{"id":17105,"date":"2016-02-05T11:08:24","date_gmt":"2016-02-05T16:08:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecado-y-penitencia-en-la-actual-inculturacion\/"},"modified":"2016-02-05T11:08:24","modified_gmt":"2016-02-05T16:08:24","slug":"pecado-y-penitencia-en-la-actual-inculturacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecado-y-penitencia-en-la-actual-inculturacion\/","title":{"rendered":"PECADO Y PENITENCIA EN LA ACTUAL INCULTURACION"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El pecado en el contexto human\u00ed\u00adstico de hoy &#8211; II. El pecado en la actual inculturaci\u00f3n teol\u00f3gica &#8211; III. M\u00ed\u00adstica del pecado &#8211; IV. Pecado del mundo e Iglesia penitente &#8211; V. La Iglesia como educadora en la penitencia.<\/p>\n<p>La actividad pecaminosa se expresa en la vida humana ordinaria a nivel personal y comunitario. Esta no se exterioriza como comportamiento independiente de los sentimientos, de las preocupaciones y de las ambiciones propias de una \u00e9poca ni en base a unos reglamentos t\u00e9cnicos extra\u00f1os a la vida cotidiana. En la acci\u00f3n pecaminosa el hombre vuelca tambi\u00e9n toda su aspiraci\u00f3n interior; en ella refleja su operatividad creativa, imprime sus realizaciones culturales, comunica sus rec\u00f3nditas aspiraciones personales y comunitarias. En el pecado refleja su propio ser y las caracter\u00ed\u00adsticas del pensar-amar de su \u00e9poca.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad se comprende que pueda existir un estilo propio y caracter\u00ed\u00adstico de pecar en cada \u00e9poca y en cada civilizaci\u00f3n. Se podr\u00ed\u00ada bosquejar una historia acerca de las expresiones concretas del pecado. Si el hombre se ha visto siempre como pecador, no se ha caracterizado como tal de una manera uniforme. Al presente, en el acto mismo de pecar atestigua ciertos modos de bondad y de maldad que ignoraban los hombres de ayer. Vamos ahora a formular unas indicaciones, pero no sobre el sentido profundo del pecado, ni siquiera sobre su significado permanente de ofensa a Dios o de adhesi\u00f3n desordenada a las realidades creadas [para todo esto: >Pecador\/pecado], sino sobre las formas espec\u00ed\u00adficamente actuales en las que \u00e9ste puede manifestarse.<\/p>\n<p>I. El pecado en el contexto human\u00ed\u00adstico de hoy<br \/>\nSi en el pecado se refleja de forma desordenada la inquietud human\u00ed\u00adstica de cada \u00e9poca. \u00bfcu\u00e1l podr\u00ed\u00ada ser la de la \u00e9poca presente? \u00bfQu\u00e9 ambici\u00f3n antropol\u00f3gico-cultural es la que se encuentra difusa y subyacente en la experiencia pecaminosa de los hombres modernos?<br \/>\nExaminando la manera actual de pecar, se nos descubre como al trasluz la prepotente reivindicaci\u00f3n de la autonom\u00ed\u00ada laica. No se considera grande a quien conf\u00ed\u00ada su propio destino terrestre a Dios, ni a quien ve su propio obrar como dependiente de una ayuda trascendente, ni a quien estima loable y admirable el contexto c\u00f3smico como penetrado por la Providencia divina. Cuando el hombre moderno siente la necesidad de regular su existencia por una norma, no la busca como presente de forma indeleble en los seres creados, sino que la extrae del humanismo cultural que \u00e9l mismo ha elaborado. La mentalidad de hoy no considera pecaminoso un comportamiento porque descuide el dictamen regulador de Dios, sino porque no se manifiesta como reconstrucci\u00f3n human\u00ed\u00adstica responsable del mundo y de las instituciones p\u00fablicas; porque no aparece empe\u00f1ado en recrear la comunidad de una forma cada vez m\u00e1s profundamente libre. Si el pecado ofende a Dios es porque se perfila como acto que no valoriza al hombre; porque no aprecia lo humano en su autonom\u00ed\u00ada responsable y creadora. Se ha instaurado un sentido del pecado menos religioso y menos sagrado, pero m\u00e1s concreto en sus exigencias humanas; menos confrontado con la grandeza de Dios, pero m\u00e1s predispuesto a situarse frente a la humanidad de Cristo.