{"id":17086,"date":"2016-02-05T11:07:44","date_gmt":"2016-02-05T16:07:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hombre-evangelico\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:44","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:44","slug":"hombre-evangelico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/hombre-evangelico\/","title":{"rendered":"HOMBRE EVANGELICO"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El hombre evang\u00e9lico y el tiempo de la Iglesia: 1. Evangelismo mendicante o la regla del evangelio; 2. Evangelismo de ruptura; 3. \u00bfLey o Evangelio?: 4. El hombre evang\u00e9lico, conciencia de la Iglesia &#8211; II. La espiritualidad del hombre evang\u00e9lico: 1. En los or\u00ed\u00adgenes; 2. El hombre evang\u00e9lico en la Iglesia; 3. El hombre evang\u00e9lico en el mundo: 4. Las tentaciones del hombre evang\u00e9lico: utopia e integrismo.<\/p>\n<p>\u00abAunque la Iglesia, por virtud del Esp\u00ed\u00adritu Santo, se ha mantenido como esposa fiel a su Se\u00f1or y nunca ha cesado de ser signo de salvaci\u00f3n en el mundo, sabe, sin embargo, muy bien que no siempre, a lo largo de su prolongada historia, fueron todos sus miembros, cl\u00e9rigos o laicos, fieles al Esp\u00ed\u00adritu de Dios. Sabe tambi\u00e9n la Iglesia que aun hoy d\u00ed\u00ada es mucha la distancia que se da entre el mensaje que ella anuncia y la fragilidad humana de los mensajeros aquienes est\u00e1 confiado el Evangelio. Dejando a un lado el juicio que la historia emita sobre estas deficiencias, debemos, sin embargo, tener conciencia de ellas y combatirlas con m\u00e1xima energ\u00ed\u00ada para que no da\u00f1en a la difusi\u00f3n del Evangelio\u00bb (GS 43).<\/p>\n<p>El hombre evang\u00e9lico es la conciencia de la Iglesia peregrinante en la historia: siempre atento a la distancia entre el \u00abya\u00bb y el \u00abtodav\u00ed\u00ada no\u00bb en el crecimiento del creyente y de la comunidad eclesial hacia la estatura perfecta de Cristo. No es que el hombre evang\u00e9lico se aflrme como realidad absoluta y antit\u00e9tica frente a la Iglesia de la historia (ello negar\u00ed\u00ada historicidad a su misma recuperaci\u00f3n y legitimidad a su tradici\u00f3n cristiana); sin embargo, se expresa en la Iglesia y entre sus multiformes funciones, en momentos de gracia que, al mismo tiempo que denuncian el compromiso presente, manifiestan el ansia y el anhelo del cumplimiento de la ley perfecta de Cristo, que es el Evangelio. Y el Evangelio, invocado y no escuchado, interpretado y traicionado, olvidado y redescubierto, hace su propia historia en la historia de la Iglesia, estableciendo -y juzgando- relaciones cada vez m\u00e1s conscientemente cristianas entre la gracia y el pecado, la conversi\u00f3n y el testimonio, los ministerios y la santidad, la autoridad y los carismas, la palabra y el sacramento, la Iglesia y el mundo.<\/p>\n<p>I. El hombre evang\u00e9lico y el tiempo de la Iglesia<br \/>\n1. EVANGELISMO MENDICANTE O LA REGLA DEL EVANGELIO &#8211; El pu\u00f1ado de compa\u00f1eros que la experiencia evang\u00e9lica hab\u00ed\u00ada reunido en torno a Francisco de As\u00ed\u00ads caus\u00f3 estupor tanto en la Iglesia como en la sociedad civil de su \u00e9poca. La pobreza rigurosa en la persona y en la comunidad (fraternitas) sorprend\u00ed\u00ada a la sociedad europea del bajo medioevo en pleno auge urbano y en fren\u00e9tica expansi\u00f3n comercial. La renuncia a la propiedad y el libre peregrinar al servicio de la proclamaci\u00f3n y del testimonio de la \u00abbuena noticia\u00bb sonaba a estridente novedad frente a las formas tradicionales de vida religiosa, cuyas venerables reglas y fundaciones presentaban el car\u00e1cter fundamental de \u00abestabilidad&#8217;. El recurso a unos pocos pasajes evang\u00e9licos (Mt 10,7-14: el discurso de la misi\u00f3n apost\u00f3lica; 19,21: \u00abSi quieres ser perfecto&#8230;\u00bb; Lc 9,23: \u00abEl que quiera seguirme&#8230;\u00bb) como ideales de la vida deb\u00ed\u00ada parecer demasiado fr\u00e1gil a las autoridades religiosas