{"id":17097,"date":"2016-02-05T11:08:06","date_gmt":"2016-02-05T16:08:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/modelos-espirituales\/"},"modified":"2016-02-05T11:08:06","modified_gmt":"2016-02-05T16:08:06","slug":"modelos-espirituales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/modelos-espirituales\/","title":{"rendered":"MODELOS ESPIRITUALES"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Funci\u00f3n del modelo en el proyecto espiritual del cristiano: 1. El uso de modelos en la cultura contempor\u00e1nea: a) Epistemolog\u00ed\u00ada y modelos, b) Etica y modelos, c) Psicosociologia del modelo heroico; 2. Hacia una teolog\u00ed\u00ada de la vida: a) La atenci\u00f3n a la vivencia hist\u00f3rica, b) Biograf\u00ed\u00ada como teolog\u00ed\u00ada &#8211; II. Modelos espirituales: 1. San Francisco de As\u00ed\u00ads: el amor universal; 2. Santa Teresa de Jes\u00fas: la experiencia de la \u00abverdad\u00bb; 3. Charles de Foucauld: la imitaci\u00f3n de Cristo de un \u00abhermano universal\u00bb; 4. Madeleine Delbr\u00e9l: santidad para la gente de la calle; 5. Martin Luther King: un creyente con un sue\u00f1o; B. Teilhard de Chardin: pasi\u00f3n cristiana por el \u00abfen\u00f3meno humano\u00bb; 7. Dietrich Bonhoeffer: ser cristiano en un mundo adulto; 8. Mons. Romero: la defensa de los humildes.<\/p>\n<p>I. Funci\u00f3n del modelo en el proyecto espiritual del cristiano<br \/>\n1. EL USO DE MODELOS EN LA CULTURA CONTEMPOR\u00ed\u0081NEA &#8211; Es convicci\u00f3n general que la nuestra es una \u00e9poca de transici\u00f3n cultural. En todos los rincones del globo se llevan a cabo transformaciones radicales. Las culturas tradicionales y sacrales de Asia y de \u00ed\u0081frica asimilan velozmente la tecnolog\u00ed\u00ada occidental; una vez mordida la manzana, se encuentran fuera del para\u00ed\u00adso terrenal del mito y del tiempo c\u00ed\u00adclico e insertas en el curso imprevisible y angustioso de la historia. Nuestra misma cultura occidental ha perdido la confianza en s\u00ed\u00ad misma, se destroza con su autocr\u00ed\u00adtica, se siente angustiada por remordimientos de conciencia. Pas\u00f3 ya el tiempo de las construcciones ideol\u00f3gicas cerradas y totalitarias. Se camina a tientas. Sobre este trasfondo se comprende la atenci\u00f3n renovada a los modelos que aparecen en los campos m\u00e1s diversos de la cultura. Recogemos a continuaci\u00f3n algunas de las reflexiones m\u00e1s significativas que han contribuido a definir de nuevo el papel que corresponde a los modelos en el saber y en la vida moral. Esta rese\u00f1a elemental nos indicar\u00e1 que nuestro proyecto de proponer algunos modelos de espiritualidad contempor\u00e1nea se inserta org\u00e1nicamente en una de las exigencias m\u00e1s acusadas de la cultura de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>a) Epistemolog\u00ed\u00ada y modelos. Las diversas disciplinas del saber, a pesar de sus necesarias diferencias, tienen un rasgo en com\u00fan: utilizan modelos. Todas, desde las ciencias del hombre hasta las de la naturaleza. Y tambi\u00e9n la teolog\u00ed\u00ada, ese saber particular que se basa en la revelaci\u00f3n. Por este motivo consideramos con especial inter\u00e9s una reflexi\u00f3n epistemol\u00f3gica centrada en el uso de modelos. Este tipo de consideraci\u00f3n ha sido expuesto sobre todo por I. T. Ramsey, el conocido fil\u00f3sofo y te\u00f3logo del lenguaje. Su teor\u00ed\u00ada epistemol\u00f3gica de los modelos nos invita a superar la idea ingenua seg\u00fan la cual los modelos a los que recurre la ciencia son descripciones pictogr\u00e1ficas directas, una especie de representaciones en miniatura o ampliaciones fotogr\u00e1ficas de la realidad considerada. Esto no es verdad -si consideramos los terrenos de aplicaci\u00f3n m\u00e1s extremos- ni en f\u00ed\u00adsica ni en teolog\u00ed\u00ada; ni cuando se describe la luz tal como se ha hecho, como ondulaciones en un \u00e9ter invisible, ni cuando las realidades del misterio cristiano se presentan en t\u00e9rminos antropol\u00f3gicos, como si fueran representaciones a escala humana y visible de lo que es divino e invisible. El funcionamiento del modelo en el discurso cient\u00ed\u00adfico, sea cual fuere el objeto de ese discurso, es m\u00e1s articulado. Los modelos, como las met\u00e1foras, nacen del \u00abmisterio\u00bb. Es el misterio mismo el que se abre a una intuici\u00f3n; el modelo se refiere a \u00e9l. pero sin tener la pretensi\u00f3n de reproducirlo o describirlo. Pasamos la vida intentando arrojar fielmente cada vez m\u00e1s luz sobre el misterio en el que tiene su origen el modelo. De aqu\u00ed\u00ad la pluralidad de modelos, su duraci\u00f3n relativamente breve en el uso cient\u00ed\u00adfico y su rec\u00ed\u00adproca complementariedad. El modelo no traduce de forma exhaustiva el significado c\u00f3smico del \u00abmisterio\u00bb; entre el modelo y lo que la mirada del entendimiento capta en \u00e9l existe un salto l\u00f3gico irreductible.<\/p>\n<p>En una teor\u00ed\u00ada epistemol\u00f3gica de amplio alcance, puede tambi\u00e9n aspirar a ocupar un puesto la teolog\u00ed\u00ada. Como las otras disciplinas, tambi\u00e9n el discurso teol\u00f3gico hace uso de modelos. No se encuentra en una posici\u00f3n l\u00f3gica superior respecto a las ciencias naturales, la sociolog\u00ed\u00ada o la psicolog\u00ed\u00ada; no puede dictar sus conclusiones a las otras ciencias. En efecto, todas las diversas formas del saber se refieren al \u00abmisterio\u00bb, y la conciencia de que est\u00e1 haciendo un discurso mediatizado por los modelos preserva tambi\u00e9n a la teolog\u00ed\u00ada de la pretensi\u00f3n de imponer sus axiomas de modo dictatorial. La \u00fanica funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica que la teolog\u00ed\u00ada puede y debe reclamar es la de ser guardi\u00e1n y portavoz de la intuici\u00f3n y del misterio; su tarea primaria es la de mantener despierta la atenci\u00f3n de las otras disciplinas a las exigencias del misterio que las sostiene y sensibilizarlas con ese misterio, que toda disciplina intenta comprender a su modo. \u00abLas otras disciplinas ser\u00e1n juzgadas ante todo por la calidad de su articulaci\u00f3n; la teolog\u00ed\u00ada ser\u00e1 juzgada primariamente por su capacidad de se\u00f1alar el misterio. Pero todas las disciplinas mezclan la comprensi\u00f3n y el misterio; esto significa que hemos de esperar encontrar en ellas palabras y frases que hablen de intuici\u00f3n, as\u00ed\u00ad como modelos que aseguren la posibilidad de expresar el misterio\u00bb.<\/p>\n<p>Una reflexi\u00f3n epistemol\u00f3gica. aunque necesariamente se vea obligada a moverse en un plano abstracto y formal, no equivale a un juego de conceptos et\u00e9reos. Se ve estimulada por el mayor problema que afecta al humanismo en nuestra sociedad de bienestar: el de descubrir nuevas ocasiones en las que pueda abrirse el \u00abmisterio\u00bb. La funci\u00f3n que se propone la reflexi\u00f3n religiosa no est\u00e1 en contradicci\u00f3n con la verdadera ciencia, ya que lo que desea es estimular la visi\u00f3n, recordarnos el misterio. Pero el misterio sigue siendo inaccesible. El pensamiento no puede fotografiarlo; el lenguaje no puede reproducirlo. S\u00f3lo es posible acercarse a \u00e9l mediante el uso de modelos. Esta perspectiva pone fin a la altanera descalificaci\u00f3n del discurso teol\u00f3gico por parte de una ciencia positivista que pretenda ser la \u00fanica forma de saber seguro. La teor\u00ed\u00ada epistemol\u00f3gica de los modelos desbloquea esta situaci\u00f3n de inercia. Nos advierte que toda forma de saber humano, tanto el cient\u00ed\u00adfico como el humanista, es un uso articulado de modelos. Esto lu relativiza y al mismo tiempo lo vincula a las profundidades del misterio. En nuestro esfuerzo por vivir de la mejor manera posible, los modelos nos destinan a vernos continuamente rodeados de incertidumbres, tanto teol\u00f3gicas como cient\u00ed\u00adficas. A las incertidumbres s\u00f3lo es posible enfrentarse mediante el recurso a la verificaci\u00f3n constante.<\/p>\n<p>En el modo de verificar los modelos divergen la teolog\u00ed\u00ada y las ciencias. En la teolog\u00ed\u00ada, al contrario que en la ciencia, el modelo no se usa para engendrar deducciones que pueden o no verificarse experimentalmente. El modelo teol\u00f3gico no puede confirmar o falsificar la teor\u00ed\u00ada que est\u00e1 en nuestros labios. Funciona de una manera que podr\u00ed\u00adamos comparar con la manera de probarnos unos zapatos. Tenemos una doctrina particular o, mejor a\u00fan, un modelo concreto de existencia cristiana; como un zapato que nos gusta. parece responder a nuestras necesidades emp\u00ed\u00adricas. Solamente una prueba m\u00e1s detenida mostrar\u00e1 si ese zapato nos aprieta, si es impermeable al agua, si nos permite andar c\u00f3modamente. El probarse unos zapatos, m\u00e1s que una prueba t\u00e9cnica es una actividad que exige cierta agudeza de esp\u00ed\u00adritu; exige capacidad para comparar las propias necesidades con las prestaciones del objeto, las desventajas que vale la pena tolerar y la funcionalidad a la que no se puede renunciar. Un arte mucho m\u00e1s refinado es lo que la teolog\u00ed\u00ada est\u00e1 llamada a ejercitar cuando se pone a buscar modelos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos y \u00e9ticos para acercarse al misterio que anuncia. Pero tampoco aqu\u00ed\u00ad puede decirse la \u00faltima palabra hasta que no se haya \u00abprobado\u00bb el modelo. La teor\u00ed\u00ada epistemol\u00f3gica de los modelos y de su referencia al \u00abmisterio\u00bb nos anima en este sentido. El m\u00e9todo de prueba emp\u00ed\u00adrica no descalifica a la teolog\u00ed\u00ada desde el punto de vista epistemol\u00f3gico. Por eso mismo la audacia de los creyentes en el uso de modelos, tanto en el terreno doctrinal como en el moral, no podr\u00e1 menos de recibir un mayor est\u00ed\u00admulo.<\/p>\n<p>b) Etica y modelos. El uso de modelos afecta plenamente al campo de la \u00e9tica. Con estas consideraciones entramos ya en la problem\u00e1tica te\u00f3rica que se deriva de la elecci\u00f3n de ciertos modelos espirituales. Tomemos como paradigma el proyecto filos\u00f3fico, que, a primera vista, parece el m\u00e1s ajeno a la tematizaci\u00f3n de los modelos \u00e9ticos, es decir, la cr\u00ed\u00adtica del lenguaje metaf\u00ed\u00adsico y \u00e9tico que ha hecho L. Wittgenstein. Su posici\u00f3n ha sido interpretada como una irrupci\u00f3n del neopositivismo en la escena filos\u00f3fica de nuestra cultura, empantanada en una crisis insoluble del lenguaje. Se ha repetido a menudo que su Tractatus logico-philosophicus es una de las obras m\u00e1s importantes del pensamiento contempor\u00e1neo, pero s\u00f3lo para reducir su proyecto a una vulgar repulsa de toda afirmaci\u00f3n que no pueda verificarse emp\u00ed\u00adricamente (\u00abDe lo que no se puede hablar, mejor es callarse\u00bb)&#8217;.<\/p>\n<p>La cr\u00ed\u00adtica del lenguaje que realiza Wittgenstein puede tener otras muchas salidas distintas de la reducci\u00f3n al absurdo de toda proposici\u00f3n de \u00ed\u00adndole metaf\u00ed\u00adsica, religiosa, \u00e9tica o po\u00e9tica&#8217;. Es verdad que su aventura filos\u00f3fica comienza poniendo en discusi\u00f3n la validez del uso del lenguaje para describir el mundo. El lenguaje parec\u00ed\u00ada haberse despegado de los hechos descritos. En particular, Wittgenstein ha puesto en discusi\u00f3n la validez del procedimiento que lleva a usar el mismo lenguaje para enlazar los hechos y proposiciones y, a la vez, para convalidar cr\u00ed\u00adticamente las relaciones existentes entre el lenguaje y el mundo; esto se parece mucho al intento de subir por una escalera sin apoyarla en el suelo, sosteni\u00e9ndola mientras se sube. La posibilidad de enlazar hechos y proposiciones puede mostrarse y, por tanto, puede verse; pero no hay manera ni de expresarla ni de probarla.<\/p>\n<p>Wittgenstein intentaba construir una cr\u00ed\u00adtica general del lenguaje que mostrase no solamente que la l\u00f3gica y la ciencia tienen un papel fundamental en el lenguaje descriptivo com\u00fan (lenguaje con que producimos una representaci\u00f3n del mundo an\u00e1loga a los modelos matem\u00e1ticos de los fen\u00f3menos f\u00ed\u00adsicos), sino tambi\u00e9n que los problemas sobre la \u00ab\u00e9tica, el valor y el significado de la vida\u00bb, que van m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00ed\u00admites del lenguaje descriptivo, pueden todo lo m\u00e1s convertirse en objeto de una visi\u00f3n m\u00ed\u00adstica, que s\u00f3lo puede expresarse mediante comunicaciones \u00abindirectas\u00bb. Los neopositivistas han explotado esta distinci\u00f3n para negarle toda validez al segundo tipo de discurso. Pero no era \u00e9sta la intenci\u00f3n de Wittgenstein. Seg\u00fan la interpretaci\u00f3n que nos ofrece su amigo Paul Engelmann, que mantuvo correspondencia con el fil\u00f3sofo mientras elaboraba su Tractatus, \u00e9l intentaba exactamente lo contrario de lo que comprendieron luego los neopositivistas. El positivismo sostiene que lo que importa en la vida es aquello de lo que podemos hablar de modo cient\u00ed\u00adfico; Wittgenstein, por el contrario, cre\u00ed\u00ada apasionadamente que lo que importa realmente en la vida es precisamente aquello sobre lo que, desde su punto de vista, hab\u00ed\u00ada que callar.<\/p>\n<p>El proyecto del fil\u00f3sofo vien\u00e9s era separar lo que es \u00e9tico de la esfera del discurso racional. El significado del mundo est\u00e1 fuera de lo factual; en su esfera, hecha de valores y de significados, s\u00f3lo hay paradojas y poes\u00ed\u00ada. Naturalmente, \u00e9l no quiere afirmar que la moralidad se oponga a la raz\u00f3n, sino s\u00f3lo que su base est\u00e1 en otra parte. La \u00e9tica no es una ciencia. Su verdad no puede demostrarse, sino s\u00f3lo mostrarse. En la pr\u00e1ctica, este mostrar toma la forma de testimonio. Para expresar el significado de la vida humana, de la verdad moral, de las cosas m\u00e1s importantes de la vida, hay que recurrir a otra cosa distinta del lenguaje de la vida cotidiana y de la ciencia. Para el hombre bueno la \u00e9tica es un modo de vivir, no un sistema de proposiciones. Semejante concepci\u00f3n de la \u00e9tica nos lleva a atribuir una singular importancia al hecho de que el mismo Wittgenstein, una vez acabada la redacci\u00f3n del Tractatus, abandonara la vida acad\u00e9mica y el mundo burgu\u00e9s de Viena, donde hab\u00ed\u00ada crecido, para ir a ense\u00f1ar en las escuelas elementales de las aldeas perdidas de los Alpes austr\u00ed\u00adacos. Esta decisi\u00f3n de vida se convierte en un momento hermen\u00e9utico fundamental que descubre el significado de su obra filos\u00f3fica.<\/p>\n<p>P. Engelmann ha sintetizado la postura de Wittgenstein en la afirmaci\u00f3n de que su lenguaje es el de \u00abla fe no expresada en palabras\u00bb. La perspectiva es fecunda en ideas: \u00abSemejante actitud, cuando sea adoptada por otros hombres de la talla requerida, ser\u00e1 la fuente de donde broten nuevas formas de sociedad; formas que no necesitar\u00e1n una comunicaci\u00f3n verbal, porque se las vivir\u00e1, y de este modo se manifestar\u00e1n. En el futuro los ideales no se comunicar\u00e1n por medio de intentos aptos para describirlos (lo cual no puede menos de realizar una acci\u00f3n de distorsi\u00f3n), sino por medio de ejemplos de una conducta adecuada de vida. Y estas vidas ejemplares ser\u00e1n de enorme valor educativo; no habr\u00e1 doctrinas expresadas en palabras que puedan sustituirlas\u00bb.<\/p>\n<p>Estas palabras aclaran uno de los presupuestos te\u00f3ricos que nos gu\u00ed\u00adan al presentar unos cuantos modelos de espiritualidad para nuestro tiempo. Tenemos plena conciencia del valor pedag\u00f3gico que esos modelos asumen en el contexto cultural de hoy. La vida vivida, m\u00e1s que las palabras, puede expresar lo inexpresable, es decir, la calidad humana de la vida. Y esto tiene vigencia tambi\u00e9n cuando contemplamos unas existencias que s\u00f3lo pueden comprenderse desde el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo.<\/p>\n<p>Una doctrina \u00e9tica es una llamada a la comprensi\u00f3n; una vida ejemplar es una invitaci\u00f3n a la imitaci\u00f3n. La imitaci\u00f3n, rectamente entendida, ocupa un puesto y una funci\u00f3n en la vida moral. Con frecuencia se la ha despreciado como una decisi\u00f3n \u00e9tica inferior, indigna de un hombre moralmente adulto. Gracias a algunos fil\u00f3sofos modernos es posible revalorar su calidad \u00e9tica. En este sentido revisten una especial importancia los an\u00e1lisis fenomenol\u00f3gicos que Max Scheler ha dedicado al proceso \u00e9tico de la imitaci\u00f3n. Scheler distingue entre jefe y modelo. El jefe act\u00faa en virtud de autoridad y de mandato; su influencia se ejerce a trav\u00e9s de la obediencia. En cambio, el concepto de modelo dice algo muy distinto; el \u00abmodelo\u00bb, en el sentido profundo de la palabra, implica siempre una idea de valor; act\u00faa por v\u00ed\u00ada de ejemplo o mediante la fuerza que emana de su personalidad. No impone el valor; \u00e9ste se hace vivo y estimulante a trav\u00e9s del modelo. Quienes lo siguen reaccionan ante su influencia mediante una actitud propia, que es la imitaci\u00f3n (Nachfolge). Esta imitaci\u00f3n no debe entenderse en el sentido de copia, de reproducci\u00f3n material (Nachahmung). Los jefes mueven s\u00f3lo nuestra voluntad; los modelos estructuran nuestro mismo ser. Scheler define el modelo como \u00abel valor encarnado en una persona, una figura ideal que est\u00e1 continuamente presente al alma del individuo o del grupo, de forma que \u00e9sta va captando poco a poco sus rasgos y se transforma en ella; su ser, su vida, sus actos, consciente o inconscientemente, se regulan por ella, tanto si el sujeto debe felicitarse por seguir a su modelo como si tiene que reprocharse por no imitarlo\u00bb 7<br \/>\nAunque Scheler conoce la fidelidad refleja y consciente a un modelo, su an\u00e1lisis se detiene sobre todo en esa especie de fidelidad \u00abvital\u00bb que se imprime misteriosamente en el alma -aunque escape a la percepci\u00f3n distinta, y acaso a la conciencia- de aquel a quien anima. \u00abLa persona (o el grupo) que sigue a un modelo no necesita conocerlo de manera consciente ni saber que lo tiene por modelo y que d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada va formando su propio ser por el suyo, modelando su propia personalidad conforme a la suya. Incluso me atrevo a afirmar que muy raramente lo conoce como un ideal cuyo contenido positivo fuera capaz de definir y que lo conoce tanto menos cuanto m\u00e1s poderosa es su acci\u00f3n formativa sobre ella\u00bb.<\/p>\n<p>El \u00abdisc\u00ed\u00adpulo\u00bb, en todo caso, no obedece a una fuerza de sugesti\u00f3n que emanar\u00ed\u00ada de su modelo. Y tampoco lo copia. Su conducta cambia porque el modelo ejerce sobre \u00e9l una \u00abatracci\u00f3n\u00bb (Zug), que, al desarrollarse y precisarse, se convierte en amor. Este amor no concierne a alg\u00fan que otro aspecto o acto del modelo, sino al centro mismo de todo su ser, a su esencia espiritual, de la que de este modo llegamos a participar. Bajo esta forma, la relaci\u00f3n de fidelidad es capaz de suscitar en el disc\u00ed\u00adpulo una transformaci\u00f3n moral, una conversi\u00f3n de su esp\u00ed\u00adritu, una renovaci\u00f3n de su ser que ni la obediencia ni el respeto de normas abstractas podr\u00ed\u00adan producir. El origen y el est\u00ed\u00admulo eficaz al progreso moral hemos de buscarlo en la influencia de personas concretas, con un destino ejemplar, y no en reglas puramente formales de alcance universal.<\/p>\n<p>A esta misma conclusi\u00f3n llegaba tambi\u00e9n Bergson cuando opon\u00ed\u00ada la moral cerrada, basada en la generalidad imperativa de f\u00f3rmulas impersonales, a la moral abierta, que se encarna en una personalidad privilegiada que se convierte en un ejemplo: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 los santos tienen imitadores? \u00bfY por qu\u00e9 los grandes hombres de bien han arrastrado a las turbas tras de s\u00ed\u00ad? No piden nada, pero lo consiguen. No tienen necesidad de exhortar; lo \u00fanico que hacen es existir; su existencia es la mejor llamada.<\/p>\n<p>De estos fil\u00f3sofos que han propugnado una \u00e9tica personalista podemos aceptar sus peroraciones en favor del modelo en la vida moral. Al mismo tiempo, aprendemos a distanciarnos de una imitaci\u00f3n ciega y literal, que nos llevar\u00ed\u00ada a sofocar la existencia moral aut\u00e9ntica en una serie de tipos fijos. Los modelos presentan una cierta composici\u00f3n de valores en una perspectiva hist\u00f3rica que, por reciente que sea, no se identifica nunca con la nuestra. Pueden servirnos de inspiraci\u00f3n, de se\u00f1ales indicadoras del camino, pero no deben sustituir el esfuerzo moral creativo que se le exige a cada uno.<\/p>\n<p>c) Psicosociolog\u00ed\u00ada del modelo heroico. Una articulaci\u00f3n ulterior del discurso nos permitir\u00e1 se\u00f1alar en qu\u00e9 sentido la cultura actual nos autoriza una referencia a los modelos espirituales. Ella nos invita a definir nuestro proyecto distinguiendo entre el modelo espiritual y el modelo heroico. No se trata de volver al mundo de los h\u00e9roes y de los ideales heroicos. Vivimos en una \u00e9poca que, a diferencia de las anteriores, quiere ser antiheroica. Cuando un conjunto de valores se llena de tanta vitalidad que la gente quiere vivir de \u00e9l y morir por \u00e9l, nacen las figuras heroicas. Los h\u00e9roes acompa\u00f1an necesariamente a un sistema de valores y de pensamiento que ha sido abrazado por una comunidad. Las motivaciones heroicas cambian con el tiempo. Pueden derivar del sentido de la persona, de la idea nacional o del celo religioso; as\u00ed\u00ad, Aquiles le cede el puesto a Eneas, para ser luego suplantado por Parsifal. De todas formas, el h\u00e9roe y el sistema de pensamiento en que est\u00e1 encuadrado dicen siempre una relaci\u00f3n de complementariedad: el primero es el aspecto activo del segundo. Los valores y las ideas que no dan origen a ning\u00fan h\u00e9roe, se quedan en meros ejercicios mentales abstractos; los h\u00e9roes que no se integran en un sistema de valores y de ideas se parecen mucho a esos vac\u00ed\u00ados habitantes de los tebeos.<\/p>\n<p>En la infancia de la cultura humana los h\u00e9roes respond\u00ed\u00adan a la necesidad psicol\u00f3gica de seguridad, a la direcci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica y social, a la necesidad moral de tender a la perfecci\u00f3n en pensamientos y acciones. Nuestra cultura parece haberse alejado del mundo heroico. Hemos desmitificado la literatura sagrada con nuestra nueva capacidad de leer y de comprender los textos antiguos; hemos privado de romanticismo a las grandes personalidades del pasado con nuestra comprensi\u00f3n de los motivos oscuros que subyacen en el comportamiento humano. El examen psicoanal\u00ed\u00adtico en los estudios hist\u00f3ricos ha llevado a un sofisticado desenmascaramiento de los pretendidos ideales y motivaciones de los grandes hombres del pasado. Se ha puesto de moda despreciar las \u00abbuenas razones\u00bb que se ofrec\u00ed\u00adan como explicaci\u00f3n del comportamiento humano y nos hemos especializado en la b\u00fasqueda de las \u00abverdaderas razones\u00bb escondidas detr\u00e1s de ellas. En el vocabulario de estas ciencias reductivas no queda ya sitio para t\u00e9rminos como \u00abgrande\u00bb o \u00abpeque\u00f1o\u00bb en relaci\u00f3n con las personalidades individuales, expuestas todas ellas a una sospecha met\u00f3dica. Uno de los aspectos m\u00e1s vistosos de este humor antiheroico es el desencanto cada vez mayor respecto a los l\u00ed\u00adderes de la vida pol\u00ed\u00adtica nacional.<\/p>\n<p>Una critica a fondo de la idea tradicional de h\u00e9roe ha surgido en la concepci\u00f3n del antih\u00e9roe de tipo existencialista. Es distinta de los prototipos de h\u00e9roes negativos, como Lucifer o Prometeo, por el hecho de que se deriva de una experiencia de confusi\u00f3n o de fracaso, que es un elemento constitutivo de la condici\u00f3n humana de los tiempos modernos. Una justificaci\u00f3n filos\u00f3fica por extenso del antihero\u00ed\u00adsmo se encuentra en los escritos de J.-P. Sartre. Su intelectual se ve condenado al fracaso debido a su misma lucidez. Porque semejante h\u00e9roe es necesariamente consciente de s\u00ed\u00ad, es incapaz de perderse arroj\u00e1ndose a ciegas en el compromiso de una acci\u00f3n. Cuanto m\u00e1s intensamente se entrega a los dem\u00e1s. tanto m\u00e1s completamente solo se encuentra, prisionero de su yo privado. Esa es su tragedia, afirma Sartre.<\/p>\n<p>M\u00e1s que cualquiera otra forma art\u00ed\u00adstica, ha sido la novela la que ha ayudado a reflexionar sobre el derrumbamiento del antiguo orden de cosas. Como testimonio del nacimiento de la \u00e9poca moderna, ha trazado para nosotros un nuevo modelo de realidades. El resultado ha sido un cuadro de la realidad tan lejano del mundo de nuestros padres, que su tradicional idea del h\u00e9roe no puede ya concebirse como posibilidad art\u00ed\u00adstica. La Odisea de Homero se ha visto sustituida por el Ulises de Joyce. Leopold Bloom, cuya jornada est\u00e1 marcada por las funciones fisiol\u00f3gicas m\u00e1s humildes, sirve de ant\u00ed\u00adtesis al h\u00e9roe hom\u00e9rico. Bloom es el \u00faltimo h\u00e9roe de hoy; la aureola de nobleza que le rodea es la de la vida ordinaria. Es la vida ordinaria, con toda su consistencia mundana, el rey y el h\u00e9roe de hoy. Todo hace creer que por mucho tiempo ya no podremos tener a ning\u00fan h\u00e9roe como compa\u00f1ero de viaje.<\/p>\n<p>Nos guste o no, hemos de tener en cuenta esta situaci\u00f3n al presentar ciertas aventuras espirituales personales como modelos. Sobre nuestra cultura sopla un viento antiheroico que amenaza con naufragios. Son cada vez m\u00e1s numerosos los que someten a la criba de un an\u00e1lisis minucioso las figuras destacadas de nuestro tiempo antes de aceptarlas como extraordinarias. Muchas de ellas acaban revel\u00e1ndose como producto de los fabricantes de im\u00e1genes. En el pasado se adoptaron h\u00e9roes con demasiada facilidad; se nos ha enga\u00f1ado muchas veces. Ahora somos m\u00e1s cautos. Una cosa es cierta: la figura espiritual que hoy pretenda tener audiencia debe evitar presentarse con el clich\u00e9 del h\u00e9roe. Ni siquiera la visi\u00f3n eclesi\u00e1stica del h\u00e9roe, o sea el santo, puro en sus motivaciones y sobrehumano en el ejercicio de las virtudes, tiene acceso a los hijos esc\u00e9pticos de nuestra \u00e9poca. Por eso un modelo espiritual, tal como lo reclaman la cr\u00ed\u00adtica del saber y las exigencias de la \u00e9tica, no puede ser una versi\u00f3n del h\u00e9roe puesto al d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>La segunda parte de esta exposici\u00f3n de los presupuestos metodol\u00f3gicos de nuestro proyecto desea se\u00f1alar positivamente las caracter\u00ed\u00adsticas de un modelo espiritual desde el punto de vista de la teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>2. HACIA UNA TEOLOG\u00ed\u008dA DE LA VIDA &#8211; a) La atenci\u00f3n a la vivencia hist\u00f3rica. Entre las numerosas exigencias de una renovaci\u00f3n teol\u00f3gica que haga frente a la crisis actual, se cuenta la instancia original que postula el retorno a una dimensi\u00f3n narrativa del hacer teolog\u00ed\u00ada. Esta propuesta puede parecernos l\u00f3gica si consideramos que los textos sobre los que se basa el cristianismo son narraciones. Jes\u00fas de Nazaret se nos presenta ante todo como una persona objeto de narraci\u00f3n; los disc\u00ed\u00adpulos son personas que escuchan y transmiten esos relatos; el cristianismo se estructura como comunidad que narra.<\/p>\n<p>Sin embargo, muy pronto perdi\u00f3 el cristianismo su inocencia narrativa. En el mundo helen\u00ed\u00adstico en que se insert\u00f3 hac\u00ed\u00ada ya tiempo que la narraci\u00f3n (el mythos) estaba subordinada a la raz\u00f3n (el logos). La teolog\u00ed\u00ada desempe\u00f1\u00f3 la funci\u00f3n de transformar de la manera m\u00e1s r\u00e1pida y completa posible las historias transmitidas en no-historias, en sistema especulativo de nociones. En la \u00e9poca moderna el divorcio entre sistema teol\u00f3gico y experiencia religiosa, entre dogm\u00e1tica y m\u00ed\u00adstica, se ha ido radicalizando. La biograf\u00ed\u00ada religiosa, es decir, la articulaci\u00f3n de la historia personal vivida ante Dios, se ha ido alejando cada vez m\u00e1s de lo que la teolog\u00ed\u00ada cient\u00ed\u00adfica reconoc\u00ed\u00ada como su tarea propia. Al erigir esta \u00faltima en sistema, su desd\u00e9n por el contacto con la vida se transform\u00f3 en una doctrina que confunde la atrofia con la objetividad cient\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>Todo discurso en favor de la narraci\u00f3n corre el peligro de caer hoy en la indiferencia. No s\u00f3lo las ciencias argumentativas, sino tambi\u00e9n las hist\u00f3ricas, desprecian cada vez m\u00e1s la narraci\u00f3n. En la sociedad contempor\u00e1nea parece como si, exceptuando la transmisi\u00f3n expeditiva de las noticias escuetas, no quedara ya sitio para el relato. Cr\u00ed\u00adticos de la cultura de profunda intuici\u00f3n, como Walter Benjam\u00ed\u00adn y Th. W. Adorno, han diagnosticado el fin de la narraci\u00f3n. Sin embargo, la teolog\u00ed\u00ada, si quiere ser un verdadero servicio al mensaje cristiano, no puede repudiar pusil\u00e1nimemente el narrar. El te\u00f3logo J. B. Metz ha propuesto una revaloraci\u00f3n teol\u00f3gica del relato recurriendo a la categor\u00ed\u00ada del \u00abrecuerdo peligroso\u00bb. Es una deformaci\u00f3n reservar el potencial narrativo del cristianismo para los ni\u00f1os ingenuos: lo cierto es que tiene efectos cr\u00ed\u00adticos y liberadores: \u00abRelatan los `peque\u00f1uelos&#8217; y los oprimidos; pero \u00e9stos no s\u00f3lo narran historias que les llevan constantemente a exaltar su propia opresi\u00f3n o minor\u00ed\u00ada de edad. sino tambi\u00e9n historias peligrosas que buscan la libertad&#8230; Naturalmente. la fuerza cr\u00ed\u00adtica liberadora de tales historias no puede ser demostrada ni reconstruida a priori. Es preciso encontrarse con ella. escucharla y, hasta donde sea posible, continuar narr\u00e1ndola. Pero \u00bfno es verdad que tambi\u00e9n en nuestra era, calificada de postnarrativa, existen numerosos `narradores de historias&#8217; que nos permiten reconocer lo que hoy pueden o podr\u00ed\u00adan ser tales &#8216;historias&#8217;: no precisamente cuadros artificiales, arbitrarios, de car\u00e1cter privado, sino narraciones con una efectividad y un atractivo p\u00fablico y, en cierto modo, cr\u00ed\u00adtico de la sociedad, es decir, &#8216;historias peligrosas?\u00bb.<\/p>\n<p>Una teolog\u00ed\u00ada que, dando la debida importancia a la narraci\u00f3n, lograse reconciliar la dogm\u00e1tica con la historia vivida, ser\u00ed\u00ada sumamente significativa para el cristiano medio. Ya que es precisamente la vivencia hist\u00f3rica del pueblo, la experiencia religiosa cotidiana de los creyentes, la que se ver\u00ed\u00ada reflejada en el relato de unas vidas determinadas. Semejante teolog\u00ed\u00ada ser\u00ed\u00ada m\u00e1s importante todav\u00ed\u00ada por el hecho de que vivimos en una sociedad en la que los posibles modelos de vida aparecen como prefabricados, dotados de un sello estereotipado que corroe a las almas con el cansancio de su identidad o con el aburrimiento de la repetici\u00f3n en serie.<\/p>\n<p>Ser\u00ed\u00ada preciso afirmar que esta dimensi\u00f3n narrativa, centrada en la vida individual, ha sido proscrita por completo de la praxis eclesial. La teolog\u00ed\u00ada cat\u00f3lica, en pol\u00e9mica m\u00e1s o menos directa con la protestante. ha subrayado siempre que la herencia cristiana se transmite por la tradici\u00f3n viviente, la cual se expresa en la vida misma de los cristianos, particularmente en los santos. La veneraci\u00f3n de los santos ha producido no s\u00f3lo las numeros\u00ed\u00adsimas biograf\u00ed\u00adas de tipo devocional, sino el inmenso trabajo cient\u00ed\u00adfico de los bolandistas. Pero esta actividad se desarroll\u00f3 en un terreno aut\u00f3nomo, sin integrarse en la teolog\u00ed\u00ada verdadera y propia. El trabajo teol\u00f3gico se ha dedicado a proseguir la reflexi\u00f3n de la neoescol\u00e1stica de origen tomista o a investigar aquellos problemas teol\u00f3gicos especiales que ha creado la \u00e9poca moderna. Los te\u00f3logos profesionales no se han ocupado de los santos de un modo tem\u00e1tico.<\/p>\n<p>Entre los te\u00f3logos de nota se observan s\u00f3lo dos excepciones. La primera es Romano Guardini. En la totalidad de su obra -seg\u00fan declara en la introducci\u00f3n a Libertad, gracia y destino- intent\u00f3 conseguir \u00abuna visi\u00f3n unitaria y total de la existencia cristiana\u00bb, tal como la ten\u00ed\u00ada el pensamiento cristiano primitivo. Su modelo ideal era Agust\u00ed\u00adn, el cual \u00abno distingue sistem\u00e1ticamente entre filosof\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada; dentro de la filosof\u00ed\u00ada, entre metaf\u00ed\u00adsica y psicolog\u00ed\u00ada; y dentro de la teolog\u00ed\u00ada, entre dogm\u00e1tica te\u00f3rica y doctrina de la vida pr\u00e1ctica. Sencillamente, partiendo de la totalidad de la existencia cristiana, hace sus lucubraciones sobre ese todo y sus diversos contenidos&#8217;. Para semejante proyecto teol\u00f3gico, la vida hist\u00f3rica concreta de los cristianos eminentes es un terreno privilegiado. Guardini estudi\u00f3 expl\u00ed\u00adcitamente el alcance teol\u00f3gico de la vida de los cristianos en un volumen, El santo en nuestro tiempo, concebido como introducci\u00f3n a una serie de vidas de santos. En los santos ve \u00e9l unos modelos para nuevos estilos de existencia cristiana; ellos abren senderos que otros pueden seguir. Guardini augura un \u00abnuevo g\u00e9nero de santos\u00bb, capaz de encarnar la santidad de esta generaci\u00f3n. La senda no es hoy la del desprendimiento y el ascetismo; se ha de realizar mediante un abandono obediente a las directrices de Dios tal como se traducen en la situaci\u00f3n secular en que nos encontramos. Por eso la vida del santo no habr\u00e1 de ser extraordinaria, y nadie podr\u00e1 identificar f\u00e1cilmente a un santo moderno.