traducir en la vida el evangelio. El primer paso hacia una espiritualidad ecum\u00e9nica consiste en aceptar la pluralidad de las espiritualidades, conocerlas, apreciarlas y asimilarlas en la medida de lo posible. La espiritualidad ecum\u00e9nica hacia la que se sienten impulsadas las iglesias no es una reducci\u00f3n al m\u00ed\u00adnimo com\u00fan denominador cristiano, con la que se perder\u00ed\u00adan las caracter\u00ed\u00adsticas singulares de las diversas confesiones. Es el Vat. II el que nos invita precisamente a tener en la mayor consideraci\u00f3n las espiritualidades de las otras confesiones.<\/p>\n<p>2. LA APORTACI\u00ed\u201cN DE LAS CONFESIONES A UNA ESPIRITUALIDAD ECUMENICA &#8211; \u00abPara unirse hay que amarse\u00bb, sol\u00ed\u00ada decir el cardenal Mercier; y continuaba: \u00abPara amarse hay que conocerse\u00bb. El amor de Cristo da la limpidez de mirada necesaria para conocer al otro en su misterio; pero el amor mismo se nutre de conocimiento, si no quiere degenerar en vago sentimentalismo. Este elemento intelectual es parte integrante de una verdadera espiritualidad ecum\u00e9nica.<\/p>\n<p>No se trata de conocer s\u00f3lo la doctrina de las otras iglesias. Seg\u00fan el Vat. II, \u00abhay que conocer la disposici\u00f3n de \u00e1nimo de los hermanos separados&#8230; Los cat\u00f3licos debidamente preparados deben adquirir un mejor conocimiento de la doctrina y de la historia, de la vida espiritual y cultual, de la psicolog\u00ed\u00ada religiosa y de la cultura propia de los hermanos\u00bb (UR 9). Una iglesia es m\u00e1s que un acervo de doctrinas; por eso conocerse es distinto de una confrontaci\u00f3n de tesis. De los otros cristianos se invita a los cat\u00f3licos a conocer su animus, o sea su esp\u00ed\u00adritu y su mentalidad; hay que estudiar su historia y los restantes aspectos, puesto que en ellos se expresa el animus. Por eso el acercamiento requerido es diverso del que basta para un conocimiento puramente nocional. No es posible acercarse a la doctrina del otro como a un simple problema que resolver, sino como al aspecto de un misterio profundo de la gracia de Dios y de fidelidad humana a Cristo, que se expresan en la vida concreta de las otras iglesias.<\/p>\n<p>a) Las iglesias orientales. A los cat\u00f3licos les pide el concilio una \u00abespecial consideraci\u00f3n\u00bb de las iglesias orientales (UR c. III, p. 1). De ellas nos viene el testimonio m\u00e1s expl\u00ed\u00adcito sobre el papel del Esp\u00ed\u00adritu en el conjunto de la experiencia cristiana. El Oriente cristiano est\u00e1 polarizado en la experiencia del Dios b\u00ed\u00adblico, que se revela en Jesucristo y se comunica mediante el Esp\u00ed\u00adritu Santo. La idea oriental de Dios es trinitaria; se expresa din\u00e1micamente en aquel c\u00ed\u00adrculo misterioso que brota de la unidad y desemboca de nuevo en la unidad divina.<\/p>\n<p>El movimiento que fluye pl\u00e1cidamente del seno inefable del Padre alcanza su plenitud en el Esp\u00ed\u00adritu Santo. Como en el Esp\u00ed\u00adritu se cierra el c\u00ed\u00adrculo divino, \u00e9l es el portador de la belleza madura y plena de Dios. El mundo ortodoxo es consciente de que, al igual que no es posible analizar el perfume de una flor, lo mismo el Esp\u00ed\u00adritu Santo es indefinible. El creyente no puede captarlo y comprenderlo; s\u00f3lo puede adorarlo y cantar en su presencia. En el Oriente cristiano la penetraci\u00f3n del misterio del Esp\u00ed\u00adritu Santo ha sido tal, que encontramos plenamente justificada la afirmaci\u00f3n de Bulgakov: \u00abLa ortodoxia es el Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb.<\/p>\n<p>La \u00abteolog\u00ed\u00ada\u00bb -el canto de la plenitud rebosante de la vida trinitaria- la hace posible la \u00abeconom\u00ed\u00ada\u00bb, la sabia disposici\u00f3n de Dios de revelarse al hombre. Dios, intangible en su trascendencia, se hace inmanente en el cosmos, su trasparencia, y en el hombre, imagen del Logos. La encarnaci\u00f3n del Hijo eleva al mundo a la maravillosa vecindad de Dios y le ofrece su definitivo coronamiento. Todas las acciones de Jes\u00fas est\u00e1n repletas del perfume de la santidad de Dios, que se difunde en el mundo ya desde el momento mismo de la encarnaci\u00f3n. La aparici\u00f3n de Cristo en este mundo -ense\u00f1anza, actividad milagrosa, muerte en cruz y resurrecci\u00f3n- tiende toda ella al proceso de divinizaci\u00f3n del hombre (\u00abtheosis\u00bb): participaci\u00f3n de la vida divina, visi\u00f3n de Dios.<\/p>\n<p>La divinizaci\u00f3n alcanza su expresi\u00f3n m\u00e1s radiante en la resurrecci\u00f3n. Esta es contemplada por las iglesias de Oriente como un hecho c\u00f3smico: en Cristo tambi\u00e9n nosotros hemos resucitado, la vida divina triunfa y el j\u00fabilo pascual llena a todas las criaturas. Un investigador de las religiones, muy sensible, ha percibido atinadamente el puesto central que ocupa la fe en la resurrecci\u00f3n dentro de la sensibilidad espiritual del cristianismo oriental: \u00abLa fe en el m\u00e1s sublime y profundo misterio cristiano de la salvaci\u00f3n, que constituye el latido de la cristiandad ortodoxa, es tan vital, fuerte e iluminador, que no se ha convertido en objeto de la especulaci\u00f3n teol\u00f3gica. La agudeza penetrante y la h\u00e1bil dial\u00e9ctica, propias de la cristolog\u00ed\u00ada dogm\u00e1tica de los griegos, se han cubierto la cabeza ante