para constituir un estatuto organizado de iglesia (status, religio, ordo). Adem\u00e1s, aconsejaba una actitud inerme y hasta sumisa; en cambio, los conflictos de la cristiandad de la \u00e9poca entre cohesi\u00f3n interna y enemigos exteriores, entre ortodoxia y contestaci\u00f3n c\u00e1tara y valdense, entre soberan\u00ed\u00ada papal y autonom\u00ed\u00ada de los pr\u00ed\u00adncipes terrenos, parec\u00ed\u00adan dar la raz\u00f3n a una reforma bajo el signo de la fuerza: fuerza del universalismo geogr\u00e1fico de la fe, de la uniformidad y cohesi\u00f3n de sus propias instituciones, de las solidaridades de vasallaje de censo y de armas. Y no faltaban \u00e9xitos, desde Gregorio VII (1073-1085) a Inocencio III (1198-1216), en apoyo de este tipo de reforma: desde las luchas de investidura hasta el reflorecimiento de la espiritualidad mon\u00e1stica; desde la contenci\u00f3n de la amenaza musulmana hasta la extinci\u00f3n del foco albigense. Francisco, por otra parte, da la impresi\u00f3n de apelar demasiado alto para poder esperar de forma realista una evoluci\u00f3n feliz de la propia causa en medio de las vicisitudes terrenas: \u00abEl Alt\u00ed\u00adsimo mismo me revel\u00f3 que deb\u00ed\u00ada vivir seg\u00fan la forma del santo Evangelio\u00bb (secundum formam sancti evangelii) Y a pesar suyo debe redactar una regla (lex regulae, cuando se le hab\u00ed\u00ada manifestado como realidad categ\u00f3rica y suficiente el Evangelio (lex evangelii): la primera regla en 1221 y la segunda en 1223, aprobada definitivamente por el papa Honorio III (la Regla II \u00abbullata\u00bb). La fraternitas se hab\u00ed\u00ada transformado en religio (orden religiosa). Y, sin embargo, Francisco no renuncia a sorprender: \u00abLa regla y vida de los hermanos menores es \u00e9sta: guardar el santo Evangelio de nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb. Con esas palabras empieza la Regla II.<\/p>\n<p>Casi al mismo tiempo, Domingo de Guzm\u00e1n tiene una experiencia espiritual semejante en Languedoc. Entre el radicalismo de la contestaci\u00f3n c\u00e1tara y la intervenci\u00f3n de los legados pontificios montando cabalgaduras armadas y enjaezadas (el caballo era del miles, es decir, del noble o grande de la tierra). Domingo intuye que el mensaje de la Iglesia de Cristo s\u00f3lo es tal como objeto de predicaci\u00f3n, irreducible a cualquier otro poder que no sea el de la Palabra y el de su persuasi\u00f3n. Y la palabra es corroborada por \u00absignos y virtudes\u00bb cuando el ap\u00f3stol le devuelve su integridad original y se hace devoto siervo de ella. Igual que los ap\u00f3stoles de Jes\u00fas. \u00abLos envi\u00f3 de dos en dos, d\u00e1ndoles poder sobre los esp\u00ed\u00adritus inmundos. Les orden\u00f3 que, aparte de un bast\u00f3n, no tomasen para el camino cosa alguna: ni pan, ni alforja, ni dinero guardado en la faja&#8230;\u00bb (Mc 6,7-8; cf Mt 10). El ministerio del Evangelio evoca al ap\u00f3stol, la \u00abvida apost\u00f3lica\u00bb. O bien la vida seg\u00fan el estilo y el ejemplo de los ap\u00f3stoles&#8217;. Domingo -escriben los primeros disc\u00ed\u00adpulos y bi\u00f3grafos- nos ense\u00f1\u00f3 la \u00abregla apost\u00f3lica\u00bb, es decir, \u00abque no tuvi\u00e9ramos posesiones, que no us\u00e1ramos cabalgadura, que peregrin\u00e1semos a pie sin llevar oro ni plata y que anunci\u00e1ramos el Evangelio, realizando la salvaci\u00f3n de los hombres y conform\u00e1ndonos con el simple alimento, seg\u00fan Lc 10,7&#8230;\u00bb<br \/>\nEl hombre apost\u00f3lico coincide con el hombre evang\u00e9lico. Las dos expresiones se superponen y se intercambian en los textos del evangelismo medieval. Lo mismo que las categor\u00ed\u00adas b\u00ed\u00adblico-teol\u00f3gicas que inspiran la conducta y la espiritualidad del hombre evang\u00e9lico: la \u00abley nueva\u00bb, la \u00abley del Evangelio\u00bb y la \u00abley del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Paralelamente -y esto es muy significativo-, entre las fuentes de la espiritualidad cristiana se registra una orientaci\u00f3n