{"id":17080,"date":"2016-02-05T11:07:32","date_gmt":"2016-02-05T16:07:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/enfermosufrimiento\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:32","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:32","slug":"enfermosufrimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/enfermosufrimiento\/","title":{"rendered":"ENFERMO\/SUFRIMIENTO"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Contexto socio-cultural: 1. La reflexi\u00f3n sobre el sufrimiento; 2. La reacci\u00f3n del hombre hoy &#8211; II. La perspectiva b\u00ed\u00adblico-cristiana: 1. La oferta salv\u00ed\u00adfica del Antiguo Testamento; 2. Jes\u00fas y el sufrimiento &#8211; III. La espiritualidad cristiana del sufrimiento: 1. La prueba del sufrimiento; 2. La ascesis del \u00e9xodo y del misterio pascual; 3. I.a comunidad cristiana y los pacientes &#8211; IV. El sacramento de los enfermos.<\/p>\n<p>I. Contexto socio-cultural<br \/>\n1. LA REFLEXI\u00ed\u201cN SOBRE EL SUFRIMIENTO &#8211; Prescindiremos en esta primera parte de la visi\u00f3n b\u00ed\u00adblico-cristiana. Los primitivos consideraban que las desgracias individuales y c\u00f3smicas eran reflejo de poderes sobrehumanos de los que el hombre era v\u00ed\u00adctima, y frente a ellos buscaban protecci\u00f3n en ritos m\u00e1gicos, sin renunciar a defensas personales.<\/p>\n<p>Las culturas jud\u00ed\u00ada y griega pusieron de relieve la corresponsabilidad personal. En la \u00e9poca moderna, el marxismo ha denunciado los condicionantes sociales y el psicoan\u00e1lisis ha analizado los del subconsciente.<\/p>\n<p>La vida del individuo y la convivencia son una lucha continua y esforzada, sostenida durante milenios contra toda forma de sufrimiento, si bien \u00e9ste persiste adoptando formas nuevas, provocadas por el mismo progreso. La sensibilizaci\u00f3n social y eclesial, que constituye un indice de promoci\u00f3n humana, agudiza por reflejo los contrastes y exaspera las tensiones. Se renuevan formas de marginaci\u00f3n y de opresi\u00f3n hasta las violencias m\u00e1s extremas, en nombre incluso de la promoci\u00f3n social. El poder de los medios de comunicaci\u00f3n social y los integralismos ideol\u00f3gicos provocan una onerosa masificaci\u00f3n del pensamiento, cuando no se llega a las persecuciones pol\u00ed\u00adticas, religiosas o raciales m\u00e1s descaradas. El progreso sanitario ha acabado con las epidemias, ha disminuido la mortalidad infantil y ha hecho posible que un n\u00famero cada vez mayor de personas llegue a una edad avanzada [Anciano]; pero se encuentra frente a las complicaciones propias de las enfermedades degenerativas, y no raras veces provoca posteriores sufrimientos con las mismas tentativas terap\u00e9uticas (las llamadas enfermedades iatr\u00f3genas). Instintivamente concebimos la vida como salud y bienestar, y el sufrimiento como un incidente desafortunado, que puede cruzarse en nuestro camino.<\/p>\n<p>La dura realidad de la vida contrasta con esta concepci\u00f3n nuestra de la existencia. Debemos aceptar que la primera causa de sufrimiento est\u00e1 inscrita en nuestro tejido vital, en las potencialidades biol\u00f3gicas y en nuestra conciencia critica, que constituyen las energ\u00ed\u00adas de la vitalidad individual y social y, al mismo tiempo, provocan inseguridades y sufrimientos. La potencialidad sexual efectiva es causa de tensi\u00f3n, de placer yde sufrimiento. La evoluci\u00f3n social no se realiza sin contrastes violentos, aunque sea condenable la violencia homicida.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad que entre la vida en su fase terrena y el sufrimiento no exista oposici\u00f3n radical, sino que el sufrimiento entra como elemento constitutivo de nuestra existencia. Aceptar la vida significa admitir tambi\u00e9n la realidad del sufrimiento y de la muerte.<\/p>\n<p>El problema no es c\u00f3mo no sufrir, sino saber reaccionar ante el sufrimiento y disminuir las causas que lo agravan.<\/p>\n<p>2. LA REACCI\u00ed\u201cN DEL HOMBRE HOY &#8211; Consideremos al hombre de nuestra cultura europeo-occidental. El que sufre, especialmente si es un enfermo, tiene conciencia del derecho a reivindicar de la sociedad respeto, comprensi\u00f3n y ayuda, y acusa a los dem\u00e1s (el ambiente familiar, las estructuras sociales inadecuadas e injustas, los ego\u00ed\u00adsmos y errores de otros) como causas primarias de sus sufrimientos. Se fatiga analizando su parte de responsabilidad, revisando sus actitudes de reacci\u00f3n y evitando sentirse solamente v\u00ed\u00adctima del sistema y de la incomprensi\u00f3n de los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>La mentalidad secularizadora que agudiza la tensi\u00f3n hacia las realizaciones terrenas, el mito del bienestar, la confianza en el poder tecnol\u00f3gico, la creciente sensibilidad psicol\u00f3gica son factores que provocan una mayor alergia a toda forma de sufrimiento y una espera, a veces neur\u00f3tica, de soluciones inmediatas. No se puede esperar ni se debe sufrir m\u00e1s; el consumismo y el uso excesivo de los f\u00e1rmacos, la repetici\u00f3n obsesiva de los ex\u00e1menes cl\u00ed\u00adnicos, los intentos m\u00e1s temerarios, incluidos los raptos y los secuestros, son un indicio de lo que acabamos de decir. El recurso a la droga. los atropellos y las violencias, incluso homicidas, por motivos pol\u00ed\u00adticos o por delincuencia com\u00fan forman parte de esta mentalidad de liberarse del sufrimiento cuanto antes y como sea.