{"id":17110,"date":"2016-02-05T11:08:34","date_gmt":"2016-02-05T16:08:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/simbolos-espirituales\/"},"modified":"2016-02-05T11:08:34","modified_gmt":"2016-02-05T16:08:34","slug":"simbolos-espirituales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/simbolos-espirituales\/","title":{"rendered":"SIMBOLOS ESPIRITUALES"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n: El lenguaje simb\u00f3lico &#8211; I. Los s\u00ed\u00admbolos fundamentales: 1. Los arquetipos simb\u00f3licos; 2. Los s\u00ed\u00admbolos personalizados; 3. Las determinaciones particulares del s\u00ed\u00admbolo &#8211; II. S\u00ed\u00admbolos b\u00ed\u00adblicos: 1. Premisa; 2. La convergencia de los s\u00ed\u00admbolos en Si\u00f3n-Jerusal\u00e9n: a) Si\u00f3n-ciudad, b) Si\u00f3n-mujer; 3. Las grandes constelaciones simb\u00f3licas: a) La dominante de la verticalidad, b) La dominante de la nutrici\u00f3n. e) La dominante del camino, d) La dominante c\u00ed\u00adclica; 4. Jesucristo, fuente y centro de toda la simbolog\u00ed\u00ada: 5. Conclusi\u00f3n &#8211; IIl. La funci\u00f3n simb\u00f3lica en la vida espiritual: 1. Simbolismo y din\u00e1mica espiritual; 2. La apertura de la expresi\u00f3n simb\u00f3lica: 3. La funci\u00f3n transformante &#8211; IV. Simbolismo y vida de fe.<\/p>\n<p>Introducci\u00f3n: El lenguaje simb\u00f3lico<br \/>\nEn el uso actual, la palabra \u00abs\u00ed\u00admbolo\u00bb se emplea en muchas acepciones, que hacen referencia al t\u00e9rmino m\u00e1s gen\u00e9rico de signo convencional: hablamos de s\u00ed\u00admbolos matem\u00e1ticos o qu\u00ed\u00admicos; y los ling\u00fcistas, por su parte, definen todo lenguaje como simb\u00f3lico. En este articulo, en cambio, la palabra s\u00ed\u00admbolo se refiere exclusivamente a la imagen simb\u00f3lica tal como se utiliza preferentemente para expresar las realidades espirituales; Jes\u00fas, por ejemplo, se presenta como pan de vida o como luz del mundo, y sabemos muy bien que el Cantar de los cantares, con sus s\u00ed\u00admbolos de la esposa, de las nupcias, del jard\u00ed\u00adn, de los perfumes, etc., ha inspirado el lenguaje de muchos m\u00ed\u00adsticos.<\/p>\n<p>Como imagen, el s\u00ed\u00admbolo nace y se desarrolla a trav\u00e9s del contacto del hombre con el ambiente; y dado que este ambiente es al mismo tiempo natural y cultural, el s\u00ed\u00admbolo puede referirse al mundo m\u00e1s primitivo de la naturaleza o bien al mundo social, de la familia y de la t\u00e9cnica. Los s\u00ed\u00admbolos naturales son percibidos desde la infancia y contienen una fuerte carga afectiva, mientras que los otros son m\u00e1s elaborados y aparecen en contextos a veces sofisticados; tampoco faltan descripciones b\u00e9licas aplicadas simb\u00f3licamente a la lucha espiritual.<\/p>\n<p>Sin embargo, es preciso advertir el contexto totalmente particular que puede asumir el simbolismo cristiano en la medida en que se inspira no s\u00f3lo en los diversos simbolismos antes descritos, sino tambi\u00e9n en la historia del pueblo elegido. Efectivamente, a trav\u00e9s de los acontecimientos de la historia de la salvaci\u00f3n se abre camino un nuevo simbolismo de tipo hist\u00f3rico; as\u00ed\u00ad, por ejemplo, la partida de Abrah\u00e1n y el \u00e9xodo se convierten en s\u00ed\u00admbolos de toda llamada divina y de toda liberaci\u00f3n. El denominado sentido espiritual de la Sagrada Escritura no es otra cosa que un sentido simb\u00f3lico, cuya expresi\u00f3n m\u00e1s t\u00ed\u00adpica se basa en un simbolismo hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Es propio del lenguaje simb\u00f3lico partir de la imagen para pasar a otro nivel significativo; la monta\u00f1a, por ejemplo, se convierte en s\u00ed\u00admbolo del esfuerzo moral o espiritual. En cambio, la alegor\u00ed\u00ada parte del concepto abstracto (el de la justicia, por ejemplo) y busca una traducci\u00f3n pl\u00e1stica del mismo: la diosa con la balanza y la espada. La par\u00e1bola participa de ambos tipos de expresi\u00f3n; la par\u00e1bola del sembrador contiene el s\u00ed\u00admbolo de la simiente y se despliega en una alegor\u00ed\u00ada apta para describir las diversas variaciones espirituales de aquellos que reciben la palabra de Dios.<\/p>\n<p>I. Los s\u00ed\u00admbolos fundamentales<br \/>\nLa simbolog\u00ed\u00ada se esfuerza por determinar las grandes estructuras simb\u00f3licas que soportan la multiplicidad de las im\u00e1genes po\u00e9ticas, pict\u00f3ricas, arquitect\u00f3nicas y m\u00ed\u00adsticas. Muchos modelos se han propuesto a este respecto, todos ellos \u00fatiles para iluminar aspectos diversos del mundo de las im\u00e1genes. As\u00ed\u00ad, Bachelard ha estudiado el valor simb\u00f3lico de los cuatro elementos primitivos: tierra, agua, aire y fuego; y, en arquitectura, las figuras geom\u00e9tricas simples revisten una gran importancia simb\u00f3lica: el c\u00ed\u00adrculo, el cuadrado, el centro y la cruz.<\/p>\n<p>Sin negar el valor de estas clasificaciones, es mejor basarse, como hace Gilbert Durand, en el sentido profundo de la vida imaginativa. Partiendo, efectivamente, de la consideraci\u00f3n de que la funci\u00f3n imaginativa y fant\u00e1stica se encuentra en el punto de contacto entre la conciencia y el cuerpo, Durand basa su tipolog\u00ed\u00ada simb\u00f3lica en los reflejos fundamentales en virtud de los cuales el ni\u00f1o, y luego el hombre, toma posesi\u00f3n de su espacio vital. La funci\u00f3n imaginativa deriva, pues, \u00abdel incesante intercambio entre los impulsos subjetivos y asimiladores y las excitaciones objetivas procedentes del ambiente c\u00f3smico y social\u00bb. Es preciso partir siempre de la presencia del hombre en el mundo para determinar las estructuras simb\u00f3licas.<\/p>\n<p>Este origen de la actividad simb\u00f3lica explica algunas de sus caracter\u00ed\u00adsticas. Ante todo, el gesto aparece como la actividad simb\u00f3lica m\u00e1s significativa. Entra\u00f1a un dinamismo intr\u00ed\u00adnseco e inmediato, que se encuentra en todas las dem\u00e1s figuraciones simb\u00f3licas: toda ascensi\u00f3n \u00abeleva\u00bb de hecho el alma y toda elevaci\u00f3n invita a la ascensi\u00f3n concreta; cuando san Juan de la Cruz representa el Monte Carmelo, lo hace para inducir al lector a realizar el esfuerzo espiritual. Pero hay que advertir que el s\u00ed\u00admbolo no es nunca \u00fanico; as\u00ed\u00ad, por ejemplo, la escalera, la torre, el campanario son s\u00ed\u00admbolos ascensionales, lo mismo que la monta\u00f1a.<\/p>\n<p>Dado que la actividad simb\u00f3lica deriva de la presencia en el mundo, expresa un valor afectivo. La afectividad no es otra cosa, en realidad, que la resonancia que produce en la conciencia la situaci\u00f3n del que vive en el mundo. Los s\u00ed\u00admbolos del pan o del agua limpia suscitan una reacci\u00f3n positiva, mientras que el monstruo amenazador suscita una reacci\u00f3n negativa.<\/p>\n<p>1. LOS ARQUETIPOS SIMB\u00ed\u201cLICOS &#8211; Siguiendo el criterio organizativo de Durand, definimos los grandes arquetipos simb\u00f3licos basados en los esquemas espaciales. Sin embargo. en vez de reducir estos arquetipos al n\u00famero de tres, a\u00f1adiremos un cuarto, basado en el reflejo del caminar. a) En el reflejo de elevarse se apoyan los s\u00ed\u00admbolos de la subida, de la cabeza, del cielo, de la luz y, por lo tanto, los de la separaci\u00f3n y del esfuerzo purificador. b) Al reflejo de la nutrici\u00f3n corresponden los s\u00ed\u00admbolos de la bajada, de la intimidad, y, por tanto, del regazo, de la madre, del calor, de la casa y del refugio. c) A la actividad de caminar corresponden los s\u00ed\u00admbolos del camino, la salida, el progreso, el r\u00ed\u00ado y los medios de transporte. d) Por \u00faltimo encontramos el esquema c\u00ed\u00adclico, que corresponde a la sexualidad, con los s\u00ed\u00admbolos de la rueda, del ciclo lunar, del drama de la muerte y de la vida nueva [infra, II, 3, a-d].