{"id":17081,"date":"2016-02-05T11:07:34","date_gmt":"2016-02-05T16:07:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/espiritualidad-contemporanea\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:34","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:34","slug":"espiritualidad-contemporanea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/espiritualidad-contemporanea\/","title":{"rendered":"ESPIRITUALIDAD CONTEMPORANEA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Despertar espiritual de nuestro tiempo: 1. Recurso al ocultismo; 2. Inter\u00e9s por la meditaci\u00f3n oriental; 3. Movimientos religiosos comunitarios; 4. Sensibilidad ante la dimensi\u00f3n trascendente de la experiencia &#8211; II. Exodo cultural de la espiritualidad: 1. Necesaria aceptaci\u00f3n de las mediaciones culturales; 2. Aportaciones de la espiritualidad a la cultura: 3. Superaci\u00f3n de la situaci\u00f3n de anomia &#8211; III. L\u00ed\u00adneas distintivas de la espiritualidad contempor\u00e1nea: 1. Espiritualidad como opci\u00f3n fundamental y horizonte significativo de la existencia; 2. Espiritualidad como experiencia de Dios; 3. Espiritualidad como compromiso en el mundo; 4. Espiritualidad liberadora; 5. Espiritualidad comunitaria &#8211; IV. El futuro de la espiritualidad: 1. Desaparici\u00f3n de las espiritualidades evasivas y dualistas; 2. Persistencia de las dimensiones personalista, experiencial, hist\u00f3rica, liberadora y comunitaria de la espiritualidad; 3. Elaboraci\u00f3n de una espiritualidad unitaria y creadora.<\/p>\n<p>1. Despertar espiritual de nuestro tiempo<br \/>\nUn term\u00f3metro para medir la temperatura espiritual de nuestro tiempo lo encontramos en las resonancias psicol\u00f3gicas de las palabras espiritualidad y santidad. Mientras el t\u00e9rmino espiritualidad suscita la idea de un jard\u00ed\u00adn in\u00fatil o de un peligroso refinamiento aristocr\u00e1tico, \u00abcuando se habla de santidad -observa P. Evdokimov- se produce una especie de bloqueo psicol\u00f3gico. Se piensa en los gigantes de anta\u00f1o: en los eremitas y estilitas, tan sepultados unos en sus cavernas y tan instalados los otros en sus columnas, que, cual &#8216;iluminados&#8217; e `iguales a los \u00e1ngeles&#8217;, no parec\u00ed\u00adan ya seres de este mundo. La santidad se dir\u00ed\u00ada superada o perteneciente a un mundo que se ha vuelto extra\u00f1o, inadaptable a las formas discontinuas y al ritmo entrecortado de la vida moderna. El estilita hoy ya ni siquiera suscita curiosidad; m\u00e1s bien nos empuja a preguntarnos: \u00bfPare qu\u00e9 sirve eso? Al santo se le mira como una especie de yogui o, m\u00e1s brutalmente, como un enfermo, un inadaptado y, en todo caso, como un ser in\u00fatil\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>Estas reacciones de alergia, hast\u00ed\u00ado o indiferencia no deben dar pie para prejuzgar negativamente nuestra \u00e9poca, pues constituyen presumiblemente un fen\u00f3meno de rechazo frente a cierta espiritualidad transmitida en el pasado y que hoy se considera inadecuada para expresar o animar la actual situaci\u00f3n hist\u00f3rica. En realidad, pese a las sombr\u00ed\u00adas previsiones del fin de la religi\u00f3n nuestro tiempo est\u00e1 lleno de movimientos espirituales que demuestran la vitalidad del sentido religioso en el mundo actual y particularmente en la Iglesia [>Movimientos actuales de espiritualidad]: \u00abLa sorpresa se ha producido hoy en el mundo `previsible&#8217; de los rastreadores de tendencias al comprobarse el hecho de que la dimensi\u00f3n m\u00ed\u00adstica persiste, y no s\u00f3lo en los sectores estancados de la cultura, sino en sus mismas avanzadillas\u00bb. Con referencia a los \u00faltimos a\u00f1os se observa el nacimiento de \u00abuna nueva sensibilidad para las dimensiones m\u00ed\u00adsticas de la vida humana&#8230; Advertimos que, al principio, este inter\u00e9s se orient\u00f3 m\u00e1s bien hacia formas de espiritualidad asi\u00e1tica, pero que en los \u00faltimos a\u00f1os, sobre todo en Norteam\u00e9rica y en Europa, se ha desplazado en cierta medida hacia una toma de contacto con los m\u00ed\u00adsticos de la tradici\u00f3n cristiana. San Juan de la Cruz sobre todo vuelve a estar de moda. La pregunta por el misterio m\u00e1s profundo de la vida inquieta hoy a muchos. Aqu\u00ed\u00ad reaparece, en forma de nuevo descubrimiento, la palabra Dios\u00bb.<\/p>\n<p>El renovado inter\u00e9s espiritual de nuestra \u00e9poca brota de profundas exigencias de autenticidad, de dimensi\u00f3n religiosa, de interioridad y libertad, que no satisface la sociedad consumista. La civilizaci\u00f3n industrial no ha cumplido sus promesas: en lugar de ofrecer un mundo a la medida del hombre, en el cual se pudiera habitar y convivir buscando el bien com\u00fan, nos ha tra\u00ed\u00addo, entre otras cosas, el criterio de la productividad como par\u00e1metro de valor, la masificaci\u00f3n y manipulaci\u00f3n de las personas, una angustiosa incomunicabilidad, un futuro amenazante, la atrofia de los sentimientos y la poluci\u00f3n ecol\u00f3gica. El hombre de hoy rompe la coraza represiva que le impone la sociedad, blandiendo las aspiraciones m\u00e1s radicalmente insertas en su ser; da raz\u00f3n a Bergson y escucha su llamamiento sobre la necesidad de ofrecer al mundo moderno un \u00absuplemento del alma\u00bb que permita al hombre evitar ser aplastado por sus propias producciones y encontrarse a s\u00ed\u00ad mismo aut\u00e9nticamente.<\/p>\n<p>Entre los intentos m\u00e1s o menos acertados y v\u00e1lidos del hombre contempor\u00e1neo por reconquistar su espiritualidad, aparecen claros los siguientes por raz\u00f3n de su difusi\u00f3n y persistencia:<\/p>\n<p>1. RECURSO AL OCULTISMO &#8211; En la cultura mundial contempor\u00e1nea se da un revival de magia y de astrolog\u00ed\u00ada, el cual se manifiesta de varios modos: en el espacio indefectiblemente reservado al hor\u00f3scopo en los peri\u00f3dicos y revistas; en la frecuencia con que, especialmente en las zonas urbanas, se consulta a magos, quiromantes y astr\u00f3logos; en el boom de libros dedicados a temas ocultistas; en la organizaci\u00f3n de profesionales de estas disciplinas, los cuales se reunieron en Bogot\u00e1, en el a\u00f1o 1975, para celebrar el primer congreso internacional de magos. Mientras que la magia originaria de las poblaciones primitivas y de las sociedades tradicionales constituye una v\u00e1lvula de seguridad y un medio de liberaci\u00f3n psicol\u00f3gica frente a fuerzas negativas hostiles, la nueva magia \u00abes un supino replegarse sobre valores abandonados ya hace siglos, como suced\u00e1neos de los valores burgueses a su vez fracasados, con la ilusoria esperanza de solucionar los problemas individuales correspondientes. Es un \u00ed\u00adndice ulterior del estado de crisis socio-cultural y psico-social, de la `debilidad cultural&#8217;, de la incapacidad para elaborar nuevos valores alternativos por parte de una sociedad en la que el individuo se siente aislado, desprotegido y frustrado\u00bb&#8217;. El riesgo de deshistoriflcaci\u00f3n inherente a los actuales rebrotes de la magia no se denunciar\u00e1 nunca suficientemente. Sin embargo, se reconoce valor religioso al recurso al ocultismo; no s\u00f3lo porque es una protesta contra una sociedad occidental demasiado racional, tecnol\u00f3gica y burocr\u00e1tica, sino tambi\u00e9n porque la actividad m\u00e1gica y adivinatoria se inserta desde siempre en la necesidad humana de descubrir cuanto se esconde en el misterio del cosmos. La proliferaci\u00f3n de nuevas magias en pleno contexto de progreso cient\u00ed\u00adfico y de conquista espacial denota, por encima de la b\u00fasqueda de soluci\u00f3n de problemas individuales, que \u00abel enigma de la vida y de la muerte sigue siendo testimonio perenne de la condici\u00f3n humana frente al misterio\u00bb.<\/p>\n<p>2. INTERES POR LA MEDITACI\u00ed\u201cN ORIENTAL &#8211; En el mundo occidental ejercen una fascinaci\u00f3n innegable la m\u00ed\u00adstica asi\u00e1tica y las formas de meditaci\u00f3n del Yoga y el Zen [>Budismo; >Yoga-Zen; >Cuerpo II, 2]. El encuentro con Oriente, propiciado tanto por la presencia en Asia de los misioneros como por la venida de maestros hind\u00faes y budistas a Occidente, ha determinado, adem\u00e1s, la adopci\u00f3n de antiguas pr\u00e1cticas de concentraci\u00f3n f\u00ed\u00adsico-mental y el descubrimiento de importantes ense\u00f1anzas espirituales, como la no-violencia y la fuerza del alma, ense\u00f1anzas de las que ha sido un s\u00ed\u00admbolo vivo el Mahatma Gandhi. Generalmente se niega a este fen\u00f3meno la capacidad de elaborar nuevos valores alternativos v\u00e1lidos a nivel social y religioso: \u00abSi bien esta b\u00fasqueda de la sabidur\u00ed\u00ada oriental puede resultar positiva y liberadora para sus seguidores, a mi modo de ver no constituye un desarrollo religioso significativo. Se queda en un culto privado, una especie de par\u00e9ntesis dentro de la cultura actual, en un s\u00ed\u00admbolo de la crisis que le afecta, pero no llega a convertirse en un foco de energ\u00ed\u00ada espiritual capaz de reorientar los valores culturales ni de afectar a la visi\u00f3n de la sociedad\u00bb. Sin embargo, no se pueden negar a este movimiento ex\u00f3tico la positiva denuncia de los pseudovalores occidentales, la b\u00fasqueda de autenticidad moral y la respuesta \u00fatil, aunque parcial, a exigencias radicales. Al hombre de la sociedad industrial, que abandona su alma a la alienaci\u00f3n consumista o que vegeta en la mediocridad atiborr\u00e1ndose de tranquilizantes, el yoga y el zen le reavivan su energ\u00ed\u00ada espiritual con una disciplina que es fuente de verdadera libertad. A una cultura hipertr\u00f3ficamente racionalista la sabidur\u00ed\u00ada oriental le ofrece una v\u00ed\u00ada intuitiva de contacto con el Absoluto a partir de la dimensi\u00f3n corporal. Nuestra civilizaci\u00f3n, incapaz de establecer una relaci\u00f3n correcta con el universo, encuentra en los m\u00e9todos orientales un camino de pacificaci\u00f3n c\u00f3smica.<\/p>\n<p>3. MOVIMIENTOS RELIGIOSOS COMUNITARIOS &#8211; Hoy d\u00ed\u00ada asistimos a una amplia floraci\u00f3n de grupos, comunidades y movimientos de car\u00e1cter religioso, surgidos especialmente en el seno de las Iglesias cristianas. Algunos de ellos, como el Jesus Movemeni y su filial los Ni\u00f1os de Dios, son movimientos informales y rehusan integrarse en las iglesias hist\u00f3ricas: hacen oraci\u00f3n de una forma ext\u00e1tica-emotiva e interpretan a Cristo en clave hippy como rebelde y antiburgu\u00e9s; evangelizan utilizando slogans infantiles; se oponen a las hipocres\u00ed\u00adas, deshumanizaciones y dogmatismos de la sociedad oficial; admiten el uso de la droga para estimular las experiencias espirituales y entrar en contacto directo con Jes\u00fas. En el \u00e1mbito de la Iglesia cat\u00f3lica, las formas comunitarias de renovaci\u00f3n y de compromiso cristiano son extremadamente variadas y dif\u00ed\u00adciles de tipificar. El aspecto comunitario y m\u00ed\u00adstico es subrayado por los grupos de renovaci\u00f3n carism\u00e1tica, entre los cuales se renuevan las manifestaciones de glosolalia y curaciones de la Iglesia primitiva en un contexto de oraci\u00f3n en el Esp\u00ed\u00adritu. Tambi\u00e9n realzan este aspecto las comunidades neocatecumenales, que, mediante un largo per\u00ed\u00adodo de catequesis, pretenden recorrer las etapas de la iniciaci\u00f3n bautismal en orden a vivir un cristianismo responsable. Otro tanto puede decirse de los movimientos laicos, como el de los Focolares, que intentan llevar al ambiente de cada d\u00ed\u00ada un testimonio cristiano gozoso y activo. Una evidente acentuaci\u00f3n del compromiso hist\u00f3rico-pol\u00ed\u00adtico se da en las >comunidades de base, fen\u00f3meno reformador nacido de la necesidad de grupos a medida humana, de liturgia dom\u00e9stica, de evangelizaci\u00f3n de la religiosidad popular, de lectura b\u00ed\u00adblica actualizada, de toma de conciencia del estado de violencia institucionalizada y de lucha por la liberaci\u00f3n. Si estos movimientos responden a la exigencia de comunicaci\u00f3n y de seguridad afectiva del hombre de hoy, amedrentado por el anonimato urbano, se insertan en la din\u00e1mica cultural del etnema religioso. Toda instituci\u00f3n religiosa experimenta sucesivamente un proceso de consolidaci\u00f3n y de cristalizaci\u00f3n, al cual responde una fase de reforma y de renovaci\u00f3n, donde se agudizan las aspiraciones m\u00e1s profundas, como son el redescubrimiento de Dios y de los valores aut\u00e9nticos.