colectiva de la meditaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica en favor de los \u00ablibros evang\u00e9licos y apost\u00f3licos\u00bb (evangelici et apostolici libri: cf PL 189, 731 B) y, espec\u00ed\u00adficamente, de los pasajes que definen el estatuto religioso y la espiritualidad del ap\u00f3stol (Mt 10), la pobreza en testimonio de la Palabra (Mc 6,7-13; Lc 9,1-6) y el esp\u00ed\u00adritu de la Iglesia primitiva (He 2,44-47; 4,32-35), a\u00f1adiendo las cartas de san Pablo&#8217;. Los mismos textos se repiten sin pausa y sin regateo en la literatura del hombre evang\u00e9lico medieval.<\/p>\n<p>2. EVANGELISMO DE RUPTURA &#8211; En realidad, el movimiento de reforma en clave evang\u00e9lico-mendicante hab\u00ed\u00ada tenido precursores y hab\u00ed\u00ada experimentado tribulaciones. Roberto d&#8217;Arbrissel (+ 1117) encabeza el movimiento de los pobres de Cristo (Pauperes Christi), una multitud m\u00f3vil e inquieta entre la crisis del feudo y las lisonjas de la econom\u00ed\u00ada urbana, e inaugura, no sin resistencia, la predicaci\u00f3n itinerante en el seno de un ambiente eclesial que todav\u00ed\u00ada estaba intensamente anquilosado en la rigidez de la estructura feudal&#8217;. El retorno a la pobreza evang\u00e9lica y la cr\u00ed\u00adtica a la Iglesia de la \u00e9poca inflama la predicaci\u00f3n de Pedro de Bruis (1132 ca.) y del monje Enrique de Losanna (1116-1134) en el sur de Francia, mientras la apelaci\u00f3n a \u00abobedecer a Dios antes que a los hombres\u00bb, reflejada en He 5,29, para reivindicar el derecho a la libre predicaci\u00f3n contra las prohibiciones eclesi\u00e1sticas, delata ya la fragilidad de una inspiraci\u00f3n evang\u00e9lica ingenuamente proclive al rechazo de la historicidad sacramental de la fe. As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n el evangelismo de Pedro Valdo (convertido en 1173) y de los valdenses, si bien su conciencia de la renovaci\u00f3n evang\u00e9lica es bastante m\u00e1s consistente. Un disc\u00ed\u00adpulo de Valdo, Durando de Huesca, retornado a la Iglesia cat\u00f3lica, no renunciar\u00e1 a la inspiraci\u00f3n evang\u00e9lica inicial. Su experiencia coincide cronol\u00f3gica y geogr\u00e1ficamente con la de Domingo de Guzm\u00e1n. Durando nos ha transmitido incluso, en una felic\u00ed\u00adsima f\u00f3rmula, toda la tensi\u00f3n del cristiano y de la Iglesia en estado de reforma evang\u00e9lica: \u00abNosotros decimos que es nueva nuestra forma de vida porque est\u00e1 corroborada por el Nuevo Testamento; nuestra fe y nuestras obras se apoyan, efectivamente, en motivaciones evang\u00e9licas (evangelicis rationibus fulciuntur)\u00bb<br \/>\nPor lo dem\u00e1s, se debe recordar que los papas de la reforma gregoriana hab\u00ed\u00adan dado prueba de audacia teol\u00f3gica al confirmar una pastoral orientada a sustraer los ministerios sacramentales al homagium servil. El presb\u00ed\u00adtero diocesano ansioso de una mayor perfecci\u00f3n puede abandonar leg\u00ed\u00adtimamente el \u00abcuidado\u00bb de la parroquia y entrar en el monasterio a pesar de la prohibici\u00f3n de su obispo. La ley interior del Esp\u00ed\u00adritu es la ley del hombre justo, y contra ella no hay espacio para ninguna otra ley\u00bb. En los ss. XIII y xiv se apropiar\u00e1n de este tema algunas corrientes evang\u00e9lico-espirituales (franciscanismo joaquimita, espirituales, hermanos del esp\u00ed\u00adritu libre, hermanitos&#8230;); pero la impaciencia frente a la ley de la historicidad y temporalidad de la fe cristiana (a la que acompa\u00f1ar\u00e1 -preciso es decirlo- la persecuci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica) llevar\u00e1 a tales movimientos a exacerbar el formidable teolog\u00fameno evang\u00e9lico hacia propuestas asociales y ut\u00f3picas.