{"id":17108,"date":"2016-02-05T11:08:30","date_gmt":"2016-02-05T16:08:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/psicologia-y-espiritualidad\/"},"modified":"2016-02-05T11:08:30","modified_gmt":"2016-02-05T16:08:30","slug":"psicologia-y-espiritualidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/psicologia-y-espiritualidad\/","title":{"rendered":"PSICOLOGIA Y ESPIRITUALIDAD"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La dimensi\u00f3n espiritual del hombre &#8211; II. El Vat. II y las ciencias humanas &#8211; III. Aportaci\u00f3n de la psicolog\u00ed\u00ada a la teolog\u00ed\u00ada espiritual: 1. El factor psicol\u00f3gico en la teolog\u00ed\u00ada espiritual; 2. Las condiciones humanas de la acci\u00f3n de la gracia &#8211; IV. Relaci\u00f3n entre salud mental y vida espiritual &#8211; V. Orientaciones para la educaci\u00f3n espiritual: 1. Integraci\u00f3n de lo natural y de lo sobrenatural; 2. Exigencia de adaptaci\u00f3n a las condiciones personales &#8211; VI. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s estuvo la cultura -incluso la llamada cultura profana (filosof\u00ed\u00ada, historia, literatura, etc.)- tan centrada como hoy en el hombre, y nunca ha asumido como en la actualidad un matiz tan netamente personalista y existencial. La dignidad de la persona ocupa un puesto de primera l\u00ed\u00adnea en el pensamiento actual. El mismo Vat. II ha reivindicado para el cristianismo lo mejor de la antropolog\u00ed\u00ada moderna, ha acogido y ha hecho suyo el crecimiento del hombre en todos los niveles y en todas las direcciones, transformando la cultura moderna -como se ha afirmado en fuentes autorizadas- en un comentario de la Sagrada Escritura y del evangelio de la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>De esta forma, la t\u00ed\u00adpica aspiraci\u00f3n del hombre contempor\u00e1neo (conciliar su sed de absoluto con los valores terrestres, recibir la gracia sin renunciar a la naturaleza y extender lo divino a todo lo profano para consagrarlo y exaltarlo) aparece como un dato real, que los educadores y los directores espirituales no pueden menospreciar. Desde este punto de vista, precisamente se plantea el problema de fondo que aqu\u00ed\u00ad sometemos a examen; es decir, el de un planteamiento exacto de la vida espiritual.<\/p>\n<p>No hace falta demostrar lo necesario que es establecer s\u00f3lidas bases para levantar un edificio espiritual de gran altura y solidez; para lograr, dicho en otros t\u00e9rminos, que el hombre pueda adherirse m\u00e1s espont\u00e1nea y m\u00e1s responsablemente a la llamada de Dios. En el plano humano se establecen, en efecto, las condiciones que m\u00e1s favorecen la acci\u00f3n de la gracia. El axioma de que \u00abla gracia supone la naturaleza\u00bb se vuelve a plantear de una forma m\u00e1s vital, m\u00e1s viva, m\u00e1s satisfactoria, en este clima postconciliar, que ha favorecido la revalorizaci\u00f3n de la naturaleza, es decir, de los medios humanos entendidos corno instrumento, como escala por la que pueda ascender el hombre a Dios.<\/p>\n<p>Se impone inmediatamente un problema fundamental \u00bfEs posible una psicolog\u00ed\u00ada de la vida espiritual que, en realidad, no es otra cosa que una psicolog\u00ed\u00ada de la gracia? A primera vista. parecer\u00ed\u00ada que habr\u00ed\u00adamos de dar una respuesta negativa. Efectivamente, el misterio de la gracia es un misterio divino. Trasciende totalmente las fuerzas de nuestra humanidad creada y pecadora. La gracia es una participaci\u00f3n de la vida divina en nosotros. A Dios no se lo puede experimentar. La opci\u00f3n fundamental de la gracia escapa necesariamente a nuestra experiencia psicol\u00f3gica. Por otra parte, la influencia de lo sobrenatural, que eleva esta opci\u00f3n al nivel de participaci\u00f3n de la vida divina. no la penetra desde lo exterior como un cuerpo extra\u00f1o, como una fuerza coercitiva que interrumpiera la acci\u00f3n de nuestra libertad.<\/p>\n<p>Nadie muestra mayor respeto a la libertad del hombre que el mismo Dios. Y es precisamente a la b\u00fasqueda de este respeto de Dios por el hombre a lo que se orienta el presente estudio sobre la relaci\u00f3n entre psicolog\u00ed\u00ada y espiritualidad. La problem\u00e1tica de fondo de este estudio se contempla en el \u00e1mbito de una concepci\u00f3n personalista del hombre, que considera la educaci\u00f3n como acci\u00f3n orientada al perfeccionamiento de la persona humana en la completa totalidad de sus componentes. de entre los cuales se destacan en primer plano los psicol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>I. La dimensi\u00f3n espiritual del hombre<br \/>\nLa psicolog\u00ed\u00ada profunda pretende desvelar, a trav\u00e9s de la ciencia contempor\u00e1nea, la enorme importancia que en la naturaleza humana adquiere la estructura fundamental, que recibe el nombre de car\u00e1cter. Es necesario conocer los principales tipos humanos para poder valorar el influjo de sus actitudes, positivas o negativas, en la consecuci\u00f3n yen la realizaci\u00f3n de la vida espiritual. Si logramos situarnos con precisi\u00f3n ante este abanico de tipos fundamentales, podremos colaborar m\u00e1s fructuosamente en la b\u00fasqueda de la sabidur\u00ed\u00ada integral, que nos proponemos alcanzar con la ayuda de la gracia. Se trata de sacar el mayor provecho posible de todas las informaciones que pueden ofrecernos las ciencias biol\u00f3gicas, psicol\u00f3gicas y sociales en lo que ata\u00f1e a la influencia de los factores subjetivos y accidentales sobre el libre desarrollo de la actividad humana y sobre los procesos que preceden a la adquisici\u00f3n y al funcionamiento de las virtudes naturales.<\/p>\n<p>Se ha insistido siempre en la necesidad de tener en cuenta, a la hora de valorar el acto humano, su contenido espec\u00ed\u00adfico y las circunstancias muy particulares en las que se sit\u00faa, sus motivaciones m\u00faltiples y frecuentemente conflictivas, la interferencia entre la sensualidad y la deliberaci\u00f3n racional, los efectos de una conciencia err\u00f3nea, como tambi\u00e9n de los juicios reflejos y de la continua presi\u00f3n de los h\u00e1bitos adquiridos mucho antes. El principio inmediato a la acci\u00f3n no debe indagarse en la naturaleza humana en general, sino en la condici\u00f3n individual de la persona, responsable de la ejecuci\u00f3n intencional y deliberada de tal o cual acto particular.<\/p>\n<p>Estamos obligados a proceder con gran cautela al aplicar los diversos criterios de la responsabilidad moral a una conciencia turbada, deformada o supersticiosa. Especialmente resulta dif\u00ed\u00adcil este planteamiento cuando, en presencia de una conducta que a\u00fan se encuentra obstaculizada por los residuos infantiles e irrealistas de un psiquismo desequilibrado, se intenta sugerir los medios principales con que se podr\u00ed\u00ada transformar esta conducta, adapt\u00e1ndola a las exigencias tan elevadas de la moralidad cristiana, y someterla poco a poco a las reglas delicadas y complejas de la raz\u00f3n y de la virtud.<\/p>\n<p>Los recientes descubrimientos de la psicolog\u00ed\u00ada din\u00e1mica, de la psicolog\u00ed\u00ada social y de la antropolog\u00ed\u00ada cultural pueden dar un impulso considerable a un estudio m\u00e1s comprensivo y a una direcci\u00f3n m\u00e1s eficaz de la conducta moral. Estos datos, sin embargo, no pueden incorporarse en bruto al campo de la teolog\u00ed\u00ada espiritual. Tan s\u00f3lo a la luz de una fenomenolog\u00ed\u00ada mucho m\u00e1s amplia y diferenciada que la que constituye la base actual de nuestros conocimientos aplicados, ser\u00e1 posible afinarlos y ampliar su campo de aplicaci\u00f3n. Se exigir\u00e1, por lo tanto, un esfuerzo en\u00e9rgico para extender la aplicaci\u00f3n de la \u00e9tica cristiana a la soluci\u00f3n de conflictos profundamente radicados en la conciencia humana y a la direcci\u00f3n de innumerables almas que en el pasado recibieron inevitablemente muy poca atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Un estudio minucioso ha revelado que los mismos mecanismos psicol\u00f3gicos fundamentales se encuentran en las operaciones mentales subyacentes a tipos de conducta extremadamente variados, racionales o irracionales, normales o anormales. Aunque de origen y esencia diferentes, la angustia experimentada por el santo en los conflictos m\u00e1s cruciales de su vida desencadena las mismas fuerzas ps\u00ed\u00adquicas que la angustia del hombre medio o del neur\u00f3tico, inmerso en situaciones mucho m\u00e1s banales. En un grado m\u00e1s alto de integraci\u00f3n ps\u00ed\u00adquica, se puede decir que el car\u00e1cter sobrenatural de las virtudes infusas no impide su funcionamiento a la manera humana.<\/p>\n<p>La mayor parte de las acciones humanas resulta de la interacci\u00f3n compleja de motivos cuya multiplicidad escapa demasiado f\u00e1cilmente a nuestra atenci\u00f3n. Por eso deber\u00e1 insistirse en las l\u00ed\u00adneas fundamentales que enlazan entre si las virtudes morales, a pesar de su gran diversidad aparente, dando a las manifestaciones de las mismas la unidad caracter\u00ed\u00adstica de un organismo espiritual. Un solo acto moral puede ser el resultado de una determinaci\u00f3n libre, motivada por la atracci\u00f3n ejercida simult\u00e1neamente por diversos fines; puede, por tanto, considerarse como el producto de toda una constelaci\u00f3n de virtudes, cuyas relaciones din\u00e1micas son susceptibles de presentar aspectos diversos seg\u00fan las circunstancias y seg\u00fan los individuos. El esp\u00ed\u00adritu humano es el suelo f\u00e9rtil en el que la vida espiritual puede germinar y desarrollarse seg\u00fan leyes que le son propias y que deben ser interpretadas a la luz de su naturaleza y de su dinamismo espec\u00ed\u00adfico. La psicolog\u00ed\u00ada se ha contentado con demasiada frecuencia con su propia interpretaci\u00f3n de la vida espiritual, reduciendo los problemas relativos a los estrechos limites del propio an\u00e1lisis mecanicista. Semejante instrumento no debe quedar exclusivamente en manos de aquellos que, por ignorancia o por convicci\u00f3n naturalista, est\u00e1n tentados a eliminar la espiritualidad del coraz\u00f3n de los hombres.