{"id":17079,"date":"2016-02-05T11:07:30","date_gmt":"2016-02-05T16:07:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ejercicios-de-piedad\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:30","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:30","slug":"ejercicios-de-piedad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ejercicios-de-piedad\/","title":{"rendered":"EJERCICIOS DE PIEDAD"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Piedad cristiana y ejercicios de piedad: 1. Contexto sem\u00e1ntico y \u00e1mbito de significaci\u00f3n; 2. Historia cristiana y ejercicios de piedad &#8211; II. Religiosidad cristiana y ejercicios de piedad: 1. Piedad cristiana: teocentrismo y antropocentrismo; 2. Ejercicios de piedad y econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica &#8211; III. Algunos ejercicios de piedad: 1. El rosario; 2. El viacrucis; 3. Ejercicios de piedad eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>1. Piedad cristiana y ejercicios de piedad<br \/>\n1. CONTEXTO SEM\u00ed\u0081NTICO Y \u00ed\u0081MBITO DE SIGNIFICACI\u00ed\u201cN &#8211; Para enfocar con exactitud la naturaleza de los ejercicios de piedad practicados en la comunidad cristiana y para discernir la espiritualidad de la que han nacido y a la cual se orientan, es indispensable una adecuada determinaci\u00f3n de la noci\u00f3n de \u00abpiedad\u00bb cristiana. A este respecto, si bien el lenguaje cristiano tom\u00f3 indudablemente el t\u00e9rmino \u00abpiedad\u00bb del equivalente latino \u00abpietas\u00bb, modific\u00f3, sin embargo, su acepci\u00f3n en diversa medida, introduciendo en \u00e9l algunas connotaciones b\u00ed\u00adblicas y caracteriz\u00e1ndolo en el transcurso de los siglos con matices diversos. No siendo posible en este lugar recorrer todas las diversas etapas hist\u00f3ricas en las que se precisaron los contenidos y los \u00e1mbitos de significaci\u00f3n de la noci\u00f3n de piedad cristiana, nos limitaremos a subrayar los aspectos que la especifican a partir ya de su significado latino originario, ya del que com\u00fanmente se le atribuye en el lenguaje contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>Comenzando precisamente por este \u00faltimo aspecto, no es dif\u00ed\u00adcil observar que en el lenguaje actual la noci\u00f3n depiedad aparece notablemente empobrecida si se la compara con la propia del lat\u00ed\u00adn. Para nuestros contempor\u00e1neos, la piedad es preferentemente sin\u00f3nimo de conmiseraci\u00f3n, de compasi\u00f3n por quien sufre o se encuentra en dificultad; y, aunque catalogable entre los sentimientos humanos m\u00e1s nobles, la piedad es ante todo un sentimiento que siempre se circunscribe al \u00e1mbito de las relaciones del hombre con sus semejantes o tambi\u00e9n con las criaturas inferiores. No es improbable que esta acepci\u00f3n particular de piedad sea, al menos en parte, fruto de una cierta influencia cristiana; con todo, sigue siendo cierto que falta en ella una clara connotaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p>La pietas latina, en cambio, era una actitud (o m\u00e1s precisamente un estilo de vida) que caracterizaba no s\u00f3lo los sentimientos, sino tambi\u00e9n todos los comportamientos de un inferior en relaci\u00f3n con su superior. Su esfera de ejercicio era ante todo la religiosa, en la cual el hombre piadoso demostraba que sab\u00ed\u00ada relacionarse convenientemente con la divinidad; mas, sea por el car\u00e1cter familiar de algunas divinidades (los penates, los lares), sea por la pertenencia a un mundo que en cierto modo divinizaba a los antepasados, la piedad ampli\u00f3 su espacio hasta incluir el mundo familiar e incluso, despu\u00e9s, el social. La piedad era la actitud que m\u00e1s que ninguna otra deb\u00ed\u00ada distinguir las relaciones que los miembros de la familia manten\u00ed\u00adan con el pater familias y, correlativamente, con la autoridad civil (el emperador), con los educadores, etc. Sin embargo, a pesar de esta su capacidad nativa de extenderse en sentido horizontal, conserva una orientaci\u00f3n unidireccional y ascendente. En la esfera humana, y sobre todo en la religiosa, la piedad latina es siempre una actitud virtuosa que, partiendo de abajo, es siempre ascendente, del hombre a Dios. En cambio, la piedad cristiana se caracteriza sobre todo por el siguiente punto de vista: aunque conserva todas las dimensiones de la pietas latina y, por tanto, su orientaci\u00f3n ascendente, tiene como caracter\u00ed\u00adstica la de ser antes una actitud de Dios respecto al hombre que del hombre respecto a Dios. En toda la Biblia aparece continuamente la ense\u00f1anza de que Dios es la fuente misma de la piedad, ya sea porque la piedad es un comportamiento t\u00ed\u00adpico de Dios respecto al g\u00e9nero humano, y a su pueblo en particular, ya porque la piedad que los hombres nutrenentre s\u00ed\u00ad debe ser una imitaci\u00f3n de la que Dios tiene hacia nosotros. Para comprender la riqueza de la ense\u00f1anza b\u00ed\u00adblica sobre la piedad de Dios, habr\u00ed\u00ada que integrarla en todo lo que la Biblia dice sobre la bondad y misericordia de Dios (heset) y, m\u00e1s a\u00fan, sobre su fidelidad (&#8216;emet); ante todo, esta integraci\u00f3n resulta indispensable cuando se quiere captar el sentido en que la piedad humana ha de ser imitaci\u00f3n de la divina, tanto en los casos de piedad interhumana como sobre todo en los de piedad del hombre hacia Dios. Sin embargo, bastar\u00e1 tener presente que Cristo es a la vez la manifestaci\u00f3n y realizaci\u00f3n plena as\u00ed\u00ad de la piedad de Dios con los hombres como de la piedad de los hombres hacia Dios. De la constataci\u00f3n de que cualquier aspecto de la piedad est\u00e1 tipificado en Cristo, pueden derivarse innumerables consideraciones; luego, volveremos sobre algunas; por el momento s\u00f3lo interesa dar con lo que nos indica c\u00f3mo pasar de la consideraci\u00f3n de la naturaleza de la piedad cristiana a la consideraci\u00f3n de los ejercicios de piedad.