<\/p>\n<p>La vivencia hist\u00f3rica ocupa un lugar m\u00e1s org\u00e1nico todav\u00ed\u00ada en la visi\u00f3n teol\u00f3gica de Hans Urs von Balthasar. En su obra de mayor envergadura, Herrlichkeit, se ha propuesto dar cuerpo a una \u00abest\u00e9tica teol\u00f3gica\u00bb, es decir, a una contemplaci\u00f3n del Dios de la revelaci\u00f3n cristiana, no en cuanto que comunica la verdad o en cuanto que se muestra ben\u00e9volo con el hombre, sino en cuanto que se acerca al hombre para manifestarse a s\u00ed\u00ad mismo \u00aben el eterno esplendor de su amor trinitario\u00bb&#8216;. En otras palabras, una contemplaci\u00f3n de Dios a la luz no de las categor\u00ed\u00adas tradicionales de lo \u00abverdadero\u00bb y de lo \u00abbueno\u00bb, sino de la categor\u00ed\u00ada de lo \u00abbello\u00bb. Todo lo que es bello y espl\u00e9ndido para el mundo es la epifan\u00ed\u00ada, el resplandor de los principios de ser poderosos y escondidos que, mediante la revelaci\u00f3n de Dios en Jesucristo, brotan en una figura expresiva.<\/p>\n<p>La est\u00e9tica teol\u00f3gica tiene la tarea de dar a las proposiciones abstractas el color y la plenitud propios de la historia. Por eso el te\u00f3logo suizo, despu\u00e9s de haber considerado en el primer tomo de su obra al sol divino en s\u00ed\u00ad mismo, en el segundo se dirige a los rayos que proyecta sobre la humanidad. Y entonces hace desfilar ante nuestros ojos toda una serie de te\u00f3logos cristianos y de personalidades espirituales excepcionales, elegidas en virtud de su importancia hist\u00f3rica. La pluralidad de sus visiones cristianas del mundo muestra la gloria de la revelaci\u00f3n divina en la diversidad de sus manifestaciones. Es como la refracci\u00f3n de la luz blanca en la multiplicidad de colores al atravesar un diamante. Los testimonios de vida y de doctrina de te\u00f3logos, de laicos y de \u00abespirituales\u00bb se yuxtaponen sencillamente, con la conciencia de la imposibilidad de reducir a sistema la multiplicidad de las contemplaciones hist\u00f3ricas de Dios en toda su belleza. Se nos presenta a Agust\u00ed\u00adn junto a Dante, a Juan de la Cruz junto a P\u00e9guy. En este conjunto, Von Balthasar dedica una atenci\u00f3n m\u00e1s particular a los laicos que a los te\u00f3logos de escuela. Y con raz\u00f3n, ya que de los laicos ha brotado con frecuencia la oposici\u00f3n a las estrecheces de la teolog\u00ed\u00ada cristiana, reducida a formaci\u00f3n pastoral, a especializaci\u00f3n, a rutina acad\u00e9mica. Con los ojos fijos en la historia del mundo y en el presente, no pocos cristianos excepcionales han sido fuente de creatividad para la vida cristiana m\u00e1s que cualquier sistema teol\u00f3gico. La obra de Von Balthasar desea rendir un homenaje a esta aportaci\u00f3n original a la comprensi\u00f3n de la belleza del rostro humano de Dios.<\/p>\n<p>Sirva la menci\u00f3n expl\u00ed\u00adcita de la obra de estos dos te\u00f3logos para sugerir la ventaja que puede obtener la teolog\u00ed\u00ada asumiendo como punto de partida la vida concreta de los cristianos. El hecho de que estos intentos teol\u00f3gicos sean una excepci\u00f3n subraya la urgencia de adoptar un modo de hacer teolog\u00ed\u00ada en que se conceda el debido espacio a la visi\u00f3n espiritual de algunos cristianos ejemplares.<\/p>\n<p>b) Biograf\u00ed\u00ada como teolog\u00ed\u00ada. Hemos prestado o\u00ed\u00addo a las voces que desde varias partes reclaman una renovaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada a partir de una mayor atenci\u00f3n a la vivencia hist\u00f3rica. Tambi\u00e9n se han considerado algunos esbozos de realizaci\u00f3n en este sentido. Ahora podemos definir mejor nuestro proyecto, se\u00f1alando su objetivo y su m\u00e9todo. En resumen, deseamos investigar algunas vidas en las que el principio directivo de la fe cristiana ha sabido crear, mediante una especial coherencia de acci\u00f3n y de doctrina, una forma nueva de existencia evang\u00e9lica \u00ab.<\/p>\n<p>En efecto, las creencias cristianas no son \u00abproposiciones\u00bb que pueden catalogarse y juzgarse con criterios impuestos por una referencia externa y objetiva, sino convicciones vivas que dan forma a unas vidas actuales y a unas comunidades actuales. El examen cr\u00ed\u00adtico adecuado a las creencias cristianas es, por consiguiente, aquel que comienza con la atenci\u00f3n a las vidas concretas. Aprovechamos aqu\u00ed\u00ad las instancias de orden epistemol\u00f3gico y \u00e9tico que hemos aceptado de la cultura contempor\u00e1nea.<\/p>\n<p>Hemos advertido que la ciencia depende de modelos, el arte de formas abstractas, la religi\u00f3n de im\u00e1genes. No intentamos rechazar estos campos del conocimiento humano, sino abrir el camino a la manifestaci\u00f3n plena de la visi\u00f3n que evocan. El modelo se abre al misterio, es decir, a la cosa verdadera de que se trata en la ciencia, en el arte y en la fe. Aunque el modelo es inadecuado para expresar la totalidad del misterio, sigue siendo todav\u00ed\u00ada un camino leg\u00ed\u00adtimo -incluso el \u00fanico v\u00e1lido-hacia \u00e9l. Hablar verdadera y fielmente de Dios es hablar mediante modelos, im\u00e1genes, analog\u00ed\u00adas; no tenemos otra elecci\u00f3n. La convalidaci\u00f3n de la visi\u00f3n que evoca el discurso teol\u00f3gico depende en parte de la cualidad de la vida que traduce y encarna esa misma visi\u00f3n. Las vidas que llevan una imagen dan testimonio de la visi\u00f3n que representan. Por eso la teolog\u00ed\u00ada no puede prescindir del material biogr\u00e1fico. La teolog\u00ed\u00ada recibe su sustancia de la biograf\u00ed\u00ada. Al dirigirse a esas vidas creyentes, la teolog\u00ed\u00ada encuentra el camino para reformarse a s\u00ed\u00ad misma, para hacer cre\u00ed\u00adble su discurso -\u00abmostrando\u00bb lo que no puede \u00abdemostrar\u00bb-, para incrementar la fidelidad a la visi\u00f3n original y la adecuaci\u00f3n a nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>Este procedimiento se diferencia de aquel con que la Iglesia, en su magisterio oficial, propone autoritativamente a los santos canonizados como ejemplo concreto de vida cristiana para una \u00e9poca determinada o para ciertas categor\u00ed\u00adas de personas. Nuestra b\u00fasqueda de modelos se dirige a las personalidades singulares que en \u00e9pocas pasadas o en nuestro tiempo han vivido lo esencial del cristianismo de un modo creativo, convirti\u00e9ndose as\u00ed\u00ad espont\u00e1neamente en puntos de referencia para otros muchos creyentes que andaban buscando. En efecto, en la comunidad cristiana aparecen de vez en cuando ciertas vidas singulares o impresionantes; vidas de personas que dan cuerpo a las convicciones de la comunidad de un modo original; que comparten la visi\u00f3n de la comunidad, pero con un nuevo horizonte y una nueva fuerza; que muestran el estilo de vida de la comunidad, pero con diferencias significativas.<\/p>\n<p>El impacto de estas vidas abre, ensancha y quiz\u00e1 corrige la visi\u00f3n espiritual de la comunidad, actuando como est\u00ed\u00admulo contagioso o como atracci\u00f3n en el sentido de Max Weber. Despierta sobre todo nuevas convicciones en la comunidad acerca de su modo de entender a Dios, de su concepci\u00f3n del hombre, de su aprecio de la tierra y de las actividades humanas.<\/p>\n<p>La vida de estas personalidades significativas, con su atractivo y su belleza, puede ofrecer elementos a los pensadores cristianos, realizando as\u00ed\u00ad la tan deseada fecundaci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada por obra de la vivencia concreta. M\u00e1s a\u00fan, se puede considerar como una de las tareas espec\u00ed\u00adficas de la teolog\u00ed\u00ada justamente el empe\u00f1o por abordar este tipo de reflexi\u00f3n. As\u00ed\u00ad pues, tanto el magisterio como la teolog\u00ed\u00ada pueden y deben ocuparse de la vida de los cristianos ejemplares; el primero, para canonizar a los santos oficiales; la segunda, para elaborar una reflexi\u00f3n sobre la vivencia concreta de la fe. Pero desde nuestro punto de vista, la presentaci\u00f3n de modelos espirituales desempe\u00f1a una funci\u00f3n que se distingue tanto de la autoritativa del magisterio como de la doctrinal de la teolog\u00ed\u00ada. Se propone hacer sensible a lamirada interior la s\u00ed\u00adntesis vital del mensaje cristiano realizada por algunos creyentes de nuestro tiempo. En la experiencia cristiana, la parte relacionada con la representaci\u00f3n visual es especialmente importante. Baste pensar en el puesto que ocupa la visi\u00f3n interior en los Ejercicios espirituales de san Ignacio y la imagen en la pintura sagrada como apoyo de la meditaci\u00f3n y representaci\u00f3n de una mirada interior. El postulado teol\u00f3gico que fundamenta esta primac\u00ed\u00ada de la mirada es la encarnaci\u00f3n: Dios se ha hecho hombre y, por tanto, visible. Tambi\u00e9n la biograf\u00ed\u00ada de los hombres que se sit\u00faan en el seguimiento de la \u00fanica imagen adecuada, Jes\u00fas de Nazaret, puede ser captada por la mirada de los creyentes como transparencia suya. M\u00e1s en concreto, estamos autorizados a considerar la vida de esos cristianos excepcionales como una parte de la vida de Cristo, el resucitado que derrama su Esp\u00ed\u00adritu y anima la comunidad de los disc\u00ed\u00adpulos a trav\u00e9s de los siglos. Ellos est\u00e1n en Cristo y Cristo en ellos (cf G\u00e1l 1,22; Rom 8,10). Porque la vida de Cristo no puede exponerse sin el Nuevo Testamento entero, sin la historia entera del \u00abmovimiento\u00bb que tuvo su origen en el Evangelio, sin la vida de sus seguidores en el correr de los siglos.<\/p>\n<p>La atenci\u00f3n privilegiada al aspecto visual de estos modelos espirituales nos sugiere destacar ante todo las im\u00e1genes que dominan en las vidas que presentamos. La convergencia de estas im\u00e1genes constituye la visi\u00f3n espiritual homog\u00e9nea que caracteriza a una persona. Por eso nuestros perfiles no ser\u00e1n biograf\u00ed\u00adas en el sentido tradicional de la palabra, ni tampoco exploraciones psico-biogr\u00e1ficas al estilo de la que Erik Erikson ha dedicado a Mart\u00ed\u00adn Lutero. Nos esforzaremos m\u00e1s bien en poner de relieve la visi\u00f3n dominante de estos creyentes; la que gobern\u00f3 su vida y la unific\u00f3 en un todo significativo para sus contempor\u00e1neos.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, lo que nos interesa no ser\u00e1n las virtudes personales -a diferencia de la hagiograf\u00ed\u00ada cl\u00e1sica-, ni tampoco la consistencia teol\u00f3gica de su vivencia -tarea de una \u00abteolog\u00ed\u00ada de la vida\u00bb todav\u00ed\u00ada por hacer-. El elemento doctrinal en la vida de estos modelos espirituales no es primario; es su vida lo que atrae. Podemos filtrar y eventualmente erigir en sistema su visi\u00f3n espiritual. Pero si el mundo doctrinal de estos testigos nos atrae es porque se ha encarnado previamente en su vida y puede encarnarse de nuevo en la vida de otros. Cuando penetramos en su mundo interior, no encontramos solamente unas proposiciones que satisfacen intelectualmente, sino reflejos de aquel misterio que vivieron esos hombres. As\u00ed\u00ad pues, intentaremos trazar los rasgos de una imagen global, hermosa para la mirada espiritual, que visualice una posibilidad aut\u00e9ntica para el que quiera vivir con fidelidad y creatividad el Evangelio en nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Este tipo de consideraci\u00f3n tiende a comprometer a la persona. Entramos en un movimiento que nos lleva de las vidas que examinamos a nuestras propias vidas; los examinadores pasan a ser examinados. Estos \u00abmodelos\u00bb espirituales se hacen para nosotros significativos en la medida en que les planteamos nuestras cuestiones sobre el seguimiento de Cristo como hijos de nuestra \u00e9poca. Nos interpelan. No quieren ser examinados ni copiados; quieren ser m\u00e1s bien un est\u00ed\u00admulo para una nueva creatividad en la vida espiritual.<\/p>\n<p>S. Spinsanti<br \/>\nII. Modelos espirituales<br \/>\n1. SAN FRANCISCO DE AS\u00ed\u008dS: EL AMOF UNIVERSAL &#8211; San Francisco es un modelo antiguo, pero cl\u00e1sico y perenne, lleno de humanismo, verdaderamente revolucionario.<\/p>\n<p>Nace y vive Francisco en la plenitud de la Edad Media (1182-1226), en su periodo m\u00e1s \u00e1ureo, que \u00e9l ayuda a crear. Asiste al crecimiento de la peque\u00f1a burgues\u00ed\u00ada, nacida del comercio e industria ciudadanos, y a la decadencia del feudalismo. Ha visto al pontificado, bajo Inocencio 111 (1198-1216), en su m\u00e1ximo esplendor. Sus ojos han contemplado el nacimiento de las catedrales g\u00f3ticas, las Sumas teol\u00f3gicas y las universidades, s\u00ed\u00admbolos de la universalidad y la armon\u00ed\u00ada. Es el tiempo heroico de las cruzadas.<\/p>\n<p>Francisco es hijo de un rico mercader de As\u00ed\u00ads, Pietro di Bernardone, traficante de lanas. En su juventud tuvo el alma llena de lirismo, de m\u00fasica y poes\u00ed\u00ada, como los trovadores de su originaria tierra provenzal; posee un esp\u00ed\u00adritu caballeresco y so\u00f1ador, mundano y gaudente, l\u00fadico, vanidoso, suntuoso en el vestir, generoso en el dar. Dotado excelsamente para la amistad, la relaci\u00f3n, la compa\u00f1\u00ed\u00ada y el liderazgo.<\/p>\n<p>Un d\u00ed\u00ada dej\u00f3 los ricos vestidos de lana por la coraza de guerrero y se alist\u00f3 en la milicia para defender la libertad ciudadana de su As\u00ed\u00ads natal. Perdi\u00f3 la guerra As\u00ed\u00ads contra Perusa, perdi\u00f3 la libertad Francisco, que pas\u00f3 en prisi\u00f3n un a\u00f1o. Otro d\u00ed\u00ada caminaba hacia Apulia para combatir otra vez como guerrero; pero su destino no era la guerra, sino la paz, la violencia del amor. Cristo le detiene en Espoleto y le invita a servir no al siervo, sino al Se\u00f1or. Fue su primera conversi\u00f3n. A partir de entonces, las costumbres de Francisco cambian: se entrega a la soledad, a la oraci\u00f3n, al servicio de los marginados leprosos. En una segunda visi\u00f3n, Cristo le invita a reparar la Iglesia en ruinas, y \u00e9l se pone a reconstruir ermitas.<\/p>\n<p>Francisco, con sus extra\u00f1as acciones, plet\u00f3ricas de amor a los pobres, a Cristo, a su Iglesia, resulta rid\u00ed\u00adculo a sus conciudadanos, molesto a su padre, quien le deshereda. El se siente libre de la esclavitud de los apellidos, del dinero y del negocio familiar. Ante el obispo de As\u00ed\u00ads desprecia su traje burgu\u00e9s y la bolsa del dinero, se lo entrega a su padre, que le demandaba por despilfarrador; se viste una humilde t\u00fanica y se pone bajo la tutela de la Iglesia. En este momento, 1026, Francisco ha conseguido la total liberaci\u00f3n. Puede considerarse m\u00e1s hijo de Dios que de Pietro di Bernardone. Es un paso firme en su segunda conversi\u00f3n. Libre para el servicio, para el amor universal: \u00e9sta es la profunda significaci\u00f3n de la vida de Francisco. Vocaci\u00f3n de servicio itinerante como predicador del Evangelio, mensajero del Gran Rey. Vivir\u00e1 la pobreza como signo externo de valor prof\u00e9tico y evang\u00e9lico, como identificaci\u00f3n con el mensaje de salvaci\u00f3n. Pero, sobre todo, como signo de libertad.<\/p>\n<p>Mensaje franciscano. Varias fuerzas configuran a Francisco de As\u00ed\u00ads como modelo espiritual.<\/p>\n<p>a) La primera, fundamental, es el amor a Cristo, enamoramiento que vive desde la fe, pero tambi\u00e9n desde su exquisita sensibilidad de poeta enamorado, lleno de humanidad y de lirismo. Cristo en sus misterios: encarnaci\u00f3n, nacimiento, pasi\u00f3n, muerte y resurrecci\u00f3n. El nacimiento lo expres\u00f3 pl\u00e1sticamente en la reconstrucci\u00f3n del Bel\u00e9n, por primera vez en el mundo, el a\u00f1o 1223, en Greccio. La pasi\u00f3n y la muerte. identific\u00e1ndose con el Crucificado en la impresi\u00f3n de los estigmas. Su inmersi\u00f3n en el misterio de Cristo viviente y resucitado renace en otras devociones y creencias: la comuni\u00f3n, los ritos y el culto lit\u00fargico, las iglesias y ermitas, estima reverencial a los sacerdotes, la palabra evang\u00e9lica, la oraci\u00f3n del padrenuestro, la \u00absanta madre Iglesia romana\u00bb con su jerarqu\u00ed\u00ada. A su misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica se incorpora como misionero itinerante y pobre. Finalmente, Mar\u00ed\u00ada, la madre de Jes\u00fas, por lo cual Cristo es nuestro \u00abhermano\u00bb y ella la \u00abmadre de toda bondad\u00bb, en la cual ve\u00ed\u00ada resplandecer la humildad y la pobreza.<\/p>\n<p>b) Amor universal a las criaturas. Francisco de As\u00ed\u00ads no es un poeta l\u00ed\u00adrico enamorado de la belleza creada, sino un creyente que goza de la hermosura que Dios puso en la creaci\u00f3n. Todo tiene en \u00e9l un fundamento religioso, un brote de piedad. Ve en la creaci\u00f3n un rastro de la presencia de Dios; Dios se hizo hombre en Cristo, y su humanidad se encarna en todas las cosas. Todo se hace \u00abhermano\u00bb en el hermano mayor. Cristo. Briznas de su presencia descubre en las cosas m\u00e1s elementales: la luz, que le recuerda el resplandor de Cristo, su presencia vivificadora; por eso le duele que los hombres la apaguen. El cordero, el mismo pergamino en el que los hombres de su tiempo escrib\u00ed\u00adan, le recuerdan a Cristo humilde. Poco amante de la ciencia sistematizada, sin embargo, estima cualquier papel porque puede contener palabras del Verbo encarnado. Todas las cosas, animadas e inanimadas, son \u00abhermanas\u00bb en \u00e9l y por \u00e9l: el agua, el sol, la luna y las estrellas, hasta los animales m\u00e1s feroces, como el hermano lobo, y la espera y temida muerte. Francisco, con el amor a todas las cosas, revive los mejores tiempos mesi\u00e1nicos, en los que todos los hombres vivir\u00e1n unidos en hermandad. Tiempos lejanos para el hombre, pura utop\u00ed\u00ada l\u00ed\u00adrica. Por eso Francisco ser\u00e1 siempre el ideal supremo de la humanidad. En \u00e9l las cosas imposibles adquieren valor de esperanza.