{"id":17092,"date":"2016-02-05T11:07:57","date_gmt":"2016-02-05T16:07:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/madurez-espiritual\/"},"modified":"2016-02-05T11:07:57","modified_gmt":"2016-02-05T16:07:57","slug":"madurez-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/madurez-espiritual\/","title":{"rendered":"MADUREZ ESPIRITUAL"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Exigencias y signos de la madurez espiritual: 1. Signos de \u00abinfantilismo\u00bb espiritual; 2. Signos de madurez espiritual &#8211; II. Presupuestos humanos de la madurez espiritual: 1. Factores de maduraci\u00f3n en el hombre; 2. Caracter\u00ed\u00adsticas de la madurez humana &#8211; III. Itinerario psicol\u00f3gico hacia la madurez espiritual: 1. El proceso asc\u00e9tico en la vida espiritual; 2. El estado m\u00ed\u00adstico en la vida espiritual; 3. Inmadurez ps\u00ed\u00adquica y vida espiritual.<\/p>\n<p>\u00bfEs acaso posible y leg\u00ed\u00adtimo identificar la \u00abpersonalidad madura\u00bb con el llamado \u00abhombre natural\u00bb, es decir, con ese tipo de hombre que est\u00e1 atado y en-cerrado en el aspecto terreno de la naturaleza humana? La respuesta debe ser necesariamente negativa, ya que personalidad madura significa personalidad integrada, y es, por tanto, sin\u00f3nimo de una persona que ha respondido fielmente a todos los valores. Pues bien, no cabe duda de que entre esos valores ocupa el primer plano la llamada a lo trascendente, la apertura a una integraci\u00f3n superior. El hombre natural no tiene derecho a ser y permanecer tal: Ad majora nati sumus! En la historia de la Iglesia nadie, quiz\u00e1, mejor que Agust\u00ed\u00adn puede ponerse como ejemplo t\u00ed\u00adpico de esa metamorfosis del hombre \u00abnatural\u00bb abierto a lo alto, a lo trascendente&#8217;.<\/p>\n<p>Esta integraci\u00f3n superior no podr\u00e1 llevarse a cabo a trav\u00e9s de un simple contacto est\u00e9tico. Si el hombre natural quiere elevarse a lo trascendente, necesita mucho m\u00e1s: una voluntad constante de autosuperaci\u00f3n, una voluntad pr\u00e1cticamente eficaz. Esta elevaci\u00f3n es posible; ni siquiera es un hecho extraordinario; puede estar determinada por diversos factores: un dolor grave, una gran tentaci\u00f3n, una percepci\u00f3n clara y decisiva del fin \u00faltimo de la existencia; sin embargo, no podr\u00e1 realizarse plenamente m\u00e1s que a trav\u00e9s de un itinerario psicol\u00f3gico de tipo asc\u00e9tico, entendido como proceso hacia la \u00abmadurez\u00bb del hombre.<\/p>\n<p>La madurez psico-afectiva, seg\u00fan los recientes documentos del magisterio eclesial, debe considerarse como la meta de los esfuerzos personales y sociales para lograr el desarrollo integral del hombre; como premisa de un vigoroso desarrollo espiritual, es decir, de la consecuci\u00f3n de esa madurez de vida cristiana a la que san Pablo exhortaba a los Efesios para que llegaran a la dimensi\u00f3n del hombre maduro \u00aba la medida de la edad de la plenitud de Cristo\u00bb (4,13).<\/p>\n<p>La \u00abmadurez humana\u00bb debe entenderse como la plenitud consciente de todas las cualidades f\u00ed\u00adsicas, ps\u00ed\u00adquicas y espirituales, bien armonizadas e integradas entre s\u00ed\u00ad. La invitaci\u00f3n a desarrollar una personalidad humana plena, aunque ha estado siempre presente en los documentos del magisterio, se ha hecho especialmente acuciante e insistente en los \u00faltimos tiempos, en consonancia con las conquistas de las ciencias humanas&#8217;. El crecimiento humano constituye una especie de s\u00ed\u00adntesis de nuestros deberes. Pero hay m\u00e1s todav\u00ed\u00ada: esa armon\u00ed\u00ada de la naturaleza, enriquecida por el trabajo personal y responsable, est\u00e1 llamada a una superaci\u00f3n. Mediante su inserci\u00f3n en Cristo, el hombre tiene acceso a una dimensi\u00f3n nueva, a un humanismo trascendente.<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n cristiana no supone solamente la \u00abmadurez propia de la persona humana\u00bb, sino que tiende a conseguir que los bautizados \u00abse formen para vivir seg\u00fan el hombre nuevo en justicia y santidad de verdad, y as\u00ed\u00ad lleguen al hombre perfecto, en la edad de la plenitud de Cristo\u00bb (GE 2). Por medio de una educaci\u00f3n sabiamente organizada, \u00abhay que cultivar tambi\u00e9n en los alumnos la necesaria madurez, cuyas principales manifestaciones son la estabilidad de esp\u00ed\u00adritu, la capacidad para tomar prudentes decisiones y la rectitud en el modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres\u00bb (OT 11).<\/p>\n<p>I. Exigencias y signos de la madurez espiritual<br \/>\nTanto en el AT como en el NT es continua la invitaci\u00f3n al progreso espiritual (Jer 6,16; Sal 26,12; 2 Cor 4,16; Heb 3,7; 4,10; 2 Pe 3,18; Ef 4,13ss; Col 1,10). La madurez o perfecci\u00f3n cristiana es el desarrollo pleno de todas las potencialidades de la gracia en todos los niveles del organismo sobrenatural. Tiene ya en la fe su propia orientaci\u00f3n, su significado y su impulso (Jn 6,29; Ef 3,17), pero se realiza esencialmente en la caridad (Mt 5,44ss; 1 Cor 13,1 ss; Jn 17,21). La fe y la esperanza teologales est\u00e1n relacionadas con la caridad, como preparaci\u00f3n inmediata para ella; de tal modo que el dominio de la caridad en la vida del hombre no puede llegar a ser perfecto si al mismo tiempo no se hace perfecto el ejercicio de la fe y de la esperanza. Recibidas como g\u00e9rmenes de vida eterna, estas tres virtudes est\u00e1n destinadas a crecer, a dar vitalidad al cristiano, a lograr su perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>San Pablo habla de ellas como de fuerzas din\u00e1micas que tienen un papel decisivo en la maduraci\u00f3n de la vida espiritual (1 Tes 1,3; 5,6s). Supone que hay un comportamiento cristiano \u00abinfantil\u00bb, y lo opone a la conducta verdaderamente \u00abadulta\u00bb. Con frecuencia usa las ant\u00ed\u00adtesis \u00abni\u00f1os-adultos\u00bb o \u00abimperfectos-perfectos\u00bb (1 Cor 2.6; 13,10s; 14,20; Flp 3,15; Col 1,28). Seg\u00fan san Pablo, \u00abni\u00f1o\u00bb es aquel que est\u00e1 en los comienzos de la vida cristiana, dando sus primeros pasos, todav\u00ed\u00ada indecisos, y balbuciendo las primeras palabras; \u00abadulto\u00bb o \u00abperfecto\u00bb es el cristiano en el que los g\u00e9rmenes de vida nueva recibidos en el bautismo se han desarrollado y han alcanzado aquella plenitud que pose\u00ed\u00adan s\u00f3lo en potencia y cuya personalidad est\u00e1 en constante apertura a nuevas profundizaciones.<\/p>\n<p>Una etapa decisiva en la maduraci\u00f3n de la personalidad cristiana la constituye el abandono del comportamiento pueril, para empezar a actuar como adultos, es decir, asumiendo las nuevas responsabilidades de la fe y de la gracia (G\u00e1l 4,1ss; 1 Cor 13,11).<\/p>\n<p>1. SIGNOS DE \u00abINFANTILISMO\u00bb ESPIRITUAL &#8211; \u00bfCu\u00e1les son las expresiones de infantilismo espiritual de las que tiene que librarse el cristiano? \u00bfC\u00f3mo es posible reconocerlas? De los escritos del NT se deducen especialmente \u00e9stas:<\/p>\n<p>a) La incapacidad de aceptar el evangelio en su totalidad de contenido y de exigencias (1 Cor 3,1ss). Es la se\u00f1al de que uno est\u00e1 todav\u00ed\u00ada demasiado atado a las concepciones religiosas naturalistas. Se portan a\u00fan como ni\u00f1os los corintios, que \u00abvan en busca de la sabidur\u00ed\u00ada\u00bb humana en vez de buscar la \u00absabidur\u00ed\u00ada de Dios\u00bb, anunciada por \u00abla locura de la predicaci\u00f3n\u00bb (1 Cor 1,21s).