{"id":17119,"date":"2016-02-05T11:08:51","date_gmt":"2016-02-05T16:08:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/canto-y-musica\/"},"modified":"2016-02-05T11:08:51","modified_gmt":"2016-02-05T16:08:51","slug":"canto-y-musica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/canto-y-musica\/","title":{"rendered":"CANTO Y MUSICA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. M\u00e9todo y \u00e1mbito del tratado &#8211; II. Cuadro de problemas y experiencias lit\u00fargico-musicales en las distintas \u00e9pocas hasta el Vat. II: 1. La expresi\u00f3n vocal en la liturgia primitiva; 2. Aspectos lit\u00fargico-musicales de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica: a) El pensamiento sobre la m\u00fasica, b) Desarrollo de formas musicales; 3. Panor\u00e1mica de liturgias y de pr\u00e1cticas de canto; 4. Las \u00e9pocas romano-franca y romano-germ\u00e1nica de la liturgia; 5. Del canto para una cierta liturgia a una liturgia para la m\u00fasica: a) S\u00ed\u00adntesis conceptual, b) Puntos salientes de la praxis y de la legislaci\u00f3n lit\u00fargico-musical &#8211; III. S\u00ed\u00adntesis de las perspectivas lit\u00fargico-musicales del Vat. II &#8211; IV. La historia reciente &#8211; V. Rito &#8211; Cultura &#8211; M\u00fasica: 1. El proyecto ritual; 2. Las implicaciones culturales; 3. El quehacer musical &#8211; VI. Perspectivas.<\/p>\n<p>Puesto que aqu\u00ed\u00ad se va a tratar de canto y m\u00fasica en la liturgia cristiana en cuanto son formas, y m\u00e1s que formas, del culto en esp\u00ed\u00adritu y verdad traducido ritualmente, el lema puede precisarse as\u00ed\u00ad: la expresi\u00f3n vocal e instrumental en la experiencia celebrativa de la iglesia. Con el t\u00e9rmino experiencia se debe abarcar la perspectiva diacr\u00f3nica (hist\u00f3rica), en cuanto reveladora de constantes y de variables relativas, ya a la realidad musical en s\u00ed\u00ad misma, ya a la diversa relaci\u00f3n de la misma con los proyectos celebrativos, ya a los resultados del impacto en los procesos de transformaci\u00f3n cultural.<\/p>\n<p>Con una \u00f3ptica de esta naturaleza se hace posible una exposici\u00f3n suficientemente seria del tema, cuyo tratamiento supone y comprende un extenso conjunto de datos, as\u00ed\u00ad como su interacci\u00f3n. Cada uno de dichos datos exigir\u00ed\u00ada ya de por s\u00ed\u00ad una documentaci\u00f3n y un an\u00e1lisis que, aun limit\u00e1ndose a una visi\u00f3n sincr\u00f3nica, no dejar\u00ed\u00adan de ser bastante complejos y de necesitar unas aportaciones especializadas e interdisciplinares en la medida en que nos ponen en relaci\u00f3n con las m\u00e1s antiguas etapas de la adaptaci\u00f3n ritual, de la evoluci\u00f3n ling\u00fc\u00ed\u00adstico-musical y de la relaci\u00f3n ad intra: m\u00fasica-liturgia, y ad extra: liturgia-sociedad-historia, por lo que no podemos menos de acudir a los principales elementos en juego, que deber\u00e1n entenderse en s\u00ed\u00adntesis org\u00e1nica siempre que se hable de m\u00fasica ritual. Se resumen tales elementos en la tr\u00ed\u00adada: m\u00fasica-liturgia-cultura, magn\u00ed\u00adfica forma de indagaci\u00f3n y de reflexi\u00f3n en los cotejos del pasado con la actualidad.<\/p>\n<p>M\u00fasica. Bajo este t\u00e9rmino, en su sentido m\u00e1s general, deber\u00e1n comprenderse todos los fen\u00f3menos ac\u00fasticos, emitidos por distintas fuentes (aisladas o conjuntas), variadamente organizados seg\u00fan selecciones o acoplamientos de uno o m\u00e1s elementos de formalizaci\u00f3n (timbre, ritmo&#8230;), estructuradosseg\u00fan gram\u00e1ticas y sistemas de diversa \u00ed\u00adndole (modos, escalas&#8230;). En nuestro caso se extiende desde la se\u00f1al de un cr\u00f3talo hasta el concierto de campanas, desde un solo de trompa hasta una sinfon\u00ed\u00ada de \u00f3rgano, desde el recitativo entonado por un ministro de la palabra hasta la floritura melism\u00e1tica de un vocalista, desde la intervenci\u00f3n solista hasta la coralidad de la m\u00e1s articulada polifon\u00ed\u00ada. M\u00fasica es todo esto; y una historia de las experiencias musicales (no s\u00f3lo en la liturgia) debiera ocuparse de ello sin selecciones ideol\u00f3gicas preconcebidas ni discriminaciones aprior\u00ed\u00adsticas.<\/p>\n<p>Liturgia. La entendemos aqu\u00ed\u00ad como el aspecto fenom\u00e9nico, ritualmente organizado, de las realidades teol\u00f3gico-antropol\u00f3gicas constitutivas del di\u00e1logo salv\u00ed\u00adfico en la perspectiva de la revelaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica. Liturgia es entonces, ante todo, palabra (dada-recibida-restituida) que resuena moduladamente a trav\u00e9s de una amplia gama de funciones-formas-protagonistas. El canto, en conexi\u00f3n con la palabra, es acci\u00f3n sacramental (a distintos niveles), que normalmente no obra ni produce su efecto sino en base a su significaci\u00f3n; como, a la inversa, no significa sino en relaci\u00f3n a su autenticidad operativa. Liturgia es entonces expresi\u00f3n ic\u00f3nica y comunicaci\u00f3n de lo divino en el momento en que toma cuerpo en la limitaci\u00f3n y en el cambio hist\u00f3rico; y es imagen determinada de iglesia (constituci\u00f3n, vitalidad, metas&#8230;), que se establece, se construye o se expresa en el juego simb\u00f3lico, responsablemente participado por todos los que intervienen en la celebraci\u00f3n. Realidad lit\u00fargica es acontecimiento a partir de dos o tres congregados en el nombre de Cristo, incluso antes de un espec\u00ed\u00adfico papel institucional e independientemente del rango social, de la \u00ed\u00adndole cultural, de la situaci\u00f3n geogr\u00e1fica de los presentes y del mismo programa celebrativo m\u00e1s o menos codificado.<\/p>\n<p>Cultura. Dada la casi omnicomprensividad de significados del t\u00e9rmino, justo es precisar en qu\u00e9 sentido se utiliza aqu\u00ed\u00ad. En relaci\u00f3n con nuestro tema musical, entendemos por cultura el peso de aquellos elementos que los procesos de producci\u00f3n y direcci\u00f3n lit\u00fargica han recibido de diversos contextos humanos (espont\u00e1neos o institucionalizados). Los -> ritos, con otras palabras, reflejan -y a veces hasta inventan- la aventura hist\u00f3rica. Se crean, y se transmiten despu\u00e9s culturalmente superdeterminados; en ocasiones contin\u00faan sobreviviendo cargados de significados originarios, que se volvieron m\u00e1s tarde incomprensibles u oscuros y carentes ya de vitalidad sin unas relecturas o interpretaciones. Ello es mucho m\u00e1s f\u00e1cil cuando un rito se ha vinculado a determinados proyectos o a pr\u00e1cticas musicales particulares. Cambia el mundo de las motivaciones, prevalece el uso seductivo o alterno de una o m\u00e1s pr\u00e1cticas musicales seg\u00fan combinaciones m\u00faltiples, surgen las preferencias de \u00e9poca por sistemas gramaticales particulares, se descubren las huellas de improntas estil\u00ed\u00adsticas subsiguientes, se diferencian los criterios interpretativos y valorativos de los productos musicales (obras y repertorios). En buena cantidad de ritos, por lo dem\u00e1s, cambia la eclesiolog\u00ed\u00ada y la composici\u00f3n-participaci\u00f3n de las -> asambleas, seg\u00fan una gama de variables casi infinitas.<\/p>\n<p>Poner como base de un estudio sobre canto y m\u00fasica un programa de atenci\u00f3n a los ejes se\u00f1alados, ym\u00e1s a\u00fan a la red de asociaciones referencias-reclamos que derivan de su lectura por conjuntos, no deja de parecer algo temerario. Nadie puede sentirse capaz de aventurarse ni de proseguir tal camino. Una historia nueva y exhaustiva del canto cristiano, que integre las coordenadas fundamentales aludidas, seguir\u00e1 siendo -tal vez durante mucho tiempo- un sue\u00f1o apasionante, si bien est\u00e1n ya cooperando a escribirla muchos pacientes an\u00e1lisis y los esfuerzos de recomposici\u00f3n de conjuntos sectoriales, obtenidos sabiamente de una escucha m\u00e1s cr\u00ed\u00adtica y menos m\u00ed\u00adtica de la tradici\u00f3n y fecundados con la aportaci\u00f3n vital de cada elemento ofrecido por la interdisciplinariedad de la investigaci\u00f3n.<\/p>\n<p>No parecen superfluas tales consideraciones desde el momento en que la literatura corriente sobre nuestro tema, especialmente en el \u00e1mbito eclesi\u00e1stico, da la impresi\u00f3n de no valorarlas apenas o de ignorarlas, creando desequilibrios informativos por exceso o por defecto. Por exceso, cuando las indagaciones, movi\u00e9ndose dentro de los laboratorios de una sutil especializaci\u00f3n, renuncian a aperturas exploratorias y a esfuerzos de contextualizaci\u00f3n que proporcionar\u00ed\u00adan una lectura m\u00e1s org\u00e1nica de los fen\u00f3menos estudiados, suscitando seguramente nuevos interrogantes, desvaneciendo ideas e im\u00e1genes convencionales, insertando en el potencial del resultado cient\u00ed\u00adfico aquella toma de corriente que pudiera aportar luz sobre los problemas de hoy. Pi\u00e9nsese, s\u00f3lo por poner un ejemplo, en el sentido que se debe dar a ciertas indagaciones actuales sobre el canto gregoriano, que corren el peligro de parecer un anacr\u00f3nico academismo, en la medida en que no se explicita su importancia ni se ilustran sus consecuencias, gusten o no. Por el otro lado, o por defecto, el desatender las perspectivas arriba mencionadas puede llevar a una f\u00e1cil apolog\u00e9tica; a una repropuesta de modelos culturales, considerados, sin comprobaci\u00f3n, como leg\u00ed\u00adtimos y ejemplares; a una reiteratividad de esquemas mentales y de juicios prefabricados; a una fabulaci\u00f3n-ocultamiento de datos para mantener una determinada forma de poder y de visi\u00f3n ideol\u00f3gica. Pi\u00e9nsese en expresiones mixtificadoras corrientes, como, \u00abel gran patrimonio de la m\u00fasica sagrada\u00bb, \u00abel pensamiento de la iglesia sobre el canto\u00bb, \u00abel \u00f3rgano, rey de los instrumentos\u00bb, \u00abla universalidad del canto gregoriano\u00bb, etc.<\/p>\n<p>Es un hecho que los ensayos, incluso parciales, verdaderamente magistrales o ejemplares sobre nuestra tem\u00e1tica, en cuanto a contenido y a esp\u00ed\u00adritu, son escasos, a pesar de las abundantes historias de la m\u00fasica o de la liturgia. Las primeras tratan de m\u00fasica ritual, casi siempre prescindiendo del tipo de liturgia celebrada o del tipo de una expresa comunidad; faltan frecuentemente las m\u00e1s elementales referencias al cuadro celebrativo y a las funciones de la m\u00fasica, aun cuando fueren la \u00fanica justificaci\u00f3n de una forma musical; no se alude al tipo de protagonistas o de destinatarios del canto ni al tipo de ambiente o de experiencias eclesiales. Las segundas, aun describiendo el marco ritual o la experiencia eclesial que lo determina, son muy avaras en alusiones a canto y m\u00fasica y, sin embargo, infravaloran las formas concretas de la ritualidad en las que el juego de la imagen sonora es siempre (positiva o negativamente) bastante determinante. Adem\u00e1s, los estudios de -> teolog\u00ed\u00ada lit\u00fargica (aparte de su escasa atenci\u00f3n a los textos cantados) ofrecenunos cuadros hipot\u00e9ticos e intelectual\u00ed\u00adsticos (sin decirlo), ya que no valoran ese plus o esa diversidad de contenido que confiere a un texto (por ejemplo, un prefacio) una determinada inmersi\u00f3n sonora, o bien el marco festivo o ferial, la ejecuci\u00f3n coral o sol\u00ed\u00adstica, etc.