<\/p>\n<p>c) Paz y alegr\u00ed\u00ada de vivir. La paz es fruto de la armon\u00ed\u00ada interior del esp\u00ed\u00adritu, que nace de amar a amigos y enemigos, de no ambicionar ni envidiar; de amar a todos, especialmente a los m\u00e1s indefensos y marginados. La paz procede tambi\u00e9n de la pobreza amada como suprema riqueza, como ejercicio de liberaci\u00f3n. Dar limosna era para \u00e9l \u00abdevolver\u00bb al pobre lo suyo, aunque fuese la ra\u00ed\u00adda t\u00fanica que vest\u00ed\u00ada. Abrazado a la pobreza, a la desnuda tierra, quiso morir. Vivir en pobreza es relativizar todo lo creado, que amaba desde la l\u00ed\u00adrica m\u00ed\u00adstica. Junto a la pobreza, la humildad, hasta el despojo de la propia personalidad, hasta la sumisi\u00f3n y obediencia a todos.<\/p>\n<p>De aqu\u00ed\u00ad proced\u00ed\u00ada la alegr\u00ed\u00ada de vivir, el gozo supremo de la fraternidad. Es el santo de la \u00abperfecta alegr\u00ed\u00ada\u00bb, nacida de la libertad. Este gozo es el que transparenta en el C\u00e1ntico de las criaturas, que tiene un fuerte sabor de sobrenaturalidad, de evangelismo; es netamente cristiano, profundamente humano, porque las dos fuentes de gozo se funden en una. Desaparecen los dualismos. Su gozo es alegr\u00ed\u00ada de vivir cumpliendo el destino; sencillamente, vivir inmerso en las cosas que le rodean, con los hombres sus hermanos, a quienes acompa\u00f1a en su camino hacia la meta.<\/p>\n<p>Francisco es modelo de humanidad para cualquier ideolog\u00ed\u00ada. Es un valor universal de la humanidad.<\/p>\n<p>2. SANTA TERESA DE JES\u00daS: LA EXPERIENCIA DE LA \u00abVERDAD\u00bb &#8211; Teresa naci\u00f3 en Avila el 28 de marzo de 1515 y muri\u00f3 en Alba de Tormes (Salamanca) el 4 de octubre de 1582. En el siglo que nosotros llamamos \u00abde oro\u00bb y que ella motej\u00f3 de \u00abtiempos recios\u00bb, mientras la Iglesia estaba en \u00abgrandes tempestades\u00bb por la herej\u00ed\u00ada protestante y otros movimientos heterodoxos. Epoca de \u00abreformas\u00bb intra y extraeclesiales, el siglo del concilio de Trento (1545-1562), de m\u00ed\u00adstica y picaresca.<\/p>\n<p>Cuarenta a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, en 1622, el papa Gregorio XV la declaraba \u00absanta\u00bb, despu\u00e9s de un largo proceso can\u00f3nico. Un santo canonizado es para los cat\u00f3licos modelo de santidad porque ha dado ejemplo de \u00abvirtudes heroicas\u00bb. Pero nuestra \u00e9poca cr\u00ed\u00adtica sabe que detr\u00e1s del proceso can\u00f3nico se encubren ciertos reduccionismos y manipulaciones, casi un secuestro de la personalidad real de los protagonistas. No es que los procesos se monten sobre la mentira, sino que la vida real de los canonizados se acomoda a los gustos y a las necesidades del momento: y, sobre todo, se ocultan ciertos rasgos de la personalidad \u00abhumana\u00bb de los santos, con su carga de fragilidad, de talante cr\u00ed\u00adtico, de realismo. Se encumbra un modelo can\u00f3nico de santidad que no siempre sirve como modelo espiritual. Las revisiones hist\u00f3ricas que se est\u00e1n haciendo en nuestro tiempo de las biograf\u00ed\u00adas antiguas y de los procesos de canonizaci\u00f3n, sin desmejorar en nada el modelo de santidad, enaltecen a la santa como modelo integral de mujer y de cristiana.<\/p>\n<p>En pocas l\u00ed\u00adneas quisiera recoger una actitud vital que integra otros muchos valores y define su destino creador, marca la ra\u00ed\u00adz ontol\u00f3gica de su vida: la experiencia de la verdad.<\/p>\n<p>a) El camino de la verdad. Cuando en 1565, a los cincuenta a\u00f1os, Teresa recupera su pasado para redactar la Autobiograf\u00ed\u00ada, se da cuenta de que su destino ha estado marcado por la \u00abverdad\u00bb. Se admira de que ya desde muy ni\u00f1a -quiz\u00e1 a los siete a\u00f1os- le \u00abquedase imprimido el camino de la verdad\u00bb (Vida, 1,5). La transparencia de la ni\u00f1ez se turba en la tempestad de la adolescencia, pero de modo pasajero. La buena compa\u00f1\u00ed\u00ada de una monja de clausura de Santa Mar\u00ed\u00ada de Gracia, un monasterio de agustinas, resucit\u00f3 en ella el rastro de verdad que yac\u00ed\u00ada en el fondo de su yo: \u00abVine a ir entendiendo -comenta y resume- la verdad de cuando ni\u00f1a\u00bb (V 3,5). La \u00abverdad\u00bb que pervive como rescoldo en el fondo de su ser es Dios como su \u00fanico y definitivo destino; la \u00fanica verdad suprema que le interesa; las dem\u00e1s son mediaciones, part\u00ed\u00adculas de luz en el universo de tinieblas. Ese rastro de verdad pervivir\u00e1 durante los a\u00f1os borrascosos de la juventud y reaparecer\u00e1 luminoso en la experiencia m\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>b) Vivir en la verdad. Solemos los hombres entender la verdad como adecuaci\u00f3n entre lo que pensamos y lo que decimos. Es parte de la verdad total. Teresa va al fondo del problema: a la verdad ontol\u00f3gica, metaf\u00ed\u00adsica, que funda la realidad de la vida. Ha descubierto que \u00abtodos los hombres son mentirosos\u00bb, como dice la Escritura (Sal 115,11); y que s\u00f3lo Dios es la verdad absoluta; las dem\u00e1s, relativas. \u00abMostrar Dios en s\u00ed\u00ad mismo una verdad, que parece deja oscurecidas todas las que hay en las criaturas&#8230; y muy claro dado a entender que \u00e9l s\u00f3lo es verdad, que no puede mentir&#8230; es verdad que no puede faltar\u00bb (6 Moradas, 10,6).<\/p>\n<p>En este encuentro con la verdad ontol\u00f3gica, Teresa descubre que los hombres no pueden mentir en sentido moral, pero en el fondo ser \u00abmentirosos\u00bb, traidores a su definitivo destino, porque no conocen a Dios. Por eso propone que \u00abestudiemos siempre mucho de andar en esta verdad\u00bb y no nos conformemos con \u00abno decir mentiras\u00bb (6M 10,7). Vivir en la verdad, como ella vivi\u00f3, es centrar la vida equidistantemente entre cuatro puntos cardinales. Por una parte, teniendo a Dios como la \u00fanica realidad absoluta, como el \u00fanico valor verdaderamente axial; segundo, vivir en dependencia de Dios, porque sin \u00e9l la vida no tiene sentido; tercero, valorar las realidades humanas en lo que son y valen, sin sacralizarlas absolutiz\u00e1ndolas, ni despreciarlas; cuarto, no sobrevalorarnos ante los dem\u00e1s, porque, de lo contrario, el hombre \u00abanda en mentira\u00bb (6M 10,7-8).<\/p>\n<p>c) Vivir en la verdad de la comunidad: sentido eclesial. No basta adecuar la vida a la verdad metaf\u00ed\u00adsica encontrada en la experiencia m\u00ed\u00adstica. Cabe en ello lo subjetivo, la alucinaci\u00f3n del ego\u00ed\u00adsmo. Teresa busc\u00f3 la comprobaci\u00f3n de \u00absu\u00bb verdad en la instituci\u00f3n eclesial, en los jueces de la Iglesia. La b\u00fasqueda de la verdad objetiva es en Teresa una aventura apasionante y dolorosa. Es deseo de comuni\u00f3n, superaci\u00f3n del individualismo particularista, nunca miedo a la Inquisici\u00f3n. Es deseo de luz. En Teresa no cabe ni el cisma ni la herej\u00ed\u00ada, porque tiene un esp\u00ed\u00adritu esencialmente \u00abcat\u00f3lico\u00bb, universal. Se somete al discernimiento ajeno, el de los letrados. Para ellos escribe su Vida, radiograf\u00ed\u00ada de su personalidad. El letrado no es el humanista, sino el te\u00f3logo, el exegeta b\u00ed\u00adblico, que mide las experiencias subjetivas con el canon de la verdad de Dios revelado en palabras. Por una sola verdad de esa Escritura estaba dispuesta a pasar \u00abmil muertes\u00bb (V 33,5). Porque sab\u00ed\u00ada que \u00abla verdad padece, pero no perece\u00bb (Carta a Mar\u00ed\u00ada de San Jos\u00e9, 3-V-1579, 26), se someti\u00f3 a todos los an\u00e1lisis de los jueces eclesi\u00e1sticos. Al final de su Vida escribe: \u00abYa no me queda m\u00e1s por hacer lo que es en m\u00ed\u00ad\u00bb (Ep\u00ed\u00adl. 4). Detr\u00e1s del juez, de la Iglesia. de la misma Escritura, est\u00e1 la Verdad absoluta, Dios, que se ha revelado en Cristo. Buscar la verdad en las mediaciones es acomodarse a la verdad absoluta de Dios. El sentido profundo de comuni\u00f3n con la instituci\u00f3n no fue obst\u00e1culo para ejercer una sabia cr\u00ed\u00adtica apasionada y amorosa.<\/p>\n<p>d) Decir la verdad. Para un buen discernimiento por parte de los otros se requiere absoluta fidelidad y transparencia en el relato de la interioridad. Decir lo que se siente. Excluir la mentira. Eso fue lo que hizo Teresa. Buen maestro tuvo en su padre, que \u00abera de gran verdad\u00bb, como comenta la hija (V 1.2). Ella, cuando radiograf\u00ed\u00ada su vida interior, dice repetidamente que lo hace con libertad, pero sobre todo \u00abcon toda claridad y verdad\u00bb (V, pral.): \u00abVa todo lo que escribo dicho con toda verdad\u00bb (1 8.3). escribir\u00e1 tambi\u00e9n. Lo mismo al final del relato: \u00abPoniendo lo que ha pasado por m\u00ed\u00ad con toda la llaneza y verdad que yo he podido\u00bb (V 40,24). Su persona aborrece la mentira como al mismo demonio, a quien define como \u00abtodo mentira\u00bb (V 15,10). Amiga de la verdad, como de la luz, de la transparencia y la llaneza, ha podido escribir esta ambiciosa y grandiosa confesi\u00f3n: \u00abPuedo errar en todo, mas no mentir, que por la misericordia de Dios antes pasar\u00ed\u00ada mil muertes\u00bb (4M 2,7).<\/p>\n<p>D. De Pablo Maroto<br \/>\n3. CHARLES DE FOUCAULD: LA IMITACI\u00ed\u201cN DE CRISTO DE UN \u00abHERMANO UNIVERSAL\u00bb &#8211; Basta apenas evocar su nombre para desencadenar una serie de asociaciones mentales: fascinaci\u00f3n siempre nueva de la vida contemplativa, florecimientos de vocaciones religiosas entre hombres y mujeres que desean compartir la existencia de los m\u00e1s humildes como \u00abhermanitos\u00bb o \u00abhermanitas\u00bb, recuperaci\u00f3n de la misi\u00f3n cristiana a partir de la silenciosa presencia de servicio. La estrella de Charles de Foucauld ha sorprendido a los observadores del firmamento espiritual por su trayectoria absolutamente imprevisible. Nada durante su vida hac\u00ed\u00ada presagiar el \u00ab\u00e9xito\u00bb estrepitoso que habr\u00ed\u00ada de convertirlo en una de las figuras m\u00e1s representativas de la espiritualidad cristiana de nuestro siglo. Personalmente, \u00e9l busc\u00f3 un ideal de ocultamiento, que le llev\u00f3 a encerrarse sucesivamente en trapas, en conventos de clausura, en el yermo del desierto. La \u00fanica obra que anhel\u00f3 e intent\u00f3 repetidas veces -la fundaci\u00f3n de comunidades religiosas que vivieran dentro del estilo de \u00abpeque\u00f1as fraternidades\u00bb- cay\u00f3 en el vac\u00ed\u00ado durante su vida (1858-1916) y s\u00f3lo se realizar\u00ed\u00ada veinte a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte.<\/p>\n<p>Su vida espiritual se desarroll\u00f3 en varias etapas, que vivi\u00f3, sin embargo, m\u00e1s bien como outsider de las instituciones eclesi\u00e1sticas tradicionales. Entra al principio en la trapa para santificarse observando la regla del C\u00ed\u00adster: pero pronto la abandona para explorar nuevos caminos, atra\u00ed\u00addo -en apariencia-por aquel v\u00e9rtigo que lleva a ciertos animales a preferir los senderos que se asoman al abismo. Abandona la dignidad del estado mon\u00e1stico para ir a servir de criado en un convento de clarisas de Nazaret; se traslada luego a Beni Abb\u00e9s (Argelia) a dar testimonio de Cristo entre los musulmanes, pero fuera del marco misional de tipo colonial: se retira luego a Tamanrasset, en el centro del Sahara, para compartir la vida de los pobr\u00ed\u00adsimos Tuareg y llegar a convertirse en uno de ellos. Monje sin convento, sacerdote sin comunidad, misionero sin apoyo del soldado o del comerciante, Charles, \u00abhermano universal\u00bb, parece haber tenido el don de crear formas at\u00ed\u00adpicas de vida cristiana, que se apartan de las formas homologadas de su tiempo. Es precisamente esta creatividad la que fascina a los creyentes de hoy. A la sensibilidad contempor\u00e1nea le agrada subrayar que la vida espiritual es b\u00fasqueda m\u00e1s que copia pasiva de unos m\u00f3dulos reconocidos. La fidelidad en el campo \u00e9tico y espiritual es algo m\u00e1s que un ancla arrojada de una vez para siempre en el pasado; es al mismo tiempo un resorte tenso hacia un futuro sin rostro. En la vida de Charles de Foucauld la fidelidad demostr\u00f3 que la estabilidad no es contraria a la novedad, a la continuidad, a la creatividad. Las m\u00faltiples formas que asumi\u00f3 su proyecto de vida pueden reducirse f\u00e1cilmente a unidad, sintetiz\u00e1ndose en una \u00fanica imagen, la m\u00e1s antigua y la m\u00e1s pl\u00e1stica de la historia de la espiritualidad cristiana: la imitaci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>La vida en el Esp\u00ed\u00adritu de Charles de Foucauld parece responder en el m\u00e1s alto grado a las exigencias de una espiritualidad de la imitaci\u00f3n en su expresi\u00f3n m\u00e1s lineal. Ya en la \u00e9poca de su conversi\u00f3n le hab\u00ed\u00ada impresionado una frase del abate Huvelin, que sigui\u00f3 siendo durante toda su vida su padre espiritual: \u00abJesucristo ocup\u00f3 hasta tal punto el \u00faltimo lugar que nadie se lo puede arrebatar\u00bb. Esta frase fue el corneta tras el cual se desarroll\u00f3 toda su vida. Desde que los creyentes musulmanes y hebreos, con los que se encontr\u00f3 casualmente, abrieron en su vida de refinado epic\u00fareo una ventana de inquietud religiosa, se vio arrebatado por la espiral del absoluto: \u00abApenas cre\u00ed\u00ad que hay un Dios comprend\u00ed\u00ad que no pod\u00ed\u00ada menos de vivir s\u00f3lo para \u00e9l\u00bb. La conversi\u00f3n al cristianismo le se\u00f1ala luego en Jes\u00fas de Nazaret el camino para llegar al Dios inaccesible; desde aquel momento no tendr\u00e1 m\u00e1s preocupaci\u00f3n que la de buscar el \u00faltimo lugar entre los hombres de su tiempo, ya que s\u00f3lo all\u00ed\u00ad podr\u00e1 estar cerca de Cristo, dando cuerpo de este modo a su aspiraci\u00f3n de vivir s\u00f3lo para Dios.<\/p>\n<p>Buscar el \u00faltimo lugar y compartirlo con Cristo para ser totalmente de Dios: \u00e9sta es la idea que unifica toda la vida de aquel que quiso llamarse \u00abCharles de Jes\u00fas\u00bb. Pero los hombres del Esp\u00ed\u00adritu. m\u00e1s que de ideas, se alimentan de im\u00e1genes. La imagen dominante en el mundo de Charles de Foucauld fue la de Jes\u00fas carpintero de Nazaret. Otros se han sentido atra\u00ed\u00addos por Jes\u00fas maestro y profeta del reino, o terapeuta ben\u00e9fico, o var\u00f3n de dolores. Charles de Foucauld prefiri\u00f3 ver al Jes\u00fas salvador del mundo como oscuro carpintero de una remota aldea de la despreciada Galilea. Encontramos esta imagen en todas las dimensiones de su b\u00fasqueda espiritual. En particular, en el momento que puede considerarse como el giro decisivo de su aventura cristiana: el abandono de la vida cisterciense para aventurarse por terrenos inexplorados. En aquel periodo escribi\u00f3: \u00abTengo sed de llevar la vida que estoy buscando desde hace siete a\u00f1os (que he buscado in\u00fatilmente en la trapa); la he vislumbrado y adivinado caminando por las calles de Nazaret, que recorri\u00f3 en otros tiempos nuestro Se\u00f1or, pobre artesano escondido en la abyecci\u00f3n y en la oscuridad\u00bb. Su camino se define como un seguimiento del Jes\u00fas escondido de Nazaret: \u00abVeo claramente que es voluntad de Dios que yo le siga en una perfecta conformidad con su vida\u00bb.<\/p>\n<p>Charles de Foucauld no teoriz\u00f3 ninguna nueva v\u00ed\u00ada espiritual. Si de hecho renov\u00f3 las cosas, en sus intenciones no encontramos nada m\u00e1s que un proyecto esencial y monol\u00ed\u00adtico: imitar a Cristo. La mejor expresi\u00f3n de su b\u00fasqueda se encuentra en el op\u00fasculo en que recogi\u00f3 algunos textos evang\u00e9licos con el t\u00ed\u00adtulo El \u00fanico modelo. El mismo t\u00ed\u00adtulo y su lema (\u00abEl criado no es mayor que su maestro; es perfecto si es semejante a su maestro&#8230; \u00c2\u00a1Seguidme!\u00bb) resumen toda su doctrina espiritual. Por lo dem\u00e1s, el op\u00fasculo no contiene m\u00e1s que las palabras de Jes\u00fas -sobre s\u00ed\u00ad mismo, sobre el Padre, sobre el Esp\u00ed\u00adritu, sobre nuestra vocaci\u00f3n-, mezcladas con los ejemplos que \u00e9l dio. Charles traza el retrato de Jes\u00fas, que lo ha seducido; esta imagen, contemplada y retocada con amor incansable, se ha hecho viva a trav\u00e9s de su propia vida.