{"id":17125,"date":"2016-02-05T11:09:03","date_gmt":"2016-02-05T16:09:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/consagracion-de-virgenes\/"},"modified":"2016-02-05T11:09:03","modified_gmt":"2016-02-05T16:09:03","slug":"consagracion-de-virgenes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/consagracion-de-virgenes\/","title":{"rendered":"CONSAGRACION DE VIRGENES"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. S\u00ed\u00adntesis hist\u00f3rica del rito de la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes: 1. Or\u00ed\u00adgenes y primeros desarrollos (ss. iv-vii): a) En la segunda mitad del s. iv, b) En los ss. v-viii. Los primeros textos lit\u00fargicos; 2. La \u00abconsecratio virginum\u00bb en el pontifical romano-germ\u00e1nico; 3. Dos revisiones de la \u00abconsecratio virginum\u00bb en el s. xiii: a) El pontifical de la curia romana en el s. xiii, b) El pontifical de G. Durando; 4. La \u00abconsecratio virginum\u00bb en los pontificales oficiales: a) El pontifical de Inocencio VIII (1485), b) El pontifical de Alejandro VI (1497), c) El pontifical de 1520, d) El pontifical de Clemente VIII (1596) &#8211; II. El nuevo rito de la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes: 1. Las premisas: a) El sujeto, b) El ministro, c) El d\u00ed\u00ada, d) El lugar; 2. Estructura del rito: a) Llamada de las v\u00ed\u00adrgenes, b) Homil\u00ed\u00ada, c) Escrutinio, d) Letan\u00ed\u00adas de los santos, e) Renovaci\u00f3n del \u00abpropositum castitatis\u00bb, f) Oraci\u00f3n consagratoria, g) Las insignias de la consagraci\u00f3n, h) Liturgia eucar\u00ed\u00adstica; 3. Contenido teol\u00f3gico: a) Un don del Padre, b) \u00abSponsa Christi\u00bb, c) Consagrada por el Esp\u00ed\u00adritu, d) La iglesia y la virgen, e) La Virgen y las v\u00ed\u00adrgenes, f) Un signo escatol\u00f3gico &#8211; III. Cuestiones abiertas: 1. Problemas teol\u00f3gicos: a) Falta un rito de consagraci\u00f3n virginal para varones, b) Cuesti\u00f3n de la superioridad de la virginidad consagrada sobre el matrimonio; 2. Problemas jur\u00ed\u00addicos: a) Sobre el sujeto, b) Sobre los requisitos, e) Sobre los efectos; 3. Problemas pastorales.<\/p>\n<p>El rito de consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes (Ordo Consecrationis Virginum) es la acci\u00f3n lit\u00fargica con que la iglesia celebra la decisi\u00f3n (propositum) de una virgen cristiana (sponsa) de consagrar a Cristo (sponsus) la propia virginidad, y por la que, invocando sobre ella el don del Esp\u00ed\u00adritu, la dedica para siempre al servicio cultual del Se\u00f1or y a una diacon\u00ed\u00ada de amor en favor de la comunidad eclesial.<\/p>\n<p>I. S\u00ed\u00adntesis hist\u00f3rica del rito de la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes<br \/>\nEste rito tiene una historia amplia y compleja, que parte de Roma y en Roma se concluye, despu\u00e9s de sus diversas peregrinaciones por los pa\u00ed\u00adses de allende los Alpes. En el desarrollo hist\u00f3rico del rito pueden distinguirse cuatro per\u00ed\u00adodos: or\u00ed\u00adgenes y primeros desarrollos, en Roma (ss. v-vii); difusi\u00f3n y transformaci\u00f3n en los pa\u00ed\u00adses franco-germ\u00e1nicos (ss. ix-xii); retorno a Roma y elaboraci\u00f3n ulterior (ss. xiii-xv); fijaci\u00f3n en el pontifical oficial de Roma (ss. xvi-xx).<\/p>\n<p>1. OR\u00ed\u008dGENES Y PRIMEROS DESARROLLOS (SS. IV-VIII). LOS estudiosos sostienen un\u00e1nimemente que, hasta el s. IV, la emisi\u00f3n del propositum virginitatis no comportaba ninguna celebraci\u00f3n lit\u00fargica particular. Pero en el s. IV, cuando la iglesia, despu\u00e9s del edicto de Mil\u00e1n (313), adquiere un papel espec\u00ed\u00adfico y una fisonom\u00ed\u00ada jur\u00ed\u00addica en la misma sociedad civil, el status de las v\u00ed\u00adrgenes consagradas se organiza e institucionaliza progresivamente; y se entrar\u00e1 en \u00e9l mediante una celebraci\u00f3n lit\u00fargica.<\/p>\n<p>a) En la segunda mitad del siglo iv. Aunque fragmentariamente, algunas fuentes nos informan sobre c\u00f3mo se desarrollaba en Roma y, con ligeras diferencias, en todo el Occidente, durante la segunda mitad del s. IV, el rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes &#8216;. La ceremoniaes sobria, aunque no exenta de solemnidad: preside el obispo y son numerosos los fieles que acuden al acto; el d\u00ed\u00ada es particularmente significativo (navidad, epifan\u00ed\u00ada, pascua); con toda probabilidad, se celebra la eucarist\u00ed\u00ada. La virgen consagrada se halla cerca del altar, rodeada de otras v\u00ed\u00adrgenes ya consagradas. La ceremonia ritual se desarrollaba as\u00ed\u00ad: proclamaci\u00f3n de las lecturas; homil\u00ed\u00ada del obispo, que evoca el sentido del rito y las obligaciones inherentes a la consagraci\u00f3n; renovaci\u00f3n, tal vez, ante la comunidad eclesial del propositum formulado ya privadamente ante el obispo; oraci\u00f3n bendicional sobre la virgen, entrega del velo virginal-nupcial, previamente colocado sobre el altar, s\u00ed\u00admbolo de Cristo que santifica a la virgen<br \/>\nb) En los ss. v-viii. Los primeros textos lit\u00fargicos. Hasta ahora nos hemos referido a fuentes literarias; pero a partir del s. v disponemos ya de fuentes lit\u00fargicas, que nos transmiten los textos eucol\u00f3gicos usados en la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes: se trata de tres antiguos sacramentarios romanos -el leoniano o veronense, el gelasiano, el gregoriano-, cuyo testimonio examinaremos separadamente a continuaci\u00f3n:<br \/>\n\u2020\u00a2 el Sacramentarium veronense, la m\u00e1s antigua colecci\u00f3n de textos lit\u00fargicos (ss. v-vl), trae f\u00f3rmulas para la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes en dos momentos: el 29 de junio, fiesta de los santos Pedro y Pablo, est\u00e1 previsto un Hanc igitur propio, siempre que tenga lugar en dicho d\u00ed\u00ada la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes (n. 283); a finales del mes de septiembre, bajo el t\u00ed\u00adtulo de Ad virgenes sacras, figuran la colecta Respice, Domine (n. 1103) y la c\u00e9lebre plegaria Deus, castorum corporum(n. 1104). Extensa y redactada seg\u00fan la estructura propia de las preces eucar\u00ed\u00adsticas, constituye el texto fundamental del rito de la consagraci\u00f3n. Por la perfecci\u00f3n formal y por la riqueza de su contenido, la plegaria Deus, castorum corporum perdurar\u00e1 a lo largo de los siglos y aparecer\u00e1 en todos los ritos de consagraci\u00f3n, incluido el actual. La cr\u00ed\u00adtica le atribuye la paternidad a san Le\u00f3n Magno (+ 461).<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 el Sacramentarium gelasianum, colecci\u00f3n romana del s. vi con numerosas ediciones galicanas, en la secci\u00f3n CIII reproduce las f\u00f3rmulas del veronense: la colecta Respice (n. 787) y la oraci\u00f3n consagratoria Deus, castorum corporum (nn. 788-790), ampliada con un pasaje que recoge la par\u00e1bola de las v\u00ed\u00adrgenes prudentes y necias. El gelasiano ofrece adem\u00e1s tres nuevos formularios para la misa de consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes (nn. 793-796; 797-799; 800-803), el primero y el tercero de los cuales con su Hanc igitur propio, y dos f\u00f3rmulas de probable origen galicano&#8217;: una Benedictio vestimentorum virginum (n. 791) y una Oratio super antillas Dei (n. 792), que probablemente en su origen tuviera un valor consagratorio;<br \/>\n\u2020\u00a2 el Sacramentarium gregorianum atestigua la liturgia papal de los ss. vil y VIII. En lo concerniente al rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes, el gregoriano no contiene elementos nuevos, lo que hace suponer que el rito se hab\u00ed\u00ada estabilizado en un esquema definitivo en los ss. V-VI.<\/p>\n<p>El testimonio de los sacramentarios romanos es particularmente v\u00e1lido en el orden eucol\u00f3gico: algunas f\u00f3rmulas son usuales todav\u00ed\u00ada; en el plano ritual confirma e ilustra mejor la relaci\u00f3n entre celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica y consagraci\u00f3n virginal: despu\u00e9s de haberse consagrado al Se\u00f1or, las v\u00ed\u00adrgenes llevan al altar las ofrendas eucar\u00ed\u00adsticas, y sus nombres est\u00e1n escritos en d\u00ed\u00adpticos que se leen antes del Communicantes, y se recuerda su ofrenda en el Hanc igitur.<\/p>\n<p>2. LA \u00abCONSECRATIO VIRGINUM\u00bb EN EL PONTIFICAL ROMANO-GERM\u00ed\u0081NICO. A partir de la segunda mitad del s. vlll, las vicisitudes hist\u00f3ricas de la liturgia romana se reflejan puntualmente en el rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes. Ya en aquella \u00e9poca los viejos sacramentarios romanos -el veronense, el gelasiano antiguo hab\u00ed\u00adan penetrado en los pa\u00ed\u00adses franco-germ\u00e1nicos, pero por iniciativa privada; ahora, como consecuencia de la pol\u00ed\u00adtica eclesi\u00e1stica de Pipino el Breve (t 768) y sobre todo de Carlo Magno (f 814), la liturgia de Roma entra all\u00ed\u00ad oficialmente: respondiendo a su solicitud, el papa Adriano I (j 795) remite al emperador el denominado sacramentario gregoriano, que en sus intenciones deb\u00ed\u00ada ser el libro nuevo y unificador del culto divino en los pa\u00ed\u00adses franco-germ\u00e1nicos.<\/p>\n<p>Pero s\u00f3lo en parte se iba a conseguir el proyecto cultural del emperador; en efecto, no se pod\u00ed\u00adan cancelar de un golpe seculares tradiciones cultuales de las poblaciones francas y germ\u00e1nicas; por otra parte, tampoco la liturgia importada de Roma, particularmente sobria, se adaptaba a todas las necesidades locales ni al genio de aquellas naciones. As\u00ed\u00ad es como se form\u00f3 una liturgia mixta romano-franca o romano-germ\u00e1nica-, de la que el pontifical redactado hacia el 950 por un monje de la abad\u00ed\u00ada de San Alb\u00e1n, en Maguncia, es una de las m\u00e1s caracter\u00ed\u00adsticas expresiones.<\/p>\n<p>El pontifical de Maguncia, reflejando inteligentemente una situaci\u00f3n de hecho, presenta dos rituales para la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes: uno para las v\u00ed\u00adrgenes monjas (XX); otro para las v\u00ed\u00adrgenes seglares (XXIII). Nos detendremos sobre todo en el primero, en el que el sobrio ritual romano se transforma en una amplia celebraci\u00f3n de tono altamente dram\u00e1tico y de car\u00e1cter marcadamente nupcial:<br \/>\n\u2020\u00a2 antes de la misa, los padres, juntamente con los dones para la celebraci\u00f3n de la eucarist\u00ed\u00ada, ofrecen la virgen al obispo, quien la recibe tom\u00e1ndola de la mano, mientras la virgen entona la ant\u00ed\u00adfona Ipsi sum desponsata (n. 1), sacada de la Passio s. Agnetis en esta ceremonia se habr\u00e1 de ver una transposici\u00f3n al rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes del antiguo gesto nupcial de la traditio puellae y de la dexterarum coniunctio<br \/>\n\u2020\u00a2 despu\u00e9s del canto del gradual o, seg\u00fan la tradici\u00f3n b\u00e1vara, despu\u00e9s del evangelio, comienza la consagraci\u00f3n: la virgen se acerca al altar acompa\u00f1ada por el stipulator, es decir, aquel que, seg\u00fan el derecho germ\u00e1nico, estipula el pacto nupcial haci\u00e9ndose garante del compromiso de la virgen y dando su consentimiento a las nupcias (nn. 4-5);<br \/>\n\u2020\u00a2 el obispo bendice las vestiduras monacales recitando tres oraciones (nn. 6-8); y despu\u00e9s, por separado, bendice el velo, pronunciando sobre \u00e9l la f\u00f3rmula Caput omnium fidelium Deus (n. 9); la virgen despoja su cabeza de los ornamentos laicales y, una vez recibidos de manos del obispo los vestidos mon\u00e1sticos, exceptuado el velo, se retira al secretarium para vest\u00ed\u00adrselos (n. 10).