<\/p>\n<p>No faltan, incluso en nuestros paises, los desconfiados, los \u00abcansados de la vida\u00bb, que oscilan entre un sentido fatalista y el deseo del suicidio; \u00e9stos son los pacientes m\u00e1s graves.<\/p>\n<p>En la milenaria lucha del hombre contra el sufrimiento, la reflexi\u00f3n ha profundizado en las causas del mismo y se han multiplicado los medios t\u00e9cnicos; sin embargo, parece que el hombre de hoy es m\u00e1s fr\u00e1gil frente al sufrimiento.<\/p>\n<p>El psic\u00f3logo jud\u00ed\u00ado Viktor Frankl denuncia una \u00abfrustraci\u00f3n existencial\u00bb, que necesariamente se sigue del contraste entre la concepci\u00f3n corriente de la vida y la realidad de la existencia. Mientras nos impregne una mentalidad sobre la vida basada en el placer y en la propia afirmaci\u00f3n -quiz\u00e1 identificados con las propias ideas sociales o religiosas- y se contemplen esos valores como absolutos, habremos de experimentar una continua frustraci\u00f3n al constatar el progresivo debilitamiento f\u00ed\u00adsico y las oscilaciones y contradicciones sociales.<\/p>\n<p>La \u00ablogoterapia\u00bb, o cura m\u00e9dica del alma, que V. Frankl propone consiste en ayudar al sujeto a preguntarse sobre el sentido de su existencia, convenci\u00e9ndose de que en cualquier situaci\u00f3n, por absurda que sea, es posible encontrar un \u00abcometido vital\u00bb, comenzando por las respuestas m\u00e1s modestas con tal que sean realizables en ese momento.<\/p>\n<p>II. La perspectiva b\u00ed\u00adblico-cristiana<br \/>\n1. LA OFERTA SALV\u00ed\u008dFICA DEL ANTIGUO TESTAMENTO &#8211; Yahv\u00e9 ofrece al hombre, condicionado por culpas y sufrimientos, una alianza salv\u00ed\u00adfica que le ayuda a redimirse y a dar un significado a su propia existencia, cualquiera que sea su situaci\u00f3n. Esta es la respuesta fundamental de la Biblia a la realidad de la existencia y del sufrimiento humano.<\/p>\n<p>La respuesta b\u00ed\u00adblica sobre el comienzo del sufrimiento y de la muerte del hombre est\u00e1 apenas esbozada y es de dif\u00ed\u00adcil interpretaci\u00f3n. El G\u00e9nesis reacciona contra las interpretaciones de otros pueblos, que hac\u00ed\u00adan a los hombres v\u00ed\u00adctimas de una misteriosa potencia mal\u00e9fica o del capricho del destino, y reafirma la existencia de un Dios \u00fanico que ha dado origen a la realidad c\u00f3smica y que es sabio y bueno. El sufrimiento y la muerte no pueden, por lo tanto, ser queridos por \u00e9l, sino que son consecuencia de una culpa, de una ruptura voluntaria en las relaciones del hombre con Dios. De esta culpa derivan todos los dem\u00e1s desequilibrios, efecto de la presunci\u00f3n y del ego\u00ed\u00adsmo. El ap\u00f3stol Pablo resume el pensamiento b\u00ed\u00adblico en esta s\u00ed\u00adntesis dram\u00e1tica: \u00abPor un hombre entr\u00f3 el pecado en el mundo y por el pecado la muerte\u00bb (Rom 5,12).<\/p>\n<p>La Biblia establece, pues, una correlaci\u00f3n entre pecado, sufrimiento y muerte. Pero no se puede deducir de ella que el pecado constituya la \u00fanica causa del sufrimiento y de la muerte, como si antes de la culpa el hombre hubiera estado hecho de una estructura fisiol\u00f3gica y ps\u00ed\u00adquica distinta.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica ha estimado siempre que el pecado supuso una complicaci\u00f3n e hiri\u00f3 a la naturaleza humana, pero no la cambi\u00f3 radicalmente. La teolog\u00ed\u00ada actual ha vuelto a plantear la problem\u00e1tica en torno a la frase del G\u00e9nesis: \u00abDel \u00e1rbol de la ciencia del bien y del mal no comer\u00e1s en modo alguno, porque el d\u00ed\u00ada en que comieres ciertamente morir\u00e1s\u00bb (G\u00e9n 2,17). \u00bfEra quiz\u00e1 una amenaza de muerte inmediata, conmutada luego por una vida de sufrimiento? (cf G\u00e9n 3,14-17). La frase de Pablo, que contrapone al pecado y a la muerte provocada por Ad\u00e1n la gracia y la vida ofrecida por Cristo, tampoco se limita al problema de la muerte biol\u00f3gica, porque \u00e9sta sigue d\u00e1ndose despu\u00e9s de la redenci\u00f3n.<\/p>\n<p>El concilio de Trento ratific\u00f3 que la muerte es consecuencia del pecado, pero evit\u00f3 pronunciarse sobre la situaci\u00f3n anterior al pecado (DS 1511). El ritual reformado del sacramento de la unci\u00f3n y cura pastoral de los enfermos usa esta expresi\u00f3n en la introducci\u00f3n: \u00abNo se puede negar que existe una estrecha relaci\u00f3n entre la enfermedad y la condici\u00f3n de pecado en que se encuentra el hombre\u00bb (n. 2); y el documento de la Conferencia Episcopal Italiana sobre Evangelizaci\u00f3n y sacramentos de la penitencia y de la unci\u00f3n de los enfermos precisa lo siguiente: \u00abSeg\u00fan la fe cristiana, la enfermedad tiene su origen no s\u00f3lo en la finitud de la criatura humana, sino tambi\u00e9n en la corrupci\u00f3n introducida por el pecado en el mundo\u00bb (n. 132).