{"id":17091,"date":"2016-02-05T11:07:54","date_gmt":"2016-02-05T16:07:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/libertad-cristiana\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:54","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:54","slug":"libertad-cristiana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/libertad-cristiana\/","title":{"rendered":"LIBERTAD CRISTIANA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La libertad en la conciencia del hombre contempor\u00e1neo &#8211; II. La libertad en la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica: 1. La dimensi\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la libertad: 2. Los l\u00ed\u00admites de la libertad humana; 3. La libertad y la ley &#8211; III. Libertad y liberaci\u00f3n en la historia de la espiritualidad cristiana &#8211; IV. El camino de la libertad: 1. Por una espiritualidad de la liberaci\u00f3n; 2. La libertad en la comunidad cristiana; 3. Los frutos de la libertad cristiana.<\/p>\n<p>1. La libertad en la conciencia del hombre contempor\u00e1neo<br \/>\nJuntamente con la justicia, la libertad es considerada por el hombre moderno como valor fundamental de la existencia del individuo y de la sociedad. En esta perspectiva, la historia tiende a aparecer como historia de la libertad y las diversas \u00e9pocas y culturas son juzgadas en relaci\u00f3n con su capacidad de promover y de ampliar la libertad.<\/p>\n<p>Esta atenci\u00f3n privilegiada a la libertad es lo que diferencia al Occidente moderno de las dem\u00e1s culturas y de las diversas \u00e9pocas del pasado. En efecto, el mundo griego sinti\u00f3 vivamente el valor de la libertad, pero siempre de un modo reductivo: como \u00ablibertad griega\u00bb o \u00ablibertad del ciudadano\u00bb, es decir, del griego o del hombre libre en contraposici\u00f3n con el b\u00e1rbaro, el extranjero, el esclavo. Tampoco el mundo romano, a pesar de su atenci\u00f3n a las formas de garant\u00ed\u00ada jur\u00ed\u00addica de la libertad, consigui\u00f3 superar esta perspectiva. S\u00f3lo con el cristianismo la libertad se universaliza y se radicaliza: todo hombre, en todos los contextos, est\u00e1 llamado por Dios a lalibertad: \u00abNo hay jud\u00ed\u00ado ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay var\u00f3n ni mujer\u00bb (G\u00e1l 3,28). Inseparable de la existencia misma del hombre, la libertad lo constituye en su ser m\u00e1s profundo y lo hace disponible para escuchar la llamada de Dios y, por tanto, para gozar de la suprema libertad de la fe: \u00abCristo nos libert\u00f3 para gozar de libertad\u00bb (G\u00e1l 5,1).<\/p>\n<p>El v\u00ed\u00adnculo hist\u00f3rico entre cristianismo y mundo moderno se ha visto en algunos momentos osc\u00farecido, lleg\u00e1ndose a afirmar que se daba entre ambos una presunta incompatibilidad radical; sin embargo, la cultura moderna no puede comprenderse m\u00e1s que en la perspectiva de los nuevos horizontes abiertos por el mensaje b\u00ed\u00adblico de la libertad.<\/p>\n<p>Tampoco la libertad se ha librado de la crisis general del mundo moderno y se ha visto tambi\u00e9n sometida a discusi\u00f3n. Presentes ya peri\u00f3dicamente en el pasado, han aparecido con nuevo vigor en la reflexi\u00f3n contempor\u00e1nea ciertas corrientes de pensamiento que niegan de diversas maneras la libertad en nombre de determinismos que se inspiran unas veces en los condicionamientos materiales (marxismo), otras en los culturales (estructuralismo) y otras en los psicol\u00f3gicos (psicoan\u00e1lisis). Por otra parte, la negaci\u00f3n filos\u00f3fica o psicol\u00f3gica de la libertad hasta ahora no ha ara\u00f1ado la estructura de conjunto de la sociedad, que sigue haciendo de la libertad en sus diversas expresiones la estructura b\u00e1sica de la convivencia civil. As\u00ed\u00ad pues, aunque discutida y amenazada, la libertad puede considerarse actualmente como el punto de referencia esencial de la cultura occidental. Este factor evidencia, a pesar de todo, sus ra\u00ed\u00adces cristianas; sin esas ra\u00ed\u00adces, la \u00abpasi\u00f3n por la libertad\u00bb, t\u00ed\u00adpica del Occidente, resultar\u00ed\u00ada inexplicable.<\/p>\n<p>Aunque hist\u00f3ricamente inconcebible sin el influjo cristiano, la libertad como valor tiene una dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica y experiencial. La fe no puede fundamentarla por s\u00ed\u00ad sola, sino que en cierto sentido debe presuponerla y provocarla por encima de los condicionamientos que ponen a la libertad el ambiente, la historia, la estructura psicol\u00f3gica y la situaci\u00f3n. De aqu\u00ed\u00ad la conciencia de que la libertad no es nunca un dato definitivo, sino un valor en devenir, sujeto a ca\u00ed\u00addas y a malas interpretaciones. La libertad es tambi\u00e9n en cierto sentido liberaci\u00f3n, viniendo a calificarse as\u00ed\u00ad con el auxilio de tres preposiciones esenciales: libertad de (como liberaci\u00f3n de los mecanismos condicionantes que sobre ella act\u00faan), libertad en (o sea, libertad que se encarna, y en cierto sentido se identifica, en los valores, en la verdad, en la belleza, en el bien) y libertad para (o sea, como libertad que se convierte en compromiso para la realizaci\u00f3n de todos los valores humanos)&#8217;.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad el paso, t\u00ed\u00adpico tambi\u00e9n de la cultura moderna, a una concepci\u00f3n din\u00e1mica de la libertad, que en gran parte desconoc\u00ed\u00ada el mundo antiguo, prisionero de una visi\u00f3n esencialmente racionalista de la misma, siendo precisamente el cristianismo, con su concepci\u00f3n de las relaciones entre el pecado y la gracia, el que introdujo en la libertad el dinamismo de la voluntad, incluso en su potencial contraste con la raz\u00f3n. Super\u00e1ndose el conflicto t\u00ed\u00adpicamente medieval entre racionalismo y voluntarismo, se ha ido de este modo afirmando en la espiritualidad contempor\u00e1nea una visi\u00f3n dram\u00e1tica, por no decir tr\u00e1gica, de la libertad, sobre la que han llamado especialmente la atenci\u00f3n las corrientes existencialistas, espiritualistas y fenomenol\u00f3gicas. As\u00ed\u00ad, para Kierkegaard \u00abel s\u00ed\u00ad-mismo que hace al hombre lo que es, es la libertad\u00bb; pero se trata de una opci\u00f3n que hay que realizar continuamente, en cuanto que en cada momento el hombre est\u00e1 llamado a escogerse a s\u00ed\u00ad mismo, a \u00abdevenir aquello que deviene\u00bb2. Y para Emmanuel Mounier \u00abes la persona la que se hace libre, despu\u00e9s de haber escogido ser libre\u00bb, pero con una libertad que no es nunca definitiva para la persona: \u00abNada en el mundo puede darle la seguridad de ser libre, si ella no se lanza audazmente a la experiencia de la libertad\u00bb. En resumen, puede afirmarse con.lacques Maritain que \u00abse nos exige hacernos, en nuestro obrar, lo que somos metaf\u00ed\u00adsicamente\u00bb, esto es, personas: aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 precisamente la \u00abra\u00ed\u00adz metaf\u00ed\u00adsica\u00bb de la libertad&#8217;.