<\/p>\n<p>Ya como signo real de la piedad de Dios hacia los hombres, ya como tipo del hombre piadoso, Cristo ense\u00f1a que la piedad no puede nunca reducirse a un puro sentimiento, porque se expresa siempre en actitudes concretas; en esta perspectiva, Cristo mismo puede ser considerado en cierto modo un \u00abexercitium pietatis\u00bb. Ya en el s. tu escrib\u00ed\u00ada san Cipriano: \u00abChristi adventu, qui exercitio et exemplo hominis fungeretur\u00bb (CSEL 3, 1, 1868, p. 29); pero, mientras que el texto de Cipriano usa el t\u00e9rmino \u00abexercitium\u00bb en la acepci\u00f3n que le era propia en el lenguaje latino profano, a saber, acci\u00f3n que requiere esfuerzo y empe\u00f1o, ya sea que se trate de actividad manual o de actividad de pensamiento, el texto que con mayor probabilidad ha influido en la locuci\u00f3n cristiana \u00abejercicios de piedad\u00bb es el texto de Pablo que dice: \u00abEjerc\u00ed\u00adtate en la piedad, pues el ejercicio corporal es de poca utilidad; pero la piedad es \u00fatil para todo\u00bb (1 Tim 4,7-8). Sin descuidar el hecho de que el texto paulino da a la noci\u00f3n de piedad y a su ejercicio una extensi\u00f3n muy amplia, \u00abad omnia utilis est\u00bb, es justo subrayar que con toda verosimilitud este texto constituye el origen de la antiqu\u00ed\u00adsima distinci\u00f3n entre \u00abexercitia corporalia\u00bb, con los que se indicaba sobre todo la pr\u00e1ctica de la mortificaci\u00f3n y de la ascesis cristiana y \u00abexercitia spiritualia\u00bb, que indicaban especialmente las diversas formas de oraci\u00f3n. Esta es, por ejemplo, la perspectiva del Ambrosiaster, el cual, comentando precisamente el texto paulino, subraya la diferencia que existe entre \u00abexercitium corporale\u00bb y \u00abpietas\u00bb (PL 17, 473-474). As\u00ed\u00ad pues, desde los primeros siglos, mientras que la palabra \u00abexercitium\u00bb entra en el lenguaje cristiano para indicar el empe\u00f1o que el disc\u00ed\u00adpulo de Cristo debe poner tanto en la pr\u00e1ctica de la virtud como en la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n, la expresi\u00f3n \u00abexercitia spiritualia\u00bb se emplea sobre todo para indicar la oraci\u00f3n. Con todo, aun siendo muy antigua la identificaci\u00f3n entre ejercicios de piedad y actividad de oraci\u00f3n, la expresi\u00f3n \u00abejercicios de piedad\u00bb encontrar\u00ed\u00ada en el decurso de la historia cristiana diversas variaciones de significado, que merecen resaltarse.<\/p>\n<p>2. HISTORIA CRISTIANA Y EJERCICIOS DE PIEDAD &#8211; De los documentos que poseemos se desprende con gran evidencia que, desde la era apost\u00f3lica (He 2,42) y durante los primeros siglos de vida cristiana, la pr\u00e1ctica de la oraci\u00f3n se ejercitaba de forma preferentemente comunitaria y en el \u00e1mbito de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. La oraci\u00f3n personal ciertamente ten\u00ed\u00ada su espacio; pero el \u00abexercitium\u00bb de la piedad cristiana se identificaba m\u00e1s f\u00e1cilmente con las diversas formas de acci\u00f3n lit\u00fargica. Adem\u00e1s, mientras las comunidades cristianas fueron peque\u00f1as y vivieron diseminadas, las celebraciones lit\u00fargicas, sin perder su naturaleza \u00ed\u00adntima y com\u00fan de \u00abmemorial\u00bb de los misterios salv\u00ed\u00adficos de Cristo, se diferenciaban notablemente a nivel ritual. Lo cual, al consentir una notable creatividad y, por tanto, una buena respuesta a las exigencias de cada contexto cultural concreto, permit\u00ed\u00ada a las celebraciones lit\u00fargicas ser por igual expresi\u00f3n de la piedad comunitaria y de la individual. Cuando, algunos siglos despu\u00e9s, la comunidad eclesial tuvo la posibilidad de extenderse por todas partes y de darse una estructuraci\u00f3n m\u00e1s completa y org\u00e1nica, la liturgia se hizo m\u00e1s homog\u00e9nea y pr\u00e1cticamente id\u00e9ntica, incluso a nivel ritual, en amplias zonas territoriales. Este proceso de homogeneizaci\u00f3n, mientras que, por una parte, dar\u00ed\u00ada a pueblos \u00e9tnica y culturalmente diversos la ventaja de expresar tambi\u00e9n visiblemente, a trav\u00e9s de ritos id\u00e9nticos, la unidad de su fe, por otra, conferir\u00ed\u00ada a las celebraciones lit\u00fargicas aquel tono de car\u00e1cter oficial que inevitablemente limita las posibilidades expresivas de las tradiciones locales y de la piedad personal, las cuales desde este momento sentir\u00ed\u00adan m\u00e1s la necesidad de reservarse otros espacios vitales.<\/p>\n<p>Pero, en conexi\u00f3n con este primer factor que caracteriz\u00f3 a las primeras apariciones de ejercicios de piedad menos comunitarios y, en todo caso, distintos de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, debemos recordar un segundo factor determinante. Con la aparici\u00f3n de la vida cenob\u00ed\u00adtica y, sucesivamente, de la mon\u00e1stica, los ejercicios de piedad distintos de la celebraci\u00f3n lit\u00fargica no s\u00f3lo tuvieron un relieve m\u00e1s evidente, sino que se convirtieron en un elemento esencial de la espiritualidad cristiana. En las diversas escuelas mon\u00e1sticas de la alta Edad Media, en las cuales se segu\u00ed\u00ada concediendo amplio espacio a la piedad lit\u00fargica y a la oraci\u00f3n comunitaria, los ejercicios de piedad fueron tema de diversos tratados doctrinales, se convirtieron en expresi\u00f3n de un m\u00e9todo de oraci\u00f3n -como la \u00abmeditatio\u00bb, la \u00aboratio\u00bb y la \u00abcontemplatio\u00bb (Scala Claustralium, PL 184, 475-484)- y muy pronto adoptaron formas bien determinadas. En este contexto y con el correr del tiempo, los ejercicios de piedad experimentaron otras dos modificaciones: una consiste en un proceso que podr\u00ed\u00adamos llamar de interiorizaci\u00f3n; otra, en cierto modo en contraste con la primera, viene dada por la progresiva identificaci\u00f3n de los ejercicios de piedad con determinadas formas de devoci\u00f3n en honor del Se\u00f1or, de Mar\u00ed\u00ada y de los santos.