{"id":17106,"date":"2016-02-05T11:08:26","date_gmt":"2016-02-05T16:08:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecadorpecado\/"},"modified":"2016-02-05T11:08:26","modified_gmt":"2016-02-05T16:08:26","slug":"pecadorpecado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecadorpecado\/","title":{"rendered":"PECADOR\/PECADO"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Desaparici\u00f3n del sentido del pe-cado: 1. S\u00ed\u00adntomas, causas, valoraci\u00f3n: 2. Reflexiones psico-sociol\u00f3gicas: a) An\u00e1lisis del t\u00e9rmino \u00abculpabilidad\u00bb, b) Los tres planos de la culpa &#8211; II. El pecado en la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica: 1. El pecado de los or\u00ed\u00adgenes: 2. El pecado en la historia de Israel; 3. La ense\u00f1anza de los profetas; 4. La ense\u00f1anza del NT &#8211; III. El pecado en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica: 1. El pecado como violaci\u00f3n de la ley de Dios; 2. El pecado como ofensa a Dios; 3. La dimensi\u00f3n social del pecado; 4. El pecado como alejamiento de Dios y conversi\u00f3n a las criaturas &#8211; IV. Sentido de culpa y pecado: 1. El sentimiento de culpabilidad; 2. Confrontaci\u00f3n del an\u00e1lisis de la culpabilidad con la experiencia humana y cristiana del pecado &#8211; V. El pecado en el plano moral: 1. Moral y libertad; 2. Opci\u00f3n fundamental y elecci\u00f3n objetiva &#8211; VI. La dimensi\u00f3n espiritual, el di\u00e1logo en el amor: 1. El pecado como fracaso de la libertad humana; 2. La dimensi\u00f3n de la esperanza &#8211; VII. Conclusiones: 1. El redescubrimiento de la dimensi\u00f3n interpersonal del pecado: 2. Superaci\u00f3n de una visi\u00f3n fatalista del pecado; 3. Superaci\u00f3n de una visi\u00f3n lega-lista para una correcta interpretaci\u00f3n del valor de la norma; 4. El pecado en la dimensi\u00f3n de la esperanza.<\/p>\n<p>I. Desaparici\u00f3n del sentido del pecado<br \/>\n\u00abQuiz\u00e1 el mayor pecado del mundo de hoy consista en el hecho de que los hombres han empezado a perder el sentido del pecado\u00bb. Esta constataci\u00f3n parece que es hoy m\u00e1s evidente y preocupante. Podr\u00ed\u00ada parecer que en nuestros d\u00ed\u00adas el problema del pecado est\u00e1 totalmente superado, o bien que se plantea en t\u00e9rminos radicalmente distintos a los empleados por la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica tradicional. El S\u00ed\u00adnodo episcopal suizo propon\u00ed\u00ada la siguiente observaci\u00f3n en el proyecto de la comisi\u00f3n: \u00abTambi\u00e9n el hombre de hoy tiene noci\u00f3n de una conciencia de la culpa y quisiera verse libre de esta culpa. Sin duda, esta conciencia de la culpa ha sufrido un cambio en muchos. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, las faltas que afectan al \u00e1mbito privado son menos sentidas que las transgresiones que tienen una influencia en el \u00e1mbito social p\u00fablico. El pensamiento de que con el pecado se ofende a Dios es relegado a segundo plano frente a la consideraci\u00f3n de que con \u00e9l se comete una injusticia con el pr\u00f3jimo y la sociedad. La apelaci\u00f3n a la responsabilidad personal y la conciencia de las relaciones humanas y sociales importan m\u00e1s que la referencia a los mandamientos v leyes. Adem\u00e1s, para superar la culpa han de tenerse presentes las diversas implicaciones de naturaleza psicol\u00f3gica.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica acerca del problema del pecado y de la culpabilidad (y consecuentemente tambi\u00e9n de la penitencia) parece, por otra parte, tambi\u00e9n muy discutida por las conquistas de las ciencias humanas. En un momento hist\u00f3rico como el presente, marcado por la secularizaci\u00f3n, en el cual Dios parece estar ausente de nuestro mundo y de nuestra cultura y relegado fuera del horizonte de nuestra vida cotidiana; frente al desarrollo de las ciencias humanas, que nos proporcionan medios cada vez m\u00e1s cualificados para interpretar la realidad y para dar raz\u00f3n del comportamiento humano replanteando radicalmente los criterios y las normas que parec\u00ed\u00adan claras conquistas de la \u00e9tica cristiana tradicional, se puede preguntar qu\u00e9 espacio queda todav\u00ed\u00ada para una reflexi\u00f3n de tipo teol\u00f3gico, moral y espiritual. Podr\u00ed\u00ada parecer que estos pensamientos en su conjunto no son m\u00e1s que una autojustificaci\u00f3n narcisista de un grupo religioso, pensamientos cuya validez y vitalidad pone en tela de juicio la rigurosa seriedad del procedimiento cient\u00ed\u00adfico.<\/p>\n<p>De ah\u00ed\u00ad podr\u00ed\u00ada derivarse una actitud de claudicaci\u00f3n, que reduce la presencia de Dios a una pura y simple presencia en el mundo de los hombres y que considera la realidad humana en cuanto tal signo de lo divino y, en consecuencia, como normativa para el comportamiento del hombre. Pero ning\u00fan encuentro, ni siquiera el encuentro con Dios, puede prescindir de palabras y de signos: de un lenguaje que lo exprese. La crisis del lenguaje de la fe nos sit\u00faa bruscamente ante la imperfecci\u00f3n y lo provisional del lenguaje en s\u00ed\u00ad. Las formulaciones dogm\u00e1ticas, las sistematizaciones teol\u00f3gicas, los mismos gestos sacramentales y el comportamiento del cristiano dejan traslucir su inadecuaci\u00f3n frente a un misterio inagotable.<\/p>\n<p>Es en este plano donde debe volver a situarse y donde debe volver a encontrar su significado la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica; es indispensable que los cristianos se atrevan a dar desde ahora una formulaci\u00f3n refleja de la confrontaci\u00f3n, de su vivencia entre la fe y el drama humano implicado en su acci\u00f3n presente. En este sentido precisamente la reflexi\u00f3n moral y espiritual se encuentra en una encrucijada fundamental; tampoco la relaci\u00f3n entre teolog\u00ed\u00ada y ciencias humanos deber\u00e1 verse ya en t\u00e9rminos inconciliables y alternativos.<\/p>\n<p>Una vez delimitados debidamente los dos campos y los respectivos sectores de la investigaci\u00f3n en su espec\u00ed\u00adfico objeto formal, ser\u00e1 cuesti\u00f3n de poner \u00e9nfasis tambi\u00e9n en su complementariedad; ya no ser\u00e1 posible hacer espiritualidad sin hacer antropolog\u00ed\u00ada, porque no se puede hablar del hombre en relaci\u00f3n con Dios sin conocer la estructura y los mecanismos profundos de su personalidad y de las relaciones que lo ponen en contacto con los dem\u00e1s, factor este que escapa al campo de la teolog\u00ed\u00ada. Ser\u00e1 inadmisible. por otra parte, para un cristiano pensar que con criterios puramente cient\u00ed\u00adficos es posible dar cuenta de la globalidad del ser y del obrar humano, como si no estuviera presente en nosotros una dimensi\u00f3n que trasciende las posibilidades de estos instrumentos de an\u00e1lisis&#8217;.<\/p>\n<p>1. S\u00ed\u008dNTOMAS, CAUSAS. VALORACI\u00ed\u201cN &#8211; a) Los s\u00ed\u00adntomas. En el plano del lenguaje, los vocablos propios de la teolog\u00ed\u00ada corriente provocan una desaz\u00f3n creciente. Las nociones de pecado, contrici\u00f3n, absoluci\u00f3n tienen un contenido cada vez m\u00e1s incierto a los ojos de la mayor parte de las personas. Su subdivisi\u00f3n en categor\u00ed\u00adas precisas resulta problem\u00e1tica cuando se trata de establecer los grados de la gravedad del pecado (mortal o venial), de la pena en que se incurre (purgatorio, infierno), de la calidad de la contrici\u00f3n (perfecta, imperfecta). Ciertas nociones se encuentran directamente en v\u00ed\u00adas de desaparici\u00f3n bajo los golpes de la desmitificaci\u00f3n o, m\u00e1s simplemente. del olvido; por ejemplo, las de la atrici\u00f3n, de la imperfecci\u00f3n o de la satisfacci\u00f3n. En el plano de la conducta se manifiesta repugnancia hacia todas las formas de privaci\u00f3n y de penitencia. Todo lo que se percibe como negativo y frustrante para nuestros deseos es sospechoso de inhumanidad, masoquismo o inhibici\u00f3n. En nuestra vivencia interior nos cuesta comprender lo que significa el pecado; nos parece una tendencia o un estado difuso, o simplemente la deficiencia de una situaci\u00f3n de conjunto m\u00e1s que un acto preciso capaz de catalogarse en una serie de acciones pecaminosas.<\/p>\n<p>b) Las causas. Las causas de la crisis del sentido del pecado pueden reducirse al \u00e1mbito del problema de la libertad. Se pone en duda la consistencia efectiva de la libertad humana. Esta aparece tan fr\u00e1gil y limitada por una serie de condicionamientos, que se llega a poner en tela de juicio la misma posibilidad de realizar actos culpables libremente queridos.<\/p>\n<p>Por otro lado se constata un sentido de desconfianza frente a todo dato exterior a la libertad tendente a condicionarla; sentido de desconfianza que se debe a la discusi\u00f3n del valor de la ley, a la constataci\u00f3n del pluralismo y a la diferenciaci\u00f3n en la sociedad, cuyas normas ya no son armonizables con una serie de imperativos \u00e9ticos objetivos y universalmente v\u00e1lidos; a la relativizaci\u00f3n de los valores y la incertidumbre respecto a lo que est\u00e1 permitido y prohibido por nuestra sociedad, que no facilita el despertar de la conciencia moral; a la incapacidad (seg\u00fan la terminolog\u00ed\u00ada freudiana) de adecuarse al \u00abprincipio de la realidad\u00bb para seguir \u00abel principio del placer\u00bb, en el sentido de satisfacci\u00f3n inmediata del deseo, por ilusorio que pueda ser.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n puede hablarse, radicalmente, de un miedo a objetivar a Dios, a reconocer su alteridad y su libertad. Dios es visto ante todo como la realizaci\u00f3n del deseo del hombre en orden a la plenitud de la propia persona y a la reconciliaci\u00f3n universal, y no tanto como la intervenci\u00f3n en nuestra historia de una libertad que nos interpela y nos provoca a un continuo cambio y superaci\u00f3n de nuestro proyecto humano.<\/p>\n<p>c) Un intento de valoraci\u00f3n. Si observamos con m\u00e1s atenci\u00f3n estos hechos, parece que no se ha perdido tanto el sentido del pecado cuanto cierto sentido del pecado. Se nota la p\u00e9rdida del sentido del pecado entendido como transgresi\u00f3n de una prohibici\u00f3n y. por otra parte, el recrudecimiento de una forma de culpabilidad latente que lleva, por ejemplo, al rechazo de la autoridad y de Dios mismo por el miedo -quiz\u00e1 inconsciente- a ser juzgados por \u00e9l.<\/p>\n<p>Asistimos hoy a la aparici\u00f3n de una nueva dimensi\u00f3n del sentido del pecado seg\u00fan una sensibilidad distinta, como, por ejemplo, el reconocimiento de nuestra responsabilidad colectiva frente al destino de toda la humanidad; y, desde otro punto de vista, a una mayor atenci\u00f3n a las exigencias del amor, m\u00e1s importantes y determinantes que las de la ley; existe un \u00e9nfasis en las obligaciones derivadas de la componente intersubjetiva y social de nuestra existencia.