<\/p>\n<p>Esta fundamentaci\u00f3n de la libertad es eminentemente filos\u00f3fica y antropol\u00f3gica; la fe la ilumina al mismo tiempo que es iluminada por ella. Sin esta opci\u00f3n preliminar por la libertad, sin la intuici\u00f3n profunda de que el hombre vive y act\u00faa en la libertad, aunque sea en una libertad situada y condicionada, nunca pose\u00ed\u00adda por completo, la libertad cristiana aparece privada de su fundamento; pero \u00e9sta es s\u00f3lo la base de un edificio cuyo coronamiento hay que buscarlo y encontrarlo en la palabra de Dios.<\/p>\n<p>II. La libertad en la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica<br \/>\n1. LA DIMENSI\u00ed\u201cN B\u00ed\u008dBLICA DE LA LIBERTAD &#8211; Comparando el dato b\u00ed\u00adblico con lo que podr\u00ed\u00adamos llamar la fenomenolog\u00ed\u00ada laica moderna de la libertad (y excluyendo los sistemas que la niegan en diversos grados, ya que en esta reflexi\u00f3n hay que dar por presupuesta la existencia de la libertad) pueden se\u00f1alarse algunos elementos comunes y otros parcialmente diferenciados. Es com\u00fan la conciencia de la originalidad y radicalidad de la libertad; es distinta su fundamentaci\u00f3n \u00faltima (Dios y el hombre); es distinto su dinamismo de relaci\u00f3n (relaci\u00f3n con Dios a trav\u00e9s de Cristo o exclusivamente relaci\u00f3n con los dem\u00e1s hombres y con la naturaleza); es distinta la atenci\u00f3n a los condicionamientos tanto internos como externos, sobre todo respecto a la aceptaci\u00f3n o la negaci\u00f3n del pecado o, mejor dicho, de su reducci\u00f3n o no reducci\u00f3n de dato metaf\u00ed\u00adsico a puro dato cultural, psicol\u00f3gico, social. En la primera perspectiva, la repulsa de la libertad es el signo permanente de la \u00ed\u00adndole radical e ineludible del mal; en la segunda, el mal es s\u00f3lo un incidente hist\u00f3rico al que podr\u00e1 poner remedio el progreso de la civilizaci\u00f3n y el afinamiento de las ciencias humanas.<\/p>\n<p>Sin embargo, en conjunto, al menos en el \u00e1mbito de las concepciones que reconocen la libertad del hombre y, por tanto, su \u00abresponsabilidad\u00bb no s\u00f3lo frente a s\u00ed\u00ad mismo y los dem\u00e1s, sino tambi\u00e9n frente a Dios, la diferencia entre las diversas concepciones de la libertad es m\u00e1s bien de calidad, de extensi\u00f3n, de acentuaci\u00f3n que de estructura. La concepci\u00f3n cristiana de la libertad constituye en este sentido el punto de referencia de las diversas visiones de la libertad y la perspectiva que al mismo tiempo las supera y las trasciende. Siguen en pie algunas antinomias, entre ellas la antinomia fundamental entre \u00abautosuficiencia del hombre\u00bb y necesidad de la gracia de Dios para vivir en la libertad \u00c2\u00b0; pero esas discrepancias no son de tal categor\u00ed\u00ada que hagan afirmar una radical incompatibilidad entre libertad humana y libertad cristiana, sobre todo cuando \u00e9sta se comprende y se vive con sensibilidad moderna, esto es, atendiendo a los condicionamientos a que est\u00e1 supeditada y superando una visi\u00f3n intimista y reductiva, t\u00ed\u00adpica de cierta tradici\u00f3n pietista- insensible al estrecho v\u00ed\u00adnculo que se da entre libertad y liberaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sigue siendo caracter\u00ed\u00adstica del planteamiento cristiano la conciencia de que \u00abgracias a la libertad puede el hombre decidirse ante el llamamiento de Dios, pero s\u00f3lo en cuanto la libertad humana es una participaci\u00f3n de la libertad divina\u00bb, ya que la libertad del hombre encuentra su fuente en la libertad de Dios\u00c2\u00b0. En consecuencia, si la concepci\u00f3n del \u00ablibre-albedr\u00ed\u00ado\u00bb -esto es, de la capacidad del hombre de autodeterminarse y, por tanto, de ser responsable de su propio destino- no es exclusivamente cristiana, s\u00ed\u00ad que es caracter\u00ed\u00adstica del cristiano una triple libertad que, con Franz BSckle&#8217;, podr\u00ed\u00ada definirse libertad del pecado (mediante la justificaci\u00f3n en Cristo, el hombre se libera de la sujeci\u00f3n al mal), de la ley (el que se abre al Esp\u00ed\u00adritu est\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de la ley) y de la muerte (el amor de Dios es para siempre; por tanto, la muerte ha quedado definitivamente superada: Rom 6,21 ss).<\/p>\n<p>En el aspecto positivo, la liberaci\u00f3n del pecado, de la ley y de la muerte hace al cristiano interiormente disponible para \u00abdecidir por Dios en el amor\u00bb&#8216; y le permite pasar de la lex timoris a la lex amoris (S. Th., 1-II, q. 107, a. 1). Aqu\u00ed\u00ad encuentra su origen la libertad de los hijos de Dios (Rom 8,21), prefigurada en la liberaci\u00f3n de Israel y definitivamente realizada por Cristo en Dios, aunque colocada para el hombre en el horizonte de la provisionalidad; en este sentido es como \u00abla libertad de los hijos de Dios se encuentra todav\u00ed\u00ada en las condiciones de ocultamiento y de inseguridad propias de la existencia terrena. Por esto se ve expuesta al peligro de servir de pretexto al ego\u00ed\u00adsmo y al libertinaje (G\u00e1l 5,13) y tiene necesidad del apoyo de la fuerza externa de los mandamientos, de la autoridad de las iglesias y, sobre todo, de la disciplina interior, tambi\u00e9n dictada por ese Esp\u00ed\u00adritu que experiencialmente gu\u00ed\u00ada a cuantos son hijos de Dios\u00bb .<\/p>\n<p>En conjunto, la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la libertad se caracteriza por un relativo desinter\u00e9s respecto a su dimensi\u00f3n psicol\u00f3gica y sociol\u00f3gica, para centrarse preferentemente en la libertad como relaci\u00f3n entre hombre y Dios. Ya en la perspectiva del AT, pero sobre todo en la visi\u00f3n renovadora del NT, la ley se pone al servicio de la libertad y su elevaci\u00f3n de medio a fin es la se\u00f1al m\u00e1s evidente de la involuci\u00f3n religiosa de Israel. No deja de ser significativo que el G\u00e9nesis, en lugar de fundamentar metaf\u00ed\u00adsicamente la libertad de Ad\u00e1n antes del pecado, se detenga en describirla; sin embargo, es una libertad que desde el principio est\u00e1 limitada por la voluntad de Dios, la cual se expresa de forma m\u00e1s positiva que negativa. La orden de no comer del \u00e1rbol del conocimiento (G\u00e9n 2,17) debe leerse en una perspectiva m\u00e1s profunda que la sugerida por el an\u00e1lisis textual, esto es, de manera positiva: \u00abManifiesta tu libertad en la obediencia a tu Se\u00f1or\u00bb. Tal es el sentido de todos los mandamientos, y ante todo el del amor, que quieren ser principalmente una invitaci\u00f3n a la libertad.