<\/p>\n<p>b) El dejarse mover por la \u00abcarne\u00bb y no por el \u00abEsp\u00ed\u00adritu\u00bb. La oposici\u00f3n entre \u00abhombres carnales\u00bb y \u00abhombres espirituales\u00bb en san Pablo es paralela a la oposici\u00f3n \u00abni\u00f1os-adultos\u00bb (1 Cor 3,1; 1,10ss). Es se\u00f1al de este infantilismo el dejarse llevar por motivos humanos, por envidias y rencores.<\/p>\n<p>c) La falta de toma de conciencia de la posici\u00f3n exacta del creyente ante Dios; uno se cree ya sabio, conocedor de los caminos y de los secretos de Dios; en consecuencia, piensa que no tiene ya nada que aprender, siendo as\u00ed\u00ad que los secretos del reino no los \u00abha revelado la carne ni la sangre\u00bb sino Dios (Mt 16,17), que se los manifiesta a los humildes (Mt 13,11).<\/p>\n<p>d) La autosuficiencia y la presunci\u00f3n del que cree demasiado en sus propias fuerzas y no reconoce que todo es don de Dios. El seguidor de Cristo, adulto en la fe, tiene que poseer ciertos aspectos positivos. del esp\u00ed\u00adritu de infancia, que lo hagan capaz de sencillez, de acogida gozosa de la gracia, de ausencia de c\u00e1lculos, de generosidad, de sinceridad y de inmediatez (Mt 19,14; 18,3s; Le 12,32).<\/p>\n<p>e) El poner la atenci\u00f3n en uno mismo m\u00e1s que en Dios; una afectividad centrada en uno mismo, en vez de una afectividad libre para poderse dar al Otro, que \u00abnos ha amado primero\u00bb (1 Jn 4,10).<\/p>\n<p>,f) La concepci\u00f3n de la libertad como libertinaje (1 Cor 8,9; 9,4s; 10,29), siendo as\u00ed\u00ad que hemos de estar en disposici\u00f3n de discernir las cosas y las acciones seg\u00fan los criterios de Cristo, puesto que todo nos pertenece a nosotros y nosotros pertenecemos a Cristo (1 Cor 3,23).<\/p>\n<p>g) Dejarse llevar del af\u00e1n de los carismas visibles, en vez de aspirar a los dones m\u00e1s altos y comprometerse por ese otro \u00abcamino muy superior\u00bb, que es el de la caridad (1 Cor 12,31; 13,1ss).<\/p>\n<p>h) La inestabilidad y la volubilidad de una fe no anclada s\u00f3lidamente en el evangelio (Ef 4,14) y que por eso se ve sacudida por ciertas corrientes espirituales que no nacen de la pureza evang\u00e9lica. Las convicciones s\u00f3lidas, propias del adulto, son fundamento de la firmeza de la personalidad cristiana y de la comunidad entera.<\/p>\n<p>2. SIGNOS DE LA MADUREZ ESPIRITUAL. &#8211; La superaci\u00f3n de los infantilismos es s\u00f3lo el aspecto negativo del proceso de maduraci\u00f3n espiritual. Este no es solamente renuncia a lo imperfecto, sino desarrollo positivo hacia la vitalidad y la expresi\u00f3n m\u00e1s plenas de la gracia. Los signos de esta madurez espiritual son m\u00faltiples. Como no podemos hacer una lista completa, se\u00f1alaremos los m\u00e1s manifiestos:<\/p>\n<p>a) El convencimiento seguro (Rom 14,5) o la convicci\u00f3n plena (1 Tes 1,5), que engendra una especie de evidencia de la existencia de Dios y de su providencia (Rom 4,21). De este modo el hombre profundiza en sus relaciones con Dios y toma progresivamente conciencia del plan salv\u00ed\u00adfico de Dios que se realiza en \u00e9l.<\/p>\n<p>b) La transformaci\u00f3n y renovaci\u00f3n de la mente y del coraz\u00f3n, es decir, de la personalidad en su centro m\u00e1s profundo (Rom 12,2), que permite un perfecto \u00abdiscernimiento del bien y del mal\u00bb (Heb 5,14; 1 Cor 14,20); m\u00e1s a\u00fan, un discernimiento de \u00abcu\u00e1l es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable a \u00e9l, lo perfecto\u00bb (Rom 12,2). Esta \u00abvoluntad de Dios\u00bb, esta \u00abperfecci\u00f3n\u00bb no se identifica ya con un c\u00f3digo de leyes dado de una vez para siempre. La \u00abperfecci\u00f3n\u00bb del cristiano se caracteriza por la docilidad y sumisi\u00f3n a una voluntad divina que hay que buscar y discernir y cuyas exigencias no se pueden medir de antemano.<\/p>\n<p>c) La docilidad al Esp\u00ed\u00adritu Santo y la iniciativa para discernir lo que m\u00e1s agrada al Se\u00f1or nos lleva a estar \u00abllenosdel conocimiento de su voluntad con toda sabidur\u00ed\u00ada e inteligencia espiritual\u00bb, y de este modo a \u00abfructificar en toda obra buena y crecer en el conocimiento de Dios\u00bb (Col 1,9s). As\u00ed\u00ad tambi\u00e9n nos llevar\u00e1 a una abundante producci\u00f3n de los \u00abfrutos del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb y a un constante \u00abcaminar en el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (cf G\u00e1l 5,22s).<\/p>\n<p>d) Son cristianos maduros los que tienen la capacidad espiritual de penetrar hasta el fondo en el misterio de Cristo y de aceptarlo (1 Cor 2,6s; Ef 1,9; Col 1,27), abri\u00e9ndose para ello a la edificaci\u00f3n de la Iglesia, que es el sacramento de Cristo (Ef 2,20ss). Esto quiere decir capacidad para entrar en di\u00e1logo constructivo con los dem\u00e1s: di\u00e1logo con Dios, con los hermanos y con el mundo.<\/p>\n<p>e) En la madurez cristiana, \u00abel hombre entero\u00bb se compromete de forma radical y total por Dios y por la salvaci\u00f3n del mundo. En efecto, una vida teologal madura hace salir al hombre definitivamente de una visi\u00f3n egoc\u00e9ntrica de la vida; le hace vivir la experiencia de que ya no se pertenece a s\u00ed\u00ad mismo, sino a aquel que lo ha llamado a la salvaci\u00f3n y pide su colaboraci\u00f3n para la salvaci\u00f3n del mundo. La fuerza sobrenatural de la gracia y de las virtudes teologales ordena de forma unitaria el entendimiento y la voluntad hacia un centro de unidad m\u00e1s alto, totalmente nuevo, que es Dios en si mismo; toda la persona se siente en tensi\u00f3n hacia ese \u00fanico t\u00e9rmino que es Dios, suma verdad y sumo bien: \u00ab\u00c2\u00a1Se\u00f1or m\u00ed\u00ado y Dios m\u00ed\u00ado!\u00bb (Jn 20,28).<\/p>\n<p>,f) Otro signo de la madurez cristiana es la \u00abestabilidad de la conversi\u00f3n\u00bb de la mente y del coraz\u00f3n. El compromiso del adulto no es como la promesa de un ni\u00f1o, sujeta a caprichos y veleidades, sino una toma de posici\u00f3n de la que no se vuelve uno atr\u00e1s. Es un pacto serio con Dios, con el cual queda uno obligado no en virtud de una coacci\u00f3n, sino por una opci\u00f3n realizada en el encuentro del amor salv\u00ed\u00adfico de Dios y de la libre voluntad del hombre que quiere ser salvado. Solamente el que ha llegado a la madurez espiritual es capaz de esa \u00abdesmundanizaci\u00f3n\u00bb estable. que significa renuncia a los c\u00e1lculos terrenos y alejamiento del mal, as\u00ed\u00ad como de aquella \u00abexistencia escatol\u00f3gica\u00bb, igualmente estable, que califica al cristiano como orientado definitivamentehacia Dios en Cristo (Mt 8,21) l-&#8216;Escatolog\u00ed\u00adal.