<\/p>\n<p>La catequesis debe tener en cuenta estas clarificaciones, evitando recurrir solamente al pecado original como \u00fanica causa de nuestro sufrimiento y de la muerte. Semejante planteamiento no est\u00e1 conforme con la Biblia, suscita la idea de un Dios cruel y favorece un sentimiento de indiferencia, como si todo fuera culpa de Ad\u00e1n. Yahv\u00e9 echa en cara a su pueblo sus reiteradas infidelidades como causa de sus sufrimientos.<\/p>\n<p>Nos parece que del mensaje b\u00ed\u00adblico se puede deducir una vinculaci\u00f3n mayor entre la creaci\u00f3n y la redenci\u00f3n. Dios Padre no nos ha hecho nacer culpables, sino que ha querido hacernos copart\u00ed\u00adcipes de nuestra maduraci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. En este planteamiento de pedagog\u00ed\u00ada activa aplicada a la humanidad entera resultaban previsibles la culpabilidad y un sufrimiento que se hizo m\u00e1s oneroso por la imprudencia, el ego\u00ed\u00adsmo y el odio humanos. Dios puede permitir, en su bondad, todo esto; no solamente para darnos la posibilidad de ser parcialmente art\u00ed\u00adfices de nuestra promoci\u00f3n, sino tambi\u00e9n porque sabr\u00e1 dar a cada uno y a la convivencia general una respuesta de salvaci\u00f3n. Esta oferta redentora se convierte en don gratuito, porque supera el costo de nuestras fatigas y porque no solamente nos devuelve otra vida, sino que adem\u00e1s nos hace \u00abparticipantes de la naturaleza divina\u00bb (2 Pe 1,4).<\/p>\n<p>Esta clarificaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica enlaza con la constataci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica de la condici\u00f3n natural de los l\u00ed\u00admites biol\u00f3gicos y ps\u00ed\u00adquicos del hombre y con la percepci\u00f3n de una corresponsabilidad social. Pero subsiste una diferencia. La mentalidad moderna habla de culpabilidad social, mientras que la revelaci\u00f3n habla de \u00abpecado\u00bb. Hay que tomar conciencia de que en el origen de nuestras faltas de madurez personal y de nuestras injusticias sociales est\u00e1 una situaci\u00f3n de pecado, una infidelidad a Dios Padre, que se manifiesta en las dificultades y en los ego\u00ed\u00adsmos propios de las relaciones humanas (cf G\u00e9n 3,7-19). La terapia salv\u00ed\u00adfica prescrita por la Biblia parte de una conversi\u00f3n a Dios, y de esta comunicaci\u00f3n m\u00e1s aut\u00e9ntica, que no se limita a las pr\u00e1cticas rituales (cf la reiterada apelaci\u00f3n de los profetas), deber\u00e1 derivarse una solidaridad fraterna que recomponga la convivencia humana.<\/p>\n<p>El saludo habitual de Israel \u00abshal\u00f3m\u00bb significa bendici\u00f3n (alianza entre Dios y los hombres); implica seguridad, bienestar y felicidad; es confianza en la paz mesi\u00e1nica que Yahv\u00e9 reserva para su d\u00ed\u00ada, pero en la que ya nos sentimos comprometidos a colaborar con una respuesta libre y activa.<\/p>\n<p>2. JES\u00daS Y EL SUFRIMIENTO &#8211; A los interrogantes humanos sobre el sufrimiento Dios respondi\u00f3 encarn\u00e1ndose, es decir, aceptando compartir el padecimiento humano.<\/p>\n<p>Nosotros intentamos justificar nuestras carencias frente a Dios y al pr\u00f3jimo con las m\u00faltiples dificultades de la existencia, porque cuesta demasiado mantenerse honrados, estar siempre disponibles, tomar partido en favor de los marginados y aceptar la dureza de una enfermedad que se prolonga sin esperanza.<\/p>\n<p>Jes\u00fas, para redimirnos, recorri\u00f3 nuestro camino hasta el final, despoj\u00e1ndose de su condici\u00f3n divina, \u00abtomando la naturaleza de siervo, haci\u00e9ndose semejante a los hombres\u00bb (Flp 2,7), compartiendo nuestras decepciones y amarguras, aceptando ser v\u00ed\u00adctima de la incomprensi\u00f3n y del odio; y. en este contexto existencial de dolor, dio pruebas de su fidelidad a Dios y de su amor redentor a los hombres hasta la tortura de la cruz. En esta \u00abk\u00e9nosis\u00bb integr\u00f3 la nueva vitalidad del Esp\u00ed\u00adritu; en el sufrimiento nos dio la prueba de su amor, y en la muerte complet\u00f3 su victoria (cf 1 Cor 15,55); esto es, el misterio pascual de vida y muerte en tensi\u00f3n hacia la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Consideramos que Cristo confiri\u00f3 un valor salv\u00ed\u00adfico a todo sufrimiento humano, aun inconsciente, incluyendo el dolor de los ni\u00f1os y de cuantos han perdido conocimiento cr\u00ed\u00adtico, siempre que el que sufre no quiera sustraerse culpablemente a esta forma de redenci\u00f3n. En el testimonio de la vida de Jes\u00fas se insertan sus relaciones de predilecci\u00f3n por los que sufren, independientemente de la forma de su sufrimiento: de culpabilidad (la mujer sorprendida en adulterio: Jn 8,1-11), de marginaci\u00f3n social y religiosa (la samaritana: Jn 4; la visita a Zaqueo: Le 19,1-10; las curaciones de los endemoniados) y de sufrimiento f\u00ed\u00adsico. Las numerosas curaciones de enfermos se insertan como signo de la curaci\u00f3n global o redenci\u00f3n que \u00e9l nos ofrece, exigiendo nuestra participaci\u00f3n comprometida de fe, y que \u00e9l mismo realiza gradualmente en la totalidad de nuestra vida, que se extiende m\u00e1s all\u00e1 de las fronteras terrenas. En la otra vida, glorificada por Cristo resucitado, se verificar\u00e1 la plenitud de la vida, la victoria completa sobre toda forma de sufrimiento: \u00abNo habr\u00e1 m\u00e1s muerte, ni luto, ni clamor, ni pena\u00bb (Ap 21,4).