{"id":17127,"date":"2016-02-05T11:09:07","date_gmt":"2016-02-05T16:09:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cultura-y-liturgia\/"},"modified":"2016-02-05T11:09:07","modified_gmt":"2016-02-05T16:09:07","slug":"cultura-y-liturgia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/diccionarios\/cultura-y-liturgia\/","title":{"rendered":"CULTURA Y LITURGIA"},"content":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Algunos elementos fundamentales del concepto \u00abcultura\u00bb: 1. El final de un mito; 2. Un nuevo concepto de cultura &#8211; II. Orientaciones culturales actuales que influyen en la liturgia: 1. El cambio antropol\u00f3gico; 2. La conciencia hist\u00f3rica; 3. La mentalidad cient\u00ed\u00adfica &#8211; III. Distintos enfoques del fen\u00f3meno cultual: 1. La teor\u00ed\u00ada de la autonom\u00ed\u00ada; 2. La teor\u00ed\u00ada de la instrumentalidad; 3. La teor\u00ed\u00ada simb\u00f3lica &#8211; IV. Perspectivas pastorales &#8211; V. Conclusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta contribuci\u00f3n al tema cultura y liturgia no puede leerse aisladamente. Supone otras voces de corte m\u00e1s espec\u00ed\u00adficamente lit\u00fargico, con las cuales nuestra presentaci\u00f3n se encuentra en tensi\u00f3n dial\u00e9ctica, sin renegar de contenidos y realidades que son propios de la liturgia de la iglesia, pero intentando repensarlos desde un cuestionamiento a partir de algunos par\u00e1metros culturales de nuestro tiempo.<\/p>\n<p>I. Algunos elementos fundamentales del concepto \u00abcultura\u00bb<br \/>\n1. EL FINAL DE UN MITO. El nacimiento de la -> antropolog\u00ed\u00ada cultural es m\u00e1s bien reciente. Entre todas las ciencias, es la \u00faltima y la m\u00e1s joven. Caracter\u00ed\u00adstica de este nuevo sector del saber es la elaboraci\u00f3n de un concepto de cultura notablemente distinto del de la tradici\u00f3n cl\u00e1sica y human\u00ed\u00adstica. Para esa tradici\u00f3n, cultura es sin\u00f3nimo de amplitud de conocimientos y de nociones. Es hombre de cultura quien sabe mucho y bien; no es culto el que sabe poco o nada. Y por saber se entiende el saber l\u00f3gico-racional, abstracto, vinculado a la esfera del entendimiento, con exclusi\u00f3n de lo perteneciente al \u00e1mbito de lo emocional, de lo \u00e9tico y lo praxol\u00f3gico. As\u00ed\u00ad, se pensaba que hab\u00ed\u00ada hombres cultos y hombres incultos, pueblos provistos de gran cultura y otros de escasa. Esta concepci\u00f3n reductiva proced\u00ed\u00ada de la pretendida superioridad de Occidente, que se tomaba a s\u00ed\u00ad misma como par\u00e1metro de valoraci\u00f3n de toda otra manifestaci\u00f3n antropol\u00f3gica. Y puesto que Occidente ha privilegiado siempre al logos griego, de ello se sigui\u00f3 la infravaloraci\u00f3n de las otras formas de vida, de pensamiento y de acci\u00f3n. Esta idea de cultura ha hecho crisis por los estudios de etnolog\u00ed\u00ada y por la actitud cr\u00ed\u00adtica de no pocos pensadores que, a comienzos de siglo, empezaron a mirar con ojos menos prevenidos y m\u00e1s respetuosos las formas de pensamiento y comportamiento de otras poblaciones, tanto antiguas como contempor\u00e1neas.<\/p>\n<p>2. UN NUEVO CONCEPTO DE CULTURA. La progresiva, aunque lenta, superaci\u00f3n del mito euroc\u00e9ntrico ha llevado a los estudiosos a una definici\u00f3n nueva de cultura. Si bien hasta el presente no existe ninguna definici\u00f3n en la que est\u00e9n todos de acuerdo&#8217;, para la mayor parte de los estudiosos tienen importancia los siguientes elementos:<br \/>\na) Lo cultural no se refiere s\u00f3lo a lo racional. No s\u00f3lo el pensamiento, sino toda pr\u00e1ctica (desde hablar hasta preparar los alimentos, construir casas, cultivar campos, erigir templos, orar a la divinidad, etc.) pertenece al \u00e1mbito de lo cultural, como su causa y efecto. Desde este punto de vista est\u00e1 claro que tambi\u00e9n la liturgia es un fen\u00f3meno cultural.<br \/>\nb) Lo cultural no se opone a lo natural. No se da primeramente un hombre natural y a continuaci\u00f3n un hombre cultural. En realidad existe siempre y s\u00f3lo un hombrecultural, es decir, culturalizado, que resulta de una interrelaci\u00f3n constante entre su dimensi\u00f3n biof\u00ed\u00adsica y el ambiente del que es al mismo tiempo creador y criatura, causa y efecto. El m\u00ed\u00adtico per\u00ed\u00adodo de una \u00e9poca natural, si existe en la literatura y en el campo de la fantas\u00ed\u00ada, ciertamente no existe en el de la realidad. Sentimientos, amor, alegr\u00ed\u00ada, dolor, etc., son realidades culturales. Los mismos conceptos de Dios, de sagrado, de fe son comprensibles solamente a trav\u00e9s del complejo aparato de modelos culturales m\u00e1s o menos conscientes. Tambi\u00e9n a este nivel es f\u00e1cil comprender c\u00f3mo y por qu\u00e9 la liturgia est\u00e1 vinculada a la cultura: s\u00ed\u00admbolos, ritos, textos eucol\u00f3gicos no nacen de la nada, sino que se desarrollan dentro de estructuras m\u00e1s amplias, que son las t\u00ed\u00adpicas de una determinada forma de pensamiento y de acci\u00f3n, de modelos y de pr\u00e1cticas.