{"id":17089,"date":"2016-02-05T11:07:50","date_gmt":"2016-02-05T16:07:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/laico-seglar\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:50","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:50","slug":"laico-seglar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/laico-seglar\/","title":{"rendered":"LAICO (SEGLAR)"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La experiencia cristiana del laico en la vida del mundo actual y de la Iglesia: 1. Como ciudadanos del mundo; 2. Como miembros de la Iglesia &#8211; II. La identidad del laico: 1. En la Sagrada Escritura: 2. En la Iglesia primitiva: 3. En la Edad Media; 4. Desde la Reforma hasta los tiempos modernos &#8211; III. Espiritualidad y misi\u00f3n del laico en el Vat. II: 1. El principio de la totalidad de la Iglesia: 2. Definici\u00f3n de \u00ablaico\u00bb; 3. La secularidad del laico; 4. Enviado por Cristo; 5. Animado por el Esp\u00ed\u00adritu; 6. Presente en el mundo como Iglesia &#8211; IV. Los ministerios laicales en la Iglesia de hoy: 1. Los \u00abministerios laicales\u00bb en la historia; 2. Teolog\u00ed\u00ada de los ministerios; 3. La pastoral desde la situaci\u00f3n socio-religiosa actual &#8211; V. Unidad eclesial: 1. Colaboraci\u00f3n entre clero y laicos; 2. Asociaciones de laicos.<\/p>\n<p>I. La experiencia cristiana del laico en la vida del mundo actual y de la Iglesia<br \/>\nLa espiritualidad del laico no es una realidad abstracta. Por una parte, el laico es simplemente un cristiano; por otra, una espiritualidad se configura en ese camino concreto en que Dios llama a cada uno a vivir el cristianismo. Esta observaci\u00f3n preliminar, que incluso podr\u00ed\u00ada parecer que cuestiona la existencia de una \u00abespiritualidad del laico\u00bb, abre, por el contrario, la posibilidad de su consistencia, precisamente porque la condici\u00f3n laica tiene ciertas caracter\u00ed\u00adsticas concretas que la diferencian de otras, por ejemplo, del estado religioso [>Vida consagrada] o del ministerio ordenado [-&#8216; Ministerio pastoral]. Por tanto, la espiritualidad del laico se con-figura dentro de la convergencia de varias instancias: la vocaci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica que le viene de Dios, en Cristo, en la Iglesia, y su relaci\u00f3n con los dem\u00e1s, con la sociedad, con el mundo. El laico est\u00e1 lla-mado a encarnar su vida cristiana en esa existencia cotidiana que lo sit\u00faa en el centro de las esperanzas y de las tensiones de la vida de los hombres y de las estructuras de la sociedad. Se trata de una sequela Christi [>Seguimiento] vivida en la realidad cotidiana del hombre, de su trabajo, del compromiso de transformaci\u00f3n y de mejora de la condici\u00f3n de vida, que implica la dimensi\u00f3n social, cultural, pol\u00ed\u00adtica, etc. Se trata de una continua confrontaci\u00f3n e integraci\u00f3n progresiva entre Dios, que habla en la historia de los hombres, las expresiones que brotan de la fe y de la vida eclesial y las siempre nuevas esperanzas de la sociedad. El problema de fondo de la espiritualidad de los laicos es c\u00f3mo descubrir y encontrar lo absoluto de Dios en Cristo en una interioridad que integre todos los valores humanos y todos los aspectos del compromiso terreno. En efecto, los cristianos laicos son con todos los derechos ciudadanos del mundo y miembros de la Iglesia. Por tanto, est\u00e1n llamados a ser fieles a los hombres de su tiempo y obedientes al Cristo de siempre. Desde el momento en que Dios habla al hombre, incluso dentro de la diversidad de culturas, de situaciones y de experiencias humanas, la fidelidad a los valores y a los dinamismos de la humanidad ha de vivirse siempre a la luz de la fe y en la comuni\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>1. COMO CIUDADANOS DEI, MUNDO &#8211; LOS laicos -observa K. Rahner- son aquellos cuyo ser cristiano y cuyas responsabilidades est\u00e1n determinadas por su inserci\u00f3n, en virtud del nacimiento, en la vida y en la trama del mundo. El laico nace al mundo antes de nacer al cristianismo. Su car\u00e1cter original \u00abmundano\u00bb no cambia y es asumido por el bautismo de tal manera que el mundo es el lugar en donde tiene que ser cristiano. Los laicos, en cuanto cristianos, tornan sobre s\u00ed\u00ad mismos, por un nuevo t\u00ed\u00adtulo, las responsabilidades de la vida de los hombres de su tiempo y de las estructuras de la sociedad. Viven la experiencia de las r\u00e1pidas y profundas transformaciones de la vida social (GS 4ss), de sus esperanzas y de sus angustias, de su progreso y de sus desequilibrios y de la repercusi\u00f3n que todo esto tiene en la fe y en la vida eclesial. Como cristianos, participan por la fe de todas las esperanzas de los hombres de hoy. Hablando de estas esperanzas en la alocuci\u00f3n inaugural de la \u00abconsulta mundial\u00bb organizada por el Consilium de laicis en octubre de 1975, el cardenal Roy subrayaba algunos de sus aspectos centrales: \u00abEl hombre busca su propia identidad, busca la justicia, busca a Dios. Y en cuanto a nosotros, como cristianos, nos interpela a todos los niveles. Nuestra ascesis, nuestra espiritualidad, nuestra visi\u00f3n del mundo, nuestra pastoral, nuestra acci\u00f3n apost\u00f3lica, los nuevos modos de orientar. corno cristianos, la secularidad hacia Doos: todo esto presenta una serie de problemas nuevos\u00bb<br \/>\nLa fe de los cristianos, comprometidos en el proceso evolutivo del mundo. no puede eludir su confrontaci\u00f3n sobre todo con el desaf\u00ed\u00ado que le viene de las diversas formas de ate\u00ed\u00adsmo te\u00f3rico y pr\u00e1ctico [>Ateo]; de ciertas esperanzas que no dejan ning\u00fan espacio para los valores espirituales; de la atm\u00f3sfera de secularismo; de esa actitud cient\u00ed\u00adfica o t\u00e9cnica que no cree m\u00e1s que en lo que puede experimentarse y constatarse; del sufrimiento humano y de la injusticia que excluyen la existencia de un Dios-amor; del consumismo, que hace dif\u00ed\u00adcil el anuncio del Dios-misterio, que no puede ser objeto de consumo tal como nuestra sociedad lo entiende, etc. Estas formas de reto a la fe, por una parte, ponen en crisis los valores espirituales; mas, por otra, estimulan a los cristianos a una renovaci\u00f3n de su forma de pensar y de obrar, y a penetrar en el drama del hombre para intentar, en la apertura y el di\u00e1logo, ayudarle a tomar conciencia de su necesidad reprimida de absoluto, de su espera en un Dios que le libere y le salve del abismo de la existencia.<\/p>\n<p>2. COMO MIEMBROS DE LA IGLESIA &#8211; LOS laicos, sobre todo despu\u00e9s del Vat. II, sienten que no est\u00e1n al margen de la Iglesia, sino que son parte activa y determinante de ella para ser mediaci\u00f3n de lo absoluto de Dios y del evangelio en un mundo que se construye de formas siempre nuevas, y en el que es preciso desenmascarar ciertas ambig\u00fcedades para poner de manifiesto las expresiones humanas m\u00e1s genuinas, que abren al hombre a lo absoluto. Tales son los valores de la autenticidad, de la fraternidad, de la solidaridad humana, de la justicia. del amor, de la comuni\u00f3n. de la paz, etc. Cristo asumi\u00f3 esos valores, salv\u00e1ndolos de sus l\u00ed\u00admites: la Iglesia prosigue esta obra en el tiempo. La espiritualidad de los laicos, en cuanto espiritualidad eclesial, se construye a la luz de una imagen de Iglesia no est\u00e1tica, sino din\u00e1mica; de una Iglesia en camino con los hombres, viviendo en el mundo y para el mundo, desarrollando una misi\u00f3n que es al mismo tiempo de evangelizaci\u00f3n y de animaci\u00f3n de todas las realidades temporales. Todo lo que el Vat. II dijo sobre la fisonom\u00ed\u00ada de la Iglesia, y en ella de los laicos, en la LG y en la GS, tiene que ser profundizado todav\u00ed\u00ada en la doctrina y en la praxis para que el creyente laico pueda asumir su responsabilidad de ser Iglesia en el mundo, en el respeto a la mutua autonom\u00ed\u00ada de la Iglesia y del mundo. No se trata ciertamente de oponer una espiritualidad de los laicos a una espiritualidad del clero. El Vat. II defini\u00f3 a la Iglesia, por encima de todo clericalismo, partiendo de su dimensi\u00f3n m\u00e1s universal, la de ser pueblo de Dios. Se trata m\u00e1s bien de volver a encontrar, dentro de esa imagen global y din\u00e1mica de Iglesia, los contornos de una identidad espiritual de los laicos que califique su ser y su funci\u00f3n, teniendo en cuenta la experiencia concreta que ellos realizan en la vivencia de su fe en medio de los desaf\u00ed\u00ados y las esperanzas del mundo moderno [>Iglesia II, 2-3].<\/p>\n<p>II. Identidad del laico<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 es el laico? \u00bfCu\u00e1l es su puesto en la Iglesia? \u00bfQu\u00e9 sentido tiene su aportaci\u00f3n a la construcci\u00f3n del mundo y a la edificaci\u00f3n del reino de Dios? Se trata de interrogantes a los que no hab\u00ed\u00ada respondido la Iglesia de forma expl\u00ed\u00adcita y oficial hasta el Vat. II. Sin embargo, las formulaciones del concilio estuvieron precedidas por treinta a\u00f1os al menos de experiencias y de estudios&#8217;, que hab\u00ed\u00adan aclarado bastante la imagen del laico cristiano en el contexto de una eclesiolog\u00ed\u00ada renovada. Ya no se define al laico negativamente como aquel que no es ni cl\u00e9rigo ni fraile. Su identidad no se establece por referencia a la del clero, como hac\u00ed\u00ada en 1891 Wetzer, quien en el Kirchenlexikon, en el art. \u00abLaico\u00bb, escrib\u00ed\u00ada simplemente: Laie. Siehe Clerus (laico: v\u00e9ase clero). El laico ha adquirido consistencia propia, que ha ido aflorando progresivamente en la conciencia de la Iglesia, antes a\u00fan que con el estudio, a trav\u00e9s de los grandes movimientos de espiritualidad y de apostolado que se iniciaron en los \u00faltimos decenios del siglo pasado y que alcanzaron su mejor florecimiento con la Acci\u00f3n cat\u00f3lica en sus diversas expresiones.