<\/p>\n<p>Tras esta amplia premisa metodol\u00f3gica, que tiene validez aun prescindiendo de la continuaci\u00f3n de nuestro discurso, queda por esclarecer la l\u00ed\u00adnea de orientaci\u00f3n en que va a moverse el resto del tratado. Con la humildad que sin m\u00e1s nos imponen las reflexiones anteriores, pero con la franqueza tambi\u00e9n de un discurso que no quiere ser convencional, se fijar\u00e1n, como en una radiograf\u00ed\u00ada, algunos momentos de la gesta lit\u00fargico-musical entre los que, por diversas razones, parecen m\u00e1s significativos. Se tratar\u00e1 de rasgos hist\u00f3ricos tan esenciales que parecer\u00e1n reductivos, hasta casi en aparente contraste con las exigencias anteriormente aludidas; pero se reserva una particular atenci\u00f3n al discurso sobre hoy (-> infra, IV-V), dado que ah\u00ed\u00ad confluyen y vuelven a reaparecer en un cuadro extremadamente vivaz los diversos puntos fundamentales de la gesta hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>II. Cuadro de problemas y experiencias lit\u00fargico-musicales en las distintas \u00e9pocas hasta el Vat. II<br \/>\n1. LA EXPRESI\u00ed\u201cN VOCAL EN LA LITURGIA PRIMITIVA. El momento m\u00e1s dif\u00ed\u00adcil de estudiar es el de los comienzos, sin dejar de ser, al mismo tiempo, el m\u00e1s sugestivo por las riquezas que descubre. Las pistas de aproximaci\u00f3n que se han ensayado no dejan de ser variadas: por ejemplo, la teor\u00ed\u00ada evolucionista desde el canto hebraico hasta el cristiano, y las investigaciones de la musicolog\u00ed\u00ada comparada aplicada a las m\u00e1s antiguas (o supuestamente tales) melod\u00ed\u00adas cristianas. Tales estudios no s\u00f3lo no han dado satisfactorios resultados, sino que hoy parecen incluso metodol\u00f3gicamente poco correctos. El camino m\u00e1s apropiado para trazar un cuadro lo menos hipot\u00e9tico posible parece ser el de una lectura musicol\u00f3gica de las fuentes literarias cristianas a partir del NT, pero con referencia atenta y cr\u00ed\u00adtica a los hechos vocales y musicales que son propios, seg\u00fan sabemos, de la cultura contempor\u00e1nea y circunstante.<\/p>\n<p>Del esp\u00ed\u00adritu de la expresi\u00f3n cristiana se deducen la primac\u00ed\u00ada del logos, la importancia de la didaj\u00e9, las funciones del melos, valorado, s\u00ed\u00ad, pero en oposici\u00f3n a las pr\u00e1cticas encantatorias o m\u00e1ginas del paganismo. De la vigilancia pastoral deriva el temor a influencias culturales-cultuales. En particular, aparece ligada a ciertos momentos y a ciertas \u00e1reas geogr\u00e1ficas la puesta en guardia contra fen\u00f3menos fuertemente se\u00f1alados, como los aspectos r\u00ed\u00adtmico-m\u00e9tricos de la poes\u00ed\u00ada o la t\u00ed\u00admbrica ligada a pr\u00e1cticas religiosas o a usos sociales. Sin embargo, en el seno de las iglesias locales est\u00e1 viva una rica gestualidad vocal, inspirada en la praxis com\u00fan, que permite a los fieles intervenir en las celebraciones, ya se trate de proclamar la Escritura o bien de dar gracias, de aclamar, de condolerse, de orar, de meditar. Se tiene una liturgia a menudo carism\u00e1tica y, en todo caso, no tan formalizada como para excluir actitudes ordinarias y familiares.<\/p>\n<p>Cierto que el valor terminol\u00f3gico de las expresiones voc\u00e1lico-musicales es bastante fluctuante y hasta m\u00e1s bien dudoso. Se consideran, por ejemplo, como salmos, adem\u00e1s de los poemas b\u00ed\u00adblicosveterotestamentarios bien conocidos de las fuentes del NT, los mismos himnos cristianos con su original procedimiento, que se aleja tanto de la r\u00ed\u00adtmica hebraica como de la m\u00e9trica grecorromana. Tales himnos combinan libremente estructuras s\u00e1lmicas y contenidos aclamatorios, doxol\u00f3gicos e invocativos. Los textos, destinados probablemente o con toda certeza al canto, que se han conservado son bastante numerosos; como son asimismo numerosos los testimonios sobre la pr\u00e1ctica del canto: son c\u00e9lebres los pasajes de la carta de Plinio a Trajano, los de la carta de san Ignacio de Antioqu\u00ed\u00ada a los efesios, los del Pedagogo de Clemente Alejandrino y del De anima de Tertuliano. En cambio, ninguna melod\u00ed\u00ada ha llegado hasta nosotros, a no ser el \u00e9painos a la Trinidad del papiro de Oxirinco (que no parece destinado a la liturgia), el cual se remonta al s. III; y despu\u00e9s la antiqu\u00ed\u00adsima, pero que no es fechable con precisi\u00f3n, Laus magna, de la que proceder\u00e1 el Gloria de la misa.<\/p>\n<p>Uno de los criterios para imaginar el proceso y el sabor de las melod\u00ed\u00adas arcaicas es tener en cuenta algunos procedimientos compositivos comunes a muy diversas \u00e1reas culturales, incluida la mediterr\u00e1nea: se trata del uso de melod\u00ed\u00adas de cent\u00f3n y de la t\u00e9cnica de las variaciones de estructura. Mas por encima de tales datos, de la documentaci\u00f3n en su conjunto nace una visi\u00f3n bastante positiva: riqueza de motivaciones del canto, vitalidad de pr\u00e1cticas diferenciadas, ritualidad capaz de liberar m\u00e1s que de bloquear los comportamientos humanos, escucha cultural cr\u00ed\u00adtica y actitud receptiva. Se est\u00e1 en el polo opuesto a la concepci\u00f3n de una m\u00fasica en s\u00ed\u00ad en las confrontaciones del rito, y de un rito en s\u00ed\u00ad en las confrontaciones de la vida; la celebraci\u00f3n misma de los misterios cristianos no es extrapolaci\u00f3n de la cultura-ambiente, sino en la medida en que el juicio evang\u00e9lico desenmascara \u00ed\u00addolos o denuncia estructuras opresivas.<\/p>\n<p>Hoy, despu\u00e9s de m\u00faltiples experiencias en diversos sentidos, tal concepci\u00f3n y tal praxis aparecen, en su conjunto, como las m\u00e1s \u00abmodernas\u00bb de la historia de la liturgia. Y son dimensiones que habr\u00e1n de recuperarse, para volver a encontrar una identidad de cristianos en el culto y de ciudadanos en el mundo.<\/p>\n<p>2. ASPECTOS LIT\u00daRGICO-MUSICALES DE LA EPOCA PATR\u00ed\u008dSTICA. Con esta r\u00e1pida rese\u00f1a, que prescinde hasta de sucesiones cronol\u00f3gicas y de concretas localizaciones geogr\u00e1ficas, se intentan destacar dos aspectos de notable riqueza: la evoluci\u00f3n de un pensamiento cristiano cada vez m\u00e1s rico sobre la m\u00fasica y la aparici\u00f3n de algunas formas lit\u00fargico-musicales diversamente estructuradas y variadamente funcionales.<\/p>\n<p>a) El pensamiento sobre la m\u00fasica. El inter\u00e9s bastante vivo en la sociedad por las pr\u00e1cticas musicales (fiestas, banquetes, cultos, ritos f\u00fanebres&#8230;) lleva a los padres a una confrontaci\u00f3n, a una profundizaci\u00f3n especulativa y espiritual, a una vigilancia unas veces promocional y otras pol\u00e9mica. La preocupaci\u00f3n celebrativa y \u00e9tica orienta el discurso patr\u00ed\u00adstico (\u00c2\u00a1felizmente para nosotros!) hacia la vertiente de la m\u00fasica pr\u00e1ctica, es decir, hacia aquel usus desde\u00f1ado por los doctos, para quienes la m\u00fasica era ciencia especulativa. Solamente san Agust\u00ed\u00adn es contempor\u00e1neamente testimonio de preocupaciones espirituales en sus Confessiones, pastorales en sus Enarrationes y cient\u00ed\u00adficas en el De musica. Entre los m\u00e1s calificados testimonios del tema lit\u00fargico-musical se han de recordar, al menos, san Ambrosio, Clemente de Alejandr\u00ed\u00ada, Eusebio de Cesarea, Gregorio Nazianceno y Gregorio Niseno, Jer\u00f3nimo, Juan Cris\u00f3stomo, Nicetas, Or\u00ed\u00adgenes, Teodoreto, Tertuliano (perd\u00f3nesenos el orden puramente alfab\u00e9tico).<\/p>\n<p>Los padres encomian el canto lit\u00fargico por diversas razones. Se atienen ante todo a los ejemplos escritur\u00ed\u00adsticos, multiplicando, a su manera, las interpretaciones b\u00ed\u00adblicas: se extienden desde el Exodo hasta los Salmos, desde los profetas hasta el Apocalipsis, desde los libros de los Reyes hasta los evangelios. Su lectura b\u00ed\u00adblica no es exclusivamente espiritualista, sino que acoge y engloba los valores antropol\u00f3gicos y los efectos psicol\u00f3gicos de las diversas pr\u00e1cticas de canto, que producen alegr\u00ed\u00ada espiritual, salud f\u00ed\u00adsica o ps\u00ed\u00adquica, emotividad tan intensa que resulta ambigua: medicina para los hombres carnales, pero impedimento para los espirituales. Se pusieron sobre todo de relieve los aspectos simb\u00f3licos y celebrativos de la coralidad en sus m\u00faltiples formas: es servicio de la palabra, cohesi\u00f3n comunitaria (signo y prueba de unidad), sacrificio espiritual, profec\u00ed\u00ada del reino, comuni\u00f3n con los coros ang\u00e9licos y anticipaci\u00f3n escatol\u00f3gica. La pr\u00e1ctica lit\u00fargica del canto se inserta en una visi\u00f3n mist\u00e9rico-sacramental, hasta el punto de que los textos que hablan de \u00e9l pertenecen m\u00e1s al g\u00e9nero de la mistagogia que al del tratado.<\/p>\n<p>No dejan tampoco los padres de tener presentes las problem\u00e1ticas del impacto cultural: conocen el fascinante poder de los cantos inmorales y la fuerza contagiosa de los cantos her\u00e9ticos; son conscientes de los peligros de retorno a situaciones idol\u00e1tricas implicadas en la fuerza evocativa de melod\u00ed\u00adas y timbres instrumentales; no ignoran la encantadora seducci\u00f3n ni el m\u00e1gico poder de algunas pr\u00e1cticas; como consecuencia de todo lo cual establecen reservas y tratan de prevenir contra particulares situaciones que, por otra parte, encierran elementos interesantes o incluso normativos para toda \u00e9poca. En resumen, parece l\u00ed\u00adcito hablar tambi\u00e9n de una modernidad de los padres en el tratado global sobre la m\u00fasica. Su visi\u00f3n m\u00e1s bien es amplia y articulada, tiene en cuenta una multiplicidad de pr\u00e1cticas y proyectos, refleja una situaci\u00f3n celebrativa no alejada de la vida ni del pueblo y todav\u00ed\u00ada no dominada por la estaticidad de normas rubricales intangibles.<\/p>\n<p>b) Desarrollo de formas musicales. Signo de una liturgia en vital expansi\u00f3n celebrada con lenguajes usuales, ni siquiera reservada en exclusiva para adeptos de raigambre lev\u00ed\u00adtica, lo es igualmente el desarrollo de formas musicales variadamente funcionales y convergentes. En el campo de la salmodia se apoyan en la ejecuci\u00f3n directivo-solista (frecuentemente virtuosista con la asamblea a la escucha) nuevos tipos de ejecuci\u00f3n: la directivo-colectiva (colectiva o alterna), en la que tambi\u00e9n participa el pueblo con un n\u00famero determinado de salmos escogidos; la de frases intercaladas, aleluy\u00e1ticas o responsoriales (el estribillo est\u00e1 atestiguad\u00ed\u00adsimo por los padres); finalmente, las formas diversamente antifonadas, que combinan escucha e intervenci\u00f3n y liberan funciones ministeriales. En el campo de la himnodia, despu\u00e9s de una feliz gestaci\u00f3n en Oriente, en Africa y hasta en Europa, tanto en los \u00e1mbitos her\u00e9ticos (gnosticismo, arrianismo) como enlos ortodoxos (desde Bardesano [+ 222] hasta Arrio [+ 336] o Efr\u00e9n [+ 373], desde Mario Victorino hasta Hilario [+ 336]), se llega a un estadio de madurez por obra de san Ambrosio (+ 397). Su fina intuici\u00f3n pastoral y su inter\u00e9s por los misterios celebrados en la asamblea son g\u00e9rmenes de vitalidad sembrados por todo Occidente.<\/p>\n<p>As\u00ed\u00ad es como salmodia e himnodia, revigorizadas y relanzadas en los c\u00ed\u00adrculos celebrativos, presentan unas asambleas en las que la unidad no est\u00e1 tejida de uniformidad. Como sabemos, en la celebraci\u00f3n bien inserta, en los ritmos de la vida y en el tejido experiencial de las comunidades pueden resonar (solamente en Roma no llega a aprovecharse de tal apertura), adem\u00e1s de la palabra b\u00ed\u00adblica, las palabras que la cultura viva, traducida en vena po\u00e9tica o creatividad eucol\u00f3gica, forja como respuesta eclesial. Algunas hip\u00f3tesis hacen remontar hasta los ss. tv-v la fundaci\u00f3n de las scholae cantorum, comprobadas documentalmente en algunas localidades. La creaci\u00f3n de tal instituci\u00f3n en un contexto lit\u00fargico rico en aportaciones participativas podr\u00ed\u00ada significar un m\u00e1ximo enriquecimiento en la estructuraci\u00f3n ministerial de las asambleas. Sabemos igualmente que bien pronto se ver\u00e1n envueltas tales scholae, al. menos como concausas, en un proceso disgregador y de decadencia celebrativa, al ritmo del contrastante camino ascensional del arte.cambios e influjos m\u00e1s dispares. Y cada liturgia local se expresa con sus correspondientes h\u00e1bitos musicales. Es el triunfo del pluralismo lit\u00fargico-musical, aceptado y hasta respetado por la misma iglesia de Roma, no solamente para las \u00e1reas geogr\u00e1fica y culturalmente distantes, sino tambi\u00e9n para la misma Italia.