{"id":17111,"date":"2016-02-05T11:08:35","date_gmt":"2016-02-05T16:08:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/trabajador\/"},"modified":"2016-02-05T11:08:35","modified_gmt":"2016-02-05T16:08:35","slug":"trabajador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/trabajador\/","title":{"rendered":"TRABAJADOR"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Situaci\u00f3n laboral: 1. Desempleo; 2. Distribuci\u00f3n de los activos; 3. Emigraci\u00f3n; 4. Trabajo femenino; 5. Reivindicaci\u00f3n; 6. Cualificaci\u00f3n trabajadora &#8211; II. Para una teologia del trabajo: 1. La aportaci\u00f3n tradicional; 2. Teolog\u00ed\u00ada del trabajo a la luz del Va[. II: 3. Otro paso hacia adelante &#8211; III. Hacia una espiritualidad del trabajo: 1. De la espiritualidad de la intenci\u00f3n a la espiritualidad del compromiso; 2. Espiritualidad encarnada en la exigencia de vivir hasta el fondo la profesi\u00f3n; 3. Espiritualidad del compromiso de humanizar el trabajo y las estructuras productivas &#8211; IV. Tipolog\u00ed\u00ada de una espiritualidad de los trabajadores: 1. La espiritualidad en el trabajo industrial: a) Actitudes espirituales del trabajador de f\u00e1brica, b) Espiritualidad del trabajador de cadenas de montaje, c) Espiritualidad laica de los trabajadores comprometidos en el movimiento obrero de inspiraci\u00f3n marxista. d) Espiritualidad de los trabajadores de inspiraci\u00f3n cristiana; 2. Espiritualidad de los trabajadores del campo: a) Los comportamientos dominantes en la civilizaci\u00f3n campesina, b) Los valores presentes, c) La visi\u00f3n del mundo; 3. Espiritualidad de los trabajadores dedicados a servicios y de los trabajadores aut\u00f3nomos &#8211; V. Para una pastoral de la espiritualidad del trabajo: 1. Conflictos, oscuridades y tentaciones en el impacto con el proceso hist\u00f3rico conflictivo: a) Dificultad de los trabajadores cristianos para armonizar su espiritualidad con sus compromisos sociales hist\u00f3ricos. b) Tensiones peculiares en los sacerdotes obreros; 2. Compromisos eclesiales de inculturaci\u00f3n cristiana y acci\u00f3n pastoral en el mundo de los trabajadores.<\/p>\n<p>Acercarse al mundo del trabajo es tomar contacto con las primeras palabras que Dios confi\u00f3 a los hombres y con una de las separaciones m\u00e1s dolorosas entre esos dos protagonistas del mundo: Dios, el primer alfarero, y el hombre, el primer cacharro. En cinco grandes apartados, l\u00f3gicamente estructurados, deseamos aportar un an\u00e1lisis y una palabra a este mundo concreto del trabajo, un mundo del que nadie debe escapar y en el que siempre tenemos que aprender a movernos con creciente espontaneidad y sentido, tarea bastante complicada con visos dram\u00e1ticos para muchas personas. Cada tiempo tiene que afrontar este mundo desde perspectivas y en situaciones nuevas, por m\u00e1s que le sea dif\u00ed\u00adcil vencer la resaca de tiempos pasados, resaca que no puede olvidarse, pero que tampoco puede prevalecer sobre visiones m\u00e1s actualizadas.<\/p>\n<p>I. Situaci\u00f3n laboral<br \/>\nCualquier reflexi\u00f3n cristiana, si no quiere ser ilusa y alienante, debe realizarse sobre la base del conocimiento de la problem\u00e1tica real. La sociolog\u00ed\u00ada debe preceder tambi\u00e9n a la teolog\u00ed\u00ada y a la espiritualidad. Por otra parte, sin embargo, quiz\u00e1 no debamos apurar exageradamente los datos sociol\u00f3gicos pormenoriz\u00e1ndolos hasta el extremo, ya que \u00e9stos son muy cambiantes en escaso margen de tiempo y la puntillosidad tampoco aqu\u00ed\u00ad ser\u00ed\u00ada buena. Una cosa es el realismo y la concreci\u00f3n, y otra muy distinta es la casu\u00ed\u00adstica. Sobre la base de esta \u00faltima es muy dif\u00ed\u00adcil trabajar con perspectivas. La primera es base fundamental.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed\u00ad, como paso inicial, nos interesa captar las grandes l\u00ed\u00adneas de la actual problem\u00e1tica laboral. Sobre ella se alzar\u00e1 posteriormente la reflexi\u00f3n adecuada.<\/p>\n<p>Creemos que las grandes l\u00ed\u00adneas de esta problem\u00e1tica pueden ser las siguientes:<\/p>\n<p>1. DESEMPLEO &#8211; Es, quiz\u00e1, hoy el problema fundamental y b\u00e1sico. Ata\u00f1e a su misma ra\u00ed\u00adz. Sin trabajo no hay trabajadores. Por otra parte, incide en la persona, en la familia y en la sociedad humana.<\/p>\n<p>Ciertos niveles de desempleo son \u00abnecesarios\u00bb en cualquier sistema para que no se produzcan estrangulamientos. Hoy, sin embargo, es un drama en la mayor parte del mundo, drama que es sufrido m\u00e1s conscientemente en lospa\u00ed\u00adses m\u00e1s desarrollados, dada su formaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Del 1,5 por 100 de desempleo en tiempos de desarrollo (en la d\u00e9cada de los a\u00f1os sesenta) se est\u00e1 pasando al 10 por 100, superado en muchas naciones con un porcentaje bastante superior (s\u00f3lo por poner dos ejemplos, digamos que Espa\u00f1a llega ya al 14 por 100 y Chile al 24 por 100). Este problema se presenta con caracter\u00ed\u00adsticas particulares all\u00ed\u00ad donde -como &#8216;en Espa\u00f1a- la tasa de actividad es baja, ya que existe una clara tendencia a elevarse. Hasta 1975 Espa\u00f1a ha tenido s\u00f3lo un 37,8 por 100 de su poblaci\u00f3n laboralmente activa.<\/p>\n<p>La problem\u00e1tica moral del desempleo es radical. Las encuestas afirman que un 96 por 100 de los parados sufren trastornos biol\u00f3gicos y ps\u00ed\u00adquicos. La persona se destroza. La frustraci\u00f3n aumenta, sobre todo entre los j\u00f3venes, y su fuerza, a\u00fan bruta y con ganas de salir al exterior, busca otros cauces, incluso violentos y de crimen.<\/p>\n<p>2. DISTRIBUCI\u00ed\u201cN DE LOS ACTIVOS &#8211; Espa\u00f1a conoci\u00f3 una fuerte ruralizaci\u00f3n despu\u00e9s de la guerra civil del 36. Comienza a descender s\u00f3lo en los a\u00f1os cincuenta, pero ya inexorablemente. Los a\u00f1os sesenta resultan casi espectaculares. Afecta a 1.400.000 agricultores activos.<\/p>\n<p>El impacto cultural no es id\u00e9ntico en unos trabajadores y en otros, como veremos despu\u00e9s. Esto es preciso tenerlo en cuenta. Y hay que tener tambi\u00e9n en cuenta que pueda estarse dando, aunque lentamente y sin grandes perspectivas de futuro, un fen\u00f3meno particular: dado que hoy el desempleo es particularmente fuerte en la industria -que tanta mano de obra agr\u00ed\u00adcola hab\u00ed\u00ada absorbido-, quiz\u00e1 estos obreros industriales tengan que reconvertirse en obreros del campo. Y si el paso del campo a la ciudad no se hizo sin cierto trauma, el paso de la ciudad al campo se har\u00e1 -si es que se hace- con un trauma mucho mayor, no s\u00f3lo para el trabajador, sino para todos los que de \u00e9l dependen.<\/p>\n<p>3. EMIGRACI\u00ed\u201cN &#8211; El factor laboral es el que m\u00e1s motiva y mejor explica el fen\u00f3meno de la emigraci\u00f3n. Quienes emigran lo hacen fundamentalmente por cuestiones de trabajo.<\/p>\n<p>La emigraci\u00f3n, tanto interior como exterior, plantea un importante problema de arraigo y desarraigo cultural, humano y religioso. No todos, ni siquiera una parte significativa, son capaces de asumir la nueva situaci\u00f3n. Con el agravante de que en una familia, o en el c\u00ed\u00adrculo m\u00e1s amplio en que se ha desarrollado la propia existencia, en la medida en que unos van asimilando el nuevo ambiente y otros no. se van abriendo grietas de convivencia y mentalidad importantes. Todo ello puede perturbar los sentimientos y las relaciones m\u00e1s profundas del hombre y crear una atm\u00f3sfera en la que se haga particularmente dificil vivir conforme a una escala de valores determinada, sea antigua o moderna.<\/p>\n<p>4. TRABAJO FEMENINO &#8211; Es tambi\u00e9n un fen\u00f3meno que tiene lugar en los \u00faltimos cincuenta a\u00f1os (menos en muchos lugares). En Espa\u00f1a, hasta hace poco, la tasa de actividad femenina era baj\u00ed\u00adsima. Pero se eleva r\u00e1pidamente. La entrada de la mujer en la vida p\u00fablica aceptando como normal una actividad extradom\u00e9stica y la preparaci\u00f3n a tales efectos permite, y casi exige, que las condiciones femeninas de vida apenas si se parecen a las de hace unos a\u00f1os y que las cosas se vayan homogeneizando.<\/p>\n<p>Hoy pocos ser\u00e1n los que quieran reducir a la mujer a su tarea de madre y dom\u00e9stica. Aqu\u00ed\u00ad creemos que este acceso a la vida p\u00fablica es fundamental. Pero no es \u00e9tica lo que aqu\u00ed\u00ad deseamos hacer, sino s\u00f3lo sociolog\u00ed\u00ada, captando aquellas realidades m\u00e1s palpables, que ponen innegables problemas a todo el que reflexiona sobre los trabajadores de nuestros d\u00ed\u00adas.