<\/p>\n<p>4. SENSIBILIDAD ANTE LA DIMENSI\u00ed\u201cN TRASCENDENTE DE LA EXPERIENCIA &#8211; Si bien los anteriores modelos de trascendencia, como la uni\u00f3n ext\u00e1tica con Dios, tienen poca audiencia en el mundo de hoy, se abre ya camino una apertura a lo trascendente partiendo del hombre y de algunas de sus experiencias. \u00abHa surgido -afirma G. Baum-, bajo la presi\u00f3n hist\u00f3rica y ciertas influencias espirituales, una nueva autoexperiencia de la humanidad, cuyo resultado ha sido la aparici\u00f3n de un fuerte sentimiento de a solidaridad con los dem\u00e1s, sobre todo con los menos privilegiados, y una fuerte convicci\u00f3n de estar destinados a una vida superior&#8230; Esta experiencia religiosa de la vocaci\u00f3n del hombre, creo yo, est\u00e1 muy extendida y goza de un gran poder en la \u00e9poca presente. Aunque la solidaridad y la com\u00fan vocaci\u00f3n no se interpreten en t\u00e9rminos religiosos, su expresi\u00f3n en la literatura, el cine y la canci\u00f3n moderna suele acompa\u00f1arse de unos arm\u00f3nicos religiosos&#8230; El nuevo sentido de la vocaci\u00f3n humana proporciona la energ\u00ed\u00ada que impulsa a los grupos de acci\u00f3n social que trabajan en pro del cambio social, al movimiento ecol\u00f3gico que trata de defender la superficie de la tierra, al movimiento en pro de la madurez y a los grupos terap\u00e9uticos que promueven la liberaci\u00f3n y la espontaneidad creadora de las personas, as\u00ed\u00ad como a los grupos pol\u00ed\u00adticos que propugnan unos cambios m\u00e1s radicales en el orden social\u00bb. Es caracter\u00ed\u00adstica de nuestro tiempo el descubrimiento de la dimensi\u00f3n religiosa en la historia cotidiana y en sus elementos considerados antes profanos: la trascendencia se contempla hoy como \u00abuna experiencia m\u00e1s com\u00fan, m\u00e1s silenciosa y no por eso menos real. Se la describe a menudo como sentimiento de uni\u00f3n, sentido de la totalidad, salida de uno mismo, vida purificada y renovada, satisfacci\u00f3n y gozo. El hombre entra en una relaci\u00f3n con lo m\u00e1s grande, el misterio, el todo, lo que envuelve. La experiencia trascendente puede ser provocada casi por cualquier cosa, si bien algunos de los contextos m\u00e1s frecuentes son la naturaleza, el amor carnal, el nacimiento de un ni\u00f1o, las liturgias religiosas, las obras maestras del arte, el conocimiento cient\u00ed\u00adfico, la poes\u00ed\u00ada, el esfuerzo creativo, la belleza\u00bb.<\/p>\n<p>El hombre de hoy se da cuenta, tal vez de manera imprevista y lacerante, de que est\u00e1 envuelto en una entidad superior y distinta; de que experimenta un misterio que le trasciende y llena de estupor; de que tiene la sensaci\u00f3n de ser conquistado o de conquistar algo m\u00e1s grande. Estos signos de lo divino constituyen un \u00abrumor de \u00e1ngeles\u00bb en nuestro tiempo; porque, para quien sabe mirar con ojos limpios, \u00abla existencia humana est\u00e1 sembrada de s\u00ed\u00adntomas de trascendencia y la apertura a \u00e9sta es un elemento constitutivo del ser humano\u00bb [>Absoluto].<\/p>\n<p>El notable desquite de la espiritualidad, expresado en los fen\u00f3menos aqu\u00ed\u00ad aludidos y en otras experiencias religiosas (como los encuentros en casas de oraci\u00f3n, en centros ecum\u00e9nico-contemplativos, en lugares de desierto), es una fuerte cr\u00ed\u00adtica a la sociedad unidimensional, demasiado racionalizada y dominada por la idea del progreso, de la funcionalidad y del desarrollo econ\u00f3mico. Evidencia la necesidad religiosa del hombre, que corre el riesgo de verse abrumado por la tecnolog\u00ed\u00ada, y recuerda que \u00abser hombre no se reduce a producir o a hacer de demiurgo que funcionaliza, manipula, proyecta y transforma. Ser hombre significa tambi\u00e9n saber escuchar el misterio de las cosas, contemplar la realidad, encontrar la unidad con la naturaleza y con el hombre, reflexionar sobre el sentido del hombre a trav\u00e9s de gestos y ritos simb\u00f3licos\u00bb Sin embargo, el despertar de la espiritualidad en nuestro tiempo implica sus riesgos: el de distanciarse de un mundo secularizado y de los arduos cometidos de la ciencia, del trabajo y del compromiso socio-pol\u00ed\u00adtico; o el de descuidar la referencia expl\u00ed\u00adcita al hecho hist\u00f3rico de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblico-cristiana, es decir, a la iniciativa del Dios vivo, que se revela y salva al hombre. Es necesario, pues, que la espiritualidad actual, reavivada por el contacto fontal de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica (Experiencia espiritual en la Biblia), quede plenamente injertable en la vida actual, hunda sus ra\u00ed\u00adces en la antropolog\u00ed\u00ada y se exprese con los esquemas representativos de nuestra \u00e9poca, si es que no quiere verse marginada y resultar ineficaz en su respuesta a las interpelaciones del mundo contempor\u00e1neo.<\/p>\n<p>II. Exodo cultural de la espiritualidad<br \/>\nSi se entiende la cultura en sentido antropol\u00f3gico, como \u00abel complejo unitario que incluye el conocimiento, la creencia, el arte, la moral, las leyes y cualquier otra capacidad y h\u00e1bito adquirido por el hombre como miembro de la sociedad\u00bb1S, est\u00e1 claro que no se puede extraer de ella la religi\u00f3n sin condenar a \u00e9sta a la incomprensi\u00f3n, ya sea en s\u00ed\u00ad misma o en sus variables hist\u00f3ricas.<\/p>\n<p>1. NECESARIA ACEPTACI\u00ed\u201cN DE LAS MEDIACIONES CULTURALES &#8211; No hay que olvidar que el cristianismo es gracia de Dios, acontecimiento salv\u00ed\u00adfico y vida procedente de lo alto (Jn 3,3). Sin embargo, el cristianismo se encarna en la historia y aspira a transformar al hombre concreto en su situaci\u00f3n cultural. Por haber radicalizado la trascendencia de la fe, bas\u00e1ndose en la infinita diferencia cualitativa entre Dios y el mundo, K. Barth patrocin\u00f3 un rechazo absoluto de las culturas como \u00fanico modo de evitar el sincretismo religioso. Esta teor\u00ed\u00ada de la incompatibilidad entre cristianismo y cultura es, sin embargo, una forma de sobrenaturalismo que disocia la fe y la historia, el ser creyente y el ser hombre, acabando \u00abpor contactar con el hombre solamente en la dominicalidad de la fe y no en la cotidianidad de las obras de los d\u00ed\u00adas de trabajo\u00bb, Semejante planteamiento es no poco responsable del camino paralelo y sin rec\u00ed\u00adproco encuentro que se da entre el mundo y la Iglesia. Hoy d\u00ed\u00ada se constata con tristeza el resultado de este proceso en el abismo que separa el pensamiento moderno de la doctrina cristiana: \u00abLa ruptura entre Evangelio y cultura es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo\u00bb<br \/>\nEs preciso observar que esta ruptura no es nunca completa, precisamente porque toda \u00abexperiencia est\u00e1 definida siempre culturalmente, incluso la religiosa. La experiencia responde y con ello se ajusta a una situaci\u00f3n global. Los signos mismos de una protesta, de una &#8216;ruptura&#8217; o de un &#8216;retorno a las fuentes&#8217; presentan una forma relacionada necesariamente con una problem\u00e1tica de conjunto. En su &#8216;desprecio&#8217; o en su aislamiento, el fiel sigue dependiendo de lo que combate; las novedades determinan lo que, en las formas de ayer, va a tener por inmutable y la manera de vivirlo o afirmarlo; el presente le proporciona las ideas que \u00e9l invierte creyendo alejarse de ellas\u00bb.<\/p>\n<p>En el di\u00e1logo cultural, el cristianismo debe guardarse no s\u00f3lo de no dejarse esclavizar, sino tambi\u00e9n de toda actitud destructiva de los etnemas culturales. Debe ponerse respetuosamente a la escucha de los signos del Esp\u00ed\u00adritu, diseminados en toda cultura, para dejarse interpelar con vistas a descubrir y vivir de una forma nueva los valores evang\u00e9licos. La espiritualidad cristiana se ver\u00e1 estimulada por el impacto hist\u00f3rico, que podr\u00e1 ser la secularizaci\u00f3n o la injusticia institucionalizada, a repensar la concepci\u00f3n del mundo en el sentido de su leg\u00ed\u00adtima autonom\u00ed\u00ada o a recuperar la dimensi\u00f3n liberadora del mensaje b\u00ed\u00adblico. A este fin es preciso volver a meditar la Palabra de Dios a la luz de la propia precomprensi\u00f3n y partiendo de la vida de la comunidad cristiana: se desmitizar\u00e1 el mensaje evang\u00e9lico de formas culturales superadas y de materializaciones indebidas y se lo actualizar\u00e1 seg\u00fan las modalidades antropol\u00f3gicas del momento hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>La espiritualidad cristiana, por su car\u00e1cter hist\u00f3rico, debe responder a las necesidades de la \u00e9poca y expresarse con las categor\u00ed\u00adas al uso. Santa Teresa de Avila, al presentar el &#8211; itinerario espiritual del cristiano de su tiempo, se aparta del dise\u00f1o cosmol\u00f3gico del Medioevo y propone un camino de interiorizaci\u00f3n hasta el centro del alma, donde se encuentra Dios; as\u00ed\u00ad responde a la urgencia que el individuo sent\u00ed\u00ada, en una sociedad intradeterminada, de encontrarse a s\u00ed\u00ad mismo. Sin embargo, aunque recurre al lenguaje ordinario y a la simbolog\u00ed\u00ada heredada\u00bb, se ve decepcionada por el mismo y busca palabras nuevas para expresar una experiencia espiritual, cuya plenitud hace saltar en a\u00f1icos los t\u00e9rminos usuales y anticipa soluciones futuras.<\/p>\n<p>La inculturaci\u00f3n de la espiritualidad tiene lugar mediante un trabajo erizado de dificultades, ya sea porque debe romper el equilibrio alcanzado en la \u00e9poca precedente, ya porque ha de enfrentarse a culturas nuevas con su bagaje de categor\u00ed\u00adas poco conocidas y poco verificadas. Incluso se exige al cristianismo una k\u00e9nosis; algo as\u00ed\u00ad como una desaparici\u00f3n o una anulaci\u00f3n semejante a la de la levadura absorbida por la masa: \u00abEl mensaje cristiano &#8216;muere&#8217; en toda cultura para &#8216;resucitar&#8217; m\u00e1s all\u00e1 de la &#8216;impermeabilidad&#8217; cultural hacia la Palabra&#8230; La confrontaci\u00f3n con una cultura nueva requiere esta fase de &#8216;desmembramiento&#8217; con respecto al anuncio hecho hasta ahora y se realiza como una operaci\u00f3n quir\u00fargica del anuncio establecido para llegar a su n\u00facleo vital: el encuentro decisivo con Cristo. El profesor Rudolf Bultmann es el portavoz de este trabajo poco entusiasmante de hacer el &#8216;vac\u00ed\u00ado&#8217; en todo encuadre cultural, m\u00ed\u00adtico y religioso, para valorar al m\u00e1ximo la experiencia vivida del encuentro\u00bb 18. Igual que Cristo, tambi\u00e9n la espiritualidad cristiana debe insertarse en la trama humana y asumir el riesgo de la historia; su ambientaci\u00f3n cultural \u00abes un modo de encarnarse en las sucesivas generaciones. Es una forma de k\u00e9nosis en la carne humana; es una forma de anulaci\u00f3n entre las fragilidades terrestres cotidianas; un entrar en la historia inquieta e incierta de los seres humanos\u00bb.<\/p>\n<p>2. APORTACIONES DE LA ESPIRITUALIDAD A LA CULTURA &#8211; Puesto que \u00abuna fe con pretensiones de valer para todos los tiempos y un ideal supratemporal de santidad corren el riesgo de no ser jam\u00e1s actuales y operantes\u00bb, es obvio que la espiritualidad debe insertarse en la historia y expresarse seg\u00fan las mediaciones culturales de los diversos lugares y tiempos, a fin de que sea palabra de Dios para el hombre hist\u00f3rico. Sin embargo, la dependencia de la espiritualidad cristiana respecto de la cultura no debe convertirse en gravoso condicionamiento y en esclavitud; as\u00ed\u00ad suceder\u00ed\u00ada si la cultura se absolutizara olvidando su propia limitaci\u00f3n y present\u00e1ndose como la \u00fanica visi\u00f3n v\u00e1lida del mundo, omnicomprensiva y exhaustiva. El sentido del l\u00ed\u00admite y de la relatividad deber\u00ed\u00ada impedir a cualquier tipo de cultura considerarse como la mediaci\u00f3n cultural privilegiada, porque en este caso \u00abla fe cristiana se har\u00ed\u00ada exclusivamente hist\u00f3rica y perder\u00ed\u00ada su propia identidad de fe revelada\u00bb. Por el misterio inefable de la vida divina, de la que es participaci\u00f3n, la espiritualidad trasciende en cierto modo las estructuras expresivas y humilla la presunci\u00f3n de quien se proponga reducir a categor\u00ed\u00adas limitadas una aut\u00e9ntica experiencia de fe. M\u00e1s a\u00fan: se le reconoce a \u00e9sta capacidad para renovar una determinada cultura: \u00abLa fe cristiana asume las modalidades que recibe y toma de las diversas situaciones en las que viene a encontrarse, pero reserv\u00e1ndose la posibilidad de renovar sin soluci\u00f3n de continuidad semejantes mediaciones culturales; lejos de dejarse instrumentalizar por lo que asume, se vale de ello para activar a la comunidad cristiana y convertirse en evangelizaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Tanto la teor\u00ed\u00ada de la incompatibilidad como la de la continuidad natural entre el cristianismo y cultura pierden su radicalidad frente al \u00abcriterio criston\u00f3mico\u00bb, que -como afirma I. Mancini-\u00abmantiene unidos dial\u00e9ctica, pol\u00e9mica y cristol\u00f3gicamente, en la rica hermen\u00e9utica que ha alcanzado la conciencia contempor\u00e1nea, la rica valencia de los datos\u00bb. \u00abComo Cristo hecho hombre, la cultura cristiana debe encarnarse en el mundo; debe tomar cuerpo, forma, base biol\u00f3gica, nueva sensibilidad, dimensi\u00f3n hist\u00f3rica, imaginaci\u00f3n in\u00e9dita. Como Cristo crucificado, la cultura cristiana debe resistir al mundo; poner en pr\u00e1ctica el arte de la sospecha y la escuela de la desconfianza, manteniendo un perenne juicio cr\u00ed\u00adtico; debe poner en acci\u00f3n procesos biol\u00f3gico-pol\u00ed\u00adticos, como el abandono y el vaciamiento; desmundanizarse progresivamente y ser para el mundo mismo una reserva (lugar del que obtener algo) critica y, por su teor\u00ed\u00ada social, una forma perennemente alternativa, enarbolando la representaci\u00f3n no ut\u00f3pica, sino basada en la promesa de Dios de una patria siempre vislumbrada, pero a\u00fan no pose\u00ed\u00adda. Como Cristo resucitado, la cultura cristiana debe ayudar al mundo a regenerarse y a llevar a cabo actuaciones liberadoras, superando las realizaciones humillantes; por este car\u00e1cter suyo no puede ser pura teor\u00ed\u00ada, una doctrina m\u00e1s, sino soter\u00ed\u00ada, introyecci\u00f3n casi instintiva de fermentos contra lo que es mortificante, alienante y opresivo\u00bb.