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, podemos decir que cierto sentido del pecado va debilit\u00e1ndose, aunque en beneficio de otro m\u00e1s aut\u00e9ntico y m\u00e1s cercano a nuestra cultura. La dificultad que encontramos para obtener una imagen satisfactoria del pecado deber\u00ed\u00ada al menos hacernos comprender cu\u00e1nto trasciende a nuestra inteligencia y a nuestra capacidad de amor lo absoluto del amor y de la santidad de Dios, que debe ser nuestro constante punto de referencia. El sentimiento que entonces tendremos sobre nuestra distancia respecto a este amor ser\u00e1 indicio existencial de nuestra condici\u00f3n de pecadores. Los santos son tambi\u00e9n maestros en este tema.<\/p>\n<p>Es necesaria por ello una clarificaci\u00f3n del lenguaje, que nos permita utilizar de forma m\u00e1s precisa los t\u00e9rminos \u00abpecado\u00bb, \u00abculpabilidad\u00bb (y \u00abconversi\u00f3n\u00bb) en los diversos niveles en que tales t\u00e9rminos pueden usarse, con el fin de evitar confusiones y no pasar indebidamente del plano de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica a otros planos que, por muy complementarios que sean, deben permanecer distintos de \u00e9l. Con ello la espiritualidad no har\u00e1 sino ganar.<\/p>\n<p>2. REFLEXIONES PSICO-SOCIOL\u00ed\u201cGICAS<br \/>\n[>Patolog\u00ed\u00ada espiritual, 1, 1-2] &#8211; a) An\u00e1lisis del t\u00e9rmino \u00abculpabilidad\u00bb. Examinemos el t\u00e9rmino tal como se usa en los textos de la literatura penitencial de las diversas culturas y religiones; se trata de un lenguaje simb\u00f3lico&#8217;.<\/p>\n<p>Los s\u00ed\u00admbolos m\u00e1s antiguos hablan de \u00abmancha\u00bb, de algo que contamina y perjudica al hombre desde el exterior; los b\u00ed\u00adblicos utilizan t\u00e9rminos como: fallar el tiro, seguir un sendero tortuoso, rebelarse. obstinarse, ser infieles como en el adulterio, ser sordos, estar perdidos, errar, ser vac\u00ed\u00ados y falsos, ser inconstantes como el polvo. Estos s\u00ed\u00admbolos expresan la idea de la relaci\u00f3n entre Dios y el hombre, entre el hombre y el hombre y entre el hombre y \u00e9l mismo. A la idea de la ruptura de esta relaci\u00f3n se debe a\u00f1adir la de una fuerza que domina al hombre y que tambi\u00e9n es el signo de su debilidad, de su vanidad representada por el soplo y el polvo.<\/p>\n<p>El simbolismo del pecado es, alternativamente, s\u00ed\u00admbolo de algo negativo (ruptura, extra\u00f1amiento, ausencia, vanidad) y s\u00ed\u00admbolo de algo positivo (fuerza, posesi\u00f3n, prisi\u00f3n, alienaci\u00f3n). La idea de \u00abculpabilidad\u00bb representa la forma extrema de interiorizaci\u00f3n en el paso de la \u00abmancha\u00bb al \u00abpecado\u00bb. El pecado es ya ruptura de una relaci\u00f3n; condici\u00f3n real, objetiva. dimensi\u00f3n ontol\u00f3gica de la existencia. La culpabilidad, adem\u00e1s, posee un acento m\u00e1s claramente sugestivo. Su simbolismo describe la conciencia del estar abrumado por un peso que lo envenena. Las met\u00e1foras utilizadas son el \u00abpeso\u00bb, la \u00abmordedura\u00bb y el \u00abtribunal\u00bb. Llegamos aqu\u00ed\u00ad a un momento particular de la experiencia humana del mal, el m\u00e1s ambiguo.<\/p>\n<p>Por un lado, la conciencia de la culpa marca un progreso claro frente a lo que hemos llamado \u00abpecado\u00bb; mientras el pecado sigue siendo una realidad colectiva. la culpa tiende a individualizarse. En Israel, los profetas del exilio fueron los autores de este proceso (cf Ez 31,34); esta predicaci\u00f3n represent\u00f3 una idea liberadora. En una \u00e9poca en que un retorno colectivo del exilio, parangonable al antiguo \u00e9xodo de Egipto, parec\u00ed\u00ada algo imposible, se abr\u00ed\u00ada un camino personal para la conversi\u00f3n de cada uno; se advierte claramente c\u00f3mo de la experiencia igualitaria y no cualificada del pecado sale a flote un \u00abcar\u00e1cter gradual\u00bb de la culpabilidad: el hombre es entera y radicalmente pecador, pero responsable en diversa medida. La individualizaci\u00f3n y el aspecto gradual de la culpabilidad indican claramente un progreso respecto al car\u00e1cter colectivo y no cualificado del pecado.<\/p>\n<p>Por otro lado se inicia en sentido negativo una patolog\u00ed\u00ada espec\u00ed\u00adfica, en la que el escr\u00fapulo marca el punto muerto. Tambi\u00e9n el escr\u00fapulo tiene un car\u00e1cter ambiguo. Si, por una parte. la conciencia escrupulosa es una conciencia delicada y meticulosa que se apasiona por una perfecci\u00f3n cada vez mayor, por otra, el escr\u00fapulo marca la entrada de la conciencia moral en su condici\u00f3n patol\u00f3gica.<\/p>\n<p>La persona escrupulosa se encierra en el laberinto de los mandamientos; la obligaci\u00f3n adquiere un car\u00e1cter enumerativo y acumulativo, que contrasta con la simplicidad y la sobriedad del mandamiento de amar a Dios y a los hombres. La actitud del escrupuloso lleva a una visi\u00f3n \u00abjur\u00ed\u00addica\u00bb de la acci\u00f3n y a una ritualizaci\u00f3n casi obsesiva de la vida cotidiana, causa y efecto al mismo tiempo de una perversi\u00f3n del concepto de obediencia; se vuelve a la \u00abesclavitud de la ley\u00bb, descrita por san Pablo (Rom 7). La culpabilidad revela entonces la maldici\u00f3n de una vida sometida a la ley y la irreversible desgracia descrita por Kafka: la condena se convierte en condenaci\u00f3n. [>Patolog\u00ed\u00ada espiritual, 1, 3].<\/p>\n<p>La evoluci\u00f3n advertida en el lenguaje nos ha situado ante diversos planos de la culpabilidad: desde un plano primitivo, que podr\u00ed\u00adamos calificar de \u00abinconsciente\u00bb, instintivo, hasta un plano m\u00e1s reflejo, en el que el hombre se hace responsable del propio mal -situado en el \u00e1mbito de su libertad-; hasta un plano \u00abreligioso\u00bb, en el que el hombre percibe su ser pecador frente a Dios; plano este espec\u00ed\u00adfico del cristiano y del hombre espiritual.<\/p>\n<p>b) Los tres planos de la culpa. Existen tres planos de la culpa, en cada uno de los cuales asumen un significado distinto los t\u00e9rminos empleados&#8217;.<\/p>\n<p>El plano del instinto. Tambi\u00e9n en el hombre existe una manera de vivir la obligaci\u00f3n y la culpabilidad que, aunque est\u00e9 relacionada con motivaciones intelectuales, se sit\u00faa sustancialmente en el plano del instinto. Esta culpabilidad est\u00e1 determinada por la presi\u00f3n social, que, con sus prohibiciones y sus tab\u00faes, establece una defensa contra el peligro que representa el instinto individual. El pecado o la culpa consiste autom\u00e1ticamente en la materialidad de la transgresi\u00f3n. La contrici\u00f3n ser\u00e1 el simple deseo instintivo de escamotear las consecuencias de esta transgresi\u00f3n. La confesi\u00f3n de la culpa y el prop\u00f3sito de la enmienda se queda a nivel del puro rito expiatorio.<\/p>\n<p>El plano moral. Se sit\u00faa a nivel de la realizaci\u00f3n consciente, libre y aut\u00f3noma de la persona humana en su estaren-el-mundo y en su relaci\u00f3n intersubjetiva con la persona absoluta, que es Dios. La ley de la que el hombre toma as\u00ed\u00ad conciencia deja de ser una imposici\u00f3n exterior; es la realizaci\u00f3n de su propio ser como dato virtual y proyecto que realizar. La conciencia moral no ser\u00e1 otra cosa que la conciencia de s\u00ed\u00ad mismo, que act\u00faa como facultad de discernimiento, la cual juzgar\u00e1 ante toda elecci\u00f3n libre qu\u00e9 es lo que favorece y qu\u00e9 es lo que se opone a la aut\u00e9ntica realizaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo. A pesar de que no es infalible, el juicio de la conciencia moral se impone incondicionalmente, aun en caso de error de buena fe. La culpa moral consiste en actuar libremente contra el juicio de la propia conciencia. No es ya, por lo tanto, \u00fanicamente la materialidad del acto lo que la determina. La sanci\u00f3n de la culpa noes ya una amenaza proveniente del exterior; la culpa moral se castiga ella misma en cuanto mutilaci\u00f3n del ser. La contrici\u00f3n consiste en reconocer frente a s\u00ed\u00ad mismo al propio acto como negaci\u00f3n de s\u00ed\u00ad mismo y en condenar la desviaci\u00f3n del propio desarrollo. No es actitud pasiva y resignada, sino est\u00ed\u00admulo a volver a la verdad del propio devenir aut\u00e9ntico. La confesi\u00f3n sit\u00faa la condena de la propia culpa y el prop\u00f3sito de enmienda en el contexto concreto de un desarrollo comunitario y puede revelarse como medio eficaz para volver a la verdad de las propias acciones.<\/p>\n<p>El plano espiritual cristiano. La realizaci\u00f3n moral de la persona se efect\u00faa ante todo en el encuentro adulto del otro en el amor. Pero s\u00f3lo un valor absoluto de amor podr\u00ed\u00ada fundamentar una moral de amor universalmente v\u00e1lida, y el encuentro del amor como absoluto nos situar\u00ed\u00ada en un nivel superior: el de la \u00e9tica religiosa. La ley que determina este encuentro no es ya la simple realizaci\u00f3n del propio ser, sino la invitaci\u00f3n a superar esta realizaci\u00f3n en orden a una relaci\u00f3n interpersonal de amor con la Persona que es el mismo Absoluto. No se trata, como podr\u00ed\u00ada parecer a primera vista, de una nueva forma de imposici\u00f3n desde el exterior. En esta relaci\u00f3n yo no salgo de m\u00ed\u00ad mismo sino para volverme a encontrar m\u00e1s all\u00e1 de mis propios l\u00ed\u00admites naturales en una verdadera comunicaci\u00f3n con el ser divino; la cumbre se alcanza aqu\u00ed\u00ad en la experiencia m\u00ed\u00adstica. La conciencia deja de ser un simple juicio l\u00f3gico o racional para convertirse en comuni\u00f3n entre dos seres que se aman: se hace sentido de lo divino y connaturalidad con Dios en la caridad. El pecado se convierte en este contexto ante todo y sobre todo en infidelidad a un amor; es el hombre mismo en actitud de rechazo del amor divino. La sanci\u00f3n del pecado no es un castigo infligido desde el exterior, sino el sufrimiento de quien rechaza obstinadamente una inextinguible necesidad de amor. La contrici\u00f3n nace del encuentro de dos certezas: la evidencia de la infidelidad, por una parte, y el recuerdo de la misericordia de Dios, que es m\u00e1s grande que nuestro coraz\u00f3n, por otra. La respuesta a la contrici\u00f3n es el perd\u00f3n, que renueva el amor e integra el mismo pecado en su di\u00e1logo. La confesi\u00f3n de la culpa ser\u00e1 la se\u00f1al a trav\u00e9s de la cual se reconstruyan el encuentro y el di\u00e1logo. La penitencia o reparaci\u00f3n encarna, a nivel temporal del desarrollo humano, lo que en el instante creativo del amor est\u00e1 ya plenamente realizado a nivel religioso.<\/p>\n<p>II. El pecado en la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 es lo que tiene que decir la palabra de Dios sobre esta reflexi\u00f3n y sobre esta realidad? La Biblia habla frecuentemente, casi en cada p\u00e1gina, de la realidad que nosotros llamamos corrientemente pecado. Los t\u00e9rminos con que el AT designa esta realidad son m\u00faltiples y se toman, en general, del lenguaje que sirve para explicar las relaciones humanas: falta, iniquidad, rebeli\u00f3n. injusticia, etc.