<\/p>\n<p>No podemos ocuparnos aqu\u00ed\u00ad del Oriente lit\u00fargico con sus ramificaciones. En cuanto a Occidente, tenemos noticia de una tradici\u00f3n africana, del mundo visig\u00f3tico con sus diversas escuelas y redacciones locales en Iberia, de las exuberancias creativas en el \u00e1mbito galicano, de las aportaciones originarias de las regiones c\u00e9lticas. Por lo que se refiere a las producciones musicales, hoy es dif\u00ed\u00adcil y no pocas veces imposible discernir, precisar y reconducir hasta su fuente costumbres y repertorios: est\u00e1, por lo dem\u00e1s, documentada la vitalidad creativa y la rec\u00ed\u00adproca fecundaci\u00f3n de diversas aportaciones. En lo que concierne, finalmente, a Italia, todo grupo eclesial consistente, sobre todo si es pol\u00ed\u00adticamente importante, est\u00e1 dotado de su propio conjunto de textos y entonaciones. De la riqueza de algunas regiones o ciudades no queda ni recuerdo; de otras quedan rastros y hasta noticias bastante considerables (Campana, zona ravenense, \u00e1rea aquileyense); se conserva, en cambio, el patrimonio org\u00e1nico y codificado de las ciudades de Benevento, Mil\u00e1n y Roma. Sin entrar en cuestiones que los estudiosos est\u00e1n orientando en diversas direcciones -hist\u00f3rica-lit\u00fargica-textual-paleogr\u00e1fica-semiol\u00f3gica-musicol\u00f3gica-, baste una alusi\u00f3n a la estructuraci\u00f3n (cada vez m\u00e1s compleja y a la vez precisa) de las grandes celebraciones sacramentales, de la oraci\u00f3n diaria con sus m\u00faltiples programas o del memorial anual del misterio de Cristo. Dentro de tales celebraciones se ponen a punto las diversas formas de canto, ya las ligadas a funciones de base comunes a todas las liturgias (por ejemplo, el introito de la misa, con las distintas nomenclaturas seg\u00fan los diversos ritos), ya las que acompa\u00f1an a costumbres caracter\u00ed\u00adsticas de uno o m\u00e1s ritos. En cuanto a la iglesia de Roma, es notoria la atenci\u00f3n de los pont\u00ed\u00adfices al ordenamiento ritual en general y a la puntualizaci\u00f3n del antifonario en particular. Por sus influjos determinantes y por los resultados pr\u00e1cticos en el campo lit\u00fargico-musical no se pueden olvidar ni el dinamismo de la expansi\u00f3n misionera ni la floraci\u00f3n mon\u00e1stica.<\/p>\n<p>Sin embargo, y a pesar de tanto trabajo creativo o de adaptaci\u00f3n, hay un elemento importante de la celebraci\u00f3n que siempre va a menos: el de la participaci\u00f3n-encuentro asambleario. Adquieren espacio la especializaci\u00f3n teol\u00f3gico-b\u00ed\u00adblica de los compiladores de textos (\u00c2\u00a1magn\u00ed\u00adficos!), la gestualidad escenogr\u00e1fica de los ministros, el afinamiento mel\u00f3dico de los adscritos a las scholae, mientras que al pueblo pertenecer\u00e1n las sustituciones que se le ofrecen (tambi\u00e9n musicalmente) o que \u00e9l mismo busca y perfecciona o realiza. Cultura y m\u00fasica elitistas son las que invaden el espacio lit\u00fargico; la ritualidad busca cada vez m\u00e1s influencias pontificias y regias, alejadas de la experiencia ordinaria. La celebraci\u00f3n se configura como espl\u00e9ndido opus al que acudir, y a sus protagonistas se les reconocen poderes misteriosos: el alejamiento cultural comienza a ser as\u00ed\u00ad distanciamiento sacra\/. El progreso musical no es enteramente inocente, junto cpn otros factores, en lo tocante al distanciamiento entre liturgia y vida. La m\u00fasica se prepara para llegar a ser, como el lat\u00ed\u00adn, una lengua culta: la lengua de otra iglesia, que es la instituci\u00f3n y su clero.<\/p>\n<p>4. LAS EPOCAS ROMANO-FRANCA Y ROMANO-GERM\u00ed\u0081NICA DE LA LITURGIA. Los siglos que transcurren entre Gregorio Magno (t 604) y Gregorio VII (t 1085) muestran las huellas y esconden el secreto de complicad\u00ed\u00adsimas vicisitudes lit\u00fargico-musicales: el canto desempe\u00f1a un papel mucho m\u00e1s que secundario. En Roma la liturgia va madurando una adaptaci\u00f3n y alcanzando una codificaci\u00f3n fundamental en lo relativo a textos, ritos y usos de canto. La eficacia de la schola cantorum est\u00e1 garantizada por maestros de alta especializaci\u00f3n y por alumnos formados en el arte desde su tierna edad. Tal complejo ritual y musical es capaz de suscitar admiraci\u00f3n, emulaci\u00f3n y hasta tal vez envidia. Bien pronto va a comenzar su trasplante a las regiones del norte, primero por contagio y con el apoyo de libres iniciativas, y despu\u00e9s con el favor y el poder de los reyes. El intercambio de maestros de canto entre Roma, Francia, Alemania, Suiza (como, por lo dem\u00e1s, la migraci\u00f3n de los libros lit\u00fargicos) va acompa\u00f1ado de la progresiva romanizaci\u00f3n de las antiguas liturgias locales. El proceso est\u00e1 apoyado (devoci\u00f3n que encubre en no peque\u00f1a medida una estrategia pol\u00ed\u00adtica) primero por Pipino y despu\u00e9s por Carlomagno. Por lo que se refiere al canto, mantiene \u00e9ste, de una manera determinante, el prestigio que le viene de su atribuci\u00f3n al gran pont\u00ed\u00adfice Gregorio I: de la leyenda nace una tradici\u00f3n literaria e iconogr\u00e1fica. La operaci\u00f3n de trasplante no termina, naturalmente, ni en una sustituci\u00f3n ni en una mezcla coherente en ning\u00fan campo; dar\u00e1 m\u00e1s bien lugar a unos conjuntos demasiado h\u00ed\u00adbridos. La yuxtaposici\u00f3n cultural producir\u00e1\u2020\u00a2 reacciones o resistencias o tambi\u00e9n movimientos an\u00e1rquicos; hasta desembocar\u00e1 en floraciones de una imprevisible e incontrolable creatividad.<\/p>\n<p>Dentro de este trabajo se sit\u00faa el fen\u00f3meno de la fecundaci\u00f3n y del feliz parto de un arte melifluo de primera calidad: el denominado canto -> gregoriano. Las hip\u00f3tesis de los estudiosos sobre el origen de esta perfeccionad\u00ed\u00adsima praxis (que se establecer\u00e1 m\u00e1s tarde como repertorio) pueden reducirse sustancialmente a dos principales, muy distintas entre s\u00ed\u00ad. Se hace referencia aqu\u00ed\u00ad a ellas a grandes rasgos y sin entrar en todos los detalles necesarios. a) El gregoriano es canto de la Urbe, reelaborado en refinad\u00ed\u00adsimos ambientes romanos y llevado al norte con la difusi\u00f3n de los textos del antifonario (desde este momento coherente y completo). Pero en Roma sigue en vigor otra tradici\u00f3n distinta de canto (antiguo romano), que vendr\u00e1 escrito en notaci\u00f3n a partir del s. xI y que all\u00ed\u00ad se utilizar\u00e1 todav\u00ed\u00ada durante alg\u00fan siglo. b) El gregoriano floreci\u00f3 en las Galias, entre el Rin y el Sena, sobre todo en torno a las catedrales y en los centros mon\u00e1sticos, provistos de scholae as\u00ed\u00ad como de scriptoria, de donde saldr\u00e1n los c\u00f3dices con notaci\u00f3n. Los textos son naturalmente los del antifonario y del responsorial romano; pero las melod\u00ed\u00adas son geniales creaciones (en el sentido y seg\u00fan los sistemas de la \u00e9poca) de artistas an\u00f3nimos de los ss. vmax, favorecidos por el renacimiento carolingio y atentos a la sensibilidad de la cultura transalpina. Perfeccionan dichos artistas costumbres, reelaboran materiales, teorizan para dar homogeneidad, organicidad y sentido pr\u00e1ctico al nuevo repertorio. De hecho, los codices neumati m\u00e1s antiguos (incomparables por su precisi\u00f3n gr\u00e1fica, la cual transparenta una alta musicalidad, una perfeccionad\u00ed\u00adsima vocalidad y una aut\u00e9ntica espiritualidad al abordar el texto b\u00ed\u00adblico) proceden de las Galias y de Suiza. En Roma, por el contrario, no aparece tal canto documentado sino mucho m\u00e1s tarde (s. xuI) y en su fase decadente.<\/p>\n<p>Si es justo recordar tales hip\u00f3tesis, ya no es del caso pronunciarse en pro o en contra de posiciones acerca de una cuesti\u00f3n que probablemente nunca ser\u00e1 posible esclarecer adecuadamente. Siguiendo la l\u00ed\u00adnea de reflexi\u00f3n que nos hemos propuesto desde el principio, nos parece m\u00e1s necesario hacer algunas observaciones: a) La calificaci\u00f3n de los ritos y la especializaci\u00f3n en el canto impulsan a la liturgia, de forma definitiva e irreversible durante siglos, por un carril que solamente podr\u00e1 ser controlado y gestionado por adictos a esos trabajos, es decir, por el mundo clerical y mon\u00e1stico. Impresiona el hecho de que, paralelamente al espl\u00e9ndido florecimiento del canto (que sigue produciendo textos y melod\u00ed\u00adas para tropos, secuencias, responsorios, aleluyas, nuevos oficios, etc.), se sienta la piedad cristiana obligada a refugiarse en formas moralizantes y asc\u00e9ticas y en tonos psicol\u00f3gico-sentimentales, fomentados por el alegorismo y la dramaturgia celebrativa, por la cuantificaci\u00f3n concomitante de la descalificaci\u00f3n de las fiestas y por la hipertrofia ritual diirectamente proporcional a la incuria pastoral en los encuentros del pueblo congregado para las celebraciones. De ah\u00ed\u00ad que tal canto, nativa y constitucionalmente ligado a ese estado de cosas (y sobre todo a la imposible participaci\u00f3n de los fieles), contin\u00fae siendo el indicado como repertorio normativo del canto eclesial (latino) y popular para toda \u00e9poca. b) No es demasiado pedir que la idealizaci\u00f3n del gregoriano (provenga \u00e9sta de estetas o de documentos eclesiales) se mantenga dentro de l\u00ed\u00admites cultural y eclesiol\u00f3gicamente razonables y se mueva en el \u00e1mbito de bien claras intenciones. No se pueden desatender las problem\u00e1ticas que suscita tal repertorio cuando se quiere indebidamente absolutizarlo o reponerlo en el \u00e1mbito cultual: \u00bfqui\u00e9n lo ejecutaba?, \u00bfc\u00f3mo?, \u00bfpara qui\u00e9n?, \u00bfrepresenta un fen\u00f3meno de comuni\u00f3n eclesial o de marginaci\u00f3n?, \u00bfes plenamente positivo el hecho de haberse extendido a costa del silencio de otras voces, marginadas hasta cierto punto o acalladas irreparablemente (pi\u00e9nsese en los patrimonios locales que no sobrevivieron, a excepci\u00f3n del canto ambrosiano; y sobre todo en el canto visig\u00f3tico, ligado a una gloriosa tradici\u00f3n lit\u00fargica, truncada por Gregorio VII)? Con este tipo de reflexi\u00f3n no se quita lo m\u00e1s m\u00ed\u00adnimo al valor intr\u00ed\u00adnseco ni a la refinada espiritualidad del mundo gregoriano. Pero se le contextualiza en una experiencia eclesial m\u00e1s amplia (incluidos los cambios lit\u00fargicos) y se sopesan tanto los valores que han de conservarse como los l\u00ed\u00admites que no han de sobrepasarse.<\/p>\n<p>5. DEL CANTO PARA UNA CIERTA LITURGIA A LA LITURGIA PARA LA M\u00daSICA. a) S\u00ed\u00adntesis conceptual. Un tratado que globalmente aspire a considerar el mundo de la m\u00fasica en la iglesia a partir del s. XIII hasta los tiempos m\u00e1s recientes dif\u00ed\u00adcilmente logra esquivar dos escollos: por un lado, el que, sobre bases apolog\u00e9ticas, registra los, fastos de una iglesia cuna y protectora del progreso cultural-art\u00ed\u00adstico; por el lado opuesto, el que, basado en el sentido cr\u00ed\u00adtico de una cultura sanamente laica, lleva a individualizar los miedos, las lentitudes, las tard\u00ed\u00adas posiciones de recuperaci\u00f3n de una gesti\u00f3n de poder que se siente amenazada por las transformaciones culturales y que reacciona, hasta encubrir como amor a la tradici\u00f3n un deseo de autoconservaci\u00f3n. Ambas posiciones tienen algo de verdad, pero no pueden constituir el punto de partida para una valoraci\u00f3n racional. En efecto, el punto de vista est\u00e9tico-musical lleva a absolutizar, a posteriori, la herencia de un thesaurus acumulado durante siglos; mientras tanto, la v\u00ed\u00ada del an\u00e1lisis socio-cultural, prefiriendo en la indagaci\u00f3n la novedad de los fen\u00f3menos incluso est\u00e9ticos en su impacto con las estructuras de la \u00e9poca, corre el peligro de olvidar el peso de la continuidad en el rito y el problema pol\u00ed\u00adtico implicado en la oraci\u00f3n misma.