<\/p>\n<p>Para captar las influencias y los aspectos velados que est\u00e1n presentes en la acci\u00f3n pecaminosa, se ha recurrido a las actuales ciencias antropol\u00f3gicas. Una penetraci\u00f3n profunda ciertamente desconocida en el pasado. Se llega a registrar las constantes de la conducta pecaminosa, el sentido infrahumano del propio comportamiento, las causas inconscientes que influyen en \u00e9l, la din\u00e1mica estructural que est\u00e1 presente en el acto moral. Todo este esfuerzo, tendente a penetrar en la realidad subjetiva del pecado, nos hace proclives inconscientemente a considerar excusado al pecador y a juzgar el pecado como expresi\u00f3n humanamente comprensible. disminuyendo su carga de mal. Si reflexionamos sobre el modo eminentemente religioso con que antes se consideraba el pecado, m\u00e1s de uno pensar\u00e1 que nos estamos desviando hacia una visi\u00f3n puramente human\u00ed\u00adstica que prescinde de Dios. Para otros, la tendencia actual es una desconfianza inconsciente de lo humano, que se concibe como totalmente invadido de l\u00ed\u00admites, sin una visi\u00f3n de fe sobre la gracia salv\u00ed\u00adfica que opera en la humanidad.<\/p>\n<p>Justamente por el hecho de que la cultura actual nos lleva a considerar el pecado en su dimensi\u00f3n antropol\u00f3gica, \u00e9ste es pensado y vivido en una escala sumamente politizada. No nos sentimos culpables por el hecho de intentar realizar una reordenaci\u00f3n obligada de la propia intimidad, ni porque no se nos vea empe\u00f1ados en progresar asc\u00e9ticamente, sino porque se nos juzga negligentes con las estructuras sociales injustas, porque se tiene la conciencia de vivir en una sociedad que todav\u00ed\u00ada margina a los hermanos y porque pueblos y naciones se encuentran en el sufrimiento del subdesarrollo. Es cierto que nos sentimos impotentes frente a situaciones tan amplias y casi irreparables, pero esto no nos exime de ser miembros responsables de una comunidad corrompida.<\/p>\n<p>El aspecto antropol\u00f3gico-pol\u00ed\u00adtico, que caracteriza el pecado moderno, no debe considerarse necesariamente reprobable. Al contrario, puede y debe ser asumido como exigencia de un valor humano cristianizable. Se requiere que la autonom\u00ed\u00ada personal sea purificada de sus manifestaciones exasperantes; que se la viva como una experiencia de la presencia del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo en lo profundo del alma: que sea una voluntad de ser libres seg\u00fan la evoluci\u00f3n propia del misterio pascual.<\/p>\n<p>De forma similar, la dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica de la propia responsabilidad debe ser integrable en el \u00e1mbito eclesial caritativo, de forma que se viva el sentido de compromiso p\u00fablico como una expresi\u00f3n de la filiaci\u00f3n com\u00fan respecto al Padre celestial, como una fraternidad de amor en Cristo. La dimensi\u00f3nantropol\u00f3gico-pol\u00ed\u00adtica puede ayudarnos tanto a comprender m\u00e1s profundamente la malicia difundida en nuestros comportamientos pecaminosos como a descubrir los repliegues de nuestros ego\u00ed\u00adsmos interiores: a hacernos conscientes de las responsabilidades que trascienden los l\u00ed\u00admites de nuestro ambiente particular, y a percibir nuestras relaciones con Dios en Cristo, que han de testimoniarse y vivirse en las relaciones concretas entre nosotros y los hermanos.<\/p>\n<p>II. El pecado en la actual inculturaci\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\nEl discurso teol\u00f3gico moderno no presenta, por lo general, el pecado como transgresi\u00f3n de la ley moral: lo trata como ruptura del devenir hist\u00f3rico salv\u00ed\u00adfico, como rechazo del acontecimiento pascual de Cristo, como negativa a la gracia del Esp\u00ed\u00adritu. Esta constante en la forma de concebir el pecado, captada dentro del dato b\u00ed\u00adblico cristol\u00f3gico, recibe una lectura posterior y es integrada tambi\u00e9n en la precomprensi\u00f3n de tres antropolog\u00ed\u00adas actuales: el idealismo, el existencialismo y el marxismo.