<\/p>\n<p>Conviene advertir que una tendencia no desaparece por el simple hecho de que sea reprimida, es decir, por el hecho de que se vea simplemente inhibida o reducida al inconsciente en lugar de ser orientada hacia cualquier fin aceptable o intr\u00ed\u00adnsecamente modificable con medios deliberados y racionales. No desaparece, pero escapa totalmente a la observaci\u00f3n del director espiritual por experimentado que sea. Por otra parte -y esto hace que la situaci\u00f3n no tenga casi salida-, dicha tendencia resulta impensable para el individuo (por estar separada de las representaciones verbales que le dan expresi\u00f3n habitualmente bajo su verdadera luz), aunque permanezca activa en su inconsciente y contin\u00fae impregnando las im\u00e1genes, las actitudes y el comportamiento del individuo mismo.<\/p>\n<p>Sin una dotaci\u00f3n psicol\u00f3gica madura y bien diferenciada, que permita percibir objetivamente lo real, estimar correctamente los sucesos pasados y anticipar con precisi\u00f3n las posibilidades futuras y que sea capaz de sacar provecho de la experiencia adquirida y de razonar con l\u00f3gica, de tener un sentimiento de culpabilidad equilibrado y el dominio de la propia capacidad de inhibici\u00f3n, la virtud de la prudencia no puede ser un instrumento din\u00e1mico de integraci\u00f3n al servicio de un desarrollo espiritual regular y seguro.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la perspectiva cristiana.,que no deja de influir profundamente en la vida ps\u00ed\u00adquica y en la personalidad, el hombre est\u00e1 llamado por Dios a una vida superior, cuyos fermentos est\u00e1n depositados en nosotros por un don permanente que est\u00e1 en manos del hombre aceptar o rechazar, y que le permite a partir de entonces inaugurar con Dios y con los hombres un sistema de relaciones nuevo, una vida de comuni\u00f3n abierta y confiada, que debe ser el preludio de la vida futura. Por esto, y en virtud de este don, el esp\u00ed\u00adritu del hombre recibe luces capaces de orientar su conducta, una fuerza que ayuda a su voluntad a cumplir lo que vislumbra y que supera sus fuerzas naturales, y como una nueva sensibilidad, que le permite percibir oscuramente la realidad existencial, y no s\u00f3lo nocional, de las fuerzas trascendentes que act\u00faan en \u00e9l y en el mundo. De ello se deduce para el hombre, adem\u00e1s de una nueva dimensi\u00f3n de su personalidad, una reestructuraci\u00f3n de su ser, una nueva forma de vida y nuevas motivaciones para su conducta \u00e9tico-religiosa.<\/p>\n<p>El hombre nuevo no es transformado inmediatamente en virtud del don que le ha sido dado; pero la gracia le confiere los medios necesarios para su desarrollo progresivo, que debe conducirlo hacia una perfecci\u00f3n que \u00e9l mismo no se habr\u00ed\u00ada atrevido antes ni siquiera a concebir.<\/p>\n<p>En la perspectiva que estamos proyectando, y en orden a una exacta situaci\u00f3n de las relaciones entre psicolog\u00ed\u00ada y espiritualidad, conviene evitar un doble extremismo: por una parte, el de atribuir una total autosuficiencia a las capacidades naturales del hombre; por otra, el de permanecer sujetos a una concepci\u00f3n excesivamente pesimista del hombre mismo. Si la existencia del pecado original no debe ignorarse, tampoco esto puede llevarnos a la negaci\u00f3n de un sano optimismo respecto a las potencialidades de bien inherentes a todo ser humano.<\/p>\n<p>Contra la posici\u00f3n extremista de alguna corriente cristiana no cat\u00f3lica y contra las exageraciones de ciertos escritores cat\u00f3licos, el magisterio eclesi\u00e1stico ha afirmado siempre una concepci\u00f3n positiva de la naturaleza humana, sustancialmente inmutada despu\u00e9s del pecado original. En un discurso pronunciado el 13 de abril de 1953 ante los participantes en el V Congreso Internacional de Psicoterapia y de Psicolog\u00ed\u00ada Cl\u00ed\u00adnica, P\u00ed\u00ado XII, hablando del hombre como unidad y totalidad ps\u00ed\u00adquica, afirmaba que \u00abel pecado original no le quita la posibilidad y la obligaci\u00f3n de gobernarse a s\u00ed\u00ad mismo mediante el alma\u00bb. En otro discurso pronunciado el 25 de septiembre de 1949 y dirigido a los participantes en el Congreso de Estudios Human\u00ed\u00adsticos, el mismo Pont\u00ed\u00adfice se expresaba en los siguientes t\u00e9rminos: \u00abSin tener en cuenta las opiniones ef\u00ed\u00admeras que se han expuesto en las diversas \u00e9pocas, la Iglesia ha afirmado el valor de lo que es humano y conforme a la naturaleza: sin dudar ha buscado desarrollarlo y ponerlo de manifiesto. Ella no admite que ante Dios el hombre no sea nada m\u00e1s que corrupci\u00f3n y pecado. Por el contrario, a sus ojos el pecado original no ha corrompido absolutamente a nivel intr\u00ed\u00adnseco sus h\u00e1bitos y sus fuerzas, sino que esencialmente ha dejado intacta la luz natural de su inteligencia y su libertad\u00bb. Y a\u00f1ad\u00ed\u00ada: \u00abLa naturaleza sana, si se abre toda ella a la aportaci\u00f3n que significa la fe cristiana, puede muchas cosas. Puede salvar al hombre de las estrechuras de la tecnocracia y del materialismo\u00bb.<\/p>\n<p>El mundo de la naturaleza no se contempla con un sentido de exagerada suspicacia o de excesiva desconfianza. La personalidad del hombre tiene capacidades intr\u00ed\u00adnsecas de reorganizaci\u00f3n, que la moderna psicolog\u00ed\u00ada ha sabido valorar de una forma sistem\u00e1tica y eficiente. Pero el factor personal -quede esto bien claro- no basta por s\u00ed\u00ad solo para la formaci\u00f3n integral del hombre. Toda concepci\u00f3n que no tenga en cuenta el car\u00e1cter espiritual e hist\u00f3ricamente sobrenatural de la persona humana, ser\u00e1 siempre una concepci\u00f3n parcial e inadecuada. Y tal ser\u00ed\u00ada la orientaci\u00f3n aqu\u00ed\u00ad propuesta, si se apelara \u00fanicamente a factores humanos y faltase la levadura espiritual de una conciencia cristiana.<\/p>\n<p>II. El Vat. II y las ciencias humanas<br \/>\nHoy se comprende lo oportuno que resulta profundizar en las bases y los aspectos psicol\u00f3gicos de la vida espiritual: no con la simple intenci\u00f3n de introducir innovaciones, sino para adaptar y hacer m\u00e1s eficientes los m\u00e9todos que una tradici\u00f3n rica de sabidur\u00ed\u00ada humana nos ha transmitido. Para que la educaci\u00f3n espiritual responda a las exigencias del momento presente, es necesario poner en pr\u00e1ctica los medios de acci\u00f3n que son propios de nuestro tiempo. La psicolog\u00ed\u00ada es uno de ellos y, sin duda, de los principales cuando se trata de la conducta humana.<\/p>\n<p>Esta es precisamente la forma de plantear la cuesti\u00f3n a nivel te\u00f3rico y pr\u00e1ctico, tal como se nos confirma con abundancia en los documentos conciliares. En efecto, el Vat. II invita frecuentemente a un adecuado tratamiento de la personalidad con todas las t\u00e9cnicas que nos ofrecen las ciencias humanas, yen particular la psicolog\u00ed\u00ada&#8217;. Consideramos \u00fatil por esta raz\u00f3n el analizar aqu\u00ed\u00ad los pasajes m\u00e1s significativos de los documentos conciliares en los que se afirma la validez y la importancia de las ciencias humanas con respecto a los fines de la acci\u00f3n formativa.<\/p>\n<p>En la Constituci\u00f3n sobre la Iglesia en el mundo actual se afirma que \u00ablos progresos de las ciencias biol\u00f3gicas, psicol\u00f3gicas y sociales permiten al hombre no s\u00f3lo conocerse mejor, sino aun influir directamente sobre la vida de las sociedades por medio de m\u00e9todos t\u00e9cnicos\u00bb (GS 5). En la misma Constituci\u00f3n v al tratar del tema de la atenci\u00f3n pastoral, se exhorta a \u00abreconocer y emplear suficientemente en el trabajo pastoral no s\u00f3lo los principios teol\u00f3gicos, sino tambi\u00e9n los descubrimientos de las ciencias profanas, sobre todo la psicolog\u00ed\u00ada y la sociolog\u00ed\u00ada\u00bb (GS 62).<\/p>\n<p>Los obispos deber\u00e1n emplearse a fondo a fin de que los catequistas sean convenientemente preparados para el desempe\u00f1o de su misi\u00f3n y para que \u00abaprendan\u00bb te\u00f3rica y pr\u00e1cticamente las leves psicol\u00f3gicas y las disciplinas pedag\u00f3gicas\u00bb (CD 14). En nuestros d\u00ed\u00adas la cultura humana y tambi\u00e9n las ciencias sagradas avanzan a un ritmo que antes nos era desconocido. Por ello \u00abinc\u00ed\u00adtese a los presb\u00ed\u00adteros a que perfeccionen adecuadamente y sin intermisi\u00f3n su ciencia acerca de materias divinas y humanas, y as\u00ed\u00ad se preparen a entablar m\u00e1s oportunamente di\u00e1logo con sus contempor\u00e1neos\u00bb (PO 19).