<\/p>\n<p>2. Los S\u00ed\u008dMBOLOS PERSONALIZADOS &#8211; En una cierta correspondencia con los arquetipos que acabamos de describir, encontramos otra serie de s\u00ed\u00admbolos basados en las relaciones interpersonales. Su importancia en la simbolog\u00ed\u00ada religiosa reclama una consideraci\u00f3n particularizada. a) Al esquema ascensional corresponde la figura del padre, que expresa bien la religi\u00f3n del Dios celestial. b) Al esquema descendente corresponde el s\u00ed\u00admbolo de la madre. Como figura de la naturaleza, no es solamente positivo, ya que en algunos contextos religiosos el aspecto b\u00ed\u00ado-c\u00f3smico contiene un elemento de destrucci\u00f3n junto al de fecundidad. c) El s\u00ed\u00admbolo de la esposa no significa primariamente la fecundidad vital, sino la relaci\u00f3n interpersonal de la amistad y del amor. En la espiritualidad judeo-cristiana, basada en la alianza de Dios con el pueblo elegido y con cada persona en particular, adquirir\u00e1 este s\u00ed\u00admbolo un valor y una extensi\u00f3n privilegiados. d) El s\u00ed\u00admbolo del hijo y del h\u00e9roe se aplica ante todo al drama de la condici\u00f3n humana, que es lucha vital contra la muerte y por el dominio del cosmos. El significado del s\u00ed\u00admbolo del hijo enlaza con el esquema c\u00ed\u00adclico, que tendr\u00e1 su v\u00e9rtice en el drama de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n<p>3. LAS DETERMINACIONES PARTICULARES DEL S\u00ed\u008dMBOLO &#8211; Los esquemas antes expuestos permiten una comprensi\u00f3n gen\u00e9rica del mundo simb\u00f3lico. Mas es preciso completar el significado gen\u00e9rico con la consideraci\u00f3n de las determinaciones particulares, que nacen tanto de la situaci\u00f3n individual de la persona que crea o interpreta los s\u00ed\u00admbolos como de su situaci\u00f3n cultural.<\/p>\n<p>El psicoan\u00e1lisis de tipo freudiano ha puesto de relieve que el simbolismo personal se refiere a la historia de la persona; el significado del s\u00ed\u00admbolo se busca en la relaci\u00f3n que una determinada imagen tiene con el pasado de la persona. De ah\u00ed\u00ad nacen dos consecuencias. La primera es el aspecto negativo de la actividad simb\u00f3lica, en cuanto que enmascara los verdaderos deseos. La segunda es la posibilidad de que tenga lugar un cambio de valor de los s\u00ed\u00admbolos religiosos; el del padre, por ejemplo, puede suscitar una reacci\u00f3n negativa en ciertos sujetos.<\/p>\n<p>En contraste con esta interpretaci\u00f3n, C. G. Jung insiste en la funci\u00f3n prospectiva, y, por lo tanto, positiva, del s\u00ed\u00admbolo; el s\u00ed\u00admbolo se orienta hacia el futuro y hacia los valores elevados. A la desconfianza freudiana sucede una valoraci\u00f3n de la actividad simbolizante.<\/p>\n<p>Dedicaremos una menci\u00f3n especial al simbolismo utilizado en la vida espiritual cristiana, que depende del ambiente cultural circunscrito por el uso de la Sagrada Escritura y de los sacramentos.<\/p>\n<p>La Sagrada Escritura es fundamentalmente simb\u00f3lica en la medida en que los autores sagrados, y especialmente los del AT, estaban integrados en una cultura simb\u00f3lica, cercana a la que encontramos en la vida religiosa primitiva. La interpretaci\u00f3n de sus escritos debe tener presente este tipo de expresi\u00f3n.<\/p>\n<p>La interpretaci\u00f3n simb\u00f3lica no resuelve en sentido negativo el problema de la historicidad de la acci\u00f3n salv\u00ed\u00adfica de Dios y de los relatos de la misma Sagrada Escritura. Antes bien, la revelaci\u00f3n judeo-cristiana, independientemente del g\u00e9nero literario que utilice, se apoya siempre en acontecimientos hist\u00f3ricos, los cuales, sin embargo, contienen un significado expresado a trav\u00e9s de s\u00ed\u00admbolos de uso com\u00fan; las fiestas lit\u00fargicas, por ejemplo, se acercan a expresiones simb\u00f3licas de otras religiones.<\/p>\n<p>Resaltemos, por \u00faltimo, que el uso de los libros sagrados en la tradici\u00f3n ha llevado a privilegiar algunos s\u00ed\u00admbolos que se han mostrado m\u00e1s aptos para expresar las realidades del misterio de salvaci\u00f3n. La larga historia de Israel ha permitido dar al sentido de Dios una riqueza inmensa, expresada a trav\u00e9s de los s\u00ed\u00admbolos del padre, del rey, del pastor, etc. Algunos libros, como los del Exodo o el Cantar de los cantares, han sido fuente siempre fecunda de la expresi\u00f3n simb\u00f3lica de la vida espiritual cristiana.<\/p>\n<p>Ch. A. Bernard<br \/>\nII. S\u00ed\u00admbolos b\u00ed\u00adblicos<br \/>\n1. PREMISA &#8211; Dios es un le\u00f3n rugiente (Am 1,2; 3,8), una pantera al acecho (Os 13,7), un esposo celoso (Os 2), un padre lleno de solicitud (Os 11,1ss). La acci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu se compara al agua, a la lluvia, al viento y al fuego (Jn 3,6-8; 4,14; 7,33-39; cf Is 45,8). \u00bfPor qu\u00e9 estas im\u00e1genes y estos s\u00ed\u00admbolos? La raz\u00f3n es evidente. La Escritura habla del Dios invisible, pero habla de \u00e9l en su relaci\u00f3n con el hombre. Por esta raz\u00f3n, aun hablando de Dios, remite al tiempo y al espacio humano. La palabra de Dios es simb\u00f3lica en toda la medida en que se proyecta hacia una realidad que -si bien situada m\u00e1s all\u00e1 de lo sensible- se refleja, no obstante, en ello. Consecuentemente, en la Biblia la espera de Dios se expresa en t\u00e9rminos de aurora, sol y mediod\u00ed\u00ada. El lugar del encuentro es el desierto, el Sina\u00ed\u00ad, la tierra prometida y la Jerusal\u00e9n celeste. En el punto de encuentro entre simbolismos espaciales y temporales, se presentan los temas de la vida y del camino, de la monta\u00f1a y de la ascensi\u00f3n, del germen y del crecimiento. La vida nueva se pone en relaci\u00f3n con las reacciones biol\u00f3gicas elementales: el hambre, la sed, el sue\u00f1o y la vigilia. El car\u00e1cter interpersonal de la relaci\u00f3n con Dios se anuncia mediante los simbolismos del padre, de la madre, del esposo, del hijo, del matrimonio y del noviazgo.<\/p>\n<p>Antes de examinar los s\u00ed\u00admbolos b\u00ed\u00adblicos m\u00e1s importantes, formularemos dos observaciones preliminares: a) Es preciso destacar el estatuto particular del s\u00ed\u00admbolo b\u00ed\u00adblico en cuanto realidad opuesta al mito. La revelaci\u00f3n y el mito hacen amplio uso de la imagen y llegan incluso a encontrarse en la utilizaci\u00f3n de los mismos elementos figurativos. La Biblia no es la \u00fanica en hablar del para\u00ed\u00adso terrestre, del \u00e1rbol de la vida, del diluvio, etc. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1 la diferencia? Nos atenemos a la opini\u00f3n de P. Ricoeur y de otros, que distinguen entre los s\u00ed\u00admbolos primarios y los s\u00ed\u00admbolos secundarios&#8217;. Hay realidades que el lenguaje es incapaz de expresar si no utiliza t\u00e9rminos figurativos. Por ejemplo, el pecado es suciedad, peso, desviaci\u00f3n y maldad. Este lenguaje, metaf\u00f3rico en la superficie, es existencial en su intenci\u00f3n profunda. Tiende a dar cuenta de una experiencia espiritual representable tan s\u00f3lo a trav\u00e9s de aproximaciones imaginativas. Basta que los s\u00ed\u00admbolos se desarrollen bajo la forma de relatos irreductibles al tiempo y al espacio emp\u00ed\u00adricos, para que pasen al campo del mito. Las im\u00e1genes utilizadas en \u00e9l reciben entonces el nombre de s\u00ed\u00admbolos secundarios, porque todo el relato nace de la imagen en respuesta a un interrogante existencial: \u00bfDe d\u00f3nde viene la muerte, el pecado, etc.? El s\u00ed\u00admbolo es, en definitiva, m\u00e1s radical que el mito. El lenguaje no puede prescindir del s\u00ed\u00admbolo, mientras que la narraci\u00f3n mitol\u00f3gica interviene tan s\u00f3lo de forma accidental y \u00absecundaria\u00bb. En compensaci\u00f3n, el mito conserva intactos, incluso en sus evoluciones fant\u00e1sticas, los s\u00ed\u00admbolos que ha asimilado. Sucede as\u00ed\u00ad que la Escritura aplica mitos \u00abfraccionados\u00bb, es decir, fragmentos mitol\u00f3gicos, atendiendo a los s\u00ed\u00admbolos incluidos en ellos. Por ejemplo, Raab. Leviat\u00e1n, etc., monstruos marinos conocidos en la mitolog\u00ed\u00ada antigua, sirven a los autores b\u00ed\u00adblicos para exponer la idea de que Dios tiene perfectamente en sus manos las potencias del mal (Job 40,15-41.26; Sal 89,11; 104,26; Is 51,9; Am 9,3). Desde este punto de vista, Egipto puede identificarse con Raab: \u00abVana e in\u00fatil es la ayuda de Egipto: por esto le doy el nombre de Raab el ocioso\u00bb (Is 30,7). Egipto, puesto en relaci\u00f3n con el caos informe de G\u00e9n 1.2 y con el monstruo Raab, aparece como una forma hist\u00f3rica del mal. El uso de los fragmentos mitol\u00f3gicos sirve de mediaci\u00f3n imaginativa para expresar la trascendencia. b) El s\u00ed\u00admbolo no se puede leer aisladamente, sino tan s\u00f3lo dentro de la red de signos que lo rodean. El fuego en el campo de lo absoluto puede significar el amor m\u00e1s noble o la pasi\u00f3n m\u00e1s baja. La ciencia del s\u00ed\u00admbolo supone el examen de sistemas organizados. Por esta raz\u00f3n nuestra disertaci\u00f3n no se ce\u00f1ir\u00e1 a una simple nomenclatura de s\u00ed\u00admbolos, sino que presentar\u00e1 im\u00e1genes articuladas, cada una de la cuales manifiesta su sentido propio, tan s\u00f3lo en relaci\u00f3n con las dem\u00e1s. El s\u00ed\u00admbolo es un conjunto m\u00f3vil de relaciones entre varios t\u00e9rminos.