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada actual inculturada en sentido ideal\u00ed\u00adstico-evolucionista considera el pecado como momento inevitable del camino del hombre hacia su desarrollo total; como expresi\u00f3n de la incapacidad de la persona para situarse de manera integral. El pecado es ese mal destinado a ser superado y resuelto dial\u00e9cticamente una vez alcanzada la humanidad completa. Seg\u00fan Teilhard de Chardin, el pecado es el precio humano que debemos pagar porque estamos en camino y no hemos llegado a\u00fan \u00abal punto omega\u00bb, definitivo, \u00faltimo: porque todav\u00ed\u00ada no estamos integrados en la comuni\u00f3n de todos en Cristo. Tambi\u00e9n para Paul Tillich el pecado es la expresi\u00f3n del actual estado imperfecto de la criatura; un estado alienante que tiende hacia Cristo como \u00abNueva Creaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada actual inculturada en sentido existencialista considera que el pecado aflora en el hombre porque, arrojado en el mundo, acepta su modo com\u00fan de ver y juzgar las cosas. Seg\u00fan R. Bultmann, el hombre se encuentra en el mundo relegado a un estado de inautenticidad. Inaut\u00e9ntico es el ser que no es \u00e9l mismo, que no sabe ser consecuente con el proyecto que hace de s\u00ed\u00ad mismo, que ha ca\u00ed\u00addo en lo impersonal, y dado que el hombre es por vocaci\u00f3n un don viviente de Dios, se encuentra en pecado cuando no sabe situarse en total dependencia del Se\u00f1or: cuando quiere buscar una seguridad con sus propias manos: cuando no quiere realizarse en la historia con Dios y para Dios. S\u00f3lo acept\u00e1ndose mediante la fe como don totalmente dependiente de Dios en Cristo, puede salir de la inautenticidad. Seg\u00fan K. Rahner, Dios se entrega en Cristo al hombre mediante la gracia y lo hace capaz de un encuentro inmediato e intimo consigo mismo. El hombre, desde su vertiente espiritual, debe valorarse en base a su decisi\u00f3n fundamental frente a la gracia de Dios. El ser\u00e1 pecador si rehusa el sentido \u00faltimo de la vida. si se niega a introducirse en el misterio de Dios, si adopta una decisi\u00f3n negativa de cara a la gracia del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La teolog\u00ed\u00ada actual en inculturaci\u00f3n marxista examina el pecado dentro de una perspectiva escatol\u00f3gica de la saltavi\u00f3n en Cristo. Toda la realidad humana tiende hacia las promesas del futuro universal de Cristo: la experiencia cristiana es como una respuesta a la tensi\u00f3n integral hacia el futuro. Seg\u00fan R. Bultmann y J. B. Metz, el pecado consiste en no esperar, o esperar dentro del \u00e1mbito de la sola intimidad propia o en relaci\u00f3n con la sola comunidad eclesial, o bien en la voluntad de construir una praxis pol\u00ed\u00adtica no fundada en la promesa de Dios en Cristo. El hombre sale del estado pecaminoso \u00fanicamente si se encamina hacia el futuro identificado en Cristo, con todo su ser, llevando a toda la comunidad c\u00ed\u00advico-eclesial a un mundo renovado.<\/p>\n<p>Subyacentes a estas visiones teol\u00f3gicas sobre el pecado, aparecen ciertos aspectos comunes. Ante todo, se pone de relieve que el pecado se relaciona con Dios exclusivamente mediante Cristo. En toda acci\u00f3n pecaminosa se ignora fundamentalmente la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo: se rechaza la realizaci\u00f3n de la nueva humanidad seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu. La ofensa a Dios es actualizable y modificable \u00fanicamente confront\u00e1ndose con el Cristo integral.<\/p>\n<p>En segundo lugar, las teolog\u00ed\u00adas inculturadas de nuestros d\u00ed\u00adas evidencian la existencia del pecado espec\u00ed\u00adficamente distinto de los diversos pecados categoriales: y que en el fondo de todo aspecto pecaminoso se da una configuraci\u00f3n constante com\u00fan del mal, una opci\u00f3n generalizada de malicia. Los pecados particulares son concreciones o realizaciones categoriales de una misma realidad pecaminosa. Si para la inculturaci\u00f3n de cariz ideal\u00ed\u00adstico-evolucionista el aspecto com\u00fan del pecado consiste en encontrarse en un momento del camino hacia la maduraci\u00f3n sucesiva de la humanidad, para la inculturaci\u00f3n existencialista dicho aspecto com\u00fan se constituye en el hecho de que el hombre se ve relegado a una existencia inaut\u00e9ntica marcada por el l\u00ed\u00admite, mientras que para la inculturaci\u00f3n marxista el pecado es se\u00f1al de que no se ha alcanzado la utop\u00ed\u00ada final esperada.