<\/p>\n<p>g) Signo de madurez cristiana es la \u00abintegraci\u00f3n\u00bb de la propia personalidad en Cristo, es decir, el hecho de que la vida entera del cristiano reciba su vertebraci\u00f3n mediante las mismas virtudes de Cristo (1 Tes 5,23). La vida teologal, desarrollada en todas sus virtualidades, da unidad din\u00e1mica a los pensamientos, afectos, deseos y acciones. El cristiano adulto se ha purificado de aquellas tendencias afectivas que hacen de Cristo m\u00e1s bien una necesidad psicol\u00f3gica que una persona a la que uno se entrega libremente y, en consecuencia, est\u00e1 en disposici\u00f3n de mantener su decisi\u00f3n sean cuales fueren las circunstancias de la vida. El cristiano adulto \u00abest\u00e1 en pie por la fe\u00bb (Rom 11,20), apartado del mal y orientado a Dios, que lo salva continuamente. Esta es la tensi\u00f3n que \u00abintegraba\u00bb en Cristo la existencia de san Pablo: \u00abSi al presente vivo en carne, vivo en la fe, en la fe del Hijo de Dios, el cual me am\u00f3 y se entreg\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo por m\u00ed\u00ad\u00bb (G\u00e1l 2,20).<\/p>\n<p>h) Finalmente, es tambi\u00e9n un signo de madurez cristiana el \u00abcompromiso por la Iglesia y el mundo\u00bb, es decir, la capacidad de superar los estrechos l\u00ed\u00admites del propio \u00abyo\u00bb y de entrar en relaci\u00f3n constructiva y creadora con los dem\u00e1s. Esta apertura a los dem\u00e1s la realiza el cristiano en la caridad, en el compromiso eclesial y en el empe\u00f1o por salvar al mundo. La madurez cristiana no consiste en vivir la gracia de manera abstracta y desencarnada, sino en el encuentro de la vida teologal y del compromiso temporal. En la Iglesia y por la Iglesia, el cristiano adulto vive el compromiso de la santidad y de la comuni\u00f3n de la caridad, sabiendo aceptar incluso los defectos de la propia Iglesia y asumiendo el empe\u00f1o de trabajar para que la Iglesia se acerque cada vez m\u00e1s a Cristo, su modelo y su cabeza (Flp 1,27; 1 Tes 1,7s; Ef 4,13ss).<\/p>\n<p>El cristiano adulto da expresi\u00f3n a su vida en los actos externos del testimonio, del apostolado, de la vida moral (Sant 1,22; 1 Tes 1,3); no puede tener callado aquello que ha experimentado (He 4,20); no puede menos de repetir la palabra escuchada (2 Cor 4,13; 2 Tim 4,2). Y de este modo crece no s\u00f3lo la vida de cada cristiano, sino tambi\u00e9n la de la Iglesia como totalidad. La Iglesia entera va tomando cada vez mayor conciencia de las implicaciones del evangelio para la salvaci\u00f3n del mundo y va adaptando su misi\u00f3n al desarrollo del mismo. As\u00ed\u00ad, la vida de los individuos y de la Iglesia se expresa como \u00abservicio\u00bb o \u00abministerio\u00bb, a ejemplo de Jesucristo (Mc 10,45). [>Misterio pascual IV, 4].<\/p>\n<p>II. Presupuestos humanos de la madurez espiritual<br \/>\nLa persona humana es un ser distinto, \u00abincomunicable\u00bb, aut\u00f3nomo; constituye una unidad sustancial. De esta singularidad y unidad de la persona se deriva la singularidad y la unidad de la personalidad. Y es precisamente este car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico el que convierte a la desuni\u00f3n o desintegraci\u00f3n de la personalidad -por ejemplo, en el caso de la doble personalidad- en un fen\u00f3meno tan impresionante.<\/p>\n<p>1. FACTORES DE MADURACI\u00ed\u201cN EN EL HOMBRE &#8211; Con la situaci\u00f3n concreta de cada individuo, que se expresa en una mayor o menor integraci\u00f3n de la personalidad y, correlativamente, de un mayor o menor desarrollo de la misma, est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente relacionado el problema educativo de la vida espiritual.<\/p>\n<p>El concepto de \u00abintegraci\u00f3n\u00bb significa esencialmente unidad funcional; significa armon\u00ed\u00ada en el interior de la personalidad del individuo: armon\u00ed\u00ada entre deseos, tendencias, pensamientos, ambiciones y prop\u00f3sitos, entre mentalidad y comportamiento \u00c2\u00b0. La integraci\u00f3n se refleja en la unidad de intencionalidad, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n en la unidad de acci\u00f3n; se manifiesta en la capacidad de tomar decisiones sin una excesiva perplejidad frente a las dificultades que es preciso afrontar.<\/p>\n<p>En la personalidad bien integrada se dan a menudo conflictos; pero esos conflictos no se resuelven nunca en formas de inadaptaci\u00f3n o de neurosis. La soluci\u00f3n del conflicto se verifica siempre de tal manera que queda preservada la unidad y se restablece la armon\u00ed\u00ada entre las tendencias en conflicto. La personalidad bien integrada es aquella en la que los diversos rasgos y necesidades de la naturaleza humana se organizan en un todo que funciona como unidad. La integraci\u00f3n es esencialmente una caracter\u00ed\u00adstica del proceso de desarrollo. Pero el desarrollo fisiol\u00f3gico no garantiza por s\u00ed\u00ad mismo esta integraci\u00f3n, debido a las m\u00faltiples influencias disgregadoras que ha de soportar el individuo durante la edad evolutiva.<\/p>\n<p>El concepto de \u00abdesarrollo\u00bb es fundamental en psicolog\u00ed\u00ada; significa progreso hacia una meta; y la meta que hay que alcanzar a trav\u00e9s del desarrollo es precisamente la \u00abmadurez\u00bb. Una personalidad madura es aquella en que se ha llevado a cabo un desarrollo completo de las capacidades y de los atributos requeridos por sus condiciones de ser adulto. La madurez, por consiguiente, es algo que se va adquiriendo gradualmente a lo largo del camino de la vida. Esto no quiere decir que el ni\u00f1o carezca de personalidad, sino solamente que hay una gran diferencia entre la personalidad del ni\u00f1o y la del adulto. El estudio de los factores responsables de este cambio nos permite comprender el desarrollo de la personalidad.<\/p>\n<p>Podr\u00ed\u00adamos inclinarnos a pensar que la personalidad madura de un individuo es el resultado final de las determinantes ps\u00ed\u00adquicas y sociales junto con las cualidades f\u00ed\u00adsicas del organismo. Semejante conclusi\u00f3n ser\u00ed\u00ada un error muy grave, del que, sin embargo, est\u00e1 impregnada gran parte de la literatura psicol\u00f3gica. El hombre es la expresi\u00f3n compleja de m\u00faltiples influencias, tanto internas como externas; pero es tambi\u00e9n en gran medida lo que \u00e9l hace de s\u00ed\u00ad mismo. Adem\u00e1s de la herencia, la motivaci\u00f3n, la afectividad y el ambiente, est\u00e1 en el individuo la capacidad innata de elegir, de autodeterminarse en una l\u00ed\u00adnea de conducta, de trazar su propio destino. Si es verdad que los rasgos, las aptitudes y las caracter\u00ed\u00adsticas de un individuo no son materia de opci\u00f3n libre, tambi\u00e9n lo es que los factores personales pueden verse influidos grandemente por el proceso de autodeterminaci\u00f3n y por la capacidad de autocontrol&#8217;.<\/p>\n<p>Para que pueda darse un hombre \u00abmaduro\u00bb, es menester que las fuerzas afectivas, integradas entre s\u00ed\u00ad, se integren plenamente con la raz\u00f3n, de manera que \u00e9sta pueda utilizar dichas fuerzas de modo verdaderamente racional. De la fusi\u00f3n arm\u00f3nica de la raz\u00f3n y de la afectividad sin bloqueos, represiones o defensas, se obtiene el grado m\u00e1s alto de madurez y el mayor provecho del hombre. De este modo, la raz\u00f3n puede disfrutar de la aportaci\u00f3n de energ\u00ed\u00ada y de gozo provenientes de la afectividad y, al mismo tiempo, asume a \u00e9sta en su propio nivel; el sujeto goza de unidad arm\u00f3nica interior y se encuentra en las mejores condiciones para alcanzar sus objetivos.