<\/p>\n<p>3. \u00bfLEY O EVANGELIO? &#8211; Cuando la reforma imponga el cisma a una iglesia lenta en reevangelizarse, los valores de la espiritualidad evang\u00e9lica (imitaci\u00f3n de Cristo.), de los ap\u00f3stoles, predicaci\u00f3n de la Palabra y pobreza de vida, libertad interior e independencia frente a los poderosos de la tierra, frutos del Esp\u00ed\u00adritu&#8230;) no llegar\u00e1n a recomponerse, ni siquiera dial\u00e9cticamente, dentro de la totalidad org\u00e1nica y multiforme de la Iglesia en auge hist\u00f3rico. La subalternaci\u00f3n de los ministerios, la integraci\u00f3n de los dones, la variedad de los carismas que concurren a hacer de la Iglesia la \u00fanica esposa fiel del Se\u00f1or, se orientan exasperadamente hacia oposiciones inconciliables, hacia laceraciones insanables: sacramento y palabra, historicidad y santidad, tradici\u00f3n e inteligencia de la Biblia, magisterio y corresponsabilidad, ley y Evangelio&#8230; \u00abLey y Evangelio\u00bb ser\u00e1 precisamente el tema, y casi el t\u00f3pico literario por excelencia, de la teolog\u00ed\u00ada y de la espiritualidad de las iglesias evang\u00e9licas, especialmente la luterana: Gesetz und Evangelium, donde las disyunciones est\u00e1n presentes no para testimoniar la pluralidad org\u00e1nica de las coordenadas cristianas, sino para afirmar la exclusi\u00f3n y la inconciliabilidad. Toda ley provoca el pecado y la condena: el Evangelio, s\u00f3lo el Evangelio, en la soledad sem\u00e1ntica de su palabra, produce justificaci\u00f3n\u00bb. Las iglesias evang\u00e9licas dan testimonio en todo caso -al menos con la protesta y la ruptura- de una comuni\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo que no puede establecerse y restablecerse sino en una convergencia real de todos hacia el Cristo total del Evangelio. El primer paso es la \u00abconversi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Pero la verdadera ruptura estaba, adem\u00e1s de en la conciencia confesional, en las cosas mismas: fin de la soberan\u00ed\u00ada territorial de la cristiandad, nacimiento y autonom\u00ed\u00ada de las unidades nacionales, difusi\u00f3n -con el humanismo y con el renacimiento- de una nueva cultura, a la que en gran parte se mantuvo ajena la Iglesia. La alteridad del mundo, desde el pensamiento a las costumbres, postula la evangelizaci\u00f3n. Los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo no supieron escrutar las nuevas fronteras de la fe.<\/p>\n<p>Por su parte, el antiguo evangelismo medieval hab\u00ed\u00ada cedido a la hipoteca del radicalismo apocal\u00ed\u00adptico al entrecruzarse el joaquinismo con sectores extremos del franciscanismo: espirituales, hermanitos, apost\u00f3licos. El literalismo b\u00ed\u00adblico, por una parte, hab\u00ed\u00ada hipostatizado los modelos hist\u00f3ricos de pobreza apost\u00f3lica, congel\u00e1ndolos, y, por otra, se hab\u00ed\u00ada refugiado en la utop\u00ed\u00ada apocal\u00ed\u00adptica\u00bb. Mientras, la reforma de las \u00f3rdenes religiosas dentro de la obediencia eclesi\u00e1stica adoptaba, entre el s. xtv y xv, el esquema del \u00abretorno a la observancia de la regla primitiva\u00bb con preferencia al impulso de la reinterpretaci\u00f3n, en el hoy del creyente, de la lex evangelii.<\/p>\n<p>4. EL HOMBRE EVANGELICO. CONCIENCIA DE LA IGLESIA &#8211; La Iglesia se confronta en el Concilio Vaticano II consigo misma, con el mundo y con el Evangelio. Basta recorrer un \u00ed\u00adndice sistem\u00e1tico de los documentos conciliares y seguir filol\u00f3gicamente las novedades de lenguaje, de actitud, de espiritualidad, de argumentaci\u00f3n teol\u00f3gica, para convencerse de que el hombre evang\u00e9lico replantea sus propias instancias en la comunidad de los creyentes: desde el modelo de iglesia y del uso de sus ministerios hasta la promoci\u00f3n de los dones libres del Esp\u00ed\u00adritu: desde la solidaridad con el m\u00e1s d\u00e9bil hasta la escucha de los signos de los tiempos; desde la fidelidad a los propios or\u00ed\u00adgenes hasta el reconocimiento de los dones de los \u00abdem\u00e1s\u00bb, ya sean o no creyentes. Pero la realidad de la vida hab\u00ed\u00ada precedido a la formulaci\u00f3n. Nuestro siglo, sobre todo desde la primera postguerra, registra muchos acontecimientos en los que el Esp\u00ed\u00adritu suele