{"id":17085,"date":"2016-02-05T11:07:42","date_gmt":"2016-02-05T16:07:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hombre-espiritual\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:42","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:42","slug":"hombre-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hombre-espiritual\/","title":{"rendered":"HOMBRE ESPIRITUAL"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Pr\u00f3logo a la historia humana &#8211; II. El hombre en la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica &#8211; III. Acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la historia humana salvifica &#8211; IV. La obra espiritual de Jesucristo &#8211; V. De hombre carnal a hombre espiritual &#8211; VI. La norma como principio de espiritualizaci\u00f3n &#8211; VII. El hombre espiritual &#8211; VIll. Toda actividad humana se hace espiritual &#8211; IX. El hombre espiritual como imagen de Dios.<\/p>\n<p>I. Pr\u00f3logo a la historia humana<br \/>\nSi se quiere indicar el sentido espiritual, innato en la vida del hombre, es preciso remontarse a los acontecimientos que preceden y originan la existencia humana. Mas por tratarse de acontecimientos que fundamentan la historia humana y la preceden, s\u00f3lo pueden bosquejarse de una manera m\u00ed\u00adtica, es decir, cual narraci\u00f3n de una realidad aut\u00e9ntica tras repensarla con imaginativa intuici\u00f3n; cual acontecimiento real reconstruido luego a partir de datos s\u00f3lo verificables en sus consecuencias actuales; cual acontecimiento \u00fanicamente cognoscible a trav\u00e9s de lo que con posterioridad ha ocurrido o de lo que pueda tener lugar en el futuro. El mito se cuenta porque es capaz de fundamentar el presente en sus elementos constitutivos, pero no como tina experiencia que haya controlado el narrador en el momento de su realizaci\u00f3n. Si no se recordaran estos acontecimientos prehist\u00f3ricos, no se podr\u00ed\u00ada comprender la situaci\u00f3n actual del universo ni se podr\u00ed\u00ada intuir, ni siquiera gen\u00e9ricamente, el punto en que desemboca la historia humana. Por todo ello, el acontecimiento prehist\u00f3rico puede y debe narrarse; pero en dependencia de las experiencias actuales, seg\u00fan las conjeturas probables recabadas de la cultura presente, en conexi\u00f3n con las posibles previsiones sobre el futuro de la existencia humana y haciendo uso sobre todo de las indicaciones que ofrece la revelaci\u00f3n. En semejante narraci\u00f3n se integran y est\u00e1n presentes a la vez datos de fe junto con formas m\u00ed\u00adticas, experiencias hist\u00f3ricas, reflexiones culturales actuales y perspectivas prof\u00e9ticas escatol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 medida estamos hoy d\u00ed\u00ada capacitados para indicar los acontecimientos que han precedido y causado la presente historia humana? \u00bfQu\u00e9 sentido confieren a la existencia terrena? Si tienen capacidad de\u2020\u00a2 orientar la experiencia humana, \u00bfhacia qu\u00e9 forma definitiva?<br \/>\nEl Padre cre\u00f3 en el Verbo, mediante el Esp\u00ed\u00adritu, el primer hombre, el cual desde el principio recibi\u00f3 la misi\u00f3n de expresar la perfecci\u00f3n suprema, a la que estaba llamada la creaci\u00f3n entera. Y este primer hombre es la humanidad asumida por el Verbo, Cristo Se\u00f1or. El, en su configuraci\u00f3n perfecta, precede a cualquier otra criatura y anuncia su forma definitiva: en su ser personal est\u00e1 esculpido el plan divino sobre toda la creaci\u00f3n (Col 1,26; Ef 1,11-12); constituye el principio y el t\u00e9rmino de lo creado. \u00abYo soy el alfa y la omega, el principio y el fin\u00bb (Ap 21,6). El Padre se sirvi\u00f3 de Cristo para crear todas las cosas existentes: \u00abTodo fue creado por \u00e9l y para \u00e9l, \u00e9l mismo existe antes que todas las cosas y todas ellas en \u00e9l subsisten\u00bb (Col 1,16-17; In 1,3). El Padre eligi\u00f3 a Cristo como intermediario para continuar su creaci\u00f3n (In 5,17) y llevarle a su completa perfecci\u00f3n. \u00abPara recapitular todas las cosas en Cristo, las de los cielos y las de la tierra\u00bb (Ef 1,10).<\/p>\n<p>Dios Padre, mediante la obra maestra de la humanizaci\u00f3n del Verbo, destinaba la creaci\u00f3n a ser un reflejo de las relaciones divinas intratrinitarias, una manifestaci\u00f3n externa de la generaci\u00f3n del Verbo por parte del Padre en el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El Verbo, asistiendo a la creaci\u00f3n y teniendo que llevarla a su t\u00e9rmino, hab\u00ed\u00ada sido constituido primicia de la creaci\u00f3n perfecta; hab\u00ed\u00ada asumido una humanidad ya hecha esp\u00ed\u00adritu, una realidad creatural habitada para vivir junto a Dios y en Dios. Cristo era desde el comienzo una carne pneumatizada; era el Se\u00f1or hecho esp\u00ed\u00adritu viviente en la vida caritativa divina, destinado a hacer a todo hombre part\u00ed\u00adcipe de su propia filiaci\u00f3n divina.<\/p>\n<p>Mientras el Cristo Esp\u00ed\u00adritu es anterior a toda realidad temporal, Ad\u00e1n y Eva fueron creados dentro de la dimensi\u00f3n del tiempo. No fueron puestos en la perfecci\u00f3n de Cristo ni en su situaci\u00f3n terminal. En comparaci\u00f3n con el Verbo, hombre-pneumatizado, Ad\u00e1n \u00abera todav\u00ed\u00ada un ni\u00f1o (nepios)\u00bb, es decir, \u00abfue creado ser intermedio (m\u00e9sos), ni del todo mortal ni absolutamente inmortal, sino capaz (dektik\u00f3s) de lo uno y lo otro\u00bb&#8216;. Ad\u00e1n es el primer hombre llamado a inaugurar en la humanidad la participaci\u00f3n en la vida divina caritativa propia de Cristo, pero mediante una realizaci\u00f3n progresiva en la historia. Tiene la misi\u00f3n de pneumatizarse, es decir, llegar a saber convivir junto a Dios Padre, a compartir su vida divina caritativa y establecerse en la existencia de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad. \u00abDios transport\u00f3 a Ad\u00e1n desde la tierra de la que hab\u00ed\u00ada sido sacado al para\u00ed\u00adso y le dio un principio de progreso (aphorm\u00e9n prokop\u00e9s), en virtud del cual pudiera desarrollarse y llegar a la perfecci\u00f3n (au.x\u00f3n\u00f3n kai t\u00e9leios), e incluso a ser proclamado dios y llegar al cielo en posesi\u00f3n de la inmortalidad\u00bb4. De manera que el hombre por su vocaci\u00f3n est\u00e1 \u00abllamado a ser dios\u00bb \u00bfQu\u00e9 camino deb\u00ed\u00ada tomar Ad\u00e1n para hacerse un hombre nuevo, totalmente espiritual, capaz de habitar en el interior de la existencia divina, expresi\u00f3n viva de una creaci\u00f3n llegada a su t\u00e9rmino perfectivo? Deb\u00ed\u00ada uniformarse con Cristo, dejarse transformar en \u00e9l, convivir dentro de su esp\u00ed\u00adritu de caridad, formar como una vida \u00fanica con la suya. Ad\u00e1n deb\u00ed\u00ada orientarse a Cristo como la meta de toda la creaci\u00f3n, como la obra maestra consumada y consumadora del universo, como el proyecto divino concretizado ya en s\u00ed\u00ad mismo. No solamente \u00abel Verbo es la mano de Dios que act\u00faa sobre el hombre\u00bb, sino que, con vistas al Verbo humanizado, \u00abDios cre\u00f3 las esencias de los seres\u00bb. \u00abHemos recibido el pensamiento con el fin de conocer a Cristo; el deseo, con el fin de correr hacia \u00e9l; la memoria, con el fin de recordarlo. El era el modelo de todas las criaturas, con el fin de poder uniformarnos con Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Ad\u00e1n y Eva aceptan la grandiosa oferta de \u00abser como Dios no conociendo la muerte\u00bb (G\u00e9n 3,4-5), pero descartando la v\u00ed\u00ada intermedia de su propia dependencia de Cristo Se\u00f1or; exigen autonom\u00ed\u00ada para elevarse hacia la existencia a la manera divina. Pecado caracterizado por la pretensi\u00f3n de saber remontarse a la intimidad divina sin confiarse a Cristo; pecado de poder morar en Dios por s\u00ed\u00ad solos, como personas humanas, y no como miembros del Cristo integral.<\/p>\n<p>Los hombres, emigrantes en la tierra, ten\u00ed\u00adan necesidad de ser liberados de su pecado y, al mismo tiempo, de ser auxiliados para remontarse hacia la vida espiritual bienaventurada, a la que estaban destinados desde el comienzo. \u00bfQui\u00e9n los habr\u00ed\u00ada redimido, y a la vez, los habr\u00ed\u00ada hecho part\u00ed\u00adcipes de la vida caritativa de Dios? Ellos, en la experiencia de su estado pecaminoso, se hab\u00ed\u00adan olvidado de que la \u00fanica salvaci\u00f3n estaba en Cristo Se\u00f1or; de que s\u00f3lo con \u00e9l y en \u00e9l pod\u00ed\u00adan hacerse part\u00ed\u00adcipes del inmenso amor de Dios; de que \u00fanicamente el Verbo humanizado pod\u00ed\u00ada llevar a su t\u00e9rmino a toda la creaci\u00f3n, recapitul\u00e1ndola para gloria del Padre celestial. Dios, en su inmensa misericordia, revel\u00f3 e hizo posible en la plenitud de los tiempos su proyecto primitivo. El \u00abnos hizo conocer su plan secreto, que llev\u00f3 a cabo despu\u00e9s, en la plenitud de los tiempos, al recapitular todas las cosas en Cristo\u00bb&#8217;.