{"id":17103,"date":"2016-02-05T11:08:19","date_gmt":"2016-02-05T16:08:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/padre-espiritual\/"},"modified":"2016-02-05T11:08:19","modified_gmt":"2016-02-05T16:08:19","slug":"padre-espiritual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/padre-espiritual\/","title":{"rendered":"PADRE ESPIRITUAL"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El padre espiritual hoy &#8211; II. La direcci\u00f3n espiritual en la experiencia t\u00ed\u00adpicamente humana: 1. Hombres-gu\u00ed\u00ada en la sabidur\u00ed\u00ada antigua; 2. El padre espiritual en el cristianismo oriental &#8211; lll. Nuevos aspectos del padre espiritual: 1. La direcci\u00f3n espiritual en el pensamiento de los Padres y de los santos; 2. La direcci\u00f3n espiritual en el pasado m\u00e1s reciente &#8211; IV. Fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y del magisterio de la Iglesia: 1. Fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la direcci\u00f3n espiritual; 2. Los documentos del magisterio &#8211; V. Exigencias actuales de los creyentes y crisis de la direcci\u00f3n espiritual: 1. La evoluci\u00f3n m\u00e1s importante de la persona del padre espiritual; 2. El hombre en crisis y la llamada a la seguridad &#8211; VI. El padre espiritual como nueva creaci\u00f3n pastoral: 1. La direcci\u00f3n espiritual y la crisis de paternidad; 2. Nueva imagen del \u00abpadre\u00bb en la realidad humana actual; 3. Nueva imagen del \u00abpadre\u00bb en la nueva realidad eclesial; 4. Lo \u00abespec\u00ed\u00adfico\u00bb del padre espiritual &#8211; VII. El padre espiritual y las ciencias del hombre: 1. El padre espiritual y la no-directividad; 2. El padre espiritual y las t\u00e9cnicas psico-diagn\u00f3sticas; 3. El padre espiritual y la psicoterapia; 4. El padre espiritual y la acci\u00f3n educativa &#8211; VIII. Formas y espacios de acci\u00f3n del padre espiritual: 1. El padre espiritual en el grupo; 2. El coloquio espiritual como forma eminente de direcci\u00f3n; 3. La propuesta de metas de perfecci\u00f3n y de valores cristianos; 4. El padre espiritual laico para laicos; 5. El padre espiritual de las religiosas: 6. La direcci\u00f3n espiritual por correspondencia; 7. Extralimitaciones y defectos en la direcci\u00f3n espiritual; 8. Anomal\u00ed\u00adas y situaciones especiales &#8211; IX. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>I. El padre espiritual hoy<br \/>\nHoy vuelve a hablarse de la direcci\u00f3n espiritual despu\u00e9s de un per\u00ed\u00adodo de desvalorizaci\u00f3n y de abandono debido a m\u00faltiples causas. Se habla de ella no s\u00f3lo a nivel de operatividad, sino por los v\u00ed\u00adnculos que tiene con la teolog\u00ed\u00ada, y en especial con las ciencias humanas; por su posici\u00f3n en el nuevo florecimiento de la espiritualidad eclesial; por el papel que asume en las recientes fundaciones de la vida consagrada, incluso en la laicidad o secularidad [>Institutos seculares]: por un cierto reajuste que exige en la formaci\u00f3n de la persona en cuanto hombre y cristiano. Por tanto, no se trata de exhumar una estructura espiritual que tuvo \u00e9pocas espl\u00e9ndidas. sino m\u00e1s bien de redescubrir un servicio que la Iglesia ofreci\u00f3 durante siglos enteros al hombre en su camino de fe, en la consecuci\u00f3n de su identidad cristiana, en su aspiraci\u00f3n a todas las posibles formas de santidad permitidas a los diversos grupos de la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>La direcci\u00f3n espiritual, que recibi\u00f3 diversas denominaciones en su historia, hunde, efectivamente, sus ra\u00ed\u00adces en el suelo de la experiencia humana, de forma que parece una exigencia para todos los hombres de buena voluntad que han comprendido la funci\u00f3n y el servicio de una persona que sepa asociar a la competencia en los problemas espirituales la capacidad de comunicarse con otras personas, de intuir y leer las situaciones interiores, a veces oscuras para los mismos sujetos que se le conf\u00ed\u00adan. Como ejercicio de \u00ableer\u00bb en el secreto de los corazones y como posibilidad de dar consejos adecuados a las peculiares condiciones del individuo, la direcci\u00f3n espiritual tiene en cierto sentido su origen en las \u00abescuelas\u00bb de pensadores, en las primitivas comunidades asc\u00e9ticas, en la vida de los primeros cristianos, en la ense\u00f1anza de los ap\u00f3stoles, hasta nuestro tiempo en que destac\u00f3, junto con la pr\u00e1ctica sacramental y con la oraci\u00f3n, casi como una condici\u00f3n necesaria para seguir un camino determinado en la vida de perfecci\u00f3n (o como hoy suele decirse, de santidad). Creo que es posible afirmar, apoyados en la historia y en la experiencia, pero sobre todo en el refrendo b\u00ed\u00adblico, que la direcci\u00f3n espiritual pertenece al hombre para el servicio de los hombres y al creyente en Cristo para el servicio de los creyentes. Existe todo un \u00abiter\u00bb que puede demostrarlo.&#8217;<br \/>\nII. La direcci\u00f3n espiritual en la experiencia t\u00ed\u00adpicamente humana<br \/>\n1. HOMBRES-GU\u00ed\u008dA EN LA SABIDUR\u00ed\u008dA ANTIGUA &#8211; En la historia del pensamiento nos encontramos con hombres que dirigieron una escuela no s\u00f3lo de reflexi\u00f3n y de profundizaci\u00f3n, sino tambi\u00e9n de vida, de costumbres, de ascesis, de perfecci\u00f3n humana, de paz interior, de dominio de s\u00ed\u00ad mismo, de disciplina f\u00ed\u00adsica y moral. La antig\u00fcedad cl\u00e1sica nos ha transmitido algunos nombres de estos maestros, buscados y deseados por innumerables disc\u00ed\u00adpulos, a los que dedicaban sus lecciones, y que han hecho llegar hasta nosotros algunas obras que enriquecen el patrimonio cultural de la humanidad. Podemos citar a S\u00f3crates, Plutarco, Epicteto, S\u00e9neca, Marco Aurelio. Todos ellos fueron \u00abgu\u00ed\u00adas\u00bb en la b\u00fasqueda de respuestas a los grandes interrogantes que acucian a los hombres de todas las \u00e9pocas, que entrenaron a los disc\u00ed\u00adpulos con ejercicios asc\u00e9ticos que facilitaban la visi\u00f3n interior de los problemas \u00faltimos y que, seg\u00fan la interpretaci\u00f3n de las escuelas medievales, precedieron y prepararon en cierto sentido el mensaje de perfecci\u00f3n de Cristo; en sus escritos se observan como ciertas huellas de la verdadera sabidur\u00ed\u00ada divina y claras intuiciones del anhelo humano de Aquel que se definir\u00ed\u00ada a s\u00ed\u00ad mismo camino de la verdad y la verdad misma: Cristo.<\/p>\n<p>De hecho, sus obras est\u00e1n cargadas de verdades morales, de preceptos y reflexiones, que no son simple resultado de un pensamiento solitario, sino la respuesta a los problemas de los dem\u00e1s hombres. Como maestros se los puede configurar con la imagen tradicional del director espiritual y hoy, seg\u00fan la nueva terminolog\u00ed\u00ada, con la del padre espiritual, ya que ejercieron realmente una paternidad espiritual sobre los disc\u00ed\u00adpulos y una direcci\u00f3n moral sobre ellos, recompensada con la veneraci\u00f3n por la rectitud de su vida y el prestigio cultural y experiencial con que sirvieron de ejemplo y de modelo. Pero no se trataba de un fen\u00f3meno de gran extensi\u00f3n que alcanza a las masas, sino m\u00e1s bien de un fen\u00f3meno solitario y selectivo, que atra\u00ed\u00ada \u00fanicamente a unos cuantos hombres sedientos de prudencia humana y de sabidur\u00ed\u00ada espiritual.<\/p>\n<p>2. EL PADRE ESPIRITUAL EN EL CRISTIANISMO ORIENTAL &#8211; No se excluye que el cristianismo oriental se inspirara, al menos en parte, en este tipo de experiencia t\u00ed\u00adpicamente humana al concretar las relaciones individuales entre un maestro que se presenta como experto en los caminos del esp\u00ed\u00adritu y un disc\u00ed\u00adpulo deseoso o necesitado de esta riqueza doctrinal y de experiencia espiritual. El l\u00e9xico var\u00ed\u00ada a veces en sus denominaciones: maestro y disc\u00ed\u00adpulo, padre espiritual, padre e hijo. Surge la cuesti\u00f3n de si es preciso que sea sacerdote o no, cu\u00e1les son las dotes o cualidades humanas y cristianas que ha de poseer, como, por ejemplo, la caridad, el discernimiento y la discreci\u00f3n, la paciencia y la mansedumbre, la austeridad y el don de la palabra; requisitos estos que ulteriormente dar\u00e1n origen, con mayor claridad y con detalle pr\u00e1ctico, a toda una literatura asc\u00e9tica sobre el tema. Y, de rechazo, surge tambi\u00e9n la cuesti\u00f3n de la necesidad del padre espiritual, de la relaci\u00f3n interpersonal entre el director y el disc\u00ed\u00adpulo, del deber del mismo disc\u00ed\u00adpulo de buscar un padre espiritual y de la fidelidad, la obediencia, el amor y el respeto a su persona y a sus consejos. Pero el Oriente cristiano ofrece un modelo de padre espiritual a la medida del desierto, entre los anacoretas y eremitas, en las primeras comunidades asc\u00e9ticas, en donde la relaci\u00f3n entre el sujeto y el padre espiritual afecta a temas que tocan