<\/p>\n<p>5. REIVINDICACI\u00ed\u201cN &#8211; El trabajo, y sobre todo la inserci\u00f3n -socialmente necesaria- en la \u00abcondici\u00f3n obrera\u00bb (sindicatos, etc.), introduce a los trabajadores en una visi\u00f3n del hombre, de la sociedad, de la historia, del mundo mismo del trabajo que no es f\u00e1cilmente asimilable. Crea tambi\u00e9n la posibilidad, y hasta la necesidad, de tomar conciencia de su quehacer y su responsabilidad, de las relaciones humanas, de las condiciones de existencia, de los oscuros intereses humanos.<\/p>\n<p>6. CUALIFICACI\u00ed\u201cN TRABAJADORA &#8211; En Espa\u00f1a, hasta 1964, el trasvase de la mano de obra agr\u00ed\u00adcola al sector industrial fue muy alto. Fue un tiempo de cambio laboral que asum\u00ed\u00ada a cualquier tipo de trabajador. Posteriormente, la asunci\u00f3n de la mano de obra no fue tan indiscriminada; fue mucho m\u00e1s cualificada. Y lo mismo sucedi\u00f3 en el sector servicio: hubo un tiempo en que la colocaci\u00f3n apenas precisaba una especializaci\u00f3n. Con el tiempo \u00e9sta se fue haciendo m\u00e1s necesaria e imprescindible. Es este un factor cultural no indiferente para la captaci\u00f3n de la problem\u00e1tica laboral y la reacci\u00f3n ante la misma. No es un cualquiera el que se encuentra en el mundo del trabajo; es una persona que sabe lo que se trae entre manos. Con la cultura se le han abierto los ojos, sabe el terreno que pisa, las posibilidades que tiene, las distorsiones que le pueden destruir, etc.<\/p>\n<p>Este es. a grandes rasgos, el panorama laboral universal, y concretamente el espa\u00f1ol. \u00bfPuede la espiritualidad aportar una palabra que sea v\u00e1lida para configurar a este trabajador?<br \/>\nII. Para una teolog\u00ed\u00ada del trabajo<br \/>\nLa espiritualidad se ha adelantado a la teolog\u00ed\u00ada en la preocupaci\u00f3n moderna por el trabajo, y quiz\u00e1 esto no haya sido conveniente. Porque esa espiritualidad podr\u00ed\u00ada haber estado descolgada de una base teol\u00f3gica adecuada y con ello haber sido negativa, incapaz de responder a las preguntas que se hace el trabajador desde lo m\u00e1s profundo de su experiencia.<\/p>\n<p>Afortunadamente, en nuestros d\u00ed\u00adas la teolog\u00ed\u00ada se ha preocupado seriamente de buscar un sentido al trabajo. Por eso vamos a comenzar por las l\u00ed\u00adneas teol\u00f3gicas del trabajo. Al mismo tiempo, a base de un breve recorrido hist\u00f3rico, podremos captar las diferencias entre nuestro tiempo y los que nos han precedido, diferencias que servir\u00e1n para juzgar nuestro pasado, y sobre todo para no enfrentar al presente con lo que de caduco pueda tener la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de otros momentos.<\/p>\n<p>1. LA APORTACI\u00ed\u201cN TRADICIONAL &#8211; El an\u00e1lisis atento de las mejores obras existentes sobre la historia de la espiritualidad cristiana revela notables lagunas y estudios insuficientes precisamente en la fundamentaci\u00f3n teol\u00f3gica de la espiritualidad del trabajo. En efecto, falta en dichas obras un estudio detenido del paralelo entre la espiritualidad activista y la contemplativa, entre la mon\u00e1stica y la laical, que, sin embargo, recorre toda la historia del mundo cristiano y su confrontaci\u00f3n con el trabajo. Igualmente faltan las indicaciones relativas a las diferencias que existen, tambi\u00e9n en cuesti\u00f3n de espiritualidad del trabajo, en el Occidente y en el Oriente, entre las iglesias reformadas y la iglesia romana. En esta tradici\u00f3n tan compleja y diferenciada pueden, sin embargo, identificarse unos cuantos denominadores comunes, entre los cuales destaca en primer lugar la ambivalencia del trabajo. En efecto, se lo entiende unas veces como servicio hecho a Dios y autopromoci\u00f3n del hombre que lo realiza -no tanto en s\u00ed\u00ad mismo como en su valor asc\u00e9tico y en las posibilidades que abre a la acci\u00f3n caritativa con los indigentes-, y otras veces como arena movediza en la que el hombre se hunde. Esta perspectiva l\u00f3gica se alimenta de la representaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica -hoy bastante estudiada exeg\u00e9ticamente- de Dios que trabaja, tanto en su obra creadora como redentora, y del hombre imago Dei, a quien desde el principio, con anterioridad a toda desviaci\u00f3n culpable, se le conf\u00ed\u00ada la noble tarea de llevar a t\u00e9rmino la creaci\u00f3n, en sinton\u00ed\u00ada con el plan divino de salvaci\u00f3n (incluso c\u00f3smico). La tradici\u00f3n ha dado especial relieve al car\u00e1cter penoso del trabajo, que, como consecuencia del pecado, resulta de una alteraci\u00f3n en la relaci\u00f3n hombre-naturaleza, alteraci\u00f3n debida a su vez a la ruptura m\u00e1s profunda de la relaci\u00f3n hombre-Dios y hombre-hombre.<\/p>\n<p>En las inculturaciones cristianas influidas por el platonismo, se ha acentuado intensamente el aspecto penoso del trabajo, expresado etimol\u00f3gicamente en las mismas palabras que lo significan tambi\u00e9n en las lenguas modernas. Las primeras comunidades cristianas, aunque son instadas a la laboriosidad, no demuestran mucho aprecio por el trabajo fuera de la \u00f3ptica que ve en \u00e9l el medio necesario para ganarse la vida, alcanzar la autosuficiencia y, en particular, para poder ayudar al pr\u00f3jimo necesitado.<\/p>\n<p>Demasiado conocidas para que tengamos que recordarlas aqu\u00ed\u00ad son las actitudes de los Padres de la Iglesia sobre las relaciones econ\u00f3micas y su firme condena de las actividades que se ejercen s\u00f3lo por el af\u00e1n de ventajas individualistas y para una apropiaci\u00f3n de los bienes cercados con una \u00abalambrada\u00bb, ignorando las necesidades ajenas, decididamente contraria a la comunidad de bienes, que corresponde al designio primitivo de Dios, el cual desea que todos losbienes sean comunes, y el ejemplo de la primera comunidad apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>A pesar de los fuertes residuos culturales de car\u00e1cter dualista de inspiraci\u00f3n plat\u00f3nica, tambi\u00e9n las tradiciones mon\u00e1sticas ven en el trabajo, unido -con una dial\u00e9ctica del et&#8230; et&#8230;- a la oraci\u00f3n. un medio de perfecci\u00f3n y de santificaci\u00f3n personal, adem\u00e1s del camino real para permanecer en la autosuficiencia del pobre que vive exclusivamente del fruto de su trabajo.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, a pesar de algunas importantes reflexiones de car\u00e1cter teol\u00f3gico elaboradas en el per\u00ed\u00adodo medieval, la espiritualidad cristiana tradicional, tanto mon\u00e1stica como laical, no logr\u00f3, especialmente en el momento de crisis (cuando al romperse la unidad del mundo feudal, se pas\u00f3 de la econom\u00ed\u00ada est\u00e1tica y cortesana a la din\u00e1mica moderna), comprender adecuadamente el car\u00e1cter revolucionario de esa transici\u00f3n. percibir la l\u00f3gica interna del nuevo sistema que se iba fraguando, ni inculturar, modific\u00e1ndolas, las perspectivas del pasado en el nuevo clima, a fin de estimular una cr\u00ed\u00adtica positiva de las nuevas relaciones hombre-naturaleza, hombre-estructuras sociales&#8217;. No se hab\u00ed\u00ada dado con las bases fundamentales de la espiritualidad del trabajo, bases que estaban ocultas en una teolog\u00ed\u00ada a\u00fan no descubierta en filones fundamentales.<\/p>\n<p>2. TEOLOG\u00ed\u008dA DEL TRABAJO A LA LUZ DEL VAT. II &#8211; Las premisas para una reflexi\u00f3n teol\u00f3gica m\u00e1s coherente, articulada y abierta, como base de una espiritualidad del trabajo distinta, sobre todo para el laicado, que est\u00e1 directamente actuando en los m\u00e1s diversos campos de la actividad profesional, deben verse -a partir del siglo pasado- en la vigorosa reacci\u00f3n de la teolog\u00ed\u00ada b\u00ed\u00adblica y en la doctrina social de los papas, fruto y estimulo de nuevos fermentos te\u00f3rico-pr\u00e1cticos presentes en el mundo cristiano.<\/p>\n<p>Sin embargo, el inter\u00e9s teol\u00f3gico por el trabajo, entendido como factor esencial en la formaci\u00f3n de nuestra vida y elemento fundamental de la cultura, es relativamente reciente. En efecto, alrededor de los a\u00f1os cincuenta es cuando madura en las obras teol\u00f3gicas de autores prestigiosos, sobre todo de lengua francesa (por ejemplo, Chenu -el m\u00e1s importante, sin duda-, Teilhard de Chardin, Congar), que dejaron sentir su peso y su influencia en los documentos del Vat. II relativos a la espiritualidad laical y a la valoraci\u00f3n positiva de la actividad humana y cristiana en el mundo.