<\/p>\n<p>La calda de Ad\u00e1n marca definitivamente con un signo negativo la andadura de la libertad del hombre y acent\u00faa esta antinomia entre libertad y ley, que s\u00f3lo ser\u00e1 superada por Cristo. El gran te\u00f3logo de la libertad, aquel que reflexiona sobre su propia experiencia a la luz de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, es Pablo. Los ejes de la teolog\u00ed\u00ada paulina de la libertad son la toma de conciencia de la dram\u00e1tica antinomia entre libertad y ley (Rom 5,12ss; 6,17ss y passim) y, al mismo tiempo, la experiencia de que este contraste s\u00f3lo puede ser superado por la sobreabundancia de la gracia de Cristo, que coloca al hombre no ya bajo la ley, sino bajo la gracia (Rom 6,14). La libertad no es conquista del hombre, sino don de Dios, recibido y acogido a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n necesaria de Cristo. El paso del reino de la ley (AT) al reino de la gracia y, por tanto, de la libertad (NT) es \u00abcristol\u00f3gico\u00bb. Cristo es la plenitud, la verificaci\u00f3n y, por tanto, el \u00abfin\u00bb de la ley (Rom 10,4): \u00abCristo nos libert\u00f3 para gozar de libertad\u00bb (G\u00e1l 5,1).<\/p>\n<p>En s\u00ed\u00adntesis, la libertad cristiana se caracteriza respecto a la libertad filos\u00f3fica por una nota de dramatismo existencial (la libertad se encuentra siempre puesta bajo el signo de la posibilidad de pecar, al menos hasta el \u00e9schaton) y, sobre todo, por su estrecha vinculaci\u00f3n a Cristo. Es \u00e9l el que, \u00abhaci\u00e9ndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz\u00bb (Flp 2,8), cierra definitivamente el tiempo de la esclavitud y abre el de la obediencia. Sin embargo, una vez m\u00e1s vuelve a proponerse aqu\u00ed\u00ad, y al mismo tiempo a reconstruirse, la antinomia: la suprema obediencia de Cristo es la condici\u00f3n de la suprema libertad del cristiano, llamado a ser libre en la obediencia completa al Padre en Cristo. Toda la libertad cristiana queda as\u00ed\u00ad situada in Christo (G\u00e1l 5,6; Col 1,11; etc.), seg\u00fan la insistente y casi obsesiva f\u00f3rmula paulina; este arraigo es el que le confiere a la vez su fundamento y su objetivo original de \u00ablibertad para Dios\u00bb, y no de pura y simple \u00ablibertad para el hombre\u00bb. En este sentido, \u00abla libertad cristiana es algo completamente nuevo y desconocido antes de Cristo&#8217; e irrepetible despu\u00e9s de \u00e9l, ya que es \u00ablibertad en el amor\u00bb, y no simplemente \u00ablibertad en la filantrop\u00ed\u00ada\u00bb, por estar arraigada en el amor de Dios y no simplemente en el amor del hombre.<\/p>\n<p>2. Los L\u00ed\u008dMITES DE LA LIBERTAD HUMANA &#8211; La libertad cristiana nace de la fe y se sit\u00faa en la fe, seg\u00fan la profunda frase de Lutero: \u00abEsta es, por tanto, la libertad del cristiano: nuestra fe\u00bb; pero aqu\u00ed\u00ad precisamente manifiesta su dramatismo, ya que la fe del hombre es siempre parcial y limitada, y le acecha siempre lo que Heinrich Schlier ha llamado la tentaci\u00f3n de la \u00abautojusticia\u00bb, a saber, la pretensi\u00f3n de ser justos por nosotros solos y de administrar solos nuestra libertad. La existencia humana aparece \u00abprisionera de s\u00ed\u00ad misma\u00bb; la libertad cristiana se perfila entonces como \u00abliberaci\u00f3n de esta existencia inevitablemente ca\u00ed\u00adda\u00bb y condenada, precisamente por haber ca\u00ed\u00addo, a recaer continuamente. \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 la existencia, puesta por cada mandamiento ante el interrogante de si quiere permanecer o no ligada a s\u00ed\u00ad misma, se ve instada por la ley a liberarse de s\u00ed\u00ad misma, pero luego vuelve a caer siempre de nuevo?&#8230; La respuesta es la siguiente: porque, al renunciar a Dios, ha renunciado tambi\u00e9n a la vida, y al caer en la trampa de s\u00ed\u00ad misma, se entrega a la muerte&#8230; En el momento en que el hombre no quiere ya tender hacia Dios, sino que se empe\u00f1a en permanecer en s\u00ed\u00ad mismo -y \u00e9sta es la voluntad decidida de su existencia-, es cuando realmente se encuentra -y solamente entonces- cerca de la muerte. Porque la vida es Dios y Dios solamente es la vida. Separada de \u00e9l, la existencia ca\u00ed\u00adda en su propia trampa lleva dentro de s\u00ed\u00ad solamente la muerte. Dirigida s\u00f3lo hacia s\u00ed\u00ad misma, la existencia se ve rodeada en el fondo de s\u00ed\u00ad misma s\u00f3lo por la muerte\u00bb.<\/p>\n<p>De este c\u00ed\u00adrculo vicioso se sale \u00fanicamente por la fe y la gracia. El contraste insanable entre lo que la libertad siente que tiene que ser y lo que la libertaddel hombre realmente es s\u00f3lo puede colmarlo la gracia. Este es el sentido de la ense\u00f1anza paulina -que resume el mensaje cristiano de la libertad-, caracterizada por un continuo pasar del \u00abindicativo\u00bb al \u00abimperativo\u00bb, de lo que el hombre realmente es y lo que est\u00e1 llamado a ser en la libertad. Igualmente es verdad que el hombre nace libre; pero serlo verdaderamente s\u00f3lo lo consigue en la gracia. As\u00ed\u00ad pues, la s\u00ed\u00adntesis del pensamiento de Pablo puede expresarse de este modo: \u00abHaceos lo que ya (por gracia) sois\u00bb\u00bb. La gracia es juntamente el fundamento de la libertad y la condici\u00f3n por la que \u00e9sta llega verdaderamente a actuarse. Se cierra as\u00ed\u00ad el c\u00ed\u00adrculo vicioso que lleva de la libertad original al pecado de los or\u00ed\u00adgenes, y del pecado a la ca\u00ed\u00adda de la libertad y, por tanto, a la esclavitud y a la muerte.<\/p>\n<p>La libertad cristiana es una libertad con una valencia teol\u00f3gica, no fenomenol\u00f3gica. El hombre es libre, pero no consigue hacerse libre; quiere hacerse portador de libertad y siembra, por el contrario, la opresi\u00f3n. S\u00f3lo en la fe y en la gracia la libertad humana supera esta contradicci\u00f3n suya interna. Por este camino, la iniciativa vuelve a Dios; pero no en contra del hombre, sino m\u00e1s bien en el interior del hombre, si es verdad que \u00abDios es m\u00e1s interior a la voluntad que la voluntad misma\u00bb; la interioridad de Dios en el hombre es una interioridad atenta y respetuosa, que no ata su dinamismo ni destruye su autonom\u00ed\u00ada. \u00abLa iniciativa de Dios lo es todo -se\u00f1ala Guardini-; por ella, la del hombre se torna completamente libre y poderosa. Al hombre se le exige que se decida ante el mensaje de la salvaci\u00f3n. Que siga ese mensaje, que lo oiga y que haya sido tocado por \u00e9l, es gracia; y gracia es tambi\u00e9n cuando se abre y cree; pero esta decisi\u00f3n constituye a la vez su acto y responsabilidad m\u00e1s propios&#8230; en la unidad indisoluble de un \u00fanico proceso existencial\u00bbl Al hombre se le pide que viva en la fe; pero esta fe, fruto tambi\u00e9n de la gracia, pasa necesariamente a trav\u00e9s de la libertad del hombre.