la vida penitencial, al discernimiento de esp\u00ed\u00adritus, al combate espiritual y a la aspiraci\u00f3n a la paz interior hasta la uni\u00f3n con Dios. Podr\u00ed\u00ada afirmarse, teniendo en cuenta la literatura de aquella \u00e9poca, que la relaci\u00f3n maestro\/disc\u00ed\u00adpulo, padre\/hijo, asume una tonalidad altamente humana, que intenta sacar del hombre todos sus recursos de perfecci\u00f3n para la superaci\u00f3n del hombre \u00abinferior\u00bb en provecho del \u00abespiritual\u00bb. Se trata ordinariamente de monjes no sacerdotes, de simples laicos y de monjas<br \/>\nIII. Nuevos aspectos del padre espiritual<br \/>\n1. LA DIRECCI\u00ed\u201cN ESPIRITUAL EN EL PENSAMIENTO DE LOS PADRES Y DE LOS SANTOS &#8211; La experiencia del Oriente cristiano no tard\u00f3 en influir tambi\u00e9n en Occidente, inspirando a ciertas personas que destacaron por su intenso trabajo pastoral y por su empe\u00f1o en crear un tipo de vida religiosa que se adecuase al hombre latino: Ambrosio de Mil\u00e1n, Jer\u00f3nimo el D\u00e1lmata, Agust\u00ed\u00adn de Hipona, el propio Pelagio y Paulino de Nola, que establecen en los nuevos monasterios la direcci\u00f3n espiritual. En la instituci\u00f3n benedictina, especificada m\u00e1s tarde por la reforma de Bernardo de Claraval, apareci\u00f3 la prestigiosa figura del abad, padre espiritual de los monjes y gu\u00ed\u00ada en su b\u00fasqueda de Dios como el Absoluto y el Bien supremo. No es posible silenciar la escuela franciscana; en ella, de forma original, que a veces se aparta de los modelos establecidos, como en Francisco de As\u00ed\u00ads y en Buenaventura de Bagnoregio, el padre espiritual se presenta como un hermano, aunque los hijos lo consideran y lo tratan como un padre Q. La evoluci\u00f3n adopta sucesivamente nuevas configuraciones, m\u00e1s destacadas y con mayor incidencia en la vida espiritual y en su organizaci\u00f3n, durante el per\u00ed\u00adodo de la reforma cat\u00f3lica, en el que surgen maestros de enorme prestigio como Ignacio de Loyola, con la instituci\u00f3n de los &#8211; \u00abejercicios espirituales\u00bb y la estructura de la misma Compa\u00f1\u00ed\u00ada de Jes\u00fas, como Juan de la Cruz y Teresa de Avila. Es la cl\u00e1sica edad de oro de la direcci\u00f3n espiritual, bien como ejercicio de relaci\u00f3n interpersonal, bien como creaci\u00f3n de una literatura en la que la terminolog\u00ed\u00ada se precisa y la direcci\u00f3n espiritual se extiende incluso a la confesi\u00f3n, llegando a veces a confundirse la una con la otra.<\/p>\n<p>El s. xvII cuenta con maestros de vida espiritual que ejercen una influencia raras veces conseguida posteriormente: Francisco de Sales, Pedro de B\u00e9rulle, J. Pedro Camus, J. J. Olier, Vicente de Pa\u00fal, Juan Eudes. Tambi\u00e9n hay que se\u00f1alar el impulso que reciben las antiguas \u00f3rdenes mon\u00e1sticas y mendicantes y las congregaciones m\u00e1s recientes, las \u00f3rdenes terceras laicales, el clero secular y muchos laicos hombres y mujeres. Siguen luego, en el s. xvm, Juan Bautista de La Salle y Alfonso de Ligorio, fundadores de institutos religiosos; en el s. xlx. el santo cura de Ars, Juan Mar\u00ed\u00ada Vianney; san Juan Bosco, que supo conocer magistralmente a los j\u00f3venes, y Augusto lluvelin, padre espiritual de Carlos de Foucauld. En el s. xx tenemos un abanico de insignes maestros espirituales, como L. Guanella, C. Marmion, E. Poppe. L. Grandmaison, J. B. Chautard, F. Gibert, L. Orione, Leopoldo da Castelnuovo, G. Calabria, G. Alberione.<\/p>\n<p>2. LA DIRECCI\u00ed\u201cN ESPIRITUAL EN El. PASADO M\u00ed\u0081S RECIENTE &#8211; En los \u00faltimos tiempos el padre espiritual, gracias a la fertilidad de estudios espec\u00ed\u00adficos de \u00ed\u00adndole hist\u00f3rica y teol\u00f3gica, asc\u00e9tica y m\u00ed\u00adstica, afina su figura, su acci\u00f3n relacional, su cualificaci\u00f3n para este ministerio, sus funciones en los seminarios e instituciones religiosas, su definici\u00f3n en los documentos del magisterio, las metas que se fija en la orientaci\u00f3n de los fieles como instrumento de mediaci\u00f3n entre el Esp\u00ed\u00adritu Santo (aut\u00e9ntico director espiritual de los creyentes) y el sujeto que busca la consulta del experto. La afirmaci\u00f3n de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica en sus diversos sectores de edad y de categor\u00ed\u00adas ha llevado la figura del padre espiritual a un nuevo nivel, m\u00e1s original en el sentido de respeto a la persona, de competencia de la vida laical, de participaci\u00f3n en los nuevos movimientos que han surgido en la Iglesia (b\u00ed\u00adblico, lit\u00fargico, pastoral, carism\u00e1tico).<\/p>\n<p>Pero si nos detuvi\u00e9ramos en una reflexi\u00f3n sobre este \u00faltimo per\u00ed\u00adodo -durante el cual el padre espiritual ha alcanzado en las comunidades religiosas y entre los laicos un poder de influencia excepcional, a menudo en perjuicio de las decisiones personales-, terminar\u00ed\u00adamos admitiendo que ha contribuido lo suyo a la dif\u00ed\u00adcil situaci\u00f3n actual de indiferencia y a menudo de verdadera crisis en la misma direcci\u00f3n espiritual. El descr\u00e9dito del sacerdote como ministro de la \u00abpotestad direccional\u00bb, cl\u00e1sica en los tratados teol\u00f3gicos de la pastoral del clero, ha provocado en los sacerdotes un desinter\u00e9s por este ministerio y en los cristianos cierto sentido de autosuficiencia en los propios recursos. De aqu\u00ed\u00ad nacen los problemas que hoy se discuten y debaten en la comunidad eclesial en todos sus niveles: los l\u00ed\u00admites de la intervenci\u00f3n del padre espiritual, pero tambi\u00e9n la exigencia de su consejo y de su presencia en la vida de los cristianos; el significado de su autoridad, pero tambi\u00e9n el de la libertad de las personas; la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo y de sus dones, que instan a los fieles a responder de manera adecuada y libre. Dos agentes se enfrentan con el padre espiritual en el contexto del hombre de hoy: el Esp\u00ed\u00adritu Santo y el hombre creyente.<\/p>\n<p>IV. Fundamentaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y del magisterio de la Iglesia<br \/>\n1. FUNDAMENTACI\u00ed\u201cN B\u00ed\u008dBLICA DE LA DIRECCI\u00ed\u201cN ESPIRITUAL. J &#8211; Podemos ver un fundamento b\u00ed\u00adblico de la direcci\u00f3n espiritual en todas las invitaciones dirigidas por medio de la palabra de Dios a varias categor\u00ed\u00adas de personas, por ejemplo, los inexpertos (los j\u00f3venes), los d\u00e9biles (los que caen), los sencillos y necios (que carecen de sabidur\u00ed\u00ada), los cuales necesitan ser educados por el padre, por los consejos del sabio o del hombre piadoso, por la instrucci\u00f3n de la Sabidur\u00ed\u00ada, por la ayuda de Dios. \u00ab\u00c2\u00a1Ay del solo que cae y no tiene a nadie que lo levante!\u00bb (Ecl 4,10): \u00abAcons\u00e9jate de persona sensata y no desprecies los consejos \u00fatiles\u00bb (Tob 4,18); \u00abSin consejo nada emprendas; as\u00ed\u00ad no tendr\u00e1s que arrepentirte de lo hecho\u00bb (Eclo 32,19). En el Eclesi\u00e1stico encontramos, adem\u00e1s, la recomendaci\u00f3n a utilizar el consejo, la comprensi\u00f3n y la ayuda de un hombre piadoso para observar m\u00e1s f\u00e1cilmente los mandamientos (Eclo 37,12-15). Cristo ordena a Saulo, reci\u00e9n convertido. que se presente a Anan\u00ed\u00adas para conocer lo que tiene que hacer (He 9,6-19). En las cartas de san Pablo la direcci\u00f3n espiritual encuentra una confirmaci\u00f3n v\u00e1lida, sobre todo en la doctrina relativa al \u00abdiscernimiento de esp\u00ed\u00adritus\u00bb, expresada especialmente mediante el verbo dokimazein (discernir, examinar) 3. San Pablo afirma que el Esp\u00ed\u00adritu Santo \u00abhabita\u00bb en el cristiano (1 Cor 3,16): \u00abEl mismo Esp\u00ed\u00adritu da testimonio juntamente con nuestro esp\u00ed\u00adritu de que somos hijos de Dios\u00bb (Rom 8,16), que los cristianos \u00abson guiados por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb (Rom 8,14), cada uno seg\u00fan su carisma (cf 1 Cor 12). Con ocasi\u00f3n de algunos des\u00f3rdenes en la comunidad de Corinto, Pablo induce a los creyentes a entrar dentro de s\u00ed\u00ad mismos y a valorar en su intimidad. en donde Cristo \u00abhabita y habla\u00bb, si ese desorden en la comunidad est\u00e1 o no de acuerdo con su situaci\u00f3n de fe (cf 2 Cor 13,5). Es ese Esp\u00ed\u00adritu, tan presente en el acto de dirigirlos, el que los creyentes no deben jam\u00e1s \u00abapagar\u00bb (1 Tes 5,19). Aunque el hombre espiritual no deba ser juzgado por nadie (cf 1 Cor 2,15), el cristiano tendr\u00e1 que verificar la autenticidad de la gu\u00ed\u00ada interior, comprob\u00e1ndola con el \u00abfruto del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb que, a diferencia de las obras tan conocidas de la carne, es \u00abcaridad, alegr\u00ed\u00ada, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia\u00bb (G\u00e1l 5.22); en una palabra, ese hombre interior que el Esp\u00ed\u00adritu plasma a imagen del propio Cristo.