{"id":17087,"date":"2016-02-05T11:07:46","date_gmt":"2016-02-05T16:07:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/horizontalismoverticalismo\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:46","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:46","slug":"horizontalismoverticalismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/horizontalismoverticalismo\/","title":{"rendered":"HORIZONTALISMO\/VERTICALISMO"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Actualidad del problema: 1. La situaci\u00f3n hist\u00f3rica de cristiandad; 2. La situaci\u00f3n hist\u00f3rica de secularizaci\u00f3n; 3. Las situaciones revolucionarias &#8211; II. La experiencia humana originaria &#8211; III. Las interpretaciones de la experiencia: 1. La interpretaci\u00f3n c\u00f3smico-sacral; 2. I.a interpretaci\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica; 3. Las interpretaciones antropol\u00f3gicas; 4. Las interpretaciones existenciales; 5. La interpretaci\u00f3n espacial; 6. La interpretaci\u00f3n temporal &#8211; IV. La palabra de Dios: 1. El mensaje del AT; 2. El mensaje del NT &#8211; V. Una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y espiritual: 1. El deseo humano de felicidad y la experiencia de fe; 2. Reino de Dios y conversi\u00f3n al mundo; 3. Para una espiritualidad eclesial y p\u00fablica del \u00e9xodo y de la invenci\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Actualidad del problema<br \/>\nEl problema del car\u00e1cter horizontal y\/o vertical de la vida cristiana ha explotado recientemente en el \u00e1mbito del cristianismo occidental de forma pol\u00e9mica tras el esfuerzo de algunos movimientos apost\u00f3licos comprometidos en devolver una densidad hist\u00f3rica significativa a la presencia cristiana en la sociedad. El car\u00e1cter pol\u00e9mico de la discusi\u00f3n ha cargado las palabras de significados emotivos y a menudo variables, por lo que resulta indispensable poner de relieve el contexto hist\u00f3rico en que se han usado y que determina su significado.<\/p>\n<p>Es posible se\u00f1alar tres l\u00ed\u00adneas o tendencias, que corresponden tambi\u00e9n en parte a momentos hist\u00f3ricos y a \u00e1reas culturales diversas: la situaci\u00f3n de cristiandad, de secularizaci\u00f3n y de revoluci\u00f3n.<\/p>\n<p>1. LA SITUACI\u00ed\u201cN HIST\u00ed\u201cRICA DE CRISTIANDAD &#8211; La discusi\u00f3n se suscit\u00f3 originalmente por la exigencia de algunos cristianos, tanto en el \u00e1mbito cat\u00f3lico como en el protestante, de redescubrir la primac\u00ed\u00ada de la fe frente a una progresiva ritualizaci\u00f3n del cristianismo y la apertura al mundo en contra de una clericalizaci\u00f3n demasiado acentuada. En el primer aspecto, surge en el campo protestante la reacci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada dial\u00e9ctica de K. Barth, y en el cat\u00f3lico florecen numerosos movimientos de espiritualidad. En el segundo aspecto, hay que recordar los esfuerzos, con diferentes motivaciones, del \u00abhumanismo integral\u00bb (Maritain), de la \u00abteolog\u00ed\u00ada de lasrealidades terrenas\u00bb (Thils), de la \u00abapertura al mundo\u00bb (Auer), del \u00abcristianismo no religioso\u00bb (Bonhoeffer). En este contexto, la palabra horizontalismo no tiene un color negativo, porque la usan los opositores de esta tendencia para rechazarla pol\u00e9micamente, mientras que la palabra verticalismo, no mejor precisada, asume el significado positivo de presunta fidelidad a la tradici\u00f3n cristiana..<\/p>\n<p>2. LA SITUACI\u00ed\u201cN HIST\u00ed\u201cRICA DE SECULARIZACI\u00ed\u201cN &#8211; En la realidad secular de las sociedades industriales y postindustriales, los t\u00e9rminos del problema han cambiado. Aceptando como punto de partida la ciudad secular, obra de las manos del hombre y privada ya de las \u00abhuellas\u00bb de Dios, muchos cristianos han intentado repensar y reformular la vida cristiana en t\u00e9rminos no religiosos de sentido para la vida y para la convivencia humana. Han sido significativos en este sentido los esfuerzos de la teolog\u00ed\u00ada existencial y de la teolog\u00ed\u00ada de la secularizaci\u00f3n. El car\u00e1cter horizontal del cristianismo es aceptado en este contexto como un dato de hecho irreversible, pero tambi\u00e9n a veces se entiende positivamente como resultado conforme con la revelaci\u00f3n cristiana, e incluso como producto suyo. En cambio, el verticalismo, por un lado, es apreciado negativamente como residuo de una concepci\u00f3n sacral y religiosa del cristianismo, mientras que, por otro, es reformulado en t\u00e9rminos existenciales o comunitarios.<\/p>\n<p>3. LAS SITUACIONES REVOLUCIONARIAS &#8211; Los cristianos comprometidos en una pr\u00e1ctica revolucionaria de cambio de la sociedad no se preocupan ya de encontrar modos de vivir la fe que dejen a salvo su originalidad; intentan m\u00e1s bien empe\u00f1ar su fe en la praxis revolucionaria; se preguntan por el significado de la fe en relaci\u00f3n con el cambio revolucionario de la sociedad y buscan reapropiarse la fe desde dentro de la experiencia revolucionaria. La discusi\u00f3n sobre el horizontalismo y\/o el verticalismo del cristianismo queda superada en este contexto, ligada a la ideolog\u00ed\u00ada de un mundo que hay que transformar radicalmente y, en consecuencia, rechazada en su misma formulaci\u00f3n. El problema se reformula seg\u00fan un esquema temporal y activo, abandonando el esquema espacial y contemplativo; se prefiere hablar de praxis transformadora del presente, de advenimiento del futuro. de novedad.