<\/p>\n<p>II. El hombre en la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica<br \/>\nLa mentalidad hebrea b\u00ed\u00adblica tiende a considerar las realidades como un conjunto globalmente unitario, como un todo universal \u00fanico, simple y no descomponible. Incluso cuando describe al hombre, lo presenta no como una persona aut\u00f3noma de suyo, sino integrado en la realidad c\u00f3smico-pol\u00ed\u00adtica en un di\u00e1logo religioso con Dios, orientado totalmente a convivir con su Creador. El hombre se realiza y se cualifica de manera originaria cuando se mantiene en alianza con su Se\u00f1or a trav\u00e9s de la totalidad comunitaria, cuando camina peregrino con el universo creado en busca del \u00abrostro de Dios\u00bb (Sal 105,4).<\/p>\n<p>Los t\u00e9rminos que indican normalmente en nuestro lenguaje corriente los distintos componentes del ser humano (como, por ejemplo, alma, carne, coraz\u00f3n) designan en el lenguaje b\u00ed\u00adblico unas situaciones vividas por todo el yo en relaci\u00f3n con Yahv\u00e9. Por esta tendencia suya a mirar la realidad con una perspectiva global indivisible, la palabra revelada confunde el aspecto fisiol\u00f3gico con el aspecto ps\u00ed\u00adquico del hombre; describe las cosas con la maravilla y el encanto del ni\u00f1o que se detiene en lo particular, consider\u00e1ndolo como la totalidad. Se expresa de manera an\u00e1loga el sentido popular, que indica a las cosas o a las personas a trav\u00e9s de su aspecto singular (el rubio por los colores del cabello, el bizco por un estrabismo ocular).<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo describe concretamente la Sagrada Escritura al hombre consider\u00e1ndole de modo integral en relaci\u00f3n con su Dios? \u00bfCon qu\u00e9 t\u00e9rminos logra expresar las posibles relaciones vividas por \u00e9l en relaci\u00f3n con Yahv\u00e9? \u00bfC\u00f3mo define al hombre? La palabra revelada atestigua que el hombre es carne, es alma, es esp\u00ed\u00adritu. Carne es un t\u00e9rmino que indica no s\u00f3lo la parte externa del hombre, que corresponder\u00ed\u00ada al elemento biol\u00f3gico o material, sino al ser humano que, relacionado con Dios, aparece mortal, d\u00e9bil y fr\u00e1gil. \u00abToda carne es hierba, toda su gloria como flor del campo. Se agosta la hierba, la flor se marchita\u00bb (Is 40,6-7). El hombre-carne es como una flor silvestre, como el polvo del que se ha extra\u00ed\u00addo, como sombra fugaz. Est\u00e1 relegado a una existencia inestable, ef\u00ed\u00admera y caduca (2 Cor 4,11; Sant 1,10-11; 1 Pe 1,24). Si el hombre-carne muestra tener vida es porque su fragilidad se apoya en la fuerza viva de Dios (Sal 104,29-30). Un yo arreligioso se autodestruiria en su misma prerrogativa de viviente, puesto que su existencia est\u00e1 arraigada, se conserva y profundiza en el don de Dios (Is 42,5; Sal 104,28s; Dt 32,39).<\/p>\n<p>Si el hombre-carne puede esperar el gozo de una vida futura (vida bienaventurada), no es en virtud de un principio inmortal presente en el yo (puesto que el ser humano es totalmente carne mortal), sino por don de Dios misericordioso: porque permanece en contacto con el Omnipotente, que lo aferra con \u00abmano fuerte\u00bb, porque ha podido inaugurar una intimidad de amistad con un Dios inmensamente bueno, que es fuente de vida. Precisamente porque es carne, el hombre conoce la ca\u00ed\u00adda espiritual, se pierde en el pecado, se disipa en la miseria espiritual. El hombre carnal, seg\u00fan san Pablo, es el hombre pecador, dispuesto a dispersarse en mezquindades espirituales (G\u00e1l 5,19-21; 1 Cor 3,1-4). Pablo pregunta a los de Corinto: \u00ab\u00bfNo sois a\u00fan carnales y viv\u00ed\u00ads a lo humano?\u00bb (1 Cor 3,3).<\/p>\n<p>El hombre es alma. El t\u00e9rmino alma designa no una entidad espiritual, sino un modo caracterizador de todo el yo: indica el ser humano en cuanto vivo, en cuanto que participa del principio de la vida. El alma (o la vida humana) puede considerarse en relaci\u00f3n con la carne mortal o en relaci\u00f3n con una existencia inmortal. Puede referirse a un estado terreno fr\u00e1gil y pecaminoso o a una conducta totalmente espiritual. Se encuentra en una situaci\u00f3n dial\u00e9ctica; puede caracterizar a un ser vivo agredido por la muerte eterna o abierto a una vida imperecedera (cf Mc 8,34-37). Es como la vida: una fuerza que puede tener la cualidad de terrena o eterna, humana o divina, fugaz o inmortal.<\/p>\n<p>El hombre es esp\u00ed\u00adritu. Seg\u00fan la mentalidad sem\u00ed\u00adtica, el t\u00e9rmino esp\u00ed\u00adritu no es tanto una perfecci\u00f3n existente en Dios cuanto una cualificaci\u00f3n perfectiva en relaci\u00f3n con el hombre. Por eso, si el hombre tiene vida y bondad moral es porque se lo ha comunicado el Esp\u00ed\u00adritu de Dios (Job 34,14-15; 1 Sam 10,6; Sal 51,12s). El esp\u00ed\u00adritu en el hombre es vida dada por Dios y orientada a \u00e9l; es existencia originada por Yahv\u00e9 y vivida seg\u00fan su voluntad; es fuerza que se apodera de todo el hombre y lo dirige a su Se\u00f1or; es inspiraci\u00f3n que hace a los hombres profetas seg\u00fan el plan divino (1 Sam 16,13; Is 6,1s; Jer 1,4s; JI 3,1-2). De esta forma el Esp\u00ed\u00adritu es la potencia de Dios que act\u00faa sobre el hombre: \u00abSobre \u00e9l [el Mes\u00ed\u00adas] se posar\u00e1 el Esp\u00ed\u00adritu de Yahv\u00e9\u00bb (Is 11,2). B\u00ed\u00adblicamente, el hombre, al definirse como quien est\u00e1 en coloquio vital con Dios, es verdaderamente hombre en virtud del esp\u00ed\u00adritu de Yahv\u00e9 (N\u00fam 16,22; 27,16). Sin el esp\u00ed\u00adritu, la existencia humana carecer\u00ed\u00ada de su nota esencial m\u00e1s elevada. Cada vez que Dios intenta orientar hacia s\u00ed\u00ad a una persona de manera total y profunda, le comunica un esp\u00ed\u00adritu nuevo (Ez 11,19-20). Este esp\u00ed\u00adritu transforma al yo, armoniz\u00e1ndolo con Yahv\u00e9, y sabe infundirle una voluntad cooperadora con el impulso del Se\u00f1or (Prov 1,23; Job 32,8).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad, el hombre, en todo su ser y en cada fibra, es a la vez carne (ser mortal estancado en la tierra), alma (dinamismo vital difundido en toda la persona) y esp\u00ed\u00adritu (vida unida a su fuente divina). En estos tres t\u00e9rminos, reunidos e integrados rec\u00ed\u00adprocamente entre s\u00ed\u00ad, radica la concepci\u00f3n del hombre. M\u00e1s a\u00fan: se puede ver sintetizada en ellos la historia de la andadura humana; se puede comprender la vocaci\u00f3n a que est\u00e1 destinado de forma definitiva el g\u00e9nero humano. De hecho, el primer hombre, Ad\u00e1n, al principio fue hecho viviente (alma), con posibilidad de hacerse inmortal en el seno de la intimidad divina por virtud del Verbo encarnado (esp\u00ed\u00adritu) o, si se rebelaba, de volverse mortal, reduci\u00e9ndose al polvo del que hab\u00ed\u00ada sido sacado (carne). Al pecar vino a ser \u00abun alma terrestre y material sin logos\u00bb . Vivi\u00f3 la amarga experiencia de lo que significa equivocar el camino que conduce a ser esp\u00ed\u00adritu; gust\u00f3 el amargo sabor de una vida carnal.<\/p>\n<p>El naufragio acaecido en el mal, \u00bfexcluy\u00f3 definitivamente al hombre-carnal de su participaci\u00f3n en el esp\u00ed\u00adritu? \u00bfEst\u00e1 totalmente relegado ya a ser solamente carne? \u00bfO bien tiene todav\u00ed\u00ada posibilidad de hacerse esp\u00ed\u00adritu? \u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 orientarlo en la nueva empresa?<br \/>\nIII. Acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la historia humana salv\u00ed\u00adfica<br \/>\nSe ha indicado que el hombre err\u00f3 al no aceptar la oferta que le brindaba la providencia divina de hacerse capaz de una vida uniformada con la vida caritativa de Dios. El hombre tuvo as\u00ed\u00ad la posibilidad de conocerse como pecador, encerrado en su propio ego\u00ed\u00adsmo. retenido constantemente en amargas situaciones de incomunicabilidad. Sin embargo, el hombre va experimentando tambi\u00e9n unas amables aperturas a los dem\u00e1s, sabe expresarse como don que se ofrece, se sacrifica por el bien de los hermanos, le gusta olvidarse de su propio provecho por el ajeno y anhela proporcionar alegr\u00ed\u00ada a la comunidad. Todo esto es se\u00f1al de que entre los hombres se ha difundido el Esp\u00ed\u00adritu de Dios, que es amor y don: es testimonio de que existe entre ellos una cierta participaci\u00f3n de la vida de relaci\u00f3n oblativa subsistente en Dios.