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad el riesgo y la fatiga de la libertad, que al hombre le gustar\u00ed\u00ada muchas veces eludir. Nada expresa mejor que la Leyenda del gran inquisidor esta fatiga de la libertad: \u00abNo hay para el hombre -escribe Dostoievski, anticipando un tema predilecto de todo el existencialismo, desde Sartre a Camus-una preocupaci\u00f3n m\u00e1s tormentosa que la de encontrar alguien a quien restituir lo antes posible ese don de la libertad que el desgraciado ha recibido en el momento de nacer. Pero s\u00f3lo puede adue\u00f1arse de las libertades de los hombres aquel que tranquiliza su conciencia\u00bb. \u00abEn vez de adue\u00f1arte de la libertad de los hombres -es el reproche que le hace a Cristo el gran inquisidor-, \u00c2\u00a1la has aumentado todav\u00ed\u00ada m\u00e1s! \u00bfO es que te hab\u00ed\u00adas olvidado de que la tranquilidad y hasta la muerte le resulta m\u00e1s agradable al hombre que la elecci\u00f3n libre en el conocimiento del bien y del mal? No hay nada tan halag\u00fce\u00f1o para el hombre como la libertad de su conciencia, pero no hay tampoco nada tan tormentoso. Y he aqu\u00ed\u00ad que, en vez de unos principios seguros que tranquilicen su conciencia de una vez para siempre, T\u00fa has escogido todo aquello que era superior a las fuerzas de los hombres y has obrado entonces como si no los amases lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo&#8230; En vez de adue\u00f1arte de la libertad humana, la has multiplicado y has aplastado para siempre con el peso de sus tormentos el reino espiritual del hombre. T\u00fa quisiste el amor libre del hombre; quisiste que te siguiera libremente, encantado y conquistado por ti. En vez de la ley antigua, s\u00f3lidamente establecida, en adelante fue el hombre mismo el que tuvo que decidir con coraz\u00f3n libre qu\u00e9 es lo que estaba bien y qu\u00e9 es lo que estaba mal, y como gu\u00ed\u00ada \u00fanica tuvo ante sus ojos solamente tu imagen; pero \u00bfes posible que no se te ocurriera pensar que al final discutir\u00ed\u00ada y rechazar\u00ed\u00ada tambi\u00e9n tu imagen y tu verdad, si lo oprim\u00ed\u00adas con un peso tan horrible como la libertad de elegir?\u00bb. Aqu\u00ed\u00ad puede medirse la amplitud y lo inmenso del drama de la libertad.<\/p>\n<p>3. LA LIBERTAD Y LA LEY &#8211; As\u00ed\u00ad pues, en la relaci\u00f3n entre la libertad y la ley se entrecruzan los problemas decisivos del hombre contempor\u00e1neo. El rechazo de toda autoridad, por un lado, y el indolente refugiarse en los brazos de la ley, por otro, son las antinomias del hombre de hoy y de siempre. Resuenan inquietantes las preguntas que Karl Barth hac\u00ed\u00ada dando paso a la \u00abteolog\u00ed\u00ada de la crisis\u00bb: \u00ab\u00bfQui\u00e9n se atreve no s\u00f3lo a pensar en la idea de la libertad, sino a vivir mirando a la libertad? Esta es la pregunta que nos plantea la carta a los Romanos. Vivir paulinamente significa vivir libremente: oprimidos en todas partes por Dios y levantados de nuevo por \u00e9l; constantemente enfrentados con el recuerdo de la muerte y constantemente invitados a la vida; continuamente sacados del antro de nuestras servidumbres, cautiverios y mezquindades humanas y llevados a la visi\u00f3n de lo que es seguro, vivo, eterno; invitados al perd\u00f3n de los pecados como a nuestra \u00fanica certeza y a la norma incomparable de nuestra acci\u00f3n; radicalmente sacudidos en nuestra veneraci\u00f3n de todas las grandezas, las vigencias y los valores relativos, y por eso mismo puestos en una relaci\u00f3n aut\u00e9ntica con ellos; encadenados a Dios, y por lo mismo tranquilos e independientes frente a todas las preguntas, las intimaciones. los mandatos que no pueden venirnos directamente de Dios, de Dios solo\u00bb.<\/p>\n<p>Este romper todas las ataduras que no sean las de Dios para conquistar de este modo la plena libertad es lo que caracteriza a la actitud espiritual del cristiano. No libertad para un proyecto humano, sea el que sea, sino libertad para Dios y en Dios. As\u00ed\u00ad queda aniquilado todo proyecto humano, y al mismo tiempo absolutizado, ya que se le comprende y en cierto modo se le asume en el proyecto \u00fanico de Dios. La libertad del cristiano es llamada a hacerse interiormente disponible a ese proyecto en su persona y, al mismo tiempo, en su vida: cultura y pol\u00ed\u00adtica, matrimonio y profesi\u00f3n. Por este camino la libertad del hombre acaba en la persona del creyente, asumiendo la amplitud y la dimensi\u00f3n de la libertad misma de Dios. Lo que sigue distingui\u00e9ndola de ella no es ya la cualidad de la libertad (\u00aben esto\u00bb es en lo que el hombre ser\u00e1, y es, \u00absemejante a Dios\u00bb), sino su provisionalidad, su tener que ser asumida \u00abcon miedo y con mucho temblor\u00bb (1 Cor 2,3), en la obediencia y en la pobreza radical, en la espera escatol\u00f3gica y en la esperanza.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad queda definitivamente superada la antinomia entre la libertad y la ley a trav\u00e9s de la mediaci\u00f3n de la conciencia, que interioriza la ley y la act\u00faa en la libertad como voluntad propia y no como imposici\u00f3n ajena. As\u00ed\u00ad pues, libertad y ley, no libertad o ley, aunque se trate siempre de un equilibrio inestable, continuamente amenazado por la arbitrariedad y el farise\u00ed\u00adsmo y, por tanto, por el mal, frente al cual le cuesta trabajo a la conciencia encontrar el camino de la verdadera libertad del cristiano. Jamais on ne fait le mal si pleinement et si gaiment que quand on le fait par conscience, dec\u00ed\u00ada ya Pascal1B. Y un exegeta moderno no duda en denunciar las ra\u00ed\u00adces paganas, y no cristianas, de la frase \u00abpara cada individuo su conciencia es su Dios\u00bb; la verdad es que para el cristiano la conciencia es existencialmente el juez \u00faltimo; pero la referencia suprema ha de ser aquel que es \u00abSe\u00f1or y Rey\u00bb y al que, por tanto, \u00abdebe someterse a la conciencia humana\u00bb. Soberan\u00ed\u00ada de la conciencia, bajo un aspecto; pero dentro del reconocimiento del se\u00f1or\u00ed\u00ado eminente de Cristo, ra\u00ed\u00adz conjuntamente de la libertad y de la ley.