<\/p>\n<p>Las vicisitudes pol\u00e9micas de la discusi\u00f3n exigen que nos remontemos a la experiencia humana que est\u00e1 en la ra\u00ed\u00adz del problema y que analicemos sucesivamente el hecho de que esa experiencia puede recibir una pluralidad de interpretaciones, a menudo en conflicto entre s\u00ed\u00ad y, en todo caso, nunca adecuadas a la experiencia misma.<\/p>\n<p>II. La experiencia humana originaria<br \/>\nLa verdadera vida est\u00e1 ausente. Pero vivimos. Esta situaci\u00f3n parad\u00f3jica suscita un movimiento original: desde lo que nos es cotidianamente familiar -incluso en sus aspectos inexplorados todav\u00ed\u00ada- hacia lo que a\u00fan no existe, hacia lo invisible. El t\u00e9rmino de este movimiento no es algo que se vaya haciendo progresivamente correlativo ni una meta; es distinto de todo lo que podemos ver, de lo que podemos captar, de lo que nos puede satisfacer. Sin embargo, ese movimiento, cuyo t\u00e9rmino se nos escapa, est\u00e1 profundamente arraigado en nosotros, hasta el punto de que es constitutivo de nuestra vida.<\/p>\n<p>Esta condici\u00f3n insuprimible pone la vida del hombre bajo el signo de una polaridad existencial entre lo que de hecho existe y lo que es posible, entre lo ya hecho y lo no realizado todav\u00ed\u00ada, polaridad que convierte al hombre en un ser de deseo.<\/p>\n<p>Por otra parte, la tensi\u00f3n existencial, que en ciertos cambios de la historia especialmente marcados por la transici\u00f3n cultural puede asumir tintes dram\u00e1ticos, es ambivalente en el sentido de que lo posible puede reducirse a los l\u00ed\u00admites de lo ya existente y lo invisible puede ser objetivado. De este modo el deseo de lo infinito queda reducido a la necesidad o a una serie de necesidades que satisfacer.<\/p>\n<p>La objetivaci\u00f3n del deseo humano de totalidad, que conduce a la cosificaci\u00f3n de la vida y de la historia, es posible tanto en el registro de la experiencia religiosa como en el registro de la vida secular. El objetivo fascinante y tremendo de la experiencia religiosa o la pr\u00e1ctica ritual pueden desempe\u00f1ar la funci\u00f3n de objetivar la dimensi\u00f3n trascendente de la experiencia humana, haciendo posible la compaginaci\u00f3n arm\u00f3nica de lo invisible, entendido entonces como objeto de la experiencia religiosa con la cotidianidad a menudo conflictiva de la existencia y poniendo de est modo al individuo al abrigo de su dramatismo. Una funci\u00f3n an\u00e1loga pueden tambi\u00e9n desempe\u00f1ar las que podernos llamar religiones laicas del progreso del lucro, del \u00e9xito, de la racionaliza. ci\u00f3n total.<\/p>\n<p>Pero la cosificaci\u00f3n de la vida y de l\u00e1 historia no puede ser nunca total y definitiva, como lo muestra el fen\u00f3meno del \u00abhombre rebelde\u00bb, que en nuestra \u00e9poca ha superado la expresi\u00f3n individual y literaria para convertirse en fen\u00f3meno colectivo e hist\u00f3rico. La rebeld\u00ed\u00ada se presenta en su inmediatez como la negaci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica global de las leyes, de las convenciones sociales y de la misma satisfacci\u00f3n de las necesidades. Pero el mismo car\u00e1cter parad\u00f3jico de la negaci\u00f3n sugiere que la rebeld\u00ed\u00ada se basa en una experiencia cuya negaci\u00f3n no es m\u00e1s que una expresi\u00f3n suya, ni siquiera la m\u00e1s significativa; la conciencia de los l\u00ed\u00admites, de donde se deriva esa rebeld\u00ed\u00ada, hunde sus ra\u00ed\u00adces en la experiencia positiva de un deseo m\u00e1s radical que todas las necesidades. El fracaso continuamente repetido de ese deseo se plantea sin cesar la cuesti\u00f3n del sentido de la vida y hace necesario adoptar un proyecto de conversi\u00f3n permanente en la perspectiva de la realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo, que habr\u00e1 de alcanzar dentro de una reconciliaci\u00f3n universal.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n la revelaci\u00f3n cristiana ha sido interpretada con frecuencia de modo religioso y ha sufrido a veces la influencia de las religiones seculares. Sin embargo, nunca puede reducirse por completo a esos m\u00f3dulos interpretativos, bien porque Dios se afirma m\u00e1s all\u00e1 de lo sagrado como el creador inefable de todo lo que existe, bien porque en Jesucristo Dios revela su trascendencia, encarn\u00e1ndose y no alej\u00e1ndose de la historia. Por tanto, la fe cristiana, lejos de eliminar la polaridad existencial, la abre continuamente.<\/p>\n<p>III. Las interpretaciones de la experiencia<br \/>\nLa experiencia de la fe cristiana, por implicar al hombre en la ra\u00ed\u00adz de su ser y ponerlo en relaci\u00f3n con el Dios de Jesucristo, cuya autodonaci\u00f3n est\u00e1 radicalmente fuera de nuestra disponibilidad, nunca puede ser adecuadamente tematizada; de aqu\u00ed\u00ad se sigue que puede ser interpretada seg\u00fan una pluralidad de m\u00f3dulos sacados de diversas experiencias y de culturas geogr\u00e1fica e hist\u00f3ricamente diferentes. Como quiera que la pluralidad de interpretaciones tiende a convertirse en conflicto, vale la pena recordar que ninguno de esos modelos interpretativos se identifica jam\u00e1s con la experiencia que interpreta, puesto que es un instrumento construido por la actividad cognoscitiva del hombre a fin de dar cuenta de los fen\u00f3menos de la vida y de la historia.