<\/p>\n<p>El proceso de interiorizaci\u00f3n puede encontrarse sobre todo en aquellos ejercicios de piedad [>Meditaci\u00f3n, examen de conciencia (>Revisi\u00f3n de vida), etc.] que pretend\u00ed\u00adan formar en una oraci\u00f3n entendida como relaci\u00f3n directa y personal de Dios y, en consecuencia, sustra\u00ed\u00adda a todo peligro de disipaci\u00f3n externa, comprendida la misma enunciaci\u00f3n oral de la oraci\u00f3n. Todo esto, si, por una parte, ha de darle a la oraci\u00f3n la posibilidad de ser m\u00e1s sentida e incluso de construirse como aut\u00e9ntica \u00abelevaci\u00f3n de la mente a Dios\u00bb, por otra, acentuar\u00ed\u00ada la distinci\u00f3n entre piedad lit\u00fargica y piedad personal y, en todo caso, ser\u00ed\u00ada la premisa remota que llevar\u00ed\u00ada a vincular de forma progresiva algunos ejercicios de piedad con estados particulares de vida cristiana. Ello pondr\u00ed\u00ada de manifiesto, a su vez, algunos aspectos ventajosos, pero tambi\u00e9n otrosque no lo fueron; entre las ventajas hay que recordar el hecho de que los ejercicios de piedad favorecieron la afirmaci\u00f3n o la especificaci\u00f3n de las diversas espiritualidades, mientras que entre los menos ventajosos hay que registrar el hecho de que no todos los ejercicios de piedad nacieron en correspondencia con las exigencias efectivas de los diversos estados de vida. De esta manera los ejercicios de piedad, que hubieran debido favorecer el nacimiento de espiritualidades diversas, en realidad consiguieron el resultado contrario; en efecto, los ejercicios de piedad t\u00ed\u00adpicos y adaptados a una espiritualidad mon\u00e1stica se impusieron pr\u00e1cticamente tambi\u00e9n a estados de vida que no pod\u00ed\u00adan tener como propia aquella espiritualidad. A este hecho se debe tambi\u00e9n el que, en los siglos posteriores, la espiritualidad del clero secular y la de los mismos laicos no fuera otra cosa que una espiritualidad mon\u00e1stica a escala reducida.<\/p>\n<p>En cuanto al enlace de los ejercicios de piedad con las diversas pr\u00e1cticas devocionales, hay .que observar que, si bien, por una parte, marca la progresiva afirmaci\u00f3n de una piedad popular que procede por caminos no siempre f\u00e1ciles de controlar, por otra, parece institucionalizar una cierta relaci\u00f3n entre piedad lit\u00fargica y piedad popular. Sin embargo, en la pr\u00e1ctica, y en una visi\u00f3n retrospectiva, se debe reconocer que, aunque en los comienzos la celebraci\u00f3n lit\u00fargica consigui\u00f3 transmitir alg\u00fan rasgo de sus caracter\u00ed\u00adsticas t\u00ed\u00adpicas a la piedad popular y a las pr\u00e1cticas devocionales en que se expresaba, con el correr del tiempo estas \u00faltimas se impusieron hasta cierto punto a la celebraci\u00f3n lit\u00fargica. Esta simbiosis entre piedad popular y piedad lit\u00fargica tenia una raz\u00f3n de ser profunda y hubiera podido disponer de una notable carga formativa; por desgracia, lenta y progresivamente fue degenerando y, en lugar de procurarle a la acci\u00f3n lit\u00fargica la posibilidad de exaltar y transformar los valores m\u00e1s verdaderos de la cultura y de las tradiciones locales, as\u00ed\u00ad como de la misma piedad personal, permiti\u00f3 que la acci\u00f3n lit\u00fargica se diluyera en simples ejercicios de piedad, adem\u00e1s no siempre rectamente entendidos. A t\u00ed\u00adtulo puramente de ejemplo, mencionamos la progresiva transformaci\u00f3n de la celebraci\u00f3n sacramental de la penitencia en una pr\u00e1ctica devocional, en la cual las instancias individuales parecen prevalecer sobre las eclesiales, y la relaci\u00f3n entre penitencia virtud y penitencia sacramento se atenu\u00f3 a veces m\u00e1s de lo permitido; el desarrollo de algunas pr\u00e1cticas de piedad eucar\u00ed\u00adstica, por otra parte laudables, pero no siempre en condiciones de subrayar su necesaria referencia a la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica por excelencia, la santa misa; y, por \u00faltimo, el predominio del santoral sobre la parte temporal dentro del calendario lit\u00fargico. Cada uno de estos hechos merecer\u00ed\u00ada un an\u00e1lisis m\u00e1s detallado; no s\u00f3lo para darles una ubicaci\u00f3n hist\u00f3rica precisa, sino sobre todo para evitar formular respecto a ellos demasiado precipitadamente un juicio positivo o negativo; en todo caso, es cierto que el nacimiento o el desarrollo de algunos ejercicios de piedad no supieron crear una justa sincronizaci\u00f3n entre piedad lit\u00fargica y piedad popular y personal. No siendo posible detenernos m\u00e1s en este tema, nos contentamos aqu\u00ed\u00ad con recordar que en el lapso de tiempo en que tuvieron lugar las modificaciones indicadas (ss. x-xiv), se pueden registrar los primeros s\u00ed\u00adntomas de algunos ejercicios de piedad que luego encontrar\u00ed\u00adan sistematizaci\u00f3n definitiva: el oficio de la Virgen, el rosario, el viacrucis, el \u00e1ngelus, etc.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del concilio de Trento, el cual, entre otras cosas, hubo de proceder a la reforma de la vida mon\u00e1stica y religiosa y a la instituci\u00f3n de los seminarios para la formaci\u00f3n del clero, algunos ejercicios de piedad, como la meditaci\u00f3n y el examen de conciencia cotidianos, algunas pr\u00e1cticas de piedad eucar\u00ed\u00adstica (varias formas de adoraci\u00f3n privada), la misma confesi\u00f3n frecuente y el rosario, se convirtieron en elemento indispensable de la espiritualidad religiosa y clerical; muy pronto estos ejercicios de piedad fueron institucionalizados por las constituciones y por las reglas de las diversas familias religiosas y por los seminarios, y alg\u00fan ejercicio fue objeto de disposiciones can\u00f3nicas bien precisas.