<br \/>\nc) Lo cultural es antropogen\u00e9tico. La cultura no es un accesorio del que se puede prescindir: ella crea al hombre, le da el ser, es antropo-gen\u00e9tica. Valores, creencias, actitudes, emociones, reacciones, comportamientos, criterios de juicio, tipos de relaci\u00f3n, instrumentos interpretativos, canales selectivos, m\u00f3dulos comunicacionales, etc\u00e9tera, son engendrados por la cultura. Si es, pues, verdad que el hombre hace la cultura, m\u00e1s verdad es todav\u00ed\u00ada que la cultura hace al hombre (c\u00ed\u00adrculo antropo-gen\u00e9tico): \u00abSin hombres no hay cultura, ciertamente; pero igualmente, y m\u00e1s significativamente, sin cultura no hay hombres\u00bb&#8216;. M\u00e1s a\u00fan: \u00abllegar a ser hombre significa llegar a ser individuo; y nosotros adquirimos la individualidad bajo la gu\u00ed\u00ada de m\u00f3dulos culturales, de sistemas de significado hist\u00f3ricamente creados, en cuyos t\u00e9rminos damos forma, orden, sentido y direcci\u00f3n a nuestra vida\u00bb&#8217;. Tambi\u00e9n aqu\u00ed\u00ad salta a la vista la relaci\u00f3n profunda entre liturgia y cultura; tambi\u00e9n aqu\u00e9lla contribuye a crear un tipo de hombre, ofrece motivaciones y valores, indica perspectivas y abre horizontes de trascendencia y fraternidad.<\/p>\n<p>d) Lo cultural es revelador del hombre. La respuesta a la pregunta: \u00ab\u00bfQu\u00e9 es el hombre?\u00bb, no puede darse en abstracto, bas\u00e1ndose simplemente en principios preconcebidos, sino pasando por el an\u00e1lisis de las diversas instituciones y modelos que a lo largo de la historia van apareciendo. La cultura es el \u00fanico terreno de lectura, de interpretaci\u00f3n y de comprensi\u00f3n del hombre; el lugar privilegiado de la manifestaci\u00f3n de su identidad. Ciertamente siguen siendo posibles una antropolog\u00ed\u00ada teol\u00f3gica y una antropolog\u00ed\u00ada filos\u00f3fica, pero sobre la base de datos culturales le\u00ed\u00addos hermen\u00e9uticamente (no eludidos bajo pretexto de trascenderlos). A este nivel es donde el comportamiento lit\u00fargico y celebrativo manifiesta toda su riqueza, no s\u00f3lo en el campo de la teolog\u00ed\u00ada, sino en todo el arco cultural: entre todas las pr\u00e1cticas culturales, la cultual, m\u00e1s que cualquiera otra, pretende desvelar el misterio \u00faltimo del hombre, el enigma de su realidad: partner de Dios mismo en un di\u00e1logo de amor, llamado a ser y actuar como su imagen y semejanza (G\u00e9n 1:26).<br \/>\ne) Lo cultural no es un\u00ed\u00advoco. No existe una sola cultura, sino muchas; tantas cuantos son los grupos humanos, ya sea diacr\u00f3nica, ya sincr\u00f3nicamente considerados. La pretensi\u00f3n de un mono-culturalismo es inadmisible. La pluralidad de las culturas, te\u00f3ricamente multiplicable al infinito, testifica a favor de una inagotable plasticidad delhombre. Las culturas, como las lenguas, pueden ser tantas cuantos sean los c\u00f3digos que las definen, es decir, las convenciones y las reglas que expl\u00ed\u00adcitamente y (todav\u00ed\u00ada m\u00e1s) impl\u00ed\u00adcitamente establecen sus posibilidades y l\u00ed\u00admites. Tambi\u00e9n a este nivel son claras las relaciones entre liturgia y cultura. En efecto, el fen\u00f3meno cultual, como cualquier otro fen\u00f3meno cultural, no se da nunca bajo ropaje un\u00ed\u00advoco (de hecho tenemos una liturgia copta, ortodoxa, sir\u00ed\u00adaca, ambrosiana, latina, galicana, hispana, etc.). No s\u00f3lo esto: la liturgia, como la lengua, puede traducirse en una multiplicidad de formas y de modelos pr\u00e1cticamente infinitos. De aqu\u00ed\u00ad la inaceptabilidad del fixismo y del inmovilismo ritual y la conveniencia de la t creatividad lit\u00fargica, de la cual, por lo dem\u00e1s, el Vat. II ha puesto las premisas [t Adaptaci\u00f3n].<\/p>\n<p>f) Lo cultural es siempre estructural. La cultura se presenta como conjunto de elementos dispuestos no al azar o como simple conglomerado, sino estructuralmente, es decir, seg\u00fan la l\u00f3gica de la estructura. Esto significa que, en toda cultura, el detalle debe ser comprendido a la luz del conjunto global, y que cada globalidad (la cultura) es algo m\u00e1s, algo distinto de la suma de los particulares. Tambi\u00e9n esta ley tiene aplicaci\u00f3n en el campo de la liturgia. Lo lit\u00fargico, que es un momento de lo cultural, no puede ser comprendido en s\u00ed\u00ad mismo, sino dentro del arco teol\u00f3gico, y \u00e9ste dentro del cultural. Un tratado sobre los sacramentos que no tuviese en cuenta el ambiente cultural en que deben celebrarse ser\u00ed\u00ada reductivo y podr\u00ed\u00ada exponer al lector a una serie de equ\u00ed\u00advocos. La ley de la estructura tiene todav\u00ed\u00ada otra cosa importante que decir: todo cambio que se realiza en unpunto de la cultura, por insignificante que sea, se refleja en la totalidad del sistema, llamado entonces a reestructurarse globalmente. Por seguir en el campo de la teolog\u00ed\u00ada: un cambio registrado en las ciencias humanas, pol\u00ed\u00adticas o econ\u00f3micas no puede menos de reflejarse tambi\u00e9n en las ciencias religiosas. De lo contrario, \u00e9stas se condenar\u00ed\u00adan a la marginaci\u00f3n. Este ha sido y es el drama de la teolog\u00ed\u00ada occidental a partir del renacimiento.