<\/p>\n<p>El juda\u00ed\u00adsmo a\u00f1adir\u00e1 el concepto de \u00abdeuda\u00bb, que se utilizar\u00e1 tambi\u00e9n en el NT. De manera a\u00fan m\u00e1s general se presenta al pecador como el que realiza el mal a los ojos de Dios, y al justo se opone normalmente el malvado. Pero es sobre todo en el transcurso de la historia b\u00ed\u00adblica donde se manifiesta la verdadera naturaleza del pecado. su malicia y sus dimensiones. Ah\u00ed\u00ad se ve c\u00f3mo esta revelaci\u00f3n sobre el hombre es al mismo tiempo una revelaci\u00f3n sobre Dios: sobre su amor, al que se opone el pecado, y sobre su misericordia: porque la historia de la salvaci\u00f3n no es otra cosa, en definitiva, que la historia de los incansables intentos de Dios creador de arrancar al hombre de la red del pecado.<\/p>\n<p>1. Ei. PECADO DE LOS OR\u00ed\u008dGENES &#8211; Entre todos los relatos del AT. el de la ca\u00ed\u00adda, que sirve de p\u00f3rtico a la historia de la humanidad, ofrece ya una ense\u00f1anza sumamente rica. El pecado de Ad\u00e1n, por encima de un simple acto externo de desobediencia (G\u00e9n 3,3). se presenta como la actitud interior de quien pretende suplantar a Dios para decidir sobre el bien y el pral, afirmando frente a Dios la propia autosuficiencia y la negativa a depender de \u00e9l: \u00abSer\u00e9is como dioses. conocedores del bien y del mal\u00bb (G\u00e9n 3,5). Precisamente porque el hombre fue creado por Dios \u00aba su imagen y semejanza\u00bb, su relaci\u00f3n con Dios no era s\u00f3lo de dependencia. sino tambi\u00e9n de amistad. En su actitud de rechazo, el hombre lo considera, por el contrario, como un rival y est\u00e1 celoso de sus privilegios y de su superioridad (G\u00e9n 3.4ss). El pecado corrompe en el hombre la imagen de Dios, trastorn\u00e1ndola radicalmente: de la de un ser perfecto en s\u00ed\u00ad. que da por pura gratuidad, a la de un ser interesado y necesitado, preocupado de protegerse contra su criatura.<\/p>\n<p>La ruptura entre el hombre y Dios, realizada a iniciativa del hombre, queda sancionada por el dictamen de la conciencia, que la percibe aun antes de que intervenga el castigo. Ad\u00e1n y Eva se esconden de la vista de Dios (G\u00e9n 3.8). La expulsi\u00f3n del para\u00ed\u00adso constituir\u00e1 \u00fanicamente la ratificaci\u00f3n de esta voluntad del hombre. La ruptura con Dios implica tambi\u00e9n la ruptura entre los miembros de la comunidad humana: ruptura interpersonal. familiar y social. Al acusarla. Ad\u00e1n se hace insolidario de aquella a la que en un principio hab\u00ed\u00ada reconocido como \u00abhueso de mis huesos y carne de mi carne\u00bb (G\u00e9n 2.23). l,a muerte de Abel (G\u00e9n 4.8) y el canto salvaje de l,amec (G\u00e9n 4,24) son signos expl\u00ed\u00adcitos de este reino de la violencia. I,a corrupci\u00f3n de la humanidad, que desemboca en el diluvio (G\u00e9n 6): el desaf\u00ed\u00ado a Dios en la torre de Babel, que trae como consecuencia la incomunicabilidad entre los pueblos (G\u00e9n 11). expresan el impresionante crescendo del desbordamiento del mal y sus consecuencias.<\/p>\n<p>Pero desde el principio, la condici\u00f3n del hombre pecador se sit\u00faa bajo el signo de la esperanza. Dios mismo tomar\u00e1 la iniciativa de la reconciliaci\u00f3n (G\u00e9n 3.15). Esta bondad de Dios. m\u00e1s fuerte que el mal del hombre. se observa ya en acci\u00f3n cuando preserva a No\u00e9 y a su familia de la corrupci\u00f3n y del diluvio (G\u00e9n 6.5-8) y con \u00e9l \u00abrecrea\u00bb un universo nuevo: pero, sobre todo, en la vocaci\u00f3n de Abrah\u00e1n, donde el proyecto de reconciliaci\u00f3n se hace expl\u00ed\u00adcito: \u00abPor ti ser\u00e1n bendecidas todas las naciones de la tierra\u00bb (G\u00e9n 12.3).<\/p>\n<p>2. EL. PECADO EN t.A HISTORIA DE ISRAEL &#8211; El pecado. presente en el mundo desde los origenes de la humanidad. acompa\u00f1a a toda la historia de Israel. Observemos. para ilustrar este hecho. un episodio caracter\u00ed\u00adstico: la adoraci\u00f3n del becerro de oro (Ex 32). Como Dios hab\u00ed\u00ada hecho a Ad\u00e1n, por iniciativa gratuita, objeto de su benevolencia. lo mismo hizo con Israel, su pueblo. Especialmente toda la historia del \u00e9xodo demuestra los hechos con los que mantuvo su palabra. Pero en el momento mismo en que Dios establece alianza con su pueblo y se compromete con \u00e9l dando a Mois\u00e9s las \u00abtablas de la alianza\u00bb (Ex31,18), el pueblo pide a Aar\u00f3n un dios que no est\u00e9 tan lejano e invisible, hecho a su medida. Un dios que camine con el pueblo all\u00ed\u00ad donde \u00e9ste quiera llevarlo y no que le ordene al pueblo caminar con \u00e9l. El pecado consiste tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad en una negativa a obedecer que, m\u00e1s profundamente, es negativa a confiar en Dios y a abandonarse a \u00e9l, reconoci\u00e9ndolo como el \u00fanico suficiente. como el \u00fanico de quien el hombre recibe su existencia y a quien s\u00f3lo debe servir (Dt 6.15). Aqu\u00ed\u00ad est\u00e1 la ra\u00ed\u00adz del pecado en cuanto idolatr\u00ed\u00ada, tema este que volver\u00e1 a ser recordado y destacado especialmente por los profetas.<\/p>\n<p>3. LA ENSE\u00ed\u2018ANZA DE LOS PROFETAS &#8211; Buena parte de la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica consiste en una denuncia del pecado, el pecado de los dirigentes y el pecado del pueblo. De aqu\u00ed\u00ad la enumeraci\u00f3n de los pecados, que aparece frecuentemente en la literatura prof\u00e9tica, ordinariamente ligada al dec\u00e1logo. Estas enumeraciones se multiplican en la literatura sapiencial.<\/p>\n<p>El pecado se transforma en una realidad muy concreta. El abandono de Yahs\u00e9 genera violencia, rapi\u00f1as, juicios injustos. mentiras, adulterios, perjurios, homicidios y todos los des\u00f3rdenes sociales. Son significativas a este respecto las confesiones de Is 59.13ss y de Os 4.2. Quien pretende construir partiendo de s\u00ed\u00ad mismo e independientemente de Dios lo har\u00e1 normalmente a expensas de los dem\u00e1s, especialmente de los m\u00e1s peque\u00f1os y de los m\u00e1s d\u00e9biles. As\u00ed\u00ad lo demuestra, por ejemplo, el adulterio de David (2 Sam 12).<\/p>\n<p>El pecado del hombre no es solamente oposici\u00f3n a los derechos de Dios, sino tambi\u00e9n a su coraz\u00f3n. En este sentido la Biblia habla del pecado en cuanto ofensa a Dios. El pecado no hiere a Dios en s\u00ed\u00ad mismo (la revelaci\u00f3n se muestra demasiado preocupada en afirmar la trascendencia como para poderlo creer: cf Jer 7,19: Job 35,6): pero lo \u00abhiere\u00bb ante todo en la medida en que se dirige contra aquellos que son objeto de su amor. As\u00ed\u00ad Nat\u00e1n reprobar\u00e1 a David el haber despreciado a Dios (2 Sam 12.9ss). y por ello le previene sobre las consecuencias que ha de sufrir. Adem\u00e1s. el pecado, al separar al hombre de Dios, \u00fanica fuente de la vida, se revela de hecho contrario a los designios de amor de Dios (cf Jer 2.11ss).<\/p>\n<p>Por este motivo, cuanto m\u00e1s profundiza la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica en la trascendencia de este amor, m\u00e1s intensamente pone de manifiesto el sentido real en que el pecado del hombre puede ofender a Dios. Esta realidad se expresa a trav\u00e9s de las im\u00e1genes: por ejemplo, la ingratitud del hijo con un padre que lo ama (Is 57,4), o con una madre que jam\u00e1s podr\u00e1 olvidar el fruto de sus entra\u00f1as (Is 49,15): o bien la infidelidad de la esposa que se prostituye con el primero que llega, indiferente al amor incansable y fiel de su esposo (Jer 3,7-12: Ez 16.24).<\/p>\n<p>En este estadio de la revelaci\u00f3n. el pecado aparece esencialmente como violaci\u00f3n de las relaciones personales, como negativa del hombre a dejarse amar por un Dios que sufre por no ser amado, un Dios al que ha hecho vulnerable el amor (misterio de un amor que s\u00f3lo ser\u00e1 totalmente desvelado en el Nuevo Testamento).<\/p>\n<p>Junto al tema del pecado aparece siempre en los profetas el de la conversi\u00f3n: Dios permanece fiel a pesar de la infidelidad del hombre y le invita a volver mientras el hombre es capaz de hacerlo (Os 2.8ss: Ez 14,11).<\/p>\n<p>Dado que el pecado es rechazo del amor, la condici\u00f3n del perd\u00f3n ser\u00e1 la actitud del hombre que vuelve a amar, que renuncia a su voluntad de independencia, que acepta dejarse amar por Dios; en una palabra, que rechaza lo que constituye el fondo mismo del pecado.<\/p>\n<p>Todo esto rebasa las posibilidades humanas: tambi\u00e9n la conversi\u00f3n es don del Dios que va en busca de la oveja perdida (Ez 34), que da al hombre \u00abun coraz\u00f3n nuevo\u00bb, \u00abun esp\u00ed\u00adritu nuevo\u00bb, \u00absu propio esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Ez 36.26ss). Entonces se realizar\u00e1 la nueva alianza y la ley ya no estar\u00e1 escrita en tablas de piedra. sino en el coraz\u00f3n de los hombres (Jer 31.31ss).<\/p>\n<p>Por \u00faltimo. el AT anuncia que esta transformaci\u00f3n interior se llevar\u00e1 a cabo gracias a la oblaci\u00f3n sacrificial de un siervo misterioso, cuya identidad nadie podr\u00ed\u00ada haber sospechado antes de la realizaci\u00f3n de la profec\u00ed\u00ada (ls 42,1ss).<\/p>\n<p>4. LA ENSE\u00ed\u2018ANZA DEI. NT &#8211; El Nuevo Testamento revela que el Siervo venido para librar al hombre del pecado (Is 53.11) es el Hijo de Dios.<\/p>\n<p>a) Desde el comienzo de la catequesis sin\u00f3ptica. Jes\u00fas est\u00e1 con los pecadores para anunciarles la remisi\u00f3n de los pecados (Mc 2,17; Mt 6,12); este anunc\u00ed\u00ado, situado en la l\u00ed\u00adnea prof\u00e9tica, va acompa\u00f1ado de la predicaci\u00f3n de la conversi\u00f3n, que dispone al hombre a recibir el favor divino, a dejarse amar por Dios y acoger \u00absu reino\u00bb (Mc 1.15). Por ello, Jes\u00fas permanece impotente ante quien rechaza la luz (Me 3,28s) e imagina que no necesita el perd\u00f3n, como le ocurre al fariseo (Lc 18,9ss). Por ello tambi\u00e9n Jes\u00fas denuncia el pecado y la falsa justicia de quien se considera en paz con la ley, pero que tiene un coraz\u00f3n malvado (Mc 7,21ss). El disc\u00ed\u00adpulo de Jes\u00fas no se puede contentar con la justicia de los escribas y los fariseos (Mt 5.20): su justicia se reduce al precepto del amor (Mt 7,12). Pero viendo actuar a su maestro es como el disc\u00ed\u00adpulo aprender\u00e1 lo que significa amar y lo que es el pecado en cuanto rechazo del amor.<\/p>\n<p>La revelaci\u00f3n m\u00e1s sorprendente es la de la misericordia de Dios con los pecadores. expresada por Jes\u00fas, tanto a trav\u00e9s de la palabra en la l\u00ed\u00adnea de la predicaci\u00f3n prof\u00e9tica (cf en particular Lc 7,36ss: 19,5: Mc 2,15ss; Jn 8,10ss), como -sobre todo- con los hechos: Jes\u00fas acoge a los pecadores con la misma bondad que el padre de la par\u00e1bola (cf Lc 7,36ss; 19.5: Mc 2,15ss; Jn 8,10ss), hasta el punto de escandalizar a los testigos de esta misericordia, porque son incapaces de comprenderla.