<\/p>\n<p>III. Libertad y liberaci\u00f3n en la historia de la espiritualidad cristiana<br \/>\nEn la tradici\u00f3n cristiana est\u00e1n presentes desde siempre las dos dimensiones fundamentales de la libertad (\u00ablibertad de\u00bb &#8211; \u00ablibertad para\u00bb), o sea, tanto el aspecto de superaci\u00f3n de los condicionamientos materiales y espirituales de la libertad, como el de su orientaci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita al servicio de Dios y a la transformaci\u00f3n de las relaciones entre los hombres. El gran tema inicial del evangelio de Lucas, la \u00abliberaci\u00f3n de los cautivos\u00bb como parte integrante de la buena nueva (Lc 4,18), domina en cierto sentido todo el mensaje evang\u00e9lico y representa una de las claves de lectura esenciales de los milagros y de la misma misi\u00f3n de Cristo; pero no cabe duda de que la conversi\u00f3n y la liberaci\u00f3n han estado de hecho separadas a veces en la historia de la espiritualidad cristiana y que acab\u00f3 prevaleciendo una concepci\u00f3n intimista y privada de la libertad, que pon\u00ed\u00ada poco inter\u00e9s en los condicionamientos exteriores de la misma debidos a las estructuras culturales, pol\u00ed\u00adticas y sociales. La historia de la actitud del mundo cristiano frente a la esclavitud es sintom\u00e1tica en este sentido; preocupado de combatir el legalismo farisaico, Pablo considera con relativa indiferencia la -esclavitud como instituci\u00f3n social de su tiempo. El gran doctor de la libertad cristiana es el que aconseja a On\u00e9simo que vuelva a sus cadenas. Es verdad que volver\u00e1 a su amo con un esp\u00ed\u00adritu distinto y que Filem\u00f3n tendr\u00e1 que acogerlo \u00abno ya como esclavo, sino como un hermano amado\u00bb (Flm 16) para quiz\u00e1, al final, dejarlo libre; pero todo ello sin romper las estructuras de las instituciones. Es la relaci\u00f3n \u00e9tica, no la jur\u00ed\u00addica, la que queda \u00e9ticamente transfigurada, hasta convertirse en algo distinto.<\/p>\n<p>Sin recorrer toda la historia de la espiritualidad para releerla en la perspectiva de la libertad, hay que reconocer que es sobre todo a finales de la Edad Media cuando acaba prevaleciendo una visi\u00f3n exclusivamente interior, y al final deformada, de la libertad cristiana. De la devotio moderna a Lutero, del jansenismo al pietismo (y ninguna de estas corrientes dej\u00f3 de influir en la espiritualidad cat\u00f3lica), se acent\u00faa esta lectura en clave interiorizada de la libertad cristiana, t\u00ed\u00adpica por otra parte del oriente bizantino, marcado indeleblemente por esta espiritualidad hasta la revoluci\u00f3n rusa.<\/p>\n<p>Elemento com\u00fan de estas diversas escuelas de espiritualidad cristiana es la preocupaci\u00f3n dominante por la libertad interior, entendida como liberaci\u00f3n de los condicionamientos que se interponen en el encuentro del cristiano (mejor dicho -y esto es significativo- del \u00abalma cristiana\u00bb) con Dios. No hay que extra\u00f1arse de que, en esta perspectiva, no sea la libertad, sino la r obediencia, la virtud fundamental del cristiano; es verdad que se trata sobre todo de obediencia al Esp\u00ed\u00adritu, o bien a la palabra de Dios; pero tambi\u00e9n, en definitiva, de obediencia a las autoridades constituidas: religiosas en el campo cat\u00f3lico, laicas en el campo protestante y bizantino. S\u00f3lo la espiritualidad puritana, no exenta tampoco del riesgo de legalismo, parece haber descubierto el sentido de la libertad cristiana, y est\u00e1 por eso mismo en los or\u00ed\u00adgenes de los grandes movimientos por la libertad pol\u00ed\u00adtica de nuestro tiempo. Pero, en su conjunto, el \u00abmundo cristiano\u00bb, nacido de la disoluci\u00f3n de la cristiandad medieval, posee una visi\u00f3n cada vez m\u00e1s restringida de la libertad; afirmar que el cristiano es siempre libre, aunque su cuerpo est\u00e9 encadenado, significa precisamente infravalorar el peso de esas cadenas y evitar preguntarse si a la larga le quedar\u00e1 al cristiano un espacio real de libertad, incluso puramente espiritual.<\/p>\n<p>El predominio de una espiritualidad y de una piedad totalmente \u00abinteriores\u00bb deja al descubierto la cultura cristiana en la \u00e9poca de la revoluci\u00f3n industrial. Nuevos instrumentos de an\u00e1lisis de la sociedad y de manipulaci\u00f3n de la naturaleza hacen aparecer como hechos hist\u00f3ricos, no \u00abnaturales\u00bb, sino evitables y que era necesario evitar, ciertos fen\u00f3menos como la sumisi\u00f3n de masas inmensas a unos pocos privilegiados, tanto en el plano pol\u00ed\u00adtico como en el econ\u00f3mico, o como la dominaci\u00f3n colonial. En la misma \u00e9poca en que una teolog\u00ed\u00ada cansina se entretiene todav\u00ed\u00ada en justificar de alguna manera el derecho divino de los reyes o las conquistas coloniales con fines de evangelizaci\u00f3n o de \u00abcivilizaci\u00f3n\u00bb, una oleada de libertad sacude la conciencia europea. La comunidad cristiana se queda por alg\u00fan tiempo marginada del curso de la historia, precisamente por su falta de sensibilidad ante las implicaciones estructurales del problema de la libertad.<\/p>\n<p>De esta forma deja poco a poco de aparecer cre\u00ed\u00adble una libertad del cristiano entendida solamente como relaci\u00f3n individual del alma con Dios, como escucha y disponibilidad, y no tambi\u00e9n como inventiva y como compromiso. Hace crisis una obediencia acentuadamente pasiva e inclinada a situarse en relaci\u00f3n con la autoridad m\u00e1s que con la libertad. De aqu\u00ed\u00ad el paso, t\u00ed\u00adpico de nuestro siglo, de una concepci\u00f3n todav\u00ed\u00ada sustancialmente pasiva a una concepci\u00f3n abierta y comprometida de la libertad cristiana; no solamente libertad del pecado, sino tambi\u00e9n libertad para la actuaci\u00f3n del reino de Dios y de su justicia,. incluso en el plano hist\u00f3rico; reo solamente libertad de los caprichos y de las fantas\u00ed\u00adas de cada uno, sino tambi\u00e9n libertad de una conciencia adulta y capaz de situarse responsablemente delante de Dios sin tener que buscar siempre y en cada momento la mediaci\u00f3n de la autoridad. De aqu\u00ed\u00ad la aparici\u00f3n gradual de una \u00abespiritualidad de la liberaci\u00f3n\u00bb, que precede significativamente a la \u00abteolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n\u00bb y que parece destinada a marcar de forma bastante m\u00e1s duradera y profunda la vida de los cristianos de nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>En esta perspectiva, el cristiano no