renovar la comunidad de los creyentes. Pi\u00e9nsese en el nuevo fervor del acto de la evangelizaci\u00f3n: no tanto en sus dimensiones estad\u00ed\u00adsticas, cuanto en la reorientaci\u00f3n evang\u00e9lica de sus motivaciones y de su praxis (la misi\u00f3n, por ejemplo, de cara al Islam experimenta, gracias a Massignon, una \u00abrevoluci\u00f3n\u00bb de perspectiva que indudablemente lleva el signo del Esp\u00ed\u00adritu). Surgen y se desarrollan \u00abinstitutos religiosos\u00bb de estructura laica, desconocidos en la tradici\u00f3n de la Iglesia, a la vez que toman nuevo impulso y nueva dimensi\u00f3n las antiguas \u00f3rdenes contemplativas. Pero ante todo se afirma una espiritualidad cada vez m\u00e1s intensamente evang\u00e9lica, que suscita, por ejemplo, los Hermanos y Hermanas de Jes\u00fas, el movimiento de la Obra de Mar\u00ed\u00ada, la reevangelizaci\u00f3n del ministerio presbiteral mediante las \u00abmisiones\u00bb de Par\u00ed\u00ads y de Francia (curas obreros), el servicio a los pa\u00ed\u00adses subdesarrollados y sistem\u00e1ticamente oprimidos (Voluntariado: >Antinomias espirituales VI). El movimiento ecum\u00e9nico, la reforma lit\u00fargica y la renovaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica transmiten sangre nueva a la Iglesia de Dios y le dan una conciencia m\u00e1s rigurosa de sus propios or\u00ed\u00adgenes.<\/p>\n<p>El Vat. II se abre al signo de una carga interior que no deja entrever ya los impedimentos cat\u00f3licos para restablecer la autoridad de los profetas y evangelistas: \u00abY vino un hombre llamado Juan&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Hasta la breve historia que nos separa del Concilio est\u00e1 salpicada de vicisitudes nada extra\u00f1as al hombre evang\u00e9lico: desde las \u00abcomunidades de base\u00bb [ >Comunidad de vida VII. 2] hasta la corresponsabilidad eclesial del laicado [>Laico]; desde la contestaci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica de la fe hasta la solidaridad con los movimientos de liberaci\u00f3n; desde la recualificaci\u00f3n del ministerio jer\u00e1rquico [>Ministerio pastoral] hasta la ola de los >\u00bbcarism\u00e1ticos\u00bb&#8230; Vicisitudes todas ellas que, si no siempre llegan a expresarse en total coherencia cristiana y en integraci\u00f3n org\u00e1nica con funciones y dones, demuestran, sin embargo, el ansia evang\u00e9lica que interpela la vida de la Iglesia y es un permanente juicio de su fe. E&#8217; hombre evang\u00e9lico, cualquiera que se:, su ministerio y su carisma dentro de la comunidad de los creyentes, sigue angustiando a la conciencia cristiana\u00bb.<\/p>\n<p>II. La espiritualidad del hombre evang\u00e9lico<br \/>\n1. EN LOS OR\u00ed\u008dGENES &#8211; La santidad evang\u00e9lica alimenta al cristiano en r\u00e9gimen evang\u00e9lico. \u00abSed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto\u00bb (Mt 5,48). \u00c2\u00a1La santidad del Padre celestial! Pero desvelada en el mensaje evang\u00e9lico; precisamente en lo que constituye la novedad y la unicidad del Evangelio. tanto en relaci\u00f3n con otras fases de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica como en relaci\u00f3n con experiencias \u00e9ticas y religiosas extrab\u00ed\u00adblicas. Luego no una \u00e9tica cualquiera, no una \u00e9tica \u00abnatural\u00bb, por admirable que sea su inspiraci\u00f3n y su ejercicio. La santidad del hombre evang\u00e9lico es:<\/p>\n<p>a) Cristoc\u00e9ntrica. Cristo, imagen perfecta del Padre, modelo y medida de la santidad cristiana. Su existencia, su obediencia al Padre, su disponibilidad a la misi\u00f3n, el rigor de su vida y de su coherencia, su resistencia a los poderosos y la simpat\u00ed\u00ada por cuantos se encuentran en situaci\u00f3n de fragilidad, la solicitud por el pr\u00f3jimo con riesgo de la vida, su intimidad y abandono al Padre hasta en la soledad de la muerte [>Jesucristo II]. En una palabra, imitaci\u00f3n y crecimiento en la estatura perfecta de Cristo; tal es el proyecto y el anhelo del disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas. S\u00f3lo el recurso a Jes\u00fas de Nazaret legitima la inspiraci\u00f3n cristiana de un estilo de vida y el fundamento de una \u00e9tica evang\u00e9lica. Al mismo tiempo, el recurso al Evangelio es el juicio de \u00faltima instancia tanto de la conducta del creyente como de la Iglesia.