este misterio de los misterios, en silencio de adoraci\u00f3n; la teolog\u00ed\u00ada ha cedido aqu\u00ed\u00ad a la viva devoci\u00f3n. Precisamente en este constante silencio ante el misterio de la resurrecci\u00f3n, que la liturgia oriental canta y celebra con j\u00fabilo ininterrumpidamente, se manifiesta toda la grandeza de la teolog\u00ed\u00ada oriental, la cual indaga el misterio de la revelaci\u00f3n hasta donde se lo puede indagar, y el misterio imposible de indagar lo deja a la Iglesia orante\u00bb<br \/>\nLa corriente infinita de vida que fluye de la Trinidad desembocando en el Esp\u00ed\u00adritu Santo, consagra la humanidad de Jes\u00fas mediante la divinidad. La vida divina inunda tambi\u00e9n a los creyentes, que est\u00e1n injertados en Cristo. As\u00ed\u00ad, el Esp\u00ed\u00adritu Santo, la gracia increada, el aliento viviente de la divinidad, realiza la filiaci\u00f3n divina de los hombres. Guiado por el Esp\u00ed\u00adritu hasta el centro del coraz\u00f3n de Dios, el creyente recibe ahora una misteriosa vibraci\u00f3n al ritmo de la vida trinitaria, en espera de poder contemplar la luz divina sin velos.<\/p>\n<p>Con la fe en el reino futuro, la mirada fija en lo eterno, el impulso vital hacia la transfiguraci\u00f3n y la voz jam\u00e1s desfallecida del servicio divino que celebra la eucarist\u00ed\u00ada con los \u00e1ngeles, la Iglesia oriental recuerda a los cristianos de cualquier confesi\u00f3n que mediante la belleza de su gloria es como ha salvado Dios al mundo.<\/p>\n<p>b) Iglesias y comunidades eclesiales de la Reforma. Tambi\u00e9n las iglesias nacidas de la reforma protestante poseen su patrimonio espiritual, que han sacado del evangelio com\u00fan y que brindan a todos los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo por encima de las delimitaciones confesionales. Hay que admitir que el mundo cat\u00f3lico es poco sensible a las riquezas espirituales del protestantismo. La pol\u00e9mica ha estructurado las relaciones entrecat\u00f3licos y protestantes hasta el m\u00e1s reciente pasado. Nos hemos dejado guiar por la mentalidad apolog\u00e9tica, que s\u00f3lo conoce las luces de la propia casa y las sombras de la ajena. No es \u00e9ste el esp\u00ed\u00adritu que anima al decreto conciliar sobre el ecumenismo. Podemos comprobarlo en los p\u00e1rrafos que el decreto dedica a las iglesias y comunidades eclesiales separadas de Occidente en el c. lll. El \u00faltimo de los cuatro p\u00e1rrafos, que tratan de los puntos fundamentales que unen a las iglesias de la Reforma y a las iglesias de cu\u00f1o cat\u00f3lico, se ocupa de la vida en el Esp\u00ed\u00adritu (UR 23).<\/p>\n<p>Del cristianismo protestante se dicen cosas sumamente positivas, atribuy\u00e9ndolas a la obra de la gracia. No se trata, en el fondo, m\u00e1s que de la aplicaci\u00f3n coherente del principio establecido en la primera parte del decreto: las iglesias y comunidades eclesiales no carecen de significado en el misterio de la salvaci\u00f3n; de ellas se sirve el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo como de instrumentos de la gracia divina para los hombres (cf UR 3). Tampoco la santidad de vida que puede admirarse en estas iglesias florece \u00aba pesar de\u00bb las iglesias, sino \u00aben ellas\u00bb y \u00abgracias a ellas\u00bb. Tambi\u00e9n en las iglesias separadas de la sede romana est\u00e1 presente con su eficacia la \u00fanica Iglesia de Cristo para producir frutos de vida cristiana, tanto en el \u00e1mbito individual como en el social. Entre las m\u00e1s destacadas de estas riquezas, el concilio se\u00f1ala la fe en Cristo, ayudada por la gracia del bautismo y por la escucha de la palabra de Dios, la oraci\u00f3n privada, la meditaci\u00f3n de la Biblia, la vida de la familia cristiana y el culto de la comunidad reunida para alabar a Dios.<\/p>\n<p>A esto hay que a\u00f1adir el vivo sentido de la justicia y la sincera caridad con el pr\u00f3jimo. \u00abEsta fe activa -observa el decreto conciliar- ha producido no pocas instituciones para socorrer la miseria espiritual y corporal, para cultivar la educaci\u00f3n de la juventud, para humanizar las condiciones sociales de la vida, para establecer la paz en el mundo\u00bb (UR 23).<\/p>\n<p>Ser\u00ed\u00ada falsear la intenci\u00f3n del concilio ver en las afirmaciones sobre la \u00abfe activa\u00bb una intenci\u00f3n pol\u00e9mica, como si se quisiera atribuir a las iglesias protestantes, a pesar de su doctrina de la \u00absola fe\u00bb, una justicia que viene de las obras. El lenguaje del concilio es m\u00e1s bien un est\u00ed\u00admulo para que los cat\u00f3licos comprueben si los clis\u00e9s corrientes de la doctrina de la justificaci\u00f3n atribuida a los protestantes corresponden verdaderamente al pensamiento y a la pr\u00e1ctica de nuestros hermanos. Es cierto que algunos disc\u00ed\u00adpulos de Lutero han llevado hasta el extremo su rechazo del sistema religioso-moral de la teolog\u00ed\u00ada bajo-medieval, la cual hac\u00ed\u00ada de la acci\u00f3n humana una condici\u00f3n de necesidad para la salvaci\u00f3n divina. Por el camino de este rechazo, Nicol\u00e1s de Amsdorf lleg\u00f3 hasta la tesis de que las buenas obras son incluso nocivas para la salvaci\u00f3n. Esta es la imagen caricaturesca que m\u00e1s circula en el ambiente cat\u00f3lico. Pero no era \u00e9se el pensamiento de Lutero y de los otros reformadores. Puede decirse que fe y buenas obras son contempladas como inherentes entre s\u00ed\u00ad, de manera que sin las buenas obras no se consigue la salvaci\u00f3n, si bien no se gane la salvaci\u00f3n por medio de las buenas obras. En todo caso, es cierto que los protestantes no entienden el principio de la \u00absola fe\u00bb como si la fe no hubiera de mostrarse fecunda en la vida del creyente.