<br \/>\ng) Lo cultural est\u00e1 siempre expuesto al riesgo de convertirse en manipulador, seg\u00fan como en ello est\u00e9 distribuido el poder. Cuanto m\u00e1s dividido y participado sea el poder, tanto m\u00e1s disminuye el riesgo de una cultura de ser manipulativa; cuanto m\u00e1s est\u00e9 el poder en las manos de pocos, mayor probabilidad hay de que la cultura se convierta en ideolog\u00ed\u00ada, instrumento de dominio y de explotaci\u00f3n de una minor\u00ed\u00ada sobre la mayor\u00ed\u00ada. La toma de conciencia de la dimensi\u00f3n manipuladora de una cultura, y por tanto de la carga alienante de que con frecuencia se revisten las instituciones (escolarizaci\u00f3n, educaci\u00f3n, prensa, propaganda, moda, deporte, etc.), ha acabado con el mito de la bondad autom\u00e1tica de la cultura, y ha favorecido la exigencia de un uso cr\u00ed\u00adtico de las mediaciones culturales y de una m\u00e1s equitativa distribuci\u00f3n del poder entre todos los que componen el grupo cultural. Este razonamiento, seg\u00fan algunos, tocar\u00ed\u00ada de cerca a la liturgia: tambi\u00e9n ella, como cualquier otro fen\u00f3meno cultural, si se desarrollara de manera verticalista, podr\u00ed\u00ada hacerse manipulativa e ideol\u00f3gica. Quede de momento la sugerencia de que la liturgia como ideolog\u00ed\u00ada es un cap\u00ed\u00adtulo que necesita ser estudiado<\/p>\n<p>lI. Orientaciones culturales actuales que influyen en la liturgia<br \/>\nSi la cultura es el conjunto de valores, creencias, propuestas, modelos, instituciones y estructuras con los que un grupo humano traduce y comunica el propio modo de acercarse a la realidad, de captar sus m\u00faltiples aspectos y de establecer sus conexiones, hay que preguntarse cu\u00e1les son hoy las orientaciones culturales fundamentales que influyen sobre la liturgia. Pienso que pueden reducirse a tres.<\/p>\n<p>1. EL CAMBIO ANTROPOL\u00ed\u201cGICO. Es la tendencia, cada vez m\u00e1s marcada e irreversible, a poner en el centro de la investigaci\u00f3n y de la reflexi\u00f3n al hombre con su realidad, sus necesidades y su subjetividad. La colocaci\u00f3n del hombre en el centro de las elaboraciones culturales y la reivindicaci\u00f3n de su prioridad no infravaloran ni niegan las otras dimensiones (teol\u00f3gicas, \u00e9ticas, institucionales, etc.), sino que las reconducen a sus exactas proporciones y perspectivas: no se trata de categor\u00ed\u00adas a priori que ab aeterno se impongan y determinen al hombre, su historia, sus proyectos y sus realizaciones, sino de expresiones complejas y polimorfas, que peri\u00f3dicamente elaboran las colectividades desde su propio ser para responder a los interrogantes de su carne, que el creyente sabe habitada por el Esp\u00ed\u00adritu de Dios. La cultura contempor\u00e1nea, aunque ca\u00f3tica y contradictoriamente, alberga el sue\u00f1o de querer liberar al hombre del peso de fardos culturales in\u00fatiles para introducirlo en una nueva tierra de libertad. Es un sue\u00f1o que se estrella contra muros cicl\u00f3peos de alienaci\u00f3n y de represiones pluriseculares, pero que cada vez se hace m\u00e1s movimiento e historia. El marxismo, el neomarxismo, el existencialismo, la fenomenolog\u00ed\u00ada, el radicalismo, la psicolog\u00ed\u00ada, las reivindicaciones de una nueva racionalidad y una nueva subjetividad; el rechazo de la misma proyectividad por parte de muchos, sobre todo j\u00f3venes; la exigencia de la m\u00ed\u00adstica y de la meta-racionalidad&#8230;, todo esto esconde, bajo su superficie, la afirmaci\u00f3n del primado de la subjetividad sobre la objetividad, de la persona sobre el principio, del \u00abhombre sobre el s\u00e1bado\u00bb.<\/p>\n<p>Estas orientaciones se reflejan tambi\u00e9n en la liturgia: se advierte la necesidad de dejar en ella mayor espacio al hombre. Por eso. hoy algunos estudiosos comienzan a hablar de antropolog\u00ed\u00ada de la liturgia, antropolog\u00ed\u00ada lit\u00fargica, antropolog\u00ed\u00ada sacramental&#8217;. Se trata de una perspectiva nueva, cuyo significado no es f\u00e1cil de comprender y cuyas exigencias no resultan f\u00e1cilmente previsibles. Queda mucho camino por andar. \u00bfQu\u00e9 quiere expresarse con esta terminolog\u00ed\u00ada? Con ella se abre camino una nueva sensibilidad en torno a la celebraci\u00f3n lit\u00fargica, momento privilegiado en el que el hombre toma conciencia y expresa los rasgos profundos de su identidad: partner del mismo Dios en un di\u00e1logo de abandono y de amor. La relaci\u00f3n entre antropolog\u00ed\u00ada y liturgia es tan constitutiva, que esta \u00faltima puede ser considerada como el lugar ideal de la antropologizaci\u00f3n o antropog\u00e9nesis.<\/p>\n<p>2. LA CONCIENCIA HIST\u00ed\u201cRICA. K. L\u00f3with hace remontarse a Giambattista Vico el paso del pensamiento antiguo, filos\u00f3fico y racional, al moderno, hist\u00f3rico y concreto. El verum no es lo confinado en las regiones del hiperuranio y que se identifica con las ideas claras y distintas, sino que es el factum, lo que el hombre hace y crea: su historia, entendida no como una c\u00e1rcel de la que hay que escapar (a la manera griega), sino como el \u00fanico espacio en que se construye la propia identidad, y por tanto se autodesvela y autodefine. La historia se rescata de su valoraci\u00f3n secundaria e irrelevante y se coloca en el centro de todo inter\u00e9s; lejos de ser insignificante (porque el sentido se encontrar\u00ed\u00ada fuera de ella, en el hiperuranio), es el \u00fanico c\u00f3digo a trav\u00e9s del cual el hombre tiene la posibilidad de decirse y de decir.