<\/p>\n<p>Es misi\u00f3n de la espiritualidad cristiana no solamente impugnar los absolutos terrenos, sino tambi\u00e9n vivificar la cultura desde dentro mediante el testimonio de la presencia del Esp\u00ed\u00adritu [Hombre espiritual], dinamizarla y obligarla a salir de su castillo en nombre de lar esperanza. Si la presencia disgregadora del pecado incide en el hombre como art\u00ed\u00adfice de la cultura, el cristianismo es una fuerza liberadora y purificadora; si en los ciclos hist\u00f3ricos de la humanidad se revela el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, inspirador de los valores morales, el cristianismo lleva a la perfecci\u00f3n las bases del progreso \u00e9tico: \u00abLa buena nueva de Cristo renueva constantemente la vida y la cultura del hombre ca\u00ed\u00addo, combate y elimina los errores y males que provienen de la seducci\u00f3n permanente del pecado. Purifica y eleva incesantemente la moral de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda como desde sus entra\u00f1as las cualidades espirituales y las tradiciones de cada pueblo, las consolida, perfecciona y restaura en Cristo\u00bb (GS 58).<\/p>\n<p>La espiritualidad se declina en relaci\u00f3n con las culturas en t\u00e9rminos de encarnaci\u00f3n y trascendencia, continuidad y ruptura, aceptaci\u00f3n y superaci\u00f3n. Marcada por la condici\u00f3n del \u00abya\u00bb y del \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb, vive el presente en la memoria liberadora del misterio pascual y en la esperanza del futuro prometido. En este sentido, \u00abel ideal cristiano no es la princesa enviada al exilio que aspira a retornar a la patria; es Abrah\u00e1n, que se pone en camino hacia un pa\u00ed\u00ads desconocido que Dios le ense\u00f1ar\u00e1\u00bb (J. H\u00e9zing).<\/p>\n<p>3. SUPERACI\u00ed\u201cN DE LA SITUACI\u00ed\u201cN DE ANOMIA &#8211; Es signo de miop\u00ed\u00ada y de cerraz\u00f3n a los signos de Dios el intento de fijar la experiencia espiritual petrific\u00e1ndola en una cultura superada o poniendo freno a su dinamismo. Separada del movimiento cultural, sobre todo en tiempo de grandes cambios, la espiritualidad retrocede y se aparta, dejando un vac\u00ed\u00ado cuyos efectos deprimentes y destructivos han sido eficazmente ilustrados por K. Lorenz: \u00abCuando un joven pierde la herencia espiritual de la cultura en la que se ha formado y no encuentra ning\u00fan sustituto en lo inmaterial, se ve ante la imposibilidad de identificarse con algo o con alguien, es literalmente un cero a la izquierda, una nulidad, como se trasluce hoy en el desesperante vac\u00ed\u00ado de muchos rostros juveniles. El que ha perdido la herencia espiritual de la cultura es verdaderamente un desheredado. No nos sorprenda, pues, que busque un \u00faltimo apoyo en el blindaje an\u00ed\u00admico de un recalcitrante autismo que le convierte en adversario de la sociedad\u00bb<br \/>\nLos cambios r\u00e1pidos y profundos de la sociedad y de la conciencia humana han producido un desfase en la espiritualidad. Esta vive una situaci\u00f3n de \u00abanom\u00ed\u00ada\u00bb 25 por haberse distanciado de la piedad tradicional, a la que se considera inasimilable por parte de la actual sensibilidad religiosa; pero todav\u00ed\u00ada no ha encontrado una forma existencial adecuada a las nuevas exigencias. Al intentar expresar toda la riqueza de la espiritualidad cristiana en t\u00e9rminos que armonicen tanto con el Evangelio como con la nueva cultura, los interrogantes se multiplican indefinidamente: \u00ab\u00bfC\u00f3mo expresar, creadora pero evang\u00e9licamente, la pobreza en la din\u00e1mica del desarrollo? \u00bfEl absoluto de la consagraci\u00f3n a Dios en momentos en que se relativizan las instituciones de la vida religiosa o eclesi\u00e1stica, los votos, el celibato? \u00bfC\u00f3mo expresar el hecho de que el cristiano est\u00e1 sumergido en la &#8216;secularidad&#8217; a causa de Jes\u00fas y del Evangelio? \u00bfQue cuando contempla a Dios en la noche luminosa de la oraci\u00f3n construye la fraternidad humana?\u00bb. Estamos muy lejos de un discurso espiritual global en el que estos interrogantes encuentren una respuesta satisfactoria; sin embargo, se gestan en el cristianismo actual, que ha conquistado valores, temas y orientaciones nuevas, susceptibles antes o despu\u00e9s de una s\u00ed\u00adntesis org\u00e1nica. Dentro de la inseguridad dominante, destacan algunas convicciones. a) Contra todos los prejuicios y actitudes represivas que condenan la espiritualidad como si fuera privilegio de grupos elitistas o como dimensi\u00f3n accidental del cristianismo, ha penetrado ya en la conciencia eclesial la certeza de que \u00abtodos los fieles, de cualquier estado o condici\u00f3n, est\u00e1n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci\u00f3n de la caridad\u00bb (LG 40) [>Santo]. El cristiano no puede limitarse a la pr\u00e1ctica de un cristianismo a escala reducida, basado en la observancia de los preceptos; sabe que est\u00e1 llamado a vivir plenamente la vida del Esp\u00ed\u00adritu, siguiendo la vocaci\u00f3n a la santidad; es decir, a hacerse espiritualmente maduro [>Madurez espiritual]. Superada la concepci\u00f3n monopolista de la perfecci\u00f3n cristiana, hoy d\u00ed\u00ada se abren a todos los cristianos los senderos de la vida m\u00ed\u00adstica; es decir, de una intensa uni\u00f3n con Dios y de una adhesi\u00f3n a su voluntad en el cumplimiento de los deberes cotidianos. Paralelamente, tambi\u00e9n el movimiento que desde el siglo xv hab\u00ed\u00ada llevado a separar la asc\u00e9tica y la m\u00ed\u00adstica de los tratados teol\u00f3gicos fundamentales, es frenado por el redescubrimiento de la dimensi\u00f3n espiritual de toda la teolog\u00ed\u00ada. La espiritualidad como componente esencial de la vida de fe y de su explicaci\u00f3n te\u00f3rica, se convierte en objetivo hacia el que converge la actividad de la Iglesia. \u00abEl problema de la espiritualidad postconciliar&#8230; -observa K. Rahner- sigue siendo un problema muy importante. M\u00e1s a\u00fan, entendi\u00e9ndolo bien, es el problema decisivo. Porque si el concilio no hubiera logrado o iniciado otra cosa que una mejora de la figura social de la Iglesia, el aumento de su prestigio social, una configuraci\u00f3n m\u00e1s atractiva o m\u00e1s popular de la liturgia, un aumento de la libertad y de la democracia en el aparato administrativo de la Iglesia o una mayor tolerancia externa, una mejor presentaci\u00f3n entre el conjunto de las potencias que prometen al hombre su felicidad, en tal caso no se habr\u00ed\u00ada logrado nada de lo que ha de conseguirse en la Iglesia en cuanto tal, a saber: que el hombre, que cada uno de nosotros, ame m\u00e1s a Dios, que tenga m\u00e1s fe, m\u00e1s esperanza y m\u00e1s caridad para con Dios y para con los hombres, que adore mejor a Dios &#8216;en esp\u00ed\u00adritu y en verdad&#8217;, que acepte m\u00e1s de coraz\u00f3n las tinieblas de la existencia y de la muerte, que sea m\u00e1s consciente de su libertad y act\u00fae en consecuencia\u00bb.<\/p>\n<p>b) En segundo lugar, \u00abse hace necesario crear un nuevo estilo, pues sin un estilo y sin una pauta es imposible vivir. Se puede &#8216;perder el rostro&#8217;, pero no se puede vivir &#8216;sin un rostro&#8217;. Para salir de la anorak&#8217;, la espiritualidad debe volver a encontrar la fuerza de la encarnaci\u00f3n, que la inserte en el destino del hombre contempor\u00e1neo. El cristiano no soporta tener que vivir la fe seg\u00fan estructuras cristalizadas y formularios anticuados; considera, con M. Pomilio, que \u00aba cada generaci\u00f3n le compete escribir su evangelio\u00bb, un \u00abquinto evangelio\u00bb no materializado en un libro, sino verificado continuamente en la vida. Ante la pregunta que Cristo dirige incansablemente a todas las generaciones para que se pronuncien a su respecto, se repite tambi\u00e9n en nuestros dias \u00abno s\u00f3lo la b\u00fasqueda de una nueva autenticidad de vida, sino el abandono de esquemas y de perspectivas codificadas; aflora otra vez la llamada a la verificaci\u00f3n, la invitaci\u00f3n a movilizar las conciencias, la negaci\u00f3n de cuanto est\u00e1 estancado o est\u00e1 esclerotizado\u00bb. Se trata de descender al subsuelo de la cultura para encontrar los n\u00facleos sem\u00e1nticos en torno a los cuales est\u00e1 organizada, para sopesar sus exigencias, captar sus interpelaciones, rechazar sus errores, localizar sus puntos de enlace con la propuesta cristiana. No es cuesti\u00f3n de confrontaci\u00f3n meramente te\u00f3rica, porque la inculturaci\u00f3n engloba toda la vida de la Iglesia, para que \u00e9sta pueda concienciarse sobre las modalidades de su compromiso. Como observa H. U. von Balthasar, \u00abel cristianismo no se presenta nunca como una unidad y una realidad sustancial independiente, que deber\u00ed\u00ada afirmarse s\u00f3lo accidentalmente, insert\u00e1ndose de vez en cuando en las condiciones cambiantes del mundo y de los tiempos, sino que en su &#8216;en s\u00ed\u00ad&#8217; depende necesariamente del mundo en orden a conquistar su verdadero &#8216;por si&#8217; al servicio de los hermanos, de los hambrientos, de los desnudos, de los prisioneros, de los torturados por las estructuras sociales, todas las cuales, en vez de acabar con el sufrimiento, lo que hacen es favorecerlo&#8230; Nadie es cristiano a priori; se llega a serlo tan s\u00f3lo mostr\u00e1ndose como tal en el \u00e1mbito del mundo y frente al pr\u00f3jimo. Soy cristiano solamente cuando a trav\u00e9s de m\u00ed\u00ad el cristianismo se presenta como fidedigno ante el mundo\u00bb. La proclamaci\u00f3n del Evangelio vivo es una empresa confiada a toda la comunidad cristiana, de manera que se eliminen en un di\u00e1logo constructivo las pretensiones sectarias de grupos an\u00e1rquicos que reivindican para s\u00ed\u00ad solos la autenticidad cristiana. Por lo dem\u00e1s, la vinculaci\u00f3n con los datos culturales no es indisoluble ni abarca todos los otros espacios vitales. En efecto, no se puede olvidar que el interrogante sobre c\u00f3mo ser cristiano se plantea sin cesar; y que, por otra parte, \u00abel Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, que anima al hombre renovado en Cristo, cambia sin cesar los horizontes donde su inteligencia quiere encontrar su seguridad y los l\u00ed\u00admites donde su acci\u00f3n se encerrar\u00ed\u00ada de buena gana\u00bb.