<\/p>\n<p>Es indiscutible, por lo dem\u00e1s, que las diversas oleadas de \u00abrenacimiento\u00bb que hist\u00f3ricamente han recorrido el mundo protestante se han ocupado de dar a la existencia cristiana una dimensi\u00f3n tambi\u00e9n social y humanitaria. El compromiso por la justicia social se vio incrementado por el impulso del protestantismo liberal, el cual tend\u00ed\u00ada a hacer al cristianismo inmanente a este mundo como religi\u00f3n social. El protestantismo conoci\u00f3 tambi\u00e9n un movimiento social an\u00e1logo al producido por el catolicismo a partir de finales del siglo pasado. A \u00e9l se debe la creaci\u00f3n de obras ben\u00e9ficas de toda clase, encaminadas todas a combatir las plagas sociales en favor de los m\u00e1s desheredados: la infancia, los prisioneros, los enfermos (desde la fundaci\u00f3n de la Cruz Roja Internacional en Ginebra en 1868, por obra del calvinista H. Dunant, hasta la instituci\u00f3n de enfermeras para asistir a los soldados heridos, las nurses de Florence Nightingale). No deja de ser significativo el que una de las figuras m\u00e1s conocidas del mundo protestante y representativas de su vida espiritual sea el doctor A. Schweitzer, premiado por su hospital africano de Lambar\u00e9n\u00e9.<\/p>\n<p>Esta estela de caridad que los cristianos de la Reforma han dejado detr\u00e1s de s\u00ed\u00ad, en Europa como en los pa\u00ed\u00adses de misi\u00f3n, la contempla la Iglesia cat\u00f3lica sin envidia, sino m\u00e1s bien dando gracias a Aquel que sigue derramando su Esp\u00ed\u00adritu en el mundo a trav\u00e9s de los creyentes de todas las comunidades confesionales que obran en su nombre.<\/p>\n<p>Gracias a las aportaciones de todas las tradiciones confesionales es posible inaugurar ahora el inicio de una \u00e9poca en que la cristiandad sabr\u00e1 vivir la diferencia bajo el signo del pluralismo que enriquece. La vida espiritual de los creyentes tendr\u00e1 un aliento m\u00e1s amplio; ser\u00e1 ecum\u00e9nica. De esta espiritualidad en formaci\u00f3n podemos entrever ya sus rasgos m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticos. Los agrupamos bajo los tres exponentes de conversi\u00f3n, di\u00e1logo y servicio.<\/p>\n<p>III. Las dimensiones de una espiritualidad ecum\u00e9nica<br \/>\n1. CONVERSI\u00ed\u201cN &#8211; En el curso de medio siglo de ecumenismo han surgido progresivamente diversos aspectos de la b\u00fasqueda de la unidad eclesial. Nos hemos percatado de que \u00e9sta conlleva un di\u00e1logo doctrinal sobre el contencioso teol\u00f3gico antiguo y reciente, un servicio com\u00fan de los cristianos al mundo, especialmente a los pobres, y la oraci\u00f3n de todos para que Cristo mismo restablezca la unidad visible por los caminos que quiera. Son \u00e9stas dimensiones permanentes del movimiento ecum\u00e9nico. Pero cada vez m\u00e1s se siente la necesidad de encontrarle al ecumenismo un centro de gravitaci\u00f3n. Ahora que la causa ecum\u00e9nica ha pasado a ser, de trabajo de una \u00e9lite, la preocupaci\u00f3n de una multitud de cristianos; ahora que la multiplicaci\u00f3n de las actividades ecum\u00e9nicas hace temer el riesgo de una evaporaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu en un \u00abactivismo ecum\u00e9nico\u00bb; ahora que los j\u00f3venes dentro mismo de la Iglesia suscitan discusiones radicales, se hace necesaria una concentraci\u00f3n en lo esencial.<\/p>\n<p>El decreto conciliar sobre el ecumenismo viene en ayuda de esta preocupaci\u00f3n. Al hablar del ejercicio del ecumenismo (c. II), trata de todo lo que puede hacerse juntos, desde los di\u00e1logos teol\u00f3gicos especializados a la cooperaci\u00f3n en el plano social; pero con gran acierto antepone a esta enumeraci\u00f3n las debidas consideraciones sobre el ecumenismo como reforma de la Iglesia y como renovaci\u00f3n de los cristianos individuales. Y as\u00ed\u00ad recuerda que el ecumenismo, antes que un c\u00famulo de \u00abcosas que hacer\u00bb, es una actitud interior, un esp\u00ed\u00adritu, una disposici\u00f3n de \u00e1nimo. Tal es el n\u00facleo del ecumenismo, su centro de gravitaci\u00f3n. Sin esta sal, cualquier actividad ecum\u00e9nica se corrompe m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde. Se nos pone as\u00ed\u00ad en guardia frente a un cierto \u00abtriunfalismo ecum\u00e9nico\u00bb, que podr\u00ed\u00ada infiltrarse si nos damos por contentos con algunas manifestaciones solemnes y exteriores de unidad que no se traduzcan en la asunci\u00f3n de una nueva mentalidad. \u00abEl aut\u00e9ntico ecumenismo no se da sin la conversi\u00f3n interior. Porque es de la renovaci\u00f3n interior, de la abnegaci\u00f3n propia y de la lib\u00e9rrima efusi\u00f3n de la caridad de donde brotan y maduran los deseos de unidad\u00bb (UR 7).