<\/p>\n<p>Concebida de este modo, la direcci\u00f3n espiritual se sit\u00faa y se realiza en un clima de respeto ilimitado y de profunda discreci\u00f3n, convirti\u00e9ndose en ayuda, est\u00ed\u00admulo y colaboraci\u00f3n para que el creyente se abra libremente a la gracia, haga suya la palabra de Dios que ha escuchado y pueda as\u00ed\u00ad crecer y madurar en \u00e9l la sabidur\u00ed\u00ada de Cristo. Pablo, recordando el intenso ministerio que hab\u00ed\u00ada desarrollado en Tesal\u00f3nica, subraya con expresiones muy significativas la atenci\u00f3n que ha dedicado a cada uno de los cristianos. Ha sido bondadoso con ellos, lo mismo que una madre alimenta y cuida de sus propias criaturas; lo mismo que hace un padre con sus hijos. Pablo ha exhortado a \u00abcada uno\u00bb, anim\u00e1ndolo o conjur\u00e1ndolo a portarse de manera digna de ese Dios que llama a su reino y a su gloria (cf 1 Tes 2,7.11-12). En este pasaje nos parece vislumbrar los fundamentos b\u00ed\u00adblicos de una aut\u00e9ntica direcci\u00f3n espiritual, dirigida a personalizar la palabra de Dios y a superar aquellos impedimentos que pueden ser obst\u00e1culo para una respuesta pronta y generosa. Tambi\u00e9n a los ancianos de Efeso les dir\u00e1 Pablo con acentos conmovedores: \u00abPor lo cual, velad acord\u00e1ndoos de que durante tres a\u00f1os no he cesado noche y d\u00ed\u00ada de exhortar con l\u00e1grimas a cada uno de vosotros\u00bb (He 20,31).<\/p>\n<p>2. Los DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO &#8211; El magisterio eclesi\u00e1stico ha tratado varias veces de este tema, aprobando y animando la pr\u00e1ctica de la direcci\u00f3n espiritual y condenando algunas doctrinas no favorables o contrarias a la misma (cf Carta ap. Testem benevolentiae, 22 enero 1899). En los seminarios y en los institutos religiosos los documentos oficiales exigen la direcci\u00f3n espiritual.<\/p>\n<p>Es muy oportuno recordar en este contexto algunas afirmaciones del Vaticano II que definen la conciencia como \u00abel n\u00facleo m\u00e1s secreto y el sagrario del hombre, en el que \u00e9ste se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto m\u00e1s \u00ed\u00adntimo de aqu\u00e9lla\u00bb, \u00abdonde Dios habla, en los o\u00ed\u00addos del coraz\u00f3n\u00bb y le invita: \u00abhaz esto, evita aquello\u00bb (GS 18). Todo cristiano est\u00e1 individualmente, en su interior, \u00abmovido por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios\u00bb y bajo este impulso y esta gu\u00ed\u00ada debe \u00abobedecer a la voz del Padre\u00bb (LG 41); es el propio hombre quien \u00abdecide su propio destino, bajo la mirada de Dios\u00bb (GS 14). En definitiva, s\u00f3lo \u00e9l puede percibir cu\u00e1l es el carisma espec\u00ed\u00adfico y \u00fanico que ha recibido del Esp\u00ed\u00adritu (cf LG 12) y c\u00f3mo, en virtud de ese carisma, tiene que desarrollarse, madurar e insertarse, mediante el ejercicio de su propia misi\u00f3n, en la \u00fanica vida y misi\u00f3n de la Iglesia (cf LG 31). A la luz de estas afirmaciones, que tienden a aclarar el concepto de autoridad en la Iglesia, a afirmar y subrayar la dignidad de la conciencia y la responsabilidad personal y la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu Santo en cada uno de los creyentes, las tareas de la direcci\u00f3n espiritual parecen ser las siguientes: ayudar al cristiano a descubrir sus propios \u00abo\u00ed\u00addos del coraz\u00f3n\u00bb, a desarrollar este o\u00ed\u00addo interior por medio del cual entra en contacto con el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, a mantener vivo este contacto y, en \u00e9l, a dejarse mover y guiar, con prontitud total y sin condiciones, en la direcci\u00f3n que el Esp\u00ed\u00adritu quiera. Pablo VI, en la exhortaci\u00f3n apost\u00f3lica Evangelii nuntiandi del 8 de diciembre de 1975 (n. 46), estimula a descubrir y reinventar el servicio del padre espiritual y demuestra una especial atenci\u00f3n a \u00abaquellos sacerdotes que a trav\u00e9s del sacramento de la penitencia o a trav\u00e9s del di\u00e1logo pastoral se muestran dispuestos a guiar a las personas por los caminos del evangelio, a confirmarlas en sus esfuerzos, a levantarlas si est\u00e1n ca\u00ed\u00addas, a atenderlas siempre con discernimiento y disponibilidad\u00bb.<\/p>\n<p>V. Exigencias actuales de los creyentes<br \/>\ny crisis de la direcci\u00f3n espiritual<br \/>\n1. LA EVOLUCI\u00ed\u201cN M\u00ed\u0081S IMPORTANTE DE LA PERSONA DEL PADRE ESPIRITUAL &#8211; El padre espiritual, como hemos podido vislumbrar en el perfil hist\u00f3rico que acabamos de trazar, es una figura poco aceptable y dif\u00ed\u00adcilmente cre\u00ed\u00adble para los hombres, incluso religiosos, del mundo contempor\u00e1neo. El hombre ha tomado mayor conciencia de s\u00ed\u00ad mismo, de sus suficiencias, de sus facultades creativas y de decisi\u00f3n, de la necesidad de una espiritualidad m\u00e1s encarnada en la realidad, m\u00e1s atenta y orientada a valorar los datos hist\u00f3ricos y concretos, concibiendo la vida cristiana m\u00e1s como experiencia de fe que como conceptualizaci\u00f3n del dato revelado, m\u00e1s como atenci\u00f3n a la palabra de Dios y respuesta del hombre que como reflexi\u00f3n sobre ella, m\u00e1s como oraci\u00f3n que como f\u00f3rmulas de oraci\u00f3n. La dimensi\u00f3n experiencial y testimonial est\u00e1 hoy en la cima de las exigencias de los creyentes y de la misma vida de la comunidad eclesial. El padre espiritual est\u00e1 llamado a promover con viva sensibilidad pastoral una fe m\u00e1s personal y responsabilizada, m\u00e1s madura e influyente, como testimonio del evangelio entre los hermanos. La aproximaci\u00f3n a los grandes contenidos del mensaje evang\u00e9lico mediante la reflexi\u00f3n que ofrecen los documentos conciliares y la creciente maduraci\u00f3n en el \u00absentido de Iglesia\u00bb, se\u00f1alan nuevos derroteros a la acci\u00f3n orientadora y directiva. La misma concepci\u00f3n de la autoridad como servicio en la Iglesia y para la Iglesia, sin debilitar en lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo la robustez del mensaje de Cristo, sino incluso confirm\u00e1ndola como connotaci\u00f3n esencial del cuerpo eclesial, induce al padre espiritual a una actitud de acogida y de acci\u00f3n que responda mejor a su vocaci\u00f3n de hermano con los hermanos, de creyente entre los creyentes, de \u00absiervo\u00bb o de ministro de quienes lo requieren para un servicio que necesitan y del que no ven o no desean otras formas o modalidades sustitutivas.<\/p>\n<p>2. EL HOMBRE EN CRISIS Y LA LLAMADA A LA SEGURIDAD &#8211; El padre espiritual ocupa ciertamente un puesto en la comunidad y en el coraz\u00f3n de los hombres que han optado por Cristo, pero no puede librarse de un replanteamiento tal como lo requiere la crisis en que se debate el mundo religioso y la misma estructura eclesial. Est\u00e1 en crisis, como se ha dicho, no s\u00f3lo la concepci\u00f3n, sino incluso la presencia y la aceptaci\u00f3n de todo tipo de autoridad, empezando por la familiar, escolar, social, pol\u00ed\u00adtica y, finalmente, tambi\u00e9n la religiosa; se la entiende, de ordinario, como una interferencia en el derecho del hombre a su libertad plena. Pero es l\u00f3gico que se trata de una concepci\u00f3n del sentido de libertad viciada en su ra\u00ed\u00adz, ya que, para ser aut\u00e9ntico, el individuo no puede rechazar la intervenci\u00f3n de la raz\u00f3n, la correlaci\u00f3n del hombre con los dem\u00e1s hombres, la diferencia y variaci\u00f3n de funciones y de servicios en el cuerpo social y eclesial. Est\u00e1 en crisis el hombre como \u00abtipo\u00bb y como \u00abser humano\u00bb, maltrecho por el ego\u00ed\u00adsmo y el parasitismo, por la pseudo-autosuficiencia de sus propias creaciones y por la emancipaci\u00f3n de Dios. Est\u00e1 tambi\u00e9n en crisis el hombre social, aunque a veces se presenta como ansioso de formas comunitarias; pero la b\u00fasqueda de apoyos exteriores debilita su idoneidad de decisi\u00f3n y crea cierto sentimiento de inseguridad, de incertidumbre y de confusi\u00f3n, una especie de incapacidad para decidir, vi\u00e9ndose obligado a pedir a la comunidad la conciencia de su propia existencia y cierta forma de sustituci\u00f3n de sus reflexiones y determinaciones. Tampoco carece de tensiones la misma conciencia del hombre, que, m\u00e1s o menos advertidamente, teme verse oprimido y marginado por las estructuras y las instituciones, entre ellas la familia y la Iglesia, y anhela consiguientemente una liberaci\u00f3n que se convierta en objeto y en tema no s\u00f3lo de una sociolog\u00ed\u00ada, sino tambi\u00e9n de una teolog\u00ed\u00ada. As\u00ed\u00ad es el hombre de hoy, que se interroga por los t\u00e9rminos de su b\u00fasqueda religiosa de una direcci\u00f3n espiritual, pero que se pregunta igualmente por la medida y la naturaleza del ofrecimiento que puede presentarle un padre espiritual.