<\/p>\n<p>Mas para poder comprender los valores que surgieron en el Vat. II y los que siguen aflorando en la conciencia de la Iglesia de hoy, hemos de repasar brevemente la evoluci\u00f3n hist\u00f3rica del concepto laico y de su posici\u00f3n en la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>1. EN LA SAGRADA ESCRITURA &#8211; Interrogar a la Sagrada Escritura sobre la identidad del laico supone captar en ella el significado global de Iglesia y de creyentes. En efecto, limit\u00e1ndonos a los datos del NT, encontramos all\u00ed\u00ad, m\u00e1s que una espiritualidad propia de los \u00ablaicos\u00bb, la instancia a vivir simplemente la vida en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu dentro de la situaci\u00f3n concreta en que se encuentra cada uno. El NT concibe la Iglesia como unidad de salvaci\u00f3n que tiene su origen en Dios mediante Jesucristo y que es enviada al mundo. Los miembros de esta comunidad, designados como klet\u00f3i (llamados), hagi\u00f3i (santos), mathet\u00f3i (disc\u00ed\u00adpulos), adelf\u00f3i (hermanos), son constituidos como tales mediante una llamada de Dios en Cristo, que hace de ellos un pueblo escogido (1 Pe 1, 10), separado del mundo, pero para ser en \u00e9l signo, testimonio de Dios y fermento de santificaci\u00f3n. Todos juntos forman una unidad, un pueblo, el edificio de Dios (1 Pe 2,5-10; 1 Cor 3,16-17; Ef 2,19-22; Heb 10,21-25). En virtud de la llamada de Dios y del bautismo todos quedan consagrados para formar un reino sacerdotal, un sacerdocio santo, un templo espiritual (1 Pe 2,9-10; 1 Cor 3,16-17) para rendir a Dios un culto espiritual, esto es, animado por el Esp\u00ed\u00adritu, y \u00abanunciar las grandezas\u00bb de Dios (1 Pe 2,9). Hay una distinci\u00f3n entre todos y alguno, entre el reba\u00f1o y los pastores, entre el campo y quienes lo cultivan, entre el edificio y sus constructores; pero sobre todo, en el interior del pueblo \u00fanico, cada uno de los miembros se diferencia de los dem\u00e1s seg\u00fan los carismas, los ministerios, las diversas funciones en el servicio de la edificaci\u00f3n de la comunidad (1 Cor 12; Rom 12). En este sentido existe en el \u00e1mbito de la Iglesia una distinci\u00f3n entre laicos y clero, pero que no tiene por qu\u00e9 oscurecer la unidad de la comunidad cristiana, elegida por Dios y consagrada por entero a \u00e9l. El Nuevo Testamento -indica Congar- \u00abno insiste en la distinci\u00f3n entre laicos y sacerdotes dentro de la Iglesia, sino en la distinci\u00f3n u oposici\u00f3n o tensi\u00f3n entre una Iglesia consagrada toda ella y el mundo, entre el pueblo y el no-pueblo (la\u00f3s y ou la\u00f3s: 1 Pe 1,10), los hermanos y los otros (adelf\u00f3i y oi loipoi) (1 Cor 6,1)\u00bb. La investigaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica se ha interesado por un aspecto fundamental de la identidad de los laicos, a saber, su participaci\u00f3n en el poder sacerdotal, prof\u00e9tico y real de Cristo&#8217;, y por lo que supone esta configuraci\u00f3n para su misi\u00f3n ante el mundo. Para la elaboraci\u00f3n de una espiritualidad de los laicos tiene tambi\u00e9n un valor especial el concepto neotestamentario de sacrificio espiritual, tal como se enuncia sobre todo en la 1 Pe. En efecto, todo cristiano es sacerdote insustituible de s\u00ed\u00ad mismo; y todo cuanto es y cuanto hace, vivificado por el Esp\u00ed\u00adritu, se convierte en materia del sacrificio espiritual ofrecido a Dios. Hay, por tanto, una correspondencia entre sacrificio y sacerdocio, puesto que el sacerdocio es simplemente la cualidad que permite presentarse ante Dios para obtener su gracia y su comuni\u00f3n mediante el ofrecimiento de un sacrificio agradable a \u00e9l&#8217;.<\/p>\n<p>2. EN LA IGLESIA PRIMITIVA &#8211; \u00abLa experiencia de la Iglesia primitiva como &#8216;peque\u00f1a grey&#8217; e igualmente de las persecuciones cristianas y del martirio de algunos miembros, intensifica en la conciencia cristiana los factores de separaci\u00f3n y de solidaridad mutua\u00bb. En el plano de la vida, la Iglesia de los tres primeros siglos atestigua la vivacidad y el dinamismo del compromiso cristiano de los laicos, desde el primer grupo de disc\u00ed\u00adpulos de Cristo hasta la obra de los apologistas, el testimonio de los ascetas y de las v\u00ed\u00adrgenes y el ejemplo de los m\u00e1rtires 8. En el per\u00ed\u00adodo apost\u00f3lico fue notable la actividad de los laicos en obras de asistencia y de hospitalidad. En los ss. I y II con la constituci\u00f3n de las \u00abiglesias dom\u00e9sticas\u00bb y con el fervor apolog\u00e9tico, constitu\u00ed\u00adan un v\u00ed\u00adnculo indispensable entre la Iglesia y la sociedad civil&#8217;. En este per\u00ed\u00adodo se estructura dentro de la comunidad \u00fanica la diferenciaci\u00f3n jer\u00e1rquica. Clemente Romano habla de la triada sacerdotes-levitas-laicos, y Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada de sacerdotes-di\u00e1conos-laicos. En la carta de Clemente -hacia el a\u00f1o 95- aparece por primera vez el t\u00e9rmino laik\u00f3s. I. de la Potterie, en un estudio de car\u00e1cter etimol\u00f3gico y sem\u00e1ntico bien basado en textos paganos, hebreos y cristianos, ha demostrado que el adjetivo laik\u00f3s se refiere al sustantivo la\u00f3s (pueblo), pero considerado no como un grupo \u00e9tnico en oposici\u00f3n a otro, sino como una categor\u00ed\u00ada contrapuesta a otras dentro del mismo pueblo, o sea, la masa del pueblo respecto a sus jefes. Por tanto, con el t\u00e9rmino laico se indicaba al simple creyente en contraposici\u00f3n a aquel que era depositario de un cargo. En este sentido, dice tambi\u00e9n Tertuliano que el t\u00e9rmino laicos designa a un cristiano que no es ni obispo ni sacerdote ni di\u00e1cono, en una palabra, que no pertenece al clero.<\/p>\n<p>3. EN LA EDAD MEDIA &#8211; Congar, al estudiar la historia del laicado cristiano\u00bb, distingue tres per\u00ed\u00adodos distintos no s\u00f3lo en el aspecto cronol\u00f3gico, sino sobre todo en el aspecto cualitativo, seg\u00fan las diversas situaciones en que vino a encontrarse la Iglesia en relaci\u00f3n con el mundo: per\u00ed\u00adodo de persecuciones, per\u00ed\u00adodo de cristiandad, per\u00ed\u00adodo de distinci\u00f3n del mundo, en el que la Iglesia. aunque en minor\u00ed\u00ada, puede representar un papel m\u00e1s propio de ella.<\/p>\n<p>En el primer per\u00ed\u00adodo, el agudo sentido escatol\u00f3gico, como t\u00e9rmino de referencia constante de la vida cristiana, no s\u00f3lo distingue a la Iglesia, sino que la pone en oposici\u00f3n con el mundo. El acento recae en la tensi\u00f3n Iglesia-mundo m\u00e1s bien que en la distinci\u00f3n clero-fieles. En la \u00e9poca de cristiandad o constantiniana las cosas cambian. La Iglesia, como sociedad p\u00fablica de derecho divino, adquiere un lugar privilegiado en el derecho p\u00fablico del imperio. De aqu\u00ed\u00ad algunas consecuencias que influyen en el modo de ser y de obrar de los laicos en la Iglesia: el imperio y la Iglesia se incorporan mutuamente y la tensi\u00f3n se desplaza de la misi\u00f3n de la Iglesia ante el mundo al interior de la misma Iglesia entre sacerdote y monjes, por una parte (los \u00abhombres espirituales\u00bb), y laicos, por otra; el clero y losmonjes reciben de Constantino inmunidades y privilegios, mientras que la dificultad de entender el lat\u00ed\u00adn hace que la cultura se convierta en privilegio de los pr\u00ed\u00adncipes y del clero, por lo que litteratus, el que sabe lat\u00ed\u00adn, equivale a cl\u00e9rigo; a los hombres \u00abespirituales\u00bb, los monjes, se contraponen los laicos, los \u00abcarnales\u00bb, los que se ocupan de este mundo; por tanto, se considera que la espiritualidad por excelencia es la que se vive en la separaci\u00f3n del mundo; los que ocupan cargos eclesi\u00e1sticos se rigen por las formas de vida mon\u00e1stica (por ejemplo, el celibato) y por una dimensi\u00f3n sociol\u00f3gica propia (por ejemplo, la tonsura, los h\u00e1bitos propios). El contraste espiritual-mundano acent\u00faa ese dualismo que atribuye al clero una funci\u00f3n activa de gu\u00ed\u00ada y de formaci\u00f3n respecto a los laicos, y a \u00e9stos una funci\u00f3n pasiva, o sea, la de aquellos a los que toca escuchar y obedecer. De esta forma los laicos vienen a situarse en cierto estado de inferioridad espiritual. Sin embargo, no faltan en este per\u00ed\u00adodo momentos de aprecio y de promoci\u00f3n de los laicos y, por parte de estos laicos, la asunci\u00f3n de ciertas responsabilidades, como, por ejemplo, la reacci\u00f3n (que por desgracia desemboc\u00f3 a veces en movimientos her\u00e9ticos) contra sacerdotes corrompidos, la lenta formaci\u00f3n del convencimiento de que lo que cuenta no es tanto el \u00aborden\u00bb o el \u00abestado\u00bb como la rectitud y la santidad personal, la reforma gregoriana contra el clero simon\u00ed\u00adaco y nicola\u00ed\u00adta, que mientras acent\u00faa el contraste entre clero y laicos se\u00f1ala tambi\u00e9n los l\u00ed\u00admites del dominio del clero y de los laicos, reconoci\u00e9ndoles a \u00e9stos su justa autonom\u00ed\u00ada 13.