<\/p>\n<p>b) Caracter\u00ed\u00adstica del Evangelio de Juan es la expresi\u00f3n \u00abpecado del mundo\u00bb (Jn 1.29), con la que el evangelista trasciende los pecados particulares e intenta hablar de la realidad misteriosa que los produce: una potencia hostil a Dios y a su reino, con la que Cristo se encuentra enfrentado. Esta hostilidad se manifiesta ante todo. concretamente. en el rechazo de la luz (Jn 3,19-20; 9,11).<\/p>\n<p>Volviendo sobre un tema ya tocado en el Antiguo Testamento (Sab 2.24). Juan atribuye esta obstinaci\u00f3n a la influencia de Satan\u00e1s. a quien est\u00e1 sometido el que comete el pecado (Jn 8,34) y cuyas obras son el homicidio y la mentira (Jn 8,44), que generan el odio contra la luz (3.19), contra la verdad y, consecuentemente, contra Cristo y el Padre (15.22) hasta dar muerte al Hijo de Dios. Frente al pecado del mundo. Jes\u00fas se muestra triunfante, ya que no tiene pecado (Jn 8,46), es uno con el Padre (Jn 10,30), pura luz en la que no hay tinieblas (Jn 1,15: 8.12). verdad sin rastro de mentira (Jn 1,4: 8,40), y sobre todo esamor, cuya consumaci\u00f3n tiene lugar en la muerte (Jn 15,13). Esta aparente derrota es. en realidad, una victoria sobre el pr\u00ed\u00adncipe de este mundo, que no puede nada contra \u00e9l (Jn 14,3) y que ha sido abatido por \u00e9l (Jn 12.31). De esta victoria son hechos part\u00ed\u00adcipes tambi\u00e9n los disc\u00ed\u00adpulos de Jes\u00fas, convertidos en hijos de Dios por haberlo acogido (Jn 1,12). El cristiano no comete pecado porque ha nacido de Dios (1 Jn 3.9). E incluso si recae en el pecado, Jes\u00fas comunic\u00f3 a los ap\u00f3stoles el Esp\u00ed\u00adritu, d\u00e1ndoles el poder de \u00abperdonar los pecados\u00bb (Jn 20,22ss).<\/p>\n<p>c) La teolog\u00ed\u00ada del pecado en san Pablo. Pablo distingue el pecado (en griego hamart\u00ed\u00ada) de los actos pecaminosos particulares, a los que denomina con el t\u00e9rmino griego paraptoma, que significa literalmente ca\u00ed\u00adda. San Pablo no quita valor y trascendencia a los actos pecaminosos, como se demuestra en la lista de pecados que aparecen en sus cartas (cf 1 Cor 5,10ss; 6,9ss; 2 Cor 12,20; G\u00e1l 5.19-21; Rom 1.29-30; Col 3.5-8: Ef 5,3: 1 Tim 1.9; Tit 3,3; 2 Tim 3.2-5). Mas por encima de estos actos pecaminosos se remonta a su principio: ellos son en el hombre pecador la expresi\u00f3n y la exteriorizaci\u00f3n de esa fuerza hostil a Dios y a su reino, a la que se refer\u00ed\u00ada Juan. El mismo hecho de que Pablo les reserve pr\u00e1cticamente el t\u00e9rmino de pecado en singular, les da una especial importancia. Pero, sobre todo, se preocupa el Ap\u00f3stol de describir su origen y sus efectos en cada uno de nosotros. elaborando de esta forma una verdadera teolog\u00ed\u00ada del pecado.<\/p>\n<p>Presentado como una potencia personificada, hasta el punto de que alguna vez parece confundirse con el personaje de Satan\u00e1s, el \u00abdios de este mundo\u00bb (2 Cor 4.4), el pecado se distingue, no obstante, de \u00e9l; pertenece al hombre pecador y es interno al mismo. Se da una solidaridad de todos los hombres en el pecado de Ad\u00e1n (Rom 5,12-19), que los pone en condici\u00f3n de muerte. Pero el punto de vista de san Pablo no es, a pesar de ello, pesimista; efectivamente, existe tambi\u00e9n una solidaridad muy superior, cual es la de toda la humanidad con Jesucristo (Rom 5,15). El pecado de Ad\u00e1n y sus consecuencias se han permitido en cuanto que sobre ellas debe triunfar Cristo. La victoria de Cristo sobre el pecado es para Pablo tan radical como para Juan. El cristiano, muerto al pecado, se hace con Cristo resucitadoun ser nuevo (Rom 6.14) y una nueva criatura (2 Cor 5.17).<\/p>\n<p>No obstante puede volver a caer bajo el poder del pecado mientras vive en su cuerpo mortal y doblegarse a sus concupiscencias (Rom 6,2) si se niega a caminar seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8,5). La victoria sobre el pecado por obra de la sabidur\u00ed\u00ada de Dios se consigue sirvi\u00e9ndose del pecado mismo. Tambi\u00e9n \u00e9l entra en el plan salv\u00ed\u00adfico de Dios sobre el g\u00e9nero humano: \u00abA todos encerr\u00f3 Dios en la desobediencia para usar de misericordia con todos\u00bb (Rom 11.32; G\u00e1l 3.22).<\/p>\n<p>Este misterio de la sabidur\u00ed\u00ada divina se revela en el mundo con m\u00e1xima claridad en la pasi\u00f3n del Hijo de Dios. El Padre entreg\u00f3 al Hijo a la muerte para ponerlo en condiciones de llevar a cabo el acto supremo de obediencia y de amor y realizar as\u00ed\u00ad nuestra redenci\u00f3n, pasando \u00e9l el primero desde la condici\u00f3n carnal a la condici\u00f3n espiritual. Para permitirle amar como ning\u00fan hombre ha amado jam\u00e1s, Dios quiso que su Hijo se hiciera vulnerable al pecado del hombre, a fin de que nosotros. gracias a este acto supremo de amor. fu\u00e9semos sometidos a los efectos de la potencia vital que es la justicia de Dios (2 Cor 5,21). De esta forma \u00abordena todas las cosas para bien de los que le aman\u00bb (Rom 8,28), incluso el pecado.<\/p>\n<p>III. El pecado en la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica<br \/>\nLa reflexi\u00f3n teol\u00f3gica ha sometido a constante an\u00e1lisis el tema del pecado y ha intentado colegir su elemento formal y sus aspectos caracter\u00ed\u00adsticos. Nos limitaremos aqu\u00ed\u00ad a recordar algunas de las definiciones m\u00e1s notables que resumen sint\u00e9ticamente los resultados de esta reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>1. El. PECADO COMO VIOLACI\u00ed\u201cN DE LA LEY DE Dios &#8211; Es c\u00e9lebre la f\u00f3rmula de san Agust\u00ed\u00adn: \u00abEl pecado es una expresi\u00f3n, o un hecho, o cualquier tipo de deseo que se oponga a la ley eterna\u00bb. Esta definici\u00f3n no se debe leer, sin embargo, en un sentido legalista, sino en la perspectiva de una interpretaci\u00f3n personal de la ley. No se trata principalmente de la infracci\u00f3n de una norma, sino de una actitud de oposici\u00f3n a Dios, autor de la ley, incluso cuando \u00e9sta est\u00e1 mediatizada por los que participan en la comunidad del poder de orientar los caminosde los hombres. 1.a ley no es s\u00f3lo una norma impuesta desde el exterior. que frena o limita la libertad humana, sino ante todo, y m\u00e1s radicalmente. una dimensi\u00f3n que estructura al ser humano en s\u00ed\u00ad mismo y que orienta y estimula su desarrollo (S. Th., 1-II, y. 106, a. 1). De ah\u00ed\u00ad que violar la ley sea oponerse a la orientaci\u00f3n fundamental de la propia persona hacia el bien. al cumplimiento de la misi\u00f3n impl\u00ed\u00adcita en la Mimada a la vida y manifestada en el conjunto de los acontecimientos a trav\u00e9s de los cuales se explicita.<\/p>\n<p>2. EL PECADO COMO OFENSA A DIOS &#8211; Es una definici\u00f3n que se sit\u00faa en la l\u00ed\u00adnea de la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Santo Tom\u00e1s la propone en diversos contextos. La encontramos reafirmada expresamente por P\u00ed\u00ado XII en la Humani generis (DS 3891). A la luz de la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica [>supra, II]. esta definici\u00f3n no se entiende en sentido antropom\u00f3rfico. lo que podr\u00ed\u00ada dar lugar a una interpretaci\u00f3n extremadamente restrictiva. Aunque sin excluir la posibilidad de comportamientos que impliquen expl\u00ed\u00adcitamente un rechazo de Dios, la ofensa a Dios se concretiza con mucha mayor frecuencia en un comportamiento perjudicial al pr\u00f3jimo y al hombre mismo (S. Tom\u00e1s, C. Gent., 3, c. 122).<\/p>\n<p>3. LA DIMENSI\u00ed\u201cN SOCIAL DEL PECADO &#8211; Esta dimensi\u00f3n se pone de manifiesto no tanto por un contagio de car\u00e1cter psicol\u00f3gico cuanto debido a la vinculaci\u00f3n de solidaridad de todos los hombres entre s\u00ed\u00ad. Cuanto m\u00e1s se disgrega la comuni\u00f3n en Cristo, tanto m\u00e1s aumenta la solidaridad en el mal que manifiesta y consolida el pecado. Esto se evidencia principalmente por la actual forma de vida intensamente socializada, que nos sensibiliza m\u00e1s al aspecto social del pecado y a una mayor corresponsabilidad frente al mal del mundo (conflicto de los ego\u00ed\u00adsmos colectivos, inhumanidad en el ejercicio del poder, destrucci\u00f3n de los recursos naturales&#8230;).<\/p>\n<p>4. EL PECADO COMO ALEJAMIENTO DE DIOS Y CONVERSI\u00ed\u201cN A LAS CRIATURAS &#8211; Es una f\u00f3rmula que se repite con mucha frecuencia y variedad en las obras de san Agust\u00ed\u00adn. Esta definici\u00f3n sintetiza la realidad del pecado intentando captar la doble dimensi\u00f3n en la que se concretiza: la perspectiva teoc\u00e9ntrica, seg\u00fan la cual el pecado es oposici\u00f3n a Dios y deformaci\u00f3n de su obra, y la antropoc\u00e9ntrica, que contempla el pecado como mal del hombre en su plena realidad personal, social y c\u00f3smica, como disminuci\u00f3n que impide la plenitud humana (GS 13).<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de hacer estas alusiones b\u00ed\u00adblicas y teol\u00f3gicas, volvamos a plantearnos las cuestiones m\u00e1s espec\u00ed\u00adficas que se derivan del problema del pecado en los tres planos ya antes enunciados: instintivo, moral y espiritual supra, en 1, 2. b].<\/p>\n<p>IV. Sentido de culpa y pecado<br \/>\n1. El. SENTIMIENTO DE CULPABILIDAD &#8211; Podr\u00ed\u00adamos definir el \u00absentido de culpa\u00bb como una sensaci\u00f3n dolorosa (verg\u00fcenza, miedo, escr\u00fapulo) que acompa\u00f1a a un acto juzgado como \u00abmal\u00bb y cuyas causas no derivan de la conciencia de pecado en sentido teol\u00f3gico, sino de otras experiencias realizadas en el decurso de la propia existencia. Muchas veces el sentido de la culpa va acompa\u00f1ado de sensaciones que contrastan claramente con el esp\u00ed\u00adritu de fe, como el car\u00e1cter de ineludibilidad hasta la desesperaci\u00f3n. Muchas veces los conceptos de pecado y sentido de culpa se identifican indebidamente con t\u00e9rminos como remordimiento, miedo del pecado y sentido del pecado.<\/p>\n<p>En relaci\u00f3n con el \u00abpecado\u00bb, entendido en sentido teol\u00f3gico, el sentido de culpa presenta algunas caracter\u00ed\u00adsticas f\u00e1cilmente destacables; se impone, por ejemplo, s\u00f3lo para algunos pecados privilegiados, con variables intensas de tipo hist\u00f3rico y cultural; adem\u00e1s, puede variar, ya sea por su objeto como por su intensidad, de sujeto a sujeto.<\/p>\n<p>Asi hay algunos que son mucho m\u00e1s susceptibles que otros -incluso culpabilizados en la misma direcci\u00f3n- al sentido de culpa que puede suscitar una determinada acci\u00f3n. En lugar de tener una funci\u00f3n preventiva del pecado, en los sujetos muy culpabilizados el sentido de culpa se vive como tal y produce un sufrimiento y una verg\u00fcenza llevados al extremo, a la exageraci\u00f3n del pecado cometido, a la exasperaci\u00f3n de intentos de reparaci\u00f3n y a la intensificaci\u00f3n de las demandas de perd\u00f3n. Es posible encontrar personas muy culpabilizadas en un determinado sector de la moral, mientras que carecen casi porcompleto de escr\u00fapulos en los dem\u00e1s sectores.