<\/p>\n<p>b) Espiritual, es decir, animada y dirigida por el Esp\u00ed\u00adritu. El Esp\u00ed\u00adritu Santo, el \u00abEsp\u00ed\u00adritu de Cristo\u00bb (1 Pe 1,11), garante de la misi\u00f3n del Hijo (Jn 16,13), se constituye en norma interior del creyente y de la Iglesia en el tiempo que va desde la ascensi\u00f3n al retorno final de Cristo. El Esp\u00ed\u00adritu produce los frutos de toda santificaci\u00f3n en el coraz\u00f3n del disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas (Col 3,12; G\u00e1l 5,22; Rom 6,22) y dirige sus acciones \u00abcomo conviene a los santos\u00bb (Ef 5.3). El Esp\u00ed\u00adritu da siempre una ulterior comprensi\u00f3n de la Palabra en el transcurso de la historia de la fe; \u00abgu\u00ed\u00ada a la verdad completa\u00bb (Jn 16,3); ilustra los acontecimientos, las situaciones y los actos que el tiempo de la fe somete incesantemente al juicio evang\u00e9lico. El Esp\u00ed\u00adritu, adem\u00e1s, produce en el coraz\u00f3n del creyente la filiaci\u00f3n divina, la santidad de las obras, la libertad del cristiano. Es de alguna forma la gracia interior del cristiano y de la Iglesia, la ley misma del Evangelio&#8217;. [>Hombre espiritual; >Hijos de Dios; >Libertad cristiana].<\/p>\n<p>e) Eclesial. La comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos es el lugar en que acontece el nacimiento y el crecimiento del hombre en Cristo. Nada aborrece m\u00e1s el hombre evang\u00e9lico que el negarse a la comuni\u00f3n con la ekkles\u00ed\u00ada (la comunidad de los llamados), sustancia de su propia sustancia; lo mismo que aspira ardientemente y coopera a hacer de la Iglesia una esposa radiante, sin mancha ni arruga, digna del Se\u00f1or Jes\u00fas (cf Ef 5,25-27). Mediante la Iglesia y en la Iglesia, el hombre evang\u00e9lico toca los or\u00ed\u00adgenes de su propia vida: en la meditaci\u00f3n y comprensi\u00f3n de la Palabra, de la que es fiduciaria y portadora la comunidad; en la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada y de los \u00abmisterios cristianos\u00bb, donde la liturgia realiza la mediaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo sacerdote; en el amor a los hermanos, con los que construye como piedras vivas \u00abel edificio espiritual y el sacerdocio santo para ofrecer v\u00ed\u00adctimas espirituales\u00bb (1 Pe 2,5).<\/p>\n<p>2. EL HOMBRE EVANGELICO EN LA IGLESIA &#8211; La espiritualidad del Evangelio no se instaura contra ning\u00fan ministerio, aunque la composici\u00f3n multiforme de la Iglesia permita al hombre evang\u00e9lico transcurrir de miembro a miembro, suscitando gracias diversas en funci\u00f3n dial\u00e9ctica: ora de modelo, ora de juicio, ora de comuni\u00f3n, ora de profec\u00ed\u00ada, ora de soporte o de denuncia. Lo cierto es que todos los miembros, cada uno en su propio ministerio, est\u00e1n llamados a la misma santidad [>Santo]. Todo bautizado asume de hecho el papel de hombre evang\u00e9lico, de conciencia cr\u00ed\u00adtica de la fe, de lectura evang\u00e9lica de las premoniciones de los tiempos: los pastores al servicio del poder ministerial, afirmando su autoridad directiva sin transgredir el l\u00ed\u00admite sacramental; los esposos, cultivando un amor humano abierto a las dimensiones de la caridad de Cristo; el ciudadano, cualquiera que sea su papel o profesi\u00f3n en la ciudad humana, colaborando en la construcci\u00f3n de una sociedad digna de la vocaci\u00f3n humana; el religioso, prefigurando en la alegr\u00ed\u00ada y libertad de esp\u00ed\u00adritu la transformaci\u00f3n total en Cristo (cf LG cap. V). Toda la Iglesia confirma la vocaci\u00f3n evang\u00e9lica cuando es consciente de sus propias debilidades, dadas sus \u00abaflicciones internas o externas\u00bb (LG 8); cuando se dispone a realizar y manifestar una continua conversi\u00f3n (UR 7-8), a proclamar y proclamarse a s\u00ed\u00ad misma la palabra que salva, a vivir un estado de permanente reforma (renovatio: cf LG 4; 8; GS 43; UR 4), a evangelizar y a evangelizarse, a santificar y a santificarse.