<\/p>\n<p>III. L\u00ed\u00adneas distintivas de la espiritualidad contempor\u00e1nea<br \/>\nCae fuera de nuestro intento describir detalladamente la \u00fanica y multiforme existencia cristiana en sus valores irrenunciables y en sus manifestaciones t\u00ed\u00adpicas. Tampoco nos detendremos en las orientaciones intereclesi\u00e1sticas sancionadas por el Vat. 11; la espiritualidad cristiana ha adquirido, ya a nivel te\u00f3rico, ya a nivel de vida, las notas de trinitaria, cristoc\u00e9ntrica, eclesial, b\u00ed\u00adblica y ecum\u00e9nica. Presuponiendo estos datos, intentaremos sondear la espiritualidad contempor\u00e1nea desde una perspectiva antropol\u00f3gica, a fin de percibir sus l\u00ed\u00adneas sobresalientes tras las solicitaciones de la cultura actual. Resultar\u00e1 de ello un mapa necesariamente limitado, pero en el que es posible encontrar las direcciones que responden a las expectativas del hombre de nuestro tiempo. Entre las notas caracter\u00ed\u00adsticas de la espiritualidad contempor\u00e1nea, pensamos que no pueden dejarse de tener en cuenta las siguientes:<\/p>\n<p>1. ESPIRITUALIDAD COMO OPCI\u00ed\u201cN FUNDAMENTAL Y HORIZONTE SIGNIFICATIVO DE LA EXISTENCIA &#8211; Superada una mentalidad estrecha que constitu\u00ed\u00ada la espiritualidad en monopolio de los cristianos o incluso de una determinada categor\u00ed\u00ada de ellos, hoy d\u00ed\u00ada se considera que la espiritualidad debe atribuirse a todo hombre que est\u00e9 abierto al misterio y viva seg\u00fan sus verdaderas dimensiones. La espiritualidad se contempla desde una perspectiva antropol\u00f3gica; es la prerrogativa de las personas aut\u00e9nticas que de cara a lo real y a la historia, han verificado una elecci\u00f3n axiol\u00f3gica decisiva, fundamental y unificante, capaz de dar sentido definitivo a la .existencia. La espiritualidad, que desde el punto de vista cristiano es la coincidencia del esp\u00ed\u00adritu humano con el Esp\u00ed\u00adritu divino, se configura como cualidad especifica del hombre bajo la influencia de varios factores:<\/p>\n<p>a) La reflexi\u00f3n human\u00ed\u00adstica de nuestro tiempo, superando el positivismo, que reduc\u00ed\u00ada al hombre a un mero hecho, descubre que \u00abel ser humano no es nunca puro ser, pues implica siempre un significado\u00bb El hombre no se resigna a una vida carente de sentido porque aflora en \u00e9l el antiguo problema fundamental de la filosof\u00ed\u00ada: \u00abSaber si la vida merece o no merece ser vivida\u00bb (A. Camus). Aunque su inserci\u00f3n en la familia y sus compromisos profesionales le permiten realizar una dimensi\u00f3n significativa, el hombre busca el sentido global de la vida y no solamente el sentido parcial de las diversas acciones particulares. El an\u00e1lisis del obrar humano descubre en \u00e9l una c\u00e9lula de racionalidad que no puede eliminarse y que es el fin para el que se realiza una acci\u00f3n y que gu\u00ed\u00ada su movimiento.<\/p>\n<p>En rigor, tambi\u00e9n la gran acci\u00f3n de la vida deber\u00ed\u00ada tener una finalidad en el proyecto previo de quien ha puesto al hombre en la existencia, es decir, del Creador. Aun negando la hip\u00f3tesis de Dios, el existencialismo admite que en la pura facticidad de la vida humana se incluye la capacidad de buscar un fin o un sentido global; porque no se ha dado ning\u00fan sentido a la existencia, hay que inscribirla en \u00e9l mediante un proyecto fundamental que se debe llevar a cabo en el compromiso de la libertad. Se advierte una convergencia en estas dos posiciones divergentes: la admisi\u00f3n de un significado global de la vida que hay que reconocer o rescatar; porque \u00abdecir que el hombre tiene un fin que le ha fijado el proyecto creador, o afirmar que \u00e9l mismo se asigna un fin con su propio proyecto autocreador, significa de todas formas que el fin permanece en el orden de las posibilidades y del futuro, y que su puesta en pr\u00e1ctica no es un hecho, sino un cometido\u00bb \u00ab. Para no jugarse la propia vida o reducirla a una \u00abretah\u00ed\u00adla recitada por un idiota\u00bb (Shakespeare), el hombre debe realizar la opci\u00f3n fundamental o toma de posici\u00f3n determinante respecto a los valores a que adherirse para la realizaci\u00f3n de un cierto tipo de humanismo. Se trata del orden de los significados \u00faltimos, que imprimen una direcci\u00f3n a la vida y la hacen susceptible de un consenso eterno: \u00abNo me basta hacer preguntas; deseo saber responder a la \u00fanica pregunta que parece incluir todo lo que yo afronto: `\u00bfPor qu\u00e9 motivo estoy aqu\u00ed\u00ad?&#8217; \u00ab\u00bb. Plantearse este interrogante es ya recuperar esa \u00abdimensi\u00f3n de lo profundo\u00bb, descartada por el horizontalismo moderno, dirigido a la conquista del espacio, pero caracterizada por P. Tillich como la dimensi\u00f3n religiosa del hombre: \u00abSer religioso significa andar apasionadamente en busca del sentido de la vida y mantenerse abierto tambi\u00e9n a las respuestas que pueden conmovernos profundamente\u00bb. Se puede sobrepasar esta respuesta demasiado vaga indicando algunos valores capaces de dar consistencia y unidad al flujo de acontecimientos que registra el reloj del tiempo: aceptaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad y fidelidad al propio ser profundo, creatividad art\u00ed\u00adstica o esfuerzo cient\u00ed\u00adfico, amor al hombre y lucha contra la injusticia, humanizaci\u00f3n o promoci\u00f3n humana integral. Todo esto constituye \u00abuna cierta calidad, una cierta densidad e intensidad de esa vida\u00bb; y de alguna forma representa una realidad que se prolonga en la historia de los hombres, porque \u00abcada uno de mis actos liberadores y creadores implica el postulado de la resurrecci\u00f3n\u00bb\u00bb. Sin embargo, los fallos hist\u00f3ricos y la perspectiva de que termine en la nada toda vida personal son espinas dolorosas clavadas en el costado de los valores humanos. Por eso la vida encuentra consistencia definitiva \u00aben la direcci\u00f3n de aquella misteriosa realidad que est\u00e1 en el origen de toda existencia como don: el Dios creador que a trav\u00e9s de su misma existencia dirige al hombre la llamada a buscar la comuni\u00f3n, la libertad, la vida personal eterna\u00bb<br \/>\nb) Una mirada m\u00e1s atenta a la historia de la salvaci\u00f3n ha abierto la teolog\u00ed\u00ada al reconocimiento de la acci\u00f3n de la gracia en todos los hombres, especialmente en los creyentes de las diversas religiones. Siendo Dios Padre universal, \u00abel cual quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad\u00bb (1 Tim2,4), hace que nunca falte la necesaria ayuda a sus hijos para que pongan en acci\u00f3n sus dimensiones espirituales en la b\u00fasqueda de la verdad y en el amor. Si Cristo ha muerto por todos y si \u00e9l constituye el principio y el fin del universo (Col 1,15-20), est\u00e1 presente en todos los hombres, especialmente en los necesitados (Mt 25,31-46), realizando la salvaci\u00f3n y poniendo en pr\u00e1ctica un \u00abcristianismo an\u00f3nimo\u00bb. Por \u00faltimo, si todo ser es creado en el Esp\u00ed\u00adritu, que no s\u00f3lo act\u00faa en la Iglesia, sino tambi\u00e9n en el mundo entero, \u00bfqu\u00e9 puede impedir que hablemos de \u00abespiritualidad creatural\u00bb? En esta perspectiva, \u00abno vemos nosotros los cristianos a los no cristianos como a los que, siendo m\u00e1s tontos o de voluntad malvada o simplemente m\u00e1s desgraciados, han tomado el error por la verdad, sino&#8230; como a quienes en el fondo de su esencia ya dotados de gracia, o pueden estarlo, por la infinita gracia de Dios en virtud de su voluntad general de salvaci\u00f3n\u00bb. Por encima de la adhesi\u00f3n a una estructura confesional existe una espiritualidad que une a todos los hombres que han llegado a una opci\u00f3n fundamental de renuncia al ego\u00ed\u00adsmo y de apertura al amor: \u00abFrente a la opci\u00f3n de fondo no hay ya cristianos y no cristianos, creyentes y no creyentes; s\u00f3lo hay personas ego\u00ed\u00adstas o personas que saben tomar una actitud oblativa\u00bb<br \/>\nLas figuras b\u00ed\u00adblicas de Melquisedec (G\u00e9n 14,18-20), Balaam (N\u00fam 22-24), Ciro (Is 45,1), Cornelio (He 10,1-33) demuestran suficientemente que pueden encontrarse entre los paganos unas experiencias religiosas, un sacerdocio y un profetismo aut\u00e9nticos, verdaderos dones del Esp\u00ed\u00adritu. S. Bulgakov ha podido hablar a este respecto de \u00abpentecost\u00e9s natural&#8217;, porque el Esp\u00ed\u00adritu, que sopla donde quiere (in 3,8), no se ve coartado dentro de determinadas estructuras, sino que se comunica all\u00ed\u00ad donde encuentra espacio humano capaz de recibirlo: \u00abDios no tiene acepci\u00f3n de personas, sino que se complace en toda naci\u00f3n que le teme y practica la justicia\u00bb (He 10,34-35). La espiritualidad a nivel humano aparece posible y constituye un valor religioso positivo; negarlo es una actitud sectaria e injuriosa a la paternidad universal de Dios.<\/p>\n<p>c) Por \u00faltimo, las vicisitudes recientes de la historia han establecido la urgencia de una b\u00fasqueda de significado como camino de salvaci\u00f3n para la persona y para la convivencia social. Ha escrito A. Heschel: \u00abDespu\u00e9s de Auschwitz e Hiroshima, la filosof\u00ed\u00ada no puede seguir siendo la misma. Ciertas hip\u00f3tesis sobre la humanidad han demostrado ser ilusorias; m\u00e1s a\u00fan, se han diluido&#8230; El problema del hombre debe afrontarse no solamente en las aulas, sino tambi\u00e9n entre los detenidos de los campos de exterminio y frente al hongo de una explosi\u00f3n nuclear\u00bb. La destrucci\u00f3n de los valores humanos y la monstruosa ostensi\u00f3n del mal crean un vac\u00ed\u00ado interior, que V. Frankl define como \u00abneurosis no\u00f3gena\u00bb o frustraci\u00f3n existencial derivada de la p\u00e9rdida del sentido de la vida. Esta experiencia induce al hombre a huir de s\u00ed\u00ad mismo, arroj\u00e1ndose en la desesperaci\u00f3n o refugi\u00e1ndose en la existencia banal del \u00abse dice\u00bb, en el \u00abmundo de la conciencia so\u00f1olienta, de los instintos sin rostros, de la opini\u00f3n vaga, del respeto humano, de las relaciones mundanas, de las chismorrer\u00ed\u00adas cotidianas, del conformismo social y pol\u00ed\u00adtico, de la mediocridad moral, de la locura, de la masa an\u00f3nima, del organismo irresponsable. Un mundo \u00e1rido e inerte, en el que toda persona ha renunciado provisionalmente a s\u00ed\u00ad misma en cuanto persona, para convertirse en un `cualquiera&#8217;, sin nombre e intercambiable\u00bb. O bien el hombre supera el vac\u00ed\u00ado y las ilusiones ideol\u00f3gicas, decidiendo abrirse a significados y valores m\u00e1s profundos, asumir su propia existencia y definirla en un continuo proyectarse hacia el futuro: lo que le trasciende se convierte en un cometido y una llamada. \u00abQuien sabe que tiene una finalidad en la vida, una misi\u00f3n que cumplir -advierte Frankl-, tiene en sus manos un valor inigualable, tanto desde el punto de vista psicoterap\u00e9utico como desde el punto de vista de la higiene mental. Asignar un cometido a un ser humano es lo m\u00e1s adecuado que puede hacerse para que venza toda dificultad interior y toda angustia. Tanto mejor si este cometido lo ha elegido la persona misma en cuesti\u00f3n; tanto mejor si se trata de una misi\u00f3n\u00bb. Luego si referir toda experiencia al todo unitario de la vida rescata el deslizarse del tiempo de una inutilidad angustiosa, con mayor raz\u00f3n quien contempla la existencia como don de un Dios trascendente y creador puede realizar un acto de confianza radical en el significado de la vida. El creyente descubre la vida como don de Dios y, al mismo tiempo, como misi\u00f3n que cumplir, adecu\u00e1ndose al fin preexistente para el que fue creado y que, sin duda, est\u00e1 inscrito en su ser\u00bb. La conciencia de que existe alguien que ha pensado en nosotros incondicionalmente y que no nos abandona por ninguna raz\u00f3n es una experiencia desconcertante y ben\u00e9fica y, al mismo tiempo, provoca una respuesta responsable y coherente que se convierte en opci\u00f3n de fe ante la revelaci\u00f3n de Dios en la historia y, sobre todo, en Cristo Salvador.<\/p>\n<p>2. ESPIRITUALIDAD COMO EXPERIENCIA DE Dios &#8211; \u00abNo obstante la gran hibernaci\u00f3n seguida a la condenaci\u00f3n del modernismo, se nota hoy, un poco por todas partes y con notable insistencia, la exigencia de una realidad experiencial en la que situar la religi\u00f3n y el cristianismo\u00bb. La fascinaci\u00f3n de la experiencia, a la que cedieron demasiado cuantos en el curso de los siglos sobrevaloraron las sensaciones en detrimento de la pura fe, aparece hoy en su aspecto positivo de encarnaci\u00f3n de la fe m\u00e1s que en oposici\u00f3n con ella. Enga\u00f1ado por demasiadas palabras, el hombre de hoy siente la exigencia de creer solamente en lo que se presenta como garantizado en la vida. Acostumbrado por las ciencias naturales a permanecer constantemente en el reino de la experiencia, desconf\u00ed\u00ada instintivamente de las construcciones ideol\u00f3gicas carentes de una base f\u00e1ctica. Consciente de la dimensi\u00f3n hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, el cristiano se adapta a una ortopraxis como a la medida de su propia adhesi\u00f3n a la palabra de Dios. Porque, en fin, el ambiente actual no es ya el de la cristiandad, en el que la fe era un hecho colectivo, K. Rahner puede afirmar: \u00abEl cristiano del futuro o ser\u00e1 un &#8216;m\u00ed\u00adstico&#8217;, es decir, una persona que ha &#8216;experimentado&#8217; algo, o no ser\u00e1 cristiano\u00bb.