<\/p>\n<p>Propiamente, el Esp\u00ed\u00adritu difunde entre los seres humanos las relaciones comunicativas de amor, no como est\u00e1n en Dios, sino como han sido vividas en Cristo (DV 2; AG 4). El Esp\u00ed\u00adritu introdujo primeramente a la humanidad del Se\u00f1or Jes\u00fas en las relaciones comunitarias divinas de la forma m\u00e1s elevada posible a la criatura humana. En cierto modo, el Esp\u00ed\u00adritu disolvi\u00f3 el ser creado del Redentor en la experiencia del amor increado; lo impuls\u00f3 a una progresiva superaci\u00f3n de los estrechos l\u00ed\u00admites creados, de manera que al fin se manifestara como un esp\u00ed\u00adritu resucitado. Por esta experiencia espiritual, Cristo ha personificado la forma m\u00e1s elevada del amor que se entrega, del amor que ofrece la propia vida, del Salvador constituido en gracia para los hombres, del Mes\u00ed\u00adas que ha sabido instalarse para si y para los dem\u00e1s en la intimidad del amor del Padre.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu va difundiendo entre los hombres este mismo estado espiritual que comunic\u00f3 a Cristo; va ofreci\u00e9ndoles la forma caritativa del Se\u00f1or Jes\u00fas y elev\u00e1ndolos para que sean \u00abhijos en el Hijo\u00bb; va suscitando en ellos unas relaciones con Dios seg\u00fan los sentimientos de Jesucristo; va despertando en sus \u00e1nimos los afectos que el Se\u00f1or alimenta con respecto al Padre. La obra del Esp\u00ed\u00adritu no puede separarse de la vida vivida en Cristo, hasta el punto de que san Pablo emplea como totalmente equivalentes las f\u00f3rmulas \u00aben Cristo\u00bb y \u00aben el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Solamente en Cristo y a trav\u00e9s de Cristo es capaz el Esp\u00ed\u00adritu de hacer comprender c\u00f3mo Dios es providente, es caridad, es el \u00fanico verdadero Padre, es aquel que nos ha redimido, el que ha entrado en alianza en nuestra historia. Todo ello est\u00e1 conforme con el proyecto divino, seg\u00fan el cual la perfecci\u00f3n de lo creado debe realizarse como una perspectiva que integra a Cristo, como la configuraci\u00f3n del Verbo, realizada en modo tal entre los hombres y en el universo creado.<\/p>\n<p>Cuando reflexiona sobre la experiencia espiritual humana, la Sagrada Escritura describe de distintos modos la obra del Esp\u00ed\u00adritu. Entre todos estos atributos, aparecen como m\u00e1s significativos en relaci\u00f3n con la historia salv\u00ed\u00adfica los de \u00abdador de vida\u00bb y \u00abdador de comuni\u00f3n\u00bb. Dador de vida y dador de comuni\u00f3n tienen un mismo significado: vida divina dada por el Esp\u00ed\u00adritu, que se traduce en vida de comuni\u00f3n entre las personas en Cristo. El Esp\u00ed\u00adritu genera y difunde vida, santificaci\u00f3n, verdad, profec\u00ed\u00ada y milagros, pero como un modo de hacer a las personas comunicables entre s\u00ed\u00ad en Cristo. El lo da todo en Cristo en cuanto que el Se\u00f1or Jes\u00fas es el ser relacional de grado absoluto. Cristo es uni\u00f3n caritativa en virtud del Esp\u00ed\u00adritu que en \u00e9l habita plenamente.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu es comuni\u00f3n e intimidad incluso en el modo de actuar sobre la vida humana. No es adecuado considerar esp\u00ed\u00adritu y \u00e1nimo humano como dos entidades extra\u00f1as que se encuentran. Como si el hombre espiritual fuera el yo d\u00f3cil a las sugerencias que el Esp\u00ed\u00adritu dicta desde el exterior. Hombre espiritual es aquel que percibe la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu como un componente nuevo de s\u00ed\u00ad mismo; el que vive el devenir pascual en Cristo como una experiencia interiorpropia; el que vive el don de la caridad como una maduraci\u00f3n \u00ed\u00adntima. Este proceso es an\u00e1logo al que tiene lugar en las relaciones entre intelecto y afectividad, seg\u00fan la concepci\u00f3n de los orientales. Para ellos la inteligencia debe descender al coraz\u00f3n para hallar su propia clarividencia y asumir los sentimientos del hombre en orden a transformarlos. De esta forma expresa el Esp\u00ed\u00adritu su caridad iluminadora en ellos y mediante ellos.<\/p>\n<p>El Esp\u00ed\u00adritu, al comunicar la gracia caritativa a los creyentes, va formando ya desde ahora la nueva existencia de los hombres en el Cristo integral, que est\u00e1 constituido en la tierra por la comunidad eclesial (cf LG 8). All\u00ed\u00ad donde genera comuni\u00f3n de amor caritativo, el Esp\u00ed\u00adritu construye con este amor alguna realidad en la vida del Se\u00f1or Jes\u00fas, realiza su cuerpo integral, actualiza una dimensi\u00f3n eclesial de Cristo. La Iglesia, en cuanto cuerpo espiritual, no puede ser sino el cuerpo de Cristo. Sus mismos ministerios carism\u00e1ticos, conferidos por el Esp\u00ed\u00adritu, se conciben \u00fanicamente como partes integrantes del cuerpo eclesial del Se\u00f1or. El esp\u00ed\u00adritu divide a la Iglesia en \u00ab\u00f3rdenes\u00bb, estableciendo entre ellos una entidad relacional; la enriquece con diversas mansiones, con vocaciones carism\u00e1ticas, con dones prof\u00e9ticos y ministerios apost\u00f3licos (AG 4).<\/p>\n<p>Todo don carism\u00e1tico ofrecido por el Esp\u00ed\u00adritu a cada una de las almas se caracteriza por estar siempre exclusivamente en funci\u00f3n del Cristo integral y eclesial. La obra propia del Esp\u00ed\u00adritu es la koinon\u00ed\u00ada (comuni\u00f3n o comunicaci\u00f3n); hace participar de la plenitud de Cristo. Por esta koinon\u00ed\u00ada el Esp\u00ed\u00adritu induce a todos y cada uno de los fieles a pensar y actuar como miembros del cuerpo m\u00ed\u00adstico, de forma que los unos cuiden de los otros (1 Cor 12,25) y tiendan \u00ed\u00adntimamente a comportarse \u00abseg\u00fan el todo\u00bb, a \u00abpensar y querer en el coraz\u00f3n de todos\u00bb (Moehler).<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, la vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu difundida entre los creyentes da testimonio de que Dios se integra cada vez m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente en su obra creada, de que se dedica cada vez con m\u00e1s profundidad a sumergir la vida humana en la divina. Y mediante esta presencia caritativa en la historia humana se ve claramente que el Esp\u00ed\u00adritu es un poder existente en lo \u00ed\u00adntimo de la vida divina trinitaria, una relaci\u00f3n de la que tomarealidad y sentido cualquier otra relaci\u00f3n, lugar de intercambio de los deseos divinos y una comuni\u00f3n unitaria entre el Padre y el Hijo, con un amor que se llama Dios.<\/p>\n<p>IV. La obra espiritual de Jesucristo<br \/>\nEl Verbo, habi\u00e9ndose humanizado antes de que comenzara la historia humana y c\u00f3smica, se presentaba como Esp\u00ed\u00adritu viviente en la intimidad divina, como obra maestra de toda la creaci\u00f3n futura, como modelo del camino terminal de toda la humanidad y como vocaci\u00f3n ideal de todos los hombres. Ante la triste desviaci\u00f3n pecaminosa de los primeros padres, el Verbo humanizado comprendi\u00f3 la necesidad de abandonar su estado espiritual glorioso y de encarnarse en el estado humano ca\u00ed\u00addo. As\u00ed\u00ad pod\u00ed\u00ada abrir a los hombres pecadores el nuevo camino para reincorporarse al estado espiritual de participaci\u00f3n de la caridad del Padre. Cristo \u00abteniendo (ya) la naturaleza gloriosa de Dios, no consider\u00f3 como codiciable tesoro el mantenerse igual a Dios, sino que se anonad\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo, tomando la naturaleza de siervo y haci\u00e9ndose semejante a los hombres\u00bb (Flp 2,6-7). De esp\u00ed\u00adritu ya glorioso \u00abse hizo carne\u00bb (Jn 1,14). Vivi\u00f3 el limite humano propio de una condici\u00f3n carnal; se present\u00f3 como hombre f\u00ed\u00adsicamente d\u00e9bil de energ\u00ed\u00adas, condicionado por la cultura de su \u00e9poca, capaz de fracasar seg\u00fan el raciocinio humano, sujeto a una maduraci\u00f3n progresiva en la afectividad.