<\/p>\n<p>4. DESDE LA REFORMA HASTA LOS TIEMPOS MODERNOS &#8211; El mundo moderno -contin\u00faa el an\u00e1lisis hist\u00f3rico de Congar-, con sus grandes descubrimientos, con el humanismo y la Reforma, se crea una nueva conciencia de s\u00ed\u00ad mismo frente a la Iglesia: \u00abHay una caracter\u00ed\u00adstica que marca profundamente el nacimiento de este mundo: la toma de conciencia de la consistencia, de la seriedad intr\u00ed\u00adnseca y, por tanto, de la autonom\u00ed\u00ada del mundo humano y terreno&#8217;. La emancipaci\u00f3n de la sociedad civil respecto de la eclesi\u00e1stica y la afirmaci\u00f3n de los valores terrenos, fuera de todo condicionamiento religioso, hace que la Iglesia se encuentre frente a un mundo plenamente \u00abmundo\u00bb. Ante esta confrontaci\u00f3n, la Iglesia reacciona intentando reconstruir unos cuadros que sustituyan a las viejas estructuras de la cristiandad con organizaciones cat\u00f3licas que desembocar\u00e1n m\u00e1s tarde en los grandes movimientos de Acci\u00f3n cat\u00f3lica, con nuevas experiencias pastorales y con una vida m\u00e1s profunda de fe y de apostolado. De este modo la tensi\u00f3n se sit\u00faa de nuevo entre la Iglesia entera y el mundo y los laicos, que toman una nueva conciencia de la importancia de su funci\u00f3n dentro de la Iglesia y frente a la sociedad. Se desarrolla entonces toda una espiritualidad con un fuerte dinamismo evang\u00e9lico y misionero y un impulso de servicio a los hermanos en todos los campos de la actividad humana. Gradualmente los laicos asumen una presencia activa en las nuevas estructuras sociales y pol\u00ed\u00adticas, especialmente en Italia. como consecuencia de la \u00abcuesti\u00f3n romana\u00bb.<\/p>\n<p>III. Espiritualidad y misi\u00f3n del laico en el Vat. II<br \/>\nPara una espiritualidad de los laicos, tal como se ha dibujado en la Iglesia de nuestros d\u00ed\u00adas, relacionada con sus aspectos dogm\u00e1ticos y pastorales, el Vat. II ha supuesto al mismo tiempo un punto de llegada y un punto de partida. Un punto de llegada de toda la elaboraci\u00f3n teol\u00f3gica que, partiendo de las nuevas experiencias del sentido eclesial realizadas por los mismos laicos, ha desembocado en las formulaciones doctrinales y en las orientaciones operativas del Vat. II. Un punto de partida, ya que el Vat. II ha propiciado una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s profunda, que no se ha limitado a comentar los textos conciliares, sino que ha continuado el camino intentando colmar lagunas y precisar mejor los contornos de la fisonom\u00ed\u00ada del laico en la Iglesia y de su compromiso con el mundo. Los documentos b\u00e1sicos del concilio sobre los laicos son, a nivel dogm\u00e1tico, el c. IV de la LG; a nivel de misi\u00f3n apost\u00f3lica espec\u00ed\u00adfica, el decreto AA; a nivel de encuentro y confrontaci\u00f3n con el mundo, la constituci\u00f3n pastoral GS.<\/p>\n<p>1. EL PRINCIPIO DE LA TOTALIDAD DE I.A IGLESIA &#8211; Para trazar los contornos de la espiritualidad del laico y de su misi\u00f3n es importante establecer el punto de partida o, si se quiere, el contexto en que se coloca. Este punto de partida es la Iglesia entendida en su globalidad,como \u00abpueblo de Dios\u00bb, tal como lo ha subrayado sobre todo la LG (c. 11). Los laicos no est\u00e1n al margen de una Iglesia concebida en una visi\u00f3n casi exclusivamente jer\u00e1rquica. Son Iglesia y, por tanto, llevan toda la vitalidad y responsabilidad apost\u00f3lica de la Iglesia en virtud de una misi\u00f3n recibida inicialmente con el bautismo. Est\u00e1n ya lejos los tiempos en que, en la Edad Media, Graciano hablaba de duo genera christianorum: por una parte, los cl\u00e9rigos y los monjes; por otra, los laicos, que \u00abest\u00e1n autorizados a casarse, a cultivar la tierra, a dirimir las disputas en un juicio, a defender la propia causa, a depositar las ofrendas sobre el altar, a pagar los diezmos&#8230;\u00bb Tambi\u00e9n est\u00e1 lejos cierta mentalidad, que dur\u00f3 hasta comienzos de nuestro siglo, seg\u00fan la cual a los laicos no les correspond\u00ed\u00ada ninguna funci\u00f3n activa en la Iglesia, y que autorizaba a monse\u00f1or Talbot a escribir a Manning: \u00ab\u00bfCu\u00e1l es el \u00e1mbito de los laicos? \u00c2\u00a1Cazar, disparar, divertirse&#8230;! Esas son sus competencias; pero no tienen el m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo derecho a mezclarse en los asuntos de la Iglesia\u00bb \u00ab. Hoy se da por descontado que la espiritualidad de los laicos tiene su consistencia dentro del cuadro de la espiritualidad de todos los cristianos, que forman el \u00fanico \u00abpueblo reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 4). No se la contempla ya como una reducci\u00f3n de la espiritualidad del clero, que a su vez era considerada como una reducci\u00f3n de la de los monjes. Los laicos cristianos han sido constituidos tales en virtud de una llamada de Dios en Cristo, en la Iglesia, por la cual son \u00ablinaje escogido, sacerdocio real, naci\u00f3n santa, pueblo peculiar, para anunciar las grandezas del que os ha llamado de las tinieblas a su maravillosa luz\u00bb (1 Pe 2,9). Los caracteres espec\u00ed\u00adficos de su espiritualidad no los separan del resto de la Iglesia, sino que definen lo que tienen en com\u00fan con el cuerpo eclesial entero. En efecto, la Iglesia forma una unidad compacta, una comuni\u00f3n de salvaci\u00f3n, un misterio, esto es, \u00abun sacramento o signo e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1); por tanto, la diversidad de los miembros se establece s\u00f3lo sobre la base de lo que es com\u00fan y redunda en beneficio de la unidad (LG 30). El mismo hecho de que la LG trate del pueblo de Dios (c. II) antes que de la jerarqu\u00ed\u00ada (c. 111) y de los laicos (c. IV) subraya que la diferenciaci\u00f3n de los oficios y de los carismas se inserta en la unidad de la Iglesia: \u00abEl pueblo elegido de Dios es uno\u00bb (LG 32); hay una \u00abacci\u00f3n com\u00fan a todos los fieles en orden a la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo\u00bb (LG 32); los laicos est\u00e1n \u00abcongregados en el Pueblo de Dios e integrados en el \u00fanico Cuerpo de Cristo bajo una sola Cabeza\u00bb (LG 33) y su tarea es \u00abla misi\u00f3n de todo el pueblo cristiano\u00bb (LG 31).<\/p>\n<p>El concepto central y unificador de la eclesiolog\u00ed\u00ada del Vat. II, sobre cuyas bases es posible construir una laicolog\u00ed\u00ada, es el de pueblo de Dios (LG c. 11). un pueblo constituido por la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios en un itinerario hist\u00f3rico dirigido al cumplimiento escatol\u00f3gico. La caracter\u00ed\u00adstica peregrinante de este pueblo no significa, sin embargo, evasi\u00f3n de lo concreto hist\u00f3rico, temporal, social y pol\u00ed\u00adtico. El \u00ablugar\u00bb de la Iglesia es lo terreno tal como va evolucionando en el tiempo. El car\u00e1cter \u00abmundano\u00bb afecta a todo el pueblo de Dios. Toda la Iglesia -los laicos de manera espec\u00ed\u00adfica- est\u00e1 llamada a una misi\u00f3n de servicio del mundo, de fermento, de testimonio, de signo, de promoci\u00f3n humana. La relaci\u00f3n Iglesia-mundo fue considerada de un modo nuevo por el Vat. II en la GS. \u00abEn la visi\u00f3n de la Iglesia como pueblo de Dios -se\u00f1ala Congar- es verdad que los principios constitutivos de esta Iglesia no vienen del mundo, pero esta Iglesia est\u00e1 en el mundo, participa de su movimiento (\u00e9sta es la Iglesia de la GS): los fieles, m\u00e1s que `enviados&#8217; al mundo, se encuentran en \u00e9l y forman parte de \u00e9l. Se les pide \u00fanicamente que sean cristianos en todo lo que ellos son\u00bb .<\/p>\n<p>2. DEFINICI\u00ed\u201cN DE \u00abLAICO\u00bb &#8211; Los diversos intentos de los te\u00f3logos de dar una definici\u00f3n exacta del laico no han tenido mucho \u00e9xito, aun cuando han se\u00f1alado algunos de sus rasgos fundamentales. El Vat. II, aunque intent\u00f3 laboriosamente definir al laico, no se comprometi\u00f3 a una estricta definici\u00f3n teol\u00f3gica, sino que prefiri\u00f3 una descripci\u00f3n tipol\u00f3gica, fenomenol\u00f3gica o ad hoc. Esta descripci\u00f3n tiene en cuenta la globalidad de la Iglesia, como se se\u00f1ala en el p\u00e1rrafo introductorio del c. IV de la LG (30): \u00abTodo lo que se ha dicho sobre el pueblo de Dios se dirige por igual a laicos, religiosos y cl\u00e9rigos; sin embargo, a los laicos les ata\u00f1en ciertas cosas\u00bb.<\/p>\n<p>La descripci\u00f3n tipol\u00f3gica conciliar (LG 31) abarca tres elementos fundamentales: 1) Los laicos se distinguen de los cl\u00e9rigos y de los religiosos. Este aspecto, que parece recalcar la definici\u00f3n negativa del C\u00f3digo de derecho can\u00f3nico, realmente, en el contexto conciliar, se sit\u00faa en una perspectiva positiva. Los laicos son pueblo de Dios y como tales, aunque no tienen tareas clericales ni est\u00e1n llamados a buscar la perfecci\u00f3n cristiana dejando las tareas mundanas, son tambi\u00e9n sujetos,de tareas activas en el interior de la Iglesia y deben buscar la perfecci\u00f3n evang\u00e9lica propia de todos los cristianos, viviendo en el interior de las realidades terrenas. 