<\/p>\n<p>La reflexi\u00f3n conciliar sobre el trabajo aparece inserta en una nueva eclesiolog\u00ed\u00ada, que comprende unas nuevas relaciones entre la Iglesia y el mundo, el hombre y la naturaleza. La tradicional y dominante \u00abespiritualidad de la huida\u00bb se ve sustituida por una espiritualidad \u00abencarnada\u00bb, esto es, basada en el compromiso en el mundo (AA 4 y 7); la \u00e9tica de car\u00e1cter fuertemente individualista y privatizada queda reemplazada por una orientaci\u00f3n moral que destaca los compromisos sociales del cristiano (GS 30). El valor de la actividad humana y las leg\u00ed\u00adtimas autonom\u00ed\u00adas del obrar econ\u00f3mico y pol\u00ed\u00adtico encuentran reconocimiento amplio y significativo (GS 34 y 36). El trabajo humano, incluso el m\u00e1s humilde, dentro de una sugestiva perspectiva c\u00f3smica -de inspiraci\u00f3n teilhardiana y con fuerte colorido optimista- queda relacionado con la obra creadora y redentora, y plenamente reintegrado al horizonte de la salvaci\u00f3n individual e hist\u00f3rica (GS 76). De esta forma caen, al menos en la l\u00ed\u00adnea conceptual y program\u00e1tica, las antiguas contraposiciones dualistas entre la vida contemplativa y la activa, y se abre la posibilidad de una nueva visi\u00f3n de las relaciones hombre-naturaleza, hombre-t\u00e9cnica y hombre-hombre. En la perspectiva conciliar, la persona que trabaja -y trabaja t\u00e9cnicamente, aprovechando todas las aportaciones de la ciencia aplicada a la industria- tiende a configurarse como demiurgo de la naturaleza, de la que Dios no se muestra celoso. En efecto, entra dentro de la voluntad de Dios que el hombre con sus m\u00faltiples actividades lleve a t\u00e9rmino su plan de salvaci\u00f3n, creativo y redentivo al mismo tiempo, autorrealiz\u00e1ndose en el trabajo y simult\u00e1neamente socializ\u00e1ndose, esto es, descubriendo el valor del otro y el compromiso del amor y de la justicia respecto a la comunidad, a cuyo servicio est\u00e1 tambi\u00e9n orientado el trabajo. En este triple aspecto teol\u00f3gico del trabajo -cumplimiento del plan salv\u00ed\u00adflco y, consiguientemente, servicio de Dios y de su reino, autor-realizaci\u00f3n de la persona y servicio de la comunidad en el descubrimiento de la unidad y de la solidaridad a trav\u00e9s de la relaci\u00f3n del trabajo-, encuentra su fundamento una nueva \u00e9tica del trabajo que, exaltando la justicia y el amor \u00abpol\u00ed\u00adtico\u00bb, abre el camino a una nueva espiritualidad profesional.<\/p>\n<p>3. OTRO PASO HACIA ADELANTE &#8211; Tras estas profundas sugerencias de los documentos conciliares y el examen atento de las situaciones que caracterizan la condici\u00f3n actual de los trabajadores, se fueron articulando diversas perspectivas teol\u00f3gicas que, movi\u00e9ndose dentro del \u00e1mbito de la teolog\u00ed\u00ada de las realidades terrenas, han subrayado con viveza la dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica de la fe y la necesidad de una teolog\u00ed\u00ada que parta del compromiso de la liberaci\u00f3n y encuentre en \u00e9l su banco de pruebas; se trata, en particular, de las teolog\u00ed\u00adas de la praxis y de la liberaci\u00f3n. Realmente, estas teolog\u00ed\u00adas, aunque no presenten aportaciones especificas a la teolog\u00ed\u00ada espiritual del trabajo, permiten, sin embargo, corregir las tonalidades, a veces demasiado optimistas, de las m\u00ed\u00adsticas del trabajo elaboradas dentro del ambiente exultante de la GS, y favorecen una espiritualidad de la profesi\u00f3n en sinton\u00ed\u00ada con las inspiraciones conciliares, pero m\u00e1s atenta a las instancias que brotan de los an\u00e1lisis psicosociol\u00f3gicos de la condici\u00f3n actual de los trabajadores. Mientras que en los a\u00f1os sesenta las teolog\u00ed\u00adas del progreso afirmaban que, independientemente de las intenciones subjetivas y de las condiciones ambientales, cada uno de los actos dirigidos a la humanizaci\u00f3n de la naturaleza y a su racionalizaci\u00f3n entraba por eso mismo en la construcci\u00f3n del reino de Dios y deb\u00ed\u00ada, por tanto, considerarse como soteriol\u00f3gico, las teolog\u00ed\u00adas de la praxis se muestran mucho m\u00e1s cautas en la exaltaci\u00f3n del car\u00e1cter lineal del progreso y en su asimilaci\u00f3n a la din\u00e1mica del reino de Dios. Aun sin olvidar los aspectos positivos del trabajo, estas nuevas orientaciones teol\u00f3gicas subrayan las influencias negativas de las condiciones generales dentro de las que se desarrolla la actividad laboral, las cuales no permiten ni la autoperfecci\u00f3n del trabajador ni el servicio real a la comunidad; en su cr\u00ed\u00adtica al sistema neocapitalista encuentran las teolog\u00ed\u00adas de la praxis un denominador com\u00fan&#8217;.<\/p>\n<p>III. Hacia una espiritualidad del trabajo<br \/>\nSeg\u00fan lo que precede, una aut\u00e9ntica espiritualidad del trabajo parece que no puede prescindir de una actitud de fondo que ponga en cuesti\u00f3n aquellos sistemas sociales que determinan o favorecen sumisiones y alienaciones erecientes en el mundo del trabajo dependiente (tanto del obrero como del empleado), desequilibrios y desniveles econ\u00f3mico-sociales en las \u00e1reas nacionales o internacionales (subdesarrollos funcionales respecto a las zonas privilegiadas), imperialismos de las superpotencias nacionales y econ\u00f3micas (empresas multinacionales), tremendos deterioros ecol\u00f3gicos en todos los niveles. Los \u00abc\u00ed\u00adrculos diab\u00f3licos de la muerte\u00bb&#8216; van unidos al mundo del trabajo, no bien comprendido y ego\u00ed\u00adstamente explotado. Creeemos que una espiritualidad del trabajo debe fundamentarse gen\u00e9ricamente sobre las bases siguientes:<\/p>\n<p>1. DE LA ESPIRITUALIDAD DE LA INTENCI\u00ed\u201cN A LA ESPIRITUALIDAD DEL COMPROMISO<br \/>\n&#8211; Las nuevas perspectivas teol\u00f3gicas a que hemos aludido se muestran muy cr\u00ed\u00adticas frente a una espiritualidad que intenta recuperarlo todo en el plano de la pureza intencional, aceptando sin discusi\u00f3n las condiciones de trabajo, las jerarqu\u00ed\u00adas de las profesiones y la organizaci\u00f3n econ\u00f3mico-social en cuyo \u00e1mbito se articulan. Una espiritualidad de la intenci\u00f3n no puede transformar en oro lo que no es m\u00e1s que plomo; la moral de todos los tiempos ha reconocido siempre que ciertos tipos de \u00abtrabajo\u00bb o \u00abprofesiones\u00bb, objetivamente inmorales, no pueden ser rescatados por ning\u00fan proceso o alquimia subjetiva. ya que son incompatibles con la dignidad humana y deben ser rechazados decididamente para la convivencia pac\u00ed\u00adfica y ordenada.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n en otras actividades laborales, que no persiguen fines morales, se plantea el mismo problema cuando presentan graves aspectos alienantes. Tal es el caso de las situaciones de trabajo dependiente, que examinaremos m\u00e1s detenidamente despu\u00e9s; de las profesiones que est\u00e1n estrechamente en funci\u00f3n de un sistema opresivo que favorece o incrementa esas alienaciones, o sea actividades t\u00e9cnicas de alto nivel (tecn\u00f3cratas, investigadores cient\u00ed\u00adficos, directivos). No parece ya suficiente una espiritualidad de la intenci\u00f3n subjetiva pura bajo el aspecto humano y cristiano, cuando queda separada del compromiso efectivo, individual y comunitario, de la humanizaci\u00f3n del ambiente laboral y de la superaci\u00f3n de las matrices de que se alimenta la alienaci\u00f3n injusta, la primera de las cuales es, sin duda, el mismo paro. En efecto, m\u00e1s all\u00e1 de toda buena intenci\u00f3n subjetiva, las tareas profesionales se presentan cada vez menos como un momento de autopromoci\u00f3n del trabajador y de servicio a los hermanos. Representan, por el contrario, un tributo necesario que hay que pagar a las centrales del poder, que lo utilizan para conservar sus ventajas y sus privilegios. Por consiguiente, una espiritualidad aut\u00e9ntica parece estar llamada a interiorizar aquellos valores de fondo y aquellas orientaciones morales que, adem\u00e1s de corresponder a las exigencias de la propia vocaci\u00f3n cristiana y al servicio de Dios en los dem\u00e1s, permiten llevar hasta el fondo, en sinton\u00ed\u00ada con la l\u00f3gica de la encarnaci\u00f3n, todas las posibilidades positivas del trabajo que se desarrolla y liberarlo progresivamente de las alienaciones que lo condicionan negativamente.