<\/p>\n<p>3. EL HOMBRE EVANGELICO EN EL MUNDO &#8211; La reevangelizaci\u00f3n de la espiritualidad cristiana confiere una nueva perspectiva a las relaciones entre cristiano y no cristiano, creyente y no creyente, Iglesia y mundo.<\/p>\n<p>a) Los signos de los tiempos. El disc\u00ed\u00adpulo de Cristo en estado de evangelismo est\u00e1 vocacionalmente inclinado a \u00abescrutar los signos de los tiempos y a interpretarlos a la luz del Evangelio\u00bb (GS 4). El fiel disc\u00ed\u00adpulo del Evangelio no tiene ciudadelas que defender ni privilegios que conservar. Peregrino del mundo, es solidario con la historia del hombre. Y, entre las vicisitudes del hombre y de la sociedad, vigila las ocasiones in\u00e9ditas de gracia que interpelan a la Palabra, que invocan un testimonio y que, eventualmente, contestan los compromisos.<\/p>\n<p>b) El di\u00e1logo con el mundo. La apertura al \u00abotro\u00bb, el respeto de la diversidad como el reconocimiento de los dones ajenos, es un rasgo caracter\u00ed\u00adstico de la espiritualidad evang\u00e9lica. Guiado por el Esp\u00ed\u00adritu, que muchas veces precede al ap\u00f3stol, el hombre evang\u00e9lico, lejos de reivindicar derechos de propiedad sobre la revelaci\u00f3n divina, siente inclinaci\u00f3n a la escucha com\u00fan de la Palabra, que discurre libremente en la historia de todos los hombres; anhela llegar al sentido pleno del mensaje, compartiendo con honestidad y sinceridad el compromiso con quien extrae alimento espiritual de otras tradiciones u otras historias de fe; est\u00e1, en fin, abierto a cooperar con el no creyente, sabiendo que todo el que toma a pecho \u00abel culto de los valores del hombre\u00bb est\u00e1 participando ya, aunque sea de modo incipiente, en el proyecto del reino de Dios (GS 92-93). Proyecto que el hombre evang\u00e9lico no desde\u00f1a comprender y analizar en sus fases de crecimiento, en sus componentes terrenos y en sus conflictos, recurriendo a las disciplinas humanas aut\u00f3nomas; pero al que confiere una animaci\u00f3n y una perspectiva -el esp\u00ed\u00adritu de las bienaventuranzas- que maduran para el reino de Dios (GS 72). Y cuando los conflictos de la ciudad terrena desaconsejan una diplom\u00e1tica equidistancia, el hombre evang\u00e9lico toma partido por el d\u00e9bil, el impotente y el desvalido (GS 71).<\/p>\n<p>c) Entre Iglesia y mundo. Ciudadano de ambas ciudades, la de la fe y la pol\u00ed\u00adtica, el cristiano se pone bajo la gu\u00ed\u00ada del Evangelio (GS 43). Mas no es f\u00e1cil -todo hay que decirlo- para el hombre evang\u00e9lico reconciliarse con el mundo. Una larga tradici\u00f3n espiritual de intensas notas individualistas y anacor\u00e9ticas (la fuga del mundo) nutre todav\u00ed\u00ada sentimientos de malestar ancestral entre santidad cristiana y corresponsabilidad mundana. Por lo dem\u00e1s, unas desafortunadas hip\u00f3tesis hist\u00f3ricas sobre las relaciones entre Iglesia y sociedad civil han disuadido al hombre espiritual de una mezcla en la que se encontraba o mentalmente desprovisto o evang\u00e9licamente comprometido. Y, sin embargo, es con id\u00e9ntico titulo ciudadano de la Iglesia y ciudadano del mundo. Ninguna espiritualidad cristiana se desarrolla all\u00ed\u00ad donde la ciudad del hombre no haya dado lenguaje, sentimientos y valores al catec\u00fameno; ninguna fidelidad al Evangelio es posible all\u00ed\u00ad donde el catec\u00fameno no impone la conversi\u00f3n a su patrimonio cultural.<\/p>\n<p>Presencia y conversi\u00f3n son los dos polos que mantienen al cristiano en los l\u00ed\u00admites de la ciudad del hombre\u00bb. Y la sociedad civil tiene necesidad, igual que la eclesial, de testimonio y de denuncia, de gu\u00ed\u00ada y de contestaci\u00f3n [>Contestaci\u00f3n prof\u00e9tica], de misericordia y de audacia.