<\/p>\n<p>La conversi\u00f3n que madura en el seno de la espiritualidad ecum\u00e9nica no se limita a la transformaci\u00f3n moral de las costumbres. Se relaciona m\u00e1s bien con ese hecho espiritual que el griego del NT llama metanoia, la cual comprende el abandono de la humana autosuficiencia y de la b\u00fasqueda de s\u00ed\u00ad, la radical orientaci\u00f3n a Dios por la pronta disposici\u00f3n a cumplir su voluntad, el cambio del modo de pensar y la inversi\u00f3n, a partir de la fe, de la jerarqu\u00ed\u00ada de valores. En este nivel, el ecumenismo se presenta como un movimiento que es espiritual en su esencia \u00ed\u00adntima; \u00abespiritual\u00bb, o sea obra del Esp\u00ed\u00adritu. La metanoia no es producto de la buena voluntad del hombre, y hay que impetrarla en la oraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Renovaci\u00f3n, reforma, conversi\u00f3n, santidad, comuni\u00f3n con Dios: todo esto, y nada menos que esto, se le pide a la Iglesia que acepta caminar por el sendero del ecumenismo. Veremos m\u00e1s f\u00e1cilmente que esto es lo esencial de una espiritualidad ecum\u00e9nica si consideramos que la conversi\u00f3n, traducida a lo positivo, significa concentraci\u00f3n en Cristo. As\u00ed\u00ad ocurre ya con la metanoia evang\u00e9lica: quiere decir cambiar el rumbo de la vida para ir en pos de Jes\u00fas que llama [Conversi\u00f3n II-I11]. En el lenguaje de los te\u00f3logos, esta actitud que debe animar a las iglesias abiertas al ecumenismo se llama \u00abcristocentrismo\u00bb.<\/p>\n<p>La preocupaci\u00f3n por asegurar a Cristo el puesto central en la doctrina, en la predicaci\u00f3n y en la vida de la Iglesia es uno de los frutos m\u00e1s preciosos de la espiritualidad ecum\u00e9nica. La orientaci\u00f3n cristoc\u00e9ntrica no se asegura content\u00e1ndose con repetir las f\u00f3rmulas venerandas de la fe cristiana establecidas por los concilios de los ss. tv y v, sobre las cuales existe un acuerdo sustancialentre las diversas confesiones cristianas. Las formulaciones doctrinales sobre Jesucristo como verdadero Dios y verdadero hombre en una sola persona han de convertirse en el punto de partida y en el comienzo de una comprensi\u00f3n nueva y actual de su persona y de su obra. Todas las iglesias han de responder con honradez intelectual a la pregunta: \u00bfQui\u00e9n es para nosotros \u00ab&#8216;Jesucristo hoy?<br \/>\nLas viejas pol\u00e9micas confesionales resultan absolutamente anacr\u00f3nicas cuando los cristianos se sit\u00faan ante el problema que les concierne a todos: c\u00f3mo llevar juntos al mundo actual, en su propio lenguaje, el anuncio de la salvaci\u00f3n de Jesucristo. Para proclamar con fidelidad y credibilidad el mensaje de la salvaci\u00f3n cristiana al mundo de hoy, se precisa la uni\u00f3n de las fuerzas de toda la cristiandad. La conversi\u00f3n ecum\u00e9nica del coraz\u00f3n hace posible la superaci\u00f3n del celoso particularismo con que cada confesi\u00f3n conserva sus dones propios y la apertura a la integraci\u00f3n de otros cristianos.<\/p>\n<p>2. DI\u00ed\u0081LOGO &#8211; a) El di\u00e1logo como momento de espiritualidad cristiana. No nos proponemos presentar la doctrina cat\u00f3lica sobre el di\u00e1logo ecum\u00e9nico en su totalidad. El decreto conciliar y, sucesivamente, los documentos elaborados por el Secretariado para la unidad de los cristianos han puntualizado con claridad los principios doctrinales y las normas pr\u00e1cticas que regulan el encuentro entre cristianos de confesiones diversas. Queremos aqu\u00ed\u00ad m\u00e1s bien considerar el di\u00e1logo ecum\u00e9nico desde el punto de vista de la espiritualidad cristiana. Excluimos una concepci\u00f3n \u00abelitista\u00bb, que quer\u00ed\u00ada ver en el di\u00e1logo una actividad de especialistas, reservada a los dedicados a los trabajos, o una especie de lujo espiritual, privilegio de almas elegidas. El di\u00e1logo ecum\u00e9nico es tarea de todos los cristianos. Es una escuela exigente, en la cual se aprenden las leyes fundamentales de la existencia \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. El di\u00e1logo es un lugar privilegiado, en el que el cristiano se descubre como \u00abnueva criatura\u00bb, engendrado por el don del Esp\u00ed\u00adritu Santo, y aprende a conocer las \u00abreglas del juego\u00bb que rigen toda experiencia religiosa que se mueve en pos de las huellas de Cristo.<\/p>\n<p>La primera caracter\u00ed\u00adstica del di\u00e1logo es su car\u00e1cter interpersonal. Es un encuentro entre personas; se funda en elreconocimiento del valor y de la dignidad del otro en cuanto persona. \u00abEn el reconocimiento y en la aceptaci\u00f3n del otro como persona tiene lugar el acontecimiento interpersonal, que implica como base una actitud de apertura y de comprensi\u00f3n, una situaci\u00f3n de reciprocidad en la sinceridad y la generosidad, un mutuo enriquecimiento y, fundamentalmente, un clima de libertad y de respeto. Un encuentro entre dos personas es un acontecimiento interpersonal porque se da el encuentro de dos conciencias y de dos libertades que se erigen y se realizan como conciencia y como libertad precisamente en ese encuentro\u00bb\u00bb. La reciprocidad de escuchar y responder, de interrogar y de dejarse interrogar, de ponerse a disposici\u00f3n y de acoger implica por igual a los partners del di\u00e1logo.