<\/p>\n<p>En esta relectura se prefiere, una vez m\u00e1s sin absolutizarla, una tercera v\u00ed\u00ada de aproximaci\u00f3n: la liturgia en su vertiente celebrativa, que implica una visi\u00f3n teol\u00f3gica. Tal postura, a diferencia de las otras dos m\u00e1s perif\u00e9ricas, llega mejor al nudo de la cuesti\u00f3n. En efecto, el conjunto de datos est\u00e9ticos o culturales, y aun la misma serie de acontecimientos hist\u00f3ricos rese\u00f1ados, vuelven a entrar en unos cauces l\u00f3gicos y encuentran una explicaci\u00f3n m\u00e1s oportuna cuando se redimensionan, a nivel de efectos, desde las confrontaciones de una causalidad verdaderamente b\u00e1sica: la de una liturgia que vive una crisis cada vez m\u00e1s grave y prolongada.<\/p>\n<p>De esta variada y extensa documentaci\u00f3n se deduce el dato de unas celebraciones vac\u00ed\u00adas y en decadencia: cumplimiento m\u00e1s que vocaci\u00f3n eclesial, repertorio que ejecutar m\u00e1s que inspiraci\u00f3n, conjunto de cosas sagradas que tratar m\u00e1s que autenticidad de un comportamiento humano, movimiento representativo de una burocracia en el culto en vez de una acci\u00f3n coral del pueblo, dramaturgia en exhibici\u00f3n m\u00e1s que misterio participado, supervaloraci\u00f3n de un cuadro religioso-cultual m\u00e1s que acogida de un Dios que dialoga y se da dentro de una aut\u00e9ntica l\u00f3gica de encarnaci\u00f3n. Despu\u00e9s de la estaci\u00f3n gregoriana, la floraci\u00f3n de la polifon\u00ed\u00ada (con sus aspectos ling\u00fc\u00ed\u00adsticos y gramaticales revolucionarios y sus osadas experiencias) se inserta en los distritos de tal situaci\u00f3n celebrativa. La b\u00fasqueda sonora tiene una vitalidad incansable; los mismos ajustes sociales nuevos y cambiantes est\u00e1n abiertos al gusto cada vez m\u00e1s exquisito del progreso art\u00ed\u00adstico, hecho de mezclas arm\u00f3nicot\u00ed\u00admbricas, de juegos y simbolog\u00ed\u00adas r\u00ed\u00adtmicas, de prestaciones profesionales por parte de los nuevos m\u00fasicos, que no son ya, como en otro tiempo, especuladores de armon\u00ed\u00adas esf\u00e9ricas ni combinadores de n\u00fameros m\u00ed\u00adsticos, sino artistas de la materia. El impulso auton\u00f3mico de la m\u00fasica no conoce verdaderos obst\u00e1culos, dado que su relaci\u00f3n con el rito es extr\u00ed\u00adnseca. Se lleg\u00f3 a la desaparici\u00f3n de las formas y al oscurecimiento de las funciones rituales; por eso son posibles la reducci\u00f3n a se\u00f1al festiva de las composiciones desmesuradas y a veces extravagantes, la contraposici\u00f3n de modelos ajustados al genio o a la cultura de los detentores del monopolio mel\u00f3dico-instrumental. La concepci\u00f3n exterior de la fiesta y el vac\u00ed\u00ado teol\u00f3gico de la solemnidad lit\u00fargica se crean sus propios suced\u00e1neos: un tipo de participaci\u00f3n reducido a percepci\u00f3n global de lo sagrado; una afectividad orientada por los aspectos descriptivos y narrativos del rito; unas repercusiones psicol\u00f3gicas favorecidas por las aportaciones audiovisuales del programa; un encantamiento provocado por la gestualidad musical conjugada con la materialidad un tanto sensual de la t\u00ed\u00admbrica, con la fascinaci\u00f3n de las cambiantes armon\u00ed\u00adas, con las caleidosc\u00f3picas evoluciones del ritmo. Cada uno de estos aspectos tiene, sin embargo, igualmente sus facetas positivas; en efecto, la iniciativa popular busca y encuentra desembocaduras significativas en ritos marginales (procesiones, peregrinaciones, bendiciones&#8230;) y celebraciones en la frontera de lo lit\u00fargico (via crucis, sepulcros, pesebre&#8230;), ricos, sin embargo, en valores simb\u00f3licos, en elementos a\u00f1adidos (cf las cofrad\u00ed\u00adas) y en nuevos repertorios de canto en lengua viva (por ejemplo, los laudes).<\/p>\n<p>La misma liturgia oficial no podr\u00e1 ya desde ahora subestimar la nueva m\u00fasica; pero el torbellino musical se convertir\u00e1, dentro de la celebraci\u00f3n, en algo as\u00ed\u00ad como la proverbial serpiente en el seno. Se intenta solamente exorcizar sus amenazas y curar sus mordeduras m\u00e1s agudas; salvo que se busque la manera de gloriarse, a distancia y despu\u00e9s de varias ca\u00ed\u00addas, de las heridas cicatrizadas como de unos trofeos conquistados.<\/p>\n<p>Se escuchan protestas y lamentaciones por parte de hombres de probada piedad y por parte de esp\u00ed\u00adritus particularmente reaccionarios, pero son como voces en el desierto. La autoridad legisladora se mueve a su vez torpemente y con inevitable ineficacia. Los intentos de intervenci\u00f3n, desatendiendo las verdaderas causas del mal, se limitan a hacer algunos reparos. Sus directrices muestran su extrav\u00ed\u00ado ante una realidad lit\u00fargica cada vez mas deteriorada en su recorrido por los caminos de la m\u00fasica. Tras lacorteza literal y efectiva de las providencias pontificias o sinodales o de las denuncias de testimonios particulares, que se multiplicar\u00e1n con la decadencia que reaparece, puede componerse este cuadro:<br \/>\n\u2020\u00a2 Preferencia fundamental por viejas formas compositivas y por repertorios fijos, socializados e inocuos, frente a las novedades. \u00abNovis omnibus vetera praeponantur&#8230;\u00bb (1279): es un programa. La b\u00fasqueda, absolutamente justifica-da como salvaguardia de la continuidad, desemboca sobre todo en estas v\u00ed\u00adas: la congelaci\u00f3n ritual -es la primera v\u00ed\u00ada- de los tonos de la lectura, de la oraci\u00f3n, de los di\u00e1logos, de las moniciones, de las salmodias (que, por lo dem\u00e1s, se consideran cantus m\u00e1s que m\u00fasica): es la estilizaci\u00f3n a ultranza de gestos orales de diversa \u00ed\u00adndole, pero incomprendidos y planificados. Segunda: la reposici\u00f3n constante del gregoriano, fijo en los libros rituales, a pesar de lo degradado de sus funciones. Es un repertorio que conserva poco m\u00e1s que un papel signol\u00f3gico o gen\u00e9ricamente connotativo; su vestimenta originaria se ha manchado con manipulaciones de todo g\u00e9nero, realizadas como homenaje a las nuevas sensibilidades culturales y a los fluctuantes gustos ret\u00f3ricos. El mismo gregoriano llega a yuxtaponerse (en formas alternas) a composiciones mon\u00f3dicas o policorales de esp\u00ed\u00adritu muy distinto; ofrece m\u00e1s bien un soporte de conexi\u00f3n del tejido polif\u00f3nico (cantus firmus, frecuentemente irreconocible).<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Esfuerzo de puntualizaci\u00f3n de un estatuto sacral de la m\u00fasica. A las composiciones que llegan a madurar como fruto de un nuevo pensar y sentir se les quiere imponer -condici\u00f3n de su acceso al templo y de concordada compatibilidad con el rito- una etiqueta de garant\u00ed\u00ada, que puede obtenerse mediante la adecuaci\u00f3n a determinadas selecciones estil\u00ed\u00adsticas, la adopci\u00f3n de ambientes, la calidad de mociones: necesitan propiedades como la castitas, o al menos la honestas, y sobre todo la gravitas, de suerte que las armon\u00ed\u00adas resultantes auditum demulceant, devotionem provocent, psallentium Deo animos torpere non sinant. En la vertiente opuesta se implantan la vigilancia y la resistencia a las presiones de lo profano, que se manifiesta diversamente como adopci\u00f3n de temas populares, como mezcla y contaminaci\u00f3n de textos, como divismo canoro, como incapacidad ejecutiva: \u00abMagna bestialitas! -clama J. de Muris (1370) . Asinus pro homine, capra pro Leone, ovis pro pisce&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Preocupaci\u00f3n por salvaguardar al menos la integridad material de la palabra lit\u00fargica, redactada en lat\u00ed\u00adn, que no es ya de uso com\u00fan; olvidada y, m\u00e1s tarde, ya incomprensible; a veces se tiene la impresi\u00f3n de que se la utiliza como simple material fon\u00e9tico. Este mal por defecto desembocar\u00e1 en otro mal por exceso: el uso inadecuadamente ret\u00f3rico y teatral de la palabra cuando la m\u00fasica pretenda colorear el texto, en vez de limitarse a prestarle la voz.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Intenci\u00f3n estrat\u00e9gica de controlar los centros de operaci\u00f3n y los modelos de comportamiento musical, con el mantenimiento institucional de la relaci\u00f3n cl\u00e9rigo-m\u00fasico de iglesia.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Falta de atenci\u00f3n a la constante hist\u00f3rica, que revela exigencias participativas en el campo celebrativo y devocional. La ampl\u00ed\u00adsima y sugestiva producci\u00f3n laud\u00ed\u00adstica (en lengua viva y mel\u00f3dicamente pr\u00f3xima al sentir del esp\u00ed\u00adritu popular) sigue estando, de hecho y de derecho, en contraposici\u00f3n a la liturgia oficial.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Justificaci\u00f3n de la cesi\u00f3n inevitable frente a la eclosi\u00f3n del arte vocal-instrumental. Viene englobada dentro de la visi\u00f3n de la majestad incluso temporal de la iglesia, en la perspectiva apolog\u00e9tica de la victoria de la ortodoxia cat\u00f3lica; y se concilia con el proyecto pastoral de un saludable atractivo y de un santo entretenimiento: es suscitadora de piadosos afectos de signo opuesto a los creados por la lascivia del siglo, aun con los mismos m\u00f3dulos musicales.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Recurso a un viraje reaccionario cuando, considerada la pasividad del balance del compromiso, se idee y act\u00fae en el sentido de una contracultura cat\u00f3lica, restableciendo arquetipos remitificados y supersacralizados.<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 Exigencia final de una org\u00e1nica codificaci\u00f3n jur\u00ed\u00addica de la m\u00fasica, que fije con autoridad proyectos, modelos, comportamientos.<\/p>\n<p>b) Puntos salientes de la praxis y de la legislaci\u00f3n lit\u00fargico-musical. La s\u00ed\u00adntesis conceptual que hemos trazado, aparentemente aproximativa, pero en realidad fiel y documentable en sus diversos enunciados, sirve como fondo y como encuadramiento de la experiencia celebrativa en su vertiente musical, as\u00ed\u00ad como de las intervenciones normativas que tienen lugar entre el s. xut y el Vat. II. En la imposibilidad de trazar la historia musical de tantos siglos, ni aun limit\u00e1ndose al \u00e1mbito eclesial euroculto, aludiremos a alguna etapa y a alg\u00fan hecho digno de menci\u00f3n por su valor documental o por el potencial de reflexi\u00f3n que suscita.<\/p>\n<p>En 1324-25 aparece la Doctasanctorum Patrum, de Juan XXII, primer gran texto pontificio sobre la m\u00fasica lit\u00fargica. Se puntualiza la situaci\u00f3n en orden a rectificar su ruta. El primer dato que destaca en el cuadro es la corrupci\u00f3n del canto gregoriano, en contraste con \u00e9pocas anteriores (\u00bfde oro?). El papa, desde Avi\u00f1\u00f3n, lamenta la involuci\u00f3n ejecutiva y la ignorancia te\u00f3rica de los principios que imposibilitan al canto tradicional el fomento de la devoci\u00f3n, vinculada a un flujo mel\u00f3dico respetuoso frente a la transparencia del texto. Son responsables del mal las novedades de la cultura: se trata de la po\u00e9tica y de la t\u00e9cnica del Ars nova, ya brevemente descritas. A pesar de la intencionalidad restauradora, la intervenci\u00f3n deja entrever la conciencia de un cambio ya definitivo en el mundo de la pr\u00e1ctica y de la percepci\u00f3n musical. Mientras toma clara posici\u00f3n contra las innovaciones r\u00ed\u00adtmicas y la disoluci\u00f3n del texto lit\u00fargico, el pont\u00ed\u00adfice se muestra m\u00e1s abierto a los an\u00e1lisis de los usos arm\u00f3nicos, al menos los recibidos y de alguna manera abonados.