es s\u00f3lo aquel que ha sido liberado por la gracia, sino tambi\u00e9n aquel que se hace liberador por gracia y que, como Cristo, est\u00e1 llamado a anunciar juntamente la buena nueva a los pobres y la liberaci\u00f3n a los cautivos. Tambi\u00e9n en este caso se vislumbra la tentaci\u00f3n del reductivismo o, como se dice, del . horizontalismo (cada \u00e9poca cristiana tiene sus peculiares tentaciones), como si la libertad cristiana pudiera reducirse a la mera superaci\u00f3n de las estructuras sociales, pol\u00ed\u00adticas y culturales que se le oponen, olvidando de este modo el mal radical que anida en el hombre y que le obliga a enfrentarse continuamente con la realidad del pecado. La verdad es que una espiritualidad de la libertad cristiana pasa hoy necesariamente a trav\u00e9s de la recuperaci\u00f3n del evangelio como fuerza desbaratadora tanto de las estructuras sociales como de los equilibrios psicol\u00f3gicos de los observant\u00e9s de la ley. En algunos casos ser\u00e1 preciso conceder la primac\u00ed\u00ada hist\u00f3rica a la praxis; romper las cadenas del hombre para que pueda hacerse tambi\u00e9n espiritualmente libre, en vez de predicar la posibilidad (real, pero ordinariamente te\u00f3rica y abstracta) de seguir siendo libres incluso cuando el cuerpo est\u00e1 encadenado.<\/p>\n<p>Por este camino se va actuando una especie de proceso de democratizaci\u00f3n de la libertad, t\u00ed\u00adpico de nuestro tiempo. La tesis de la indiferencia respecto a los condicionamientos exteriores, a los que se considera incapaces de influir en la conciencia del sabio o del santo, presupone necesariamente una concepci\u00f3n culta y aristocr\u00e1tica de la libertad; el hombre excepcional puede ser libre a pesar de las cadenas; pero el hombre com\u00fan sigue siendo esclavo, tanto en el cuerpo como en el esp\u00ed\u00adritu. Una espiritualidad democr\u00e1tica y no aristocr\u00e1tica (lo cual significa, en la Iglesia, sobre todo una espiritualidad \u00abmundana\u00bb y \u00ablaical\u00bb, esto es, a la medida del hombre corriente, y no s\u00f3lo mon\u00e1stica o conventual) no puede menos de derrumbar ciertos planteamientos del pasado y partir, para la conquista de la libertad cristiana, precisamente del reconocimiento de que para la mayor\u00ed\u00ada de los hombres la primac\u00ed\u00ada de hecho de los condicionamientos materiales es la regla y no la excepci\u00f3n. Una espiritualidad de la libertad que desee estar al alcance del hombre com\u00fan, no puede menos de asumir prioritariamente este reconocimiento de la primac\u00ed\u00ada hist\u00f3rica de la praxis, aunque no podr\u00e1 ni deber\u00e1 detenerse aqu\u00ed\u00ad, sino que tendr\u00e1 que partir precisamente de la constataci\u00f3n del peso de los condicionamientos materiales para urgir a la libertad a que sea ella misma y empuje a la persona a que \u00abse haga lo que es\u00bb. Es \u00e9sta una observaci\u00f3n que vale sobre todo para una Iglesia que quiera ser Iglesia de los pobres; los pobres son precisamente quienes tienen que apartar los obst\u00e1culos m\u00e1s pesados del camino de la libertad.<\/p>\n<p>IV. El camino de la libertad<br \/>\n1. POR UNA ESPIRITUALIDAD DE LA LIBERACI\u00ed\u201cN &#8211; Aqu\u00ed\u00ad es donde se inicia el paso de una espiritualidad de la libertad considerada como un dato adquirido a una espiritualidad de la liberaci\u00f3n, donde la libertad es m\u00e1s punto de llegada que de partida; liberaci\u00f3n vista en funci\u00f3n de la libertad, ciertamente; pero, antes que nada, liberaci\u00f3n de todo el hombre. Esta es en cierto sentido la piedra de toque de una aut\u00e9ntica espiritualidad de la libertad; de su capacidad o incapacidad para hacer frente a los condicionamientos que se le imponen y para comprometerse a superarlos. As\u00ed\u00ad el c\u00ed\u00adrculo se cierra en cierto modo; hecho libre por Cristo, precisamente por ser obediente a Cristo salvador y liberador e imitador suyo en el >\u00bbseguimiento\u00bb, el cristiano se constituye en la historia en protagonista del proceso por la liberaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>En esta l\u00ed\u00adnea, tambi\u00e9n y sobre todo debido a las solicitaciones del mensaje conciliar, empieza a actuar la espiritualidad cristiana de nuestro tiempo. Es fundamental una lectura en esta perspectiva de la constituci\u00f3n GS, dirigida toda ella a la afirmaci\u00f3n de la libertad (\u00abDios ha querido dejar al hombre en manos de su propia decisi\u00f3n para que as\u00ed\u00ad busque espont\u00e1neamente a su Creador y, adhiri\u00e9ndose libremente a \u00e9ste, alcance la plena y bienaventurada perfecci\u00f3n\u00bb: GS 17) y a la toma de conciencia de la liberaci\u00f3n (\u00ablas personas y los grupos sociales est\u00e1n sedientos de una vida plena y libre, digna del hombre\u00bb: GS 9), as\u00ed\u00ad como el decreto DH, sobre todo en su franco reconocimiento de la libertad religiosa (\u00abconforme a la dignidad humana y a la revelaci\u00f3n de Dios\u00bb: DH 12). Hecho libre por Dios, el cristiano se hace en el mundo portador de libertad.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el magisterio pontificio (y en el magisterio no menos importante y significativo de los episcopados nacionales y de las iglesias locales) resuena de continuo esta llamada a la libertad en su vinculaci\u00f3n inseparable con la liberaci\u00f3n. Valga por todas la Evangelii nuntiandi (1975), en la que se subraya el v\u00ed\u00adnculo necesario entre evangelizaci\u00f3n y liberaci\u00f3n del hombre (y de \u00abpromoci\u00f3n del hombre, de todos los hombres y de todo el hombre\u00bb, como ya hab\u00ed\u00ada dicho con vigorosos acentos la Populorum progressio&#8217;\u2020\u00a2, yse proclama el deber de la Iglesia y de cada cristiano de \u00abanunciar la liberaci\u00f3n\u00bb y de insertar \u00abla lucha cristiana por la liberaci\u00f3n en el plan global de la salvaci\u00f3n que ella misma anuncia\u00bb (EN 29-30-38-39 y passim).