<\/p>\n<p>La misi\u00f3n redentora del Verbo no se realiz\u00f3 por el hecho de la encarnaci\u00f3n. El asumi\u00f3 la carne mortal para pneumatizarla; la acept\u00f3 marcada por el pecado con el intento de hacerla \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb. Cristo llev\u00f3 a cabo este tr\u00e1nsito primero en s\u00ed\u00ad mismo, a fin de capacitarse para comunicar una transformaci\u00f3n semejante a todos los dem\u00e1s hombres. Venciendo la debilidad de su propia carne, se constituy\u00f3 en redentor de las debilidades de toda criatura humana; consiguiendo una vida personal nueva, pudo comunicarla a todo viviente (cf GS 22). \u00abDios, enviando a su propio Hijo en carne semejante a la del pecado y condenando, a causa del pecado, al mismo pecado en la carne, para que la justicia de la Ley se cumpliese en nosotros, los que andamos no seg\u00fan la carne, sino seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Rom 8,3-4; cf 2 Cor 5,21; G\u00e1l 3,13).<\/p>\n<p>\u00bfDe qu\u00e9 forma hizo Jes\u00fas esp\u00ed\u00adritu su propia carne? Mediante el \u00bb misterio pascual de su muerte y resurrecci\u00f3n. Este misterio no ocurri\u00f3 solamente al t\u00e9rmino de su existencia terrena, sino que impregn\u00f3, anim\u00f3 y transform\u00f3 toda su existencia. La vida terrena del Se\u00f1or estuvo entretejida y penetrada \u00ed\u00adntimamente por los dos movimientos constitutivos del sentido pascual: vaciamiento-plenitud, humillaci\u00f3n (k\u00e9nosis)-glorificaci\u00f3n, esclavitud-libertad, muerte a la carne y vida en el esp\u00ed\u00adritu. No obstante, seg\u00fan las diversas situaciones individuales vividas por Cristo, el mismo misterio pascual revisti\u00f3 caracter\u00ed\u00adsticas y determinaciones particulares (cf Flp 2,5-11). Es cierto que el Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 presente en Cristo de forma integral desde el comienzo de su encarnaci\u00f3n. Concebido por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo (Mt 1,20), Jes\u00fas posee el Esp\u00ed\u00adritu como algo propio (Jn 16,14s), por encima de toda medida (Jn 3,34), hasta el punto de manifestarlo mediante toda su actividad (Le 4,14). Y, sin embargo, el Esp\u00ed\u00adritu se ha dado a Cristo sucesivamente en formas nuevas m\u00e1s profundas, hasta el punto de pneumatizar todo su ser carnal.<\/p>\n<p>La vida del Se\u00f1or expres\u00f3, por una parte, un progresivo humanizarse de la carne marcada por la esclavitud de la muerte y el humillante anonadamiento y, por otra parte, crucific\u00f3 la vida de la carne hasta el punto de encaminarse hacia la participaci\u00f3n \u00ed\u00adntima en la existencia divina trinitaria. La vida nueva seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu divino se edific\u00f3 sobre las ruinas de su carne destruida. Para Cristo, la transformaci\u00f3n en \u00abesp\u00ed\u00adritu\u00bb signific\u00f3 poseer una vida imperecedera y plena, semejante a la de Dios. Fue un saberse expresar en la caridad perfecta que caracteriza la existencia de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad. Fue la conquista de un yo que, superando la innata debilidad carnal, se proclam\u00f3 se\u00f1or; quiso mostrar que se hab\u00ed\u00ada uniformado en todo con el Padre celestial, incluso en la profunda intimidad interior. De esta forma, aunque Jesucristo pose\u00ed\u00ada al principio el Esp\u00ed\u00adritu, su yo humano se hizo Esp\u00ed\u00adritu con la resurrecci\u00f3n y as\u00ed\u00ad se convirti\u00f3 en \u00abSe\u00f1or para gloria de Dios Padre\u00bb (Flp 2,11; Rom 1,3-4; 2 Tim 2,8; 1 Pe 3,18). Cristo resucitado, transformado en Esp\u00ed\u00adritu en su mismo ser carnal, tiene la capacidad de llamar a toda carne hacia su esp\u00ed\u00adritu; tiene la posibilidad de hacer participar a los dem\u00e1s de su estado de resucitado; tiene la personal habilidad de transformar a todo ser humano en una forma pneumatizada, orient\u00e1ndolo a convivir en su caridad para con el Padre. Cristo resucitado, libre ya de los condicionamientos delimitantes de la carne marcada por el pecado, puede comunicar a todo hombre su gracia salv\u00ed\u00adfica de una forma sacramental, es decir, mediante su humanidad pneumatizada (PO 5). \u00abDe sus entra\u00f1as [es decir, del seno del Mes\u00ed\u00adas resucitado] manar\u00e1n r\u00ed\u00ados de agua viva. Esto lo dijo refiri\u00e9ndose al Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Jn 7,38-39). Pentecost\u00e9s (es decir, la comunicaci\u00f3n de la vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu) tiene lugar cuando termina la cincuentena pascual (He 2,1), es decir, cuando se llega a la plenitud de la pascua de Cristo, seg\u00fan el antiguo simbolismo. \u00abSi la pascua fue el comienzo de la gracia, pentecost\u00e9s es su coronamiento\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn). Pentecost\u00e9s es la misma pascua tomada en un sentido completo, con su fruto, que es el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>El Cristo glorioso sigue siendo la cabeza del cuerpo m\u00ed\u00adstico eclesial peregrinante en la tierra. Contin\u00faa siendo el salvador del pueblo creyente. Este cuerpo integral, extendido por toda la tierra, permanece condicionado por la carne en el devenir pascual, orientado a transformarse en un esp\u00ed\u00adritu totalmente resucitado. La humanidad, que se renueva en el mundo, renueva de forma an\u00e1loga la encarnaci\u00f3n del Verbo, porque es una humanidad que se ofrece a la experiencia pascual para completar el cuerpo de Cristo resucitado.<\/p>\n<p>En el cuerpo m\u00ed\u00adstico eclesial, el Esp\u00ed\u00adritu se encuentra en continua gestaci\u00f3n (G\u00e1l 4,19). Gracia, caridad, carismas, mensaje de verdad evang\u00e9lica y todos los dem\u00e1s bienes del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo en la tierra son factores que se sit\u00faan en el marco de una cierta debilidad y precariedad humana. Cuando el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or celebra y comunica en la eucarist\u00ed\u00ada la unidad fraterna de la caridad, \u00e9sta no se manifiesta con claridad entre los fieles, porque la gracia del Se\u00f1or en la comunidad eclesial se expresa como gracia del misterio pascual uniformado con las debilidades de la carne. La gracia sacramental y todo don del Esp\u00ed\u00adritu son \u00fanicamente un lento evolucionar seg\u00fan el misterio pascual, un resucitar inicial dentro de un estado de carne, un tender a la participaci\u00f3n de la vida divina en un estado alienado por el pecado. \u00abSabemos, efectivamente, que toda la creaci\u00f3n gime y est\u00e1 en dolores de parto hasta el momento presente; y no s\u00f3lo ella, sino tambi\u00e9n nosotros, que tenemos las primicias del Esp\u00ed\u00adritu, gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopci\u00f3n filial, la redenci\u00f3n de nuestro cuerpo, porque en la esperanza fuimos salvados\u00bb (Rom 8,19-24) [>Hijos de Dios].<\/p>\n<p>V. De hombre carnal a hombre espiritual<br \/>\nEl hombre se experimenta a s\u00ed\u00ad mismo inmerso en medio de fuerzas disgregantes, en medio de llamadas contradictorias. con la experiencia de un ser ef\u00ed\u00admero y fr\u00e1gil, pero con la ambici\u00f3n interior de inmortalidad. Se establece una especie de lucha a muerte en la interioridad profunda de su ser, \u00abporque la carne lucha contra el esp\u00ed\u00adritu y el esp\u00ed\u00adritu contra la carne, pues estas cosas est\u00e1n una frente a otra\u00bb (G\u00e1l 5,17; cf Mt 26,41).<\/p>\n<p>Seg\u00fan los padres de la Iglesia, un conflicto interior indica que los elementos diversos presentes en el hombre no est\u00e1n bien coordinados entre s\u00ed\u00ad. \u00abTres cosas constituyen al hombre perfecto: la carne, el alma y el Esp\u00ed\u00adritu. Una de estas tres cosas salva y forma, el Esp\u00ed\u00adritu. Otra es salvada y formada, es decir, la carne. Y otra, por fin, se encuentra entre las dos: es el alma, que a veces sigue al Esp\u00ed\u00adritu y emprende su vuelo gracias a \u00e9l, y a veces se deja persuadir por la carne y cae en las concupiscencias terrenas\u00bb\u00bb. Dar testimonio de que el hombre re\u00fane en s\u00ed\u00ad mismo diversos componentes que lo desgarran en un estado de contradicciones internas significa que el hombre yace en un estado provisional, que est\u00e1 encaminado hacia su consumaci\u00f3n, que todav\u00ed\u00ada espera su forma perfecta, y que, en la actualidad, carece de la plenitud de vida que le corresponde.