<\/p>\n<p>III. La espiritualidad cristiana del sufrimiento<br \/>\n1. LA PRUEBA DEI. SUFRIMIENTO &#8211; El sufrimiento es una dura prueba de nuestra madurez humana y cristiana, destruye las pretendidas seguridades, pone en crisis las motivaciones ideales no profundizadas ni asimiladas adecuadamente, estimula una revisi\u00f3n de nuestra forma de ver la vida y de nuestro modo de comprender y de aceptar a Dios. Durante el sufrimiento, la persona se siente tentada a cerrarse en su miedo y a ver solamente su situaci\u00f3n; sin darse cuenta puede hacerse demasiado exigente. aunque se niegue a pedir ayuda porque no sabe aceptar sus propios l\u00ed\u00admites; puede volverse insoportable o infantilmente generosa; puede caer en la rebeld\u00ed\u00ada neur\u00f3tica, que se niega a mirar de frente la realidad o adopta la actitud de v\u00ed\u00adctima.<\/p>\n<p>La misma religiosidad puede ser mal interpretada, cayendo en un dolorismo fatalista. Aceptar la voluntad de Dios significa reaccionar con \u00e9l ante las debilidades y sufrimientos propios y ajenos y actuar con mayor justicia.<\/p>\n<p>M\u00e1s frecuente es el interrogante sobre la bondad y la sabidur\u00ed\u00ada de Dios, que permite los sufrimientos, aun los m\u00e1s absurdos. Es la tem\u00e1tica del Libro de Job. Sus amigos recurren a la mentalidad corriente: Dios castiga a los malos y premia a los buenos; por lo tanto, el que sufre es culpable. Job comparte la misma mentalidad; pero es consciente de que no es tan culpable, y por eso apela a la justicia misma de Dios. El Se\u00f1or acepta este proceso de fe, pero invita a Job a que antes demuestre su pretendida competencia para juzgarlo: \u00ab\u00bfD\u00f3nde estabas t\u00fa cuando fundaba yo la tierra?\u00bb (Job 38,4).<\/p>\n<p>La comprensi\u00f3n de fe parte de la humildad radical de aceptar nuestra peque\u00f1ez frente al misterio de la vida y al misterio m\u00e1s grande de Dios. Debemos abandonar la pretensi\u00f3n de reducir a Dios a nuestros esquemas humanos. El Se\u00f1or no nos persigue para castigarnos o para premiarnos de inmediato. \u00abTan altos como el cielo, por encima de la tierra se elevan mis caminos sobre vuestros caminos, y mis pensamientos sobre vuestros pensamientos\u00bb (Is 55,9). En la desconcertante experiencia de un sufrimiento humanamente absurdo, Job llega a revisar su propia fe y a comprender mejor a Dios: \u00abDe o\u00ed\u00addas, ya te conoc\u00ed\u00ada, pero ahora te han visto mis ojos\u00bb (Job 42,5); es la conclusi\u00f3n de un itinerario espiritual madurado en el sufrimiento. Contin\u00faa en pie el misterio de esta existencia humana; incluso lo acepta y se pone en las manos de Dios, seguro de que su presencia le ayudar\u00e1 en la prueba del sufrimiento y \u00e9ste no quedar\u00e1 vac\u00ed\u00ado de significado.<\/p>\n<p>La crisis provocada por el sufrimiento suscita no raras veces una nueva visi\u00f3nde la vida, una maduraci\u00f3n humana y una espiritualidad que dif\u00ed\u00adcilmente se habr\u00ed\u00ada alcanzado sin este itinerario de dolor. As\u00ed\u00ad se constata con especial evidencia en la experiencia espiritual de los santos.<\/p>\n<p>Debemos entrenarnos en el sufrimiento como debemos educarnos para vivir, porque la vida implica sufrimiento. Se trata de una educaci\u00f3n hecha de coraje, constancia, capacidad de diferir y moderar los propios deseos, sentido de realismo para aceptarse a s\u00ed\u00ad mismo y a los dem\u00e1s con nuestros l\u00ed\u00admites, con nuestros fallos y nuestros pecados. Una educaci\u00f3n para la vida que debe iniciarse en los primeros a\u00f1os, rechazando toda forma de exhibiciones y de ego\u00ed\u00adsmo.<\/p>\n<p>La promoci\u00f3n humana y cristiana se balancea en el dif\u00ed\u00adcil equilibrio de no arredrarse ante las dificultades, de intentar mejorarse a s\u00ed\u00ad mismo, y la convivencia sin pretender soluciones ut\u00f3picas, aceptando colaborar en los proyectos a largo plazo de Dios.<\/p>\n<p>El ascetismo medieval, que insist\u00ed\u00ada en las formas de sufrimiento f\u00ed\u00adsico provocado voluntariamente, no se debe entender como b\u00fasqueda del dolor, sino como forma de entrenamiento. Hoy d\u00ed\u00ada el entrenamiento en el sufrimiento preferimos ejercerlo con la madurez de un equilibrio fundamentalmente sereno hasta en las contradicciones m\u00e1s penosas de la existencia, en la capacidad de aceptarnos a nosotros mismos y a los dem\u00e1s y en la convivencia dentro de los l\u00ed\u00admites rec\u00ed\u00adprocos, sin renunciar al valor de un di\u00e1logo cr\u00ed\u00adtico, de una conversi\u00f3n renovada, y demostrando la capacidad de saber aceptar y apreciar incluso las peque\u00f1as alegr\u00ed\u00adas de la existencia y sobre todo la disponibilidad concreta al encuentro fraterno. Se trata de la \u00abmetanoia\u00bb evang\u00e9lica, del \u00abcambio \u00ed\u00adntimo y radical de todo el hombre\u00bb, que constituye el itinerario redentor y paciente del penitente cristiano (cf Const. apost\u00f3lica Paenitemini, 17-2-1966).