<\/p>\n<p>S\u00f3lo puede existir reciprocidad si nos colocamos en una base de igualdad. El mismo decreto conciliar sobre el ecumenismo es el que usa la expresi\u00f3n \u00abde igual a igual\u00bb. Esto no quiere decir que a los participantes en el di\u00e1logo se les pida la renuncia a la convicci\u00f3n \u00ed\u00adntima de una mayor autenticidad y plenitud de la propia Iglesia. La condici\u00f3n para el di\u00e1logo no es el indiferentismo doctrinal, sino abstenerse de formular juicios sobre la voluntad de fidelidad de unos y otros al evangelio. Antes bien, los interlocutores se reconocen rec\u00ed\u00adprocamente incorporados a Cristo y en una cierta comuni\u00f3n rec\u00ed\u00adproca\u00bb. Paridad desde el punto de vista del di\u00e1logo quiere decir que a todos corresponde la misma posici\u00f3n: ninguno es privilegiado.<\/p>\n<p>El proceso espiritual puesto en marcha por estas comprobaciones no debe agotarse en la \u00e1rida formulaci\u00f3n de reglas emp\u00ed\u00adricas para un buen di\u00e1logo, con el fin de evitar que una parte se imponga a la otra. La reciprocidad, que se deriva del car\u00e1cter interpersonal del encuentro, nos abre m\u00e1s bien al misterio. En la reciprocidad, en efecto, tiene lugar el acontecimiento fundamental de la experiencia religiosa: el encuentro en la fe con Dios que se revela. La constituci\u00f3n sobre la revelaci\u00f3n divina del Vat. II ha recurrido justamente a categor\u00ed\u00adas de tipo personalista para describir la naturaleza de la revelaci\u00f3n: \u00abEn esta revelaci\u00f3n, Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compa\u00f1\u00ed\u00ada\u00bb (DV 2). La l\u00f3gica del di\u00e1logo es, pues, la l\u00f3gica misma del colloquium salutis que Dios mantiene con el hombre.<\/p>\n<p>Para comprender al otro es necesario un \u00e1nimo bien dispuesto y una actitud de simpat\u00ed\u00ada y de disponibilidad. El que no renuncia a una actitud de poder y de autoafirmaci\u00f3n jam\u00e1s llegar\u00e1 a establecer un verdadero encuentro. Y no hay que trivializar esta exigencia del di\u00e1logo, pensando que se trata, en el fondo, s\u00f3lo de un poco de buena voluntad por una y otra parte. A esta disposici\u00f3n espiritual se llega solamente mediante la ofrenda de uno mismo al Esp\u00ed\u00adritu de Dios, el \u00fanico que puede cambiar de signo la tendencia natural del hombre a referirlo todo a s\u00ed\u00ad mismo. S\u00f3lo la metanoia, ya expuesta como eje b\u00e1sico de la espiritualidad ecum\u00e9nica, hace posible la transformaci\u00f3n interior, indispensable para encontrar al otro en cuanto otro.<\/p>\n<p>El primer fruto de esta renovaci\u00f3n espiritual de conversi\u00f3n es la renuncia a la apolog\u00e9tica prepotente, que encubre las culpas y los errores de la propia Iglesia, pero los pone de manifiesto en las otras. Forma parte de la espiritualidad ecum\u00e9nica el reconocimiento de las propias culpas. Siguiendo el ejemplo de Pablo VI -en el discurso de apertura de la segunda sesi\u00f3n del Vat. II y, algunas semanas m\u00e1s tarde, en una alocuci\u00f3n a los observadores no cat\u00f3licos-, la Iglesia cat\u00f3lica entera ha entrado en la actitud penitencial de demanda y ofrecimiento de perd\u00f3n (cf UR 7).<\/p>\n<p>El di\u00e1logo ecum\u00e9nico constituye la mejor escuela de conversi\u00f3n. Por una parte, seg\u00fan hemos visto, el di\u00e1logo exige la conversi\u00f3n como condici\u00f3n preliminar para encontrar al otro en su verdad. Por otra, precisamente dialogando se aprende lo que es concretamente conversi\u00f3n. Esta requiere acercarse al otro renunciando a colocarse a s\u00ed\u00ad mismo -a la propia Iglesia, a la propia teolog\u00ed\u00ada, a la propia espiritualidad- como par\u00e1metro de confrontaci\u00f3n. Se comprende la conversi\u00f3n a trav\u00e9s de su contrario, que es la tentaci\u00f3n a constituirse en centro, a referirlo todo a uno mismo. \u00abEl verdadero di\u00e1logo -que no es simple intercambio de puntos de vista, sino b\u00fasqueda y comunicaci\u00f3n de los valores esenciales de nuestra vida- puede dar innumerables frutos de gracia. Conduce a una aut\u00e9ntica conversi\u00f3n de la persona y de la comunidad. S\u00f3lo a trav\u00e9s del ejercicio continuo y paciente del di\u00e1logo, con cuanto \u00e9l implica de preparaci\u00f3n, de escucha, de don, de reflexi\u00f3n,se puede llegar a la comuni\u00f3n\u00bb15. Es el di\u00e1logo, pues, el que descubre el sentido de la experiencia cristiana fundamental, a saber, de la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>Finalmente, el conocimiento del otro que se consigue con el di\u00e1logo sit\u00faa al creyente en una dimensi\u00f3n de crecimiento. Tambi\u00e9n en esto es el di\u00e1logo la ant\u00ed\u00adtesis de la pol\u00e9mica. En la pol\u00e9mica se atribuye por prejuicio al propio pensamiento la cualidad de ser justo. Por eso nunca se advierte en los polemistas esfuerzo alguno por superar el pensamiento propio. En cambio, el di\u00e1logo se orienta hacia el futuro abierto. Demoliendo prejuicios y clis\u00e9s, permite adquirir mejores informaciones sobre el otro: sobre su fe, sobre sus tradiciones, sobre sus riquezas de vida cristiana.<\/p>\n<p>\u00abDe este di\u00e1logo brotar\u00e1 un conocimiento m\u00e1s claro del verdadero car\u00e1cter de la Iglesia cat\u00f3lica\u00bb (UR 9). A trav\u00e9s del di\u00e1logo se llega al mismo tiempo a un mejor conocimiento de uno mismo. El di\u00e1logo posee en si una din\u00e1mica superadora de los l\u00ed\u00admites subjetivos. Al conocer al otro, se toma conciencia de que este o aquel aspecto del patrimonio propio es unilateral y que debe ser completado por otros aspectos mejor valorados por las dem\u00e1s iglesias. Gracias al di\u00e1logo, las iglesias caminan hacia una mayor perfecci\u00f3n. La iglesia que responde al deseo de unidad de Cristo ser\u00e1 diversa de las im\u00e1genes hist\u00f3ricamente condicionadas que ahora conocemos. La unidad plena se preparan los cristianos a acogerla como el gran don que Dios s\u00f3lo habr\u00e1 de conceder del modo y en la hora que \u00e9l lo quiera; sin embargo, el conocimiento rec\u00ed\u00adproco madurado en el di\u00e1logo hace progresar a las iglesias en la participaci\u00f3n de este misterio de unidad.