<\/p>\n<p>\u2020\u00a2 retorna a la iglesia, se postra ante el altar y dice tres veces el vers\u00ed\u00adculo: Suscipe me, secundum eloquium tuum, et non confundas me ab exspectatione mea (Sal 118:116) (n. 11), ya presente en el ritual de la profesi\u00f3n mon\u00e1stica inserto en la Regla de san Benito \u00ab;<br \/>\n\u2020\u00a2 se cantan despu\u00e9s las letan\u00ed\u00adas de los santos (n. 12). La virgen se levanta, y el obispo la consagra pronunciando sobre ella, que est\u00e1 en pie y con la cabeza inclinada (n. 13), las dos antiguas oraciones romanas: la colecta Respice, Domine (n. 14) y la oraci\u00f3n consagratoria Deus, castorum corporum (n. 15);<br \/>\n\u2020\u00a2 terminada la oraci\u00f3n consagratoria, el obispo impone el velo a la virgen (n. 16). Pero al antiguo gesto de la velatio se a\u00f1aden ahora la traditio anuli y la traditio coronae (nn. 23-26), lo cual da lugar a una amplia secuencia ritual, en la que se cruzan f\u00f3rmulas de entrega, ant\u00ed\u00adfonas y oraciones, a veces por duplicado &#8216;2. De ah\u00ed\u00ad resulta una ceremonia compleja y espectacular, que impresiona a los sentidos y exalta la imaginaci\u00f3n; pero la amplitud que se da a la misma tampoco carecer\u00e1 de consecuencias negativas en la econom\u00ed\u00ada general del ordo, ni para su correcta interpretaci\u00f3n: a los ojos de los fieles, por ejemplo, las distintas entregas adquirir\u00e1n una importancia superior a la de la misma oraci\u00f3n consagratoria;<br \/>\n\u2020\u00a2 la consagraci\u00f3n termina con una severa monici\u00f3n: el obispo pide que nadie ose apartar a las v\u00ed\u00adrgenes del \u00abservicio divino prestado a trav\u00e9s de la castidad\u00bb y exhorta a los fieles a ayudarlas a vivir serenamente su consagraci\u00f3n (n. 27);<br \/>\n\u2020\u00a2 la celebraci\u00f3n de la misa prosigue con la proclamaci\u00f3n del evangelio o, seg\u00fan la tradici\u00f3n b\u00e1vara, con el ofertorio (n. 28); en elmomento oportuno, la virgen consagrada lleva al altar los dones eucar\u00ed\u00adsticos (n. 28); en la comuni\u00f3n se reservan algunas part\u00ed\u00adculas, a fin de que pueda comulgar durante los ocho d\u00ed\u00adas inmediatamente siguientes (n. 29);<br \/>\n\u2020\u00a2 finalmente, como por un escr\u00fapulo jur\u00ed\u00addico, el ordo anota: si es del caso, el obispo conf\u00ed\u00ada la virgen, ya consagrada, a aquel que se ha hecho garante de la misma (qui el testimonium perhibuit, n. 30): en realidad, trat\u00e1ndose de una monja, la conf\u00ed\u00ada a las atenciones de la abadesa, a fin de poder presentarla inmaculada ante el tribunal de Cristo (ib).<\/p>\n<p>El pontifical romano-germ\u00e1nico es de fundamental importancia en la historia del rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes. El an\u00f3nimo autor tiene el m\u00e9rito de haber compuesto un ordo que, con realismo, llega a conjugar la herencia romana, sobria e intelectual, con la tradici\u00f3n germ\u00e1nica, exuberante y sentimental. Hasta fue un abanderado del principio de adaptaci\u00f3n de la liturgia a los distintos contextos culturales: escribi\u00f3 un ordo para gente de su tierra y de su cultura.<\/p>\n<p>3. Dos REVISIONES DE LA \u00abCONSECRATIO VIRGINUM\u00bb EN EL S. XIII. El pontifical romano-germ\u00e1nico, por sus cualidades intr\u00ed\u00adnsecas y por algunas felices circunstancias Maguncia, la ciudad donde se hab\u00ed\u00ada redactado, era tambi\u00e9n el centro de la renovatio imperii con la dinast\u00ed\u00ada de los Otones, se difundi\u00f3 r\u00e1pidamente en Europa: hacia finales del s. x se usaba ya en Roma, donde fue acogido favorablemente por los numerosos prelados germ\u00e1nicos entonces residentes en la curia y donde iba a desempe\u00f1ar un importante papel de est\u00ed\u00admulo y de integraci\u00f3n frente a la liturgia romana,<br \/>\ninmersa en un preocupante letargo. Con relaci\u00f3n al rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes puede decirse que en cierto sentido las sucesivas reformas, incluso la de Pablo VI en 1970, consciente o inconscientemente no son sino ampliaciones, simplificaciones o adaptaciones del ordo del pontifical romano-germ\u00e1nico.<\/p>\n<p>a) El pontifical de la curia romana en el s. xiii. Dejando aparte las primeras reacciones romanas ante el ordo del pontifical de Maguncia trataremos aqu\u00ed\u00ad de la reforma del rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes tal como aparece en el Pont ificale secundum consuetudinem et usum romanae curiae I\u00c2\u00b0, de la mitad del s. xtn, obra de los ceremoniarios del Laterano, realizado bajo el impulso de la reforma promovida por Inocencio III (j 1216), liturgista tambi\u00e9n \u00e9l.<\/p>\n<p>Frente al ordo romano-germ\u00e1nico, los liturgistas de la curia mantienen una actitud respetuosa y a la vez creativa: suprimen, como es obvio, las referencias al derecho germ\u00e1nico; completan en el aspecto jur\u00ed\u00addico y rubrical los datos a veces imprecisos del ritual maguntino; renuevan el repertorio antifonal, introduciendo ant\u00ed\u00adfonas que obtendr\u00e1n gran \u00e9xito, como Veni, sponsa Christi (n. 19); sobre todo, con varios retoques textuales, dan al ordo una impronta m\u00e1s romana. As\u00ed\u00ad, las f\u00f3rmulas maguntinas para la entrega del anillo y la corona, en las que figuran expresiones como sponsa Dei y uxor Christi, demasiado real\u00ed\u00adsticas para la sensibilidad romana, se sustituyen por otras en las que las im\u00e1genes esponsalicias aparecen m\u00e1s difuminadas (nn. 18 y 20)&#8217;<br \/>\nb) El pontifical de G. Durando. A finales del s. xlil, entre los a\u00f1os 1292 y 1296, Guillermo Durando, obispo de Mende (j 1296), compil\u00f3para uso personal un pontifical que llegar\u00ed\u00ada a convertirse en libro oficial de la iglesia romana&#8217; Durando, profesor de derecho can\u00f3nico durante muchos a\u00f1os en Bolonia y autor de importantes obras como el Repertorium iuris canonici, experto liturgista &#8211;compuso el c\u00e9lebre Rationale divinorum officiorum-, estaba particularmente preparado para la composici\u00f3n de tal libro lit\u00fargico. Destacaremos aqu\u00ed\u00ad ante todo los elementos que \u00e9l introduce ex novo o que modifica en el rito de consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes:<br \/>\n\u2020\u00a2 establece con gran precisi\u00f3n los d\u00ed\u00adas en que puede tener lugar la consagraci\u00f3n y las excepciones permitidas; define las modalidades del escrutinio preliminar sobre la edad, la conducta, la sinceridad del prop\u00f3sito, la integridad f\u00ed\u00adsica (nn. 1-2);<br \/>\n\u2020\u00a2 ampl\u00ed\u00ada exageradamente la ceremonia de la presentaci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes ante el obispo (nn. 4-15), que se articula en tres momentos: la procesi\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes hacia el presbiterio, que evoca la antigua deductio in domum mariti y el cortejo de las v\u00ed\u00adrgenes prudentes de la par\u00e1bola mate\u00ed\u00adna (nn. 4-5); la postulatio de consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes, hecha por el presb\u00ed\u00adtero asistente o paraninfo, tomada del rito de ordenaci\u00f3n de los di\u00e1conos y presb\u00ed\u00adteros (nn. 6-9); el encuentro entre el obispo, que representa al sponsus, Cristo, y las v\u00ed\u00adrgenes sponsae (nn. 10-15);<br \/>\n\u2020\u00a2 a\u00f1ade una promesa de .fidelidad, calcada sobre la promesa de obediencia del rito de la ordenaci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros, que era a su vez una reminiscencia de la homagium feudal; aqu\u00ed\u00ad, obviamente, la virgen promete ser fiel al propositum de virginidad y, por tanto, ser fiel a Cristo, su Se\u00f1or (nn. 16-17);<br \/>\n\u2020\u00a2 introduce en las letan\u00ed\u00adas unaintervenci\u00f3n personal del obispo: en pie, vuelto hacia las v\u00ed\u00adrgenes, canta cuatro peticiones, de las que la primera es la m\u00e1s caracter\u00ed\u00adstica, acompa\u00f1ada por un triple gesto de bendici\u00f3n: Ut praesentes ancillas tuas benedicere, sanctificare et consecrate digneris (n. 19);<br \/>\n\u2020\u00a2 dedica una amplia secci\u00f3n a la bendici\u00f3n de las insignias mon\u00e1sticas y esponsales (nn. 20-27): vestidos (nn. 21-23), velos (nn. 24-25), anillos y coronas (nn. 26-27);<br \/>\n\u2020\u00a2 da a la ceremonia de la mutatio vestium un tono m\u00e1s dram\u00e1tico: las v\u00ed\u00adrgenes retornan a la iglesia desde el secretarium cantando el responsorio Regnum mundi et omne ornatum saeculi contempsi (n. 28);<br \/>\n\u2020\u00a2 ampl\u00ed\u00ada los ritos de la entrega del velo (nn. 36-39), del anillo (nn. 40-45) y de la corona (nn. 46-51). Tales entregas, sim\u00e9tricamente estructuradas, son bastante complejas, e implican cinco elementos cada una: la llamada del obispo; la f\u00f3rmula de entrega; el canto de una ant\u00ed\u00adfona; el retorno de las v\u00ed\u00adrgenes a su puesto, donde cantan una segunda ant\u00ed\u00adfona; la oraci\u00f3n final;<br \/>\n\u2020\u00a2 alarga la secuencia conclusiva del rito (nn. 49-56) a\u00f1adiendo a los elementos tradicionales (oraci\u00f3n Deus plasmator corporum publicaci\u00f3n del anatema) la prolija oraci\u00f3n Benedicat vos Deus Pater (n. 53).<\/p>\n<p>El an\u00e1lisis del ordo de G. Durando permite concretar los criterios que \u00e9l sigui\u00f3 y las orientaciones teol\u00f3gicas en que se inspir\u00f3: el obispo de Mende ten\u00ed\u00ada ciertamente a la vista los ordines anteriores, pero los ampli\u00f3, dando lugar a un rito espectacular y dram\u00e1tico, hasta con elementos redundantes, que revela, sin embargo, un cierto gusto por la simetr\u00ed\u00ada y la armon\u00ed\u00ada de las partes. Durando clericaliz\u00f3, por as\u00ed\u00ad decirlo, el ordo al hacerlo dependeren varios puntos de los ritos de ordenaci\u00f3n de los di\u00e1conos y presb\u00ed\u00adteros; devolvi\u00f3 al rito el marcado sentido esponsal que se le hab\u00ed\u00ada restado en la revisi\u00f3n de los liturgistas romanos de los ss. XII-XIII. As\u00ed\u00ad restableci\u00f3 algunas f\u00f3rmulas del pontifical romano-germ\u00e1nico y cre\u00f3 otras, subrayando en todas ellas el sentido del desposorio m\u00ed\u00adstico de las v\u00ed\u00adrgenes con Cristo, como Desponso te Jesu Christo, Filio summi Patris, qui te illesam custodiat (n. 41).