<\/p>\n<p>Tal pol\u00ed\u00adtica de contenci\u00f3n se aplica a una realidad que hab\u00ed\u00ada ya desbordado los cauces se\u00f1alados como l\u00ed\u00adcitos. La polifon\u00ed\u00ada no est\u00e1 ya en gestaci\u00f3n, sino en expansi\u00f3n; est\u00e1 abierta a experiencias compositivas fant\u00e1sticas y a la vez calculadas; va en busca de equilibrios vocales experimentales y a la vez regulados; est\u00e1 m\u00e1s ebria que sedienta de un mundo po\u00e9tico y sonoro in\u00e9dito, por lo que, al lado de los antifonarios gregorianos redactados en notaci\u00f3n cuadrada, en las iglesias importantes aparecen nuevos c\u00f3digos con las partes polif\u00f3nicas; muchos de ellos est\u00e1n espl\u00e9ndidamente miniados, como expresando la belleza que se le reconoce al nuevo canto. En lacelebraci\u00f3n de la misa, junto al altar y en torno a un gran atril, un grupo de cantores (e instrumentistas cuando es necesario) trata el ordinario de la misa como una arquitectura sonora (el propio se ejecutar\u00e1 a lo sumo en gregoriano), mientras el celebrante se concentra en el acto personal y casi enteramente privado de la ofrenda del sacrificio, y el p\u00fablico se entretiene ad libitum seg\u00fan distintos polos de atenci\u00f3n. El modelo lit\u00fargico b\u00e1sico es el principesco, con toda su l\u00f3gica de etiqueta, de poder y hasta de consiguiente mercado; en las \u00e9pocas siguientes llegar\u00e1 a ser regio, ang\u00e9lico, mist\u00e9rico-arcaico. Ello se refiere a la liturgia solemne, equivalente a la cantada; la liturgia le\u00ed\u00adda, ferial, as\u00ed\u00ad como la rural, no es m\u00e1s que una coexistencia de devocionalismos privados. En un contexto como el descrito es donde se sit\u00faan las experiencias relatadas por toda historia de la m\u00fasica acerca de la polifon\u00ed\u00ada.<\/p>\n<p>En este per\u00ed\u00adodo es Flandes la fuente y el dep\u00f3sito mejor surtido para un riego art\u00ed\u00adstico que iba a durar por lo menos cuatro generaciones. Pero son los cambios, los viajes, los matrimonios, los encuentros principescos y hasta las mismas guerras los que desempe\u00f1an la funci\u00f3n de canales a trav\u00e9s de los cuales se difundir\u00e1 la polifon\u00ed\u00ada como una koin\u00e9 centroeuropea; \u00e9sta se consolidar\u00e1 merced a experiencias locales innumerables (todav\u00ed\u00ada poco estudiadas), que acompa\u00f1an a los m\u00faltiples y diversos fermentos human\u00ed\u00adsticos y renacentistas. Aun cuando se trate de un mundo fascinante, ser\u00e1 menester sustraerlo a toda f\u00e1cil idealizaci\u00f3n. Las obras de algunos polifonistas, tal como hoy las conocemos, seleccionadas e inventadas como bienes culturales, se nos est\u00e1n ofreciendo a trav\u00e9s de refinadas ejecuciones discogr\u00e1ficas concert\u00ed\u00adsticas (o tambi\u00e9n lit\u00fargicas, pero dentro de un nuevo mundo celebrativo). La realidad de la \u00e9poca presenta desgraciadamente tambi\u00e9n otra cara, si hemos de dar cr\u00e9dito a las quejas de los cronistas acerca de ejecuciones intolerables (\u00abclamoribus horridulis, inconditu garritu\u00bb), a las anotaciones de los liturgistas sobre la evoluci\u00f3n ritual (listas de abusos), a las voces de responsables que condenan h\u00e1bitos y costumbres de m\u00fasicos (generalmente cl\u00e9rigos).<\/p>\n<p>Hasta el mismo concilio de Trento llega la discusi\u00f3n de los pros y de los contras en torno a la m\u00fasica polif\u00f3nica; pero los elementos censurables de las composiciones y de las ejecuciones se atribuir\u00e1n a la impericia, y no al arte. Tal estado de cosas no cambia de rumbo; y s\u00f3lo se exigir\u00e1 para la m\u00fasica, dentro de un cuadro ritual reformado pero inalterado, el bautismo art\u00ed\u00adstico; lo cual significa, desde este momento, componer a la romana, sobre todo a lo Palestrina. S\u00f3lo que, desde el instante en que se acepta semejante ideal (de indiscutible valor art\u00ed\u00adstico), se muestra ya superado por el caminar de la experiencia art\u00ed\u00adstico-cultural.<\/p>\n<p>Hab\u00ed\u00ada nacido ya una nueva m\u00fasica y un nuevo modo de sentirla, como hab\u00ed\u00adan cambiado las sociedades y las costumbres. Apareci\u00f3 aquel mundo musical (nueva pr\u00e1ctica, estilo concertante, bajo continuo, alianza m\u00fasica-ret\u00f3rica, po\u00e9tica de los sentimientos&#8230;) que casi doscientos a\u00f1os m\u00e1s tarde la tratad\u00ed\u00adstica ceciliana valorar\u00e1, muy severamente, como viraje corrompido y corruptor. Efectivamente, la distancia que separa m\u00fasica de iglesia y m\u00fasica profana (de c\u00e1mara, de entretenimiento, de teatro) es casi insignificante bajo el aspecto estil\u00ed\u00adstico formal (solo, aria, intermedios, coros&#8230;) y llega a dar, tantoa la Sagrada Escritura como al rito de la misa, apariencias de un simple soporte o de un cuadro temporal (cf decreto de la Congregaci\u00f3n de ritos bajo Urbano VIII, 1643).<\/p>\n<p>Alejando VII despu\u00e9s, en la constituci\u00f3n Piae sollicitudinis studio (1657), toma posiciones para extirpar de la ciudad de Roma, con vocaci\u00f3n a la ejemplaridad, la licencia de usar textos lit\u00fargicos no aprobados, desde luego en lengua vulgar, como ya lo hab\u00ed\u00ada hecho la herej\u00ed\u00ada protestante. Tales intervenciones, aun fustigando las pr\u00e1cticas notoriamente m\u00e1s abusivas, no presentan alternativas de fondo e indican la sustancial aceptaci\u00f3n de los proyectos musicales vigentes; no pod\u00ed\u00ada ser de otra manera. En efecto, no se puede negar la compleja adecuaci\u00f3n de la m\u00fasica barroca a la magnilocuente ritualidad de la liturgia contrarreform\u00ed\u00adstica; ni su coherencia con la concepci\u00f3n de un orden mon\u00e1rquico y jer\u00e1rquico ejemplar que desde Dios, a trav\u00e9s de jerarcas y reyes, llega hasta el clero y los nobles civiles. De esta manera, en las iglesias, director de coro y organista podr\u00e1n y deber\u00e1n pontificar, despertando mayor inter\u00e9s en el presidente; el \u00f3rgano ser\u00e1 rey, y hasta \u00e9mulo monumental del altar; el lenguaje mel\u00f3dico, sobre el bajo continuo de implantaci\u00f3n arm\u00f3nica bien codificada, ser\u00e1 tan elocuente que tornar\u00e1, en cierto modo, familiar y accesible al pueblo la misma lengua muerta del lat\u00ed\u00adn; el juego alternante, el contraste t\u00ed\u00admbrico, el tejido contrapunt\u00ed\u00adstico ser\u00e1n capaces de expresar, mejor que el m\u00e1s calificado predicador, el sentido de la fiesta; la amplia gama de convenciones ret\u00f3ricas llegar\u00e1 a simbolizar todo lo dem\u00e1s: el llanto, la lucha, el gozo ang\u00e9lico.<\/p>\n<p>Es, por consiguiente, un juicio aproximativo y no del todo justo el que anatematiza reduccion\u00ed\u00adsticamente el repertorio de iglesia del barroco y, posteriormente, del clasicismo. Ese repertorio nutre la devoci\u00f3n, exalta la sensibilidad personal y colectiva y mantiene una visi\u00f3n al menos religiosa de la realidad cristiana, dado que el secreto de los misterios es inviolable por parte del pueblo. Sin embargo, ello lleva tambi\u00e9n, dentro del catolicismo, a un deslizamiento hacia el culto del esteticismo, as\u00ed\u00ad como a una integraci\u00f3n entre iglesia y sociedad, entre religi\u00f3n y cultura, con todas las ambig\u00fcedades posibles.<\/p>\n<p>La intervenci\u00f3n de Benedicto XIV, con su doct\u00ed\u00adsima carta Annus qui (1749) a la di\u00f3cesis de Roma, es un verdadero \u00ed\u00adndice de la situaci\u00f3n efectiva, frente a la cual una ponderada valoraci\u00f3n vale m\u00e1s que una serie de penas conminatorias. La enc\u00ed\u00adclica se presenta como una mesa redonda de amplia consulta; las mismas medidas disciplinarias est\u00e1n calculadas partiendo de horizontes m\u00e1s amplios para combatir objetivos m\u00e1s concretos.<\/p>\n<p>En el s. xix, por el contrario, prevalecer\u00e1 el ataque (fomentado por el cecilianismo) contra la m\u00fasica profana y el estilo teatral; lucha justificada realmente frente al precipitarse de elementos abusivos, pero no estrat\u00e9gicamente orientada. Contribuye a tal posici\u00f3n, sobre todo en el norte de Europa, la restaurada visi\u00f3n rom\u00e1ntica de un medievo lit\u00fargico idealizado. En realidad, el nuevo celo de purificaci\u00f3n del templo se basa en un diagn\u00f3stico desacertado del mal que se pretend\u00ed\u00ada remediar. No se advierte que el verdadero estrago radica en la condici\u00f3n y orientaci\u00f3n lit\u00fargicas. Mientras los cuadros ceremoniales, jur\u00ed\u00addicamente protegidos, son incapaces de significar algo que no se difumine en la polisemia de un algo sacro indiferenciado, no se puede evitar que una religiosidad gen\u00e9rica o epis\u00f3dica busque satisfacci\u00f3n en expedientes emotivos y est\u00e9ticos. No es s\u00f3lo la m\u00fasica la que hace de los templos un lugar de concierto; es la celebraci\u00f3n la que reclama una m\u00fasica culturalmente interesante como medio apropiado para entretener a los fieles. En esta \u00e9poca, la m\u00fasica verdaderamente contempor\u00e1nea, capaz de despertar atractivo, es la galante y dram\u00e1tica, que tiene su epicentro en la \u00f3pera. No es ya s\u00f3lo la m\u00fasica ligada a los poderosos de un tiempo; es tambi\u00e9n patrimonio de la burgues\u00ed\u00ada que se est\u00e1 consolidando; los mismos pobres se acercan, al menos en las iglesias, al banquete de esta fiesta musical. Para el catolicismo decimon\u00f3nico lo que debiera haber sido verdaderamente escandaloso (el rito anacr\u00f3nico en la lengua, en los s\u00ed\u00admbolos, en los gestos) es, por el contrario, la posesi\u00f3n pac\u00ed\u00adfica, ribeteada de nobleza, sacralidad e intangibilidad; por otra parte, lo que es enteramente natural y obvio, como un sentir musical vinculado a la vida y a sus dramas, deseos y aspiraciones, constituye esc\u00e1ndalo e intolerable contaminaci\u00f3n del templo. No queda m\u00e1s que una v\u00ed\u00ada: expulsar la m\u00fasica actual de la iglesia, sustituy\u00e9ndola por otra que sea, como el mundo ritual, ajena a la existencia, pero dotada de tradicionalidad y de artisticidad-fijeza, controlables por un centro de poder. Se toma la v\u00ed\u00ada del regreso cultural: plagio compositivo de los estilos ya pasados y reposici\u00f3n de viejos repertorios, relativamente conocidos, pero debidamente mitificados (los n\u00famenes tutelares son san Gregorio y Palestrina). En su car\u00e1cter arcaico y en su desacostumbrado sabor se reconoce el distanciamiento suficiente para justificar su relectura con categor\u00ed\u00ada de sagrado. Gregoriano y polifon\u00ed\u00ada (romana) quedan elevados a la categor\u00ed\u00ada de m\u00fasica lit\u00fargica arquet\u00ed\u00adpica, fuente de garantizada inspiraci\u00f3n, \u00fanico patrimonio mediante el cual obtener una aut\u00e9ntica riqueza. As\u00ed\u00ad es como son absolutizados dos momentos hist\u00f3ricos de la cultura relativos a contextos transitorios, hasta el punto de llegar a deducir de los mismos las propiedades normativas de la verdadera m\u00fasica sagrada.<\/p>\n<p>Desgraciadamente, el motu proprio de P\u00ed\u00ado X \u00ed\u00adnter pastoralis officii sollicitudines (1903) es ampliamente deudor de tal visi\u00f3n; en efecto, al avalarla en lo sustancial con tono autoritario, provoca (independientemente de las indudables ventajas en el campo de la extirpaci\u00f3n de macrosc\u00f3picos abusos) un frenazo al pensamiento y a la praxis en el sector de la m\u00fasica ritual; agranda la distancia entre la liturgia y la necesidad cada vez m\u00e1s notoria de formas expresivas y participativas, no s\u00f3lo a nivel espiritual; comunica vigor, a su vez, a la ideolog\u00ed\u00ada culturalmente miope y teol\u00f3gicamente vana de una m\u00fasica sagrada.<\/p>\n<p>Desde P\u00ed\u00ado X hasta el Vat. II es la reiteratividad conceptual lo que caracteriza los documentos, y una imitaci\u00f3n estandarizada de m\u00f3dulos musicales lo que caracteriza los repertorios de nueva hechura: todo ello en la medida en que los documentos tienen car\u00e1cter oficial, y los repertorios car\u00e1cter de reconocida ortodoxia. A la larga siguen siendo sospechosas las voces prof\u00e9ticas; se esquivan o se frenan algunos generosos intentos de reformular las cuestiones de fondo y de revalorizar la praxis celebrativa. Los frutos del movimiento lit\u00fargico parecen muy codiciosos en lo que concierne a canto y m\u00fasica, puesto que incluso una instrucci\u00f3n de 1958 (a pesar de la concesi\u00f3n de adaptaciones rituales y de una cierta ampliaci\u00f3n de la .problem\u00e1tica) recodifica la situaci\u00f3n de impasse y el c\u00famulo de contradicciones que se han producido en el largo caminar, aunque extra viam.