<\/p>\n<p>Para el creyente es, pues, un imperativo dar cuenta de su experiencia religiosa, entendida como presencia vivida y encuentro de comuni\u00f3n con Dios; debe demostrar que su fe no es una \u00e1rida abstracci\u00f3n, sino que constituye un tejido conexivo de vida; de alguna forma debe repetir con A. Frossard: \u00abDios existe, yo me lo encontr\u00e9\u00bb, so pena de verse privado de toda fuerza convincente en su testimonio.<\/p>\n<p>Este descubrimiento personal de Dios, que va madurando s\u00f3lo a base de amor y en la aceptaci\u00f3n de una misi\u00f3n en el plan de la salvaci\u00f3n, parece hoy a primera vista dificil, e incluso imposible. Muchos te\u00f3logos y escritores de espiritualidad se\u00f1alan el fen\u00f3meno del \u00abeclipse de Dios\u00bb (M. Buber), de la \u00abfalta de Dios\u00bb (M. Heidegger), de la \u00abmuerte de Dios\u00bb (T. J. J. Altizer), del \u00abocultamiento de Dios\u00bb (J. Sudbrack) o de su \u00ablejan\u00ed\u00ada\u00bb (K. Rahner). \u00abLa palabra de Dios -observa W. Kasper- se ha convertido para muchos en un t\u00e9rmino vac\u00ed\u00ado, que ya no afecta a la realidad en la que viven ni tiene sitio en su contexto experiencial. Todos sentimos actualmente esta experiencia de la ausencia de Dios\u00bb. Si nos preguntamos por la causa de este fen\u00f3meno, podemosresponder con el mismo autor que consiste \u00aben que actualmente nos enfrentamos con un mundo que experimentamos de manera cualitativamente distinta a como lo experiment\u00e1bamos antes. Este mundo ya no es para nosotros aquel mundo luminoso, lleno de lo divino, en el que se entremezclaban lo humano y lo divino. Tampoco es ya aquel cosmos perfectamente ordenado, donde todo, incluso Dios, tiene su puesto fijo y en el que todo, seg\u00fan los diversos \u00f3rdenes del ser jer\u00e1rquicamente escalonados, refleja a Dios. Tampoco es ya un orden que existe desde los tiempos primeros, sancionado por Dios y que hay que respetar y guardar. Nosotros lo vemos m\u00e1s bien como un mundo que se nos ha dado y entregado, como el solar y el material para nuestra acci\u00f3n hist\u00f3rica, s\u00f3lo a trav\u00e9s de la cual crearemos un orden humano. Por eso en este mundo que se va haciendo hist\u00f3ricamente no encontramos tanto las huellas de Dios como las nuestras\u00bb<br \/>\nLa proclamada desaparici\u00f3n de Dios de nuestro mundo t\u00e9cnico-cient\u00ed\u00adfico -\u00abHe dado vueltas por el cielo, pero no he encontrado a Dios\u00bb (Y. Gagarin)-nos alerta para no tomar la experiencia religiosa por la percepci\u00f3n inmediata del Absoluto como realidad observable: \u00abDios no se hace presente en nuestro mundo como un fen\u00f3meno. Si as\u00ed\u00ad fuera, ser\u00ed\u00ada tambi\u00e9n objeto de an\u00e1lisis y de ciencia. Pero no ser\u00ed\u00ada el Dios del misterio divino; s\u00f3lo ser\u00ed\u00ada un \u00ed\u00addolo, una parte de este mundo objetivable\u00bb. Para intentar una experiencia de Dios que respete su trascendencia, se recorren tres caminos actualmente:<\/p>\n<p>a) Experiencia cosmol\u00f3gica de Dios. En su relaci\u00f3n con el universo, el hombre descubre, recorriendo las c\u00e9lebres cinco \u00abv\u00ed\u00adas\u00bb de santo Tom\u00e1s, que Dios es necesario para dar raz\u00f3n de la existencia del mundo: \u00abDios es el ausente citado a declarar para que explique el presente\u00bb. Este discurso filos\u00f3fico pretende presentar no \u00abpruebas\u00bb de la existencia de Dios capaces de conducir a un resultado verificable, sino solamente huellas o signos de la experiencia cosmol\u00f3gica que orientan hacia \u00e9l. \u00abLas v\u00ed\u00adas indicadas por la metaf\u00ed\u00adsica no tienen la intenci\u00f3n de poner fin de modo definitivo a todos los interrogantes del hombre acerca de Dios, no quieren eliminar toda duda para siempre del coraz\u00f3n humano. Lo que pretende es convencer al hombre de que la existencia humana es visible y comprensible s\u00f3lo cuando recibe cumplimiento y perfecci\u00f3n del retorno hacia el origen trascendente, en virtud del cual existe\u00bb. El acercamiento filos\u00f3fico a Dios, aunque adoptado por alg\u00fan cient\u00ed\u00adfico o cultivador de la naturaleza, parece despertar hoy muy escasa audiencia, quiz\u00e1 porque sigue una l\u00ed\u00adnea s\u00f3lo intelectual, que dif\u00ed\u00adcilmente podr\u00e1 introducir en una experiencia viva de Dios.<\/p>\n<p>b) Experiencia antropol\u00f3gica de Dios. Mayor resonancia encuentra actualmente el itinerario que parte del hombre, de su vivencia y de su experiencia, para llegar a Dios. Existe la convicci\u00f3n de que \u00aba Dios se le puede experimentar siempre y en cualquier situaci\u00f3n, cada vez que descendemos a las profundidades de la vida, all\u00ed\u00ad donde \u00e9sta presenta brechas y est\u00e1 orientada a acoger lo trascendente. Pero si se puede llegar a Dios por cualquier camino, existen tambi\u00e9n experiencias privilegiadas en las que el hombre percibe su apertura a una dimensi\u00f3n superior, a una realidad que da consistencia a estos datos de experiencia y orienta su dinamismo.<\/p>\n<p>Pese a que los autores no coinciden a la hora de identificar estas experiencias privilegiadas\u00bb, nos parecen significativas las que se\u00f1ala K. Rahner: \u00abDe una forma todav\u00ed\u00ada no tematizada, el hombre experimenta a Dios y lo acepta como condici\u00f3n de posibilidad de algunas actitudes humanas fundamentales; por ejemplo, all\u00ed\u00ad donde el hombre espera incondicionalmente pese a que desde el punto de vista emp\u00ed\u00adrico la situaci\u00f3n sea completamente desesperada; all\u00ed\u00ad donde una particular experiencia de alegr\u00ed\u00ada se vive como promesa de una alegr\u00ed\u00ada ilimitada; all\u00ed\u00ad donde el hombre ama con una fidelidad y un abandono incondicionales, a pesar de que la fragilidad de los que se aman no garantice de ninguna forma un amor radicalmente incondicionado; all\u00ed\u00ad donde la obligaci\u00f3n \u00e9tica se vive como responsabilidad radical, a pesar de que aparentemente lleve a la ruina; all\u00ed\u00ad donde el hombre experimenta y percibe incondicionalmente el car\u00e1cter inexorable de la verdad; all\u00ed\u00ad donde el hombre es capaz de soportar en la pluralidad de los destinos humanos la invencible discrepancia entre individualidad y socialidad, esperando firmemente&#8230; en un sentido final o en una bienaventuranza que lo reconciliar\u00e1 todo\u00bb. En general se experimenta a Dios tomando como punto de partida tanto la plenitud y los valores como el vac\u00ed\u00ado y los l\u00ed\u00admites de la vida: lo uno y lo otro son aspectos que muchas veces se incluyen rec\u00ed\u00adprocamente. La experiencia del dolor, del fracaso, de la incompletez y de la muerte puede ser motivo de duda religiosa y hasta de ate\u00ed\u00adsmo; pero con m\u00e1s frecuencia constituye un escollo en el que se resquebrajan mitos o \u00ed\u00addolos culturales y se evidencia lo absurdo de una vida no rescatada en el orden trascendente. Hoy d\u00ed\u00ada, sin embargo, existe mayor propensi\u00f3n a seguir la m\u00e1xima \u00abAmo, ergo est\u00bb \u00ab, en el sentido de que toda experiencia intensa en sentido positivo es un camino hacia Dios: \u00ab\u00bfNo experimentamos acaso el amor en cualquier cosa que sucede en nosotros, pero que es superior a nosotros? Nos sentimos amados por otro con una gratuidad absoluta; una gratuidad que acoge nuestra fragilidad y acepta nuestra profunda limitaci\u00f3n, que por s\u00ed\u00ad misma podr\u00ed\u00ada matar el amor o anular las razones por las cuales el otro puede continuar amando. Y, sin embargo, existe el amor&#8230; \u00bfPor qu\u00e9 el lenguaje de los enamorados se acerca al lenguaje de lo divino en sus juramentos de amor eterno, de absoluta fidelidad y de don incondicionado? \u00bfNo ser\u00e1 quiz\u00e1 porque en el amor est\u00e1 en juego el misterio del amor, la fascinaci\u00f3n de la trascendencia viva, es decir, Dios mismo?&#8230; Qui\u00e9n es Dios en su profundidad s\u00f3lo podremos comprenderlo a trav\u00e9s de la experiencia del amor\u00bb<br \/>\nc) Experiencia hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica de Dios. Al descubrirse en su esencial relaci\u00f3n con el tiempo, el hombre de hoy, como le ocurr\u00ed\u00ada tambi\u00e9n al de la Biblia y al de las grandes tradiciones religiosas, busca la acci\u00f3n de Dios en las vicisitudes de la historia. Si no se resigna a la experiencia de lo absurdo, evidenciado por la maldad y la injusticia presentes en toda \u00e9poca -lo que har\u00ed\u00ada in\u00fatil todo compromiso hist\u00f3rico y sepultar\u00ed\u00ada la esperanza activa de un cambio posible-, el hombre comprende que \u00abla condici\u00f3n \u00faltima del \u00e9xito de la historia nos descubre que lo completamente nuevo, originario y totalmente otro, que llamamos Dios, se hace acontecimiento en la historia. Dios aparece como la paz que hace posible nuestra paz, como la libertad de nuestra libertad, como el \u00e1nimo para nuestra acci\u00f3n y ser en la historia\u00bb. La presencia de Dios en la historia es captada por el pueblo de Israel sobre todo en su liberaci\u00f3n de la esclavitud, y por los cristianos en el misterio pascual de Cristo, cuya resurrecci\u00f3n es el acontecimiento en el que Dios expresa definitivamente su oferta de salvaci\u00f3n y de vida nueva y eterna. En continuidad con la tradici\u00f3n; el cristiano experimenta a Dios viviendo seg\u00fan las exigencias de la fe, meditando la palabra revelada, participando en los sacramentos y en la vida del culto, comprometi\u00e9ndose por la justicia y adhiri\u00e9ndose a la voluntad de Dios significada. A trav\u00e9s de una praxis inspirada en el Evangelio y en los signos de los tiempos, se llega a una experiencia cristiana en la que el origen y el polo de atracci\u00f3n es Dios. Urge recuperar la pedagog\u00ed\u00ada religiosa de los padres de le Iglesia, es decir, la \u00abmistagogia\u00bb, que es toda la vida cristiana en cuanto lleva e la posesi\u00f3n y a la comunicaci\u00f3n divina. Si hasta ahora la educaci\u00f3n nos ha iniciado en el aspecto institucional de la religi\u00f3n y en las pr\u00e1cticas devotas, la \u00abmistagogia nos ha de ense\u00f1ar concretamente a perseverar en mantenernos cerca de `ese&#8217; Dios, en hablarle como a un `t\u00fa&#8217;, en aventurarnos en su silenciosa oscuridad, en no temer que podr\u00ed\u00adamos perderle precisamente por darle un nombre&#8230;\u00bb<br \/>\n3. CULTO\/COMPROMISO: TRABAJO\/ESPIRITUALIDAD: ESPIRITUALIDAD COMO COMPROMISO EN EL MUNDO &#8211; Si en siglos pasados se pudo entender la vida cristiana perfecta como fuga del mundo para darse a la contemplaci\u00f3n divina, en la actualidad \u00abla evoluci\u00f3n estructural de la espiritualidad cristiana consiste ante todo en la negativa a identificar la vida espiritual con la religiosa\u00bb\u2020\u00a2. El problema de la vinculaci\u00f3n entre culto de Dios y compromiso del mundo es percibido con viveza por Teilhard de Chardin: \u00abNo me parece que exagere al afirmar que para las nueve d\u00e9cimas partes de los cristianos practicantes, el trabajo humano no pasa de ser un `estorbo espiritual&#8217;. A pesar de la pr\u00e1ctica de la intenci\u00f3n recta y de la jornada ofrecida a Dios cotidianamente, la masa de los fieles abriga oscuramente la idea de que el tiempo pasado en la oficina, en los estudios, en los campos o en la f\u00e1brica es tiempo sustra\u00ed\u00addo a la adoraci\u00f3n. Naturalmente que es imposible no trabajar. Pero es tambi\u00e9n imposible pretender entonces esa vida religiosa profunda, reservada a quienes tienen holgura para rezar o para predicar todo el d\u00ed\u00ada. En la vida es posible recuperar algunos minutos para Dios. Pero las horas mejores quedan absorbidas, o al menos depreciadas, por los cuidados materiales. Bajo el imperio de este sentimiento hay una masa de cat\u00f3licos que lleva una existencia pr\u00e1cticamente doble o fastidiada; necesitan quitarse el ropaje de hombre para sentirse cristianos y aun s\u00f3lo as\u00ed\u00ad cristianos inferiores\u00bb (P. Teilhard de Chardin, El medio divino. Ensayo de vida interior, Taurus, Madrid 1981, 39-40)<br \/>\nPara superar esta situaci\u00f3n desagradable de divisi\u00f3n interior entre la dedicaci\u00f3n a Dios y el compromiso en el mundo, Teilhard de Chardin considera insuficiente la soluci\u00f3n ofrecida por los directores espirituales de santificar la acci\u00f3n mediante la intenci\u00f3n de realizarla para gloria de Dios. Admite \u00abel papel inicial y fundamental de la intenci\u00f3n, que es ciertamente&#8230; la llave de oro con la que nuestro mundo interior se abre a la presencia divina\u00bb; pero apunta a la soluci\u00f3n definitiva, que consiste en \u00abdarse cuenta de c\u00f3mo, sin hacer la menor concesi\u00f3n a la &#8216;naturaleza&#8217;, sino por sed de una mayor perfecci\u00f3n, existe el medio de conciliar y de alimentar m\u00e1s tarde, uno mediante otro, el amor de Dios y el sano amor del mundo, el esfuerzo de desprendimiento y el de desarrollo\u00bb. Los cristianos deben, pues, apasionarse con su propia actividad cotidiana, convencidos de colaborar as\u00ed\u00ad a la consumaci\u00f3n del mundo en Cristo: \u00abDios no distrae prematuramente nuestra mirada del trabajo que nos ha impuesto El mismo, puesto que se, presenta a nosotros como accesible gracias a este mismo trabajo&#8217;. La acci\u00f3n se convierte ella misma en ambiente de comuni\u00f3n, en un \u00abmedio divino\u00bb en el que es posible encontrarse con Dios.