<\/p>\n<p>En este itinerario penitencial se insertan las posibles incomprensiones eclesiales, que a veces resultan especialmente amargas, como le ocurri\u00f3 al mismo ap\u00f3stol Pablo; los conflictos ocurridos incluso entre personas santas, posibles, por tanto, a pesar de las buenas intenciones rec\u00ed\u00adprocas. \u00abS\u00e9 carecer de lo necesario y vivir en la abundancia. Estoy ense\u00f1ado a todas y cada una de estas cosas, a sentirme harto y a tener hambre, a nadar en la abundancia y a experimentar estrecheces. Todo lo puedo en Aquel que me conforta\u00bb (Flp 4,12-13). Este pasaje paulino no se ha de interpretar como presunta indiferencia del cristiano frente al placer o al sufrimiento. El cristiano ama la vida como don de Dios e intenta favorecer por s\u00ed\u00ad mismo o mediante los dem\u00e1s la promoci\u00f3n humana; no desprecia los bienes de la tierra, aunque reconoce una jerarqu\u00ed\u00ada de valores.<\/p>\n<p>El cristiano cultiva la sensibilidad humana porque su ideal es Cristo, que no se present\u00f3 como un superhombre; al contrario, se hizo tan peque\u00f1o e indefenso, que lleg\u00f3 hasta huir de los sicarios de Herodes, \u00abdespreciado, desecho de la humanidad, hombre de dolores, avezado al sufrimiento\u00bb (Is 53,3); no tuvo inconveniente en llorar ante el sepulcro de L\u00e1zaro, conoci\u00f3 el miedo y la angustia y se sinti\u00f3 \u00abtriste hasta la muerte\u00bb (Mc 14,34). No busc\u00f3 el sufrimiento por s\u00ed\u00ad mismo, sino que, postr\u00e1ndose \u00abrostro a tierra\u00bb (Mt 26,39), suplicaba: \u00ab\u00c2\u00a1Abba!, \u00c2\u00a1Padre! \u00c2\u00a1Todo te es posible! \u00c2\u00a1Aparta de m\u00ed\u00ad este c\u00e1liz!\u00bb (Mc 14,36). \u00c2\u00a1Cu\u00e1nta humanidad se observa en este desahogo de Jes\u00fas, a punto de completar el objeto de la encarnaci\u00f3n! La ascesis cristiana no es estoicismo. \u00abPero -a\u00f1adi\u00f3 Cristo- no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres T\u00fa\u00bb (Mc 14,36).<\/p>\n<p>2. LA ASCESIS DEL EXODO Y DEL MISTERIO PASCUAI. &#8211; La reacci\u00f3n cristiana ante el sufrimiento debe remitirse a la espiritualidad del \u00e9xodo. La vida se entiende como peregrinaje hacia la ciudad del Dios vivo; como un \u00e9xodo incesante del estado de pecado y de ego\u00ed\u00adsmo, de nuestras presuntas seguridades y de nuestra b\u00fasqueda de comodidades, para aceptar las pruebas de la existencia, incluyendo a veces la amargura, la soledad y la aridez del desierto.<\/p>\n<p>El esp\u00ed\u00adritu del \u00e9xodo es esp\u00ed\u00adritu de desprendimiento, de valor y de riesgo; es esp\u00ed\u00adritu de solidaridad humana y de confianza en Dios, que camina con nosotros, sin pretender resultados inmediatos, porque largo y misterioso es el camino hasta la tierra prometida. El \u00e9xodo constituye tambi\u00e9n la gran esperanza de una liberaci\u00f3n y promoci\u00f3n humana, pero construida en comuni\u00f3n con Yahv\u00e9 y con su pueblo.<\/p>\n<p>Esta mentalidad del \u00e9xodo se opone a los mesianismos exclusivamente terrenos; al mito del f\u00e1cil bienestar y de la afirmaci\u00f3n exhibicionista; a la idolatr\u00ed\u00adade la salud f\u00ed\u00adsica y del poder, que constituyen, desgraciadamente, el espejismo de una presunta promoci\u00f3n humana, pero que se resuelven realmente en nuevas formas de sufrimiento y de opresi\u00f3n.<\/p>\n<p>El esp\u00ed\u00adritu del \u00e9xodo madura en el misterio pascual de Cristo; la vida contin\u00faa siendo un paso del pecado, de la pretendida autosuficiencia, del ego\u00ed\u00adsmo, etc., a una vida nueva en Cristo, donde resucitamos a la libertad de una promoci\u00f3n humana que va m\u00e1s all\u00e1 de los condicionamientos terrenos para abrirse a la plenitud de la otra vida.<\/p>\n<p>Para resucitar es preciso tener el valor de morir, es decir, de aceptar esta existencia terrena, que se desarrolla en un dinamismo de muerte y resurrecci\u00f3n, porque nuestras energ\u00ed\u00adas vitales son fruto de tensiones toleradas, de reacci\u00f3n confiada y no neur\u00f3tica, de superaci\u00f3n valerosa de nuestros l\u00ed\u00admites. Esta lucha continua adquiere un sentido m\u00e1s amplio, una confianza m\u00e1s cierta, cuando est\u00e1 animada por la fe en el Cristo paciente y glorioso.<\/p>\n<p>No es f\u00e1cil aceptar a \u00abCristo crucificado, esc\u00e1ndalo para los jud\u00ed\u00ados y locura para los gentiles\u00bb (1 Cor 1,23); pero \u00e9ste es su programa: \u00abEl que quiera venir en pos de m\u00ed\u00ad, ni\u00e9guese a s\u00ed\u00ad mismo, tome su cruz y s\u00ed\u00adgame\u00bb (Mc 8,34). No es Cristo quien ofrece la cruz, sino que la cruz es nuestra, en el sentido de que forma parte del proceso vital y condicionado de esta existencia terrena; pero Cristo da la posibilidad de transformar esta cruz en un acto de oblaci\u00f3n a Dios y de amor redentor para uno mismo y para los hermanos, porque \u00abel que pierda su vida por mi causa y por el Evangelio, la salvar\u00e1\u00bb (Mc 8,35). De este modo se cumple la voluntad del Padre, igual que para Jes\u00fas en Getseman\u00ed\u00ad, y el sufrimiento se convierte en manifestaci\u00f3n de las \u00abobras de Dios\u00bb, como ocurri\u00f3 al ciego de nacimiento (Jn 9,3). Es el misterio del grano de trigo, que parece morir, pero que de esa forma revive (Jn 12,24); es el sufrimiento de la mujer que est\u00e1 a punto de dar a luz, y que se transforma en una alegr\u00ed\u00ada que hace olvidar la aflicci\u00f3n (Jn 16,21); es el recuerdo de la Dolorosa, que se hace madre de los vivientes en Cristo resucitado y renueva su c\u00e1ntico de gozoso reconocimiento, \u00abMi alma glorifica al Se\u00f1or\u00bb (Lc 1,46).