<\/p>\n<p>Para el mundo de los simples fieles, las cosas siguieron otro rumbo. Dada la imposibilidad de institucionalizar la vida de los fieles, su espiritualidad qued\u00f3 en cierto modo desguarnecida y abierta a toda iniciativa privada. De esta manera, mientras que, por una parte, los ejercicios de piedad t\u00ed\u00adpicos de la vida religiosa y clerical se convirtieron casi en un ideal nost\u00e1lgico que los mejores fieles pod\u00ed\u00adan siempre, en alguna medida, tratar de alcanzar, por otra, naci\u00f3 una amplia disponibilidad para toda pr\u00e1ctica devocional y para los ejercicios que la expresaban. El ejercicio de piedad que m\u00e1s que ning\u00fan otro caracterizar\u00ed\u00ada la religiosidad de los fieles particulares y de las familias cristianas seria el rosario. En este per\u00ed\u00adodo, en el que la piedad cristiana se identifica cada vez m\u00e1s con la pr\u00e1ctica de los ejercicios de piedad, la piedad personal y la piedad lit\u00fargica parecen caminar por caminos divergentes; la piedad personal se sent\u00ed\u00ada mejor servida por los ejercicios de piedad que por las celebraciones lit\u00fargicas, las cuales a veces quedaron reducidas a simples ocasiones para que los particulares pudieran dedicarse a sus ejercicios de piedad personal.<\/p>\n<p>Para encontrar los primeros s\u00ed\u00adntomas de un acercamiento, habr\u00ed\u00ada que esperar a finales del siglo pasado y a los primeros decenios del presente, \u00e9poca en que el movimiento lit\u00fargico desplegar\u00ed\u00ada todos sus esfuerzos, tanto a nivel pastoral como a nivel teol\u00f3gico, para colocar de nuevo la vida lit\u00fargica en el centro de la piedad cristiana. Desde entonces a nuestros d\u00ed\u00adas se ha hecho un largo camino; las dificultades que hubo que superar no fueron pocas; pero es preciso reconocer tambi\u00e9n que se consiguieron no pocos \u00e9xitos. Por otra parte, es innegable que el camino que queda por recorrer es todav\u00ed\u00ada largo; no se han eliminado todos los obst\u00e1culos y, adem\u00e1s, a las dificultades de siempre se han a\u00f1adido otras nuevas. En sustancia, el problema fundamental es el de encontrar una posici\u00f3n justa de equilibrio, que permita que la liturgia se afirme como momento privilegiado de la piedad cristiana sin que prive con ello de todo espacio a la piedad personal, la cual, reafirmando sus innegables y aut\u00e9nticos valores, debe renunciar a ver la celebraci\u00f3n lit\u00fargica como un \u00abexercitium\u00bb que no la consiente, o la consiente demasiado poco, realizarse a s\u00ed\u00ad misma.<\/p>\n<p>II. Religiosidad cristiana y ejercicios de piedad<br \/>\n1. PIEDAD CRISTIANA: TEOCENTRISMO Y ANTROPOCENTRISMO &#8211; Si bien el problema que m\u00e1s resalta es el de encontrar el modo de evitar que la liturgia sofoque los ejercicios de piedad y viceversa, cualquier soluci\u00f3n adecuada resultar\u00e1 muy improbable si antes no se ha resuelto el problema de un equilibrio m\u00e1s fundamental, a saber, el de la tensi\u00f3n teoc\u00e9ntrica y antropoc\u00e9ntrica de la piedad cristiana. Puesto que la cristiana es una religiosidad de alianza, donde a cada afirmaci\u00f3n de Dios debe corresponder una afirmaci\u00f3n del hombre, es bastante f\u00e1cil concluir que, en principio, dicha tensi\u00f3n no puede ni debe constituir una alternativa; igualmente en principio, es tambi\u00e9n m\u00e1s simple y expeditivo afirmar que la piedad cristiana debe ser simult\u00e1neamente teoc\u00e9ntrica y cristoc\u00e9ntrica [>Cristocentrismo]. Mas la soluci\u00f3n del problema en estos t\u00e9rminos, por exacta que sea, no puede considerarse satisfactoria, si no es sobre la base de una comprobaci\u00f3n concreta de las posibilidades efectivas de convergencia que encuentran la animaci\u00f3n teoc\u00e9ntrica y la antropoc\u00e9ntrica en el \u00e1mbito de los ejercicios de piedad. Si es ya dificil discernir y describir la convergencia dentro de cualquier actitud de oraci\u00f3n -bastar\u00ed\u00ada pensar en la problem\u00e1tica de la noci\u00f3n misma de la oraci\u00f3n y en las diversas soluciones, a veces reductivas, a veces simplemente evasivas, que se han dado-, todav\u00ed\u00ada es m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil configurarla all\u00ed\u00ad donde se trata de un \u00abexercitium\u00bb que da a la actitud de oraci\u00f3n un \u00abmodus\u00bb que acent\u00faa y amplia todas las razones de la problematicidad de la oraci\u00f3n misma. Para un an\u00e1lisis a fondo de esta cuesti\u00f3n, remitimos a estudios m\u00e1s detallados y espec\u00ed\u00adficos; aqu\u00ed\u00ad bastar\u00e1 con destacar algunos factores que pueden contribuir, y de hecho han contribuido, a desequilibrar la relaci\u00f3n teocentrismo-antropocentrismo en la pr\u00e1ctica de los ejercicios de piedad.<\/p>\n<p>En la medida en que los ejercicios de piedad que se han afirmado y difundido en los diversos estados de vida cristiana no son otra cosa que una edici\u00f3n adaptada de los ejercicios de piedad nacidos expresamente para la vida mon\u00e1stica, dan v\u00ed\u00ada libre a un proceso de sacralizaci\u00f3n de los mismos ejercicios y, por tanto, de acentuaci\u00f3n indebida de su dimensi\u00f3n teoc\u00e9ntrica. Aunque tambi\u00e9n la vida mon\u00e1stica debe comprender un testimonio justo de b\u00fasqueda equilibrada y simult\u00e1nea de la gloria de Dios y de la promoci\u00f3n humana, el hecho es que, en la consideraci\u00f3n m\u00e1s com\u00fan, la elecci\u00f3n mon\u00e1stica se ha convertido en el prototipo de una vida consagrada enteramente a Dios frente a otras formas de vida que no se pueden consagrar totalmente a \u00e9l. Los ejercicios de piedad de la vida mon\u00e1stica, escalonados en tiempos fijos durante la jornada, se convierten, pues, en la expresi\u00f3n de una existencia que puede disponer libremente de todo su tiempo para encontrarse con Dios. En los otros estados de vida que no pueden disponer con igual libertad de su tiempo, los ejercicios de piedad se convierten en el momento privilegiado, y \u00fanico, en el que se cree poder dar a Dios al menos una parte de aquella vida y de aquel tiempo que no se le pueden dedicar \u00ed\u00adntegramente. De ah\u00ed\u00ad se derivan dos consecuencias: una escisi\u00f3n inevitable entre vida de piedad y vida llamada profana, y la identificaci\u00f3n ya se\u00f1alada entre piedad cristiana y ejercicios de piedad; los ejercicios de piedad, que deben ser expresi\u00f3n de una vida \u00abpiadosa\u00bb en toda su extensi\u00f3n, se convierten, en cambio, en el hecho discriminante entre una vida piadosa y una vida no piadosa; de ah\u00ed\u00ad se derivar\u00e1 tambi\u00e9n el significado despectivo de la expresi\u00f3n \u00abhombre piadoso\u00bb.