<\/p>\n<p>4. LA \u00abCONSECRATIO VIRGINUM\u00bb EN LOS PONTIFICALES OFICIALES. Examinaremos en este p\u00e1rrafo el rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes en las ediciones del pontifical que se sucedieron desde 1485 hasta 1962.<\/p>\n<p>a) El pontifical de Inocencio VIII (1485). La compilaci\u00f3n de G. Durando tuvo \u00e9xito: la adopt\u00f3 la mayor parte de los obispos. Por lo que, cuando Inocencio VIII (t 1492) encarg\u00f3 a A.P. Piccolomini y a G. Burcardo preparar una edici\u00f3n oficial del pontifical -la primera impresa-, \u00e9stos tomaron como modelo el pontifical de Durando\u00bb.<\/p>\n<p>En lo concerniente al rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes, los liturgistas pontificios se limitaron a reproducir el ordo de Durando, introduciendo solamente algunas precisiones rubricales, ligeros retoques estil\u00ed\u00adsticos y peque\u00f1os cambios rituales. As\u00ed\u00ad, por ejemplo, prescribieron el asperjar con agua bendita el anillo y la corona, mientras que en el texto de Durando solamente estaba prevista la aspersi\u00f3n del velo.<\/p>\n<p>El reducido n\u00famero de modificaciones introducidas por los dos liturgistas romanos revela que en el ambiente de la curia romana de finales del s. xv el ordo de Durando se consideraba v\u00e1lido y en consonancia con los gustos y la sensibilidad de la \u00e9poca. El aval de la autoridad pontificia y la difusi\u00f3n que su impresi\u00f3n le aseguraba suscitaron nuevos asentimientos al ordo del obispo de Mende, que se convirti\u00f3 en rito oficial de la iglesia romana.<\/p>\n<p>b) El pontifical de Alejandro VI (1497). En 1497 sali\u00f3 una nueva edici\u00f3n del pontifical, bajo la direcci\u00f3n de G. de Luciis y G. Burcardo. Adopt\u00f3 el ordo de la edici\u00f3n de 1485, al que aportar\u00e1 aqu\u00ed\u00ad y all\u00e1 ligeras modificaciones rubricales, sugeridas por la experiencia, y terminol\u00f3gicas, dictadas por un mayor rigor filol\u00f3gico. Pero esta edici\u00f3n se recuerda sobre todo por tres significativas adiciones: la introducci\u00f3n, aunque facultativa, del Veni, Creator despu\u00e9s del canto de las letan\u00ed\u00adas, a ejemplo de lo que ten\u00ed\u00ada lugar en la ordenaci\u00f3n de los presb\u00ed\u00adteros; la entrega del breviario despu\u00e9s de la bendici\u00f3n final de la misa: con este gesto, calcado en la entrega del evangeliario a los di\u00e1conos, el obispo conf\u00ed\u00ada a las v\u00ed\u00adrgenes consagradas la funci\u00f3n de celebrar el oficio divino en nombre de la iglesia; el canto del Te Deum al finalizar la celebraci\u00f3n, antes de que las v\u00ed\u00adrgenes retornen a la clausura.<br \/>\nc) El pontifical de 1520. En la primera mitad del s. xvi, la publicaci\u00f3n de los libros lit\u00fargicos no era todav\u00ed\u00ada exclusivo derecho de la Sede Apost\u00f3lica, lo cual explica la abundancia de ediciones debidas a la iniciativa privada. As\u00ed\u00ad, en 1520, el dominico A. Castellani (+ 1522) public\u00f3 una nueva edici\u00f3n del pontifical romano. En el rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes introdujo un solo elemento de relieve: el largo y severo anatema Auctoritate omnipotentis Dei contra todo elque se atreviese a usurpar los bienes de las v\u00ed\u00adrgenes consagradas o a apartar a \u00e9stas de su prop\u00f3sito de castidad; el anatema, lleno de reminiscencias del AT, es el m\u00e1s terrible texto que haya conocido la liturgia romana: \u00ab&#8230; sea maldito en casa y fuera de casa; maldito en la ciudad y en el campo; maldito en la vigilia y en el sue\u00f1o; maldito cuando come y cuando bebe; maldito cuando anda y est\u00e1 sentado; malditos sean su carne y sus huesos, y desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza no haya salud en su cuerpo&#8230;\u00bb<br \/>\nc) El pontifical de Clemente VIII (1596). Con la constituci\u00f3n Ex quo in Ecclesia Dei, del 10 de febrero de 1596, Clemente VIII promulg\u00f3 una nueva edici\u00f3n del pontifical romano, declarando suprimidas y abolidas las anteriores. Con respecto a nuestro ordo, la edici\u00f3n clementina repone el rito que iba a ser el tradicional, con algunas variantes de car\u00e1cter secundario: el canto del Veni, Creator de facultativo pasa a ser obligatorio; en el canto de las letan\u00ed\u00adas, las peticiones cantadas por el obispo se reducen de cuatro a dos; y, en particular, en la tradicional petici\u00f3n Ut praesentes antillas tuas benedicere, sanctificare et consecrare digneris, el t\u00e9rmino consecrare se suprime, probablemente porque aplicado a las v\u00ed\u00adrgenes se consideraba impropio. El t\u00e9rmino s\u00f3lo volver\u00e1 a reaparecer en 1970, en el ordo de Pablo VI; en las f\u00f3rmulas de entrega del velo, anillo y corona, los liturgistas de Clemente VIII modificaron la primera, dejaron intacta la segunda y sustituyeron la tercera por la correspondiente f\u00f3rmula del pontifical de la curia romana del s. xui, en la que la referencia al desposorio m\u00ed\u00adstico se hab\u00ed\u00ada atenuado.<\/p>\n<p>Depu\u00e9s de 1596 se promulgaron otras ediciones t\u00ed\u00adpicas del pontifical romano: por orden de Urbano VIII en 1645, de Benedicto XIV en 1752, de Le\u00f3n XIII en 1888, de Juan XXIII en 1962, cuando ya se hab\u00ed\u00ada convocado el Vat. II; pero el rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes quedaba exactamente igual. R. Metz explica la raz\u00f3n de tal estabilidad observando con cierta agudeza que \u00abnadie advierte la necesidad de modificar un ceremonial ca\u00ed\u00addo en desuso\u00bb .<\/p>\n<p>En las v\u00ed\u00adsperas, pues, del Vat. II, la liturgia romana dispone de un rito para la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes que, en lo sustancial y en sus particularidades, se remontaba a finales del s. xm (ordo de G. Durando); pero ha pasado demasiada historia y ha cambiado demasiado la sensibilidad lit\u00fargica para no sentir la necesidad de proceder a una revisi\u00f3n.<\/p>\n<p>II. El nuevo rito de la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes<br \/>\nEl 31 de mayo de 1970, la S. C. para el culto divino promulg\u00f3 el Ordo Consecrationis Virginum (= OCV), restaurado en conformidad con la prescripci\u00f3n conciliar: \u00abRev\u00ed\u00adsese el rito de la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes, que forma parte del pontifical romano\u00bb (SC 80). El 4 de febrero de 1979 se public\u00f3 la versi\u00f3n oficial castellana con el t\u00ed\u00adtulo de Ritual de la Consagraci\u00f3n de V\u00ed\u00adrgenes (= RCV), a la que preferencialmente nos referiremos 19. Examinaremos las premisas (praenotanda), la estructura y el contenido teol\u00f3gico del nuevo rito.<\/p>\n<p>1. LAS PREMISAS. Dejando para m\u00e1s tarde [1 infra, 3] la valoraci\u00f3n de la \u00abpremisa teol\u00f3gica\u00bb (RCV 1-2), aqu\u00ed\u00ad nos ocuparemos exclusivamente del sujeto de la consagraci\u00f3n, del ministro, del d\u00ed\u00ada y del lugar.<\/p>\n<p>a) El sujeto. Se establece ante todo que \u00aba la consagraci\u00f3n virginal pueden ser admitidas tanto las monjas (moniales) como las mujeres seglares (mulieres vitam saecularem agentes)\u00bb (RCV 3). El doble sujeto da lugar a dos ordines distintos, si bien muy semejantes en la mayor parte de sus secuencias rituales: el primero (c. I), para las v\u00ed\u00adrgenes seglares; el segundo (c. II), para las v\u00ed\u00adrgenes claustrales.<\/p>\n<p>Pero merece ante todo resaltarse c\u00f3mo, despu\u00e9s de ocho siglos, restableciendo una praxis desaparecida a ra\u00ed\u00adz de una prohibici\u00f3n del concilio II de Letr\u00e1n (1139), la iglesia latina readmite nuevamente a las v\u00ed\u00adrgenes seglares a la consagraci\u00f3n virginal. Se trata de una importante disposici\u00f3n lit\u00fargico-can\u00f3nica, en la que habr\u00e1 de verse un signo de los tiempos: en una \u00e9poca en que la cultura, bastante refractaria al mensaje evang\u00e9lico, no comprende, contesta y ridiculiza el misterio de la vida virginal, la iglesia reconoce un aspecto esencial de s\u00ed\u00ad misma en el testimonio de la virginidad consagrada por el reino, aun la vivida con manifestaciones t\u00ed\u00adpicamente seglares, distintas, por consiguiente, e independientes de las de la vida religiosa, y hasta las sanciona con el m\u00e1ximo reconocimiento lit\u00fargico: un rito consagratorio de car\u00e1cter esponsal, cristol\u00f3gico y eclesial.<\/p>\n<p>Los requisitos necesarios a las v\u00ed\u00adrgenes seglares en orden a su consagraci\u00f3n son: \u00abQue nunca hayan celebrado nupcias y no hayan vivido p\u00fablica o manifiestamente en un estado opuesto a la castidad; que por su edad, prudencia, costumbres probadas a la vista de todos, sean fieles en la vida casta y puedan perseverar dedicadas al servicio de la iglesia y del pr\u00f3jimo; que sean admitidas a la consagraci\u00f3n por el obispo ordinario del lugar\u00bb (RCV 5).<\/p>\n<p>Respecto a las religiosas, el ordo de 1970 sigue sustancialmente en las posiciones anteriores: el rito se reserva para las monjas; \u00e9stas pueden utilizarlo en el caso de \u00abque la congregaci\u00f3n religiosa utilice este rito seg\u00fan antigua costumbre o un nuevo permiso de la autoridad competente\u00bb (RCV 4).<\/p>\n<p>Frente a esta legislaci\u00f3n, que concede la consagraci\u00f3n a las mujeres seglares y las monjas, pero que excluye del todo a las religiosas, los comentaristas, perplejos y desorientados, no dejan de preguntarse por las razones de tal disciplina, sin llegar, por lo que sabemos, a encontrar una respuesta v\u00e1lida.<\/p>\n<p>b) El ministro. En conformidad con la m\u00e1s antigua tradici\u00f3n, se repite que \u00abel ministro del rito de la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes es el obispo ordinario del lugar\u00bb (RCV 6). Pero en el esp\u00ed\u00adritu del nuevo ordo, la intervenci\u00f3n del obispo no es puramente ritual; dado el peculiar v\u00ed\u00adnculo que llega a crearse entre la virgen y la iglesia local, al obispo pertenece: admitir a las v\u00ed\u00adrgenes a la consagraci\u00f3n; establecer \u00abcon qu\u00e9 condiciones se obligan a abrazar perpetuamente la vida virginal\u00bb (RCV 5); por lo que \u00abdebe recibir a las v\u00ed\u00adrgenes que ser\u00e1n consagradas y, como padre de la di\u00f3cesis, entablar con ellas un di\u00e1logo pastoral\u00bb (RCV I, 2, y II, 40), no s\u00f3lo cumplir un requisito jur\u00ed\u00addico previo, como prescrib\u00ed\u00ada el ordo de G. Durando.<\/p>\n<p>En el ordo de 1970 no se habla de la facultad del obispo como delegable en un presb\u00ed\u00adtero; pero se la puede suponer. Sin embargo, s\u00f3lo podr\u00e1 recurrirse a ella en casos excepcionales, ya que la tradici\u00f3n y la plenitud del signo reclaman la presencia del obispo; s\u00f3lo \u00e9l representa adecuadamente a Cristo, Sponsus ecclesiae.