<\/p>\n<p>El cristiano no pide ni bienestar ni sufrimiento, ni tranquilidad ni lucha, sino la capacidad de entregarse todos los d\u00ed\u00adas a Dios y a los hermanos en testimonio de fe y de amor, cualesquiera que sean las circunstancias en que le toque vivir, convencido de que en todo caso su vida tiene un significado de redenci\u00f3n y de resurrecci\u00f3n; es el tr\u00e1nsito pascual.<\/p>\n<p>3. LA COMUNIDAD CRISTIANA Y LOS PACIENTES &#8211; Jes\u00fas precis\u00f3 su misi\u00f3n aplic\u00e1ndose a s\u00ed\u00ad mismo las palabras de Isa\u00ed\u00adas: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or est\u00e1 sobre m\u00ed\u00ad, porque me ungi\u00f3. Me envi\u00f3 a evangelizar a los pobres, a predicar a los cautivos la liberaci\u00f3n y a los ciegos la recuperaci\u00f3n de la vista, a libertar a los oprimidos\u00bb (Lc 4,18). La religi\u00f3n cristiana no es, por lo tanto, un mensaje de resignaci\u00f3n o de consuelo, sino un compromiso de promoci\u00f3n global, que se realiza en la fe.<\/p>\n<p>El cristiano participa de la lucha del hombre contra toda forma de sufrimiento, pero con la mentalidad y con la perspectiva de Cristo. Las comunidades cristianas se han distinguido siempre por una atenci\u00f3n concreta hacia los que sufren, desde las primeras instituciones hospitalarias hasta las m\u00faltiples obras caritativas llevadas a cabo a lo largo de los siglos. Ver a Cristo en el hombre que pasa hambre, en el abandonado y en el encarcelado ha sido el programa evang\u00e9lico (cf Mt 25,31-40) que ha animado este testimonio cristiano singular, \u00fanico en la historia por su continuidad, por la variedad de formas y por la cantidad de ejemplos heroicos.<\/p>\n<p>No han faltado los fallos por condescendencia con los centros de poder pol\u00ed\u00adtico o econ\u00f3mico, por falta de perspectivas sociol\u00f3gicas. Forman parte de los l\u00ed\u00admites y las culpas de la convivencia. Se acusa a las religiones de haber dormido la conciencia cr\u00ed\u00adtica de los marginados y de los que sufren en general con la resignaci\u00f3n a la voluntad de Dios y con la esperanza de compensaciones en la otra vida. Se trata de denuncias que carecen a veces de un an\u00e1lisis sereno y profundo de las diversas causas sociales concomitantes, aunque estimulan a una continua revisi\u00f3n y conversi\u00f3n para activar con mayor fidelidad evang\u00e9lica y con mayor sensibilidad social el compromiso de liberaci\u00f3n y de promoci\u00f3n humana y cristiana.<\/p>\n<p>Se\u00f1alemos algunas orientaciones que deben animar el testimonio de fe y caridad de las comunidades cristianas. Ev\u00ed\u00adtese toda forma de paternalismo y de beneficencia; ayudar a quien sufre esun deber de justicia social y de coherencia cristiana. San Camilo rechazaba el agradecimiento de los enfermos que sanaba porque consideraba un deber curar a Cristo en ellos, y para \u00e9l habr\u00ed\u00ada sido como pretender que Cristo le diera las gracias por haberle ofrecido la posibilidad de servirlo; es la diacon\u00ed\u00ada evang\u00e9lica.<\/p>\n<p>La conversi\u00f3n evang\u00e9lica tiene su punto de partida en \u00abel coraz\u00f3n de los hombres\u00bb (Mc 7,21), es decir, en su responsabilidad individual. \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 tu hermano Abel?\u00bb; \u00e9sa es la pregunta que continuamente nos dirige el Se\u00f1or y que no debemos escamotear con la excusa de que no somos su \u00abguardi\u00e1n\u00bb (G\u00e9n 4,9). El cristiano es aquel que siente el deber de acercarse al otro (cf la par\u00e1bola del buen samaritano: Le 10,25-37). Es la fidelidad a Dios lo que ha ayudado a los santos a ser fieles al hombre hasta jugarse incluso su propia vida y sufrir incomprensiones y calumnias, como lo recuerda Pablo de s\u00ed\u00ad mismo cuando escribe a los corintios (1 Cor 4,10-13).<\/p>\n<p>Algunas veces incluso ciertas personas comprometidas en la solidaridad social se olvidan de quienes conviven con ellas. Es el peligro del dinamismo, que no facilita la espiritualidad interior y puede hacernos incapaces de dedicar un poco de tiempo a escuchar a Dios y a quien est\u00e1 a nuestro lado.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de los gestos individuales, es preciso constituir comunidades locales de caridad que encuentren su propia \u00abkoinon\u00ed\u00ada\u00bb en la reflexi\u00f3n comunitaria sobre la forma de concretizar el amor de Cristo en los hermanos. Cada uno ha de ofrecerse seg\u00fan sus disponibilidades, sus aptitudes, sus carismas, intentando hacer part\u00ed\u00adcipes a los dem\u00e1s de sus propias experiencias para fomentar una verificaci\u00f3n com\u00fan. Esto deber\u00ed\u00ada llevarse a cabo a nivel de grupos, entre las diversas organizaciones o institutos eclesiales, evitando la reiterada tentaci\u00f3n de aislamiento, de competencia o de nivelaci\u00f3n total, porque son diversas las actitudes personales, son diversos los carismas, pero todos contribuimos a la edificaci\u00f3n del \u00fanico cuerpo de Cristo (cf Rom 12,3-8).