<\/p>\n<p>En el plano ontol\u00f3gico, la madurez afectiva es la plenitud de la afectividad espiritual y su integraci\u00f3n con la afectividad sensible. Si falta esta integraci\u00f3n, es decir, esta capacidad de la afectividad espiritual de asumir en su propio nivel a la sensible, entonces el hombre se ver\u00e1 arrastrado por las pasiones o quedar\u00e1 dividido en s\u00ed\u00ad mismo. Se puede decir tambi\u00e9n, partiendo de una concepci\u00f3n inspirada en el pensamiento cristiano, que la madurez afectiva coincide con la madurez moral e incluso con la madurez del hombre en cuanto tal. Hay que observar igualmente que la falta de integraci\u00f3n moral de la persona puede llevar a una \u00abdesintegraci\u00f3n\u00bb cada vez mayor, agravando el conflicto entre el alma y el cuerpo y entre sus funciones relativas. Esta indicaci\u00f3n coincide, en el plano propiamente cient\u00ed\u00adfico, con las observaciones de la psicolog\u00ed\u00ada din\u00e1mica y cl\u00ed\u00adnica, para las cuales cualquier parada en el crecimiento del hombre, o sea, en el proceso de maduraci\u00f3n y de integraci\u00f3n, coincide con una \u00abregresi\u00f3n\u00bb a niveles m\u00e1s inmaduros y, por tanto, menos \u00abhumanos\u00bb del comportamiento.<\/p>\n<p>La personalidad madura, para ser tal, tiene que alcanzar la madurez en todos sus aspectos, incluido desde luego de manera especial el aspecto afectivo. En efecto, el papel de la afectividad es considerado como elemento fundamental en la construcci\u00f3n de la personalidad, ya que es uno de los procesos que m\u00e1s contribuyen a su integraci\u00f3n. Precisamente porque la afectividad es considerada como dimensi\u00f3n fundamental de la personalidad, la madurez afectiva se puede considerar requisito indispensable del funcionamiento \u00f3ptimo de la personalidad misma.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con la afectividad, adquiere una importancia particular la \u00abdimensi\u00f3n sexual\u00bb del hombre. Aunque se lo entiende de diversas maneras, no es posible negar el estrecho v\u00ed\u00adnculo que existe entre afectividad y sexualidad. ni su interdependencia en la integraci\u00f3n de la personalidad. Lutte habla de la sexualidad como de un elemento esencial en el proceso hacia la madurez&#8217;. Seg\u00fan Callieri, la vida sexual humana debe considerarse como el indicador m\u00e1s sensible de las tendencias de base de cada individuo, incluso de las m\u00e1s controladas y menos expresadas.<\/p>\n<p>Para que pueda hablarse de persona madura, el instinto sexual tiene que superar dos formas t\u00ed\u00adpicas de inmadurez: el narcisismo y la homosexualidad. y alcanzar la heterosexualidad. Es \u00e9sta una primera fase del desarrollo sexual; pero es necesaria, adem\u00e1s, una segunda fase: el amor tiene que convertirse en don, no en b\u00fasqueda de s\u00ed\u00ad mismo. Una sexualidad madura supone no s\u00f3lo la aceptaci\u00f3n del valor sexual integrado en el conjunto de los valores humanos, sino tambi\u00e9n la afectividad madura y la consiguiente capacidad de renuncia f\u00ed\u00adsica, como un modo de perfecci\u00f3n de la personalidad en otra direcci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. CARACTER\u00ed\u008dSTICAS DE LA MADUREZ HUMANA &#8211; Con la expresi\u00f3n \u00abmadurez humana\u00bb, usada para calificar la personalidad madura, queremos referirnos en general al hecho de que un individuo ha ido realizando una transici\u00f3n gradual desde la desorganizaci\u00f3n ps\u00ed\u00adquica, caracter\u00ed\u00adstica de los primeros a\u00f1os de vida, a la integraci\u00f3n, la coherencia, la constructividad y la creatividad de la edad adulta, cuyos problemas est\u00e1 en situaci\u00f3n de arrostrar y cuya responsabilidad es capaz de asumir de forma racional. En este sentido, la madurez representa la cima de la vida humana.<\/p>\n<p>La madurez se caracteriza por la armon\u00ed\u00ada de todos los elementos de la personalidad de un individuo, de donde se deriva la adaptaci\u00f3n a s\u00ed\u00ad mismo y a los dem\u00e1s, la integraci\u00f3n en la propia personalidad, el sentido de responsabilidad y la capacidad de autocontrol. Se trata de condiciones psicol\u00f3gicas altamente positivas, que llevan al equilibrio f\u00ed\u00adsico y ps\u00ed\u00adquico, a la posibilidad de enfrentarse serenamente con cualquier situaci\u00f3n nueva en la vida y que representan la meta final de todo educador.<\/p>\n<p>La madurez humana se traduce, o deber\u00ed\u00ada traducirse, en la superaci\u00f3n equilibrada de la ant\u00ed\u00adtesis juvenil \u00abyo-ambiente\u00bb, a trav\u00e9s de una adaptaci\u00f3n social constructiva y gradual, de la completa actuaci\u00f3n de las potencialidades instintivas sublimadas de varias maneras, y viceversa, con la liquidaci\u00f3n r\u00e1pida y completa de las tendencias caracter\u00ed\u00adsticas de la edad m\u00e1s joven.<\/p>\n<p>El diagn\u00f3stico sobre la obtenci\u00f3n de esta madurez psicoflsica resulta sumamente complejo. Los rasgos de la personalidad que pueden representar esquem\u00e1ticamente el perfil psicol\u00f3gico del hombre maduro son los siguientes:<\/p>\n<p>a. La capacidad de adaptarse a determinadas condiciones, modificaciones y responsabilidades en el contexto social en que puede encontrarse el individuo.<\/p>\n<p>b. La capacidad para cooperar con sus semejantes y de subordinarse a los planes de una autoridad en el \u00e1mbito familiar y social.<\/p>\n<p>c. La capacidad de. especializarse y, por tanto, de tener confianza en los propios recursos personales en un determinado campo de acci\u00f3n.<\/p>\n<p>d. La capacidad de afrontar de manera realista los problemas de la vida con un autocontrol adecuado de los propios impulsos.<\/p>\n<p>El concepto de \u00abmadurez\u00bb as\u00ed\u00ad entendido se identifica sustancialmente con el concepto de \u00abnormalidad\u00bb. En este sentido escribe M. Eck lo siguiente: \u00abEl hombre normal, equilibrado, no es para m\u00ed\u00ad el so\u00f1ador inactivo; dentro siempre de una vida de fe y de esperanza, es aquel cuyo equilibrio puede soportar el esfuerzo y el riesgo; el que camina sobre el alambre, el que reconstruye su casa destruida antes de la paz&#8230;, el que se niega a escribir la palabra fin\u00bb.<\/p>\n<p>Podemos hacer nuestra la descripci\u00f3n de la personalidad madura que nos ofrece G. Zunini, ateni\u00e9ndose a los criterios de madurez propuestos por AII-port: \u00abLa personalidad madura es aquella que ha superado la referencia privilegiada a s\u00ed\u00ad misma, abri\u00e9ndose a la comprensi\u00f3n de los dem\u00e1s y participando activamente de su vida en una relaci\u00f3n afectiva de intimidad y de respeto. Respecto a s\u00ed\u00ad misma, la persona madura ha alcanzado capacidad de dominio, que no consiste en la eliminaci\u00f3n de los impulsos y de los contrastes ni es beat\u00ed\u00adfica y establemente serena, sino que es capaz de soportar las contrariedades, tanto las que vienen de los dem\u00e1s como las que nacen de su intimidad, con un sentimiento fundamental de seguridad que logra incluso moderar los entusiasmos y los temores desproporcionados. Tiene del mundo un conocimiento realista, adecuado a las circunstancias y es capaz de tratarlo adecuadamente, y con un compromiso efectivo en su trabajo. Puede observarse sin perderse en un an\u00e1lisis excesivo o deprimente, d\u00e1ndose perfecta cuenta de lo que depende de ella y de lo que tiene, en cambio, que tolerar con cierto sentimiento de despego, sin duda interesado, pero sabiendo sonre\u00ed\u00adr tambi\u00e9n en medio de las vicisitudes propias y ajenas. Es capaz de mantener una l\u00ed\u00adnea coherente de su vida en referencia a principios de conducta, a valores directivos, de los que uno ocupa el puesto dominante&#8217;.