<\/p>\n<p>Los reflejos de la conciencia hist\u00f3rica en el campo lit\u00fargico son varios: aqu\u00ed\u00ad nos limitamos a enumerarlos, ya que ser\u00e1n desarrollados en otras voces de este diccionario: superaci\u00f3n de la antigua concepci\u00f3n de la eficacia de los t sacramentosy propuesta de una nueva concepci\u00f3n de la misma; toma de conciencia de la relatividad de ciertas f\u00f3rmulas lit\u00fargicas y de la consiguiente necesidad de una \/ creatividad en este campo; exigencia de la aculturaci\u00f3n y de la inculturaci\u00f3n lit\u00fargicas [\/ Adaptaci\u00f3n IV-V].<\/p>\n<p>3. LA MENTALIDAD CIENT\u00ed\u008dFICA. Es la tendencia a explicar los fen\u00f3menos no s\u00f3lo naturales sino tambi\u00e9n humanos en clave objetivo-racional, a trav\u00e9s de un proceso de penetraci\u00f3n y de an\u00e1lisis que muestre su real densidad independientemente de los deseos y expectativas manipuladoras del sujeto. En esta perspectiva, la ciencia es una investigaci\u00f3n de la verdad que libera al hombre de sus pretensiones de omnipotencia y lo reconduce al terreno de su fragilidad. La ciencia muestra hasta d\u00f3nde el hombre es v\u00ed\u00adctima de sus ilusiones, y hasta d\u00f3nde, en cambio, permanece en contacto con la realidad que lo educa y lo madura; hasta d\u00f3nde puede adaptar esta realidad a las propias exigencias, y hasta d\u00f3nde, en cambio, debe adaptarse a ella en obediencia. Esta mentalidad cient\u00ed\u00adfica tiene, ciertamente, graves limitaciones, e incluso puede decirse que hoy est\u00e1 en crisis; pero siguen siendo evidentes sus aspectos positivos, que se reflejan en el campo teol\u00f3gico, y sobre todo lit\u00fargico. Menciono algunos:<br \/>\na) Desconfianza de un ritualismo m\u00e1gico. Cada vez que \u00e9ste emerge, el mundo de la ritualidad religiosa se transforma de mediaci\u00f3n de la propia subjetividad adulta, consciente y respetuosa del misterio ben\u00e9volo y envolvente, en instrumento para apresar la trascendencia y lo divino. As\u00ed\u00ad, la mentalidad cient\u00ed\u00adfica (no ciencista, que pretende ser totalizante e ignora sus l\u00ed\u00admites), lejos de constituir un atentado a la liturgia y su especificidad, puede ser ocasi\u00f3n de su mayor comprensi\u00f3n y delimitaci\u00f3n.<br \/>\nb) Sensibilidad por lo po\u00e9tico-evocativo. La ciencia explora su campo e indica los senderos que el hombre puede recorrer, porque son accesibles a sus instrumentos, y los que le est\u00e1n prohibidos,, por caer m\u00e1s all\u00e1 de sus posibilidades. \u00bfQu\u00e9 actitud adoptar frente al mundo que se encuentra m\u00e1s all\u00e1 del propio campo perceptivo y cognitivo? La respuesta definitiva la ha dado L. Wittgenstein con su c\u00e9lebre aforismo: \u00abAcerca de lo que no se puede hablar hay que callar\u00bb. Hay que callar con el lenguaje de la descripci\u00f3n y de la verificabilidad, pero no con el de la evocaci\u00f3n y de la simbolicidad. El primero es el lenguaje de lo cuantitativo y de lo mensurable, el segundo de lo cualitativo y de lo indemostrable; el primero establece los confines y la composici\u00f3n del dato, el segundoampl\u00ed\u00ada el campo y modifica su c\u00f3digo; el primero obedece y respeta lo real, el segundo intuye y crea lo posible; el primero transcribe lo ya conocido, el segundo orienta hacia lo todav\u00ed\u00ada-no; el primero es delimitante y restrictivo, el segundo parab\u00f3lico y heur\u00ed\u00adstico; el primero habla con la fuerza del logos, el segundo con la del s\u00ed\u00admbolo. De este modo la mentalidad cient\u00ed\u00adfica obliga a la liturgia a ser cada vez menos racional y m\u00e1s simb\u00f3lica. Quiz\u00e1 sea \u00e9ste el mayor desaf\u00ed\u00ado de nuestra \u00e9poca a la ritualidad: resimbolizarla adecuadamente, liber\u00e1ndola de lo excesivamente racional, depurado, hablado, cotidiano. Probablemente sea \u00e9ste el gran camino de la liturgia del ma\u00f1ana.<br \/>\nc) Conciencia de los dos niveles de discurso. La epistemolog\u00ed\u00ada moderna resalta cada vez m\u00e1s la diferencia profunda entre un fen\u00f3meno y su comprensi\u00f3n. Estos dos planos o niveles no se confunden; la pretensi\u00f3n de identificarlos o superponerlos es causa de curiosas paradojas, caminos sin salida e inextricables absurdos \u00ab. La diferencia entre ambos niveles es la misma que se da, por ejemplo, entre el hablar una lengua (fen\u00f3meno) y el hablar de una lengua (comprensi\u00f3n del fen\u00f3meno), entre hacer un c\u00e1lculo y hablar del c\u00e1lculo, entre caminar y hablar del caminar. Para no perder de vista el salto cualitativo existente entre los dos niveles, hoy se habla cada vez m\u00e1s de meta-lenguaje, meta-matem\u00e1tica, meta-movimiento, etc., expresiones en las que el prefijo meta indica un escal\u00f3n l\u00f3gico superior, en cuyo nivel se desarrolla el discurso. Tal distinci\u00f3n l\u00f3gica puede aplicarse tambi\u00e9n a la liturgia, a prop\u00f3sito de la cual no siempre se advierte la distinci\u00f3n entre el fen\u00f3meno cultual, en cuanto pr\u00e1ctica (liturgia), y su comprensi\u00f3n (meta-liturgia). Ahora bien, las diferencias entre liturgia y meta-liturgia son numerosas y sustanciales: la liturgia es un fen\u00f3meno real, la meta-liturgia es