<\/p>\n<p>El Val. II ha reclamado la atenci\u00f3n sobre los cambios psicol\u00f3gicos, morales y religiosos que se verifican en la sociedad a un ritmo realmente vertiginoso. \u00abEl cambio de mentalidad y de estructuras somete con frecuencia a discusi\u00f3n las ideas recibidas. Esto se nota particularmente entre los j\u00f3venes\u00bb (GS 7). Se abren nuevos caminos a la cultura, \u00abpreparados por un ingente progreso de las ciencias naturales y humanas, incluidas las sociales, por el desarrollo de la t\u00e9cnica, y tambi\u00e9n por los avances en el uso y la recta organizaci\u00f3n de los medios que ponen al hombre en comunicaci\u00f3n con los dem\u00e1s\u00bb. Las ciencias exactas han afinado en gran medida el sentido critico y, en consecuencia, \u00ablos m\u00e1s recientes estudios de psicolog\u00ed\u00ada explican con mayor profundidad la actividad humana\u00bb (GS 54).<\/p>\n<p>La acci\u00f3n educativa debe actuar de forma que el desarrollo de la vida tenga lugar \u00aben plena armon\u00ed\u00ada con las normasde la sana psicolog\u00ed\u00ada\u00bb (OT 3). Debe ser \u00abconvenientemente perfeccionada con los datos recientes de la sana psicolog\u00ed\u00ada y pedagog\u00ed\u00ada\u00bb (0T 11). En el mismo decreto sobre la formaci\u00f3n sacerdotal se exhorta de nuevo a \u00abutilizar los medios que pueden ofrecer las ciencias pedag\u00f3gicas, psicol\u00f3gicas o sociol\u00f3gicas\u00bb (OT 20).<\/p>\n<p>Una visi\u00f3n incompleta de las cosas nos aislar\u00ed\u00ada del mundo real y nos impedir\u00ed\u00ada utilizar cuanto hay en \u00e9l de bueno. Es m\u00e1s, nos har\u00ed\u00ada asistir como espectadores, antes que corno actores, a la evoluci\u00f3n de disciplinas que exigen de los cristianos su correspondiente aportaci\u00f3n, especialmente teniendo en cuenta que se trata de problemas relacionados directamente con la persona humana. Adem\u00e1s, hay que tener en cuenta que todas las realidades cient\u00ed\u00adficas, entre las que se incluyen las modernas conquistas de la biolog\u00ed\u00ada y de la psicolog\u00ed\u00ada, han sido reconocidas expl\u00ed\u00adcitamente por el Vat. II como un bien en si mismas, al igual que las otras realidades terrestres. \u00abLos expertos en las ciencias, especialmente en las ciencias biol\u00f3gicas, m\u00e9dicas, sociales y psicol\u00f3gicas, pueden aportar una gran contribuci\u00f3n al bien del matrimonio y de la familia y a la paz de las conciencias\u00bb (GS 36).<\/p>\n<p>Todas las realidades que constituyen el orden temporal no solamente son medios con los que el hombre puede alcanzar su fin \u00faltimo, sino que tienen un \u00abvalor\u00bb propio, que Dios ha puesto en ellas, tanto si se las considera en s\u00ed\u00ad mismas como si se las valora como partes de todo el orden temporal. Esta su bondad natural recibe una dignidad especial de la relaci\u00f3n que ellas tienen con la persona humana, para cuyo servicio han sido creadas. \u00abEste destino, sin embargo, no s\u00f3lo no priva al orden temporal de su autonom\u00ed\u00ada, de sus propios fines, de sus propias leyes, medios e importancia para el bien del hombre, sino que, por el contrario, lo perfecciona en su valor y excelencia propia y, al mismo tiempo, lo ajusta a la vocaci\u00f3n plena del hombre en la tierra\u00bb (AA 7). La investigaci\u00f3n met\u00f3dica que se realiza en toda disciplina, si procede de forma verdaderamente cient\u00ed\u00adfica y con arreglo a las normas morales, \u00abnunca ser\u00e1, en realidad, contraria a la fe, porque las realidades profanas y las realidades de la fe tienen su origen en el mismo Dios\u00bb (GS 36).<\/p>\n<p>En efecto, \u00abseg\u00fan el designio de Dios Creador, las mismas cosas terrenas y las instituciones humanas se ordenan tambi\u00e9n a la salvaci\u00f3n de los hombres y, por ende, pueden contribuir no poco a la edificaci\u00f3n del cuerpo de Cristo\u00bb (CD 12). Se respetan, por lo tanto, \u00ablas exigencias del m\u00e9todo propias de cada una de las ciencias o las artes\u00bb (GS 36). Estas realidades contribuyen en el plano moral al perfeccionamiento humano: este perfeccionamiento, adem\u00e1s de ser un bien verdadero, prefigura la realidad nueva que nos espera en la eternidad, e incluso parece que nos predispone m\u00e1s f\u00e1cilmente a la gracia (GS 38).<\/p>\n<p>III. Aportaci\u00f3n de la psicolog\u00ed\u00ada a la teolog\u00ed\u00ada espiritual<br \/>\nEn sus aplicaciones a la vida espiritual, las ciencias humanas no pueden gozar de una autonom\u00ed\u00ada absoluta en relaci\u00f3n con la teolog\u00ed\u00ada, sino tan s\u00f3lo de una autonom\u00ed\u00ada relativa, all\u00ed\u00ad donde buscan met\u00f3dicamente los medios para suscitar las disposiciones m\u00e1s favorables a la gracia seg\u00fan la diversa edad y los diversos momentos del desarrollo individual y social. Las conclusiones de estas ciencias positivas se limitar\u00e1n siempre a problemas de origen y de sucesi\u00f3n de los fen\u00f3menos y se prohibir\u00e1n a s\u00ed\u00ad mismas, por su propio m\u00e9todo, cualquier tipo de juicio de valor y de fines \u00faltimos. Los datos y las leyes de estas ciencias no son sino \u00abcausas dispositivas\u00bb.<\/p>\n<p>La aportaci\u00f3n de las ciencias del hombre, y en particular de la psicolog\u00ed\u00ada, a la teolog\u00ed\u00ada espiritual suscita diversas cuestiones de principio. En el momento actual, se advierte a este respecto una toma de posici\u00f3n decisivamente positiva. Durante demasiado tiempo se pens\u00f3 en hablar al hombre \u00fanicamente de sus deberes morales, en esclarecer sus convicciones racionales, en discutir sus objeciones contra la fe: se apel\u00f3 a su cerebro y, a veces, a sus emociones. Sin embargo, esta apelaci\u00f3n cerebral y sentimental a un tiempo parece hoy insuficiente, superada y est\u00e9ril. Es necesario que la acci\u00f3n educativa afecte al hombre en su totalidad y que tenga en cuenta las condiciones humanas de la personalidad en las que se desarrolla la acci\u00f3n de la gracia.<\/p>\n<p>Tanto bajo el aspecto te\u00f3rico como bajo el aspecto aplicado, el hombre no se puede dividir en dos partes: el hombre ps\u00ed\u00adquico, por un lado, y el hombre moral y religioso, por otro. La acci\u00f3n educativa ser\u00e1 siempre inadecuada si no se basa en un conocimiento seguro de los sujetos a que se dirige. Los progresos de la psicolog\u00ed\u00ada moderna abren al sacerdote, al director espiritual y al educador en general no s\u00f3lo un campo de informaciones, sino que le ofrecen tambi\u00e9n unas t\u00e9cnicas determinadas para conocer y para influir en los dem\u00e1s. La eficacia de estas t\u00e9cnicas adquiere cada vez mayor importancia a medida que se dispone de un conocimiento m\u00e1s adecuado de las mismas.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad queremos aclarar algunos conceptos en torno a la naturaleza de la teolog\u00ed\u00ada espiritual, a fin de estar mejor capacitados para determinar el \u00e1mbito y el cometido de las ciencias humanas, sobre todo de la psicolog\u00ed\u00ada, en relaci\u00f3n con la misma disciplina.<\/p>\n<p>1. EL FACTOR PSICOL\u00ed\u201cGICO EN LA TEOLOG\u00ed\u008dA ESPIRITUAL &#8211; Afrontando este problema desde el punto de vista de la valoraci\u00f3n cr\u00ed\u00adtica, Moioli llama la atenci\u00f3n sobre tres divergencias fundamentales: a) la acentuaci\u00f3n de la insuficiencia de un procedimiento puramente descriptivo: b) la superaci\u00f3n de la distinci\u00f3n entre asc\u00e9tica y m\u00ed\u00adstica: c) la generalizaci\u00f3n del t\u00e9rmino \u00abespiritualidad\u00bb para calificar tanto el objeto del estudio como el estudio en s\u00ed\u00ad mismo. Este autor pone de relieve ante todo que la teolog\u00ed\u00ada espiritual no puede reducirse a una simple observaci\u00f3n y descripci\u00f3n de la experiencia cristiana como fen\u00f3meno&#8217;.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito de la distinci\u00f3n entre m\u00ed\u00adstica y asc\u00e9tica, se pone de relieve que se trata de dos manifestaciones de una misma realidad: la misma vida cristiana. Se ha intentado establecer si yen qu\u00e9 medida lo esencial de la vida m\u00ed\u00adstica debe considerarse como una expresi\u00f3n madura de la vida cristiana en cuanto tal y debe mirarse como el criterio concreto de la perfecci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sobre la expresi\u00f3n \u00abespiritualidad\u00bb Y \u00abvida espiritual\u00bb hay que decir que ejerci\u00f3 desde el principio la funci\u00f3n de afirmar la unidad del estudio de la asc\u00e9tica y de la m\u00ed\u00adstica con un t\u00e9rmino que en alguna forma comprendiera ambos aspectos. Sin embargo, pronto asumi\u00f3 el t\u00e9rmino una clara connotaci\u00f3n paulina; no se trata de la vida del alma, sino de la vida cristiana seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu, indicando los caminos para llevarla a su plenitud.<\/p>\n<p>La controversia, que en un principio se limit\u00f3 a la naturaleza de la teolog\u00ed\u00ada m\u00ed\u00adstica, tuvo su origen en el libro de A. Stolz, en el que la naturaleza de la m\u00ed\u00adstica se estudiaba a partir de los principios teol\u00f3gicos, mientras que el aspecto psicol\u00f3gico de la cuesti\u00f3n se confiaba a Meyer. Seg\u00fan Stolz, los m\u00ed\u00adsticos espa\u00f1oles, y en particular los carmelitas, hab\u00ed\u00adan descuidado en demas\u00ed\u00ada la explicaci\u00f3n teol\u00f3gica de los estados m\u00ed\u00adsticos. Entonces, el padre Gabriel de Santa Mar\u00ed\u00ada Magdalena se sinti\u00f3 obligado a defender su causa. El debate se prolong\u00f3 y abarc\u00f3 no solamente los estados m\u00ed\u00adsticos, sino tambi\u00e9n la naturaleza de la teolog\u00ed\u00ada espiritual. Se pregunt\u00f3 si \u00e9sta deb\u00ed\u00ada ser esencialmente dogm\u00e1tica o simplemente descriptiva: se pregunt\u00f3 si era legitimo contentarse con explicar los principios doctrinales que sostienen y gu\u00ed\u00adan la ascensi\u00f3n espiritual del alma, haciendo abstracci\u00f3n del condicionamiento ps\u00ed\u00adquico del sujeto.