<\/p>\n<p>La inculturaci\u00f3n teol\u00f3gica de hoy no nos presenta una visi\u00f3n exhaustiva del pecado. sino solamente alguna que otra reflexi\u00f3n acerca de sus relaciones con Cristo y con una sociedad humana encaminada al futuro feliz adulto del hombre. El pecado ayuda a comprender el estadio provisional e inaut\u00e9ntico en que yace el hombre y, al mismo tiempo, nos hace mirar a un futuro esperado en una dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica de bien. Estos aspectos s\u00f3lo conseguiremos comprenderlos con plenitud contemplando a Cristo como hombre nuevo integrado en el devenir de la historia salv\u00ed\u00adfica.<\/p>\n<p>III. M\u00ed\u00adstica del pecado<br \/>\nDios, unidad total de amor entre las relaciones intratrinitarias, se nos comunica estimul\u00e1ndonos progresivamente a convertirnos en sus hijos adoptivos. La vocaci\u00f3n humana es llamada a la filiaci\u00f3n divina. El Verbo encarnado es al mismo tiempo testimonio y sacramento de esta vocaci\u00f3n nuestra. Nosotros debemos, mediante la ascesis virtuosa, disponernos a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, que lentamente nos orienta y nos introduce en esta experiencia caritativa de filiaci\u00f3n respecto al Padre: debemos secundar el don inestimable que Dios nos ofrece en Cristo por su gran liberalidad.<\/p>\n<p>Nosotros los cristianos, a pesar de las claras ense\u00f1anzas evang\u00e9licas, estamos expuestos de hecho a una tentaci\u00f3n fundamental: olvidarnos de que \u00abDios es el que obra en nosotros el querer y el obrar conforme a su benepl\u00e1cito\u00bb (Flp 2,13: Ef 3,20; Heb 13,21). Somos proclives a complacernos en todo lo que hacemos bien; estamos convencidos de que Dios debe agradecer nuestra buena voluntad; pensamos que Dios mismo tiene necesidad de nosotros: creemos que basta poseer una luz interior personal y propia para sabernos orientar espiritualmente.<\/p>\n<p>Frente a esta tentaci\u00f3n, profundamente arraigada en nuestro ser, alg\u00fan que otro espiritualista moderno piensa que la conciencia de comprobar que somos pecadores puede ser providencial. Semejante conciencia habit\u00faa a desprendernos de la seguridad personal de sabernos salvados por nosotros mismos, a erradicar el orgullo de ser principio del bien, a liberarnos de la convicci\u00f3n de estar en posesi\u00f3n de una moral orientadora. Si los fariseos fueron incapaces de adherirse al Evangelio del Se\u00f1or fue porque se consideraban justos. Contra aquellos \u00abque presum\u00ed\u00adan de ser justos y despreciaban a los dem\u00e1s\u00bb, Jes\u00fas relata sus par\u00e1bolas de reprobaci\u00f3n (Mi 6,1; 23,28; Le 16,15; 18,19). Cada uno debe no s\u00f3lo sostener que Cristo salva y que salva por un don gratuito de su Esp\u00ed\u00adritu, sino experimentar tambi\u00e9n en su propia existencia que es realmente Cristo el \u00fanico Salvador verdadero; que las propias fuerzas son insuficientes para liberarnos del mal y que la maldad aflora de la m\u00e1s rec\u00f3ndita intimidad y la anega por completo. Se debe experimentaren la amargura de la propia existencia la propia limitaci\u00f3n. El salmista repite su grito lleno de angustia: \u00abD\u00ed\u00adgnate, \u00c2\u00a1oh Yahv\u00e9!, socorrerme; Yahv\u00e9, corre en mi ayuda\u00bb (Sal 40,14).