<\/p>\n<p>IIl. S\u00ed\u00adntesis de las perspectivas lit\u00fargico-musicales del Vat. II<br \/>\nSi bien los documentos del Vaticano II revelan la existencia de dos almas, presentes en la formulaci\u00f3n de algunos textos expl\u00ed\u00adcitamente referidos al tema musical lit\u00fargico (la adhesi\u00f3n a una concepci\u00f3n y a una terminolog\u00ed\u00ada adoptada en los documentos pontificios se yuxtapone a instancias y principios que, arrancando de la teolog\u00ed\u00ada lit\u00fargica y de la celebraci\u00f3n presentada en clave pastoral, son capaces de liberar a la problem\u00e1tica de sus antiguas trabas y a la praxis de un carril muerto), existe todav\u00ed\u00ada, dentro del dictado conciliar global, el signo de una maduraci\u00f3n y la voluntad de una evoluci\u00f3n cualitativa, ya en el enfoque de los ideales y objetivos de la renovaci\u00f3n lit\u00fargica, ya en la fundamentaci\u00f3n de una nueva visi\u00f3n de la iglesia y de sus relaciones con las culturas y la historia.<\/p>\n<p>Los puntos firmes del empe\u00f1o por una renovaci\u00f3n providencial de la pr\u00e1ctica de la m\u00fasica lit\u00fargica son los siguientes: a) Desde el momento en que la liturgia es misterio pascual celebrado por el pueblo de Dios como ejercicio, en Cristo y en el Esp\u00ed\u00adritu, del nuevo sacerdocio, en el rito cristiano la actuaci\u00f3n de las personas (todas), en plenitud y autenticidad, es un valor primario. b) Canto y m\u00fasica son un gesto vivo, antes de ser una obra codificada que ejecutar; un comportamiento simb\u00f3lico actual,antes que un repertorio (hist\u00f3rico o moderno) al que adecuarse; una ofrenda viviente de s\u00ed\u00ad mismos, antes que la formalizaci\u00f3n de actitudes o de modalidades expresivas legalmente sagradas. c) Canto y m\u00fasica participan de la dimensi\u00f3n sacramental de la liturgia; son elementos simb\u00f3licos de realidades esenciales, y no adorno exterior; encarnaci\u00f3n en estructuras comunicativas de la palabra y de las palabras del di\u00e1logo salv\u00ed\u00adfico, y no ingredientes vagamente m\u00ed\u00adstico-est\u00e9ticos de un culto religioso. d) Canto y m\u00fasica no tienen autonom\u00ed\u00ada en las confrontaciones de la ritualidad lit\u00fargica que, no obstante y por estar bien articulada, ofrece sus espacios y reclama sus cometidos (formas-funciones-actores); canto y m\u00fasica tampoco son privilegio exclusivo de algunas personas que los crean o ejecutan, ni deleite est\u00e9tico de quienes los disfrutan: son patrimonio celebrativo de todos, aun cuando la acci\u00f3n corresponda a uno solo. e) Canto y m\u00fasica deben estar dotados de verdad expresiva y de autenticidad implicativa a partir de bases antropol\u00f3gicas y de los mundos culturales de los creyentes. Es necesaria la bondad de las formas, pero no es medible \u00fanicamente a partir de c\u00e1nones est\u00e9ticos o jur\u00ed\u00addicos preestablecidos. f) Los repertorios del pasado y hasta las nuevas obras no son bienes culturales que se hayan de airear para dar prestigio a la instituci\u00f3n o para solemnizar vacuamente el rito, sino posibilidades simb\u00f3licas que actualizar con su adecuada inserci\u00f3n en contextos significativos y en conjuntos participativos (animaci\u00f3n, direcci\u00f3n).<\/p>\n<p>Esta serie de anotaciones, deducidas del esp\u00ed\u00adritu m\u00e1s que de la letra del Vat. II, permite entrever la riqueza de un mundo musical diverso, despu\u00e9s de tantas experiencias desorientadas y alocadas. Puede cerrarse la vieja aventura musical y movilizarse, a su vez, la responsabilidad del pueblo de Dios para hacer brotar toda la riqueza de ministerios y carismas en la vida y en la celebraci\u00f3n, de tal modo que cante su identidad, d\u00e9 cuenta de su esperanza y revele a todos el rostro del Padre de Jesucristo. Esta vocaci\u00f3n se halla estimulada por la conciencia de que lo sacro y lo profano, como contrapuestos, pertenecen solamente a los imposibles territorios no visitados por Dios; y se nutre con la fe en la desaparici\u00f3n de los poderes y privilegios, de las barreras \u00e9tnicas y culturales (en todas las dimensiones), ya que todo hombre y todo lenguaje est\u00e1n llamados a la alabanza. En labios de comunidades evang\u00e9licamente nuevas, eclesialmente abiertas, culturalmente contempor\u00e1neas a s\u00ed\u00ad mismas puede florecer el canto nuevo. Pero no debemos olvidar cu\u00e1n largo y duro va a ser este camino hacia tal novedad, que, por lo dem\u00e1s, tampoco se ver\u00e1 libre de ca\u00ed\u00addas y de desv\u00ed\u00ados.<\/p>\n<p>F. Rainoldi<br \/>\nIV. La historia reciente<br \/>\nA veinte a\u00f1os de la conclusi\u00f3n del Vat. II vale la pena intentar un primer balance, provisional y r\u00e1pido, del movimiento creado por la reforma lit\u00fargica en el sector de la m\u00fasica y del canto para la liturgia. Esta breve panor\u00e1mica permitir\u00e1 encuadrar mejor los problemas todav\u00ed\u00ada abiertos, para articularlos m\u00e1s adecuadamente con las perspectivas que teor\u00ed\u00ada y praxis han elaborado durante este mismo per\u00ed\u00adodo. Las lecciones de tal historia recent\u00ed\u00adsima, aunque de dif\u00ed\u00adcil comprensi\u00f3n global todav\u00ed\u00ada, son un dato que la misma reflexi\u00f3n debe recoger y con el que debe enfrentarse. Tomando tambi\u00e9n en este caso tres polos (el rito, la cultura, la m\u00fasica) [-> supra, I] como elementos determinantes y mutuamente influyentes, podemos concretar en las asambleas cristianas algunos comportamientos que prevalecieron durante este breve per\u00ed\u00adodo de tiempo.<\/p>\n<p>Todo el que haya sido m\u00e1s sensible a las actuales transformaciones culturales y a los cambios m\u00e1s evidentes en el campo de la \u00abcreaci\u00f3n musical\u00bb, no ha dejado de privilegiar la adhesi\u00f3n al dato efectivo, es decir, a la sectorializaci\u00f3n y fragmentaci\u00f3n de las culturas, a la preocupaci\u00f3n del hacer sobre el completar, dando as\u00ed\u00ad vida, por ejemplo, a repertorios de canto denominados juveniles y a celebraciones caracterizadas por un dilatado empleo de m\u00f3dulos y formas t\u00ed\u00adpicas de la m\u00fasica corriente o de entretenimiento. El cambio ritual se ha recibido como apertura indiscriminada a nuevos estilos, m\u00e1s que como programa, renovado, s\u00ed\u00ad, pero puntual y exigente.<\/p>\n<p>Quien, por el contrario, ha tenido m\u00e1s en cuenta las nuevas estructuras y funciones celebrativas, frecuentemente no ha sabido renovarse bajo el aspecto cultural ni ha sentido la necesidad de interrogarse sobre los aspectos actuales de la m\u00fasica. De ah\u00ed\u00ad que se haya dado lugar a una irrelevante creativid\u00e1d, ampliamente deudora a escuelas musicales acad\u00e9micas o neocl\u00e1sicas, correctas pero limitadas en el plano de la composici\u00f3n, y a una gesti\u00f3n del rito poco literal, miope y de cortas perspectivas. Se ha dado una segunda actitud francamente reaccionaria en todos los frentes: acogida reticente de los nuevos ritos, empleo desmedido de repertorios musicales nacidos en el pasado paraun mundo lit\u00fargico diverso, rechazo manifiesto de toda realidad musical contempor\u00e1nea tanto docta como popular; an\u00e1lisis inexistente de datos culturales generales, preeminencia acr\u00ed\u00adtica dada a comportamientos celebrativos poco o nada valorativos del papel de la asamblea.<\/p>\n<p>Quien, finalmente, ha tratado de enfrentarse con toda la compleja red de datos que un music\u00f3logo lit\u00fargico tiene delante, frecuentemente ha caminado a tientas, sin llegar a dominar la fase actual del cambio en toda su amplitud. Se ha tratado, en todo caso, de minor\u00ed\u00adas activas, dislocadas, aunque no de manera uniforme, dependientes de los talentos individuales o de un grupo m\u00e1s que de un amplio movimiento de opini\u00f3n y de pr\u00e1ctica. Entre los \u00e9xitos de esta \u00faltima tendencia podemos citar: una visi\u00f3n din\u00e1mica y funcional de los ritos renovados; un intento de efectiva animaci\u00f3n de las asambleas, consideradas dentro de sus caracter\u00ed\u00adsticas culturales y llamadas a articularse, incluso musicalmente, de forma diferenciada y activa; una utilizaci\u00f3n despreocupada, pero en el fondo aguda y coherente, de un extenso arco de repertorios musicales, incluso hist\u00f3ricos; la multiplicaci\u00f3n de las intervenciones instrumentales frente al monopolio del \u00f3rgano; el esfuerzo en procurar medios de reflexi\u00f3n, formaci\u00f3n y orientaci\u00f3n pr\u00e1ctica, mediante libros, revistas, cursos, escuelas, ediciones discogr\u00e1ficas y musicales. La creciente publicaci\u00f3n de discos y casetes, en particular, ha influido no poco en la praxis musical de iglesia, con resultados que bien merecer\u00ed\u00adan atentos an\u00e1lisis. Pero, m\u00e1s all\u00e1 de los conocidos c\u00ed\u00adrculos editoriales, se ha desarrollado tambi\u00e9n un repertorio de cantos, nacido y crecido en el \u00e1mbito de gruposlocales; de movimientos particulares y de comunidades mon\u00e1sticas, que evocamos como un fen\u00f3meno digno tambi\u00e9n de nota, pero a t\u00ed\u00adtulo de inventario, ya que con frecuencia se ha realizado sin apenas valor art\u00ed\u00adstico y como se\u00f1al de una aproximaci\u00f3n espont\u00e1nea m\u00e1s que de una meditada exigencia celebrativa.<\/p>\n<p>Para dibujar un panorama realista, debe, finalmente, mencionarse toda una extensa franja de praxis lit\u00fargica, en la que la m\u00fasica se aproxima al cero, y ello por varios motivos. Adem\u00e1s de la sordera y los incumplimientos eclesiales, la raz\u00f3n principal es tal vez una consciente y larvada desconfianza respecto a una adecuada celebraci\u00f3n y al cuidado por hacerla significativa. Frente a problemas considerados como m\u00e1s urgentes (avanzada descristianizaci\u00f3n, conflictos sociales&#8230;), todo esto se tiene por superfluo, y en todo caso como secundario. Como los dem\u00e1s aspectos del rito, tampoco la m\u00fasica ha dejado de pagar su tributo en este punto.<\/p>\n<p>V. Rito &#8211; cultura &#8211; m\u00fasica<br \/>\nLa \u00e9poca es, pues, de transici\u00f3n. Saliendo de un largo y secular per\u00ed\u00adodo en el que, dentro de la m\u00fasica lit\u00fargica, han prevalecido el escuchar sobre el hacer, una atm\u00f3sfera globalmente considerada como sagrada sobre una acci\u00f3n ritual espec\u00ed\u00adfica, los ejecutores musicales capaces de producir m\u00fasica para la escucha (y, por tanto, los problemas de una cierta calidad compositivo-ejecutiva) sobre una gesti\u00f3n a su vez m\u00e1s asamblearia, compacta Y popular de l\u00e1 celebraci\u00f3n con m\u00fasica -pasando ahora a proyectos m\u00e1s caracterizados bajo el aspecto ritual, a una atenci\u00f3n m\u00e1sl\u00facida por las peculiaridades de las culturas locales, a un tipo de intervenci\u00f3n musical m\u00e1s vinculado a los dos polos anteriores , es menester formular proyectos, programas y normas pr\u00e1cticas seg\u00fan una visi\u00f3n m\u00e1s dial\u00e9ctica, m\u00e1s amplia y m\u00e1s abierta a soluciones de diversa \u00ed\u00adndole.