<\/p>\n<p>2. ESPIRITUALIDAD ENCARNADA EN LA EXIGENCIA DE VIVIR HASTA EL FONDO LA PROFESI\u00ed\u201cN &#8211; La exigencia m\u00e1s palpable en la actualidad en la deontolog\u00ed\u00ada profesional y en una espiritualidad no evasiva del trabajo es ante todo la de no salir fuera, la de no escaparse del ambiente del propio compromiso laboral, sino vivirlo hasta el fondo en lo que es. desarrollando hasta el m\u00e1ximo las posibilidades de autoperfeccionamiento y de servicio (a Dios y a los dem\u00e1s) que \u00e9l contiene. Esto supone, ante todo, una exigencia de empe\u00f1o, de seriedad, de competencia. En segundo lugar, pide una visi\u00f3n clara de la dimensi\u00f3n social y pol\u00ed\u00adtica de la propia profesi\u00f3n, una profundizaci\u00f3n de las implicaciones que hay entre las opciones realizadas en el \u00e1mbito de la propia profesi\u00f3n y el bien general de la sociedad, una atenta confrontaci\u00f3n entre las diversas escalas de valores, a saber, entre la \u00e9tica profesional y la \u00e9tica familiar, la aspiraci\u00f3n a ganar m\u00e1s y el compromiso de vivir con los dem\u00e1s y para los dem\u00e1s dentro de la \u00f3ptica de las bienaventuranzas y de la cruz\u00bb.<\/p>\n<p>3. ESPIRITUALIDAD DEL COMPROMISO DE HUMANIZAR El. TRABAJO Y LAS ESTRUCTURAS PRODUCTIVAS &#8211; El que entra en la l\u00f3gica de vivir hasta el fondo su propio trabajo no puede menos de interiorizar la exigencia de convertirlo en una realidad personal y personalizante, superando las angustias de una actividad muchas veces vulgar y humillante. Pero al buscar este objetivo, el trabajador no tarda en darse cuenta de que su actividad no podr\u00e1 convertirse en factor de humanizaci\u00f3n, promoci\u00f3n y liberaci\u00f3n del individuo y de la comunidad si no se realizan cambios profundos en la estructura productiva y de sociedad. Cualquier buena intenci\u00f3n de descubrir en el propio trabajo una fuente de autorrealizaci\u00f3n y de servicio a los hermanos est\u00e1 destinada a quedarse en un buen deseo in\u00fatil en la mayor\u00ed\u00ada de los casos, si no encuentra su epifan\u00ed\u00ada en una serie de compromisos sindicales y pol\u00ed\u00adticos concretos -cosa nada f\u00e1cil, como record\u00e1bamos al principio-, dirigidos a modificar las estructuras productivas en sentido humano y comunitario, dignificando el mundo del trabajo que otros quieren convertir en permanente esclavitud barata: la espiritualidad del trabajo dependiente, para ser aut\u00e9ntica, tiene que desembocar en un esfuerzo com\u00fan que intente abrir canales de participaci\u00f3n al mundo de los obreros y de los empleados, y de los que \u00e9stos no deben huir, impregn\u00e1ndolos de una alta inspiraci\u00f3n \u00e9tica&#8217;; adem\u00e1s, huyendo de la tentaci\u00f3n (tan frecuente en la chistoria de la espiritualidad cristiana) de separar la vida espiritual de la vida social real \u00ab. estimula a asumir toda la densidad conflictiva del mundo real y a enfrentarse tambi\u00e9n con los problemas m\u00e1s generales de la convivencia civil, incluidos los de las reformas estructurales e institucionales, sin las cuales las condiciones de trabajo seguir\u00ed\u00adan siendo continuamente graves y precarias. Vivir las dimensiones sociales y pol\u00ed\u00adticas del propio trabajo significa participar del compromiso socio-pol\u00ed\u00adtico que busca la realizaci\u00f3n del derecho-deber del trabajador, de manera que pueda cada uno cumplir con su trabajo como vocaci\u00f3n. Adem\u00e1s de crear a trav\u00e9s del impulso del movimiento obrero y de las organizaciones pol\u00ed\u00adticas condiciones sociales m\u00e1s adecuadas a la superaci\u00f3n del paro y de la infraocupaci\u00f3n, se trata realmente de permitir a todos, mediante la cultura y la orientaci\u00f3n profesional, una elecci\u00f3n libre de actividades conformes con su vocaci\u00f3n y capaces, por tanto, de satisfacer y de promover al trabajador. Una expresi\u00f3n particular de esta espiritualidad del compromiso profesional cristiano consiste en ofrecer su propia aportaci\u00f3n para que el momento del trabajo se suavice con el momento del descanso. En esta l\u00ed\u00adnea entran los compromisos dirigidos a liberar el llamado tiempo libre de esos pesados condicionamientos que lo asimilan a los ritmos tantas veces obsesivos y esclavizantes del tiempo laboral, para darle una dimensi\u00f3n realmente distinta, y ello al servicio de la cultura, del turismo, de las relaciones interpersonales, del culto y de la oraci\u00f3n [ ~ Tiempo libre].<\/p>\n<p>IV. Tipolog\u00ed\u00ada de una espiritualidad de los trabajadores<br \/>\nDentro de un mundo del trabajo en el que todos estamos inmersos y de cuyas caracter\u00ed\u00adsticas generales todos participamos, existen diversos mundos laborales con importantes peculiaridades. Y dentro de esa gen\u00e9rica espiritualidad del trabajo y del trabajador, que hemos expuesto, existe una gama muy rica de espiritualidades, de acuerdo con los distintos tipos de trabajo.<\/p>\n<p>En lo que sigue queremos intentar una tipolog\u00ed\u00ada de las distintas espiritualidades del trabajo. Sabemos que no es tarea f\u00e1cil, y que a veces corremos el riesgo de desmembrar excesivamente aspectos que tienen mucho en com\u00fan. Pero tambi\u00e9n creemos que pueden aportarse matices interesantes, que afectan a las diversas clases de trabajos y de trabajadores, quedando concretizada y encarnada la espiritualidad gen\u00e9rica del trabajo.<\/p>\n<p>1. LA ESPIRITUALIDAD EN EL TRABAJO INDUSTRIAR. &#8211; En el mundo heterog\u00e9neo de la actual situaci\u00f3n tan industrializada, es necesario afrontar con un examen especial el ambiente y las modalidades de trabajo tal como se desarrolla en los grandes complejos industriales, y las actividades que tienen lugar fuera de ese per\u00ed\u00admetro (trabajo agr\u00ed\u00adcola, comercios, servicios e inform\u00e1tica). Muy interesante, en el aspecto teol\u00f3gico y pastoral, ser\u00ed\u00ada el estudio de ese trabajo \u00abnegro\u00bb, al que hemos aludido, en el que una gran parte del subproletariado urbano y rural encuentra su \u00fanica fuente de ingresos. Pero esto escapa casi por completo a las posibilidades de la investigaci\u00f3n cient\u00ed\u00adfica; fuera de algunas encuestas sobre el trabajo de los menores de edad y de los aprendices, s\u00f3lo las \u00abhistorias de vidas\u00bb y otras investigaciones de car\u00e1cter antropol\u00f3gico-cultural relativas al mundo de los pobres abren alguna perspectiva sobre la forma de vida de los marginados de la actividad productiva industrial. La cultura de estos pobres revela actitudes de fatalismo (subproletariado meridional) o de rebeld\u00ed\u00ada (subproletariado rural, parados organizados urbanos), que l\u00f3gicamente afectan a su horizonte espiritual.<\/p>\n<p>a) Actitudes espirituales del trabajador de f\u00e1brica. El trabajo dentro de las grandes estructuras productivas caracterizadas, como hemos visto, por situaciones de conflictividad permanente, divisi\u00f3n parcelaria del trabajo y organizaci\u00f3n jer\u00e1rquico-vertical, presenta en el aspecto espiritual denominadores comunes y notables variantes. Las actitudes espirituales de quien trabaja en cadena, de un t\u00e9cnico intermedio o de un oficinista son bastante distintas. Antes de examinar esas variantes, agravadas por las diferentes posiciones ideol\u00f3gicas y religiosas, ser\u00e1 oportuno detenerse brevemente en algunas caracter\u00ed\u00adsticas comunes de la llamada \u00abcultura obrera\u00bb. Aun cuando a algunos investigadores la clase obrera les parece un grupo socialmente en declive, que habr\u00ed\u00ada perdido en gran medida la capacidad prof\u00e9tica de expresar valores-gu\u00ed\u00ada y alter-nativas v\u00e1lidas para todo el cuerpo social \u00ab, siempre es posible y muy conveniente para nuestro prop\u00f3sito se\u00f1alar las connotaciones de esa cultura obrera y las constelaciones de valores que en ella brotan.<\/p>\n<p>Seg\u00fan un an\u00e1lisis bastante detallado, aunque no siempre aplicable a todas las situaciones, deben considerarse como caracter\u00ed\u00adsticas de esa cultura: la voluntad de emancipaci\u00f3n material (casa, sanidad, transportes, condiciones de trabajo y su retribuci\u00f3n adecuada) y espiritual (el hombre como sujeto y no simplemente como objeto de decisiones que le afectan); la b\u00fasqueda de una humanizaci\u00f3n del trabajo (ritmos de trabajo, inter\u00e9s por la vida de la empresa y la contrataci\u00f3n colectiva); la b\u00fasqueda de una integraci\u00f3n en la sociedad a trav\u00e9s del reconocimiento del mundo obrero como tal; la b\u00fasqueda de un modelo de convivencia verdaderamente humano.