<\/p>\n<p>VI. El padre espiritual como nueva creaci\u00f3n pastoral<br \/>\n1. LA DIRECCI\u00ed\u201cN ESPIRITUAL Y LA CRISIS DE PATERNIDAD &#8211; La alergia al t\u00e9rmino \u00abdirecci\u00f3n espiritual\u00bb, as\u00ed\u00ad como a las expresiones \u00abdirector espiritual\u00bb o \u00abpadre espiritual\u00bb, se debe, al menos en parte, a la crisis de las relaciones humanas padre\/hijo, a la intolerancia de todo lo que indica dependencia filial, a la tendencia a sustraerse lo m\u00e1s posible a todo tipo de subordinaci\u00f3n, incluso respetuosa, y de las mismas distribuciones jer\u00e1rquicas; despu\u00e9s de milenios de existencia y de veinte siglos de cristianismo, el hombre cree que ha descubierto al hombre y se encumbra hacia totalidades inesperadas, mitific\u00e1ndose, empe\u00f1\u00e1ndose en reemplazar incluso a lo esencial externo, que, sin embargo, pertenece a la problem\u00e1tica de la existencia. Parece como si se hubiera borrado la imagen del \u00abpadre\u00bb en las relaciones humanas; incluso donde existe realmente un padre y donde desarrolla su funci\u00f3n paternal, no s\u00f3lo se evita la terminolog\u00ed\u00ada, sino que se paraliza o se limita su actividad. Pero sigue en pie la responsabilidad del que es padre para con sus hijos; la paternidad pertenece a las leyes de la vida, incancelable e indestructible, sin que exista posibilidad alguna v\u00e1lida de sustituirla. Tambi\u00e9n la comunidad eclesial, que por decisi\u00f3n divina ha sido erigida sobre el fundamento de los ap\u00f3stoles, aut\u00e9nticos padres en la fe, y ahora sobre sus sucesores reunidos en el colegio episcopal, se encuentra en un estado de tensi\u00f3n; aunque tiene la evidencia del plan divino, proclamado autorizadamente por Cristo, reacciona al mismo tiempo a veces con intolerancia ante la presencia y la acci\u00f3n de pastores de todo tipo y grado. [Sobre la crisis de la paternidad, >Hijos de Dios].<\/p>\n<p>2. NUEVA IMAGEN DEL \u00abPADRE\u00bb EN LA REALIDAD HUMANA ACTUAL &#8211; Es evidente que hoy se exige una nueva dimensi\u00f3n de la figura paterna, menos autoritaria, pero m\u00e1s autorizada, menos impuesta y m\u00e1s propuesta, m\u00e1s cerca del \u00abmodelo\u00bb que de la ley. La discusi\u00f3n se hace m\u00e1s general y candente si al t\u00e9rmino \u00abpadre\u00bb le a\u00f1adimos la calificaci\u00f3n \u00abespiritual\u00bb. Los intentos y las experiencias encaminados a corregir esta terminolog\u00ed\u00ada con sustitutivos como \u00absacerdote consejero\u00bb. \u00abpsic\u00f3logo\u00bb, \u00abamigo dialogante\u00bb, etc.; si, por una parte, han servido para enriquecer el servicio de la direcci\u00f3n espiritual y de la imagen del director espiritual con nuevas explicaciones, por otra, le han empobrecido y le han quitado precisamente los valores m\u00e1s afectivos, que traducen su entrega y su participaci\u00f3n en los problemas caracter\u00ed\u00adsticos de cada persona. No se trata de un problema ret\u00f3rico. En efecto, hay individuos del clero y del laicado que, por razones no s\u00f3lo hist\u00f3ricas, sino tambi\u00e9n vitales, se preguntan por qu\u00e9 la figura del padre espiritual ha sufrido alteraciones y se ve hoy sometida a un fen\u00f3meno de tolerancia y hasta de rechazo, mientras que siguen en pie muchas razones, m\u00e1s objetivas a\u00fan, que demuestran su necesidad para muchos de los que toman a pecho su realizaci\u00f3n personal en el contexto de la composici\u00f3n comunitaria de la familia, de la sociedad y de la misma Iglesia. El tiempo posconciliar ha perfilado una nueva imagen del sacerdote como ministro de la palabra de Dios, como concelebrante con su pueblo de la eucarist\u00ed\u00ada y de los sacramentos, como gu\u00ed\u00ada en la lectura de los \u00absignos de los tiempos\u00bb, testigo de primer plano de un tipo de Iglesia donde se cruzan las llamadas l\u00ed\u00adneas vertical y horizontal [>Horizontalismo\/verticalismo], que acepta la jerarqu\u00ed\u00ada y su funci\u00f3n y al mismo tiempo advierte la importancia de la comunidad que lleva el nombre de \u00abpueblo de Dios\u00bb y de \u00abasamblea de los creyentes\u00bb.<\/p>\n<p>3. NUEVA IMAGEN DEL \u00abPADRE\u00bb EN LA NUEVA REALIDAD ECLESIAI, &#8211; En este cuadro surge la nueva figura del padre espiritual que aconseja, pero sobre la base de la realidad que ha sabido intuir y leer en las personas que se le conf\u00ed\u00adan; que orienta con su ciencia y su experiencia por los caminos aut\u00e9nticos de Dios; que utiliza la palabra como expresi\u00f3n y mensaje de su participaci\u00f3n personal, afectuosa, respetuosa de las situaciones y de las exigencias de quien solicita \u00abaquella\u00bb palabra. La paternidad espiritual en la actualidad, incluso a juicio de personas autorizadas, no parece ser alienante para la capacidad del hombre de optar libre y responsablemente; antes bien, parece que hay que aceptarla como relaci\u00f3n humana, di\u00e1logo circunstancial, experiencia de verificaci\u00f3n y confrontaci\u00f3n del comportamiento cristiano. Se abre una nueva \u00e9poca y un nuevo terreno para el padre espiritual, tanto entre las personas consagradas como entre los laicos, en el sentido de que se presenta como \u00abvoz\u00bb de un nuevo tipo de Iglesia que busca su identidad en el mundo contempor\u00e1neo y se hace int\u00e9rprete de un nuevo tipo de creyente que acepta el evangelio como opci\u00f3n personal renovada y reanudada en cada uno de los actos y momentos de la vida en la fe. Quiz\u00e1 esta renovaci\u00f3n, fuertemente humanizante y pastoral, del servicio sacerdotal sugiere al padre espiritual un modo de ser y de hablar, de obrar y de ofrecerse m\u00e1s adecuado a la necesidad de conocer nuevas realidades espirituales, de ponerse al d\u00ed\u00ada sobre las nuevas experiencias de fe y de oraci\u00f3n, de caminar junto a sus \u00abdirigidos\u00bb; no a la cabeza como un jefe, ni a la cola como si hubiera que espolearlos, sino mezclado con ellos, como hombre de Dios con los hijos de Dios, como hombre de fe con los creyentes, como experto en asc\u00e9tica y en proyectos divinos con unas personas que desean ser iluminadas, darse cuenta de lo que Dios espera de ellas y valorar lo que realmente pueden llevar a cabo. Si hubiera que resumir en breves palabras los aspectos m\u00e1s expresivos de una direcci\u00f3n espiritual en sinton\u00ed\u00ada con los tiempos y con los hombres de hoy, podr\u00ed\u00ada decirse que el padre espiritual es la persona que da y despierta confianza, que ha comprendido el valor de la participaci\u00f3n, que advierte la necesidad de concretar y puntualizar lo esencial de los problemas. que estimula a la realizaci\u00f3n de los planes de Dios sin ignorar el proyecto individual y social del hombre, y que se\u00f1ala el camino que a trav\u00e9s de Cristo lleva hacia el Padre. Es y quiere ser la imagen de este Padre, del que desciende y proviene toda paternidad en este mundo.<\/p>\n<p>4. Lo \u00abESPECIFICO\u00bb DEL PADRE ESPIRITUAL &#8211; Lo \u00abespecifico\u00bb brota ya de lo que hemos dicho. Aqu\u00ed\u00ad queremos a\u00f1adir solamente que su figura, m\u00e1s que como modelo universal y fijo con rasgos y cualidades ideales bien definidas, debe verse como modelo din\u00e1mico, atento y sensible a la singularidad de la persona, abierto al ambiente, a las expectativas propias y ajenas, a todos esos factores que podr\u00ed\u00adamos llamar \u00abvariables contextuales\u00bb. Por tanto, una personalidad esencialmente din\u00e1mica, pero siempre concienzudamente controlada y continuamente reorganizada. Suponiendo que \u00abquiera\u00bb ser un buen padre espiritual y que sepa aceptar sin reservas su responsabilidad educativa, tendr\u00e1 que unir a una buena formaci\u00f3n teol\u00f3gica y espiritual una personalidad \u00abmadura\u00bb no s\u00f3lo a nivel humano, sino tambi\u00e9n en la vida interior, y un conocimiento suficientemente adecuado de las leyes de la psicolog\u00ed\u00ada y de las ciencias de la educaci\u00f3n. S\u00f3lo entonces estar\u00e1 en disposici\u00f3n de cumplir su misi\u00f3n esencial: conformarse en cierto modo con la medida de su interlocutor, disponerlo a acoger y comprender las mociones del Esp\u00ed\u00adritu sin prevenirlas intempestivamente, por ejemplo, exigiendo a la persona dirigida algo que Dios no le pide todav\u00ed\u00ada y para lo que no le concede la gracia necesaria.