<\/p>\n<p>\u00bfEn qu\u00e9 sentido puede completarse el hombre? \u00bfC\u00f3mo podr\u00ed\u00ada traducirse en \u00e9l la culminaci\u00f3n de la obra creadora? San Ireneo, meditando en la palabra revelada, explica: el hombre es perfecto cuando su carne es \u00abpose\u00ed\u00adda por el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. \u00abNo pierde la sustancia de la carne\u00bb -\u00abcomo el olivo silvestre injertado en el olivo no cesa de ser \u00e1rbol\u00bb-, sino que la carne adquiere las cualidades del esp\u00ed\u00adritu, se hace incorruptible, se espiritualiza y es capaz de instalarse en el seno de la vida misma de Dios. De este modo se crea una uniformidad interior que se abre en un amor totalmente caritativo, semejante al de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Conseguir una carne pneumatizada, totalmente comprometida en el objetivo de expresarse en caridad, significa que esta carne va adquiriendo la forma propia de Jesucristo resucitado y que se ha conformado con el cuerpo glorioso del Se\u00f1or. \u00abLa carne, pose\u00ed\u00adda por el esp\u00ed\u00adritu y olvidada de s\u00ed\u00ad misma, asume la calidad del esp\u00ed\u00adritu y se conforma con el Verbo de Dios&#8217;. El Esp\u00ed\u00adritu transforma al yo y lo habilita para asumirlo y expresarlo como por connaturalidad, introduci\u00e9ndolo en la participaci\u00f3n de la nueva vida de la caridad mediante el \u00fanico camino pascual, que fue recorrido por Cristo (GS 22).<\/p>\n<p>Seg\u00fan el proyecto divino, el Esp\u00ed\u00adritu comple&#8217;_a la creaci\u00f3n del hombre, no s\u00f3lo con el beneficio por parte de \u00e9ste de la vida recorrida por Cristo, sino tambi\u00e9n integrando a toda persona en la participaci\u00f3n del mismo misterio pascual vivido por Jes\u00fas (SC 6). Y \u00e9sta es la raz\u00f3n por la que Dios nos ha destinado a compartir la grandeza de Cristo resucitado y a hacernos miembros de su cuerpo glorioso (LG 9; GS 32). El plan creador ha sido proyectado por Dios \u00abpara manifestar en los siglos venideros la excelsa riqueza de su gracia mediante su bondad para con nosotros en Cristo Jes\u00fas\u00bb (Ef 2,7; cf Rom 11,33). El hombre est\u00e1 llamado por vocaci\u00f3n a hacerse espiritual; se sit\u00faa esencialmente de cara a Cristo resucitado, que es Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Dios no solamente pens\u00f3 en la perfecci\u00f3n creativa con respecto al hombre, integr\u00e1ndolo en el Cristo glorioso, sino que pretendi\u00f3 explicitar su continua obra creativa dentro y mediante la difusi\u00f3n o participaci\u00f3n del misterio pascual de Cristo. \u00abY todos nosotros, con la cara descubierta, reflejando como en un espejo la gracia del Se\u00f1or, nos transformamos en la misma imagen, resultando siempre m\u00e1s gloriosos, conforme obra en nosotros el Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or\u00bb (2 Cor 3,18; cf Col 3,10). La continua obra creativa del Padre en beneficio de todos y cada uno de los hombres pone de relieve la cooperaci\u00f3n cocreativa del Esp\u00ed\u00adritu con Cristo y en Cristo (Jn 5,17). Santo Tom\u00e1s precisa correctamente que la gracia que nos trae sacramentalmente el misterio pascual de Cristo es una aut\u00e9ntica recreaci\u00f3n de nuestro yo seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Dejarse transformar por el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo en sentido pascual significa admitir el cambio integral del propio ser: hacerse un hombre nuevo para ser capaz de convivir en la intimidad trinitaria de Dios, pasar del ser carnal al ser espiritual, ser capaces de amar a Dios y a los dem\u00e1s de la misma forma con que ama el Se\u00f1or y disponerse a adquirir la capacidad de la vida en caridad (cf GS 38; AG 13).<\/p>\n<p>Por esta participaci\u00f3n en el misterio pascual de Cristo, la comunidad eclesial primitiva comprobaba que los creyentes estaban ya inundados de forma embrional por el Esp\u00ed\u00adritu. Es la constataci\u00f3n gozosa que aparece en los Hechos de los Ap\u00f3stoles (2,4; 1,5; 7,55; 13,32; 19.26; 11,4-8; etc.). Es este Esp\u00ed\u00adritu quien nos une \u00ed\u00adntimamente con el cuerpo glorioso del Se\u00f1or (1 Cor 6,17); este Esp\u00ed\u00adritu es quien da testimonio de que somos hijos de Dios (Rom 8,16); este Esp\u00ed\u00adritu es quien nos ha convencido para que no seamos ya hombres carnales, sino espirituales (Rom 8,9; 1 Cor 3,1-4); este Esp\u00ed\u00adritu es quien ha infundido en nuestros corazones el mismo amor de Dios (Rom 5,5); este Esp\u00ed\u00adritu es el que crea la uni\u00f3n de paz entre los hermanos (G\u00e1l 5,21); este Esp\u00ed\u00adritu es quien nos autoriza a vivir en libre espontaneidad de amor por encima de los v\u00ed\u00adnculos legales (G\u00e1l 5,18); este Esp\u00ed\u00adritu es quien nos hace vivir ya para Dios en Cristo (Rom 6,10; 1 Pe 4,6), y este Esp\u00ed\u00adritu es quien nos hace merecer la vida eterna (G\u00e1l 6,8).<\/p>\n<p>Sin embargo, el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo no se comunica personalmente al creyente en este mundo hasta el punto de transformarlo por completo en Cristo y pneumatizarlo. En este mundo el hombre no est\u00e1 todav\u00ed\u00ada resucitado en forma integral. Tan s\u00f3lo es un ser que se est\u00e1 ejercitando dentro del camino pascual de Cristo hacia el futuro estado de resurrecci\u00f3n. Ha elegido el estado del esp\u00ed\u00adritu, y por eso se empe\u00f1a en seguir al esp\u00ed\u00adritu como norma (G\u00e1l 5,23). Aunque la presencia de lo carnal no permite vivir como hombre espiritual en plenitud y continuidad, \u00abpues no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Y si lo que no quiero hago, ya no soy yo el que lo hace, sino el pecado que habita en m\u00ed\u00ad\u00bb (Rom 7,20).<\/p>\n<p>VI. La norma como principio de espiritualizaci\u00f3n<br \/>\nLa ascesis cristiana se ha descrito algunas veces y se ha programado seg\u00fan unas normas vinculativas y prudenciales detalladas; se han expuesto sus rasgos de acuerdo con un cuadro org\u00e1nico de h\u00e1bitos virtuosos; se ha delineado su evoluci\u00f3n a trav\u00e9s de esfuerzos continuados prescritos. Cada uno de los actos espirituales se ha valorado bas\u00e1ndose en su contenido \u00e9tico y en su sentido finalista intr\u00ed\u00adnseco. En la pr\u00e1ctica, la bondad de las obras y el progreso espiritual se han juzgado en relaci\u00f3n con lo que el hombre es en su naturaleza ontol\u00f3gica, en su constituci\u00f3n inalienable de ser creado, en su configuraci\u00f3n recibida desde el principio de Dios. Se ha afirmado sint\u00e9ticamente que la norma concerniente a la vida espiritual debe recabarse fundamentalmente del ser humano personal.<\/p>\n<p>Resulta m\u00e1s apropiado afirmar que la norma subyacente a la vida espiritual cristiana debe recabarse del yo entendido en su evoluci\u00f3n seg\u00fan el misterio pascual de Cristo. Por eso se mira al ser humano creado, pero tal como se estructura en su pneumatizaci\u00f3n progresiva; se tiene en cuenta la entidad ontol\u00f3gica humana, pero en tanto en cuanto debe realizarse seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu; se observa al hombre, pero en tanto en cuanto tiende a uniformarse con Cristo resucitado. Esto significa que la ascesis debe inscribirse normativamente en reglamentos cada vez m\u00e1s espirituales.<\/p>\n<p>Semejante criterio brota de la historia salv\u00ed\u00adfica en su actuaci\u00f3n; se justifica en el cuerpo m\u00ed\u00adstico en progresiva realizaci\u00f3n; se funda en el yo que se abandona a la evoluci\u00f3n seg\u00fan el dinamismo pascual; se especifica en el hecho de que el creyente se transforma cada vez m\u00e1s en el esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, y se caracteriza por una vida personal llamada a convivir cada vez m\u00e1s con la caridad, expresi\u00f3n de la vida trinitaria que se act\u00faa en el amor. Transformarse en sentido pascual caritativo significa reconocerse hombres con una vocaci\u00f3n espiritual, o sea llamados a dejarse guiar \u00ed\u00adntimamente por el esp\u00ed\u00adritu de Cristo.