{"id":17107,"date":"2016-02-05T11:08:28","date_gmt":"2016-02-05T16:08:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/penitente\/"},"modified":"2016-02-05T11:08:28","modified_gmt":"2016-02-05T16:08:28","slug":"penitente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/penitente\/","title":{"rendered":"PENITENTE"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Penitencia y penitente: referencias b\u00ed\u00adblicas: 1. Pecado y conversi\u00f3n del pecado: 2. Actitud del penitente &#8211; II. Penitencia y penitentes: referencias hist\u00f3ricas: 1. Penitentes ante la Iglesia: 2. Orden de los penitentes &#8211; III. Reconciliaci\u00f3n y comuni\u00f3n: 1. El pecador interrumpe la comuni\u00f3n: 2. La comuni\u00f3n es establecida por Cristo y en Cristo; 3. La realizaci\u00f3n de la comuni\u00f3n en la Iglesia: 4. I.a penitencia-reconciliaci\u00f3n como sacramento de la reactualizaci\u00f3n de la comuni\u00f3n: 5. La vida cristiana como penitencia continua &#8211; IV. La Iglesia en la vida de reconciliaci\u00f3n del cristiano: 1. La predicaci\u00f3n eclesial de la conversi\u00f3n: 2. La Iglesia como pueblo penitente; 3. La oraci\u00f3n por el pecador &#8211; V. Reconciliaci\u00f3n sacramental: 1. Actualizaci\u00f3n eclesial de la palabra de salvaci\u00f3n en el sacramento de la penitencia: 2. Penitencia: absoluci\u00f3n y oraci\u00f3n eficaz de toda la comunidad eclesial: 3. La penitencia como reconciliaci\u00f3n con Dios y con la Iglesia &#8211; VI. La unidad recuperada.<\/p>\n<p>Resulta dif\u00ed\u00adcil, particularmente hoy d\u00ed\u00ada, hablar de penitencia; la excesiva insistencia en su aspecto exclusivamente negativo, el hecho de haber reservado el t\u00e9rmino >conversi\u00f3n a la misionolog\u00ed\u00ada, al retorno de los grandes pecadores o incluso a la \u00abvida espiritual\u00bb (v\u00e9anse las tres etapas tradicionales del camino de perfecci\u00f3n), el \u00e9nfasis casi exclusivo del compromiso humano en la penitencia, han terminado por poner en peligro una dimensi\u00f3n evang\u00e9lica fundamental de la vida cristiana. El resto lo ha hecho la distinci\u00f3n demasiado neta entre ese tipo de penitencia y la celebraci\u00f3n de la misma en la Iglesia y como Iglesia. De aqu\u00ed\u00ad la urgencia de reasumir la vivencia y lo cotidiano de la penitencia, y la necesidad igualmente acuciante de reinsertarlos en la penitencia de toda la Iglesia y en la celebraci\u00f3n que \u00e9sta hace de ella en la reconciliaci\u00f3n.<\/p>\n<p>I. Penitencia y penitente: referencias b\u00ed\u00adblicas<br \/>\nJes\u00fas inicia su predicaci\u00f3n con la proclamaci\u00f3n \u00abConvert\u00ed\u00ados y creed\u00bb (Mc 1,15). La conversi\u00f3n es el gran retorno personal y comunitario; el precursor hace suyo sin m\u00e1s el anuncio del profeta a los exiliados que anhelan el retorno a la patria: \u00abVoz del que grita en el desierto: Preparad el camino del Se\u00f1or, haced rectos sus senderos; todo barranco ser\u00e1 rellenado y toda monta\u00f1a y colina rebajada; los caminos tortuosos se har\u00e1n derechos y los escabrosos llanas. y todo hombre ver\u00e1 la salvaci\u00f3n de Dios\u00bb (Lc 3,4-6; Mt 3,3). Y puesto que la salvaci\u00f3n, el reino, ha llegado ya y est\u00e1 en medio de nosotros, es necesario cambiar de camino, volver hacia atr\u00e1s, cambiar de mentalidad y adherirse a Jes\u00fas: creer. La conversi\u00f3n es cambio de camino -seg\u00fan el t\u00e9rmino del AT-, lo que, expresado en palabras del Nuevo Testamento, metanoia, significa cambio interior, total, definitivo, fundamento de una vida nueva. Un retorno total a Dios, que espera y acoge; la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo (Lc 15,11-32) nos revela pl\u00e1sticamente la actitud de espera del amor misericordioso de Dios, el retorno, la conversi\u00f3n lenta y sufrida, la premura del Padre, que espera al pecador para ofrecerle perd\u00f3n y salvaci\u00f3n, exigiendo arrepentimiento sincero y conversi\u00f3n total. Dios espera; acoge al pecador por medio de Cristo y en Cristo. Jes\u00fas no se limita a hablar de conversi\u00f3n, puesto que \u00e9l mismo convierte: \u00abNo he venido a llamar a penitencia a los justos, sino a los pecadores\u00bb (Lc 5.31-32). El dice: \u00abTus pecados te son perdonados\u00bb (Lc 7,48). Y \u00e9l es quienlleva a cabo la conversi\u00f3n. Jes\u00fas, adem\u00e1s, es el lugar en que se opera nuestra reconciliaci\u00f3n: \u00abMientras que ahora, en Cristo, vosotros, que en un tiempo estuvisteis lejos, hab\u00e9is sido acercados por la sangre de Cristo. El, en efecto, es nuestra paz; el que de ambos pueblos hizo uno, derribando el muro medianero de separaci\u00f3n, la enemistad; anulando en su carne la ley de los mandamientos formulados en decretos, para crear de los dos en s\u00ed\u00ad mismo un solo hombre nuevo, haciendo la paz, y reconciliar a ambos en un solo cuerpo con Dios por medio de la cruz, destruyendo en s\u00ed\u00ad mismo la enemistad, y con su venida anunci\u00f3 la paz a vosotros los que estabais lejos y paz a los que estaban cerca. porque por \u00e9l los unos y los otros tenemos acceso al Padre en un mismo Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Ef 2,13-18).<\/p>\n<p>1. PECADO Y CONVERSI\u00ed\u201cN DEL PECADO &#8211; Tan s\u00f3lo comprendiendo el discurso b\u00ed\u00adblico acerca del pecado [>Pecador\/ pecado II) se llega a comprender el significado d\u00e9 la conversi\u00f3n y del amor de Dios a los pecadores, presente en Cristo. El pecado es ruptura con Dios, ruptura con Cristo, ruptura con la Iglesia. comunidad de los creyentes, y ruptura con el mundo. Es un replegarse sobre si mismo. sobre la propia nada, perdiendo la libertad de los hijos de Dios y causando desorden y hostilidad en el mundo externo. La conversi\u00f3n, por contraste, es un nuevo nacimiento, un renacimiento (Jn 3,7): es un rescate llevado a cabo por Cristo (1 Tim 2,6); es una liberaci\u00f3n que no s\u00f3lo comporta libertad de la ley (G\u00e1l 5,4), sino tambi\u00e9n libertad para acercarse a Dios (Ef 3,12). Es la reanudaci\u00f3n de la relaci\u00f3n del di\u00e1logo con Dios, con Cristo, con la Iglesia y con el mundo. De ah\u00ed\u00ad que la conversi\u00f3n sea esencialmente un cambio, una metanoia; un cambio de ra\u00ed\u00adz, que implica una transformaci\u00f3n de la vida, surgida de la adhesi\u00f3n a Cristo como salvador. \u00abLa conversi\u00f3n, seg\u00fan Jes\u00fas, no se agota en la negaci\u00f3n, en la ruptura con la existencia pasada por temor al juicio escatol\u00f3gico inminente, sino que abarca toda la transformaci\u00f3n del hombre requerida por el reino de Dios e incluye tambi\u00e9n el motivo de la nueva relaci\u00f3n personal del hombre con Dios, es decir, la pistis. Cambiar y convertirse es, en una palabra, lo que exige al hombre la venida del reino de Dios. Pero esta exigencia incondicional no se satisface con una simple obra humana. En Mt 18,3 Jes\u00fas explica con el ejemplo del ni\u00f1o lo que significa para \u00e9l convertirse. hacerse otro hombre: `Si no cambi\u00e1is y os hac\u00e9is como ni\u00f1os, no entrar\u00e9is en el reino de los cielos&#8217;. Ser `ni\u00f1os&#8217; quiere decir ser peque\u00f1os, tener necesidad de la ayuda divina y estar dispuestos a aceptarla. Quien se convierte se hace peque\u00f1o ante Dios y est\u00e1 dispuesto a dejar que Dios act\u00fae en \u00e9l. Los hijos del Padre celestial anunciados por Jes\u00fas son completamente receptivos frente a \u00e9l (Mc 10,27). Esto puede aplicarse tambi\u00e9n en el tema de la metanoia. Esta es un don de Dios, aunque no deje de ser una exigencia obligatoria; es ambas cosas al mismo tiempo y de una manera tan absoluta que excluye cualquier c\u00e1lculo que pudiera enfrentar a una con la otra. Despu\u00e9s de la llamada a la conversi\u00f3n que Jes\u00fas expone con el mensaje del reino de Dios, se da la promesa del cambio que realiza como preparaci\u00f3n para el reino (cf Mt 11,28ss). Si ya el bautismo del agua de Juan -cuya misi\u00f3n divina fue reconocida tambi\u00e9n por Jes\u00fas (cf Mt 11,30 y par)- obraba la conversi\u00f3n de quien esperaba el cumplimiento de la salvaci\u00f3n (Mt 3,11). 31 bautismo del Esp\u00ed\u00adritu que Jes\u00fas realiza con la autoridad de quien lleva al mundo a su consumaci\u00f3n, no es otra cosa que la prolongaci\u00f3n de la potencia divina, que crea hombres sujetos al reino de Dios, es decir, hombres que se convierten. El hecho de que el mensaje de la metanoia, a pesar de su severidad inexorable, no constri\u00f1a al tormento de las obras penitenciales y a la desesperaci\u00f3n, sino que suscite el alegre consentimiento junto con una vida adecuada a la voluntad de Dios, se basa en que la metanoia no es ya una ley como en el juda\u00ed\u00adsmo, sino evangelio&#8217;. La conversi\u00f3n es, por tanto, esencialmente un don v una gracia, a la que corresponde la actitud de acogida o de rechazo&#8217;.