<\/p>\n<p>Stolz, aunque admit\u00ed\u00ada la necesidad de unir los dos aspectos del problema, tend\u00ed\u00ada inequ\u00ed\u00advocamente a mantener el aspecto psicol\u00f3gico al margen de la teolog\u00ed\u00ada espiritual, porque la gracia, tanto en sus comienzos como en su desarrollo, depende de factores ps\u00ed\u00adquicos especiales. Meyer, en cambio, hab\u00ed\u00ada insistido, quiz\u00e1 excesivamente, en el cambio radical que aporta la conciencia m\u00ed\u00adstica al psiquismo humano.<\/p>\n<p>El padre Gabriel, al intervenir en el debate, sostuvo con fuerza y convicci\u00f3n que el punto de vista teol\u00f3gico no puede excluir el punto de vista psicol\u00f3gico. En efecto, es preciso reconocer que los dos aspectos son complementarios; santa Teresa de Avila, por ejemplo, proporciona descripciones psicol\u00f3gicas precisas, mientras que san Juan de la Cruz aporta una explicaci\u00f3n teol\u00f3gica profunda sobre ellos: los dos unidos presentan una teolog\u00ed\u00ada espiritual aut\u00e9ntica. Se sigue de ello, seg\u00fan el citado autor, que para guiar las almas hacia la perfecci\u00f3n no podemos limitarnos a dar unos principios te\u00f3ricos, sino que es preciso tener en cuenta tambi\u00e9n los condicionamientos ps\u00ed\u00adquicos del sujeto. Actuando de esta forma no somos indulgentes con un psicologismo puro, porque en el primer plano est\u00e1 siempre la referencia esencial al organismo sobrenatural de la gracia.<\/p>\n<p>En coherencia con cuanto hemos afirmado hasta aqu\u00ed\u00ad, la teolog\u00ed\u00ada espiritual es definida como \u00abel estudio del desarrollo de la vida espiritual en sus condiciones psicol\u00f3gicas\u00bb&#8216;. Se trata, entonces, de situar propiamente el estudio de la espiritualidad en el cuadro de la antropolog\u00ed\u00ada cristiana para captar su significado objetivo.<\/p>\n<p>Un problema de especial inter\u00e9s es el que concierne al valor y al uso de la \u00abexperiencia\u00bb en la vida espiritual. Como observa acertadamente A. L\u00e9onard, la experiencia espiritual no realiza, si no es de una forma ampliamente anal\u00f3gica, la noci\u00f3n y la forma de experiencia humana a la que estamos acostumbrados en otros campos\u00bb. Lo prueba la dificultad, por no decir la imposibilidad, con que se encuentra la psicolog\u00ed\u00ada religiosa para aplicar las leyes comunes de la psicolog\u00ed\u00ada al organismo sobrenatural de la vida cristiana. Si es preciso distinguir el campo de las fuerzas ps\u00ed\u00adquicas, reducibles a los determinismos, del campo de las fuerzas morales, sostenidas por la libertad e irreducibles a los determinismos, con mayor raz\u00f3n es preciso subrayar la irreductibilidad a condicionamientos naturales de las cualidades propiamente sobrenaturales del hombre.<\/p>\n<p>El hombre es naturaleza y corporeidad, pero debe realizarse como libertad y como espiritualidad, y en esto radica el cometido de la acci\u00f3n educativa; pero, evidentemente, no ser\u00ed\u00ada posible realizar el deber ser sin tener en cuenta la situaci\u00f3n real del hombre. Por lo dem\u00e1s, las mismas ciencias biol\u00f3gicas y psicol\u00f3gicas tienden hoy d\u00ed\u00ada a situarse m\u00e1s all\u00e1 de toda situaci\u00f3n puramente cient\u00ed\u00adfica, es decir, como ciencias de la conducta humana, por la profunda exigencia que se ha advertido de conocer al hombre en su verdadera totalidad: y por ello no existe antinomia alguna entre ciencia, moral y religi\u00f3n -y m\u00e1s concretamente entre psicolog\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada espiritual- cuando la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica se afirma como condicionante, y no como disolvente, del acto moral concreto y de la realizaci\u00f3n del destino del hombre.<\/p>\n<p>La libertad concreta no es la libertad \u00abtrascendental\u00bb, sino la libertad \u00abencarnada\u00bb&#8217;. La misma educaci\u00f3n a la vida espiritual no implica solamente lo corp\u00f3reo del hombre en sus diversas manifestaciones, sino que exige en el cristianismo un elemento divino que se ha revelado y que se entrega al hombre en el misterio de la encarnaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por lo que concierne a la relaci\u00f3n entre \u00abespiritualidad\u00bb y \u00abcorporeidad\u00bb, las ciencias de la educaci\u00f3n se traducen frecuentemente en dos posiciones intensamente contrastantes: por una parte, una pedagog\u00ed\u00ada que mira siempre con suspicacia al cuerpo y lo considera como una realidad rebelde a la espiritualidad, fuente de mal, enemigo que combatir y vencer; por otra parte, una educaci\u00f3n fundada sobre la \u00e9tica del placer hedonista, que propone el culto al cuerpo como fin esencial del hombre. Se puede observar que una y otra posici\u00f3n tienen un fundamento filos\u00f3fico com\u00fan: el de una metaf\u00ed\u00adsica dualista, de la cual una exalta solamente lo \u00abespiritual\u00bb, mientras que la otra invierte el orden de los valores y afirma solamente lo \u00abcorporal\u00bb. La soluci\u00f3n del problema de la espiritualidad y de la corporeidad del hombre se debe buscar en una s\u00ed\u00adntesis existencial de la persona humana; s\u00ed\u00adntesis en la que la dimensi\u00f3n espiritual del hombre ocupe el puesto irrenunciable que le compete.<\/p>\n<p>2. LAS CONDICIONES HUMANAS DE LA ACCI\u00ed\u201cN DE LA GRACIA &#8211; Al afirmar el problema de las relaciones entre gracia y naturaleza humana, dos tendencias se contraponen, seg\u00fan sea el punto de vista con que se enfoque el problema; esto implica tambi\u00e9n, consecuentemente, una elecci\u00f3n de los medios de soluci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por un lado, est\u00e1n los que parten del hecho innegable del pecado original y del consiguiente contraste entre naturaleza y gracia: miran con suspicacia el desarrollo de las fuerzas naturales, sobre todo de las que aparecen unidas a la parte org\u00e1nica del hombre; no prestan atenci\u00f3n al ejercicio de las virtudes naturales y a la influencia del sustrato psicof\u00ed\u00adsico en la vida espiritual e incitan a la lucha para suprimir o debilitar la sensibilidad y la afectividad; son los maestros del esp\u00ed\u00adritu para los cuales la perfecci\u00f3n cristiana consiste en crucificar la naturaleza, y el centro de la religi\u00f3n est\u00e1 en el calvario y la cruz.<\/p>\n<p>Por otro lado, est\u00e1n los que toman como punto de partida el hecho de la redenci\u00f3n y afirman que las fuerzas naturales, corroboradas y elevadas tambi\u00e9n ellas al orden divino, quedan armoniosamente entrelazadas con las de la gracia; sostienen que es una deformaci\u00f3n del cristianismo presentarlo en su aspecto negativo, como un conjunto de prohibiciones, de renuncias, de desprendimientos y de dolores, que resultan tanto m\u00e1s l\u00fagubres por la infinita noche del viernes santo dominado por la cruz; el cristianismo es la religi\u00f3n de la encarnaci\u00f3n, es decir, de la sublimaci\u00f3n de toda nuestra naturaleza en la humanidad de la persona de Jesucristo; es alegr\u00ed\u00ada, audacia, magnanimidad, espontaneidad, libertad, amor y amistad.<\/p>\n<p>Entre las dos tendencias prevalece claramente la segunda, porque parece m\u00e1s coherente con los datos de la revelaci\u00f3n y m\u00e1s conforme con las exigencias de hoy d\u00ed\u00ada. Para el hombre contempor\u00e1neo, \u00abel cristiano perfecto, como el Verbo encarnado, ser\u00e1 un hombre regenerado, un hombre perfecto\u00bb, porque en Jesucristo toda nuestra humanidad, con todas sus dotes, ha sido elevada al m\u00e1ximo honor; porque es v\u00e1lido el axioma de que la gracia no destruye, sino que perfecciona la naturaleza, sometiendo a su dominio y elevando cuanto de bueno hay en ella: recursos naturales, temperamento, tendencias, pasiones, h\u00e1bitos adquiridos, descartando \u00fanicamente el pecado.<\/p>\n<p>GRACIA\/ESFUERZO: Es m\u00e1s, la naturaleza no s\u00f3lo es elevada, sino reclamada por la gracia como condici\u00f3n, es decir, como presupuesto; porque la vida de la gracia se inserta en la actividad psicof\u00ed\u00adsica del hombre y depende, por lo tanto, de los datos presentes igual que de los pasados. A este prop\u00f3sito ha escrito Truhlar: \u00abQue el sol brille o no en el cielo no depende de que el suelo est\u00e9 cultivado o no; pero si el sol brilla no es indiferente el que el suelo est\u00e9 cultivado o sin cultivar: un erial es obst\u00e1culo para la eficacia fecundadora del sol. Lo mismo ocurre con la gracia; tener o no tener la gracia no depende del hombre, sino de la libertad de Dios; el hombre, sin embargo, puede poner obst\u00e1culos y frustrar sus efectos cuando Dios le ofrece la gracia\u00bb \u00ab.