<\/p>\n<p>Si analizamos el sentido de culpa bajo una perspectiva m\u00e1s marcadamente psicol\u00f3gica y recordamos su origen, el sentimiento de culpabilidad proviene y se constituye por la interacci\u00f3n entre un sujeto, por una parte, y el conjunto de las relaciones sociales, por otra. No nace con el sujeto, sino que se forma a lo largo de la vida como respuesta autom\u00e1tica a las exigencias, a las prohibiciones y a las solicitaciones del ambiente. El sentido de culpa no puede estar ligado a un suceso particular ni a un estadio preciso del desarrollo afectivo. La culpabilidad representa, junto con la inseguridad, la caracter\u00ed\u00adstica de toda angustia. La angustia es siempre el miedo a una p\u00e9rdida real o imaginaria. Se vive en diversos estadios: la angustia del nacimiento, del destete, el miedo de la castraci\u00f3n (al descubrir al padre) y el miedo de la muerte.<\/p>\n<p>A trav\u00e9s de todas las frustraciones padecidas por nuestra exigencia de amor a los padres, cuando esta frustraci\u00f3n se percibe como algo merecido, se construye nuestra culpabilidad. No es a trav\u00e9s de un trauma solo, sino a trav\u00e9s de todo un conjunto de actitudes, de preguntas y respuestas, de rechazos y frustraciones, como nace el car\u00e1cter conflictivo de todo encuentro, de donde se generan la angustia y la culpabilidad. Estas afectan a nuestra necesidad m\u00e1s fundamental, que es la de amar y ser amados y reconocidos como dotados de valor.<\/p>\n<p>2. CONFRONTACI\u00ed\u201cN DEL AN\u00ed\u0081LISIS DE I.A CULPABILIDAD CON I.A EXPERIENCIA HUMANA Y CRISTIANA DEI. PECADO &#8211; Sentido del pecado y sentido de culpa son dos realidades claramente distintas, en el sentido de que el uno deriva de una vida de fe y el otro proviene del contexto psicosocial del sujeto.<\/p>\n<p>El sentido del pecado se puede definir como un acto de comprensi\u00f3n por haber realizado (o querer realizar) una falsa absolutizaci\u00f3n de aspectos propios creaturales, apart\u00e1ndose de Dios como \u00fanico fin verdadero en sentido absoluto. Este sentido del pecado no se reduce a un simple acto racional, sino que constituye un \u00absentir\u00bb efectivo, filtrado del entero sujeto viviente, de fallar en la propia orientaci\u00f3n de fondo. En todo caso, este sentimiento ser\u00e1 genuino en la medida en que tenga su origen y sea alimentado por la conciencia teol\u00f3gica, es decir, por la vida aut\u00e9nticamente orientada seg\u00fan la fe. Se puede hablar del sentido del pecado en la medida en que entran en juego motivos fundados en la revelaci\u00f3n de Dios al hombre; lo dem\u00e1s es extra\u00f1o al \u00e1mbito de la fe y, por tanto, se diagnostica y se cura mediante la obra organizadora del hombre.<\/p>\n<p>Es de advertir que una caracter\u00ed\u00adstica fundamental de la revelaci\u00f3n cristiana del pecado es la del amor de Dios y su perd\u00f3n. Todo sentimiento de desesperaci\u00f3n y de miedo despu\u00e9s del pecado no estar\u00e1 dictado consecuentemente por la fe y deber\u00e1 ser curado mediante otras terapias.<\/p>\n<p>El sentido de culpabilidad aparece como una realidad ambivalente; es un elemento negativo cuando asume formas patol\u00f3gicas que llevan al sujeto a enclaustrarse en s\u00ed\u00ad mismo en una actitud de angustia, de resignaci\u00f3n y de pasividad. Pero se convierte en algo positivo cuando el dolor experimentado estimula al sujeto a salir de su situaci\u00f3n, partiendo de motivaciones dictadas por el conocimiento de la raz\u00f3n e inscritas en el contexto del desarrollo global de toda la persona. [>Patolog\u00ed\u00ada espiritual 1. 1-2].<\/p>\n<p>Esta reflexi\u00f3n de tipo psicol\u00f3gico nos proporciona el enlace y el pase l\u00f3gico al plano moral, no en el sentido de una ruptura, sino en el de una continuidad; lo mismo que el plano moral, realmente totalizante en el nivel que le es propio, ser\u00e1 un momento que debe integrarse en la visi\u00f3n de la fe, que para un cristiano es el \u00fanico que puede resultar totalizante de manera \u00faltima y definitiva.<\/p>\n<p>V. El pecado en el plano moral<br \/>\nEl plano moral se distingue del puramente instintivo y ps\u00ed\u00adquico, como hemos advertido anteriormente [supra, 1, 2 b]. en cuanto lugar de la realizaci\u00f3n consciente, libre y aut\u00f3noma de la persona humana en su estar-en-el-mundo y en su realizaci\u00f3n intersubjetiva con la Persona absoluta, Dios. Pero es precisamente esta dimensi\u00f3n de la libertad. fuera de la cual queda privado de sentido todo discurso moral -y toda responsabilidad frente al mal cometido-, lo que hoy d\u00ed\u00ada se pone m\u00e1s que nunca en tela de juicio, hasta el punto de plantearse el problema de si todav\u00ed\u00ada puede hablarse l\u00ed\u00adcitamente de mal y culpa cometida por el hombre.<\/p>\n<p>En este problema, junto con la relaci\u00f3n entre libertad y ley, nos detendremos un poco, ya que esto nos llevar\u00e1 a afrontar la cuesti\u00f3n de extrema actualidad sobre la objetividad o no de la norma moral. La norma moral abstracta, que impone al hombre lo que debe hacer para satisfacer las exigencias de la ley divina y humana, \u00bfse dirige al hombre real o se dirige a un hombre idealizado? \u00bfNo reclama quiz\u00e1 una madurez que por definici\u00f3n es irrealizable, de la cual no participan el sujeto y la humanidad sino de una forma aproximativa y anal\u00f3gica? Teniendo en cuenta otra vez los datos de la psicolog\u00ed\u00ada, por un lado, y las conquistas del pensamiento teol\u00f3gico, por otro, intentaremos encuadrar los t\u00e9rminos de esta cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>1. MORAL Y LIBERTAD &#8211; \u00abEn un primer paso de reflexi\u00f3n afirmo que sentar la libertad es tanto como asumir el origen del mal. Mediante esta proposici\u00f3n afirmo que hay un nexo entre mal y libertad tan estrecho que ambos t\u00e9rminos se implican mutuamente. El mal tiene sentido como mal precisamente porque es obra de la libertad. La libertad tiene sentido como tal libertad, porque es capaz de realizar el mal. En virtud de este hecho real rechazo la escapatoria de pretender que el mal existe a la manera de una sustancia o una naturaleza, que existe igual que las cosas susceptibles de caer bajo la observaci\u00f3n de un espectador situado fuera. Esta pretensi\u00f3n se encuentra no s\u00f3lo en las fantas\u00ed\u00adas metaf\u00ed\u00adsicas, tales como aquellas a las que hubo de enfrentarse Agust\u00ed\u00adn. el manique\u00ed\u00adsmo y todas las metaf\u00ed\u00adsicas que conciben el mal como una entidad. Esta pretensi\u00f3n puede adoptar una apariencia positiva, incluso cient\u00ed\u00adfica, bajo la forma del determinismo psicol\u00f3gico o sociol\u00f3gico. Asumir la causa del mal en s\u00ed\u00ad mismo es tanto como desechar la claudicaci\u00f3n de pretender que el mal es algo, una realidad vigente en el mundo de las cosas susceptibles de ser observadas, lo mismo si estas cosas se entienden en sentido f\u00ed\u00adsico que si se sit\u00faan en el orden ps\u00ed\u00adquico o en el de las realidades sociales. Afirmo que soy yo quien ha actuado. Ego surn qui feci. No hay ning\u00fan ser-mal; s\u00f3lo existe el mal que yo he hecho. Asumir el mal es un acto de lenguaje comparable a la palabra eficaz, en el sentido de que es un lenguaje que realiza algo, es decir, que carga sobre s\u00ed\u00ad la responsabilidad de una acci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abDije antes que la relaci\u00f3n era rec\u00ed\u00adproca: ciertamente, si la libertad cualificaba el mal como un actuar, el mal. por su parte, pone de manifiesto la libertad. \u00bfQu\u00e9 quiere decir realmente eso de que se me imputan mis propios actos? Significa. ante todo, asumir las consecuencias de aquellos actos para el futuro, es decir, que quien hizo es tambi\u00e9n quien deber\u00e1 admitir la falta, reparar los da\u00f1os, soportar la censura. En otras palabras: que me ofrezco como portador de la sanci\u00f3n. Admito entrar en la dial\u00e9ctica de la alabanza y la censura. Pero al afrontar las consecuencias de mi acci\u00f3n, me sit\u00fao en un momento anterior a mi acto y me se\u00f1alo a m\u00ed\u00ad mismo no s\u00f3lo como el que realiz\u00f3 tal acci\u00f3n. sino como quien pudo actuar de otra manera. Esta convicci\u00f3n de haber obrado libremente no es asunto que pueda ser objeto de observaci\u00f3n. Se trata tambi\u00e9n de una actitud eficiente: me declaro, despu\u00e9s de lo hecho, como quien pudo actuar de manera diferente. Este `despu\u00e9s de lo hecho&#8217; se\u00f1ala la contrapartida del asumir las consecuencias. Quien carga con las consecuencias se declara libre y pone de manifiesto esta libertad como activa ya en la acci\u00f3n, porque es incriminado. En este momento puedo afirmar que soy yo quien ha llevado a cabo esa acci\u00f3n. Este paso del estar frente al situarse detr\u00e1s de la responsabilidad es algo esencial, pues constituye la identidad del sujeto moral a trav\u00e9s del pasado, el presente y el futuro. Quien habr\u00e1 de cargar con la censura es el mismo que ahora asume la acci\u00f3n, porque es el que actu\u00f3. Afirmo la identidad de quien asume las futuras responsabilidades de su acci\u00f3n y de quien actu\u00f3. Y ambas dimensiones. futuro y pasado, se ligan en el presente. El futuro de la sanci\u00f3n y el pasado de la acci\u00f3n cometida se unen en el presente de la confesi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abTal es la primera etapa de reflexi\u00f3n en la experiencia del mal; la instauraci\u00f3n rec\u00ed\u00adproca de la significaci\u00f3n de libre y de mal es una realizaci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica: la confesi\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>De esta premisa, citada \u00ed\u00adntegramente por su claridad y lucidez, podemos deducir que aceptar la libertad humana en su dimensi\u00f3n hist\u00f3rica significa admitir la eventualidad de la culpa. Rechazar la existencia y la gravedad de la culpa moral significa menospreciar elcometido de la libertad humana como capacidad real de opci\u00f3n fundamental y reducir el mal a la condici\u00f3n objetiva de infelicidad. extra\u00f1a a la propia voluntad, en que se encuentra el hombre.<\/p>\n<p>El hombre es un \u00abser de deseo\u00bb&#8216; caracterizado por la insatisfacci\u00f3n y orientado, por lo tanto, a un fin totalizante, que puede estar indicado por el nombre de vida, plenitud o felicidad. Toda realizaci\u00f3n inmediata, y. por lo tanto parcial, de felicidad, contiene en s\u00ed\u00ad misma la experiencia de la insatisfacci\u00f3n, la necesidad de ir m\u00e1s all\u00e1. As\u00ed\u00ad, despu\u00e9s de todo encuentro, el retorno de cada cual a su propia soledad hace emerger de nuevo el conflicto que est\u00e1 dentro de nosotros mismos y nos remite a la constataci\u00f3n de lo imperfecto de nuestra personalidad y de la comuni\u00f3n en el amor.