<\/p>\n<p>De estas tensiones operativas brotan algunos valores positivos que, si se buscan realmente, representan la base de una espiritualidad del trabajo aut\u00e9nticamente humana y por eso mismo capaz de animaci\u00f3n y de sublimaci\u00f3n cristiana. Dichos valores parece que pueden identificarse de este modo: la persona en s\u00ed\u00ad misma -superior al dato material y econ\u00f3mico- libre, igual, solidaria: la persona que hay que liberar; el sentido humano que hay que salvaguardar frente a la misma t\u00e9cnica; el trabajo como reivindicaci\u00f3n y lugar de creatividad; la salvaguardia de la herencia cultural del pasado, de la que es menester apropiarse. a trav\u00e9s de la educaci\u00f3n permanente, para hacerse reconocer como igual por los dem\u00e1s grupos sociales; el valor de la pol\u00ed\u00adtica, entendida sobre todo como eficacia en orden al cumplimiento de los compromisos por la justicia y por la solidaridad; la solidaridad con los compa\u00f1eros de trabajo y con su lucha entendida como hecho liberador; la participaci\u00f3n en la gesti\u00f3n y en la promoci\u00f3n de la comunidad entera a trav\u00e9s de una \u00ablucha de clase\u00bb que vaya m\u00e1s all\u00e1 del corporativismo cerrado.<\/p>\n<p>En resumen, refiri\u00e9ndonos a las notas espec\u00ed\u00adficas de la cultura burguesa. los caracteres y valores de la cultura obrera pueden sintetizarse en estos t\u00e9rminos: respulsa existencial de un orden injusto; empe\u00f1o por remontarse a las causas de la pobreza y de las alienaciones para superarlas: conciencia de la necesidad y del valor \u00e9tico de la lucha dirigida a esa finalidad; voluntad de participaci\u00f3n, con tal que esto no suponga integraci\u00f3n en el sistema, sino impulso renovador en orden a un tipo de convivencia distinto, justo y humano.<\/p>\n<p>Sin embargo, es oportuno resaltar que los valores que brotan en la cultura obrera -y que nos parece que representan, como dec\u00ed\u00adamos, la base naturalmente cristiana de su espiritualidad-no se encuentran en igual medida presentes e interiorizados en todos los niveles del mundo trabajador. Tampoco se traducen inmediatamente en actitudes y opciones coherentes, ya que su realizaci\u00f3n depende tanto del grado de maduraci\u00f3n de la conciencia individual como de la eficiencia del movimiento obrero. Sentado esto, que evidencia los perfiles comunes fundamentales, intentemos ahora se\u00f1alar algunas tipolog\u00ed\u00adas de espiritualidad de los trabajadores de f\u00e1bricas, partiendo de los niveles m\u00e1s bajos hasta llegar a aquellos trabajadores que, sin detenerse en una espiritualidad impl\u00ed\u00adcitamente cristiana, pero ofuscada tambi\u00e9n por supraestructuras ideol\u00f3gicas que en gran parte contrastan con el mensaje cristiano, consiguen explicitar una espiritualidad aut\u00e9nticamente evang\u00e9lica y actuarla a trav\u00e9s del compromiso tanto individual como comunitario.<\/p>\n<p>b) Espiritualidad del trabajador de cadenas de montaje. Es sobre todo en este nivel de trabajo donde se encuentran los obreros m\u00e1s refractarios a las instancias de concienciaci\u00f3n promovidas por el movimiento obrero y los menos capaces de interiorizar los valores de la cultura obrera. En efecto, gran parte de ellos sigue viendo en su actividad repetitiva, carente de toda posibilidad creativa, alejada de toda comprensi\u00f3n del conjunto del que se presenta como un fragmento insignificante, solamente una dura e ineliminable necesidad vital. Realmente para esos trabajadores parece bastante reducido el espacio para una espiritualidad del trabajo. Sin embargo, algunos piensan que precisamente la repetici\u00f3n mec\u00e1nica y autom\u00e1tica de los gestos del trabajo presenta \u00abbuenas oportunidades para la s\u00ed\u00adntesis `actividad empapada de la experiencia religiosa&#8217;, que se realiza m\u00e1s f\u00e1cilmente en los casos en que el obrar del hombre no requiere una atenci\u00f3n multiforme e intensa&#8217;. No obstante, los an\u00e1lisis sociol\u00f3gicos de que disponemos,sin excluir que la s\u00ed\u00adntesis entre actividad mec\u00e1nica y experiencia religiosa puede realizarse en cualquier sujeto, revelan en la masa de los trabajadores de las cadenas de producci\u00f3n una casi total ausencia de impulsos y de aperturas que estimulen a enfrentarse con su fatiga diaria dentro de unas dimensiones distintas a las de la aceptaci\u00f3n pasiva, del aguante insatisfecho y de la frustraci\u00f3n acuciante&#8217;8. En cambio, se van encontrando actitudes m\u00e1s d\u00factiles y abiertas a medida que se va subiendo en las cualificaciones laborales. La cerraz\u00f3n y las actitudes r\u00ed\u00adgidas, bajo el aspecto \u00e9tico y religioso, vuelven a presentarse en los v\u00e9rtices de la empresa, en los directivos, donde la actividad obrera, en l\u00ed\u00adneas generales, se vive sin frustraciones y se presenta como finalidad suprema de la existencia.<\/p>\n<p>c) La espiritualidad laica de los trabajadores comprometidos en el movimiento obrero de inspiraci\u00f3n marxista. Es un hecho indiscutible que un gran porcentaje de trabajadores de la industria han adquirido una conciencia de clase en inculturaci\u00f3n marxista. No siempre -m\u00e1s a\u00fan, no suele suceder en un porcentaje bastante alto de trabajadores en Occidente- esta afiliaci\u00f3n ideol\u00f3gica y pr\u00e1ctica supone, a su juicio, una renuncia a Dios, a Cristo y, a veces, ni siquiera a la pertenencia eclesial. Como es sabido, tampoco en el mundo obrero -tras la sugerencia de numerosos intelectuales cat\u00f3licos que militan en partidos obreros de la izquierda- faltan trabajadores convencidos de que tienen que asociar, dial\u00e9cticamente o no, su propia confesi\u00f3n cristiana con la profesi\u00f3n marxista.<\/p>\n<p>Como queda ya indicado, no cabe duda de que la interiorizaci\u00f3n del valor \u00e9tico del propio trabajo y de los compromisos profesionales, las tensiones derivadas de la incorporaci\u00f3n a los sindicatos o a los partidos (en orden a la humanizaci\u00f3n del trabajo, a la conquista de un estatuto o condici\u00f3n general de la vida de los trabajadores en sinton\u00ed\u00ada con su dignidad humana, a su participaci\u00f3n no instrumentalizada en el poder de la empresa y en la planificaci\u00f3n econ\u00f3mica general) representan un modo positivo de vivir la espiritualidad del trabajo y una fermentaci\u00f3n \u00e9tica de la profesi\u00f3n que no pueden ni mucho menos pasarse por alto. Pero, generalmente, esos trabajadores, comprometidos en el movimiento obrero de inspiraci\u00f3n marxista, no trascienden el horizonte de la historia y de la econom\u00ed\u00ada y no viven sus compromisos en el marco de la respuesta a la excelsa vocaci\u00f3n cristiana y como traducci\u00f3n concreta del imperativo supremo y decisivo del amor, que impulsa al cristiano a dar frutos para la vida del mundo. En particular, el principio y la metodolog\u00ed\u00ada de la lucha de clases se mueven dentro de coordenadas ideol\u00f3gicas de car\u00e1cter materialista-dial\u00e9ctico, que inducen a justificar el odio y la violencia incluso contra las personas; las reivindicaciones econ\u00f3micas y el esfuerzo colectivo -leg\u00ed\u00adtimo de suyo- para la adquisici\u00f3n de un poder real por parte del mundo obrero, adem\u00e1s de ser todav\u00ed\u00ada en muchas ocasiones (aunque por incapacidad educativa de las organizaciones sindicales) objetivos que se buscan dentro de unos estrechos limites corporativos, quedan separados del compromiso por un cambio radical de mentalidad. En consecuencia, no pocos trabajadores se muestran prisioneros de la misma mentalidad economicista e individualista de tipo patronal. Pues bien -tal como lo observan expresamente los mismos elementos m\u00e1s maduros del mundo obrero-, sin esta profunda revoluci\u00f3n interior y cultural (en t\u00e9rminos cristianos: sin esta incesante metanoia) el cambio resulta ilusorio, ya que se limita a ser \u00fanicamente un \u00abcambio de amos\u00bb.<\/p>\n<p>d) La espiritualidad de los trabajadores de inspiraci\u00f3n cristiana. Tambi\u00e9n entre los trabajadores que se profesan cristianos y que, por coherencia con su propia fe y su pertenencia eclesial, consideran que no pueden aceptar la ideolog\u00ed\u00ada ni adherirse a las organizaciones marxistas, es imposible hallar una univocidad de actitudes que permita hablar de un solo tipo de espiritualidad. En efecto, las encuestas de car\u00e1cter socio-religioso revelan la existencia de grupos de trabajadores cristianos practicantes que se mantienen extra\u00f1os al sindicato y a las luchas colectivas por la humanizaci\u00f3n del trabajo. Su din\u00e1mica espiritual sigue siendo fiel al tipo de una espiritualidad que se podr\u00ed\u00ada definir como de fuga del mundo, bastante com\u00fan en el pasado. Fuertemente impresionados por el ambiente del propio trabajo, por el materialismo exterior, incapaces quiz\u00e1 de leer m\u00e1s en profundidad los valores de la cultura obrera, consideran que una vida espiritual no puede proponerse ni vivirse dentro de ese per\u00ed\u00admetro inhumano, ateo, pesadamente anticlerical.