<\/p>\n<p>2. ACTITUD DEI. PENITENTE &#8211; Es penitente todo aquel que se convierte del pecado. El penitente contempla y juzga su pasado; se compara con Cristo (Ef 4.13), por cuya estatura todos debi\u00e9ramos medirnos; descubre en su vida aquello que no coincide con \u00e9l y rechaza todo cuanto no se adecua a \u00e9l para despu\u00e9s arrepentirse. No se trata tanto de un sentimiento o de un sufrimiento psicol\u00f3gico, de un sentimiento de culpabilidad, cuanto de una valoraci\u00f3n objetiva de lo que es verdadero y justo (FIp 4,8) y de lo que respectivamente es inaut\u00e9ntico e injusto en la \u00f3ptica de la fe. Pero tambi\u00e9n en este juicio se puede insinuar el ego\u00ed\u00adsmo. Aparte de que en una reflexi\u00f3n individual siempre puede insinuarse el pensamiento del imp\u00ed\u00ado que no cae en la cuenta del mal. pese a que es \u00e9l quien ha cometido el pecado, disponemos por lo menos de dos motivos que exigen la reflexi\u00f3n comunitaria sobre el pecado propio.<\/p>\n<p>La \u00f3ptica de la fe es una \u00f3ptica comunitaria; es la \u00f3ptica de la comunidad cristiana, a la que se ha confiado el pensamiento de Cristo. De ah\u00ed\u00ad que sea desde esa \u00f3ptica desde donde se obtiene el juicio aut\u00e9ntico sobre el pecado propio. Es la comunidad creyente quien me pone de manifiesto c\u00f3mo mi mal repercute en ella y la hace menos transparente a la Palabra. El penitente mira el momento presente y, midi\u00e9ndose por Cristo y confront\u00e1ndose con el juicio de la comunidad, \u00e9l mismo se acusa. Tampoco se trata aqu\u00ed\u00ad de un simple arreglo de cuentas entre Dios y el hombre, sino entre el hombre y Cristo, que est\u00e1 presente en la comunidad de los fieles. con la actitud de lealtad propia de quien ante todo sabe que la ha perjudicado impidiendo que se manifestara santa y transparentara a Cristo.<\/p>\n<p>Pero el penitente est\u00e1 sobre todo en tensi\u00f3n hacia el futuro. Como cristiano y como miembro de una comunidad de cristianos, se encuentra en camino no s\u00f3lo en lucha contra el mal, sino en tensi\u00f3n hacia la medida y la perfecci\u00f3n de Cristo, que nunca podr\u00e1 conseguir en la tierra, pero que debe iniciar y continuar. El penitente quiere la reconstrucci\u00f3n de todo lo que ha destruido con el pecado; quiere la reconstrucci\u00f3n como manifestaci\u00f3n del don del perd\u00f3n, de la gracia de la reconciliaci\u00f3n, como obra del Esp\u00ed\u00adritu que ha vuelto a habitar en \u00e9l. Tampoco aqu\u00ed\u00ad se trata \u00fanicamente de s\u00ed\u00ad mismo, sino de la Iglesia y del mundo. Con el pecado se entorpece y hace opaca la obra de Dios en su Iglesia, a la vez que se destruye la obra de Dios en el mundo; la satisfacci\u00f3n, adem\u00e1s de un s\u00ed\u00admbolo, es compromiso educativo para el penitente, favorecedor de la transparencia de la comunidad de los creyentes y constructivo para el mundo entero.<\/p>\n<p>Por estas breves reflexiones de fundamento b\u00ed\u00adblico, la conversi\u00f3n, la penitencia y la reconciliaci\u00f3n aparecen ya como exigencias del individuo que se refleja en la comunidad y como dimensi\u00f3n de la comunidad que se hace transpa rente en el cristiano&#8217;.<\/p>\n<p>O. Bernasconi<br \/>\nII. Penitencia y penitentes: referencias hist\u00f3ricas<br \/>\n1. PENITENTES ANTE LA IGLESIA &#8211; En la praxis eclesial primitiva, el bautismo no s\u00f3lo operaba la remisi\u00f3n interior de todo pecado, sino que al mismo tiempo introduc\u00ed\u00ada al creyente en la participaci\u00f3n del misterio penitencial eclesial de la pascua de Cristo. En cierto modo, todo cristiano se constitu\u00ed\u00ada en penitente en sentido espiritual. Si despu\u00e9s del bautismo se gravaba su conciencia con determinados delitos nefandos. quedaba excluido de la comuni\u00f3n eclesial ordinaria, tanto penitencial como eucar\u00ed\u00adstica. Se constitu\u00ed\u00ada penitente no s\u00f3lo ante Dios, sino tambi\u00e9n ante la Iglesia; ten\u00ed\u00ada necesidad de reconciliarse oficialmente con ella.<\/p>\n<p>Al fiel que se hab\u00ed\u00ada hecho pecador p\u00fablico la Iglesia le ofrec\u00ed\u00ada la posibilidad de participar en una penitencia eclesial especial. Se caracterizaba p\u00fablicamente como penitente por el h\u00e1bito, por el puesto que ocupaba en la asamblea eclesial, y por una determinada pr\u00e1ctica de satisfacciones (ayuno, etc.). Pero, sobre todo, se sent\u00ed\u00ada favorecido por una gracia eclesial; por el hecho de estar inscrito en la penitencia p\u00fablica se reconoc\u00ed\u00ada confiado a la plegaria infaliblemente eficaz de la Iglesia, con la certidumbre de una reconciliaci\u00f3n sucesiva por parte del obispo o del clero en nombre de toda la comunidad.<\/p>\n<p>La Iglesia fundamenta su propio poder de reconciliaci\u00f3n en el convencimiento de que Dios es misericordioso con todo pecador sinceramente arrepentido. Sin embargo, las diversas iglesias individuales no siempre ejercen su propia facultad de remitir los pecados. Y esto se debe a diferentes motivaciones. Seg\u00fan Hermas (Mand., IX, 1,8; 3,6), la praxis eclesial admite a la penitencia tan s\u00f3lo una primera vez despu\u00e9s del bautismo, pero no m\u00e1s, debido a que el final es inminente. En la iglesia patr\u00ed\u00adstica (en Occidente, desde Tertuliano hasta el III s\u00ed\u00adnodo de Toledo del a\u00f1o 589: en Oriente y Alejandr\u00ed\u00ada, con Clemente y Or\u00ed\u00adgenes), la restricci\u00f3n en admitir a la disciplina penitencial tiene una nueva motivaci\u00f3n: poner coto al posible laxismo en las costumbres cristianas. Para impedir tal posibilidad, ciertas iglesias (con san Cipriano en Africa y con los sinodos de Elvira y de Zaragoza) incluso no conceden la absoluci\u00f3n eclesial de determinados delitos. Y hasta cuando estos pecados se someten a la disciplina eclesi\u00e1stica se declara que \u00abno pueden ser perdonados en la Iglesia\u00bb de forma total (Hermas, Mand., IV, 3,3; Tertuliano. De poenit., 7,10; Or\u00ed\u00adgenes, Hom, in Ex., 6,9: etc.).<\/p>\n<p>En la patr\u00ed\u00adstica posterior hay s\u00ed\u00adnodos y obispos que establecen una disciplina para la penitencia eclesi\u00e1stica en relaci\u00f3n con los grados de exclusi\u00f3n de la comunidad eclesial, con su duraci\u00f3n y con la readmisi\u00f3n s\u00f3lo parcial (ya que se prohib\u00ed\u00ada de forma perpetua el acceso al clericato y las relaciones conyugales). Si en la Iglesia de los primeros siglos la penitencia p\u00fablica era, sobre todo, un camino eclesial de conversi\u00f3n, en la actualidad ha venido a ser una pena en sentido eclesi\u00e1stico-lit\u00fargico. La comunidad eclesial toma conciencia de la necesidad de regular la vida cristiana con normas can\u00f3nicas, de delinear con claridad y precisi\u00f3n los \u00e1mbitos p\u00fablicos a los que tienen acceso los pecadores y de instituir un reglamento eclesi\u00e1stico para la excomuni\u00f3n.<\/p>\n<p>De hecho la ley can\u00f3nica inculcaba con precisi\u00f3n las sanciones eclesi\u00e1sticas, pero no garantizaba los medios para hacerlas vivir con esp\u00ed\u00adritu penitencial. Las restricciones penitenciales relativas a la vida conyugal y a la participaci\u00f3n sacramental eran motivo de notable malestar espiritual para los penitentes. La ley can\u00f3nica tiene exigencias jur\u00ed\u00addicas que no siempre se adecuan a las preocupaciones pastorales. La pastoral eclesial ha pensado las formas oportunas de evitar al m\u00e1ximo las dificultades surgidas de la ley can\u00f3nica penitencial; por ejemplo, el aplazar la penitencia eclesi\u00e1stica para el lecho de la muerte y la vejez (Ces\u00e1reo de Arl\u00e9s, Sermo 282, 2; Avito de Vienne, Ep. 18; III concilio de Orleans (538). c. 24]. La prescripci\u00f3n can\u00f3nica de la penitencia p\u00fablica consigui\u00f3 promulgar en la comunidad cristiana una pr\u00e1ctica universalmente uniforme de imposiciones penales, pero tambi\u00e9n ofreci\u00f3 la ocasi\u00f3n de vivir la penitencia como simple excomuni\u00f3n eclesi\u00e1stica estructurada dentro de una trayectoria espec\u00ed\u00adfica de simple pena legal, como si pudiera realizarse independientemente de la pr\u00e1ctica interior de los sujetos interesados. Esta influencia, de forma bastante difuminada, persistir\u00e1 hasta el mismo concilio de Trento, el cual har\u00ed\u00ada uso de categor\u00ed\u00adas \u00abjudiciales\u00bb para tratar la realidad del sacramento de la penitencia.<\/p>\n<p>La espiritualidad penitencial adoptar\u00ed\u00ada sucesivamente un modo propio de expresarse fuera del \u00e1mbito jur\u00ed\u00addico de la excomuni\u00f3n eclesi\u00e1stica, favoreciendo la pr\u00e1ctica de la confesi\u00f3n privada como sacramento. Semejante praxis sacramental acent\u00faa la atenci\u00f3n centrada en la purificaci\u00f3n interior del penitente individual; va privatizando la relaci\u00f3n entre penitente y confesor fuera de una perspectiva de penitencia p\u00fablica. El individuo busca el sacramento de la confesi\u00f3n para asegurarse la salvaci\u00f3n futura y para conseguir la paz interior de la conciencia. Desde el s. XII la teolog\u00ed\u00ada escol\u00e1stica intentar\u00e1 conciliar el aspecto personal de la penitencia con la intervenci\u00f3n sacramental de la Iglesia. Esta precisar\u00e1 cu\u00e1ndo y c\u00f3mo debe integrarse la penitencia personal en la absoluci\u00f3n sacramental. Si todo pecado grave separa al individuo de la Iglesia como realidad de gracia, tan s\u00f3lo el estado de pecado p\u00fablico excomulga de la r aunidad eclesial visible. La excomunion viene a ser no tanto una instituci\u00f3n penitencial espiritual cuanto una instituci\u00f3n can\u00f3nica de pena.