<\/p>\n<p>VII. El padre espiritual y las ciencias del hombre<br \/>\n1. El PADRE ESPIRITUAL Y LA NO-DIRECTIVIDAD &#8211; El respeto cada vez mayor al hombre como persona, la nueva sensibilidad frente al derecho a conocer las motivaciones de las propias acciones, la exigencia de cr\u00ed\u00adtica constructiva respecto a estructuras y condiciones de vida, han provocado una r\u00e1pida transformaci\u00f3n en el tipo de relaciones existentes entre el padre espiritual y sus dirigidos. Como ya hemos se\u00f1alado y se deduce de recientes estudios, la escasa simpat\u00ed\u00ada por el t\u00e9rmino de direcci\u00f3n y la preferencia por otros t\u00e9rminos tomados de la psicolog\u00ed\u00ada, como el de consejero espiritual, consultor, gu\u00ed\u00ada, hombre de consejo, se deben tambi\u00e9n entre otros motivos a la importancia que hoy se da en pedagog\u00ed\u00ada al paso de la heteronom\u00ed\u00ada a la autonom\u00ed\u00ada, de la contribuci\u00f3n e intervenci\u00f3n de los dem\u00e1s a la consecuci\u00f3n de la propia suficiencia. Como es sabido, la persona no est\u00e1 siempre en condiciones de autodisciplinarse plenamente, y el educador ejerce una funci\u00f3n vicaria de la inteligencia en v\u00ed\u00adas de maduraci\u00f3n y de la voluntad no organizada todav\u00ed\u00ada en la responsabilidad de sus actos. Pero la funci\u00f3n de la heteronom\u00ed\u00ada es provisional; tiene la finalidad de preparar al sujeto a la autonom\u00ed\u00ada. El educador trabaja para hacer cada vez menos necesaria su presencia y m\u00e1s capaz al educando. Esta teor\u00ed\u00ada pedag\u00f3gica, a la que corresponde en la pr\u00e1ctica la conocida praxis y doctrina de la no-directividad (C. Rogers) o adirectividad. que se ha difundido en la escuela y en las estructuras culturales. ha interesado tambi\u00e9n al ambiente de la direcci\u00f3n espiritual, sustituyendo al padre espiritual a lo m\u00e1s por la figura de un sacerdote dialogante de dimensiones simplemente de confrontaci\u00f3n entre dos concepciones, sin intenci\u00f3n alguna de sacar provecho de ella y de aclarar eventuales divergencias para converger en la verdad&#8217;.<\/p>\n<p>2. El. PADRE ESPIRITUAL. Y LAS TECNICAS PSICODIAGN\u00ed\u201cSTICAS &#8211; Promover el crecimiento de Cristo en los fieles quiere decir sobre todo educar en la madurez de la fe; en una fe segura, expl\u00ed\u00adcita, actuante. El padre espiritual puede favorecer este desarrollo con medios sobrenaturales y con medios humanos, dentro de su ampl\u00ed\u00adsima gama respectiva. Lo importante es utilizarlos para los dinamismos propios de la persona y de las situaciones particulares en que \u00e9sta se encuentra; y puesto que cada edad, cada generaci\u00f3n y cada sociedad tienen sus propias exigencias, el padre espiritual tendr\u00e1 que sentirse obligado a aplicar de formas siempre nuevas y adecuadas los medios de siempre y a concebir y experimentar incesantemente nuevos medios. Nos preguntamos si hoy el padre espiritual, suponiendo que tenga la preparaci\u00f3n debida, puede recurrir a las t\u00e9cnicas psicodiagn\u00f3sticas para el estudio de la personalidad y para la b\u00fasqueda de los factores que puedan dar raz\u00f3n del comportamiento de los individuos. Parece inoportuno que sea \u00e9l mismo quien utilice los tests y los cuestionarios, los instrumentos de exploraci\u00f3n que captan la expresi\u00f3n libre y espont\u00e1nea de los sentimientos y de las convicciones personales. En cambio, puede resultar \u00fatil conocer el resultado de un examen m\u00e9dico general o especial, de un examen psicol\u00f3gico que el sujeto haya obtenido de terceras personas, espont\u00e1neamente o debidamente aconsejado. Tambi\u00e9n parece \u00fatil el uso inteligente y serio de la observaci\u00f3n, del coloquio personal para un conocimiento m\u00e1s completo y una comprensi\u00f3n objetiva y realista de la persona, que consienta una relaci\u00f3n humana adecuada para la penetraci\u00f3n interior y profunda de quienes se dirigen a \u00e9l.<\/p>\n<p>3. EL PADRE ESPIRITUAL Y LA PSICOTERAPIA &#8211; Creemos equivocada la actitud de quien se empe\u00f1ase en asimilar el modo y el arte de aconsejar propios del padre espiritual a los del psic\u00f3logo o psicoanalista estricto. Todos est\u00e1n de acuerdo en el hecho de que el padre espiritual no puede prescindir absolutamente de lo que puede aportar la psicolog\u00ed\u00ada a la comprensi\u00f3n de los individuos y de sus situaciones; pero no es necesario que sea un psic\u00f3logo o psicoterapeuta de profesi\u00f3n. El psic\u00f3logo, sacerdote o no, desea ayudar a unas personas que se dirigen a \u00e9l en un plano distinto del espiritual, a trav\u00e9s de aquellas t\u00e9cnicas que juzgue m\u00e1s oportunas, y su obra se dirige sobre todo a personas perturbadas, desorientadas o al menos con dificultades particulares. Si el sacerdote psic\u00f3logo hace \u00abpsicoterapia\u00bb, no es oportuno que realice al mismo tiempo \u00abdirecci\u00f3n espiritual\u00bb. Son diversos los m\u00e9todos y son distintos, aunque convergentes, los objetivos. El papel de padre espiritual supone la fe en los medios sobrenaturales, una doctrina, una misi\u00f3n pastoral que no siempre puede estar prisionera de una \u00abben\u00e9vola neutralidad\u00bb, y su funci\u00f3n va dirigida, m\u00e1s que a personas que se encuentran en una situaci\u00f3n especial de desorientaci\u00f3n o de perturbaci\u00f3n, a los que buscan ayuda para desarrollar plenamente su personalidad cristiana. La presencia de sacerdotes o de creyentes psic\u00f3logos en la acci\u00f3n pastoral debe ser acogida como presencia de especial valor y es de desear que aumente su n\u00famero, as\u00ed\u00ad como su preparaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica, ya que parece cada vez m\u00e1s necesaria la presencia de especialistas en esta ciencia aplicada y en este arte de comprender y de curar a los hombres de sus problemas de vida concretos, que condicionan m\u00e1s de lo que ordinariamente se cree la vida espiritual y religiosa. Pero su presencia y su servicio no deben confundirse ni oponerse a la presencia y al servicio del padre espiritual, sino que ambos deben verse como convergentes y complementarios, ya que unos y otros trabajan con Cristo por la salvaci\u00f3n del hombre.<\/p>\n<p>4. EL PADRE ESPIRITUAL Y LA ACCI\u00ed\u201cN EDUCATIVA &#8211; En la acci\u00f3n especifica del padre espiritual hay sin duda un intento de acompa\u00f1ar y sostener la acci\u00f3n de Dios en una persona, de verificarla y convalidarla junto con el propio interesado en un intento com\u00fan de desarrollar una espiritualidad cristiana segura. Esa preocupaci\u00f3n no puede separarse del esfuerzo por descubrir el proyecto divino respecto al sujeto; por poner de relieve la obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo que lo lleva a cumplimiento y su correspondencia fiel a la gracia santificante; por guiar el perfeccionamiento de la persona como imagen de Dios, su moralidad en la profesi\u00f3n y en el trabajo, el testimonio de una vida cristiana vivida con integridad; finalmente, por conducir a la superaci\u00f3n de los defectos y debilidades y dar lugar a la adquisici\u00f3n de cualidades morales y espirituales. Entra ciertamente en el \u00e1mbito de la acci\u00f3n del padre espiritual el intento de guiar al sujeto a una visi\u00f3n l\u00ed\u00admpida e iluminada de su interioridad y de las motivaciones que determinan su comportamiento, a fin de lograr una apertura de esp\u00ed\u00adritu, una docilidad y una lealtad que permitan el encuentro con la iniciativa y la palabra de Dios sobre \u00e9l. Todas las edades pueden recurrir a un padre espiritual, pero es quiz\u00e1 sobre todo en la adolescencia donde se revela particularmente la urgencia de un gu\u00ed\u00ada espiritual. En esta edad el padre espiritual procurar\u00e1 conseguir un desarrollo ordenado y una opci\u00f3n vocacional madura [>Vocaci\u00f3n II, 2 d] con esa libertad que Cristo nos ha dado; ayudar\u00e1 a realizar una s\u00ed\u00adntesis de las diversas experiencias y las orientar\u00e1 hacia el crecimiento humano y cristiano en la perspectiva de la vocaci\u00f3n. Su intervenci\u00f3n no es ajena, sobre todo durante este periodo de la vida, a una verdadera y propia acci\u00f3n pedag\u00f3gica, con metas expl\u00ed\u00adcitamente educativas, a las que se refiere el texto paulino donde se dice que la obra del ministro se realiza \u00abpara la edificaci\u00f3n del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y al conocimiento completo del Hijo de Dios y a constituir el estado del hombre perfecto a la medida de la edad de la plenitud de Cristo, para que de ninguna manera seamos ni\u00f1os vacilantes ni nos dejemos arrastrar por ning\u00fan viento de doctrina al capricho de los hombres, por la astucia que nos induce a la maquinaci\u00f3n del error; antes al contrario, aleccionados en la verdad, crezcamos en el amor de todas las cosas hacia el que es la cabeza, Cristo\u00bb (Ef 4,12-15).