<\/p>\n<p>Esta perspectiva resulta aceptable si se une a algunos datos teol\u00f3gicos surgidos en la conciencia contempor\u00e1nea: el valor religioso del mundo en virtud de la creaci\u00f3n y la encarnaci\u00f3n; Dios no visto ya en competici\u00f3n con el hombre, al que no se le exige ahora que limite su acci\u00f3n para que act\u00fae Dios [>Apostolado VIII]; la imposibilidad de reducir el cristianismo a un complejo de ritos alejados de la vida, y la necesidad de transformar la existencia propia en un culto espiritual agradable a Dios (Rom 12,1).<\/p>\n<p>Si para santificarse no basta obrar con recta intenci\u00f3n, ofreciendo a Dios el propio trabajo, menos basta contentarse con sembrarlo de jaculatorias o con hacer retiros espirituales. Esta pretensi\u00f3n de \u00abencontrar a Dios en las lagunas\u00bb, denunciada por J. A. T. Robinson\u00bb, corre el riesgo de vaciar de significado espiritual la casi totalidad de la existencia e inducir al error de creer que a Dios s\u00f3lo se le puede encontrar en algunos momentos privilegiados de oraci\u00f3n. Por muy oportunos y necesarios que sean los tiempos de retiro [>&#8217;Ejercicios espirituales] o de desierto, las oraciones y las jaculatorias, es el conjunto de la vida lo que debe agradar a Dios y ser fuente de vitalidad espiritual. La \u00abespiritualidad a intervalos\u00bb resulta inadecuada frente a la exigencia de no interrumpir un trabajo obligatorio y conferirle al mismo tiempo un valor espiritual.<\/p>\n<p>La soluci\u00f3n se busca en la estructura de la acci\u00f3n misma, es decir, en el reconocimiento y en la ejecuci\u00f3n de su orden interno, as\u00ed\u00ad como en su inserci\u00f3n org\u00e1nica en el contexto de la vida global y en su apertura a las apelaciones inherentes al plano de la salvaci\u00f3n. Todo esto implica competencia y compromiso profesional, humanizaci\u00f3n y consagraci\u00f3n cristiana del trabajo y de las realidades terrenas. Hay, pues, que intensificar la propia fe como vector de la existencia y rectificar las diversas acciones para que procedan seg\u00fan el orden intr\u00ed\u00adnseco que les corresponde. Es un compromiso a largo plazo y de severas exigencias, porque se trata de progresar sin l\u00ed\u00admites en el campo de la propia actividad, pero tambi\u00e9n de respetar los imperativos \u00e9ticos de justicia, de humanidad y de fraternidad cristiana. Aunque sin llegar al rechazo del encuentro cultual con Dios, hoy d\u00ed\u00ada se busca a un Dios menos hier\u00e1tico y m\u00e1s cercano, que exprese el significado de la vida cotidiana. Es sugestiva la poes\u00ed\u00ada india que nos invita a trasladar el acento desde una religiosidad sacral y remota a otra m\u00e1s inmersa en la realidad de cada d\u00ed\u00ada: \u00ab\u00bfPor qui\u00e9n rezas en este rinc\u00f3n oscuro \/ del templo de puertas cerradas? \/ Abre los ojos y mira: \/ tu Dios no est\u00e1 delante de ti. \/ Est\u00e1 donde el campesino ara la desnuda tierra, \/ a lo largo de la calle donde trabaja el picapedrero. \/ Bajo el sol y bajo la lluvia est\u00e1 \u00e9l con ellos \/ y sus vestidos est\u00e1n cubiertos de polvo. \/ Qu\u00ed\u00adtate ese manto sagrado \/ y baja como \u00e9l al terreno polvoriento\u00bb (R. Tagore). En otras palabras, se ha acabado el tiempo en que pod\u00ed\u00adamos permitirnos \u00abvivir la espiritualidad de Filotea, alejados de ese mundo del trabajo y de la hominizaci\u00f3n del mundo\u00bb; todos, y especialmente los que tienen una determinada experiencia de fe, deben sentirse empe\u00f1ados en el taller del mundo para la construcci\u00f3n de un futuro mejor. Si no queremos reducir la religi\u00f3n a una alienaci\u00f3n y a un lujo in\u00fatil y provocativo, es preciso que ella anime las realidades que aparecen menos sagradas y m\u00e1s banales. Efectivamente, como ha intuido un l\u00ed\u00adder espiritual de nuestro tiempo, \u00absi cuando metemos las manos en la palangana, si cuando atizamos el fuego con el fuelle, si cuando alineamos interminables columnas de n\u00fameros en la mesa de contabilidad, si cuando, abrasados por el sol, estamos metidos en el cieno de los arrozales, si cuando permanecemos ante el horno del fundidor no realizamos exactamente la misma vida religiosa que si estuvi\u00e9ramos en oraci\u00f3n en un monasterio, el mundo jam\u00e1s se salvar\u00e1\u00bb (Gandhi).<\/p>\n<p>4. ESPIRITUALIDAD LIBERADORA &#8211; La recuperaci\u00f3n del car\u00e1cter liberador de la espiritualidad cristiana [>Liberaci\u00f3n] se lleva a cabo en el contexto de injusticia institucionalizada que se vive especialmente en el continente latinoamericano. La situaci\u00f3n hist\u00f3rica de dependencia neocolonial, de desigualdad, subdesarrollo y explotaci\u00f3n ha sido calificada por el Episcopado de Am\u00e9rica Latina como \u00abuna situaci\u00f3n de pecado\u00bb, porque \u00aball\u00ed\u00ad donde se encuentran injustas desigualdades sociales, pol\u00ed\u00adticas, econ\u00f3micas y culturales hay un rechazo del don de la paz del Se\u00f1or; m\u00e1s a\u00fan, un rechazo del Se\u00f1or mismo\u00bb.<\/p>\n<p>Para entrar en la zona de salvaci\u00f3n y de comuni\u00f3n con Dios, no basta elaborar categor\u00ed\u00adas teol\u00f3gicas, sino que \u00abes necesario una actitud vital: global y sint\u00e9tica, que informe la totalidad y el detalle de nuestra vida. Una &#8216;espiritualidad&#8217; \u00ab&#8216;. La espiritualidad de la _ liberaci\u00f3n la constituyen algunas actitudes fundamentales:<\/p>\n<p>a) Conversi\u00f3n hacia el pr\u00f3jimo oprimido. El cristiano que se ha dado cuenta de la centralidad que ocupa el amor al pr\u00f3jimo, seg\u00fan el mensaje b\u00ed\u00adblico [>Caridad], no puede hacerse la ilusi\u00f3n de agradar a Dios limit\u00e1ndose a una relaci\u00f3n intimista y cultual con El. Puesto que conocer a Dios es obrar la justicia, la conversi\u00f3n a El pasa por la conversi\u00f3n a los seres humanos que padecen todo tipo de opresi\u00f3n. Hay, pues, que salir de la indiferencia o de la neutralidad y tomar partido abiertamente en favor de los pobres y de los explotados. Esta opci\u00f3n precisa implica un doble cometido: la denuncia prof\u00e9tica de las injusticias sociales aun a costa de irritar a los promotores del desorden establecido; en efecto. \u00aben su misi\u00f3n liberadora, la Iglesia no puede tranquilizar a los oprimidos, adormecerlos en la esclavitud o alienarlos en su resignaci\u00f3n\u00bb , sino que siguiendo la huella de los Profetas, debe defender y concienciar a los pobres protestando contra la pobreza que es fruto de la injusticia; la solidaridad con los pobres en orden a promover desde dentro la liberaci\u00f3n integral, seg\u00fan el ejemplo de Cristo (2 Cor 8,9). Como el pecado afecta tambi\u00e9n a las instituciones sociales [>Pecador\/pecado], la liberaci\u00f3n no s\u00f3lo debe erradicar el mal del coraz\u00f3n del hombre, sino tambi\u00e9n eliminar y transformar las estructuras injustas. La caridad se hace compromiso pol\u00ed\u00adtico para revestirse de eficacia, superando el estadio de la ayuda exclusivamente privada e individual.<\/p>\n<p>b) Celebraci\u00f3n hist\u00f3rica del misterio pascual. La espiritualidad de la liberaci\u00f3n no vive el misterio pascual como un hecho puramente m\u00ed\u00adstico o asc\u00e9tico, sino en la dimensi\u00f3n hist\u00f3rico-actual y secular. El cristiano comprometido refiere \u00aba las actuales circunstancias de Am\u00e9rica Latina la permanente exigencia de muerte y resurrecci\u00f3n en Cristo para una nueva vida. Debe ver en las destrucciones o en las desviaciones que provocan los cambios la pascua latinoamericana, la posibilidad de realizar mediante el poder de Cristo una sociedad nueva y mejor, aunque provisional. El objetivo de la liberaci\u00f3n es la constituci\u00f3n del hombre nuevo en un mundo nuevo, la creaci\u00f3n de la fraternidad evang\u00e9lica, la instauraci\u00f3n de un sistema m\u00e1s justo y libre en las relaciones humanas. En la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, que proclama a Cristo como \u00fanico liberador y se\u00f1or de la historia, la comunidad se compromete a rechazar todo tipo de opresi\u00f3n que impida al hombre la realizaci\u00f3n de su propio destino y a vivir seg\u00fan las exigencias de la fraternidad. \u00abDe esta forma toda celebraci\u00f3n cristiana, que por definici\u00f3n no tiene una raz\u00f3n pol\u00ed\u00adtico-social, puede alcanzar profundas repercusiones en dicho campo en la medida en que los cristianos que participan activamente en ella se hagan conscientes de lo que realmente est\u00e1n proclamando. La vacuna contra el conformismo inoculada por la liturgia cristiana no se limitar\u00e1 a los tipos de opresi\u00f3n socio-econ\u00f3mica, sino que tender\u00e1 a eliminar los nuevos \u00ed\u00addolos que oprimen al hombre&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>c) Gratitud, alegr\u00ed\u00ada y esperanza. El convencimiento de que la comuni\u00f3n con el Se\u00f1or y con todos los hombres es un don gratuito de Dios no exime de la cooperaci\u00f3n responsable, sino que llena el esp\u00ed\u00adritu de gratitud y de confianza. Si Dios act\u00faa en la historia en favor de los pobres, el cristiano no puede menos que alegrarse con Mar\u00ed\u00ada por esta experiencia del Dios salvador (Le 1,46-55). Confiando sobre todo en las promesas de Cristo y en la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, el cristiano est\u00e1 abierto a la esperanza; todo lo que parece imposible -la liberaci\u00f3n y la fraternidad universal- se har\u00e1 posible no s\u00f3lo en la escatolog\u00ed\u00ada, sino ya en este mundo, aunque s\u00f3lo sea en formas parciales y provisionales.<\/p>\n<p>Estas intuiciones no son una exclusiva de los cristianos latinoamericanos, sino que todos los creyentes que sienten la urgencia de proclamar la liberaci\u00f3n de los oprimidos (Lc 4,18) y de no recaer en el juego de la esclavitud de la que Cristo nos ha liberado (G\u00e1l 5,1) tienden a asimilarlas. La historia reciente ha obligado a la liberaci\u00f3n a ser m\u00e1s humilde y a desenga\u00f1arse de su inmediata realizaci\u00f3n; el establecimiento de reg\u00ed\u00admenes opresivos exige una teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n que tenga en cuenta la esclavitud y una espiritualidad que viva el evangelio en tierra extranjera. Es importante dedicarse en estas circunstancias a consolar a las v\u00ed\u00adctimas y a unificar al pueblo mediante s\u00ed\u00admbolos integradores, aunque continuando en la funci\u00f3n de ser voz de los sin voz, manteniendo viva la esperanza y preparando el \u00e9xodo liberador.<\/p>\n<p>5. ESPIRITUALIDAD COMUNITARIA &#8211; Hacer comunidad, estar en comuni\u00f3n, vivir unidos son palabras claves de la vida contempor\u00e1nea. El individualismo cartesiano, que ve\u00ed\u00ada al hombre como conciencia autosuficiente y callaba su dimensi\u00f3n social, ha quedado en entredicho a consecuencia de las guerras mundiales y de los desequilibrios de la civilizaci\u00f3n contempor\u00e1nea. Se opera, por lo tanto, un cambio radical de planteamiento: se toma conciencia de la estructura dialogal e interpersonal del hombre, cuyo verdadero ser se realiza en el encuentro con los dem\u00e1s. Se comprende que \u00abel hombre es, por su \u00ed\u00adntima naturaleza, un ser social, y no puede vivir ni desplegar sus cualidades sin relacionarse con los dem\u00e1s\u00bb (GS 12).