2) Los laicos son miembros del pueblo de Dios. Este elemento tiene un car\u00e1cter positivo y teol\u00f3gico: \u00abLos fieles que, en cuanto incorporados a Cristo por el bautismo, integrados al pueblo de Dios y hechos part\u00ed\u00adcipes a su manera de la funci\u00f3n sacerdotal, prof\u00e9tica y real de Cristo, ejercen en la Iglesia y en el mundo la misi\u00f3n de todo el pueblo cristiano en la parte que a ellos corresponde (LG 31). As\u00ed\u00ad pues, hay un doble nivel que cualifica a los laicos: uno com\u00fan a todo el pueblo de Dios, y otro propio. En el primero, que es propiedad de todos los bautizados, ellos son como los dem\u00e1s, a saber, \u00abconstituidos en pueblo de Dios\u00bb y comprometidos en \u00abla misi\u00f3n de todo el pueblo cristiano\u00bb. En el segundo, se caracterizan por una especial (\u00aba su manera\u00bb) participaci\u00f3n del oficio sacerdotal, prof\u00e9tico y real de Cristo y por un modo propio (\u00abla parte que a ellos corresponde\u00bb) de desarrollar la misi\u00f3n cristiana en la Iglesia y en el mundo. La diferencia espec\u00ed\u00adfica procede esencialmente de la relaci\u00f3n que los laicos tienen con el mundo y con las realidades terrenas. De ah\u00ed\u00ad el tercer elemento. 3) Los laicos est\u00e1n llamados a santificar los aspectos seculares de la vida. Lo que hace a un fiel (elemento gen\u00e9rico de todos los cristianos) laico es la relaci\u00f3n que tiene con el mundo en medio del mundo, esto es, su secularidad.<\/p>\n<p>3. LA SECULARIDAD DEL LAICO &#8211; La LG, por consiguiente, indica la secularidad como la diferencia espec\u00ed\u00adfica, lo que caracteriza la vocaci\u00f3n y la misi\u00f3n de los laicos: \u00abEl car\u00e1cter secular es propio y peculiar de los laicos\u00bb (LG 31). Su vocaci\u00f3n es \u00abtratar de obtener el reino de Dios gestionando los asuntos temporales y orden\u00e1ndolos seg\u00fan Dios\u00bb (ib); \u00abde manera singular a ellos corresponde iluminar y ordenar las realidades temporales a las que est\u00e1n estrechamente vinculados, de tal modo que sin cesar se realicen y progresen conforme a Cristo y sean para la gloria del Creador y del Redentor\u00bb (ib). Con esto el concilio no ha intentado describir a los laicos al filo del dualismo sagrado-profano, sino m\u00e1s bien poner de relieve el aspecto de encarnaci\u00f3n junto con el soteriol\u00f3gico-escatol\u00f3gico. En efecto, no es posible describir a los laicos sin tener en cuenta, como punto de partida, la situaci\u00f3n existencial en que se encuentran y que est\u00e1 constituida por las coordenadas normales de la vida familiar, social, cultural, pol\u00ed\u00adtica, etc. En esa situaci\u00f3n viven su ser cristiano y eclesial. El bautismo que los hace cristianos, confiri\u00e9ndoles una participaci\u00f3n real en las funciones de Jesucristo, no s\u00f3lo no los libera de sus tareas terrenas, sino que se las hace asumir con una nueva motivaci\u00f3n derivada de la vida sobrenatural y de la misi\u00f3n cristiana de que son investidos. As\u00ed\u00ad, mediante los laicos, la secularidad queda integrada en la vida eclesial dentro de la unidad del proyecto salv\u00ed\u00adfico de Cristo. Las realidades temporales tienen su autonom\u00ed\u00ada, que los laicos han de respetar; pero ellos est\u00e1n llamados a animarlas desde dentro con el esp\u00ed\u00adritu del evangelio, realizando as\u00ed\u00ad su tarea espec\u00ed\u00adfica, o sea, la \u00abinstauraci\u00f3n cristiana del orden temporal\u00bb, que les viene fundamentalmente de la instancia bautismal. Por tanto, su ser-en-el-mundo y su obrar-en-el-mundo caracterizan, en \u00faltimo an\u00e1lisis, la personalidad y el tipo de presencia eclesial que los laicos est\u00e1n llamados a vivir.<\/p>\n<p>4. ENVIADO POR CRISTO &#8211; La espiritualidad del laico se basa sustancialmente en el acontecimiento con que Cristo lo hace suyo, lo anima con su Esp\u00ed\u00adritu, lo abre a la fe, a la esperanza y a la caridad, y lo env\u00ed\u00ada al mundo como presencia de la Iglesia en las realidades de los hombres. La existencia y la misi\u00f3n del laico est\u00e1 dirigida por la unidad bipolar del bautismo y de la secularidad. El bautismo consagra una situaci\u00f3n secular. Con su car\u00e1cter de consagraci\u00f3n al Padre, al Hijo y al Esp\u00ed\u00adritu Santo, el bautismo hace del hombre un cristiano, un ungido del Se\u00f1or, para que pueda vivir plenamente en la Iglesia de Cristo y llevar a Cristo y a la Iglesia al coraz\u00f3n de la realidad humana y temporal. El Vat. II ha tratado ampliamente de la participaci\u00f3n de los laicos, mediante el bautismo, del mismo Cristo y de su triple oficio sacerdotal, prof\u00e9tico y real.<\/p>\n<p>a) El sacerdocio com\u00fan de los fieles. Es participaci\u00f3n de Cristo sumo sacerdote (LG 10; 34), que se realiza en una sucesi\u00f3n org\u00e1nica: Cristo es el sacerdote; toda la Iglesia es sacerdotal; todo bautizado es sacerdote; algunos bautizados son ordenados sacerdotes ministros. La participaci\u00f3n en el sacerdocio de Cristo da un car\u00e1cter particular a la espiritualidad de los laicos, a saber, el de vivir todos los aspectos de su existencia como \u00abculto espiritual\u00bb\u00bb, mediante el cual toda su vida, su trabajo, su oraci\u00f3n, su lucha por la justicia, etc., se convierten en \u00abofrenda espiritual\u00bb agradable a Dios mediante Jesucristo (1 Pe 2,5). Este culto espiritual alcanza su cumbre cuando los laicos unen la ofrenda de su vida a la de Cristo, mediante el ministerio de los sacerdotes ordenados, en la eucarist\u00ed\u00ada. Otro aspecto del sacerdocio com\u00fan de los fieles es la obra de mediaci\u00f3n entre Cristo salvador, los hombres y el mundo, particularmente con la proclamaci\u00f3n de las obras maravillosas de Dios, que llama de las tinieblas a su luz (1 Pe 2,9).<\/p>\n<p>b) La participaci\u00f3n del poder prof\u00e9tico de Cristo hace de los laicos testigos, anunciadores de la Palabra en medio del mundo \u00abpara que la virtud del evangelio brille en la vida diaria, familiar y social\u00bb (LG 35; AA 6; 11). En la Iglesia todos son evangelizadores; la secularidad, que cualifica a los laicos, caracteriza tambi\u00e9n a la evangelizaci\u00f3n, en cuanto que \u00e9sta \u00abadquiere una caracter\u00ed\u00adstica espec\u00ed\u00adfica y una eficacia singular por el hecho de que se lleva a cabo en las condiciones comunes del mundo\u00bb (LG 35).<\/p>\n<p>c) La participaci\u00f3n en el oficio real de Cristo es ante todo el don de la libertad espiritual y de la victoria sobre el propio ego\u00ed\u00adsmo. Cristo libera a la libertad humana, de forma que pueda escuchar su voz, responder a sus invitaciones, obedecer a su misi\u00f3n, para que Cristo sea todo en todos. La LG ve la participaci\u00f3n en la realeza de Cristo sobre todo como capacidad de cooperar con Cristo, que quiere someter a s\u00ed\u00ad todas las cosas creadas para que queden libres \u00abde la servidumbre de la corrupci\u00f3n para participar de la libertad de la gloria de los hijos de Dios\u00bb (LG 36). Esto supone un compromiso espiritual que mueva a llevar la salvaci\u00f3n a donde, efectivamente, se necesite, o sea, que una salvaci\u00f3n y liberaci\u00f3n, y que esto se viva como un servicio al mundo, a su progreso, a su redenci\u00f3n del mal y de la injusticia, iluminando los aut\u00e9nticos valores humanos con la luz de Cristo y de su evangelio. Supone tambi\u00e9n un gran respeto por la autonom\u00ed\u00ada de la esfera temporal, a la que hay que hacer una humilde aportaci\u00f3n para que alcance aquella dimensi\u00f3n plena e integral que corresponde al proyecto de Dios creador.<\/p>\n<p>5. ANIMADO POR EL ESP\u00ed\u008dRITU &#8211; Como cualquier otro miembro de la Iglesia, el laico realiza la experiencia del Esp\u00ed\u00adritu Santo, incesantemente enviado por el Padre y por el Hijo a todos los creyentes. El Esp\u00ed\u00adritu obra en \u00e9l configur\u00e1ndolo cada vez m\u00e1s con Cristo y d\u00e1ndole el coraje de anunciarlo al mundo. En la econom\u00ed\u00ada actual de la salvaci\u00f3n el Esp\u00ed\u00adritu Santo, como afirma P. Evdokimov\u00bb, es el hecho interior: \u00abEl d\u00ed\u00ada de Pentecost\u00e9s baja al mundo in Persona, hipost\u00e1ticamente, y se hace operante desde dentro de la naturaleza humana, se pone como hecho interior de la naturaleza humana. Act\u00faa, pues, en el interior de nosotros, nos mueve, nos hace din\u00e1micos y, santific\u00e1ndonos, nos transmite algo de su propia naturaleza. Sin confusi\u00f3n, el Esp\u00ed\u00adritu se identifica con nosotros, se hace el cosujeto de nuestra vida en Cristo, m\u00e1s \u00ed\u00adntimo a nosotros que nosotros mismos\u00bb. Recibido inicialmente en el bautismo y en la confirmaci\u00f3n, el Esp\u00ed\u00adritu es acogido en una continua apertura a su gracia y a sus mociones, capacita al laico para construir el reino y para hacer una sociedad cada vez m\u00e1s humana. \u00abConstituido Se\u00f1or por su resurrecci\u00f3n, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra, obra ya por la virtud de su Esp\u00ed\u00adritu en el coraz\u00f3n del hombre, no s\u00f3lo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo con ese deseo aquellos generosos prop\u00f3sitos con los que la familia humana intenta hacer m\u00e1s llevadera su propia vida y someter toda la tierra a este fin\u00bb (GS 38). Para cumplir sus funciones de cristianos en el mundo, los laicos reciben del Esp\u00ed\u00adritu Santo aquellos dones particulares que el Nuevo Testamento llama carismas, \u00abtanto los extraordinarios como los m\u00e1s comunes y difundidos&#8230;, que son muy adecuados y \u00fatiles a las necesidades de la Iglesia\u00bb (LG 12). Estos dones dan a los laicos la experiencia de pertenecer al gran pueblo carism\u00e1tico, en el cual la variedad de los carismas se deriva de un \u00fanico Esp\u00ed\u00adritu y lleva a una \u00fanica misi\u00f3n, aunque diferenciada en sus diversos aspectos complementarios. De este modo el Esp\u00ed\u00adritu Santo da \u00abhoy a los laicos una conciencia cada d\u00ed\u00ada m\u00e1s clara de su responsabilidad\u00bb (AA 1), llam\u00e1ndolos a un apostolado que es \u00abparticipaci\u00f3n en la misma misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la Iglesia\u00bb (LG 33). \u00abCada uno tiene de Dios su propia gracia\u00bb, dice san Pablo (1 Cor 7,7); y en la Iglesia la diversidad de los carismas en la unidad (1 Cor 12) da a cada uno la posibilidad de dedicar lo mejor de si mismo al servicio de los hermanos. Por tanto, los laicos, precisamente por estar animados del Esp\u00ed\u00adritu Santo y dotados de carismas, no necesitan esperar ning\u00fan otro mandato para desarrollar su misi\u00f3n cristiana en la Iglesia y en el mundo, sino solamente procurar que sus dones espirituales se inserten en el contexto de los carismas y los ministerios de la comunidad y en la caridad eclesial, aunque aceptando el discernimiento definitivo de los carismas. que corresponde a los obispos (LG 12).