<\/p>\n<p>S\u00f3lo una palabra m\u00e1s sobre nuestro plan de trabajo. Tomaremos como punto de partida una simbolog\u00ed\u00ada particularmente globalizante a nivel del AT, a saber: la simbolog\u00ed\u00ada de Si\u00f3n-Jerusal\u00e9n. Esta simbolog\u00ed\u00ada coordina, efectivamente, los arquetipos del monte, la luz, la purificaci\u00f3n, la intimidad, el refugio, el camino (Si\u00f3n es la meta), el ciclo temporal abolido (sobre Jerusal\u00e9n no caer\u00e1 m\u00e1s la noche), el padre, la madre, la esposa. etc. De ah\u00ed\u00ad pasaremos a considerar las ramificaciones imaginativas mencionadas m\u00e1s arriba 12\/1,1; clasificaci\u00f3n de Durand-Bernard]. Por \u00faltimo, llegaremos a una visi\u00f3n unificada, mostrando c\u00f3mo Cristo es la fuente y el centro de toda la simbolog\u00ed\u00ada cristiana.<\/p>\n<p>2. LA CONVERGENCIA DF. LOS S\u00ed\u008dMBOLOS EN SI\u00ed\u201cN-JERUSALEN &#8211; De por si, \u00abSi\u00f3n\u00bb indica solamente la ciudadela de David. Pero muy pronto se extendi\u00f3 este apelativo para indicar el templo, toda la ciudad y la colina que le sirve de apoyo: \u00abGrande es Yahv\u00e9, y muy laudable en la ciudad de nuestro Dios. Su monte santo (Si\u00f3n), colina distinguida, es de toda la tierra la alegr\u00ed\u00ada\u00bb (Sal 48,2s). Si\u00f3n-Jerusal\u00e9n es al mismo tiempo capital religiosa y pol\u00ed\u00adtica. En cuanto capital religiosa merece el nombre de madre de los pueblos: \u00abSe dir\u00e1 de Si\u00f3n: madre. porque una y otra nacieron en ella\u00bb (Sal 87,5). Si\u00f3n, ciudad de piedra colocada sobre la monta\u00f1a, personificada como madre de los hombres y esposa de Yahv\u00e9, se encuentra en el punto de convergencia de todos los s\u00ed\u00admbolos del AT.<\/p>\n<p>a) Si\u00f3n-ciudad. Con Si\u00f3n-ciudad enlazan los simbolismos del camino y de la monta\u00f1a. Si\u00f3n se presenta al t\u00e9rmino del camino del \u00e9xodo como imagen de la estabilidad: \u00abT\u00fa los gu\u00ed\u00adas y los plantas en el monte de tu heredad, en el lugar de tu mansi\u00f3n que has preparado, en el santuario que tus manos, oh Yahv\u00e9, han levantado\u00bb (Ex 15,17). Dios habitar\u00e1 para siempre con su pueblo, ya establecido en la monta\u00f1a santa (Sal 68,17), tema este espiritualizado por el trito-Isa\u00ed\u00adas \u00abYo habito una morada excelsa y santa, pero tambi\u00e9n estoy con el hombre arrepentido y humilde\u00bb (Is 57,15), y por el salmo 125: \u00abLos que conf\u00ed\u00adan en Yahv\u00e9 son como el monte Si\u00f3n: que por nada vacila y es estable por siempre\u00bb (v. 1).<\/p>\n<p>El pueblo hebreo experiment\u00f3 la presencia de Dios mucho antes de la fundaci\u00f3n del templo, especialmente durante el \u00e9xodo. Adem\u00e1s, la tradici\u00f3n de los patriarcas le habitu\u00f3 a la idea de un Dios que supera toda localizaci\u00f3n (cf 1 Re 8,27) y que acompa\u00f1a a sus fieles (Dt 26,5-10). A este respecto es interesante advertir que en varios salmos contin\u00faa asociada la tem\u00e1tica del templo al simbolismo de la vida y del camino (cf Sal 5,8-9; 26,8.11; 31,2-4; 61,3-5; 91,1-11, etc.). Tras la construcci\u00f3n del templo, Dios se hace presente a quienes caminan hacia \u00e9l: \u00abEnv\u00ed\u00ada tu luz y tu verdad, y ellas me gu\u00ed\u00aden y me conduzcan a tu monte santo en pos de tus moradas\u00bb (Sal 43,3).<\/p>\n<p>En su calidad m\u00e1s espec\u00ed\u00adfica de monta\u00f1a, Si\u00f3n participa del doble simbolismo de la altura y del centro. Ante todo, la monta\u00f1a representa un ideal de pureza moral: \u00ab\u00bfQui\u00e9n entrar\u00e1, Yahv\u00e9, en tu casa?, \u00bfqui\u00e9n morar\u00e1 en tu santo monte? Aquel que anda sin tacha y obra la justicia&#8230;\u00bb (Sal 15,1-2). Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad volvemos a encontrar asociados la marcha y la ascensi\u00f3n que tienen como meta la comuni\u00f3n con Dios. El mismo movimiento de pensamiento se expresa simb\u00f3licamente en Is 33,15s: \u00abEl que camina en la justicia&#8230;, \u00e9se morar\u00e1 en lugar excelso, cuidadela izada en roca ser\u00e1 su refugio\u00bb.<\/p>\n<p>En otros textos, el simbolismo del centro se une al de la altura:<\/p>\n<p>\u00abSuceder\u00e1 en los d\u00ed\u00adas por venir que el monte de la Casa de Yahv\u00e9 ser\u00e1 afincado en la cima de los montes, y se alzar\u00e1 por encima de los collados. Afluir\u00e1n a \u00e9l todas las gentes&#8230; Pues de Si\u00f3n saldr\u00e1 la ley, y de Jerusal\u00e9n la palabra de Yahv\u00e9\u00bb (Is 2,2-4: cf Miq 4,1).<\/p>\n<p>No se trata de la conversi\u00f3n de los pueblos al yahvismo, sino de su reconciliaci\u00f3n gracias a la tor\u00e1. Efectivamente, llegar\u00e1 una \u00e9poca en que las naciones se dirigir\u00e1n hacia el santuario de Yahv\u00e9 porque las leyes m\u00e1s sabias emanar\u00e1n de \u00e9l. La inspiraci\u00f3n procedente de Si\u00f3n garantizar\u00e1 al universo entero el equilibrio, la armon\u00ed\u00ada y la paz.<\/p>\n<p>Con la monta\u00f1a de Si\u00f3n va unida tambi\u00e9n la idea del juicio y de la separaci\u00f3n entre buenos y malos. Yahv\u00e9 se reviste de la armadura de la justicia para perder a sus enemigos (Is 63,15-19), mientras que para Si\u00f3n y para todos aquellos que se alegran con ella, Yahv\u00e9 aparece en calidad de redentor (Is 63,19; 66,10-16).<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento, Si\u00f3n-Jerusal\u00e9n tiene el sentido de una etapa \u00faltima al final de una ascensi\u00f3n dolorosa. Jes\u00fas, \u00abal llegar el tiempo de su partida de este mundo, resolvi\u00f3 ir a Jerusal\u00e9n\u00bb (Le 9,51). Seg\u00fan el evangelio de Lucas, todo el misterio de Jes\u00fas alcanza su v\u00e9rtice en Jerusal\u00e9n. Las palabras que se entrecruzan durante la transfiguraci\u00f3n en el monte se refieren a la partida que habr\u00e1 de \u00abverificarse en Jerusal\u00e9n\u00bb (Lc 9,31). Las per\u00ed\u00adcopas siguientes recuerdan peri\u00f3dicamente la intenci\u00f3n fijada con antelaci\u00f3n (9,51; 13,22; 17,11; 18,31; 19,28), que es la elevaci\u00f3n de la cruz. Pero una vez consumado el sacrificio, Jerusal\u00e9n ya no es centro de atracci\u00f3n, sino punto de difusi\u00f3n. La evangelizaci\u00f3n parte de Jerusal\u00e9n. Es all\u00ed\u00ad donde los ap\u00f3stoles reciben al Esp\u00ed\u00adritu (He 2). Su voz llega primero a Judea y Samaria (He 6) y despu\u00e9s hasta los extremos de la tierra (He 1,8; cf Le 24,4ss), representados por Roma (He 28).<\/p>\n<p>La concentraci\u00f3n escatol\u00f3gica en Jerusal\u00e9n (Is 66,18-24; Zac 14,10ss) no es una cuesti\u00f3n de coordenadas geogr\u00e1ficas. La nueva Jerusal\u00e9n, el rostro que asume la creaci\u00f3n salvada (Ap 21,1: cf Is 65,17), desciende del cielo. Su misma configuraci\u00f3n refleja m\u00e1s su identidad humana que la arquitect\u00f3nica. Las doce puertas, tres en cada lado mirando hacia los cuatro puntos cardinales y denominadas cada una de ellas con el nombre de un ap\u00f3stol, los doce mil estadios de longitud, de anchura y de altura, los doce fundamentos, etc. etc., son otras tantas transposiciones al espacio de la realidad de las doce tribus. El Se\u00f1or mismo ocupa el puesto del templo, mientras el Cordero hace las veces de lumbrera. Desde el trono de Dios y del Cordero fluye el r\u00ed\u00ado de la vida. En la gran plaza hay \u00e1rboles que fructifican doce veces al a\u00f1o. Suspendido el ritmo de los d\u00ed\u00adas y las noches, se produce un d\u00ed\u00ada permanente y los elegidos reinan por los siglos de los siglos (Ap 21), En definitiva, la Jerusal\u00e9n celestial representa la s\u00ed\u00adntesis simb\u00f3lica de todas las esperanzas escatol\u00f3gicas del AT (Is 54; 60; 62; Ez 40; Zac 14). Jerusal\u00e9n le proporciona su figura a la esperanza cristiana. Todos los datos imaginativos est\u00e1n tomados de la experiencia hist\u00f3rica, de los arquetipos vitales y de las expresiones culturales m\u00e1s prestigiosas.<\/p>\n<p>El futuro escatol\u00f3gico es percibido intuitivamente a partir de la realidad vivida y experimentada. Pero el s\u00ed\u00admbolo, como cualquier otra analog\u00ed\u00ada, afirma y niega al mismo tiempo. Por eso las visiones apocal\u00ed\u00adpticas utilizan con frecuencia la part\u00ed\u00adcula gramatical \u00abcomo \u00bb (Ap 21,2, y tambi\u00e9n 1,10.13.14.16.17; 4,1.3.7; Ez 1,26.28, etc.). Los s\u00ed\u00admbolos b\u00ed\u00adblicos m\u00e1s atrevidos introducen la correcci\u00f3n analogizante en sus mismas im\u00e1genes. De aqu\u00ed\u00ad el \u00abcomo \u00bb o la yuxtaposici\u00f3n de realidades materiales incompatibles. Por ejemplo, Is 60,19s: la luna resplandece junto al sol en un d\u00ed\u00ada que no conoce el ocaso.