<\/p>\n<p>VIII. Formas y espacios de acci\u00f3n del padre espiritual<br \/>\nQuiz\u00e1 nunca como ahora se advierten fermentos de todo tipo, debidos a las r\u00e1pidas y profundas transformaciones sociales, ambientales, culturales y al dinamismo suscitado por el acontecimiento conciliar, que nos urge a una permanente confrontaci\u00f3n con Cristo. Todos los que componen el pueblo de Dios est\u00e1n llamados a realizar esta conjunci\u00f3n de los valores tradicionales con los que brotan del progreso bajo el impulso del Esp\u00ed\u00adritu. En este marco operativo se sit\u00faa la actividad m\u00e1s variada del padre espiritual, que tendr\u00e1 que estar presente en los grupos, promover el coloquio personal, valorar las peticiones de un laicado que se hace cada vez m\u00e1s exigente, identificarse con los mismos laicos en virtud de sus carismas y de los ministerios que la Iglesia les conf\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>1. EL PADRE ESPIRITUAL EN EL GRUPO &#8211; La inclinaci\u00f3n del hombre contempor\u00e1neo a las diversas formas comunitarias de vida [>Comunidad de vida] crea para el padre espiritual nuevas posibilidades de presencia y de aportaci\u00f3n. Y surge entonces la pregunta: \u00bfC\u00f3mo se perfila su figura en el nuevo contexto de vida comunitaria en el que viene a encontrarse o est\u00e1 colocada la persona? La primera exigencia ser\u00e1 la de distinguir un grupo de otro, la de captar la especificaci\u00f3n clara del grupo interesado para entender mejor su finalidad. Podemos indicar lo siguiente:<\/p>\n<p>a) la experiencia de grupo lleva a cada uno de sus componentes a un mejor conocimiento de s\u00ed\u00ad mismos y de su relaci\u00f3n con los dem\u00e1s, que desarrolla el sentido de cooperaci\u00f3n y de responsabilidad;<br \/>\nb) el fen\u00f3meno asociativo-comunitario es un acontecimiento que no puede dejar indiferente a la pastoral, ya que hay grupos o comunidades donde laicos promueven como animadores una aut\u00e9ntica vida cristiana y donde cada uno, ayudado por el testimonio de los hermanos y por el modelo de vida que all\u00ed\u00ad se lleva, puede sentirse ayudado y muchas veces estimulado al descubrimiento de su propia vocaci\u00f3n y a la forma de vivirla en toda su plenitud;<br \/>\nc) el padre espiritual ve con objetividad lo que sucede y \u00e9l mismo est\u00e1 en disposici\u00f3n de cuidar y de promover una expresi\u00f3n m\u00e1s comunitaria de la fe, para que la fe pensada se haga tambi\u00e9n experimentada; puede, adem\u00e1s, realizar personalmente una experiencia de vida relacional y espiritual con aquellos a los que ofrece su servicio, sacando de ello gran ventaja no s\u00f3lo para s\u00ed\u00ad, sino para poder tratar de forma m\u00e1s adecuada con aquellos que, en el grupo, se dirijan a \u00e9l en privado y para poder fijarse en los sujetos a los que podr\u00ed\u00ada resultar grato y providencial el ofrecimiento de un encuentro personal.<\/p>\n<p>Este nuevo modelo de vida comunitaria, que se distingue de las comunidades religiosas tradicionales, no cambia la figura ni la acci\u00f3n del padre espiritual ni hace in\u00fatil su servicio, sino que caracteriza m\u00e1s bien y diversifica los espacios de sus intervenciones, estimula al propio padre espiritual a una obligada colaboraci\u00f3n y aviva su conciencia de que el padre espiritual por excelencia es, de hecho, el Esp\u00ed\u00adritu Santo. De todas formas, por tratarse de grupos que constituyen una nueva realidad comunitaria propia de nuestra \u00e9poca, estamos ante un fen\u00f3meno nuevo, todav\u00ed\u00ada en evoluci\u00f3n -baste pensar en las comunidades neocatecumenales, de base, espont\u00e1neas, etc.-, por lo que habr\u00e1 que esperar, despu\u00e9s de renovadas experiencias, una definici\u00f3n m\u00e1s segura del padre espiritual y de su acci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. EL COLOQUIO PERSONAL COMO FORMA EMINENTE DE DIRECCI\u00ed\u201cN &#8211; El coloquio como encuentro personal entre el padre espiritual y su dirigido es no s\u00f3lo un momento cl\u00e1sico, siempre subrayado en la tradici\u00f3n y en la experiencia, sino tambi\u00e9n un contacto que celebran las disciplinas interpersonales que gozan de merecido prestigio. Dentro de la gama t\u00ed\u00adpica de estos coloquios, en cuesti\u00f3n de direcci\u00f3n espiritual hay que preguntarse cu\u00e1l es el m\u00e1s adecuado y apropiado. Una vez aceptado el car\u00e1cter espec\u00ed\u00adfico del padre espiritual y su nueva situaci\u00f3n en la comunidad eclesial, parece evidente que el coloquio m\u00e1s adecuado para el hombre contempor\u00e1neo es el que se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea del mayor respeto a la persona, la cual es sujeto de deberes pero tambi\u00e9n de derechos, sobre todo del derecho a su propia libertad. En este sentido no es conveniente ni posible pensar en un modelo \u00fanico de encuentro, sino en una pluralidad de modelos, seg\u00fan las condiciones de los sujetos, de las situaciones ambientales, de las exigencias que se vislumbran y, finalmente, de las problem\u00e1ticas que se plantean como objeto del di\u00e1logo y de la conversaci\u00f3n. Destaquemos algunos aspectos:<\/p>\n<p>a. hay un tipo de encuentro en el que se acent\u00faa m\u00e1s el car\u00e1cter central del padre espiritual, ya que hay casos o situaciones que requieren ser exigentes, incluso directivos, sin discutir por ello la actitud de fondo, que debe ser ante todo comprensiva y cordial;<br \/>\nb. en otros casos o situaciones puede ser m\u00e1s oportuno un tipo de coloquio que destaque preferentemente el car\u00e1cter central del problema, es decir, la situaci\u00f3n expuesta por el sujeto; se requiere entonces en el padre espiritual un comportamiento m\u00e1s relacional, m\u00e1s democr\u00e1tico, en el que se\u00f1ale su opini\u00f3n, proponga v\u00ed\u00adas de soluci\u00f3n, solicite la cr\u00ed\u00adtica y la toma de posici\u00f3n libre y personal por parte del sujeto;<br \/>\nc. otras veces ser\u00e1 preferible un tipo de coloquio que acent\u00fae m\u00e1s la originalidad del sujeto, suponiendo que el individuo se encuentre en las condiciones precisas para llegar a la soluci\u00f3n m\u00e1s apta, una vez que \u00e9l se sienta seguro de poder entrar dentro de s\u00ed\u00ad mismo para descubrirla. Para promover esta actitud en el interlocutor, el padre espiritual procurar\u00e1 ponerse en la perspectiva del otro, pondr\u00e1 a su disposici\u00f3n la experiencia fundamental que \u00e9l mismo vive en su intimidad, dirigir\u00e1 su atenci\u00f3n al centro existencial y al fondo personal y experiencial de la persona que est\u00e1 delante de \u00e9l, en la confianza de que \u00e9l sabr\u00e1 reaccionar y responder. En este tipo de coloquio, sobre todo, el padre espiritual debe manifestar en toda su persona claridad en los motivos inspiradores, seguridad, madurez, competencia y plenitud en su personalidad de formador, de educador y de profeta del Esp\u00ed\u00adritu de Dios.<\/p>\n<p>3. L.A PROPUESTA DE METAS DE PERFECCI\u00ed\u201cN Y DE VALORES CRISTIANOS &#8211; La elecci\u00f3n del tipo de coloquio ha de tener en cuenta la formaci\u00f3n del sujeto, su sensibilidad, su temperamento, su car\u00e1cter y los problemas que se discuten, inspir\u00e1ndose siempre en los principios que sugiere la teolog\u00ed\u00ada pastoral. Hay que recordar tambi\u00e9n que el di\u00e1logo no puede reducirse por entero a un di\u00e1logo humano; los interlocutores tendr\u00e1n presentes los criterios de la aceptaci\u00f3n y comprensi\u00f3n rec\u00ed\u00adproca, de la clarificaci\u00f3n de los problemas en discusi\u00f3n, de la b\u00fasqueda de una soluci\u00f3n apoyada en la confianza concedida a la persona. Por descontado que el coloquio comprende un empleo serio y obligado de los recursos propios del hecho religioso, que no se limita a una escucha comprensiva y ben\u00e9vola ni adopta una simple actitud de \u00abneutralidad\u00bb; tiene que ofrecer elementos positivos, aclaraciones, propuestas de valores morales y religiosos, para no dejar al sujeto en un estado de \u00abdesamparo moral\u00bb precisamente en el momento en que pide luz para conocer mejor las exigencias del ideal cristiano, solicita motivos de discernimiento y de decisi\u00f3n y busca la ayuda y el est\u00ed\u00admulo para perseverar en la decisi\u00f3n que ha tomado.<\/p>\n<p>Proponer metas y valores cristianos no significa atentar contra la libertad de la persona; Cristo respet\u00f3 la libertad de sus seguidores, aunque se\u00f1al\u00f3 con claridad absoluta las condiciones de su >seguimiento, se present\u00f3 como modelo que imitar y ofreci\u00f3 a todos consejos y ense\u00f1anzas. Su llamada se dirige continuamente al albedr\u00ed\u00ado de sus disc\u00ed\u00adpulos y de las personas con las que se encuentra; la expresi\u00f3n que reaparece con frecuencia al dirigirse a sus interlocutores es: \u00abSi quieres&#8230;, el que quiera&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Las metas de perfecci\u00f3n de la persona en la edad del desarrollo son: la orientaci\u00f3n vocacional [>Vocaci\u00f3n II,1 b]; la atenci\u00f3n y el descubrimiento de un estilo de vida que signifique la opci\u00f3n definitiva; la b\u00fasqueda de un ideal-programa al que entregar totalmente la existencia, como puede ser la familia, el sacerdocio [>Ministerio pastoral], la vida consagrada en sus diversas formas [>Institutos seculares; >Vida consagrada; >Celibato y virginidad; >Consejos evang\u00e9licos], el laicado dedicado por completo a la promoci\u00f3n del reino de Dios entre los hombres [>Di\u00e1cono; >Laico], la profesi\u00f3n misma [>Trabajador], los compromisos de >apostolado y de colaboraci\u00f3n eclesial. Aunque la elecci\u00f3n le corresponde al sujeto, todos sabemos muy bien c\u00f3mo se desea la presencia y la palabra, fruto de experiencia y de clarividencia espiritual, de un \u00abpadre\u00bb que no act\u00fae por ning\u00fan inter\u00e9s ni por motivos proselitistas, sino s\u00f3lo por el futuro del sujeto que, en su propia elecci\u00f3n, tiene que buscar la realizaci\u00f3n de su personalidad v una vida satisfactoria v serena.