<\/p>\n<p>Al decir de santo Tom\u00e1s, la vida espiritual evang\u00e9lica no se circunscribe a unas virtudes formuladas seg\u00fan la ley natural. \u00bfCu\u00e1l es la norma fundamental de la ascesis cristiana? Es la misma \u00abgracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, que se manifiesta en la fe que obra mediante la caridad. Los hombres obtienen esta gracia a trav\u00e9s del Hijo de Dios encarnado, cuya humanidad fue la primera en colmarse de la gracia, que despu\u00e9s fue derramada sobre nosotros\u00bb (S. Th., 1-II. q. 108, a. 1; cf Jn 1,16-17). \u00bfHabr\u00e1 que pensar entonces que en la vida espiritual nos basamos en un criterio exterior al hombre? \u00bfHabr\u00e1 que indagar sobre la gracia del Esp\u00ed\u00adritu, entendida como realidad objetiva claramente distinta de la vida humana? Observa santo Tom\u00e1s: \u00abPuesto que la gracia del Esp\u00ed\u00adritu Santo es como un h\u00e1bito interior infundido en nosotros, que nos inclina a obrar rectamente. nos hace realizar rectamente las cosas que convienen a la gracia y evitar lo que repugna a la gracia\u00bb (Ib, ad 2). En otras palabras, para santo Tom\u00e1s, la norma espiritual debe tomarse de la experiencia de cuantos viven seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu (cf GS 38). El primero a quien hay que mirar es a Cristo en su vida y sus ense\u00f1anzas. El se hizo Esp\u00ed\u00adritu por haber vivido y realizado el acontecer pascual en su realidad fontal. Secundariamente, se debe tomar la norma espiritual de la experiencia de la comunidad eclesial, porque ella est\u00e1 unida a Cristo y se manifiesta como el lugar privilegiado en el que act\u00faa hoy el Esp\u00ed\u00adritu (cf GS 42). Por \u00faltimo, la norma espiritual hay que saber leerla en la experiencia de cada alma, en la medida en que \u00e9sta se abre a la gracia del Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or y en la proporci\u00f3n en que ha sabido injertarse en el misterio pascual de Cristo, comunicado sacramentalmente en la Iglesia (cf DH 3).<\/p>\n<p>[>Cristocentrismo; >Jesucristo; >Iglesia II; >Experiencia cristiana; >Modelos espirituales].<\/p>\n<p>Mientras que en la experiencia y en la palabra de Cristo podemos captar la norma en su formulaci\u00f3n ut\u00f3pica perfecta; mientras que en la experiencia de la Iglesia puede leerse la norma adaptada a la maduraci\u00f3n del pueblo de Dios seg\u00fan una \u00e9poca salv\u00ed\u00adfica determinada, en la experiencia de cada alma en particular se manifiesta la norma seg\u00fan el camino espiritual recorrido por ella. La norma formulada seg\u00fan la experiencia de Cristo resucitado es definitiva y siempre nueva, porque est\u00e1 por encima de nuestra capacidad actual de bien. La norma inscrita en la experiencia eclesial es aut\u00e9ntica para los fieles, aunque puede formularse e inculturarse de modos parcialmente provisionales. La norma obtenida de la experiencia personal debe confrontarse siempre e integrarse en la de Cristo y en la de la Iglesia. En la historia de la espiritualidad, la experiencia de Cristo ha sido siempre fundamental e insustituible; la experiencia eclesial ha tenido una presencia constante, aunque alcanz\u00f3 su pleno esplendor en la Iglesia primitiva, seg\u00fan la narraci\u00f3n que ofrecen los Hechos de los Ap\u00f3stoles. En cambio, la experiencia de cada alma en particular se ha estudiado ampliamente en la vida de los santos y en el ejercicio de la direcci\u00f3n espiritual. Como quiera que cada individuo puede participar \u00fanicamente en modalidades imperfectas del misterio pascual de Cristo, tiene el deber de no establecerse de una manera permanente en la norma que percibe como exigida por su propia experiencia. Debe considerar la exigencia normativa personal como algo provisorio y ha de intentar mejorar su vida de forma que aflore en ella una gracia normativa m\u00e1s aut\u00e9ntica del Esp\u00ed\u00adritu. El fiel no s\u00f3lo est\u00e1 sujeto a la norma espiritual y es dirigido por ella, sino que tambi\u00e9n es espejo responsable de la misma; en la medida en que pasa de un vivir seg\u00fan la carne a un vivir caritativo seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu, hace posible la manifestaci\u00f3n en su propia existencia de una norma m\u00e1s conforme con la gracia del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo. El vivir en Cristo resucitado no se presenta como un elemento extra\u00f1o a la regla de la ascesis ni es el presupuesto indispensable de su consciente formulaci\u00f3n en orden a su posible conocimiento personal convincente.<\/p>\n<p>La vida seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu es totalmente nueva en s\u00ed\u00ad misma. En su forma integral es propia de Cristo resucitado y de una exigencia humana escatol\u00f3gica. En la vida actual no s\u00f3lo es irrealizable, sino que ni siquiera puede formularse en una clara normatividad; el futuro escatol\u00f3gico no puede expresarse en la cultura presente. Cualquier expresi\u00f3n normativa, incluso espiritual, es siempre y solamente indicativa de una realidad actualmente experimentable.<\/p>\n<p>En concreto, \u00bfqu\u00e9 significa en la actualidad eclesial una normatividad seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu? Indica sobre todo y ante todo el deber de comportarse como \u00abhijos en el Hijo\u00bb (G\u00e1l 4,6-7), como engendrados por el amor del Padre (1 Jn 4,7), como llamados a ser imagen del Verbo encarnado (Rom 8,29), como comprometidos a vivir en nosotros mismos las relaciones interpersonales existentes en Dios. Y ello porque \u00abDios es esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Jn 4,24). \u00abSi nos amamos los unos a los otros, Dios mora en nosotros y su amor en nosotros es perfecto. Por esto conocemos que estamos en \u00e9l y \u00e9l en nosotros, porque \u00e9l nos ha dado su Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (1 Jn 4,12-13).<\/p>\n<p>Esta norma caritativa seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu, aunque debe expresarse en su inculturaci\u00f3n, debe formularse tambi\u00e9n como provocadora para toda estructuraci\u00f3n terrena. La \u00e9tica espiritual cristiana no reniega de la realidad humana ni pretende expresarse al margen de las formas culturales actuales. Pero, a la vez que acepta expresarse en estas formas culturales, intenta dar testimonio de una necesaria trascendencia y propone tambi\u00e9n una ruptura con los esquemas humanos existentes. Espiritualidad evang\u00e9lica inculturada, y no evangelio traducido en ideolog\u00ed\u00ada, que es propuesta de vida nueva, aunque sea partiendo de la experiencia actual; que infunde valor hacia lo trascendente (2 Cor 5,6), porque ya desde ahora Dios \u00abnos ha dado por arras su Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (2 Cor 5,5). Una espiritualidad orientada por completo a hacer que percibamos en la actualidad el \u00abanticipo\u00bb (2 Cor 1,22; Ef 1,14).<\/p>\n<p>Se comprende que la espiritualidad no debe reducirse primariamente a una enumeraci\u00f3n de deberes, a una memorizaci\u00f3n de leyes o a un cat\u00e1logo de prescripciones. Debe introducir en una experiencia de Dios, en una docilidad a su Esp\u00ed\u00adritu, en una intimidad en la caridad de Cristo, en una inserci\u00f3n en el acontecimiento salv\u00ed\u00adfico del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>El hombre espiritual, en relaci\u00f3n con el juicio moral, se sit\u00faa como el pobre de Yahv\u00e9. No es el sujeto que reivindica un criterio moral propio, que sabe por s\u00ed\u00ad mismo lo que es el bien y el mal o que pretende saber juzgar lo que significa la bondad en Dios. No tiene una capacidad moral personal aut\u00f3noma. El hombre espiritual desea \u00fanicamente transformarse en Dios y uniformarse con \u00e9l para obtener de \u00e9l el criterio moral y ser de alguna forma espejo del juicio de Dios sobre el bien y el mal. Es consciente de que s\u00f3lo un estado en cierto modo m\u00ed\u00adstico suscita una conciencia recta, porque propone juicios de valor, inspirados en el encuentro con el Se\u00f1or. Porque cree que el Esp\u00ed\u00adritu act\u00faa en la comunidad eclesial y penetra en lo humano, orient\u00e1ndolo hacia una vida caritativa nueva, se muestra acogedor con lo imprevisto, como ley del esp\u00ed\u00adritu que se manifiesta ulteriormente, como palabra de Dios no revelada a\u00fan enteramente y como proyecto no manifestado en su integridad.<\/p>\n<p>VII. El hombre espiritual<br \/>\nEn la existencia terrena presente, la vida seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de Dios en Cristo se nos comunica dentro del acontecer pascual. En la pr\u00e1ctica, se reduce a permitir que el ser propio se espiritualice en grados sucesivos, a comportarse cada vez con mayor docilidad a las su-gerencias del Esp\u00ed\u00adritu, a resurgir continuamente como esp\u00ed\u00adritu que se realizar\u00e1 del todo en el tiempo futuro. El cristiano es un hombre espiritual en esperanza. Por eso puntualizaba san Pablo: \u00abMientras estamos en esta tienda gemimos oprimidos [&#8230;], para que la mortalidad sea absorbida por la vida\u00bb (2 Cor 5,4). Y, sin embargo, el cristiano est\u00e1 llamado ya desde ahora a anticipar esta realidad espiritual del futuro. Es necesario experimentar y dar testimonio actualmente de lo que significa ser hombre espiritual en contraposici\u00f3n al hombre carnal.