<\/p>\n<p>Debemos corresponsabilizar a quien sufre, cualquiera que sea su tara moral o f\u00ed\u00adsica, para su propia liberaci\u00f3n y su propia promoci\u00f3n. Esto es seguir el plan salv\u00ed\u00adfico de Dios, que exige nuestra respuesta personal. No debemos ocupar el puesto que les corresponde a los interesados, sino ayudarles a encontrar en s\u00ed\u00ad mismos la fuerza de reaccionar, aunque sea asegur\u00e1ndoles que estaremos a su lado. A veces algunas formas de ayuda favorecen la inercia y no son un est\u00ed\u00admulo para la reflexi\u00f3n cr\u00ed\u00adtica en orden a una reacci\u00f3n personal y social.<\/p>\n<p>No aceptemos concepciones psicol\u00f3gicas que todo lo hacen depender de los determinismos del subconsciente, y rechacemos las hip\u00f3tesis sociol\u00f3gicas que todo lo atribuyen a condicionamientos de las estructuras sociales. Pero tengamos en cuenta que no se trata de convertir primero a las personas y cambiar despu\u00e9s las estructuras, porque la persona se resiente de sus propios l\u00ed\u00admites ps\u00ed\u00adquicos, del ambiente familiar y social; por eso ayudar a la liberaci\u00f3n de una persona significa analizar sus diversos condicionamientos y estudiar las posibilidades de eliminarlos.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad se sigue que una acci\u00f3n caritativa implica la adquisici\u00f3n de los datos psicol\u00f3gicos y sociol\u00f3gicos, an\u00e1lisis e intuiciones que provoquen la discusi\u00f3n y la revisi\u00f3n de las estructuras con el valor de formular denuncias oportunas contra las diversas formas de opresi\u00f3n e injusticia, de estrangulamiento de la libertad de conciencia, reaccionando ante las formas vejatorias, de tortura o de extorsi\u00f3n econ\u00f3mica, cualquiera que sea la motivaci\u00f3n aducida.<\/p>\n<p>Jes\u00fas compar\u00f3 el reino de los cielos a la levadura, que debe hacer fermentar la masa de harina (cf Mt 13,33). Se trata de una invitaci\u00f3n a no encerrarnos en nosotros mismos y a colaborar con quienes \u00abestiman los valores humanos\u00bb, aunque \u00abno reconozcan al autor del mundo\u00bb (Tercer S\u00ed\u00adnodo de los Obispos, 1971, 1II). En esta colaboraci\u00f3n para la promoci\u00f3n del hombre, los cristianos, y en especial los seglares, se deben sentir comprometidos valorando la peculiaridad de su contribuci\u00f3n de fe, es decir, de su visi\u00f3n de la vida, y defendiendo la libertad de las iniciativas sin buscar situaciones de privilegio o de especulaci\u00f3n que hagan ambiguo su testimonio (documento citado).<\/p>\n<p>En el esfuerzo contra el sufrimiento se necesita una serie de ayudas de emergencia, como son las programaciones de reformas a medio y largo plazo con posibilidades de intentos diversos. No confundamos la ortodoxia con las aplicaciones sociol\u00f3gicas, que var\u00ed\u00adan seg\u00fan las situaciones y seg\u00fan un leg\u00ed\u00adtimo pluralismo; sin embargo, la fe debe abarcar todas las formas de reacci\u00f3n contra el sufrimiento (cf Octogesima adveniens 4).<\/p>\n<p>IV. El sacramento de los enfermos<br \/>\nEl enfermo, por su debilidad psicof\u00ed\u00adsica, se encuentra normalmente con mayor dificultad para reaccionar ante el sufrimiento. Por otra parte, el enfermo presenta de una forma visible en su propia carne los l\u00ed\u00admites humanos, al igual que su curaci\u00f3n representa un signo de liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En este contexto se considera la sagrada unci\u00f3n de los enfermos como el sacramento que despierta en el enfermo la reflexi\u00f3n cristiana sobre toda forma de sufrimiento.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfEnferma alguno de vosotros? Haga llamar a los presb\u00ed\u00adteros de la Iglesia\u00bb (Sant 5,14). La frase del ap\u00f3stol evidencia dos aspectos. Ante todo, se dirige al enfermo en sentido gen\u00e9rico. Esta acepci\u00f3n del t\u00e9rmino b\u00ed\u00adblico se inserta en el concepto moderno m\u00e1s extenso de enfermedad, incluyendo las perturbaciones ps\u00ed\u00adquicas, que son enfermedades t\u00ed\u00adpicas del hombre. El ritual habla de \u00absalud gravemente comprometida\u00bb (Introducci\u00f3n, 8), en el sentido de que no se trata de un malestar pasajero, sino de una situaci\u00f3n que preocupa seriamente al enfermo.<\/p>\n<p>El otro aspecto recordado por el ap\u00f3stol Santiago es la invitaci\u00f3n dirigida al enfermo a que pida \u00e9l mismo la intervenci\u00f3n de la Iglesia. Esta corresponsabilizaci\u00f3n del enfermo le ayuda a salir de su propio aislamiento, a tener el coraje de afrontar la realidad e intentar reaccionar pidiendo la ayuda de Dios y de la comunidad de fe para que su situaci\u00f3n penosa se convierta en momento de revisi\u00f3n de vida, de espiritualidad m\u00e1s \u00ed\u00adntima y de testimonio valeroso, a pesar de las comprensibles oscilaciones de confianza y de depresi\u00f3n que experimentar\u00e1 en s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Los presb\u00ed\u00adteros, prosigue el ap\u00f3stol, \u00aboren por \u00e9l, ungi\u00e9ndolo con el \u00f3leo en nombre del Se\u00f1or. La oraci\u00f3n de la fe salvar\u00e1 al enfermo, y el Se\u00f1or le restablecer\u00e1 y le ser\u00e1n perdonados los pecados que hubiere cometido\u00bb (Sant 5,14-15).