<\/p>\n<p>4. EL PADRE ESPIRITUAL LAICO PARA LOS LAICOS &#8211; En la vida de la comunidad eclesial el laico que ejerce el servicio de la direcci\u00f3n espiritual no es ninguna novedad, sino una prueba de la riqueza con que el Se\u00f1or dispensa el don del consejo, la capacidad de discernimiento, sus carismas y la vocaci\u00f3n a los ministerios prof\u00e9ticos en sus diversos grados y modalidades. Este dato est\u00e1 suficientemente apoyado en la funci\u00f3n que la direcci\u00f3n espiritual y el relativo discernimiento de esp\u00ed\u00adritus asumieron en la pr\u00e1ctica y en la vida de los padres del desierto. Nuestra \u00e9poca ha visto surgir en la Iglesia grupos eclesiales y nuevas formas de vida consagrada, a saber, los institutos seculares, compuestos de miembros laicos de uno y otro sexo. La direcci\u00f3n espiritual, bien de los grupos, bien de cada uno de sus miembros, puede ejercerla en estos institutos, como sucedi\u00f3 con los padres del desierto, una persona \u00ablaica\u00bb, que introduzca a los sujetos en esa nueva forma de espiritualidad, los entrene en la inserci\u00f3n en la vida del grupo, los ilumine sobre la posibilidad de asociar a la secularidad los >consejos evang\u00e9licos de castidad, pobreza y obediencia, los familiarice con la peculiaridad del apostolado espec\u00ed\u00adfico que esas nuevas formas de vida consagrada est\u00e1n llamadas a ejercer en la Iglesia. Este nuevo tipo de direcci\u00f3n espiritual asume hoy una funci\u00f3n importante en la vida de los grupos, ya que los llamados a ejercerla no s\u00f3lo ponen a disposici\u00f3n de los miembros su propia experiencia de camino por las nuevas sendas de santidad, sino que conocen tambi\u00e9n las dificultades que se encuentran en una condici\u00f3n de vida en la que est\u00e1n presentes y operantes la consagraci\u00f3n total de uno mismo junto con la secularidad o laicidad como modo t\u00ed\u00adpico de vivir el sacerdocio com\u00fan de los fieles mediante los diversos ministerios instituidos especialmente para los laicos. La direcci\u00f3n espiritual que desempe\u00f1an estas personas puede ser muy interesante, ya que contribuye a una formaci\u00f3n integral desde el punto de vista humano y cristiano de todos los que comparten ese mismo ideal de vida.<\/p>\n<p>El que tiene una responsabilidad jur\u00ed\u00addica en el grupo y recibe el encargo de atender a la direcci\u00f3n espiritual de los dem\u00e1s, no podr\u00e1 nunca exigir la manifestaci\u00f3n de dudas, ansiedades, confidencias \u00ed\u00adntimas que ofendan a la reserva natural, manifestaciones que son m\u00e1s oportunas en el sacramento de la penitencia que en la simple direcci\u00f3n espiritual. De hecho, la Iglesia en su legislaci\u00f3n can\u00f3nica proh\u00ed\u00adbe a los responsables de las comunidades o de los otros grupos que exijan la manifestaci\u00f3n de conciencia, aunque deja a los miembros la libertad de abrirse a ellos.<\/p>\n<p>5. EL PADRE ESPIRITUAL DE LAS RELIGIOSAS &#8211; El c\u00f3digo de derecho can\u00f3nico enumera las condiciones para que un sacerdote pueda ejercer la funci\u00f3n de padre espiritual en las comunidades religiosas femeninas de clausura y de vida activa. No hay que ocultar que hoy las religiosas presentan exigencias y necesidades que quiz\u00e1 no se presentaban en el pasado, al menos con tanta intensidad. Por el hecho de tratarse de personas consagradas a Dios que han centrado su opci\u00f3n en los consejos evang\u00e9licos, el ejercicio de la obediencia no debe eclipsar el respeto a la dignidad de la persona, los derechos de libertad y el sentido de responsabilidad. El estado particular que han abrazado requiere incluso una sensibilidad m\u00e1s comprensiva y abierta, aunque m\u00e1s controlada y garantizada por la madurez humana y afectiva del padre espiritual. Se denuncia con frecuencia una ..&#8211;.-crisis profunda de la vida religiosa y de la vida consagrada vivida d\u00ed\u00ada a d\u00ed\u00ada; pero cabe preguntar si entre esas causas, y ciertamente entre las m\u00e1s graves, no estar\u00e1 tambi\u00e9n la de cierta superficialidad en acoger la exigencia de una obediencia m\u00e1s motivada, de una asignaci\u00f3n de tareas m\u00e1s adecuadas a la idoneidad de la persona, de una participaci\u00f3n com\u00fan del superior y de las religiosas en el an\u00e1lisis de las situaciones y de los casos discutidos, de una posibilidad cr\u00ed\u00adtica constructiva, siempre que se verifiquen ciertas incongruencias para cuyo arreglo se necesite la aportaci\u00f3n de todas y de cada una. Todos vemos que la funci\u00f3n del padre espiritual es indispensable tanto para las que est\u00e1n al frente de la comunidad como para todas las que tienen en ella alg\u00fan servicio. La delicadeza de ciertas intervenciones no debe impedir al padre espiritual, en el \u00e1mbito de su coloquio, la palabra y el consejo preciso, adecuado al caso en cuesti\u00f3n, prestado con moderaci\u00f3n, sobriedad, concisi\u00f3n, dejando a las solicitantes la reflexi\u00f3n m\u00e1s indicada sobre el comportamiento oportuno. Corresponde siempre al padre espiritual sugerir los caminos para la conciliaci\u00f3n razonada de las formas tradicionales de la vida consagrada (costumbres, pr\u00e1cticas piadosas, devociones, normas) con las nuevas formas que se derivan, por ejemplo, de la reforma lit\u00fargica o del movimiento b\u00ed\u00adblico (que pone a la palabra de Dios como t\u00e9rmino de confrontaci\u00f3n o verificaci\u00f3n entre lo realizado, lo vivido y lo experimentado, por una parte, y las instancias que presentan los estatutos, las constituciones, los directorios, por no hablar incluso de las mismas reglas, por otra). Le toca a la prudencia y a la sagacidad del padre espiritual aplacar los \u00e1nimos irritados, las conciencias turbadas y perplejas, las situaciones tensas y poco edificantes.<\/p>\n<p>6. LA DIRECCI\u00ed\u201cN ESPIRITUAL POR CORRESPONDENCIA &#8211; El m\u00e9todo m\u00e1s ordinario de direcci\u00f3n espiritual es, sin duda, el coloquio, en donde el sujeto tiene la posibilidad de expresarse y manifestarse por entero, de volver sobre un tema, de ser comprendido m\u00e1s a fondo, incluso en los detalles de un problema. Pero la experiencia, comprobada por personas insignes en ciencia y en discernimiento de esp\u00ed\u00adritus, admite tambi\u00e9n la direcci\u00f3n espiritual por correspondencia cuando resulta dif\u00ed\u00adcil el encuentro personal o cuando el sujeto se siente m\u00e1s libre y m\u00e1s seguro poniendo por escrito su estado de \u00e1nimo o las dificultades especiales que surgen de su timidez o de su pudor para abrirse. Aunque este tipo de direcci\u00f3n espiritual requiere la aceptaci\u00f3n por parte del padre espiritual, la posibilidad de dar respuestas oportunas, la capacidad de captar el sentido esencial de los problemas, etc., el sujeto tiene la ventaja de poder reflexionar y meditar m\u00e1s despacio en los consejos que le han dado, de volver sobre ellos y profundizar en lo que se le ha escrito. Es evidente que el estilo tiene que ser sobrio y discursivo; el contenido debe versar sobre lo esencial, con el sentido de moderaci\u00f3n que se requiere para no incurrir en un verbalismo ineficaz. En la historia los epistolarios relativos a la direcci\u00f3n espiritual ofrecen una documentaci\u00f3n positiva, aunque esta forma debe seguir consider\u00e1ndose como excepcional.