<\/p>\n<p>Los principales modelos hermen\u00e9uticos, en lo que ata\u00f1e a nuestro problema, pueden reducirse a las siguientes figuras t\u00ed\u00adpicas:<\/p>\n<p>1. LA INTERPRETACI\u00ed\u201cN C\u00ed\u201cSMICO-SACRAL presupone la experiencia emocional de la relaci\u00f3n con el cosmos como lugar de la totalidad y la experiencia de lo sagrado en cuanto realidad distinta de la vida cotidiana y a la vez fascinante, porque promete la reconstrucci\u00f3n inmediata de ese para\u00ed\u00adso de la armon\u00ed\u00ada que en la vida cotidiana parece a menudo perdido, ofreciendo as\u00ed\u00ad ciertas garant\u00ed\u00adas en contra del car\u00e1cter dram\u00e1tico de la vida. Lo sagrado es simult\u00e1neamente la realidad distinta de la vida cotidiana y la fuerza misteriosa que se manifiesta y act\u00faa en ella. La relaci\u00f3n se define en t\u00e9rminos de epifan\u00ed\u00ada, en los cuales la realidad c\u00f3smica pierde la autonom\u00ed\u00ada junto con su dramatismo para convertirse en lugar de lo sagrado, que es la verdadera realidad. A esta figura interpretativa son afines las orientaciones de cu\u00f1o m\u00ed\u00adstico o carism\u00e1tico, que sustituyen la experiencia c\u00f3smica por otras experiencias de tipo psicol\u00f3gico o m\u00ed\u00adstico, pero conservando siempre la inmediatez de la relaci\u00f3n con lo trascendente.<\/p>\n<p>2. LA INTERPRETACI\u00ed\u201cN METAF\u00ed\u008dSICA se basa en la reflexi\u00f3n y tiende a distinguir los planos de la realidad y de la experiencia. El n\u00facleo central est\u00e1 constituido por el binomio trascendencia-inmanencia, que, dado su car\u00e1cter gen\u00e9rico, puede sufrir las m\u00e1s diversas concreciones y prestarse a los usos m\u00e1s opuestos. Con notable aproximaci\u00f3n, aunque no sin fundamento, se suele calificar de \u00abgriego\u00bb o \u00abhelen\u00ed\u00adstico\u00bb este esquema interpretativo, y se atribuye frecuentemente a su influencia la causa de la distorsi\u00f3n ultramundana y dualista del cristianismo. En una \u00e9poca reciente este esquema se transform\u00f3 en el otro, menos homog\u00e9neo y bastante m\u00e1s confuso, de trascendencia-encarnaci\u00f3n. con el intento de explicar de una forma un poco menos inadecuada la trascendencia particular de que nos habla la revelaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>3. LAS INTERPRETACIONES ANTROPOL\u00ed\u201cGICAS representan, con numerosas variantes y acentuaciones, el esfuerzo por hacer inteligible la polaridad de la experiencia humana, religiosa y cristiana mediante el recurso a categor\u00ed\u00adas antropol\u00f3gicas. El modelo m\u00e1s com\u00fan habla de cuerpo-alma o de cuerpo-esp\u00ed\u00adritu, en donde el primer t\u00e9rmino indica ante todo la facticidad existencial, mientras que el segundo tiene la funci\u00f3n de expresar la capacidad de trascendencia. Con mucha frecuencia en la espiritualidad los t\u00e9rminos de este binomio se cargan con una valencia negativa (cuerpo) o se entienden de una forma acr\u00ed\u00adticamente positiva (alma, esp\u00ed\u00adritu), alimentando un dualismo que nunca acaba de extinguirse.<\/p>\n<p>4. LAS INTERPRETACIONES EXISTENCIALES son una variante de las interpretaciones antropol\u00f3gicas cl\u00e1sicas, enriquecidas por una enorme mole de an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gicos de la vida subjetiva. Tras la obra implacable de desmitificaci\u00f3n realizada especialmente por la fenomenolog\u00ed\u00ada existencial y el psicoan\u00e1lisis frente a la subjetividad y la interioridad, se sigue hablando de los binomios subjetividad-objetividad, interioridad-exterioridad, aunque poniendo de relieve la polaridad interna y esencial de estos binomios, sin que pueda ya pensarse en una subjetividad de tipo cartesiano o en una interioridad totalmente libre. Esta lecci\u00f3n desmitificante no parece haber sido todav\u00ed\u00ada acogida adecuadamente en la espiritualidad cristiana, para la cual con frecuencia la vida interior sigue teniendo un significado ingenuamente positivo.<\/p>\n<p>5. LA INTERPRETACI\u00ed\u201cN ESPACIAL en t\u00e9rminos de horizontalismo-verticalismo es m\u00e1s reciente y marca un retorno a los modelos cosmol\u00f3gicos. La existencia y la historia se distribuyen seg\u00fan dos coordenadas espaciales, de las que la primera indica la historia y la segunda la trascendencia. El car\u00e1cter formal del esquema espacial permite la infiltraci\u00f3n subrepticia de otros esquemas interpretativos que quedan por ello empobrecidos y desfigurados; es el destino que les ha correspondido a los intentos de reformular toda la cuesti\u00f3n en t\u00e9rminos de amor al pr\u00f3jimo y amor a Dios, de mundo e Iglesia, de pol\u00ed\u00adtica y fe. En efecto, el car\u00e1cter formal del esquema espacial, siempre que no se pierda de vista su valor simb\u00f3lico, lo capacita para ser utilizado como arma pol\u00e9mica m\u00e1s que para comprender la realidad de la vida.<\/p>\n<p>6. LAS INTERPRETACIONES TEMPORALES se han impuesto recientemente como consecuencia del renacimiento de los estudios b\u00ed\u00adblicos y lit\u00fargicos y, m\u00e1s ampliamente, por el clima cultural de la sociedad industrial dominada por la l\u00f3gica de la previsi\u00f3n, de la proyecci\u00f3n y de la realizaci\u00f3n de los objetivos; en este sentido, tiene tambi\u00e9n su importancia el peso hist\u00f3rico, cada vez mayor, del marxismo. Entre la diversidad de modos con que se expresa la interpretaci\u00f3n temporal, el m\u00e1s difundido y el m\u00e1s significativo habla de historia y de escatolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Todas las figuras interpretativas tienen una estructura dual, mediante la cual intentan enuclear una experiencia que es imposible matizar adecuadamente. Puede tambi\u00e9n se\u00f1alarse la permanencia de la tendencia a pasar de la dualidad al dualismo. La dificultad real consiste en pensar y en expresar la relaci\u00f3n, la implicaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca de los dos t\u00e9rminos del binomio; pero es \u00e9sta la verdadera tarea que hay que afrontar.