<\/p>\n<p>c) El d\u00ed\u00ada. Respecto al d\u00ed\u00ada, dice la r\u00fabrica: \u00abLa consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes conviene celebrarla en los d\u00ed\u00adas de la octava de pascua, o bien en las solemnidades, especialmente en las dedicadas a la conmemoraci\u00f3n de los misterios de la encarnaci\u00f3n, en los domingos, en las fiestas de la Virgen Mar\u00ed\u00ada o en las fiestas de las santas v\u00ed\u00adrgenes\u00bb (RCV I, 1, y II, 39). El contenido de la r\u00fabrica refleja en lo sustancial la praxis tradicional, y es un criterio teol\u00f3gico el que orienta la elecci\u00f3n de tales d\u00ed\u00adas: el car\u00e1cter esponsal del misterio celebrado. Ante todo, la pascua de Cristo, de cuyo costado abierto naci\u00f3 la iglesia esposa (cf SC 5); la natividad, memorial de la encarnaci\u00f3n, por la que el Verbo se uni\u00f3 esponsalmente con la humana naturaleza; el domingo, d\u00ed\u00ada nupcial en cuanto memoria semanal del Esposo resucitado. Despu\u00e9s: las solemnidades de santa Mar\u00ed\u00ada, expresi\u00f3n la m\u00e1s destacada de la virgo sponsa Verbi, modelo y como personificaci\u00f3n de la iglesia esposa; las fiestas de las santas v\u00ed\u00adrgenes, que vivieron en su ser -en el esp\u00ed\u00adritu y en la carne- el acontecimiento nupcial Cristo-iglesia.<br \/>\nd) El lugar. Respecto a la elecci\u00f3n del lugar, se lee en una r\u00fabrica: \u00abEs muy oportuno que la consagraci\u00f3n de estas v\u00ed\u00adrgenes se tenga en la catedral\u00bb (RCV I, 3). Tambi\u00e9n esta indicaci\u00f3n responde a un criterio teol\u00f3gico: para una funci\u00f3n realizada por el obispo, que en tal rito es s\u00ed\u00admbolo de Cristo esposo, siendo la virgen consagrada el signo de la iglesia esposa y quedando dedicada al servicio de la di\u00f3cesis, el lugar natural es la iglesia catedral; de hecho, no siempre ser\u00e1 posible consagrar a las v\u00ed\u00adrgenes en la catedral; sin embargo, la r\u00fabrica se\u00f1ala el lugar como punto ideal de referencia, oponi\u00e9ndose as\u00ed\u00ad a toda interpretaci\u00f3n intimista del rito. Para las monjas, ser\u00e1 la iglesia de su monasterio (RCV II, 41).<\/p>\n<p>2. ESTRUCTURA DEL RITO. El ordo de Pablo VI tiene una estructura sencilla y lineal. Como los dem\u00e1s ritos de consagraci\u00f3n, tambi\u00e9n \u00e9ste tiene lugar durante la celebraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica, entre la liturgia de la palabra y la liturgia del sacramento. Ilustraremos brevemente las partes de que consta.<\/p>\n<p>a) Llamada de las v\u00ed\u00adrgenes. Proclamado el evangelio, tiene lugar la llamada ritual de las v\u00ed\u00adrgenes. Al canto de la ant\u00ed\u00adfona Prudentes virgines (\u00abV\u00ed\u00adrgenes prudentes, preparad vuestras l\u00e1mparas; mirad que llega el esposo: salid a recibirlo\u00bb, RCV 13.51), las v\u00ed\u00adrgenes encienden sus l\u00e1mparas y se acercan procesionalmente al presbiterio. Sigue la invitaci\u00f3n del obispo: Venite, filiae (\u00abVenid, hijas, escuchadme; os instruir\u00e9 en el temor del Se\u00f1or\u00bb, RCV 14.52), a la que responden las v\u00ed\u00adrgenes, mientras se van acercando procesionalmente al altar: Et nunc sequimur (\u00abQueremos seguirte de todo coraz\u00f3n, te respetamos y buscamos tu rostro; no nos dejes defraudadas; tr\u00e1tanos seg\u00fan tu clemencia y tu abundante misericordia\u00bb, RCV 14.52).<\/p>\n<p>La llamada ritual de las v\u00ed\u00adrgenes puede calificarse de tradicional: como queda anotado, del pontifical de G. Durando pas\u00f3 al pontifical romano; pero en el ordo de 1970 aparece notablemente simplificada: se eliminan algunos elementos que la hac\u00ed\u00adan enf\u00e1tica y espectacular. Los tres textos con que se articula la llamada son de inspiraci\u00f3n b\u00ed\u00adblica: Prudentes virgines proviene de Mat 25:6; Venite, filiae, del  Sal 33:12; Et nunc sequimur, de  Dan 3:41-42. Este \u00faltimo expresa admirablemente los sentimientos que invaden el coraz\u00f3n de una virgen el d\u00ed\u00ada de su consagraci\u00f3n: vivo amor a Cristo, intenso deseo de seguirle y, al mismo tiempo, plena conciencia deja propia debilidad.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista ritual, la llamada de las v\u00ed\u00adrgenes da lugar a un como cortejo nupcial que evoca -como hemos anotado al ilustrar el ordo de G. Durando [-> supra, I, 3, b]- el cortejo de las v\u00ed\u00adrgenes prudentes admitidas en casa del esposo (cf Mat 25:1-12), y representa en un cierto sentido la supervivencia ritual del antiguo cortejo con que, en la noche, con hachas encendidas, era conducida la esposa a la casa del esposo (deductio in domum mariti).<\/p>\n<p>Desde el punto de vista teol\u00f3gico, en cambio, la virgen que se acerca al altar y al obispo (dos s\u00ed\u00admbolos de Cristo-Esposo) es la virgen que sale al encuentro de Cristo para celebrar con \u00e9l, en el m\u00e1s elevado ambiente lit\u00fargico, un rito de nupcial alianza.<\/p>\n<p>Para la llamada ritual de las v\u00ed\u00adrgenes prev\u00e9 el ordo de 1970 una segunda f\u00f3rmula, que se caracteriza por el llamamiento individual de las v\u00ed\u00adrgenes, calcado en el de los candidatos en el rito de la ordenaci\u00f3n. Al llamamiento, cada virgen responde: Ecce, Domine (\u00abAqu\u00ed\u00ad estoy, Se\u00f1or; t\u00fa me has llamado\u00bb, RCV 81), f\u00f3rmula que procede de 1Sa 3:4-5, y que aparece por primera vez en el rito. La forma alternativa, si por una parte personaliza la respuesta de las v\u00ed\u00adrgenes, por otra amortigua o suprime un elemento eficazmente expresivo: el cortejo.<\/p>\n<p>b) Homil\u00ed\u00ada. Despu\u00e9s el obispo pronuncia la homil\u00ed\u00ada, en la que explica las lecturas y el significado \u00abdel don de la virginidad y de lo que ella representa para la propia santidad de las v\u00ed\u00adrgenes y para el bien de la iglesia\u00bb (RCV 16). El ordo de 1970 ofrece un texto ad libitum de homil\u00ed\u00ada ritual: texto apreciable que, inspir\u00e1ndose ampliamente en los escritos patr\u00ed\u00adsticos, presenta una rica doctrina sobre el valor y significado de la virginidad consagrada.<\/p>\n<p>c) Escrutinio. Al finalizar la homil\u00ed\u00ada, el obispo interroga a las v\u00ed\u00adrgenes sobre su voluntad de perseverancia \u00aben el santo prop\u00f3sito de la virginidad al servicio de Dios y de la iglesia\u00bb (RCV 17) y de \u00abser consagradas (consecrari) y ante la iglesia ser desposadas (desponsari) con el Hijo de Dios alt\u00ed\u00adsimo\u00bb (ib).<br \/>\nEl primer testimonio de tal escrutinio parece encontrarse en el pontifical de Durando, que lo tom\u00f3 del an\u00e1logo escrutinio de los candidatos en el rito de las ordenaciones. En las intenciones del canonista Durando, las preguntas concretas de tal escrutinio, formuladas ante la comunidad eclesial, deb\u00ed\u00adan tender a asegurar que, frente a los dif\u00ed\u00adciles compromisos que derivan de la consagraci\u00f3n, ninguna virgen pudiese apelar a la ignorancia de las obligaciones contra\u00ed\u00addas. En las intenciones del ordo de 1970, el escrutinio, sin renunciar a las perspectivas jur\u00ed\u00addicas, se tiende sobre todo a definir el objeto de la consagraci\u00f3n y a suscitar en el \u00e1nimo de las v\u00ed\u00adrgenes la gozosa conciencia del gran don que van a recibir.<\/p>\n<p>d) Letan\u00ed\u00adas de los santos. Al escrutinio sigue el canto de las letan\u00ed\u00adas de los santos: con ellas la comunidad, confiando en la intercesi\u00f3n de la bienaventurada Virgen Mar\u00ed\u00ada y de los santos, pide a Dios que \u00abderrame abundantemente los dones del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (RCV 18) sobrelas v\u00ed\u00adrgenes consagradas. El canto de las letan\u00ed\u00adas es un elemento com\u00fan y caracter\u00ed\u00adstico de los diversos ritos de consagraci\u00f3n. Como en la mayor parte de los ordines restaurados despu\u00e9s del Vat. II, en el ordo de 1970 las letan\u00ed\u00adas preceden inmediatamente a la f\u00f3rmula de consagraci\u00f3n y constituyen la preparaci\u00f3n orante, \u00faltima e intensa, t\u00ed\u00adpicamente eclesial, de la asamblea y de las v\u00ed\u00adrgenes.<br \/>\nEl canto de las letan\u00ed\u00adas de los santos est\u00e1 atestiguado en el rito de consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes ya en el pontifical romano-germ\u00e1nico del s. x. Sin embargo, las letan\u00ed\u00adas del ordo de 1970 pueden considerarse nuevas y propias en relaci\u00f3n con los varios formularios hoy vigentes en la liturgia romana; y ello ya por algunas selecciones particulares en la serie de los santos invocados, ya sobre todo por la espec\u00ed\u00adfica y original serie de las intercesiones.<\/p>\n<p>Dado su car\u00e1cter de s\u00faplica e intercesi\u00f3n, se comprende por qu\u00e9 en esta circunstancia el canto de las letan\u00ed\u00adas suple la oraci\u00f3n de los fieles (cf RCV 12, e. 50, c); como se explica igualmente por qu\u00e9 se ha suprimido en este punto el canto del Veni, Creator, introducido, con car\u00e1cter no obligatorio, en el pontifical de 1497.<\/p>\n<p>e) Renovaci\u00f3n del \u00abpropositum castitatis\u00bb. Concluido el canto de las letan\u00ed\u00adas, \u00absi se cree oportuno, las v\u00ed\u00adrgenes hacen oblaci\u00f3n a Dios de su prop\u00f3sito de castidad por mediaci\u00f3n del obispo\u00bb (RCV 22), es decir, optan por el estado virginal y por su donaci\u00f3n a Cristo, Se\u00f1or y Esposo.<br \/>\nPor ser el contexto jur\u00ed\u00addico de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes diverso del de la -> profesi\u00f3n religiosa, es obligatoria la expl\u00ed\u00adcita formulaci\u00f3n del propositum durante la celebraci\u00f3n, con lo que el legislador lit\u00fargico ha querido indicar que, hoy como en la antig\u00fcedad, para que una virgen reciba la consagraci\u00f3n es necesario y basta el propositum que se ha formulado irrevocablemente en su coraz\u00f3n y que ha manifestado previamente al obispo, quien a su vez no ha dejado de comprobar su autenticidad (cf RCV 5). En este caso, la admisi\u00f3n de la candidata a la consagraci\u00f3n y a la celebraci\u00f3n misma del rito lit\u00fargico confieren un car\u00e1cter p\u00fablico, jur\u00ed\u00addica y eclesialmente, a su prop\u00f3sito.<\/p>\n<p>Pero, aun sin ser necesaria, la renovaci\u00f3n del propositum virginal en el contexto de la celebraci\u00f3n resultar\u00e1 casi siempre oportuna desde el punto de vista pastoral y significativa desde el punto de vista lit\u00fargico. Tal renovaci\u00f3n se configura entonces como la presentaci\u00f3n de la ofrenda para ser consagrada por el Se\u00f1or con \u00abnueva unci\u00f3n espiritual\u00bb (RCV 16), por lo que se puede decir que en el rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes la formulaci\u00f3n del propositum es a la oraci\u00f3n consecratoria lo que en la misa es la presentaci\u00f3n de los dones a la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica.<\/p>\n<p>Las caracter\u00ed\u00adsticas de la ofrenda del prop\u00f3sito, irrevocables, por su naturaleza, son: el car\u00e1cter eclesial: la ofrenda se hace a Dios por mediaci\u00f3n del obispo, mientras la asamblea lit\u00fargica act\u00faa como testigo; el sentido esponsal: el \u00abprop\u00f3sito de castidad perfecta\u00bb (RCV 22) no es m\u00e1s que la donaci\u00f3n a Cristo, virginal o esponsal, y por tanto perpetua y total, que abarca todo el ser, el coraz\u00f3n, la mente, el cuerpo; la orientaci\u00f3n cristol\u00f3gica: la donaci\u00f3n esponsal a Cristo se traduce necesariamente en \u00abel seguir fielmente a Cristo\u00bb (RCV 22): la virgen, al entregarse al Se\u00f1or, quiere compartir su suerte, asumir su estilo y condici\u00f3n de vida.<\/p>\n<p>f) Oraci\u00f3n consagratoria. A la formulaci\u00f3n del propositum (consagraci\u00f3n subjetiva de la virgen) sigue la oraci\u00f3n consagratoria (consagraci\u00f3n objetiva). La consagraci\u00f3n, en efecto, tiene lugar mediante una solemne oraci\u00f3n, en la que la iglesia suplica al Padre que derrame sobre la virgen la abundancia de los dones del Esp\u00ed\u00adritu y realice en ella \u00abel v\u00ed\u00adnculo esponsal con Cristo\u00bb (RCV 24).<\/p>\n<p>No obstante ciertos detalles teol\u00f3gicos o asc\u00e9ticos, hoy no compartidos por todos, el ordo de 1970 ha conservado como oraci\u00f3n consagratoria -reorient\u00e1ndola a su forma primitiva \u00ab- la c\u00e9lebre composici\u00f3n Deus, castorum corporum, tesoro de la antigua liturgia romana, que desde el s. v figura en el rito de consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes.<\/p>\n<p>La Deus, castorum corporum sigue el esquema tripartito de las oraciones consagratorias (an\u00e1mnesis, ep\u00ed\u00adclesis, intercesi\u00f3n); pero, al quedar la ep\u00ed\u00adclesis tan reducida, casi impl\u00ed\u00adcita y fundida con las intercesiones, la oraci\u00f3n consagratoria se presenta de hecho dividida en dos partes: en la primera parte (cristol\u00f3gica) el mysterium de la virginidad cristiana se contempla dentro de la an\u00e1mnesis de los mirabilia Dei. Y as\u00ed\u00ad, la oraci\u00f3n glorifica a Dios por la obra de la creaci\u00f3n-redenci\u00f3n y por el consiguiente retorno del hombre a la \u00absantidad original\u00bb (RCV 24), de la que es un signo visible la virgen consagrada; contempla el misterio de la encarnaci\u00f3n del Verbo como uni\u00f3n esponsal entre la naturaleza divina y humana; celebra el designio universal de salvaci\u00f3n, que no excluye, sin embargo, para algunos el don de la virginidad de la uni\u00f3n esponsal con Cristo; exalta la bondad del estado matrimonial, pero proclama la excelencia del estado virginal, en el que la mujer, aun renunciando al matrimonio, aspira a poseer \u00ed\u00adntimamente la realidad del misterio; en la segunda parte (pneumatol\u00f3gica), que comienza con la caracter\u00ed\u00adstica expresi\u00f3n de s\u00faplica Implorantibus ergo auxilium tuum, Domine, se presentan las intercesiones en favor de las v\u00ed\u00adrgenes consagradas. La lista es larga, pero no mon\u00f3tona, y est\u00e1 ordenada con una sabia arquitectura literaria que utiliza el juego de las simetr\u00ed\u00adas y de las ant\u00ed\u00adtesis, solemne, pero recogida, seria e \u00ed\u00adntima. Comprende sobre todo la petici\u00f3n de que el Se\u00f1or defienda el don grande pero fr\u00e1gil concedido a sus hijas; y, finalmente, la s\u00faplica al Padre para que, \u00abpor el don de tu Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (RCV 24), conceda a las v\u00ed\u00adrgenes consagradas numerosas gracias como su verdadera dote y su mejor adorno nupcial.<\/p>\n<p>g) Las insignias de la consagraci\u00f3n. La realidad de la consagraci\u00f3n radica en la unci\u00f3n interior realizada por el Esp\u00ed\u00adritu mediante el v\u00ed\u00adnculo esponsal con Cristo. Signos de tal realidad y de la nueva condici\u00f3n de vida de la virgen consagrada son, seg\u00fan la tradici\u00f3n, el velo y el anillo (signos esponsales) y el libro de la liturgia de las horas (signo eclesial).<\/p>\n<p>Concluida la oraci\u00f3n consagratoria, el obispo entrega a las v\u00ed\u00adrgenes un velo y un anillo, diciendo: \u00abRecibid&#8230; el velo y el anillo, signos de vuestra consagraci\u00f3n; guardad siempre fidelidad plena a vuestro esposo, y no olvid\u00e9is nunca que hab\u00e9is sido consagradas a Cristo y dedicadas al servicio de su cuerpo que es la iglesia\u00bb (RCV 25), f\u00f3rmula que expresa eficazmente el significado esponsal de la consagraci\u00f3n y el simbolismo nupcial, por lo dem\u00e1s transparente, del velo y el anillo.<\/p>\n<p>El velo y el anillo se entregan, pues, con una f\u00f3rmula unitaria, pronunciada una sola vez, lo cual constituye una innovaci\u00f3n y una como reacci\u00f3n a la excesiva complejidad que tal secuencia ritual hab\u00ed\u00ada adoptado. El ordo prev\u00e9, sin embargo, una secuencia alternativa en la que velo y anillo se entregan por separado con sus respectivas f\u00f3rmulas, que se repiten para cada una de las v\u00ed\u00adrgenes consagradas (cf RCV 94-95).<\/p>\n<p>Es de notar en esta parte del rito la supresi\u00f3n de la corona, introducida -como queda dicho [t supra, I, 2]- en el s. x. Son probablemente varios los motivos que la han determinado: ante todo, la p\u00e9rdida del significado esponsal de la corona en la costumbre occidental -porque de hecho no forma ya parte de los ritos nupciales- ha hecho de ella un s\u00ed\u00admbolo inadecuado para expresar eficazmente el desposorio m\u00ed\u00adstico de la virgen con Cristo; adem\u00e1s, el cambio de sensibilidad social ha hecho que muchas mujeres se resistan a recibir un signo que, en la cultura contempor\u00e1nea, tiene con frecuencia un significado triunfalista; finalmente, la interpretaci\u00f3n de la corona como signo terminal -de coronamiento precisamente de una obra, de una fatiga, de un combate- hace aparecer dicho s\u00ed\u00admbolo impropio en un rito que, bajo tantos aspectos, se\u00f1ala el comienzo de un compromiso.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s del velo y el anillo, el obispo entrega igualmente a cada una de las v\u00ed\u00adrgenes el libro de la liturgia de las horas. El origen de tal entrega, como hemos visto [-> supra, I, 4, b], es relativamente reciente (1497). Limitada de hecho a las monjas, ten\u00ed\u00ada lugar al final de la misa, y revest\u00ed\u00ada un car\u00e1cter prevalentemente jur\u00ed\u00addico. En la traditio breviarii, el ordo de 1970 ha introducido algunos cambiossignificativos: con el desplazamiento del instante de la entrega (del final de la misa a despu\u00e9s de la oraci\u00f3n consagratoria) se ha querido ante todo significar que el compromiso de la oraci\u00f3n eclesial de la virgen consagrada no es un aspecto complementario, sino esencial a su vida; y, al mismo tiempo, declarar que tal compromiso no es exclusivo de las v\u00ed\u00adrgenes consagradas dentro de la vida mon\u00e1stica, sino propio tambi\u00e9n de las v\u00ed\u00adrgenes consagradas que viven en el mundo (la -> liturgia de las horas, por lo dem\u00e1s, es oraci\u00f3n de todo el pueblo de Dios); se ha querido igualmente resaltar que el signo de la traditio breviarii, si en sus inmediatas connotaciones parece de \u00ed\u00adndole asc\u00e9tica (orar siempre), atentamente considerado revela una fuerte impronta esponsal. En efecto, y como es sabido, el oficio divino es \u00aben verdad la voz de la misma esposa que habla al esposo\u00bb (SC 84); ahora bien, el signo m\u00e1s claro de la iglesia virgen-esposa es precisamente la virgen consagrada: cuando ella ora con la liturgia de las horas no s\u00f3lo entabla un di\u00e1logo esponsal con Cristo, sino que se convierte en expresi\u00f3n viva y en signo de la iglesia, esposa orante con su Esposo. A la luz de su condici\u00f3n de sponsa Christi y de signo de la ecclesia sponsa, se comprende la importancia de la monici\u00f3n del obispo a las v\u00ed\u00adrgenes consagradas: \u00abRecibid el libro de la oraci\u00f3n de la iglesia: con \u00e9l cantar\u00e9is siempre las alabanzas del Padre y orar\u00e9is a Dios por el bien del mundo entero\u00bb (RCV 28).<\/p>\n<p>h) Liturgia eucar\u00ed\u00adstica. Terminada la entrega de las insignias y cantada la ant\u00ed\u00adfona Ipsi sum desponsata (\u00abEstoy desposada con aquel a quien sirven los \u00e1ngeles\u00bb, RCV 29), prosigue la celebraci\u00f3nde la eucarist\u00ed\u00ada, en la que, dentro de esta circunstancia, resulta particularmente acentuado su car\u00e1cter de banquete nupcial. Siguiendo la antigua tradici\u00f3n, el ordo de 1970 prev\u00e9 intercesiones particulares en cada una de las cuatro plegarias eucar\u00ed\u00adsticas (cf RCV 33).<\/p>\n<p>3. CONTENIDO TEOL\u00ed\u201cGICO. El contenido doctrinal del ordo de 1970 es amplio, eco sobre todo de la tradici\u00f3n patr\u00ed\u00adstica y lit\u00fargica, pero abierto a las aportaciones de la reflexi\u00f3n teol\u00f3gica de nuestro tiempo. Antes de iniciar la exposici\u00f3n, nos parece obligada una previa observaci\u00f3n: para una penetrante inteligencia de la doctrina del ordo es menester situarse en una perspectiva de fe. La virginidad por el reino es, en efecto, un mysterium o realidad salv\u00ed\u00adfica sobrenatural, que no se explica con la l\u00f3gica de la raz\u00f3n, sino con la de la fe; es uno de los mirabilia Dei que pertenecen al orden nuevo inaugurado con la muerte-resurrecci\u00f3n de Cristo y la venida del Esp\u00ed\u00adritu; ininteligible al hombre carnal, la virginidad cristiana es experiencialmente comprensible para el hombre espiritual.<\/p>\n<p>a) Un don del Padre. La virginidad es un don que proviene de lo alto. Con los santos padres, el ordo recuerda que el lugar de origen (patria) de la virginidad cristiana es el cielo, \u00absu fuente es el mismo Dios, porque de Dios brota el don de la virginidad, como de una fuente pur\u00ed\u00adsima e incorruptible\u00bb (RCV 16). La oraci\u00f3n consagratoria, despu\u00e9s de haber celebrado el designio universal de salvaci\u00f3n, afirma igualmente: \u00abEntre los dones que concediste a tus hijos&#8230;, quisiste otorgar a algunos el don de la virginidad\u00bb (RCV 24). La virginitas, pues, es un don gratuito y, por otra parte, antes de ser una condici\u00f3n o una caracter\u00ed\u00adstica del hombre, es un atributo divino, una realidad intratrinitaria.<\/p>\n<p>En Dios Padre est\u00e1 el origen de toda aut\u00e9ntica vocaci\u00f3n virginal: es \u00e9l quien llama a las v\u00ed\u00adrgenes \u00abpara atraerlas m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente a s\u00ed\u00ad\u00bb (RCV 16); \u00e9l inspira su santo prop\u00f3sito (cf RCV 24; 36); \u00e9l enciende en sus corazones la llama de la virginidad (cf RCV 24). Pero Dios Padre no limita su acci\u00f3n a la llamada inicial. El es el Se\u00f1or fiel que acompa\u00f1a con su amor a las v\u00ed\u00adrgenes durante toda su vida, es decir, hasta llevar a plenitud la obra que \u00e9l mismo ha comenzado (cf Flp 1:6). Y as\u00ed\u00ad el Padre contin\u00faa alimentando la llama que \u00e9l encendi\u00f3 (cf RCV 24) y consolidando d\u00ed\u00ada tras d\u00ed\u00ada el prop\u00f3sito que \u00e9l mismo despert\u00f3 en la virgen (cf RCV 60); gu\u00ed\u00ada y defiende, ilumina y sostiene a las v\u00ed\u00adrgenes en su camino (cf RCV 24; 36) y las conduce \u00abpor la senda del evangelio\u00bb (RCV 21); \u00e9l mismo es su \u00abauxilio&#8230;, libr\u00e1ndolas del antiguo enemigo&#8230; para no empa\u00f1ar el brillo de su perfecta castidad\u00bb (RCV 24); \u00e9l es \u00abel descanso en la aflicci\u00f3n\u00bb, \u00abel consejo en la duda\u00bb, \u00abel remedio en la enfermedad\u00bb (RCV 24). El Padre, que ciertamente es \u00absu honor, su gozo, su deseo\u00bb (RCV 24), es igualmente el fin \u00faltimo de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes: \u00abQue en ti, Se\u00f1or, lo encuentren todo y sepan preferirte sobre todas las cosas\u00bb (RCV 24).