<\/p>\n<p>La condici\u00f3n natural puede decirse que es una preparaci\u00f3n para la actividad de la gracia. Efectivamente, siendo \u00e9sta un don racional, puede establecer determinadas condiciones para su recepci\u00f3n y eficacia: si \u00e9stas faltan, o no se da o no se da eficazmente. Pero no es exacto pensar que algunas personas son m\u00e1s dignas y otras menos dignas de recibir la gracia de acuerdo con sus dotes naturales; no obstante, existe una ley de armon\u00ed\u00ada y de correspondencia entre naturaleza y gracia; ordinariamente, la gracia exige algunas condiciones en la naturaleza. A este respecto, De Guibert se expresa en los siguientes t\u00e9rminos: \u00abLos actos sobrenaturales, que constituyen esencialmente nuestra vida espiritual de cristianos y que se han formado bajo la influencia de la gracia, no escapan a las condiciones generales del resto de nuestra vida ps\u00ed\u00adquica: \u00e9stas consistir\u00e1n en actos de inteligencia y de voluntad, que vienen a insertarse en la cadena de nuestro mecanismo interior sin romperlo, y, por consiguiente, sufrir\u00e1n la influencia de los actos anteriores, estar\u00e1n al menos parcialmente condicionados por ellos y, a su vez, tendr\u00e1n resonancia\u00bb.<\/p>\n<p>La vida espiritual es una actividad vital del hombre y se inserta en su natural dinamismo psicof\u00ed\u00adsico. Queda, por tanto, condicionada en su expresi\u00f3n y en su desarrollo por la \u00abrealidad humana\u00bb de cada individuo. La acci\u00f3n sobrenatural no es una fuerza coercitiva que impida el uso de las facultades humanas; al contrario, las penetra, las gu\u00ed\u00ada, las ennoblece, las eleva, las estimula y les da vigor.<\/p>\n<p>El estudio de la acci\u00f3n sobrenatural nos sit\u00faa ante elementos diversos, unos de orden natural y otros de orden sobrenatural, que reaccionan con rec\u00ed\u00adprocas influencias y se funden tan bien, que muchas veces resulta dif\u00ed\u00adcil precisar lo que proviene de la naturaleza y lo que procede de la gracia. \u00abLa gracia -escribe G. Thibon- constituye sin duda en la vida humana un factor gratuito, imprevisible, cuya influencia ning\u00fan estudio psicol\u00f3gico puede medir. Por otra parte, no es menos cierto que la naturaleza y la gracia no constituyen dos realidades independientes en nosotros: existe continuidad y concordancia entre ellas; todo don sobrenatural de Dios, por m\u00e1s inesperado que sea, queda misteriosamente `adaptado&#8217; al alma que lo recibe\u00bb<br \/>\nLa gracia se inserta en las facultades naturales del hombre y, consecuentemente, sufre su condicionamiento. \u00abSe puede afirmar que el esplendor de la vida sobrenatural se hace tanto m\u00e1s vivo v luminoso cuanto m\u00e1s vigorosa y robusta es la base natural sobre la que se alza. La vida sobrenatural crece en proporci\u00f3n al desarrollo de la vida natural\u00bb.<\/p>\n<p>La gracia act\u00faa siempre de forma concreta, y sus manifestaciones siempre tienen un determinado tono psicol\u00f3gico: de aceptaci\u00f3n o de rechazo por parte del individuo, de buena o mala voluntad. Una palabra buena o una inspiraci\u00f3n, por ejemplo, se presentan a veces como factores inmediatos a la acci\u00f3n; pero \u00e9stos pueden sobreentender siempre una acci\u00f3n m\u00e1s profunda, precisamente la de la gracia\u00bb.<\/p>\n<p>La gracia no destruye la naturaleza, sino que la restaura, la purifica y la transforma (S. Th., 1, q. 2 a. 2, ad 1). En cierto sentido y por v\u00ed\u00ada ordinaria, la naturaleza condiciona la gracia, ya que su acci\u00f3n es facilitada en las personas psicol\u00f3gicamente ricas y es amortiguada en las psicol\u00f3gicamente pobres. Hay condiciones humanas que favorecen, y otras que impiden m\u00e1s o menos la manifestaci\u00f3n de la perfecci\u00f3n de la gracia. Es preciso, por lo tanto, hacer que las condiciones humanas sean m\u00e1s eficientes y m\u00e1s v\u00e1lidas, a fin de que la gracia no s\u00f3lo pueda obrar, sino obrar de la forma m\u00e1s perfecta posible.<\/p>\n<p>El progreso hacia tina personalidad genuina, libre y responsable no se realiza ordinariamente sino en la condici\u00f3n contingente en que vivimos. De tal forma que el axioma gratia supponit naturam deber\u00ed\u00ada completarse de esta forma: gratia supponit naturam in persona humana existentem. La gracia supone la naturaleza existente en la persona humana, en sus condiciones psicosociales y, naturalmente, en sus condiciones b\u00ed\u00ado-fisiol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Por cuanto ata\u00f1e al problema de la relaci\u00f3n entre gracia y naturaleza humana, hay dos perspectivas diversas y aparentemente opuestas, en las que se puede considerar esta relaci\u00f3n. Hay, en efecto, quien se sit\u00faa en la perspectiva de la naturaleza y quien, por el contrario, adopta la perspectiva de la gracia. Hay quien se coloca del lado del hombre, y es \u00e9sta la posici\u00f3n t\u00ed\u00adpica del psic\u00f3logo, y quien, por el contrario, se coloca del lado de Dios, que constituye la posici\u00f3n t\u00ed\u00adpica del te\u00f3logo. Seg\u00fan la diversa perspectiva que uno adopte, se hablar\u00e1 de la gracia como de una realidad que se \u00abrecibe\u00bb, o bien como una realidad que se \u00abda\u00bb.<\/p>\n<p>En este contexto, y situ\u00e1ndonos en la perspectiva del psic\u00f3logo, nos ponemos evidentemente del lado del hombre, y entonces la gracia se entender\u00e1 como una realidad que es recibida y, por tanto, puede ser \u00abaceptada\u00bb o \u00abrechazada\u00bb. Concebimos la gracia como un don de Dios, pero consider\u00e1ndolo desde el punto de vista del hombre y propiamente seg\u00fan el modo humano de recibirlo. Este don, en t\u00e9rminos psicol\u00f3gicos, puede entenderse como un \u00abproyecto\u00bb que se le ofrece al hombre desde fuera, es decir, de parte de Dios. En este sentido, la gracia puede ser aceptada o rechazada por el hombre como persona libre y responsable. Y es precisamente en este \u00abrechazo\u00bb del proyecto de Dios por parte del hombre donde se concretiza la idea del pecado, cuya gravedad ser\u00e1 proporcional a la entidad misma del rechazo, medido tambi\u00e9n por las condiciones existenciales de la persona humana.<\/p>\n<p>Esta actitud de aceptaci\u00f3n o de rechazo implica, pues, una opci\u00f3n fundamental por parte del hombre: una opci\u00f3n que ser\u00e1 tanto m\u00e1s v\u00e1lida cuanto m\u00e1s consciente y libre sea el hombre al llevarlo a cabo. Tal opci\u00f3n, una vez realizada, es por si misma virtualmente suficiente para orientar toda la vida de un hombre. No obstante, ser\u00e1 tanto m\u00e1s eficaz cuanto m\u00e1s se la renueve y fortalezca mediante la libertad de elecci\u00f3n. En efecto, la opci\u00f3n fundamental, aunque permanezca esencialmente v\u00e1lida para caracterizar espiritualmente la conducta de una persona, acusar\u00e1 una tendencia natural a traducirse en formas de comportamiento que podr\u00ed\u00adamos calificar como \u00abautomatismos espirituales\u00bb. Pues bien, ser\u00e1 precisamente el ejercicio de la libertad personal, actualizada en las circunstancias m\u00e1s diversas de la vida, lo que permitir\u00e1 conferir a los actos del hombre la condici\u00f3n de propiamente humanos y, por tanto, perfeccionar la adhesi\u00f3n del hombre al proyecto de Dios.<\/p>\n<p>IV. Relaci\u00f3n entre salud mental y vida espiritual<br \/>\nSe suele hablar de una doble relaci\u00f3n entre naturaleza humana y acci\u00f3n de la gracia; una relaci\u00f3n \u00abextr\u00ed\u00adnseca\u00bb y una relaci\u00f3n \u00abintr\u00ed\u00adnseca\u00bb<br \/>\nRelaci\u00f3n \u00abextr\u00ed\u00adnseca\u00bb en el plano de la santificaci\u00f3n en sentido general; la santificaci\u00f3n, en su esencia, no depende intr\u00ed\u00adnsecamente de las disposiciones ps\u00ed\u00adquicas, sino del acto espiritual que abandona amorosamente a la persona a la presencia y a la acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu. Este acto es posible en cualquier estado ps\u00ed\u00adquico, incluso patol\u00f3gico. Una dependencia extr\u00ed\u00adnseca es, sin embargo, innegable; hay ante todo una especie de umbral m\u00e1s all\u00e1 del cual, en la demencia, por ejemplo, no se plantea ya el problema espiritual relacionado con la existencia del acto humano; hay, por otra parte, disposiciones ps\u00ed\u00adquicas tan fuertes que ejercen una influencia decisiva en la conducta del hombre.<\/p>\n<p>Relaci\u00f3n \u00abintr\u00ed\u00adnseca\u00bb en el plano de la total manifestaci\u00f3n de los frutos de la gracia: la obra de la gracia no se limita, en efecto, al acontecimiento espiritual en que consiste la santificaci\u00f3n fundamental de las almas. La vida de gracia tiende a difundirse por toda la personalidad y a irradiarse hacia el exterior. El acto espiritual quiere dar frutos visibles. Para que la caridad divina se establezca m\u00e1s profundamente, para que sea pose\u00ed\u00adda con mayor seguridad y se manifieste m\u00e1s plenamente en los individuos, es necesario que el hombre act\u00fae y se adapte lo m\u00e1s posible a las orientaciones din\u00e1micas que le confiere la gracia.<\/p>\n<p>Este progreso y esta madurez ps\u00ed\u00adquica -cuyas leyes estudia la psicolog\u00ed\u00ada e intenta promover mediante sus t\u00e9cnicas en el plano natural- son precisos para favorecer la plenitud del crecimiento y de las manifestaciones cristianas. Las cualidades ps\u00ed\u00adquicas, aunque no sean ni una garant\u00ed\u00ada de perfecci\u00f3n o de virtud cristiana, ni fundamento de relaci\u00f3n humana fruct\u00ed\u00adfera, condicionan su expresi\u00f3n normal y su pleno desarrollo [>Madurez espiritual]. El escrupuloso, por ejemplo, puede ciertamente santificarse en su neurosis obsesiva, pero no ser\u00e1 m\u00e1s que un testigo imperfecto de ciertos aspectos del perd\u00f3n divino y de la alegre confianza de Dios.<\/p>\n<p>Examinando las condiciones de salud mental de cada individuo, se intentar\u00e1 comprender cu\u00e1les son los aspectos positivos y los elementos de desviaci\u00f3n, junto con las posibilidades de conflicto. Y esto para hacer a la naturaleza humana -en concreto, la persona de cada individuo- lo m\u00e1s madura y, por tanto, lo m\u00e1s v\u00e1lida posible, en orden a la acci\u00f3n de la gracia. A este respecto, hay tres cuestiones principales que deben atraer nuestra atenci\u00f3n para llevar a cabo un examen m\u00e1s profundo del problema.