<\/p>\n<p>Ahora bien. \u00bfse debe afirmar que es necesario experimentar el pecado? \u00bfSe puede pensar que uno de los medios providenciales ofrecidos a nuestra santificaci\u00f3n sea el hecho de que Dios nos abandone a los pecados? \u00bfPodemos pensar que Dios se sirva de nuestros pecados para ofrecernos un bien espiritual? \u00bfNo dijo Jos\u00e9 a sus hermanos: \u00abVosotros os portasteis mal conmigo, pero Dios lo encamin\u00f3 a bien, para hacer lo que hoy estamos viendo, para mantener en vida a un pueblo numeroso\u00bb? (G\u00e9n 50,20). Cierto que Dios sabe sacar un bien incluso del mal; sabe santificar al pecador, sirvi\u00e9ndose de la conciencia de su estado pecaminoso: sabe potenciar el amor del alma incluso con motivo de una experiencia pecaminosa (cf Le 7.47). Sin embargo, \u00e9ste no es el camino providencial que \u00e9l ha trazado para el bien de los hombres. Lo esencial no es la experiencia de los propios pecados cometidos, sino conseguir una conciencia m\u00ed\u00adstica del sentido del pecado. Lo que se nos pide no es ya cometer el pecado, que siempre es una experiencia negativa desde el punto de vista espiritual, sino tener conciencia de \u00e9l seg\u00fan las ense\u00f1anzas que interiormente nos hace percibir el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo. Cuando un alma, aunque sea inocente, vive participando del misterio pascual del Se\u00f1or, esa alma percibe y experimenta el aut\u00e9ntico sentido del pecado. Este se revela \u00fanicamente en la misericordia de Dios en Cristo.<\/p>\n<p>Encontramos un claro ejemplo de experiencia m\u00ed\u00adstica del pecado en la vida de santa Teresa de Lisieux. Aunque no hab\u00ed\u00ada cometido jam\u00e1s un pecado mortal, atestigua en los \u00daltimos coloquios (12 de agosto de 1897): \u00abYo me siento, como el publicano, una gran pecadora. Encontraba al buen Dios tan misericordioso&#8230; Es extraordinario haber experimentado esto en el confiteor&#8230; \u00c2\u00a1Ah!, qu\u00e9 imposible es proporcionarse uno mismo estos sentimientos. Es el Esp\u00ed\u00adritu quien nos los da\u00bb. La santa no expresa una piadosa mentira por el hecho de declararse una gran pecadora ni asume una falsa pose devocionista. Ella es profundamente consciente de que toda persona humana, por grande que sea, es extremadamente peque\u00f1a: est\u00e1 marcada por la limitaci\u00f3n en todos sus aspectos, establecida en una imperfecci\u00f3n indestructible y como necesitada de deslizarse en pecados. Si ella, la peque\u00f1a Teresa, no tuvo una experiencia pecaminosa de este tipo, fue s\u00f3lo por el amor preveniente de Dios. \u00abVuestro amor me ha prevenido desde mi infancia. Ha crecido conmigo. Y ahora es un abismo cuya profundidad no puedo escrutar\u00bb (Manuscritos C). Con motivo de su experiencia m\u00ed\u00adstica, Teresa se siente \u00ed\u00adntimamente solidaria de los pecadores, como si fuera una de ellos. Si no ha ca\u00ed\u00addo en pecados concretos es porque el buen Dios la ha prevenido con su gracia y porque la misericordia divina la ha sostenido a pesar de ella. Cuando en los \u00faltimos d\u00ed\u00adas de su existencia fue asaltada por continuas tentaciones de incredulidad, tiene conciencia de que en ella aflora la debilidad espiritual interior de su ser humano. Y as\u00ed\u00ad ruega al Se\u00f1or: \u00abVuestra hija no puede sino decir en nombre propio y en nombre de sus hermanos: Tened piedad de nosotros, Se\u00f1or, porque somos pobres pecadores&#8230; \u00c2\u00a1Oh Se\u00f1or!, desp\u00ed\u00addenos justificados&#8230; \u00c2\u00a1Oh Se\u00f1or!, si es necesario que la sucia mesa colmada de amargura en que comen los pobres pecadores sea purificada para ellos por un alma que Vos am\u00e1is, yo quiero comer sola en ella el pan de la prueba hasta cuando os plazca introducirme en vuestro reino luminoso. La \u00fanica gracia que os pido es la de no ofenderos jam\u00e1s\u00bb (Manuscritos C).<\/p>\n<p>IV. Pecado del mundo e Iglesia penitente<br \/>\nEl pecado original comenz\u00f3 a existir con nuestros primeros padres; fue la insana pretensi\u00f3n de independizarse de Dios. el cual hab\u00ed\u00ada ofrecido el camino de la salvaci\u00f3n en el Verbo. El orgullo del pecado original contamin\u00f3 a toda persona, toda actividad humana, toda instituci\u00f3n y toda la realidad mundana existente. Se constituy\u00f3 como una especie de atm\u00f3sfera difusora de mal, en la que respiran todos los seres y todas las criaturas.<\/p>\n<p>Si el pecado original se perfil\u00f3 en su esencia desde el principio, ha ido tambi\u00e9n incultur\u00e1ndose en modalidades nuevas a lo largo de los siglos. Todos nosotros estamos implicados y somos responsables de c\u00f3mo se configura en la actualidad y c\u00f3mo influye en las estructuras actuales. Los te\u00f3logos de hoy hablan del pecado original como \u00abpecado del mundo\u00bb, que se transmite a manera de contexto general y que se establece como forma com\u00fan de vivir desviadamente.