<\/p>\n<p>En sus escritos, el tema sinf\u00f3nico de la imitaci\u00f3n vuelve continuamente, casi sin variaciones. A una religiosa, por ejemplo, le escrib\u00ed\u00ada: \u00abEl medio m\u00e1s sencillo y mejor para unirnos al coraz\u00f3n de nuestro Esposo es hacerlo, decirlo y pensarlo todo con \u00e9l y como \u00e9l, manteni\u00e9ndose en su presencia e imit\u00e1ndolo&#8230; Cualquier cosa que uno haga, diga o piense, decirse: \u00bfC\u00f3mo hac\u00ed\u00ada, dec\u00ed\u00ada, pensaba \u00e9l en semejante circunstancia? \u00bfQu\u00e9 es lo que har\u00ed\u00ada, dir\u00ed\u00ada o pensar\u00ed\u00ada en mi lugar? El mismo Jes\u00fas indic\u00f3 a sus ap\u00f3stoles este m\u00e9todo tan sencillo de uni\u00f3n con \u00e9l y de perfecci\u00f3n: `Venid y ved&#8217;&#8230; Venid, es decir, seguidme, venid conmigo, seguid mis pasos, imitadme, haced como yo; ved, es decir, miradme, permaneced en mi presencia, contempladme&#8230; Presencia de Dios, de Jes\u00fas, e imitaci\u00f3n de Jes\u00fas: aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 toda la perfecci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Con sus palabras y con su vida, Charles de Foucauld se situ\u00f3 inequ\u00ed\u00advocamente en ese fil\u00f3n de espiritualidad cristiana que puede designarse sumariamente como \u00abimitaci\u00f3n de Cristo\u00bb. Ese fil\u00f3n est\u00e1 unido org\u00e1nicamente con el desarrollo de la devoci\u00f3n a la humanidad de Cristo, de origen medieval. El movimiento franciscano fue su cuna y Francisco de As\u00ed\u00ads su fruto inigualable\u00bb&#8217;. Aunque el verbo \u00abimitar\u00bb no se encuentre literalmente en el Evangelio, los cristianos han comprendido que la invitaci\u00f3n a \u00abseguir\u00bb a Jes\u00fas significaba una llamada a imitarlo. La ecuaci\u00f3n entre seguimiento e imitaci\u00f3n fue establecida por primera vez por Agust\u00ed\u00adn (\u00abQuid est enim sequi nisi imitan?\u00bb). Solamente con la reforma protestante se asiste a una discusi\u00f3n sobre la doctrina de la imitaci\u00f3n. A la predicaci\u00f3n de Cristo-modelo, Lutero opone la predicaci\u00f3n de Cristo salvador. No se trata de una rotaci\u00f3n insignificante de los t\u00e9rminos; en el trasfondo puede reconocerse la doctrina de la justificaci\u00f3n solamente por la fe. Aun admitiendo que Cristo es al mismo tiempo \u00abdon\u00bb y \u00abejemplo\u00bb, los reformadores subrayaron m\u00e1s bien el primer aspecto, a fin de impedir que la imitaci\u00f3n se convirtiera en un intento orgulloso del hombre deadquirir m\u00e9ritos y salvarse en virtud de ellos. A la imitaci\u00f3n (Nachahmung) de Cristo opusieron el seguimiento (Nachfolge), concebido como una respuesta en la fe y en la obediencia a la llamada de Cristo.<\/p>\n<p>La cr\u00ed\u00adtica luterana tiene algunas buenas razones en su favor. No se puede imitar a Cristo como a un ser humano. El esfuerzo del creyente por asemejarse a su Maestro se desarrolla en el terreno de la gracia, y no en el del empe\u00f1o voluntarista; por eso mismo es m\u00e1s bien obra del Esp\u00ed\u00adritu que del ascetismo. La imitaci\u00f3n espiritual cristiana tiene tambi\u00e9n ciertas caracter\u00ed\u00adsticas peculiares: es sacramental, adem\u00e1s de moral (en las cartas de san Pablo se se\u00f1ala el valor imitativo de los sacramentos del bautismo y de la eucarist\u00ed\u00ada); es eclesial, adem\u00e1s de individual (s\u00f3lo la Iglesia posee la imagen integral y aut\u00e9ntica del Cristo modelo, y es la Iglesia la que garantiza la fidelidad y la validez de nuestra imitaci\u00f3n de Cristo). Charles de Foucauld ofrece con su vida la prueba de que la imitaci\u00f3n literal no coincide con el literalismo. Tras las huellas de Francisco y de otros numerosos cristianos en el curso de los siglos, intent\u00f3 alcanzar, a trav\u00e9s de la letra que mata, al Esp\u00ed\u00adritu que salva. Este es tambi\u00e9n el Esp\u00ed\u00adritu que \u00abhace nuevas todas las cosas\u00bb. Porque una imitaci\u00f3n que tienda a interiorizar el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo es fuente de novedad.<\/p>\n<p>La imitaci\u00f3n de Jesucristo sigue siendo una exigencia constante de la vida cristiana, desde el momento en que \u00e9sta se estructura como un \u00abseguimiento\u00bb. El carisma de Charles de Foucauld parece ser el de recordarnos a todos los que recorremos este siglo que \u00e9l inaugur\u00f3 esta verdad esencial. Quiz\u00e1 sea necesario que en cada \u00e9poca surjan hombres que practiquen un tipo de imitaci\u00f3n literal m\u00e1s acentuada para recordar a los dem\u00e1s cristianos qu\u00e9 es lo que constituye el n\u00facleo espec\u00ed\u00adfico e irrenunciable de toda vida cristiana.<\/p>\n<p>Charles de Jes\u00fas. \u00abhermano universal\u00bb, muri\u00f3 de una forma sorprendentemente parecida a la de Cristo. Traicionado por uno de los suyos, sufri\u00f3 una muerte violenta a manos de unos revoltosos. El mismo, en su ardor de imitaci\u00f3n, hab\u00ed\u00ada deseado el martirio como la mejor manera de consumar la semejanza m\u00e1s alta con Cristo. Y as\u00ed\u00ad muri\u00f3. \u00bfSimple coincidencia? \u00bfO m\u00e1s bien sello de Dios a la vida de aquel a quien se le hab\u00ed\u00ada confiado la misi\u00f3n de hacer visible para el s. xx que la forma esencial de la vida cristiana es la que le dio una vez para siempre Jes\u00fas de Nazaret?<br \/>\n4. MADELEINE DELBR\u00ed\u0160L: SANTIDAD PARA LA GENTE DE LA CALLE &#8211; El padre J. Loew, cuyo nombre va ligado a la actividad misionera de vanguardia en los ambientes obreros, ha definido a Madeleine Delbr\u00e9l como \u00abuna mujer preparada por Dios durante treinta a\u00f1os para hacernos vivir el postconcilio En efecto, aunque su actividad se desarroll\u00f3 en los decenios anteriores al Vat.II -muri\u00f3 en 1964, a la edad de sesenta a\u00f1os-. Madeleine Delbr\u00e9l empez\u00f3 a ser conocida por grupos cada vez m\u00e1s amplios de cristianos tras la ola de renovaci\u00f3n posterior al concilio. Sin embargo, su popularidad no es a\u00fan tan grande que pueda dispensarnos de ofrecer algunos rasgos biogr\u00e1ficos esenciales.<\/p>\n<p>Hija de un funcionario de los ferrocarriles franceses, tuvo una juventud brillante, ennoblecida por el arte, por la poes\u00ed\u00ada (a los veintid\u00f3s a\u00f1os obtuvo un premio por un volumen de poes\u00ed\u00adas) y por el estudio de la filosof\u00ed\u00ada. El ambiente influy\u00f3 negativamente en su vida religiosa; perdi\u00f3 la fe. Escrib\u00ed\u00ada entonces: \u00abDios ha muerto; \u00c2\u00a1viva la muerte!\u00bb. Luego, un d\u00ed\u00ada se repiti\u00f3 la escena del camino de Damasco; seg\u00fan nos dice ella misma, \u00abuna conversi\u00f3n violenta sucedi\u00f3 a una b\u00fasqueda religiosa razonable\u00bb. La mujer nueva que naci\u00f3 de la prueba de la incredulidad estaba ya marcada por los rasgos inconfundibles que la acompa\u00f1ar\u00ed\u00adan durante toda su vida. H. U. von Balthasar ha descrito su car\u00e1cter y el de sus escritos mediante una serie de paradojas: profunda seriedad y humor sonriente, infantil \u00absaberse en Dios\u00bb y an\u00e1lisis exacto y realista del ambiente social y psicol\u00f3gico, eclesialidad hasta el meollo de sus huesos y completa libertad frente a los clich\u00e9s eclesi\u00e1sticos. S\u00f3lo la calidad de su oraci\u00f3n le permiti\u00f3 asumir estas contradicciones en una obra de vida unitaria.<\/p>\n<p>Madeleine se sinti\u00f3 aferrada para siempre y se entreg\u00f3 a Dios sin reservas. Pero en vez de consagrarse a \u00e9l en un carmelo, como pens\u00f3 en un primer tiempo, decidi\u00f3 vivir en medio del mundo el doble amor de Dios y del pr\u00f3jimo. En el coraz\u00f3n de las masas; pero no para un repliegue resignado sobre s\u00ed\u00ad misma, sino con la plena conciencia de las posibilidades espirituales que le ofrec\u00ed\u00ada la situaci\u00f3n mundana.<\/p>\n<p>En su ensayo, que ha servido de pr\u00f3logo para una colecci\u00f3n p\u00f3stuma de sus escritos, desarroll\u00f3 la espiritualidad de los que se reconocen hijos de la ciudad. Lo titul\u00f3 Nosotros, gente de la calle:<\/p>\n<p>\u00abHay gente a la que Dios toma y pone aparte.<\/p>\n<p>Pero hay otros a los que deja en medio de la multitud, &#8216;sin retirarlos del mundo.<\/p>\n<p>Hay gente que realiza un trabajo ordinario, que tiene una familia ordinaria, que vive una vida ordinaria de solteros. Gente que tiene enfermedades ordinarias y lutos ordinarios. Es gente de la vida ordinaria. Gente con la que nos encontramos en cualquier calle.<\/p>\n<p>Esos aman la puerta que da a la calle lo mismo que sus hermanos invisibles al mundo aman la puerta que se ha cerrado definitivamente sobre ellos.<\/p>\n<p>Nosotros, gente de la calle, creemos con todas nuestras fuerzas que esta calle. este mundo en donde Dios nos ha puesto, es para nosotros el lugar de nuestra santidad\u00bb.<\/p>\n<p>Madeleine atribuy\u00f3 a los cristianos audaces de nuestro tiempo la posibilidad de encontrar en el tr\u00e1fico de la vida ciudadana lo que los ermita\u00f1os buscan en el desierto y los religiosos dentro de las paredes de su convento: la contemplaci\u00f3n amorosa de su Se\u00f1or. Exigi\u00f3 la libertad de vivir codo a codo con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, con la confianza de que esto no ir\u00e1 en mengua del amor: \u00abLos de la calle estamos segur\u00ed\u00adsimos de que podemos amar a Dios todo cuanto \u00e9l quiera que le amemos&#8230; Cada acto de docilidad nos hace recibir plenamente a Dios y dar plenamente a Dios con una gran libertad de esp\u00ed\u00adritu. Y entonces la vida es una fiesta\u00bb.<\/p>\n<p>La santidad de la gente de la calle que Madeleine se propuso vivir tuvo coordenadas geogr\u00e1ficas muy concretas. Dejando su familia y su ambiente, con un diploma de asistenta social, fue a establecerse en Ivey, suburbio obrero de Par\u00ed\u00ads. All\u00ed\u00ad estuvo m\u00e1s de treinta a\u00f1os, hasta el d\u00ed\u00ada en que muri\u00f3. En aquel rinc\u00f3n de la ciudad aprendi\u00f3 a conocer la condici\u00f3n obrera y la realidad marxista; all\u00ed\u00ad tom\u00f3 conciencia de la urgencia misionera. Ivey, dec\u00ed\u00ada Madeleine al final de su vida, fue su escuela de fe aplicada. Ella misma describi\u00f3 su experiencia en un libro de t\u00ed\u00adtulo program\u00e1tico: Ciudad marxista, tierra de misi\u00f3n. En la ciudad comunista de los a\u00f1os treinta descubri\u00f3 una situaci\u00f3n de agudo conflicto: los cristianos se portaban comouna minor\u00ed\u00ada aut\u00f3ctona que soporta a un invasor; los sacerdotes y los cat\u00f3licos notorios eran saludados en la calle con pedradas e insultos; entre los ni\u00f1os se trababan verdaderas batallas en la escuela y en los descampados. La poblaci\u00f3n estaba dividida en cat\u00f3licos y comunistas; cuando uno llegaba por primera vez, se le exig\u00ed\u00ada que declarase su filiaci\u00f3n y tomase posici\u00f3n en los bandos constituidos de antemano.<\/p>\n<p>Los cristianos que viv\u00ed\u00adan en Ivey daban muestras de haberse acostumbrado a la situaci\u00f3n. Pero Madeleine no la acept\u00f3. Observando su \u00abciudad marxista\u00bb con ojos no partidistas, se dio cuenta de que entre los cat\u00f3licos y los comunistas la separaci\u00f3n oficialmente aireada ocultaba toda una trama de relaciones inevitables; la religi\u00f3n viva y la ideolog\u00ed\u00ada militante quer\u00ed\u00adan la ruptura, pero la ruptura total no exist\u00ed\u00ada porque era sencillamente imposible. En esta densa trama humana de relaciones mutuas fue donde se situ\u00f3 Madeleine. Le parec\u00ed\u00ada natural asumir el lugar que se hab\u00ed\u00ada asignado con la decisi\u00f3n de hacer de la calle su convento. El trabajo de asistenta social, que desempe\u00f1\u00f3 con pasi\u00f3n y competencia, la destinaba adem\u00e1s a la participaci\u00f3n plena en la vida de la ciudad.<\/p>\n<p>El barrio se convirti\u00f3 en la base misionera de Madeleine. La misi\u00f3n es algo distinto de ese proselitismo que constituye una tentaci\u00f3n para todos los grupos de cu\u00f1o ideol\u00f3gico, lo mismo para los cristianos que para los comunistas. Madeleine describi\u00f3 con agudeza la seducci\u00f3n comunista, sus atractivos reales, la abnegaci\u00f3n heroica de sus militantes, su lucha sincera contra la injusticia. Es comprensible que con toda honradez esos hombres esperasen \u00abconvertir\u00bb a Madeleine, de la que sab\u00ed\u00adan que estaba perfectamente de acuerdo con lo que ellos pensaban \u00absobre el mundo escandaloso en que hemos de vivir juntos y la eficacia que exigir\u00ed\u00ada la supresi\u00f3n de su esc\u00e1ndalo\u00bb.<\/p>\n<p>Pero ni por un minuto pens\u00f3 ella en \u00abtrapichear con Dios\u00bb o en \u00abrobarle a Cristo ni uno solo de sus cabellos\u00bb. La misma Madeleine nos habla de sus disposiciones m\u00e1s profundas: \u00abHe sido y sigo estando deslumbrada por Dios. Me era y me sigue siendo imposible poner en una misma balanza a Dios por un lado y todos los dem\u00e1s bienes del mundo por otro, bien para m\u00ed\u00ad o bien para toda la humanidad\u00bb. Pero habiendo establecido un verdadero encuentro conlos marxistas, inspirados en el ate\u00ed\u00adsmo, sobre la base de una misma lucha por la misma justicia humana, Madeleine se encontr\u00f3 en medio del conflicto m\u00e1s t\u00ed\u00adpico en que hoy se debaten tantos cristianos de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>En el libro mencionado, Ciudad marxista, tierra de misi\u00f3n, M. Delbr\u00e9l afronta sin ambig\u00fcedad la cuesti\u00f3n que se plantea a los creyentes: \u00abPara resistir al peligro marxista y para dar una respuesta apost\u00f3lica, parece necesario encontrar en la fe los motivos de toda vida misionera, los dos mandamientos de Cristo, inseparables y semejantes, pero de los que el segundo no es tan grande m\u00e1s que por el hecho de ser la consecuencia del primero. Del riesgo marxista yo no creo que puedan defendernos las normas o las disciplinas. Sus tentaciones son demasiado \u00ed\u00adntimas para ciertas inquietudes, su sutileza transfiere con demasiada habilidad aspiraciones humanas y necesidades evang\u00e9licas incompletas, pero dolorosas&#8230; En cuanto a nosotros, quiz\u00e1 conviene que sepamos que, llegada a ese absoluto, la negaci\u00f3n atea, marxista o no, puede abordarse por muchos caminos, pero que su encuentro no puede `probarse&#8217; m\u00e1s que en un solo terreno que le es propio: la roca misma de nuestra fe\u00bb.<\/p>\n<p>La fe vivida en un ambiente ateo se ve continuamente referida por las negaciones y los interrogantes de los no creyentes a lo que es fundamental en la vida cristiana. Teniendo en cuenta esta necesidad de coherencia, Madeleine pudo afirmar que el ambiente ateo es una circunstancia favorable para la propia conversi\u00f3n. En su misma vida la concentraci\u00f3n en lo esencial se expres\u00f3 por la referencia constante a los \u00abdos mandamientos\u00bb, unidos e interdependientes, y al Evangelio como regla de vida. En \u00e9l buscaba una simplificaci\u00f3n de todo el ser, un desprendimiento de todas las adquisiciones anteriores para entrar en un tipo de pobreza que capacita para todo tipo de encuentros. Madeleine vuelve continuamente al Evangelio para intentar conformar con \u00e9l toda su vida; lo considera el \u00fanico estatuto del grupo de vida com\u00fan del que forma parte y del que es la animadora; lo lee y lo relee, lo copia, lo anota, lo escudri\u00f1a para obedecer a todos sus consejos y para denunciar en su vida todo lo que pudiera romper la semejanza con Jesucristo. Su ideal es \u00abel Evangelio le\u00ed\u00addo como se come el pan\u00bb.<\/p>\n<p>Por eso mismo el cristiano que tiene su casa en la ciudad -marxista o no, pero en el fondo atea- se encuentra en una situaci\u00f3n misionera. La misi\u00f3n, seg\u00fan ella la defin\u00ed\u00ada, es el \u00abcontacto del amor de Dios y del rechazo del mundo. El cristiano se ve atravesado por lo uno y por lo otro, que se encuentran en \u00e9l. Entonces no puede menos de sufrir como una tentaci\u00f3n viviente. Pero esta prueba es la participaci\u00f3n en la prueba apost\u00f3lica de la Iglesia; la Iglesia tiene armas para sup\u00e9rarla; la Iglesia cuenta con la fuerza que puede resistir y triunfar\u00bb.<\/p>\n<p>Por los a\u00f1os cuarenta la Iglesia francesa sinti\u00f3 una especie de escalofr\u00ed\u00ado. Descubri\u00f3, seg\u00fan el t\u00ed\u00adtulo de un c\u00e9lebre libro, que se hab\u00ed\u00ada convertido en \u00abpa\u00ed\u00ads de misi\u00f3n\u00bb; el cardenal Suhard fundaba la Misi\u00f3n de Par\u00ed\u00ads. Madeleine, por su parte, no cedi\u00f3 al alarmismo; cre\u00ed\u00ada firmemente que la clase obrera lleva dentro de s\u00ed\u00ad la misi\u00f3n como una mujer que no sabe que est\u00e1 en dolores de parto y que no comprende nada de sus dolores, paralizando as\u00ed\u00ad en su interior el cuerpo que quiere nacer. Reconocer el propio estado significa para la Iglesia comenzar la nueva misi\u00f3n, la que tiene lugar en las calles de la ciudad. Madeleine salud\u00f3 de forma l\u00ed\u00adrica su nacimiento:<\/p>\n<p>\u00abEn todo tiempo, el Esp\u00ed\u00adritu ha empujado al desierto a los que aman. Misioneros sin batel, atenazados por el mismo amor, el mismo Esp\u00ed\u00adritu nos empuja a nosotros hacia nuevos desiertos. Desde su duna arenosa, el misionero de blanco ve toda la amplitud de tierras no bautizadas. Desde lo alto de una gran escalinata del Metro, misioneros de chaqueta e impermeable, vemos en cada escal\u00f3n, cuando la multitud es m\u00e1s numerosa, un mont\u00f3n de cabezas, gente que se inquieta esperando que abran las puertas del ascensor. Sombreros, gorras, boinas, cabellos de todos los colores. Centenares de cabezas: centenares de almas. Y nosotros all\u00ed\u00ad, arriba. Y m\u00e1s arriba, y en todas partes, Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Metida en el \u00abequipo\u00bb de vida en com\u00fan -ese \u00abequipo\u00bb que ella descubri\u00f3 bastante antes que el movimiento comunitario posterior al concilio como un valor humano y apost\u00f3lico-, Madeleine vivi\u00f3 en primera persona la nueva estaci\u00f3n misionera de la Iglesia. Y la descubri\u00f3 precisamente en donde otros hab\u00ed\u00adan diagnosticado el fracaso definitivo de la aventura del Evangelio. P. Loew fij\u00f3 en una imagen el sentido de su paso entre nosotros; una imagen que le habr\u00ed\u00ada complacido a la persona a la que se aplicaba: \u00abMadeleine estaba muy atenta a los signos de la Providencia; a m\u00ed\u00ad me agrada ver uno en el nombre que llevaba y en la santa que era su patrona. La ma\u00f1ana de Pascua las piadosas mujeres encontraron el sepulcro vac\u00ed\u00ado; los ap\u00f3stoles, al saberlo, acuden, y vuelven a marcharse. Pero Mar\u00ed\u00ada Magdalena no acepta ese vac\u00ed\u00ado, no acepta la desaparici\u00f3n de su Se\u00f1or; sigue junto al sepulcro, se inclina, mira, no se decide y, finalmente, es la primera en volver a ver a Cristo. As\u00ed\u00ad, Madeleine, frente a las negaciones del ate\u00ed\u00adsmo. busca m\u00e1s profundamente, se f\u00ed\u00ada de las palabras de Cristo y. hasta que no se le da la respuesta infinitamente m\u00e1s hermosa, no abandona lo que parece ser un sepulcro vac\u00ed\u00ado\u00bb.