<\/p>\n<p>1. EL PROYECTO RITUAL. La reforma de los ritos -por haberse realizado en un per\u00ed\u00adodo hist\u00f3rico agitado, es decir, vivido bajo el doble signo de la r\u00e1pida evoluci\u00f3n de la vida y de la proliferaci\u00f3n de culturas locales reconocidas y valoradas- no puede ciertamente considerarse como definitiva, ni siquiera a medio camino: se ha realizado, pero hay todav\u00ed\u00ada no poco que hacer; no solamente como realizaci\u00f3n de comportamientos aplicables (ritos y r\u00fabricas), sino tambi\u00e9n como b\u00fasqueda incesante de los significados perseguidos, bajo el acicate de las exigencias que progresivamente se manifiestan en las iglesias locales. Dentro de esta perspectiva, es \u00fatil leer los libros lit\u00fargicos bajo la ya aludida distinci\u00f3n entre proyecto (la inspiraci\u00f3n, el significado, los valores en juego), programa o modelo (elementos, estructuras, normas) y orientaci\u00f3n concreta (disposiciones pr\u00e1cticas, direcci\u00f3n conjunta). As\u00ed\u00ad, por ejemplo, en un rito bautismal podemos concretar: sus significados fundamentales, una articulaci\u00f3n del tipo acogida-palabra-sacramento-despedida, un nexo entre las partes, un dinamismo que imprimir a la celebraci\u00f3n, una serie de atenciones, criterios, medios concretos, capacidad de intervenci\u00f3n y de servicio, a fin de que el gran acontecimiento sacramental se realice de la manera m\u00e1s fruct\u00ed\u00adfera para todos. En un conjunto as\u00ed\u00ad se inserta f\u00e1cilmente el canto y hasta la misma m\u00fasica instrumental; de lo contrario, tendr\u00ed\u00adan \u00e9stos que soportar una pura ejecuci\u00f3n ritualista del rito, ya del aludido, ya de cualquier otro. Para iluminar tal inserci\u00f3n, m\u00e1s que enumerar los pasajes concretos y se\u00f1alados, en los que las r\u00fabricas indican canto o m\u00fasica, es preferible resumir, aunque sea muy a grandes rasgos, los grandes proyectos-programas de la liturgia. La expresi\u00f3n cantada o la producci\u00f3n instrumental adquieren sentido y orientaci\u00f3n concreta precisamente mediante la relaci\u00f3n entre el significado del rito y sus estructuras pr\u00e1cticas.<\/p>\n<p>Toda celebraci\u00f3n tiene un comienzo y un final: dirigir la asamblea dentro del rito, imprimi\u00e9ndole un paso no formalista sino participativo, y, en \u00faltima instancia, reacompa\u00f1arla en el vivir de cada d\u00ed\u00ada no mediante ruptura, sino en continuidad con el rito celebrado. Para tales proyectos prev\u00e9n normalmente los programas rituales un canto englobado en el rito inicial y alguna f\u00f3rmula de breve aclamaci\u00f3n (del tipo Demos gracias a Dios) como gesto conclusivo. Son, cabalmente, programas fijos, de alguna manera complicados por residuos poco integrados de estructuras prerreforma (como en el caso del Gloria de la misa festiva), por lo que conviene mantener con cierta elasticidad la norma de su realizaci\u00f3n: una gama de soluciones, desde la simple escucha (canto coral, parte instrumental o, en \u00faltima instancia, tambi\u00e9n m\u00fasica grabada) hasta el canto alterno entre asamblea y coro; desde formas h\u00ed\u00admnicas, m\u00e1s de masa, hasta un desarrollo m\u00e1s rico y articulado, puesto en m\u00fasica mediante el despliegue de medios apropiados (por ejemplo, tropario). Ser\u00e1n las variables de lugar y tiempo, las personas, las fiestas, las que orienten laelecci\u00f3n. De forma parecida, la conclusi\u00f3n del rito puede expresarse perfectamente con una aut\u00e9ntica aclamaci\u00f3n, as\u00ed\u00ad como tambi\u00e9n con un canto m\u00e1s extenso, o bien mediante una m\u00fasica instrumental de transici\u00f3n.<\/p>\n<p>Toda celebraci\u00f3n tiene, pues, siempre un gran momento de escucha\/respuesta: una liturgia de la palabra de Dios y de la palabra de la asamblea. Las f\u00f3rmulas abarcan elementos y acentos distintos: desde un predominio de la proclamaci\u00f3n b\u00ed\u00adblica (el modelo m\u00e1s extenso es el de la vigilia, como la pascual) hasta una mayor importancia dada a la meditaci\u00f3n sapiencia] (como, por ejemplo, en la salmodia de las horas); pero de la escucha nace siempre una oraci\u00f3n de s\u00faplica. La intervenci\u00f3n musical puede tener lugar tanto en la propuesta como en la respuesta: la proclamaci\u00f3n de los textos escritur\u00ed\u00adsticos puede reforzarse y &#8211;seg\u00fan los distintos g\u00e9neros literarios- hacerse m\u00e1s l\u00ed\u00adrica o m\u00e1s impresionante mediante el empleo eventual de recitativos, de acompa\u00f1amientos, lecturas con m\u00fasica de fondo, etc. En la vertiente de la respuesta son dignas de aplauso distintas aclamaciones (\u00c2\u00a1Aleluya!, \u00c2\u00a1Gloria a ti, Se\u00f1or!) o diversas formas de salmodia: responsorial breve o largo, alterno, directo. La misma profesi\u00f3n de fe puede revalorizarse mediante un recitado colectivo o mediante concisas afirmaciones cantadas. La s\u00faplica puede expresarse mediante la repetici\u00f3n de una invocaci\u00f3n-grito que, cuando no se distancia mucho, da lugar a una letan\u00ed\u00ada verdadera y propia. En ciertas celebraciones de la palabra, sobre todo en las propiamente tales, se puede apelar igualmente al uso del himno estr\u00f3fico, compendio l\u00ed\u00adrico y respuesta apasionada al anuncio recibido.<\/p>\n<p>Los grandes gestos sacramentales, en el acto de su celebraci\u00f3n, son los tiempos fuertes del culto cristiano: renuevan la alianza entre Dios y su pueblo, es decir, preparan un pueblo nuevo, capaz de ser levadura en el mundo. Los modelos rituales de que hoy disponemos son fundamentalmente de dos tipos: el de la gran oraci\u00f3n bendicional (eucarist\u00ed\u00ada, ordenaciones y consagraciones) y el del di\u00e1logo breve, que se integra en un gesto determinado (bautismo, matrimonio, etc.). Canto y m\u00fasica tienen, aunque bajo diferente t\u00ed\u00adtulo, aplicaci\u00f3n en uno y otro caso: el recitado puede dar mayor cuerpo y solemnidad a la palabra del ministro; la aclamaci\u00f3n puede reforzar m\u00e1s intensamente la adhesi\u00f3n, si no de cada cual, s\u00ed\u00ad ciertamente de toda la asamblea que lo rodea.<\/p>\n<p>Finalmente, la liturgia tiende a manifestar el valor oculto del transcurrir del tiempo, desplegando as\u00ed\u00ad la riqueza del misterio cristiano, haciendo del a\u00f1o una consecuencia ritual, a la vez memoria y presencia y profec\u00ed\u00ada. Mediante un alternarse las ferias y las fiestas, as\u00ed\u00ad como mediante la conjugaci\u00f3n c\u00ed\u00adclica de los misterios de Cristo y de sus santos, el tiempo queda estructurado y caracterizado por celebraciones peculiares. Uno de los signos de la fiesta es, por experiencia universal, el canto o la m\u00fasica. Volveremos sobre esta funci\u00f3n espec\u00ed\u00adfica; pero ya desde ahora recordamos la necesidad de que las estructuras habituales de los ritos cuenten con una direcci\u00f3n sonora mas generosa en los d\u00ed\u00adas y per\u00ed\u00adodos festivos, sin dejar tampoco de aludir a lo que una sobria utilizaci\u00f3n de algunos medios musicales (formas de recitado, ciertos tipos de instrumentos) puede aportar a su vez a los d\u00ed\u00adas feriales, hasta el uso intencionado del -> silencio, de la ausencia de toda sonorizaci\u00f3n, como contraste.<\/p>\n<p>Para una adecuada gesti\u00f3n del hecho musical no s\u00f3lo es indispensable la articulaci\u00f3n entre proyecto, programa y normativa, sino que deben abordarse ahora de manera espec\u00ed\u00adfica el mismo encuentro dial\u00e9ctico entre el rito y los otros polos en cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>2. LAS IMPLICACIONES CULTURALES. Al hablar de cultura, la entendemos como un conjunto de valores y comportamientos vividos y compartidos por un grupo humano. Se trata, concretamente, de determinar el tipo espec\u00ed\u00adfico de cultura dentro del cual se encuentra toda comunidad cristiana local, incluso, en \u00faltima instancia, toda asamblea lit\u00fargica. Es obvio que en el t\u00e9rmino cultura entra tambi\u00e9n para nosotros el aspecto eclesial: hablamos de una asamblea de iglesia. Podemos, pues, preguntarnos por esto: \u00bfqu\u00e9 liturgia y qu\u00e9 m\u00fasica para qu\u00e9 iglesia? El problema de fondo es, por tanto, eclesiol\u00f3gico, en su conjunto indescifrable de valores seculares y religiosos, de temas y modelos sociales, en los que se inserta una de las posibles visiones y pr\u00e1cticas de la iglesia. Para mayor claridad podemos distinguir los dos planos, pero sin olvidar su rec\u00ed\u00adproca interdependencia.<\/p>\n<p>En un plano cultural m\u00e1s general, podemos servirnos del an\u00e1lisis, hoy corriente, que distingue entre culturas integradas y culturas fragmentadas: las primeras tienden a ser homog\u00e9neas y tradicionales; las segundas son dispares, heterog\u00e9neas, conflictivas. Las comunidades eclesiales viven en una u otra situaci\u00f3n, con frecuencia tambi\u00e9n en situaciones de tr\u00e1nsito Entre una y otra. Los modos de pensar y de comportarse no dejan de estar influenciados por ellas; las pr\u00e1cticas culturales est\u00e1n tambi\u00e9n influenciadas por ellas; lengua y lenguajes, figuraciones, modos de comunicarse, valores y jerarqu\u00ed\u00adas, tradiciones y creatividad est\u00e1n consiguientemente sometidos a fuertes variaciones. De ah\u00ed\u00ad tambi\u00e9n la diversa aproximaci\u00f3n de la liturgia y de la m\u00fasica. La sociedad integrada tiende a vivir f\u00e1cilmente y con satisfacci\u00f3n una ritualidad bien codificada, en la que todo tiene su puesto, pero oportuno y adecuado, incluida la fiesta. Estar\u00e1, pues, c\u00f3modamente con un repertorio musical conocido, carente de sorpresas de tipo signol\u00f3gico, pero portador a su manera de significados est\u00e1ndar, reiterativos, un\u00e1nimemente valorados y hasta solicitados. Modos y papeles ejecutivos est\u00e1n igualmente codificados, y no admiten, en general, variantes. En cambio, las sociedades en crisis, y ya sin unidad cultural, est\u00e1n sometidas a tensiones y fuerzas divergentes: en particular, se muestran abiertas a evoluciones y experiencias en el campo lit\u00fargico; pero frecuentemente a costa de contrastes, exceptuadas unas poquitas islas donde parece recrearse una unidad perdida. Musicalmente, de forma similar, aparecen l\u00ed\u00adneas dispares, ya en los repertorios de canto, ya en la pr\u00e1ctica ejecutiva, a veces con acentuaciones unilaterales, m\u00e1s frecuentemente en un clima de b\u00fasqueda que suscita problemas y mantiene a la vez una viveza de perspectivas y de soluciones.<\/p>\n<p>Por el contrario, en el plano estrictamente eclesial, y m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente en el de cada asamblea, se vislumbran diversos modos de pensar y de concretar la vida de la iglesia, y por tanto la celebraci\u00f3n. Simplific\u00e1ndolos, se pueden resumir as\u00ed\u00ad seg\u00fan tres modelos: la gesti\u00f3n monol\u00ed\u00adtica, la asamblearia yla carism\u00e1tica. En la primera todo recae sobre el responsable (p\u00e1rroco, superior religioso, l\u00ed\u00adder laico), quien acumula la mayor parte de papeles, manifest\u00e1ndolo en una celebraci\u00f3n igualmente compacta y monocorde. Sus opciones son las que valen; la doctrina del partido se aplica inflexiblemente. Las consecuencias dependen de las premisas, sean del tipo, color o escuela que fueren. La asamblea est\u00e1 alineada: canta o no canta, canta esto o aquello, seg\u00fan la l\u00ed\u00adnea oficial local. En la gesti\u00f3n asamblearia, en cambio, la vitalidad est\u00e1 m\u00e1s garantizada, la movilidad y la participaci\u00f3n mejor promovidas: se palpan sus consecuencias en la liturgia. Se solicitan los ministerios [-> Asamblea, III], se subdividen las funciones, se desarrollan las capacidades. Una atenci\u00f3n privilegiada al papel celebrante de la asamblea, una adecuada variedad y riqueza de medios corales e instrumentales, un justificado eclecticismo en la selecci\u00f3n de repertorios o, en todo caso, una l\u00ed\u00adnea m\u00e1s compartida, son, en general, el marco de una mayor participaci\u00f3n. Mas no carecen de dificultades en la coordinaci\u00f3n, lo cual puede dar lugar a tensiones insolubles o bien a peri\u00f3dicas revisiones y a graduales modificaciones de perspectivas. La gesti\u00f3n carism\u00e1tica, finalmente, se caracteriza por la valoraci\u00f3n ilimitada de los talentos creativos, pero con escasa reflexi\u00f3n sobre los fundamentos de la acci\u00f3n eclesial y frecuentemente con el superpoder\u00ed\u00ado de una aunque cambiante- oligarqu\u00ed\u00ada. Hay mucha generosidad y a veces genialidad, capacidad de intuir situaciones y soluciones, creatividad espont\u00e1nea, libertad expresiva, atm\u00f3sfera de fiesta; pero no deja de existir al mismo tiempo el peligro de prevaricaci\u00f3n de unos pocos sobre otros muchos, de un rebrotar incontrolado de posturas acr\u00ed\u00adticas, de una efectiva reducci\u00f3n de comportamientos expresivos, incluidos canto y m\u00fasica, a unos pocos m\u00f3dulos y a estilos estereotipados: parad\u00f3jicamente tal tipo de iglesia, de culto y de asamblea termina solidariz\u00e1ndose, al menos bajo ciertos aspectos, con el primero o monol\u00ed\u00adtico.