<\/p>\n<p>En vez de santificarse a trav\u00e9s del trabajo, viviendo hasta el fondo su propia profesi\u00f3n y desarrollando todos los aspectos positivos que lleva consigo la condici\u00f3n cultural del trabajo, a nivel individual y social, prefieren buscar su elevaci\u00f3n espiritual fuera del mundo del trabajo, en el \u00e1mbito de la familia, de la comunidad parroquial o en las ocasiones que les brinda la creciente dimensi\u00f3n del tiempo libre. Precisamente las modalidades con que vive ese espacio el trabajador constituyen un \u00ed\u00adndice significativo de su mentalidad y espiritualidad. En efecto, con frecuencia cristianos y no cristianos, en el llamado tiempo libre, buscan un escape, casi siempre insatisfactorio debido a las continuas manipulaciones que en \u00e9l ejerce el aparato tecnocr\u00e1tico; una ocasi\u00f3n de creatividad y libertad que compense las frustraciones del trabajo cotidiano y, en particular, la larga sujeci\u00f3n a las estructuras verticales de la empresa y al ritmo obsesivamente repetitivo de las horas pasadas en la f\u00e1brica [>Tiempo libre].<\/p>\n<p>Pero, afortunadamente, la consistencia de este tipo de cristianos tiende a disminuir; el movimiento obrero de inspiraci\u00f3n cristiana y sectores especializados de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica han dado origen a trabajadores de mentalidad y de espiritualidad muy distinta. Fieles a la ley de la encarnaci\u00f3n y a los principios de la espiritualidad laical enunciados en el Vat. II, a la vez que participan apasionadamente en todos los objetivos, buenos o reducibles al bien, de las luchas emprendidas por el mundo obrero, viven su propio trabajo dentro de las coordenadas de una visi\u00f3n cristiana del valor intr\u00ed\u00adnseco y aut\u00f3nomo de la actividad humana: dentro de ella, y no fuera, es donde buscan su encuentro con Dios, su propia elevaci\u00f3n integral y el servicio a sus hermanos.<\/p>\n<p>2. ESPIRITUALIDAD DE LOS TRABAJADORES DEL CAMPO &#8211; El mundo de los trabajadores del campo, sometido a una profunda crisis en la complejidad de sus miembros, que van desde los braceros, los jornaleros, los aparceros hasta los propietarios, peque\u00f1os y grandes, merecen una atenta consideraci\u00f3n. En efecto, no cabe duda de la existencia de una sociedad rural y de una correlativa civilizaci\u00f3n o cultura rural, aunque se muestre en v\u00ed\u00adas de transici\u00f3n bajo el impulso de nuevos factores culturales que la van modificando progresivamente. Los dram\u00e1ticos problemas de esa sociedad, se\u00f1alados repetidamente en documentos episcopales, est\u00e1n expresados por las proporciones del \u00e9xodo masivo y tumultuoso hacia las conglomeraciones urbanas por parte de las fuerzas de trabajo indispensables para el desarrollo de la civilizaci\u00f3n rural.<\/p>\n<p>Casi no es necesario indicar que la densidad de los problemas que afectan a la condici\u00f3n rural no puede menos de repercutir en la espiritualidad campesina tradicional. La calidad y la fuerza de los comportamientos de los trabajadores del campo y los valores que surgen de la cultura rural hacen, al menos a primera vista, que parezca sumamente disponible para la fermentaci\u00f3n cristiana. Creemos \u00fatil en este punto subrayar algunos rasgos de la cultura campesina, poniendo de relieve algunos de sus comportamientos, valores y visi\u00f3n general del mundo.<\/p>\n<p>a) Los comportamientos dominantes en la civilizaci\u00f3n campesina. Seg\u00fan Demarle, esos comportamientos podr\u00ed\u00adan resumirse de este modo: una honradez fundamental bastante s\u00f3lida, asociada a cierta taca\u00f1er\u00ed\u00ada, un sentido acentuado de dependencia, debido a la inseguridad: un fuerte individualismo, dictado por la combinaci\u00f3n entre sentimiento de inferioridad y amor propio; cierto esp\u00ed\u00adritu de ayuda mutua, limitado m\u00e1s bien a los vecinos; escaso esp\u00ed\u00adritu de reivindicaci\u00f3n, tal como demuestra la carencia de organizaci\u00f3n sindical; suspicacia arraigada frente a la burocracia y el \u00abpapeleo\u00bb; afici\u00f3n y gusto por el trabajo autoorganizado; sentido profundo de la familia tradicional; respeto a las personas distinguidas tradicionales (sacerdote, maestro, patr\u00f3n) o nuevas (t\u00e9cnico agrario); resignaci\u00f3n soportada o buscada frente al propio estado de marginaci\u00f3n.<\/p>\n<p>b) Los valores presentes. Honradez, unida al deseo de hacer justicia por su mano; sospecha de los dem\u00e1s como competidores; afici\u00f3n al riesgo, apreciado como valor, pero arrostrado con miedo; solidaridad, incluso con los compa\u00f1eros de trabajo, pero no tan espont\u00e1nea cuando se construye sobre la convergencia de intereses inmediatos; solidaridad bastante espont\u00e1nea como obligaci\u00f3n de buena vecindad, pero unida a cierto recelo ante el reci\u00e9n llegado; sentido de independencia, individualismo, reticencia ante lo colectivo; pasividad frente al mundo externo y voluntad de triunfar a trav\u00e9s del trabajo autoorganizado; apego al grupo familiar y social; visi\u00f3n m\u00e1s bien individual de la sociedad; sentido del orden entendido como algo eminentemente est\u00e1tico, como garant\u00ed\u00ada de estabilidad; sentido de lo religioso con matices m\u00e1gicos, hoy en declive; tales son algunos de los valores, no exentos de ambig\u00fcedades, que en diversa medida parecen caracterizar a la civilizaci\u00f3n campesina.<\/p>\n<p>c) La visi\u00f3n del mundo. Esta cultura parece estar caracterizada por una conciencia fuertemente dualista de la sociedad: el grande\/el peque\u00f1o, el rico\/el pobre, nosotros\/ellos. Existe en el campesino la conciencia de ser el pariente pobre de la sociedad, el marginado. Pero, al mismo tiempo, existe la conciencia de que lo que produce es esencial para la misma sociedad. Adem\u00e1s, en la conciencia campesina son muy vivos la atenci\u00f3n a las normas y a las jerarqu\u00ed\u00adas sociales que respetar, y el sentimiento de dependencia del hombre respecto a la naturaleza, junto con la conciencia del valor de la creatividad humana, que transforma la naturaleza. Por otra parte, parece m\u00e1s bien limitada la conciencia de la importancia de la pol\u00ed\u00adtica, del poder pol\u00ed\u00adtico y de la dimensi\u00f3n pol\u00ed\u00adtica de la vida y de la religi\u00f3n. Frente al poder predomina una actitudde sumisi\u00f3n y de espera. Finalmente, en lo que ata\u00f1e a la fe, \u00e9sta se vive con espontaneidad, pero con un sentido acentuado de pasividad ante Dios creador, y estrechamente ligada a los ritos; las encuestas de sociolog\u00ed\u00ada religiosa revelan, sin embargo, modificaciones importantes en la fe de los campesinos.<\/p>\n<p>Precisamente esas encuestas reservan grandes sorpresas y desmitifican, al menos en parte, muchos lugares comunes, seg\u00fan los cuales los pueblos son m\u00e1s religiosos que las ciudades, los analfabetos m\u00e1s religiosos que los hombres cultos, etc. Las dificultades con que tropieza el mundo rural, desde los jornaleros -asimilables a los subproletarios urbanos- hasta los cultivadores directos y peque\u00f1os propietarios; los contactos m\u00e1s frecuentes con la cultura urbana; la transformaci\u00f3n gradual de la sociedad rural en sociedad industrializada; la presencia de grandes complejos industriales incluso en el campo; la difusi\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n social [>&#8217;Mass media] y otros fen\u00f3menos semejantes llevan consigo fuertes cambios culturales, que repercuten en la religiosidad y espiritualidad de los trabajadores de la tierra. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad, junto con otros denominadores comunes, se advierten profundas diferencias de actitud espiritual: las de los jornaleros y asalariados agr\u00ed\u00adcolas son an\u00e1logas a las de los trabajadores industriales, ya que con frecuencia crecen en una inculturaci\u00f3n marxista; m\u00e1s en sinton\u00ed\u00ada con los rasgos de la civilizaci\u00f3n campesina que hemos se\u00f1alado, aparecen las de los peque\u00f1os propietarios y los de los cultivadores directos, con notables variantes entre los campesinos de las distintas zonas. El campo es, en todas partes, enormemente heterog\u00e9neo\u00bb.