<\/p>\n<p>Una personalidad formada y. por tanto. madura exige el \u00abequilibrio ordenado de los instintos bajo el dominio de la raz\u00f3n, en conformidad con la ley moral\u00bb\u00bb. Pero semejante equilibrio no se podr\u00e1 adquirir m\u00e1s que teniendo en cuenta la triple primac\u00ed\u00ada de las leyes de la vida ps\u00ed\u00adquica:<\/p>\n<p>1. La primac\u00ed\u00ada de lo total sobre lo parcial. Partiendo del presupuesto ya enunciado, de que el psiquismo es un todo org\u00e1nico, compacto y coherente, se sigue que las diversas actividades, tanto de orden cognoscitivo como de car\u00e1cter volitivo, tienen que subordinarse a la finalidad del todo; y se sigue tambi\u00e9n que las diversas facultades no pueden desarrollarse m\u00e1s de lo que requiere su funcionalidad dentro del todo org\u00e1nico del psiquismo humano.<\/p>\n<p>2. La primac\u00ed\u00ada de lo objetivo sobre lo subjetivo. Todas las facultades humanas est\u00e1n orientadas al orden de los valores objetivos; por tanto, la sana psicolog\u00ed\u00ada tiende a la victoria sobre el yo cerrado ego\u00ed\u00adstamente, a la mortificaci\u00f3n como condici\u00f3n normal de equilibrio vital; entregarse a la verdad y al bien, renunciando a las vanas satisfacciones del ego\u00ed\u00adsmo, no es agotarse, sino participar de la naturaleza y de la riqueza de la verdad y del bien en sus m\u00faltiples manifestaciones e implicaciones.<\/p>\n<p>3. La primac\u00ed\u00ada de la evoluci\u00f3n creadora. La tendencia al desarrollo y al potenciamiento propios es la ley de todos los vivientes, en especial del hombre; por consiguiente, seguir este impulso es una garant\u00ed\u00ada de salud y de integridad; tambi\u00e9n se sigue de aqu\u00ed\u00ad que, estando la persona humana orientada especialmente a lo trascendente, el automatismo de los instintos tendr\u00e1 que sujetarse a la libertad del esp\u00ed\u00adritu. Todo proceso de formaci\u00f3n humana es la realizaci\u00f3n de una nueva expansi\u00f3n y de una nueva consolidaci\u00f3n de todo el ser, es decir, un hacerse algo m\u00e1s y mejor a trav\u00e9s de la expansi\u00f3n arm\u00f3nica y del robustecimiento de todas las facultades del hombre; y es un proceso org\u00e1nico, en el que cada factormadura en provecho propio y en provecho de la totalidad. Una personalidad ser\u00e1 tanto m\u00e1s madura cuanto m\u00e1s eficientes sean sus potencialidades y sus funciones, consideradas en s\u00ed\u00ad mismas y en relaci\u00f3n con el todo.<\/p>\n<p>El proceso de formaci\u00f3n podr\u00e1 decirse tanto m\u00e1s logrado y, por tanto, la personalidad estar\u00e1 tanto m\u00e1s adecuadamente desarrollada y ps\u00ed\u00adquicamente madura, cuanto m\u00e1s se verifiquen en ella estas condiciones: a) toda actividad est\u00e1 ordenada al servicio del esp\u00ed\u00adritu; b) la entrega generosa a los dem\u00e1s prevalece sobre el ego\u00ed\u00adsmo; c) domina el impulso a perfeccionarse continuamente. Tales son las leyes fundamentales de la madurez humana; y tales tambi\u00e9n los ejes en que se asienta la formaci\u00f3n en la madurez espiritual.<\/p>\n<p>III. Itinerario psicol\u00f3gico hacia la madurez espiritual<br \/>\nEn la actualidad se acent\u00faa el aspecto positivo del aumento de las virtudes frente al aspecto negativo de la mortificaci\u00f3n [>&#8217;Ascesis IV]. Pero hemos de desconfiar de una concepci\u00f3n puramente mecanicista de la formaci\u00f3n y del desarrollo de las virtudes. Para combatir un vicio, no basta cultivar el h\u00e1bito contrario. Este procedimiento es la base del adiestramiento; pero no basta para adquirir las virtudes del cristiano, ya que \u00e9stas suponen necesariamente una motivaci\u00f3n adecuada y el control de la raz\u00f3n. Las exigencias propias de la virtud superan con mucho las exigencias de un simple h\u00e1bito de obrar de una manera determinada. No estar\u00e1 de m\u00e1s subrayar aqu\u00ed\u00ad que la perfecci\u00f3n del cristiano se mide por el grado de caridad que gobierna e inspira sus acciones.<\/p>\n<p>En el empe\u00f1o cotidiano por adquirir la santidad, el cristiano se esfuerza en incrementar todas las virtudes, tanto las infusas como las adquiridas. Hay que tener presente que tambi\u00e9n las virtudes infusas pueden permanecer est\u00e1ticas y est\u00e9riles si el individuo no cultiva las virtudes adquiridas para poder utilizar las facultades sobrenaturales de que dispone, ya que la gracia obra siempre por medio de la naturaleza. Las virtudes adquiridas deber\u00ed\u00adan alcanzar tal grado de perfecci\u00f3n que pudieran combinarse armoniosamente con las virtudes infusas.<\/p>\n<p>La vida espiritual es, en su esencia, una vida de crecimiento, de desarrollo y de evoluci\u00f3n. El alma recorre diversas fases en su camino desde la conversi\u00f3n a la santidad; pero esas fases no han de considerarse como compartimientos estancos. La recepci\u00f3n de la gracia y su crecimiento hasta la plenitud no eliminan la iniciativa del individuo ni anulan su personalidad. Al contrario, la gracia perfecciona y diviniza a la persona humana con todas sus caracter\u00ed\u00adsticas. El camino hacia la santidad es estrictamente personal; los santos describen su ascensi\u00f3n personal hacia la perfecci\u00f3n, pero su camino no es necesariamente el que todos los hombres pueden y deben seguir.<\/p>\n<p>En este contexto resulta muy interesante el pensamiento de Erikson, el cual analiza la \u00abfuerza del ego\u00bb, recurriendo al antiguo t\u00e9rmino de \u00abvirtud\u00bb y pone de relieve, a partir de su misma experiencia cl\u00ed\u00adnica, las virtudes fundamentales cuya formaci\u00f3n solicita y requiere cada una de las etapas del desarrollo: la esperanza, la voluntad (control e iniciativa), la tensi\u00f3n hacia el futuro y la plenitud, que hay que desarrollar sobre todo en la ni\u00f1ez y que habr\u00e1n de constituir la base de toda la vida moral futura; la fidelidad o lealtad, como virtud de la adolescencia; el amor y la preocupaci\u00f3n por lo que se ha engendrado (personas o ideas), como virtudes de la edad adulta; finalmente, la prudencia, virtud de la madurez plena, que permite descubrir el sentido \u00faltimo de la vida&#8217;.<\/p>\n<p>Lo que sorprende en la concepci\u00f3n de Erikson es el puesto de honor que asigna a la virtud de la >esperanza. Es evidente que el t\u00e9rmino \u00abvirtud\u00bb. que emplea para indicar un aspecto del psiquismo, asume el significado de una actitud (o un conjunto de valoraciones y expectativas) que tiene un efecto constructivo en el desarrollo de la conducta de una persona. La virtud de la esperanza es la confianza constante de que nuestros deseos y necesidades m\u00e1s profundas quedar\u00e1n saciados, a pesar de las inevitables desilusiones y frustraciones parciales. El fruto de esta virtud es un optimismo fundamental, que permite al sujeto considerar como \u00abben\u00e9vola\u00bb la realidad con que entra en contacto, apreciar y amar esa realidad, permiti\u00e9ndole, por consiguiente, salir del aislamiento y de la alienaci\u00f3n del ego\u00ed\u00adsmo. La opci\u00f3n fundamental, humanamente madura, a saber, la de aceptar la realidad y adecuarse a ella, se hace entonces posible gracias, sobre todo, a esta virtud de la esperanza. Y es esta mismavirtud, en el sentido que aqu\u00ed\u00ad le damos, el principio y estimulo para la actuaci\u00f3n del itinerario psicol\u00f3gico hacia la madurez espiritual.