<\/p>\n<p>El pecado del mundo nos hace comprender que, adem\u00e1s de los pecados individuales con repercusiones sociales, existe bien un desorden encarnado en las instituciones y en las estructuras p\u00fablicas, bien en la actitud pecaminosa comunitaria vivida por el conjunto de los grupos. El Episcopado italiano hace las siguientes observaciones: \u00abLa denuncia del pecado colectivo, cuando no es una excusa, cuando no intenta excluir la complicidad personal, marca un verdadero progreso en la conciencia religiosa y moral de la humanidad.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s del mundo, la misma comunidad eclesial se ve atacada por el pecado. La Iglesia se delinea al mismo tiempo como santa y pecadora, como sacramento de salvaci\u00f3n y como instituci\u00f3n necesitada de purificaci\u00f3n, como comunidad de los que ya han sido redimidos en Cristo y de los que todav\u00ed\u00ada no est\u00e1n santificados por la sangre del Se\u00f1or, como realidad que inaugura el reino de Dios y como entidad que todav\u00ed\u00ada peregrina en el misterio pascual terreno. El concilio Vat. II afirma que la misma Iglesia debe vivir como penitente, aunque se presente como reconciliada de una vez para siempre en Cristo (Ef 2,15-16; Col 1,19-20). \u00abLa Iglesia encierra en su propio seno a pecadores y, siendo al mismo tiempo santa y necesitada de purificaci\u00f3n, avanza continuamente por la senda de la penitencia y de la renovaci\u00f3n\u00bb (LG 8).<\/p>\n<p>El concilio sugiere un aspecto particular de la experiencia penitencial de la Iglesia: ofrecer plegarias y obras para obtener de Dios el perd\u00f3n de los pecados de los fieles. Una solidaridad esencial para la caridad eclesial. La Iglesia debe caracterizarse como penitente incluso de otras formas. Estando institucionalizada en aspectos integrativos humanos, tiene ella misma necesidad de purificarse de las se\u00f1ales del pecado. Comunidad santa, sigue estando marcada por las consecuencias del pecado: est\u00e1 continuamente obligada a convertirse a la pureza inmaculada de su Se\u00f1or. Por lo dem\u00e1s. la Iglesia es peregrinante de una forma temporal hacia su realidad celeste en la caridad. Cristo ha inyectado en su Iglesia la penitencia pascual, a fin de orientarla a convertirse en su cuerpo glorioso pneumatizado: la ha dejado en una purificaci\u00f3n progresiva para convertirla en signo y presencia hist\u00f3rica de su juicio salv\u00ed\u00adfico. Precisamente porque lleva en s\u00ed\u00ad misma el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, la Iglesia experimenta el sentido m\u00e1s profundo del pecado. Ella es la penitente m\u00e1xima, puesto que personifica el sacramento del misterio pascual de Cristo. Seria ciertamente una grave tentaci\u00f3n para la Iglesia el intentar justificarse en su estado imperfecto en lugar de ser una penitente orientada hacia su propia conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>El cristiano desarrolla en todos sus actos penitenciales una penitencia comunitaria en provecho de toda la Iglesia; es pecador-penitente por ser miembro de la Iglesia. Jam\u00e1s puede prescindir de una constante responsabilidad eclesial. Al mismo tiempo, su penitencia-conversi\u00f3n no puede actualizarse sin que la Iglesia se ofrezca como el sacramento de la penitencia vivido comunitariamente. La comunidad eclesial se autentifica en el misterio pascual de Cristo de esta forma actualizado, hasta el punto de convertirse en signo eficaz de la gracia operante en el penitente. Cuando el pecador se acusa de impenitencia, la comunidad cristiana se siente en \u00e9l acusada de no haber dado suficiente testimonio de penitencia salv\u00ed\u00adfica; cuando el pecador satisface con seriedad su pecado, es toda la comunidad eclesial la que se concibe a s\u00ed\u00ad misma encaminada hacia la renovaci\u00f3n.