una teor\u00ed\u00ada sobre el fen\u00f3meno real; la primera es competencia de cuantos la practican; la segunda es s\u00f3lo de algunos que estudian la primera; la primera, salvadas ciertas condiciones, es siempre verdadera; la segunda de por s\u00ed\u00ad no es verdadera ni falsa, sino s\u00f3lo funcional y heur\u00ed\u00adstica (sirve en la medida en que ayuda a captar mejor el fen\u00f3meno); la primera puede existir sin la segunda, y la segunda sin la primera (como pueden darse te\u00f3ricos del amor o de la belleza sin que jam\u00e1s hayan experimentado la belleza o el amor; o como pueden encontrarse te\u00f3logos de una fe muy l\u00e1nguida, as\u00ed\u00ad puede haber tambi\u00e9n liturgistas que hablan de la liturgia, pero est\u00e1n privados de toda sensibilidad lit\u00fargica). La no-conciencia de esta distancia l\u00f3gica entre los dos niveles puede f\u00e1cilmente convertirse en una fuerza oculta de dominio y de opresi\u00f3n; en nuestro caso, puede transformar la misma teor\u00ed\u00ada lit\u00fargica, de servicio para una mejor comprensi\u00f3n del fen\u00f3meno cultual, en medio que obstaculiza e inhibe. Aqu\u00ed\u00ad es donde anida la ra\u00ed\u00adz gen\u00e9tica de la ideolog\u00ed\u00ada: pasar del meta-nivel te\u00f3rico (en s\u00ed\u00ad ni verdadero ni falso) a la verdad en s\u00ed\u00ad y por s\u00ed\u00ad, normativa, y por tanto vinculante de las subjetividades reales. La convicci\u00f3n de que el razonamiento lit\u00fargico se sit\u00faa en el terreno te\u00f3rico es dif\u00ed\u00adcil de adquirirse, pero es urgente y liberador adquirirla. La mentalidad cient\u00ed\u00adfica puede contribuir notablemente a conservar viva la conciencia de que, siempre que se habla de liturgia, se est\u00e1 en el \u00e1mbito de la elaboraci\u00f3n te\u00f3rico-conceptual y que entre los niveles lit\u00fargico y meta-lit\u00fargico, a pesar de darse una dial\u00e9ctica cerrada, existe tambi\u00e9n una gran distancia l\u00f3gica.<\/p>\n<p>III. Distintos enfoques del fen\u00f3meno cultual<br \/>\nOtra diferencia notable entre los dos niveles es \u00e9sta: si el primero obedece a una l\u00f3gica un\u00ed\u00advoca, el segundo (el meta-nivel) obedece a una l\u00f3gica m\u00faltiple, y a veces incluso equ\u00ed\u00advoca y contradictoria. Si, por ejemplo, el lenguaje como pr\u00e1ctica de comportamiento es un\u00ed\u00advoco dentro del grupo que lo habla, sus interpretaciones (teor\u00ed\u00adas del lenguaje) pueden ser y en realidad son ilimitadas. La misma observaci\u00f3n vale para la cr\u00ed\u00adtica cultual: a pesar de ser una constante de toda comunidad cristiana, se presta a una multiplicidad de interpretaciones o teor\u00ed\u00adas, que, esquem\u00e1ticamente, podemos reducir a tres:<br \/>\n1. LA TEOR\u00ed\u008dA DE LA AUTONOM\u00ed\u008dA. Seg\u00fan esta interpretaci\u00f3n, el fen\u00f3meno cultual es una pr\u00e1ctica suficientemente motivada y explicada en s\u00ed\u00ad misma, la cual, por el mero hecho de realizarse, se declara garante de salvaci\u00f3n. Esta salvaci\u00f3n se localiza no en lo sagrado, sino en el rito o en el gesto que aut\u00f3nomamente la contiene y la transmite. La teor\u00ed\u00ada de la autonom\u00ed\u00ada es la que com\u00fanmente se denomina concepci\u00f3n m\u00e1gico-sacral.\u2020\u00a2 el conjunto de los gestos-textos-ritos-movimientos es valorado, por lo general, en independencia tanto del sujeto que lo realiza como del fin que con esa pr\u00e1ctica se persigue, y es le\u00ed\u00addo en s\u00ed\u00ad mismo como contenedor de fuerzas divinas dominadoras de la existencia, y peligrosas aunque fascinantes (tremendum et fascinosum). Seg\u00fan esta interpretaci\u00f3n, el hombre est\u00e1 en funci\u00f3n del rito, y sus gestos rituales est\u00e1n separados tanto de su subjetividad como de la eventual subjetividad del Otro (el misterio) y poblados por los fantasmas de su universo arcaico, infantil. Esta interpretaci\u00f3n, aun cuando a nivel de lenguaje expl\u00ed\u00adcito haya estado siempre ausente en la elaboraci\u00f3n meta-lit\u00fargica m\u00e1s iluminada, ha estado presente como presupuesto preconsciente, no tematizado, en los estratos populares, y quiz\u00e1 tambi\u00e9n en cierta manual\u00ed\u00adstica lit\u00fargica.<\/p>\n<p>2. LA TEOR\u00ed\u008dA DE LA INSTRUMENTALIDAD. Ha sido y es la m\u00e1s difundida, sobre todo a partir de la escol\u00e1stica. Seg\u00fan esta teor\u00ed\u00ada, el fen\u00f3meno cultual se explica mediante la categor\u00ed\u00ada del instrumentum: del medio, en relaci\u00f3n a Dios y en relaci\u00f3n al hombre. Gracias al medio, el misterio se comunica y salva al hombre; y, gracias a \u00e9l tambi\u00e9n, la criatura se abre y acepta el misterio. A diferencia de la teor\u00ed\u00ada de la autonom\u00ed\u00ada, \u00e9sta de la instrumentalidad no es cerrada en s\u00ed\u00ad misma: no es el rito en s\u00ed\u00ad mismo el que produce salvaci\u00f3n, sino la relaci\u00f3n que se instaura entre Dios y el hombre: entre Dios, que se da al hombre, y el hombre, que se orienta hacia Dios. La categor\u00ed\u00ada de la instrumentalidad supera el magicismo, libera al comportamiento ritual de cerrarse sobre s\u00ed\u00ad mismo y lo reconduce al punto de encuentro de un doble yo, el humano y el divino. Esta es la categor\u00ed\u00ada privilegiada en la comprensi\u00f3n y explicaci\u00f3n de la liturgia. El mismo concilio Vat. II y los documentos de la CEE la aconsejan expl\u00ed\u00adcitamente.