<\/p>\n<p>3. ESPIRITUALIDAD DE LOS TRABAJADORES DEDICADOS A SERVICIOS Y DE LOS TRABAJADORES AUT\u00ed\u201cNOMOS &#8211; Para completar este cuadro tipol\u00f3gico, es necesario en este punto desplazar la atenci\u00f3n a las categor\u00ed\u00adas de trabajadores ocupados en sectores m\u00e1s amplios, que emplean a gran parte de las fuerzas de trabajo activas, aunque no siempre directamente productivas (por ejemplo, los transportistas, los comerciantes, los operadores de computadoras), para pasar luego a los oficinistas y a toda la gama de trabajadores aut\u00f3nomos y las llamadas \u00abprofesiones liberales\u00bb. Mientras que en un pasado no lejano la moral se detenta ampliamente en la deontolog\u00ed\u00ada de esas profesiones liberales con indicaciones interesantes sobre la espiritualidad del m\u00e9dico, del abogado, del banquero, etc., no suced\u00ed\u00ada lo mismo con otros sectores hoy en fase de expansi\u00f3n. Ya hemos se\u00f1alado c\u00f3mo la clase de los empleados -que constituyen las capas medias, hoy llamadas capas en v\u00ed\u00adas de expansi\u00f3n-ha proliferado en nuestro pa\u00ed\u00ads por encima de toda medida soportable. Hay que se\u00f1alar, adem\u00e1s, el hecho de que, aunque siga habiendo diferencias de mentalidad y de cultura entre los empleados y los obreros, sin embargo, ha ca\u00ed\u00addo ya en parte el desnivel tradicional. Las nuevas alienaciones tienden a afectar tambi\u00e9n al mundo de los empleados, unido con frecuencia al de los trabajadores industriales en las reivindicaciones sindicales y en las opciones pol\u00ed\u00adticas.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n no deja de influir, ciertamente, tanto en la cultura burguesa, de la que las capas medias representan siempre un sector, como en su espiritualidad. Los valores burgueses tradicionales -defensa y desarrollo de la individualidad: los estudios como selecci\u00f3n, el apego a la tradici\u00f3n, la b\u00fasqueda de una m\u00ed\u00adstica sobrenatural (Dios) o civil (patria), de lo bello y de lo gratuito; el esfuerzo dirigido a mantener situaciones de privilegio o de rango social; la voluntad de servir individualmente a la sociedad; la afirmaci\u00f3n del esp\u00ed\u00adritu de iniciativa visto como un derecho formal para todos, pero real para unos pocos; el respeto a las jerarqu\u00ed\u00adas; la religiosidad por tradici\u00f3n y por costumbre; la reserva y la discreci\u00f3n en los sentimientos; el sentido social dirigido hacia el orden, la unidad, la defensa de las potencialidades innatas en el individuo- est\u00e1n en una fase de transformaci\u00f3n r\u00e1pida. Por lo que se refiere a la espiritualidad y a la religiosidad, las estad\u00ed\u00adsticas demuestran que es precisamente a nivel de estas capas medias de empleados donde reside esa religiosidad \u00abcultural\u00bb t\u00ed\u00adpica de los indiferentes, que forman la mayor parte de los bautizados.<\/p>\n<p>En lo que ata\u00f1e a los empleados en servicios, dada la enorme variedad de profesiones existentes: limpieza urbana, transportes, comerciantes, etc., es l\u00f3gico que no es posible hablar un\u00ed\u00advocamente sobre la vivencia espiritual de estos trabajadores. De suyo, donde las condiciones de trabajo son m\u00e1s f\u00e1ciles y agradables que las de la industria, parece que deber\u00ed\u00ada existir un humus que facilitase la interiorizaci\u00f3n de la espiritualidad cristiana de la profesi\u00f3n. Pero, una vez m\u00e1s, las estad\u00ed\u00adsticas de sociolog\u00ed\u00ada religiosa nos demuestran que las principales carencias religiosas ata\u00f1en precisamente a la poblaci\u00f3n activa. Esto supone para los agentes pastorales una grave tarea de evangelizaci\u00f3n y de inculturaci\u00f3n de las perspectivas de espiritualidad cristiana del trabajo y de la profesi\u00f3n, que, tras este amplio recorrido sobre la vida de los trabajadores, podemos pasar a ilustrar.<\/p>\n<p>V. Para una pastoral de la espiritualidad del trabajo<br \/>\nLa espiritualidad que precede es bastante novedosa, si se la compara con la de siglos pasados. Nos encontramos, en efecto, frente a un tipo de espiritualidad que, aunque permanece fiel a la trascendencia, sigue la ley de la encarnaci\u00f3n, asumiendo como piedra de toque la densidad conflictiva del mundo del trabajo y de la sociedad. Esta nueva actitud frente a la historia, mientras que renuncia a las disociaciones del pasado y a las identificaciones incluso larvadas de la Iglesia con los poderosos del mundo, se concreta en la presencia comprometida en el mundo de los pobres y en el esfuerzo dirigido a su liberaci\u00f3n integral, liberaci\u00f3n que a veces le parece un sue\u00f1o, pura utop\u00ed\u00ada; pero sabe que incluso la utop\u00ed\u00ada tiene garra suficiente para llamar desde un futuro siempre nuevo, nunca alcanzado, pero siempre lleno de esperanza y de energ\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>Esta s\u00ed\u00adntesis entre interioridad -m\u00e1s t\u00ed\u00adpica de siglos pasados, pero siempre presente en un cristiano- y compromiso social -m\u00e1s propio de nuestro tiempo y que hemos descubierto como absolutamente necesario- no resulta f\u00e1cil, ni mucho menos. Pero no se trata de que resulte f\u00e1cil. Se trata de que resulte necesario. Y realmente as\u00ed\u00ad resulta. Las dificultades siempre hay que procurar superarlas, vali\u00e9ndose de todos los medios l\u00ed\u00adcitos. Por eso la espiritualidad no puede prescindir de la ayuda que le preste la pastoral y la pedagog\u00ed\u00ada. Es lo que intentamos en esta \u00faltima parte de nuestro apartado: ver c\u00f3mo podemos navegar entre estas dificultades para alcanzar lo que configura al trabajador que quiere responder a lo que hoy debe ser presencia en el mundo del trabajo.<\/p>\n<p>1. CONFLICTOS. OSCURIDADES Y TENTACIONES EN EL IMPACTO CON EL PROCESO HIST\u00f3RICO CONFLICTIVO &#8211; El paso del modelo dualista del pasado a la forma unitaria y sint\u00e9tica no se realiza sin dolor y sin \u00abnoches oscuras\u00bb. En efecto, al entrar en ese mundo vivo del proceso hist\u00f3rico conflictivo, la espiritualidad sale de su esfera protegida y aislada, pierde claridad y unidad formal y \u00abempieza entonces a atravesar, en los `dolores de parto&#8217; (Rom 8,22), una crisis dolorosa de tensiones, de conflictos internos y oscuridades, con la grave tentaci\u00f3n de volver a su refugio espiritualista y de abortar de ese modo la nueva vida seg\u00fan el Esp\u00ed\u00adritu\u00bb. La historia reciente de los trabajadores cristianos, empe\u00f1ados en la dif\u00ed\u00adcil s\u00ed\u00adntesis entre interioridad cristiana y compromiso social de liberaci\u00f3n, est\u00e1 caracterizada por estas profundas crisis y tentaciones. Todo esto se ha comparado muy atinadamente con las \u00abnoches del esp\u00ed\u00adritu\u00bb de los antiguos m\u00ed\u00adsticos, en cuanto que, superadas las formas de espiritualidad y de praxis pastoral, hay que moverse ahora por la tierra desnuda, sin puntos de referencia claros y frecuentemente en medio de la incomprensi\u00f3n de muchos.<\/p>\n<p>a) Dificultad de los trabajadores cristianos para armonizar su espiritualidad con sus compromisos sociales hist\u00f3ricos. Las recientes vicisitudes del movimiento obrero resultan ejemplares en este sentido. En la conciencia adquirida de tener que participar plenamente en las tensiones y luchas del movimiento obrero, estos trabajadores cristianos se encuentran frente a m\u00faltiples dilemas: \u00bfUnirse a los compa\u00f1eros en las opciones socialistas y en la misma lucha de clases, o bien seguir profesando el interclasismo en nombre de la identidad cristiana? \u00bfAceptar sin discusi\u00f3n las indicaciones de la doctrina social cristiana, o bien reivindicar espacios aut\u00f3nomos y pluralistas en el campo sindical y pol\u00ed\u00adtico para responder a las esperanzas del mundo obrero? \u00bfLuchar a fondo por la huelga en los convenios de contrato, o bien seguir consider\u00e1ndola como la extrema ratio a la que apelar s\u00f3lo despu\u00e9s de haber experimentado todas las v\u00ed\u00adas de arreglo? \u00bfPor qu\u00e9 caminos conciliar la no violencia cristiana con las duras necesidades de una lucha que quiera ser eficiente y realista? \u00bfLimitarse a las luchas de car\u00e1cter econ\u00f3mico o bajar tambi\u00e9n a la lid por las reformas estructurales y por el cambio general del sistema en direcci\u00f3n claramente anticapitalista? \u00bfMantenerse fijos en una espiritualidad que sigue leyendo los males sociales en t\u00e9rminos de pecado individual, o m\u00e1s bien optar por una \u00f3ptica que, calando m\u00e1s hondo, ayude a se\u00f1alar y a combatir las cristalizaciones sociales del mal y de la injusticia?