<\/p>\n<p>Se es santo y perfecto en la medida en que uno se uniforma y se une a Dios, en la medida en que se hace esp\u00ed\u00adritu (Jn 4,24). Esta adhesi\u00f3n a Dios llevada al extremo de desear hacer un solo esp\u00ed\u00adritu con \u00e9l, se indica en el lenguaje b\u00ed\u00adblico en varias modalidades y en grados diferentes. El pueblo de Israel es espiritual y santo porque vive en la alianza con Yahv\u00e9 (Ex 19,5; Dt 7,6). Los cristianos son santos porque por el bautismo son \u00abtemplo del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (1 Cor 3,16; 6,19), porque son \u00abfamiliares de Dios\u00bb (Ef 2,19-22). Se unen al esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or de una forma cada vez m\u00e1s radical mediante la participaci\u00f3n de su misterio pascual. \u00abPero quien se une al Se\u00f1or es un solo esp\u00ed\u00adritu con \u00e9l\u00bb (1 Cor 6,17).<\/p>\n<p>El alma que se ha unido a Dios formando con \u00e9l un solo esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 capacitada para vivir la misma vida divina. Esta vida divina se llama caridad, \u00aby quien permanece en la caridad permanece en Dios\u00bb (Jn 4,16). El cristiano est\u00e1 invitado a vivir en la caridad seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de Cristo, es decir, de la manera en que Cristo se identificaba con Dios. Pero \u00bfqu\u00e9 implica una vida de estas caracter\u00ed\u00adsticas? No es f\u00e1cil responder de forma exhaustiva, ya que es una existencia que tiene algo de inefable; requiere un ser y un obrar al modo de Dios, superior a nuestra experiencia sensible. Sin embargo, podemos ofrecer alguna indicaci\u00f3n, considerando la manera como el mismo Cristo vivi\u00f3 en comuni\u00f3n de amor con el Padre y con los hombres. En un lenguaje a nosotros accesible, dir\u00ed\u00adamos que vive en el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo el m\u00ed\u00adstico que sabe introducirse y adentrarse en la experiencia intima de Dios; el m\u00e1rtir que se ofrece totalmente para que Dios siga siendo la salvaci\u00f3n entre los hombres; el misionero que dispone los \u00e1nimos a la luz del Esp\u00ed\u00adritu; el profeta que descubre el plan de Dios en Cristo en los signos de los tiempos; el creyente que tiene fe en la capacidad revolucionaria de la caridad del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Semejante vida espiritual no se adquiere primariamente por la ascesis o el esfuerzo personal, sino que es don carism\u00e1tico del Esp\u00ed\u00adritu. Un don que el Esp\u00ed\u00adritu comunica al alma, haci\u00e9ndola participar de la vida pneum\u00e1tica presente en plenitud en Cristo. \u00abPorque en \u00e9l habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad y en \u00e9l est\u00e1is llenos vosotros\u00bb (Col 2,9s). En la pr\u00e1ctica, estar en Cristo significa estar disponible a recibir la vida caritativa que comunica el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo obra el Esp\u00ed\u00adritu en el alma? Le confiere h\u00e1bitos espirituales, impregnando todas las dimensiones conscientes e inconscientes, instintivas y volitivas, racionales y afectivas; la hace obrar como por impulsos interiores profundos, que la adaptan y la hacen d\u00f3cil a las inspiraciones divinas. El Esp\u00ed\u00adritu transforma y armoniza cada vez m\u00e1s al creyente con sus carismas y lo pneumatiza cada vez m\u00e1s. No act\u00faa nunca con violencia sobre el alma, ni se impone a ella, ni se superpone como una nueva existencia extra\u00f1a, ni somete a la fuerza. El Esp\u00ed\u00adritu se hace presente en la medida en que el ser humano permite que act\u00fae en su intimidad o que aflore desde su profundidad a modo de instinto interior necesario. Ciertamente, en la actual existencia el Esp\u00ed\u00adritu no es el \u00fanico principio de vitalidad de la persona, como suceder\u00e1 en la vida bienaventurada.<\/p>\n<p>Los h\u00e1bitos espirituales suscitados en el yo por el Esp\u00ed\u00adritu contin\u00faan de alguna forma y por alg\u00fan tiempo, aun cuando el alma se pierda en actitudes pecaminosas. Si bien se trata de una persistencia estructural aparente, puesto que su agente din\u00e1mico (es decir, el Esp\u00ed\u00adritu) ha dejado de actuar.<\/p>\n<p>Si la santidad [>Santo] consiste en la uni\u00f3n con Dios secundando a su Esp\u00ed\u00adritu, el deber primordial de la ascesis cristiana estriba en interpretar y vivir con autenticidad lo que sugiere carism\u00e1ticamente el Esp\u00ed\u00adritu: en permitir al Par\u00e1clito que se exprese con riqueza de iniciativas y de gracias a trav\u00e9s de todas las facultades de la personalidad propia. Discernimiento y docilidad al Esp\u00ed\u00adritu son las virtudes fundamentales del asceta cristiano. Mediante el &#8212;,discernimiento espiritual, el creyente consigue uniformarse con la voluntad del Padre, captar de forma apropiada la palabra evang\u00e9lica bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 12,2; Ef 4,23-24) y, al mismo tiempo, dar testimonio de que la cristiandad es una comunidad eclesial carism\u00e1tica.<\/p>\n<p>La misma Iglesia se manifiesta como aut\u00e9ntica en la medida en que vive bajo la gu\u00ed\u00ada del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8,15-16; Flp 4,15). La exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica est\u00e1 llamada a expresarse como discernimiento en el Esp\u00ed\u00adritu y seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu (Rom 12,1). En virtud de la misi\u00f3n y de la autoridad recibida (2 Cor 5,16s), el ap\u00f3stol tiene el poder primario de convertirse para saber dar testimonio del evangelio (Rom 12,15; Flp 1,9s; Ef 5,1) entre las cambiantes opciones hist\u00f3ricas concretas (Rom 12,2; Ef 5,10), cometido este que se expresa como un carisma, como un don del Esp\u00ed\u00adritu, y como una actividad desempe\u00f1ada sacramentalmente en el Cristo integral.<\/p>\n<p>La docilidad al Esp\u00ed\u00adritu no es un comportamiento categorial, sino una manera general de comportarse, y debe aparecer como caracterizaci\u00f3n de la total existencia personal, social o eclesial. No incluye la negaci\u00f3n de la propia realidad corp\u00f3rea [Cuerpo], sino que prescribe asumir todo el yo (alma, cuerpo. mentalidad y afectividad), intentando expresarlo en la perspectiva de la caridad. Para comprenderlo mejor podemos ilustrarlo reflexionando sobre la experiencia espiritual de santa Teresa de Lisieux. La santa carmelita se situ\u00f3 frente a las realidades humanas terrenas en actitud interrogante: contempl\u00f3 lo real como algo que simb\u00f3licamente le daba la respuesta del Padre a sus esperanzas espirituales. Interpela incesantemente a las realidades personales, familiares y ambientales para captar la ense\u00f1anza espiritual de Dios sobre s\u00ed\u00ad misma, sobre su propia persona y sobre su propia vida. Una capacidad de adhesi\u00f3n a la realidad concreta y cotidiana para captar en ella el sentido profundo de la palabra del Esp\u00ed\u00adritu, como si tal palabra fuera una realidad escondida en las situaciones ef\u00ed\u00admeras concretas. De forma semejante supo santa Teresa unirse y armonizarse integralmente con su carmelo para ser una carmelita aut\u00e9ntica; pero, dentro de esta misma adhesi\u00f3n, desarroll\u00f3 la libertad interior a fin de poder uniformarse de modo totalmente original con el Esp\u00ed\u00adritu. La vida del carmelo viene a ser rele\u00ed\u00adda de una forma personal nueva a la luz de los dones carism\u00e1ticos. Teresa pone en pr\u00e1ctica peque\u00f1as contestaciones para sentirse libre de las ordenanzas institucionales y de los reglamentos, a fin de estar disponible frente al Esp\u00ed\u00adritu. Compar\u00e1ndose con santa Juana de Arco, escribe sobre s\u00ed\u00ad misma: \u00abEsta exigencia, que ya experimentaba la pastorcilla de Lorena, \u00bfno sacude tambi\u00e9n a la carmelita de Normand\u00ed\u00ada? \u00bfTendr\u00e1 el valor de hacer las transgresiones necesarias al margen de los caminos ya trillados?\u00bb.<\/p>\n<p>VIII. Toda actividad humana se hace espiritual<br \/>\nNo s\u00f3lo el ser humano debe estar disponible de cara a su progresiva pneumatizaci\u00f3n, sino que tambi\u00e9n toda actividad personal debe orientarse a su forma cada vez m\u00e1s espiritual. A t\u00ed\u00adtulo de ejemplo, podemos preguntarnos qu\u00e9 significa el culto y la oraci\u00f3n llevados a cabo de una forma espiritual.