<\/p>\n<p>Ciertamente, la Iglesia jam\u00e1s ha pretendido delimitar el sacramento de la penitencia a la esfera privada de las almas individuales. Tambi\u00e9n en el per\u00ed\u00adodo postridentino impuso l\u00ed\u00admites a los confesores; les oblig\u00f3 a no absolver cuando el pecador se encuentra en estado de pecado sin un arrepentimiento sincero y eficaz. Siempre ha conservado la excomuni\u00f3n eclesi\u00e1stica como prohibici\u00f3n de la absoluci\u00f3n sacramental y de la comuni\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica. Y, sin embargo, la experiencia actual de fe cristiana reclama una integraci\u00f3n interior m\u00e1s profunda de la penitencia privada en la penitencia p\u00fablica eclesial. El Vat. Il ha intentado orientar la penitencia armonizando mejor sus aspectos personales y comunitario-eclesiales (LG 11; SC 109); la paz con Dios se propone en el marco de la paz con la Iglesia. El nuevo Ordo Paenitentiae presenta la penitencia sacramental en su expresi\u00f3n hist\u00f3rico-salvifica personal, intentando introducirla en un contexto integrador comunitario-eclesiol\u00f3gico. Se trata tan s\u00f3lo de una pista, que la praxis cristiana sabr\u00e1 descubrir y vivir m\u00e1s profundamente en el futuro.<\/p>\n<p>2. ORDEN DE LOS PENITENTES &#8211; Aunque con modalidades can\u00f3nicas y eclesiales bastante distintas, el orden de los penitentes ha existido siempre en la comunidad cristiana. Est\u00e1 constituido por aquellos pecadores que la Iglesia considera que no deben adscribirse a su comuni\u00f3n sacramental, sobre todo en relaci\u00f3n con el banquete eucar\u00ed\u00adstico. Aunque contin\u00faen siendo miembros de la Iglesia. no son admitidos a beneficiarse de su acci\u00f3n sacramental.<\/p>\n<p>Pero el orden de los pecadores p\u00fablicos penitentes. \u00bfes de por s\u00ed\u00ad un sistema eclesi\u00e1stico exclusivamente negativo? \u00bfNo incluye alg\u00fan testimonio beneficioso para la comunidad eclesial? Siempre desarrolla su misi\u00f3n cristiana. Recuerda que la penitencia es un estado obligatorio para todos y para toda la vida. El creyente es invitado a desempe\u00f1ar su deber penitencial durante toda su vida, dentro de su misma experiencia m\u00ed\u00adstica. Ser penitente significa fundamentalmente no s\u00f3lo purificarse de los pecados cometidos, lo que constituye una actitud personal irrenunciable, sino, sobre todo, significa vivir el misterio pascual de Cristo, pasando gradualmente de un vivir seg\u00fan la carne a ser esp\u00ed\u00adritu resucitado en el Se\u00f1or glorioso.<\/p>\n<p>El orden de los penitentes desarrolla una misi\u00f3n ulterior. Recuerda que, aun siendo pecadores. es posible ser part\u00ed\u00adcipes de la misericordia de Dios esperando en la salvaci\u00f3n que ofrece Cristo. Como pecadores continuamos mirando al Se\u00f1or en forma suplicante; tenemos fe en su voluntad salv\u00ed\u00adfica: consideramos que s\u00f3lo su gracia es capaz de superar nuestra mala voluntad. Por \u00faltimo, el orden de los penitentes proclama que cuantos viven en caridad son bienaventurados. La caridad no es algo que se merece, sino \u00fanicamente un don de Dios. Si en la actualidad no todos comprueban con la propia experiencia dolorosa que son incapaces de permanecer en amistad con Cristo, se debe \u00fanicamente a la misericordia preveniente de Dios. El Se\u00f1or es imprevisible en sus designios de gracia. \u00abEl viento sopla donde quiere. y se oye su ruido, pero no se sabe de d\u00f3nde viene ni ad\u00f3nde va. As\u00ed\u00ad es todo el que nace del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (Jn 3.8). En la Iglesia se proclama a todos la gratuidad del amor en el Esp\u00ed\u00adritu de Cristo mediante el orden eclesial de los penitentes.<\/p>\n<p>El modo de proclamar la penitencia p\u00fablica en la Iglesia ha variado seg\u00fan los tiempos salv\u00ed\u00adficos. En la comunidad eclesial primitiva, el orden de los penitentes indicaba el estado de los pecadores subjetivamente ya convertidos y, en consecuencia, admitidos a la pr\u00e1ctica de la penitencia p\u00fablica; en cambio. en la comunidad eclesial actual est\u00e1 constituido por cuantos carecen de la fuerza suficiente para salir de una situaci\u00f3n pecaminosa p\u00fablica. Si los primeros estaban convertidos, los segundos tienen que convertirse; si los primeros eran miembros eficientes de la Iglesia, los segundos se manifiestan al margen de ella: si los primeros testimoniaban la misericordia recibida de Dios en Cristo, los segundos la suplican para que se manifieste en ellos: si los primeros pon\u00ed\u00adan de relieve con cu\u00e1nta profundidad transforma al hombre ya desde ahora el misterio pascual de Cristo, los segundos tienen fe en que el Esp\u00ed\u00adritu habr\u00e1 de concederles el don de una experiencia pascual en alg\u00fan momento de su vida presente.<\/p>\n<p>Los penitentes p\u00fablicos de hoy no se deben imaginar que est\u00e9n sin gracia absolutamente. Todo depende de la misericordia de Dios en relaci\u00f3n con las disposiciones subjetivas. Tambi\u00e9n en aquellos que son conscientes de su pecado puede suceder que el Esp\u00ed\u00adritu encuentre en determinados momentos cierta disponibilidad a romper su vinculaci\u00f3n con el pecado, aun cuando la situaci\u00f3n del mal vuelva a reabsorberlos posteriormente en la desorientaci\u00f3n pecaminosa. Cuando el don de la caridad llega a manifestarse por breves instantes en el \u00e1nimo del pecador, a \u00e9ste le es l\u00ed\u00adcito esperar en la misericordia de Dios para con \u00e9l. El pecador p\u00fablico es como un n\u00e1ufrago que, emergiendo todav\u00ed\u00ada de cuando en cuando a la superficie. siente la posibilidad de esperar en un socorro eventual que lo salve.<\/p>\n<p>La penitencia en la comunidad eclesial se vive en grados, formas, condicion., e intensidades muy diversas. Con el conjunto de las experiencias penitenciales se formula una penitencia coral eclesial, aunque nunca llegue a ser tan adecuada como la que requiere el misterio pascual de Cristo. Y, sin embargo, una penitencia eclesial comunitaria, si se considera en la gama pol\u00ed\u00adcroma y polif\u00f3nica de la historia salv\u00ed\u00adfica, posee gran validez. La espiritualidad penitencial se desgrana en un devenir hist\u00f3rico, porque el Esp\u00ed\u00adritu pascual de Cristo impregna todo el continuo actualizarse sociocultural de la Iglesia y porque la comunidad eclesial vive la penitencia seg\u00fan la gracia adecuada a cada \u00e9poca. Una penitencia que, siendo paso de la muerte a la vida, es en la comunidad cristiana invitaci\u00f3n a la alegr\u00ed\u00ada festiva profunda (Lc 15,7).<\/p>\n<p>T. Goffi<br \/>\nIII. Reconciliaci\u00f3n y comuni\u00f3n<br \/>\n1. EL PECADOR INTERRUMPE LA COMUNI\u00ed\u201cN &#8211; El hombre es una criatura de la tierra, pero est\u00e1 llamado e invitado por Dios a convertirse en socio suyo en una vida de amistad y de comuni\u00f3n, y ello es posible porque el hombre est\u00e1 creado a su imagen y semejanza. Esta imagen se halla seriamente desfigurada en el hombre por el orgullo y la autosuficiencia, que son la ra\u00ed\u00adz misma del pecado; no quiere reconocerse ya dependiente de Dios, ni siente necesidad de orientarse a \u00e9l como la imagen a su prototipo. Pero la llamada y la invitaci\u00f3n de Dios permanecen indelebles en \u00e9l. aunque desconozca o incluso rechace el hecho de que se hace humano en la medida en que se diviniza. Por este motivo en el coraz\u00f3n del hombre hay unas aspiraciones indestructibles a la verdad, a la justicia. a la responsabilidad, a la armon\u00ed\u00ada, a la paz en el mundo, aspiraciones jam\u00e1s adormecidas y siempre renacientes. Estas aspiraciones tan vivas en la actualidad sugieren que tambi\u00e9n el hombre moderno busca confusamente superarse, hacerse m\u00e1s grande y construir un mundo m\u00e1s s\u00f3lido y duradero. Anda en busca de cierta trascendencia: algo diferente, una raz\u00f3n de ser, un ser m\u00e1s. Busca su origen y su destino, busca a su Padre. Pero esta b\u00fasqueda no puede alcanzar su meta sino en Cristo, ya que el Padre lo ha establecido como lugar y sacramento de la comuni\u00f3n entre el hombre y Dios.