<\/p>\n<p>La condici\u00f3n humana es un entramado de deseo de felicidad, de comprobaci\u00f3n de la propia fragilidad y de amenaza de infidelidad. El deseo de la felicidad se ve siempre multiplicado y reavivado por el desaf\u00ed\u00ado que presenta a la infidelidad. La infidelidad est\u00e1 fundamentalmente determinada por la finitud, que representa un obst\u00e1culo para nuestra necesidad de plenitud y de absoluto dondequiera que se lo identifique.<\/p>\n<p>La culpa moral no puede identificarse con la finitud, sino que a\u00f1ade la intervenci\u00f3n de la voluntad; el hombre es culpable cuando se satisface con su propia finitud y la transforma en un fin totalizante y en suficiencia, lo cual equivale de hecho a negarla en cuanto finitud.<\/p>\n<p>En el plano \u00e9tico se podr\u00e1 decir entonces que se es culpable cuando el objeto inmediato del deseo (finito en cuanto tal) viene a ser absolutizado, perdiendo de vista el fin absoluto en su trascendencia. Es. por lo tanto. la \u00abtematizaci\u00f3n del deseo de absoluto en objetos finitos, con la consiguiente negaci\u00f3n de la visi\u00f3n totalizante implicada en este deseo\u00bb&#8216;<br \/>\nReducir el mal del hombre a la propia infelicidad, situ\u00e1ndolo fuera del \u00e1mbito del propio querer. significar\u00ed\u00ada negar toda la dimensi\u00f3n \u00e9tica que surge del encuentro y del reconocimiento -como otros tantos elementos originales e irreducibles- de la acci\u00f3n, de la libertad y de la tendencia a la perfecci\u00f3n, con su aspecto negativo, aportado por la culpabilidad objetiva.<\/p>\n<p>El hombre es \u00ablibertad en situaci\u00f3n\u00bb. La afirmaci\u00f3n de la existencia y del valor de la libertad humana no puede eludir una confrontaci\u00f3n con todas las formas de condicionamiento individual y social que nos afectan de hecho y que nos hacen definir la libertad del hombre como una libertad en situaci\u00f3n. Ya la moral cl\u00e1sica y el mismo derecho can\u00f3nico han reconocido siempre los l\u00ed\u00admites de la libertad humana; se distingu\u00ed\u00adan los impedimentos \u00abintr\u00ed\u00adnsecos\u00bb al sujeto (la ignorancia, la concupiscencia y el h\u00e1bito) de los impedimentos \u00abextr\u00ed\u00adnsecos\u00bb (la violencia f\u00ed\u00adsica y moral, el temor, el enga\u00f1o y la extorsi\u00f3n).<\/p>\n<p>Estas posiciones experimentan una puesta al d\u00ed\u00ada. En efecto, toman como punto de partida el presupuesto de que la libertad humana es una facultad de decisi\u00f3n perfectamente aut\u00f3noma y que s\u00f3lo unos factores accidentales -siempre excepcionales, aunque bastante frecuentes- pueden impedir moment\u00e1neamente su ejercicio. La imagen del hombre tal como nos la presenta la antropolog\u00ed\u00ada contempor\u00e1nea es bastante diversa. Se mira la libertad humana como una libertad situada; la dial\u00e9ctica de la libertad y del determinismo es, por lo tanto, inherente a todo acto humano. Y \u00fanicamente mediante esta dial\u00e9ctica la acci\u00f3n libre se transforma en acci\u00f3n verdaderamente humana.<\/p>\n<p>Parece, por otro lado. que la ciencia actual encuentra mayor dificultad en salvaguardar, en el marco de este debate, el aspecto espec\u00ed\u00adfico de la libertad que en subrayar todas las servidumbres que gravan sobre el obrar humano. Estas pueden agruparse en tres causas principales: factores de orden biol\u00f3gico, social y psicol\u00f3gico.<\/p>\n<p>Rajo el perfil biol\u00f3gico, la moral cl\u00e1sica consideraba de una forma casi exclusiva los factores hereditarios. Pero hoy d\u00ed\u00ada los descubrimientos recientes de la neurocirug\u00ed\u00ada, de la endocrinolog\u00ed\u00ada -con las mutaciones que estos tratamientos implican para la personalidad-, as\u00ed\u00ad como las consecuencias del uso de diversos excitantes, narc\u00f3ticos y tranquilizantes, ponen de manifiesto m\u00e1s vivamente la influencia profunda que los factores biol\u00f3gicos pueden ejercer sobre el psiquismo y sobre la libertad de conciencia. El equilibrio del hombre y su sistema nervioso se han vuelto mucho m\u00e1s inestables a causa de la necesidad de adaptarse a situaciones nuevas, impuestas por el ritmo de la vida y del trabajo, por las responsabilidades sociales, por el fen\u00f3meno de la robotizaci\u00f3n del hombre creado por una sociedad supertecnificada.<\/p>\n<p>Por lo que respecta a las influencias sociales, la moral cl\u00e1sica aplicaba conceptos m\u00e1s bien superados. como los de respeto humano, miedo y vergiienza. Hoy d\u00ed\u00ada se prefiere subrayar las presiones ejercidas por la mentalidad com\u00fan (propaganda, publicidad, presi\u00f3n ideol\u00f3gica, desinformaci\u00f3n): la influencia de las relaciones afectivas vi5idas en varios niveles de la integraci\u00f3n social. que ha llevado a algunos soci\u00f3logos a definir la conciencia moral como la facultad de adaptaci\u00f3n instintiva de la persona a las exigencias del grupo; la misma estructura burocratizante y robotizante del Estado moderno y la despersonalizaci\u00f3n social unida a la reducci\u00f3n al anonimato.<\/p>\n<p>En el sector de las influencias psicol\u00f3gicas, la moral cl\u00e1sica hablaba de tiran\u00ed\u00ada del h\u00e1bito y de servidumbre a las pasiones. Hoy d\u00ed\u00ada son los datos de la psicolog\u00ed\u00ada profunda los que motivan la verdadera naturaleza de los v\u00ed\u00adnculos que ligan al hombre a su pasado y se remontan al origen, hasta su primera infancia e incluso a la misma existencia intrauterina. Tan s\u00f3lo mencionaremos este factor. cuyo an\u00e1lisis nos llevar\u00ed\u00ada muy lejos.<\/p>\n<p>Advirtamos, en particular, el problema de las motivaciones inconscientes, que escapan por completo a la conciencia clara del sujeto y son determinantes en actos que el sujeto por su parte considera perfectamente normales, l\u00facidos y libres. Se trata de las consecuencias provocadas por traumas s\u00fabitos en el decurso del crecimiento y del desarrollo ps\u00ed\u00adquico. bajo la influencia de un cierto tipo de educaci\u00f3n, y que llevan a la formaci\u00f3n de complejos neur\u00f3ticos y a un proceso de infantilizaci\u00f3n que suele darse con bastante frecuencia incluso en una vida consciente y adulta aparentemente equilibrada.<\/p>\n<p>las causas de este proceso de infantilizaci\u00f3n son m\u00faltiples. como la dislocaci\u00f3n de la familia: la ausencia casi completa de la imagen paterna en la educaci\u00f3n, que orienta r\u00e1pidamente hacia un matriarcado pedag\u00f3gico: la educaci\u00f3n establecida sobre el modelo del hijo \u00fanico; la precocidad de la crisis de la pubertad, que cada vez m\u00e1s hace resaltar la diferencia entre madurez fisica y espiritual; la incertidumbre de una \u00e9poca que no posee ya un ideal de humanidad v\u00e1lido y universalmente aceptado: el car\u00e1cter superficial de nuestra civilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>A la luz de estas sencillas consideraciones, pasando del plano te\u00f3rico, del que hab\u00ed\u00adamos partido al citar a Ricoeur, al plano pr\u00e1ctico, se puede deducir, por tanto, que el hombre no siempre hace lo que piensa hacer y que hay expresiones como \u00absab\u00ed\u00ada bien lo que hac\u00ed\u00ada\u00bb. \u00ablo he hecho a prop\u00f3sito\u00bb, que no siempre representan una escala v\u00e1lida para medir el verdadero grado de libertad de los actos propios. Pero entonces, \u00bfse puede todav\u00ed\u00ada hablar en realidad de pecado?<br \/>\nEspecialmente la noci\u00f3n de pecado mortal conectada con la idea de plena advertencia y consentimiento deliberado, \u00bfno resulta sumamente problem\u00e1tica? Lo que nosotros llamamos pecado, \u00bfno puede ser tal vez el efecto de cuanto hay en nosotros de inmadurez, inadaptaci\u00f3n social, incapacidad de asumir plenamente nuestro pasado, de todo cuanto queda en nosotros a nivel de instinto, y no puede ser, por tanto, imputado a nuestro libre albedr\u00ed\u00ado? El pecador no ser\u00ed\u00ada entonces un culpable. sino un enferma o un ser que todav\u00ed\u00ada no ha llegado a su madurez.<\/p>\n<p>El hecho de que se le considere demasiado frecuentemente como culpable y como tal se le condene ser\u00ed\u00ada una se\u00f1al de que la sociedad y la Iglesia, que toman esta actitud respecto a \u00e9l, no han llegado a urea madurez suficiente y han quedado prisioneras del infantilismo propio de una moral instintiva.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber bosquejado de forma sumaria los t\u00e9rminos del problema. indicaremos a continuaci\u00f3n algunas pistas para su soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>2. OPCI\u00ed\u201cN FUNDAMENTAL Y ELECCI\u00ed\u201cN OBJETIVA\u00bb &#8211; La elecci\u00f3n del obrar humano se convierte en una elecci\u00f3n realmente libre cuando hunde sus ra\u00ed\u00adces en los estratos m\u00e1s profundos del ser. Se deben distinguir las elecciones entre una multiplicidad de objetos particulares (que pueden estar tambi\u00e9n determinadas por el instinto), de la elecci\u00f3n relacionada con el conjunto de la existencia, que afecta al significado de la existencia misma y en la cual la persona entera se compromete incondicionalmente. A esta \u00faltima le damos el nombre de \u00abopci\u00f3n fundamental\u00bb.<\/p>\n<p>Los t\u00e9rminos de la elecci\u00f3n son o la apertura de s\u00ed\u00ad mismo, acogiendo una evoluci\u00f3n a cualquier precio, o el repliegue sobre s\u00ed\u00ad mismo, rechazando elriesgo y, por lo tanto, la realizaci\u00f3n propia.<\/p>\n<p>La opci\u00f3n fundamental, al encarnarse en la realidad de la historia, deber\u00e1 establecer el contacto con el dato psicof\u00ed\u00adsico y asumir consecuentemente todos los determinismos que condicionan su ejercicio y, al asumirlos, comprometerlos libremente en nuevos riesgos. La elecci\u00f3n objetiva continua que implica esta encarnaci\u00f3n ser\u00e1 una elecci\u00f3n verdaderamente libre tan s\u00f3lo en la medida en que participe de la libertad de la opci\u00f3n fundamental. Solamente este grado de participaci\u00f3n permitir\u00e1 definir cada una de las acciones individuales como buenas o pecaminosas desde el punto de vista moral o religioso.<\/p>\n<p>Advirtamos tambi\u00e9n, desde el punto de vista psicol\u00f3gico, que el sufrimiento que experimenta el hombre a causa de su impotencia para realizarse deriva propiamente del hecho de que el condicionamiento de sus complejos choca con una realidad opuesta, que no puede ser sino la libertad creadora, la cual, a su vez, le hace consciente de la impotencia en cuanto tal. Toda psicoterapia consiste, por otra parte, en buscar el modo de ofrecer a la opci\u00f3n libre la posibilidad de abrirse camino a trav\u00e9s de las redes de los determinismos que tienden a sofocarla.<\/p>\n<p>Planteado en t\u00e9rminos puramente abstractos, el problema de la libertad continuar\u00e1 siendo simplemente objeto de discusi\u00f3n, sin posibilidad de llegar a una respuesta exhaustiva. La soluci\u00f3n verdadera se podr\u00e1 encontrar \u00fanicamente en la pr\u00e1ctica, ya que la duda sobre la existencia de la libertad nos lleva a caer en la cuenta de que esta libertad est\u00e1 por construir. La libertad no es inmediata, sino mediata; no es fuente, sino un compromiso: el compromiso de hacerse m\u00e1s libre.