<\/p>\n<p>b) Si\u00f3n-mujer. Con Si\u00f3n personificada como mujer enlazan los simbolismos de la madre y de la esposa. Si\u00f3n re\u00fane a sus habitantes en torno al templo y al rey y los protege contra los peligros exteriores, promoviendo en su interior el respeto de sus derechos. S\u00f3lo en un segundo momento la instancia simbolizante pasa de la madre a la esposa para significar la alianza con Yahv\u00e9, considerada colectivamente. El hecho de que Si\u00f3n sea su esposa aporta una correcci\u00f3n de libertad al determinismo del arquetipo materno, naturalmente m\u00e1s instintivo.<\/p>\n<p>Un texto que modula particularmente los dos simbolismos de la madre y de la esposa es Is 54. Si\u00f3n, ca\u00ed\u00adda en desgracia y castigada por sus pecados, recibe la invitaci\u00f3n a alegrarse. El sufrimiento ha terminado: \u00abExulta, est\u00e9ril, que no has dado a luz&#8230;, pues son m\u00e1s numerosos los hijos de la abandonada que los hijos de la casada\u00bb (v. 1). Yahv\u00e9, asumiendo el papel de goel, es decir, de pariente m\u00e1s pr\u00f3ximo, se compromete a suscitar una posteridad a la ciudad desierta de Si\u00f3n. A decir verdad, Yahv\u00e9 no ha repudiado a Si\u00f3n (cf Is 50,1s) ni \u00e9sta es verdaderamente viuda -\u00c2\u00a1Dios no ha muerto!-; pero ha conocido el exilio, la soledad y el desprecio. La explicaci\u00f3n \u00faltima de la redenci\u00f3n que se anuncia es la fidelidad de Dios. Si\u00f3n es la esposa de la juventud, y Yahv\u00e9 no la puede olvidar (vv. 5-6). El simbolismo conyugal expresa una historia com\u00fan a Yahv\u00e9 y a Israel, la historia de una alianza que ha conocido tiempos de crisis y de reanudaci\u00f3n. En esta historia com\u00fan el exilio aparecer\u00e1 pronto como un par\u00e9ntesis ef\u00ed\u00admero (vv. 7-8). Nos viene al pensamiento el salmo 30,6: \u00abDura su c\u00f3lera un instante, toda la vida su favor\u00bb.<\/p>\n<p>En la continuaci\u00f3n de la composici\u00f3n po\u00e9tica de Is 54, el profeta lleva a cabo un verdadero tour de force imaginativo: Si\u00f3n es al mismo tiempo una ciudad hecha de piedras preciosas y una mujer que se expande en sus hijos. El texto hebreo, vali\u00e9ndose de un juego de palabras aparentemente gratuito, pero en realidad muy significativo, pasa de las piedras (abantm, v. 12) a los hijos (banim, v. 13). Esta relaci\u00f3n entre piedras e hijos no es un elemento nuevo en la Biblia, y da testimonio de una profunda psicolog\u00ed\u00ada. En G\u00e9n 30,3, Raquel, que hasta entonces hab\u00ed\u00ada sido est\u00e9ril, le dice a Jacob: \u00abHe aqu\u00ed\u00ad mi sierva Bala: entra a ella. Ella parir\u00e1 sobre mis rodillas y mediante ella yo ser\u00e9 `construida\u00bb&#8216; (es decir, tendr\u00e9 hijos). La mujer se expande en la maternidad y de alguna forma es \u00abconstruida\u00bb por medio de sus hijos. Del mismo modo, tambi\u00e9n Si\u00f3n se adorna de sus hijos (cf Is 19,48). Su transfiguraci\u00f3n en una ciudad resplandeciente de piedras preciosas es, en realidad, la representaci\u00f3n simb\u00f3lica del misterio de su maternidad. En el mundo de la mujer, las joyas y los hijos son la prenda y el signo de un amor recibido y correspondido. Por esto Si\u00f3n se contempla imaginativamente como una mujer adornada de brillantes y de hijos. El mejor modo de leer Is 54,11s consiste, pues, en dejarse encantar por las im\u00e1genes y percibir en ellas no ya la expresi\u00f3n de la utop\u00ed\u00ada, sino la epifan\u00ed\u00ada del s\u00ed\u00admbolo.<\/p>\n<p>Otros pasajes del libro de Isa\u00ed\u00adas conocen los temas de Si\u00f3n como madre y como esposa. Ante todo, Is 1,21-26. Ah\u00ed\u00ad aparece el ejercicio concreto de la maternidad como justicia y como derecho reconocido a los d\u00e9biles, a la viuda y al hu\u00e9rfano; pensamiento este que es confirmado por Is 60,17: \u00abLa paz te pondr\u00e9 por magistrado, y por soberano tuyo, la justicia\u00bb. Is 62 insiste m\u00e1s en el aspecto nupcial: \u00abComo un joven con una virgen se desposa, as\u00ed\u00ad tu constructor se desposar\u00e1 contigo, y como el esposo se recrea en la esposa, as\u00ed\u00ad tu Dios se recrear\u00e1 en ti\u00bb (v. 5). En esta \u00faltima composici\u00f3n po\u00e9tica vemos en particular c\u00f3mo el lenguaje religioso afecta a la experiencia humana. De una forma delicada, pero clara, el texto da a entender que la alegr\u00ed\u00ada de Yahv\u00e9 recuerda la de los esposos que se unen carnalmente por vez primera.<\/p>\n<p>El simbolismo de Si\u00f3n enriquece por correlaci\u00f3n la figura de Dios mismo. Hay nuevas l\u00ed\u00adneas de desarrollo, que se ofrecen a la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica. \u00ab\u00bfPuede acaso una mujer olvidarse del ni\u00f1o que cr\u00ed\u00ada, no tener compasi\u00f3n del hijo de sus entra\u00f1as? Pues aunque ella lo olvidara, yo no me olvidar\u00ed\u00ada de ti\u00bb (Is 49,15). Mientras que todos los afectos electivos nacen de los encuentros casuales de la existencia y est\u00e1n expuestos al desgaste del tiempo dependiendo de las cualidades del ser amado, el amor de las madres se sit\u00faa en el principio mismo de la existencia, es perseverante, no mengua y no es otra cosa que un don. No existe en toda la Escritura un texto que haga percibir m\u00e1s vivamente la profundidad y la gratuidad del amor de Dios. A Si\u00f3n, que se lamenta de haber sido abandonada, le responde Yahv\u00e9 que ella sigue siendo madre, suceda lo que suceda, y que es capaz de amar en una forma maternal con aquel amor que sobrevive a todas las pruebas de la existencia. Mejor a\u00fan: la desesperaci\u00f3n en que se ve sumida Si\u00f3n constituye para ella la mejor prueba de que el amor verdadero es indefectible. Si\u00f3n ha perdido a sus hijos y no es capaz de consolarse. La fe le asegura entonces que existe en Dios id\u00e9ntica ternura maternal y que ella volver\u00e1 a esperar. Dios se muestra en concreto como el esposo de Si\u00f3n precisamente porque se solidariza con la causa de los hijos: \u00abCon tus adversarios pelear\u00e9 yo y salvar\u00e9 a tus hijos\u00bb (49,25).<\/p>\n<p>En el Nuevo Testamento, los simbolismos de Si\u00f3n como madre y esposa se aplican a la Iglesia, y de forma m\u00e1s velada a la Virgen Mar\u00ed\u00ada. Jesucristo se sit\u00faa en una relaci\u00f3n de tipo nupcial con la Iglesia (Ef 5,25; cf Ap 21,2.9s; 22,17). Por su parte, Mar\u00ed\u00ada se ve engalanada con los rasgos de la hija de Si\u00f3n en cuanto personifica a Israel, que espera al Salvador (cf Lc 1,26-38 con Sof 3,14.16-17).<\/p>\n<p>3. LAS GRANDES CONSTELACIONES SIMB\u00ed\u201cLICAS &#8211; La convergencia de las im\u00e1genes en Si\u00f3n-Jerusal\u00e9n ha puesto de manifiesto c\u00f3mo se desarrollan los s\u00ed\u00admbolos mediante correspondencias incesantemente superadas hacia figuras nuevas. Los s\u00ed\u00admbolos forman constelaciones porque la realidad pretendida no se alcanza nunca. El objeto \u00abse ofrece y huye; en la medida en que se declara, se disimula. Ateni\u00e9ndonos a la c\u00e9lebre definici\u00f3n de G. Gurvith. `los s\u00ed\u00admbolos revelan velando y velan revelando\u00bb. La forma m\u00e1s \u00fatil de marcar los l\u00ed\u00admites del tema de nuestro trabajo nos parece, pues, presentar las constelaciones y los \u00abpaquetes\u00bb de im\u00e1genes simb\u00f3licas. que se constituyen en torno a los ejes de significado catalogados m\u00e1s arriba por Durand y Bernard<br \/>\na) La dominante de la verticalidad. Cristalizan en torno a este primer eje de simbolizaci\u00f3n las im\u00e1genes de la ascensi\u00f3n, de la cabeza (y del padre), de la luz y de la separaci\u00f3n entre el bien y el mal. Un ejemplo especialmente ilustrativo nos lo ofrece el salmo 36,6s (pero cf tambi\u00e9n Sal 57,11; 71,11):<\/p>\n<p>\u00ab\u00c2\u00a1Oh Yahv\u00e9, tu bondad llega hasta los cielos, hasta las nubes tu fidelidad; como los montes excelsos es tu justicia, como profundo mar tus juicios!\u00bb<br \/>\nEl texto da una dimensi\u00f3n c\u00f3smica a cuatro atributos de Dios. Los tres primeros -gracia, fidelidad y justicia-enlazan con el simbolismo de lo \u00abalto\u00bb: cielo, nubes y montes. El cuarto -el juicio-, que es el triunfo sobre el mal, se une a la imagen del caos, es decir, a la imagen del abismo, el teh\u00f3m de G\u00e9n 1,2. Yahv\u00e9-rey reside en las alturas y eleva hasta s\u00ed\u00ad al justo, rechazando al imp\u00ed\u00ado hacia las profundidades:<\/p>\n<p>\u00abMas Yahv\u00e9 est\u00e1 en su santo palacio; Yahv\u00e9, que tiene su trono en los cielos. Sus ojos est\u00e1n fijos en el mundo, sus miradas exploran a los hombres. Yahv\u00e9 escruta al justo y al imp\u00ed\u00ado&#8230; Sobre los malos \u00e9l llover\u00e1 brasas de fuego, azufre y viento abrasador por porci\u00f3n de su copa.