<\/p>\n<p>V. La Iglesia como educadora en la penitencia<br \/>\nToda la vida cristiana est\u00e1 llamada a expresarse como penitencial, a pesar de que la penitencia no sea el todo de la vida cristiana. La experiencia penitencial, armonizada con las otras dimensiones esenciales del cristianismo. es el objeto constante de la pastoral cat\u00f3lica. La pr\u00e1ctica de la penitencia debe inculcarse a todos los fieles de modo conducente a su madurez humana y espiritual, a fin de hacer que cada uno de ellos la aprecie como un don del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>La pastoral no se limita a inculcar la penitencia en su catequesis ni la presenta exclusivamente como una verdad que debe creerse. Se compromete a hacerla vivir comunitariamente por todos y cada uno como experiencia irrenunciable, como costumbre cotidiana, como pr\u00e1ctica continua. Y aun existen momentos fuertes en los que quiere hacerla amar con renovado empe\u00f1o. Toda realizaci\u00f3n penitencial entre los cristianos debe ser considerada como una etapa provisional. La pastoral debe ser cr\u00ed\u00adtica sobre cuanto se haya hecho; debe ser creativo-prof\u00e9tica acerca de cuanto podr\u00ed\u00ada realizarse ulteriormente; y debe orientarse constantemente hacia una penitencia m\u00e1s profunda y m\u00e1s aut\u00e9ntica.<\/p>\n<p>La pastoral penitencial se preocupa de educar a cada uno de los creyentes en la penitencia dentro de un contexto de grupo eclesial, dado que la penitencia cristiana se expresa m\u00e1s aut\u00e9nticamente en un contexto comunitario eclesial. El penitente tiene necesidad de verse apoyado y confortado por la Iglesia al encarar sus propias faltas y la necesidad de obtener el perd\u00f3n de Dios; necesita educarse progresivamente en el sentido penitencial junto con los hermanos en la fe. La misma admisi\u00f3n al sacramento de la penitencia debe traducirse en un camino de maduraci\u00f3n penitencial. El sacramento de la confesi\u00f3n no es tanto un expediente f\u00e1cil para obtener el perd\u00f3n de Dios por los pecados personales cuanto un introducirse eclesialmente en la participaci\u00f3n del misterio pascual del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>La pr\u00e1ctica pastoral y la pedagog\u00ed\u00ada hab\u00ed\u00adan imaginado hasta ahora la oportunidad de acercar a los ni\u00f1os a la comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica mucho antes de la primera confesi\u00f3n sacramental; es necesario \u00abun itinerario lento y una preparaci\u00f3n m\u00e1s larga de los ni\u00f1os a la penitencia\u00bb que a la primera comuni\u00f3n&#8217;. La preparaci\u00f3n al sacramento de la penitencia es una de las tareas m\u00e1s comprometidas y delicadas, que \u00fanicamente puede realizarse con la cooperaci\u00f3n activa de padres y educadores. No debe presentarse a los ni\u00f1os el arrepentimiento motivado por haber transgredido una ley cuyo garante es Dios. En la pr\u00e1ctica penitencial se les debe iniciar en una comuni\u00f3n con Cristo, en el gozoso esp\u00ed\u00adritu festivo de la Iglesia, suscitado y creado por la pascua del Se\u00f1or. Los ni\u00f1os no deben llegar al convencimiento de que van a reconciliarse con el confesor, sino que se deben sentir ayudados a encontrarse con Jes\u00fas en la comunidad eclesial. Se va al Se\u00f1or, que ama a cada uno de nosotros por pecador que sea; que quiere perdonar a cada uno, con tal que verdaderamente desee vivir con \u00e9l y que penitencialmente se introduzca en un contexto eclesial de plegaria suplicante entre hermanos. Es preciso que desde la infancia los cristianos realicen alguna experiencia gozosa verdadera del encuentro con el Se\u00f1or, entre los dem\u00e1s y con los dem\u00e1s a prop\u00f3sito de la misma penitencia. \u00abYo me acuerdo, y derramo dentro de m\u00ed\u00ad mi alma, de cuando iba entre la turba noble hasta la casa de Dios&#8230; entre el gent\u00ed\u00ado festivo\u00bb (Sal 42,5).<\/p>\n<p>El adolescente tiene una personalidad fundamentalmente narcisista. Su relaci\u00f3n dial\u00f3gica con Dios corre frecuentemente el riesgo de degenerar en un mon\u00f3logo egoc\u00e9ntrico que proyecte en Dios sus propios deseos insatisfechos de omnipotencia. La educaci\u00f3n pastoral, al inculcar sentimientos penitenciales, abre el yo del adolescente a la seguridad de ser perdonado por Dios, y lo introduce en un di\u00e1logo con el Se\u00f1or en la renovaci\u00f3n de la alianza, haci\u00e9ndole percibir el sentido de la dimensi\u00f3n eclesial.