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n bajo este punto de vista el di\u00e1logo ense\u00f1a algo esencial sobre la estructura de la fe cristiana. En cuanto llamados a la esperanza escatol\u00f3gica, los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo est\u00e1n inmersos en un movimiento que les hace trascender las expresiones hist\u00f3ricas contingentes de la fe. La actualizaci\u00f3n de la \u00abmemoria\u00bb de Cristo en cada \u00e9poca es una tarea jam\u00e1s concluida. Parafraseando las palabras de Jes\u00fas a Natanael (cf In 1,50), podemos decir que el di\u00e1logo es un eco de la promesa: \u00abCosas mayores que \u00e9stas ver\u00e9is\u00bb.<\/p>\n<p>b) La Iglesia, signo de fraternidad dialogante. El di\u00e1logo, nota caracter\u00ed\u00adstica de la Iglesia que ha seguido la escuela de Juan XXIII, ha llevado a un crecimiento cualitativo de la misma Iglesia. Dialogando, la Iglesia ha tomado conciencia de manera adecuada de su propio misterio. La vivencia eclesial del di\u00e1logo es de alg\u00fan modo an\u00e1loga a la de la oraci\u00f3n. Orando -orando \u00abbien\u00bb, a saber, en el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo-, la Iglesia ha comprendido mejor lo que era el misterio de unidad sobre el cual estaba fundada y al que estaba llamada. Los cristianos han comenzado rezando para que los otros se adaptaran a su modelo y han terminado comprendiendo que orar significa entrar en el dinamismo del Esp\u00ed\u00adritu, el cual quiere hacer a todos m\u00e1s semejantes a Cristo. Algo an\u00e1logo ha ocurrido con el di\u00e1logo. Es dif\u00ed\u00adcil negar que muchos cristianos entendieron inicialmente el di\u00e1logo como una t\u00e1ctica. Lo adoptaron como el instrumento adecuado a los tiempos para poder continuar la misi\u00f3n de la Iglesia. Mas, una vez entrados en el juego del di\u00e1logo, la misi\u00f3n misma de la Iglesia se les revel\u00f3 en una luz diversa. Intentemos ver m\u00e1s de cerca este proceso.<\/p>\n<p>El di\u00e1logo puede parecer que se impone a la Iglesia desde fuera, como una necesidad en la actual coyuntura cultural. Los cristianos de diferentes confesiones no pueden pensar ya en renovar las guerras de religi\u00f3n (all\u00ed\u00ad donde parece que ocurre as\u00ed\u00ad, como en Irlanda, se trata en realidad de conflictos sociales enmascarados). Ni siquiera la pol\u00e9mica sistem\u00e1tica es ya concebible en una sociedad estructurada de manera pluralista. La secularizaci\u00f3n amenaza por igual a todas las iglesias. No se trata ya s\u00f3lo de intentar coexistir pac\u00ed\u00adficamente, sino de hacer frente unidos al dram\u00e1tico problema de la supervivencia. Los mismos supuestos culturales hacen anacr\u00f3nica la postura de rechazo desde\u00f1oso o de competencia de la Iglesia con el \u00ab&#8216;mundo. La humanidad del hombre est\u00e1 tan amenazada, que es absolutamente improrrogable el frente com\u00fan de todas las diversas formas de humanismo, religioso o laico. El di\u00e1logo como forma normal de acercamiento entre sistemas religiosos e ideol\u00f3gicos diversos parece que ha ocupado el lugar de la guerra, ya sea fria o caliente.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta concepci\u00f3n del di\u00e1logo, por l\u00ed\u00adcita y v\u00e1lida que sea en s\u00ed\u00ad misma, no parece dar raz\u00f3n de toda la realidad antropol\u00f3gica del di\u00e1logo. Ya en el campo filos\u00f3fico se ha defendido el valor absoluto e incondicionado del di\u00e1logo, que, en un plano \u00e9tico, no recibe justificaci\u00f3n extr\u00ed\u00adnseca, sino que se autojustifica por la exigencia incoercible que cada persona tiene de ser comprendida y de comprender al otro. En la vertiente teol\u00f3gica, el documento sobre el di\u00e1logo del Secretariado para los no creyentes (28 de agosto de 1968) parece sintonizar con esta concepci\u00f3n. El di\u00e1logo no se ve como un medio para alcanzar los fines apost\u00f3licos de la Iglesia; posee m\u00e1s bien su propia autojustificaci\u00f3n, inscrita en la naturaleza misma del hombre: \u00abEl di\u00e1logo debe brotar del deber moral universal de buscar en todas las cosas, y especialmente en las cuestiones religiosas, la verdad\u00bb. El deber moral de buscar la verdad se traduce, pues, en el deber moral de dialogar. Esto no implica que el di\u00e1logo exija preliminarmente poner entre par\u00e9ntesis la verdad o desplazarla al fin hipot\u00e9tico de la b\u00fasqueda. El di\u00e1logo no se desarrolla a la luz crepuscular del escepticismo. \u00abDel hecho de que los diversos interlocutores -prosigue el mismo documento- estimen poseer la verdad no se sigue que el di\u00e1logo sea in\u00fatil; en efecto, esta persuasi\u00f3n no es contraria a la \u00ed\u00adndole del di\u00e1logo. El di\u00e1logo se entabla partiendo de dos proposiciones diversas con el prop\u00f3sito reciproco de elaborarlas y, en la medida de lo posible, acercarlas; por eso es suficiente que cada uno de los interlocutores mantenga que el conocimiento de la verdad que posee puede crecer mediante el di\u00e1logo con el otro.