<\/p>\n<p>Yahv\u00e9 es justo y ama la justicia, y los justos contemplar\u00e1n su rostro\u00bb (Sal 11,4-7).<\/p>\n<p>\u00abRetornen los imp\u00ed\u00ados al seol, todos los que se olvidan de Dios\u00bb (Sal 9,18).<\/p>\n<p>No le faltan motivos profundos al salmo 19 para asociar himnos distintos, el primero de los cuales se dedica al cielo y al sol (vv. 1-7) y el segundo a la ley (vv. 8-14). En efecto, la ley es luz (cf Sal 119,105; Prov 6,23), desarrolla sus mandatos con la perfecci\u00f3n del sol, que recorre los caminos de los cielos y traslada el orden celeste sobre la tierra.<\/p>\n<p>No hace falta citar otros pasajes. Nos limitamos a indicar algunos de ellos (1 Re 8,27; Is 6; 59,1-2; 63,15.19; 64,1.4-5; Dan 2,37).<\/p>\n<p>b) La dominante de la nutrici\u00f3n. Las im\u00e1genes son las propias de la intimidad y, por tanto, la de la madre, la del refugio y la de la casa. Ya hemos visto hasta qu\u00e9 punto se actualiza en Si\u00f3n-Jerusal\u00e9n esta l\u00ed\u00adnea de simbolizaci\u00f3n. En realidad, Dios no es ni var\u00f3n ni mujer, pero se revela a trav\u00e9s de las figuras del hombre y de la mujer, a quienes \u00e9l funda en su existencia. Esto explica c\u00f3mo en la Biblia la imagen de Dios puede presentar rasgos que pertenecen al mundo de la mujer. Por ejemplo:<\/p>\n<p>\u00abCuando Israel era ni\u00f1o, yo le amaba&#8230; Y yo ense\u00f1aba a Efra\u00ed\u00adm a caminar&#8230; Fui para \u00e9l como quien alza a un ni\u00f1o sobre su propio cuello, y se inclina hacia \u00e9l para darle de comer\u00bb (Os 11,1-4; cf Jer 31,20).<\/p>\n<p>La imagen del refugio se toma frecuentemente del vocabulario militar (Sal 7; 18,3.31; 27,1; 34,8; 46); pero m\u00e1s de una vez se enriquece con los simbolismos de la nutrici\u00f3n (Sal 23; 36,6-9), que confiere a la figura de Dios una nota de dulzura y de delicadeza. En lacorriente sapiencial, la tendencia a cargar el lenguaje religioso de simbolismos femeninos se acent\u00faa m\u00e1s. La Sabidur\u00ed\u00ada ha construido su casa y ofrece un banquete: \u00abVenid, comed mi pan y bebed del vino que yo he preparado. Dejad la simpleza, y vivir\u00e9is, y caminad por la senda de la inteligencia\u00bb (Prov 9,5s). El mandato de Dios se convierte de alguna forma en educaci\u00f3n materna, en persuasi\u00f3n envolvente, que se prodiga en tina atm\u00f3sfera de ternura.<\/p>\n<p>\u00abVenid a mi los que me dese\u00e1is, y saciaos de mis frutos. Porque mi recuerdo es m\u00e1s dulce que la miel, y poseerme m\u00e1s dulce que el panal. Los que me coman quedar\u00e1n a\u00fan con hambre y los que me beban quedar\u00e1n de m\u00ed\u00ad sedientos. Quien me obedece no ser\u00e1 avergonzado, y los que me sirven no pecar\u00e1n. Todo esto no es otra cosa que el libro de la alianza del Dios alt\u00ed\u00adsimo, la ley que nos dio Mois\u00e9s en heredad\u00bb (Eclo y 24,18-23).<\/p>\n<p>c) La dominante del camino. Los simbolismos del camino y de la marcha son adecuados para expresar decisi\u00f3n, estilo de comportamiento y progresividad. En primer lugar, la decisi\u00f3n: \u00abPorque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos mis caminos&#8230; Tan altos como el cielo. por encima de la tierra se elevan mis caminos sobre vuestros caminos y mis pensamientos sobre vuestros pensamientos\u00bb (la 55,8-9). En este or\u00e1culo, \u00abcielo\u00bb indica la trascendencia, mientras que los \u00abcaminos\u00bb afectan a la actualizaci\u00f3n de las decisiones divinas en la continuidad de una historia coherente.<\/p>\n<p>Aplicado al hombre, el camino significa comportamiento. Tambi\u00e9n el hombre posee su propio camino. Sus actos, lo quiera o no. le llevan a la felicidad o a la perdici\u00f3n: \u00abYahv\u00e9 conoce el camino de los justos, mas la senda de los imp\u00ed\u00ados se pierde\u00bb (Sal 1,6).<\/p>\n<p>La misma historia de la salvaci\u00f3n ha sido y sigue siendo en cierta medida una migraci\u00f3n. Abrah\u00e1n fue llamado para que dejara su pa\u00ed\u00ads y se lanzara a la aventura de la fe (G\u00e9n 12). Jacob se vio forzado al exilio (G\u00e9n 28). Por lo dem\u00e1s,su concepto de Dios es el t\u00ed\u00adpico de un pueblo n\u00f3mada: \u00abSi Dios est\u00e1 conmigo y me protege en este viaje que estoy haciendo y me da pan para comer y vestidos para cubrirme; si yo puedo volver sano y salvo a la casa de mi padre, entonces Yahv\u00e9 ser\u00e1 mi Dios\u00bb (G\u00e9n 28,20s). La fuerza de las circunstancias impele a Jos\u00e9 y a sus hermanos hacia Egipto (G\u00e9n 37; 42). En realidad, es Dios mismo quien dispuso aquel viaje para salvaguardar al pueblo futuro (G\u00e9n 46,5.8). Por su parte, Mois\u00e9s conoci\u00f3 la desventura del extra\u00f1amiento (Ex 2) para convertirse en el mayor caudillo de pueblos (Ex 3ss). Israel, que se hab\u00ed\u00ada hecho sedentario, sigui\u00f3 siendo sustancialmente n\u00f3mada. Toda su fe -y la nuestra, que deriva de aqu\u00e9lla- consiste en caminar con Dios en la justicia, en el amor y en la ternura (Miq 6,8).<\/p>\n<p>d) La dominante c\u00ed\u00adclica. Clasificamos bajo la dominante c\u00ed\u00adclica los simbolismos vegetales, biol\u00f3gicos y astrales. Todos ellos llevan consigo un aspecto de repetici\u00f3n: ciclos estacionales, ciclos formados de nacimientos y muertes, evoluci\u00f3n de los astros. En realidad, seg\u00fan veremos, la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica corrige la mayor\u00ed\u00ada de las veces la imagen c\u00ed\u00adclica con la lineal. Mediante repeticiones y reiteraciones, la salvaci\u00f3n avanza en un sentido irreversible. El ejemplo m\u00e1s elocuente nos lo proporciona a este respecto Is 55,10s. \u00abComo la lluvia y la nieve descienden del cielo y no vuelven all\u00e1 sin empapar la tierra, sin fecundarla y hacerla germinar para que d\u00e9 sementera al sembrador y pan para comer, as\u00ed\u00ad la palabra que sale de mi boca no vuelve a m\u00ed\u00ad sin resultado, sin haber hecho lo que yo quer\u00ed\u00ada y sin haber llevado a cabo su misi\u00f3n\u00bb. El ciclo de las estaciones ha venido a ser en su totalidad anual el s\u00ed\u00admbolo de la historia de la salvaci\u00f3n. Esta conoce unos inicios apenas perceptibles, como la vegetaci\u00f3n. El grano se pierde en la tierra y germina t\u00ed\u00admidamente para expandirse despu\u00e9s de una floraci\u00f3n llena de lozan\u00ed\u00ada. De aqu\u00ed\u00ad las im\u00e1genes de la germinaci\u00f3n que salpican los cap\u00ed\u00adtulos 40-55 del libro de Isa\u00ed\u00adas (42,9; 43,19; 45,8). La obra de Dios en el momento actual presenta un aspecto externo modesto. Mas para quien sabe ver las cosas lleva en germen toda la magnificencia de la consumaci\u00f3n escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>Una concepci\u00f3n semejante a la que hemos observado en el caso del ciclo de las estaciones, convertido en s\u00ed\u00admbolo de una historia con un fin irreversible, puede encontrarse tambi\u00e9n a prop\u00f3sito de las im\u00e1genes c\u00f3smicas. En Os 6,3, Israel espera la venida de Dios como si fuera un fen\u00f3meno inscrito en el automatismo de la naturaleza: \u00abVendr\u00e1 a nosotros como la lluvia invernal, como la lluvia de primavera, que fecunda la tierra\u00bb. Yahv\u00e9 se habr\u00ed\u00ada convertido de golpe en una realidad previsible, como el ciclo de las estaciones, a lo cual reacciona \u00e9l diciendo: \u00abMi juicio sale como la luz\u00bb. Los simbolismos c\u00f3smicos contin\u00faan significando una venida: la venida del juicio que sanciona y concluye la historia. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad el elemento c\u00ed\u00adclico ha cedido su puesto al elemento lineal.