<\/p>\n<p>b) \u00abSponsa Christi\u00bb: El designio del Padre es unir esponsalmente a las v\u00ed\u00adrgenes con Cristo, el Verbo encarnado, esposo de la iglesia y de la humanidad. En este punto el ordo de 1970 reproduce sin vacilaciones, as\u00ed\u00ad como sin concesiones a la emotividad, la doctrina un\u00e1nime de los santos padres y la intenci\u00f3n perenne de la liturgia: el elemento espec\u00ed\u00adfico de la consecratio virginum es la peculiar relaci\u00f3n esponsal que se establece entre Cristo y la virgen. Los textos son expl\u00ed\u00adcitos. En la homil\u00ed\u00ada el obispo dice a las v\u00ed\u00adrgenes: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu Santo par\u00e1clito&#8230;, hoy&#8230;, al elevaros a la dignidad de esposas de Cristo, uni\u00e9ndoos con v\u00ed\u00adnculo indisoluble al mismo Hijo de Dios\u00bb (RCV 16); en el escrutinio les pregunta: \u00ab\u00bfQuer\u00e9is ser consagradas a nuestro Se\u00f1or Jesucristo y ante la iglesia ser desposadas con el Hijo del Dios alt\u00ed\u00adsimo?\u00bb (RCV 17); en la oraci\u00f3n consagratoria, dirigi\u00e9ndose al Padre, declara: \u00abQue t\u00fa mismo les hiciste desear (la virginidad)\u00bb (RCV 24); al entregar el anillo a las v\u00ed\u00adrgenes, las amonesta as\u00ed\u00ad: \u00abRecibid el anillo, signo de vuestro desposorio con Cristo\u00bb (RCV 26); las despide, finalmente, record\u00e1ndoles: \u00abJesucristo, el esposo, que se ha unido hoy a vosotras en alianza nupcial&#8230;\u00bb(RCV 36).<\/p>\n<p>Todos los miembros del cuerpo m\u00ed\u00adstico est\u00e1n llamados a participar en el misterio nupcial que se realiza en un intercambio de amor y en un rec\u00ed\u00adproco don entre Cristo y la iglesia. Mas los caminos a trav\u00e9s de los cuales se act\u00faa tal participaci\u00f3n son diversos. La virgen participa en el misterio nupcial en virtud de un don particular y de una llamada personal, a los que ella responde activamente entreg\u00e1ndose a Cristo por entero y para siempre; pero sobre todo en fuerza de una peculiar intervenci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu, invocado por la iglesia en el rito lit\u00fargico, que consagra a la virgen \u00abcomo una nueva unci\u00f3n espiritual\u00bb (RCV 16) y la hace sponsa Christi. La virgen renuncia al \u00abcasto desposorio\u00bb de las nupcias humanas (coniugium), pero logra igualmente la realidad profunda significada por el matrimonio (sacramentum), es decir, la alianza nupcial entre Cristo y la iglesia (cf RCV 24). Con otraspalabras, la virgen, sin aplicar el signo de la uni\u00f3n de los cuerpos (quod nuptiis agitur), obtiene la realidad sobrenatural por \u00e9l significada (quod nuptiis praenotatur): la uni\u00f3n esponsal con Cristo.<\/p>\n<p>Como la iglesia es virgen, esposa y madre, as\u00ed\u00ad la virgen consagrada es tambi\u00e9n una virgo mater, fecunda por su adhesi\u00f3n a la voluntad del Padre y por acoger en s\u00ed\u00ad la semilla divina de la palabra de Cristo: \u00abVosotras, que por amor a Cristo hab\u00e9is renunciado al gozo de la maternidad, ser\u00e9is madres espirituales por el fiel cumplimiento de la voluntad divina, cooperando con Dios por el amor, para que sea engendrada o devuelta a la vida de la gracia una muchedumbre de hijos\u00bb (RCV 16); \u00abJesucristo&#8230; haga fecunda vuestra vida con la fuerza de su divina palabra\u00bb (RCV 36).<\/p>\n<p>c) Consagrada por el Esp\u00ed\u00adritu. Ya hemos subrayado [-> supra, b] c\u00f3mo una disc\u00ed\u00adpula del Se\u00f1or llega a ser realmente virgo sacrata y sponsa Christi en virtud de una unci\u00f3n del Esp\u00ed\u00adritu: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu par\u00e1clito&#8230; va a enriqueceros hoy por mi ministerio con una nueva unci\u00f3n espiritual\u00bb (RCV 16); y en la bendici\u00f3n de despedida se dice algo parecido: \u00abEl Esp\u00ed\u00adritu Santo&#8230; hoy con su venida ha consagrado vuestros corazones\u00bb (RCV 36). El ordo de 1970 ilumina en otros pasajes las relaciones que tienen lugar entre el Esp\u00ed\u00adritu y la virgen cristiana: \u00abEn el seno pur\u00ed\u00adsimo (de la Virgen) quiso que la Palabra se hiciera carne por obra del Esp\u00ed\u00adritu Santo; de esta forma la naturaleza divina se un\u00ed\u00ada a la naturaleza humana, como el esposo se une a la esposa\u00bb (RCV 16); al introducir las letan\u00ed\u00adas de los santos, invita el obispo a pedir a Dios que \u00abderrame abundantemente los dones del Esp\u00ed\u00adritu Santo\u00bb (RCV 18) sobre las candidatas a laconsagraci\u00f3n virginal; en la oraci\u00f3n consagratoria se invoca sobre las v\u00ed\u00adrgenes al Esp\u00ed\u00adritu del Se\u00f1or, y del \u00abdon del Esp\u00ed\u00adritu\u00bb (RCV 16) se hacen depender los dones particulares -virtudes, gracias, carismasque deben adornar sus cuerpos y sus almas.<\/p>\n<p>d) La iglesia y la virgen. El misterio del cuerpo se proyecta en los miembros, y lo propio del todo se encuentra tambi\u00e9n en la parte. Es decir: la \u00ed\u00adndole esencial de la iglesia -virgen, esposa y madre-se reproduce en la vida de la virgen consagrada. La virgen (filia) lleva la impronta de la iglesia (mater), de la que es una representaci\u00f3n, un signo, una concreta actuaci\u00f3n: \u00abLa madre iglesia -se lee en la homil\u00ed\u00ada ritual- os considera como la porci\u00f3n m\u00e1s escogida de la grey de Cristo, pues por vosotras se manifiesta y crece su fecundidad\u00bb (RCV 16).<\/p>\n<p>Desde el punto de vista teol\u00f3gico, la capacidad, por parte de la virgen, de significar y representar el misterio virginal y nupcial de la iglesia constituye el aspecto m\u00e1s relevante en que se articula la relaci\u00f3n ecclesia-virgo sacrata. Lo cual determina la aplicaci\u00f3n a las v\u00ed\u00adrgenes del t\u00ed\u00adtulo eclesial de sponsa Christi: \u00abLos padres doctores de la iglesia no dudaron en dar el sublime nombre de esposas de Cristo, propio de la misma iglesia, a las v\u00ed\u00adrgenes consagradas a Cristo\u00bb (ib).<\/p>\n<p>Desde el punto de vista operativo, la relaci\u00f3n iglesia-virgen consagrada se define sobre todo en t\u00e9rminos de servicio: la virgen est\u00e1 consagrada al servicio de la iglesia y, por ella y m\u00e1s all\u00e1 de la misma, al servicio de la humanidad. Los textos son numerosos: el obispo, dirigi\u00e9ndose a.los familiares de las v\u00ed\u00adrgenes, observa: \u00abEl Se\u00f1or las ha llamado porque desea atraerlas m\u00e1s \u00ed\u00adntimamente a s\u00ed\u00ad y dedicarlas al servicio de la iglesia y de todos los hombres\u00bb; y, dirigi\u00e9ndose a las v\u00ed\u00adrgenes, les dice: \u00abRecordad siempre que os hab\u00e9is consagrado al servicio de la iglesia y de todos los hombres\u00bb (RCV 16); en el escrutinio les pregunta: \u00ab\u00bfQuer\u00e9is perseverar&#8230; en el santo prop\u00f3sito de la virginidad, al servicio de Dios y de la iglesia?\u00bb (RCV 17); el ordo de 1970, sin excluir el simbolismo nupcial, interpreta el velo como un signo do consagraci\u00f3n \u00aba Cristo&#8230; y al servicio de su cuerpo, que es la iglesia\u00bb (RCV 25); en las intercesiones de la oraci\u00f3n eucar\u00ed\u00adstica se pide por las v\u00ed\u00adrgenes \u00abhoy consagradas para siempre al culto divino y al servicio de los hermanos\u00bb (MRC, Misas rituales VI, d); finalmente, en la bendici\u00f3n de despedida pide el obispo que el Esp\u00ed\u00adritu inflame los corazones de las v\u00ed\u00adrgenes \u00abcon su fuerza para que viv\u00e1is entregadas al servicio de Dios y de la iglesia\u00bb (RCV 36).<\/p>\n<p>Las numerosas referencias del ordo de 1970 a esta categor\u00ed\u00ada del servicio y a la dimensi\u00f3n apost\u00f3lica de la virginidad cristiana se deben seguramente a un influjo del Vat. II, que -como es sabido- fue particularmente sensible a la doctrina evang\u00e9lica sobre el servicio. Ello confiere al ordo de 1970 una cierta \u00abnovedad textual\u00bb frente a los ordines anteriores, en los que no aparecen tales conceptos (en la Deus, castorum corporum, por ejemplo, faltan tanto una alusi\u00f3n a la maternidad espiritual de la virgen como una insinuaci\u00f3n a la dimensi\u00f3n apost\u00f3lica de su vida).<\/p>\n<p>e) La Virgen y las v\u00ed\u00adrgenes. El misterio de la iglesia y su proyecci\u00f3n en la virgen consagrada no se comprenden plenamente sin contemplar a Mar\u00ed\u00ada de Nazaret (cf SC 103): ella es el modelo (exemplar)de la iglesia y el modelo de las v\u00ed\u00adrgenes. La doctrina patr\u00ed\u00adstica, una vez m\u00e1s propuesta por el Vat: II -seg\u00fan la cual \u00aben el misterio de la iglesia, que con raz\u00f3n es llamada tambi\u00e9n madre y virgen, precedi\u00f3 la sant\u00ed\u00adsima Virgen, present\u00e1ndose de forma eminente y singular como modelo tanto de la virgen como de la madre\u00bb (LG 63)-, encuentra variada aplicaci\u00f3n en el ordo de 1970.<\/p>\n<p>Se recuerda ante todo en dicho ordo la parte que tiene Mar\u00ed\u00ada en la encarnaci\u00f3n del Verbo, es decir, en el hecho esponsal paradigm\u00e1tico de cualquier otra estructura nupcial de orden sobrenatural (sea ella la relaci\u00f3n Cristo-iglesia, o la uni\u00f3n hombre-mujer en el sacramento del I matrimonio, o la consagraci\u00f3n de los disc\u00ed\u00adpulos de Cristo en la l profesi\u00f3n religiosa o en la consagraci\u00f3n virginal&#8230;) (cf RCV 16). En la Deus, castorum corporum, cuya primera parte se desarrolla sobre el fondo del misterio de la encarnaci\u00f3n del Verbo, se hace un hermoso parang\u00f3n entre la Virgen y las v\u00ed\u00adrgenes a prop\u00f3sito de su consagraci\u00f3n (devotio) a Cristo. El texto, profundo y expresivo, no es de dif\u00ed\u00adcil comprensi\u00f3n, si bien no siempre expresa suficientemente su referencia a Mar\u00ed\u00ada. Para captarlo plenamente debe el lector realizar una operaci\u00f3n, por as\u00ed\u00ad decir, de sentido inverso a la del autor: retornar de lo abstracto, po\u00e9tico y universal a lo concreto, experiencia) e individual. Seg\u00fan la Deus, castorum, la virgen cristiana (beata virginitas: lo abstracto por lo concreto) reconoce en Cristo al autor de la virginidad (agnovit auctorem suum) y se entrega a \u00e9l esponsalmente (illius thalamo, illius cub\u00ed\u00adculo se devovit); a \u00e9l -prosigue el texto-, que es esposo de las v\u00ed\u00adrgenes consagradas (sic perpetuae virginitatis [= las v\u00ed\u00adrgenes consagradas] est Sponsus), as\u00ed\u00ad como hijo de la siempre Virgen (quemadmodum perpetuae virginitatis [= Mar\u00ed\u00ada] est Filius). En varias traducciones lit\u00fargicas, incluida la castellana, la referencia a Mar\u00ed\u00ada, por desgracia, ha desaparecido.