<\/p>\n<p>La penitencia sacramental es dif\u00ed\u00adcil entre los j\u00f3venes; parece implicar disonancias entre su aspecto de signo de reconciliaci\u00f3n y la realidad humana, como si el mundo presente debiera considerarse s\u00f3lo una ocasi\u00f3n fortuita para conquistar el reino futuro. Los j\u00f3venes maduran en el sentido penitencial cuando pueden considerarlo un est\u00ed\u00admulo v una ayuda para realizar el mundo en la resurrecci\u00f3n de Cristo. Para ellos la iniciaci\u00f3n en la penitencia puede realizarse gozosamente si incluye la conversi\u00f3n a la realidad del mundo; si se inserta en la l\u00f3gica de una carne que ha de resucitar toda entera en Cristo. Los j\u00f3venes exigen que la conversi\u00f3n a Cristo sea vivida como momento del descubrimiento profundo del sentido del mundo, como camino para entregarse a la realidad concreta reconstruida en su autenticidad, como un modo de rehacer la novedad en una continua realizaci\u00f3n de las cosas creadas, como sentido de solidaridad responsable frente a los males comunes.<\/p>\n<p>La pastoral debe generar el sentido penitencial en armon\u00ed\u00ada con la psicolog\u00ed\u00ada de las diversas edades del creyente, en correspondencia con sus situaciones espirituales personales y en sinton\u00ed\u00ada con su madurez social y eclesial. La pastoral penitencial es un compromiso prolongado en la Iglesia, tanto porque el creyente se encuentra en un crecimiento psico-social eclesial como porque la penitencia debe ser vivida seg\u00fan la nueva posibilidad human\u00ed\u00adstica; \u00abEl contexto cultural en el que vivimos registra una subversi\u00f3n de la jerarqu\u00ed\u00ada de los valores, a la que sigue el crecimiento de otra nueva y distinta, que sit\u00faa en cabeza unos valores antes olvidados o relegados a los \u00faltimos lugares, mientras que ignora valores que en otro tiempo fueron preeminentes [&#8230;]. Por eso la conversi\u00f3n bautismal debe prolongarse en una conversi\u00f3n permanente que, si bien tiene sus momentos predominantes en los sacramentos de la iniciaci\u00f3n, deber\u00e1 extenderse a toda la existencia cristiana\u00bb.<\/p>\n<p>[Esta voz sirve de natural complemento a las siguientes: >Pecador\/ pecado y >Penitente].<\/p>\n<p>T. Goffi<br \/>\nBIBL.-AA. VV.. Pecado y existencia cristiana hoy, en \u00abRev. de Espiritualidad\u00bb. n. 127 (1973).-AA. VV.: Penitencia y confesi\u00f3n, Apostolado Prensa. Madrid 1969.-AA. VV., Celebraciones penitenciales, Marova. Madrid 1971-AA. VV.. Gu\u00ed\u00ada para celebrar la penitencia (seg\u00fan el nuevo ritual), Madrid 1976.-Bausch. W. J. \u00c2\u00a1Es el Se\u00f1or! Pecado y confesi\u00f3n hoy, Sal Terrae. Santander 1979.-H\u00e1ring. B. Shalom: Paz. El sacramento de la reconciliaci\u00f3n, Herder. Barcelona 1970.-Heggen. F. J. La penitencia, acontecimiento de salvaci\u00f3n, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1969.-Le Du. J. Transgresi\u00f3n y reconciliaci\u00f3n en la vida de los j\u00f3venes, Marova, Madrid 1971.-Peleiro. A. Pecado y hombre actual, Verbo Divino. Estella 1972.-Ricoeur. P. Finitud y culpabilidad, Taurus. Madrid 1969.-Rinc\u00f3n. R. Conversi\u00f3n y reconciliaci\u00f3n, Paulinas. Madrid 1973.-Taylor. M. J. El misterio del pecado y del perd\u00f3n, Sal Terrae. Santander 1972.-Tilman. K. La penitencia y la confesi\u00f3n, Herder. Barcelona 1967.-Vidal. M. C\u00f3mo hablar del pecado hoy. Hacia una moral cr\u00ed\u00adtica del perado, PPC. Madrid 1977.-Vogel, C. El pecador y la penitencia en la Iglesia antigua, ELE. Barcelona 1968.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. El pecado en el contexto human\u00ed\u00adstico de hoy &#8211; II. El pecado en la actual inculturaci\u00f3n teol\u00f3gica &#8211; III. M\u00ed\u00adstica del pecado &#8211; IV. Pecado del mundo e Iglesia penitente &#8211; V. La Iglesia como educadora en la penitencia. 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