<\/p>\n<p>La teor\u00ed\u00ada de la instrumentalidad, a pesar de su s\u00f3lido fundamento y su frecuente exposici\u00f3n, comienza a mostrar sus l\u00ed\u00admites, sobre todo cuando se la parangona con la concepci\u00f3n b\u00ed\u00adblica de la experiencia religiosa. Frente a la instancia del personalismo de nuestro siglo, el lenguaje de la instrumentalidad aparece fr\u00ed\u00ado, objetivo, cosificado y, por lo mismo, cosificante. Adem\u00e1s, si esta concepci\u00f3n te\u00f3rica pretendiese encerrar el misterio del encuentro de Dios con el hombre exclusivamente en las estrecheces de un comportamiento ritual, ser\u00ed\u00ada extremadamente pobre, e incluso se estar\u00ed\u00ada en contradicci\u00f3n con la tradici\u00f3n teol\u00f3gica, en la que siempre ha tenido pleno derecho de ciudadan\u00ed\u00ada la doctrina del votum sacramenti y de la fides implicita. Finalmente, la afirmaci\u00f3n de que el comportamiento ritual es el instrumento de la gracia, afirmaci\u00f3n de suyo justa, corre el riesgo de ser entendida reductivamente, en el sentido de sugerir que los otros comportamientos sean neutros, y por tanto indiferentes en relaci\u00f3n a la obtenci\u00f3n del don de la gracia. Esto, si bien se considera, no est\u00e1 de acuerdo (por citar s\u00f3lo este ejemplo) con la teolog\u00ed\u00ada paulina de Rom 12:1-2, seg\u00fan la cual el culto agradable a Dios, el culto espiritual (el medio de la gracia, para seguir con nuestra terminolog\u00ed\u00ada) es el que se le da con toda la vida. En una palabra: la categor\u00ed\u00ada de la espiritualidad no parece del todo adecuada para explicar el fen\u00f3meno cultual.<\/p>\n<p>3. LA TEOR\u00ed\u008dA SIMB\u00ed\u201cLICA. Es la que, para explicar el fen\u00f3meno cultual, adopta la categor\u00ed\u00ada del signo. La reflexi\u00f3n teol\u00f3gica seria se ha referido siempre a esta categor\u00ed\u00ada, vinculada originariamente al lenguaje sacramental, desde el momento en que sacramentum significa justamente signum y symbolum. Pero por influjo de cierta escol\u00e1stica, la categor\u00ed\u00ada de la sacramentalidad o del signo se redujo inconscientemente al estrecho \u00e1mbito de la instrumentalidad y termin\u00f3 por no dejar traslucir toda su riqueza ling\u00fc\u00ed\u00adstica, semiol\u00f3gica y, particularmente, simb\u00f3lica. Como la instrumental, tambi\u00e9n la categor\u00ed\u00ada simb\u00f3lica remite a la relaci\u00f3n entre Dios y el hombre dentro de la iglesia; pero a la luz de la categor\u00ed\u00ada simb\u00f3lica la relaci\u00f3n se entiende no reductivamente, limitada al momento en que se realiza el rito o el gesto, sino extensiva a todos los momentos, incluso a los que anteceden a la acci\u00f3n ritual. La relaci\u00f3n entre el instrumento y quien lo usa es de tipo funcional, temporal, parcial y, por lo general, extr\u00ed\u00adnseca; en cambio, la relaci\u00f3n entre el s\u00ed\u00admbolo y quien lo realiza es de tipo intr\u00ed\u00adnseco, estable, continuado y total. La madre que da un beso a su hijo recurre a un signo que expresa la totalidad de s\u00ed\u00ad misma, de su situarse ante el propio ni\u00f1o. El significante simb\u00f3lico, independientemente de su densidad, remite a la totalidad del sujeto, tanto diacr\u00f3nica (historia presente) como sincr\u00f3nica (historia pasada). En este marco te\u00f3rico la liturgia aparece como el momento simb\u00f3lico en el que la comunidad de los creyentes y Dios expresan y comunican plenamente su ser rec\u00ed\u00adproco, los unos hacia lo Otro, y viceversa: disponibilidad para recibir (comunidad de los creyentes), voluntad de dar (Dios). Desde esta perspectiva, la liturgia es el lugar en que la gracia de Dios (que siempre y en todas partes se comunica al hombre) y la respuesta del hombre (que siempre y en todas partes est\u00e1 llamado a abrirse a ella) se manifiestan, se reasumen y se simbolizan completamente (syn-b\u00e1llein, reunificar). La liturgia es el momento epif\u00e1nico, revelador, de lo que Dios es para el hombre y de lo que el hombre es y est\u00e1 llamado a ser para su Se\u00f1or.<\/p>\n<p>Las ventajas de este nuevo acercamiento te\u00f3rico son notables: superaci\u00f3n del dualismo entre vida y liturgia, entre cotidianidad y ritual, entre profano y sagrado, entre mundo e iglesia: polos que no hay que contraponer, sino integrar (el segundo en el primero) a nivel de expresividad simb\u00f3lica; revalorizaci\u00f3n de lo concreto, de lo hist\u00f3rico, de lo mundano, de lo cotidiano: que no es una zona neutra privada de gracia, sino lugar real de salvaci\u00f3n; valoraci\u00f3n del sacramento no como momento exclusivo de lo salv\u00ed\u00adfico, sino como momento expresivo y s\u00ed\u00adntesis de todo lo salv\u00ed\u00adfico. Probablemente la teor\u00ed\u00ada simb\u00f3lica sea la que mejor respeta las exigencias de la Escritura y las exigencias de la sensibilidad moderna.