<\/p>\n<p>IV. La palabra de Dios<br \/>\nLa Biblia no ilustra directamente ninguna tesis teol\u00f3gica relativa al problema horizontalismo-verticalismo. Su perspectiva no es te\u00f3rica, sino existencial e hist\u00f3rica. Al ser una serie de libros escritos y recogidos en \u00e9pocas diversas y con diversas intenciones y caracter\u00ed\u00adsticas, en la Biblia se habla tambi\u00e9n de elementos teof\u00e1nicos, c\u00f3smicos y antropol\u00f3gicos. Pero el fil\u00f3n central y constitutivo de la revelaci\u00f3n es de tipo personalista y comunitario: lo que la Biblia expone es la alianza de Dios con el pueblo elegido, que se desarrolla hist\u00f3ricamente en la autodonaci\u00f3n fiel de Dios y en la formaci\u00f3n de su pueblo en el mundo. S\u00f3lo de esta aventura hist\u00f3rica es posible obtener elementos significativos para ilustrar indirectamente nuestro tema.<\/p>\n<p>1. El. MENSAJE DEL ANTIGUO TESTAMENTO &#8211; Aunque no es posible recoger en una s\u00ed\u00adntesis ordenada el mensaje veterotestamentario, se puede se\u00f1alar en el anuncio eficaz de la venida del reino de Dios uno de los aspectos m\u00e1s relevantes, si no el \u00fanico, del Antiguo Testamento.<\/p>\n<p>a) La primac\u00ed\u00ada de la relaci\u00f3n de Dios con el pueblo. A diferencia de la experiencia religiosa, en donde se busca lo divino a partir del deseo humano de totalidad, la Biblia pone de relieve la imposibilidad humana de ver y de manipular a Dios: Yahv\u00e9 es inefable (Ex 3,5s; 19,22; ls 6,5). De Dios s\u00f3lo se sabe lo que \u00e9l mismo revela en la actividad salv\u00ed\u00adfica en favor del pueblo. Por tanto, la iniciativa salv\u00ed\u00adfica de Dios para con el pueblo es prioritaria respecto al esfuerzo humano ascendente de conocer y amar a Dios, y traza sus posibilidades y sus l\u00ed\u00admites.<\/p>\n<p>En la visi\u00f3n teol\u00f3gica del yahvista, la \u00abbendici\u00f3n\u00bb es, en primer lugar, acci\u00f3n de Dios en favor de los patriarcas (G\u00e9n 12,1-3; 36,12-24; 27,27; 30,27; 39,5).<\/p>\n<p>La liberaci\u00f3n de Egipto se presenta como concreci\u00f3n fiel de la bendici\u00f3n de Dios a los patriarcas (Ex 20,2; Dt 5,6) y se atribuye a la intervenci\u00f3n poderosa de Dios (Ex 15.1-8).<\/p>\n<p>Cuando la relaci\u00f3n de Yahv\u00e9 con el pueblo se presenta en t\u00e9rminos de amor, el amor se celebra sobre todo como existente en Dios para con el pueblo m\u00e1s que como sentimiento humano dirigido a la divinidad. Los profetas insisten de manera especial en este aspecto, no sin subrayar la diferencia del amor de Dios respecto al amor humano (Os 11,7-9).<\/p>\n<p>b) El car\u00e1cter central de la respuesta \u00e9tica en el amor fraterno. La aguda conciencia b\u00ed\u00adblica de la inefabilidad de Dios no permite concebir la respuesta a la iniciativa de Dios en t\u00e9rminos directos e inmediatos, sino que exige pasar a trav\u00e9s de las mediaciones hist\u00f3ricas del compromiso \u00e9tico, cuya forma primordial es la realizaci\u00f3n de una vida social liberadora.<\/p>\n<p>La bendici\u00f3n que los patriarcas reciben de Dios les obliga, en primer lugar, a colaborar en la realizaci\u00f3n de las promesas divinas y a difundir la bendici\u00f3n de Dios sobre sus descendientes (G\u00e9n 27,27-29; 49,1-27) y, a trav\u00e9s de ellos, sobre todos los hombres (G\u00e9n 30,27; 39,5; 48,16).<\/p>\n<p>La liberaci\u00f3n de la esclavitud compromete a Mois\u00e9s y al pueblo a crear aquellas condiciones concretas que consoliden, ampl\u00ed\u00aden y promuevan el proceso de liberaci\u00f3n, que es el \u00fanico que hace posible un aut\u00e9ntico culto al verdadero Dios (Ex 12,26).<\/p>\n<p>Los profetas relacionan el amor fraterno con el amor de Dios a su pueblo: lo mismo que Dios observa la justicia y el derecho, la benevolencia y la misericordia (Os 2,21), tambi\u00e9n los fieles han de practicar la benevolencia (Os 6,6), el derecho y la misericordia (Os 12,7), la justicia y la bondad (Os 10,12s). La alianza de Dios con Israel es un acontecimiento que tiene lugar en la historia y crea historia. Lo que distingue a Israel de otros pueblos es la convicci\u00f3n de ser un pueblo escogido por Dios a trav\u00e9s de una serie de intervenciones hist\u00f3ricas determinadas. Las antiguas relaciones del hombre con la naturaleza son sustituidas por una relaci\u00f3n personal y comunitaria que se desarrolla como historia. La vocaci\u00f3n hist\u00f3rica del pueblo explica la prioridad del compromiso \u00e9tico frente a las especulaciones gn\u00f3sticas y las huidas m\u00ed\u00adsticas. Y el compromiso \u00e9tico se concreta en la transformaci\u00f3n de las relaciones sociales, ya que es con el pueblo con quien Dios establece su alianza y no con cada individuo.