<\/p>\n<p>Del di\u00e1logo con todos los hombres de buena voluntad, la Iglesia espera no s\u00f3lo \u00abun reconocimiento m\u00e1s pleno de los valores humanos\u00bb, sino tambi\u00e9n \u00abuna inteligencia m\u00e1s profunda de los problemas religiosos\u00bb. Para la Iglesia, el problema religioso por excelencia es la inteligencia de su propia misi\u00f3n. El Vat. II ha colocado a la Iglesia cat\u00f3lica en estado de reflexi\u00f3n sobre su propio misterio, ad intra, y sobre su cometido en el mundo, ad extra. Precisamente la fidelidad al mandato originario de \u00abhacer disc\u00ed\u00adpulos a todos los pueblos\u00bb (Mt 28,19) es lo que la obliga a reconsiderar su misi\u00f3n en los contextos culturales concretos en los que se encuentra viviendo. De ah\u00ed\u00ad que la urgencia actual de fundar la convivencia humana en el di\u00e1logo y la reflexi\u00f3n \u00e9tico-filos\u00f3fica de las mentes m\u00e1s avisadas, las cuales ven en el di\u00e1logo el rasgo espec\u00ed\u00adfico de la antropolog\u00ed\u00ada, lleven a la Iglesia a integrar esta categor\u00ed\u00ada en su propio intento de autocomprensi\u00f3n. Por este camino se lanz\u00f3 bien a las claras el Vat. II con la constituci\u00f3n pastoral Gaudium et spes. Al t\u00e9rmino del documento encontramos la afirmaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de que el di\u00e1logo con el mundo contempor\u00e1neo, tal como se inaugur\u00f3 en ese texto, no quiere ser un episodio aislado, sino un aspecto espec\u00ed\u00adfico de la actividad de la Iglesia: \u00abLa Iglesia, en virtud de la misi\u00f3n que tiene de iluminar a todo el orbe con el mensaje evang\u00e9lico y de reunir en un solo Esp\u00ed\u00adritu a todos los hombres de cualquier naci\u00f3n, raza o cultura, se convierte en signo de la fraternidad que permite y consolida el di\u00e1logo sincero\u00bb (GS 92). No es arbitrario atribuir a la palabra \u00absigno\u00bb, en este contexto, valencias sacramentales. La Iglesia, que se comprende a s\u00ed\u00ad misma como sacramento fundamental de la salvaci\u00f3n, osa atribuirse el cometido de ser algo an\u00e1logo a un \u00absacramento del di\u00e1logo\u00bb. No pretende tener su monopolio ni administrarlo; quiere m\u00e1s bien mostrarlo y servirle con el mismo impulso con que se siente enviada a dar su contribuci\u00f3n a la humanidad del hombre. Para la Iglesia, el di\u00e1logo se funda, teol\u00f3gicamente, en la paternidad de Dios: \u00abDios Padre es el principio y el fin de todos. Por ello, todos estamos llamados a ser hermanos. En consecuencia, con esta com\u00fan vocaci\u00f3n humana y divina, podemos y debemos cooperar, sin violencias, sin enga\u00f1os, en verdadera paz, a la edificaci\u00f3n del mundo\u00bb (GS 92). La Iglesia, pues, no usa el di\u00e1logo s\u00f3lo como un medio. Se siente constituida para el di\u00e1logo. Y el di\u00e1logo no se agota en una relaci\u00f3n vac\u00ed\u00ada y formal con el mundo; forma cuerpo con la praxis, y la paz le es consustancial.<\/p>\n<p>3. SERVICIO &#8211; Si los cristianos se comprometen, mediante la conversi\u00f3n y la reforma, la oraci\u00f3n com\u00fan y el di\u00e1logo, a hacer m\u00e1s verdadera y m\u00e1s visible la unidad de la Iglesia, no es por su propio confort espiritual, ni para sentirse mejor juntos. La unidad de la Iglesia est\u00e1 orientada al mundo, como testimonio y como servicio al hombre. El movimiento ecum\u00e9nico, al reflexionar sobre la oraci\u00f3n de Jes\u00fas (\u00abQue todos sean una sola cosa, para que el mundo crea que t\u00fa me enviaste\u00bb, Jn 17,21), ha colocado en el primer plano los conceptos de martyria (testimonio) y diakonia (servicio), como finalidad intr\u00ed\u00adnseca de los esfuerzos por la unidad. Por eso el ecumenismo tiende por su naturaleza a traducirse en acci\u00f3n yen signos visibles.<\/p>\n<p>Muchos cristianos se preguntan hoy si en el ecumenismo no se habla demasiado y se act\u00faa demasiado poco. Hay una serie de objetivos en el campo de la com\u00fan confesi\u00f3n de fe y de la cooperaci\u00f3n en el campo social, que podr\u00ed\u00adan conseguirse juntos, incluso en el actual estado de divisi\u00f3n entre las iglesias.<\/p>\n<p>La confesi\u00f3n de fe es un testimonio dado a trav\u00e9s de la palabra. Los contenidos de fe comunes a todos los cristianos -misterio trinitario, encarnaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica, esperanza escatol\u00f3gica del reino- son los m\u00e1s fundamentales; aquellos cuyo \u00abnexo con el fundamento de la fe cristiana\u00bb es m\u00e1s estrecho. En el testimonio com\u00fan de la fe le corresponde a la Escritura un puesto privilegiado. La traducci\u00f3n y la difusi\u00f3n com\u00fan de la Biblia es el esfuerzo pr\u00e1ctico primordial com\u00fan a todos los cristianos. Por desgracia, todav\u00ed\u00ada est\u00e1 vivo el recuerdo del tiempo en que las librer\u00ed\u00adas cat\u00f3licas estaban herm\u00e9ticamente cerradas para las biblias protestantes; m\u00e1s a\u00fan, la difusi\u00f3n de la Biblia aparec\u00ed\u00ada como la actividad t\u00ed\u00adpica de los evang\u00e9licos; casi como su monopolio. Muchos prejuicios quedan por abatir y mucho tiempo perdido por recuperar.