<br \/>\nEstos y otros parecidos interrogantes y alternativas -relacionados con el problema de la relaci\u00f3n fe y pol\u00ed\u00adtica, Iglesia e historia, movimiento cristiano y movimientos marxistas- constituyen una fuente de graves preocupaciones para cada uno de los militantes cristianos y para los grupos que act\u00faan en el mundo de los trabajadores. A ello hay que a\u00f1adir las dificultades que el trabajador encuentra para armonizar las exigencias familiares -muchas veces marcadas por la \u00e9tica burguesa y de consumo- con las de militante obrero, las reivindicaciones econ\u00f3micas de categor\u00ed\u00ada con el inter\u00e9s general de la comunidad, las tensiones por un aumento leg\u00ed\u00adtimo de poder y de bienestar con la fidelidad a la l\u00f3gica de la cruz y de las bienaventuranzas, en cuyo \u00e1mbito tiene que moverse el trabajador cristiano.<\/p>\n<p>b) Tensiones peculiares en los sacerdotes obreros. Las dificultades y los conflictos de los sacerdotes obreros con las iglesias locales y con Roma son bastante conocidas. Menos aparentes, pero mucho m\u00e1s profundos, son los conflictos interiores que han padecido al entrar en la clase obrera para compartir con el coraz\u00f3n abierto y la frente alta su lenguaje, sus luchas y sus opciones. Esto les ha costado, seg\u00fan dec\u00ed\u00ada uno de sus exponentes, \u00abesfuerzo de a\u00f1os, esfuerzo de sangre, esfuerzo de alma, esfuerzo incluso con el riesgo de la vida eterna\u00bb\u00bb. Prescindiendo de las radicalizaciones pol\u00e9micas, resultan significativas algunas expresiones de un documento redactado al final de una reciente reuni\u00f3n de sacerdotes obreros, que referimos como ejemplo de espiritualidad del trabajo, encarnada en la conflictividad hist\u00f3rica: \u00abProvocados por el Evangelio, participamos en las luchas de liberaci\u00f3n seg\u00fan las formas hist\u00f3ricas del movimiento obrero, y sentimos revivir la experiencia de fe y de liberaci\u00f3n de un pueblo que pas\u00f3 a trav\u00e9s del \u00e9xodo de la esclavitud a la libertad y a la posesi\u00f3n de la tierra en la justicia. No nos es posible marginar la lucha de clase en nombre de la fe; m\u00e1s a\u00fan, es la fe la que nos empuja al coraje prof\u00e9tico de participar en los proyectos hist\u00f3ricos de liberaci\u00f3n y nos hace alistarnos contra toda forma de alienaci\u00f3n y de poder. Pero tampoco nos sentimos capaces de marginar la fe, conscientes de que las liberaciones hist\u00f3ricas, obra de nuestras manos y de nuestra responsabilidad, no agotan la libertad total y global que Cristo nos anunci\u00f3 y nos ha dado&#8230; La fe nos hace sentir, en la oscuridad y en el silencio, que la liberaci\u00f3n tra\u00ed\u00adda por Cristo comprende y comprend\u00ed\u00ada hist\u00f3ricamente todas las nuestras, abri\u00e9ndolas a un futuro liberado de toda contradicci\u00f3n\u00bb<br \/>\nPor muy graves y dolorosas que puedan resultar, esas crisis se muestran saludables; constituyen realmente un momento importante de crecimiento y de maduraci\u00f3n cristiana, porque llevan al \u00abdescubrimiento hermen\u00e9utico y din\u00e1mico de las ra\u00ed\u00adces de la espiritualidad cristiana, seg\u00fan el esp\u00ed\u00adritu b\u00ed\u00adblico, creador de la totalidad viva, que es el mismo esp\u00ed\u00adritu prof\u00e9tico y escatol\u00f3gico que act\u00faa ya &#8216;en el coraz\u00f3n de las masas&#8217;, en el centro creador y conflictivo de la historia\u00bb 28.<\/p>\n<p>2. COMPROMISOS ECLESIALES DE INCULTURACI\u00f3N CRISTIANA Y ACCI\u00ed\u201cN PASTORAL EN EL MUNDO DE LOS TRABAJADORES &#8211; Para que este esfuerzo de evangelizaci\u00f3n y de promoci\u00f3n humana que persigue la Iglesia no resulte in\u00fatil, sobre todo en los sectores que est\u00e1n m\u00e1s alejados de ella, como es precisamente en el mundo del trabajo dependiente, no basta con que el anuncio y el testimonio de una espiritualidad cristiana, sint\u00e9tica y encarnada en el compromiso, quede en manos de unos pocos individuos y grupos de frontera. Toda la comunidad cristiana deber\u00ed\u00ada verse envuelta en esta fuerte tensi\u00f3n. Aunque el tema pastoral no entre de suyo en las finalidades espec\u00ed\u00adficas de este diccionario, creemos conveniente una indicaci\u00f3n sumaria de las exigencias que se presentan en este nivel:<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 La concepci\u00f3n cristiana de la salvaci\u00f3n integral, que es don del Esp\u00ed\u00adritu, pero que hay que merecer a trav\u00e9s del compromiso terreno de liberaci\u00f3n incluso humana (anticipaci\u00f3n y signo de la liberaci\u00f3n definitiva), para que resulte comprensible en el mundo de los trabajadores tiene que expresarse a trav\u00e9s de una religiosidad y una espiritualidad en sinton\u00ed\u00ada con sus instancias m\u00e1s profundas; esto supone un esfuerzo incesante de \u00abinculturaci\u00f3n\u00bb de la \u00e9tica y de la espiritualidad cristiana, a fin de quese las vea en realidad -y no s\u00f3lo a trav\u00e9s de proclamaciones teol\u00f3gicas- como expresi\u00f3n y como elementos de un nuevo humanismo, \u00aben el que el hombre se define por su sentido de responsabilidad hacia sus hermanos y hacia la historia\u00bb (GS 55)\u00bb.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 La comunidad cristiana en su conjunto debe asumir una conciencia m\u00e1s clara y unas actitudes.m\u00e1s francas frente a las injusticias estructurales y la l\u00f3gica inhumana y alienante que est\u00e1n en la base de las alienaciones antiguas y nuevas, cuyas consecuencias han de pagar los trabajadores y las nuevas clases dependientes.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Puesto que, no obstante ciertas actitudes que se han conservado y una cultura de fondo empapada de valores cristianos o cristianizables, el mundo de los trabajadores se presenta a muchos como verdadera tierra de misi\u00f3n, el m\u00e9todo con que habr\u00e1 que acercarse a \u00e9l no podr\u00e1 menos de ser un m\u00e9todo misional. De aqu\u00ed\u00ad, adem\u00e1s de la necesidad de una experta inculturaci\u00f3n como la que hemos recordado, la exigencia de que toda la comunidad local se ponga en actitud de \u00abmisi\u00f3n obrera\u00bb, sobre todo en aquellas di\u00f3cesis en que el mundo obrero constituye la parte preponderante de la poblaci\u00f3n: \u00abEl que trabaja en la evangelizaci\u00f3n del mundo obrero tiene que sentirse por todos los t\u00ed\u00adtulos `enviado&#8217; de la comunidad, sostenido por la comunidad, avanzadilla de la Iglesia en un mundo que hay que conducir a Cristo, pero anclado siempre en la comunidad cristiana, en la cual se alimenta su fe y se realiza su oraci\u00f3n y su encuentro a trav\u00e9s del banquete eucar\u00ed\u00adstico\u00bb.<\/p>\n<p>G. Mattai<br \/>\nBIBL.-Al\u00e1iz, A, Nuestro trabajo de cada d\u00ed\u00ada. Fe y actividad humana, Coculsa. Madrid 1967.-.Alfaro, J. Hacia una teolog\u00ed\u00ada del progreso humano, Herder. Barcelona 1969.-Alonso Olea, M, Alienaci\u00f3n. Historia de una palabra, Instituto de Estudios Pol\u00ed\u00adticos. Madrid 1974.-Campanini, G. Trabajo, en DETM, 1094-1111.-Carro Igelmo, A. J, Historia social del trabajo. Casa Provincial de Caridad, Barcelona 1977.-Chenu, M. D. Hacia una teolog\u00ed\u00ada del trabajo, Estela. Barcelona 1985.-Id, Trabajo, en CFT, 368-382.-Ducos, M, El Evangelio entre los obreros, Estela. Barcelona 1967.-Fern\u00e1ndez Otero, O. Realizaci\u00f3n personal en el trabajo, Eunsa, Pamplona 1978.-Gonz\u00e1lez Mu\u00f1iz, M. A, Aproximaci\u00f3n a la historia social del trabajo en Europa, Ediciones J\u00facar, Madrid 1975.-Guevara, J, Ocio y libertad o el imperio del trabajo, Magisterio Espa\u00f1ol. Madrid 1976.-Manes, J. L, La santificaci\u00f3n del trabajo, Palabra, Madrid 1980.-Kahl, J. 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Goffi &#8211; Augusto Guerra, Nuevo Diccionario de Espiritualidad, Ediciones Paulinas, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Espiritualidad<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Situaci\u00f3n laboral: 1. Desempleo; 2. Distribuci\u00f3n de los activos; 3. Emigraci\u00f3n; 4. Trabajo femenino; 5. Reivindicaci\u00f3n; 6. Cualificaci\u00f3n trabajadora &#8211; II. Para una teologia del trabajo: 1. La aportaci\u00f3n tradicional; 2. Teolog\u00ed\u00ada del trabajo a la luz del Va[. II: 3. Otro paso hacia adelante &#8211; III. Hacia una espiritualidad del trabajo: 1. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/trabajador\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTRABAJADOR\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17111","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17111","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17111"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17111\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17111"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17111"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17111"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}