<\/p>\n<p>Sin embargo, casi como reacci\u00f3n inevitable, a una exasperada acentuaci\u00f3n del teocentrismo de los ejercicios de piedad corresponder\u00e1 una desordenada animaci\u00f3n antropoc\u00e9ntrica de los mismos: la oraci\u00f3n recitada (palabra del hombre) se antepone a la oraci\u00f3n-escucha (de la palabra de Dios), y la oraci\u00f3n de petici\u00f3n prevalece sobre la oraci\u00f3n eucol\u00f3gica de bendici\u00f3n y de agradecimiento.<\/p>\n<p>Las opciones viables para aportar los necesarios correctivos a cada una de las dos formas de desequilibrio arriba aludidas son muchas; pero aqu\u00ed\u00ad es preciso recordar algunos principios formulados ya claramente por el magisterio de la Iglesia. Las ense\u00f1anzas del Vat. II han echado las bases de un camino provechoso en este sentido, ya sea afirmando la vocaci\u00f3n universal a la santidad, y por tanto tambi\u00e9n la de quienes viven en el mundo (v\u00e9ase en particular LG 39-42), ya declarando que \u00abel cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el pr\u00f3jimo, falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvaci\u00f3n\u00bb (GS 43). Al principio de este p\u00e1rrafo se dec\u00ed\u00ada que es preciso evitar que la liturgia sofoque los ejercicios de piedad personal y que \u00e9stos se conviertan a su vez en sustituto de la liturgia; sin embargo, las dos afirmaciones del Vat. II arriba citadas nos ayudan a comprender que se debe evitar tambi\u00e9n toda situaci\u00f3n de conflictividad entre ejercicios de piedad y ejercicio de la actividad profesional. Si quisi\u00e9ramos traducir esta indicaci\u00f3n en t\u00e9rminos m\u00e1s concretos a\u00fan, habr\u00ed\u00ada que decir que a situaciones de vida diversas deben corresponder ejercicios de piedad diversos, que no s\u00f3lo sean compatibles con las diversas obligaciones profesionales, sino tambi\u00e9n capaces de expresar y de edificar espiritualidades diversas. Por este camino se han dado ya muchos pasos, bien modificando algunos ejercicios de piedad tradicionalmente en uso a fin de hacerlos m\u00e1s aptos para las respectivas espiritualidades, bien creando otros nuevos. A este prop\u00f3sito, para evitar los errores del pasado, habr\u00e1 que estimular la creatividad dentro de los estados de vida particulares; no s\u00f3lo de los religiosos y clericales, sino en particular de los institutos seculares y de los diversos grupos de vida eclesial. En todo caso, es necesario fijar los criterios de fondo que deben corresponder a los ejercicios de piedad.<\/p>\n<p>2. EJERCICIOS DE PIEDAD Y ECONOM\u00ed\u008dA SALV\u00ed\u008dFICA &#8211; Para que los ejercicios de piedad puedan cumplir su servicio edificador y expresivo de la espiritualidad cristiana, deben adaptarse a la economia a la que corresponde toda la historia de la salvaci\u00f3n y, en particular, el m\u00e1ximo \u00abexercitium pietatis\u00bb, que es Cristo mismo [supra, 1, 1]. En pocas palabras: podr\u00ed\u00ada decirse que la funci\u00f3n de los ejercicios de piedad es explicitar simb\u00f3licamente los significados m\u00e1s profundos de la historia de la salvaci\u00f3n y ser el punto simb\u00f3lico de partida de su actuaci\u00f3n. En el fondo, se trata de la misma funci\u00f3n que es t\u00ed\u00adpica y propia de toda \u00ab&#8216;celebraci\u00f3n lit\u00fargica, pero con connotaciones personales, temporales y contingentes, que a \u00e9sta no le son posibles.<\/p>\n<p>La primera explicitaci\u00f3n que deben realizar los ejercicios de piedad es la que concierne a la trascendencia y gratuidad de la historia de la salvaci\u00f3n. La salvaci\u00f3n, ya sea en su sentido m\u00e1s global y completo, ya en sus aspectos m\u00e1s detallados e hist\u00f3ricos, es don gratuito de la libre y amorosa iniciativa divina. El cristiano basa su sano optimismo y su alegr\u00ed\u00ada en esta profunda convicci\u00f3n. En la persuasi\u00f3n de que todo es gracia encuentra sentido la oraci\u00f3n de alabanza y acci\u00f3n de gracias, pero sobre todo la oraci\u00f3n de petici\u00f3n. La petici\u00f3n del cristiano no es jam\u00e1s el intento, m\u00e1s o menos m\u00e1gico, de plegar la voluntad del Omnipotente a la propia, sino, al contrario, el esfuerzo cotidiano de conformar la propia voluntad a la suya. La misma reiteraci\u00f3n de la oraci\u00f3n cristiana, el ejercitarse cada d\u00ed\u00ada y\/o con determinado ritmo en una pr\u00e1ctica de piedad, adem\u00e1s de ser un gesto de obediencia al evangelio, que nos invita a pedir con la constancia aparentemente obsesiva e inoportuna con que un amigo llama a la puerta a media noche, subraya claramente que tenemos necesidad de la gracia cada d\u00ed\u00ada. El exercitium cotidiano de piedad connota entonces dos grandes principios: que el exercitium de lo terrible cotidiano, con su poder limitador y deprimente, no es posible afrontarlo con nuestras solas fuerzas; y que este ejercicio de lo cotidiano, vivido en la gracia, debe transformarse en gracia hist\u00f3rica para nosotros y para los dem\u00e1s. En esta perspectiva es donde el ejercicio de piedad puede dar a su significaci\u00f3n de la gratuidad de la historia salv\u00ed\u00adfica aquella nota personal, contingente y concreta que la acci\u00f3n lit\u00fargica no consigue expresar con id\u00e9ntica inmediatez.