<\/p>\n<p>1. EL PROCESO ASCETICO EN LA VIDA ESPIRITUAL &#8211; Este itinerario se puede identificar con un proceso asc\u00e9tico que tiende no ya a contrariar y a reprimir las tendencias normales del hombre, sino a regular y dirigir sus mejores energ\u00ed\u00adas, tanto biol\u00f3gicas como psicol\u00f3gicas. Se confunde muchas veces la ascesis con las exageraciones del ascetismo; sale a relucir a menudo el viejo prejuicio de que la ascesis se reduce en el fondo a un fen\u00f3meno patol\u00f3gico. La verdad es, sin embargo, que el ejercicio asc\u00e9tico es perfectamente normal y que cierta forma de ascesis constituye un requisito esencial para el pleno desarrollo de la personalidad humana. El tender a la perfecci\u00f3n ps\u00ed\u00adquica no es m\u00e1s que un proceso asc\u00e9tico, entendido no como fen\u00f3meno extraordinario y reservado a unos pocos, sino como experiencia com\u00fan y necesaria para todos.<\/p>\n<p>En sentido restringido, es decir, limitado al aspecto puramente negativo del fen\u00f3meno, se concibe la ascesis esencialmente como \u00abrenuncia\u00bb. a saber, como represi\u00f3n de las tendencias perniciosas del hombre, como mortificaci\u00f3n y penitencia. En sentido m\u00e1s amplio, que abarca tanto el aspecto negativo como el positivo, la ascesis asume el significado de \u00abesfuerzo met\u00f3dico\u00bb o de ejercicio que se propone, bien el desarrollo de las actividades virtuosas, bien la regulaci\u00f3n de las tendencias desordenadas [>Ascesis I-III].<\/p>\n<p>Sobre la base de esta concepci\u00f3n m\u00e1s positiva del proceso asc\u00e9tico, los preceptos de la moral cristiana y los mismos consejos evang\u00e9licos parecen adquirir una mayor eficacia formativa. En esta perspectiva, el acto de purificaci\u00f3n interior y de entrega altruista nace de una doble necesidad fundamental:<\/p>\n<p>1. La necesidad t\u00ed\u00adpicamente \u00abnatural\u00bb de restablecer la armon\u00ed\u00ada entre las tendencias contrarias que se agitan en el ser humano.<\/p>\n<p>2. La necesidad tendencialmente \u00absobrenatural\u00bb de abrirse por completo al influjo y a la acci\u00f3n divina de la gracia.<\/p>\n<p>La existencia de un conflicto interior del ser humano es un dato reconocido no s\u00f3lo por la religi\u00f3n y la moral, sino tambi\u00e9n por la experiencia psicol\u00f3gica de cada individuo. No es necesario indicar aqu\u00ed\u00ad el origen de este estado de cosas; baste decir que, sea cual fuere su explicaci\u00f3n, siempre permanece en pie el hecho indiscutible de este equilibrio roto o por lo menos inestable, propio de la personalidad humana. En su aspecto natural, la ascesis es el esfuerzo met\u00f3dico para restablecer este \u00abequilibrio ps\u00ed\u00adquico\u00bb; en su aspecto sobrenatural, la ascesis es igualmente el esfuerzo met\u00f3dico para alcanzar la \u00abperfecci\u00f3n cristiana\u00bb. Pues bien, como la cima de la perfecci\u00f3n cristiana consiste en la entrega total a la voluntad de Dios, se impone necesariamente un trabajo previo de despego de la propia voluntad.<\/p>\n<p>Partiendo del presupuesto de que la ascesis es un esfuerzo dirigido al cumplimiento m\u00e1s perfecto posible de la voluntad de Dios, podemos asignar a la ascesis estas tres tareas: a) descubrir el ideal asignado por Dios; b) mirar hacia este ideal como objetivo de la vida; e) realizar este ideal seg\u00fan las leyes normales de la psicolog\u00ed\u00ada. Tanto en esta tensi\u00f3n como en la adecuaci\u00f3n progresiva a un ideal, la ascesis supone necesariamente un esfuerzo met\u00f3dico por parte de cada individuo\u00bb.<\/p>\n<p>Seg\u00fan J. Mar\u00e9chal, la ascesis es, sobre todo, un \u00abobligar positivamente a las actividades inferiores a someterse con perfecta docilidad a las \u00f3rdenes del esp\u00ed\u00adritu\u00bb. Pues bien, es evidente que \u00absometer\u00bb no quiere decir \u00abaniquilar\u00bb. En efecto, estas actividades seguir\u00e1n siendo siempre la condici\u00f3n, el apoyo y el instrumento de toda eficiencia. El ascetismo aut\u00e9ntico no conculca los recursos providenciales de la sensibilidad humana, no mutila ni reniega de las bellezas de la naturaleza.<\/p>\n<p>Esta orientaci\u00f3n es eminentemente positiva, en el sentido de que se pone el acento en el concepto de integraci\u00f3n; pero \u00e9sta no puede realizarse sin cierto grado de renuncia, sin la eliminaci\u00f3n de todo lo que no puede ser integrado. El esfuerzo que supone la ascesis no est\u00e1 exigido solamente por la necesidad de perfecci\u00f3n del hombre, sino que es cong\u00e9nito a la actuaci\u00f3n de todas las posibilidades din\u00e1micas del individuo; es equilibrio de las diversas y a menudo desordenadas fuerzas emotivas, que no mutila en el hombre sus potencialidades ni le impone ning\u00fan tipo de antagonismo con sus deberes sociales.<\/p>\n<p>En consecuencia, hablar de educaci\u00f3n asc\u00e9tica est\u00e1 plenamente indicado cuando se quiere realizar a fondo la propia humanidad, precisamente porque la ascesis cristiana es una condici\u00f3n espiritual totalmente conforme con la naturaleza del hombre y que respeta todas sus leyes. Sin embargo, esto no debe llevarnos a desconocer que la ascesis ocupa una posici\u00f3n privilegiada en la vida del hombre y que, por tanto, aun dentro de la perspectiva de una espiritualidad plena, no siempre puede proponerse con facilidad, sobre todo en la edad adolescente, debido a las dificultades y resistencias que presenta la crisis evolutiva. Con esto se quiere afirmar que la educaci\u00f3n asc\u00e9tica es una forma de educaci\u00f3n que puede tener un \u00e9xito m\u00e1s seguro cuando el equilibrio psicof\u00ed\u00adsico ha alcanzado una mayor consistencia y la madurez personal consiente opciones m\u00e1s comprometidas y ponderadas.<\/p>\n<p>Muchas veces el ascetismo de la adolescencia se mira como s\u00ed\u00adntoma patol\u00f3gico de una neurosis y no como un mecanismo normal de defensa de un sujeto todav\u00ed\u00ada inmaduro frente al dominio de los impulsos. Este mecanismo de defensa, siempre que no presente signos patol\u00f3gicos evidentes, puede constituir \u00abun medio de maduraci\u00f3n humana y sobrenatural cuando la seriedad de las motivaciones y la acci\u00f3n de un sabio educador corrigen comienzos esp\u00fareos eventuales y gu\u00ed\u00adan la lucha contra los instintos reforzando el yo del adolescente y abri\u00e9ndolo a un cuadro completo de valores\u00bb\u00bb.<\/p>\n<p>2. EL ESTADO M\u00ed\u008dSTICO EN LA VIDA ESPIRITUAI. &#8211; El estado m\u00ed\u00adstico, en su esencia, consiste en una \u00abvibraci\u00f3n espiritual\u00bb que sacude el esp\u00ed\u00adritu de arriba abajo, y en una \u00abaspiraci\u00f3n\u00bb a trascender todo tipo de preocupaciones conceptuales para captar lo divino a trav\u00e9s del conocimiento y del amor. De este modo, lo divino penetra en lo m\u00e1s \u00ed\u00adntimo del alma, transformando la personalidad en sus modos de pensar, de obrar y de sentir \u00ab. Para llegar a esta uni\u00f3n que lo transforma, el m\u00ed\u00adstico tiene que superar muchas etapas, algunas de las cuales exigen un gran esfuerzo asc\u00e9tico. Si es verdad que la vida m\u00ed\u00adstica tiene momentos de gozo incomparables, tambi\u00e9n lo es que puede estar sembrada de fen\u00f3menos inquietantes y perturbadores. En la vida m\u00ed\u00adstica es menester distinguir entre lo que forma parte del impulso por llegar a lo divino y lo que ha de considerarse como el precio que se debe pagar a la debilidad de la naturaleza humana. \u00abPor muy alto que est\u00e9n -escribe Pascal de los m\u00ed\u00adsticos-, tambi\u00e9n ellos se parecen un poco a los m\u00e1s peque\u00f1os de los hombres\u00bb. Se trata de distinguir entonces en la vida m\u00ed\u00adstica entre lo que es esencial y lo que es solamente accidental, entre lo que es normal y lo que es patol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Todo hecho m\u00ed\u00adstico es una experiencia, un acontecimiento, una vivencia, cuya trama viva y activa se encuentra en continuo desarrollo. La experiencia m\u00ed\u00adstica tiene como principio directivo una evoluci\u00f3n incesante, que no se detiene pr\u00e1cticamente nunca; te\u00f3ricamente se realiza en el llamado \u00abmatrimonio espiritual\u00bb.