<\/p>\n<p>La acentuaci\u00f3n de los valores comunitarios no se debe a la necesidad de escapar de la soledad y del anonimato que atenazan a los habitantes de las ciudades, sino m\u00e1s bien a la consolidaci\u00f3n del fen\u00f3meno de la socializaci\u00f3n, es decir, de la interdependencia cada vez m\u00e1s estrecha y extensa en todo el mundo, en lo que respecta a la consecuci\u00f3n del bien com\u00fan (cf GS 25-26). Los medios de comunicaci\u00f3n de masas transforman al mundo en un vecindario, suscitan el sentido de la unidad de la familia humana y exigen la superaci\u00f3n de la \u00e9tica individualista; la pertenencia a un grupo amplio como la misma humanidad fuerza al reconocimiento de los derechos fundamentales del hombre, a la lucha contra las discriminaciones o injusticias y a la b\u00fasqueda de una convivencia pac\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>Dejando de lado tambi\u00e9n las valoraciones negativas tradicionales, hoy d\u00ed\u00ada se ha descubierto la sexualidad como el factor m\u00e1s poderoso de comunicaci\u00f3n y de socialidad. Est\u00e1 destinada no s\u00f3lo a asegurar la supervivencia del g\u00e9nero humano, sino tambi\u00e9n y sobre todo a la creaci\u00f3n de un nosotros conyugal, de un super-nosotros familiar y de c\u00ed\u00adrculos cada vez m\u00e1s amplios de amistad. El descubrimiento de la sexualidad como factor de grupo y de apertura a los dem\u00e1s constituye uno de los elementos m\u00e1s importantes del cambio cultural de nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n el cristianismo de nuestra \u00e9poca es sensible a las dimensiones comunitarias y ve que tienen una puntual correspondencia en la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Si la reflexi\u00f3n de los concilios de los primeros siglos se concentr\u00f3 en Cristo, si el concilio de Trento traslad\u00f3 su inter\u00e9s a la justificaci\u00f3n del hombre pecador, el Vat. II prefiri\u00f3 orientar su atenci\u00f3n a la realidad de la Iglesia, considerada como cuerpo m\u00ed\u00adstico de Cristo y pueblo de Dios unido en el v\u00ed\u00adnculo del amor de la Trinidad (LG 7-10). Siguiendo la indicaci\u00f3n del Vat. II, se ha profundizado en la realidad de la Iglesia, poniendo de relieve que es comuni\u00f3n, es decir, solidaridad entre las personas que la componen, fundada en la participaci\u00f3n de un \u00fanico principio profundo, que es el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or resucitado, por el cual somos insertados en el cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p>La perspectiva conciliar modifica el planteamiento de la espiritualidad y de la pastoral en sentido eclesial. La salvaci\u00f3n y perfecci\u00f3n de la propia alma. tema en el que han insistido tanto los predicadores y los autores de espiritualidad, queda liberada de la preocupaci\u00f3n individualista para integrarse en el contexto m\u00e1s amplio del plan de Dios: \u00abFue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente sin conexi\u00f3n alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente\u00bb (LG 9). Se percibe la exigencia de desarrollar una espiritualidad centrada en la reconciliaci\u00f3n ecum\u00e9nica [>Ecumenismo espiritual] y de vivir intensamente los v\u00ed\u00adnculos de la fraternidad evang\u00e9lica hasta formar unas comunidades semejantes a la comunidad primitiva, que se describe como ideal en los Hechos de los Ap\u00f3stoles. Se esboza una m\u00ed\u00adstica de la comunidad, en la que convergen algunos componentes de notable incidencia vital: participaci\u00f3n lit\u00fargica intensa y oraci\u00f3n comunitaria para que la comunidad se construya por la acci\u00f3n del Se\u00f1or y no camine en vano; experiencia de la paternidad de Dios, que se traduce en un intenso sentido de fraternidad; identificaci\u00f3n con Cristo como arquetipo de vida filial y \u00fanico mediador de la salvaci\u00f3n religiosa; escucha y docilidad al Esp\u00ed\u00adritu, y ejercicio de sus carismas al servicio de la Iglesia. En relaci\u00f3n con su deber ser m\u00ed\u00adstico y teologal, la Iglesia se encuentra a s\u00ed\u00ad misma \u00aben Mar\u00ed\u00ada, madre y esposa inmaculada, porque ella, al haber sido elevada como persona individual a su misi\u00f3n, `difundida&#8217; y `universalizada&#8217; por la potencia del Esp\u00ed\u00adritu, se convierte en principio de toda eclesialidad. La espiritualidad mariana [>Mar\u00ed\u00ada], tomada en su sentido exacto, es, por lo tanto, id\u00e9ntica a la espiritualidad eclesial, que precede a toda diferenciaci\u00f3n de los diversos carismas\u00bb<br \/>\nLa m\u00ed\u00adstica comunitaria est\u00e1 muy lejos de a\u00f1orar una convivencia constituida sin el signo de la cruz; si la vida com\u00fan no es ya la \u00abm\u00e1xima penitencia\u00bb (san Juan Berchmans), tampoco es un para\u00ed\u00adso en la tierra, porque en ella persiste una multiforme conflictividad debida a la diversidad de puntos de vista, a las preocupaciones sobre la misi\u00f3n que hay que desempe\u00f1ar en el mundo, o a la frustraci\u00f3n derivada de la falta de respuesta a las leg\u00ed\u00adtimas exigencias de los individuos en particular. A las exigencias de la fe, que fijan la orientaci\u00f3n unificadora de la vida comunitaria, se debe acompa\u00f1ar una autoformaci\u00f3n permanente [>Adulto V] orientada a la creaci\u00f3n de un ambiente en el que puedan satisfacer las aspiraciones personales y comunitarias. Esto lleva consigo el arte del di\u00e1logo, la aceptaci\u00f3n incondicionada del otro, la gesti\u00f3n de los conflictos, el intercambio de experiencias y de informaciones y el recurso al compromiso provisional con tal de no romper la trayectoria com\u00fan. Una comunidad que se esfuerce por vivir esta espiritualidad se hace, frente a un mundo dominado por la l\u00f3gica del poder, por la manipulaci\u00f3n de los dem\u00e1s y la b\u00fasqueda de posesiones, signo del universo redimido y emblema de esperanza en un futuro mejor.<\/p>\n<p>IV. El futuro de la espiritualidad<br \/>\nSi echamos una mirada al futuro inmediato de la espiritualidad contempor\u00e1nea, vemos delinearse un horizonte indudablemente alternativo y diferente del nuestro, pero en el que todav\u00ed\u00ada est\u00e1n presentes las mejores intuiciones actuales. Se prev\u00e9, en efecto, una muerte y una supervivencia, que P. Ricoeur expresa en los siguientes t\u00e9rminos: \u00abPodr\u00e1n sobrevivir \u00fanicamente las espiritualidades que tienen en cuenta la responsabilidad del hombre; que conceden valor a la existencia material, al mundo t\u00e9cnico y, en general, a la historia. Deber\u00e1n morir las espiritualidades de evasi\u00f3n, las espiritualidades dualistas&#8230; En sentido general, pienso que las formas de espiritualidad incapaces de tomar en cuenta la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica del hombre habr\u00e1n de sucumbir bajo la presi\u00f3n de la civilizaci\u00f3n t\u00e9cnica\u00bb\u00bb. Estamos de acuerdo con estas previsiones, a\u00f1adiendo y especificando los cometidos m\u00e1s urgentes de la futura espiritualidad:<\/p>\n<p>1. DESAPARICI\u00ed\u201cN DE LAS ESPIRITUALIDADES EVASIVAS Y DUALISTAS &#8211; La critica de la religi\u00f3n como \u00abopio del pueblo\u00bb, el descubrimiento b\u00ed\u00adblico de la revelaci\u00f3n como acontecimiento en la historia, la urgencia del compromiso social derivado del amor fraterno y del car\u00e1cter liberador del cristianismo, impiden hacer de la espiritualidad cristiana una actitud pasiva, inoperante y desconectada del destino hist\u00f3rico del hombre. Una espiritualidad no anclada en la historia se presenta como una ideolog\u00ed\u00ada que sirve de cobertura a cualquier sistema vigente y a la propia irresponsabilidad ego\u00ed\u00adsta. No existe la neutralidad ni la inocencia pol\u00ed\u00adtica, porque quien abandona el mundo a su destino corre el riesgo de colaborar al mantenimiento del status quo y de hacer el juego a cuantos se oponen a la fuerza din\u00e1mica y transformante del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>La espiritualidad deber\u00e1 abandonar el procedimiento dualista, que no sabe unificar a nivel profundo los diversos aspectos de la salvaci\u00f3n y perfecci\u00f3n cristianas: a) Debe liberarse del individualismo, que considera la vida espiritual como un conjunto de pr\u00e1cticas piadosas y de actos de culto alejados del momento hist\u00f3rico y dirigidos al perfeccionamiento del individuo. El . itinerario espiritual del cristiano no puede reducirse a un camino de interioridad, porque debe medirse con los cometidos concretos y debe entrecruzarse con el camino de la sociedad y de la Iglesia en un esfuerzo constante de lectura de los signos de los tiempos. En otras palabras, es necesario fundir culto y vida, interioridad y compromiso social, uni\u00f3n con Dios y comuni\u00f3n eclesial. b) La espiritualidad debe guardar las distancias respecto a una antropolog\u00ed\u00ada dualista, que propende a privilegiar el alma en detrimento del cuerpo. El hombre no es un \u00e1ngel ca\u00ed\u00addo, sino que es conjuntamente su alma y su cuerpo, sin el cual pierde la dimensi\u00f3n hist\u00f3rica y la forma humana de comunicarse con los dem\u00e1s. Hay que volver a descubrir la funci\u00f3n del cuerpo en la vida espiritual e integrarlo en el proceso salvifico, que culmina en la salvaci\u00f3n. c) La espiritualidad est\u00e1 llamada a distanciarse cada vez m\u00e1s de una proyecci\u00f3n ultraterrena que aplace exclusivamente para el m\u00e1s all\u00e1 la salvaci\u00f3n y el reino de Dios. El presente y el futuro deben considerarse en su nexo intr\u00ed\u00adnseco, puesto que el futuro es el estadio definitivo de la realizaci\u00f3n espiritual-salv\u00ed\u00adfica llevada a cabo en el presente. Las realidades \u00faltimas no deben anular, sino sostener el empe\u00f1o hist\u00f3rico por la salvaci\u00f3n integral [Escatolog\u00ed\u00ada]. d) La espiritualidad deber\u00e1 evitar, por fin, el sobrenaturalismo y la tendencia monofisita, que anula el elemento humano bajo el pretexto de hacer triunfar la gracia divina. Hay que dejar de pensar a Dios y al hombre en t\u00e9rminos de total rivalidad y de perenne oposici\u00f3n, porque \u00abla gloria de Dios eS el hombre vivo\u00bb. Es signo de aut\u00e9ntica espiritualidad cristiana promover al hombre y hacerlo triunfar en la vida, aunque sin olvidar el necesario trabajo asc\u00e9tico [,vAscesis] de purificaci\u00f3n de toda maldad.<\/p>\n<p>2. PERSISTENCIA DE LAS DIMENSIONES PERSONALISTA. EXPERIENCIAL, HIST\u00ed\u201cRICA, LIBERADORA Y COMUNITARIA DE LA ESPIRITUALIDAD &#8211; Lo que hemos expuesto sobre las lineas que destacan en la espiritualidad contempor\u00e1nea, se basa en datos que forman parte de la cultura actual y que a corto plazo podr\u00e1n ser modificados e integrados en un horizonte distinto, pero no destruidos. Aunque no sean las \u00fanicas facetas del mundo actual, el humanismo personalista, la secularizaci\u00f3n, la vuelta a la historia, el compromiso de liberaci\u00f3n y la exigencia comunitaria caracterizan profundamente nuestra \u00e9poca y no pueden ser desatendidos por parte de la espiritualidad cristiana futura. Otros fen\u00f3menos, como el despertar de los carismas y las exigencias cultuales evidenciadas por la piedad popular, desempe\u00f1an la funci\u00f3n de moderar y corregir el posible desarrollo unidireccional de la vida espiritual; pero no podr\u00e1n oscurecer nunca los imperativos sociales del mensaje evang\u00e9lico, especialmente sobre la importancia capital del amor a los m\u00e1s despreciados, necesitados y a los que sufren, con quienes Cristo mismo ha elegido identificarse (Mi 25,31-46). Permanece v\u00e1lida la afirmaci\u00f3n de Bonhoeffer, que une la dimensi\u00f3n contemplativa y la operativa, el culto y el compromiso vital: \u00abNuestra existencia de cristianos s\u00f3lo tendr\u00e1 en la actualidad dos aspectos: orar y hacer justicia entre los hombres.<\/p>\n<p>3. ELABORACI\u00ed\u201cN DE UNA ESPIRITUALIDAD UNITARIA Y CREATIVA &#8211; A la \/teolog\u00ed\u00ada espiritual del futuro le compete elaborar los datos problem\u00e1ticos de la experiencia cristiana actual con vistas a una s\u00ed\u00adntesis unitaria, y llenar sus lagunas teniendo en cuenta las dimensiones esenciales del hombre.