<\/p>\n<p>En segundo lugar, puesto que la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica ha encontrado su v\u00e9rtice en el misterio de Cristo, que es misterio de alianza y de encuentro, los ejercicios de piedad no pueden ser cuesti\u00f3n de aislamiento y de fuga del tiempo, sino de comprobaci\u00f3n y de programaci\u00f3n de nuestra historia personal. El ejercicio de piedad es ciertamente un gesto de obediencia a aquel otro precepto evang\u00e9lico que nos estimula a orar a nuestro Padre en secreto, o, si se quiere, de fidelidad a la invitaci\u00f3n a sustraerse a los apremios cotidianos para descansar un poco; sin embargo, no es nunca el aislamiento id\u00ed\u00adlico, en el cual es dif\u00ed\u00adcil establecer si prevalece la tentaci\u00f3n de monopolizar a Dios para uno mismo o la de excluirse del mundo de los otros. Toda oraci\u00f3n cristiana es siempre una \u00abmemoria\u00bb de los misterios de Cristo; y, si bien los ejercicios de piedad lo son s\u00f3lo anal\u00f3gicamente respecto al \u00abmemorial lit\u00fargico\u00bb (>Eucarist\u00ed\u00ada 1, 1], constituyen un momento en el que se somete la propia existencia al juicio salv\u00ed\u00adfico que Dios ha pronunciado en Cristo. Desde este punto de vista, los ejercicios de piedad, adem\u00e1s de ser una escucha respetuosa del Dios que nos habla en nuestro hablarle, se convierten en un momento de verificaci\u00f3n penitencial; de una comparaci\u00f3n de nuestro ser con el de Cristo, de un cotejo entre los criterios con que \u00e9l regul\u00f3 su existencia y los que regulan la nuestra, emergen tanto las deficiencias de nuestra vida pasada como las orientaciones nuevas que hay que adoptar para la futura.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, los ejercicios de piedad, aun estando al servicio de la piedad personal o de grupo, no pueden sustraerse a toda connotaci\u00f3n comunitaria o cat\u00f3lica (universal). Que toda oraci\u00f3n cristiana debe ser cat\u00f3lica y, por tanto, ajena a cualquier animaci\u00f3n ego\u00ed\u00adsta, que tiende a privatizar (no s\u00f3lo las gracias que Dios nos concede, sino incluso la misma relaci\u00f3n personal con Dios), es una verdad manifiestamente ense\u00f1ada por el NT. La oraci\u00f3n dominical (el Padrenuestro) es claro ejemplo de ello; en todo caso, es una verdad fundada en el hecho de que, en la acepci\u00f3n cristiana, la fraternidad universal, que elimina toda posibilidad de discriminaci\u00f3n, no nace de un vinculo \u00e9tnico, cultural o estructural, sino del v\u00ed\u00adnculo que liga a todos los hombres, sin excepci\u00f3n alguna, al \u00fanico Dios. No es posible ponerse en relaci\u00f3n con Dios sin ponerse en relaci\u00f3n con todos aquellos que, al menos a t\u00ed\u00adtulo de criaturas, est\u00e1n en relaci\u00f3n con \u00e9l. Sin embargo, para limitar este razonamiento, que podr\u00ed\u00ada tener amplias posibilidades de desarrollo, podemos decir que los ejercicios de piedad deben tener una funci\u00f3n an\u00e1loga a la de los carismas con que Dios nos enriquece. Si bien los carismas y las vocaciones son un hecho personal, el modo cristiano de ser fiel al propio carisma y, por tanto, a uno mismo, no es considerar el carisma como un privilegio, sino transformarlo en un servicio. Incluso los momentos de oraci\u00f3n m\u00e1s intima, como podr\u00ed\u00adan ser la contemplaci\u00f3n o la meditaci\u00f3n, deben mantener una apertura a la comunidad eclesial y a la humanidad entera; no es posible contemplar a Dios y los misterios de su Cristo sin darse cuenta de que Dios es el padre de todos y que Cristo es el salvador de todo el mundo; aquello por lo que debemos alabar y dar gracias a Dios, aquello por lo que podemos gozar en el Se\u00f1or, es precisamente cuanto nos une a todos los dem\u00e1s; y, en todo caso, es lo que nos hace desear tambi\u00e9n para los otros cuanto nos ha sido concedido.<\/p>\n<p>III. Algunos ejercicios de piedad<br \/>\nA la luz de cuanto queda expuesto precedentemente, ser\u00ed\u00ada interesante (adem\u00e1s de \u00fatil) examinar los diversos ejercicios de piedad que todav\u00ed\u00ada est\u00e1n en uso en la Iglesia, para determinar sus m\u00e9ritos y la eventual posibilidad de ponerlos al d\u00ed\u00ada. Un estudio adecuado comprender\u00ed\u00ada una investigaci\u00f3n a trav\u00e9s de varias pistas, que van desde la reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica de sus or\u00ed\u00adgenes y de su desarrollo a la determinaci\u00f3n de la espiritualidad y de los principios teol\u00f3gicos que los sustentan, y hasta la s\u00ed\u00adntesis de las ense\u00f1anzas m\u00e1s importantes del magisterio sobre uno u otro ejercicio de piedad. En este lugar, nos limitaremos al an\u00e1lisis de algunos de los ejercicios de piedad m\u00e1s conocidos y practicados.<\/p>\n<p>1. EL ROSARIO &#8211; El origen del nombre es incierto; se ha emitido la hip\u00f3tesis de que el t\u00e9rmino rosario es una proyecci\u00f3n del s\u00e1nscrito \u00abjapamala\u00bb, que puede significar bien \u00abcolecci\u00f3n de oraciones\u00bb, bien \u00abcolecci\u00f3n de rosas\u00bb; pero, por encima de las incertidumbres en torno a la derivaci\u00f3n del nombre, puede establecerse que la pr\u00e1ctica de repetir oraciones un n\u00famero determinado de veces es muy antigua y com\u00fan tambi\u00e9n a las religiones no cristianas. Ya en el siglo x existen testimonios de que a los religiosos incapaces de tomar parte en la recitaci\u00f3n del oficio oral (conversi illiterati) se les obligaba a repetir muchas veces el padrenuestro. Cuando en el siglo XII comenz\u00f3 a difundirse el \u00abAve Mar\u00ed\u00ada\u00bb, naci\u00f3 lentamente el psalterium B. Mariae V., que consist\u00ed\u00ada en la recitaci\u00f3n de 150 Avemar\u00ed\u00adas. La divisi\u00f3n en decenas es posterior por lo menos en dos siglos, y se atribuye al monje Enrique Egher (t 1408) de la Cartuja de Colonia. En la segunda mitad del siglo xv ser\u00ed\u00ada otro cartujo (Domingo de Prusia, + 1461) quien introdujera el uso de unir la recitaci\u00f3n de las decenas con la contemplaci\u00f3n de los misterios de la vida de Cristo, y, hacia finales del mismo siglo, el dominico Alano de la Roche (+ 1475) difundir\u00ed\u00ada ampliamente la recitaci\u00f3n del rosario; a \u00e9l se debe la leyenda que atribuye el origen del rosario a una iniciativa de santo Domingo. Despu\u00e9s del concilio de Trento, la recitaci\u00f3n del rosario se convirti\u00f3 en una pr\u00e1ctica com\u00fan para la casi totalidad de las familias cristianas y, para hacerla m\u00e1s accesible, se impuso lentamente el uso de limitar la recitaci\u00f3n a s\u00f3lo cinco decenas cada vez.