<\/p>\n<p>c) La relaci\u00f3n del pueblo con Dios. La relaci\u00f3n de los hombres con Dios tiene en el Antiguo Testamento un significado distinto del que se entiende com\u00fanmente cuando se habla de dimensi\u00f3n vertical del cristianismo. La forma principal de esta relaci\u00f3n est\u00e1 constituida por la fe vivida como reconocimiento de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica del Dios fiel en favor del pueblo. Y la concreci\u00f3n primaria de esta fe consiste en el compromiso \u00e9tico de la obediencia de fe, entendida como esfuerzo continuo de caminar con Dios en la realizaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Consiguientemente, el culto no es -como lo muestra claramente la cr\u00ed\u00adtica prof\u00e9tica- un momento aut\u00f3nomo, y mucho menos omnicomprensivo, de la vida religiosa. El culto est\u00e1 en funci\u00f3n de la fe y de la vida del pueblo; es la celebraci\u00f3n gozosa del reconocimiento de la gratuita acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios. celebraci\u00f3n que es aut\u00e9ntica en la medida en que va acompa\u00f1ada del esfuerzo \u00e9tico del pueblo.<\/p>\n<p>2. EL MENSAJE DEL NT En el horizonte del Antiguo Testamento, el acontecimiento hist\u00f3rico de Jes\u00fas adquiere toda su densidad. La autocomunicaci\u00f3n de Dios, que comenz\u00f3 con la creaci\u00f3n y opera a lo largo de todo el curso de la historia salv\u00ed\u00adfica, tiene en Cristo su pleno cumplimiento.<\/p>\n<p>a) ENCARNACION\/SOLIDARIDAD: Jes\u00fas de Nazaret. Al hacerse hombre, Dios \u00abtrasciende la trascendencia\u00bb en que pretenden aislarlo la raz\u00f3n humana y el esp\u00ed\u00adritu religioso, y revela que la verdadera trascendencia consiste en hacerse solidario de los hombres (Jn 1,14; Flp 2,6-11). La encarnaci\u00f3n de Dios en Jesucristo contradice el deseo humano de alcanzar \u00abverticalmente\u00bb a Dios y revela que este deseo est\u00e1 en connivencia con la l\u00f3gica pecaminosa de \u00abquerer ser como Dios\u00bb. Al mismo tiempo, la encarnaci\u00f3n y la vida hist\u00f3rica de Cristo revelan la seriedad y la profundidad de la aceptaci\u00f3n del destino humano como lugar \u00fanico y definitivo en donde caminar juntos hacia la salvaci\u00f3n, sumergi\u00e9ndose en la historia hasta sus ra\u00ed\u00adces en vez de buscar la soluci\u00f3n en un esfuerzo tit\u00e1nico de trascendencia evasiva.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n suprema del amor de Dios como aceptaci\u00f3n del destino humano y deseo de compartirlo tiene lugar en la cruz, donde Dios mismo se pone del lado del hombre, en contra de la deidad en la que el hombre ha intentado encerrarlo. Jes\u00fas no acepta la voluntad de poder del hombre, porque no participa en la construcci\u00f3n de la existencia alienada, ni la destruye mec\u00e1nicamente sin que lo sepan los hombres. Cristo asume sobre s\u00ed\u00ad la condici\u00f3n humana alienada del pecado y de la muerte. Pero en la cruz Cristo no asumi\u00f3 la muerte s\u00f3lo como un acto de hero\u00ed\u00adsmo, ni la acept\u00f3 s\u00f3lo como pura expiaci\u00f3n del pecado; la muerte la vivi\u00f3 como supremo sacrificio de entrega filial al Padre, como un sacrificio total de la propia libertad en total libertad; como sacrificio que coincide por eso mismo con la esencia de la persona, imagen de Dios.<\/p>\n<p>En la resurrecci\u00f3n se verifica el encuentro del amor del Padre y del Hijo. En la din\u00e1mica paternidad-filiaci\u00f3n consiste el n\u00facleo central de la fe cristiana y la meta de la praxis de los cristianos. Jes\u00fas no aniquila en s\u00ed\u00ad mismo ni en nosotros el deseo de vivir, sino que lo articula con el deseo del Padre, que puede dar la vida verdadera, la vida m\u00e1s fuerte que la muerte, ya que es la fuente absoluta de la vida.-<br \/>\nb) De Jes\u00fas a la comunidad de los creyentes. Jes\u00fas no se sit\u00faa ante los creyentes como un modelo que imitar, como un recuerdo que guardar con nostalgia o como un fetiche que adorar. El resucitado trasciende todas las esquematizaciones del \u00abantes\u00bb y \u00abdespu\u00e9s\u00bb, del \u00abdentro\u00bb y \u00abfuera\u00bb; su presencia es distinta; es energ\u00ed\u00ada que irradia, esp\u00ed\u00adritu que suscita vida (1 Cor 15,45).<\/p>\n<p>Ya durante su existencia hist\u00f3rica, Jes\u00fas \u00abenv\u00ed\u00ada\u00bb a sus disc\u00ed\u00adpulos (Lc 10,lss). Despu\u00e9s de su resurrecci\u00f3n retira su presencia f\u00ed\u00adsica (Lc 24,31); no quiere ser adorado (Jn 20,17) ni contemplado in\u00fatilmente (He 1,11).<\/p>\n<p>La relaci\u00f3n con Jesucristo no debe establecerse a trav\u00e9s del espejismo de la identificaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica, que nos relaciona \u00fanicamente con los productos de nuestro propio psiquismo; la continuidad con Jes\u00fas debe construirse sobre la base de la fidelidad a la misi\u00f3n hist\u00f3rica a la que \u00e9l dio comienzo (Mt 28,18s), entendida como testimonio de misterio (Mt 1,21ss) y como esfuerzo \u00e9tico de crear en los lugares y en los tiempos de la historia aquellas condiciones concretas de amor fraterno (He 4,32-35; Jn 13,33-38; Mt 25, 31-46) que hagan posible la adhesi\u00f3n a su causa.<\/p>\n<p>c) La espera escatol\u00f3gica. La caridad fraterna se presenta como la actividad caracter\u00ed\u00adstica del cristiano en el tiempo de la espera de la parus\u00ed\u00ada a trav\u00e9s de los evangelios sin\u00f3pticos (Mt 25, 1-13; 25,14-30; Lc 19,12-27), de los escritos paulinos (G\u00e1l 4,10; Rom 13,8-10; 1 Cor 13,1ss), del cuarto evangelio (Jn 13,33-38) y de los escritos apost\u00f3licos (Didaj\u00e9 16,1-4; 1 Clem. 2,4-8; 50,3; 2 Clem. 17,2-4).