<\/p>\n<p>IV. Perspectivas pastorales<br \/>\nLa reflexi\u00f3n sobre las relaciones entre cultura y liturgia podr\u00ed\u00ada parecer a muchos que se aplican a este tipo de trabajo muy lejano a los intereses y preocupaciones de un pastor de almas. Pero si se considera atentamente, pocos razonamientos estar\u00e1n tan cercanos a las preocupaciones del sacerdote responsable de una comunidad. La reforma deseada por el Vat. II est\u00e1 todav\u00ed\u00ada comenzando, en lo que se refiere a su asimilaci\u00f3n efectiva, y la falta de aprecio por la pr\u00e1ctica sacramental sigue siendo un fen\u00f3meno grave y real, a pesar de que no pocos signos de esperanza est\u00e9n apareciendo en los numerosos grupos que precisamente en una liturgia viva y participada encuentran constantemente su mayor fuerza aglutinante. Ciertamente la falta de aprecio por la liturgia es fruto de factores muy variados dif\u00ed\u00adcilmente reducibles a una univocidad. Pero no est\u00e1 muy lejos de la verdad laafirmaci\u00f3n de que uno de los motivos es tambi\u00e9n el estrecho marco te\u00f3rico en que normalmente se encierra y explica la liturgia. Puesto que el pastor de almas no es s\u00f3lo un liturgo (primer nivel), sino tambi\u00e9n un meta-liturgo (segundo nivel: alguien que reflexiona sobre la liturgia), es necesario que disponga de un marco te\u00f3rico que le ayude lo m\u00e1s posible a \u00e9l mismo y a los fieles que le est\u00e1n confiados a adquirir una conciencia liberadora de los propios gestos rituales.<\/p>\n<p>Desde el punto de vista pastoral no deber\u00ed\u00adan desatenderse nunca las exigencias siguientes: a) la de la explicitaci\u00f3n del marco te\u00f3rico, necesariamente presupuesto, no tematizado, con que se construye, quiz\u00e1 inconscientemente, el propio modo de vivir y de ejercer la ritualidad. Nuestros gestos y nuestras acciones no son realizados nunca en estado puro, sino que implican siempre hip\u00f3tesis interpretativas y opciones te\u00f3ricas (aun cuando no sean expl\u00ed\u00adcitamente perceptibles), que se reflejan en nuestro obrar y lo condicionan. Esto es cierto tambi\u00e9n de las acciones lit\u00fargicas, que pueden ser vividas en un marco te\u00f3rico que pone en el centro la autonom\u00ed\u00ada, la instrumentalidad o la simbolicidad; b) la de la imprescindible referencia al criterio b\u00ed\u00adblico-eclesial, seg\u00fan el cual el verdadero culto que hay que dar a Dios es el que se celebra en el templo de la existencia concreta vivida en la iglesia, mientras que el culto celebrado en el templo de piedra deriva del primero su eficacia y valor. Pastoralmente, no habr\u00ed\u00ada que infravalorar nunca textos como Isa 1:10-17 \u00f3 Rom 12:1-2, criterios hermen\u00e9uticos imprescindibles de toda ritualidad cristiana; c) la de la constante subjetivizaci\u00f3n, que significa privilegiar lo subjetivo y personal sobre el rito como tal. Si la tentaci\u00f3n de todaritualidad es autonomizarse (cf supra), preocupaci\u00f3n de todo pastor de almas debe ser la de resubjetivizarla, priv\u00e1ndola de su pretensi\u00f3n de poseer la exclusiva de lo salv\u00ed\u00adfico y remitiendo a la responsabilidad y a la praxis de justicia de cada uno y de la comunidad. Es evidente que semejante resubjetivizaci\u00f3n s\u00f3lo es posible en la medida en que, por ejemplo, en la preparaci\u00f3n de una determinada celebraci\u00f3n lit\u00fargica, la palabra circule libremente y el sacerdote presidente sienta su funci\u00f3n no como la de \u00fanico due\u00f1o de la palabra, sino como la de un inteligente y respetuoso catalizador. La promoci\u00f3n, es decir, el crecimiento del pueblo de Dios hacia \u00abel estado de hombre perfecto\u00bb (Efe 4:13), es posible en la medida en que se realicen estructuras rec\u00ed\u00adprocas y paritarias y se supere definitivamente la manipulaci\u00f3n de la encomienda y del dualismo. Tambi\u00e9n en el \u00e1mbito ritual. M\u00e1s a\u00fan, sobre todo en \u00e9ste \u00ab.<\/p>\n<p>V. Conclusi\u00f3n<br \/>\nLa relaci\u00f3n entre cultura y liturgia es variada y compleja, y puede afrontarse desde m\u00faltiples puntos de vista. Una reflexi\u00f3n sobre estos dos t\u00e9rminos, rec\u00ed\u00adprocos e interdependientes, es necesaria y fecunda, no por una curiosidad acad\u00e9mica incluso laudable, sino por obligatoria fidelidad a la palabra liberadora de Dios y a la salvaci\u00f3n del hombre. Reflexionar sobre la relaci\u00f3n entre cultura y liturgia debe servir no para ampliar el propio bagaje de nociones, sino para estar m\u00e1s cercano al hombre (cultura), que el creyente, por su fe, sabe habitado por el misterio acogedor que es Dios (liturgia). Los momentos irrenunciables en la profundizaci\u00f3n de esta relaci\u00f3n son muchos y pueden resumirse as\u00ed\u00ad:<br \/>\nPrimero: la liturgia forma parte de la cultura: la liturgia no est\u00e1 fuera ni por encima del mundo cultural, sino dentro de \u00e9l, del que toma su lenguaje, sus signos, gestos, ritos, movimientos, etc. Como la revelaci\u00f3n se ha expresado, y no pod\u00ed\u00ada hacerlo de otro modo, en determinadas lenguas (hebreo y griego), as\u00ed\u00ad la liturgia, momento expresivo-realizativo de la gracia envolvente de Dios, no puede menos de expresarse en un lenguaje cultural.