<\/p>\n<p>8. PRESENTE EN EL MUNDO COMO IGLESIA &#8211; En los laicos vive el misterio salv\u00ed\u00adfico de la Iglesia, \u00abpueblo reunido en virtud de la unidad del Padre y del Hijo y del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (LG 4). De la Iglesia obtienen la santidad, precisamente porque est\u00e1n insertos en la \u00abIglesia santa, comunidad de fe, de esperanza y caridad en la tierra como un todo visible&#8230; por la cual se comunica la verdad y la gracia a todos\u00bb (LG 8). Al ser Iglesia, los laicos participan directamente de la misi\u00f3n de salvaci\u00f3n. Si la Iglesia entera \u00abes en Cristo como un sacramento, o sea, signo e instrumento de la \u00ed\u00adntima uni\u00f3n con Dios y de la unidad de todo el g\u00e9nero humano\u00bb (LG 1), tambi\u00e9n los laicos est\u00e1n llamados a ser signo e instrumento de salvaci\u00f3n para sus hermanos. El suyo es un testimonio eclesial por ser expresi\u00f3n de la Iglesia. Salvados por Cristo en la Iglesia, los laicos son a su vez portadores de salvaci\u00f3n: \u00abEl Se\u00f1or desea dilatar su reino tambi\u00e9n por mediaci\u00f3n de los fieles laicos&#8230;\u00bb (LG 36); \u00abas\u00ed\u00ad pues, incumbe a todos los laicos la preclara empresa de colaborar para que el divino designio de salvaci\u00f3n alcance m\u00e1s y m\u00e1s a todos los hombres de todos los tiempos y en todas las partes de la tierra\u00bb (LG 33).<\/p>\n<p>La consagraci\u00f3n est\u00e1 ordenada a la misi\u00f3n. El bautismo y la confirmaci\u00f3n consagran y env\u00ed\u00adan. El laico, como cristiano, es un enviado, un ap\u00f3stol. El apostolado brota de la misma existencia cristiana recibida en los sacramentos y vivida en la fe, en la caridad, en la esperanza, en el ejercicio de los dones del Esp\u00ed\u00adritu. Y como la existencia cristiana es existencia eclesial, \u00abel apostolado de los laicos es la participaci\u00f3n en la misma misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de la Iglesia\u00bb (LG 33). El apostolado no nace de una iniciativa personal, sino de una misi\u00f3n que se recibe de la Iglesia, la cual a su vez la recibe de Cristo. El \u00e1mbito de la misi\u00f3n de la Iglesia es muy amplio: \u00abPropagar el reino de Cristo en toda la tierra para gloria de Dios Padre y hacer a todos los hombres part\u00ed\u00adcipes de la redenci\u00f3n salvadora, y por su medio ordenar realmente todo el universo hacia Cristo\u00bb (AA 2). Entendido en sentido tan amplio, el apostolado es participado tambi\u00e9n por los laicos en toda su integridad, pero con acentos especiales que se derivan de su condici\u00f3n de vida; en realidad ellos \u00abejercen el apostolado con su trabajo para evangelizar y santificar a los hombres y para perfeccionar y saturar de esp\u00ed\u00adritu evang\u00e9lico el orden temporal&#8230;\u00bb (AA 2). Por tanto, no s\u00f3lo la evangelizaci\u00f3n y la santificaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n la \u00abrestauraci\u00f3n de todo el orden temporal\u00bb (AA 5) forma parte de la obra redentora de Cristo, actualizada por la Iglesia y promovida por los laicos como tarea espec\u00ed\u00adfica suya. Los laicos, como se dec\u00ed\u00ada anteriormente, son miembros de pleno derecho de la Iglesia y ciudadanos del mundo; viven la misi\u00f3n santificadora de la Iglesia y tienen la responsabilidad de construir un mundo m\u00e1s humano. Estos dos aspectos de su apostolado, lejos de crear dualismos y escisiones, los remiten a la \u00fanica fe en Cristo y a la \u00fanica misi\u00f3n de la Iglesia, en la que \u00abhay variedad de ministerios, pero unidad de misi\u00f3n\u00bb (AA 2). La dimensi\u00f3n horizontal de la vida espiritual tiene que integrarse continuamente con la vertical. La relaci\u00f3n de fe con Dios, en Cristo, en el Esp\u00ed\u00adritu, lleva a reconocer a Dios no s\u00f3lo en s\u00ed\u00ad mismo, sino en la soberan\u00ed\u00ada que tiene sobre la creaci\u00f3n y sobre las actividades libres del hombre.<\/p>\n<p>Pero hay que admitir que, despu\u00e9s del tiempo transcurrido desde el Vat. II, todav\u00ed\u00ada queda mucho por profundizar acerca de la presencia de los cristianos en el mundo y de la forma con que ellos han de hacer viva y operante la misi\u00f3n de la Iglesia en el actual contexto social.<\/p>\n<p>En efecto, la Iglesia se encuentra en medio de una sociedad en r\u00e1pida transformaci\u00f3n, que le exige una continua toma de conciencia de nuevas realidades a las que debe dar su aportaci\u00f3n. \u00abDiez a\u00f1os despu\u00e9s del concilio -se dec\u00ed\u00ada en la consulta mundial del Consejo de laicos en 1975- queda por aclarar qu\u00e9 es el di\u00e1logo Iglesia-mundo y su mutua autonom\u00ed\u00ada, poni\u00e9ndose a nivel del creyente ordinario y de las comunidades cristianas que trabajan en el mundo. Ya no basta la clarificaci\u00f3n teol\u00f3gica y clerical\u00bb. La Iglesia y el mundo no est\u00e1n al lado uno de la otra, sino que se compenetran \u00ed\u00adntimamente; en consecuencia, el testimonio cristiano y la instauraci\u00f3n del orden temporal no son dos tareas separadas, sino que se integran en el compromiso concreto del hombre.<\/p>\n<p>S\u00f3lo en este contexto unitario resulta \u00fatil distinguir la tarea que corresponde a los laicos de evangelizar, de animar cristianamente las realidades temporales y de promover los valores humanos.<\/p>\n<p>a) La evangelizaci\u00f3n -como ha subrayado Pablo VI- \u00abes la gracia y la vocaci\u00f3n propia de la Iglesia, su identidad m\u00e1s profunda\u00bb. Nace de Cristo y de los ap\u00f3stoles; pasa a la Iglesia, la cual se evangeliza a s\u00ed\u00ad misma y a aquellos a los que ha sido mandada, y env\u00ed\u00ada a los evangelizadores 26. Los laicos est\u00e1n llamados a ejercer su funci\u00f3n prof\u00e9tica anunciando a Cristo y su mensaje con el testimonio de su vida, de sus obras, de su palabra (AA 6). Pero dado que viven en medio del mundo, \u00abtienen que ejercitar por eso mismo una forma singular de evangelizaci\u00f3n\u00bb, esto es, llevando la fuerza renovadora del Esp\u00ed\u00adritu al coraz\u00f3n de los acontecimientos y de todas las realidades terrenas.<\/p>\n<p>b) La animaci\u00f3n cristiana de las realidades temporales es tarea espec\u00ed\u00adfica de los laicos. Ellos infunden un alma cristiana y evang\u00e9lica a todos los valores humanos sometidos a la distorsi\u00f3n del pecado. Su tarea \u00abprimaria e inmediata\u00bb es, por tanto, \u00abla actuaci\u00f3n de todas las posibilidades cristianas y evang\u00e9licas escondidas, pero ya presentes y operantes en las realidades del mundo\u00bb, a saber, de la pol\u00ed\u00adtica, de la vida social y econ\u00f3mica, de la cultura, de los medios de comunicaci\u00f3n social, del trabajo, de la familia, del amor, etc.<\/p>\n<p>c) La promoci\u00f3n humana es otro aspecto complementario de la misi\u00f3n de la Iglesia, de la que los laicos son responsables por un titulo propio y peculiar. La Iglesia se interesa por el hombre, por su desarrollo integral a todos los niveles, individual y social. Promover al hombre y sus valores significa liberarlo de toda forma de esclavitud y de condicionamiento sociol\u00f3gico, econ\u00f3mico, cultural. Pero la obra de los cristianos no se limita a esto. Ellos realizan una aportaci\u00f3n original a los proyectos humanos de promoci\u00f3n. Presentan una visi\u00f3n del hombre y de la historia coherente con la fe, que libera a los hombres desde dentro, haci\u00e9ndose de este modo art\u00ed\u00adfices generosos e infatigables del bien integral de los hermanos. La fe, dentro del respeto a la autonom\u00ed\u00ada de las realidades terrenas, sabe reconocer todo lo que hay de positivo, de v\u00e1lido y de noble en los proyectos de promoci\u00f3n humana. Reconoce que todos los esfuerzos que se realizan por promover y liberar al hombre tienen tambi\u00e9n un valor para el reino de Dios. El esfuerzo de los cristianos, en uni\u00f3n con todos los hombres de buena voluntad, por construir una sociedad m\u00e1s justa, m\u00e1s humana, m\u00e1s atenta a devolver a los pobres y a los marginados el lugar y la dignidad que les corresponde, es un trabajo evang\u00e9lico. Los cristianos, aunque tengan que situar en el primer puesto su fe en Dios en todas sus dimensiones, no se santifican s\u00f3lo con actos expl\u00ed\u00adcitamente religiosos, sino tambi\u00e9n cuando, inmersos en las estructuras de la sociedad, trabajan por la justicia. \u00abSe trata de un servicio cristiano -subraya Congar- a trav\u00e9s de los caminos, siguiendo las huellas y a imitaci\u00f3n del Siervo que se ofreci\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo\u00bb. Por eso semejante empe\u00f1o por la justicia s\u00f3lo puede brotar de una profunda vida teologal y de la comprensi\u00f3n del papel que la cruz representa en la historia de la salvaci\u00f3n de los hombres y del mundo. De esta manera los laicos pueden hacer que surja Cristo en la conciencia de aquellos entre los cuales promueven los valores humanos m\u00e1s aut\u00e9nticos. Un campo que los laicos est\u00e1n particularmente llamados a evangelizar es el de la . familia (AA 11). Ellos poseen el carisma o \u00abdon\u00bb del matrimonio, que se concreta en la gracia del sacramento, en el ejercicio del amor conyugal y del amor a los hijos. En efecto, los padres son los primeros evangelizadores de los hijos; \u00abla familia, lo mismo que la Iglesia, tiene que ser un espacio en el que se transmita el evangelio y desde el que el evangelio irradie\u00bb<br \/>\n[>Mundo VI-VIII].