<\/p>\n<p>Es indudable que la estructura del rosario, especialmente desde que a la repetici\u00f3n del ave se a\u00f1adi\u00f3 la contemplaci\u00f3n de los misterios, est\u00e1 del todo conforme con las caracter\u00ed\u00adsticas de la oraci\u00f3n cristiana, y por ello el magisterio la ha recomendado quiz\u00e1 m\u00e1s que ning\u00fan otro ejercicio de piedad. Entre los documentos m\u00e1s recientes, merece ser recordada la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Marialis cultus de Pablo VI; no s\u00f3lo porque pone de manifiesto la \u00ed\u00adndole evang\u00e9lica del rosario y sus relaciones con la oraci\u00f3n lit\u00fargica, sino tambi\u00e9n porque formula una aprobaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de algunos ejercicios piadosos que se inspiran en el rosario: \u00abQueremos indicar y recomendar entre ellos los que incluyen en el tradicional esquema de las celebraciones de la palabra de Dios algunos elementos del Rosario de la bienaventurada Virgen Mar\u00ed\u00ada, como, por ejemplo, la meditaci\u00f3n de los misterios y la repetici\u00f3n let\u00e1nica del saludo del \u00e1ngel. Tales elementos adquieren as\u00ed\u00ad mayor relieve, al encuadrarlos en la lectura de textos b\u00ed\u00adblicos, ilustrados mediante la homil\u00ed\u00ada, acompa\u00f1ados por pausas de silencio y subrayados con el canto\u00bb (Marialis cultus 51).<\/p>\n<p>2. EL VIACRUCIS &#8211; Si bien el viacrucis, en la forma que todav\u00ed\u00ada se usa ampliamente en nuestros d\u00ed\u00adas, no naci\u00f3 hasta el s. xvii, este ejercicio de piedad tiene sus precedentes hist\u00f3ricos en pr\u00e1cticas devocionales que se remontan al s. xiii. En aquella \u00e9poca, en la que la misma dramatizaci\u00f3n de los misterios de Cristo (representaciones sagradas) se hac\u00ed\u00ada en funci\u00f3n de una contemplaci\u00f3n y de una catequesis, estaba ya en uso expresar la coparticipaci\u00f3n en la pasi\u00f3n de Cristo haciendo un recorrido que de alg\u00fan modo reprodujera la v\u00ed\u00ada dolorosa. En esta pr\u00e1ctica prevalec\u00ed\u00ada la imitaci\u00f3n sobre la meditaci\u00f3n; sin embargo, la misma meditaci\u00f3n se apoyaba en un rico patrimonio de fe y de doctrina an\u00e1logo al que animaba la pr\u00e1ctica de las peregrinaciones. En el s. xiv. ya se hab\u00ed\u00ada advertido la necesidad de a\u00f1adir la meditaci\u00f3n al camino representativo, pero persist\u00ed\u00ada el gusto de la dramatizaci\u00f3n; y el viacrucis, que a veces contaba hasta 47 estaciones, se desarrollaba en recorridos diversos y adaptados a las diversas posibilidades de reconstrucci\u00f3n esc\u00e9nica de la pasi\u00f3n. Estas pr\u00e1cticas, aunque se aten\u00ed\u00adan sustancialmente a los relatos evang\u00e9licos de la pasi\u00f3n, se viv\u00ed\u00adan con una total apertura a acoger todas las leyendas (ca\u00ed\u00addas, Ver\u00f3nica, etc.) florecidas en torno al tema de la pasi\u00f3n de Cristo. Dos siglos despu\u00e9s, el carmelita Jean Van Paesschen nos da por primera vez noticia de un viacrucis de 14 estaciones; pero el testimonio de un viacrucis de 14 estaciones que se siguen unas a otras en el orden y con los episodios que nosotros conocemos, lo encontramos en Espa\u00f1a s\u00f3lo en la primera mitad del s. xvii.<\/p>\n<p>Para otorgar a este \u00abpiadoso ejercicio\u00bb el justo puesto que le corresponde en la vida de piedad del pueblo cristiano, parece oportuno aportarle algunas modificaciones. Recordemos tres, en particular. Ante todo hay que eliminar aquellos elementos legendarios que pueden favorecer el sentimentalismo religioso, pero que no son ni necesarios ni \u00fatiles para edificar una aut\u00e9ntica piedad cristiana. En segundo lugar, las oraciones, m\u00e1s o menos ret\u00f3ricas y casi siempre incapaces de poner de relieve las ense\u00f1anzas m\u00e1s profundas de la passio Christi, habr\u00e1 que sustituirlas por la lectura de trozos b\u00ed\u00adblicos oportunamente elegidos; la meditaci\u00f3n y la contemplaci\u00f3n obtendr\u00e1 de ello mayores beneficios. En tercer lugar, tornando en consideraci\u00f3n m\u00e1s justamente el lazo indisoluble existente entre la pasi\u00f3n y la resurrecci\u00f3n de Cristo, habr\u00e1 que completar el viacrucis con algunas estaciones que, subrayando la victoria de Jes\u00fas sobre el sufrimiento y la misma muerte, den una visi\u00f3n m\u00e1s unitaria del misterio pascual y, al mismo tiempo, un significado m\u00e1s completo a todo el problema de la existencia humana redimida&#8217;.<\/p>\n<p>3. EJERCICIOS DE PIEDAD EUCAR\u00ed\u008dSTICA &#8211; La piedad cristiana, que ha visto siempre en el sacramento de la eucarist\u00ed\u00ada el v\u00e9rtice de la vida religiosa, ha creado en torno a la eucarist\u00ed\u00ada numerosos ejercicios de piedad. Algunos se han convertido en verdaderas celebraciones lit\u00fargicas -como las procesiones, la bendici\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, las cuarenta horas, las adoraciones solemnes-; otros, en cambio, han permanecido dentro del \u00e1mbito de la piedad personal -como las horas de adoraci\u00f3n, la visita al SS. Sacramento, etc.-. Cada una de estas pr\u00e1cticas de piedad eucar\u00ed\u00adstica posee una historia propia, que puede reconstruirse documentalmente; pero a nosotros nos basta con observar que, en la gran mayor\u00ed\u00ada de los casos, han tenido una \u00fanica matriz hist\u00f3rico-cultural. Se trata de la exigencia de proclamar la fe en la \u00abtransubstanciaci\u00f3n\u00bb y, m\u00e1s precisamente, en la realidad de la presencia de Cristo en la eucarist\u00ed\u00ada, cuestionada primero por la controversia berengariana (s. xl) y, luego, por la Reforma (s. xvi) [>Eucarist\u00ed\u00ada II; III, 2].