<\/p>\n<p>2. LA COMUNI\u00ed\u201cN ES ESTABLECIDA POR CRISTO Y EN CRISTO &#8211; Dios ha salido de su misterio, se ha dirigido a los hombres, ha revelado su vida personal y les ha comunicado el designio inaudito de una alianza eterna con vistas a la comuni\u00f3n de vida. Su palabra, que en un principio sonaba lejana, confusa e intermitente, se entrega en Jesucristo de un modo total y suena como el mensaje de una buena nueva. Y esta palabra reclama una respuesta por parte de quien la escucha para que haya comunicaci\u00f3n entre \u00e9l y Dios. La estructura dial\u00f3gica es la pedagog\u00ed\u00ada utilizada por Dios para entrar en contacto con la humanidad: se trata de una relaci\u00f3n interpersonal, que incluye por parte de Dios la revelaci\u00f3n y por parte del hombre la religiosidad. Y en este di\u00e1logo es Dios quien toma la iniciativa: el \u00abhombre no puede establecer con Dios relaciones personales inmediatas con sus solas fuerzas naturales ni puede llegar a Dios sino a trav\u00e9s de las criaturas, como fundamento absoluto de la existencia de lo creado. Hablando humanamente, nosotros no llegamos a Dios como persona en s\u00ed\u00ad mismo y por s\u00ed\u00ad mismo. Porque la comuni\u00f3n con Dios no es posible sino a trav\u00e9s de y en una aproximaci\u00f3n ben\u00e9vola de Dios a nosotros\u00bb. Cristo es la manifestaci\u00f3n y la actualizaci\u00f3n del amor del Padre. En \u00e9l el Dios invisible se dirige a los hombres por amor y en \u00e9l el hombre responde al amor que se le ofrece. Aquel que abre su coraz\u00f3n a la benevolencia absoluta de Jes\u00fas con un abandono que acepta sus exigencias ilimitadas. encuentra el amor divino y ser\u00e1 colmado de gracia, que es. por una parte, el perd\u00f3n. la reconciliaci\u00f3n y, por otra, la santificaci\u00f3n, la divinizaci\u00f3n y la comuni\u00f3n con Dios mismo. En Cristo se ha realizado dentro de la historia la fusi\u00f3n arm\u00f3nica entre el acto \u00fanico y eterno de la oferta del amor de Dios y la respuesta definitiva a este amor por parte de la humanidad en su cabeza. Esta alianza de reconciliaci\u00f3n ha sido comunicada a la humanidad entera en el acontecimiento de la muerte-resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or: pero esta alianza no ser\u00e1 ratificada paso a paso en la historia de la humanidad sino por cada uno de sus miembros. Y es la Iglesia la que contin\u00faa garantizando a. lo largo de los siglos la realizaci\u00f3n de esta alianza hasta el retorno del Se\u00f1or.<\/p>\n<p>3. LA REALIZACI\u00ed\u201cN DE LA COMUNI\u00ed\u201cN EN LA IGLESIA &#8211; El hombre de hoy. como en el pasado y en el futuro, tiene tambi\u00e9n la posibilidad de encontrar a Cristo, poder salv\u00ed\u00adfico de Dios, gracias a la Iglesia, cuerpo m\u00ed\u00adstico del Se\u00f1or, hecho presente y tangible por la predicaci\u00f3n del Evangelio y por la vida sacramental de la Iglesia.<\/p>\n<p>La predicaci\u00f3n de la Iglesia nos ofrece el acceso a la palabra de Cristo, que sigue revelando y realizando los planes de Dios entre los seres humanos. La respuesta del hombre al anuncio de Cristo. difundido por la Iglesia, es un acto de amor, un s\u00ed\u00ad que permite a Cristo actualizar el gran s\u00ed\u00ad pronunciado por \u00e9l en nombre de la humanidad al Padre de la alianza y de la reconciliaci\u00f3n. Y esta respuesta introduce al hombre en los sacramentos de la Iglesia; porque la salvaci\u00f3n. anunciada en la revelaci\u00f3n y aceptada en la fe, debe desembocar en el encuentro sacramental, hecho posible en la Iglesia. a trav\u00e9s de la Iglesia y con la Iglesia. Toda la vida de la Iglesia es sacramental porque permite encontrar al Se\u00f1or, y los siete sacramentos son los puntos culminantes de este encuentro: ellos \u00abponen a los hombres en relaci\u00f3n con el Se\u00f1or mismo, su salvador: el mismo e id\u00e9ntico Se\u00f1or que hist\u00f3ricamente sufri\u00f3 bajo Poncio Pilato y resucit\u00f3. Los encuentros sacramentales son momentos privilegiados de la comuni\u00f3n del hombre con Dios y marcan una etapa en el camino de la divinizaci\u00f3n de la persona y en el itinerario de la Iglesia, peregrinante hacia la consumaci\u00f3n del reino de Dios. El encuentro del cristiano con el cuerpo m\u00ed\u00adstico, que se hace presente gracias a la vida sacramental de la Iglesia, es, por lo tanto, una restauraci\u00f3n del estado primitivo de comuni\u00f3n y de gracia y una anticipaci\u00f3n de la victoria escatol\u00f3gica sobre el pecado y sobre la muerte, que inaugur\u00f3 el misterio de la pascua de Cristo. Pero es aut\u00e9ntica \u00fanicamente en la medida en que transforma nuestra vida. La salvaci\u00f3n anunciada, aceptada en la fe y que desemboca en los sacramentos, debe manifestarse en nosotros de tal forma que nuestra vida se transforme en se\u00f1al evang\u00e9lica para el mundo; Dios se reconcilia en nosotros y vive aqu\u00ed\u00ad y ahora en nosotros. Nosotros, por nuestra parte, nos transformamos en la manifestaci\u00f3n de la potencia salv\u00ed\u00adfica de Dios, en testigos suyos entre los hombres, de forma que el mundo vea en nosotros a unos mensajeros portadores de paz, de justicia y de amor de Dios. Nosotros lo recibimos todo de la Iglesia y a trav\u00e9s de ella, \u00faltimamente, \u00abde Dios. Pero. como portadores de la gracia recibida. nos convertimos en el lugar hist\u00f3rico de esta gracia, por lo cual somos una prolongaci\u00f3n de la influencia de la Iglesia, que es la presencia de Dios salvador.<\/p>\n<p>4. LA PENITENCIA-RECONCILIACI\u00ed\u201cN COMO SACRAMENTO DE LA REACTUALIZACI\u00ed\u201cN DE LA COMUNI\u00ed\u201cN &#8211; Nuestro s\u00ed\u00ad a Cristo lo pronunciamos en el bautismo y lo confirmamos todos los d\u00ed\u00adas de nuestra vida en el marco de la comunidad eclesial; y es un si activo en la medida en que denunciamos el pecado y nos alejamos cada vez m\u00e1s de \u00e9l. Toda la vida de la Iglesia nos ayuda a concretizar y a detallar esta adhesi\u00f3n nuestra a Cristo en la vida cotidiana: hace penitencia con nosotros porque es santa en su cabeza, a la que anuncia y distribuye; pero tambi\u00e9n es pecadora en sus miembros&#8217;. Toda la existencia de la Iglesia es una purificaci\u00f3n, y nosotros formamos parte de este movimiento de conversi\u00f3n, cuyo momento intenso y privilegiado est\u00e1 marcado por el encuentro sacramental con Cristo. En el sacramento de la penitencia se reactualiza para nosotros el perd\u00f3n concedido por el Padre en Cristo. Este sacramento es un gesto eclesial de la conversi\u00f3n y reconciliaci\u00f3n del cristiano pecador con Dios y con la Iglesia. En esta perspectiva, el sacramento de la penitencia, lejos de ser un simple lavatorio, banal purificaci\u00f3n de los pecados cometidos pasando una esponja por la conciencia para dejarla limpia, forma parte integrante de la historia de cada cristiano y de la historia de la Iglesia, la cual es una historia de gracia que consiste en la construcci\u00f3n, como don y como tarea, de la verdadera personalidad del cristiano. inserta de manera eficaz y responsable en la construcci\u00f3n de la historia de la Iglesia y de la historia del mundo. Como puede advertirse, toda la dimensi\u00f3n hist\u00f3rico-existencial de la conversi\u00f3n cotidiana a partir del bautismo es una realidad que orienta la Iglesia en referencia al sacramento de la penitencia, camino de conversi\u00f3n iniciado, asistido, conducido y consumado en la Iglesia, con la Iglesia y a trav\u00e9s de la Iglesia.<\/p>\n<p>5. LA VIDA CRISTIANA COMO PENITENCIA CONTINUA &#8211; La Iglesia, como continuaci\u00f3n terrena de la misi\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Cristo, no puede seguir otro camino que el que le ha trazado su Se\u00f1or, a saber: continuar la pascua de Cristo. Como pueblo de Dios, participando en los sufrimientos de Cristo, realizando las obras de misericordia y de caridad, convirti\u00e9ndose todos los d\u00ed\u00adas de una forma cada vez m\u00e1s aut\u00e9ntica al Evangelio de Cristo, se constituye en este mundo en signo de la conversi\u00f3n a Dios. Y este misterio lo expresa la Iglesia en la vida y lo celebra en la liturgia, cuando los fieles se reconocen pecadores e imploran de Dios el perd\u00f3n, el suyo y el de sus hermanos, tal como se hace en las celebraciones penitenciales, en la proclamaci\u00f3n de la palabra de Dios, en la oraci\u00f3n y en los momentos penitenciales de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica\u00bb. El cristiano, como miembro del pueblo de Dios, participa de esta continuaci\u00f3n de la pascua del Se\u00f1or. Es ayudado por la Iglesia a realizar lo que consigui\u00f3 en el bautismo, la configuraci\u00f3n con la muerte y la resurrecci\u00f3n del Se\u00f1or (Rom 6,3-11; Col 2,11-15). As\u00ed\u00ad pues, no puede merecer la gloria de la resurrecci\u00f3n sin renunciar a s\u00ed\u00ad mismo y sin seguir las huellas del divino Maestro, llevando su cruz y participando en los dolores para ser as\u00ed\u00ad transformado en su muerte; y todo esto debe penetrar en toda la vida del bautizado en todo momento y de todos los modos posibles. Hacer penitencia no es, por tanto. una cuesti\u00f3n facultativa, sino que entra en la l\u00f3gica del bautismo: la vida del cristiano, en cuanto participaci\u00f3n en el misterio pascual, es una conversi\u00f3n continua, una penitencia permanente y, por lo tanto, una comuni\u00f3n continua y cada vez m\u00e1s profunda con Dios. La conversi\u00f3n ocupa un puesto fundamental en la historia de la salvaci\u00f3n: ella es la que lleva al hombre al bautismo y despu\u00e9s realiza el significado de \u00e9ste en toda su existencia. El sacramento de la penitencia renueva para el cristiano la eficacia salv\u00ed\u00adfica del bautismo en caso de que muera a la vida divina por causa del pecado, y puntualiza en momentos decisivos, a lo largo de su vida terrena, el esfuerzo de conversi\u00f3n continua y cotidiana, sosteni\u00e9ndolo y acompa\u00f1\u00e1ndolo hasta el advenimiento del reino, comuni\u00f3n perfecta con Dios.