<\/p>\n<p>Con esta referencia a la relaci\u00f3n de Cristo con Mar\u00ed\u00ada y con las v\u00ed\u00adrgenes se cierra la homil\u00ed\u00ada ritual: \u00abCristo, el Hijo de la Virgen y esposo de las v\u00ed\u00adrgenes, ser\u00e1&#8230; vuestro gozo&#8230; y vuestra corona\u00bb (RCV 16). En la introducci\u00f3n y en el cuerpo de las letan\u00ed\u00adas (cf RCV 18; 20), as\u00ed\u00ad como en la bendici\u00f3n de despedida (cf RCV 36), hay otras referencias a la Virgen Mar\u00ed\u00ada. Aunque venerada en la gloria de su maternidad virginal, se propone a las v\u00ed\u00adrgenes como modelo por su profunda humildad: \u00abA ejemplo de Mar\u00ed\u00ada, la Virgen Madre de Dios, apeteced llamaros y ser esclavas del Se\u00f1or\u00bb (RCV 16).<\/p>\n<p>f) Un signo escatol\u00f3gico. La virgen consagrada desempe\u00f1a una m\u00faltiple funci\u00f3n (signum, imago, figura&#8230;). La integridad virginal, que brota de la fuente pur\u00ed\u00adsima e incorruptible de Dios, hace que las v\u00ed\u00adrgenes sean \u00abconsideradas por los padres de la iglesia como im\u00e1genes de la misma incorruptibilidad de Dios\u00bb (RCV 16). La virginidad es igualmente \u00abs\u00ed\u00admbolo manifiesto de aquel gran sacramento&#8230;, llevado solamente a plenitud en los desposorios de Cristo con la iglesia\u00bb (ib); y en la medida en que la virgen vive de acuerdo con la ley del amor, se hace \u00abtestimonio y signo de la caridad divina en medio del mundo\u00bb (RCV 98).<\/p>\n<p>Pero la funci\u00f3n simb\u00f3lica de la virgen consagrada se desarrolla sobre todo en su relaci\u00f3n con el reino futuro. Para iluminar esta funci\u00f3n, el ordo de 1970 recoge temas y motivos de la literaturapatr\u00ed\u00adstica y del patrimonio lit\u00fargico; por lo dem\u00e1s, la par\u00e1bola de Mateo sobre las v\u00ed\u00adrgenes necias y las prudentes (Mat 25:1-13), evocada desde la antig\u00fcedad en el rito de consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes, es una p\u00e1gina de orientaci\u00f3n claramente escatol\u00f3gica.<\/p>\n<p>En la homil\u00ed\u00ada ritual, el obispo recuerda a las v\u00ed\u00adrgenes: \u00abVosotras prefigur\u00e1is el reino futuro de Dios, en donde nadie tomar\u00e1 marido ni mujer\u00bb (RCV 16), con expl\u00ed\u00adcita referencia a Mat 22:30; en el escrutinio se repite la idea de que la vida de la virgen consagrada es un \u00absigno manifiesto del reino futuro\u00bb (RCV 17). Pero, adem\u00e1s de ser un signo, la virgen consagrada es, en cierto sentido, un anticipo y una experiencia de las realidades futuras: \u00abT\u00fa (Padre&#8230;), que la llevas a experimentar, ya en esta vida, los dones reservados para el mundo futuro; y as\u00ed\u00ad haces a quienes viven a\u00fan en la tierra semejantes a los \u00e1ngeles del cielo\u00bb (RCV 24).<\/p>\n<p>Es toda la iglesia la que aguarda y espera la venida del Se\u00f1or. Pero tal vez, desde el punto de vista del signo, ninguna otra categor\u00ed\u00ada de fieles como el ordo virginum est\u00e1 tan invitada por la liturgia a vivir la espiritualidad de la espera y del encuentro. En la apertura del rito, mientras las v\u00ed\u00adrgenes, con la l\u00e1mpara en la mano, se acercan al altar, el coro canta la ant\u00ed\u00adfona: \u00abV\u00ed\u00adrgenes prudentes, preparad vuestras l\u00e1mparas; mirad que llega el esposo, salid a recibirlo\u00bb (RCV 13); en las intercesiones de la plegaria eucar\u00ed\u00adstica II se pide al Padre por las v\u00ed\u00adrgenes para que les haga experimentar su protecci\u00f3n a fin de que, \u00absin desfallecer, te sirvan a ti y a tu pueblo, y manteniendo encendida la l\u00e1mpara de la fe y de la caridad, vivan anhelando la llegada de Jesucristo, el Esposo\u00bb (RCV p. 187); en el hanc igitur del canon romano se pide al Padre por las v\u00ed\u00adrgenes \u00abpara que por tu gracia las que hoy se han unido m\u00e1s estrechamente a tu Hijo le reciban con gozo cuando venga al final de los tiempos\u00bb (RCV p. 186).<\/p>\n<p>En la perspectiva del ordo de 1970, la virgen consagrada vive en una fecunda tensi\u00f3n entre renuncia y posesi\u00f3n, entre vigilancia y fruici\u00f3n, entre espera y encuentro, entre seguimiento de Cristo por la senda de la cruz y un ya inicial seguimiento del Cordero adondequiera que va (cf Apo 14:14; RCV 16).<\/p>\n<p>III. Cuestiones abiertas<br \/>\nEl ordo de 1970, al restaurar el rito de la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes seg\u00fan las directrices conciliares, ha resuelto sus problemas de \u00ed\u00adndole lit\u00fargica. Pero deja sin resolver algunos problemas teol\u00f3gicos, jur\u00ed\u00addicos y pastorales.<\/p>\n<p>1. PROBLEMAS TEOL\u00ed\u201cGICOS. Hay dos problemas de \u00ed\u00adndole teol\u00f3gica que, a nuestro juicio, deben ser objeto todav\u00ed\u00ada de atenta reflexi\u00f3n.<\/p>\n<p>a) Falta un rito de consagraci\u00f3n virginal para varones. Como queda ya dicho [-> supra, I, 1, a], desde el s. iv se hab\u00ed\u00ada establecido un rito de consagraci\u00f3n por el que la virgen se hace sponsa Christi y signo visible de la iglesia, virgen esposa de Cristo. Pero el carisma de la virginidad por el reino no es privilegio exclusivo de las mujeres: el Padre lo otorga tanto a los hombres como a las mujeres y compromete de igual manera a los disc\u00ed\u00adpulos de uno y otro sexo en la entrega total a Cristo y en el servicio a la iglesia. Adem\u00e1s, la iglesia vive su condici\u00f3n de virgen-esposa y consuma el misterio de sus desposorios con Cristo en toda su compleja realidad, es decir, en todos sus miembros: hombres y mujeres, casados y v\u00ed\u00adrgenes. Por otra parte, y como repetidas veces se ha dado a entender, matrimonio cristiano y virginidad consagrada son dos modos distintos de vivir la condici\u00f3n de disc\u00ed\u00adpulos, que coinciden, no obstante, en ser cada uno s\u00ed\u00admbolo efectivo del desposorio de Cristo con la iglesia.<\/p>\n<p>Sorprende, pues, que el ordo se haya restaurado en la perspectiva exclusiva de la consagraci\u00f3n de mujeres v\u00ed\u00adrgenes. La causa debe probablemente radicar en el hecho de que, desde los or\u00ed\u00adgenes del rito, en virtud de una tradici\u00f3n que se remonta a la edad subapost\u00f3lica y basada en la teolog\u00ed\u00ada paulina y juanista (cf Efe 5:25-27; ,2; Apo 21:2), la virgo mujer asume la funci\u00f3n de signo de la iglesia, vista en sus caracter\u00ed\u00adsticas femeninas y en su condici\u00f3n espec\u00ed\u00adfica de esposa de Cristo. Se comprende, por tanto, por qu\u00e9, a nivel de signo, la consecratio virginum, dadas sus referencias esponsales-eclesiales y por el inevitable recurso al lenguaje teol\u00f3gico y a la analog\u00ed\u00ada, haya seguido teniendo como objeto exclusivamente a las v\u00ed\u00adrgenes femeninas. Sin embargo, y puesto que el valor de la virginidad consagrada no consiste s\u00f3lo en simbolizar la donaci\u00f3n esponsal de la iglesia, nada impide, antes es m\u00e1s bien deseable, que en el futuro se establezca un rito de consagraci\u00f3n para los hombres seglares que abrazan la virginidad por el reino; un rito, claro est\u00e1, distinto del de la profesi\u00f3n religiosa, que ponga de relieve otros contenidos de la virginidad consagrada y pueda recobrar el aspecto nupcial en sus referencias cristol\u00f3gicas; es decir, un rito que sugiera como compromiso esencial el servicio total y exclusivo a la iglesia y en el que la imagen rectora sea Cristo, que ama a la iglesia hasta dar la vida por ella.<\/p>\n<p>b) Cuesti\u00f3n de la superioridad de la virginidad consagrada sobre el matrimonio. El ordo de 1970 hace impl\u00ed\u00adcitamente suyas las ense\u00f1anzas de la tradici\u00f3n b\u00ed\u00adblico-patr\u00ed\u00adstica y del magisterio de la iglesia, sobre todo del concilio de Trento, que afirma la superioridad del estado virginal sobre el matrimonial. Pero, aun constituyendo un encomio de la virginidad cristiana, el ordo no cae en redundancias ret\u00f3ricas cuyo resultado pudiera ser una minusvaloraci\u00f3n del estado conyugal, ni presenta a las v\u00ed\u00adrgenes como pertenecientes a una casta superior. Esta apreciable sobriedad parece ser ya un indicio de la orientaci\u00f3n del ordo a no plantear la cuesti\u00f3n de la superioridad de las virginidad consagrada sobre el matrimonio en t\u00e9rminos de oposici\u00f3n o de contraste.<\/p>\n<p>Pero el ordo no es un tratado teol\u00f3gico, y adem\u00e1s no se plantea expl\u00ed\u00adcitamente la cuesti\u00f3n; por lo que tampoco ofrece soluciones propias y nuevas al debate posconciliar. Sin embargo, aparecen en \u00e9l, aqu\u00ed\u00ad y all\u00e1, aunque no expl\u00ed\u00adcitamente enunciados, algunos motivos que sufragan la superioridad de la virginidad consagrada sobre el matrimonio. Son \u00e9stos: una participaci\u00f3n m\u00e1s plena en el radicalismo evang\u00e9lico; una m\u00e1s clara entrega a Cristo como \u00fanico absoluto; una representaci\u00f3n m\u00e1s perfecta del proyecto de vida hist\u00f3ricamente elegido por Cristo; la consecuci\u00f3n directa de la realidad (el desposorio con Cristo) sin acudir al signo del matrimonio (la uni\u00f3n conyugal). No son, como puede apreciarse, argumentaciones nuevas, y a prop\u00f3sito de las mismas son no pocos los te\u00f3logos que dudan de si los elementos a que se refieren pertenecen a la estructura ontol\u00f3gica de la virginidad cristiana.<\/p>\n<p>En todo caso, el ordo de 1970 constituye, en su conjunto, una invitaci\u00f3n a no subestimar los datos tradicionales y magisteriales y a profundizar en una cuesti\u00f3n que en otros puntos, y por muchos lados, queda abierta.<\/p>\n<p>2. PROBLEMAS JUR\u00ed\u008dDICOS. LOS libros lit\u00fargicos contienen con frecuencia diversas indicaciones sobre el sujeto, requisitos y efectos del rito; pero no afrontan todos los problemas de car\u00e1cter jur\u00ed\u00addico, que deben, sin embargo, tratarse y aclararse en otra parte.<\/p>\n<p>a) Sobre el sujeto. Como ya se ha anotado [-> supra, II, 1, a], la \u00ablegislaci\u00f3n\u00bb expresada por el ordo de 1970 respecto al sujeto de la consagraci\u00f3n ha sido ampliamente contestada, y ning\u00fan organismo oficial ha dado las deseadas aclaraciones. El ordo de 1970 ha tenido el m\u00e9rito de readmitir a la consagraci\u00f3n a v\u00ed\u00adrgenes seglares; pero, en lo relativo a las religiosas, la reserva a las monjas constituye, real o aparentemente, una sinraz\u00f3n, al excluir de la consagraci\u00f3n a las, religiosas. No se comprende por qu\u00e9 en nuestros tiempos -lamentan los comentaristas- una virgo claustralis pueda recibir la consagraci\u00f3n y, en cambio, no pueda recibirla una virgen que por amor a Cristo consagra totalmente su vida al servicio de los hermanos.