<\/p>\n<p>A. Barruffo<br \/>\nIV. Los ministerios laicales en la Iglesia de hoy<br \/>\nLa eclesiolog\u00ed\u00ada renovada del Vat. II. en la que el pueblo de Dios, lo laical, adquiere una sugestiva relevancia, la naturaleza evangelizadora y misionera de la Iglesia y las actuales necesidades pastorales han urgido a los te\u00f3logos a plantear en profundidad el tema de los ministerios laicales. Es evidente que un desarrollo global del problema requiere tener presentes todas las perspectivas que ofrece: la hist\u00f3rica, la teol\u00f3gica y la pastoral. La historia nos acerca al pasado, a los elementos evolutivos de los ministerios; la teolog\u00ed\u00ada, a los principios eclesiol\u00f3gicos sobre los que se funda e ilumina desde la Revelaci\u00f3n y la Tradici\u00f3n; y la pastoral mira al presente y al futuro, tiempos que urgen el desarrollo de formas nuevas de ministerios acomodadas a las circunstancias.<\/p>\n<p>1. LOS \u00abMINISTERIOS LAICALES\u00bb EN LA HISTORIA &#8211; Las comunidades apost\u00f3licas, adem\u00e1s de los miembros supereminentes de los ap\u00f3stoles y evangelistas, poseen una jerarqu\u00ed\u00ada sacral compuesta de obispos, presb\u00ed\u00adteros y di\u00e1conos. En la \u00e9poca postapost\u00f3lica se configura mejor la comunidad desde lo clerical, complet\u00e1ndose la lista de ministerios que durante siglos constituir\u00ed\u00adan las \u00ab\u00f3rdenes menores\u00bb: subdi\u00e1conos, lectores, ac\u00f3litos, exorcistas, ostiarios, oficios reservados a los varones. Los tres \u00faltimos fueron cayendo en el olvido durante los ss. vii y viii.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 funci\u00f3n ministerial ten\u00ed\u00adan en la comunidad cristiana los \u00abno ordenados\u00bb? En los primitivos tiempos apost\u00f3licos tienen mucha importancia los profetas y doctores, los int\u00e9rpretes de los carismas, los curanderos, y otras funciones carism\u00e1ticas de las que habla Pablo. Importancia capital ten\u00ed\u00ada el catequista laico. La historia nos ha conservado los nombres de algunos verdaderamente eminentes: Tertuliano, Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, Justino, Or\u00ed\u00adgenes y otros [>Catecumenado II, 2 y 3]. Las mujeres pod\u00ed\u00adan ser diaconisas -diaconado de dudosa significaci\u00f3n sacramental, al menos en Oriente, en el que se iniciaban con la imposici\u00f3n de las manos-, y el viduato. Ambos desaparecieron entre los ss. VI y vll. Durante la Edad Media sirven los laicos en oficios curiales burocr\u00e1ticos de la pol\u00ed\u00adtica religiosa de papas, obispos, emperadores y reyes: ec\u00f3nomos, notarios, apocrisiarios, missi dominici. Pero lo \u00abeclesial\u00bb de esos oficios quedaba muy oscurecido.<\/p>\n<p>2. TEOLOG\u00ed\u008dA DE LOS MINISTERIOS &#8211; LOS ministerios expresan y realizan la misi\u00f3n salvadora y sacramental de la Iglesia; por eso el n\u00famero, su cualificaci\u00f3n clerical o laical est\u00e1n en estricta dependencia de la noci\u00f3n misma de la Iglesia. Teniendo en cuenta las corrientes eclesiol\u00f3gicas de nuestro tiempo, se pueden resumir los siguientes principios teol\u00f3gicos que explican la naturaleza de los ministerios \u00ablaicales\u00bb.<\/p>\n<p>a) La Iglesia no es s\u00f3lo una sociedad perfecta y visible, sino una comunidad de hombres unida por la fe y el amor y convocada por Dios en Cristo para la propia salvaci\u00f3n y la evangelizaci\u00f3n del mundo con la ayuda del Esp\u00ed\u00adritu. Lo cristol\u00f3gico y pneum\u00e1tico, la jerarqu\u00ed\u00ada y el pueblo, los ministros ordenados (cl\u00e9rigos) y los no ordenados (laicos), son elementos integradores no opuestos del gran misterio sacramental. La evangelizaci\u00f3n ad intra y ad extra, como misi\u00f3n preferencial, la realiza mediante los ministerios.<\/p>\n<p>b) Algunos ministerios tienen su origen en el sacramento del Orden, como son el episcopado, el presbiterado y el diaconado, y expresan la realidad sacramental, vital, y tambi\u00e9n jur\u00ed\u00addica, de la Iglesia. Constituyen la \u00abjerarqu\u00ed\u00ada\u00bb, la Iglesia docente y santificadora mediante la celebraci\u00f3n de la Palabra y la Eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>c) Adem\u00e1s, existen otros ministerios laicales, no clericales, necesarios para que la Iglesia complete su funci\u00f3n evangelizadora y salvadora. Tienen su origen en los sacramentos del bautismo y la confirmaci\u00f3n, que configuran al cristiano como miembro de Cristo y de su Iglesia, por los que participan del car\u00e1cter sacerdotal, prof\u00e9tico y regio de Cristo. Mediante ellos, los laicos ejercen su funci\u00f3n de corresponsabilidad dentro de la comunidad. Algunos de estos ministerios est\u00e1n institucionalizados por la Iglesia y los recibe el laico mediante un rito lit\u00fargico.<\/p>\n<p>d) La diferencia entre cl\u00e9rigos y laicos por motivos sacramentales no debe generar un dualismo de funciones irreconciliables entre los distintos miembros de la Iglesia, sino un binomio coordinado de ministerios al servicio de la comunidad. El centro de inter\u00e9s, que antes reca\u00ed\u00ada sobre la distinci\u00f3n entre el clero y el laicado, se desplaza ahora a la comunidad, dentro de la cual cada uno de los miembros del binomio realiza una funci\u00f3n diferente, pero necesaria. Se mantiene el principio jer\u00e1rquico de la Iglesia, pero resalta mejor la funci\u00f3n de cada uno de los miembros; la Iglesia se hace ministerial, se evita la pasividad.<\/p>\n<p>e) Los ministerios son esenciales y necesarios a la Iglesia para que cumpla su misi\u00f3n evangelizadora y salvadora; mediante ellos es signo sacramental en un sentido teol\u00f3gico, en cuanto no s\u00f3lo significa, sino que realiza la salvaci\u00f3n; cumple la misi\u00f3n que Cristo le encomend\u00f3. La pluralidad de ministerios surge de los distintos servicios que la Iglesia ofrece a los hombres, que se interrogan sobre su raz\u00f3n de ser, y corresponden a la diversidad de carismas con que Dios la ha enriquecido: predicaci\u00f3n de la Palabra, celebraci\u00f3n del culto, servicio de comuni\u00f3n y de caridad, de paz y reconciliaci\u00f3n, testimonio de fe hasta el martirio, si fuese necesario; salvaguarda de la cultura y la moral en \u00e9pocas de oscurecimiento, etc.<\/p>\n<p>f) La naturaleza y finalidad de la Iglesia, compuesta por hombres, su car\u00e1cter mundano y temporalista, su historicidad hacen que los ministerios est\u00e9n sometidos a evoluci\u00f3n, a renovaci\u00f3n, a crecimiento y muerte, dependiendo de las coordenadas sociales, culturales y religiosas de los distintos tiempos Y geograf\u00ed\u00adas en que vive la Iglesia. La Iglesia, como sacramento de salvaci\u00f3n universal para los hombres, debe estar abierta a los cambios, a lo que llam\u00f3 el Vat. II los \u00absignos de los tiempos\u00bb. El te\u00f3logo, como auxiliar de la jerarqu\u00ed\u00ada, cumple su ministerio eclesial dando respuestas a los interrogantes que ofrece la historia. Teniendo en cuenta que la Iglesia es esencialmente ministerial, debe justificar la existencia de aquellos ministerios laicales necesarios para una pastoral eficaz y evangelizadora, siem pre que no contradigan la naturaleza de la misma.<\/p>\n<p>3. LA PASTORAL DESDE LA SITUACI\u00ed\u201cN SOCIO-RELIGIOSA ACTUAL &#8211; La historia y la teolog\u00ed\u00ada nos presentan lo evolutivo y lo constitutivo de los ministerios laicales en la Iglesia. La teolog\u00ed\u00ada pastoral tiene que ofrecer soluciones para que sea de verdad realidad salvadora en las necesidades actuales. Historia, teolog\u00ed\u00ada, sociolog\u00ed\u00ada y pastoral colaboran para construir la Iglesia del futuro.<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis sociol\u00f3gico del hecho religioso cat\u00f3lico ofrece una panor\u00e1mica, si no angustiante, s\u00ed\u00ad preocupante por lo que se refiere a los ministerios clericales en la Iglesia. En los a\u00f1os del postconcilio hemos asistido a una crisis que, aunque compleja en sus causas, se ha manifestado en la disminuci\u00f3n alarmante de las vocaciones sacerdotales y en abandonos y secularizaciones muy abundantes. Los porcentajes y estad\u00ed\u00adsticas pueden ser enga\u00f1osas si no se hacen con rigor y tienen en cuenta s\u00f3lo lo cuantitativo y no lo cualitativo. La situaci\u00f3n real se agrava por muchos conceptos: decrecimiento num\u00e9rico de los sacerdotes, envejecimiento progresivo del estamento clerical, sobrecarga de trabajo para los que quedan, excesiva a veces para la edad y las posibilidades de rendimiento. En consecuencia, muchas comunidades cristianas quedan sin pastor o son atendidas s\u00f3lo en lo imprescindible: lo cultual, lo ritual, lo sacramental, con poca o ninguna evangelizaci\u00f3n. A veces ni siquiera pueden celebrar la Eucarist\u00ed\u00ada dominical.