<\/p>\n<p>4. JESUCRISTO. FUENTE Y CENTRO DE TODA LA SIMBOLOG\u00ed\u008dA &#8211; En el Antiguo Testamento se da una convergencia de los simbolismos en Si\u00f3n. Dios se revela mediante su relaci\u00f3n con las instituciones: el templo, la dinast\u00ed\u00ada y la capital. En el Nuevo Testamento, la fuente y el centro de toda la simbolog\u00ed\u00ada es Jesucristo: \u00abEl cual es imagen de Dios invisible, primog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n, porque por \u00e9l mismo fueron creadas todas las cosas, las de los cielos y las de la tierra, las visibles y las invisibles\u00bb (Col 1,15s). En Jn 14,9, Jes\u00fas responde a Felipe, que desea contemplar al Padre: \u00abEl que me ha visto, ha visto al Padre&#8230; Yo estoy en el Padre y el Padre en m\u00ed\u00ad\u00bb. Mediante la encarnaci\u00f3n, Jes\u00fas realiza en su persona la definici\u00f3n misma del s\u00ed\u00admbolo: imagen, signo, gesto y acontecimiento, cuyo valor significativo supera al que deriva de su existencia puramente fenom\u00e9nica. En su humanidad y a trav\u00e9s de su ser y de su acci\u00f3n, Jes\u00fas es epifan\u00ed\u00ada de Dios (Tit 2,11-14), narrador que describe al Padre, a quien \u00fanicamente \u00e9l ha contemplado (Jn 1,18), y realizador de sus obras (Jn 5,17; 9,4; 10,37). En Cristo, primog\u00e9nito de toda la creaci\u00f3n, todas las dem\u00e1s criaturas adquieren su finalidad \u00faltima y su poder significativo en el orden de la fe. Por un lado, los elementos de la creaci\u00f3n contribuyen con su expresividad .a hacer comprender qui\u00e9n es Jesucristo: luz, pan, vida, etc.; por otro, con ser asumidos por Cristo transmiten y representan figurativamente su acci\u00f3n santificadora: los sacramentos. As\u00ed\u00ad, el agua del bautismo, el pan de la eucarist\u00ed\u00ada, el aceite de la unci\u00f3n, etc.<\/p>\n<p>Cristo, fuente y centro de toda la simbolog\u00ed\u00ada, lleva a su plenitud las dominantes arquet\u00ed\u00adpicas que hemos examinado a nivel del Antiguo Testamento. Toda su vida es un \u00e9xodo hacia el Padre (Jn 13,1). Vencedor de la muerte, es entronizado a la derecha de Dios (He 2,36; Rom 14,9; Flp 2,9-11) para ser all\u00ed\u00ad pr\u00ed\u00adncipe de la vida (He 3,15; 5,20), dador del Esp\u00ed\u00adritu (Rom 8,11; 2 Cor 1,21s; Ef 1,13s) y cabeza de la Iglesia (Ef 1,22; 4,15; Col 1.18). Este es el sentido de la ascensi\u00f3n: \u00abSubi\u00f3 a lo m\u00e1s alto del cielo para que se cumpliesen todas las cosas\u00bb (Ef 4,10). La vida cristiana es correlativamente una marcha hacia la casa del Padre (Jn 14,6). Todo el estilo de vida cristiano no es otra cosa que un \u00abcamino\u00bb (He 9,2; 18,25; 19,9.23, etc.). Se aplican a la Iglesia de Cristo todos los simbolismos maternos y nupciales (G\u00e1l 4,26; Ef 5,21-33; Ap 12). Por \u00faltimo, en Cristo se rompe el c\u00ed\u00adrculo vicioso vida-muerte, que hace que toda criatura sea un ser-para-la-muerte, en beneficio de la vida. \u00abAl que cree en m\u00ed\u00ad, aunque muera, vivir\u00e1\u00bb (Jn 11,25). En Jesucristo, la filiaci\u00f3n no se reduce ya a garantizar la sucesi\u00f3n de las generaciones. El Padre lleva a cabo por medio de Cristo su plan, que sustrae a los hombres a la mortalidad: \u00ab\u00bfD\u00f3nde est\u00e1, muerte, tu victoria?&#8230;; gracias a Dios que nos da la victoria por nuestro Se\u00f1or Jesucristo\u00bb (1 Cor 15,55ss). La vida humana recibe de Cristo, alfa y omega (Ap 1,8; 21,8; 22,13), su orientaci\u00f3n e incorruptibilidad (Rom 6,8-11; G\u00e1l 2,20; 2 Cor 5,14s).<\/p>\n<p>5. CONCLUSI\u00ed\u201cN &#8211; Tomar conciencia del car\u00e1cter simb\u00f3lico de las Escrituras significa: a) Para el int\u00e9rprete: no traducir el s\u00ed\u00admbolo en nociones y conceptos, sino enriquecerlo partiendo de la experiencia humana. Semejante forma de interpretaci\u00f3n, que sabe atesorar la experiencia de la vida, del arte y de la literatura, exige finura, sensibilidad y cultura. Se trata, efectivamente, de dominar las im\u00e1genes de la propia \u00e9poca para interponerlas entre el libro y sus lectores. b) Para todo creyente: dejarse llevar por los s\u00ed\u00admbolos hasta las realidades que ellos significan. Todo s\u00ed\u00admbolo aut\u00e9ntico es por su propia naturaleza escatol\u00f3gico. Suscita el deseo, pero no lo puede sastisfacer. Por ello el Evangelio apela a nuestro hambre de riquezas para inducirnos a vender nuestras perlas a cambio de la \u00fanica perla, que es el reino.<\/p>\n<p>R. Lack<br \/>\nIII. La funci\u00f3n simb\u00f3lica en la vida espiritual<br \/>\n1. SIMBOLISMO Y DIN\u00ed\u0081MICA ESPIRITUAL &#8211; La situaci\u00f3n concreta del hombre espiritual supone un aspecto din\u00e1mico fundamental, que se expresa a varios niveles de la vida: a nivel biol\u00f3gico, en dependencia inmediata de los impulsos corporales; como continuaci\u00f3n de \u00e9ste, a nivel c\u00f3smico, que suscita los s\u00ed\u00admbolos elementales, como son el agua, el fuego, el cielo, el mar, etc.; a nivel de las relaciones interpersonales, y, por \u00faltimo, a nivel de los valores religiosos, que en la vida cristiana se condensan en la realidad del reino de Dios en Cristo.<\/p>\n<p>La singular situaci\u00f3n de la vida cristiana no reside en el hecho de que exigir\u00ed\u00ada estructuras simb\u00f3licas propias, sino en que el mundo espiritual se concibe como un mundo real, a saber: que Dios es verdaderamente Padre, Hijo y Esp\u00ed\u00adritu, y que, encarn\u00e1ndose el Hijo, se ha servido de la realidad c\u00f3smica para conferirle una dignidad nueva en el orden de la expresi\u00f3n y en el de la comunicaci\u00f3n de vida. La presencia de la gracia santificante en nosotros y la continua acci\u00f3n de Dios que atrae hacia s\u00ed\u00ad al alma, suscitan un dinamismo espiritual an\u00e1logo al dinamismo vital natural y, por lo tanto, una expresi\u00f3n simb\u00f3lica del deseo y del alimento espiritual; as\u00ed\u00ad decimos que tenemos hambre y sed de Dios y que nos acercamos a la doble mesa de la palabra y de la eucarist\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Advirtamos, en particular, c\u00f3mo la relaci\u00f3n de alianza vivida en la vida m\u00ed\u00adstica apela al s\u00ed\u00admbolo del matrimonio y del amor humano. No se trata solamente de s\u00ed\u00admbolos gen\u00e9ricos, sino de la descripci\u00f3n particularizada de todos los aspectos caracter\u00ed\u00adsticos del desarrollo del amor humano. Siguiendo el ritmo del Cantar de los cantares -b\u00fasqueda del amado, mutua complacencia y uni\u00f3n-, muchos m\u00ed\u00adsticos han descrito su aventura espiritual aplicando todos los s\u00ed\u00admbolos que est\u00e1n presentes en el poema b\u00ed\u00adblico.<\/p>\n<p>Pero no basta con decir que los m\u00ed\u00adsticos se han aprovechado de las modalidades expresivas ofrecidas por el Cantar: es preciso a\u00f1adir que su experiencia toma su inspiraci\u00f3n del mismo texto en la medida en que han vivido su propia relaci\u00f3n con Dios bajo el perfil de una alianza personal.<\/p>\n<p>La frecuencia de este tema en la vida cristiana ha llevado a los doctores m\u00ed\u00adsticos, como santa Teresa de \u00ed\u0081vila y san Juan de la Cruz, a hacer de la expresi\u00f3n \u00abmatrimonio espiritual\u00bb (y su correlativa \u00abnoviazgo espiritual\u00bb) una expresi\u00f3n t\u00e9cnica que define un grado preciso de la uni\u00f3n espiritual. Pero, aun reconociendo el valor de su doctrina, no debemos restringir el uso de tal s\u00ed\u00admbolo a esta expresi\u00f3n t\u00e9cnica, sino conservarle la elasticidad caracter\u00ed\u00adstica de toda expresi\u00f3n simb\u00f3lica. D\u00ed\u00adgase otro tanto de la \u00abnoche de los sentidos\u00bb y de la \u00abnoche del esp\u00ed\u00adritu\u00bb; el s\u00ed\u00admbolo de la noche (y sus correlativos: tinieblas del pecado y tiniebla de la trascendencia de Dios) se entiende siempre en sentido gen\u00e9rico.<\/p>\n<p>2. LA APERTURA DE LA EXPRESI\u00ed\u201cN SIMB\u00ed\u201cLICA &#8211; Si el s\u00ed\u00admbolo tiene como primera funci\u00f3n la de expresar el dinamismo espiritual, deber\u00e1 contener, como signo expresivo, un aspecto din\u00e1mico intr\u00ed\u00adnseco. Y es precisamente \u00e9ste el car\u00e1cter que todos los ling\u00fcistas resaltan cuando establecen el contraste entre la expresi\u00f3n simb\u00f3lica y la conceptual, que se concibe como est\u00e1tica. Si decimos, por ejemplo, que Cristo es el buen pastor, incluimos en esta expresi\u00f3n simb\u00f3lica toda la riqueza del uso veterotestamentario de una imagen primitiva, compendiado en la afirmaci\u00f3n de Jes\u00fas: \u00abYo soy el buen pastor\u00bb (Jn 10). Y si representamos al buen pastor con una escultura, \u00e9sta lleva no s\u00f3lo a un acto de fe en la protecci\u00f3n y en el amor de Cristo, sino tambi\u00e9n a un impulso afectivo de confianza y de abandono. Ning\u00fan concepto podr\u00ed\u00ada contener semejante carga expresiva y afectiva.<\/p>\n<p>Del mismo modo ayuda insistir en el sentido simb\u00f3lico de los n\u00fameros; \u00e9ste no se reduce al aspecto cuantitativo, sino que sugiere misteriosamente la plenitud (3 \u00f3 7), o la oposici\u00f3n complementaria (2), o la incompleta (6), o la uni\u00f3n (5).<\/p>\n<p>Frente a la expresi\u00f3n conceptual, la simb\u00f3lica tiene una profundidad que significa el paso de un nivel de significaci\u00f3n a otro. Mientras que en el lenguaje conceptual la palabra se define como precisi\u00f3n un\u00ed\u00advoca por su contexto, el s\u00ed\u00admbolo orienta el esp\u00ed\u00adritu hacia un significado que supera la representaci\u00f3n conceptual; el \u00e1rbol no es considerado seg\u00fan su especie y el uso pr\u00e1ctico que de \u00e9l se hace, sino como s\u00ed\u00admbolo de la vida.