<\/p>\n<p>Por otra parte, se plantea el problema de la capacidad de la comunidad cristiana de hacerse efectivamente lugar de promoci\u00f3n y de liberaci\u00f3n del hombre en plena adhesi\u00f3n al mensaje del Se\u00f1or. Destaca aqu\u00ed\u00ad toda la importancia de la educaci\u00f3n en la libertad de la comunidad y se perfila con claridad la conciencia de que \u00abla educaci\u00f3n religiosa s\u00f3lo puede tener lugar en la libertad y para la libertad\u00bb. Educaci\u00f3n global a todos los niveles, y no solamente predicaci\u00f3n abstracta de la libertad cristiana. Aqu\u00ed\u00ad sobre todo se muestra decisiva la uni\u00f3n entre espiritualidad y vida, entre liturgia y compromiso en el mundo, entre teolog\u00ed\u00ada y praxis pastoral. Pero es, sobre todo, la forma de vivir y, en cierto sentido, de \u00absentir\u00bb la libertad en el plano de la espiritualidad -por la capacidad de hacer del encuentro amoroso con Dios una relaci\u00f3n de libre a libre-lo que es decisivo tambi\u00e9n para una nueva ortopraxis cristiana, para hacer que se acelere el proceso de purificaci\u00f3n y de conversi\u00f3n de la comunidad, sobre todo de sus compromisos con el poder\u00bb. Centrar la vida espiritual en Cristo salvador y liberador (lo cual significa sentirse y ser verdaderamente libres con la libertad de los hijos de Dios) supone necesariamente, m\u00e1s pronto o m\u00e1s tarde, la transformaci\u00f3n de la praxis de vida de la comunidad cristiana y de sus diversas estructuras e instituciones, abriendo nuevos espacios, no necesariamente de contestaci\u00f3n pero s\u00ed\u00ad de cr\u00ed\u00adtica y de innovaci\u00f3n, al camino de la ecelesia semper reformanda.<\/p>\n<p>La l\u00ed\u00adnea de separaci\u00f3n entre la \u00abverdadera\u00bb y la \u00abfalsa\u00bb reforma de la Iglesia pasa probablemente a trav\u00e9s de esa capacidad o incapacidad de la comunidad cristiana de abrir animosamente espacios siempre nuevos a la libertad, de suscitar de nuevo entre los cristianos el gusto por el riesgo y la aventura. \u00abHombres que tienen miedo de saltar: en eso nos hemos convertido -indica amargamente Mounier-: en hombres educados en desconfiar del salto. Todos pasan, y nosotros seguimos impert\u00e9rritos&#8230; \u00bfC\u00f3mo aprender de nuevo el coraje de saltar?\u00bb. A una comunidad que quiera y sepa educar en la libertad de los hijos de Dios se le pide sobre todo que sepa dar a cada cristiano el coraje del riesgo, de la inventiva, de forma que pueda dar una respuesta positiva a la inquietante pregunta que Dietrich Bonhoeffer formulaba a sus hermanos como examen de conciencia: \u00ab\u00bfHa servido la comunidad para hacerme libre, fuerte, mayor de edad?\u00bb.<\/p>\n<p>2. LA LIBERTAD EN LA COMUNIDAD CRISTIANA &#8211; La libertad del cristiano se sale por este camino del cerco del individualismo, de la relaci\u00f3n solitaria con Dios (aunque \u00e9sta siga siendo esencial y b\u00e1sica para cualquier relaci\u00f3n con los dem\u00e1s) para hacerse empe\u00f1o y servicio. Desde este punto de vista, el lugar eminente de la libertad cristiana no es la singularidad cerrada del yo, sino el encuentro con los dem\u00e1s en la comunidad. En la ekkles\u00ed\u00ada fundada por Cristo y en la que Cristo est\u00e1 presente encuentra la libertad cristiana a la vez su punto de partida y su punto de llegada. Por consiguiente, es una libertad que se mide por la tradici\u00f3n viva de la comunidad, expresada en la ense\u00f1anza y en la vida. En esta perspectiva, el magisterio se presenta no como un l\u00ed\u00admite, sino como un sost\u00e9n de la libertad cristiana; como un modo a trav\u00e9s del cual puede verificar su fidelidad a un pasado que es al propio tiempo presente y futuro; un punto de referencia para la explicaci\u00f3n de la libertad no desde fuera ni m\u00e1s all\u00e1 de la verdad, sino en su interior, din\u00e1micamente, en la direcci\u00f3n de la profundizaci\u00f3n y del enriquecimiento.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad es donde tienen cabida tanto la libertad en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica como la libertad en la experimentaci\u00f3n de nuevas y diversas formas de vida religiosa y de compromiso en el mundo; la libertad en la vida de piedad y de oraci\u00f3n, en la liturgia y en el culto. El criterio fundamental es la advertencia paulina de experimentarlo todo para quedarse s\u00f3lo con lo que es bueno. El mismo magisterio aparece entonces no como la ant\u00ed\u00adtesis, sino como el momento de verificaci\u00f3n y autenticaci\u00f3n de la libertad cristiana. All\u00ed\u00ad donde no est\u00e1n en juego los valores fundamentales de la fe, se abre un inmenso campo a la experimentaci\u00f3n y a la inventiva del cristiano, religioso o laico. La libertad cristiana se siente invitada a convertirse no ya en guardiana de los viejos caminos, sino en pionera de los nuevos. Junto al carisma de la fidelidad al pasado es menester en la Iglesia el de la atenci\u00f3n a lo nuevo, siempre que la fidelidad al pasado no se convierta en arca\u00ed\u00adsmo esclerotizado, ni la atenci\u00f3n a lo nuevo en huida de la palabra de Dios, que sigue juzgando d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada a la misma libertad del cristiano.<\/p>\n<p>Una comunidad que quiera crecer en la fe y ofrecer a los hombres de su tiempo un mensaje capaz de impresionar a sus oyentes, debe saber verificarse continuamente en la libertad y purificarse cada d\u00ed\u00ada de los males del autoritarismo, del inmovilismo, de la pereza. La historia de la Iglesia es tambi\u00e9n ciertamente la historia de estas debilidades, de estos continuos temores a la libertad; pero es tambi\u00e9n la historia de un continuo reflorecimiento de la libertad cristiana (desde Pablo a Francisco de As\u00ed\u00ads, desde Catalina a Tom\u00e1s Moro, desde Newman a Juan XXIII). Se restablece as\u00ed\u00ad el equilibrio, constantemente puesto en discusi\u00f3n, entre autoridad y libertad en la vida de la Iglesia. Pero hay que prestar la m\u00e1xima atenci\u00f3n a no marginar la libertad; a no destacar exclusivamente la obediencia, que se convierte en conformismo cuando no est\u00e1 sostenida ni vivificada desde dentro por la libertad [ Contestaci\u00f3n prof\u00e9tica]. Una vez m\u00e1s el modelo del cristiano sigue siendo Cristo, eminentemente libre y eminentemente sumiso a la vez.<\/p>\n<p>3. LOS FRUTOS DE LA LIBERTAD CRISTIANA &#8211; En el horizonte de la historia corresponde a la comunidad cristiana hacerse lugar de libertad en la relaci\u00f3n entre los carismas diversos y a veces opuestos de la autoridad y de la libertad, a trav\u00e9s de una l\u00facida comprensi\u00f3n de lo que significa el \u00abservicio\u00bb (y con la conciencia de que tanto la autoridad como la libertad son un servicio a la Iglesia y en la Iglesia). En esta perspectiva deben someterse continuamente a discusi\u00f3n, y si es preciso modificarse los esquemas y las normas jur\u00ed\u00addicas, las reglas y las instituciones. Nacidos para sostener la libertad cristiana, todos estos instrumentos corren el riesgo de convertirse en obst\u00e1culos y barreras para su expansi\u00f3n. La libertad es como el vino nuevo, que necesita continuamente odres nuevos (Mt 9,17); cuando la comunidad cristiana no sabe preparar y tener dispuestos oportunamente esos odres nuevos, son inevitables los desgarrones y las rupturas; en cambio, cuando la comunidad sabe correr el riesgo de la libertad, no faltan los frutos y entre ellos, sobre todo, la parres\u00ed\u00ada, la corresponsabilidad y la inventiva.