<\/p>\n<p>Ante esta situaci\u00f3n, la Iglesia tiene que arbitrar medidas para que su misi\u00f3n de evangelizar y santificar no se agote. \u00bfQu\u00e9 ha hecho la Iglesia jer\u00e1rquica para solucionar el problema? Por supuesto, no ha retocado la figura sacral del sacerdote y su ministerio. Quiere que sea c\u00e9libe, bien formado en teolog\u00ed\u00ada y en ciencias humanas y eclesi\u00e1sticas, que aprende en un curso largo de formaci\u00f3n, en unos ambientes m\u00e1s o menos cerrados. No ha readmitido a los sacerdotes que abandonaron y est\u00e1n casados a ejercer el ministerio. Ni siquiera admite la posibilidad de ordenar de sacerdotes a laicos casados. S\u00f3lo se ha abierto esta posibilidad en algunas circunstancias a los di\u00e1conos. La mujer queda excluida de lo ministerial clerical y jer\u00e1rquico.<\/p>\n<p>Es verdad que ya en el Vat. II la Iglesia \u00aboficial\u00bb fue consciente de la novedad de los problemas y resalt\u00f3 la funci\u00f3n eclesial del laico, su responsabilidad en la Iglesia traducida a derechos ydeberes. Pablo VI public\u00f3 el 15 de agosto de 1972 el motu proprio Ministeria quaedam, en el que el lectorado y el acolitado adquieren el car\u00e1cter laical que tuvieron en su origen y que hab\u00ed\u00adan perdido al convertirse en \u00f3rdenes menores y escalones para acceder al sacerdocio. Expresamente los reserv\u00f3 a los \u00abvarones\u00bb (n. 7). Posteriormente, el 29 de enero de 1973, public\u00f3 un documento la Congregaci\u00f3n para la doctrina de los sacramentos, Inmensae caritatis, que instituye el oficio (no lo llama ministerio) de dar la comuni\u00f3n en casos extraordinarios, en el que no es excluida la mujer. Finalmente, en enero de 1977, la Congregaci\u00f3n para la doctrina de la fe hizo p\u00fablica una declaraci\u00f3n, Inter insigniores, en la que se niega el acceso de la mujer al sacerdocio. Pablo VI en la Exhortaci\u00f3n apost. Evangelii nuntiandi, del 8 de diciembre de 1974, admite la posibilidad de los ministerios laicales \u00absin orden sagrado\u00bb, diferentes de otros \u00abcon orden sagrado\u00bb. Entre ellos recuerda: \u00ablos catequistas, animadores de la oraci\u00f3n y del canto, cristianos consagrados al servicio de la Palabra de Dios o a la asistencia de los hermanos necesitados, jefes de peque\u00f1as comunidades, responsables de movimientos apost\u00f3licos u otros responsables\u00bb. Todos ellos -dec\u00ed\u00ada el Papa-\u00abson necesarios para la implantaci\u00f3n, la vida y el crecimiento de la Iglesia\u00bb (n. 73). Mucho m\u00e1s rica es la experiencia ministerial en muchas partes del mundo promovida a veces por las mismas Conferencias Episcopales.<\/p>\n<p>De hecho, en las iglesias locales se est\u00e1n ejerciendo, adem\u00e1s de los tres ya indicados, \u00abinstituidos\u00bb por la Iglesia, otros ministerios laicales como catequistas, predicadores, delegados para recibir el consentimiento matrimonial, responsables de las comunidades, presidentes de la celebraci\u00f3n de la Palabra, ministros extraordinarios del bautismo, preparadores para el matrimonio, responsables de la pastoral, monitores en las misas, encargados de las m\u00faltiples obras de caridad, etc.<\/p>\n<p>Vistas las necesidades de la Iglesia, la nueva concepci\u00f3n de su naturaleza y su misi\u00f3n, mirando al futuro pr\u00f3ximo y lejano, los te\u00f3logos y los pastoralistas optan por una institucionalizaci\u00f3n de los ministerios que los laicos est\u00e1n, de hecho, ejerciendo en ciertos lugares, y no s\u00f3lo los del \u00e1rea lit\u00fargica, lo cual dar\u00ed\u00ada a esos servicios una mayor estabilidad y nueva valoraci\u00f3n por parte de la comunidad en que son ejercidos, y al mismo tiempo exigir\u00ed\u00ada una mayor responsabilidad y compromiso en el sujeto que los ejerce.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, pensando en una revalorizaci\u00f3n de lo \u00ablaical\u00bb en la Iglesia, alimentando un sentido de mayor responsabilidad, de adaptaci\u00f3n a los tiempos, en la l\u00ed\u00adnea del Vat. II, la instituci\u00f3n de los ministerios no debe estar condicionada a algo coyuntural sociol\u00f3gico, como es la falta de sacerdotes, sino que deber\u00ed\u00ada brotar de la misma naturaleza de la Iglesia, como un derecho y un deber del laico en ella, nunca como un privilegio que le concede la Iglesia clerical.<\/p>\n<p>Finalmente, son muchos los te\u00f3logos en todas las confesiones cristianas que se preguntan si no habr\u00e1 llegado el momento de romper la discriminaci\u00f3n de la Iglesia hacia la mujer y de admitirla como sujeto de los ministerios laicales, lo mismo que a los varones, sin excluir, aunque eso exigir\u00ed\u00ada un tratamiento m\u00e1s profundo, el sacerdocio.<\/p>\n<p>D. De Pablo Maroto<br \/>\nV. Unidad eclesial<br \/>\nUna Iglesia misionera, al servicio del hombre y en busca de un continuo di\u00e1logo con la sociedad que se afirma en proyectos siempre nuevos, requiere una comuni\u00f3n profunda entre todos los miembros que la componen, para que se pueda presentar al mundo como signo de unidad de todo el g\u00e9nero humano. A la Iglesia se le ofrece siempre la gracia de la oraci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abQue todos sean una sola cosa. Como t\u00fa, Padre, en m\u00ed\u00ad y yo en ti, que tambi\u00e9n ellos sean una sola cosa en nosotros, para que el mundo crea que t\u00fa me enviaste\u00bb (Jn 17,21). Esta koinon\u00ed\u00ada, ofrecida por Cristo y actualizada y buscada siempre en la Iglesia, lleva a subrayar algunos aspectos que afectan a la espiritualidad de los laicos.<\/p>\n<p>1. COLABORACI\u00ed\u201cN ENTRE CLERO Y LAICOS &#8211; El Vat. II, con la imagen tan poco clerical de una Iglesia en la que se afirma ante todo la comunidad de vida y de dignidad en el orden de la existencia cristiana (recordemos la famosa expresi\u00f3n de san Agust\u00ed\u00adn: \u00abPara vosotros soy obispo, con vosotros soy cristiano\u00bb), ha abierto nuevos horizontes a las relaciones entre el clero y los laicos, que todav\u00ed\u00ada han de producir todos sus frutos.<\/p>\n<p>En la Iglesia todos son corresponsables de la \u00fanica misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica. Por una parte, los laicos \u00abtienen el derecho de recibir con abundancia de los sagrados pastores los auxilios de los bienes espirituales de la Iglesia, en particular la palabra de Dios y los sacramentos\u00bb (LG 37). Por otra parte, los pastores tienen que promover la dignidad y la responsabilidad de los laicos, concedi\u00e9ndoles la justa libertad y reconociendo sus carismas. Los laicos, \u00abconforme a la ciencia, la competencia y el prestigio que poseen, tienen la facultad, m\u00e1s a\u00fan, a veces el deber, de exponer su parecer acerca de los asuntos concernientes al bien de la Iglesia\u00bb (LG 37). La misma obediencia a los pastores, abrazada \u00abcon prontitud\u00bb, no debe separarse de un acto de amor hacia ellos, que se abra en oraci\u00f3n a Dios por sus responsabilidades. En este cuadro debe situarse en primer plano la unidad del pueblo de Dios, la primac\u00ed\u00ada de Cristo presente activamente mediante su Esp\u00ed\u00adritu en todos los fieles, la preferencia de lo sacramental y de lo carism\u00e1tico sobre lo jur\u00ed\u00addico, la ordenaci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca de las dos formas de participaci\u00f3n en el sacerdocio de Cristo, la de los ministros ordenados y la com\u00fan a todos los fieles (LG 10).<\/p>\n<p>Las aplicaciones de estos principios en la vida de la comunidad eclesial son m\u00faltiples. Su expresi\u00f3n m\u00e1s elevada se alcanza en la oraci\u00f3n de la Iglesia, esto es, en la liturgia, que manifiesta la genuina naturaleza de la Iglesia, que tiene la caracter\u00ed\u00adstica de \u00abser a la vez humana y divina, visible y dotada de elementos invisibles, entregada a la acci\u00f3n y dada a la contemplaci\u00f3n, presente en el mundo y, sin embargo, peregrina\u00bb (SC 2). La liturgia es manifestaci\u00f3n de la unidad de la familia cristiana, que celebra el recuerdo del Se\u00f1or. A esta unidad, que viene del mismo Cristo, concurre cada uno con su propio ministerio y sus propios carismas, poniendo a su servicio el coraje de su testimonio cristiano y del compromiso en todos los niveles. Existe un v\u00ed\u00adnculo muy estrecho entre liturgia, espiritualidad y promoci\u00f3n humana, como se ha puesto de relieve en el congreso eclesial italiano sobre el tema \u00abevangelizaci\u00f3n y promoci\u00f3n humana&#8217;. La liturgia tiene \u00abvirtualidades promocionales\u00bb que comprometen al clero y a los laicos, seg\u00fan sus rec\u00ed\u00adprocas prerrogativas, a asumir la existencia concreta del hombre, sus aspiraciones, sus afanes, sus dramas, mediante una oraci\u00f3n que es a veces de intercesi\u00f3n y a veces de alabanza, pero que impulsa siempre a trabajar como constructores de la paz y promotores de la justicia, tal como lo hizo Cristo. La palabra de Dios interpela y lanza un reto a las llamadas de los hombres en busca de una identidad m\u00e1s humana. \u00abLa liturgia -afirma M. Magrassi- abarca todas las dimensiones hist\u00f3ricas de la salvaci\u00f3n: pasado, presente y futuro. Las `maravillas&#8217; del pasado y las perspectivas abiertas hacia el futuro de Dios alimentan la esperanza y estimulan el compromiso en la historia de hoy&#8217;. Si esto no se verifica habr\u00e1 que preguntarse qu\u00e9 es lo que les falta a nuestras liturgias para que sean realmente promocionales. Y aqu\u00ed\u00ad es donde se necesita una abierta y confiada colaboraci\u00f3n entre el clero y los laicos para integrar no solamente los ministerios, sino la experiencia de la vida concreta de tal manera que se establezca un circulo entre la plegaria y la existencia. De esta forma es como la liturgia podr\u00ed\u00ada salir de ese clima as\u00e9ptico e irreal o de la apat\u00ed\u00ada y la pasividad con que a veces es soportada por los fieles y podr\u00ed\u00ada encontrar su conexi\u00f3n con la vida, su clima de fiesta, que permita integrar en el impulso vital el aspecto contemplativo-laudativo con el operativo.