<\/p>\n<p>IV. La Iglesia en la vida de reconciliaci\u00f3n del cristiano<br \/>\nLa Iglesia no ha dejado nunca de llamar a sus hijos a la penitencia. Actualiza la propuesta de salvaci\u00f3n contenida en la palabra de los profetas y, al fin de los tiempos, en las palabras de la Palabra hecha carne para invitar al cristiano a entrar en la vida de penitencia: Dios ha hecho saber hoy a los hombres que todos deben arrepentirse por completo (He 17.30). Se trata de una propuesta realista, que implica precisamente unas realizaciones concretas para encarnar nuestra muerte al pecado: abstinencia, ayuno. limosna, etc., todo ello sostenido por la oraci\u00f3n, la cual hace que la propuesta se convierta en una oferta gratuita: la oferta y la aceptaci\u00f3n de esta oferta.<\/p>\n<p>1. LA PREDICACI\u00ed\u201cN ECLESIAL DE LA CONVERSI\u00ed\u201cN &#8211; La Iglesia difunde ininterrumpidamente en favor de los pecadores el mensaje de conversi\u00f3n, llamada-denuncia-misericordia. palabra de salvaci\u00f3n que Cristo ha expresado en palabras y en obras.<\/p>\n<p>Esta palabra de Cristo en forma eclesial se nos dirige tambi\u00e9n hoy en la asamblea del pueblo de Dios, comunidad de fe reunida para practicar la acci\u00f3n de gracias y la alabanza de Dios. En el seno de la comunidad creyente, la palabra recibe formas diversas: \u00abNo es s\u00f3lo la palabra anunciada por la proclamaci\u00f3n (el kerigma), por la doctrina (la didascalia) apost\u00f3lica, la palabra de exhortaci\u00f3n y de invitaci\u00f3n; es tambi\u00e9n una palabra de oraci\u00f3n, una palabra de himno o de alabanza divina, una doxolog\u00ed\u00ada, una aclamaci\u00f3n, una bendici\u00f3n del sacerdote, etc. Estas variaciones, que representan elementos t\u00ed\u00adpicamente lit\u00fargicos, son otras tantas formas de la palabra \u00fanica de Dios. Encontramos todas estas formas de manera privilegiada en la liturgia de la palabra de la misa: lecturas b\u00ed\u00adblicas, homil\u00ed\u00adas, s\u00faplicas, aclamaciones, profesiones de fe&#8230;. elementos todos que concurren a manifestar la doble funci\u00f3n apost\u00f3lica de la Iglesia: reza y cree al mismo tiempo. Pero no se debe pensar que el anuncio de la palabra termina con la liturgia de la palabra; en la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica anunciamos la muerte del Se\u00f1or (1 Cor 11,26): por eso la participaci\u00f3n activa en la eucarist\u00ed\u00ada es una de las invitaciones m\u00e1s favorables y m\u00e1s eficaces a la conversi\u00f3n continua de la vida cristiana.<\/p>\n<p>La predicaci\u00f3n de la iglesia cubre, por tanto, toda nuestra existencia en formas diversas, y toda forma de anuncio de la palabra implica de una manera expresa o velada una invitaci\u00f3n a la conversi\u00f3n, al cambio radical. Pero la vida de la Iglesia tambi\u00e9n pasa por momentos intensos y privilegiados, reservados a la predicaci\u00f3n del mensaje de conversi\u00f3n. Su legislaci\u00f3n determina un ritmo semanal (el viernes) y estacional (cuaresma, adviento); son d\u00ed\u00adas y tiempos determinados, que se eligen entre los que de manera especial evocan el misterio pascual Para decirlo con san Pablo, se trata de momentos en los que resuena la gozosa proclamaci\u00f3n del momento favorable, del d\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n (2 Cor 6,2). Pero si la predicaci\u00f3n es necesaria para la obediencia de la fe, para el comienzo de la conversi\u00f3n, los cambios concretos son tambi\u00e9n exigidos para que la fe sea real y la conversi\u00f3n continua y aut\u00e9ntica. La conciencia eclesial de la conversi\u00f3n continua se traduce en una predicaci\u00f3n insistente y se manifiesta en la realizaci\u00f3n concreta de las obras de penitencia v en la plegaria lit\u00fargica.<\/p>\n<p>2. LA IGLESIA COMO PUEBLO PENITENTE &#8211; La Iglesia no da de las ense\u00f1anzas del Se\u00f1or un comentario puramente te\u00f3rico, sino vivo; toda la vida de la Iglesia es una pascua continua, marcada por actos concretos. Aun insistiendo en lo indispensable del car\u00e1cter interior y religioso de la conversi\u00f3n. la Iglesia est\u00e1 convencida de que dicha conversi\u00f3n no puede quedarse en el simple nivel de un movimiento interior de retorno a Dios, sino que debe encarnarse en un cambio de comportamiento, en la mortificaci\u00f3n y en actos de justicia y de caridad. La tradici\u00f3n eclesi\u00e1stica ha considerado como precepto divino el deber de hacer penitencia. traduciendo fielmente todo lo que el Se\u00f1or ense\u00f1\u00f3 de palabra -si no hac\u00e9is penitencia morir\u00e9is todos (Lc 13,3-5)- y con obras: la oraci\u00f3n y el ayuno en el desierto. Esta perspectiva de la Iglesia no se limita a sugerir la posibilidad de transformar nuestra existencia cotidiana en una pascua continua de manera simplemente pasiva, practicando la virtud de la penitencia en los deberes inherentes a nuestro estado y soportando con paciencia las tristezas de la vida. sino que adem\u00e1s invita a todos los fieles a obedecer al precepto divino de la penitencia a\u00f1adiendo a las incomodidades de la vida y a los imprevistos de todos los d\u00ed\u00adas alg\u00fan acto positivo. Y aunque deja a cada uno libertad para elegir los modos de llevar a cabo la mortificaci\u00f3n, subraya tres, tradicionales en la historia de la Iglesia: la oraci\u00f3n, el ayuno y las obras de caridad.<\/p>\n<p>La oraci\u00f3n es el primer fruto que sigue al descubrimiento de la misericordia de Dios y del pecado. Con la oraci\u00f3n el hombre, estimulado por el amor, se eleva y tiende a la uni\u00f3n con su Se\u00f1or; con ella el hombre realiza el amor \u00fanico a Dios y al pr\u00f3jimo en el ayuno y la limosna, que como alas la elevan hasta los o\u00ed\u00addos del Creador. El ayuno, mortificaci\u00f3n del cuerpo y renuncia a los bienes materiales, se contempla como medio para hacernos capaces de gustar los bienes espirituales. Sustrae al hombre a las potencias del mal para someterlo a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu de Dios. En este sentido, la mortificaci\u00f3n cristiana no implica condena alguna de la carne, que el Hijo de Dios se ha dignado asumir; tiende m\u00e1s bien a liberar al hombre y a hacer que la dignidad de la condici\u00f3n humana, herida por falta de medida, sea curada por la voluntad de una sobriedad, que es un remedio; el ayuno no es m\u00e1s que un medio. Es algo bueno y agradable a Dios no por su propia naturaleza, sino por raz\u00f3n de las otras obras, y no es \u00abverdadero\u00bb sino en la medida en que tiene por motivaci\u00f3n el amor de Dios expresado en la oraci\u00f3n, y como consecuencia el amor al pr\u00f3jimo traducido en las obras de caridad. \u00abDichoso aquel que ayuna para dar de comer al pobre\u00bb\u00bb. pues en caso contrario \u00abel ayuno sin misericordia no es nada\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn, Sermo 25,7) y \u00abel ayuno sin limosna aflige al cuerpo sin purificar el alma\u00bb (san Le\u00f3n, Sermo 15.2). Sobre la limosna habla san Agust\u00ed\u00adn como de un don y de un perd\u00f3n que tiene como efecto el perd\u00f3n de nuestros pecados: \u00abLa palabra del Se\u00f1or contempla todo lo que se ha realizado movidos por una misericordia que presta servicios; haced limosna, y para vosotros todo ser\u00e1 puro (Lc 11,41). No s\u00f3lo aquel que da de comer al hambriento y el que da de beber al sediento hacen limosna, sino tambi\u00e9n aquel que perdona al pecador&#8230; Hay varias clases de limosna, que todas nos ayudan a obtener el perd\u00f3n de nuestros pecados cuando las practicamos\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn, Enchiridion, 19,72). Pero la eficacia de las limosnas depende de una condici\u00f3n: que se hagan seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu que Dios exige para llegar a Cristo y para no alejarse de \u00e9l: \u00abPorque das al Cristo indigente para que te sean perdonados tus pecados. Porque si das para que te sea permitido pecar con impurezas no es a Cristo a quien das de comer, sino que intentas corromper a un juez. Haced, por tanto, vuestras limosnas para que vuestras oraciones sean escuchadas y Dios os ayude a mejorar vuestra vida\u00bb (san Agust\u00ed\u00adn, Sermo 39,4,6).<\/p>\n<p>Este esfuerzo personal de penitencia que realiza el cristiano como miembro de la Iglesia est\u00e1 unido por una vinculaci\u00f3n \u00ed\u00adntima a toda la comunidad; es potenciado e integrado por el movimiento penitencial de toda la comunidad eclesial, que es consciente de la necesidad de purificaci\u00f3n, que exige a sus hijos hacer penitencia no s\u00f3lo personal. sino tambi\u00e9n colectivamente en determinados d\u00ed\u00adas para manifestarse y realizarse en forma concreta como pueblo penitente de Dios, pueblo que lleva y exp\u00ed\u00ada con su Se\u00f1or los pecados del mundo y tiende continuamente a la santidad, convirti\u00e9ndose y ejerciendo la caridad. Seg\u00fan la tradici\u00f3n, el ayuno es la forma de celebraci\u00f3n comunitaria de penitencia por antonomasia, y los d\u00ed\u00adas de ayuno se acompa\u00f1an en general con la oraci\u00f3n y concluyen con una reuni\u00f3n cultual de la comunidad.