<\/p>\n<p>La paciencia contemplativa de Madeleine, junto con su actividad solidaria con los pobres, realiz\u00f3 el mismo milagro que obraron los ojos de un anciano pont\u00ed\u00adfice, que supo reconocer la primavera en donde otros no anunciaban m\u00e1s que los rigores del invierno.<\/p>\n<p>5. MARTIN LUTHER KING: UN CREYENTE CON UN SUE\u00ed\u2018O &#8211; El pastor bautista Martin Luther King se ha convertido en una de las figuras m\u00e1s representativas de nuestro tiempo. Sus luchas no violentas por la integraci\u00f3n racial de los negros en los Estados Unidos, el premio Nobel de la paz, su muerte violenta en aquel dram\u00e1tico 1968 -en muchos aspectos, un a\u00f1o que supuso un giro enorme en la civilizaci\u00f3n que estamos construyendo- le han merecido indiscutible popularidad. Las simpat\u00ed\u00adas han dado origen a una especie de \u00abbeatificaci\u00f3n\u00bb de cu\u00f1o popular. Pero en lo relativo a la comprensi\u00f3n de su obra y de su persona est\u00e1 lejos de existir unanimidad. Entre todas las interpretaciones, la que lo asocia a John Kennedy es quiz\u00e1 la m\u00e1s deformante. King se guard\u00f3 mucho de definir su propia tarea en t\u00e9rminos heroicos, al rev\u00e9s de lo que parec\u00ed\u00ada agradarle al asesinado presidente. \u00abLas grandes crisis producen grandes hombres\u00bb, hab\u00ed\u00ada escrito Kennedy en su juventud; y, una vez asumido el poder, mostr\u00f3 que ten\u00ed\u00ada en las grandes crisis la seguridad del hombre que se sabe elegido por la insondable decisi\u00f3n de Dios para \u00abpagar cualquier precio y llevar cualquier carga\u00bb a fin de defender los baluartes de la libertad. Nada, en cambio, es m\u00e1s extra\u00f1o a M. Luther King que el clich\u00e9 heroico.<\/p>\n<p>Otros int\u00e9rpretes han querido ver en la par\u00e1bola del pastor King pura y simplemente un fracaso; adem\u00e1s, \u00e9l ni siquiera se habr\u00ed\u00ada dado cuenta de que provocaba esos mismos des\u00f3rdenes que deploraba. Otra tesis menos radical se inclina por la tragedia: King habr\u00ed\u00ada sido un orador de grandes dotes y un pol\u00ed\u00adtico con influencia en las turbas, aunque con escasa habilidad para la organizaci\u00f3n y con una notable ignorancia de las realidades pol\u00ed\u00adticas. Una nueva interpretaci\u00f3n prefiere considerar a King exclusivamente como un l\u00ed\u00adder racial, uno m\u00e1s en la larga serie de notables hijos de Africa que han conducido a su pueblo por el camino tortuoso que lleva de la esclavitud al reconocimiento de los derechos humanos; King ser\u00ed\u00ada entonces esencialmente el campe\u00f3n de la \u00abnegritud\u00bb de los negros de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Toda interpretaci\u00f3n reductiva resulta seductora; da la ilusi\u00f3n de comprender ahorrando esfuerzos. Pero la verdadera comprensi\u00f3n no se alcanza si no se capta el n\u00facleo generador de las palabras y de los gestos de una persona. Pues bien, en el caso de M. Luther King, si queremos comprenderlo en su propia perspectiva, no podemos prescindir de su religiosidad personal, que. a su vez, no era algo gen\u00e9rico, sino esa forma particular de cristianismo que cultivan las comunidades bautistas negras de los estados meridionales de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>No cabe duda de que King introdujo elementos nuevos en esa religiosidad. As\u00ed\u00ad, desplazando el acento consolatorio del serm\u00f3n de la acci\u00f3n no violenta de masas, dot\u00f3 de una nueva dimensi\u00f3n al cristianismo social americano, tradicionalmente preocupado por las mejoras sociales, pero inhibido ante las instituciones opresivas. Sin embargo, el terreno que dio origen a su acci\u00f3n fue, como para sus antepasados, el de su iglesia; y su fuente de energ\u00ed\u00ada fue la oraci\u00f3n. Sin dejar de actuar, sin disminuir su realismo, a tiempo y a destiempo, King rez\u00f3. Su oraci\u00f3n fue el di\u00e1logo \u00ed\u00adntimo del hombre consciente de que su \u00faltimo recurso es Dios, no \u00e9l mismo, ni mucho menos la acci\u00f3n pol\u00ed\u00adtica que dirig\u00ed\u00ada. De su iglesia King sac\u00f3, adem\u00e1s, todo un bagaje de im\u00e1genes b\u00ed\u00adblicas y de reminiscencias sagradas, que pululan en todos sus discursos y escritos. No se trata de meros expedientes oratorios. El cristianismo negro est\u00e1 impregnado hasta los huesos del \u00e9xodo y de sus s\u00ed\u00admbolos. King aprendi\u00f3 de sus padres, aquellos que durante siglos compusieron y cantaron los spirituals, a interpretar la situaci\u00f3n presente y el papel de l\u00ed\u00adder por medio de la Biblia. En armon\u00ed\u00ada con la m\u00e1s pura tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblica, se sent\u00ed\u00ada depositario de un \u00absue\u00f1o\u00bb destinado a todo el pueblo oprimido; ten\u00ed\u00ada que conservarlo y transmitirlo a los desconfiados y a los desilusionados.<\/p>\n<p>De este sue\u00f1o habl\u00f3 expl\u00ed\u00adcitamente en el memorable discurso que pronunci\u00f3 en la escalinata del monumento a Lincoln en Washington en 1963, el a\u00f1o de la gran marcha para obtener la aprobaci\u00f3n del Congreso al proyecto de ley presentado por Kennedy sobre la igualdad de derechos civiles:<\/p>\n<p>\u00abTambi\u00e9n tengo un sue\u00f1o&#8230; Tengo el sue\u00f1o de que un d\u00ed\u00ada esta naci\u00f3n surgir\u00e1, vivir\u00e1 el verdadero significado de su credo; hemos considerado como l\u00f3gica la verdad de que todos los hombres han sido creados iguales. Tengo el sue\u00f1o de que un d\u00ed\u00ada en las rojas colinas de Georgia los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos esclavistas ser\u00e1n capaces de sentarse juntos a la mesa de la fraternidad. Tengo el sue\u00f1o de que un d\u00ed\u00ada tambi\u00e9n el estado del Mississipi, un estado sofocante por el bochorno de la opresi\u00f3n, se transformar\u00e1 en un oasis de paz y de justicia. Tengo el sue\u00f1o de que mis cuatro hijos vivir\u00e1n alg\u00fan d\u00ed\u00ada en una naci\u00f3n en que no ser\u00e1n juzgados por el color de su piel, sino por el contenido de su car\u00e1cter, Tengo un sue\u00f1o&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Encontramos este mismo tono en el otro famoso discurso pronunciado en Memphis en 1968, adonde se hab\u00ed\u00ada dirigido King para ayudar a los negros encargados de recoger las basuras, que hab\u00ed\u00adan organizado una huelga ciudadana. La violencia, el antiguo enemigo, iba minando la uni\u00f3n compacta del movimiento. Reaccionando contra el des\u00e1nimo moment\u00e1neo, King evoc\u00f3 una vez m\u00e1s su visi\u00f3n: \u00abHe estado en la cumbre de la monta\u00f1a&#8230; El me ha concedido subir a la monta\u00f1a. Y he mirado m\u00e1s all\u00e1 y he visto la tierra prometida\u00bb. Si el discurso anterior adopta el tono de Isa\u00ed\u00adas, aqu\u00ed\u00ad domina la imagen de Mois\u00e9s; tambi\u00e9n \u00e9l cree que ha visto la tierra prometida s\u00f3lo desde la cima del monte y que debe animar a su pueblo a proseguir su camino, antes de que la bala asesina, pocos d\u00ed\u00adas despu\u00e9s, truncase su camino, pero no su esperanza.<\/p>\n<p>Como pastor, como l\u00ed\u00adder, como hombre de fe, comprende que su misi\u00f3n es animar a su pueblo a enfrentarse con los sue\u00f1os desvanecidos sin dejar quese pierda la esperanza. La frustraci\u00f3n de los negros de Am\u00e9rica era haber so\u00f1ado largos a\u00f1os con la libertad y verse todav\u00ed\u00ada encerrados en la dura c\u00e1rcel de la segregaci\u00f3n y de la opresi\u00f3n. En un mundo en el que no se realizan las m\u00e1s elevadas esperanzas, se reacciona ordinariamente con la amargura, con la renuncia o con el fatalismo. La tentaci\u00f3n t\u00ed\u00adpica de los negros, que ve\u00ed\u00adan alejarse las perspectivas de una transformaci\u00f3n r\u00e1pida de su situaci\u00f3n, era la violencia. A ella, en sus formas espont\u00e1neas o en las formas organizadas del Black Power o de los Black Panthers, intent\u00f3 King oponerse hasta el final. A la muchedumbre tumultuosa de negros que se reunieron ante su casa de Montgomery, destruida por un atentado, el pastor les gritaba:<\/p>\n<p>\u00abSi tra\u00e9is armas, llev\u00e1oslas a casa; si no las ten\u00e9is, no intent\u00e9is buscarlas. No podemos resolver el problema devolviendo violencia por violencia. Hemos de enfrentarnos a la violencia con la no-violencia&#8230; Jes\u00fas proclamaba: `Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os ofenden, rezad por los que os persiguen&#8217;. Esto es con lo que hemos de vivir nosotros\u00bb.<\/p>\n<p>King estaba convencido de que la capacidad humana de afrontar constructivamente los sue\u00f1os rotos se debe en \u00faltimo an\u00e1lisis a la fe en el Dios de Jesucristo. La fe cristiana nos hace posible aceptar con nobleza lo que no puede cambiarse; afrontar las desilusiones y el dolor con un equilibrio interior, absorber la frustraci\u00f3n sin abandonar la apertura a la esperanza. Permaneciendo aferrados a una esperanza infinita es posible aceptar una desilusi\u00f3n finita.<\/p>\n<p>Esta sensibilidad por las posibilidades consoladoras y animadoras de la regi\u00f3n le ven\u00ed\u00ada del cristianismo baptista que hab\u00ed\u00ada heredado. Pero al mismo tiempo__ era consciente de los peligros de esa religiosidad. Muchas veces hab\u00ed\u00ada servido de evasi\u00f3n ante la tristeza cotidiana, de consuelo en forma compensatoria, siguiendo de ese modo el juego a los opresores y consolidando la explotaci\u00f3n. La esperanza que \u00e9l deseaba mantener firme en su pueblo no deb\u00ed\u00ada servir de opio. Esto sucede cuando el hombre cree que su fe religiosa le dispensa de la acci\u00f3n para cambiar su situaci\u00f3n temporal. La fe b\u00ed\u00adblica de King reconoce tanto el papel del hombre como el papel de Dios en la historia, juntos ambos en una tensi\u00f3n productiva. Si hubiera exaltado solamente la \u00e9tica humanista de la liberaci\u00f3n, habr\u00ed\u00ada sido un militante negro m\u00e1s, decidido a tomarse la revancha de todas las injusticias de ayer; si hubiera hablado solamente del plan de redenci\u00f3n de Dios, habr\u00ed\u00ada ca\u00ed\u00addo en la religiosidad de tipo compensatorio. Pero para King, el hombre debe actuar lo mismo que Dios act\u00faa. Afirm\u00f3 que la paradoja cristiana es cre\u00ed\u00adble s\u00f3lo si se toma en su totalidad: \u00abDios-con-el-hombre\u00bb. Una sola mitad suena a falso; las dos mitades juntas producen, en cambio, la verdadera misi\u00f3n del plan de Dios y el significado de la historia de los hombres.<\/p>\n<p>M. Luther King pertenece a esos cristianos para quienes el Evangelio no se reduce a una inspiraci\u00f3n ideal, sino que estructura tambi\u00e9n las intervenciones dirigidas a alterar las situaciones de injusticia. La acci\u00f3n social emprendida en Montgomery y realizada luego a gran escala en todo el territorio americano ten\u00ed\u00ada sus ra\u00ed\u00adces en el serm\u00f3n de la monta\u00f1a. No cabe duda de que King le debe mucho a Gandhi y a su doctrina de la resistencia pasiva; \u00e9l mismo lo reconoci\u00f3 abiertamente. El concepto de satyagraba (satya es verdad que equivale a amor, graba es fuerza; por eso satyagraba significa verdad-fuerza o amor-fuerza) del mahatma lo ilumin\u00f3 sobre la fuerza del amor, sobre la no-violencia como arma a disposici\u00f3n de un pueblo oprimido en su lucha por la libertad. Pero si Gandhi ofrec\u00ed\u00ada el m\u00e9todo, era Cristo el que ofrec\u00ed\u00ada el esp\u00ed\u00adritu y los motivos. En la exhortaci\u00f3n evang\u00e9lica a poner la otra mejilla y a amar a los propios enemigos, vio \u00e9l una mano poderosa tendida al enemigo para hacerlo salir de su alienaci\u00f3n. Para King, el coraz\u00f3n del evangelio era creer que el amor puede realmente cambiar una situaci\u00f3n humana de enemistad en algo completamente distinto. Este amor es una voluntad inflexible de encuentro, un no querer dejar solo al otro bajo el yugo del odio que lo oprime. \u00abRecordadlo -ha dicho de \u00e9l su mujer, Coretta-, como a un hombre que se neg\u00f3 a perder la fe en la redenci\u00f3n final de la humanidad\u00bb. Como disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas, crey\u00f3 que la \u00fanica fuerza capaz de conseguir la redenci\u00f3n es el amor, incluso cuando el mal toma la forma de conflictos sociales y raciales.<\/p>\n<p>M. Luther King personific\u00f3 la forma de fe cristiana que consiste en abrigar un sue\u00f1o y en despertarlo en cuantos lo han dejado extinguir. Es un sue\u00f1o que recuerda viejos relatos, contados haceya mucho tiempo, de un Dios que no abandon\u00f3 a su pueblo en su peregrinar terreno, sino que camin\u00f3 delante de \u00e9l noche y d\u00ed\u00ada, en un \u00e9xodo de liberaci\u00f3n; camin\u00f3 haciendo milagros, pero tam bi\u00e9n llevando la cruz. Un sue\u00f1o cuya in terpretaci\u00f3n ped\u00ed\u00ada una voz para gritar, unos pies firmes para caminar y un alma para rezar. M. Luther King se ofreci\u00f3 a s\u00ed\u00ad mismo a este sue\u00f1o hasta caer bajo la violencia; pero sigue gritando, caminando y rezando incluso por encima de ella.<\/p>\n<p>6. TEILHARD DE CHARDIN: PASI\u00ed\u201cN CRISTIANA POR EL \u00abFEN\u00ed\u201cMENO HUMANO\u00bb &#8211; El nombre de Teilhard de Chardin lleg\u00f3 a conocimiento del gran p\u00fablico en un contexto de aureola de esc\u00e1ndalo. Se le present\u00f3 como al religioso en contraste con sus propios superiores, apartado de la ense\u00f1anza en el Institu\u00ed\u00ad Catholique de Par\u00ed\u00ads, exiliado a misiones cient\u00ed\u00adficas en China y cuyos escritos, publicados s\u00f3lo despu\u00e9s de su muerte en 1955, no hab\u00ed\u00adan obtenido nunca el nihil obstat de la autoridad eclesi\u00e1stica; en una palabra, como al \u00abjesuita prohibido\u00bb, seg\u00fan lo presentaba en Italia un libro sensacionalista. Sus dificultades con las autoridades eclesi\u00e1sticas fueron reales; pero nada m\u00e1s tendencioso que presentar la vida de Teilhard de Chardin bajo el signo de la desobediencia. No s\u00f3lo porque de hecho no rompi\u00f3 nunca los v\u00ed\u00adnculos con su orden religiosa y con la Iglesia, sino sobre todo porque precisamente la fidelidad es lo que constituye la puerta de acceso al misterio de su personalidad interior y al significado de su obra. Vivi\u00f3 \u00e9l un tipo de fidelidad exigente; de aquella fidelidad que rehusa reducirse a una sumisi\u00f3n externa, o incluso de raz\u00f3n, pero que en la pr\u00e1ctica supone un abandono de la propia misi\u00f3n. \u00abTendr\u00ed\u00ada la impresi\u00f3n de que traicionaba al universo entero si abandonara el puesto que se me ha asignado\u00bb; de esta s\u00f3lida perseverancia nac\u00ed\u00ada su investigaci\u00f3n. Se le hab\u00ed\u00ada pedido lo que &#8216;-constituye el tormento y la riqueza de las grandes vidas: la fidelidad simult\u00e1nea a valores que parecen contradictorios, para poder llegar a trav\u00e9s del crisol de una fidelidad sufrida a una s\u00ed\u00adntesis m\u00e1s alta.<\/p>\n<p>En un escrito formulaba as\u00ed\u00ad la doble fidelidad que sosten\u00ed\u00ada su vida y la comprensi\u00f3n de su propia misi\u00f3n: \u00abPor todas partes en la tierra, en este momento, fluct\u00faan en un estado de sensibilizaci\u00f3n mutua en su m\u00e1s alto grado elamor de Dios y la fe en el mundo, los dos elementos esenciales de lo ultrahumano. Estos dos elementos no son, en general, bastante fuertes los dos juntos para combinarse uno con otro en el mismo sujeto. En m\u00ed\u00ad, por pura casualidad (temperamento, educaci\u00f3n, ambiente&#8230;), al ser favorable la proporci\u00f3n entre ambos, la fusi\u00f3n se ha realizado espont\u00e1neamente, demasiado d\u00e9bil todav\u00ed\u00ada para propagarse de modo explosivo, pero suficiente para establecer que la reacci\u00f3n es posible y que un d\u00ed\u00ada u otro se establecer\u00e1 la cadena\u00bb.