<\/p>\n<p>Sin atenuar los m\u00e9ritos de estas pr\u00e1cticas de piedad y la notable importancia que han tenido en la formaci\u00f3n del pueblo cristiano, queremos subrayar, sin embargo, algunos condicionamientos que se han derivado de aquella matriz y que debieran superarse para dar una mayor autenticidad a algunas formas de piedad eucar\u00ed\u00adstica&#8217;. La importancia de afirmar la \u00abpresencia real\u00bb est\u00e1 fuera de discusi\u00f3n; pero es cierto que, en la medida en que la afirmaci\u00f3n de la presencia real se convirti\u00f3 en fin en s\u00ed\u00ad misma y dej\u00f3 caer en la sombra las razones de esta presencia y la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica a la que corresponde, los ejercicios de piedad eucar\u00ed\u00adstica, adem\u00e1s de separarse m\u00e1s de lo debido de la santa misa casi hasta imponerse a ella, degeneraron en una especie de triunfalismo eucar\u00ed\u00adstico o en formas de torcido pietismo. El lenguaje de cierta predicaci\u00f3n o de algunos manuales de piedad es prueba de ello; a veces se habla del Cristo eucar\u00ed\u00adstico como del \u00abdivino prisionero\u00bb o del \u00abhu\u00e9sped solitario\u00bb, mientras que en otros casos se habla del Cristo \u00abcolocado en el trono\u00bb de los altares o de los \u00abtriunfos\u00bb eucar\u00ed\u00adsticos que se realizan en las procesiones. La intemperancia de este lenguaje no debiera preocupar mucho, si no revelase una cierta mentalidad o no favoreciera una piedad deformada.<\/p>\n<p>Las pr\u00e1cticas de piedad eucar\u00ed\u00adstica no deben ser expresi\u00f3n de una voluntad de mayor aproximaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica a Cristo o del deseo de hacerle salir de un supuesto estado de abandono y aislamiento. Puesto que Jesucristo est\u00e1 presente en la eucarist\u00ed\u00ada realmente, pero de modo sacramental, nuestras relaciones con \u00e9l no pueden resolverse en t\u00e9rminos de mayor o menor aproximaci\u00f3n f\u00ed\u00adsica; por otra parte, lo que se debe proclamar es el triunfo de la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica, que ha llevado a Cristo a reinar sirviendo.<\/p>\n<p>La piedad eucar\u00ed\u00adstica debe asumir las caracter\u00ed\u00adsticas de una actividad sacramental, es decir, debe ser un signo eficaz de la relaci\u00f3n personal con Cristo y, m\u00e1s precisamente, de una relaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica en un contexto sacrificial y eclesial. Se trata de hacer de estos ejercicios una ocasi\u00f3n para asumir el compromiso de transferir a la vida vivida la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica de la cual ha nacidola eucarist\u00ed\u00ada, a saber, la l\u00f3gica de la cruz, del amor de donaci\u00f3n, del crecer poni\u00e9ndose al servicio, del afirmarse d\u00e1ndose.<\/p>\n<p>D\u00ed\u00adgase lo mismo de las funciones solemnes de piedad eucar\u00ed\u00adstica; las procesiones solemnes y las adoraciones solemnes no debieran ser otra cosa que el signo de nuestra voluntad de reconocer que la econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica proclamada por la eucarist\u00ed\u00ada debe encontrar aplicaci\u00f3n no s\u00f3lo en nosotros mismos, sino tambi\u00e9n en nuestro ambiente (calles, plazas, puestos de trabajo) y en todas las estructuras de la convivencia humana. Se trata, en una palabra, de someter al juicio salv\u00ed\u00adfico del misterio eucar\u00ed\u00adstico nuestra vida cotidiana y todos los contextos existenciales en los que se puede y se debe dar testimonio cristiano.<\/p>\n<p>E. Ruffini<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Iglesia y religiosidad popular en Am\u00e9rica Latina, Patria Grande, B. Aires 1976.-AA. VV., Cara al viento. Plegarias para todos los d\u00ed\u00adas, Inst. Pont. S. P\u00ed\u00ado X, Madrid 1978.-AA. VV., Familia cristiana; devocionario, Colegio \u00abEl Salvador\u00bb, Valladolid 1977.-AA. VV., Gu\u00ed\u00ada de la familia cristiana: devocionario, Claretiana, B. Aires 1981.-Alvarez Gast\u00f3n, R, La religi\u00f3n del pueblo: defensa de sus valores, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1976.-Boff, L, V\u00ed\u00ada-crucis de la justicia, Paulinas, Madrid 1979.-Calvo Moralejo, G, La esclavitud mariana y su origen concepcionista, Aldecoa, Burgos 1976.-Civera P\u00e9rez, F, Devocionario de los fieles y cantos gregorianos, Galduria, J\u00f3dar (Ja\u00e9n) 1975.-Dornn, F. X, Letan\u00ed\u00ada lauretana, Rialp, Madrid 1978.-Esteve, E. M, La devoci\u00f3n del escapulario, Centro de Espiritualidad Carmelitana, Caudete 1978.-Guardini, R, V\u00ed\u00ada crucis, Rialp, Madrid 1954.-Marrod\u00e1n, M. J. \u00bfConoc\u00ed\u00adas el valor del rosario?, PP. Trapenses, Due\u00f1as (Palencia) 1974.-Meseguer y Murcia, D. Con Mar\u00ed\u00ada. Cada d\u00ed\u00ada, en el A\u00f1o lit\u00fargico, sus festividades, sus meses, siempre, Fe Cat\u00f3lica, Madrid 1976.-Ord\u00f3\u00f1ez, V, Mayo siempre en nuestra vida. Mes de las flores y teolog\u00ed\u00ada mariana, Studium, Madrid 1973.-Pardo, A, Nuevo devocionario del cristiano, Ed. Cat\u00f3lica. Madrid 1977.-Ribera, L, Jes\u00fas amigo, mi maestro: devocionario para ni\u00f1os y ni\u00f1as, Regina. Barcelona 1975.-Ribera, L, Ejercicios piadosos, Regina, Barcelona 1978.-Valle, F. J. del. Decenario al Esp\u00ed\u00adritu Santo, Rialp, Madrid 1954.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Piedad cristiana y ejercicios de piedad: 1. Contexto sem\u00e1ntico y \u00e1mbito de significaci\u00f3n; 2. Historia cristiana y ejercicios de piedad &#8211; II. Religiosidad cristiana y ejercicios de piedad: 1. Piedad cristiana: teocentrismo y antropocentrismo; 2. Ejercicios de piedad y econom\u00ed\u00ada salv\u00ed\u00adfica &#8211; III. Algunos ejercicios de piedad: 1. El rosario; 2. El viacrucis; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/ejercicios-de-piedad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEJERCICIOS DE PIEDAD\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17079","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17079","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17079"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17079\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17079"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17079"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17079"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}