<\/p>\n<p>El camino real de la m\u00ed\u00adstica no es el razonamiento, sino la \u00abfe\u00bb. A trav\u00e9s de la oraci\u00f3n otorgada por la gracia, el m\u00ed\u00adstico llega al \u00abconocimiento experimental\u00bb de Dios; es decir, Dios es sentido y podr\u00ed\u00adamos decir como \u00abtocado\u00bb por un sentido especial. La oraci\u00f3n de recogimiento va acompa\u00f1ada de un sentimiento de certeza de la presencia de Dios. De la oraci\u00f3n de uni\u00f3n pasa el m\u00ed\u00adstico al \u00e9xtasis, cuya \u00faltima etapa se manifiesta mediante el rapto o arrobamiento del esp\u00ed\u00adritu. Entonces el encadenamiento de los sentidos llega hasta el punto de quedar abolidas o, por lo menos, muy reducidas las funciones de relaci\u00f3n con los dem\u00e1s.<\/p>\n<p>El verdadero m\u00ed\u00adstico no aspira a estos transportes, sino a la uni\u00f3n espiritual con Dios. El m\u00ed\u00adstico se presenta como pose\u00ed\u00addo realmente por Dios; como si fuese objeto de una \u00abteopat\u00ed\u00ada\u00bb. En un estado m\u00ed\u00adstico aut\u00e9ntico, pueden presentarse a veces algunos des\u00f3rdenes mentales, algunas enfermedades f\u00ed\u00adsicas, confundiendo sus elementos de tal manera que hacen muy delicada la distinci\u00f3n entre lo que pertenece al factor m\u00ed\u00adstico y lo que se deriva del factor patol\u00f3gico. A estas dificultades se a\u00f1aden las que provienen de las falsificaciones de la vida m\u00ed\u00adstica, que con frecuencia hacen muy dif\u00ed\u00adcil separar lo verdadero de lo falso\u00bb.<\/p>\n<p>No faltan quienes, impresionados negativamente por el descubrimiento de sustratos sexuales en la ascesis y en la contemplaci\u00f3n, toman pie de ello para considerar dichos fen\u00f3menos como mera forma de sublimaci\u00f3n de la \u00ablibido\u00bb sexual y para ridiculizar la religi\u00f3n y sus ritos. A este prop\u00f3sito es necesario observar que semejante actitud es injustificada e injusta. Podr\u00ed\u00ada quiz\u00e1 valer en las formas de ascetismo desencarnado y de pseudo-misticismo, pero no en una concepci\u00f3n personalista del hombre, seg\u00fan la cual el camino de acceso a su conocimiento es el del descubrimiento de las admirables capacidades que revela el cuerpo cuando se ve invadido por la animaci\u00f3n espiritual de la racionalidad. Por tanto, no deber\u00ed\u00ada extra\u00f1arnos que el hombre, en el ejercicio de sus facultades espirituales y en el deseo de elevarse hasta Dios, arrastre en esta ascensi\u00f3n a todo lo que en \u00e9l hay de profundamente humano en su corporeidad racional.<\/p>\n<p>Se les puede reprochar a muchos eruditos no haber sabido distinguir suficientemente lo esencial de lo accesorio, los temas fundamentales de los detalles patol\u00f3gicos. Seg\u00fan De Sin\u00e9ty, se pueden distinguir cuatro categor\u00ed\u00adas de m\u00ed\u00adsticos: a) los m\u00ed\u00adsticos afectados de graves formas psicopatol\u00f3gicas; b) los m\u00ed\u00adsticos neur\u00f3ticos y psic\u00f3patas; c) los m\u00ed\u00adsticos aut\u00e9nticos con ligeras anomal\u00ed\u00adas ps\u00ed\u00adquicas; d) los m\u00ed\u00adsticos aut\u00e9nticos y plenamente normales.<\/p>\n<p>El caso del misticismo estudiado, por ejemplo, por Janet pertenece a las experiencias del misticismo patol\u00f3gico que alternan con experiencias de misticismo casi normal. En este caso, como en algunos otros recogidos por Lhermitte, se trata de sujetos afectados por formas morbosas de car\u00e1cter religioso, pero que en nada se diferencian de las comunes; su inter\u00e9s es relativo. Bastante m\u00e1s interesantes resultan los sujetos de la segunda categor\u00ed\u00ada; se trata de personas virtuosas y devotas, con una vida espiritualmente rica, pero que presentan ciertas perturbaciones mentales m\u00e1s o menos graves, incluso formas ligeras y parciales de psicosis; esas perturbaciones pueden ser pasajeras y sin consecuencias serias, o pueden durar mucho tiempo junto con una vida espiritual intensa. Es t\u00ed\u00adpico en este \u00faltimo sentido el caso de P. Surin, autor de obras valiosas, apreciado director espiritual, constante y paciente en el ejercicio de las virtudes cristianas, pero que presenta un cuadro bastante variado de s\u00ed\u00adntomas patol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>3. INMADUREZ PS\u00ed\u008dQUICA Y VIDA ESPIRITUAL &#8211; Las diversas fases de la historia personal de un individuo dejan detr\u00e1s de s\u00ed\u00ad estratos de inter\u00e9s que mantienen a menudo fuertes cargas afectivas. Incluso cuando esos intereses llevan ya mucho tiempo caducados, pueden seguir manifest\u00e1ndose. A veces est\u00e1n modificados intr\u00ed\u00adnsecamente y se integran sin dificultad en las motivaciones m\u00e1s maduras y matizadas del individuo. A veces, por el contrario, vuelven a aparecer m\u00e1s o menos en su forma primitiva y siguen ejerciendo influencia independientemente de la s\u00ed\u00adntesis mental del sujeto. con riesgo de falsear a su vez la rectitud de los juicios.<\/p>\n<p>En la historia personal de un individuo se pueden dar \u00abretrasos\u00bb en el desarrollo, formas de \u00abregresi\u00f3n\u00bb o bien \u00abdesfases\u00bb y \u00abconflictos\u00bb, adem\u00e1s de verdaderas \u00abdesviaciones\u00bb. Estos diversos modos del comportamiento son todos ellos expresi\u00f3n de inmadurez ps\u00ed\u00adquica y hacen m\u00e1s dificil, por no decir imposible, el itinerario hacia la madurez espiritual.<\/p>\n<p>La inmadurez neur\u00f3tica y caracterial puede manifestarse en todos los terrenos de la actividad humana; consecuentemente, tambi\u00e9n en el \u00e1mbito de la realidad religiosa, tanto m\u00e1s que la religi\u00f3n y sus problemas son muy densos en carga afectiva, en sentimientos de gozo y de temor. etc. En general, se puede decir que el neur\u00f3tico transferir\u00e1 a Dios las necesidades afectivas frustradas por las figuras parentales y vivir\u00e1 en relaci\u00f3n con \u00e9l sus problemas conflictivos inconscientes. El sujeto inmaduro vivir\u00e1 la realidad religiosa, por ejemplo, como dependencia materna o como necesidad de afecto y de seguridad; esto le llevar\u00e1 a descargar en Dios la ambivalencia afectiva respecto al padre, odiado y querido al mismo tiempo. En particular, la relaci\u00f3n con Dios puede vivirla una persona inmadura como necesidad de seguridad frente a la angustia o a los impulsos instintivos, percibidos como amenaza debido a la debilidad del propio yo; o bien como necesidad de castigo (por ejemplo, en los \u00abascetismos\u00bb adolescentes de sujetos atenazados por el sentimiento de culpa).