<\/p>\n<p>Las Conferencias episcopales han intentado sugerir nuevas formas de obras de penitencia m\u00e1s en consonancia con los tiempos y que han sido acogidas con generosidad por la sensibilidad de los fieles; por ejemplo, la acci\u00f3n cuaresmal en Suiza, el movimiento Misereor en Alemania. Los documentos oficiales de los obispos recomiendan la abstinencia de la carne, de bebidas alcoh\u00f3licas, de las diversiones y de los gastos superfluos para dar su importe a los pobres. La Conferencia episcopal italiana sugiere que se pueden considerar como obras de penitencia la abstinencia de alimento particularmente deseado, un acto de caridad espiritual o corporal, la lectura de la Sagrada Escritura, un ejercicio de piedad sobre todo de car\u00e1cter familiar, un compromiso mayor en la aceptaci\u00f3n de las dificultades de la vida, la renuncia a un espect\u00e1culo particular.<\/p>\n<p>La celebraci\u00f3n com\u00fan de la penitencia en determinados d\u00ed\u00adas por parte de la Iglesia adquiere un significado muy profundo; al participar en la penitencia eclesial, los cristianos se sumergen en la vida pascual continua de la Iglesia con un ritmo semanal y anual. La cuaresma, por ejemplo, est\u00e1 marcada ya por referencias al misterio pascual; pero no se debe olvidar la vinculaci\u00f3n que el viernes tiene con este misterio; d\u00ed\u00ada de la pascha crucifixionis, paso obligado al domingo, que es la pascha resurrectionis. Si el domingo es considerado como el d\u00ed\u00ada del Se\u00f1or, pascua semanal, y como d\u00ed\u00ada de la comunidad de los fieles reunidos en torno al Se\u00f1or resucitado, el viernes debe ser el d\u00ed\u00ada de la pasi\u00f3n, del Calvario, en el sentido de que la comunidad prepara la reuni\u00f3n dominical que celebrar\u00e1 en la alegr\u00ed\u00ada y en la caridad llevando a cabo la conversi\u00f3n, que se manifiesta concretamente en las obras de penitencia realizadas por cada cual. La penitencia unida de esta forma al misterio pascual y elevada del nivel natural al nivel religioso, del plano individual al plano comunitario, recibe ea Cristo y en la Iglesia un significado nuevo, su significado m\u00e1s noble. Ella se convierte en una oferta santa, una fiesta celebrada con la alegr\u00ed\u00ada de un deseo espiritual en espera del Se\u00f1or glorificado. En esta perspectiva, la cuaresma forma parte integrante del misterio pascual, y el viernes est\u00e1 \u00ed\u00adntimamente unido al domingo. As\u00ed\u00ad pues, todo tiempo penitencial tiene sus caracter\u00ed\u00adsticas, que ofrecen a la catequesis y a la vida interior unos puntos de vista y unos enriquecimientos nuevos.<\/p>\n<p>Todo este esfuerzo comunitario de penitencia se integra o, m\u00e1s bien, hunde sus ra\u00ed\u00adces en la dimensi\u00f3n espiritual de la penitencia que se manifiesta y se realiza en la vida lit\u00fargica de la Iglesia. La Iglesia celebra todos los d\u00ed\u00adas la conversi\u00f3n en las dimensiones penitenciales de la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, en la oraci\u00f3n, en la proclamaci\u00f3n de la palabra y, sobre todo, en las celebraciones penitenciales, cuando los fieles se reconocen pecadores implorando el perd\u00f3n de Dios y de los hermanos. Gracias a esta dimensi\u00f3n espiritual, la penitencia cristiana se configura como una totalidad; :a conversi\u00f3n interior, fruto de la predicaci\u00f3n, se traduce concretamente en actos que radican y se celebran en el culto de la Iglesia, haci\u00e9ndose verdadera penitencia agradable a Dios.<\/p>\n<p>3. LA ORACI\u00ed\u201cN POR El. PECADOR &#8211; La oraci\u00f3n es una realidad que va unida a la Iglesia en cuanto pueblo sacerdotal. La Iglesia nace de la oraci\u00f3n y vive de ella desde siempre y para siempre; es una oraci\u00f3n continua por la salvaci\u00f3n del mundo. La conciencia de la necesidad de purificaci\u00f3n de los pecados de sus miembros la impulsan a rezar todav\u00ed\u00ada m\u00e1s intensamente, porque ella cree firmemente en la eficacia de su oraci\u00f3n en favor de los pecadores. \u00abSi el Se\u00f1or ha prometido conceder a dos o m\u00e1s que se re\u00fanen en su nombre todo aquello que piden, \u00bfqu\u00e9 podr\u00e1 rechazar a un pueblo que cuenta millares de personas que cumplen una estricta observancia animadas por un mismo esp\u00ed\u00adritu?\u00bb (san Le\u00f3n, Sermo 88,3). Esta convicci\u00f3n se traduce en la oraci\u00f3n cotidiana de la Iglesia, que ora tanto por el perd\u00f3n de los pecados de sus hijos que rezan en ella, como por la conversi\u00f3n de los pecadores. La Iglesia no se limita a exhortar al pecador a que vaya a buscar en su seno el perd\u00f3n de sus culpas, sino que incita a todos los fieles a cooperar en su conversi\u00f3n. El justo ayuda al pecador, y el beneficio es rec\u00ed\u00adproco. De esta forma, el pecado de un hermano se convierte en nuestro pecado en la realidad lit\u00fargica. En el cuerpo de la Iglesia se renueva y se perpet\u00faa el misterio del Hijo, que lleva la iniquidad de todos los hijos. La oraci\u00f3n cristiana repite continuamente este leitmotiv y la celebraci\u00f3n lo hace resonar continuamente en nuestros o\u00ed\u00addos.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista lit\u00fargico, los fieles se preparan para escuchar la palabra y para la celebraci\u00f3n del memorial eucar\u00ed\u00adstico con el acto penitencial; \u00e9ste comprende una invitaci\u00f3n a un breve examen de conciencia, despu\u00e9s una breve confesi\u00f3n de los pecados en el \u00abyo confieso\u00bb o en el \u00abSe\u00f1or, ten piedad\u00bb, precedido este \u00faltimo de intenciones penitenciales que recuerdan la intervenci\u00f3n de Cristo en la remisi\u00f3n de los pecados y, por fin, la conclusi\u00f3n con \u00abDios Todopoderoso&#8230;\u00bb. Se trata de un rito de purificaci\u00f3n de la comunidad entera, porque el \u00abyo confieso\u00bb es verdaderamente una acusaci\u00f3n general y p\u00fablica de la asamblea, y la absoluci\u00f3n que sigue es verdaderamente una absoluci\u00f3n de forma deprecativa. Pero la oraci\u00f3n penitencial por excelencia en la liturgia eucar\u00ed\u00adstica es el padrenuestro. Existe un aspecto casi sacramental del padrenuestro: \u00abEl agua de la nueva alianza ha cancelado todos los pecados, pero estar\u00ed\u00adamos expuestos a grandes inquietudes si la oraci\u00f3n del Se\u00f1or no nos ofreciera el modo de purificamos&#8217;. San Agust\u00ed\u00adn no duda en decir que el padrenuestro es para los cristianos un bautismo diario. Encontramos otras f\u00f3rmulas penitenciales y de purificaci\u00f3n en la celebraci\u00f3n lit\u00fargica; pero se ha olvidado tal vez que la eucarist\u00ed\u00ada misma es sacramento de reconciliaci\u00f3n en cuanto sacramento del sacrificio de Cristo (DS 1753); sin querer profundizar en la relaci\u00f3n entre penitencia y eucarist\u00ed\u00ada desde este punto de vista. nos interesa insistir en el hecho de que como sacrificio propiciatorio, la eucarist\u00ed\u00ada es ofrecida por toda la Iglesia: por la asamblea reunida igual que por los que est\u00e1n ausentes, por aquellos que est\u00e1n en estado de gracia y que pueden comulgar igual que por los pecadores que no pueden. En cuanto sacrificio, la eucarist\u00ed\u00ada es el signo eficaz del sacrificio de la cruz, en el que Jesucristo verti\u00f3 su sangre por todos. Como el sacrificio de la cruz es ofrecido por todos, asi el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico es redentor, y por este motivo es tambi\u00e9n expiatorio de forma objetiva y universal, tanto por los justos como por los pecadores, por los bautizados como por los paganos. Pero el sacrificio eucar\u00ed\u00adstico lleva a los fieles el don de la agape s\u00f3lo si est\u00e1n dispuestos. Bien mirado, es este don de la agape el que libera del pecado, \u00fanico obst\u00e1culo que se opone a su realizaci\u00f3n. y don que transforma tambi\u00e9n en verdadera y perfecta contrici\u00f3n el dolor inicial del pecado, que ya anima al cristiano que participa tambi\u00e9n en la eucarist\u00ed\u00ada con las debidas disposiciones.<\/p>\n<p>Resumiendo, toda la vida de la Iglesia es una oraci\u00f3n continua, orientada a purificar las manchas de sus miembros y a hacer de la penitencia eclesial una gracia siempre gratuita; la oraci\u00f3n consigue que el anuncio de la conversi\u00f3n sea aceptado y que la conversi\u00f3n se traduzca en obras que forman parte de la vida penitencial de la Iglesia misma. Bajo esta perspectiva se puede decir verdaderamente que la penitencia es una gracia que produce su propia aceptaci\u00f3n. Porque todo es gracia: la posibilidad, el poder y el hacer.