<\/p>\n<p>Segundo: la liturgia proporciona a la cultura un elemento espec\u00ed\u00adfico: ampliando su espacio, creando nuevos sentidos y haci\u00e9ndose portavoz de nuevas instancias. Como el poeta se sirve de la palabra que le viene dada y no ha sido creada por \u00e9l, pero al usarla ampl\u00ed\u00ada su densidad a\u00f1adi\u00e9ndole nuevos significados, as\u00ed\u00ad la liturgia, si por un lado se sirve del lenguaje ritual circunstante y profano, por otro hace estallar sus l\u00ed\u00admites y lo lanza m\u00e1s all\u00e1 de sus fronteras hacia posibilidades in\u00e9ditas 20. Lo espec\u00ed\u00adfico de la liturgia no es contraponerse a la cultura u obstaculizarla, sino dejar entrever en el fondo de toda cultura la presencia de una luz que viene de lo alto y que ilumina hasta los rincones m\u00e1s oscuros.<\/p>\n<p>Tercero: existe y debe existir una dial\u00e9ctica constante e inteligente entre cultura y liturgia: la liturgia debe expresarse con el lenguaje cultural de la propia \u00e9poca, pero al mismo tiempo debe dejar entrever en \u00e9l un m\u00e1s all\u00e1, algo distinto, un plus. Ahora bien, el lenguaje cultural al que la liturgia hace referencia es, a pesar de la traducci\u00f3n vern\u00e1cula, todav\u00ed\u00ada el de \u00e9pocas pasadas. Adem\u00e1s, el modo usual de celebrarayuda poco a ir m\u00e1s all\u00e1 de s\u00ed\u00ad mismo, en direcci\u00f3n a ese distinto o plus que es la gracia de Dios y la disponibilidad benigna del misterio. Esto s\u00f3lo ser\u00e1 posible mediante una sabia utilizaci\u00f3n del registro po\u00e9tico, al que estamos tan poco habituados.<\/p>\n<p>Cuarto: la liturgia, fen\u00f3meno cultural que est\u00e1 junto a otros fen\u00f3menos culturales, aunque con su especificidad, est\u00e1 expuesta, como \u00e9stos, a los mismos riesgos de manipulaci\u00f3n activa. El peligro de hacerse mixtificadora, al que la liturgia est\u00e1 expuesta, hay que tenerlo siempre presente, sin dejarse descarriar ilusoriamente por las buenas referencias (en ning\u00fan campo tan abundantes como en \u00e9ste) a la gracia y al Esp\u00ed\u00adritu de Dios, que no se dejar\u00ed\u00adan maniatar por la malicia del hombre. Es preciso tener conciencia clara (y fuera de esta conciencia, la reflexi\u00f3n sobre el valor ideol\u00f3gico de la liturgia ser\u00e1 incomprensible) de que el fen\u00f3meno cultual, en cuanto simult\u00e1nea e inseparablemente cultural, no tiene ning\u00fan privilegio que lo preserve de la tentaci\u00f3n de la ideolog\u00ed\u00ada y, por tanto, de la manipulaci\u00f3n de las conciencias. Y de la tentaci\u00f3n ideol\u00f3gica, sea lit\u00fargica o cultural, s\u00f3lo puede uno liberarse mediante una comunicaci\u00f3n circular, abierta a la confrontaci\u00f3n y dispuesta a ser criticada cient\u00ed\u00adficamente.<\/p>\n<p>Quinto: una liturgia es culturalmente adecuada no cuando se adapta a las exigencias de la cultura en que vive, sino cuando, respetando su estructura comunicativa, es capaz de entrar en di\u00e1logo con ella y de poner en crisis sus l\u00f3gicas antifraternas y enemigas de la convivencia, contrarias al evangelio y al proyecto de Dios.\u00bbteor\u00ed\u00ada\u00bb que la pueda explicar e interpretar; esta teor\u00ed\u00ada se coloca a un nivel l\u00f3gicamente distinto (meta-nivel) respecto de la liturgia; y su estatuto (presupuestos, hip\u00f3tesis y demostraciones) no es el de ser verdadero o falso, sino simplemente heur\u00ed\u00adstico; es decir, ayudar a captar mejor el proyecto encarnado de Dios, salvaguard\u00e1ndolo de las mixtificaciones que siempre amenazan con reducirlo o traicionarlo.<\/p>\n<p>S\u00e9ptimo: el estudio de la relaci\u00f3n entre liturgia y cultura puede resultar \u00fatil no s\u00f3lo desde el punto de vista te\u00f3rico, sino tambi\u00e9n desde el pastoral; y puede ayudar a esa renovaci\u00f3n lit\u00fargica que, iniciada por el Vat. II con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, espera todav\u00ed\u00ada, como todas las grandes semillas depositadas en la historia, dar frutos abundantes de \u00abvida eterna\u00bb (cf Jua 15:15).<\/p>\n<p>Sexto: toda liturgia necesita una \u00abteor\u00ed\u00ada\u00bb que la pueda explicar e interpretar; esta teor\u00ed\u00ada se coloca a un nivel l\u00f3gicamente distinto (meta-nivel) respecto de la liturgia; y su estatuto (presupuestos, hip\u00f3tesis y demostraciones) no es el de ser verdadero o falso, sino simplemente heur\u00ed\u00adstico; es decir, ayudar a captar mejor el proyecto encarnado de Dios, salvaguard\u00e1ndolo de las mixtificaciones que siempre amenazan con reducirlo o traicionarlo.<\/p>\n<p>S\u00e9ptimo: el estudio de la relaci\u00f3n entre liturgia y cultura puede resultar \u00fatil no s\u00f3lo desde el punto de vista te\u00f3rico, sino tambi\u00e9n desde el pastoral; y puede ayudar a esa renovaci\u00f3n lit\u00fargica que, iniciada por el Vat. II con la fuerza del Esp\u00ed\u00adritu, espera todav\u00ed\u00ada, como todas las grandes semillas depositadas en la historia, dar frutos abundantes de \u00abvida eterna\u00bb (cf Jua 15:15).<\/p>\n<p>C. di Sante<\/p>\n<p>D. Sartore &#8211; A, M. Triacca (eds.), Nuevo Diccionario de Liturgia, San Pablo, Madrid 1987<\/p>\n<p><b>Fuente: Nuevo Diccionario de Liturgia<\/b><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SUMARIO: I. Algunos elementos fundamentales del concepto \u00abcultura\u00bb: 1. El final de un mito; 2. Un nuevo concepto de cultura &#8211; II. Orientaciones culturales actuales que influyen en la liturgia: 1. El cambio antropol\u00f3gico; 2. La conciencia hist\u00f3rica; 3. La mentalidad cient\u00ed\u00adfica &#8211; III. Distintos enfoques del fen\u00f3meno cultual: 1. 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