<\/p>\n<p>Otras aplicaciones de los principios que establecen la colaboraci\u00f3n entre el clero y los laicos son la ayuda rec\u00ed\u00adproca para la maduraci\u00f3n doctrinal b\u00ed\u00adblica y teol\u00f3gica, actualizada en el tiempo; las estructuras eclesiales de participaci\u00f3n para una pastoral viva e incisiva, como los consejos pastorales a nivel nacional, diocesano y parroquial; los organismos de consulta; la administraci\u00f3n de los bienes eclesi\u00e1sticos; los nombramientos de obispos y de p\u00e1rrocos, etc.<\/p>\n<p>El esp\u00ed\u00adritu que debe regir esta relaci\u00f3n clero-laicos dentro de la Iglesia es un esp\u00ed\u00adritu de fraternidad, de estima y confianza mutua, de colaboraci\u00f3n y de ayuda \u00ab. En particular tiene que llevar a un di\u00e1logo continuo e indispensable para buscar y realizar el bien com\u00fan de la Iglesia. El di\u00e1logo de la Iglesia cat\u00f3lica con las otras confesiones cristianas L-Ecumenismo espiritual], con las otras religiones y hasta con los ateos I Ateo] debe tener su trasfondo en la misma Iglesia, con un di\u00e1logo en el interior de la Iglesia\u00bb. De esto habl\u00f3 ya Pablo VI en su primera enc\u00ed\u00adclica Ecclesiam suam (1964), mostrando sus deseos de que el \u00abdi\u00e1logo dom\u00e9stico\u00bb fuera \u00abintenso y familiar&#8230;, sensible a todas las verdades, a todas las virtudes, a todas las realidades de nuestro patrimonio doctrinal y espiritual&#8230;, sincero y afectuoso en su genuina espiritualidad&#8230;, dispuesto a recoger las m\u00faltiples voces del mundo contempor\u00e1neo&#8230;, capaz de hacer a los cat\u00f3licos hombres verdaderamente buenos, hombres prudentes, hombres libres, hombres serenos y fuertes\u00bb (n. 116). El di\u00e1logo es necesario para que la Iglesia sea y se manifieste como una aut\u00e9ntica comunidad, y no como un simple agregado de personas. Por otra parte, el di\u00e1logo es indispensable en per\u00ed\u00adodos de cambio, cuando la Iglesia tiene que volver a comprenderse a s\u00ed\u00ad misma y su funci\u00f3n en la sociedad frente a los desaf\u00ed\u00ados y las llamadas del mundo. La multiplicidad de las voces, al escuchar la palabra perenne de Dios, llevan a una convergencia real y operativa. Pero a condici\u00f3n de que el di\u00e1logo sea sincero y no ficticio, respetuoso de las tareas y de las prerrogativas de cada uno en la Iglesia, pero abierto a todo enriquecimiento. A prop\u00f3sito de ello, el III Congreso mundial para el apostolado de los laicos, celebrado en Roma en 1967, se preguntaba sobre la naturaleza del di\u00e1logo: \u00abEl di\u00e1logo -se dijo- no es solamente la constataci\u00f3n educada de la existencia de puntos de vista diversos, ni tampoco una v\u00e1lvula de seguridad para permitir a la autoridad asegurarse anticipadamente el consenso en las decisiones que ya ha decidido tomar, sino m\u00e1s bien un medio positivo, din\u00e1mico, creativo, esencial para el bienestar de la Iglesia en una situaci\u00f3n de cambio&#8230; El di\u00e1logo es la condici\u00f3n previa para la soluci\u00f3n de los problemas. Sin di\u00e1logo no s\u00f3lo no tendr\u00e1n soluci\u00f3n los problemas, sino que se ir\u00e1n agudizando\u00bb.<\/p>\n<p>Para la edificaci\u00f3n de la Iglesia, se comprende f\u00e1cilmente el valor que tiene el di\u00e1logo entre los pastores y los simples fieles: \u00abLos pastores son padres que ejercen con caridad la autoridad que han recibido de Dios como aquellos que sirven (Lc 22,26-27); son el signo de la unidad eclesial y tienen la misi\u00f3n de reunir en torno a ellos al reba\u00f1o para que todos vivan y act\u00faen en la caridad&#8230; Los otros miembros del pueblo de Dios contribuyen por su parte al ejercicio del ministerio de los pastores&#8230; Las decisiones de los pastores en los diferentes niveles tienen que tener la finalidad de confirmar la unidad en la verdad y orientar las fuerzas con vistas a las tareas comunes (en particular, con vistas a la misi\u00f3n en el mundo)\u00bb.<\/p>\n<p>2. ASOCIACIONES DE LAICOS &#8211; El Vat. II, al relacionar el apostolado con la vida y la misi\u00f3n del cristiano en cuanto tal, ha situado acertadamente en el primer plano el apostolado individual. En efecto, el apostolado individual \u00abes el principio y condici\u00f3n de todo apostolado seglar, incluso del asociado, y nada puede sustituirle\u00bb; es \u00abfecundo siempre y en todas partes, yen determinadas circunstancias el \u00fanico apto y posible\u00bb (AA 18). Forma parte integrante de la vida espiritual de los laicos; es la irradiaci\u00f3n de la salvaci\u00f3n que en ellos ha llevado a cabo Jesucristo y que ellos tienen que llevar a los hermanos. Mas no por ello el Vat. II ha infravalorado en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo el apostolado asociado. Encontrarse con los dem\u00e1s para una comuni\u00f3n efectiva de vida cristiana y para buscar nuevas posibilidades de irradiaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu del evangelio es una necesidad de la comunidad eclesial. Este apostolado responde a la exigencia humana fundamental de asociaci\u00f3n y es un signo de la comuni\u00f3n y de la unidad de la Iglesia: \u00abLos cristianos&#8230; no olviden que el hombre es social por naturaleza y que Dios ha querido unir a los creyentes en Cristo en el pueblo de Dios (cf 1 Pe 2,5-10) y en un solo cuerpo (cf 1 Cor 12,12). Por consiguiente, el apostolado asociado responde muy bien a las exigencias humanas y cristianas de los fieles y es al mismo tiempo signo de la comuni\u00f3n y de la unidad de la Iglesia en Cristo\u00bb (AA 18).<\/p>\n<p>En un tiempo de socializaci\u00f3n como el nuestro, en el que los hombres se organizan para promover proyectos de mejora del hombre y de la sociedad, adquiere un valor especial la asociaci\u00f3n de cristianos que quieren estar presentes de una forma activa y consciente en las realidades colectivas de nuestra sociedad. Su testimonio de fe se hace as\u00ed\u00ad m\u00e1s cre\u00ed\u00adble y la relaci\u00f3n entre fe y proyecto humano resulta m\u00e1s incisiva. Los movimientos de laicos cristianos son no solamente un sost\u00e9n para la fe de cada uno, sino tambi\u00e9n un signo colectivo del evangelio. Y cuanto m\u00e1s larga es su irradiaci\u00f3n tanto mayor repercusi\u00f3n pueden tener en la transformaci\u00f3n del mundo. La Iglesia favorece y apoya la acci\u00f3n de los cristianos, en coherencia con su fe, en todos los niveles nacionales e internacionales\u00bb. La Iglesia concede especial importancia a la Acci\u00f3n cat\u00f3lica, que con su opci\u00f3n religiosa act\u00faa como fermento evang\u00e9lico de toda la sociedad. Los obispos franceses, al subrayar el valor actual de la Acci\u00f3n cat\u00f3lica, dec\u00ed\u00adan: \u00abLa vida y el porvenir de los hombres se deciden en el seno de las realidades colectivas. Los cristianos tienen que estar presentes en ellas y su testimonio evang\u00e9lico asume un valor nuevo si es colectivo; es para los hombres un signo revelador de la salvaci\u00f3n de Cristo\u00bb.<\/p>\n<p>A. Barruffo<\/p>\n<p>BIBL.-AA. VV., Los laicos y la vida cristiana perfecta, Herder. Barcelona 1965.-Auer, A, Cristiano de cara al mundo. Estudio sobre los principios y la historia de la piedad seglar, Verbo Divino, Estella 1963.-Cardijn, J, Laicos en primera l\u00ed\u00adnea, Nova Terra, Barcelona 1965.-Congar, Y. M.-J, Jalones para una teolog\u00ed\u00ada del laicado, Estela, Barcelona 1961.-Congar, Y. M.-J, Si sois mis testigos, Estela, Barcelona 1965.-Evely, L, Espiritualidad de los laicos, Ariel, Barcelona 1969.-Guerry, E, El laicado obrero, su misi\u00f3n apost\u00f3lica, Nova Terra, Barcelona 1964.-Haring, B, Cristiano en un mundo nuevo, Herder, Barcelona 1964.-Haring, B, El cristiano en el mundo, Paulinas, Madrid 1970.-Heer, F. El cristiano y la problem\u00e1tica actual, Fontanella, Barcelona 1968.-Hervada Xiberta, J. Tres estudios sobre el uso del t\u00e9rmino laico, Eunsa, Pamplona 1973.-Huber, M. Th. \u00bfLaicos y santos? a la luz del Val. II, Aldecoa, Burgos 1968.-Huerga, A, La espiritualidad seglar, Herder, Barcelona 1964.-Lill Alvarez, En tierra extra\u00f1a, Taurus, Madrid 1956.-Sabater March, J, Derechos y deberes de los seglares en la Iglesia, Herder, Barcelona 1954.-Suavet, Th, Espiritualidad del compromiso temporal, Columba Madrid 1963.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La experiencia cristiana del laico en la vida del mundo actual y de la Iglesia: 1. Como ciudadanos del mundo; 2. Como miembros de la Iglesia &#8211; II. La identidad del laico: 1. En la Sagrada Escritura: 2. En la Iglesia primitiva: 3. En la Edad Media; 4. Desde la Reforma hasta los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/laico-seglar\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLAICO (SEGLAR)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17089","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17089","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17089"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17089\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17089"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17089"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17089"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}