<\/p>\n<p>El gesto de la unci\u00f3n, que se hace \u00abungiendo con un poco de aceite la frente y las manos del enfermo\u00bb (Ritual, introducci\u00f3n, 23), tiene un significado b\u00ed\u00adblico y psicol\u00f3gico muy particular.<\/p>\n<p>Para los hebreos, el aceite, que penetra en el cuerpo, confer\u00ed\u00ada vigor, agilidad y belleza y era signo de consagraci\u00f3n, a la vez que serv\u00ed\u00ada simplemente para curar las heridas (recu\u00e9rdese el gesto del buen samaritano: Lc 10,34). A estos significados se a\u00f1ade que la unci\u00f3n se convierte para los cristianos en signo de la penetraci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo. Todos estos significados est\u00e1n presentes en la unci\u00f3n del enfermo, donde se repite el gesto de unci\u00f3n del bautismo y de la confirmaci\u00f3n para que el Esp\u00ed\u00adritu Santo descienda y renueve la purificaci\u00f3n y la consagraci\u00f3n del enfermo, aten\u00fae sus sufrimientos y vigorice su esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Incluso desde el punto de vista psicol\u00f3gico, este inclinarse sobre el enfermo para ungirlo manifiesta un gesto de cercan\u00ed\u00ada y de preocupaci\u00f3n. \u00abEste sacramento -precisa el Ritual- confiere al enfermo la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo; el hombre en su totalidad recibe ayuda para su salvaci\u00f3n y se siente confortado por la confianza en Dios\u00bb (Introducci\u00f3n, 6). Es el sacramento de la esperanza cristiana.<\/p>\n<p>La Biblia no distingue entre efectos espirituales y corporales; todo sacramento es una oferta global de salvaci\u00f3n, seg\u00fan las diversas exigencias de la persona. El sacramento de los enfermos remite de manera m\u00e1s expresiva a este car\u00e1cter global de la salvaci\u00f3n, aunque siempre pertenezcan a la soberana y misteriosa libertad de Dios las modalidades de la respuesta.<\/p>\n<p>El sacramento de la unci\u00f3n no es el sacramento de la muerte o de la curaci\u00f3n: es el sacramento que hace que el enfermo sienta cercanos a Cristo y a la comunidad cristiana para ayudarle en su \u00ablucha contra la enfermedad\u00bb y en su \u00abtestimonio cristiano\u00bb (Ritual, introducci\u00f3n, 3). No se ofrece al enfermo una invitaci\u00f3n a la simple resignaci\u00f3n o un intento de consolaci\u00f3n, sino la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo orientada a reavivar la virtud cristiana de la paciencia, que significa capacidad de resistencia y fe renovada en el misterio pascual.<\/p>\n<p>Siempre que sea posible, la unci\u00f3n sagrada debe ofrecerse pronto al enfermo y se le debe administrar en una celebraci\u00f3n en la que est\u00e9 presente la comunidad local, por lo menos mediante los familiares, los amigos y algunas de las personas que lo asisten sanitariamente.<\/p>\n<p>Como todos los sacramentos, tambi\u00e9n la unci\u00f3n de los enfermos, lejos de constituir un momento lit\u00fargico aislado, debe ser signo de la coparticipaci\u00f3n sensible y cristiana, que nos une con los que sufren y con Cristo paciente y glorioso.<\/p>\n<p>G. Davanzo<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Sufrimiento y fe cristiana, en \u00abConcilium\u00bb, 119 (1976).-Benson, C, \u00bfQu\u00e9 ocurre con los que no somos sanados?, Clic, Tarrasa 1979.-Boff, 1., Teolog\u00ed\u00ada del cautiverio y de la liberaci\u00f3n, Paulinas, Madrid 1978.-Cabodevilla. J. M, La impaciencia de Job. Estudio sobre el saleimiento humano, Ed. Cat\u00f3lica. Madrid 1967.-Fern\u00e1ndez, J. F, Radiogra\u00c2\u00a1ta del dolor. Origen y proyecciones espirituales del sufrimiento, Ministerio de Educaci\u00f3n. San Salvador 1974.-Fern\u00e1ndez Piera, J. M, El kempis del enfermo, Atenas, Madrid 1978.-Kitamori, K, Teolog\u00ed\u00ada del dolor de Dios, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1975.-Schlink, B. Las bendiciones de la enfermedad, Che, Tarrasa 1981.-S\u00dclle, D, Sufrimiento, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1978.-Steinmann. J, Job, t\u00e9moin de la souffrance humaine, Cerf. Par\u00ed\u00ads 1969.-Tanquerey, A. La divinizaci\u00f3n del sufrimiento, Rialp, Madrid 1955.-Velasco. S, Dios no quiere el dolor, Ope, Guadalajara 1970.-Young, Ph. D\u00f3nde est\u00e1 Dios cuando se sufre, Clic, Tarrasa 1980.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Contexto socio-cultural: 1. La reflexi\u00f3n sobre el sufrimiento; 2. La reacci\u00f3n del hombre hoy &#8211; II. La perspectiva b\u00ed\u00adblico-cristiana: 1. La oferta salv\u00ed\u00adfica del Antiguo Testamento; 2. Jes\u00fas y el sufrimiento &#8211; III. La espiritualidad cristiana del sufrimiento: 1. La prueba del sufrimiento; 2. 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