<\/p>\n<p>La parres\u00ed\u00ada es la franqueza cristiana; algo muy distinto del esp\u00ed\u00adritu est\u00e9ril de cr\u00ed\u00adtica, del descaro, de la falta de lealtad. Parres\u00ed\u00ada es sencillez en las relaciones, sinceridad y apertura en el di\u00e1logo, capacidad de hablar y de escuchar al mismo tiempo; supone, por tanto, la reciprocidad, una franqueza igual en el que pregunta y en el que es preguntado. De esta parres\u00ed\u00ada tiene necesidad cada d\u00ed\u00ada la comunidad cristiana para protegerse del servilismo y de la hipocres\u00ed\u00ada, para ser lugar de aut\u00e9ntica correcci\u00f3n fraterna, para poder renovarse d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada tanto en quienes tienen el carisma de la autoridad como en quienes tienen el de la obediencia.<\/p>\n<p>La corresponsabilidad es igualmente fruto de la libertad, ya que nace en el cristiano de su conciencia de ser hijo de Dios, llamado por \u00e9l a responder con la libertad al don del amor. En una Iglesia de hombres y de mujeres libres, la corresponsabilidad es un imperioso deber \u00e9tico y religioso, antes incluso que un prudente criterio de gesti\u00f3n de la comunidad; de aqu\u00ed\u00ad la exigencia de la consulta, la participaci\u00f3n en las decisiones, el deseo de compartirlo todo, tanto en el plano espiritual como en el material. En una comunidad sostenida por la libertad cristiana, no queda sitio para que uno piense y decida por todos, aunque siempre existe la tentaci\u00f3n de descargarse de una libertad que se ha hecho demasiado pesada y de confiarla a los \u00abgrandes inquisidores\u00bb de turno a cambio de una aparente serenidad de conciencia.<\/p>\n<p>Finalmente, la inventiva no es m\u00e1s que la creatividad, la capacidad de renovarse y de cambiar. Las \u00e9pocas de estancamiento, en la vida de la Iglesia lo mismo que en la de todas las instituciones y grupos sociales, son aquellas en que ha fallado la inventiva; en las que ha venido a faltar el coraje de renovar y, antes a\u00fan, el de pensar creativamente. Una Iglesia libre es, por el contrario, una Iglesia que tiene el coraje de inventar y, por tanto, de cambiar&#8217;. Sin duda, se producir\u00e1n tensiones entre lo antiguo y lo nuevo, quiz\u00e1 incluso desgarrones profundos; pero todo ello ser\u00e1 menos grave que la indolente condescendencia con una tradici\u00f3n ya muerta, incluso fatal, por aceptarla perezosamente sin reactualizarla y, por tanto, renovarla cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s Cristo es para la Iglesia el supremo modelo de parres\u00ed\u00ada, de corresponsabilidad y de inventiva, pero realizadas dentro de la obediencia a la voluntad del Padre. \u00abJes\u00fas -indica Bonhoeffer- est\u00e1 ante Dios como el obediente y libre a la vez. Como obediente cumple la voluntad del Padre, siguiendo ciegamente la ley que le ha sido impuesta. En cuanto libre, acepta la voluntad con el conocimiento m\u00e1s aut\u00e9ntico, con los ojos bien abiertos y un coraz\u00f3n gozoso; podemos decir que esa voluntad vuelve a renovarse por obra suya. Obediencia sin libertad es esclavitud, libertad sin obediencia es arbitrariedad. La obediencia vincula la criatura del creador, la libertad sit\u00faa a la criatura en su perspectiva de imagen de Dios frente al creador. La obediencia ense\u00f1a al hombre que debe dejar que le digan lo que es bueno y lo que Dios exige de \u00e9l (Miq 6,8), la libertad permite al hombre crear el bien por s\u00ed\u00ad mismo. La obediencia sabe lo que es bueno y lo hace, la libertad se atreve a actuar y deja al criterio de Dios el juicio sobre el bien y el mal. La obediencia sigue ciegamente, la libertad tiene los ojos abiertos. La obediencia act\u00faa sin preguntar, la libertad pregunta por el sentido. La obediencia tiene las manos atadas, la libertad es creadora\u00bb\u00bb. Solucionar estas antinomias, asumir a Cristo como modelo de libertad y de obediencia a la vez, tal es el sentido \u00faltimo de la aventura de la libertad cristiana.<\/p>\n<p>Giorgio Campanini<br \/>\nBIBL.-AA. VV., La Iglesia y la libertad, Fomento de Cultura, Valencia 1963.-AA. VV., Cultura popular y filosofia de la liberaci\u00f3n. Una perspectiva latinoamericana, Fernando Garc\u00ed\u00ada Cambeiro, B. Aires 1975.-AA. VV., Libertad cristiana al servicio del hombre, Descl\u00e9e, Bilbao 1980.-AA. VV., Manifiesto de la libertad cristiana, Cristiandad, Madrid 1976.-Bello, E, De Sartre a Merleau-Ponty: dial\u00e9ctica de la libertad y el sentido, Secr. de Publicaciones de la Universidad, Murcia 1979.-Cabodevilla, J. M, La cuca\u00f1a de la libertad, Sigueme, Salamanca 1977.-Cerroni, U, La libertad de los modernos, Mart\u00ed\u00adnez Roca, Barcelona 1972.-Comblin. J, La libertad cristiana, Sal Terrae. Santander 1979.-Dahrendorf, R, Sociedad y libertad. Hacia un an\u00e1lisis sociol\u00f3gico de la actualidad, Ternos, Madrid 1971.-K\u00fcsemann. E. l.a llamada de la libertad, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1974.-K\u00fcng, H, Libertad del cristiano, Herder, Barcelona 1975.-Lafourcade, A. La igualdad y la libertad: o el mundo de todos y el encuentro de cada uno, Ararat, Madrid 1977.-Mateo Seco, L. F, Mart\u00ed\u00adn huero: sobre la libertad esclava, Emesa, Madrid 1978.-Pastor Ramos, F, La libertad en la carta a los G\u00e1latas: estudio exeg\u00e9ticoteol\u00f3gico, Apostolado Prensa. Madrid 1977.-Tull\u00ed\u00ad Vancells, J. O, La verdad os har\u00e1 libres. Jn 8,32. Liberaci\u00f3n y libertad del creyente en el cuarto evangelio, Herder, Barcelona 1973.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La libertad en la conciencia del hombre contempor\u00e1neo &#8211; II. La libertad en la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica: 1. La dimensi\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la libertad: 2. Los l\u00ed\u00admites de la libertad humana; 3. La libertad y la ley &#8211; III. Libertad y liberaci\u00f3n en la historia de la espiritualidad cristiana &#8211; IV. El camino de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/libertad-cristiana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLIBERTAD CRISTIANA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17091","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17091","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17091"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17091\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17091"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17091"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17091"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}