<\/p>\n<p>La primera ata\u00f1e a las condiciones y caracter\u00ed\u00adsticas de cada individuo; desde el punto de vista psicol\u00f3gico, la personalidad es la expresi\u00f3n de todas las condiciones y las caracter\u00ed\u00adsticas humanas mediante las cuales se manifiesta y se va desarrollando el individuo a lo largo de toda su vida.<\/p>\n<p>La segunda ata\u00f1e a las imperfecciones y las desviaciones que se pueden revelar en este desarrollo del individuo y que pueden hacer menos perfecta, imperfecta o inmadura a una personalidad; \u00e9ste es el punto c\u00e9ntrico de la cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>La tercera pretende ser la s\u00ed\u00adntesis de las dos precedentes; partiendo de estas condiciones humanas, se trata de ver cu\u00e1les son las exigencias de la naturaleza en orden a la gracia o, en t\u00e9rminos m\u00e1s cient\u00ed\u00adficos, cu\u00e1les son las modalidades de vida espiritual que se revelan sobre la base de determinadas premisas b\u00ed\u00ado-psicol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Para llegar a conclusiones suficientemente claras en lo que concierne a la compatibilidad o incompatibilidad de la expresi\u00f3n m\u00e1s elevada de vida espiritual, la santidad, con los trastornos mentales, debemos procurar no olvidarnos de que algunas veces los elementos psicol\u00f3gicos y los elementos sobrenaturales est\u00e1n inseparablemente mezclados. Como es evidente, si se tienen en cuenta \u00fanicamente las manifestaciones exteriores, algunos elementos aparecen netamente patol\u00f3gicos. Sin embargo, no todos son signos de enfermedad mental, porque fen\u00f3menos id\u00e9nticos se deben a veces a causas preternaturales o sobrenaturales.<\/p>\n<p>Cuando los fen\u00f3menos extraordinarios o anormales provienen de un estado patol\u00f3gico, pueden deberse tanto a una perturbaci\u00f3n funcional como a una perturbaci\u00f3n de la estructura fisiol\u00f3gica (es el caso de las afecciones neurol\u00f3gicas, glandulares o cerebrales), o bien a un desorden puramente mental (por ejemplo, cuando la inteligencia o la voluntad no se han perfeccionado con el desarrollo de las virtudes). Las predisposiciones inmediatas a los est\u00ed\u00admulos susceptibles de desencadenar reacciones anormales se manifiestan generalmente con ocasi\u00f3n de una crisis o de un conflicto. El estado emocional que resulta de ello es origen de una tensi\u00f3n o de una angustia m\u00e1s o menos oprimente para el individuo.<\/p>\n<p>Cuando una persona se ve afectada por una lesi\u00f3n cerebral, no est\u00e1 en condiciones de utilizar las funciones controladas por la secci\u00f3n del cerebro donde reside la lesi\u00f3n. Ahora bien, la relaci\u00f3n entre cuerpo y esp\u00ed\u00adritu es tan estrecha que incluso sus facultades espirituales pueden quedar obstaculizadas. En este caso, dicha persona deber\u00e1 perder toda esperanza de tener una personalidad bien integrada, porque su vida escapa definitivamente al control completo de la raz\u00f3n. Si, por el contrario, la lesi\u00f3n afecta solamente a uno u otro de sus sentidos exteriores, como la vista, la palabra o una funci\u00f3n motriz, no existe una enfermedad mental propiamente dicha y la persona sigue siendo capaz de acceder al estado aut\u00e9nticamente m\u00ed\u00adstico y a la santidad.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, si una persona se ve mentalmente afectada a consecuencia de una lesi\u00f3n org\u00e1nica, si no puede afrontar la realidad y su ambiente y si su juicio moral queda falseado, esta persona no posee ya la integridad necesaria para la santidad. Esto no quiere decir que dicha persona sea responsable de su propio estado; puede perfectamente participar en la acci\u00f3n de la gracia; pero mientras subsistan las perturbaciones mentales no puede alcanzar la plenitud de la perfecci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>En el caso de enfermedad mental por intoxicaci\u00f3n, el enfermo se encuentra en una situaci\u00f3n muy distinta. Si \u00e9l ha tenido la culpa de su enfermedad -por ejemplo, si se trata de un alcoh\u00f3lico o de un toxic\u00f3mano-, entonces es realmente culpable. Sin embargo, teniendo en cuenta que la alteraci\u00f3n del cerebro no es definitiva, puede curarse y hacerse incluso santo, a condici\u00f3n, naturalmente, de que deje de intoxicarse. Si, por el contrario, sus lesiones son definitivas, se encuentra en la misma situaci\u00f3n frente a la santidad que aquel cuyas lesiones son org\u00e1nicas.<\/p>\n<p>Cuando se trata de enfermedad mental procedente de un desorden fisiol\u00f3gico o de un extrav\u00ed\u00ado de la inteligencia o de la voluntad, se puede decir que mientras persista el desorden funcional -cualquiera que sea su causa- el individuo es incapaz de someterse al control de la propia raz\u00f3n y de afrontar las exigencias de su ambiente. Ahora bien, si la pr\u00e1ctica de las virtudes conduce a un equilibrio perfecto y a la santidad, un desorden funcional es signo de carencia de algunas virtudes (frecuentemente se trata de la virtud de la prudencia) o al menos de su imperfecci\u00f3n. Comportamientos como la racionalizaci\u00f3n, la regresi\u00f3n, la identificaci\u00f3n, la proyecci\u00f3n y la segregaci\u00f3n demuestran que el individuo no est\u00e1 maduro y sufre en cierto modo la influencia de una fuerza distinta de su raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Si es cierto que la Providencia en sus misteriosos designios ha permitido a veces que en la misma vida de los santos aparezcan formas patol\u00f3gicas de tipo neur\u00f3tico, es preciso recordar que se trata siempre de una disminuci\u00f3n con respecto a la perfecci\u00f3n del orden natural, el cual facilita la acci\u00f3n de la gracia. Si es cierto que una misma acci\u00f3n defectuosa puede deberse a la libre elecci\u00f3n del hombre o bien al efecto condicionante de dinamismos ps\u00ed\u00adquicos neur\u00f3ticos o caracteriales, tambi\u00e9n es cierto que el hombre, especialmente el hombre consagrado a Dios, debe intentar realizar un comportamiento objetivamente correcto y aut\u00e9nticamente maduro.<\/p>\n<p>La vida espiritual es la vida de la gracia santificante en cuanto que se expande en la conducta humana en una relaci\u00f3n particular con las facultades de la inteligencia y la voluntad; esto nos lleva a hacer algunas observaciones a prop\u00f3sito de la vida espiritual de los retrasados mentales. La teolog\u00ed\u00ada ense\u00f1a que existe una santificaci\u00f3n que se act\u00faa sin la colaboraci\u00f3n del sujeto, mediante la infusi\u00f3n de la gracia santificante, dada en el bautismo; es el caso del reci\u00e9n nacido bautizado, cuya gracia deriva de Cristo mediante la regeneraci\u00f3n espiritual. Los retrasados mentales profundos se pueden considerar en un estado semejante a los reci\u00e9n nacidos por lo que ata\u00f1e a su vida espiritual. En cuanto se refiere a los d\u00e9biles mentales ligeros, el caso es distinto; parecen tener un sentido religioso m\u00e1s afinado de lo que permite prever su grado de desarrollo intelectivo.<\/p>\n<p>Estudiando la relaci\u00f3n entre equilibrio ps\u00ed\u00adquico y vida espiritual, L\u00e9onard se pregunta si existe una correlaci\u00f3n perfecta, de manera que un grado determinado de perfecci\u00f3n corresponda a un nivel determinado de autonom\u00ed\u00ada ps\u00ed\u00adquica; se pregunta, en particular, si aquellos que padecen escr\u00fapulos, obsesiones, man\u00ed\u00adas o neurosis son capaces de llevar una elevada vida espiritual. Para dar una respuesta a estos interrogantes, L\u00e9onard parte del concepto de \u00absantidad\u00bb entendida como \u00abplenitud de la caridad\u00bb, y m\u00e1s en concreto como \u00abconformidad con el valor divino, expresada en un continuo y exacto cumplimiento de los deberes propios de su estado\u00bb. Ahora bien, se trata de ver si y en qu\u00e9 modo estos criterios se pueden aplicar a un neur\u00f3tico o a un enfermo mental.<\/p>\n<p>A prop\u00f3sito del enfermo mental, L\u00e9onard piensa que \u00e9ste no puede presentar un tipo de santidad ejemplar, en cierto modo oficial, a causa de ciertas incapacidades cong\u00e9nitas que no le permiten el desarrollo de una perfecta armon\u00ed\u00ada en su personalidad; pero nada nos impide pensar, seg\u00fan el citado autor, que la gracia pueda actuar en \u00e9l hasta el punto de llevarlo a un elevado grado de vida espiritual. \u00abS\u00f3lo el pecado voluntario y formal constituye un obst\u00e1culo a la gracia, y no los trastornos, de los que ni la voluntad ni la conciencia pueden ser culpables\u00bb<br \/>\nLa condici\u00f3n personal de un neur\u00f3tico hace m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil la acci\u00f3n de la gracia y, por tanto, disminuye sus efectos positivos en orden a la perfecci\u00f3n. A la tensi\u00f3n inherente a la vida espiritual, igual que al peso normal de la condici\u00f3n humana, la neurosis a\u00f1ade una carga suplementaria, que implica unos obst\u00e1culos tanto m\u00e1s insuperables cuanto m\u00e1s irreal es su objeto. La neurosis no constituye una ocasi\u00f3n de m\u00e9rito si no es por v\u00ed\u00ada indirecta, es decir, por el esfuerzo suplementario y la confianza redoblada que exige; pero considerada en s\u00ed\u00ad misma no representa una condici\u00f3n favorable para la vida espiritual y no aporta beneficio alguno. Aquel que sufre de culpabilidad neur\u00f3tica, por ejemplo, no llega a la verdadera conciencia del pecado y, por tanto, tampoco a la idea del perd\u00f3n y del amor. La neurosis en cuanto tal es un obst\u00e1culo para la realizaci\u00f3n de las exigencias humanas de la vida espiritual. Si el hombre normal es ya un ser lacerado de alg\u00fan modo, el neur\u00f3tico lo es por doble partida; su unidad personal est\u00e1 dolorosamente amenazada. Y, precisamente en este sentido, el equilibrio ps\u00ed\u00adquico o la ordenaci\u00f3n del psiquismo favorece singularmente una vida espiritual aut\u00e9ntica y plenamente desarrollada.