<\/p>\n<p>Con estas palabras alud\u00ed\u00ada Teilhard a la alquimia prodigiosa que se hab\u00ed\u00ada realizado en su vida: la uni\u00f3n de su consagraci\u00f3n religiosa -que exig\u00ed\u00ada una adhesi\u00f3n a Dios de toda la inteligencia y de todas las facultades con un amor sin divisiones- y de un amor apasionado a la tierra. En su primera infancia esto hab\u00ed\u00ada revestido a veces el aspecto de una adoraci\u00f3n casi pagana de la tierra; se sent\u00ed\u00ada fascinado por aquella especie de absoluto encerrado en el cosmos material con sus dimensiones y su duraci\u00f3n enormes y con las leyes que dominan el tiempo. M\u00e1s tarde, la m\u00ed\u00adstica de la tierra adopt\u00f3 la forma severa, pero no menos apasionada, del saber organizado en torno a la geolog\u00ed\u00ada y a la paleontolog\u00ed\u00ada. La tarea cient\u00ed\u00adfica le absorbi\u00f3 cada vez m\u00e1s; tom\u00f3 parte en exploraciones destinadas a redactar una p\u00e1gina de la comprensi\u00f3n que el hombre tiene de s\u00ed\u00ad mismo (como el descubrimiento del sin\u00e1ntropo); la colaboraci\u00f3n y la amistad con cient\u00ed\u00adficos de todas las convicciones, situados en la vanguardia del saber y de la investigaci\u00f3n, le dieron a conocer el hechizo que ejerce la ciencia en quienes dedican su vida a su servicio.<\/p>\n<p>Tratando con los hombres de ciencia, Teilhard asimil\u00f3 personalmente la visi\u00f3n antropol\u00f3gica y la instancia \u00e9tica de los cient\u00ed\u00adficos. Sus opciones filos\u00f3fico-religiosas pueden ser diferentes, pero todos ellos coinciden en una visi\u00f3n del hombre a partir del aspecto biol\u00f3gico-gen\u00e9tico de su realidad; es lo que Teilhard llamar\u00e1 en su obra principal \u00abel fen\u00f3meno humano\u00bb. De este inter\u00e9s apasionado por el hombre nace una nueva \u00e9tica. Una vez descubiertas las maravillas ins\u00f3litas de su propia aventura en la tierra, es menester que el hombre se enamore de ella y la defienda de las nuevas amenazas. Porque la aventura misma, desde el punto de vista biol\u00f3gico-ecol\u00f3gico, es fr\u00e1gil. La presencia de los hombres en el planetapuede transformarse en una \u00abepidemia\u00bb de par\u00e1sitos que se difunden en un grado superexponencial, preparando as\u00ed\u00ad su propia destrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los hombres de ciencia se dan cuenta de que la humanidad ha llegado a una encrucijada. La forma singular del esp\u00ed\u00adritu humano, en el que la inteligencia libre y consciente ha superado los instintos gen\u00e9ticamente transmitidos, crea nuevas responsabilidades. La evoluci\u00f3n ha llegado a un punto del que no se puede volver y en el que por primera vez nos acechan amenazas mortales, que podr\u00ed\u00adan abortar el proyecto-hombre, pero que podr\u00ed\u00ada proporcionar tambi\u00e9n los medios para alejarlas. Esto suscita en los cient\u00ed\u00adficos el sentimiento de una urgencia, cuyo aspecto \u00e9tico esencial es el empe\u00f1o en garantizar la evoluci\u00f3n del fen\u00f3meno humano; proyecto prioritario, \u00fanico, central, hacia el que han de tender todas las energ\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>Desde su punto de vista, Teilhard de Chardin traduc\u00ed\u00ada esta urgencia en la necesidad de una nueva espiritualidad. Para \u00e9l, disc\u00ed\u00adpulo de Cristo y mantenido dentro del surco de la tradici\u00f3n eclesial por unas fidelidades muy concretas, a las que jam\u00e1s renunci\u00f3 a pesar de las dificultades y de las tribulaciones, no pod\u00ed\u00ada tratarse m\u00e1s que de espiritualidad cristiana. La fecunda espiritualidad de los cristianos de siempre que, acogiendo la invitaci\u00f3n a la tarea urgente que se deriva de la autocomprensi\u00f3n cient\u00ed\u00adfica del hombre, se demuestra capaz de crear nuevas respuestas a problemas in\u00e9ditos.<\/p>\n<p>Teilhard un\u00ed\u00ada en s\u00ed\u00ad mismo una vida religiosa convencida y una participaci\u00f3n activa en la m\u00e1s terrena de las ciencias de la tierra. La tensi\u00f3n entre estas dos fidelidades se resolvi\u00f3 en su vida en un crecimento de calor espiritual hasta un punto de ignici\u00f3n m\u00ed\u00adstica. Estaba convencido de que el don que hab\u00ed\u00ada recibido supon\u00ed\u00ada una misi\u00f3n. Sent\u00ed\u00ada que ten\u00ed\u00ada una palabra que decir a todos los creyentes que han consagrado su vida a una tarea terrena. La condens\u00f3 en un libro, escrito durante su estancia en China en el invierno 1926-1927, en una pausa del trabajo de exploraci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica. Sab\u00ed\u00ada muy bien que aquel breve ensayo reflejaba la intuici\u00f3n fundamental que inspir\u00f3 toda su vida. En vano intent\u00f3 publicarlo. Aparecido tambi\u00e9n despu\u00e9s de su muerte, El medio divino se ha revelado como un buen compa\u00f1ero de viaje para muchos cristianos abiertos a las voces de la tierra, temerosas de perder su identidad o de quedar disminuidos al permanecer en la l\u00ed\u00adnea del Evangelio. A todos ellos, Teilhard con la comunicaci\u00f3n de su visi\u00f3n interior, quiso \u00abprobarles con una especie de verificaci\u00f3n tangible que esta preocupaci\u00f3n es vana, ya que el cristianismo m\u00e1s tradicional, el del bautismo, el de la cruz y el de la eucarist\u00ed\u00ada, es susceptible de una traducci\u00f3n que reco ja lo mejor de las aspiraciones propias de nuestro tiempo\u00bb. Este prop\u00f3sito podr\u00ed\u00ada hacer pensar en una obra apolog\u00e9tica. Teilhard pretendi\u00f3 m\u00e1s bien trazar las grandes l\u00ed\u00adneas de esa espiritualidad que le era propia, confi\u00e1ndole la tarea de disipar los temores de los cristianos que ven su compromiso terreno en conflicto con el seguimiento de Cristo.<\/p>\n<p>El libro est\u00e1 dedicado \u00aba los que aman el mundo\u00bb. La expresi\u00f3n resulta por lo menos sorprendente, si pensamos en las afirmaciones evang\u00e9licas que declaran inconciliables el seguimiento de Cristo y el apego al mundo y, sobre todo, en una tradici\u00f3n asc\u00e9tica que, con la Imitaci\u00f3n de Cristo en cabeza, predica el desprendimiento, la mortificaci\u00f3n y la renuncia. Pero en su dedicatoria Teilhard no se dirige a los que se abandonan a un vitalismo que canoniza todas las pasiones que brotan de los oscuros rincones de la naturaleza. Sus interlocutores son m\u00e1s bien aquellos que viven, seg\u00fan otra frase suya, \u00abentregados a las fuerzas positivas del mundo\u00bb, como \u00e9l mismo vivi\u00f3.<\/p>\n<p>El amor al mundo de que se trata no es el amor contemplativo. Los creyentes han afirmado desde siempre que ve\u00ed\u00adan a Dios escondido y oculto en el mundo. Aqu\u00ed\u00ad se trata m\u00e1s bien del amor de quienes no persiguen la contemplaci\u00f3n pura, sino el dominio de la naturaleza y de sus fuerzas, a fin de garantizar un porvenir al fen\u00f3meno humano. Es absolutamente cierto que las actividades humanas est\u00e1n ligadas a la pasividad; incluso cuando actuamos con la mayor espontaneidad y vigor, nos vemos en parte dirigidos por las cosas que creemos dominar. Nos recibimos mucho m\u00e1s a\u00fan que nos hacemos. Estas pasividades tienen tambi\u00e9n su sentido para el crecimiento humano. Constituyen una de las dos manos con que Dios nos abraza. El cristiano lo sabe; lo ha aprendido de la fecundidad de la cruz de Cristo; lo ha o\u00ed\u00addo repetir sin descanso a la asc\u00e9tica tradicional. Sin embargo, Teilhard considera que hoy es necesario hablar al cristiano sobre todo de la otramano de Dios, la de la acci\u00f3n. Con la ayuda de la acci\u00f3n y a trav\u00e9s de la extensi\u00f3n total de la misma, lo divino intenta entrar en nuestra vida. En la acci\u00f3n nos adherimos a la potencia creadora de Dios; nos hacemos, m\u00e1s bien que un instrumento, su prolongaci\u00f3n viva. De este modo el esfuerzo humano queda divinizado. El trabajo humano, cualquier obra profana dirigida a humanizar la tierra, es una colaboraci\u00f3n con Dios, que construye el cuerpo de su Hijo a trav\u00e9s del curso de la historia. \u00abEn virtud de la creaci\u00f3n, y m\u00e1s a\u00fan de la encarnaci\u00f3n, no hay nada profano aqu\u00ed\u00ad abajo para el que sabe ver\u00bb. La santificaci\u00f3n del esfuerzo humano lleva a Teilhard a pensar en una forma de santidad que consiste en realizar en el mundo la tarea exacta a la que uno est\u00e1 destinado. \u00abVemos en la Iglesia toda una clase de comunidades cuyos miembros se dedican a la pr\u00e1ctica perfecta de tal o cual virtud particular: la misericordia, el desprendimiento, el esplendor de los ritos, las misiones, la contemplaci\u00f3n. \u00bfPor qu\u00e9 no va a haber tambi\u00e9n hombres dedicados a la tarea de dar con su vida el ejemplo de la santificaci\u00f3n general del esfuerzo humano?: \u00bfhombres cuyo ideal religioso com\u00fan sea el de ofrecer su plena explicitaci\u00f3n consciente a las posibilidades o exigencias divinas que encierra cualquier ocupaci\u00f3n terrena?\u00bb.<\/p>\n<p>Si en el pensamiento de Teilhard hab\u00ed\u00ada alg\u00fan matiz apolog\u00e9tico, se trata de esa apolog\u00e9tica leg\u00ed\u00adtima que consiste en tener tina respuesta para cuantos nos pidan una \u00abraz\u00f3n de la esperanza que hay en nosotros\u00bb (cf 1 Pe 3,15). El consideraba que una aceptaci\u00f3n sincera y cordial de la acci\u00f3n refutaba la gran objeci\u00f3n de nuestro tiempo contra el cristianismo, es decir, la sospecha de que esta religi\u00f3n hace a sus fieles \u00abinhumanos\u00bb, llev\u00e1ndoles no por encima de la humanidad, sino fuera de ella. Como cient\u00ed\u00adfico y creyente defiende al cristianismo de la acusaci\u00f3n de que no cree en el esfuerzo humano. Los cristianos no est\u00e1n cansados del g\u00e9nero humano; para ellos, como para cualquier otro hombre, es una cuesti\u00f3n de vida o muerte el que la tierra pueda lograrse, incluso en sus fuerzas m\u00e1s naturales; para ellos, el \u00e9xito del \u00abfen\u00f3meno humano\u00bb significa incluso la coronaci\u00f3n de la obra de Dios. Teilhard puede decir con la credibilidad que deduce de la s\u00ed\u00adntesis realizada con su misma vida, a cuantos aman la tierra: \u00abEn nombre de nuestra fe tenemos el derecho y el deber de apasionarnos por las cosas de la tierra\u00bb.<\/p>\n<p>El cristiano tal como \u00e9l lo ve es, al mismo tiempo, el m\u00e1s apegado y el m\u00e1s despegado de los hombres. Convencido, m\u00e1s que cualquier otro \u00abmundano\u00bb, del valor y del inter\u00e9s insondables escondidos bajo los logros terrenos, no busca, sin embargo, m\u00e1s que a Dios, s\u00f3lo a Dios, a trav\u00e9s de la realidad de las criaturas.<\/p>\n<p>La humanidad est\u00e1 atravesando una crisis de crecimiento. Va tomando oscuramente conciencia de lo que le falta. La fe pone en labios de Teilhard el nombre del astro que el mundo espera: no puede ser otro m\u00e1s que el Cristo en quien esperamos. Sin embargo, la fe no le hizo abandonar la consideraci\u00f3n del fen\u00f3meno humano desde el punto de vista de su hacerse, como evoluci\u00f3n que. una vez atravesado el umbral de la humanizaci\u00f3n, se administra a s\u00ed\u00ad misma. El crey\u00f3 que ten\u00ed\u00ada una palabra que decir a los creyentes en Cristo de nuestra \u00e9poca: la invitaci\u00f3n a esperar abriendo sus dos brazos al mundo, el brazo de la acci\u00f3n y el de la contemplaci\u00f3n: su abrazo no estrechar\u00e1 el vac\u00ed\u00ado, sino que se encontrar\u00e1 con el abrazo con que Dios atrae hacia s\u00ed\u00ad a su creaci\u00f3n, que se va haciendo.<\/p>\n<p>7. DIETRICH BONHOEFFER: SER CRISTIANO EN UN MUNDO ADULTO &#8211; Un te\u00f3logo t\u00ed\u00admido y aristocr\u00e1tico. Durante su vida fue conocido en el c\u00ed\u00adrculo estrecho de los acad\u00e9micos y de los hombres de iglesia. Muri\u00f3 joven, a los treinta y nueve a\u00f1os, ajusticiado por haber intentado oponerse al r\u00e9gimen nazi asoci\u00e1ndose a algunas otras conciencias libres. Durante su vida public\u00f3 algunos libros, apreciados por los especialistas en teolog\u00ed\u00ada. Pero fue un libro particular el que le hizo c\u00e9lebre. Publicado pocos a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, recog\u00ed\u00ada las cartas con que desde la c\u00e1rcel procuraba comunicar a un amigo los pensamientos que le ocupaban en el ocaso de su vida terrena (abril 1945). El libro se titulaba Resistencia y sumisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Una de las razones de la fascinaci\u00f3n del pensamiento de Bonhoeffer ha de buscarse en las f\u00f3rmulas incisivas con que expresaba sus intuiciones. Nada de elaboraciones sistem\u00e1ticas, sino unas breves r\u00e1fagas de pensamiento proyectadas hacia el futuro. \u00bfVisiones prof\u00e9ticas o alucinaciones? Cual en una estatua incompleta de Miguel Angel, las formas esbozadas apenas destacan de la masa, como bajo la amenaza constante de volver a caer en lo informe.<\/p>\n<p>La preocupaci\u00f3n constante de Bonhoeffer en los \u00faltimos meses de su vida de prisionero era el porvenir de la fe cristiana en un mundo que en todos los campos del saber y de la acci\u00f3n se hab\u00ed\u00ada emancipado de la religi\u00f3n. Su punto de partida era la observaci\u00f3n de que Dios se ve cada vez m\u00e1s excluido de los dominios de un mundo que se ha hecho adulto, al igual que de nuestra vida y de nuestro conocimiento; el hombre ha aprendido a arregl\u00e1rselas \u00e9l solo en todas las cuestiones importantes sin recurrir a la \u00abhip\u00f3tesis de trabajo: Dios\u00bb. Esta actitud de autonom\u00ed\u00ada se presenta con caracteres de estabilidad. No se trata de una crisis pasajera de nuestra civilizaci\u00f3n; Bonhoeffer la diagnostica como el punto de llegada de un proceso secular que ha llevado sucesivamente al mundo moderno a bastarse a si mismo en la ciencia, en la vida social y pol\u00ed\u00adtica, en el arte, en la filosof\u00ed\u00ada y en la moral.<\/p>\n<p>Esta evoluci\u00f3n se interpreta a s\u00ed\u00ad misma como anticristiana. En el te\u00f3logo encarcelado se enciende, por el contrario, una intuici\u00f3n y una esperanza que suenan a desaf\u00ed\u00ado, a saber: que dicha evoluci\u00f3n del mundo hacia su mayor\u00ed\u00ada de edad desbroza el terreno de una falsa visi\u00f3n de Dios y abre el camino hacia el Dios de la Biblia. Este no es el Dios de los fil\u00f3sofos, que se impone a la raz\u00f3n como el omnipotente, sino el Dios de Jesucristo. que adquiere poder y espacio en el mundo por medio de su impotencia. En unos apuntes casi taquigr\u00e1ficos para un futuro ensayo teol\u00f3gico escrib\u00ed\u00ada: \u00ab\u00bfQui\u00e9n es Dios? No, en primer lugar, una fe gen\u00e9rica en Dios, en la omnipotencia de Dios y cosas semejantes. Esta no es aut\u00e9ntica experiencia de Dios, sino un trozo de mundo prolongado. Encuentro con Jesucristo. Tomar conciencia de que aqu\u00ed\u00ad ha tenido lugar una inversi\u00f3n de todo ser humano, que Jes\u00fas `existe s\u00f3lo para los dem\u00e1s&#8217; \u00ab. Y en una carta a su amigo: \u00abLa conquista de la mayor\u00ed\u00ada de edad nos lleva a un verdadero reconocimiento de nuestra situaci\u00f3n delante de Dios. Dios nos hace saber que hemos de vivir como hombres que se las arreglan sin Dios. El Dios que est\u00e1 con nosotros es el Dios que nos abandona (Mc 15,34). El Dios que nos hace vivir en el mundo sin la hip\u00f3tesis de trabajo Dios, es el Dios ante cuya presencia estamos en cada momento. Con Dios y en presencia de Dios vivimos sin Dios. Dios se deja arrojar del mundo, Dios es impotente y d\u00e9bil en el mundo y as\u00ed\u00ad y solamente as\u00ed\u00ad permanece con nosotros y nos ayuda\u00bb.<\/p>\n<p>La moda de la secularizaci\u00f3n se apoder\u00f3 de Bonhoeffer y lo convirti\u00f3 en su profeta. Algunos llegaron a ver en \u00e9l un precursor de ese momento patol\u00f3gico del pensamiento teol\u00f3gico conocido con el nombre de \u00abteolog\u00ed\u00ada de la muerte de Dios\u00bb. El estado fragmentario del proyecto teol\u00f3gico de Bonhoeffer explica la manipulaci\u00f3n a que se ha sometido su pensamiento. Pero los cr\u00ed\u00adticos podr\u00ed\u00adan haberse ahorrado la peregrinaci\u00f3n por callejones sin salida, si hubieran tenido en cuenta que lo que Bonhoeffer ten\u00ed\u00ada que comunicar, antes que un extracto del pensamiento, era un libro escrito con su propia vida. En \u00e9l el pensador era una sola cosa con el creyente; su misma vida es la mejor ex\u00e9gesis de su pensamiento; su pensamiento es parte esencial de su teolog\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Con su vida, el pastor y te\u00f3logo Bonhoeffer habl\u00f3 de Dios como en sus libros y mejor que en ellos. Un oficial ingl\u00e9s que lo conoci\u00f3 en el campo de concentraci\u00f3n de Buchenwald dio de \u00e9l este testimonio: \u00abBonhoeffer era todo dulzura y humildad; parec\u00ed\u00ada como si difundiera siempre una atm\u00f3sfera de felicidad, de gozo, a prop\u00f3sito de los m\u00e1s peque\u00f1os acontecimientos de la vida, as\u00ed\u00ad como de profunda gratitud por el simple hecho de estar vivo. Fue uno de los poqu\u00ed\u00adsimos hombres que he conocido para los que Dios era una realidad, y siempre cercana\u00bb.