<\/p>\n<p>7. EXTRALIMITACIONES Y DEFECTOS EN LA DIRECCI\u00ed\u201cN ESPIRITUAL &#8211; No hemos de extra\u00f1arnos de que tambi\u00e9n en este sector del servicio pastoral se encuentren abusos por defecto y por exceso en el comportamiento y en la acci\u00f3n del padre espiritual; no vamos a repetir aqu\u00ed\u00ad las acusaciones y las denuncias que se han dirigido con una abundancia ins\u00f3lita en los \u00faltimos a\u00f1os tanto contra el padre espiritual como contra la direcci\u00f3n espiritual; se\u00f1alaremos tan s\u00f3lo algunas que pueden repetirse y que siguen siendo posibles, sobre todo respecto a ciertos sujetos d\u00e9bilmente socializados o ansiosos de una sustituci\u00f3n afectiva, frustrada quiz\u00e1 en el momento culminante de la formaci\u00f3n. En pocas palabras:<\/p>\n<p>a) los dirigidos rechazan terminantemente una actitud de autoritarismo, aunque a veces est\u00e9 justificada subjetivamente por el hecho de que el padre espiritual ejerza un ministerio que considera exclusivamente reservado al sacerdote y al sacramento que lo ha convertido en tal; tampoco puede aceptarse el autoritarismo que abusa de la fragilidad psicol\u00f3gica de los sujetos, imponiendo el propio pensamiento y la propia norma como decisivos para una justa soluci\u00f3n de los problemas;<br \/>\nb) los sujetos dirigidos rechazan tambi\u00e9n una actitud paternalista, m\u00e1s inclinada a proteger que a orientar y aconsejar, m\u00e1s adecuada para dar a la palabra el car\u00e1cter de una concesi\u00f3n ben\u00e9vola que el de un parecer objetivo obtenido de una lectura \u00absabia\u00bb de la voluntad de Dios a trav\u00e9s de los acontecimientos y de las circunstancias de la vida:<\/p>\n<p>c) es desaconsejable la preocupaci\u00f3n de marcar con la propia espiritualidad o la de la propia familia religiosa a los sujetos dirigidos, realizando una especie de transfert de valores espirituales sin el necesario proceso de adquisici\u00f3n, en el cual el dato personal consiente en convertir en experiencia religiosa una simple alocuci\u00f3n que podr\u00ed\u00ada incluso reducirse en los dirigidos a una pura sugesti\u00f3n;<br \/>\nd) tambi\u00e9n est\u00e1 contraindicada una relaci\u00f3n del padre espiritual con los dirigidos del tipo de \u00abalumno d\u00f3cil\u00bb, que se abandona pasivamente en manos del maestro; aqu\u00ed\u00ad al sujeto no se le permite entender seriamente la naturaleza y el peso de sus problemas, y al mismo tiempo el padre espiritual no est\u00e1 en disposici\u00f3n de profundizar en el conocimiento del individuo y de indicar las l\u00ed\u00adneas que ha de seguir;<br \/>\ne) est\u00e1 contraindicada una direcci\u00f3n preceptiva, que se limita a indicar lo que hay que hacer; que pide una ejecuci\u00f3n puramente pasiva e irreflexiva, eliminando en el sujeto la deliberaci\u00f3n, la exposici\u00f3n de sus puntos de vista, la conciencia de las motivaciones de fondo;<br \/>\nf) sigue existiendo en la direcci\u00f3n espiritual el peligro de favorecer el desarrollo de una relaci\u00f3n demasiado humana y sensible entre el padre espiritual y la persona dirigida, que puede verse enredada en los v\u00ed\u00adnculos de un afecto que nunca tuvo o que no logr\u00f3 superar en su adolescencia para llegar a una libertad adulta; mientras que el padre espiritual puede verse m\u00e1s o menos conscientemente afectado, sobre todo si \u00e9l mismo no ha sabido solucionar suficientemente sus propias necesidades afectivas mediante otros \u00abvalores\u00bb y sobre todo en Cristo, raz\u00f3n \u00faltima de la ayuda que ofrece y fin al que desea conducir a los que acuden a \u00e9l. Habr\u00e1 que evitar dos actitudes opuestas: la rigidez, que aparta a la persona y provoca en ella la frustraci\u00f3n, y la extralimitaci\u00f3n -basada quiz\u00e1 en un celo excesivo- m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00ed\u00admites que impone el ministerio sacerdotal y que requiere la dignidad y la libertad del dirigido. As\u00ed\u00ad pues, tendr\u00e1 que mantener un vinculo afectivo v\u00e1lido y rico con Dios, con Cristo, con Mar\u00ed\u00ada, con todas las dem\u00e1s personas, con su trabajo y su ambiente, para no verse prisionero de una relaci\u00f3n peligrosa que le apartar\u00ed\u00ada del objetivo inicial ] Amistad IX]. Se trata del proceso din\u00e1mico de la \u00absublimaci\u00f3n\u00bb, entendida en sentido constructivo.<\/p>\n<p>8. ANOMAL\u00ed\u008dAS Y SITUACIONES ESPECIALES &#8211; La civilizaci\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n [>Mass media], si, por una parte, ha favorecido las relaciones incluso en unas situaciones anteriormente dif\u00ed\u00adciles e incluso imposibles, por otra, ha empobrecido al hombre en su integridad, en su iniciativa personal de b\u00fasqueda de valores, de conocimientos, de mensajes de vida. Las anomal\u00ed\u00adas que el hombre conoce desde tiempos inmemoriales se han ido multiplicando poco a poco, aumentando los estados de sufrimiento y las dificultades de ambientaci\u00f3n. El padre espiritual no puede, precisamente en virtud de su servicio, no ya cerrar los ojos a las anomal\u00ed\u00adas que se crean en los individuos y las situaciones especiales que se advierten en las comunidades o en los grupos, ni eximirse de elaborar en s\u00ed\u00ad mismo un tipo de comportamiento y de trato que valga, si no para resolver totalmente el caso, por lo menos para reconocerlo, para aliviarlo y, si es posible, para conducirlo a su normalizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>a) La anomal\u00ed\u00ada o perturbaci\u00f3n m\u00e1s frecuente que se nota en la direcci\u00f3n espiritual es el \u00abescr\u00fapulo\u00bb, que altera de forma exagerada o de forma sustractiva los compromisos asumidos y que hace que el sujeto se convierta en v\u00ed\u00adctima de estados de ansiedad, de indecisi\u00f3n, de angustia; se conf\u00ed\u00ada al padre espiritual como a un liberador, pero sin obtener de ordinario el efecto deseado.<\/p>\n<p>b) El devocionismo espiritual, centrado m\u00e1s frecuentemente en el intimismo, lleva al sujeto a alejarse de la exigencia comunitaria de participaci\u00f3n, de solidaridad fraterna, de los valores que unen, hasta reducir a veces y eliminar los v\u00ed\u00adnculos con el grupo. En estos casos el padre espiritual est\u00e1 llamado a restablecer el equilibrio que garantice al sujeto su derecho a opciones preferenciales que no perturben la exigencia de intercambios mutuos y sepan respetar los compromisos asumidos a su tiempo.<\/p>\n<p>c) La importaci\u00f3n incontrolada de novedades, aunque acompa\u00f1adas del \u00e9xito en otros ambientes, en el \u00e1mbito de una comunidad de vida y de fe, es con frecuencia origen de disturbios y de desorientaciones en el proceso en curso de la renovaci\u00f3n posconciliar. Los sujetos que se dicen conservadores oponen r\u00e9moras y resistencias, a veces injustificadas y a menudo perturbadoras, mientras que los que se dicen renovadores pretenden que una novedad o una iniciativa, privada de la aprobaci\u00f3n que se deriva de un examen comunitario y detallado, tiene que considerarse autom\u00e1ticamente como necesaria. En estas circunstancias particulares el padre espiritual tiene la funci\u00f3n de moderador, que ni lanza acusaciones ni concede superficialmente aprobaciones, sino que sabe conciliar la exigencia de respeto a las convicciones personales con la exigencia de reconocimiento objetivo de las iniciativas, acompa\u00f1adas de los signos indudables de la conveniencia y de la puesta al d\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Estos y otros casos, as\u00ed\u00ad como las anomal\u00ed\u00adas que surgen con frecuencia en el an\u00e1lisis y en la valoraci\u00f3n moral del padre espiritual, se tocan en estudios especializados, a los que es f\u00e1cil recurrir para alcanzar un mayor conocimiento y encontrar los oportunos remedios.<\/p>\n<p>IX. Conclusi\u00f3n<br \/>\nSi hubiera que condensar brevemente el sentido actual y permanente de la direcci\u00f3n espiritual, habr\u00ed\u00ada que repetir lo que desde hace siglos afirma la Iglesia: es el discernimiento de la voluntad de Dios respecto a los hombres. Y si hubiera que hacer lo mismo con el padre espiritual, hoy parece que resulta m\u00e1s significativa su denominaci\u00f3n de hombre de consejo que sabe discernir junto con sus dirigidos la voluntad de Dios. Es evidente que la direcci\u00f3n espiritual puede tener diversas expresiones, ya que no se agota en el di\u00e1logo con el padre espiritual, sino que se apoya tambi\u00e9n en otros factores que concurren con la misma eficacia al discernimiento de la voluntad de Dios, como, por ejemplo, los encuentros con otra persona, con personas que comparten las mismas situaciones de vida, de compromiso eclesial, de trabajo, las lecturas, las reflexiones sobre la palabra de Dios, los sucesos particulares. No es que la persona del padre espiritual desaparezcacomo absorbida por la multiplicidad de elementos que pueden entrar en la direcci\u00f3n espiritual. Entre tantos otros medios que es posible utilizar para ver en cada caso la voluntad de Dios y la mejor respuesta a ella, \u00e9l es la persona que ayuda a unificar los hilos de tantas voces diversas como llegan al umbral de la conciencia. El pasado y el presente de la direcci\u00f3n espiritual indican que hay que cambiar de estilo; pero no admiten la ausencia de la figura t\u00ed\u00adpica que hemos presentado, sea cual sea el nombre que se le d\u00e9; si ayer se prefer\u00ed\u00ada llamarla \u00abdirector espiritual\u00bb y hoy \u00abpadre espiritual\u00bb, y quiz\u00e1 ma\u00f1ana de otra manera distinta, sigue en pie el hecho de que la \u00abdirecci\u00f3n espiritual\u00bb no cambia su funci\u00f3n esencial de servicio a los hermanos llamados en Cristo y en la Iglesia a realizar el proyecto de salvaci\u00f3n del Padre.<\/p>\n<p>A. Mercatali<br \/>\nRIRL.-AA. VV., Praxis de direcci\u00f3n espiritual, Fomento de Centros de Ense\u00f1anza, Madrid 1974.-Braceland, F. 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El padre espiritual en el cristianismo oriental &#8211; lll. Nuevos aspectos del padre espiritual: 1. La direcci\u00f3n espiritual en el pensamiento de los Padres y de los santos; 2. 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