<\/p>\n<p>V. Orientaciones para la educaci\u00f3n espiritual<br \/>\nLa educaci\u00f3n es verdadera formaci\u00f3n del hombre siempre que tenga \u00abunidad\u00bb. Educar al hombre significa desarrollar e intensificar en \u00e9l la unidad en la \u00abtotalidad\u00bb de la persona, dando el justo realce a la dimensi\u00f3n espiritual de la misma. La unidad de la educaci\u00f3n no puede ser otra cosa que unidad religiosa. \u00abLa religi\u00f3n, en efecto -escribe Rosmini-, es el \u00fanico principio que puede aportar unidad a la educaci\u00f3n humana; y por eso podr\u00ed\u00adamos decir que la idea de la verdadera educaci\u00f3n humana ha germinado y ha florecido en el mundo del esp\u00ed\u00adritu gracias a la acci\u00f3n del cristianismo\u00bb. Fue el cristianismo el que present\u00f3 y descubri\u00f3 claramente al hombre este \u00faltimo fin, al que debe orientar todo su ser.<\/p>\n<p>1. INTEGRACI\u00ed\u201cN DE LO NATURAL Y DE LO SOBRENATURAL &#8211; La doctrina cristiana ense\u00f1a que el hombre no se forma, no se perfecciona claramente, en el orden actual de la Providencia, sino mediante la vida sobrenatural. Dios ha elevado la humanidad a una altura muy superior a la que es propia de las aspiraciones naturales; ha querido que fu\u00e9ramos part\u00ed\u00adcipes de su naturaleza divina; no nos ha dejado en el mero estado de hombres, sino que, en su amor infinito, nos ha divinizado; la gracia nos transforma y nos comunica una vida nueva. La educaci\u00f3n consiste por ello en la formaci\u00f3n del cristiano (es decir, del hombre divinizado), que no puede concebirse sin la intervenci\u00f3n y sin la ayuda sobrenatural de Dios. El hombre no se basta a s\u00ed\u00ad mismo.<\/p>\n<p>Orient\u00e1ndose a una realidad concreta, la acci\u00f3n educativa no puede prescindir de ninguno de los factores objetivos que constituyen tal realidad; y no puede, por tanto, ni ignorar ni descuidar los datos revelados. P\u00ed\u00ado XI nos advierte a este respecto que \u00abnunca se ha de perder de vista que el sujeto de la educaci\u00f3n cristiana es el hombre todo entero, esp\u00ed\u00adritu unido al cuerpo en unidad de naturaleza, con todas sus facultades naturales y sobrenaturales, cual nos lo hacen conocer la recta raz\u00f3n y la revelaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La formaci\u00f3n del cristiano -subraya F. Olgiati- no es una entidad separada o a\u00f1adida a la formaci\u00f3n del hombre. Quien forma al cristiano forma al hombre, y no se puede formar al cristiano si no es formando al hombre. Ni se piense que la acci\u00f3n humana y la obra divina de la gracia pueden constituir fuerzas independientes, cuyos efectos se manifiesten en dos fases sucesivas, sino que se trata de dos elementos completamente integrados, sin que uno de ellos suprima la eficiencia del otro.<\/p>\n<p>Lo sobrenatural no aniquila en absoluto las energ\u00ed\u00adas individuales, sino que potencia al m\u00e1ximo las mismas; por lo tanto, no llevar\u00e1 a negar ni a amortiguar en materia de educaci\u00f3n las exigencias leg\u00ed\u00adtimas de la naturaleza. La intervenci\u00f3n de lo sobrenatural -advierte Casotti- no vuelve \u00abmilagrosa\u00bb a toda pedagog\u00ed\u00ada y no nos debe hacer considerar como in\u00fatil para la educaci\u00f3n toda intervenci\u00f3n del arte humano. Lo sobrenatural supera, pero no es una abolici\u00f3n ni una contradicci\u00f3n de la naturaleza; antes bien, la contiene y la desarrolla de una manera eminente. Todos los esfuerzos de la actividad humana para el mejor desarrollo y para la elevaci\u00f3n de la personalidad, lejos de ser in\u00fatiles, adquieren con su sobrenaturalizaci\u00f3n un valor mucho mayor.<\/p>\n<p>A este respecto, P\u00ed\u00ado XI reafirma un principio de extraordinaria importancia; dado que el orden sobrenatural no s\u00f3lo no destruye ni aminora el orden natural, sino que lo eleva y lo perfecciona, se colige de ello que \u00abambos \u00f3rdenes se prestan mutua ayuda y como complemento respectivamente proporcionado a la naturaleza y dignidad de cada uno, precisamente porque uno y otro proceden de Dios, el cual no se puede contradecir. Aqu\u00ed\u00ad se proyecta una aut\u00e9ntica luz sobre la funci\u00f3n original y propia del orden natural, incluso con respecto a los fines de la econom\u00ed\u00ada divina; en efecto, en caso contrario no se podr\u00ed\u00ada hablar de cooperaci\u00f3n ni &#8216;de complementariedad proporcionada, sino \u00fanicamente de subordinaci\u00f3n. Y esto es asi no porque Dios tenga necesidad del hombre o porque lo sobrenatural tenga necesidad de lo natural, sino porque lo natural es tambi\u00e9n obra de Dios.<\/p>\n<p>El hombre ha sido elevado a un fin sobrenatural y a la vida de la gracia. Lo sobrenatural se inserta, por lo tanto, en el orden natural: pero no lo sustituye ni mucho menos lo suprime. La gracia respeta la libertad del hombre y deja intactas todas las fuerzas naturales, encauz\u00e1ndolas por caminos, que nosotros desconocemos, hacia aquella forma de equilibrio y de integraci\u00f3n caracter\u00ed\u00adstica de una personalidad humana y cristiana. Lo natural por s\u00ed\u00ad solo no trae la salvaci\u00f3n, pero tampoco lo consigue lo sobrenatural sin el concurso de la naturaleza. El hombre sobrenatural no es la sustituci\u00f3n, sino la elevaci\u00f3n del hombre natural. Ahora bien, para elevar mejor es necesario poner s\u00f3lidas bases a la personalidad humana.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 no sea superfluo llamar la atenci\u00f3n aqu\u00ed\u00ad sobre un aspecto fundamental e irrenunciable del hombre: su dimensi\u00f3n espiritual, aunque se considere desde un punto de vista psicol\u00f3gico. De esta manera, nos vemos llevados a escrutar las realidades celestiales sin menospreciar las realidades terrestres; nos sentimos empujados a elevarnos a los valores de la sabidur\u00ed\u00ada sin ignorar los valores de la ciencia. En realidad, la \u00abdimensi\u00f3n espiritual\u00bb del hombre no se opone a su \u00abdimensi\u00f3n humana\u00bb ni la una puede ni debe existir sin la otra.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n es verdad que unas veces la primera y otras la segunda asumen un papel preponderante en la vida del hombre. No raras veces estamos inclinados a acentuar fuertemente, e incluso a veces en exceso, la dimensi\u00f3n humana: nos sentimos movidos a buscar en las fuerzas y estructuras meramente humanas la fuente de la educaci\u00f3n. Pero si queremos que \u00e9sta resulte satisfactoria, si queremos que la ciencia del hombre se convierta en sabidur\u00ed\u00ada, tendremos que intentar superar los aspectos negativos de esta tendencia naturalista y la insuficiencia de un modo de ser enfocado de forma exclusiva hacia la dimensi\u00f3n humana.<\/p>\n<p>En la orientaci\u00f3n educativa que se presenta e inculca en este escrito, apelamos principalmente a los factores humanos, partiendo del convencimiento de que es un grave deber de todo educador el utilizar de la mejor forma posible los medios que la misma naturaleza del hombre y las circunstancias de la vida han puesto a su disposici\u00f3n. Pero esto no significa exclusi\u00f3n ni mengua de los medios sobrenaturales. El creyente, y m\u00e1s a\u00fan el educador religioso, no puede ignorar que a la formaci\u00f3n integral del hombre concurre tanto la formaci\u00f3n humana como la obra divina de la gracia; de ah\u00ed\u00ad que, aunque se base su acci\u00f3n sobre los datos psicol\u00f3gicos, no puede eximirse de recurrir a los medios que la fe pone a su disposici\u00f3n.<\/p>\n<p>2. EXIGENCIA DE ADAPTACI\u00ed\u201cN A LAS CONDICIONES PERSONALES &#8211; Conviene tener presentes las condiciones psicol\u00f3gicas, las tendencias humanas y tambi\u00e9n las caracter\u00ed\u00adsticas propias de cada persona en cuanto elementos condicionantes de su modo de reaccionar a la gracia. Esto se puede afirmar tanto en relaci\u00f3n con las expresiones comunes de la religiosidad como en relaci\u00f3n con toda forma espec\u00ed\u00adfica de experiencia religiosa. Una cierta \u00abemotividad\u00bb, por ejemplo, es una condici\u00f3n favorable a la expresi\u00f3n religiosa. La emotividad puede decirse que es un elemento positivo de la religiosidad, incluso cuando asume el car\u00e1cter de hiperemotividad; de forma que entre dos sujetos, uno fr\u00ed\u00ado y otro m\u00e1s bien emotivo, ser\u00ed\u00ada preferible el tipo emotivo en orden a las manifestaciones de la vida espiritual, porque \u00e9l tiene las condiciones b\u00e1sicas para poder realizarse y expresar una experiencia religiosa.