<\/p>\n<p>A este prop\u00f3sito, nos parecen ser dos las v\u00ed\u00adas para llegar a una soluci\u00f3n. La primera: reconsiderar la legislaci\u00f3n del ordo de 1970 y eliminar la exclusi\u00f3n de las religiosas de votos perpetuos; es decir, conceder que tambi\u00e9n ellas puedan, si lo desean, recibir la consagraci\u00f3n virginal. Esta parece ser la orientaci\u00f3n impl\u00ed\u00adcita de una nota oficiosa aparecida en la revista Notitiae 25.<\/p>\n<p>La segunda: profundizar la cuesti\u00f3n bajo todos sus aspectos. A nuestro juicio, ello implicar\u00ed\u00ada:<br \/>\n\u2020\u00a2 el reconocimiento de la laicidad de la antigua consecratio virginum, y, por tanto, de su fundamental destino a las v\u00ed\u00adrgenes seglares; justamente ellas, por su inmediata dedicaci\u00f3n al servicio de la di\u00f3cesis, son consagradas, por el obispo, y para ellas se utiliza la oraci\u00f3n Deus, castorum corporum, que no contiene ninguna menci\u00f3n de los elementos diversos y t\u00ed\u00adpicos de la vida religiosa (vida com\u00fan, pobreza, obediencia&#8230;);<br \/>\n\u2020\u00a2 la adquisici\u00f3n del convencimiento de que las religiosas de votos perpetuos, en virtud del rito lit\u00fargico expl\u00ed\u00adcito del Ritual de la profesi\u00f3n religiosa (= RPR), son objeto de una verdadera consagraci\u00f3n y gozan de la dignidad de sponsa Christi. En efecto, las expresiones consagratorias, los t\u00e9rminos y los signos esponsales del RPR no son en modo alguno menos fuertes 26 que los de RCV; en particular, la oraci\u00f3n Deus, sancti propositi en RPR 72 tiene una ep\u00ed\u00adclesis consagratoria m\u00e1s expl\u00ed\u00adcita que la de la Deus, castorum corporum de RCV 24, y los contenidos esponsales de la primera no son menos brillantes que los de la segunda. Siendo as\u00ed\u00ad, la interpretaci\u00f3n de la situaci\u00f3n actual en clave excluyente de las religiosas del rito de la consecratio virginum deber\u00ed\u00ada sustituirse por la persuasi\u00f3n de que ellas est\u00e1n consagradas y unidas esponsalmente a Cristo con un rito diverso, pero no menos eficaz que la antigua consecratio virginum, rito que a los contenidos de \u00e9sta a\u00f1ade otros propios de la vida religiosa;<br \/>\n\u2020\u00a2 la atribuci\u00f3n de un valor hist\u00f3rico m\u00e1s que teol\u00f3gico a la conservaci\u00f3n, dentro de algunas familias mon\u00e1sticas, de la consecratio virginum en la f\u00f3rmula tradita. Las monjas, en efecto, tienen el m\u00e9rito hist\u00f3rico de haber mantenido textos y signos de la antigua consecratio virginum; y por tanto hubiera estado fuera de lugar el privar a las de vida contemplativa de un rito que han celebrado ininterrumpidamente, o a las benedictinas de un ordo que, aunque en tiempos relativamente recientes, han vuelto a restablecer. Por otra parte, a lo largo de los siglos, muchos monasterios no han usado la consecratio virginum, prefiriendo profesar seg\u00fan ordines inspirados directamente en el ritual de la Regla de san Benito, en los cuales no figura la Deus, castorum corporum ni est\u00e1 prevista la presencia del obispo.<\/p>\n<p>Cuanto hemos dicho entra en el \u00e1mbito de una hip\u00f3tesis formulada para obviar los inconvenientes de una legislaci\u00f3n que da lugar a perplejidades de diversa \u00ed\u00adndole. La hip\u00f3tesis podr\u00ed\u00ada corregirse en alg\u00fan punto o podr\u00ed\u00ada sufragarse m\u00e1s ampliamente mediante subsiguientes estudios; y, en todo caso, para llegar a ser operativa ser\u00ed\u00adan necesarias las oportunas intervenciones de la Sede Apost\u00f3lica.<\/p>\n<p>b) Sobre los requisitos. Ya hemos recordado los requisitos se\u00f1alados por el ordo de 1970 para que una virgen seglar pueda recibir la consagraci\u00f3n [-> supra, II, 1, a]. Acertadamente, la edici\u00f3n t\u00ed\u00adpica del OCV, destinada a todas las iglesias locales de rito romano, no desciende a normas demasiado particulares. Por otra parte, hemos puesto ya de relieve [-> supra, II, 2] la variedad de soluciones adoptadas por la iglesia en lo concerniente, por ejemplo, a la edad. Creemos, no obstante, que cada vez se presentar\u00e1 con mayor urgencia la necesidad de que las conferencias episcopales adopten para su territorio -quedando a salvo, en \u00faltima instancia, el poder decisorio de cada obispo (cf RCV 5)- criterios suficientemente uniformes acerca de los requisitos y de las modalidades para el acceso de las v\u00ed\u00adrgenes seglares a la consagraci\u00f3n virginal y para la definici\u00f3n de los v\u00ed\u00adnculos que vienen a establecerse entre la di\u00f3cesis y la virgen consagrada. Criterios muy diversos entre di\u00f3cesis y di\u00f3cesis -aqu\u00ed\u00ad amplios, all\u00ed\u00ad rigurosos- podr\u00ed\u00adan, en efecto, causar desorientaci\u00f3n en las candidatas y en los fieles.<\/p>\n<p>c) Sobre los efectos. Durante ocho siglos, en la iglesia latina no se practic\u00f3 la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes seglares [-> supra, II, 1, a]. No existe, pues, una legislaci\u00f3n vigente que establezca los efectos de la consagraci\u00f3n en el campo jur\u00ed\u00addico. No parece que haya duda de que el voto pronunciado por la candidata es p\u00fablico y perpetuo, y que la virgen llega a ser persona consagrada. Pero, debido a la fragilidad humana, que conviene tener siempre en cuenta, no est\u00e1n fuera de lugar algunas preguntas, que reclamar\u00ed\u00adan una autorizada respuesta.<\/p>\n<p>Si una virgen consagrada llega a desmayar en su prop\u00f3sito, \u00bfa qu\u00e9 instrumento jur\u00ed\u00addico podr\u00e1 o deber\u00e1 recurrir? \u00bfA una dispensa? Pero si la esencia de la consagraci\u00f3n virginal consiste en el v\u00ed\u00adnculo mist\u00e9rico-nupcial entre la virgen y Cristo, \u00bfse puede hablar de dispensa? En tal caso, \u00bfa qu\u00e9 autoridad eclesi\u00e1stica se deber\u00e1 acudir? Su voto p\u00fablico, \u00bfvuelve nulo un eventual atentado matrimonio?<br \/>\nEn otro orden, \u00bfes deseable la constituci\u00f3n, en una sede diocesana, de un ordo virginum? \u00bfCon qu\u00e9 caracter\u00ed\u00adsticas y con qu\u00e9 reconocimiento jur\u00ed\u00addico? Las v\u00ed\u00adrgenes seglares consagradas, las herederas m\u00e1s pr\u00f3ximas a las antiguas diaconisas, \u00bfno debieran ser por ello las candidatas m\u00e1s calificadas a ser ministro extraordinario de la comuni\u00f3n?<br \/>\n3. PROBLEMAS PASTORALES. Respecto a la consagraci\u00f3n de las v\u00ed\u00adrgenes seglares,, el problema pastoral m\u00e1s serio est\u00e1 relacionado con el escaso conocimiento de la existencia misma del rito y, por tanto, del don que la iglesia concede a una hija suya, en la cual ha podido reconocer tal carisma, constituy\u00e9ndola sponsa Christi, consagrada en \u00e9l estado seglar al servicio de Dios y de los hermanos.<\/p>\n<p>Con frecuencia, mujeres que viven responsablemente la virginidad por el reino ignoran la posibilidad de recibir la consagraci\u00f3n lit\u00fargica en r\u00e9gimen seglar o, por no tener clara idea de su naturaleza, se creen inmaduras para la misma. En el pueblo de Dios no deja de ser com\u00fan la mentalidad de que la virginidad consagrada se vive exclusivamente de forma institucionalizada en comunidades mon\u00e1sticas o en congregaciones religiosas. Resulta que a veces los mismos obispos no est\u00e1n debidamente informados sobre la naturaleza y el valor del rito; en su disposici\u00f3n frente al mismo se advierte una mentalidad m\u00e1s administrativa que sacramental.<\/p>\n<p>De hecho, desde 1970, a\u00f1o de la promulgaci\u00f3n del rito, apenas si se han dado noticias sobre la pr\u00e1ctica de tales consagraciones; los mismos especialistas no han prestado a dicho ordo sino muy escasa atenci\u00f3n. Por otra parte, no se restablecen de un golpe la conciencia y sensibilidad hacia un rito desde hace ocho siglos en desuso; por lo que se precisan una acci\u00f3n pastoral prudente y eficaz y una catequesis iluminadora, a fin de que la consagraci\u00f3n virginal de las mujeres seglares deje de ser un rito impracticado o de parecer un hallazgo arqueol\u00f3gico que se quiere valorar.<\/p>\n<p>La auspiciada obra de iluminaci\u00f3n y catequesis deber\u00e1 mostrar igualmente que la consagraci\u00f3n virginal no es un rito reservado a mujeres particularmente preparadas desde el punto de vista cultural, cuya aplicaci\u00f3n, por consiguiente, fuese elitista; pero deber\u00e1 declarar a su vez que, por la seriedad del compromiso que comporta, por la madurez psicol\u00f3gica y de fe que exige, por el misterio al que incesantemente remite -el virginal y fecundo desposorio entre Cristo y la iglesia-, por los valores escatol\u00f3gicos que testimonia, por la implicaci\u00f3n de la iglesia local en la persona del obispo, la consagraci\u00f3n virginal no puede considerarse como simple y laudable compromiso que se asume dentro de una p\u00ed\u00ada asociaci\u00f3n, ni como los mismos votos privados. Una sabia pastoral actuar\u00e1 rechazando tanto una presentaci\u00f3n en clave elitista o aristocr\u00e1tica como una presentaci\u00f3n banalizadora del rito, e introduciendo, en las sedes diocesanas y en los momentos m\u00e1s oportunos, \u00abuna espec\u00ed\u00adfica presentaci\u00f3n de la virginidad consagrada, sobre todo en su aspecto positivo de ministerio indispensable para la vida y para el progreso espiritual de la iglesia\u00bb.<\/p>\n<p>[-> Profesi\u00f3n religiosa; -> Virginidad consagrada en la iglesia]<br \/>\nI. M. Calabuig-R. Barbieri<br \/>\nBIBLIOGRAFIA Aug\u00e9 M., Notas para una teolog\u00ed\u00ada de la vida religiosa que emergen de los ritos de profesi\u00f3n religiosa y de consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes, en \u00abMiscellanea Lateranense\u00bb 40-41 (1975) 458-470; Nocent A., La consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes, en A.G. Martimort, La Iglesia en oraci\u00f3n, Herder, Barcelona 1967, 669-676; Oriol J., El nuevo rito de la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes, en \u00abPhase\u00bb 63 (1971) 292-296; Paredes J.C., Confirmaci\u00f3n y. vida religiosa a la luz de la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes en la Iglesia Romana, en \u00abVida Religiosa\u00bb 34 (1973) 275-286; Ramis G., El Ritual de profesi\u00f3n religiosa y consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes (Aproximaci\u00f3n teol\u00f3gica), en \u00abPhase\u00bb 117 (1980) 199-228; \u00bfPara qu\u00e9 sirve el Ritual de consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes?, ib, 131 (1982) 385-398.<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. S\u00ed\u00adntesis hist\u00f3rica del rito de la consagraci\u00f3n de v\u00ed\u00adrgenes: 1. Or\u00ed\u00adgenes y primeros desarrollos (ss. iv-vii): a) En la segunda mitad del s. iv, b) En los ss. v-viii. Los primeros textos lit\u00fargicos; 2. La \u00abconsecratio virginum\u00bb en el pontifical romano-germ\u00e1nico; 3. 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