<\/p>\n<p>Llevar al hombre a una mayor libertad, tal es la tarea esencial y permanente. Descargar al hombre de su propia responsabilidad significar\u00ed\u00ada privarle de su posibilidad de actuar, de transformarse y de progresar. Dar al hombre el sentimiento de la propia responsabilidad significa, por el contrario, permitirle que supere su propio pasado y que evolucione, que se abra al futuro en una perspectiva de mayor reconciliaci\u00f3n. Este es tambi\u00e9n el significado m\u00e1s aut\u00e9ntico del reconocimiento y de la confesi\u00f3n de la propia culpa, no en el sentido negativo que hemos descrito al hablar del sentimiento de culpabilidad,sino en el sentido positivo y estimulante del t\u00e9rmino.<\/p>\n<p>VI. La dimensi\u00f3n espiritual, el di\u00e1logo en el amor<br \/>\nHemos definido [supra, 1, 2, b] el plano espiritual cristiano como el lugar del encuentro del hombre con el Amor absoluto, que fundamenta una moral de amor universalmente v\u00e1lida y que es el lugar del encuentro con Dios, el \u00fanico Absoluto con el que todas las cosas deben relacionarse y por el cual se vivenciar\u00e1n todas las cosas. Y ya hemos advertido que en este punto se distingue claramente el pecado en el sentido religioso del t\u00e9rmino de las diversas manifestaciones del sentimiento de culpabilidad [supra, IV, 1-2]. Aqu\u00ed\u00ad reasumiremos los dos puntos en los que nos hab\u00ed\u00adamos detenido en el plano \u00e9tico, para establecer el grado de posible culpabilidad responsable en el hombre: la libertad y la ley.<\/p>\n<p>1. EL PECADO COMO FRACASO DE LA LIBERTAD HUMANA &#8211; Hemos observado en el plano \u00e9tico que la culpa no puede reducirse al limite connatural del hombre mismo, sino que se produce cuando el objeto inmediato del deseo, en su calidad de finito, viene a ser absolutizado perdiendo de vista el fin absoluto en su trascendencia.<\/p>\n<p>Ahora bien. a los ojos de la fe, este Absoluto existe positiva y realmente y se revela como una Presencia personal que puede ser interpelada y llamada por su nombre. La acci\u00f3n buena del hombre en relaci\u00f3n viva con Dios tiene, por tanto, a Dios como fin \u00faltimo y como fuente primigenia.<\/p>\n<p>Pecar no significa orientar el acto humano hacia una nada -como si \u00e9sta existiera de manera positiva y distinta de Dios-, sino privar al acto humano de su trascendencia en relaci\u00f3n con Dios. Consecuentemente, el pecado afecta tambi\u00e9n al tenor mismo del acto realizado: no en la materialidad de su ejecuci\u00f3n, sino en el modo en que el sujeto lo vive psicol\u00f3gica y espiritualmente.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de un no a Dios, el pecado es tambi\u00e9n un no al hombre; es el fracaso del deseo que se repliega en su propia potencia limitada y fracasa l\u00f3gicamente en cuanto libertad. Esta actitud de rechazo es lo que define al pecado mortal.<\/p>\n<p>Podemos volver a considerar brevemente aqu\u00ed\u00ad la distinci\u00f3n cl\u00e1sica entre pecado mortal y pecado venial para ponerla en su justa perspectiva. La moral cl\u00e1sica puso sobre todo el acento en la materialidad del acto, tomando como criterio casi \u00fanico la clasificaci\u00f3n de los pecados. Como reacci\u00f3n a esta postura, la reflexi\u00f3n contempor\u00e1nea tiende a valorar los factores de situaci\u00f3n y las exigencias de un compromiso proporcionado de la libertad en tal medida que casi ninguna situaci\u00f3n humana puede realizarlos de hecho. Refiri\u00e9ndonos a cuanto hemos dicho con relaci\u00f3n a la libertad en el plano \u00e9tico, podemos afirmar que la gravedad de un acto depende de su grado de participaci\u00f3n en la opci\u00f3n fundamental. El pecado mortal estar\u00e1 limitado claramente a las elecciones determinantes, a los momentos de decisi\u00f3n en los que el hombre decide quiz\u00e1 todo el resto de su vida.<\/p>\n<p>Por dif\u00ed\u00adcil de justificar y de explicar que resulte, la diferencia entre pecado mortal y pecado venial est\u00e1, por lo tanto, impl\u00ed\u00adcitamente presente en toda definici\u00f3n de pecado. El pecado venial no es tal sino por analog\u00ed\u00ada, en cuanto que realiza de manera imperfecta la intencionalidad y los efectos del pecado mortal. A este \u00faltimo tan s\u00f3lo, bajo el punto de vista \u00e9tico, se aplica la definici\u00f3n dada de tematizaci\u00f3n del deseo de lo absoluto en objetos finitos y, desde el punto de vista teol\u00f3gico, la definici\u00f3n de \u00abacto a trav\u00e9s del cual el hombre sit\u00faa en un bien limitado el sentido \u00faltimo de su vida, reivindicando su propia autonom\u00ed\u00ada frente a Dios\u00bb.<\/p>\n<p>Con su diverso grado de gravedad, el pecado constituye siempre la prueba de la libertad, es decir, el suceso cr\u00ed\u00adtico en el que ella mide el precio de sus elecciones anteriores, descubre su falibilidad, pero tambi\u00e9n en ello se revela como libertad humana.<\/p>\n<p>2. LA DIMENSI\u00ed\u201cN DE LA ESPERANZA &#8211; El discurso espiritual acerca de la libertad se distingue del puramente \u00e9tico, porque reclama de nosotros que pensemos en la libertad bajo el signo de la esperanza. Por eso, si existe un modo espec\u00ed\u00adficamente espiritual de hablar del mal. es hablar seg\u00fan el lenguaje de la esperanza. En el lenguaje evang\u00e9lico. considerar la libertad a la luz de la esperanza significa replantear la existencia en el movimiento que, con Moltmann. podr\u00ed\u00ada definirse como el futuro de la resurrecci\u00f3n de Cristo. Esta f\u00f3rmula kerigm\u00e1tica podr\u00ed\u00ada ser designada con la expresi\u00f3n de Kierkegaard \u00abpasi\u00f3n por lo posible\u00bb, que revela, en contraposici\u00f3n con cualquier tipo de abandono al presente y sumisi\u00f3n a la necesidad, la impronta de la promesa de la libertad. La libertad confiada al Dios que viene se abre a la nueva situaci\u00f3n radical: es la imaginaci\u00f3n creadora de lo posible.<\/p>\n<p>l.a libertad a la luz de la esperanza es una libertad que se afirma a pesar de la muerte y a pesar de todos los signos de la muerte. Es libertad para la negaci\u00f3n de la muerte. libertad para descifrar los s\u00ed\u00admbolos de la resurrecci\u00f3n bajo la apariencia contraria de la muerte. M\u00e1s fundamental que la categor\u00ed\u00ada del \u00aba pesar de\u00bb es la categor\u00ed\u00ada del \u00abcon mayor raz\u00f3n\u00bb de san Pablo (Rom 5,15.17): \u00abPero no como fue el delito fue el don; porque si debido al delito de uno solo todos murieron. \u00c2\u00a1mucho m\u00e1s la gracia de Dios y el don por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, sobreabund\u00f3 en todos!&#8230; Si debido al delito de uno solo la muerte rein\u00f3 por conducto de este solo, mucho m\u00e1s los que reciben la abundancia de la gracia y el don de la justicia reinar\u00e1n en la vida por medio de uno solo, \u00c2\u00a1Jesucristo!\u00bb<br \/>\nEs en esta dimensi\u00f3n donde la libertad se percata de s\u00ed\u00ad misma, se conoce a s\u00ed\u00ad misma y quiere pertenecer a esta econom\u00ed\u00ada de la sobreabundancia. Desde este punto de partida se puede iniciar un discurso \u00e9tico y teol\u00f3gico sobre el mal.<\/p>\n<p>El lenguaje espiritual, a diferencia del lenguaje \u00e9tico. sit\u00faa al mal delante de Dios (cf Sal 50, \u00abconfesi\u00f3n del pecado\u00bb). Puesto en la presencia de Dios, el mal es reintroducido en el movimiento de la promesa. El arrepentimiento, dirigido esencialmente al futuro, queda va apartado del remordimiento, que es reflexi\u00f3n referida al pasado.<\/p>\n<p>Colocada en presencia de Dios, la conciencia del mal cambia tambi\u00e9n totalmente de contenido. Corresponde menos a la transgresi\u00f3n de una ley que a la pretensi\u00f3n del hombre de constituirse en \u00e1rbitro de su propia vida.<\/p>\n<p>En el plano puramente \u00e9tico, la voluntad puede ser definida por la relaci\u00f3n entre libre arbitrio y ley. En realidad, la voluntad se constituye m\u00e1s fundamentalmente por un deseo de plenitud y de cumplimiento.<\/p>\n<p>El verdadero mal, el mal de los males, se revela en falsas s\u00ed\u00adntesis, es decir, en las falsificaciones actuales de los grandes intentos de totalizaci\u00f3n dela experiencia cultural. Es la mentira de las s\u00ed\u00adntesis prematuras, de las totalizaciones violentas. Por ello debemos tener el valor de incorporar el mal a la \u00e9tica de la esperanza.<\/p>\n<p>Mientras el moralista establece contraste entre el predicado del vial y el predicado del bien y todo lo atribuye a la libertad, reconociendo en ella su origen, la fe mira m\u00e1s all\u00e1; su problema no es tanto el del origen cuanto el del fin del mal. La fe es incorporada -como ya se ha recordado en la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica- con los profetas en la econom\u00ed\u00ada de la promesa, con Jes\u00fas en la predicaci\u00f3n del Dios que viene, con Pablo en la ley de la sobreabundancia. Por esta raz\u00f3n la visi\u00f3n de la fe sobre los hechos y sobre los hombres es esencialmente optimista y ben\u00e9vola.<\/p>\n<p>VII. Conclusiones<br \/>\nPartiendo de un an\u00e1lisis del concepto de pecado, hemos abordado problemas muy diversos, de orden psicol\u00f3gico, filos\u00f3fico, teol\u00f3gico y espiritual: pero el hombre, el pecador. es todo esto y resulta imposible mantener una distinci\u00f3n clara entre los diversos aspectos que se compenetran y se superponen en \u00e9l. Negarse a hacerlo hubiera sido situarse fuera del dinamismo de lo real.<\/p>\n<p>Sin embargo, da la impresi\u00f3n de que se pueden destacar algunas \u00abconstantes\u00bb. que ayudan a desarrollar de forma m\u00e1s positiva el concepto que tenemos del pecado. As\u00ed\u00ad ser\u00ed\u00ada posible responder a la pregunta sobre la desaparici\u00f3n del sentido del pecado afirmando que si ha desaparecido un cierto sentido del pecado, esto no es absolutamente malo en la medida en que se crea en los hombres una conciencia nueva y m\u00e1s aut\u00e9ntica del pecado. Lo que importa es captar el modo como nuestra \u00e9poca expresa su experiencia espiritual e intentar discernir. en la multiplicidad del lenguaje de la hora presente y por la constante referencia a la palabra de Dios, cu\u00e1l es el nuevo y m\u00e1s aut\u00e9ntico sentido del pecado.<\/p>\n<p>Ya podemos resumir brevemente en tres direcciones las constantes que hemos encontrado en diversos planos de la actual investigaci\u00f3n y que nos parecen sintetizar las l\u00ed\u00adneas principales de la conciencia que el hombre y el cristiano de hoy tienen del pecado y de su ser pecador.<\/p>\n<p>1. EL REDESCURRIMIENTO DE LA DIMENSI\u00ed\u201cN INTERPERSONAL DEL PECADO &#8211; El an\u00e1lisis de la formaci\u00f3n del sentido de la culpa nos ha demostrado ya, en el plano de los instintos, que este sentido de culpa nace en el ni\u00f1o a consecuencia de una privaci\u00f3n de amor, del rechazo de la agresividad frente a a la figura materna y paterna. con el sentimiento de la angustia que de ah\u00ed\u00ad se deriva. Pese a que todav\u00ed\u00ada nos encontremos a un nivel por lo general inconsciente, se ve que precisamente la falta de realizaci\u00f3n de una relaci\u00f3n humana de vital importancia es lo que culpabiliza al individuo.