<\/p>\n<p>V. Reconciliaci\u00f3n sacramental<br \/>\nLa reconciliaci\u00f3n continua de la vida cristiana es ya por s\u00ed\u00ad misma una realidad de orden sacramental en raz\u00f3n de las estructuras de la alianza en la nueva econom\u00ed\u00ada de la salvaci\u00f3n. Fundamentalmente sacramental y eclesial, en el sentido de que el don que hace que el pecador experimente un arrepentimiento verdadero afecta al hombre en cuanto miembro de la Iglesia o en marcha hacia ella; porque la Iglesia es el sacramento radical (signo e instrumento) de la reconciliaci\u00f3n que Dios quiere sellar con el mundo acogiendo todas las cosas bajo una sola cabeza, Cristo. Adem\u00e1s, la reconciliaci\u00f3n es sacramental tambi\u00e9n porque el arrepentimiento sincero tiene la dimensi\u00f3n sacramental espec\u00ed\u00adfica del sacramento de la penitencia; el arrepentimiento forma, efectivamente, un todo din\u00e1mico. que se desarrolla en el tiempo siguiendo un camino m\u00e1s o menos largo y complejo, seg\u00fan las personas y las situaciones, camino que termina en el sacramento propiamente dicho. En este contexto, el sacramento se sit\u00faa como en la cumbre del dinamismo de conversiones y de reconciliaciones interiores y exteriores vividas concretamente en la vida cotidiana, y se proyecta como la celebraci\u00f3n de Jesucristo, por cuya gracia se hace posible este camino. La reconciliaci\u00f3n sacramental supone un camino antecedente, cuya finalidad y cuyo contenido son una conversi\u00f3n progresiva a Dios y a los hermanos; la reconciliaci\u00f3n sacramental es el cumplimiento, el polo terminal de este camino. De esta forma el sacramento de la penitencia no es ni aparece como un acto aislado, sino concatenado y condicionado por un camino que bien puede llamarse iniciaci\u00f3n a la penitencia y a la reconciliaci\u00f3n. Bien mirado, el sacramento de la penitencia obra sobre un fondo de sacramentalidad y de eclesialidad que constituye la trama de nuestra vida; en cierto sentido, viene a consagrar una vida permanente de penitencia y de reconciliaci\u00f3n; en otras palabras, viene a realizar una presencia activa sobre el fondo de una presencia habitual, en el sentido de que \u00abel sacramento de la penitencia es como un punto focal donde se concentra nuestra vida penitencial de todos los d\u00ed\u00adas. La diferencia entre los signos de todos los d\u00ed\u00adas y el signo sacramental es que este \u00faltimo nos trae el testimonio absoluto de la certeza de ser amados de Dios\u00bb Y esto significa que el sacramento de la penitencia es tambi\u00e9n un don nuevo; no viene s\u00f3lo a significar lo que Dios ha hecho, sino que viene a dar algo nuevo de parte de Dios, quien mediante el sacramento de la penitencia completa la reconciliaci\u00f3n que ha iniciado, reconciliaci\u00f3n del pecador con Dios mismo y con la Iglesia. Este es el don absolutamente nuevo que se nos hace en el sacramento; don nuevo, porque es la expresi\u00f3n \u00faltima de un encuentro progresivo entre Dios y el hombre, sello puesto en una reconciliaci\u00f3n ya iniciada por una y por otra parte en se\u00f1al de cumplimiento definitivo: don nuevo tambi\u00e9n por ser el final de un camino que, en raz\u00f3n de su dimensi\u00f3n sacramental ya en el punto de partida por el hecho de las estructuras de la alianza, no ha podido existir sino en su tensi\u00f3n hacia el sacramento mismo. En esta perspectiva examinaremos brev\u00ed\u00adsimamente la estructura del sacramento de la penitencia.<\/p>\n<p>1. ACTUALIZACI\u00ed\u201cN ECLESIAL DE LA PALABRA DE SALVACI\u00ed\u201cN EN EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA &#8211; El Novus Ordo dice lo siguiente: \u00abEl sacramento de la penitencia debe partir de la escucha de la palabra de Dios, porque precisamente con su palabra llama Dios a penitencia y lleva a la conversi\u00f3n del pecador\u00bb. Esta actualizaci\u00f3n eclesial de la palabra nos ayuda a descubrir que Dios ha sido el primero en amarnos; el primero que se ha dirigido al hombre y lo ha hecho participe de su deseo de estrechar una alianza con \u00e9l; el primero en tomar la iniciativa de la reconciliaci\u00f3n con el mundo pecador. Lo ha hecho todo por nuestra conversi\u00f3n, de forma que \u00e9sta no es sino el \u00faltimo paso que llega casi espont\u00e1neamente: la adhesi\u00f3n en la fe a un amor que perdona. Es la palabra lo que nos hace conscientes de ser pecadores. Ella es la revelaci\u00f3n que nos ayuda a comprender el aspecto profundo de la vida humana en sus verdaderas dimensiones sobrenaturales, y en esta escuela podemos comprender verdaderamente el sentido del pecado y del perd\u00f3n\u00bb. Pero a la luz de la palabra de Dios, lo primero que comprende el pecador no es su pecado, sino que conoce al Dios del amor, de la bondad y de la misericordia; y en la medida en que comprende el proyecto de amor de Dios, encontrar\u00e1 tambi\u00e9n el sentido del pecado, de la conversi\u00f3n y de la reconciliaci\u00f3n. \u00abTan s\u00f3lo la profundidad del amor permite sondear la profundidad del pecado. Los pecados no ser\u00ed\u00adan tan graves si Dios no fuera amor. Pero es terrible ser pecadores ante aquel que tanto nos ha amado\u00bb. El examen de conciencia se convierte entonces en una relectura de nuestra vida a la luz de la palabra de Dios y de las grandes esperanzas que su llamada nos abre. No es tanto un ejercicio de autoacusaci\u00f3n que culpabiliza y endurece en una mala conciencia y que despu\u00e9s nos lleva al remordimiento como repliegue sobre nosotros mismos, sino, al contrario, es una lectura que nos encamina al arrepentimiento, al dolor que espera en el amor misericordioso de Dios. Esta relectura de la vida a la luz de la palabra de Dios lleva en s\u00ed\u00ad misma una idea optimista y positiva de la acusaci\u00f3n. No se trata de una pesarosa acusaci\u00f3n de las culpas. sino de una confesi\u00f3n que se consuma a la luz de la misericordia de Dios y que comprende una triple dimensi\u00f3n: el reconocimiento de las propias culpas cometidas contra Dios, la alabanza a Dios (confessio laudis) y la afirmaci\u00f3n de la fe (confessio fidei) \u00ab. La confesi\u00f3n es ante todo el acto de un penitente; \u00e9ste expresa y realiza de forma plenamente humana la contrici\u00f3n que lo anima. Cuando se expresa sin ambages el arrepentimiento por una culpa, nos damos cuenta m\u00e1s profundamente de lo que hemos hecho, y se hace m\u00e1s profundo, a su vez, el arrepentimiento. En el momento en que el pecador confiesa sus culpas a Dios no s\u00f3lo quiere reconocerlas, sino tambi\u00e9n obtener el perd\u00f3n e implorarlo en el seno de toda la Iglesia. con sus hermanos y bajo la gu\u00ed\u00ada de Cristo. De esta forma, la acusaci\u00f3n queda integrada en&#8217;un acto de fe y de alabanza, tal como se expresa t\u00ed\u00adpicamente en el salmo 50. Se confiesa la santidad de Dios: que nos hemos quedado por debajo del propio modelo (Mt 5,48); que Dios es santo, del todo distinto (Sal 50.6); que Dios es justo, no en el sentido de la venganza, sino en el sentido de que exige romper y acabar con la vida de pecado. Se confiesa la certeza del amor de Dios y de su perd\u00f3n: Cristo nos ha revelado que Dios es amor; confesarse es decir en alta voz que nosotros creemos en este amor misericordioso. Por lo tanto, la acusaci\u00f3n es un verdadero acto de culto. Confesar los pecados es proclamar la santidad, la misericordia y la justicia de Dios. Confiteri significa confesar las culpas propias, dar gracias, bendecir y alabar. La misma palabra e id\u00e9ntica realidad: confesar que somos pecadores es proclamar que Dios es santo. misericordioso y justo.<\/p>\n<p>2. LA PENITENCIA COMO ABSOLUCI\u00ed\u201cN Y ORACI\u00ed\u201cN EFICAZ DE TODA LA COMUNIDAD ECLESIAL &#8211; Dios concede el perd\u00f3n del penitente a trav\u00e9s del signo de toda la comunidad en respuesta al compromiso penitencial, signo de su conversi\u00f3n. Esta intervenci\u00f3n de la Iglesia se manifiesta de muchos modos, pero especialmente a trav\u00e9s del ministro que pronuncia las palabras eficaces del perd\u00f3n. Palabra que expresa la fe de la Iglesia. que consagra y eleva la penitencia del pecador para hacerle part\u00ed\u00adcipe de la obra redentora continuada por la Iglesia. Y la Iglesia precisamente, a trav\u00e9s de su ministro, pronuncia esta palabra como manifestaci\u00f3n eficaz del amor pascual de Dios; y la eficacia de esta palabra procede del hecho de que los obispos y presb\u00ed\u00adteros la han recibido y la pronuncian en uni\u00f3n con Cristo y en su Esp\u00ed\u00adritu. Pero este uso del poder de las llaves de los ministros jer\u00e1rquicos no est\u00e1 separado de la colaboraci\u00f3n de la comunidad; la oraci\u00f3n de la comunidad acompa\u00f1ada de la caridad no es sino la oraci\u00f3n y la caridad de Cristo celeste, que se hace visible y presente para un hombre determinado en un tiempo y en un lugar determinados de la historia. En todo el transcurso de la atormentada y agitada historia del sacramento de la penitencia se puede comprobar esta intervenci\u00f3n de la comunidad en favor de los pecadores. La Iglesia se dirige a Dios para pedirle perd\u00f3n por los hermanos, sostiene a los penitentes en su esfuerzo de conversi\u00f3n, ayud\u00e1ndoles a borrar de su vida el pecado y las huellas del mismo. Es verdaderamente significativa la recuperaci\u00f3n llevada a cabo en esta l\u00ed\u00adnea por el Novus Ordo Paenitentiae. De esta forma la reconciliaci\u00f3n sacramental del cristiano pecador es un acto de toda la comunidad, y no s\u00f3lo de la jerarqu\u00ed\u00ada; la intervenci\u00f3n del ministro con y dentro de la comunidad hace m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita la mediaci\u00f3n de la Iglesia y le confiere la eficacia propia de los siete sacramentos.