<\/p>\n<p>El inmaduro vivir\u00e1 a Dios como poder m\u00e1gico distribuidor de bienes, o como un ser lejano que lo ha abandonado, o como una autoridad protectora o punitiva a la que hay que tener propicia con sacrificios exagerados. Tambi\u00e9n la confianza inquebrantable en la Providencia puede ser una defensa contra la angustia, si bien es verdad que, junto a esta motivaci\u00f3n neur\u00f3tica, puede coexistir y desarrollarse una motivaci\u00f3n aut\u00e9ntica de fe, sostenida por la gracia. Para todos estos sujetos, el sentimiento religioso ser\u00e1 fruto de racionalizaci\u00f3n; ser\u00e1un sistema de defensa contra el temor, el abandono, el disgusto, la verg\u00fcenza, etc.<\/p>\n<p>Nos encontramos entonces con todas las deformaciones de la religiosidad, vivida a menudo sin fe verdadera y sin amor aut\u00e9ntico, sin alegr\u00ed\u00ada ni esperanza, a veces como esclavitud formalista de unas pr\u00e1cticas entendidas de ordinario en sentido supersticioso o m\u00e1gico. La religi\u00f3n podr\u00e1 ser tambi\u00e9n una inversi\u00f3n privilegiada, acompa\u00f1ada unas veces por un perfeccionismo obsesivo y otras por las innumerables manifestaciones de neurosis f\u00f3bica y obsesiva, que se conocen con el nombre de escr\u00fapulos; de esta manera el f\u00f3bico se sentir\u00e1 protegido de su miedo a la muerte o a la condenaci\u00f3n; el deprimido podr\u00e1 acusarse de su indignidad; el masoquista podr\u00e1 torturarse confesando con los m\u00e1s m\u00ed\u00adnimos detalles culpas reales o imaginarias, o bien entregarse a penitencias inauditas.<\/p>\n<p>Algunos sujetos neur\u00f3ticos se refugian en la religi\u00f3n para soslayar las dificultades y los compromisos terrenos; pero tarde o temprano se dan cuenta de que tampoco all\u00ed\u00ad encuentran la satisfacci\u00f3n de sus exigencias inconscientes. Esto puede suceder, por ejemplo, cuando se encuentran ante los defectos de las personas que para ellos encarnan la religi\u00f3n. Entonces afirman que \u00abpierden la fe\u00bb y llegan a enfriarse realmente en la pr\u00e1ctica religiosa, ya que se trata de una fe basada en motivaciones eminentemente neur\u00f3ticas y, por tanto, carentes de autenticidad.<\/p>\n<p>Otros sujetos desequilibrados parece como si tuvieran una vida de fe y de caridad envidiable, pero no la pueden injertar en los hechos de la vida, que de este modo siguen estando en disonancia con el ideal. El plano psicol\u00f3gico y el plano espiritual deber\u00ed\u00adan unirse y armonizarse en un ser adulto normalmente evolucionado. En el neur\u00f3tico, por el contrario, persisten la inmadurez del car\u00e1cter y residuos de la afectividad infantil, que son la fuente de la neurosis, pero que pueden coexistir, por otra parte, con elementos indiscutibles de madurez. La persona adulta neur\u00f3tica puede tener una vida espiritual v\u00e1lida y aut\u00e9ntica, pero a menudo presenta ciertos elementos equ\u00ed\u00advocos en relaci\u00f3n con la madurez espiritual entendida globalmente [>Patolog\u00ed\u00ada espiritual].<\/p>\n<p>De todo lo que llevamos dicho creemos que es posible sacar estas deducciones: si no existe ninguna relaci\u00f3n entre la \u00absalud f\u00ed\u00adsica\u00bb y la madurez espiritual, s\u00ed\u00ad que existe una relaci\u00f3n, y determinante, entre la \u00absalud ps\u00ed\u00adquica\u00bb y la madurez espiritual [>Psicolog\u00ed\u00ada y espiritualidad]. Las condiciones humanas de la vida espiritual ser\u00e1n tanto m\u00e1s id\u00f3neas para colaborar con la gracia cuanto m\u00e1s se acerque la persona que las posea a la perfecci\u00f3n de su salud ps\u00ed\u00adquica. \u00abCuanto mayor sea -escribe A. Snoeck- la parte de la libertad que se deje a salvo en el hombre, tanto mayor ser\u00e1 la disponibilidad a la expansi\u00f3n del valor m\u00e1s alto de la humanidad: la oblaci\u00f3n totalmente personal y plenamente libre al amor del Padre en Cristo\u00bb<br \/>\nLa salud ps\u00ed\u00adquica, en su forma m\u00e1s madura, es la que est\u00e1 abierta por completo a los dem\u00e1s mediante el amor; nos lo repite en varios tonos la psicolog\u00ed\u00ada profunda de las diversas escuelas. El ego\u00ed\u00adsmo cerrado lleva f\u00e1cilmente al desequilibrio ps\u00ed\u00adquico y est\u00e1 destinado necesariamente a desecar el ser personal, apart\u00e1ndolo de las fuentes de la expansi\u00f3n vital, que tienen su sede en la comunicaci\u00f3n efectiva con los otros. De esto hemos de deducir que la verdadera normalidad, que se identifica con la madurez ps\u00ed\u00adquica, reside en la relaci\u00f3n din\u00e1mica entre el yo y el otro, es decir, en la realizaci\u00f3n plena del car\u00e1cter bipolar de la personalidad.<\/p>\n<p>Las condiciones humanas que favorecen la vida espiritual hasta su expresi\u00f3n m\u00e1s cualificada, se pueden resumir en el concepto de \u00abmadurez humana\u00bb. Pues bien, intentar la maduraci\u00f3n de la propia personalidad, ayudar a los dem\u00e1s a que maduren la suya, significa colaborar con la acci\u00f3n divina de la gracia para construir el edificio espiritual del hombre. Procurar la realizaci\u00f3n de la madurez humana del individuo quiere decir sentar las bases que hacen posible su \u00abmadurez espiritual\u00bb.<\/p>\n<p>En la medida en que el hombre es capaz de hacer de un modo verdaderamente responsable su opci\u00f3n fundamental frente a la gracia, se encuentra virtualmente en condiciones de poder realizar la expresi\u00f3n m\u00e1s perfecta del consentimiento a la misma, esto es, la santidad; al contrario, en la medida en que no es capaz de ser plenamente consciente y responsable, esto es, de ser verdaderamente humano -o por falta de desarrollo intelectual o por alteraci\u00f3n mental-, tambi\u00e9n habr\u00e1 de ser necesariamente limitada la expresi\u00f3n de la gracia. Decimos limitada, perosiempre existente. Creemos que en estos \u00faltimos t\u00e9rminos se debe plantear el &#8216;problema de la relaci\u00f3n real entre madurez ps\u00ed\u00adquica y madurez espiritual.<\/p>\n<p>R. Zavalloni<br \/>\nBIRL.-AA. VV.. Hacia la madurez moral, Studium. Madrid 1974.-Alves, R. A, Hijos del ma\u00f1ana: imaginaci\u00f3n, creatividad y renacimiento cultural. S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976.-Andr\u00e9s Mart\u00ed\u00adn, M. Los recogidos. Nueva visi\u00f3n de la m\u00ed\u00adstica espa\u00f1ola (1500-1100), FUE, Madrid 1975.-Artaud, G. Conocerse a s\u00ed\u00ad mismo. La crisis de adulto, Herder, Barcelona 1981.-Barr\u00f3n, F, Personalidad creadora y proceso creativo, Marova, Madrid 1976.-Colomb, J, El crecimiento de la fe, Marova, Madrid 1980.-Dieckmann, H, Problemas en la madurez de la vida, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1976.-Dominian, J, Maturit\u00e9 affective et vie chr\u00e9tienne, Cerf, Parls 1978.-Guardini, R, La aceptaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. La crisis de identidad de la vida, Cristiandad. Madrid 1977.-Katz, D. Psicolog\u00ed\u00ada de las edades (del nacer al morir), Morata, Madrid 1977.-Maloney, G. A, Dios, aliento del hombre, Narcea. Madrid 1977.-Merani, A. 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Caracter\u00ed\u00adsticas de la madurez humana &#8211; III. Itinerario psicol\u00f3gico hacia la madurez espiritual: 1. 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