<\/p>\n<p>En los comienzos, la revelaci\u00f3n prescribe la pr\u00e1ctica del culto como obsequio de reconocimiento a Yahv\u00e9 por sus beneficios salv\u00ed\u00adficos. A continuaci\u00f3n el culto degenera, inspir\u00e1ndose en la vida utilitaria cotidiana: se transforma en una piedad ligada a los ciclos estacionales para obtener la fertilidad del suelo y del ganado. Al intentar someter a Dios a la vida terrena, se convierte en un culto seg\u00fan la carne. Los profetas adoptan una actitud pol\u00e9mica contra este culto, que pretende ofrecer la seguridad de la protecci\u00f3n de Dios mediante determinadas actitudes m\u00ed\u00adtico-rituales. Ellos sugieren un culto a Yahv\u00e9 liberador en medio de un pueblo elegido, comprometido en actividades sociales liberadoras. Debe realizarse una celebraci\u00f3n de comuni\u00f3n nupcial entre Dios e Israel: \u00abEntonces te desposar\u00e9 conmigo para siempre; te desposar\u00e9 conmigo en la justicia y el derecho, en la benignidad y en el amor; te desposar\u00e9 conmigo en la fidelidad, y t\u00fa conocer\u00e1s a Yahv\u00e9\u00bb (Os 2,21-22). El culto se convierte en una pr\u00e1ctica de adhesi\u00f3n existencial a Dios; en aprender a vivir seg\u00fan su esp\u00ed\u00adritu. Y esto es lo que pide Jes\u00fas: \u00abPero llega la hora, y es \u00e9sta, en que los verdaderos adoradores adorar\u00e1n al Padre en esp\u00ed\u00adritu y en verdad, porque as\u00ed\u00ad son los adoradores que el Padre quiere\u00bb (Jn 4,23).<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la oraci\u00f3n la presenta la Palabra revelada como un don del Esp\u00ed\u00adritu para convivir en la vida divina caritativa. \u00abNo siendo la oraci\u00f3n un arte ni una t\u00e9cnica, no creo que pueda ense\u00f1arse, a no ser por el Esp\u00ed\u00adritu Santo; querer dar reglas y prolijos preceptos significar\u00ed\u00ada, a mi entender, un comportamiento m\u00e1s humano que divino. El orante es aquel que se abandona a Dios con docilidad para uniformarse con la alabanza vivida en el seno de la Sant\u00ed\u00adsima Trinidad. \u00abNo ver sino lo que le agrada a Dios manifestarnos, es decir, no recibir pensamiento alguno fuera de lo que Dios nos comunica; no seguir ninguna luz, sino la que nos viene de \u00e9l, que es el Padre y la fuente de las verdaderas luces; no adherirnos a ning\u00fan conocimiento, sino al que \u00e9l pone en nosotros\u00bb&#8217;. Esto significa orar seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, una acci\u00f3n (como el culto o la oraci\u00f3n) puede llamarse espiritual en tanto en cuanto es un modo de expresar la propia uniformidad o conformidad con Dios; en tanto en cuanto es una manera de dar testimonio de la intimidad con el Padre seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu de Cristo.<\/p>\n<p>IX. El hombre espiritual como imagen de Dios<br \/>\nEl hombre es imagen de Dios en la medida en que es introducido en la participaci\u00f3n de la, vida divina trinitaria. Esto equivale a decir que el hombre es tanto m\u00e1s imagen de Dios cuanto m\u00e1s se transforma seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu y cuanto m\u00e1s receptivo es respecto a la caridad otorgada por el Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>Jesucristo es la \u00fanica imagen perfecta de Dios Padre, que sabe desvelar su rostro aut\u00e9ntico porque vive en un di\u00e1logo ininterrumpido y filial con el Padre; porque instaura en lo humano un reflejo de la comuni\u00f3n trinitaria divina; porque es espejo del amor divino entre los amores humanos; porque impulsa las relaciones interpersonales humanas seg\u00fan el \u00abesse ad\u00bb trinitario. Todo esto es lo que se indica en la afirmaci\u00f3n de que Cristo es Esp\u00ed\u00adritu resucitado.<\/p>\n<p>Cristo no es s\u00f3lo imagen perfecta, sino tambi\u00e9n la \u00fanica imagen humana verdadera de Dios Padre. Nosotros somos introducidos por el Esp\u00ed\u00adritu a convivir el misterio pascual de Cristo y con Cristo hasta llegar al \u00abconocimiento completo del Hijo de Dios, y a constituir el estado del hombre perfecto, a la medida de la edad de la plenitud de Cristo\u00bb (Ef 4,13). Estamos llamados a manifestar la imagen filial de Dios, que es propia de Cristo; por eso estamos llamados a convivir con \u00e9l, ahora en el cuerpo m\u00ed\u00adstico y despu\u00e9s en la comuni\u00f3n de los santos, con una repercusi\u00f3n en todo el universo. \u00abPorque la creaci\u00f3n est\u00e1 aguardando en anhelante espera la revelaci\u00f3n de los hijos de Dios\u00bb (Rom 8,19).<\/p>\n<p>\u00abEn esta imagen [del Hijo encarnado[ todas las criaturas tienen vida como en su causa y residen en ella seg\u00fan el modo divino. Y tambi\u00e9n en esta imagen todas las cosas han sido creadas de un modo perfecto, y seg\u00fan el ejemplar de esta imagen se han ordenado las cosas con sabidur\u00ed\u00ada. Por \u00faltimo, es la imagen que todas las cosas tienen de su fin, porque tal imagen se refiere a Dios\u00bb&#8216;.<\/p>\n<p>Hablar del hombre espiritual como imagen de Dios no resulta f\u00e1cil para nuestro lenguaje humano. La misma teolog\u00ed\u00ada adopta un m\u00e9todo dial\u00e9ctico, porque es consciente de que tiene que hab\u00e9rselas con una realidad inefable. Afirma que Dios cre\u00f3 su imagen en el hombre en el momento de la creaci\u00f3n y, al mismo tiempo, que va realizando esta imagen de una forma progresiva a trav\u00e9s de toda la historia salvifica. Es una imagen reflejada en todo ser humano y, al mismo tiempo, \u00fanica en dimensi\u00f3n comunitaria con Cristo. Est\u00e1 fijada en su perfecci\u00f3n definitiva desde el comienzo en Cristo Se\u00f1or y, a la vez, admite novedades por la aportaci\u00f3n de una humanidad que va surgiendo en Cristo.<\/p>\n<p>El texto sagrado parece afirmar que la imagen divina se va explicitando a trav\u00e9s de la actividad cognoscitiva y afectiva del hombre: \u00abAm\u00e9monos los unos a los otros, porque el amor es de Dios\u00bb (1 Jn 4,7). Donde hay caridad y amor entre los hombres all\u00ed\u00ad est\u00e1 Dios. Esto es ciertamente verdad. Sin embargo, el conocimiento y el amor como humanos oscurecen la figura de Dios y la deforman profundamente. El conocimiento humano no es tanto una uni\u00f3n-comunicaci\u00f3n cuanto una apropiaci\u00f3n de algo mediante nuestro modo fant\u00e1stico interior; es un poseer como propio. El conocimiento seria verdadero signo de imagen divina tan s\u00f3lo si se concibiera seg\u00fan la indicaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica: conocer a Dios dej\u00e1ndose conocer por \u00e9l (G\u00e1l 4,8s); conocer en cuanto es penetrar en el proyecto de amor revelado en Jes\u00fas; conocer como un abandonarse \u00ed\u00adntegramente al Se\u00f1or, dejando que nos transforme; conocer en cuanto se permanece en contemplaci\u00f3n de Dios como se revela en Cristo. Se trata de un conocer como conversi\u00f3n, como renovaci\u00f3n personal, no reduciendo a Dios a una imagen interior nuestra, sino uniformando nuestra mente con el conocimiento de \u00e9l en su Esp\u00ed\u00adritu y seg\u00fan su Esp\u00ed\u00adritu (2 Cor 4,16; Ef 3,16).<\/p>\n<p>De semejante forma, el amor humano, aun en el caso de ser oblativo, une con el amado segreg\u00e1ndolo de los dem\u00e1s. Quien forma un matrimonio o una familia cree que inicia una comuni\u00f3n aut\u00e9ntica; sin embargo, corre el riesgo de instalarse en un ego\u00ed\u00adsmo de pareja, olvid\u00e1ndose de los dem\u00e1s. Por el contrario, el amor que comunica el Esp\u00ed\u00adritu como imagen de Dios es el que al mismo tiempo ama a uno como si fuera el \u00fanico amado y, a la vez, ama en \u00e9l y con \u00e9l a todos los dem\u00e1s con igual amor indiviso.<\/p>\n<p>Precisamente por esto el hombre est\u00e1 llamado a experimentar el misterio pascual de Cristo; debe morir al conocimiento y al amor humano para aprender a conocer y a amar todas las cosas en Dios mediante el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo. S\u00f3lo cuando el hombre se convierte de carnal en espiritual sabr\u00e1 ser imagen de Dios mediante su conocimiento y su amor caritativo. La verdadera imagen de Dios es \u00fanicamente el hombre espiritual.<\/p>\n<p>T. Goffi<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Ser cristiano no esf\u00e1cil, pero es bello, PPC, Madrid 1978.-AA. VV., San Juan de la Cruz: di\u00e1logo y hombre nuevo, Espiritualidad. Madrid 1978.-AA. VV., El hombre cristiano y el hombre marxista, Estela. Barcelona 1967.-AA. 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Pr\u00f3logo a la historia humana &#8211; II. El hombre en la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica &#8211; III. Acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en la historia humana salvifica &#8211; IV. La obra espiritual de Jesucristo &#8211; V. De hombre carnal a hombre espiritual &#8211; VI. La norma como principio de espiritualizaci\u00f3n &#8211; VII. 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