<\/p>\n<p>3. LA PENITENCIA. RECONCILIACI\u00ed\u201cN CON DIOS Y CON LA IGLESIA &#8211; La intervenci\u00f3n eclesial como signo visible de la manifestaci\u00f3n de la misericordia divina garantiza visible e hist\u00f3ricamente a los cristianos el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n con Dios, al tiempo que otorga la paz con la Iglesia: \u00abLa reconciliaci\u00f3n con Dios es pedida y concedida mediante el ministerio de la Iglesia\u00bb\u00bb. Cuando el cristiano peca, ofende al amor de Dios y hiere tambi\u00e9n a la Iglesia. en el sentido de que al obrar de esa forma impide y disminuye en el mundo la eficacia del dinamismo de la Iglesia como signo que opera la uni\u00f3n \u00ed\u00adntima con Dios y la unidad de todo el g\u00e9nero humano (LG 1). Esta herida provoca en el pecador una separaci\u00f3n \u00abontol\u00f3gica\u00bb de la Iglesia, lugar de uni\u00f3n con Dios; un alejamiento de la caridad eclesial, don del Esp\u00ed\u00adritu, porque el pecado es siempre, en proporci\u00f3n a su gravedad, rechazo del amor, del Esp\u00ed\u00adritu que anima a la Iglesia. No se trata de una separaci\u00f3n visible y total, porque, en virtud del car\u00e1cter bautismal, el cristiano, aunque sea pecador, sigue perteneciendo a la Iglesia; sino que se trata de un alejamiento o de una separaci\u00f3n interna e invisible con respecto a la caridad salv\u00ed\u00adfica de la comunidad. No nos debemos, por tanto, limitar a considerar la reconciliaci\u00f3n como un acto v\u00e1lido \u00fanicamente en el orden de las relaciones jur\u00ed\u00addicas. Es preciso saber captar, por el contrario, la integraci\u00f3n del cristiano en la Iglesia como lugar vital que lo inserta en Cristo. Siendo as\u00ed\u00ad, la participaci\u00f3n efectiva del penitente en la comunidad, a la que retorna como miembro plenamente integrado, puede describirse de manera evang\u00e9lica como el injerto de un ramo en la planta que lo nutre. Por lo tanto, recibir la paz de la Iglesia significa volver a asumir el puesto que a uno le corresponde como miembro vivo en este \u00e1mbito vivo que es la Iglesia . El retorno a la paz con la Iglesia trae consigo la remisi\u00f3n del pecado y el don del amor divino y eclesial, es decir, el don del Esp\u00ed\u00adritu de Cristo, que vuelve a unir al pecador con la Iglesia, con Cristo y con el Padre. En otros t\u00e9rminos, el cristiano que se opuso y se separ\u00f3 de Dios y de los hermanos vuelve a encontrar el amor de Dios en el amor de los hermanos, presencia visible e hist\u00f3rica del amor de Dios sobre la tierra. Y as\u00ed\u00ad puede decirse que la conversi\u00f3n del cristiano a Dios y la reconciliaci\u00f3n con \u00e9l se realiza en la conversi\u00f3n a la Iglesia, puesto que en el perd\u00f3n fraterno de la comunidad se comunica al hermano pecador el amor de Cristo que perdona.<\/p>\n<p>VI. La unidad recuperada<br \/>\nEl efecto m\u00e1s profundo que recibe el penitente en el sacramento de la penitencia es una paz pluridimensional; una paz con Dios, consigo mismo, con la Iglesia, con el mundo; en otras palabras, es la unidad profunda que el penitente encuentra en relaci\u00f3n con Dios, con la Iglesia y consigo mismo.<\/p>\n<p>La unidad de Dios, porque la paz con \u00e9l, no es de ning\u00fan modo un simple gesto de perd\u00f3n de las culpas en virtud de los m\u00e9ritos de Cristo que nos deja en nuestra condici\u00f3n de pecadores. Esta paz es el amor de Dios -Dios mismo-que se da para poder habitar en el cristiano readmitido en la Iglesia. El Esp\u00ed\u00adritu Santo vuelve a convertirse en el principio sobrenatural de su existencia, y toda la Trinidad vuelve a morar misteriosamente en \u00e9l y se instala all\u00ed\u00ad tan profundamente que se convierte en su yo \u00ed\u00adntimo (Jn 14,23). En la penitencia, el pecador abre la puerta a Dios, que quiere entrar (Ap 3,20), y de esta forma el cristiano vuelve a ser colmado por la presencia divina y se hace una nueva creatura seg\u00fan el modelo de la imagen y semejanza de Cristo: hijos en el Hijo (1 Cor 12,13: 2 Cor 1,21-22) y, por lo tanto, part\u00ed\u00adcipes de la naturaleza divina (2 Pe 1,3-4). La unidad con Dios realiza la unidad con uno mismo, situado m\u00e1s all\u00e1 de la percepci\u00f3n experimental. Se trata de la recomposici\u00f3n de un yo que se hab\u00ed\u00ada disociado al traicionar su propia estructura constitutiva: el yo aut\u00e9ntico es recuperado no en la autonom\u00ed\u00ada absoluta, sino en la dependencia total de Dios, que habita en el hombre y transforma el ser humano a su imagen. La meta y la plenitud de la existencia humana se alcanzan dentro de esta dependencia; aqu\u00ed\u00ad es donde el hombre encuentra la condici\u00f3n de su equilibrio inicial, que es justamente la comuni\u00f3n con Dios ya aqu\u00ed\u00ad.<\/p>\n<p>Pero esta vida de comuni\u00f3n con Dios es aut\u00e9ntica \u00fanicamente en la medida en que se prolonga en los hermanos. La transformaci\u00f3n interna del cristiano debe abrirse al amor universal, porque el amor aut\u00e9ntico no reconoce fronteras. Es la dimensi\u00f3n fraterna de la unidad lo que hace al penitente capaz de relaciones humanas responsables y oblativas respecto a los dem\u00e1s; los hermanos son mirados y amados por Dios, pues son el t\u00e9rmino del acto de amor con el que Dios nos juzga (Mt 25,31-46). La vida de comuni\u00f3n con Dios es ilusoria si se repliega o pretende limitarse a Dios y al individuo; el verdadero culto exige la caridad fraterna (Mt 5,23-35); Dios no perdona sino a quien est\u00e1 dispuesto a perdonar (Mt 6,12-15).<\/p>\n<p>La unidad que el penitente vuelve a encontrar con Dios y con los hermanos en el encuentro sacramental, culminaci\u00f3n de la vida penitencial, supone tambi\u00e9n la unidad de la Iglesia, porque Dios habita en la Iglesia como en su templo y los hermanos son miembros de la Iglesia de la misma manera que lo es el penitente.<\/p>\n<p>Y esta unidad renovada es signo eficaz de un compromiso renovado y progresivo del cristiano, y en definitiva de la Iglesia, en el cumplimiento de su misi\u00f3n en el mundo. Dicho de otro modo, esta unidad significa la reinserci\u00f3n del cristiano en el dinamismo renovador del acontecimiento pascual de Cristo, siempre activo en la historia.<\/p>\n<p>De esta manera la conversi\u00f3n, la penitencia y la reconciliaci\u00f3n no dan al cristiano \u00fanicamente el perd\u00f3n de los pecados, sino una transfiguraci\u00f3n, renovando sus fuerzas y comprometi\u00e9ndolo cada vez m\u00e1s en el cumplimiento de su misi\u00f3n en la Iglesia y en el mundo (pi\u00e9nsese en el profundo significado de la satisfacci\u00f3n y en la misma vida cristiana como una continua satisfacci\u00f3n).<\/p>\n<p>Y todo esto significa no s\u00f3lo anticipaci\u00f3n y prenda de la victoria final y total del reino realizado ya in spe con el acontecimiento de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo, sino tambi\u00e9n la manifestaci\u00f3n eficaz de la presencia actual de este reino en el mundo, inserci\u00f3n privilegiada de la historia de la salvaci\u00f3n en la historia de la creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>O. Bernasconi<br \/>\nBIBL.-AA. VV., ;Vi Jerusal\u00e9n ni Gariz\u00ed\u00adn. Culto lit\u00fargico y culto existencial, Espiritualidad, Madrid 1979.-AA. VV., La penitencia en la liturgia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1972.-AA. VV., La administraci\u00f3n sacramental de la reconciliaci\u00f3n, en \u00abConcilium\u00bb, 61 (1971).-AA. VV.. Hacia una renovaci\u00f3n del sacramento de la penitencia, en \u00abPhase\u00bb, 37 (1967).-AA. VV., Pecado, confesi\u00f3n y penitencia: ayer y hoy, Guadalupe, B. Aires 1973.-AA. VV.. Peniteneia y reconciliaci\u00f3n hoy, Marova, Madrid 1975.-AA. VV.. Celebrar la reconciliaci\u00f3n con los ni\u00f1os, Marova, Madrid 1977.-Baur, B, La confesi\u00f3n frecuente, Herder, Barcelona 1974.-Bausch. W. J. \u00c2\u00a1Es el Se\u00f1or! Pecado y confesi\u00f3n, hoy, Sal Terrae. Santander 1978.-Burgaleta Ciemos, J. T.-Pardo, A, Celebraciones penitenciales comunitarias, Perpetuo Socorro. Madrid 1976.-Darcy-Berube. F. 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El sacramento de la penitencia, S\u00ed\u00adgueme, Salamanca 1975.-Tripier, P. La penitencia, un sacramento para la reconciliaci\u00f3n, Marova, Madrid 1979.-Vogel. C. El pecador y la penitencia en la Iglesia antigua, ELE, Barcelona 1968.-V\u00e9ase bibl. de las voces Conversi\u00f3n y Pecador\/pecado.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Penitencia y penitente: referencias b\u00ed\u00adblicas: 1. Pecado y conversi\u00f3n del pecado: 2. Actitud del penitente &#8211; II. Penitencia y penitentes: referencias hist\u00f3ricas: 1. Penitentes ante la Iglesia: 2. Orden de los penitentes &#8211; III. Reconciliaci\u00f3n y comuni\u00f3n: 1. El pecador interrumpe la comuni\u00f3n: 2. La comuni\u00f3n es establecida por Cristo y en Cristo; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/penitente\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPENITENTE\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17107","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17107","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17107"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17107\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17107"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17107"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17107"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}