<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la caridad es la ocupaci\u00f3n normal de los cristianos que esperan la parus\u00ed\u00ada. El amor al pr\u00f3jimo en general y a los m\u00e1s peque\u00f1os en particular constituye el v\u00ed\u00adnculo entre el tiempo presente y el futuro. Se puede decir, ciertamente, que el amor fraterno es la caracter\u00ed\u00adstica para el tiempo de la ausencia de Cristo. Pero a\u00fan m\u00e1s concretamente hay que decir que en su amor fraterno los disc\u00ed\u00adpulos participan del amor de Cristo a los hombres y contin\u00faan su causa en la historia.<\/p>\n<p>El amor es la \u00fanica energ\u00ed\u00ada vital por la que en el mundo presente, sometido al mal y a la muerte, los hombres pueden anticipar la vida futura. Pero esto se lleva siempre a cabo bajo la forma de \u00abtensi\u00f3n\u00bb: la caridad es un trabajo que serealiza en las vicisitudes hist\u00f3ricas a trav\u00e9s de mil dificultades, suscitado por la fe y sostenido por la esperanza (1 Tes 1,3: Rom 5,3-5).<\/p>\n<p>V. Una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica y espiritual<br \/>\nEste tema dice una estrecha referencia a la concepci\u00f3n de Dios, a la misi\u00f3n de la Iglesia y a la relaci\u00f3n de la fe con la historia. S\u00f3lo dentro de su vinculaci\u00f3n con estos temas es posible desarrollar convenientemente la cuesti\u00f3n del horizontalismo-verticalismo.<\/p>\n<p>1. EL DESEO HUMANO DE FELICIDAD Y LA EXPERIENCIA DE FE &#8211; La adhesi\u00f3n a la palabra de Dios hunde sus ra\u00ed\u00adces en el deseo humano de felicidad. Buscar la felicidad significa desear el propio cumplimiento, hallando la identidad en el encuentro con aquel que puede revelarla y realizarla. Todo hombre concibe ideales de felicidad y, por otra parte, todo hombre experimenta el fracaso con que tropiezan sus proyectos en el choque con la realidad.<\/p>\n<p>Incluso en la fe el hombre puede buscar una garant\u00ed\u00ada tranquilizante de la invalidez de lo que ya ha realizado o de los ideales que se ha forjado. Pero la fe, en su din\u00e1mica m\u00e1s simple y verdadera, lejos de ofrecer justificaciones tranquilizadoras, renueva y asume el conflicto entre el deseo y la realidad.<\/p>\n<p>Cuando el hombre plantea el problema de Dios de forma consciente, se lleva ya vivido mucho; tiene ya una concepci\u00f3n de Dios, del mundo y de s\u00ed\u00ad mismo. Por eso siente la tentaci\u00f3n de encontrar a Dios en la prolongaci\u00f3n de los \u00e9xitos de sus pensamientos y de sus actos como justificaci\u00f3n de lo que ya ha adquirido, desentendi\u00e9ndose de la tarea de remontarse a la ra\u00ed\u00adz de su ser. Incluso el esquema horizontalismo-verticalismo puede prestarse, como sugieren sus pol\u00e9micas metamorfosis, al juego de procurar justificaciones religiosas a determinados modos de vivir. El deseo humano tiende siempre a fijarse en metas concretas y manipulables, que est\u00e9n al alcance del hombre y en las que pueda \u00e9l verificar su fuerza dominadora.<\/p>\n<p>La experiencia de fe pone al creyente en relaci\u00f3n con un Dios que permanece inaccesible y que no es jam\u00e1s objeto manipulable. La indisponibilidad de Dios, s\u00f3lidamente anclada en la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica, conduce a una inversi\u00f3n de perspectiva. Aquello de lo que se puede disponer se convierte en objeto; s\u00f3lo lo que tiene aspectos rec\u00f3nditos e impenetrables, incluso para el pensamiento, es realmente persona. Por otra parte, la manifestaci\u00f3n de Dios en la revelaci\u00f3n da a conocer \u00fanicamente su actitud personal. su voluntad libre de darse. El creyente descubre en la fe que hay un Dios m\u00e1s grande que su deseo. Pero esta revelaci\u00f3n (precisamente porque Dios no es un objeto antagonista del hombre, sino que permanece indisponible), lejos de eliminar la apertura del anhelo humano, le abre al hombre un horizonte in\u00e9dito, haciendo posible su libertad. Al acoger a Dios en la fe, el hombre descifra un poco mejor el secreto de su identidad, ve abrirse un horizonte de porvenir y se hace libre para una respuesta de don. Entonces empieza a vivir, aceptando con gozo su condici\u00f3n de hijo. Ser hijo significa aceptar de otro el don de la vida propia y realizar esta vida reconociendo al otro mediante el don de s\u00ed\u00ad en una comuni\u00f3n mutua.<\/p>\n<p>Se puede hablar de \u00abpresencia ausente\u00bb de Dios en la fe; se trata de una presencia velada, porque Dios, en su revelaci\u00f3n, nunca se hace correlativo; pero es verdadera presencia, como lo demuestra la transformaci\u00f3n que experimenta el creyente que la acoge; es una presencia activa, que se hace hist\u00f3ricamente perceptible en la transformaci\u00f3n que realiza en la vida de los creyentes. Es una transformaci\u00f3n que no se agota en sus resultados f\u00e1cticos, sino que se presenta como una fuente inagotable; no se agota en la trascendencia de un hecho determinado ni en una encarnaci\u00f3n determinada, sino que se convierte en un hecho constante de trascendencia y de encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La maduraci\u00f3n de la fe lleva consigo una superaci\u00f3n de las representaciones imaginarias de Dios y de s\u00ed\u00ad mismo para basarse en la espera vigilante de la revelaci\u00f3n de Dios en la realidad de la historia y de nosotros mismos. Creer no es basarse en unas ideas, en unas acciones o en unos sentimientos, por muy purificados que est\u00e9n; es basarse en la presencia inefable y activa de Dios, que interpela nuestro deseo, pobre pero capaz de infinito. La fe, lejos de ser una posesi\u00f3n espiritual, incita a un vaciamiento (k\u00e9nosis) real, que arranca de todo atrincheramiento fetichista de pensamientos, sentimientos y comportamientos, para invitar a participar activamente en la obra de Dios en la historia.