<\/p>\n<p>4. LAS TENTACIONES DEL HOMBRE EVANGELICO: UTOPIA E INTEGRISMO &#8211; Hablemos, para concluir, de dos tentaciones t\u00ed\u00adpicas del hombre evang\u00e9lico; los movimientos evang\u00e9licos del pasado y las m\u00e1s recientes contestaciones eclesiales podr\u00ed\u00adan ilustrar sus constantes.<\/p>\n<p>1. Un arrebato idealizador que transfiere al Evangelio la totalidad y la rapidez de la conversi\u00f3n propia y ajena; un rigor que hace fermentar a veces un optimismo desencantado, bien por permanecer impert\u00e9rrito ante lo pesado del presente o porque se satisface con escrutar los \u00faltimos tiempos; una lectura de la palabra de Dios que retrocede para restaurar modelos id\u00e9nticos a la \u00abIglesia primitiva\u00bb en lugar de reinventar la fidelidad evang\u00e9lica en las ocasiones nuevas de la Iglesia en crecimiento; una actitud acompa\u00f1ada y corroborada por un literalismo b\u00ed\u00adblico sin posibilidad de historia; una actitud que se vuelve, en fin, socialmente ineficaz, ya sea por la resistencia a la historicidad de la fe, ya por la f\u00e1cil marginaci\u00f3n a que se presta.<\/p>\n<p>2. El convencimiento de que el Evangelio contiene ya en sus t\u00e9rminos literarios la respuesta a cualquier angustia del hombre en el tiempo. Se subestima en este caso, y hasta se ignora, la contribuci\u00f3n de las conquistas profanas y del saber humano. La conquista evang\u00e9lica se presenta como absoluta frente a lo espec\u00ed\u00adfico de los hechos socioculturales y como una alternativa frente a lo complejo de los elementos y mecanismos que presiden las grandes formaciones hist\u00f3ricas y sus conflictos, siendo as\u00ed\u00ad que, por el contrario, la comprensi\u00f3n de estos elementos precede y condiciona el acto de evangelizaci\u00f3n, igual que la simpat\u00ed\u00ada hacia el hombre precede a la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada y la espiritualidad del Vat. q (v\u00e9ase sobre todo GS, LG, AA, NA), recuperada la ciudadan\u00ed\u00ada eclesial y civil de la vida cristiana, exhortan:<\/p>\n<p>a) A prestar atenci\u00f3n a la naturaleza hist\u00f3rico-evolutiva de la comprensi\u00f3n de la Palabra, as\u00ed\u00ad como de las formas en las que se expresan de vez en cuando las virtualidades evang\u00e9licas de la vocaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>b) A tomar buena nota de la consistencia y autonom\u00ed\u00ada de las cosas humanas y de sus procesos; a encontrar al hombre en su ciudad. La cultura y la forma de la ciudad proveen la palabra a la proclamaci\u00f3n y la estructura a la encarnaci\u00f3n. Son a un tiempo preparaciones evang\u00e9licas y t\u00e9rminos de evangelizaci\u00f3n; lugar en el que se despliega la l\u00f3gica de la fe cristiana entre encarnaci\u00f3n y transfiguraci\u00f3n, presencia y trascendencia, conversi\u00f3n y comuni\u00f3n.<\/p>\n<p>El hombre evang\u00e9lico, benigno y cr\u00ed\u00adtico al mismo tiempo con su estado y el de los dem\u00e1s, reafirma fehaciente y eficazmente los prop\u00f3sitos de su propia vocaci\u00f3n: transformar al hombre en imagen perfecta del Padre seg\u00fan la medida de Cristo, hacer que crezca la Iglesia como edificio espiritual agradable a Dios y como esposa radiante del Se\u00f1or y que se construya la ciudad terrena sin maldad ni enga\u00f1os, donde Dios pueda hacer en el tiempo de los hombres un solo pueblo de muchos pueblos, recapitul\u00e1ndolo todo en Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n<p>G. E. Panella<br \/>\nBIBL.-V\u00e9ase la correspondiente a las voces Hombre espiritual e Hijos de Dios.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El hombre evang\u00e9lico y el tiempo de la Iglesia: 1. Evangelismo mendicante o la regla del evangelio; 2. Evangelismo de ruptura; 3. \u00bfLey o Evangelio?: 4. El hombre evang\u00e9lico, conciencia de la Iglesia &#8211; II. La espiritualidad del hombre evang\u00e9lico: 1. En los or\u00ed\u00adgenes; 2. El hombre evang\u00e9lico en la Iglesia; 3. 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