<\/p>\n<p>Lo que vio desde fuera este observador concuerda con las afirmaciones de Bonhoeffer que encontramos en sus escritos. De \u00e9stos se deduce que el objetivo que buscaba con su proyecto no era la rendici\u00f3n del cristianismo ante el mundo -ni siquiera esa especie de rendici\u00f3n honrosa en que pensaron los te\u00f3logos de la secularizaci\u00f3n, para la que el honor de las armas lo constitu\u00ed\u00ada el reconocimiento de que la existencia secular es en \u00faltimo an\u00e1lisis un producto del propio cristianismo-. El hombre en el que pensaba no era el hombre unidimensional, que resulta de la exclusi\u00f3n de Dios de la existencia terrena, sino un hombre de muchas dimensiones sinf\u00f3nicamente armonizadas. Lo expresaba en una carta escrita en uno de los intervalos que le dejaban los bombardeos que sacud\u00ed\u00adan la prisi\u00f3n: \u00abAqu\u00ed\u00ad observo una y otra vez que son pocos los hombres capaces de albergar en s\u00ed\u00ad muchos sentimientos a la vez. Cuando llega la aviaci\u00f3n, son s\u00f3lo miedo; si hay algo bueno de comer, son s\u00f3lo voracidad; si no se satisface uno de sus deseos, son s\u00f3lo desesperaci\u00f3n; si algo les sale bien, ya no ven nada m\u00e1s. Pasan de largo ante la plenitud de la vida y la integridad de su existencia personal sin encontrarla jam\u00e1s. La realidad, tanto interior como exterior, se les desintegra en fragmentos. Al rev\u00e9s de semejante actitud, el cristianismo nos sit\u00faa simult\u00e1neamente en muchas dimensiones distintas de la vida; albergamos en nosotros, por decirlo as\u00ed\u00ad, a Dios y al mundo entero&#8230; Es preciso arrancar a la gente de su modo de pensar rectil\u00ed\u00adneo -en cierto sentido a manera de `preparaci\u00f3n&#8217; o `posibilitamiento&#8217; de la fe-, a pesar de que en realidad s\u00f3lo es la fe misma la que hace posible la pluridimensionalidad de la vida y la que nos permite celebrar esta pascua de Pentecost\u00e9s a pesar de las alarmas\u00bb.<\/p>\n<p>La causa a la que deseaba servir Bonhoeffer era la de la polifon\u00ed\u00ada de la existencia. Su proyecto no era desterrar a Dios para darle a la vida del hombre su densidad terrena. Entre el amor de Dios y el amor humano -seg\u00fan otra imagen suya- existe la misma relaci\u00f3n que entre un cantus firmus y las dem\u00e1s voces que forman el contrapunto. El amor terreno es uno de esos temas de contrapunto, totalmente aut\u00f3nomos y, sin embargo, relacionados con el cantus firmus; con ello el amor de Dios no queda debilitado ni perjudicado, sino m\u00e1s bien enriquecido. Lo mismo sucede con todas las voces restantes de la vida. Fue en el seguimiento de Jes\u00fas donde aprendi\u00f3 a apreciar las realidades humanas sin considerarlas en competencia con Dios: \u00abNo cabe duda de que Jes\u00fas se preocup\u00f3 de los que exist\u00ed\u00adan al margen de la sociedad humana, de las prostitutas, de los publicanos; pero no s\u00f3lo de \u00e9sos, ya que quer\u00ed\u00ada cuidarse de la humanidad en general. Jes\u00fas no puso nunca en discusi\u00f3n la salud, la fuerza, la felicidad de un hombre por s\u00ed\u00ad mismas, no las consider\u00f3 nunca como un fruto podrido; de lo contrario, \u00bfhabr\u00ed\u00ada devuelto la salud a los enfermos y la fuerza a los d\u00e9biles? Jes\u00fas postula para s\u00ed\u00ad y para el reino de Dios a toda la vida humana en todas sus manifestaciones\u00bb.<\/p>\n<p>El proyecto cristiano que Bonhoeffer buscaba, que vivi\u00f3 \u00e9l primero y que luego pens\u00f3 en tematizar, se basa en la experiencia m\u00ed\u00adstica de Dios como Se\u00f1orde toda la vida; no es reductivo, sino totalizante. Por eso se opuso dr\u00e1sticamente a toda forma de cristianismo que, poniendo buena cara al alejamiento de Dios del mundo y de la esfera p\u00fablica de la vida humana, se contenta con reservarle todav\u00ed\u00ada un puesto en la esfera de lo \u00abpersonal\u00bb, de lo \u00abintimo\u00bb, de lo \u00abprivado\u00bb. Es una concepci\u00f3n de Dios que \u00e9l califica agudamente como \u00abDios-tapa-agujeros\u00bb. Atribuye su responsabilidad a la \u00abreligi\u00f3n\u00bb; por eso su proyecto teol\u00f3gico suele designarse como \u00abcristianismo arreligioso\u00bb. Para evitar equ\u00ed\u00advocos, ser\u00ed\u00ada preferible usar otra terminolog\u00ed\u00ada. En efecto, la actitud que Bonhoeffer reprocha a la \u00abreligi\u00f3n\u00bb es, en realidad, la actitud propia de la apolog\u00e9tica; \u00e9l intentaba promover una actitud religiosa aut\u00e9ntica, sin las ambig\u00fcedades de la apolog\u00e9tica. De todas formas, est\u00e1 claro que Bonhoeffer reivindica para Dios el \u00abcoraz\u00f3n\u00bb del hombre, que en sentido b\u00ed\u00adblico no es su interioridad, sino el hombre entero, tal como se encuentra delante de Dios. \u00abYo pretendo -exclamaba con un \u00e9nfasis en el que vibra todo el vigor de su b\u00fasqueda espiritual- que no se meta a Dios de contrabando por alg\u00fan secreto y \u00faltimo rinc\u00f3n, que se tome simplemente en cuenta la mayor\u00ed\u00ada de edad del mundo y del hombre, que no se &#8216;recorte&#8217; al hombre en su mundanidad, sino que se le ponga frente a Dios en sus posiciones m\u00e1s fuertes&#8230; La palabra de Dios no se al\u00ed\u00ada con la rebeli\u00f3n de la desconfianza, con la revuelta desde abajo: la palabra de Dios reina\u00bb.<\/p>\n<p>Bonhoeffer no se rindi\u00f3 ante la inmanencia del hombre moderno, como tampoco se rindi\u00f3 ante el r\u00e9gimen totalitario del nazismo. Su fe en Dios, su experiencia de Dios eran tan soberanas que se sent\u00ed\u00ada autorizado a aceptar el desaf\u00ed\u00ado: \u00abEl mundo mayor de edad est\u00e1 sin Dios, y quiz\u00e1 por eso precisamente est\u00e1 m\u00e1s cerca de Dios que el mundo que no se ha hecho adulto todav\u00ed\u00ada\u00bb. Su experiencia m\u00ed\u00adstica le hace exigir para Dios el centro, sin comprometer por ello la densidad de las realidades humanas; su seguimiento de Jes\u00fas le muestra c\u00f3mo se realiza la s\u00ed\u00adntesis: en el vivir para los dem\u00e1s. Esta es, en efecto, la definici\u00f3n que \u00e9l prefer\u00ed\u00ada de Cristo: \u00abEl hombre-para-los-dem\u00e1s\u00bb. La relaci\u00f3n que puede tener con Dios el hombre de la \u00e9poca secular, y, por tanto, su experiencia espec\u00ed\u00adfica de lo trascendente, consiste en esa nueva vida que nace del \u00abexistir-para-los-dem\u00e1s\u00bb. El cristiano lo ha aprendido de Jes\u00fas, modelo \u00fanico incluso del cristiano \u00abadulto\u00bb.<\/p>\n<p>En una carta escrita con ocasi\u00f3n del bautizo de un sobrino, para quien asum\u00ed\u00ada la responsabilidad de padrino, Dietrich dejaba en herencia a su ahijado el resumen de su propia experiencia evang\u00e9lica. Le confiaba que estaba convencido de que nuestro ser de cristianos se reduce hoy a dos cosas: \u00abRezar y trabajar entre los hombres seg\u00fan justicia\u00bb. El renunciaba a la palabra; y pronto la violencia de una dictadura terrena se la quitar\u00ed\u00ada para siempre. Dejaba a su propia vida, empapada de oraci\u00f3n y de obras de justicia, la tarea de hablar del Evangelio; no como el arque\u00f3logo habla del pasado, sino como el artista interpreta creativamente un modelo.<\/p>\n<p>S. Spinsanti<br \/>\n8. MONSE\u00ed\u2018OR ROMERO: LA DEFENSA DE LOS HUMILDES &#8211; Monse\u00f1or Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de El Salvador, salvajemente asesinado el d\u00ed\u00ada 24 de marzo de 1980, puede ser un s\u00ed\u00admbolo tr\u00e1gico de la triste realidad de muchos pueblos subdesarrollados, cuya defensa se cobra v\u00ed\u00adctimas inocentes. Modelo de valores humanos y espirituales en un mundo contradictorio. Se habla como nunca de la justicia social, pero nunca ha habido en el mundo tantas diferencias entre las oligarqu\u00ed\u00adas del poder econ\u00f3mico, los millonarios y los deshereda-dos, que viven en la miseria, hacinados en la periferia de las grandes urbes. Hoy las diferencias son m\u00e1s clamorosas porque es mayor la riqueza potencial y real de las naciones y deber\u00ed\u00ada estar mejor repartida. Adem\u00e1s, el mundo se con-mueve ante las grandes cat\u00e1strofes y siniestros que suceden con frecuencia y se siente solidario con los damnificados, y, al mismo tiempo, permite, insolidario, las graves injusticias de los derechos humanos conculcados. Finalmente, existen grandes instituciones internacionales que defienden la dignidad de la persona humana y, de hecho, muchos viven en un \u00abstatus\u00bb social infrahumano, en el subdesarrollo m\u00faltiple: cultural, social, pol\u00ed\u00adtico, econ\u00f3mico, religioso, etc.<\/p>\n<p>Por lo que se refiere a Am\u00e9rica Latina, donde con m\u00e1s vigor se oy\u00f3 la voz de monse\u00f1or Romero, all\u00ed\u00ad ha nacido una corriente de pensamiento, la teolog\u00ed\u00ada de la liberaci\u00f3n [-Liberaci\u00f3n], que quiere interpretar los acontecimientos sociales desde la revelaci\u00f3n y solucionar la injusticia integral con los postulados de la fe cristiana. En esa misma tierra se desarrollaron dos conferencias generales del Episcopado latinoamericano para concienciar a los cristianos de la gravedad de los problemas y buscar soluciones comunes, una en Medell\u00ed\u00adn (Colombia) en 1969 y otra en Puebla (M\u00e9xico) en 1979.<\/p>\n<p>En este clima enrarecido y plural de Am\u00e9rica Latina, latifundio de pocos millonarios explotadores y prisi\u00f3n e infierno de la inmensa mayor\u00ed\u00ada de los pobres, reson\u00f3 durante a\u00f1os la voz cr\u00ed\u00adtica del arzobispo Romero, profeta y m\u00e1rtir de su Iglesia y de su pueblo. Cuatro facetas configuran la imagen mod\u00e9lica del arzobispo:<\/p>\n<p>a) Testigo de unos hechos. Como pastor de su pueblo salvadore\u00f1o, observa de cerca la realidad, analiza los hechos. Es un testigo cualificado por la atalaya excepcional de su cargo, por las informaciones directas que le llegan de muchas partes. Analiza los pecados de injusticia: la opresi\u00f3n del pueblo y la represi\u00f3n que llevan a cabo las oligarqu\u00ed\u00adas del poder militar o econ\u00f3mico; las muertes, las torturas, las desapariciones de ciudadanos, la corrupci\u00f3n en la administraci\u00f3n de justicia y en los me-dios de comunicaci\u00f3n social. Observa y juzga tambi\u00e9n la injusticia de las estructuras de pecado que favorecen la opresi\u00f3n y la represi\u00f3n, el \u00abstatus\u00bb social del pueblo, que vive en condiciones infrahumanas.<\/p>\n<p>b) Protagonista de los hechos. Compromiso con el pueblo. No basta ser observador de una situaci\u00f3n injusta para ser h\u00e9roe, modelo de valores humanos y espirituales; hay que sufrirla, ser protagonista. Ser pastor es estar con el pueblo, correr todos los riesgos. Alguna vez quisieron privilegiarle con la protecci\u00f3n del poder militar, pero \u00e9l la rechaz\u00f3, porque quer\u00ed\u00ada seguir la suerte de su pueblo. Es testigo en el mejor sentido de la palabra, no como los periodistas o los te\u00f3logos desde una mesa de trabajo o en el laboratorio de las ideas, donde se construyen los sistemas de pensamiento.<\/p>\n<p>c) Profeta en medio del pueblo. El pueblo sufre la injusticia, pero no puede protestar sino con la violencia armada o el silencio esperanzado. Monse\u00f1or Romero ten\u00ed\u00ada una c\u00e1tedra de papel en su oficina y otra en la catedral. Aprovech\u00f3 estos medios como pastor de su pueblo, prestando su voz a los que no tienen voz, comprometi\u00e9ndose con ellos. Hablaba de Dios, pero m\u00e1s de parte de Dios, como los antiguos profetas de Israel: Am\u00f3s, Isa\u00ed\u00adas, Jerem\u00ed\u00adas o Ezequiel; como los antiguos Padres de la Iglesia. Su protesta prof\u00e9tica se dirigi\u00f3 casi con exclusividad contra las injusticias sociales que sufr\u00ed\u00ada su pueblo. Era lo m\u00e1s urgente, porque los hechos clamaban al cielo. Pero no era un agitador pol\u00ed\u00adtico como muchos de su entorno, sino te\u00f3logo y profeta, que interpretaba la realidad social, las injusticias, desde la revelaci\u00f3n y la fe para crear una sociedad nueva. Su voz era de gran transparencia evang\u00e9lica, como la del pastor cristiano, imposible de confundir con la voz de los pastores mercenarios. Sin embargo, usaba el lenguaje com\u00fan de otras voces revolucionarias, que tambi\u00e9n predican la liberaci\u00f3n del pueblo desde la utop\u00ed\u00ada marxista, con acentos materialistas y desde el desclasamiento social. Es el riesgo de luchar en la frontera. Por eso su voz ha confundido a algunos int\u00e9rpretes y observadores lejanos, no comprometidos, que lo tienen como mero revolucionario social, subvertidor del orden establecido.<\/p>\n<p>Su voz se hizo prof\u00e9tica contra la opresi\u00f3n del pueblo, alienado por los poderosos de sus derechos humanos m\u00e1s elementales; contra la represi\u00f3n organizada desde el poder civil y militar para seguir manteniendo la opresi\u00f3n y quitar al oprimido toda posibilidad de protesta. Desenmascar\u00f3 a los culpables con sus propios nombres, a los dirigentes del poder econ\u00f3mico, militar y judicial, a los colaboradores en los medios de comunicaci\u00f3n social. Tambi\u00e9n clam\u00f3 contra los pecados del pueblo, contra la violencia organizada, que engendra m\u00e1s violencia, porque la sangre no es buena simiente de paz; contra la conculcaci\u00f3n de los derechos de Dios.<\/p>\n<p>d) M\u00e1rtir. Por su protesta prof\u00e9tica fue abatido ante el altar donde celebraba la Eucarist\u00ed\u00ada, el m\u00e1ximo s\u00ed\u00admbolo del perd\u00f3n, la concordia y la paz. Por eso all\u00ed\u00ad, en el altar mayor de la catedral de El Salvador, se cometi\u00f3 la m\u00e1xima violencia. Otra vez asesinato en la catedral. Como escribi\u00f3 el obispo poeta Pedro Casald\u00e1liga:<\/p>\n<p>\u00abT\u00fa ofrec\u00ed\u00adas el Pan,<br \/>\nel Cuerpo vivo,<br \/>\nel triturado cuerpo de tu pueblo&#8230;<\/p>\n<p>y el Verbo se hizo muerte<br \/>\notra vez en tu muerte.<\/p>\n<p>Como se hace muerte, cada d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>en la carne desnuda de tu pueblo\u00bb.<\/p>\n<p>Muchos pobres de su pueblo le han canonizado en su coraz\u00f3n hasta que llegue el veredicto de Roma, despu\u00e9s de un largo y complicado proceso can\u00f3nico. El pueblo intuye santidad, mientras que los letrados necesitan pruebas, raciocinios, mucho tiempo y dinero. Pocas veces los pobres son canonizados.<\/p>\n<p>Fue m\u00e1rtir porque muri\u00f3 violentamente por predicar la justicia, por defender a los indefensos, por prestar su voz a los que no ten\u00ed\u00adan voz; por crear una Iglesia y una sociedad para los pobres. De ellos es el reino de los cielos. Por gritar la verdad de la justicia a los poderosos de este mundo. Por hacer la paz. Por eso es ya bienaventurado. Perdura m\u00e1s all\u00e1 de la muerte. Su sacrificio puede ser semilla de liberaci\u00f3n para los pueblos de Am\u00e9rica, que ya tienen, adem\u00e1s de un modelo, un m\u00e1rtir, que significa un alto protector. La muerte violenta fue su \u00faltima homil\u00ed\u00ada, como dijo otra vez el obispo poeta Casald\u00e1liga. Fue la m\u00e1s elocuente predicaci\u00f3n enmudecida, la que no puede apagar el odio ni el poder, ni siquiera el trepidar de las ametralladoras. Al morir se encarn\u00f3 en su pueblo. El, que present\u00ed\u00ada la muerte porque ante las amenazas no quiso protecci\u00f3n policial, lo ha dicho de la mejor manera en que se puede decir: \u00abSi me matan, resucitar\u00e9 en el pueblo salvadore\u00f1o\u00bb.<\/p>\n<p>D. De Pablo Maroto<br \/>\nBIBL.-AA. VV., Modelos de santidad, en \u00abConcilium\u00bb, 149 (1979).-AA. VV., Cristianismo ysocialismo, en \u00abConcilium\u00bb, 125 (1977).-AA. VV., Mujeres del s. XX, en \u00abRev. de Espiritualidad\u00bb, 148 (1978).-Auclair, M, La vida de santa Teresa de Jes\u00fas, Ed. Palabra, Madrid 1982.-Bethge, E, Dietrich Bonhoeffer. Te\u00f3logo, cristiano, hombre actual, Mensajero, Bilbao 1970.-Boff, L, San Francisco de As\u00ed\u00ads. Ternura y vigor, Sal Terrae, Santander 1982.-C\u00e1mara, H, \u00bfQui\u00e9n soy yo? Autocr\u00ed\u00adtica, Atenas, Madrid 1978.-Carpi, P, Las profec\u00ed\u00adas del Papa Juan XXIII, Roca, Barcelona 1977.-Delbr\u00e9l, M, Nosotros, gente de la calle, Estela, Barcelona 1971.-Efr\u00e9n de la M. de Dios-O. Stegginck, Tiempo y vida de santa Teresa, Ed. Cat\u00f3lica. Madrid 1977\u00c2\u00b0.-Gerbeau, H, Martin Luther King, Atenas, Madrid 1979.-Gonz\u00e1lez Balado, J. L. La alegr\u00ed\u00ada de darse a los dem\u00e1s, Paulinas, Madrid 1981&#8242;.-Gonz\u00e1lez Ruiz, J. M, Los santos que nunca ser\u00e1n canonizados, Planeta, Barcelona 1979.-Hornman, W, El obispo rojo (Helder C\u00e1mara), S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972-Larra\u00f1aga, 1, El hermano de As\u00ed\u00ads, Paulinas, Madrid 1980.-Lobato, A, La pregunta por la mujer, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1976.-Muggeridge, M, Madre Teresa de Calcuta, Sigueme, Salamanca 1977.-Sobrino, J, Monse\u00f1or Romero, verdadero profeta, Descl\u00e9e, Bilbao 1981.-Teresia a Matre Dei, Edith Stein: en busca de Dios, Verbo Divino, Estella 1974.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Funci\u00f3n del modelo en el proyecto espiritual del cristiano: 1. El uso de modelos en la cultura contempor\u00e1nea: a) Epistemolog\u00ed\u00ada y modelos, b) Etica y modelos, c) Psicosociologia del modelo heroico; 2. Hacia una teolog\u00ed\u00ada de la vida: a) La atenci\u00f3n a la vivencia hist\u00f3rica, b) Biograf\u00ed\u00ada como teolog\u00ed\u00ada &#8211; II. Modelos espirituales: &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/modelos-espirituales\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMODELOS ESPIRITUALES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17097","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17097","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17097"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17097\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17097"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17097"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17097"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}