<\/p>\n<p>2. REINO DE DIOS Y CONVERSI\u00ed\u201cN AL MUNDO &#8211; Si Dios, tal como aparece definitivamente en Jesucristo, es aquel que viene al mundo, entonces creer en Dios, convertirse a Dios, significa en realidad e inseparablemente convertirse con Dios al mundo.<\/p>\n<p>No es exacto afirmar que la tradici\u00f3n cristiana ha favorecido la b\u00fasqueda de Dios en la huida del mundo [>Mundo IV] m\u00e1s que en el amor a los hombres y al mundo. Pero existe el peligro constante y real de hacerlo; y a veces, de hecho, se ha dado esta distorsi\u00f3n ultramundana del cristianismo, como lo demuestra el haberse preocupado m\u00e1s por distinguir entre amor al pr\u00f3jimo y amor a Dios que por intentar mostrar su unidad, y como asimismo manifiesta la acerba pol\u00e9mica surgida en torno a los llamados movimientos horizontalistas. En realidad, tambi\u00e9n la l\u00f3gica que sostiene la posici\u00f3n verticalista peca por defecto, no por exceso, de fidelidad a Dios, ya que sigue siendo una l\u00f3gica antropoc\u00e9ntrica en connivencia con el deseo humano de omnipotencia, que tiende a hacer a Dios mismo prisionero de su omnipotencia.<\/p>\n<p>El Dios de Jesucristo no es un Dios empantanado en su misma trascendencia y separado del mundo. Al contrario, la trascendencia de Dios se revela en su entrega al mundo como creador y salvador. Todo esto se expresa en el anuncio de la llegada inminente del reino de Dios, que es el mensaje central de Jesucristo; el se\u00f1or\u00ed\u00ado de Dios en el mundo significa la intenci\u00f3n divina de transformar el mundo. Semejante inversi\u00f3n de la piadosa tendencia a olvidarse del mundo por amor a Dios constituye entonces una conversi\u00f3n al mundo.<\/p>\n<p>La consecuencia m\u00e1s constructiva de esta conversi\u00f3n al mundo es la idea cristiana del amor, que afirma al mundo en el mismo momento de transformarlo. El amor exige una inversi\u00f3n decidida: de una tensi\u00f3n de huida hacia la perfecci\u00f3n trascendente de Dios al hecho de compartir el dinamismo del amor de Dios al mundo. Tomando parte en este dinamismo es como el cristiano supera su inter\u00e9s limitado a su propia felicidad individual; advierte que el cumplimiento de su vida individual est\u00e1 comprendido en el amor m\u00e1s grande de la afirmaci\u00f3n del mundo por parte de Dios; se da cuenta de que compartir el amor de Dios al mundo es estar ya en comuni\u00f3n con Dios mismo, siendo \u00e9sta incluso la \u00fanica manera posible de estar en comuni\u00f3n con Dios.<\/p>\n<p>El amor cristiano no es una sensaci\u00f3n sentimental, sino el dinamismo mediante el cual los hombres se relacionan con el mundo y, m\u00e1s concretamente, con sus hermanos. La concepci\u00f3n din\u00e1mica y personalista del amor se deriva de una idea de trascendencia divina y activamente presente de modo germinal en la din\u00e1mica del mundo. La visi\u00f3n cristiana del amor afirma que el mundo presente no est\u00e1 necesariamente destinado a la destrucci\u00f3n, sino que puede esperar la salvaci\u00f3n, pero s\u00f3lo a condici\u00f3n de que se transforme. En este proceso del amor trasformante, evitando las tentaciones de idolatrar al presente o de rechazarlo destructivamente para refugiarse en el futuro, es donde hay que realizar la cr\u00ed\u00adtica y la superaci\u00f3n de toda propensi\u00f3n del hombre a la resistencia obstinada, de su indolencia y de todas las estructuras con las que le gustar\u00ed\u00ada protegerse del cambio.<\/p>\n<p>Si el amor es la estructura de la conversi\u00f3n divina al mundo, la comuni\u00f3n con Dios es participaci\u00f3n de su amor creativo, que sostiene a todas las criaturas y las lleva a plenitud de vida, poni\u00e9ndolas en relaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca. El deseo humano de felicidad, en vez de dejarse llevar por el v\u00e9rtigo de la b\u00fasqueda \u00abvertical\u00bb de Dios o de perderse en el marasmo \u00abhorizontal\u00bb de las cosas, tiene abierta ante s\u00ed\u00ad la perspectiva de Dios: la reconciliaci\u00f3n universal.<\/p>\n<p>3. PARA UNA ESPIRITUALIDAD ECLESIAL Y P\u00daBLICA DEL EXODO Y DE LA INVENCI\u00ed\u201cN &#8211; Con frecuencia la b\u00fasqueda de los cristianos se ve entorpecida por un equ\u00ed\u00advoco que consiste en identificar la dimensi\u00f3n vertical del cristianismo con la Iglesia o con la liturgia y la dimensi\u00f3n horizontal con el mundo o con la actividad profana. En el plano de las ideas, esta identificaci\u00f3n simplista se supera cuando uno es consciente de que la Iglesia es tambi\u00e9n una realidad hist\u00f3rica y de que el mundo es portador de trascendencia; el Vat. II ha sancionado esta superaci\u00f3n. Sin embargo, \u00e9sta no llegar\u00e1 a ser real mientras los cristianos no renueven el modo de presencia hist\u00f3rica de la Iglesia.<\/p>\n<p>El punto de partida es la pertenencia a una Iglesia que, como todo grupo social, tiende a absolutizarse como sociedad perfecta o bien a hacer que surja esta misma mentalidad en la pertenencia a grupos elitistas o a ideolog\u00ed\u00adas cr\u00ed\u00adticas frente a la misma Iglesia. Esta estrategia aplaza el problema sin resolverlo, ya que la crisis cultural se extiende a todos los grupos sociales.