<\/p>\n<p>Esto se ha visto con mayor claridad en el plano moral, al describir la culpa como el repliegue del hombre sobre s\u00ed\u00ad mismo que le impide una plena realizaci\u00f3n humana, ya que \u00e9sta presupone la apertura al di\u00e1logo con los dem\u00e1s y al reconocimiento de otro ser como fin \u00faltimo y totalizarte.<\/p>\n<p>A nivel religioso, donde el reconocimiento de otro es reconocimiento y comuni\u00f3n en el amor con \u00abel Otro\u00bb, el pecado asume, en la l\u00ed\u00adnea de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y de la tradici\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s aut\u00e9ntica, un significado de ruptura de una relaci\u00f3n de alianza con Aquel que nos ha amado el primero y que es la fuente del amor con que amamos a los dem\u00e1s hombres, hermanos nuestros.<\/p>\n<p>M\u00e1s cercanos a los datos ofrecidos por el an\u00e1lisis del t\u00e9rmino culpabilidad que a una correcta interpretaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica y, en particular, a la mentalidad evang\u00e9lica, nos hemos acostumbrado a considerar el pecado como una cosa, una mancha que comporta una sanci\u00f3n y que debe ser cancelada mediante formas expiatorias. Lo que ahora se nos exige se encuentra en el sentido de una concepci\u00f3n m\u00e1s claramente personalista, en la que debemos sentirnos responsables hasta el fondo, como seres libres. Pecadores por ser ingratos, por el rechazo m\u00e1s o menos total del Amor, de Dios y del pr\u00f3jimo: la lecci\u00f3n de los santos.<\/p>\n<p>2. SUPERACI\u00ed\u201cN DE UNA VISI\u00ed\u201cN FATALISTA DEI. PECADO &#8211; Mirar la realidad del pecado en t\u00e9rminos personalistas significa rechazar una visi\u00f3n fatalista, que lleva al miedo o a la resignaci\u00f3n. El pecado no es una realidad extra\u00f1a al hombre, sino que es el hombre mismo realizando opciones equivocadas, cuya responsabilidad y cuyas consecuencias debe poder asumir. Realidad iluminada claramente en el plano \u00e9tico, pero presente tambi\u00e9n en toda la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Tampoco el \u00abpecado del mundo\u00bb, del que habla san Juan, o la hamart\u00ed\u00ada, de que habla san Pablo, deben entenderse en el sentido de una ontologizaci\u00f3n del mal.<\/p>\n<p>Este reconocimiento de la libertad del hombre frente a su mal (a pesar de los condicionamientos que la limitan), si bien, por una parte, agrava la responsabilidad del pecador, por otra lo libera del temor. Efectivamente, si,el mal no es una fatalidad ineludible (casi una condici\u00f3n de condena a la que nadie puede sustraerse), sino el fruto de una opci\u00f3n que no es definitiva, queda abierta la dimensi\u00f3n de la esperanza, que se realiza en el plano \u00e9tico al reconciliarse consigo mismo y con los dem\u00e1s, y en el plano cristiano se concretiza en la misericordia de Dios y en su perd\u00f3n.<\/p>\n<p>3. SUPERACI\u00ed\u201cN DE UNA VISI\u00ed\u201cN LEGALISTA PARA UNA CORRECTA INTERPRETACI\u00ed\u201cN DEL VALOR DE LA NORMA &#8211; Encuadrar el pecado en el contexto de la libertad y de la responsabilidad del hombre frente a s\u00ed\u00ad mismo, a los dem\u00e1s y a Dios significa que esta realidad no puede definirse de manera simplista por la relaci\u00f3n con la ley. como una cierta educaci\u00f3n nos ha inducido a creer durante mucho tiempo.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica y teol\u00f3gica nos ha recordado que el mismo concepto del pecado entendido como desobediencia no se contempla desde una \u00f3ptica legalista: la desobediencia es tal ante todo en relaci\u00f3n con la persona que es autor de la misma y con el valor que \u00e9sta expresa. Ya en el plano de los instintos se advierte que el aspecto negativo del supery\u00f3 en cuanto instancia de prohibici\u00f3n no se separa del positivo de la identificaci\u00f3n con la figura paterna. La ley no queda entonces vaciada de su contenido, sino que se contempla en su justa perspectiva; no es un fin, sino un medio; y por ello no es absoluta, sino relativa; relativa a los valores absolutos que ella expresa, traduci\u00e9ndolos e interpret\u00e1ndolos en las situaciones hist\u00f3ricas y humanas concretas.<\/p>\n<p>De la fidelidad casi idol\u00e1trica a la letra de la ley -la divina y la natural- se pasa a la fidelidad a su esp\u00ed\u00adritu, a su verdadera finalidad, que es conducir al hombre a una comuni\u00f3n m\u00e1s plena con Dios en el plano espiritual y a una realizaci\u00f3n m\u00e1s plena de la propia persona en el plano \u00e9tico. El bien y el mal ser\u00e1n entonces determinados por la orientaci\u00f3n fundamental del hombre, que se abre o se cierra a estos valores, como nos ha permitido verlo la reflexi\u00f3n sobre la \u00abopci\u00f3n fundamental\u00bb en el \u00e1mbito en que se encuentra en situaci\u00f3n de adoptar opciones verdaderamente libres; de abrir y cerrar los ojos a la luz, usando la imagen del evangelio de san Juan. Es f\u00e1cil comprender que, sin caer en los excesos de la doctrina moral que sustituye de manera pura y simple la norma por la situaci\u00f3n, se revisa decididamente la mentalidad preceptivista de la moral tradicional, que consideraba posible catalogar y dar soluciones prefabricadas a todas las soluciones hipot\u00e9ticas en que una persona pudiera encontrarse.<\/p>\n<p>Se denuncia asimismo la posici\u00f3n de quienes, en base a un criterio puramente exterior y jur\u00ed\u00addico, se sienten tentados a ver al hombre caer en pecado mortal casi a cada paso. Esta reflexi\u00f3n deber\u00ed\u00ada llevarnos a una concepci\u00f3n m\u00e1s serena, aunque intensamente responsabilizadora, de nuestras relaciones con Dios. Pecador es quien rechaza a Dios y su voluntad de amor, que se nos da a conocer en la norma.<\/p>\n<p>4. EL PECADO EN LA DIMENSI\u00ed\u201cN DE LA ESPERANZA &#8211; La conclusi\u00f3n m\u00e1s importante a que se llega partiendo de las reflexiones precedentes es la de la esperanza a que queda abierto el pecador. Desde el punto de vista espec\u00ed\u00adficamente cristiano, podemos decir que tiene sentido hablar del pecado, porque esto lleva a hablar del perd\u00f3n y de la misericordia del Padre (conversi\u00f3n). Eso es lo que se descubre a cada paso en la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica y lo que se echa de ver tambi\u00e9n en el plano instintivo y en el plano \u00e9tico al hablar del valor positivo del sentido de culpa como est\u00ed\u00admulo para reconstruir cuanto ha da\u00f1ado el mal cometido, de la exigencia de restauraci\u00f3n de la propia persona y del encuentro con los dem\u00e1s como componente esencial de todo reconocimiento y confesi\u00f3n de la culpa moral.<\/p>\n<p>Pero nos parece caracter\u00ed\u00adstico de la experiencia cristiana del pecado el hecho de no ser descubierto sino como consecuencia y en el seno del perd\u00f3n divino recibido. Es la toma de conciencia del amor de Dios como misericordia y perd\u00f3n recibidos lo que debe siempre preceder e incluir en su dinamismo la manifestaci\u00f3n del pecado y su confesi\u00f3n por parte del pecador.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s, \u00e9ste es el modo como Jes\u00fas se acerca a los pecadores, ofreci\u00e9ndoles la posibilidad de la curaci\u00f3n y de la salvaci\u00f3n, sin partir, por el contrario, de una reprobaci\u00f3n por su pecado. De esta forma la percepci\u00f3n del pecado no es humillante y envilecedora, sino fuente de alegr\u00ed\u00ada y de libertad.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n cristiana del pecado se refleja en una palabra que lo denuncia al mismo tiempo que lo suprime: el perd\u00f3n. As\u00ed\u00ad, trascendiendo toda visi\u00f3n puramente humana, el pecado aparece en toda su originalidad como compromiso para la conversi\u00f3n y compromiso con el misterio de la misericordia divina, como oferta de recuperaci\u00f3n propuesta constantemente a nuestra libertad; una libertad de pecadores que \u00abse dejan reconciliar\u00bb (2 Cor 5,20).<\/p>\n<p>O. Bernasconi<br \/>\nBIBL.-AA. VV., El pecado, llamada constante a la purificaci\u00f3n, en \u00abRev. de Espiritualidad\u00bb. 127 (1973).-AA. VV., Angustia y pecado, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1969.-AA. VV., El misterio del pecado y del perd\u00f3n, Sal Terrae 1972.-AA. VV.. La educaci\u00f3n del sentido del pecado en el catecismo, Marova, Madrid 1968.-AA. VV., Pecado: \u00bfacto o actitud?, en \u00abBiblia y Fe\u00bb, 2 (1975).-AA. VV., Pastoral del pecado, Verbo Divino, Estella 1966.-Castilla del Pino, C, La culpa, Alianza Editorial, Madrid 1973.-Fletcher, J, Etica de situaci\u00f3n, Ariel, Barcelona 1970.-Garc\u00ed\u00ada Trapiello, J. El problema de la moral en el AT, Herder, Barcelona 1977.-G\u00fcnthor, A, La moral de situaci\u00f3n. Decisiones morales en contra de la ley, Paulinas, Madrid 1971.-Hdring, B, Pecado y secularizaci\u00f3n, Perpetuo Socorro, Madrid 1974.-Le Du, J.-Guerin, P. Transgresi\u00f3n y reconciliaci\u00f3n en la vida de los j\u00f3venes, Marova, Madrid 1971.-Lucena, C, \u00bfPecado y plenitud humana?, Perpetuo Socorro, Madrid 1971.-Monden, L. Conciencia, libre albedr\u00ed\u00ado, pecado, Herder, Barcelona 1968.-Oraison, M, La culpabiiidad: el hombre y sus posibilidades, B. Aires 1977.-Oraison, M, Psicolog\u00ed\u00ada y sentido del pecado, Marova, Madrid 1973.-Peteiro. A, pecado y hombre actual, Verbo Divino. Estella 1972.-Rahner, E. Culpa y perd\u00f3n de la culpa como regi\u00f3n fronteriza entre la teolog\u00ed\u00ada y la psicoterapia, en ET, III, 275-293.-Ricoeur, P. Finitud y culpabilidad, Taurus, Madrid 1969.-Schnackenburg, R. El testimonio moral del .AT, Rialp, Madrid 1965.-Schoonenberg. P, El poder del pecado, B. Aires 1968.-Spieq. C. Teolog\u00ed\u00ada moral del NT, 2 vols., Eunsa, Pamplona 1970.-Vidal, M, C\u00f3mo hablar del pecado hoy. Hacia una moral cr\u00ed\u00adtica del pecado, PPC. Madrid 1977.-V\u00e9ase bibl. de Penitente y de Conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Desaparici\u00f3n del sentido del pe-cado: 1. S\u00ed\u00adntomas, causas, valoraci\u00f3n: 2. Reflexiones psico-sociol\u00f3gicas: a) An\u00e1lisis del t\u00e9rmino \u00abculpabilidad\u00bb, b) Los tres planos de la culpa &#8211; II. El pecado en la reflexi\u00f3n b\u00ed\u00adblica: 1. El pecado de los or\u00ed\u00adgenes: 2. El pecado en la historia de Israel; 3. La ense\u00f1anza de los profetas; 4. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/pecadorpecado\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPECADOR\/PECADO\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17106","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17106","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17106"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17106\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17106"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17106"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17106"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}