<\/p>\n<p>Un sujeto \u00abpsicop\u00e1tico\u00bb puede tener, en relaci\u00f3n con la experiencia religiosa, dos manifestaciones t\u00ed\u00adpicas. La primera es la del escr\u00fapulo religioso, condici\u00f3n ps\u00ed\u00adquica que se incluye bajo el nombre de \u00abpsicastenia\u00bb; no se trata de una condici\u00f3n preocupante, porque se consigue, al menos parcialmente, modificarla y, en consecuencia, controlarla; pero no se debe pretender realizar un cambio en la naturaleza del individuo. La segunda, frente a la cual es preciso tener gran precauci\u00f3n, es la \u00abtendencia paranoica\u00bb, que es m\u00e1s frecuente en su faceta leve; as\u00ed\u00ad, una persona que, incluso teniendo una experiencia religiosa v\u00e1lida, comenzase a revelar manifestaciones ins\u00f3litas del tipo de los fen\u00f3menos extraordinarios de la vida m\u00ed\u00adstica, podr\u00ed\u00ada revelar f\u00e1cilmente una tendencia paranoica.<\/p>\n<p>Uno de los aspectos m\u00e1s positivos de la psicolog\u00ed\u00ada y de la aportaci\u00f3n que puede hacer a la vida espiritual, es la correspondencia entre las exigencias de la vida espiritual y las exigencias planteadas a la luz de la psicolog\u00ed\u00ada misma en orden al pleno desarrollo de la personalidad: en efecto, para que \u00e9sta alcance su armonizaci\u00f3n y el autocontrol, exige una cierta forma de ascesis, lo que significa un compromiso y lleva consigo una renuncia, en oposici\u00f3n a lo que afirman las concepciones que tienen puestas sus miras en la plena satisfacci\u00f3n de las exigencias instintivas.<\/p>\n<p>No se trata de revalorizar una concepci\u00f3n superada y negativa de ascesis en contraste con la actitud positiva que ha puesto especialmente de manifiesto el concilio Val. II: es m\u00e1s, debemos estar decididamente a favor de esta orientaci\u00f3n, en la que el acento se coloca en los aspectos positivos de la acci\u00f3n; por ejemplo, en el voto de castidad no es la \u00abrenuncia\u00bb lo que cuenta como tal, ni el \u00abrechazo\u00bb de cualquier cosa, sino la capacidad de donaci\u00f3n total o de \u00aboblatividad\u00bb, que no se puede conseguir sino mediante un aprendizaje, es decir, mediante un proceso asc\u00e9tico [>Madurez espiritual]. En esta l\u00ed\u00adnea y seg\u00fan una concepci\u00f3n positiva de la educaci\u00f3n y de la ascesis cristiana, que inevitablemente lleva consigo tambi\u00e9n un cierto l\u00ed\u00admite y un cierto control y, por lo tanto, una cierta forma de renuncia, tenemos las premisas y las condiciones necesarias para poder construir una verdadera personalidad espiritual.<\/p>\n<p>Una acci\u00f3n educativa consciente e iluminada, es decir, planteada juiciosamente sobre bases humanas v\u00e1lidas puede hacer mucho para ayudar a una persona a desarrollarse corno personalidad plenamente integrada: puede hacer mucho para ayudar a esta personalidad a enriquecerse a todo lo largo del per\u00ed\u00adodo de su desarrollo en la expresi\u00f3n de ludas sus capacidades ps\u00ed\u00adquicas y en la asimilaci\u00f3n de los valores naturales y sobrenaturales que ofrece la vida indi\u00c2\u00a1dual y social: puede tambi\u00e9n hacer mucho para ayudar a un individuo a corregirse, a impedir las regresiones o los desfases, a resolver los conflictos y a evitar, por lo tanto, o al menos a disminuir, las posibilidades de desviaci\u00f3n patol\u00f3gica, aunque sea en forma leve. Una acci\u00f3n educativa consciente e iluminada puede hacer mucho para poner a una persona en las condiciones m\u00e1s favorables en orden a una aut\u00e9ntica ascesis cristiana, es decir, para realizar en ella una s\u00f3lida, robusta y fruct\u00ed\u00adfera vida espiritual.<\/p>\n<p>VI. Conclusi\u00f3n<br \/>\nEn resumen, si todos los hombres poseen un m\u00ed\u00adnimo de disposiciones religiosas, sus actitudes frente a una vida interior din\u00e1mica var\u00ed\u00adan en infinitas posibilidades: el conjunto organizado de sus funciones f\u00ed\u00adsicas y ps\u00ed\u00adquicas tiene repercusiones en sus posibilidades espirituales en orden a aumentarlas o limitarlas. A estos datos primitivos se asocian las influencias exteriores de tiempo y lugar y los efectos de los acontecimientos a los que cada uno est\u00e1 sujeto. A ellos se a\u00f1ade la acci\u00f3n de la gracia, que act\u00faa de mil modos diversos e incontrolables.<\/p>\n<p>Si es cierto que la vida espiritual no depende en su misterio m\u00e1s que de la gracia y trasciende, por lo tanto, al psiquismo humano, tambi\u00e9n es cierto que este \u00faltimo condiciona su eficacia. Por eso tiene gran importancia el hecho de que la personalidad de cada individuo se haga m\u00e1s rica humanamente, para servir de la mejor forma posible como instrumento y signo de la llamada del Esp\u00ed\u00adritu.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n educativa se propone precisamente favorecer las condiciones humanas de los individuos, orient\u00e1ndolas o mejor\u00e1ndolas cuando convenga, de forma que las haga m\u00e1s propicias a la acci\u00f3n de la gracia: en otros t\u00e9rminos, se propone ayudar a la gracia misma para que act\u00fae con eficacia. Y tanto mejor ser\u00e1 el resultado de la acci\u00f3n educativa cuanto m\u00e1s se tengan presentes las condiciones tanto normales como patol\u00f3gicas de los individuos. De esta forma, podr\u00e1n realizarse aquellas condiciones que convierten a la persona humana en un instrumento v\u00e1lido para la obra divina de la gracia.<\/p>\n<p>La acci\u00f3n de la gracia no puede analizarse directamente: pero sus efectos, que var\u00ed\u00adan notablemente de individuo a individuo, admiten una investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica. \u00abLos te\u00f3logos -escribe E. Hugon- no pueden dejar de acoger favorablemente los estudios de psicolog\u00ed\u00ada, que tienden a mostrar el misterioso trabajo que paulatinamente tiene lugar en las almas en busca de un ideal y las etapas sucesivas que las llevan a Dios&#8217;.<\/p>\n<p>Se advierten grandes diferencias en las posibilidades y en el rendimiento religioso de cada individuo, lo mismo que sucede desde el punto de vista intelectual o art\u00ed\u00adstico. \u00abNuestros actos de piedad -escribe O. Lemari\u00e9- son ante todo diferentes por raz\u00f3n de la vocaci\u00f3n especial que Dios otorga a cada uno. Pero lo son tambi\u00e9n en virtud de numerosas disposiciones muy distintas: temperamento, car\u00e1cter y aptitudes: todo aquello por lo que se distinguen nuestras personas se encuentra tambi\u00e9n de alguna forma en la trayectoria y en las modalidades de nuestras expresiones religiosas\u00bb.<\/p>\n<p>Se ha escrito con acierto que s\u00f3lo Dios conoce el verdadero rostro del hombre. Pero estudiando a los diversos individuos en sus caracter\u00ed\u00adsticas personales, podemos echar un vistazo al laboratorio de Dios. Cuanto m\u00e1s penetremos en la variedad de las expresiones religiosas, tanto mejor descubriremos los reflejos de la gracia divina en la persona humana.<\/p>\n<p>R. Zavalloni<br \/>\nBIRL.-AA. VV.. Psicolog\u00ed\u00ada y esp\u00ed\u00adritu, Paulinas, Madrid 1971.&#8211;Beirnaert, L. Experiencia cristiana y psicolog\u00ed\u00ada, Estela, Barcelona 1966.-Chauchard. P. Fuerza y sensatez del deseo, Herder, Barcelona 1974.-\u00abEtudes Carmelitaines\u00bb (desde 1931 hasta 1962, bajo la direcci\u00f3n de Bruno de J. M.; revista especializada y apreciadisima en el estudio de las relaciones entre psicolog\u00ed\u00ada y espiritualidad).-Fern\u00e1ndez-Villamarzo. P. Psicoan\u00e1lisis de la experiencia \u00e9tico-religiosa: una co frontaci\u00f3n con el pensamiento freudiano, Marova. Madrid 1979.-Garc\u00ed\u00ada, C, Corrientes nuevas de teolog\u00ed\u00ada espiritual, Studium. Madrid 1971.-Jim\u00e9nez. B. Teolog\u00ed\u00ada de la m\u00ed\u00adstica, Ed. Cat\u00f3lica, Madrid 1963.-Marcozzi, V. Ascesis y psique, Raz\u00f3n y Fe. Madrid 1961.-Marcozzi. V, El hombre en el espacio y el tiempo, Studium, Madrid 1962.-Nultin. J. Psicoan\u00e1lisis y concepci\u00f3n espiritualista del hombre, Biblioteca Nueva. Madrid 1956.-Pohier, J. M. Psicolog\u00ed\u00ada y teolog\u00ed\u00ada, llerder. Barcelona 1969.-Pohier, J. M. En el nombre del Padre.: estudios teol\u00f3gicos y psicoanal\u00ed\u00adticos, S\u00ed\u00adgueme. Salamanca 1976.-Rodr\u00ed\u00adguez, M. Mensaje cristiano y salud mental. Di\u00e1logo entre psicolog\u00ed\u00ada de la personalidad y cristianismo, llerder, Barcelona 1973.-Ruiz Salvador. F, Caminos del Esp\u00ed\u00adritu, Espiritualidad. Madrid 1978.-Stolz. A. Teolog\u00ed\u00ada de la m\u00ed\u00adstica, Rialp, Madrid 1951.-Zavalloni, R. Psicolog\u00ed\u00ada pastoral, Studium, Madrid 1967.-Zavalloni. R. La personalidad en perspectiva social, llerder. Barcelona 1977.-V\u00e9ase bibl. de Teolog\u00ed\u00ada espiritual.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. La dimensi\u00f3n espiritual del hombre &#8211; II. El Vat. II y las ciencias humanas &#8211; III. Aportaci\u00f3n de la psicolog\u00ed\u00ada a la teolog\u00ed\u00ada espiritual: 1. El factor psicol\u00f3gico en la teolog\u00ed\u00ada espiritual; 2. Las condiciones humanas de la acci\u00f3n de la gracia &#8211; IV. Relaci\u00f3n entre salud mental y vida espiritual &#8211; V. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/psicologia-y-espiritualidad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPSICOLOGIA Y ESPIRITUALIDAD\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17108","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17108","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17108"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17108\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17108"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17108"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17108"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}