<\/p>\n<p>El cambio cultural, que introduce una separaci\u00f3n cada vez m\u00e1s marcada entre las representaciones de la fe heredadas del pasado y las nuevas representaciones colectivas, invita a un redescubrimiento de la originalidad eclesial en el Esp\u00ed\u00adritu, que tiene momentos de \u00e9xodo y de creatividad.<\/p>\n<p>El \u00e9xodo no es s\u00f3lo una necesidad derivada de la situaci\u00f3n de cambio cultural; es tambi\u00e9n una exigencia profundamente arraigada en la fe. Este \u00e9xodo tiene que concretarse en formas comunitarias. La b\u00fasqueda de Dios no puede ser una aventura individualista, emprendida aisladamente de los dem\u00e1s. Es una obra de solidaridad con toda una generaci\u00f3n; una prueba de verdad para el creyente, llamado a participar en los problemas de su \u00e9poca y a buscar a Dios en ellos y a trav\u00e9s de ellos.<\/p>\n<p>Al participar en los esfuerzos actuales por descubrir un sentido a la vida, los creyentes encuentran la posibilidad de descubrir su propia identidad. Para reconocer a Jes\u00fas, es necesario identificarse con \u00e9l en una pr\u00e1ctica que lleve a alcanzarlo en donde \u00e9l est\u00e1 realmente presente y operante. Y Jes\u00fas no est\u00e1 nunca tan presente como cuando su palabra explota como un dinamismo actual de salvaci\u00f3n para los hombres, empezando por los m\u00e1s pobres.<\/p>\n<p>Identific\u00e1ndose con Jes\u00fas a trav\u00e9s de una pr\u00e1ctica social que tenga valor de testimonio comunitario en favor de los hombres que menos cuentan en la vida social, los cristianos est\u00e1n en el camino que les puede descubrir a Jes\u00fas. Por consiguiente, sumergi\u00e9ndose en la vida, en las luchas, en los sufrimientos y esperanzas de los m\u00e1s pobres entre los contempor\u00e1neos es como se busca realmente a Dios, por encima de toda c\u00f3moda esquematizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En este contexto, el debate sobre el horizontalismo y\/o el verticalismo de la vida cristiana resulta no s\u00f3lo anacr\u00f3nico y teol\u00f3gicamente superado, sino que puede ser un s\u00ed\u00adntoma de escasa fidelidad a Cristo y a los hombres. La tarea actual de los cristianos no puede consistir en erigirse en doctores de ideolog\u00ed\u00adas, prisioneros de un insuperable horizontalismo a pesar de unas posibles etiquetas de signo contrario. La verdadera misi\u00f3n actual de los cristianos y de las iglesias consiste en sumergirse como aut\u00e9nticos monjes de las cosas en la realidad de la vida personal, social y pol\u00ed\u00adtica, a menudo cargada de dramatismo. para buscar sin ilusiones ni evasiones, a la luz del Evangelio, junto con los hombres compa\u00f1eros de viaje, un significado a su compromiso actual, en actitud de atenci\u00f3n libre para escuchar los movimientos de la realidad, de paciente tenacidad para realizar los pasos preliminares, de activa vigilancia para ver las posibilidades, de constante b\u00fasqueda de cuanto une a los hombres, animados por la esperanza de la llegada gratuita del reino de Dios.<\/p>\n<p>G. C. Vendrame<br \/>\nBIBL.-Esta relaci\u00f3n entre ambos aspectos de la vida se capta de manera muy clara en algunos autores, quienes en diversas publicaciones han ido decantando el tema. Por eso vamos a limitarnos a citar las publicaciones fundamentales de dichos autores. Para que pueda verse mejor el problema, doy las fechas de los originales entre par\u00e9ntesis: Cox, H. La ciudad secular, Pen\u00ed\u00adnsula, Barcelona 1968 (1967); Id, Las fiestas de locos, Taurus, Madrid 1972 (1989); Id, La seducci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu. Uso y abuso de la religi\u00f3n del pueblo, Sal Terrae, 1979 (1973); Id, Turning East: The Promist and Peril of the new Orientalism, Simon and Schuster, N. York 1977.-Guti\u00e9rrez. G, Teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972; Id, La fuerza hist\u00f3rica de los pobres, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1982.-Maldonado. L, La secularizaci\u00f3n de la liturgia, Marova, Madrid 1970; Id, Religiosidad popular. Nostalgia de lo m\u00e1gico, Cristiandad, Madrid 1975; Id, Iniciaciones a la teolog\u00ed\u00ada de los sacramentos, Marova. Madrid 1977; Id, Experiencia religiosa y lenguaje en Santa Teresa, PPC, Madrid 1982.-Metz, J. B, Teolog\u00ed\u00ada del mundo, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1970 (1968); Id, La fe en la historia y en la sociedad, Cristiandad, Madrid 1979 (1977); Id, Invitaci\u00f3n a la oraci\u00f3n, Sal Terrae, Santander 1979 (1977).-Moltmann, J, Teolog\u00ed\u00ada de la esperanza, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1968 (1966); Id, Sobre la alegr\u00ed\u00ada, la libertad y el juego, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972 (1971): Id, El Dios erucficado, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1975 (1972); Id, La Iglesia, fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1977 (1975).<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Actualidad del problema: 1. La situaci\u00f3n hist\u00f3rica de cristiandad; 2. La situaci\u00f3n hist\u00f3rica de secularizaci\u00f3n; 3. Las situaciones revolucionarias &#8211; II. La experiencia humana originaria &#8211; III. Las interpretaciones de la experiencia: 1. La interpretaci\u00f3n c\u00f3smico-sacral; 2. I.a interpretaci\u00f3n metaf\u00ed\u00adsica; 3. Las interpretaciones antropol\u00f3gicas; 4. Las interpretaciones existenciales; 5. 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