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, todo tipo de gesti\u00f3n eclesial y asamblearia tiene la liturgia y la m\u00fasica que se merece; es decir, termina por moldearlas, en modos y estilos, a su propia imagen y semejanza. Algunas consecuencias: por un lado, el hecho inequ\u00ed\u00advoco de que la pr\u00e1ctica musical no es nunca abstracta o sectorial, sino que viene siempre envuelta en el complejo intercambio entre el producto musical (por ejemplo, tal canto, tal instrumento) y sus usuarios (por ejemplo, tal asamblea en tal cultura); de donde se deriva una notable movilidad y relatividad en los juicios de valor, ya que en lo referente a los caracteres formales (bello\/feo, moderno\/arcaico, docto\/popular, etc.), ya en lo relativo a las exigencias espirituales (sagrado\/profano, devoto\/divertido, sentimental\/austero, festivo\/mon\u00f3tono, etc\u00e9tera). Un sentido correcto de la encarnaci\u00f3n y de lo que \u00e9sta implica, lejos de enjuiciar como reduccionista tal perspectiva, se aplicar\u00e1 a desarrollarla coherentemente y con un inteligente discernimiento. Por otro lado, la misma fidelidad a las exigencias del rito, es decir, la necesidad de encontrar formas capaces de encarnar las distintas funciones rituales, no podr\u00e1n prescindir de los condicionamientos culturales, incluido el sector del canto y de la m\u00fasica. Por ejemplo, no se habr\u00e1 de destruir inmediatamente un repertorio tradicional de cantos en una sociedad tradicional; se. tratar\u00e1 m\u00e1s bien, si fuese necesario, de realizar un proceso gradualde evoluci\u00f3n partiendo de sus antecedentes globalmente culturales, a la vez seculares y religiosos. E igualmente convendr\u00e1 aceptar situaciones complejas y tal vez contradictorias en el seno de comunidades no homog\u00e9neas ya: modos de actuar, estilos y obras, tipos de coparticipaci\u00f3n, etc., podr\u00e1n convivir dentro supongamos- de una misma parroquia, a condici\u00f3n, sin embargo, de promover cada cual un nivel musical serio y exigente, sin dejar de pedir a todos una generosa capacidad de comprensi\u00f3n, la cual, m\u00e1s que simple tolerancia, ha de ser la medida de la autenticidad de una convivencia eclesial.<\/p>\n<p>3. EL QUEHACER MUSICAL. Si consideramos aparte, aunque siempre conexos entre s\u00ed\u00ad, el polo canto\/m\u00fasica, no es porque \u00e9l se contraponga al polo m\u00e1s amplio de la cultura. Sin embargo, dados su peculiaridad y su peso espec\u00ed\u00adfico en la celebraci\u00f3n, reclama un an\u00e1lisis que pueda se\u00f1alar sus funciones propias y su impacto en el conjunto del rito. La expresi\u00f3n quehacer musical subraya el nacer del fen\u00f3meno sonoro mediante la acci\u00f3n humana y privilegia ese mismo hecho, dejando en segundo plano la obra realizada. Se\u00f1ala la implicaci\u00f3n som\u00e1tica que tiene lugar en el cantar-danzar-tocar y en el acto mismo de escuchar. Ahora bien, en la celebraci\u00f3n hay elementos que son m\u00e1s implicativos que la simple palabra, al suponer una mayor generosidad de esp\u00ed\u00adritu, de expresi\u00f3n, de dilataci\u00f3n perceptiva, de coordinaci\u00f3n con la actuaci\u00f3n de los dem\u00e1s: son precisamente los elementos musicales. El antiguo adagio qui cantal bis oral toma algo de este empleo de energ\u00ed\u00adas m\u00e1s corp\u00f3reo, y por tanto m\u00e1s total, en la oraci\u00f3n cantada.<\/p>\n<p>La liturgia cristiana, nacida tambi\u00e9n como contraste frente a ciertas formas orgi\u00e1sticas de algunos cultos contempor\u00e1neos, pone desde el principio en un primer plano la palabra, como expresi\u00f3n l\u00facida y moderada de la acci\u00f3n mist\u00e9rica. Pero es una palabra que se integra en los gestos del cuerpo y se dilata con la aparici\u00f3n del canto. Con el canto se habla menos y a la vez m\u00e1s: se despliega y se reduce el discurso, pero adquiere tambi\u00e9n intensidad y fervor. Cuenta m\u00e1s el c\u00f3mo que el qu\u00e9; pero cabalmente el c\u00f3mo expresa en el culto una participaci\u00f3n m\u00e1s plena. De ah\u00ed\u00ad la posible ambig\u00fcedad: canto como actitud de entrega m\u00e1s plenaria o, por el contrario, como fuga a lo irracional. El control de las resonancias som\u00e1ticas y afectivas, personales y de grupo, sigue siendo, pues, problema permanente. Pero, positivamente, el canto da origen a gestos celebrativos a los que la sola palabra muy dif\u00ed\u00adcilmente llega: proclamar, aclamar, meditar, alabar, invocar. A ello puede a\u00f1adirse una funci\u00f3n mnemot\u00e9cnica, que tiene sus reflejos pedag\u00f3gicos y, en nuestro caso, igualmente catequ\u00e9ticos. Si consideramos, pues, los valores meramente sociales del cantar, es evidente que \u00e9l es creador de valores nuevos. Recordemos ante todo la efectiva cohesi\u00f3n del grupo mediante la imagen sonora que \u00e9l mismo recibe de s\u00ed\u00ad propio y merced al refuerzo de su identidad provocado por cantos conocidos, familiares y algo as\u00ed\u00ad como abanderados del grupo mismo. Adem\u00e1s, el canto crea fiesta; es se\u00f1al y signo de celebraci\u00f3n y de festividad, intensificando la expresi\u00f3n coral, creando nuevas dimensiones po\u00e9ticas y concentrando a toda la asamblea. La intervenci\u00f3n instrumental estar\u00ed\u00ada en una l\u00ed\u00adnea m\u00e1s o menos similar. Prolongaci\u00f3n del gesto corporal,apoyo y contrapunto del canto, fabricaci\u00f3n de objetos sonoros (de piezas musicales), proyecci\u00f3n simb\u00f3lica de mitos sociales y religiosos, creaci\u00f3n de cifras y estilemas tan caracter\u00ed\u00adsticos que puedan remitir a sus peculiares grupos o ambientes, la actuaci\u00f3n de los elementos musicales participa, aun dentro de su independencia, en el complejo juego de significados a que da lugar la acci\u00f3n cantada. En conclusi\u00f3n, la liturgia necesita el canto y sus instrumentos: el hacer m\u00fasica como expresi\u00f3n propia es de suyo una actitud coherente con la intenci\u00f3n participativa de toda celebraci\u00f3n; la m\u00fasica como impresi\u00f3n, coimplicaci\u00f3n, presi\u00f3n sobre el grupo, entra en el objetivo de crear una asamblea unida y de llevarla a actuar en un clima intenso, festivo, comprometido, sentido; la m\u00fasica como comunicaci\u00f3n (o lenguaje) remite a los m\u00faltiples mensajes que todos los elementos celebrativos transmiten a los miembros de la asamblea; la m\u00fasica como creaci\u00f3n de materiales sonoros, con su poder fascinante y su fuerza simb\u00f3lica, es un hecho perfectamente coordinable con los aspectos m\u00e1s significativos del rito, el cual necesita una permanente tensi\u00f3n simb\u00f3lica. En definitiva, muchos de los proyectos con sentido por parte de quien hace m\u00fasica son los proyectos mismos de quien celebra. Si canto y m\u00fasica no son rigurosamente indispensables, su presencia en la liturgia es, sin embargo, insustituible: no es posible cambiarla por otras cosas. Su sistem\u00e1tica ausencia privar\u00ed\u00ada a la celebraci\u00f3n de valores fundamentales.<\/p>\n<p>El hacer m\u00fasica remite, finalmente, a quien la hace. El es promotor de papeles y de servicios en la asamblea. Cuando utiliza materiales sencillos, cantos practicables, instrumentos corrientes, es decir, cuando es una m\u00fasica para todos, se est\u00e1 subrayando el important\u00ed\u00adsimo papel de la asamblea como tal. Cuando, por el contrario, se hacen intervenir composiciones m\u00e1s elaboradas y ejecuciones m\u00e1s profesionales, el hacer m\u00fasica concentra su atenci\u00f3n en el papel de los cantores, coros, grupos vocales e instrumentales.<\/p>\n<p>Hay tiempo para cantar y tiempo para escuchar: ser\u00e1 la din\u00e1mica de cada rito -y no otros criterios de car\u00e1cter est\u00e9tico o hedon\u00ed\u00adstico- la que se\u00f1ale su empleo m\u00e1s adecuado. Los m\u00fasicos que prestan tal servicio lit\u00fargico desempe\u00f1an un ministerio propio, que comporta concretas exigencias t\u00e9cnicas, pero tambi\u00e9n un compromiso espiritual: es impensable una prestaci\u00f3n puramente profesional sin una aut\u00e9ntica participaci\u00f3n en el rito. Forma parte tambi\u00e9n de su papel la selecci\u00f3n concreta de los repertorios de canto y de los instrumentos m\u00e1s eficaces y oportunos; en una palabra, la normativa sonora de la celebraci\u00f3n. Formas correlativas a las distintas funciones rituales, obras y estilos proporcionados a los recursos y a las capacidades culturales de los presentes, manejo de las intervenciones sonoras en adecuada relaci\u00f3n con el desarrollo y el avance del rito son otros tantos objetivos funcionales a los que el m\u00fasico tendr\u00e1 que hacer frente.<\/p>\n<p>M\u00e1s que de reglas abstractas o autoritarias, la ayuda decisiva le vendr\u00e1 de una preparaci\u00f3n t\u00e9cnica Y cultural lo m\u00e1s amplia posible, habida cuenta del mundo en que se mueve y act\u00faa. Pero lo que sobre todo le ayudar\u00e1 es un constante ejercicio de confrontaci\u00f3n entre todos los elementos, presupuestos e implicaciones de la m\u00fasica de iglesia, tal como se ha tratado de exponer en estas p\u00e1ginas.<\/p>\n<p>VI. Perspectivas<br \/>\nEn esta espec\u00ed\u00adfica fase de adaptaci\u00f3n y b\u00fasqueda en el campo de la musica lit\u00fargica no se pueden trazar l\u00ed\u00adneas de futuro muy convincentes. Por otra parte, las lecciones de la historia [-> supra, I-IV] son tales que impulsan a creer que las vicisitudes de la m\u00fasica de iglesia permanecer\u00e1n siempre envueltas en los cambios de pr\u00e1cticas y de significados que presenta el terreno en el que ella se mueve: la eclesiolog\u00ed\u00ada, y por tanto la liturgia; el humus cultural local, los modos de hacer m\u00fasica predominantes o de la forma que sea presentes en las comunidades o en la sociedad misma a la que aqu\u00e9llas pertenecen. La relativa complejidad de los elementos en juego no establece imperativos categ\u00f3ricos, pero s\u00ed\u00ad delimita el campo en que las asambleas cristianas deber\u00e1n moverse con lucidez.<\/p>\n<p>Hoy ciertamente se est\u00e1 dando un crecimiento en la toma de conciencia sobre lo que supone una celebraci\u00f3n. Pero cegueras y sorderas de todas clases siguen tambi\u00e9n siendo posibles, como fruto de visiones parciales o de acentos exclusivos. En la medida en que los miembros de la asamblea creyente, y sobre todo los animadores del rito, incluidos los m\u00fasicos, sepan conquistar y mantener viva esa capacidad fundamental que consiste en saber celebrar, es decir, en saber actuar, saber comunicarse, dar sentido, crear y participar, sin ce\u00f1irse a la mera repetitividad o limitarse al gueto de una musicalidad aut\u00f3noma y centr\u00ed\u00adfuga, en esa misma medida las vicisitudes del celebrar cantando y tocando llegar\u00e1n a ser ejemplares, como aporte significativo al misterio cristiano, vivido a trav\u00e9s de los ritos de la iglesia.<\/p>\n<p>E. Costa jr.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. M\u00e9todo y \u00e1mbito del tratado &#8211; II. Cuadro de problemas y experiencias lit\u00fargico-musicales en las distintas \u00e9pocas hasta el Vat. II: 1. La expresi\u00f3n vocal en la liturgia primitiva; 2. Aspectos lit\u00fargico-musicales de la \u00e9poca patr\u00ed\u00adstica: a) El pensamiento sobre la m\u00fasica, b) Desarrollo de formas musicales; 3. Panor\u00e1mica de liturgias y de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/canto-y-musica\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abCANTO Y MUSICA\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[4],"tags":[],"class_list":["post-17119","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-diccionario"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17119","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17119"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17119\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17119"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17119"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17119"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}