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el origen de esta apertura del s\u00ed\u00admbolo? No proviene del objeto, el cual induce a la inteligencia a una consideraci\u00f3n un\u00ed\u00advoca, sino del sujeto, que posee un dinamismo innato. Podemos decir todav\u00ed\u00ada mejor: el s\u00ed\u00admbolo nace del encuentro entre el dinamismo del sujeto, que intenta expresar la propia vida espiritual, y la realidad objetiva, que proporciona una correspondencia al dinamismo vital. Cuando se trata de la vida espiritual, el dinamismo interior es an\u00e1logo al de la vida natural, la cual busca im\u00e1genes que correspondan a su modo de ser; como el ser vivo debe nutrirse, progresar, tener hambre y sed, descansar, etc., as\u00ed\u00ad el hombre espiritual es sujeto de operaciones an\u00e1logas y las expresa con s\u00ed\u00admbolos de la vida natural.<\/p>\n<p>La creaci\u00f3n de s\u00ed\u00admbolos expresivos de la vida espiritual supone, por lo tanto, la percepci\u00f3n de una realidad objetiva que supera la posibilidad de la expresi\u00f3n conceptual y el movimiento hacia esta realidad; as\u00ed\u00ad, por ejemplo, el salmista puede decir: \u00abTiene mi alma sed del Dios viviente\u00bb (Sal 42,3). Esta expresi\u00f3n contiene varios aspectos: cognoscitivo, afectivo y funcional; es decir, revela una cierta experiencia espiritual y lleva al alma a revivirla.<\/p>\n<p>El movimiento contemplativo, paralelamente al de la cualidad, supone una cierta sinton\u00ed\u00ada con la expresi\u00f3n simb\u00f3lica. Quien no tiene ninguna experiencia de la relaci\u00f3n con Dios, dif\u00ed\u00adcilmente puede captar el significado de la expresi\u00f3n simb\u00f3lica \u00absed de Dios\u00bb. Las disposiciones subjetivas son, pues, de suma importancia en la comprensi\u00f3n simb\u00f3lica.<\/p>\n<p>3. LA FUNCI\u00ed\u201cN TRANSFORMANTE &#8211; A trav\u00e9s de la funci\u00f3n representativa aparece claramente el valor original del simbolismo. Mas esto no basta. Para comprender exactamente su importancia en la vida espiritual, lit\u00fargica y m\u00ed\u00adstica, es preciso considerar otra funci\u00f3n, cual es la de transformar la conciencia espiritual; guiada por el dinamismo del s\u00ed\u00admbolo, la conciencia asciende al nivel espiritual y se identifica con el objeto espiritual contemplado.<\/p>\n<p>El fundamento de esta funci\u00f3n transformante se debe reconocer en el hecho de que la actividad simb\u00f3lica se apoya en la continuidad de los diversos niveles de la vida. Si no hubiera en ella una cierta continuidad por medio de la unidad de la conciencia, no se comprender\u00ed\u00ada el dinamismo de la expresi\u00f3n simb\u00f3lica. Ahora bien, semejante continuidad se presupone como fundamento de la unificaci\u00f3n de la conciencia, a la quese orienta la actividad espiritual, la cual se propone someter toda la personalidad a los valores espirituales. Si, efectivamente, al comienzo de la vida espiritual se advierte una cierta oposici\u00f3n entre los diversos niveles vitales (corporal, racional, de fe y de caridad universal), el proyecto espiritual se propone llegar a una conjunci\u00f3n cada vez m\u00e1s estricta de los diversos niveles bajo el primado de la caridad.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, la actividad simb\u00f3lica se nos presenta como un medio privilegiado para llegar a la continuidad y a la unidad vital; cuando el pan se convierte para nosotros en s\u00ed\u00admbolo de la verdadera vida, el hambre corporal es considerada como el s\u00ed\u00admbolo de un hambre m\u00e1s fundamental, y mediante esta consideraci\u00f3n se someten a los valores espirituales los valores biol\u00f3gicos elementales. Por otra parte, la actividad simb\u00f3lica es el signo de una unidad ya operante; efectivamente, como podemos observar en la literatura m\u00ed\u00adstica, el hombre espiritual que ha alcanzado la madurez, se hace capaz de considerar su relaci\u00f3n con el universo de la naturaleza y de las personas mediante su relaci\u00f3n con Dios; su sensibilidad se orienta hacia la vida espiritual; as\u00ed\u00ad se llega a la espiritualizaci\u00f3n de la sensibilidad. En este punto encontramos la doctrina de los sentidos espirituales, ya esbozada en Juan y desarrollada despu\u00e9s por Or\u00ed\u00adgenes y los autores sucesivos. Con la expresi\u00f3n \u00absentidos espirituales\u00bb no nos referimos a nuevas entidades psicol\u00f3gicas, sino a la sensibilidad misma elevada a la dignidad de participante de la vida espiritual.<\/p>\n<p>Podemos prolongar esta perspectiva en dos direcciones.<\/p>\n<p>De un lado, vemos c\u00f3mo la integraci\u00f3n de la conciencia supone una integraci\u00f3n en el ambiente c\u00f3smico natural. O mejor quiz\u00e1: el hombre no puede comprenderse plenamente a s\u00ed\u00ad mismo si no se considera en su relaci\u00f3n con la naturaleza, a la que est\u00e1 tan profundamente vinculado; el s\u00ed\u00admbolo tendr\u00e1 la funci\u00f3n de significar y de actuar la relaci\u00f3n con el mundo de la naturaleza c\u00f3smica. El ejemplo insuperable sigue siendo el de san Francisco de As\u00ed\u00ads en su C\u00e1ntico de las criaturas. Una vez llegado a la simpat\u00ed\u00ada universal mediante una perfecta unificaci\u00f3n de la personalidad, Francisco pod\u00ed\u00ada considerar a todos los elementos naturales en su fraternidad universal, tornando as\u00ed\u00ad la armon\u00ed\u00ada primitiva; y estimaba, por ello, que su C\u00e1ntico pod\u00ed\u00ada servir para aplacar las disensiones entre hermanos enemigos de las ciudades, que se encontraban en guerra continua.<\/p>\n<p>Por otro lado, la unificaci\u00f3n interior lleva a la pacificaci\u00f3n de toda la personalidad, tal como se describe al t\u00e9rmino del C\u00e1ntico espiritual de san Juan de la Cruz. Tambi\u00e9n \u00e9l celebraba mediante su canto la reconciliaci\u00f3n con el mundo entero y la unidad interior reconquistada. La se\u00f1al de esta reconciliaci\u00f3n total es la paz, que repercute tambi\u00e9n en la sensibilidad. \u00abLos cuales (los sentidos) en este estado dice aqu\u00ed\u00ad la esposa que descienden a vista de las aguas espirituales, porque de tal manera est\u00e1 ya en este estado de matrimonio espiritual purificada y en alguna manera espiritualizada la parte sensitiva e inferior del alma, que ella con sus potencias sensitivas y fuerzas naturales se recogen a participar y gozar en su manera de las grandezas espirituales que Dios est\u00e1 comunicando al alma en lo interior del esp\u00ed\u00adritu, seg\u00fan lo dio a entender David cuando dijo: `Mi coraz\u00f3n y mi carne se gozar\u00e1n en Dios vivo&#8217; (Sal 83,3)\u00bb (C\u00e1ntico espiritual, 40,5). A esta meta tiende la vida espiritual seg\u00fan el testimonio de los m\u00ed\u00adsticos.<\/p>\n<p>Esta valorizaci\u00f3n de la sensibilidad humana confiere a la experiencia espiritual una dimensi\u00f3n nueva, aportando a toda la humanidad una riqueza inestimable. Seg\u00fan observan psic\u00f3logos como Jung y Baudouin, nuestra vida moderna se caracteriza por un grave desequilibrio; mientras que los aspectos racionalizantes y t\u00e9cnicos llevan a un exceso de abstracci\u00f3n (reflejado por el lenguaje t\u00e9cnico y filos\u00f3fico), disminuye cada vez m\u00e1s la parte de la sensibilidad y la poes\u00ed\u00ada, con la consecuencia de suscitar reivindicaciones de la sensibilidad; por ejemplo, en el erotismo o en la droga. De ah\u00ed\u00ad que, mediante las actividades que se sirven del simbolismo -es decir, las actividades art\u00ed\u00adsticas-, el hombre moderno deber\u00ed\u00ada ir a la b\u00fasqueda de un mayor equilibrio entre los diversos componentes de su psiquismo. Compete a la actividad simb\u00f3lica establecer un sano equilibrio en favor de la calidad de la vida humana.<\/p>\n<p>No puede decirse que la vida cristiana no se resienta tambi\u00e9n de este predominio del racionalismo; as\u00ed\u00ad se ve en la formaci\u00f3n teol\u00f3gica, demasiado abstracta y orientada a la pura objetividad cient\u00ed\u00adfica. Por su parte, la vida espiritual intenta contrapesar el exceso de racionalismo de la vida cristiana. En la medida en que, gracias a las actividades simb\u00f3licas de la liturgia, del arte sacro, de la expresi\u00f3n po\u00e9tica, etc., el cristiano sea capaz de alcanzar una expresi\u00f3n m\u00e1s concreta y m\u00e1s cercana a la condici\u00f3n encarnada del psiquismo humano, en esta medida asistiremos al logro de un equilibrio afectivo y espiritual.