<\/p>\n<p>Una ocasi\u00f3n \u00fanica para una pastoral ecum\u00e9nica en tal sentido la brinda hoy la traducci\u00f3n com\u00fan de la Biblia, la primera en lengua italiana. La traducci\u00f3n se lleva adelante por iniciativa y bajo la responsabilidad de la Alianza b\u00ed\u00adblica universal y del Centro catequ\u00ed\u00adstico salesiano de Tur\u00ed\u00adn-Leumann. El primer fruto del trabajo com\u00fan presentado al p\u00fablico fue un op\u00fasculo con la traducci\u00f3n de la Carta de Santiago, titulado \u00abPobres y ricos\u00bb (1974). Algunos p\u00e1rrocos han venido distribuy\u00e9ndolo en las visitas domiciliarias a sus fieles, aprovechando la oportunidad para hacer una catequesis sobre la Biblia y para informar sobre la relaci\u00f3n de las iglesias cristianas con la Escritura. El ejemplo m\u00e1s autorizado de una catequesis b\u00ed\u00adblico-ecum\u00e9nica lo ofreci\u00f3 el mismo Romano Pont\u00ed\u00adfice, distribuyendo el op\u00fasculo a los peregrinos reunidos en Roma para el a\u00f1o santo de 1975. La edici\u00f3n completa del NT en la traducci\u00f3n interconfesional apareci\u00f3 en 1976 y su difusi\u00f3n ha sido superior a toda expectativa.<\/p>\n<p>La cooperaci\u00f3n en el campo social es el otro modo de testimoniar al mundo la fe \u00fanica que vincula a los cristianos por encima de sus divisiones confesionales. Si para todos los hombres, y para loscreyentes en particular, la condici\u00f3n del hermano oprimido o necesitado es una invitaci\u00f3n al compromiso, para el cristiano este servicio es una exigencia de la misma fe en Cristo: \u00abEsta cooperaci\u00f3n de todos los cristianos expresa con viveza la uni\u00f3n que ya los vincula entre si y expone a m\u00e1s plena luz el rostro de Cristo siervo\u00bb (UR 12). Los cristianos cumplen mejor este mandato cuando prestan un servicio al hombre no divididos confesionalmente, sino en un trabajo com\u00fan. La Iglesia aparece as\u00ed\u00ad como una comunidad de servicio en seguimiento de Cristo. Por esta v\u00ed\u00ada de la emulaci\u00f3n fraterna en lavar los pies de los \u00faltimos, siguiendo el ejemplo de Cristo, los creyentes se acercan rec\u00ed\u00adprocamente y descubren una unidad que las divergencias doctrinales no permitir\u00ed\u00adan suponer.<\/p>\n<p>Las posibilidades de esta colaboraci\u00f3n son ilimitadas; sin n\u00famero, como las necesidades siempre nuevas de los hombres, y sin l\u00ed\u00admite, como la fantas\u00ed\u00ada creadora guiada por el amor. Sin embargo, resulta dif\u00ed\u00adcil hacer sugerencias concretas de validez universal. M\u00e1s bien es a nivel local como hay que distinguir las necesidades y proponer los objetivos a conseguir en cooperaci\u00f3n, proporcionalmente a la madurez ecum\u00e9nica lograda localmente. La iglesia local es el lugar en que se particulariza y concretiza la orientaci\u00f3n ecum\u00e9nica general de la Iglesia universal.<\/p>\n<p>En este contexto, es necesario recordar que el mundo evang\u00e9lico italiano manifiesta la tendencia a posiciones radicales en el terreno pol\u00ed\u00adtico. Los j\u00f3venes, en particular, declaran expl\u00ed\u00adcitamente que quieren vivir juntamente militancia marxista y profesi\u00f3n de fe cristiana. Las posturas m\u00e1s extremas son las que se expresan a trav\u00e9s de la revista \u00abGioventti evangelica\u00bb, del grupo \u00abMovimento studenti cristiani\u00bb, y el semanario \u00abCom-Nuovi Tempi\u00bb. Estas posturas maximalistas establecen una hipoteca sobre la posibilidad de encuentro dentro de las instituciones eclesiales tradicionales. Sin embargo, incluso estas contestaciones tienen su utilidad. Las voces que proclaman que se ha entrado en el \u00abpostecumenismo\u00bb invitan a las iglesias a interrogarse sobre si han tomado en serio el ecumenismo mismo. Se ven obligadas a darse cuenta de que no pueden limitarse a a\u00f1adir la dimensi\u00f3n ecum\u00e9nica como un ap\u00e9ndice a la propia estructura, dejando sin cambiar todo el resto. El movimiento ecum\u00e9nico se universaliza a expensas de su car\u00e1cter eclesi\u00e1stico. La nueva v\u00ed\u00ada implica una apertura al mundo entero habitado por los hombres, sin limitar el servicio efectivo de la Iglesia al mundo en cuanto habitado por cristianos. Ser ecum\u00e9nico hoy exige entrar en esta nueva sensibilidad, que, por lo dem\u00e1s, es el horizonte cristiano originario. En efecto, desde el principio el evangelio fue destinado a .la oikumene, es decir, a todo el mundo habitado.<\/p>\n<p>S. Spinsanti<br \/>\nBIBL.-AA. 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Couturier y la oraci\u00f3n por la unidad; 3. \u00abEcumenismo espiritual\u00bb &#8211; II. M\u00e1s all\u00e1 del ecumenismo espiritual: 1. Del \u00abecumenismo espiritual\u00bb a una espiritualidad ecum\u00e9nica; 2. La aportaci\u00f3n de las &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ecumenismo-espiritual\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abECUMENISMO ESPIRITUAL\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17078","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17078","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17078"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17078\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17078"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17078"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17078"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}