<\/p>\n<p>a) Ante todo es preciso realizar una s\u00ed\u00adntesis org\u00e1nica y una unidad dial\u00e9ctica entre las tensiones espirituales de la vida cristiana: oraci\u00f3n y fidelidad a la tierra, contemplaci\u00f3n y compromiso pol\u00ed\u00adtico, piedad de trascendencia y piedad de solidaridad. El cristiano de ma\u00f1ana no deber\u00e1 sentirse dividido y desgarrado por los imperiosos reclamos del mundo y de los hombres, as\u00ed\u00ad como de su propia exigencia de salvaci\u00f3n y de absoluto. Deber\u00e1 descubrir el intimo lazo que unifica las antinomias espirituales, sin limitarse a inspeccionar los campos m\u00e1s o menos amplios en los que est\u00e1 llamado alternativamente a actuar. Se debe pasar de la religi\u00f3n al reino de Dios, de la Iglesia al mundo, del yo a la humanidad; y este tr\u00e1nsito ha de llevarse a cabo sin perder los valores esenciales de la oraci\u00f3n y de la identidad eclesial y personal. La nueva espiritualidad cristiana habr\u00e1 de estar \u00abcaracterizada por la uni\u00f3n del amor de Dios y del pr\u00f3jimo y por la idea de la fraternidad cristiana. Quien, contrario a esto, protestara en seguida y dijera con cierto recelo que el cristianismo no puede reducirse a `mera&#8217; solidaridad humana, deber\u00ed\u00ada preguntarse primero si protesta con igual fuerza contra la deshumanizaci\u00f3n que existe en el mundo, en parte tambi\u00e9n por culpa y tolerancia de la Iglesia y de los cristianos&#8230; Quiz\u00e1 podamos expresar bien lo que se encierra de positivo en esto que acabamos de decir con una frase de D. Bonhoeffer, seg\u00fan la cual s\u00f3lo aquellos que en el tercer Reich socorrieron activa y arriesgadamente a los jud\u00ed\u00ados tienen derecho a cantar tambi\u00e9n una coral gregoriana\u00bb.<\/p>\n<p>La unificaci\u00f3n entre historia y meta-historia, entre lo humano y lo divino, entre la relaci\u00f3n con Dios y el compromiso en favor de los hermanos, se consumar\u00e1 necesariamente en sentido cristol\u00f3gico, porque \u00aben Jesucristo se nos da tanto el car\u00e1cter hist\u00f3rico como el suprahist\u00f3rico del cristianismo en una unidad singular. En \u00e9l la historia humana ha llegado definitivamente a la meta que le supera radicalmente, a Dios, al haber aceptado Dios totalmente la historia y al haberse comunicado a ella. Por eso la fe cristiana proclama de Jesucristo: \u00e9l es verdadero hombre y verdadero Dios en una persona. La primera consecuencia seria que Jesucristo en persona tiene que ser el criterio por el que debe medirse todo lo que quiera ser cristiano\u00bb. Tan s\u00f3lo una piedad centrada en la comuni\u00f3n con Cristo puede constituir el espacio y el punto de convergencia de los aspectos dial\u00e9cticos del cristianismo; dirigiendo a Cristo una continua mirada como al polo orientador de la vida entera se comprende que \u00abla trascendencia no es la trascendencia del Resucitado si no lleva a la solidaridad con aquellos que \u00e9l vino a liberar y por cuya salvaci\u00f3n muri\u00f3. La solidaridad no es la solidaridad del Crucificado si no lleva a la trascendencia de aquel futuro en el que fue resucitado&#8230; El que ora en nombre de Cristo y clama por la redenci\u00f3n no puede adoptar una actitud conformistaante la opresi\u00f3n. El que lucha contra la injusticia no puede prescindir de orar por la salvaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>b) Otro cometido de los cristianos de ma\u00f1ana es la recuperaci\u00f3n de los valores de la espiritualidad popular. El inter\u00e9s que ha suscitado en el \u00e1mbito antropol\u00f3gico la cultura popular con su visi\u00f3n org\u00e1nica del mundo, tan rica en datos y tan original en sus manifestaciones, ha repercutido sobre todo en el contexto cat\u00f3lico, despertando una atenci\u00f3n especial hacia la religiosidad popular. Igual que el desarrollo unidimensional de la civilizaci\u00f3n industrial ha provocado desequilibrios sociales y ecol\u00f3gicos a escala mundial por olvidarse de los valores de la cultura popular, as\u00ed\u00ad la forma oficial del catolicismo ha recorrido su camino sin referencia adecuada a la piedad del pueblo, que ha seguido su propio sendero. A partir del S\u00ed\u00adnodo de los Obispos del a\u00f1o 1974, la religi\u00f3n popular se considera como la base necesaria de una obra de evangelizaci\u00f3n aut\u00e9ntica y realista. Queda, sin embargo, por realizar la elaboraci\u00f3n de una espiritualidad popular, es decir, de la modalidad cr\u00ed\u00adticamente refleja que asume el cristianismo en la cultura popular. Esto excluye la actitud de superioridad de quien pudiera dirigirse al pueblo para imponerle una espiritualidad de \u00e9lite o bien para aplicar una terapia destructiva indiscriminada en nombre de un cristianismo diversamente inculturado. Si la liturgia y la espiritualidad elaborada por te\u00f3logos especialistas tiene que ofrecer una experiencia profundamente b\u00ed\u00adblica, cristo-c\u00e9ntrica, eclesial e hist\u00f3rico-salv\u00ed\u00adfica, la religiosidad popular puede contener la riqueza de sus valores existenciales tal como los ha concretado Pablo VI: \u00abLa piedad popular.., refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y de sacrificio hasta el hero\u00ed\u00adsmo cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptaci\u00f3n de los dem\u00e1s, devoci\u00f3n\u00bb. El encuentro entre religiosidad popular y liturgia eclesial traer\u00e1 un enriquecimiento y un correctivo mutuos y simult\u00e1neos: la primera deber\u00e1 ser liberada de supersticiones y colmada de la Palabra; la segunda adquirir\u00e1 un lenguaje m\u00e1s concreto y asimilar\u00e1 el sentido de la fiesta. Mas para esto es necesario descubrir y profundizar en la espiritualidad popular, siguiendo la estela de lo que han intentado los grandes misioneros y predicadores a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p>e) Otra incumbencia de la espiritualidad futura consiste en escrutar la Sagrada Escritura y la experiencia cristiana a lo largo de la historia para captar su mensaje espiritual, teniendo presentes las ciencias humanas, la situaci\u00f3n sociocultural, las aportaciones de la ciencia teol\u00f3gica y la vida de la Iglesia. Considerando la historia de la espiritualidad, se constatar\u00e1 que la continuidad de los valores cristianos fundamentales va unida a su encarnaci\u00f3n en formas diversas seg\u00fan las diferentes zonas y \u00e9pocas culturales. La reflexi\u00f3n operada en nuestra \u00e9poca acerca de la interpretaci\u00f3n de la vida espiritual en todas sus dimensiones (y de la que el presente diccionario desea dar testimonio) debe continuarse en el futuro; la espiritualidad del futuro no estar\u00e1 vinculada a la antropolog\u00ed\u00ada y a los esquemas representativos de la tradici\u00f3n, pero llevar\u00e1 a cabo una verificaci\u00f3n de los aspectos m\u00e1s importantes de la espiritualidad cristiana para que puedan ser asumidos por los hombres del futuro. Da la impresi\u00f3n de que las diversas culturas, con sus limitaciones y condicionamientos, se concretizan, m\u00e1s que en los restantes sectores, en el de la espiritualidad, cristaliz\u00e1ndola en formas contingentes que hacen arduo el trabajo de su nueva traducci\u00f3n. Especialmente urgente es continuar la reflexi\u00f3n y la actualizaci\u00f3n de temas como .>ascesis, >cruz, pecado [>Pecador-pecado], >caridad, >itinerario espiritual, >oraci\u00f3n, trabajo [>Trabajador], > tiempo libre, etc., para hacerlos asimilables por los cristianos de ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>d) Corresponde, por \u00faltimo, a las generaciones futuras la tarea de recuperar para la espiritualidad cristiana amplias zonas humanas donde se comunica creativamente el Esp\u00ed\u00adritu. Por ejemplo, el arte en sus diversas expresiones. Si en la tradici\u00f3n occidental se ha considerado la est\u00e9tica casi como algo superfluo, el d\u00ed\u00ada de ma\u00f1ana habr\u00e1que valorizarla como \u00abaut\u00e9ntico aprendizaje del acto creador. Es decir, la est\u00e9tica es menester que sea ahora comprendida como la ciencia y el modo de vivir y revivir, a trav\u00e9s de las obras de arte, el acto espec\u00ed\u00adficamente humano gracias al cual el hombre sobrepasa, mediante un trabajo creador y una iniciativa hist\u00f3rica, su propia definici\u00f3n, su pasado, sus dificultades, sus alienaciones. La est\u00e9tica suscita y resuscita las ocasiones en que el hombre, por medio de la rebeli\u00f3n o de la plegaria, por el amor, el hero\u00ed\u00adsmo o la creaci\u00f3n, llega a franquear un nuevo \u00e1mbito de la humanidad. Al >artista compete como tarea no s\u00f3lo realizar el sentido est\u00e9tico de la belleza mediante la imagen, los espect\u00e1culos, la m\u00fasica, las artes literarias y figurativas, sino adem\u00e1s despertar las conciencias, criticar las aberraciones del super-yo y de toda instituci\u00f3n, leer intuitivamente lo real y la historia anticipando de forma prol\u00e9ptica sus evoluciones; su papel es el de mediador de revelaci\u00f3n al desvelar el yo aut\u00e9ntico liberado de las estratificaciones embarazosas. Pero quiz\u00e1 el car\u00e1cter que m\u00e1s acerca al artista a la espiritualidad es la inspiraci\u00f3n, su capacidad creativa, experimentada a veces como algo superior que lo invade y lo gu\u00ed\u00ada; esta inspiraci\u00f3n rompe la rutina y la esclerosis alumbrando una obra in\u00e9dita como presagio de futuro y de esperanza.<\/p>\n<p>La apertura de la espiritualidad al arte y a las dem\u00e1s categor\u00ed\u00adas o actividades an\u00e1logas del hombre es m\u00e1s necesaria que nunca para el futuro. Si ha de sobrevenir el fin del mundo por causa, seg\u00fan Dostoievski, no de las guerras, sino de un aburrimiento general e insoportable cuando aparezca el diablo de un bostezo de dimensiones mundiales, podemos prever entonces con este autor que \u00abla belleza salvar\u00e1 al mundo\u00bb. Ser\u00e1n las obras maestras del arte humano, no carente de una chispa divina, y las obras de Dios en la arcilla humana, los santos, quienes elevar\u00e1n a los hombres por encima de lo \u00fatil y de lo funcional, para hacerles descubrir el significado de la vida como don gratuito del Dios vivo, que por caminos imprevisibles gu\u00ed\u00ada las vicisitudes hist\u00f3ricas hacia unas metas eternas.<\/p>\n<p>Porque \u00abtodo es gracia\u00bb, el futuro est\u00e1 envuelto en el misterio de la providencia divina y, pese a los signos del porvenir que podemos leer en el presente, contin\u00faa siendo imprevisible: \u00abEl cristiano est\u00e1 seguro de que el porvenir del Esp\u00ed\u00adritu divino se enarca en cada instante como una c\u00fapula por encima de todos los futuros proyectos del mundo, porque Dios es m\u00e1s libre e inventivamente ingenioso que todo lo que ha recibido de \u00e9l libertad y energ\u00ed\u00ada inventiva\u00bb.<\/p>\n<p>S. De Fiores<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Treinta a\u00f1os de vida espiritual, en \u00abRev. de Espiritualidad\u00bb, 121 (1971).-AA. VV., Fe cristiana y cambio social, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1973.-AA. VV., El futuro de la religi\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1975.-AA. VV., Oraci\u00f3n cristiana y liberaci\u00f3n, Descl\u00e9e, Bilbao 1980.-AA. VV, Movimenti ecclesiali cotemporanei, LAS, Roma 1980.-Besnard, A.-M, Una nueva espiritualidad, Estela, Barcelona 1966.-Codina. V, Teolog\u00ed\u00ada y experiencia espiritual, Sal Terrae, Santander 1977.-Colosio, 1, La espiritualidad de hoy. Caracter\u00ed\u00adsticas positivas y negativas, Eler, Barcelona 1967.-Cox, H, Las fiestas de locos, Taurus, Madrid 1972.-Chenu, M.-D, El evangelio en el tiempo, Estela, Barcelona 1966.-Folgado Fl\u00f3rez, S, Espiritualidad frente a secularizaci\u00f3n, El Escorial 1969.-Galilea, S, Vivir en tierra extra\u00f1a, Indo-American Press. Bogot\u00e1 1977.-Garc\u00ed\u00ada, C, Corrientes nuevas de teolog\u00ed\u00ada espiritual, Studium, Madrid 1971.-Gonz\u00e1lez de Cardedal, O, Elogio de la encina, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1973.-Greeley. A. M, El hombre no secular. Persistencia de la religi\u00f3n, Cristiandad. Madrid 1974.-Guerra, A, Situaci\u00f3n espiritual contempor\u00e1nea, Espiritualidad, Madrid 1980.-Sanson, H. Espiritualidad de la vida activa, Herder, Barcelona 1964.-Thurian, M, El hombre moderno y la vida espiritual, Estela, Barcelona 1965.-Sudbrack, .1, Prognosis de una futura espiritualidad, Studium, Madrid 1972.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Despertar espiritual de nuestro tiempo: 1. Recurso al ocultismo; 2. Inter\u00e9s por la meditaci\u00f3n oriental; 3. Movimientos religiosos comunitarios; 4. Sensibilidad ante la dimensi\u00f3n trascendente de la experiencia &#8211; II. Exodo cultural de la espiritualidad: 1. Necesaria aceptaci\u00f3n de las mediaciones culturales; 2. Aportaciones de la espiritualidad a la cultura: 3. Superaci\u00f3n de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/espiritualidad-contemporanea\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abESPIRITUALIDAD CONTEMPORANEA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17081","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17081","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17081"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17081\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17081"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17081"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17081"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}