<\/p>\n<p>IV. Simbolismo y vida de fe<br \/>\nSe plantea ahora un \u00faltimo problema: dada la importancia de la realidad simb\u00f3lica en la vida cristiana, \u00bfno existe quiz\u00e1 el peligro de reducir la vida cristiana a la actividad simb\u00f3lica, hasta el punto de olvidar o negar la intervenci\u00f3n divina, que nos comunica una vida sobrenatural irreducible a la natural?<br \/>\nLa respuesta se articula en dos proposiciones: por una parte, los sacramentos cristianos revisten una condici\u00f3n simb\u00f3lica, aunque posean una eficacia propia; y, por otra, la encarnaci\u00f3n del Verbo hace de la vida de Jes\u00fas una manifestaci\u00f3n simb\u00f3lica de la realidad divina.<\/p>\n<p>En los sacramentos no podemos separar, efectivamente, el rito de la palabra, que les confiere plena significaci\u00f3n; estos dos elementos constituyen a los sacramentos, de forma que significan lo que realizan y realizan porque significan. Los gestos y las materias sacramentales pertenecen de jure a su significado y los convierte en ritos simb\u00f3licos de comunicaci\u00f3n de vida divina, expresamente querida y determinada por Dios mismo en Cristo. Desde este punto de vista, la vida lit\u00fargica cristiana crea y mantiene siempre un espacio para la expresi\u00f3n simb\u00f3lica.<\/p>\n<p>El sentido profundo de los sacramentos cristianos est\u00e1 bastante claro; simbolizan los grandes temas de la vida espiritual del hombre: el nacimiento, el crecimiento, el renacimiento espiritual, la alimentaci\u00f3n, la comuni\u00f3n con Dios y con los dem\u00e1s, la purificaci\u00f3n, la curaci\u00f3n y la santificaci\u00f3n de los estados de vida. Ahora bien, estos temas principales son los temas de toda religi\u00f3n; no hay que extra\u00f1arse, por tanto, si la misma estructura simb\u00f3lica determina todos los ritos religiosos. Esto no significa una negaci\u00f3n de lo espec\u00ed\u00adfico de la vida cristiana, que se basa en la intervenci\u00f3n hist\u00f3rica de Dios en Cristo, sino solamente en el arraigo de la vida religiosa en las profundidades de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Sirvi\u00e9ndonos del ejemplo del bautismo, vemos c\u00f3mo se entrelazan los aspectos simb\u00f3licos con su relaci\u00f3n con la historia de la salvaci\u00f3n, de la cual extraen su virtud santificante.<\/p>\n<p>Sumergirse en el agua simboliza el retorno a las aguas m\u00ed\u00adticas portadoras de muerte y de vida y que sugieren la salida del seno materno. A esta significaci\u00f3n universal se a\u00f1ade, sin embargo, la relaci\u00f3n hist\u00f3rica con el misterio pascual de Cristo. El significado del bautismo cristiano no es, pues, tanto el de ser participaci\u00f3n en el rito universal de muerte y resurrecci\u00f3n necesario para recibir una vida nueva, cuanto ser participaci\u00f3n de la muerte y resurrecci\u00f3n de Cristo mediante la adhesi\u00f3n de la fe.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad pues, el significado del bautismo cristiano se enriquece con todos los valores contenidos en el misterio de la incorporaci\u00f3n m\u00ed\u00adstica a Cristo, es decir, con todos los aspectos relacionados con la liberaci\u00f3n del pueblo hebreo, con la lucha contra el enemigo espiritual y con la agregaci\u00f3n al nuevo pueblo de Dios, que es la Iglesia.<\/p>\n<p>En la praxis pastoral, el punto m\u00e1s delicado de la catequesis sacramental consiste en hacer comprender el valor simb\u00f3lico de los signos queridos por Cristo. Al presente, este valor no lo perciben ya inmediatamente muchos contempor\u00e1neos nuestros, que sufren la influencia de la civilizaci\u00f3n t\u00e9cnica. Resulta por ello necesario adquirir una cierta cultura b\u00ed\u00adblica, que haga comprender el significado simb\u00f3lico de los ritos. Lo que se dice del bautismo, que hemos analizado, apl\u00ed\u00adquese tambi\u00e9n a los dem\u00e1s sacramentos; es preciso percibir en ellos el sentido simb\u00f3lico, fundado ya sea en el significado natural de los signos, ya en su significado propio dentro de la historia de la salvaci\u00f3n.<\/p>\n<p>La actividad sacramental no agota la funci\u00f3n simb\u00f3lica de la vida cristiana. Es preciso, en efecto, tener en cuenta la actividad contemplativa, centrada en la meditaci\u00f3n de la persona y del mensaje de Cristo. Ahora bien, seg\u00fan lo demuestra la praxis de la Iglesia, la contemplaci\u00f3n de Cristo supone la percepci\u00f3n de la presencia de Dios en la humanidad de Jes\u00fas. Seg\u00fan la frase del evangelio de san Juan: \u00abEl que me ha visto a m\u00ed\u00ad. ha visto al Padre\u00bb (14,9), Jes\u00fas afirma que es la manifestaci\u00f3n de Dios Padre, y por ello lo podemos considerar como s\u00ed\u00admbolo de Dios. No es que neguemos en modo alguno la realidad hist\u00f3rica del Verbo de Dios encarnado; m\u00e1s bien queremos insistir en el hecho de que en su vida concreta Jes\u00fas de Nazaret es siempre s\u00ed\u00admbolo de una realidad distinta de la que vemos; \u00e9l revela al Padre, su poder, su bondad, su misericordia, etc.<\/p>\n<p>De una forma misteriosa, al contemplar la vida de Jes\u00fas en sus diversos misterios, entramos mediante la fe en la percepci\u00f3n de la presencia activa del Padre, que se revela como sabidur\u00ed\u00ada, vida, luz y amor. Jes\u00fas se ha transformado para nosotros en el \u00fanico camino que conduce a la verdadera vida.<\/p>\n<p>Siendo Cristo plenitud de la revelaci\u00f3n del Padre y medio de la comunicaci\u00f3n de vida divina, todos los aspectos de nuestra vida espiritual encuentran su justa expresi\u00f3n en \u00e9l. En consecuencia, todos los s\u00ed\u00admbolos que expresaban la realidad espiritual prometida y deseada bajo la antigua alianza adquieren en Cristo un cumplimiento nuevo: la vi\u00f1a de Yahv\u00e9, la luz de la ley, el pastor, etc. Por otra parte, los s\u00ed\u00admbolos que expresan el deseo de la vida eterna se enlazan en Cristo con los s\u00ed\u00admbolos antiguos: el banquete, la ciudad santa, el para\u00ed\u00adso. Seg\u00fan la expresi\u00f3n de Juan, siendo el cuerpo de Cristo resucitado el templo verdadero, en \u00e9l se manifiesta toda la gloria de Dios que resplandec\u00ed\u00ada en el templo de Jerusal\u00e9n.<\/p>\n<p>En Cristo, el s\u00ed\u00admbolo es verdad: \u00abYo soy el camino, la verdad y la vida\u00bb (Jn 14,6).<\/p>\n<p>Ch. A. Bernard<br \/>\nBIBL.-AA. VV.. Simbolismo, sentido y realidad, Consejo Superior de Investigaciones Cient\u00ed\u00adficas, Madrid 1979.-Azcuy, E. A. Arquetipos y s\u00ed\u00admbolos celestes, B. Aires 1976.-Cassirer, E, Esencia y efecto del concepto de s\u00ed\u00admbolo, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, M\u00e9xico 1975.-Eliade, M, Im\u00e1genes y s\u00ed\u00admbolos. Ensayos sobre el simbolismo m\u00e1gico-religioso, Taurus, Madrid 1 955.-Guen\u00f3n, R, S\u00ed\u00admbolos fundamentales de la ciencia sagrada, Edil. Universitaria. B. Aires 1976.-Jim\u00e9nez, J. O, El simbolismo, Taurus, Madrid 1979.-Jung, C. G. El hombre y sus s\u00ed\u00admbolos, Caralt, Barcelona 1981.-Mulago, V. Simbolismo religioso africano: estudio comparativo con el sacramentalismo cristiano, Ed. Cat\u00f3lica. Madrid 1979.-Rosa de Luna, M, El simbolismo de las religiones del mundo y el problema de la fidelidad. Comentarios a \u00abla doctrina secreta\u00bb, de H. P. Blavatsky, Eyras, Madrid 1977.-Urech, E. Dictionnaire des symboles chr\u00e9tiens, Delachaux et Niestl\u00e9. Neuch\u00e1tel 1972.-V\u00e9ase bibl. de la voz Artista.<\/p>\n<p>S. de Fiores &#8211; T. Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: Introducci\u00f3n: El lenguaje simb\u00f3lico &#8211; I. Los s\u00ed\u00admbolos fundamentales: 1. Los arquetipos simb\u00f3licos; 2. Los s\u00ed\u00admbolos personalizados; 3. Las determinaciones particulares del s\u00ed\u00admbolo &#8211; II. S\u00ed\u00admbolos b\u00ed\u00adblicos: 1. Premisa; 2. La convergencia de los s\u00ed\u00admbolos en Si\u00f3n-Jerusal\u00e9n: a) Si\u00f3n-ciudad, b) Si\u00f3n-mujer; 3. Las grandes constelaciones simb\u00f3licas: a) La dominante de la verticalidad, b) La &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/simbolos-espirituales\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSIMBOLOS ESPIRITUALES\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17110","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17110","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17110"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17110\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17110"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17110"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17110"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}